El proceso sinodal

El camino hacia el Sínodo abrirá procesos que «ni tan siquiera el Concilio Vaticano II podía imaginar», según cardenal

El cardenal maltés Mario Grech, secretario general del Sínodo, ha señalado que el camino de escucha que conducirá a la asamblea del Sínodo Mundial de los Obispos en 2023 abrirá en la Iglesia «procesos» que «ni tan siquiera el Concilio Vaticano II, del que se cumplen 60 años, podía imaginar».

En todo caso, ha dejado claro que este acto eclesial, que arrancó en 2021 «no es ni una concesión, ni una deferencia a los que están al margen de un proyecto».

«No es un gesto para ganar alguna simpatía o algún consenso barato; ni siquiera un informe, más bien una manera de rendir cuentas a alguien que reclama el derecho a saber», ha señalado Grech en una conferencia sobre el Concilio Vaticano II y la sinodalidad en la Pontificia Universidad Gregoriana con motivo de los 250 años de su fundación.

Para el secretario general del Sínodo, el actual proceso sinodal muestra cómo «una correcta recepción de la eclesiología conciliar está activando procesos tan fecundos como para abrir escenarios que ni siquiera el Concilio había imaginado y en los que se manifiesta la acción del Espíritu que guía a la Iglesia».

«Si la dimensión profética reside en el Pueblo de Dios, la totalidad de los bautizados, y el primer acto de la Iglesia es la escucha, entonces es precisamente al Pueblo de Dios al que hay que devolver el resultado de esa escucha. Y como el Pueblo de Dios vive en las iglesias, el documento debe ser enviado a las iglesias», ha revelado.

El Sínodo 2021-2023 fue convocado por Francisco y comenzó con una etapa local, en las distintas diócesis y movimientos católicos, que dio lugar a un informe nacional, enviado al Vaticano; la segunda fase es la llamada ‘etapa continental’, que producirá una nueva reflexión, antes del encuentro mundial presidido por el Papa, en octubre del próximo año.

Para Grech, el Sínodo refleja en la circularidad del proceso la «interioridad mutua» que existe entre las iglesias particulares y la Iglesia universal. En definitiva, ha constatado que el envío del documento para la etapa continental a las Iglesias es «un acto debido».

Por último, ha deseado que la Iglesia siga viviendo el proceso sinodal en la lógica de la escucha de Dios y de los demás, del Espíritu en los otros». «Si hay una disposición que los padres conciliares vivieron y transmitieron a la Iglesia como herencia, es la de escucharse unos a otros para oír lo que el Espíritu dice a la Iglesia», ha concluido.

La Iglesia está en Sínodo

Al menos 100 de las 114 Conferencias Episcopales del planeta han enviado a Roma sus síntesis sinodales

El relator del proceso, Jean-Claude Hollerich, evalúa la consulta local lanzada por el Papa: “¡Esta increíble cifra nos dice que sí, la Iglesia está en Sínodo!”

El secretario general del Sínodo, el cardenal Mario Grech, garantiza que los resúmenes de los Episcopados no son “la tumba de la profecía”

El subsecretario español Luis Marín augura que el proceso tiene ya “una fuerza enorme, verdaderamente revolucionaria”

El cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, ha definido como “impresionante” la implicación de los diferentes grupos y realidades eclesiales en la primera fase de consulta sinodal que se ha cerrado justo antes del verano.

Con esta impresión inicial, detalló que el 98% de las 114 Conferencias Episcopales del planeta cuentan con una persona de contacto o un equipo sinodal y que, hasta hoy, ya han recibido 100 síntesis. “Y siguen llegando. ¡Esta increíble cifra nos dice que sí, la Iglesia está en Sínodo!”, compartió sin debelar cuales son los Episcopados más rezagados o ‘negacionistas’ del proceso.

Radiografía global

Es una de las conclusiones que los máximos responsables del Sínodo de la Sinodalidad han expuesto hoy en una rueda de prensa con motivo de repasar los pasos dados en la consulta mundial lanzada por Roma a todas las diócesis del planeta que ahora se encamina hacia una fase continental que analizará todas las propuestas lanzadas desde los diferentes países. Y todo, encaminado a octubre de 2023, cuando en principio está previsto que toda esta radiografía eclesial se exponga en una gran cumbre en Roma bajo la presidencia del Papa Francisco.

Hollerich puso en valor, tanto las reflexiones enviadas por las Iglesias católicas orientales, así como a través de los diferentes ‘Ministerios’ vaticanos, desde la Secretaría de Estado mano a mano con los nuncios al Dicasterio de los Laicos, pero también a través de la Unión de Superiores Generales y la Unión Internacional de Superioras Generales. “Las comunidades de vida consagrada tienen un patrimonio ‘sinodal’ que ofrecer a toda la Iglesia, y el proceso sinodal se lo ha recordado y nos lo ha recordado”, subrayó.

Diálogo sin precedentes

Todo esto le llevó a asegurar que “estamos ante un diálogo eclesial sin precedentes en la historia de la Iglesia, no sólo por la cantidad de respuestas recibidas o el número de personas implicadas (que para algunos que quieren confiar únicamente en números – que solo puede ser aproximado – puede parecer limitado) sino también por la calidad de la participación”.

“Contrariamente a lo que pudiera pensarse, muchas de las aportaciones enviadas no son meros pliegos de pretensiones, sino verdaderos trabajos de escucha y discernimiento”, apuntó el cardenal, que subrayó a continuación: “¡Quiero asegurarles que leeremos atentamente sus contribuciones y las tomaremos en serio!”.

No se trata de forzar

De la misma manera, volvió a recordar que el Sínodo “no es un parlamento donde se vota y se decide por mayoría y donde hay una izquierda y una derecha”. “No se trata de forzar”, alertó, quizá con el pensamiento puesto en el Camino Sinodal alemán. Además, Hollerich aseguró que “no estamos preocupados” porque el Sínodo pueda ser mediatizado por las cuestiones polémicas que pueden rodearlo, aunque reconoció que “las tentaciones” están ahí.

Con una dosis de realismo sobre la colaboración de algunos obispos en el proceso realizado, el secretario general de la Secretaría General del Sínodo, el cardenal Mario Grech, reconoció que “no nos hacemos ilusiones de que el principio de la consulta se haya aplicado con el mismo cuidado en todas las Iglesias”. “Estamos al comienzo de un camino eclesial que exige paciencia, exige una conciencia de que todos están llamados a participar, cada uno según su condición y función”, añadió. En este sentido, preguntado por las suspicacias generadas por el Camino Sinodal alemán, se limitó a

Sacramento de unidad

De hecho, se hizo de algunas de las críticas recibidas sobre el resumen realizado por los Episcopados a partir de las reflexiones de las parroquias y grupos locales. “Más de uno argumenta que los resúmenes de las Conferencias Episcopales serán la tumba de la profecía”, aseveró. Desde ahí, apuntó que “es hora de superar esta sospecha, esta reserva que ciertamente tiene sus razones históricas, pero que contrasta con la naturaleza de la Iglesia, que es “un” sacramento de unidad, es decir, un pueblo santo reunido y ordenado bajo la guía de los obispos”.

En este sentido, Grech lanzó un encargo a los prelados, a quienes les instó a no dar por zanjado el trabajo, sino a guiarse por el “principio de circularidad”, por el cual, tanto la síntesis nacional como continental han de ser trabajadas de nuevo por las diócesis. “Cada obispo está obligado a poner el documento en conocimiento de su Iglesia y leerlo atentamente al menos en los órganos participantes y redactar las observaciones con el equipo sinodal para ser enviadas a la Conferencia Episcopal o al Secretariado de la Asamblea Continental”, subrayó el purpurado en un proceso en el que se busca una “lectura crítica” que sea “capaz de activar la dinámica sinodal a través de la circularidad entre los sujetos y niveles de vida eclesial”.

Proceso irreversible

Para el subsecretario de la Secretaría del Sínodo, Luis Marín, la aventura sinodal hasta ahora es “decidida y claramente positiva”. Es más, sentenció que “no cabe duda de que, desde el Espíritu Santo, el proceso adquiere una fuerza enorme, verdaderamente revolucionaria”.

“Creo que estamos en un proceso irreversible, con distintas velocidades, lleno de matices y necesario de clarificaciones, pero sin vuelta atrás”, sentenció el agustino español, con el convencimiento de que “poco a poco, va calando, se va purificando y va renovando y reformando la Iglesia”.

Con la premisa de que se trata de un “proceso espiritual, en y del Espíritu Santo” que “tiene como eje el amor verdadero: hacia Dios, hacia la Iglesia, hacia la humanidad”, Marín considera que el camino de la sinodalidad abierto “evita el peligro tanto del ‘espiritualismo’ como del ‘sociologismo’”. “No se trata, prioritariamente, de cambio de estructuras (vendrá como consecuencia), minuciosas programaciones, profundas reflexiones académicas y mucho menos de reparto del poder o de marketing para la promoción personal o grupal”, alertó el religioso.

Descorrer cerrojos

Por eso, apuesta por conjugar como Iglesia a partir de ahora los verbos “salir”, “arriesgar”, “testimoniar” y “transformar”, que pasa por “escuchar a todos” en un “proceso integrador” y “dinámico” que implica “descorrer los cerrojos”. “No deben asustarnos las diferentes velocidades ni producirnos ansias el logro de resultados inmediatos”, apuntó, desde el deseo de “asumir un nuevo modo de ser Iglesia más coherente”. “Constraste y diversidad significa riqueza, esto no puede ser un proceso fotocopia, eso no es una familia y la Iglesia es una familia”, expuso con rotundidad.

Por su parte, la subsecretaría de la Secretaría del Sínodo, Nathalie Becquart, compartió “la impresionante movilización en todo el mundo para responder al llamado del Papa Francisco a participar en el Sínodo”. Así, puso en valor especialmente las aportaciones realizadas por países que atraviesan “múltiples crisis” como Nicaragua, Ucrania, Haití, Myanmar, Líbano, la República Centroafricana…

Estilo franco

Aterrizando en las cuestiones expuestas por los católicos, la religiosa francesa valoró “su estilo tan franco que no duda en nombrar no sólo las buenas experiencias de ‘caminar juntos’ que ya se están viviendo sino también en denunciar sin lenguaje de madera los obstáculos y las dificultades reales”.

Becquart no dudó en citar la síntesis enviada por la Conferencia Episcopal Española, para subrayar cómo, el trabajo realizado a lo largo de este primer año de consultas y encuentros “ya está dando sus frutos sobre el terreno y continuará”.

Acompañar de cerca

Con la vista puesta en la nueva etapa sinodal que se inicia, el padre Giacomo Costa, consultor de la Secretaría General del Sínodo y jefe del grupo de trabajo para la elaboración del Documento para la fase continental, aseguró que buscan “acompañar de cerca a cada continente no para imponer un modelo igual para todos, que no podría existir, sino para que cada uno encuentre el camino adecuado a sus circunstancias para crear una oportunidad de intercambio y comparación”.

En la rueda de prensa también tomó la palabra Susan Pascoe, miembro de la Comisión Metodológica de esta fase continental, que habló de la experiencia sinodal en Oceanía. En concreto, hizo referencia a las dificultades logísticas a las que se enfrentan para abordar un documento común, como el número escaso de vuelos, los costes de los viajes, los problemas para las conexiones digitales, las limitaciones del coronavirus… Aun así, valoró que “ya hay un impulso para una forma más sinodal de ser Iglesia”.

La Iglesia en la Amazonía es una Iglesia laical

Cardenal Grech: «El Sínodo sobre la sinodalidad debe ayudar a profundizar en la eclesiología y el sentido del ministerio ordenado»

Cardenal Grech con obispos de la Amazonía
Cardenal Grech con obispos de la Amazonía

Las Iglesias de la Amazonía están preparadas para este proceso de escucha, dado el camino recorrido durante el Sínodo para la Amazonía

Algunos obispos compartieron que quienes están ofreciendo mayor resistencia al proceso sinodal son los sacerdotes jóvenes, en algunos casos incluso bloqueando el proceso

La formación de líderes se presentó como un gran reto, reconociendo la falta de recursos humanos y económicos para hacerlo realidad

El Sínodo para la Amazonía y el Sínodo de la Sinodalidad, llevan a volver a lo vivido, al cuidado de la creación y de los pobres

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Obispos con el cardenal Grech

Un grupo de obispos de los regionales Noroeste y Norte1 de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), se reunió con el Cardenal Mario Grech, secretario del Sínodo de los Obispos, para compartir el camino del Sínodo en diferentes diócesis y prelaturas de la Amazonía.

Los obispos compartieron los pasos dados durante el proceso de escucha en la fase diocesana, que concluirá en las próximas semanas. Según los obispos, las Iglesias de la Amazonía están preparadas para este proceso de escucha, dado el camino recorrido durante el Sínodo para la Amazonía. En este sentido, se destacó que los pueblos indígenas se sienten valorados por ser escuchados nuevamente por el Papa Francisco.

La Iglesia en la Amazonía tiene un recorrido sinodal que se remonta a Santarém y al Documento que surgió en ese encuentro en 1972, algo que marcó el camino eclesial en la región, donde las asambleas sinodales siempre han sido comunes en muchas diócesis y prelaturas, con una gran presencia de laicos con voz y voto. Algunos obispos compartieron que quienes están ofreciendo mayor resistencia al proceso sinodal son los sacerdotes jóvenes, en algunos casos incluso bloqueando el proceso.

No podemos olvidar que la Iglesia en la Amazonía, como se comentó en el diálogo, es una Iglesia laical. En muchas comunidades la presencia de los presbíteros es de una o dos veces al año, y son los laicos y laicas quienes sostienen la vida de la Iglesia en estos lugares. El propio Cardenal Grech reconoció que este camino sinodal en la Iglesia de Brasil y América Latina es fuente de vida en el continente latinoamericano y caribeño.

La formación de líderes se presentó como un gran reto, reconociendo la falta de recursos humanos y económicos para hacerlo realidad. El secretario del Sínodo de los Obispos afirmó la importancia de la formación, pero también advirtió de la necesidad de tener cuidado de no crear grupos de élite. En algunas diócesis ya existen estos espacios de formación, siendo fuente de nuevos liderazgos y espacios que cambian el corazón de las personas.

En relación con el Sínodo para la Amazonía, los obispos afirmaron que la gran mayoría de la gente lo acoge, pero también hay pequeños grupos, alentados por el poder económico y político, que se empeñan en ir en contra de las propuestas del Sínodo para la Amazonía. Son grupos negativos, agresivos en las redes sociales, contrarios al Papa Francisco y al Vaticano II, dominados por la beatería.

En este sentido, se puso de manifiesto que la pandemia ha detenido la aplicación y la difusión del Sínodo para la Amazonía en la región. Algunos obispos comentaron que, de hecho, el camino sinodal en Brasil ya ha sido mucho más fuerte. El Sínodo para la Amazonía y el Sínodo de la Sinodalidad, llevan a volver a lo vivido, al cuidado de la creación y de los pobres. Al hilo del Sínodo para la Amazonía, se insistió en que para ser una Iglesia de presencia y no sólo de visitas, una de sus propuestas, es más que necesaria la formación de los laicos.

Sínodo 2023 1

Se destacó la reactivación del Documento de Santarém, algo que ocurrió recientemente con la realización del encuentro en el que se hizo memoria del Documento de 1972, elaborándose un nuevo documento que Mons. Leonardo Steiner entregó al Papa Francisco, quien mostró su disposición a leerlo. Un Documento que retoma las líneas prioritarias de 1972: encarnación en la realidad y evangelización liberadora, ahora iluminadas con nuevos retos, principalmente la falta de empatía por la cuestión social, que provoca ataques contra la Iglesia.

En la Amazonía hay realidades que generan graves dificultades, como el narcotráfico, el avance de la deforestación, la mineríailegal, el agronegocio, la falta de empleo, la falta de atención a la educación, la vivienda, la salud, todo lo que es necesario para una vida digna para el pueblo. Al mismo tiempo, los obispos han expresado al cardenal Grech su alegría por las iniciativas del papa Francisco para cuidar la Amazonía.

Se colocó cómo el Sínodo para la Amazonía ha ayudado a avanzar en el camino de la ministerialidad. Junto con esto, los obispos abordaron la cuestión de la formación en los seminarios como un problema grave. Los obispos están preocupados por el desconocimiento del Concilio Vaticano II. En vista de ello, el Sínodo sobre la sinodalidad debería ayudar, según el cardenal Grech, a profundizar en la eclesiología y el significado del ministerio ordenado. También expuso los pasos a seguir en la fase continental del Sínodo, con asambleas eclesiales para escuchar al pueblo de Dios y luego asambleas episcopales, destacando de nuevo las palabras del Papa Francisco en las que advierte de la necesidad de evitar que las asambleas eclesiales se conviertan en grupos de élite.

Misión CELAM

Misión Celam: De la Asamblea Eclesial al Sínodo de Sinodalidad no hay mucho trecho

Reportaje Misión Celam
Reportaje Misión Celam

Este acontecimiento latinoamericano y caribeño que culminó, en una primera etapa el 28 de noviembre y con 41 desafíos pastorales en ciernes, ha servido de laboratorio de sinodalidad

El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, fue testigo en primera línea de la Asamblea Eclesial. No dudó en afirmar que «ha sido una experiencia eclesial muy interesante»

Rodrigo Guerra apunta: «la Iglesia abre una novedad no solo eclesial, sino social, promoviendo una amplia participación para incluir a diversos sectores y desde esa realidad encontrar nuevos caminos para renovar»

Gloria Liliana Franco saca punta de todo este proceso sinodal y de Asamblea e insiste que la sinodalidad «supone ubicarnos en el lugar de la humildad» y, especialmente, «reconocer esas actitudes que han estado alejadas en el modo de ser de Dios porque son verticales, abusivas o conclusivas y desprovistas de misericordia»

El discernimiento fue clave en el proceso de Asamblea Eclesial, cuyo corolario se encuentra en 41 desafíos pastorales, con los que se han puesto en el horizonte diversas realidades de América Latina y el Caribe como los abusos, el clericalismo, la pobreza, la exclusión, el cuidado de la Casa común, el protagonismo de jóvenes y mujeres

Por Ángel Morillo

De la Asamblea Eclesial al Sínodo de Sinodalidad no hay mucho trecho. Este acontecimiento latinoamericano y caribeño que culminó, en una primera etapa el 28 de noviembre y con 41 desafíos pastorales en ciernes, ha servido de laboratorio de sinodalidad, que en palabras de Gloria Liliana Franco, presidenta de la Confederación  Latinoamericana de Religiosos (CLAR), “supondrá ofrecer el propio don y exigirá abandonar la tentación de sentirnos superiores a los demás”. Por ende, “el imperativo es a vivir la unidad sobre la experiencia de la propia identidad y con conciencia de la innegable diferencia de todos”, recalca.

El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, fue testigo en primera línea de la Asamblea Eclesial. No dudó en afirmar que “ha sido una experiencia eclesial muy interesante” y, “para ser sincero, regreso con mucha más información en mi bagaje que cuando llegué, porque pienso que esta Iglesia está muy bien preparada en términos de sinodalidad”.

Con ello convalida los esfuerzos emprendidos por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), como de las diversas instancias eclesiales involucradas, en dar estos primeros pasos de lo que el papa Francisco ha pedido: escuchar al Pueblo de Dios, en especial, a quienes han estado en las periferias existenciales. Por supuesto, la Asamblea es un punto de llegada, pero también es un punto de partida.

Así piensa Pedro Manuel Brassesco, sacerdote argentino y recién designado secretario adjunto del CELAM para hacer dupla con su colega David Jasso. En este sentido, el presbítero cuenta que acompañó en su parroquia el proceso de escucha de la Asamblea y, al contrastar lo vivido en noviembre, pudo entender muchas de las resonancias de la gente que pastorea en Ibicuy, en el departamento Islas, de Argentina.

Por tanto, la sinodalidad pasa por la motivación “del yo al tú y del tú al nosotros para reafirmar un modo esencial de ser, porque transformar las estructuras es siempre para la misión y el anuncio del Evangelio, razón de existir de la Iglesia”.

Al corazón de Aparecida

Por su parte, Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), apunta que la Asamblea es un gran aprendizaje para toda América Latina, por eso “la Iglesia abre una novedad no solo eclesial, sino social, promoviendo una amplia participación para incluir a diversos sectores y desde esa realidad encontrar nuevos caminos para renovar”.

Además, acota que esta experiencia inédita “se encuadra en el proceso que se ha disparado en el Concilio Vaticano II, que pasa por las diferentes conferencias generales y que hoy se inserta perfectamente en la preparación del Sínodo de la sinodalidad”.

De hecho  –admite el laico mexicano–, aprender a caminar en sinodalidad “tal vez pueda sonar a lugar común, pero no, caminar juntos resulta pertinente para invitar a todos a participar y a unirse. Sobre todo en una sociedad latinoamericana que acentúa la fragmentación, es muy fácil caer en la tentación de la suspicacia y de la sospecha”.

Frente a la avanzadilla de grupos tradicionalistas que enfilan discursos de odio contra el papa Francisco y la reforma sinodal, Guerra sugiere actuar con testimonio. “A esos hermanos que han caído en una falsa ortodoxia y se sienten seducidos por erróneas comprensiones en el acontecer de la vida eclesial, que pareciera que el Papa y su magisterio, el Concilio Vaticano II no son relevantes, allí tenemos que dar testimonio, no de una reacción simétrica y en sentido contrario para combatirlos, sino asumir una actitud samaritana y paciente, que nos permita abrazarlos aún a los más incómodos y desde esa manera dar testimonio de que el amor es digno de fe”, explica.

Frente a este panorama, Guerra recuerda el corazón del Documento de Aparecida habida cuenta que “la Asamblea Eclesial apenas es un pequeño paso de un gran proceso que es la sinodalidad, no solo la del Sínodo en desarrollo, sino de la reforma sinodal de la Iglesia en todo nivel”. Se refiere en cuestión a los parágrafos 11 y 12. El artículo 11 reza así: “La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales.

No puede replegarse frente a quienes solo ven confusión, peligros y amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros.

Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu”.

Y el número 12 de Aparecida dice así: “No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.

Al respecto, Guerra destaca la visión de futuro que tuvieron los obispos en Aparecida al señalar “los puntos álgidos que estaban atorando nuestros procesos eclesiales; hoy puede ser oportuno revisarlos”. Por esto cierra: “A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Tiempo de discípulos y misioneros

En nombre de la Vida Religiosa del continente, Gloria Liliana Franco saca punta de todo este proceso sinodal y de Asamblea. Hombro a hombro con los obispos, se ha convertido en una pieza fundamental en ese entretejido de espiritualidad que tuvo como estandarte los rostros para el encuentro y la oración. De este modo, insiste que la sinodalidad “supone ubicarnos en el lugar de la humildad” y, especialmente, “reconocer esas actitudes que han estado alejadas en el modo de ser de Dios porque son verticales, abusivas o conclusivas y desprovistas de misericordia”, en tanto considera que “de la Asamblea Eclesial Latinoamericana y de el Caribe al Sínodo de la Sinodalidad estamos en un proceso, un itinerario, de encuentro y de conversión”.

Asimismo, la religiosa colombiana pone sobre la mesa “la urgencia de una nueva mirada contemplativa más teologal y encarnada, capaz de reconocer al Dios que acontece en el territorio de lo humano y que invita hoy a la Iglesia a la plenitud de la relación”, por lo que anima a “contemplar la realidad y aguzar el oído para escuchar al Espíritu para desacomodarnos y abandonar los estatus de confort, parálisis de los que tantos creyentes estamos atrincherados”. En consecuencia, “tendríamos que hacer un acto de fe, en el que el protagonista de este proceso sea el Espíritu, sin él no hay auténtico seguimiento de Jesús, ni kairós eclesial”.

La religiosa de la Compañía de María plantea que en este camino de la Asamblea Eclesial al Sínodo de la Sinodalidad “no es tiempo de textos, sino de testigos. Tenemos que ser esa narrativa creíble de lo que nuestra sociedad espera leer en nosotros, cuando nos encontramos así como ahora en condición de hermanos, porque la buena noticia es que somos radicalmente humanos, llamados a ser hermanos. Todo lo demás, títulos, funciones, responsabilidades, es relativo, eso pasa, caduca”. En esta apuesta –indica– la única palabra creíble es “la palabra encarnada y evangelizar es encarnarse en todas las culturas”.

Para Franco llegó el momento de impulsar Evangeli gaudium, Querida Amazonía, Fratelli tutti, el Sínodo de los jóvenes y el de la Amazonía para “lanzarnos más allá de la geografía desconocida, donde habita el más pobre, el migrante, el más enfermo, donde es posible abrazar la tierra y las culturas con reverencia y conscientes de la sacralidad de todo lo creado en condición de discípulos misioneros”.

Ejemplo para el mundo

Sobre el cardenal Grech pesa una gran responsabilidad en la actual coyuntura, inclusive menciona que “tras la inauguración de la primera fase de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo, en mi ministerio como secretario general del Sínodo, casi todos los días debo hablar de la sinodalidad y del Sínodo de la Sinodalidad”.

No en balde, hizo un recuento de lo que ha llamado el camino postconciliar a través de la Conferencias Generales del Episcopado: Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Sopesa para luego elogiar a sus hermanos obispos: “Ustedes han vivido una extraordinaria experiencia de comunión eclesial, que podría ser un ejemplo para muchas conferencias episcopales en el mundo”, puesto que “los documentos conclusivos de esas Asambleas Generales constituyen los hitos de un camino que ha ido profundizando en la conciencia de una Iglesia dinámica, a través de una comunión entre obispos y delegados de las Iglesias que está en la base de su identidad eclesial y del modo particular –me atrevería a decir característico– en que buscan ser Iglesia en este tiempo tan complejo y convulso. Todo esto tiene mucho que ver con la sinodalidad”.

El cardenal propone hacer un ejercicio de imaginación: “Intenten pensar en el escenario de la misión de una Iglesia no sinodal; una Iglesia en la que no caminamos juntos, no procedemos en ningún orden particular, cada uno reclamando el derecho a la misión”.

En este particular, aclara el purpurado, siendo así, “la evangelización ya no sería obra de la Iglesia, sino de muchos individuos, denominaciones, grupos, movimientos, que se acercarían a los demás en base a sus propios dones personales y exclusivos, no por mandato de Cristo”.

De igual forma, Grech deja por sentado que “un proyecto misionero solo puede surgir del proceso sinodal de escucha-discernimiento, que es, además, un ejercicio de discipulado”, en contraposición de “ciertas formas de evangelización autorreferencial, que forman a las personas en una membresía cerrada –¡ojalá no sectaria!– que corren el riesgo de deslizarse hacia formas de proselitismo”.

Grech ha dejado muy claro que en este camino del Sínodo de la Sinodalidad, “la presencia de los pastores, que son el principio de la unidad en sus Iglesias, permite que estas Conferencias sean una representación visible de la Iglesia que vive en este continente”. En definitiva, los obispos latinoamericanos están llamados a dar un gran aporte en este evento mundial, “dado que ustedes ya han adquirido una experiencia considerable a través de sus conferencias generales, pueden ser de ayuda para las demás conferencias episcopales continentales” en relación con las consultas diocesanas que han iniciado desde octubre.

“La fase inicial de consulta amplia en las Iglesias particulares es una novedad para todos; luego también las conferencias episcopales nacionales están llamadas a adoptar un enfoque diferente haciendo un discernimiento eclesial a partir de la escucha del Pueblo de Dios”, añade.

Del unísono a la sinfonía

En estos tres años que durará el Sínodo de la Sinodalidad se presentan grandes retos, porque en “ese caminar juntos” resulta imprescindible una conversión misionera, la cual “no será posible si no se lleva a cabo una conversión sinodal”.

¿Qué se requiere para ello? Grech hace un listado de prioridades: “Implica una escucha humilde y respetuosa del otro y de sus razones; que tenga la valentía de pedir y dar el perdón; que quiera la unidad al precio de la propia verdad, sino que nunca identifique la verdad con mi verdad. Tal vez este sea el mayor esfuerzo, pero también constituirá el testimonio más fuerte, que dará contenido al don de la experiencia sinodal que pueden ofrecer a toda la Iglesia”. En este camino sinodal todo está calibrado, incluyendo a quienes “promueven una comprensión individualista e intimista de la fe”.

Al tiempo, indica: “A estas propuestas, que a menudo atraen tanto a un pueblo poco formado, la respuesta más creíble es la de la comunión: con la enseñanza de los Apóstoles, en la fraternidad, en la fracción del pan y en las oraciones”.

Vuelve sobre el tapete la cuestión de la inculturación, por lo cual Grech asegura que “el Sínodo, al poner como tema la Iglesia sinodal y pedir que se lea la comunión, la participación y la misión en este contexto, constituye la posibilidad concreta de volver a la evangélica vivendi forma, que debe desarrollarse de manera original en cada contexto cultural”.

Todo ello, partiendo de las tradiciones y culturas del continente, para “traducir el único Evangelio de Cristo al estilo latinoamericano. Esto, como dice el Papa, no amenazará la unidad de la Iglesia, sino que mostrará que la tradición no es un canto al unísono, una línea melódica de una sola voz, sino una sinfonía, donde cada voz, cada registro, cada timbre vocal enriquece el único Evangelio, cantado en una infinita posibilidad de variaciones”.

Los desafíos pastorales de la Asamblea Eclesial

El discernimiento fue clave en el proceso de Asamblea Eclesial, cuyo corolario se encuentra en 41 desafíos pastorales, con los que se han puesto en el horizonte diversas realidades de América Latina y el Caribe como los abusos, el clericalismo, la pobreza, la exclusión, el cuidado de la Casa común, el protagonismo de jóvenes y mujeres.

De entre estos 41, se han seleccionados los 12 de mayor prioridad, más aún cuando en febrero de 2022, a la par con las consultas sinodales, también se organicen Asambleas Eclesiales en cada uno de los 22 países que conforman la región. Estos son los desafíos:

1-Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.

2-Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.

3-Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.-

4-Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.

5-Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.

6-Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.

7-Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.

8-Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia.

9-Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.

10-Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía.

11-Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.

12-Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.