«Sinodear» en nuestras diócesis y parroquias

DÓNDE ESTAMOS Y CÓMO EMPEZAR A “SINODEAR” EN NUESTRAS DIÓCESIS Y PARROQUIAS 

 Estamos en la primera fase del proceso sinodal: fase diocesana. Los obispos iniciaron el proceso nombrando un coordinador de los trabajos sinodales en la diócesis y su equipo. Obispo, coordinador y equipo son los encargados de organizar, facilitar y dar vida al proceso sinodal a nivel local y desarrollar los procedimientos y materiales que mejor de adapten al contexto particular. Esta fase diocesana es una oportunidad para que las comunidades experimenten y vivan juntas el camino sinodal. Es una fase de consulta y escucha en las iglesias locales (parroquias y obispados). La duración de esta fase que era, en un principio, hasta abril 2022 se ha ampliado hasta el 15 de agosto 2022, a petición de numerosos equipos diocesanos responsables de la organización de esta etapa. La razón de esta ampliación es dar una mayor oportunidad al pueblo de Dios de tener una auténtica experiencia de escucha y diálogo. La ampliación testifica cómo, en el inicio del Sínodo, una Iglesia sinodal es una Iglesia que escucha a la comunidad de creyentes que la constituye. La prórroga también confirma la importancia de esta fase y manifiesta el compromiso de los organizadores de tomarse en serio esta tarea de consulta y escucha. Recordemos que el objetivo de esta etapa es que la Iglesia pueda aprender, a partir de este camino sinodal, qué procesos le pueden ayudar a vivir la comunión, realizar la participación y abrirse a la misión. “Caminando juntos y juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que vaya experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión”. 

Fomentar la más amplia participación e implicación de todos es la tarea prioritaria de los primeros momentos del camino sinodal. El proceso sinodal dará sus frutos sólo si las Iglesias particulares responden adecuadamente. La fase diocesana es la ocasión propicia de ofrecer, al mayor número posible de personas, una verdadera experiencia sinodal de escucha mutua y de caminar juntos, guiados por el Espíritu Santo. La condición de su posibilidad es que “en esta fase diocesana, el método sea la escucha, el camino sea la participación y la meta el discernimiento”. La escucha y consulta (oyendo y preguntando) tiene que ser verdadera, real y amplia. No sólo a los de dentro, a los de siempre, sino que hay que llegar a las periferias, a los de fuera, a los no creyentes, agnósticos, indiferente… a todos. Los destinatarios son todos y la actitud de todos ha de estar impregnada de ilusión, esperanza, confianza y sin miedo. 

Este proceso sinodal, que se sitúa en la línea del «aggiornamento» de la Iglesia propuesto por el Concilio Vaticano II, es un don y una tarea. Es un proceso espiritual. Sin Espíritu no hay sinodalidad. El Sínodo es una invitación para que cada parroquia, cada diócesis se embarquen en un camino de profunda renovación (revitalización) inspirada por el Espíritu. La fase diocesana del proceso es una oportunidad para escuchar qué nos dice el Espíritu, aumentar la participación y corresponsabilidad de toda la comunidad de bautizados, mejorar la calidad del diálogo entre pastores (servidores) y fieles, facilitar la conversión de actitudes y animar el sentido de conexión y pertenencia a esa Iglesia. 

Cómo empezar a “sinodear” en nuestras diócesis y parroquias. Todo lo que vamos publicando en fe adulta lo estamos subiendo a la sección de Sinodalidad. Allí está el enlace a la web del Sínodo del Vaticano donde hay consejos y recursos sobre cómo hacerlo. También en el portal de las diócesis españolas, los equipos sinodales correspondientes van colgando los materiales que elaboran para sus parroquias y grupos. Entre esas aportaciones recomiendo consultar la página web (y en YouTube) del obispado de Palencia: “¿Cómo va a ser la “fase diocesana” del Sínodo en nuestra diócesis?” Es una propuesta práctica sobre las tareas concretas a realizar para conseguir los objetivos: vivir la comunión, participación y misión para aprender a ser Iglesia de otra manera: Comunidad de vida apasionada por el Reino y en camino. El trabajo realizado por el equipo sinodal de esa diócesis, además de original, didáctico y pionero es muy útil y práctico. La Secretaría General del Sínodo lo ha colgado en su portal junto con otros materiales de igual calidad. Con esos materiales cada diócesis debe discernir las formas más adecuadas para hacer posible una experiencia sinodal guiada por el Espíritu para su pueblo. Aunque las personas individualmente pueden contribuir con sus intervenciones a la consulta, comunicándolas directamente a la diócesis, deben promoverse las experiencias comunitarias del proceso sinodal por encima de las aportaciones individuales, ya que manifiestan mejor el espíritu sinodal de caminar juntos. 

Mientras los equipos sinodales diocesanos preparan los procedimientos y materiales específicos, el pueblo llano tiene también sus tareas para prepararse a participar en el camino sinodal. Lo primero debe informarse, leer o escuchar lo que se está publicando sobre sinodalidad. La información disponible y gratuita es enorme. En segundo lugar debe discernir, reflexionar y elaborar su corresponsabilidad en la marcha de este proceso. Para esta reflexión la lectura orante del Documento Preparatorio y el Vademecum (se pueden descargar de la web del Sínodo) es muy adecuada. Para estos momentos de preparación sería oportuna la revisión de algunas actitudes saludables para entrar en este camino con la mejor disposición    

El Documento Preparatorio y el Vademecum señalan las siguientes “Actitudes para participar en el proceso sinodal”: Disponibilidad de tiempo para compartir, humildad en el escuchar y valentía en el hablar, flexibilidad en la incorporación de los aportes de los demás, apertura a la conversión y cambio, docilidad al Espíritu en el discernimiento, ejemplo de Iglesia que escucha y está en camino, evitar prejuicios y estereotipos, superar el clericalismo, evitar la autosuficiencia, superar las ideologías, hacer nacer la esperanza, ocasión para soñar y anticipa el futuro y asumir la corresponsabilidad en la marcha del proceso sinodal.                 Estos documentos también hablan de “Evitar las trampas”: La tentación de querer dirigirnos a nosotros mismos en lugar de contar con la luz y fuerza del Espíritu. La tentación de concentrarnos en nosotros mismos y en nuestras preocupaciones inmediatas. La tentación de ver solo lo negativo o problemático. La tentación de concentrarnos solo en las estructuras y olvidar la conversión personal (clero y fieles). La tentación de no mirar más allá de los confines visibles actuales de la Iglesia y contemplarla como una Iglesia en el mundo y para el mundo, servidora de la humanidad, sacramento de salvación universal, pobre y para los pobres, en salida hacia las periferias… La tentación de perder de vista los objetivos del Sínodo. La tentación del conflicto y la división (Convencer y no vencer). La tentación de tratar el Sínodo como una especie de parlamento frente a la búsqueda de consenso. La tentación de escuchar solo a los que ya participan en las actividades de la iglesia.                    En la próxima “entrega” trataré la Pregunta Fundamental sobre la “sinodalidad vivida    ” y los pasos que nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”

Metodología de la etapa diocesana del Sínodo

Written by África de la Cruz Tomé 

Actualmente, los equipos sinodales diocesanos están diseñando los procedimientos y los materiales con los que se va a trabajar en las parroquias. Su objetivo es lograr una participación lo más amplia posible de toda la comunidad. Creyentes y no creyentes, practicantes e indiferentes, los de siempre y los de nunca, los de dentro y los de fuera. Lograr este objetivo es de máxima necesidad. El nivel de participación en este momento de consulta y escucha mutua y del Espíritu es de capital importancia. Por eso es un momento exigente y exige una planificación primorosa. Va de suyo que sin participación no hay sinodalidad posible. Para esta tarea, los equipos sinodales diocesanos cuentan con las directrices y materiales que la Secretaría General del Sínodo les ha facilitado. Pero ellos deben hacer las adaptaciones pertinentes a sus complementos circunstanciales. Los equipos diocesanos tienen que tener en mente que el diseño o metodología elegidos sirvan al propósito perseguido: facilitar el aprendizaje experiencial de una Iglesia sinodal. Aprendizaje activo, aprender a ser y a actuar de otro modo en la Iglesia actuando de otro modo. De la pasividad a la actividad, tomando iniciativas y responsabilidades. Aprender a ser y actuar sinodalmente “sinodeando”. 

Mientras llegan las propuestas y los materiales elaborados por los equipos diocesanos, nosotros podemos ir reflexionando sobre nuestras experiencias pasadas de participación y colaboración en nuestra parroquia y decidiendo el grado de implicación y asunción de responsabilidades que queremos asumir en este Sínodo. Para ayudarnos en estas tareas voy a presentar el resumen de la metodología propuesta por la Secretaría del Sínodo para esta fase del proceso sinodal. Para saber más podemos consultar en el Documento Preparatorio (página 31): La Sinodalidad en acción: Pistas para la consulta al pueblo de Dios y en el Vademecum (página 65) Metodología para el Proceso Sinodal Diocesano. Y para los que quieran saber todavía más pueden consultar en la página web de la Secretaria General del Sínodo (synod.va) la riqueza de materiales allí colgados. 

Pregunta fundamental de la consultaUna Iglesia sinodal, al anunciar el Evangelio, “camina junta”, ¿Cómo está sucediendo este “caminar juntos” hoy en su Iglesia local? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”. 

Al responder esta pregunta se nos invita a: Recordar nuestras experiencias de comunión, participación y misión compartida en nuestras parroquias y diócesis. Esta pregunta apela a la “sinodalidad vivida” en el pasado y apunta a nuestras propuestas de futuro. En segundo lugar, a releer estas experiencias en profundidad (analizando sus aspectos positivos y los negativos y lo aprendido con ellas). A partir de este análisis de lo vivido, escuchar lo que el Espíritu nos inspira para crecer, mejorar en sinodalidad parroquial y diocesana. En resumen: se trata de evaluar críticamente nuestra realidad actual y proponer caminos de mejora. 

A partir de la pregunta fundamental, el Vademecum, presenta diez temas o campos que ayudan a profundizar y concretar, un poco, la pregunta fundamentas de esta consulta sinodal. Sobre estos diez campos (no necesariamente sobre todos) los equipos diocesanos tienen que hacer preguntas cada vez más concretas y contextualizadas. Los Campos o temas ahora marcados son aspectos nucleares de nuestra vida comunitaria parroquial, diocesana y eclesial. Voy a hacer un pequeño comentario para “traducir” los títulos utilizados y clarificar un poco el contenido encerrado en ellos: 

1.- Compañeros de viaje. En la parroquia y en la sociedad, como seres sociales que somos por naturaleza, nos agrupamos, nos asociamos. No somos islas. En este tema se nos pide analizar y evaluar cómo son los grupos parroquiales, cómo funcionan y cómo podríamos mejorarlos. Categorías importantes de este análisis so: Inclusión-exclusión; Abiertos-cerrados. 

2.- Escucha. En esta fase de consulta para saber el pensar de los parroquianos, la escucha recíproca y al Espíritu es el primer paso. Todos tenemos algo que aprender de los otros y todos tenemos una experiencia que puede ser útil para los otros. La exigencia o criterio de medida de esta dimensión es: Escuchar con humildad en actitud de acogida universal y de respeto incondicional. A todos y siempre. 

3.- Hablar claro. Todos estamos invitados a participar en este Sínodo. Cuanto más amplia sea la participación mejor cumplirás este Sínodo su finalidad. Además de la cantidad aquí ahora hablamos de calidad de la participación. Todos tenemos algo valioso que aportar. El Espíritu habla a través de nosotros, de todos. Además de hablar claro, la calidad de la participación exige hablar con libertad, responsabilidad, verdad, valentía y caridad. 

4.-Celebración. El Sínodo es un proceso espiritual. Es el Espíritu de Dios el protagonista principal en todos los momentos de este Sínodo. La vida espiritual de la comunidad parroquial y diocesana se alimenta de la escucha de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y el compromiso social compartido. Celebrar es recordar la acción del Espíritu de Dios en la Historia y en nuestra vida personal y comunitaria. Recordar y Vivir. En este campo se nos pide revisar nuestra oración comunitaria y nuestra celebraciones litúrgicas. Reflexionar para revitalizar. 

5.- Compartir la responsabilidad de nuestra misión común. La misión de la Iglesia es evangelizar, hacer discípulos-seguidores de Jesús y continuadores de su proyecto: el Reinado de Dios en la tierra. Esta es la misión de todos los bautizados. A ella estamos convocados todos según nuestra vocación, capacidad y formación. En este punto tendremos que analizar las oportunidades de participación que hoy se dan y pensar en las que sería oportuno pedir. Si la misión es común la responsabilidad debe ser corresponsabilidad compartida. 

6.-El diálogo en la Iglesia y en la sociedad. El Papa Francisco nos pide, constantemente, apertura, diálogo, compartir, comunicar. Iglesia en salida y con transparencia, con humildad y sencillez. Diálogo ad intra y ad extra. Entre nosotros y con la gente de fuera, con la cultura, la política, los intelectuales, la Ciencia, los medios de comunicación, los alejados, las periferias. Nos pide construir puentes y derribar muros. Muros de incomunicación, repliegue y ausencia. 

7.- Ecumenismo. El diálogo entre cristianos bautizados de diferentes confesiones y el diálogo con creyentes de otros credos y religiones forma parte de la sinodalidad a la que en futuro caminamos. En el hoy debemos analizar el estado de la cuestión a nivel personal y comunitario. Con la esperanza de que de ese análisis puedan salir propuestas de mejora de las relaciones entre creyentes, mejores en la común-unión y espiritualidad. El mundo nos necesita. 

8.- Autoridad y participación. Una Iglesia sinodal es participativa y corresponsable. Este aserto es contradictorio con el ejercicio de la autoridad tal como lo sufrimos hoy en la Iglesia en todos sus estamentos. Frente al autoritarismo (aquí mando yo y tu obedeces o te marchas) los signos de los tiempos y las Ciencias Sociales van en la dirección contraria: la libertad de la persona, su autonomía y responsabilidad son los valores dominantes sobre los que se organiza la convivencia humana. El ejercicio de la autoridad compartida, el trabajo en equipo, el reparto de responsabilidades, la participación en el proceso de toma de decisiones, ejecución y rendimiento de cuentas son exigencias coherentes con los tiempos que nos toca vivir. En este tema y el siguiente la Iglesia, todos tenemos mucho que aprender, 

9.- Discernir y decidir. Todo lo dicho en el apartado anterior es pertinente a éste. Porque el discernir y decidir son tareas, entre otras, que visibilizan y concretizan el ejercicio de la autoridad y la participación. Discernir para decidir. Es muy importante la participación de todos en todos los momentos del proceso de decisión: Todos analizando, discerniendo, making y taking las decisiones. Porque sobre lo que a todos incumbe, todos tiene que decidir. En este campo, en un proceso sinodal, de escucha recíproca de todos y todos al Espíritu, hay que discernir entre todos lo que el Espíritu, a través de toda la comunidad, inspiras. El Espíritu no sopla en el aire, sopla en todos los corazones. 

10.- Formación en la Sinodalidad. La sinodalidad implica una conversión personal y estructural. La sinodalidad es un modo de ser y actuar. Todo cambio de mentalidad e institucional exige una actitud positiva al cambio, una formación específica y aprendizaje continuado. No se nos regala. La sinodalidad se aprende con motivación y entrenamiento. Por su naturaleza, exige un aprendizaje activo. Aprender a hacer haciendo. A ser sinodal se aprende ejercitando, actuando sinodalmente. Participar, desde el principio, en las actividades programadas para esta primer a etapa diocesana es una buena ocasión de aprender a ser más sinodales. 

Espero que estas aclaraciones sobre los diez campos o temas que desarrollan y concretizan un poco la Pregunta Fundamental nos ayuden a reflexionar sobre lo que se nos pide en este Sínodo y nos motiven a participar con entusiasmo y pasión en él. 

En la próxima “entrega” seleccionaré, entre las variadas propuestas de preguntas específicas para los diez temas señalados, algunos ejemplos que nos ayuden a saber qué podemos hacer nosotros en este momento del Sínodo sobre Sinodalidad. 

El Sínodo de la sinodalidad

SINODALIDAD. PREPARÉMONOS PARA PARTICIPAR EN EL SÍNODO SOBRE SINODALIDAD 

Written by África de la Cruz Tomé 

La semana pasada en Feadulta, Gonzalo Haya nos animaba a participar en el Sínodo de los Obispos 2023, que se inauguraría oficialmente el 9-10 de octubre 2021 en Roma y el 17 de octubre en todas las diócesis del mundo. Este Sínodo versa sobre sinodalidad: “Hacia una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión” es su título. Cuando leí este artículo de Gonzalo, decidí recoger el guante que lanzaba y empezar mi participación en este Sínodo aportando mi granito de arena en esta playa inmensa que es la sinodalidad. Hoy me pongo manos a la obra. 

No hace mucho oí por primera vez el término sinodalidad. Desde el principio despertó mi interés y quise saber algo sobre su significado. Mi interés por el tema creció rápidamente. Pronto descubrí el “Kairos” de la Sinodalidad, su oportunidad en este momento crítico de la Iglesia. La Sinodalidad se ajusta a los nuevos aires que aporta el papa Francisco, a la vuelta a los orígenes que muchos cristianos deseamos, a la activación del Concilio Vaticano II que se respira, a la adaptación a los signos de los tiempos de la Iglesia Católica. En resumen, empecé a ver la sinodalidad como un espacio para la renovación (revitalización) de la Iglesia. 

En mi proceso de formación sobre sinodalidad tuve la oportunidad, en 2020, de hacer un curso sobre “Sínodos y Sinodalidad” en el Boston College. Me resulto muy interesante. Fue para mí un regalo. Aprendí mucho. Quiero destacar: El encuadre del contenido en el Vaticano II: Renovación eclesial y sinodalidad, conversión personal y comunitaria; La nueva eclesiología del Pueblo de Dios: sus aplicaciones y consecuencias. De las lecturas propuestas para seguir el curso selecciono: Discurso del papa con motivo de la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos por Pablo VI (2015), Constitución apostólica: Episcopalis Communio (2018), de la Comisión Teológica Internacional (2018) “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia” y un conjunto de artículos de autores-profesores del curso que son expertos en el tema. Esta bibliografía básica es utilizada actualmente en todas las publicaciones sobre sinodalidad. Os las recomiendo. Son accesibles en la web del Boston College. Formación Continua. 

Antes de hacer mis primeras lecturas sobre la sinodalidad los conceptos “sínodo de obispos” y “sinodalidad” me parecían conceptos incompatibles. Si Sínodo era una asamblea de obispos para ayudar al papa en sus decisiones (papel meramente consultivo) y sinodalidad suponía la participación de todos los bautizados en la vida y misión de la Iglesia (caminar juntos jerarquía y pueblo llano), entonces, si era de obispos no era de todos. Ahora sí tengo claro que el Sínodo de Obispos 2023 (y más) sobre Sinodalidad en la Iglesia Católica, hace compatibles estos dos términos porque va a tratar la Sinodalidad sinodalmente. Veremos cómo. 

Este sínodo, desde origen, está siendo sinodal y va a serlo todo el proceso (que se promete sine die, continuo, permanente). Este sínodo tiene como objetivo o meta lograr una iglesia sinodal. Es un camino hacia una Iglesia sinodal que se tiene que recorrer sinodalmente, a través de procedimientos sinodales. La sinodalidad es meta y camino. Este es un sínodo sobre y para la sinodalidad sinodalmente conseguida. Otra vez más: “Caminante no hay camino se hace camino al andar”. En la Iglesia Católica todos (jerarquía y pueblo, clero y laicos) tenemos que aprender a ser y actuar sinodalmente “sinodeando”. Aprendizaje activo. Aprender a hacer haciendo. Como a cocinar. Esto requiere tiempo, motivación y esfuerzo. 

Ya en la Constitución apostólica Episcopalis Communio (2018), sobre la reforma de la institución Sínodo de los Obispos, se propone que todo Sínodo de los Obispos se diseñe en tres fases: Preparatoria, celebrativa e implementación (EC 4). El sínodo “Hacia una Iglesia sinodal (Comunión, participación, misión)”, a estas alturas, no puede ser un acontecimiento puntual, en un lugar y una fecha determinada. Hay que dar tiempo al tiempo. Este sínodo exige un proceso largo, un camino que hay que recorrer paso a paso y que no se acaba nunca. ¿Cuándo terminamos de aprender a caminar juntos, en la misma dirección, a trabajar en equipo, todos en la Iglesia, cabeza y miembros? 

En los últimos Sínodos (de la familia, jóvenes y amazonia) ya el diseño ha sido por etapas y niveles. Así la iglesia está aprendiendo a ser y actuar cada vez más sinodalmente. En el Sínodo que se inaugura esta semana el diseño comprende cuatro momentos o etapas (diocesana, regional, continental y universal) y cuatro niveles (preparación, realización, implementación o recepción, evaluación y mejora). Y acabada la primera ronda, volver a empezar. Sine die. Renovación constante. 

¿Dónde estamos hoy en este Sínodo sobre sinodalidad? En la primera etapa que dura de octubre 2021 a Abril 2022. Es la etapa de Preparación y se desarrollará a nivel de iglesias particulares (parroquia y diócesis). Es la etapa de la ESCUCHA. Se pretende escuchar a todos, creyentes y no creyentes, a todo el que quiera decir algo sobre cómo ve a la Iglesia y qué ofertas de mejora propondría. Cada diócesis articulará el procedimiento adecuado en sus circunstancias para recoger esta información. Para saber cómo empezar, la Secretaría General del Sínodo, en su página web: synod.va, ha publicado los materiales con sugerencias y herramientas para ayudarnos a todos, organizadores y participantes. Todos. Dentro de estos materiales destaco: un Documento Preparatorio y un Vademecum que aportan los conocimientos y acciones primeras, para arrancar. Para la fase de Preparación en la que estamos, podemos trabajar con: “Hoja de ruta para la fase diocesana”. Todos estos materiales están disponibles en la web del Sínodo cuyos enlaces pondremos al final del escrito. Son herramientas y sugerencias para su uso. Os recomiendo vivamente su consulta. Son materiales muy bien trabajados por la Comisión Metodológica del Secretariado del Sínodo. Agradecimiento a esta Comisión. 

También os recomiendo, si tenéis tiempo para ello, ver los dos acontecimientos primeros de este Sínodo: Momento de reflexión: 9-10-21 y Misa de Apertura del Sínodo 10-10-21. En Synod.va lo encontráis en español. 

En la próxima “entrega” profundizaremos en lo que considero más importante en estos primeros momentos de la fase diocesana, fase de escucha: La participación de todos. Mucha materia de momento para ir pensando… 

África De La Cruz Tomé 

Web: https://www.synod.va/es.html 

Hoja de ruta: https://www.synod.va/es/Hoja-de-ruta-para-la-fase-diocesana.html 

Documento preparatorio: https://www.synod.va/es/news/documento-preparatorio1.html 

Vademecum: https://www.synod.va/es/news/vademecum-for-the-synod-on-synodality.html 

Oración Adsumus: https://www.synod.va/es/documents/adsumus.html 

Libro de Pepa Torres: «De amor político y cuidados»

DE AMOR POLÍTICO Y CUIDADOS EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

Este es un libro oportuno para leer en este Adviento y Navidad, en pandemia. Nos ofrece pistas para salir de ésta mejores personas. Va de encarnación, de Dios en/con nosotros, de fraternidad y acogida, de cuidados, amor y ternura, de fronteras y puentes levadizos, de compromisos y testimonio, y sobre todo, de esperanza. Es un libro necesario y provocador que nos despierta, activa y compromete. Está escrito desde las periferias existenciales de la humanidad descartada, por una mujer que habita en ellas. Ante el título del libro me pregunté ¿Cómo hablar de Dios desde las periferias y cómo hablar de Dios en las periferias?
Para mejor comprender un texto es bueno conocer al autor, saber desde dónde escribe, por qué escribe y para qué escribe. En el libro que presento, la autora nos lo facilita: Desde su formación social y teológica, en diálogos y encuentros con otras personas y en dialogo con la realidad y para abrir caminos a nuevos encuentros y actuaciones. Escribe como mujer cristiana, monja y feminista que es. Como creyente se identifica con figuras bíblicas como: la mujer sirio-fenicia, la samaritana, la hemorroisa, la mujer del perfume. Se reconoce con una identidad múltiple y heterodoxa, apasionada por Dios y su Reino. Un Dios “mutable” que ha ido desvelando su misterio encarnado a través de la evolución personal de la autora. Esta evolución de las imágenes de Dios ha guiado la transformación dada en su ser y estar en el mundo y en la Iglesia.
¿Desde dónde está escrito este libro? Desde Lavapiés (Madrid), territorio multicultural donde Pepa vive con inmigrantes y refugiados de todo tipo, país y religión. Más de ochenta nacionalidades. Diversidad, marginación y resilencia es lo propio del barrio. Hogar de los “manteros” y mujeres del cuarto mundo entre otros grupos. Ahí vive Pepa en una comunidad religiosa intercongregacional. Y desde allí, volcán de vidas y lugar de amor, escribe y hace Teología. Mejor, Teo-praxis.
Es la suya una Teología para el siglo XXI. Desde la vida y para la vida (Teo-praxis). Según ésta, a Dios primero se le adora, luego se le practica y por fin se le reflexiona. Teología sin dualismos. Teología de la fe y del amor. Una Teología de la solidaridad. Las periferias desde donde se escribe el libro nos piden una mirada profunda, nueva, como las mira Dios. La fe es inseparable de la justicia y tiene una dimensión política. Esto es una teología desde la vida y para la vida, al servicio de la humanización del ser humano. Siempre portadora de esperanza. A pesar de tanta oscuridad, injusticia y sufrimiento siempre hay una luz, un compromiso y una entrega. Por eso la Teología que hace Pepa es optimista. Siempre hay más bien que mal. Cree en la bondad humana y su creatividad. “La intolerabilidad de la injusticia lleva a descubrir posibilidades inéditas”.
Tengo la gracia de conocer a Pepa desde hace mucho tiempo. Soy testigo de la coherencia entre lo que dice y lo que hace. Por eso habla con autoridad. Yo escribo desde la admiración y el respeto que siento por ella. Desde muy pronto de mi encuentro con ella, descubrí el paralelismo entre Etty Hillesum en los campos de concentración nazis con los judíos y Pepa en Lavapiés con los “manteros” y otros humanos tratados inhumanamente. Con pequeñas diferencias. Ambas son “bálsamo derramado sobre tantas heridas”. Ambas nos presentan una vida “conmocionada” por el sufrimiento de tantas víctimas. Ambas son “activista”. Místicas en acción y relación, con los ojos bien abiertos y echando una mano a Dios.
Índice del libro para facilitar una visión panorámica del contenido:
Prólogo por Mª Ángeles López Romero e Introducción: Declaración de razones, por qué escribe y para qué. Capítulo 1. Sostenida por un misterio de amor y relación. Quién soy y cómo he llegado aquí.
Capítulo 2. Periferias, fronteras y amor político. Quién son ellos y mi compromiso con ellos.
Capítulo 3. Otras comunidades cristianas y otra vida religiosa están siendo ya posibles. El cambio de mentalidades y actuaciones, además de necesario, es posible. Algunos ejemplos.
Capítulo 4: Mujeres e Iglesia. Una deuda pendiente. La guinda del pastel que no podía faltar en un tratado de Teología en y desde las periferias humanas y eclesiásticas.
A modo de epílogo: Referencia a María Magdalena, apóstol de los apóstoles, y a la memoria peligrosa y transgresora de tantas mujeres que han hecho vida la utopía del Evangelio.
Breve resumen y comentario personal del contenido del libro. Selecciono sólo algunas ideas-fuerza para despertar el interés y necesidad de la lectura insustituible. Temo ser excesivamente pobre y no hacer justicia a la obra comentada.
En el capítulo 1º Pepa nos cuenta la historia de su evolución espiritual. Historia que da razón y fundamento al resto de los capítulos del libro. En esta historia hay que destacar la evolución de las imágenes de Dios en la espiritualidad de Pepas: Del Dios ético al Dios de Jesús, compasivo y misericordioso. Dios de los pobres que nos pide echarle una mano en la liberación de nuestros hermanos. El Dios “irresistible” de los pobres. Y los pobres como lugar teológico en los que Dios se manifiesta.
El foco lo pone en Dios como salvador-liberador que pide nuestra colaboración, echarle una mano, ser sus parteras en la realización de su proyecto humanizador. Un Dios sin orillas ni fronteras que se revela en la diversidad y la experiencia intercultural, e interreligiosa. El Dios “inter”. Creo, dice Pepa, en la encarnación de Dios que se hace hermano mantero ilegal, vendedora de rosas por la calle, refugiada, empleada de hogar…Sabemos que Dios es así porque así nos lo ha manifestado Jesús de Nazaret. Jesús es la Palabra hecha carne, cuerpo, historia. Es uno de nosotros y es nuestro modelo de humanidad. En Él aprendemos lo que Dios quiere que seamos nosotros. Jesús como modelo de ser humano, cuerpo y sentidos. En el apartado “Sentir y Con-sentir al modo de Jesús” desarrollo Pepa cómo imitar a Jesús con los cinco sentidos: Ver y escuchar, tocar y gustar como Jesús. Muy interesante es el punto, la Cena del Señor “Jesús se hace barra de pan”. Pan de Vida y para la vida. Vida entregada gratuita y libremente. Compromiso para sus seguidores: Haced lo mismo. Hacedlo en memoria mía. Hacerlo al estilo de Jesús. Su significado y exigencia. Carácter memorial, de testamento de sus gestos.
Capítulo 2.- Periferias, fronteras y amor político. Nueva comprensión de las periferias. A partir de la poesía de Eduardo Galeano: Los “nadies”. Que no son, que no hablan, que no son seres humanos, que no tienen nombre, que no…, que no.., Pepa cree que el sistema los ve como amenaza y por eso que hay que controlar, reprimir y condenar a la invisibilidad. Pero en este libro las periferias son lugares teológicos donde Dios se revela y rebela: “las periferias son lugar de encarnación, tierra sagrada, donde su Palabra se revela de forma privilegiada”
Estas periferias y fronteras son la materia prima a reconocer y dignificar. Son las protagonistas en este trabajo de reflexión y compromiso que el texto desarrolla con conocimiento existencial y esperanza de transformación. Otro mundo es posible. La autora habla de la necesidad de aprender a mirar para detectar, en las periferias, la encarnación del Hijo. Mirar de otro modo, no hacia abajo sino hacia arriba desde abajo y no desde fuera sino desde adentro. En suma, nos pide convertir e invertir nuestra mirada a las periferias. Ver lo invisibilizado. Y ver como ve Dios en lo oscuro. Ver las carencias y las posibilidades, su creatividad y generosidad. Ver y actuar. Dios nos revela un futuro alternativo de justicia e inclusión que reclama y exige nuestra implicación y compromiso personal y comunitario con ellas. Y nos convoca a revisar en qué Dios creemos y a qué Dios practicamos. Y nos pide cuentas ¿Dónde está tu hermano?
Termina el capítulo con un artículo sobre “De amor político y cuidados en tiempos de incertidumbre”. Es el subtítulo del libro. Por tanto debe tratar ideas muy importantes: la dimensión política de la fe y el bien común. Es una concreción del principio Misericordia en acción y relación. Con un caso práctico de Misericordia y Acogida: El buen samaritano, icono de la misericordia de Dios y de la nuestra.
El tercer capítulo: Otras comunidades cristianas y otra vida religiosa están siendo posibles. Con artículos: 1) Cristianos y cristianas sin Iglesia. Propuestas para un reencuentro 2) Acoger y anunciar al Dios de las periferias. Apuntes para una vida religiosa en “salida” 3) La vida religiosa apostólica: hacia una nueva sensibilidad y praxis.
Lo recogido hasta ahora podría considerarse, o podríamos caer en la tentación evasiva de decir que es una utopía. Unas bellas ideas y palabras. Pero Pepa no va de faroles ni de entelequias. Es optimista porque cree en la bondad humana pero siempre tiene los pies embarrados, pies a tierra.. Es realista y tiene los ojos y la mente siempre abiertos a lo posible. Cree más en las potencialidades que en las carencias por muy evidentes y visibles que sea. Por eso siempre presenta junto a las sombras las lumbreras que también se dan. El contenido de este capítulo tercero es una muestra. Son tres ejemplos de que la Utopía se está ya realizando, en parte. Nos habla de su posibilidad. Y nos va a decir cómo está sucediendo para estimular su emulación y abrir caminos comunitarios de renovación. Es un contenido provocador, necesario, esperanzado y comprometido. El contexto común de estas experiencias es los nuevos enfoques del papa Francisco con respecto al ser y estar de la Iglesia, en el mundo, en el siglo XXI. Desde un planteamiento crítico de estas situaciones de malestar, de caminos cortados, proponen la construcción de puentes levadizos. Descartan el “siempre se ha hecho así” Los resultados obtenidos piden cambio. Está demostrado, este sistema no sirve. Los vientos nuevos que el papa Francisco proponen sirven de acicate para la osadía. Hay que salir, hay que arriesgar. Hay que cambiar las mentes en puntos cruciales de nuestra cosmovisión cristiana. Por ejemplo: De la consideración del mundo como enemigo de Dios y del alma a la acogida y anuncio de Dios encarnado en él. Superar el divorcio Iglesia-Mundo. superar la ceguera de la Iglesia poco atenta a los signos de los tiempos, oyendo a las ciencias humanas y sociales, poniéndose al lado de las víctimas, siendo de verdad Iglesia pobre y de los pobres, haciendo visible el principio de que la Iglesia somos todos, saliendo del clericalismo y dando más protagonismo y responsabilidad a los laicos y mujeres. En suma, una Iglesia sinodal, una Iglesia sacramento de salvación, al servicio de la humanidad. Los tres artículos de este tercer capítulo Son un buen ejemplo de todo esto es posible Que una Iglesia “en salida” es ya una realidad en determinados espacios y contextos. Que ya es real y vivo un cierto pluralismo religioso, nuevas espiritualidades, nuevas estructuras, nuevas modalidades organizativas y de gobierno. Los tres relatos de experiencias novedosas en estos campos son paradigmáticos y reflejan las nuevas necesidades de los seguidores de Jesús de Nazaret y su Evangelio.
Capítulo 4. Mujeres e Iglesia. Una deuda pendiente. Con tres apartados: a) La revolución de los cuidados.
b) Las nuevas Agar: mujeres migrantes como sujeto de liberación. c) la exclusión de las mujeres en la Iglesia. En la primera página del texto Pepa nos dice: Soy mujer de memoria y cicatrices. Con toda razón. Su vida lo testifica. Por eso es tan valiente como este libro deja ver y su vida cotidiana también. Desde los primeros renglones donde habla del contexto en que ha sido gestado el libro “mientras miles de mujeres católicas en el mundo nos sumamos al movimiento Voices of Faith, urgiendo a la Iglesia a una reforma estructural profunda desde la perspectiva de las mujeres, y en muchos lugares del Estado español tomó el nombre de la “Revuelta de las mujeres en la Iglesia, hasta los últimos renglones del epílogo donde el libro acaba está presente el grito este capítulo sintetiza: La exclusión de las mujeres en la Iglesia es intolerable y es un error.
A modo de epílogo: Referencia a María Magdalena, apóstol de los apóstoles, la primera en experimentar que el amor es más fuerte que la muerte y que Jesús, el Viviente, permanece vivió entre nosotros y es la razón de nuestra esperanza. Con Magdalena como patrona y con la memoria peligrosa y transgresora de tantas mujeres que han hecho vida la utopía del Evangelio cierra el libro con la oración que rezamos en la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, el 1 de Marzo 2020, en la manifestación en la explanada de la catedral de la Almudena, en Madrid.
Africa de la Cruz

PRESENTACIÓN DE LA ENCÍCLICA “FRATELLI TUTTI”

Por Mª África de la Cruz
Es una Encíclica social para promover la fraternidad universal entre los habitantes de la tierra, sin fronteras. Está dirigida no sólo a los católicos sino a toda persona de buena voluntad. Encíclica abierta a toda la humanidad en un momento crítico de su historia. Presenta nuevas metas y caminos para construir un mundo más justo y fraterno porque los viejos sueños no se han cumplido. El papa propone un nuevo orden mundial con los pobres en el centro, escrita desde el Sur. Utiliza la parábola del Buen Samaritano como ejemplo a seguir y pide que, como samaritanos buenos, nos aproximemos y escuchemos a los que nos necesitan. También nos propone vivir como hermanos en la casa común, en diálogo, escucha y encuentro. Son grandes sueños que no se pueden quedar en palabras. Son dimensiones de una Ética Universal. Obras mejor que palabras. La Encíclica se estructura en ocho capítulos y la introducción.
Introducción: Fratelli Tutti. Así se dirigía San Francisco de Asís a sus hermanos y hermanas cuando les propuso un estilo de vida con sabor a Evangelio. Él, el hermano de todos y de todo. El papa Francisco se inspira, entre otros, en este santo, para escribir esta Encíclica sobre la fraternidad y el amor universal, sin fronteras. Mientras escribía este documento llegó la pandemia de Covid-19. Desde este contexto se entiende mejor la necesidad del grito que en esta Encíclica lanza el papa a quien quiera escucharle.
1.- Las sombras de un mundo cerrado: En este capítulo el papa hace una mirada panorámica a algunas tendencias del mundo actual que dificultan la fraternidad universal. Habla de los sueños rotos, las esperanzas no cumplidas: El sueño de una Europa unida y de la integración latinoamericana, la democracia desfigurada, el dominio y control frente a servicio y bien el común, el descrédito de la política que siembra desconfianza y desesperanza, sin un proyecto compartido, para todos; el crecimiento de la agresión y el insulto, de la crispación. El racismo y el descarte mundial. Los Derechos Humanos no suficientes ni para todos, universales. La globalización y progreso desigual. La existencia de mafias que explotan a los débiles por soledad, miedos e inseguridad. Las dificultades de la migración humana con su dignidad pisoteada en las fronteras. La indiferencia y “sálvese quien pueda” del individualismo dominante. Pandemias y otros flagelos de la historia. La ilusión de la comunicación: agresividad sin pudor, información sin Sabiduría. Sometimientos y autodesprecios. Soledad. Por contraste, el papa termina este capítulo con un apartado dedicado a la Esperanza. “A pesar de estas sombras…. quiero hacerme eco de tantos caminos de esperanza que se abren… porque Dios sigue derramado en la humanidad semillas del bien”
2.- Un extraño en el camino: En este capítulo, el papa presenta la Parábola del Buen Samaritano, urdimbre sobre la que se teje toda la Encíclica. Como contrapunto de las sombras señaladas en el punto anterior, en éste, va a proponer un modelo de actuación que fundamente las propuestas alternativas de respuesta a los problemas presentados anteriormente. Es la luz que ilumina las tinieblas. El Buen Samaritano nos abre a la esperanza de que, a pesar de todo, podemos soñar un mundo mejor, más humano, más justo más igual, más amoroso. Está en nuestras manos. Esta parábola es universal. Es Sabiduría. El evangelista Lucas la pone en boca de Jesús en contestación a la pregunta del maestro de la Ley ¿quién es mi prójimo? Es una narración bella y de una espiritualidad elevada. Hay que leerla para disfrutarla. La parábola termina con las palabras de Jesús al maestro de la Ley “tienes que ir y hacer lo mismo” Y el papa cierra el capítulo con este mensaje: A imagen y semejanza del buen samaritano y de Jesús, todos tenemos que hacer lo mismo: Acompañar, compadecer, cuidar, sostener a los heridos, caídos y frágiles. Es una historia que se repite: Tu prójimo es todo el que te necesita.
3.- Pensar y gestar un mundo abierto (al amor desinteresado). El amor es el distintivo de la identidad cristiana fundada en la espiritualidad del Evangelio. A nivel universal, el amor es el punto de lanza de la evolución humana. El amor es el fondo de humanización de todos. Los hombres estamos creados a imagen y semejanza de Dios. Por eso todos nos parecemos a Él. Dios es amor y nosotros también. El papa escribe para toda persona de buena voluntad. Más allá de todos los credos, el valor único y absoluto es del amor. El amor es gradual. Es un proceso que apunta a una creciente apertura al amor-ágape, de unión e identificación. El papa habla de sociedades abiertas que integran a todos y propone transcender el mundo de socios para situarnos en un mundo de hermanos iguales en derechos y dignidad: Libertad, igualdad y fraternidad. Amor universal que promueve a las personas, el bien moral, el valor de la solidaridad. Derechos sin fronteras. Derechos de los pueblos. Las tres “t”: Tierra, Techo, Trabajo.
4.- Un corazón abierto al mundo entero. Poner en práctica el amor y la fraternidad universal nos plantean unos retos insoslayables ante situaciones como: fenómeno migratorio, nuevas pobrezas engendradas por la economía neoliberal, las pandemias, la sobreexplotación de la tierra y otras. Ante esto, surge la pregunta ¿qué puedo y tengo que hacer? A nivel individual y comunitario. El papa hace elogio de la gratuidad, hacer el bien por él mismo. La gratuidad es posible, existe y ha existido entre los mejores humanos. Defiende la ayuda recíproca entre los humanos y las naciones porque o nos salvamos todos o perecemos todos. Dedica muchas páginas a la problemática de la humanidad migrante a los que hay que acoger, proteger, promocionar e integrar.
5.-La mejor política. Para hacer posible la fraternidad universal, tal como la Encíclica la presenta, es necesaria la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común por encima de todo egoísmo. Contra este principio está los populismos, liberalismos, capitalismos y nacionalismos a los que el papa critica duramente. En contraste con la critica a esas desviaciones que no buscan el bien común, tiene párrafos sublimes sobre la Política necesaria. Considera la Política como una de las formas más preciosas de la caridad. Habla de amor en la política. Crítica al mercado y neoliberalismo. Pide reforma de la ONU para crear un poder internacional real al servicio del bien común. Insiste en que los derechos no tienen fronteras y en que es necesaria la Ética en las relaciones internacionales. Los problemas globales requieren soluciones globales. No a la “cultura de los muros”. “La buena política une al amor la esperanza”
6.- Diálogo y amistad social. Dialogar supone: Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse y buscar puntos de encuentro. Por este camino del diálogo llegaremos a una nueva cultura de encuentro para construir juntos el bien común. Nuestra sociedad se caracteriza por la diversidad y el pluralismo. Como un poliedro donde las diversas caras se unen para constituir el todo que siempre es algo más que la suma aritmética de las partes. Esta integración de las partes en el todo no es tarea fácil. Así “la paz social es trabajosa y artesanal”. Se logra a través de un proceso largo que debe iniciarse por reconocer que el otro tiene derecho a ser él mismo y ser diferente. Un consejo: Recuperar la ternura y la amabilidad, las buenas maneras, pedir permiso y perdón, dar gracias. La amabilidad exige reconocimiento, valoración y respeto del otro. En suma: necesitamos dialogar para conocernos y ayudarnos, para construir en común y llegar al consenso necesario. Hay que tender puentes. Nueva Cultura del encuentro, del dialogo y encuentro.
7.- Caminos de reencuentro (de paz y reconciliación). “Hace falta aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones desde la verdad histórica de los hechos” Este es el camino hacia la paz y la reconciliación. Camino largo y con obstáculos que hay que salvar. El milagro de la bondad (amabilidad) como la arquitectura y la artesanía de la paz. Para el cristianismo y otras religiones: El valor y el sentido del perdón y la reconciliación sin que se presten al fatalismo, la inercia, la injusticia o en otro polo, la intolerancia y la violencia. Perdón frente a venganza, pero sin olvido. Perdón sin olvido. Hay que descubrir el valor y el sentido del perdón desde la verdad y a pesar de los conflictos inevitables y las luchas legítimas. Nunca más la guerra ni la condena a la pena de muerte. La verdadera superación de los conflictos exige diálogo y negociación transparente, sincera y paciente.
8.- Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo. Las religiones fundamentan la fraternidad humana en la filiación divina. Y de ahí la igualdad en dignidad y derechos de todos los seres humanos. Para los cristianos el manantial de la dignidad humana y de la fraternidad universal está en el Evangelio de Jesús de Nazaret.
9.- Por Oración al Creador y Oración cristiana ecuménica. Así acaba la Encíclica Fratelli Tutti