España estrena película sobre mártires de la UCA

Imagen retomada de RTVE | Escena de “Llegaron de noche”.


La película “Llegaron de noche” relata el asesinato de seis sacerdotes jesuitas, cinco de ellos de origen español, y sus dos colaboradoras. Será estrenada en España este 25 de marzo.

La producción está basada en la historia real de la única testigo del crimen, Lucía Barrera de Cerna, quien trabajaba como empleada de limpieza en la UCA. Entre la noche del 15 de noviembre y la madrugada del 16 de noviembre de 1989, Lucía vio a agentes del Ejército que ingresaron a las habitaciones de los jesuitas y sus colaboradoras. La película muestra que su testimonio será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia.

El director español, nacido en El Salvador, Imanol Uribe, manifestó que “Llegaron de noche” fue una película complicada, que le llevó cinco años de su vida. Iniciaron un minucioso proceso de documentación previo, para abordar esta historia real, pero surgieron bastantes problemas con la producción al principio del rodaje, a eso añadió las adversidades por la pandemia.

Con esta producción, España vuelve a poner en el escenario público el asesinato de los seis sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras.

En 2020, la Audiencia Nacional de España condenó a más de 133 años de cárcel al coronel Inocente Orlando Montano, como uno de los implicados en el asesinato cometido por las Fuerzas Armadas salvadoreñas.

El Salvador negó la extradición de 13 militares acusados de participar en el crimen, para que fueran juzgados en España. A la fecha, el caso continúa en la impunidad.

Los mártires de la UCA al cine

‘Llegaron de noche’: el cine resucita a los mártires de la UCA

Vida Nueva charla con el director de la película, Imanol Uribe, y con el guionista, Daniel Cebrián

Llegaron de noche

Dice Jesús en el evangelio que “nada hay oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de saberse y ponerse al descubierto” (Lc 8, 17). Aferrados a esa promesa divina, la Compañía de Jesús y el pueblo salvadoreño llevan más de tres décadas aguardando a que la justicia humana llegue hasta al final y arroje luz sobre uno de los episodios más trágicos en la historia de la orden fundada por Ignacio de Loyola y del pequeño país centroamericano, sumido por entonces en una fratricida guerra civil de doce años (1980-1992) que se cobraría 75.000 vidas y dejaría un número indeterminado de desaparecidos.


Se trata del asesinato, en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, de seis jesuitas –los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y el salvadoreño Joaquín López–, la cocinera de la comunidad, Julia Elba Ramos, y su hija Celina Ramos, en el campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador donde los religiosos residían e impartían clases.

El 5 de enero de 2022, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador –que en 2020 dictó el cierre del proceso penal y “que no se investigue a los señalados como autores intelectuales de la masacre”– ordenaba que se reabriera el caso. Y el 11 de marzo, hace apenas un par de semanas, el titular del Juzgado Tercero de Paz de San Salvador, José Campos, emitía una orden de busca y captura contra el ex presidente Alfredo Cristiani (1989-1994), decretando su detención tras no comparecer en el juicio.

Caprichos (o no) del destino, lo cierto es que ahora, coincidiendo con estas esperanzadoras noticias, un poderoso vehículo de concienciación como el cine viene a sumarse a ese empeño por saber la verdad y rescatarla de las tinieblas de la impunidad. Lleva por título ‘Llegaron de noche’ –como los asesinos en aquella fatídica fecha– y desembarca en las salas el 25 de marzo, previo paso por el Festival de Málaga.

Al frente del proyecto figura el director Imanol Uribe, un vasco nacido en San Salvador que –aunque con 20 años menos– admite haber llevado “vidas paralelas” con Ignacio Ellacuría, aquel jesuita nacido en Portugalete que acabaría viviendo y muriendo en El Salvador. En distendida charla con Vida Nueva en la sede de la ONG jesuita Entreculturas, y acompañado por el guionista de su último trabajo, Daniel Cebrián, relata cómo pasó “por los sitios que él pasó”.

Y, aun cuando asume tener “una memoria espantosa”, recorre mentalmente su periplo educativo, vinculado siempre a la Compañía de Jesús: el Externado San José en El Salvador, los jesuitas de Indautxu en Bilbao, los jesuitas de Tudela, “donde también estuvo Ignacio Ellacuría”. Incluso, llegó a conocerle personalmente “en una charla que dio en Salamanca”.

Hechos que marcan

Ahora bien, más allá de ese pasado jesuita, Uribe reconoce que “el gusanillo del interés por su figura siempre ha estado ahí”. Como a tanta gente de su generación, le impactó “muchísimo” la matanza de El Salvador, “al nivel del asesinato de Carrero Blanco, de Kennedy o del 11-S: son hechos que marcan”. Y a Ellacuría –subraya– “le admiraba”. Todo ello “se conjura” como germen de su nueva película después de leer la novela Noviembre, de Jorge Galán.

En ella se habla de los jesuitas, de monseñor Romero… pero fue Lucía Barrera de Cerna, empleada de limpieza en la UCA y único testigo de la matanza que decidió declarar, quien reclamó su atención. “Solo se cuenta un poquito su vida”, desvela. Suficiente para que el veterano cineasta encontrara en ese personaje “el desencadenante desde el que hincarle el diente a la historia”: contaría lo vivido por esta mujer y, de paso, hablaría de la muerte de los jesuitas. “Como vehículo narrativo, me fascinaba la historia increíble de Lucía y su defensa de la verdad”, confiesa.

“Lo que es interesante es la historia de Lucía, su conflicto: tiene que optar entre contar la verdad o que la dejen vivir. Y opta por contar la verdad, aunque no la vayan a dejar vivir. Imanol lo vio enseguida; yo tardé en verlo más, pero había que justificar el sueldo”, secunda entre risas Cebrián, que ya ha colaborado con Uribe en anteriores producciones.

Enriquecedoras entrevistas

A partir de ese momento, como guionista, emprendió “una fase de documentación periodística” en la que leyó todo lo que pudo acerca de aquellos acontecimientos. Al principio, hablaron mucho con Jorge Galán, incluso pensaron en comprarle los derechos de su novela, pero “yo sabía ya demasiadas cosas como para hacer la película y, al final, todo terminó donde había empezado Imanol”.

Conocerían luego al padre José María Tojeira (encarnado en la cinta por Carmelo Gómez), provincial de los jesuitas en Centroamérica de 1988 a 1995, que “fue muy generoso con nosotros: grabamos bastantes horas de conversaciones con él en la UCA y ha colaborado desde el primer momento”, recuerda agradecido Uribe. Y a Lucía (Juana Acosta), que resultó “esencial”, y a su marido (Juan Carlos Martínez).

Y es que, tras entrevistarse con este matrimonio salvadoreño, “solo queríamos contar ya la historia de Lucía, que era la idea original de Imanol desde nuestra primera conversación”. De hecho, inicialmente iba a llamarse La mirada de Lucía, pero la premonición de Ellacuría sobre la autoría de su propia muerte (aquí puesta en boca del actor que se mete en su piel, Karra Elejalde) les brindó el título definitivo: “Si me matan de día sabrán que ha sido la guerrilla, pero si llegan de noche serán los militares los que me maten”.

Entrelazar la realidad

Así que, después de encontrarse con unos y con otros, “no hubo que inventarse nada, sino entrelazar la realidad que había”, asegura Uribe. A lo sumo, “fundir” en algún personaje acciones o diálogos de otros. Como es el caso del propio padre Tojeira, que “tuvo mucho protagonismo –apostilla Cebrián–, aunque había más sacerdotes jesuitas adscritos a la universidad que estaban por allí”. “El resto –reitera Uribe– ha sido articular y guionizar la historia, porque la realidad estaba ahí”. Y ese “resto”, fundamentalmente, es la historia de Lucía.

Ella es “la puerta de entrada”, según Cebrián, porque “¡es tan absurda la muerte de los padres!… que hacer una película sobre eso tiene poco interés, más allá de la tragedia que supone”. “Sería contar una historia que todos conocen”, asiente Uribe. “Es una atrocidad sin sentido desde el punto de vista humano –prosigue Cebrián–, a nadie le puede parecer bien aquello, no hay un conflicto. Cuando lees todo en su contexto, es muy fácil seguir la línea que conduce de finales de 1989 al fin del conflicto: aquella matanza aceleró la paz, no el triunfo de la guerrilla; al menos, la capitulación del Gobierno en muchos aspectos”.

«Llegaron de noche…y salieron al alba»

«Conmovido al recordar a los mártires, tras la visión emocionada de la película»«Llegaron de noche…y salieron al alba»

La mirada de Lucía
La mirada de Lucía

«Hoy recuerdo a mis compañeros asesinados en El Salvador. Y mi mirada se nubla en la contemplación del jardín de las siete rosas, con el rocío de la mañana y con mis lágrimas»

«Siempre por los aniversarios de aquellas fechas o para suavizar la emoción doliente recurro previamente a la misma canción: Al Alba de Luis Eduardo Aute. Hoy tras ver la película lo he vuelto a hacer»

«Al alba, Elba y su hija Celina, unieron sus nombres (¡femeninos¡) a los de Ellacuría, Segundo, Ignacio, Juan Ramón y Joaquín»

«Que el gallo cante la venida del alba para que por medio de Santa Lucía  se cieguen de luz todos los ciegos»

Por| Jose Luis Pinilla Martin S.J

Conmovido al recordar a los mártires, tras la visión emocionada de la película “Llegaron de Noche “. Por cierto Lucía , protagonista del film vive en estos momentos  fuera de su patria. Una emigración forzosa para proteger su vida perseguida por buscar y decir la verdad. Recordando también protagonistas con   tanta  vida o  labor anónima y a tantos  testigos impresionantes en esta  labor callada, eficaz y fiel con  los emigrantes, refugiados, expulsados. Y que  nos exige trabajar por la comunión y por la inclusión, empujados sobre todo por el Evangelio. Una película con tres mujeres anónimas, Elba, Celina y Lucia que sostienen junto a muchos otros, el relato recordado para recordarlo a otros . Tres mujeres. Que no se olvide.

De hecho hubo un primer título esbozado para la película que era “La mirada de Lucía”. Esa que se  repite varias veces en un plano casi fijo de la película, entre las hojas de las persianas que no pueden encerrar la fuerza de dicha mirada y que se te clava en el corazón por lo que ve y por cómo nos mira.

Llegaron de noche

El mismo nombre de Lucia ya apunta a  su  origen latino, que algunos traducen por  «brillante» o «luminoso». Cuentan que en la antigüedad se les daba  a las niñas nacidas al alba, en  las primeras luces matutinas.  Santa patrona para los que tienen la necesidad de ver. “Que Santa Lucia te conserve la vista” se suele decir. A Lucía la testigo de los asesinatos de la UCA se la ha conservado muy bien. Y sus ojos “han hablado” la verdad.

Me correspondió muchas veces comentar en predicas y escritos el asesinato de mis compañeros y las dos mujeres . Esta vez me vino una frase intuitivamente cuando vi el definitivo título de la película: Me inventé una prolongación: “Llegaron de noche …y salieron al alba». Es decir , ellos, los militares salvadoreños, llegaron de noche – ellos, los que siempre son noche-. Y los “Otros” ( los que siempre son “dia” ), las VICTIMAS, aparecieron  al amanecer en un jardín … cuando las rosas que los recuerdan reciben las primeras gotas de rocío, aquellas  que cambian la sangre por la trasparencia y la claridad  

Siempre por los aniversarios de aquellas fechas o para suavizar la emoción doliente recurro previamente a la misma canción: Al Alba de Luis Eduardo Aute. Hoy tras ver la película lo he vuelto a hacer 

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Y es que a  uno, no quisiera que se le borraran las luces que algunas canciones encendieron mi ánimo  juvenil en  tiempos sociopolíticos quizás más grises. O que colorean los grises de hoy dia 

Por eso de vez en cuando susurro para mis adentros, como si quisiera volver a encender otras luces, la canción «Al alba» que por los años setenta (exactamente, en septiembre de 1975) compuso Luis Eduardo Aute. Un canto a la vida pero envuelto en una canción de amor, de despedida para siempre y como un alegato – me dijeron – contra la injusticia frente a unas condenas a muerte de entonces. Rosa León la grabó y el mismo Aute declaró que fue de las canciones que más veces interpretó.

Llegaron de noche . Como si se actualizara la canción : Si te dijera amor mío/que temo a la madrugada /no sé que estrellas son esas /que hieren como amenazas/ni sé que sangra la luna /al filo de su guadaña 

Pero  fue al alba cuando les mataron. A los jesuitas y a  Elba, y a Celina bajo la mirada de la luna y la de Lucía. Su muerte pues, es amanecer (no fue); es (no fue) señal de esperanza.

En su momento escribí, por mor del mismo acontecimiento, una carta a Elba, trastocando el nombre de «Alba», la madre y servidora fiel que murió con ellos. Porque los niños me han enseñado a jugar con los nombres. Y al suyo ( ¡Ay querida Elba!) sólo se necesitaba cambiar la «e» por la » a» y así podríamos llamarle Alba. Mientras que a Celina y a Lucia les mantenemos las mismas letras. No recuerdo ahora el nombre de la hija de Lucia, pero ahí está la pequeña de ojos grandes. Otra mujer,  esta vez,  anunciando el futuro y la esperanza.

Aute

Al alba, Elba y su hija Celina, unieron sus nombres (¡femeninos¡) a los de Ellacuría, Segundo, Ignacio, Juan Ramón y Joaquín

Su nombre y el de su hija -en su ser casi anónimo y humilde- (las primeras noticias del asesinato ni siquiera mencionaban a estas dos mujeres ) son los que añaden mayor timbre de gloria a los títulos que nuestros compañeros tenían: Ellacuría, rector; Ignacio Martín-Baró S.J., vicerrector y fundado de IOP, Segundo Montes, licenciado etc  Y Lucía centra ahora la película asociada al honorable titulo de empleada como los de Celina y Elba. Ella es Testigo fiel de un asesinato atroz necesitado todavía de justicia.

Desde hace mas de treinta años escribo cartas privadas o públicas a Elba (Alba) con una pregunta que a mi entender sigue siendo interpeladora hoy mismo. ¿Sabes, Alba, que todavía hay aquí en España y allá en América curas y cristianos a quienes les cuesta salir afuera, como nos recuerda el Papa Francisco? Seguros en sus espacios, y con «sus» gentes»,  les incomoda el dialogo con los otros, con los distintos, con los diferentes. Cuesta hacer realidad la insistencia del Papa para el diálogo continuo con todos en una Iglesia que salga “al jardín” del acompañamiento a los pobres . 

Que ironía. Dios mío, que trágica ironía. Aquellos que pretendían encerrar para siempre resulta que los expusieron a la luz del dia. A la vista de todos. Como si esas manos asesinas, al masacrar  afuera vuestros cuerpos, ( a algunos los mataron “dentro”) sirvieran de instrumento para publicar  sus vidas vueltas  hacia el  mundo, en su sitio: en el jardín y no en el dormitorio. Al alba y no en la noche.

Llegaron al alba

Los cuerpos –el  cuerpo femenino y materno de Elba y Celina , y el de los demás- arrastrados afuera, a la calle, al jardín, al mundo…: ¡qué gran homilía sin palabras! La vida cristiana es de puertas afuera: En diálogo con otras razas, con otras culturas, con otras religiones, con increyentes..

¡El cristiano es “para”…  el mundo!. Para más amar y seguir a Cristo 

El recuerdo cruel -¿entendéis ahora lo de mi recuerdo gris?- se transforma en sentimiento agradecido: ¡gracias a ti, Lucia , a Celina y a Elba y al de los jesuitas asesinados  ( ¡compañeros del alma, compañeros! ) porque voceáis con vuestro cuerpo -hoy rosas – y con vuestras vidas que el «compromiso bajo la cruz en la lucha de nuestro tiempo no puede desprenderse de la lucha por la justicia que la misma fe exige».

Miles de buitres callados/van extendiendo sus alas/no te destroza amor mío/esta silenciosa danza./Maldito baile de muertos/pólvora de la mañana.

«En este aniversario les recordamos especialmente como personas que lucharon para que no hubiera excluidos de esa gran familia que es y debe ser la humanidad. La humanidad es una, y nadie puede ser excluido de la misma. Bajar de sus cruces a los crucificados de la historia, en frase feliz de Ignacio Ellacuría, es luchar por la inclusión en el modo de vida humano que la igual dignidad de la persona exige» son palabras que tengo como recuerdo de  José María Tojeira. Era su Superior de entonces y es buscador infatigable de la justicia y la reconciliación junto a tantos otros.

Mártires UCA

Hoy recuerdo a mis compañeros asesinados en El Salvador. Y mi mirada se nubla en la contemplación del jardín de las siete rosas, con el rocío de la mañana y con mis lágrimas, porque este alba puede ser también  la última para muchos de los que atraviesan el mar o los desiertos , o  sufren y mueren  la tierra azul y amarilla de Ucrania y en tantas otras rutas 

El esposo de Lucía era panadero en su tierra. Y quizás la noche anterior (retomo mi recuerdo de Elba-Alba), en su trabajo en la casa de los jesuitas, cualquiera de ellas  les hubiera servido, un pan cocido, caliente especialmente preparado para ellos; para esos compañeros de Jesús, que al alba, correrían su misma suerte.

Poco imaginarían que sus cuerpos iban a ser también partidos y repartidos como el otro pan cocido, como el otro pan caliente, que las manos de los sacerdotes consagraban y entregaban hecho cuerpo de Cristo en la eucaristía.

Que el gallo cante la venida del alba para que por medio de Santa Lucía  se cieguen de luz todos los ciegos. Con esa luz que estáis gozando ahora (lo pedimos con todas las fuerzas), contemplando el Rostro del Padre.

Llegaron de noche

Hoy lo voy a tener muy presente cuando parta y reparta una VIDA  que se entregó a mediodía y que resucitó al alba. Al alba. La que venció a los que llegaron de noche 

Llegaron de noche: un film cargado de verdad

Asesinato de los PP. Jesuitas

Sonia Herrera Sánchez

 «Narra la historia real de Lucía, la única testigo en la matanza de los jesuitas en El Salvador. La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en plena guerra civil salvadoreña, seis sacerdotes jesuitas, profesores universitarios, y dos empleadas fueron asesinados en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) en San Salvador. Inmediatamente el gobierno culpabiliza a la guerrilla del FMLN, pero una testigo presencial echa por tierra la versión oficial: se llama Lucía Barrera y trabaja como empleada de la limpieza en la UCA. Lucía ha visto quiénes son los verdaderos asesinos: el ejército. Aquella mirada será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia» (FILMAFFINITY).

Autor: Imanol Uribe

Fecha: 2022

“Si me matan de día sabrán que ha sido la guerrilla, pero si llegan de noche, serán los militares los que me maten”. Esta fatídica intuición de Ignacio Ellacuría da título a la última película del director vasco (nacido, de hecho, en El Salvador) que narra la masacre que tuvo lugar en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, el 16 de noviembre de 1989, es decir, el asesinato de los mártires de la UCA: Julia Elba Ramos y su hija, Celina Mariceth Ramos, así como los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes Mozo, Amando López Quintana, Juan Ramón Moreno Pardo y Joaquín López y López.

Ellacuría tenía razón en muchas cosas, también en quién sería el responsable de su muerte. Quienes llegaron de noche para perpetrar tamaño crimen a sangre fría fueron los hombres del batallón Atlácatl del ejército salvadoreño, creado y entrenado en la Escuela de las Américas del ejército estadounidense y bajo las órdenes en el momento de los asesinatos del coronel Guillermo Alfredo Benavides Moreno, el oficial de mayor graduación procesado en El Salvador por un delito contra los derechos humanos. Fue condenado a treinta años de prisión en 1992 y puesto en libertad el 1 de abril de 1993. Un ejemplo, el del coronel Benavides, del ocultamiento y la impunidad que han rodeado el caso de los mártires de la UCA durante más de tres décadas.

Con estos mimbres Uribe reconstruye uno de los episodios más paradigmáticos de la violenta historia reciente de El Salvador a través de los ojos de Lucía Barrera de Cerna, empleada de la limpieza de la UCA –interpretada por una sublime Juana Acosta– que, fortuitamente, se convirtió en la única testigo de la matanza que podía desmentir la “historia única”[1] del Gobierno salvadoreño que pretendía cargar con los crímenes al grupo guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Así, Llegaron de noche viene a sumarse a ese cine social constructor de memoria colectiva y de denuncia de la violencia de Estado en el que se inscriben títulos tan icónicos como La historia oficial, de Luis Puenzo (1985), Rojo amanecer, de Jorge Fons (1989), Kamchatka, de Marcelo Piñeyro (2002) o Salvador, de Manuel Huerga (2006), y otros filmes más recientes, ampliamente galardonados, como El silencio de los otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar (2018), La asfixia, de Ana Bustamante (2018), Canción sin nombre, de Melina León (2019) o Nuestras madres, de César Díaz (2019), entre otros muchos.

Dice Lidia G. Acuña que la memoria es “una reconstrucción actualizada del pasado que actúa como un conjunto de estrategias que nos ayudan a definirnos ante el mundo”. Con ese objetivo que nos interpela y que nos reclama un posicionamiento ante la injusticia y la violencia, el cine que denuncia “la amnesia obligatoria”, que ya señalaba Galeano y que tantos Estados –dictatoriales y “democráticos”– han intentado imponer a lo largo de la Historia, se erige como una herramienta fundamental contra el silencio y la impunidad.

En este sentido, Uribe sabe aprovechar toda la potencialidad del lenguaje audiovisual y pone muchos de sus recursos, estéticos y narrativos, al servicio de la verdad sobre los mártires de la UCA. Esa verdad que quiere ser dicha y que pelea por salir y que el realizador y el cantante y compositor gaditano, Javier Ruibal, ponen en boca del jesuita Ignacio Martín-Baró, guitarra en mano, poco antes de su asesinato. Profética, sin duda, la letra de esa canción que acusa y que viene a reforzar la pregunta obvia y retórica que muy probablemente se hagan todos los espectadores y espectadoras que vean la película: ¿Qué interés tenía el gobierno de Estados Unidos en ocultar que el responsable del crimen era el propio Estado salvadoreño y su ejército?

Y es que dejando a un lado las críticas que algunos compañeros y compañeras han vertido sobre la falta de ritmo del film o su construcción temporal, me parece incontestable que es una película valiente y coherente que va más allá del propio acto de violencia y testimonia la agresividad y el maltrato institucional de las autoridades estadounidenses hacia Lucía y su familia, poniendo el dedo en el ojo, desde este caso concreto, en todas las violaciones de derechos humanos que Estados Unidos promovió y amparó a lo largo y ancho de América Latina en la segunda mitad del siglo XX.

Así lo describió en un artículo en El País, el 26 de febrero de 1981, el propio Ellacuría:

 “(…) el apoyo militar norteamericano, se traduce, se ha traducido ya, en la matanza inmisericorde de no menos de 8.000 víctimas inocentes, que no han tenido nada que ver con enfrentamientos militares.

Esto hace que la actual ofensiva diplomática de Estados Unidos para justificar una mayor intervención en El Salvador, so pretexto de una intervención de países comunistas, sea, ante todo, una farsa”.

Mucho está durando ya esa farsa que tan pocas veces hemos visto desenmascarada en nuestras pantallas.

Beato Rutilio Grande, Celam, obispo Proaño y San Romero

«Expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

«El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre»

«Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio»

«El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después»

«El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la ‘Iglesia en conversión continua'»

24.03.2022 | Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia.  Rutilio fue el fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

 “Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS ES LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE.  Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, centrado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam se guía del Concilio en su centralidad en Jesús y en el reino y vive esa centralidad en la histórica reunión eclesial de Medellín, que es el mejor fruto del Vaticano II.   

El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre.  Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente que dejó varios ejemplos de esta “conversión eclesial impulsada por la divina dinámica de la Centralidad en Jesús y el reino”. 

Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto
Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de esa “conversión eclesial” que vivió en un giro ininterrumpido hacia esa “CCENTRALIDAD” EN JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín. 

 El Celam fue su acompañante desde el inicio de su “conversión eclesial”, por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina, el Ipla en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño,  presidente del Departamento del Celam  y obispo de Riobamba, cerca  de Quito, un obispo ejemplo de “conversión eclesial”, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio a causa de su “conversión eclesial centralizada”, fue lo que golpeó a Oscar Romero, quien fue su arzobispo por 18  días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”.  El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.      

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de “conversión eclesial centralizada” en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento.  Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam. 

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del  Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en  cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión  centralizada” a la luz  del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente  a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, l se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leonidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después

 En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió, el obispo auxiliar Oscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el Ipla. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”.  Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de muchos. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

Le precisó, además, que el participar en el Ipla tendría una posibilidad aún mejor, convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al Ipla y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”. 

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron.  Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia.   El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar.

Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”.  Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al Ipla y a Riobamba con el obispo Proaño. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos,  todos y todas eran  iguales por el bautismo en la dignidad  de  hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía:

”Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.”   (Homilía recogida por Martin Maier en su libro) 

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así,  juntos e iguales los tres bautizados,  fueron  asesinados  

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

Homenaje '¡Rutilio vive!'
Homenaje ‘¡Rutilio vive!’

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!  

42º Aniversario de Mons. Romero

San Óscar Romero y la inmediatez del prójimo oprimido

San Óscar Romero
San Óscar Romero

«Sentía cercano al prójimo oprimido y veía en él el rostro del Señor crucificado»

«Hoy, al recordarlo, cuando tendemos a ponerlo en un pasado violento y heroico, muy diferente de nuestra actualidad, le hacemos un flaco favor a su santidad. Porque de muchas maneras el prójimo oprimido continúa estando a nuestro lado»

«Sólo podremos celebrar a Romero desde la solidaridad humilde y combativa. Esa misma solidaridad que tuvo quien ‘siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos’ (2Cor 8, 9)»

24.03.2022 | José M. Tojeira sj

Celebramos un año más la santidad de Mons. Romero en el día de su muerte martirial. Y es bueno preguntarnos qué es lo que hace santo a este obispo, tímido y profeta al mismo tiempo, riguroso consigo mismo y libre para anunciar el Evangelio del Reino, que se dirigía espiritualmente con un sacerdote del Opus Dei y se confesaba con un jesuita. Y la respuesta que brota con mayor rapidez es clara: Sentía cercano al prójimo oprimido y veía en él el rostro del Señor crucificado. Y ahí, en la debilidad del infravalorado y marginado, encontraba la fuerza para anunciar y denunciar.

Hablaba con todos, trataba de ayudar siempre, soportaba ataques, insultos e incluso la enemistad de algunos (a veces más que algunos) de sus hermanos en el episcopado. Pero su cariño y su preocupación indeclinable eran los pequeños, los marginados y los perseguidos por defender y trabajar en favor de la igual dignidad humana de los hijos e hijas de Dios.

Vivía con una enorme sencillez en un asilo de enfermos terminales y disfrutaba sintiéndose acogido y querido por los pobres. Su bondad y su heroicidad nos facilita ponerlo en una hornacina del pasado, como una de las personas que nos recuerda al Jesús que pasó por este mundo “haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hechos 10, 38). Pero no basta la admiración de una santidad si no se siente al mismo tiempo un fuego interior como el que sentía los apóstoles al interiorizar la resurrección del Señor.

Hoy, al recordarlo, cuando tendemos a ponerlo en un pasado violento y heroico, muy diferente de nuestra actualidad, le hacemos un flaco favor a su santidad. Porque de muchas maneras el prójimo oprimido continúa estando a nuestro lado. Y un santo del que recordemos sus glorias pasadas sin que nos inquiete en nuestro presente no deja de ser una especie de adorno personal y, con frecuencia, una muestra de narcisismo institucional.

Quienes viven y sufren en la marginalidad y la pobreza, los migrantes menospreciados por su origen o por el color de su piel, las víctimas de las guerras, los saharauis abandonados porque la economía es más importante que las personas, son parte de esa legión de oprimidos que siguen cuestionando nuestras historias personales y sociales.

Romero

Si no los sentimos inmediatos, si algo no nos llama a hacerlos históricamente significativos, nos alejamos de lo más hondo de nuestra realidad humana: la capacidad de sentirnos fraternos, miembros de la misma especie. Y al olvidar y traicionar nuestra humanidad traicionamos también nuestra fe. De poco nos serviría entonces el recuerdo de aquellos que en el pasado amaron tanto a sus prójimos que pudieron vivir sin que el odio de los violentos, e incluso la muerte, nublara su mirada de profetas.

Mons. Romero nos llama siempre al presente. Así lo entendieron quienes propusieron en la ONU que el 24 de marzo fuera el “Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas”. La Asamblea General de la ONU aprobó en 2010 la titulación de ese día en honor a Monseñor Romero. Casi podríamos decir que lo canonizó antes que su propia y nuestra Iglesia.

Pero tanto a los cristianos como a la ciudadanía humanista nos cuesta demasiado romper la comodidad que nos cuestiona el que sufre. Y ponemos al margen de nuestras mentes a quien la sociedad ha marginado ya antes, de un modo injusto y con frecuencia violento. El Romero santo y asesinado debe ser para nosotros siempre un recuerdo peligroso. Peligroso para el statu quo del dinero, de la egolatría y del poder, y peligroso también para quienes, despertados y urgidos por su recuerdo, tratemos simultáneamente de odiar al mal y amar al enemigo. Sólo podremos celebrar a Romero desde la solidaridad humilde y combativa. Esa misma solidaridad que tuvo quien “siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos” (2Cor 8, 9).

Romero

En el 42º aniversario del martirio de San Oscar Romero

Jesús de Nazaret y monseñor Romero, mártires por predicar y vivir la gran fraternidad universal

Romero
Romero

«En estos cuarenta y dos años ha habido momentos para todo, para recordar su vida, para hacer presente su proyecto de ayuda a los pobres, para tacharlo de “comunista y de rebelde”,  e incluso para ser beatificado y por fin canonizado por el papa Francisco»

«San Romero de América, como lo canonizó el otro gran santo de América Latina, Pedro Casaldáliga, es un santo vivo, que transmite vida y esperanza al pueblo»

«Monseñor Romero siempre defendió que todos somos iguales, que Dios no quiere la pobreza, y que todos somos iguales por ser hijos de Dios»

«El mismo poder religioso que mata a Jesús, encarnado en el sumo sacerdote y el sanedrín judío, es el que mata a Monseñor Romero»

24.03.2022 | Javier Sanchez, capellan cárcel de Navalcarnero

Hace cuarenta y dos años que caía asesinado Monseñor Romero,” la voz de los sin voz” , como era conocido por los campesinos y campesinas salvadoreñas, mientras  celebraba la Eucaristía, en la capilla del hospitalito de San Salvador, como es conocido popularmente el Hospital de la Divina Providencia,  a escasos metros de su humilde casa. Una pequeña casa, que le habían regalado las hermanas carmelitas encargadas del mismo hospital, un centro que se ocupa de los cuidados paliativos a enfermos de cáncer.

Y en estos cuarenta y dos años ha habido momentos para todo, para recordar su vida, para hacer presente su proyecto de ayuda a los pobres, para tacharlo de “comunista y de rebelde”,  e incluso para ser beatificado y por fin canonizado por el papa Francisco. La figura de Monseñor Oscar Romero no pasa desapercibida para casi nadie, aunque sea para criticarlo; el obispo del pueblo, canonizado por ese mismo pueblo, desde el mismo instante de su martirio, continua siendo una figura controvertida, incluso dentro de la propia Iglesia católica, por parte de algunos sectores más conservadores de ella.

Romero

San Romero de América, como lo canonizó el otro gran santo de América Latina, Pedro Casaldáliga, es un santo vivo, que transmite vida y esperanza al pueblo salvadoreño y a muchos de los que intentamos seguir su vida, su espiritualidad y su entrega al estilo de Jesús de Nazaret. 

Son muchos los paralelismos que tiene el mártir salvadoreño y el mártir galileo; entre Jesús de Nazaret y Monseñor Romero, sólo hay bastantes siglos de diferencia, pero el legado, la vida y el proyecto del Reino jesuánico, sigue vivo en la vida y el martirio del Arzobispo asesinado. El Hijo de Dios, Jesús de Nazaret, muere crucificado, como eran asesinados los malhechores de la época; el obispo de San Salvador, muere a consecuencia de una bala asesina que le dispara un sicario a sueldo del poder y el ejército salvadoreño. 

Conocemos las dos historias, y en las dos hay algo muy claro que a los dos les costó la muerte: la preocupación por los pobres y los desvalidos, el servir a los desdichados de este mundo y hacer de ellos los preferidos de su vida y de su mensaje. Los dos fueron asesinados por la misma causa: predicar y vivir la gran fraternidad universal, el reconocer que todos somos hermanos en igualdad de condiciones, que Dios nos quiere a todos, por ser sus hijos, y que de entre esos hijos prefiere a los más desfavorecidos y necesitados, no por ser “buenos o malos “, moralmente hablando, sin por ser los más pobres , los que nadie quiere, “los hijos queridos de Dios” ; “Cada vez que los hicisteis con unos de estos mis hermanos, más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40), estas palabras del evangelio resumen ambos martirios, y reconocemos en ellas la presencia de Dios en cada hermano marginado y necesitado de amor y de ayuda por nuestra parte. 

Romero

Son muchos los textos del evangelio donde el mártir Jesús de Nazaret es criticado y puesto en duda, por ayudar a los pobres, por estar cerca de ellos. Y la respuesta de Jesús a esa crítica es siempre la misma: “de esos pobres, es el Reino de los cielos”; a esos que no cuentan en la sociedad normal, es a los que prefiere y el mismo Dios, porque son más necesitados de amor que los otros. Esos pobres que son machacados por la injusticia y el poder romano de aquel momento, son a los que Jesús de modo especial defiende. Su defensa va preparando el camino hacia la cruz de Jesús. Ese mismo Jesús que defiende el amor por encima de la ley, es el Jesús que es clavado en la cruz, entregando a la vida hasta el final. El Jesús amigo de los débiles es al Jesús que por supuesto no aguantan los poderosos del momento, porque El les quita poder, porque su vida denuncia una manera injusta de tratar al hermano.

El poder es la causa última de la muerte del mártir de Nazaret. Un poder que no entiende de fraternidad sino solo de rivalidad; un poder que por querer ser como dios (que ya aparece en el libro de Génesis) termina crucificando al justo. Y frente a ese poder, Jesús predica la humildad y la autoridad y poder de “lavarnos los pies”. La pregunta del Génesis, “Donde está hermano?” ( Gn  4,9), es la afirmación del evangelio en el juicio final del evangelio de Mateo : “Estuve necesitado, y no vinisteis a socorrerme” (Mt 25). Jesús quitaba poder a los que lo tenían en su tiempo y proclamaba una fraternidad que brota del servicio y del reconocer la igualdad básica de todos los seres humanos, por ser hijos e hijas de Dios. 

     Y eso mismo es lo que le achacan al mártir Romero. “Tú eres nuestra voz”, decían los campesinos pobres salvadoreños. Monseñor Romero siempre defendió que todos somos iguales, que Dios no quiere la pobreza, y que todos somos iguales por ser hijos de Dios. “No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada. No puede ser de Dios. De Dios es la voluntad de que todos su hijos sean felices ( Homilía 10 de septiembre de 1978). Pero al poder salvadoreño encarnado en la derecha y el ejército salvadoreño, no podía consentir esto, y por eso encargó a los poderosos que lo asesinaran. Y Romero caía asesinado por defender a los pobres, por ser su escudo, por ponerse de su parte. 

A ambos mártires, los mató el poder, el poder que sigue hoy matando a millones de seres humanos en muchas partes del mundo, el mismo poder que en estos momentos está bombardeando inocentes en Ucrania. El poder es la causa sin duda de la violencia e injusticia humanas en cualquier momento de la historia. 

Romero

Jesús fue acusado de “blasfemo” por hacerse llamar Hijo de Dios, e ir contra el poder religioso establecido, contra el templo y los símbolos de la fe judía que se aprovechaban de los pobres. Era blasfemo porque anunciaba una nueva manera de ser y de vivir la fe, desde la fraternidad y el reconocimiento de todos por igual. Blasfemo porque su privilegio era para los pecadores, enfermos y pobres y no para los poderosos ni los que se creían los buenos. Lo crucificaron como al peor de los delincuentes, con la peor de las muertes y fuera de la ciudad santa, porque sus palabras  y acciones atentaban contra el sistema establecido.

Y en esa misma línea,  Monseñor Romero es acusado de “comunista”, de favorecer la insurrección, de predicar la igualdad que predicaba el mismo Marx. Su comunismo consistía en predicar que todos somos hermanos y que Dios es nuestro Padre común. Por eso también lo mataron, lo asesinaron mientras hacía vida el mismo sacrificio de Jesús en la Eucaristía. Son las palabras de Madre Lucita, carmelita misionera del Hospitalito , presente el día del magnicidio:

“Por instinto de conservación, tras recibir el impacto del proyectil se cogió del altar, haló el mantel y en ese momento se volcó el copón, y las hostias sin consagran se esparcieron sobre el altar.  Las hermanas del nuestra comunidad del hospitalito interpretaron ese signo como que Dios le dijera: hoy no quiero que me ofrezcas el pan y el vino como en todas las eucaristías, hoy la victima eres tu OSCAR y en ese mismo instante, Monseñor cayó a los pies de la imagen de Cristo, a quien tuvo como modelo toda su vida . Los que se preocupan de los pobres son por tanto, blasfemos y comunistas, porque su Dios no coincide con el de los poderosos, porque el rostro de Dios que nos transmiten es un rostro distinto, que brota de la debilidad y del amor a todos; el poder de los judíos y los cristianos en ocasiones, se transforma en la debilidad de la cruz, “escandalo para judíos  y necedad para gentiles”( I Cor 1, 23)

Pero todavía más, ambos, Jesús y Romero, fueron asesinados por un poder específico: el poder religioso. Jesús fue crucificado porque el poder religioso judío veía que le quitaba fuerza, que le quitaba beneficios, que sus palabras en defensa del débil le hacían  tambalear sus injusticias. El sumo sacerdote y el sanedrín deciden dar muerte a Jesús porque veían perder sus beneficios, y si no hubiera sido asesinado Jesús, crucificado como un cruel delincuente, habría hecho caer todo lo que para ellos era fundamental: la opresión del débil, el aprovecharse de los más marginados.

Romero

El mismo poder religioso que mata a Jesús, encarnado en el sumo sacerdote y el sanedrín judío, es el que mata a Monseñor Romero. Y por eso el martirio del Arzobispo cobra un matiz especial: al Arzobispo no lo matan los ateos o los que no siguen el evangelio , sino que lo matan “los propios cristianos”, los que van a misa, los que después de comulgar eran capaces de dar orden de matar, de perseguir y hacer desaparecer a los pobres y campesinos. Esos “que iban a misa” no podían soportar que sus privilegios a consta de los más pobres salvadoreños, se perdieran.

Es conocida la frase de Romero en la homilía del funeral del otro mártir asesinado, y también recientemente beatificado por el papa Francisco, Rutilio Grande “hermanos asesinos”; porque de sobra sabia Romero que entre los asistentes a aquel funeral estaban los miembros del gobierno y del ejército responsables del triple asesinato de El Paisnal, donde fueron ametrallados el jesuita Rutilio Grande, el anciano Manuel y el joven Nelson Rutilio. El poder religioso crucifica a Jesús de Nazaret y el poder de “ los que van a misa” , cristianos, mata a Monseñor Romero. 

     Y  conocemos también lo que pasó con el mártir Jesús de Nazaret, como había anunciado mientras estaba con los discípulos, resucitó de entre los muertos, la muerte no tuvo la última palabra sobre El, y encomendó a sus seguidores que fueran a Galilea para poder verlo, que fueran a la Galilea de los pobres, de los paganos, de los que no cuentan. Jesús no dijo a sus discípulos que lo verían en la ciudad santa y grande de Jerusalén, sino en “la Galilea de los gentiles”, donde nadie quería ir. Los pobres son los que entendieron a Jesús y por ellos especialmente murió y resucitó. La primera comunidad cristiana se fragua desde el encuentro con el maestro Resucitado,  vivo y presente en los que siguen su palabra y su mensaje, que también después seguirán y siguen siendo perseguidos. 

     Es también  conocida la frase de Monseñor Romero, “si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”, y es cierto que el Arzobispo Romero sigue vivo y resucitado en el pueblo. Esta vida y resurrección de Romero se palpa y se ve en cada rincón de los cantones de El Salvador. En cada casa de cada campesino te hablan de Romero, te dicen cómo les sigue ayudando, su presencia es mucho más que un mero recuerdo. “Morirá un obispo pero la Iglesia, que es el pueblo, vivirá para siempre!, y ciertamente así es . Romero no vive solo en los lugares santos, en la  cripta de la catedral donde está enterrado, o en la capilla del hospitalito donde lo asesinaron, está presente en su pueblo, donde quiso estar siempre, en medio de los pobres.

Romero

“Era un obispo de los de abajo”, me decía una mujer de Arcatao en el departamento de Chalatenango, sigue caminando y luchando en cada una de las comunidades de base, sigue siendo su guía y apoyo espiritual. Acercarse a la tumba del Santo es descubrir la cantidad de personas que siguen venerando a Romero. Recuerdo, estando sentado delante de ella, rezando, cuando vi aparecer a una mujer que se abrazó a la tumba y comenzó a llorar; iba bien vestida y se la veía extranjera. Después de un rato, fue un cura, vestido de clérigo, y cogiéndola le dijo que tenía que marcharse; la sorpresa fue cuando al darse la vuelta también la mujer iba vestida con “clergyman” , porque como luego me dijeron era anglicana; un vuelco grande me dio el corazón, y se me escaparon las lágrimas de emoción: Monseñor Romero , su vida, atrae a todos, no distingue de confesiones religiosas.

Pero también recuerdo la fotografía de Romero, quemada y acribillada a balazos, en la entrada de la UCA, que los asesinos de los otros también mártires jesuitas, cosieron a balas: la matanza de los jesuitas fue el 16 de noviembre de 1989, nueve años y medio después del asesinato de Romero, y sus asesinos seguían odiando al obispo, tanto  que acribillaron su fotografía, porque no habían sido capaces de matarlo, seguía y sigue vivo en el pueblo, y eso les encolerizó aún más. Cristo vive y Romero vive, ambos están resucitados, y continúan siendo luz y guía para el pueblo pobre y marginado. 

    Un año más, y son y 42, seguimos recordando y actualizando el martirio de San Romero de América; su legado sigue presente y resucitado en las comunidades de El Salvador y en muchas de nuestras comunidades. Su proyecto, como el de Jesús, son una realidad. Y al recordar su vida, recordamos también a tantos crucificados y crucificadas por el mismo poder asesino y violento, aún hoy en El Salvador, y en muchos otros rincones de nuestro mundo injusto: en las bombas de Kiev, en los cadáveres del mediterráneo, en el deambular de los refugiados de muchas partes del mundo, en las llagas de los que intentan cruzar la valla, en los presos de las cárceles, en los parados, en los toxicómanos, en los inmigrantes….Monseñor Romero no puede entenderse sin sus pobres, como el cristianismo y Jesús de Nazaret no pueden entenderse sin tomar partido por los más débiles de nuestro mundo. Solo somos fieles al evangelio haciendo presente el espíritu de las bienaventuranzas. 

     En este día de San Oscar Romero, también le rezamos al santo, y le rezamos como él tantas veces rezó al Padre Dios, le pedimos que nos sigue ayudando, que siga siendo luz para El Salvador y para nuestra comunidad cristiana. “Yo no puedo, Señor, hazlo Tú”, eran las palabras de Romero arrodillado en el monumento llamado de “las tres cruces”, dedicado  a los tres mártires de El Paisnal.  Nosotros, después de cuarenta y dos años, también se lo decimos:  Monseñor, no nos olvides, ayúdanos, sigue siendo nuestra luz, sigue guiando a nuestro pueblo, sigue dando voz a tu “pobrerío”; nosotros tampoco podemos; Tú al lado del Padre, puedes ayudarnos a continuar. En este día te presentamos a todos los crucificados del mundo, y te pedimos especialmente por la paz, una paz que solo es tal cuando brota de la justicia y la fraternidad entre todos.

Romero y Pablo VI

Que el Dios de la vida te mantenga siempre vivo y resucitado junto a El y que nosotros sigamos sintiendo tu presencia en medio de nuestro pueblo. Que nuestras comunidades cristianas sean siempre comunidades que anuncien algo nuevo, que luchen por la justicia, que jamás se alíen con el poder opresor. Que sean comunidades abiertas y acogedoras a todos, especialmente a los más pobres y marginados de nuestra sociedad. Que descubramos que “el hombre es tanto más hijo de Dios cuando más hermano se hace de los hombres y es menos hijo de Dios cuanto más hermano se siente del prójimo (homilía 18 de septiembre de 1977).

Ante el 42º aniversario de Mons. Romero

La Iglesia después de 42 años, todavía emocionada, solo puede decirte: ‘Gracias, Monseñor Romero’
«Romero sigue siendo desconocido dentro de nuestra Iglesia, y sigue siendo por parte de muchos sectores de ella, martirizado, incluso después de su martirio físico, e incluso después del reconocimiento oficial por parte de la Iglesia, elevándolo a los altares»
«Ha tenido que ser un papa venido justamente de América Latina, el que ha reconocido quién es Monseñor, y cómo su vida es modelo para los creyentes»
«Monseñor Romero, como Jesús, como los jesuitas de la UCA, como las monjas norteamericanas, como miles de campesinos y campesinas asesinados en El Salvador antes y durante la guerra, eran gente que estorbaba, precisamente porque se enfrentaba al poder establecido»
«Su ‘comunismo’ era ese, reconocer que todos nos merecemos lo mismo y que Dios no hace distinciones, que la única distinción que hace es favor delos pobres y los sencillos, pero no tanto por ser buenos, sino por ser los más necesitados y desgraciados»
«Te encomendamos en este día a toda la Iglesia del papa Francisco que lucha cada día por hacer una Iglesia de los pobres y para los pobres, una Iglesia misericordiosa y acogedora»
Por Javier Sánchez, sacerdote Seguir leyendo

El camino hoy de una Iglesia martirial

Por José M. Tojeira

En principio toda Iglesia cristiana es una Iglesia martirial. El Apocalipsis le da a Jesucristo el título de “Testigo fiel” (mártir, dice en griego Apoc 1, 5). Todo seguidor de Jesús tiene que ser testigo de la muerte y resurrección del Señor. En los Hechos de los Apóstoles, en varios de sus primeros discursos, Pedro y sus compañeros se definen como testigos (mártires) de la resurrección de Jesús. Quienes posteriormente derramaron su sangre por Cristo se unen especialmente a él. Todos nos unimos al Señor por el bautismo, participando simbólica y sacramentalmente en su muerte y resurrección. Pero los mártires se unen de un modo especial al Señor: No solo “por la representación figurada del sacramento”, sino también “por la imitación de su obra”, decía Santo Tomás de Aquino. Cuando una Iglesia como la nuestra, la salvadoreña, ha sido rica en mártires, el camino eclesial debe ser más exigente.

En efecto, la beatificación y canonización de San Óscar Romero dejó muy clara la radicalidad de la llamada al seguimiento del Señor Jesús en El Salvador. Nuestro Pastor entregó su vida martirialmente al pueblo salvadoreño cuando otros mártires del pueblo de Dios encendieron en su corazón un fuego profético. Hoy, algunos de los que le precedieron en la entrega de sus vidas, Rutilio, Nelson y Manuel, son también mártires beatificados por la Iglesia. Cosme Spessotto, asesinado poco después de nuestro obispo santo, ha alcanzado también el reconocimiento eclesial de su muerte martirial. La Iglesia salvadoreña se prepara para iniciar nuevos procesos de beatificación de los numerosos mártires que entregaron generosamente su vida en el anuncio del Reino de Dios, antes y después del sacrificio de nuestro San Romero de América.

Esta realidad martirial de nuestra Iglesia salvadoreña nos presenta una desafío fundamental: seguir con radicalidad a Jesucristo, encarnándolo en la propia historia personal de cada cristiano. Cuando los primeros escritores cristianos, santos y mártires muchos de ellos, hablaban del martirio, solían fijarse especialmente en dos conceptos fundamentales de la vida cristiana: la resistencia frente al mal y frente al perseguidor, y la libertad para anunciar el Evangelio e incluso denunciar lo que se oponía al mismo. Todo ello desde una opción por la verdad, revestida de un profundo pacifismo, nacido del espíritu de fraternidad cristiano. En una sociedad como la nuestra, en la que la fraternidad sufre los asaltos de la violencia, de la injusticia social, y de la triple idolatría (riqueza, poder y organización político-social) que ya había denunciado San Óscar Romero, los cristianos debemos tener posiciones tan claras como exigentes. La fraternidad y el amor al prójimo deben estar siempre en el primer término. Enfrentar la injusticia social, desde la riqueza de nuestros mártires y desde la sabiduría de la Doctrina Social de la Iglesia, es una exigencia ineludible. La construcción de comunidades de solidaridad, que multipliquen una nueva cultura, distinta del individualismo consumista, y extiendan un modo de actuar diferente al de un sistema, denunciado por Pablo VI en la Populorum Progressio, que “conduce a la dictadura justamente denunciada por Pío XI como generadora del “imperialismo internacional del dinero”.

Los mártires han sido siempre los mejores maestros de la identificación con Cristo. Su profunda eclesialidad, su dimensión moral, la fuerza profética de su memoria, su capacidad de soñar y delinear una sociedad fraterna y solidaria, su libertad para anunciar el Evangelio en todas sus exigencias, nos ofrecen actualizaciones concretas del camino del Señor. Celebrar hoy y recordar a nuestros mártires, retomar su fuego apostólico y hacerlo presente en una sociedad en la que con frecuencia se mezcla la superficialidad con el egoísmo individual y la irresponsabilidad social, puede ser difícil para los que quedamos. Pero nuestros mártires interceden por nosotros. Ellos están definitivamente en el Reino de Dios y sentados al lado del Señor como verdaderos jueces de la historia. A nosotros nos corresponde continuar su obra, aproximando la historia terrena a ese Reino que viene hacia nosotros desde el amor gratuito de nuestro Dios.

Ante la apertura caso masacre UCA

El rector, ante la reapertura del caso de la masacre en la UCA: «no ofrece las debidas garantías»Andreu Oliva, rector de la UCA, advierte: «Que no se juegue con los anhelos de las víctimas y con su sufrimiento»

Padre Andreu Oliva
Padre Andreu Oliva

El Padre Andreu Oliva, rector de la Universidad, hizo pública la postura institucional ante la reapertura del caso de la masacre en la UCA

En el actual proceso emprendido por la Fiscalía, «existe de parte de algunas de las autoridades públicas un interés en apartar a la UCA y en sembrar dudas de que la Universidad sea una de las víctimas o parte ofendida»

Ciertas irregularidades hacen temer que el proceso no ofrecerá las garantías de objetividad e independencia requeridas para encontrar la verdad, hacer justicia, reparar el daño causado y propiciar la reconciliación

“Como Universidad exigimos que el caso no sea instrumentalizado con fines políticos o particulares.  Y demandamos a que se respete el debido proceso, los derechos y garantías de todas las partes involucradas»

Por | Margarita Moreno/ UCA

En conferencia de prensa, realizada el 14 de marzo en el Auditorio “Segundo Montes, S.J.”, el P. Andreu Oliva, rector, hizo pública la postura institucional ante la reapertura del caso de la masacre en la UCA.

Oliva inició explicando que este nuevo proceso judicial se da en el marco del desmantelamiento del Estado derecho y de una campaña de acoso contra la Universidad: “Se nos acusa sin fundamento de no estar interesados en la justicia, de proteger a algunos de los implicados en este proceso judicial e incluso de no estar del lado de las víctimas”.

Mártires UCA
Mártires UCA

Ante esto, aseguró, la mejor credencial es la historia de la Universidad y su compromiso con la verdad y la justicia, sobre todo con los casos de violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado. Compromiso que se materializa en la labor del Idhuca: más de ochenta casos ligados a la guerra civil (de masacres, torturas y desapariciones forzadas) han sido investigados y documentados por el Instituto; setenta de ellos han sido presentados a la Fiscalía General de la República para su esclarecimiento, pero hasta la fecha no se reportan avances.

Con respecto a la reapertura del caso, el rector señaló que el proceso judicial inició en el año 2000, a petición de los familiares de los jesuitas asesinados, acompañados por la Universidad. Posteriormente, en 2017, luego de la anulación de la ley de amnistía, se solicitó la reapertura, pero el caso fue sobreseído de forma fraudulenta por la Sala de lo Penal.

En el actual proceso emprendido por la Fiscalía, “existe de parte de algunas de las autoridades públicas un interés en apartar a la UCA y en sembrar dudas de que la Universidad sea una de las víctimas o parte ofendida”, aseguró el rector, pese a que en 1999 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos definió a los familiares de Elba y Celina y de los padres jesuitas, a la comunidad universitaria y a la Compañía de Jesús como víctimas de la masacre.

Caso UCA

De hecho, en su requerimiento, la Fiscalía afirma desconocer el domicilio de las víctimas y de los ofendidos. Esto, explicó el rector, “deja claro que no hay un reconocimiento a la Universidad de su carácter de víctima y que tampoco se reconoce a los familiares de los jesuitas asesinados ni a la Compañía de Jesús como tales”.

Estas y otras irregularidades hacen temer que el proceso no ofrecerá las garantías de objetividad e independencia requeridas para encontrar la verdad, hacer justicia, reparar el daño causado y propiciar la reconciliación. Por esto, por el momento, la UCA no participará como querellante.

“Como Universidad exigimosque el caso no sea instrumentalizado con fines políticos o particulares, y que no se juegue con los anhelos de las víctimas y con su sufrimiento. Y demandamos a que se respete el debido proceso, los derechos y garantías de todas las partes involucradas”, dijo Oliva.

Asimismo, la UCA rechaza “cualquier tipo de presión de actores externos, ya sea sobre los imputados, las víctimas o los funcionarios judiciales” y aboga porque el proceso se desarrolle “sin ningún tipo de interferencia indebida”