Los nuncios en el Vaticano

Parolin a los nuncios: «Si queremos ser cristianos debemos ser marianos»

Vísperas. Capilla Sixtina
Vísperas. Capilla Sixtina

La tarde de este 8 de septiembre, en el marco extraordinario de la Capilla Sixtina, se celebraron las Vísperas con los Representantes Pontificios que se encuentran estos días en el Vaticano para participar en su encuentro trienal

En su homilía, el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, subrayó el vínculo especial entre la Virgen María y los nuncios, que no se representan a sí mismos, sino a la Iglesia y al Pontífice

Recordando todas las situaciones de conflicto, dificultad y persecución que sabemos que hay en la actualidad, concluyó el cardenal, repetimos a María: «danos días de paz»

Por Adriana Masotti

(Vatican News).- La Virgen María, cuya Natividad se celebra hoy, es el corazón de las Vísperas de la noche de este jueves, 8 de septiembre. En primera fila, a un lado, los cardenales con el birrete rojo, detrás y a un lado la extensión de gorros morados de los obispos que representan al Papa en las distintas partes del mundo, y con ellos los jefes de Dicasterios de la Curia Romana, los superiores de la Secretaría de Estado y los Observadores permanentes sin estatus episcopal.

No se puede amar lo suficiente a María

Presidiendo las Vísperas, con las que concluyó la segunda jornada del encuentro en el Vaticano de los Representantes Pontificios, el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolinal inicio de su homilía, se congratuló de que en el centro de la oración de esta noche estuviera «la Madre de Cristo según la carne y nuestra Madre espiritualmente». «No debemos tener miedo -continuó- de alimentar una tierna devoción filial hacia ella, de María nunca se puede decir lo suficiente, nunca se puede amar lo suficiente«. El Purpurado citó una frase del cardenal Ratzinger que recuerda cuando de joven tenía reservas sobre algunas fórmulas antiguas relativas a María, «me parecían exageradas, ahora comprendo que son verdades que son más válidas hoy que nunca».

Un vínculo especial entre el nuncio y la Virgen

Si queremos ser cristianos debemos ser marianos, dice el cardenal Parolin, debemos reconocer la relación que une a María con Jesús. «María es todo relativo a Jesús. Si la devoción a María alejara a uno de Jesús, habría que rechazarla, dice, pero es lo contrario. Es necesario amar a Dios. San Luis de Montfort, tan querido por Juan Pablo II, estaba convencido de ello. Esta unidad de María con Jesús cobra especial relieve hoy, señala el cardenal, porque la celebración de hoy es en honor a la Natividad de María, pero su verdadero significado es la Encarnación del Verbo. Para esto, de hecho, nació María. Y «esta característica de la fiesta de hoy es especialmente importante para nosotros», subrayó el Secretario de Estado, «porque también nosotros, en nuestra misión, somos todos relativos a otro».

Confiemos a María nuestra oración por la paz

En 2019 el Papa Francisco había dicho, recuerda Parolinque el nuncio no se representa a sí mismo, sino a la Iglesia y en particular al Sucesor de Pedro en una zona determinada. «Asemejándonos a María, estamos llamados a amarla e imitarla y a imitar sus virtudes», ella que es «modelo en la fe y en la caridad». Nos enseña a ser fuertes y misericordiosos.

A continuación, el cardenal Parolin invitó a todos los presentes a confiar a la intercesión de María la oración por la paz «en este mundo tan agitado, danos días de paz». Y también en esta preocupación por el mundo entero, el cardenal Parolin ve un vínculo especial entre los Representantes Pontificios y María porque, dice, el nuncio tiene en el corazón el bien de todo un pueblo. Recordando todas las situaciones de conflicto, dificultad y persecución que sabemos que hay en la actualidad, concluye el cardenal, repetimos a María: «danos días de paz».

Asunción: apuntando a la meta

Recordar la meta ayuda a soportar las dificultades que encontramos en el camino. La vida, a veces, es dura. No sólo en el mundo, también en la Iglesia coexisten el trigo y la cizaña.

La Asunción de la Virgen María apunta al destino al que todos aspiramos. Lo que todos buscamos es vida y vida en plenitud. A esa meta ha llegado ya María. Recordar la meta ayuda a soportar las dificultades que encontramos en el camino. La vida, a veces, es dura. No sólo en el mundo, también en la Iglesia coexisten el trigo y la cizaña. Lo justo y lo injusto no puede ser eliminado de la vida histórica de la Iglesia. Ante la injusticia, a veces, nos encolerizamos; otras veces la soportamos con resignación. Pero siempre duele porque hiere. Una forma de mitigar el dolor es precisamente pensar en la meta                                      Hace unas semanas tuvimos ocasión de comprobar como un gran deportista (Rafael Nadal) tuvo que aceptar sufrir para conseguir la victoria en el importante torneo de Roland Garros. Es posible que san Pablo aludiera al esfuerzo y sacrificio que debían hacer los atletas para competir en Olimpia cuando escribe: “los atletas se privan de todo; y esto ¡por una corona corruptible!”. Y añade enseguida, comparando al cristiano con un atleta: “nosotros, en cambio, por una incorruptible” (1 Cor 9,25). ¿Cómo es posible sobrellevar las dificultades, los sin sabores que, a veces, nos asaltan, incluso injustamente como antes he dicho? Como si fuéramos atletas. O sea, pensando en la corona, en la meta, en el destino. Pensar en la alegría que nos espera al llegar al destino, ayuda a la mente a dejar de dar vueltas a lo que nos entristece.                                                                                                      María es una buena referencia de nuestro destino. Al definir el dogma de la Asunción, Pío XII, utilizando una antropología común, definió que la Madre de Dios, “terminado el curso de su vida terrenal, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste”. La vida terrenal termina con la muerte. Pero para el cristiano la muerte no es una barrera, sino una puerta, un puente a la gloria celeste, a la salvación. Y en ella entramos con toda nuestra realidad, con todas nuestras dimensiones, en cuerpo y alma. Porque si nos faltase algo, la salvación no sería completa. La salvación, la gloria celeste (para emplear la terminología de Pío XII) tiene que ser un proyecto de felicidad estable, completa, permanente, en el que todas las dimensiones de la persona queden saciadas.                                                                                 A esa felicidad estable y completa apunta el dogma de la Asunción. Mientras tanto, mientras estamos en camino, conviviendo con lo injusto, pensar en la meta pueda ser un buen lenitivo para las penas de la vida, y un estímulo para centrarnos en lo importante y no dejarnos desanimar por lo pasajero.  

La Asunción de María

«María creyó en el Señor, lo acogió, le fue fiel y le sirvió con alegría»

La Asunción de María

«María nos enseña que nosotros también seremos felices si, pese a nuestras incoherencias, creemos en Jesús desde el fondo de nuestro corazón. Conocer a Jesús es lo mejor que nos puede pasar en la vida»

«El Magnificat es el canto que reza la Iglesia cada día en la liturgia de las vísperas. Es una oración de gran realismo. En ella se reconoce que en el mundo hay situaciones injustas, con opresores y oprimidos. Sin embargo, la Virgen no pierde la esperanza y sigue confiando en Dios»

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Este lunes, solemnidad de la Asunción de María, la Iglesia celebra que la Virgen, después de haber seguido a Cristo con fidelidad durante toda su vida, entró en la casa del Padre. Esta festividad nos recuerda que también nosotros, algún día, viviremos en plena comunión con Dios eternamente. Y es que, como dice el papa Francisco, en el umbral del cielo hay una madre que nos espera (cf. Angelus, 15 de agosto de 2019).

El evangelista Lucas nos dice que María, después de haber creído en la promesa del Señor de que iba a dar a luz a Jesús, atravesó las montañas de Judea para ayudar a su prima Isabel, la cual también estaba embarazada. Cuando Dios se presenta en nuestra vida y dejamos que entre en nuestro interior, nuestra vida cambia por completo. El amor de Dios hace que, como María, superemos montañas de dificultades y nos pongamos al servicio de los demás.

Cuando Isabel ve que María entra en su casa, se pregunta quién es ella para recibir a la madre del Señor (cf. Lc 1,43). Isabel se siente pequeña ante Dios. Su actitud nos enseña a acoger a Dios con humildad y confianza, a poner en sus manos todos nuestros problemas. Nos lo dice bellamente la Sagrada Escritura: «Descarga tu preocupación en el Señor y él te sostendrá» (Sal 54,23).

En toda la escena María e Isabel están llenas de alegría. Mientras hablan, el niño que Isabel lleva en sus entrañas salta de alegría en su interior. Al final de la conversación, Isabel le dice a María: Feliz tú que has creído (cf. Lc 1,45). María nos enseña que nosotros también seremos felices si, pese a nuestras incoherencias, creemos en Jesús desde el fondo de nuestro corazón. Conocer a Jesús es lo mejor que nos puede pasar en la vida.

Después de esta escena, el evangelista Lucas nos muestra a María elevando a Dios una oración de gran belleza. Es el Magnificat. El Magnificat es el canto que reza la Iglesia cada día en la liturgia de las vísperas. Es una oración de gran realismo. En ella se reconoce que en el mundo hay situaciones injustas, con opresores y oprimidos. Sin embargo, la Virgen no pierde la esperanza y sigue confiando en Dios. En esta oración, María aparece como una verdadera madre, que camina y lucha con nosotros. Como dice el papa Francisco, María es un signo de esperanza para los pueblos que sufren injusticias (cf. Evangelii gaudium 286).

Queridos hermanos y hermanas, María creyó en el Señor, lo acogió, le fue fiel y le sirvió con alegría. Que ella nos enseñe a acoger con delicadeza al Señor que se acerca a nosotros de múltiples maneras en nuestro día a día y, de manera particular, en todos los crucificados de nuestro mundo. Sepamos, como ella, decirle «sí» a Dios con fe y esperanza.

† Cardenal Juan José Omella Omella

Webinar sobre María de Nazaret

Webinar de ‘Tras las huellas de Sophía’ sobre María de Nazaret, un encuentro enriquecedor

Webinar María de Nazaret, revista Reseña Bíblica
Webinar María de Nazaret, revista Reseña Bíblica

El día miércoles 18 de mayo, integrantes del equipo de redacción de la revista Reseña bíblica y los autores del número dedicado a María De Nazaret, fueron invitados a ser parte de un webinar organizado por la plataforma online ‘Tras las huellas de Sophia’

El encuentro online se realizó con éxito, más de 150 personas se conectaron desde diversos puntos de España y latinoamérica

Con la participación, entre otros, de Mercedes Navarro, Xavier Pikaza y Carmen Yebra, desembocó en una invitación a examinar aquellos aspectos de la madre de Jesús que a lo largo de la historia han ido quedando invisibilizados

Esperamos que la enriquecedora experiencia propiciad por la plataforma ‘Tras las huellas de Sophia’ sea el inicio de una larga historia de enriquecimiento y diálogo con los autores presentes en Reseña Bíblica

(Editorial Verbo Divino).- El día miércoles 18 de mayo algunas integrantes del equipo de redacción de la revista Reseña bíblica publicada por Verbo Divino, junto con los autores del número dedicado a María De Nazaret, fueron invitados a ser parte de un webinar organizado por la plataforma online “Tras las huellas de Sophia”.

Latinoamérica, como también España, son espacios donde la figura de María es fundamental en la piedad popular y en la vivencia de la fe. La invitación, por tanto, surge de la lectura de los artículos del dossier publicado en el número 112 de la revista, donde se aprecia una mirada y aproximación a María sugerente y dialogante con la cultura y la experiencia religiosa actual.

El encuentro online se realizó con éxito, más de 150 personas se conectaron desde diversos puntos, como, por ejemplo, Rumania, México, Paraguay, Colombia, España, Argentina, Brasil, entre otros. Una vez presentados los objetivos y los panelistas, Nuria Calduch, coordinadora de los artículos, inició su presentación acerca del personaje de María en los evangelios, constatando que no es posible reconstruir su historia, sus sentimientos, su carácter, pero sí rescatar algunas ideas sobre el mensaje mariano que traslucen.

Mercedes Navarro abordó el tema de los dogmas desde una perspectiva crítica, abriendo nuevos horizontes interpretativos. Su invitación fue a quitar de la formulación dogmática aquellos rastros que ensombrecen la sexualidad y corporalidad de María como mujer y madre, los aspectos más importantes desde donde las mujeres pueden vincularse y reconocerse en ella.

Xavier Pikaza expuso una breve síntesis de las diferentes expresiones de devoción popular mariana. Vinculando los datos bíblicos, dogmáticos y aquellos que retoma el Corán sobre María, con la sugerente propuesta de que la teología entre en La figura de la madre para generar una refundación desde los principios del NT, a fin de recuperar el aspecto liberador de la Madre con el niño.

Por último, Carmen Yebra presentó el tema de la iconografía mariana. Su invitación fue a valorar las formas tradicionales de como se ha representado María, entendiendo su contexto y actualizándolas para hoy. Por ejemplo, invita a recuperar a María lectora, en meditación, a fin de modelar a las comunidades creyentes el acercamiento a la lectura de las Escrituras. El uso del arte afirma la autora, es una manera de enriquecer con el patrimonio cultural de la Iglesia, los modelos de mujer y de creyente.

El encuentro online se realizó con éxito, más de 150 personas se conectaron desde diversos puntos. Es una invitación a examinar aquellos aspectos de la madre de Jesús que a lo largo de la historia han ido quedando invisibilizados.

Esperamos que la enriquecedora experiencia propiciad por la plataforma “Tras las huellas de Sophia” sea el inicio de una larga historia de enriquecimiento y diálogo con los autores presentes en Reseña Bíblica.

ESPIRITUALIDAD INTEGRADORA CRISTIANA

MARIA ARQUETIPO DE UNA ESPIRITUALIDAD para nuestro tiempo


(Definimos arquetipo como prototipo ideal que sirve como ejemplo o pauta para reproducirlo).

Hoy, primer día del año 2022. Empieza un año en nuestro calendario: para la fe, es una continuidad, para el planeta es una millonésima de segundo en el conjunto de los billones de años del
Universo. Y aquí estamos, muy puestos en decidir quién es quién en el conjunto de nuestro planeta: Quien toma las decisiones de quien vive y quien se extingue… también en la comunidad cristiana,
nuestras decisiones pueden decidir quién se conecta con el Dios Vivo o quien sigue apoyando una religiosidad moribunda.

Y la liturgia de hoy, nos viene enmarcada en una gran Bendición o decir-bien, de todo, y ello nos recuerda el deseo y cariño de una madre, lo que necesitamos ser para gestar la nueva humanidad.
Empieza así:
…El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor;
el Señor se fije en ti,
y te conceda la paz. (Números 6, 22-27)

El tiempo actual no es muy distinto del de los orígenes del Cristianismo, por su complejidad socio-política y también religiosa. El Evangelio de Lucas nos cuenta al principio de su relato que un
anuncio al sacerdote del templo, Zacarías, no acogido, le deja mudo, porque interrumpe la comunicación con Dios al no fiarse de su Palabra, él, el que rezaba en nombre de todo el pueblo.

Entiendo la mudez también como el que hablando no dice nada, homilías repetitivas…ausencia de profetismo también en los responsables del templo de hoy.

La mudez de Zacarías, contrasta con la fe de su anciana esposa, que se atreve a creer contra toda lógica, y concibe y da a luz a un profeta, el cual, aprendió de su madre a serlo, anunciando con su
vida que venía otro a quien él sólo preparaba el camino. Esta fue la experiencia de Isabel, que recibe la visita inesperada de Miriam de Nazaret que también está gestando la vida que viene del Espíritu- Ruah.
Ellas toman otra ruta, y fecundadas por el Espíritu del Dios vivo, caminan y corren y se abrazan y danzan y denuncian la injusticia, anunciando un tiempo nuevo.

Isabel acoge el anuncio, y también la joven Miriam, quién a diferencia de Zacarías – el cual pide garantías- pregunta con inteligencia y apertura, cómo será aquello, y en ese diálogo – primera escuela de oración cristiana – la mujer de tú a tú con Dios, es la que propicia la presencia humana del Abba: Jesús.

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer…como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: Abbá, Padre. Así que ya no eres siervo sino
hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios (GalM4,4-7)

Los signos son para que entendamos por dónde anda Abba. Y nos hablan de una cueva, lugar que solemos esconder, tal vez lo identificamos con nuestra sombra, sin saber que ahí está la luz. Y
nos hablan de unos astrólogos que siguiendo las estrellas se encuentran con Su estrella. Y nos dicen por dónde ir para encontrarla y por donde no ir.

Está claro, el único camino es el que evitamos.

Evitamos bajar a nuestra cueva, evitamos la intemperie por donde andan los pastores, los que también se dejan acompañar por las estrellas.
¡Qué poco nos gusta la noche! y sin embargo, es en el único espacio donde se pueden contemplar y disfrutar de las estrellas. Sólo que haya una luz artificial, ya brillan menos, y como consecuencia, nos
cuesta discernir por dónde seguir.

Y nos dice Lucas, que la señal es encontrar a un niño envuelto en pañales…maravillosa descripción de la humanidad de Dios. Y a una chica: María que conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo
en su interior (Lc 2,19).
Y yo sugiero que esta es una señal para nuestro mundo vacío de espiritualidad, cansado de una religión casi muda, o a veces, preferentemente muda.
La señal es que al inicio del cristianismo, está UNA MUJER QUE MEDITA.
Ella nos lo dice todo. Este es el arquetipo que hemos obviado y que mientras no lo atendamos y cultivemos, no veremos las estrellas, ni niños en las fronteras, ni mujeres consagrando la vida. Tampoco
la madre de Jesús es digna del sacerdocio, por ser mujer (???)

Ella consagra su vida a educar al que nos dará la siguiente clave, la que llena la meditación silenciosa de Vida y futuro:
Al principio ya existía la Palabra, y la palabra era Dios. Ella contenía vida y la vida era la luz para la humanidad: esa luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la ha apagado… a los que la aceptan
los hace capaces de hacerse hijos de Dios: a esos que mantienen la adhesión a su persona… (Jn 1, 1ss)

María encuentra en el silencio reflexivo el consuelo, el camino y la fuerza para gestar la Palabra, como nosotros, cuando oramos desde el silencio, escuchando la Palabra que, como en ella, toma la
forma del Cristo.

María nos abre el camino, hoy, primer día de un año, que se nos regala, y que es un gran interrogante, para que lo vivamos en plenitud, como hijas de Dios.

Que el Señor nos bendiga y proteja. Que nos ilumine y se fije en nosotrxs para que merezcamos ser llamadxs hijxs de Dios. La meditación es la llave que abre la puerta a la cueva y que nos conduce a la Fuente. Es en ese silencio donde nos unimos con todas las personas de bien, de todas las religiones y
espiritualidades, que han descubierto ahí la vida. Es la gran herramienta que puede enderezar el eje de nuestra vida y el del Planeta.

Y, como siempre, todo empieza con una mujer. Feliz Año todas las mujeres, que como María de Nazaret bendecís, consagráis, predicáis, acompañáis la Vida.

¡Feliz y bien-empezado 2022!

Magda Bennásar Oliver, SFCC