Confesión de uno de los asesinos del P. Grande

Uno de los asesinos del padre Rutilio Grande, confiesa su participación directa en el asesinato; un ex Guardia Nacional (GN), que falleció en Estados

Un 12 de marzo de 1977, fue asesinado el padre jesuita Rutilio Grande Garcí­a, a la edad de 49 años, en el sector conocido en la actualidad como “Las tres cruces” en la carretera que conduce a la ciudad de El Paisnal.

Mientras se conducí­a en su automóvil Volkswagen Safari blanco, junto a Manuel Solórzano, de 70 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16, una unidad de la GN los emboscó, ametrallándolos en la carretera, sus cuerpos presentaban muchos orificios de bala de diferentes calibres.

El trabajo del sacerdote Rutilio Grande, se caracterizó por defender a los más desposeí­dos y denunciar los atropellos cometidos por las autoridades, desde su parroquia de Aguilares, en el departamento de San Salvador El padre Grande, creó las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), originando reacción adversa de parte de los terratenientes de la zona, que lo calificaron como un agitador comunista. El sacerdote Rutilio Grande, es considerado como el primer mártir de la Iglesia salvadoreña.

En la ciudad de Los Ángeles, California, pudimos entrevistar a Julio Sánchez -quien estuvo de acuerdo en usar su nombre verdadero-, emigrante salvadoreño quien fuera miembro de la GN, y ex miembro de la S2 (Sección de Inteligencia) del mismo cuerpo represivo desde mediados de los años 70. Julio accedió por primera vez a hablar sobre su participación en el asesinato del sacerdote Rutilio Grande y sus dos acompañantes.

En una visita a la ciudad de Los Ángeles, conocí­ a Julio Sánchez, fortuitamente. Unos amigos me habí­an invitado a una boda y Julio se encontraba borracho y no paraba de llorar contando su participación en el crimen del sacerdote Rutilio Grande. Me impactó sobremanera la información verí­dica que manejaba sobre el asesinato, establecí­ un ví­nculo amistoso con Julio Sánchez para investigar su participación en dicho crimen.

De regreso a El Salvador, pude constatar que efectivamente Julio habí­a participado en la guardia nacional y perteneció a los escuadrones de la muerte.

La entrevista se realizó dos años después de nuestro primer encuentro, debido a que Julio comenzó a deteriorarse fí­sicamente, en ese tiempo fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson, además de padecer de diabetes y habí­a sufrido un derrame cerebral que le habí­a paralizado la mitad del cuerpo.

Julio mantení­a que buscaba relatar los hechos tal y como eran, para demostrar que no únicamente él era culpable, y así­ buscar un poco de alivio a su alma atormentada, según me confesó.

La entrevista inconclusa desde los EEUU

-Voy hablar por primera vez para que la gente sepa como fueron las cosas-me afirma con un dejo de tristeza.

-¿De dónde eres originario?

-Oratorio de Concepción, del departamento de Cuscatlán -responde lacónicamente.

Precisamente en este lugar los habitantes que sobrevivieron a la guerra, recuerdan a Julio Sánchez, como un miembro de los Escuadrones de la Muerte, desalmado y que perseguí­a y asesinaba sin piedad a los señalados como comunitas. Varias familias enteras fueron asesinadas y sus cuerpos exhibidos públicamente por los miembros de la guardia nacional, en la unidad que comandaba Julio Sánchez, afirmaron varios testigos.

-¿Participaste directamente en el asesinato del padre Rutilio Grande y sus dos acompañantes?- le pregunto tajante, para comprobar si en verdad estuvo en la unidad que cometió el asesinato.

-Aquí­ tengo mi carnet de Guardia Nacional; yo me metí­ ( a la guardia) a la edad de los 17 años, nací­ en 1957, fue en el pueblo de Suchitoto- responde evadiendo la pregunta.

-¿Qué sucedió ese 12 de marzo de 1977, cuando emboscaron al padre Rutilio Grande?

-Fueron órdenes que recibimos directamente del director de la Guardia Nacional, (como director general de la GN de 1975 a 1978 fungió el general Ramón Alfredo Alvarenga) fuimos seleccionados como ocho miembros de la guardia; yo no estaba a cargo de la operación, creo que fuimos 6 u ocho ( miembros de la guardia) que fuimos seleccionados para cumplir con la misión.

-¿Sabí­an a quién iban a asesinar?- lo interrogo, buscando en su mirada una respuesta sincera, Julio mueve insistentemente sus manos y cabeza, debido a la enfermedad de Parkinson.

-Nos habí­an dado instrucciones de eliminar al cura, porque era comunista, estaba levantando a los campesinos, hablaba mal del gobierno- concluye agitado.

El sermón de Apopa

El 13 de febrero de 1977, el padre Rutilio Grande predicó un sermón que llegó a ser llamado su “sermón de Apopa”, denunciando la expulsión del padre Bernal, por el gobierno salvadoreño, el discurso decí­a así­:

“Queridos hermanos y amigos, me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Sólo nos llegarán las cubiertas, ya que todas las páginas son subversivas””contra el pecado, se entiende. De manera que si Jesús cruza la frontera cerca de Chalatenango, no lo dejarán entrar. Le acusarí­an al Hombre-Dios… de agitador, de forastero judí­o, que confunde al pueblo con ideas exóticas y foráneas, ideas contra la democracia, esto es, contra las minorí­as. Ideas contra Dios, porque es un clan de Caí­nes. Hermanos, no hay duda que lo volverí­an a crucificar. Y lo han proclamad”.

-Les dijeron que asesinarí­an a un sacerdote- le ratifico la pregunto.

-Ya sabí­amos quién era el objetivo, recuerdo que fuimos varias veces a verificar el lugar (en donde emboscarí­an al sacerdote), le dimos seguimiento varias veces, dí­as antes se nos habí­a escapado porque no apareció y no pudimos realizar la operación.

-¿Cómo fue la emboscada? ¿A dónde estaban ustedes esperándolo? ¿Iban vestidos de civil o con uniformes?

-íbamos vestidos de civil, pero unos kilómetros antes estaban elementos de la guardia uniformados, ellos nos informaron que el carro se dirigí­a hacia nosotros, lo esperamos en la calle, y cuando apareció abrimos fuego, todos abrimos fuego al mismo tiempo, desde diferentes puntos de la calle, yo vi que el carro se fue de lado y continuamos disparando.-Julio hace una pausa.

-En el carro iba un niño, un anciano y el padre Rutilio Grande. Los tres murieron ese dí­a. Le digo enseñándole un recorte de periódico, con la fotografí­a del automóvil Volkswagen, ametrallado a la orilla de una calle de tierra.

-Recibí­a órdenes, me dijeron que era un cura malo, comunista, y yo odio a los comunistas- responde cortante.

-¿Después de dispararles, se acercaron a ver los cuerpos del sacerdote y los acompañantes para rematarlos?

-Tení­amos órdenes de que no quedaran vivos, nos acercamos y les disparamos.

-¿Les dieron el tiro de gracia?, le pregunto atónito por la frialdad en que relata el asesinato.

-Te repito fueron órdenes de no dejarlos con vida. Yo no sabí­a que el cura vení­a acompañado, ni menos con un anciano y un niño. Pero aunque hubiera sabido tení­a que cumplir con las órdenes que nos habí­an dado- concluye molesto.

-¿Que sucedió con todos los miembros que participaron en el asesinato del sacerdote Rutilio Grande?

-Algunos murieron en la guerra, otros salieron del paí­s, no por miedo, pues nosotros no le tení­amos miedo a nadie; si estoy hablando de esto ahora es porque creo que no se conoce como fueron las cosas, y yo me siento muy enfermo, siempre se ha pensado que nosotros somos los malos, y nosotros sólo recibí­amos órdenes.

-¿Qué hubiera pasado si hubieran rehusado a cumplir esas órdenes? Interrumpo a Julio.

-No lo sé, la verdad es que no lo sé.

-¿Después del asesinato qué hicieron? ¿A dónde fueron?

-Nos fuimos directamente a la Guardia Nacional de San Salvador a rendir un informe, recuerdo que nos dieron tres dí­as de licencia, cuando regresamos nos ubicaron en otras unidades, yo comencé a trabajar en la S2.

Un crimen planificado y ejecutado por el Estado que unificó a la iglesia con el pueblo

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, al enterarse de los asesinatos, fue al templo en donde reposaban los tres cuerpos y celebró la misa. En la mañana del dí­a siguiente, después de reunirse con los sacerdotes y consejeros, Romero anunció que no asistirí­a a ninguna ocasión o actividad gubernamental ni a ninguna junta con el presidente, siendo ambas actividades tradicionales del puesto, hasta que la muerte se investigara.

Ya que nunca se condujo ninguna investigación, Monseñor Romero no asistió a ninguna ceremonia de Estado, en absoluto, durante sus tres años como arzobispo.

Monseñor Romero, era amigo personal del sacerdote Rutilio Grande, quien además era su confesor.

En una entrevista que Monseñor Romero rindiera en el año de 1979, al periodista brasileño, Juan Arias, en la ciudad de puebla, México, Romero le confesó que él se consideraba un convertido. “Me contó que estaba del lado de los ricos, del poder, viviendo en un palacio, hasta que un dí­a le asesinaron a un sacerdote que el consideraba un santo, Rutilio Grande. Lo mataron mientras explicaba el catecismo. Imagí­nese que lo acusaron de ser comunista”-le dijo Monseñor Romero a Juan Arias.

La muerte de Rutilio Grande fue la gota que derramó el vaso, Monseñor Romero comprendió que estaba de la parte equivocada. Dejó el palacio y se entregó a la causa de los perseguidos a la defensa de los derechos humanos.

Luego un 24 de marzo de 1980, Romero serí­a asesinado de un tiro certero al corazón, un francotirador que trabajaba para los Escuadrones de la Muerte acabó con su vida, en un crimen al igual que el del sacerdote Rutilio Grande, que aún no ha sido esclarecido.

-¿Nunca te dijeron por qué asesinaron al padre, el motivo?

-Es que mucho hablaba en contra del gobierno, y recuerdo que los comunistas habí­an secuestrado y matado a un rico, no recuerdo su nombre, pero trabajaba con el gobierno y creo que ese fue unos de los motivos; los ricos estaban enojados por ese asesinato.

El 26 de febrero de 1977 fue encontrado el cadáver del empresario Roberto Poma, quien habí­a sido funcionario del gobierno salvadoreño, y quien habí­a sido secuestrado en enero de 1977 por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), organización radical de izquierda.

El 20 de febrero de ese mismo año, la oposición polí­tica habí­a denunciado el fraude en las elecciones presidenciales, el gobierno habí­a respondido con represión en contra de los manifestantes: “El pueblo se concentró en la Plaza Libertad, en el centro de San Salvador, para protestar contra el fraude y exigir que se respetara el resultado. El 28 de febrero, los militares rodearon la plaza y reprimieron la concentración. Hubo, por lo menos, sesenta personas asesinadas” ““recuerda un sobreviviente.

-Han pasado muchos años desde ese fatí­dico dí­a, ese dí­a que ustedes asesinaron a mansalva a un sacerdote desarmado que iba con un anciano y un niño, alguna vez te has arrepentido, te has preguntado ¿qué hubiera pasado si hubieras desobedecido las órdenes?

-Sí­, muchas veces me he arrepentido, pero yo sólo obedecí­a órdenes, además ahora es muy tarde para arrepentirme. -Julio se levanta con dificultad de la mesa, me dice que ya no quiere seguir hablando, que después podemos continuar, se excusa aduciendo que se siente cansado.

Una muerte amarga y su antesala mucho peor

Después de ese encuentro que duró apenas una hora, fue casi imposible lograr que Julio Sánchez continuara con la entrevista; en marzo de este año accedió a terminarla desde el cuarto de un hospital en donde se encontraba agónico. Un dí­a antes de emprender el viaje a la ciudad de Los Ángeles para concluir con la entrevista me informaron que Julio Sánchez habí­a muerto de un paro al corazón, su condición fí­sica y mental se habí­a deteriorado.

Debido a la diabetes le amputaron las dos piernas y un brazo, desde la cama del hospital en donde permaneció por 4 meses, Julio imploraba a gritos que lo mataran.

La muerte de Julio Sánchez, uno de los asesinos confesos del padre Rutilio Grande fue amarga; pero su antesala mucho peor; pude investigar que su vida en Los Ángeles estuvo llena de turbulencias: alcohol, drogas y una vida familiar llena de violencia. A diario lo perseguí­a el remordimiento de sus actos, el mismo hecho de contar a desconocidos cuando estaba ebrio, su participación en el asesinato del Padre Grande, era su búsqueda de eximir su culpa, de ahogar las llamas de ese infierno interno que ganó en vida por haber asesinado a un sacerdote sencillo, un cura que su único crimen fue vivir al lado de su pueblo

El legado de Rutilio (15)

La tumba de Rutilio es una gloria de la Iglesia

 

Una semana antes del primer aniversario, el 5 de marzo de 1978, Mons. Romero visitó El Paisnal para celebrar la eucaristía junto a la tumba de los mártires. Adelantó la conmemoración una semana para evitar malentendidos, ya que aquel domingo 12 de marzo había elecciones de diputados y alcaldes.

“Hemos venido… a la tumba que es cuna también del P. Grande”, explicó Mons. Romero, por varios motivos, porque “sabemos que en él palpita el espíritu del Señor”, porque su “memoria es esperanza para nuestro pueblo”, y para recoger “su ejemplo de entereza, de valor, para que esa voz que quisieron acallar con la violencia no muera, sino que siga siendo el grito de Jesucristo: no temáis a los que solo pueden matar el cuerpo, pero dejan vibrando la palabra y el mensaje del eterno Evangelio”.

El sacerdocio de Rutilio, según Mons. Romero, estaba marcado por dos unciones, la del crisma, el día de su ordenación, y la sangre derramada en el martirio.

“El sacerdote que que aquí recogió su vocación y que fue ungido no solamente con el óleo santo que nos ha ungido a todos los nosotros misnistros del altar, sino que ahora lo veneramos ungido con el aceite del martirio, con su propia sangre, como me pareció aque4lla noche cuando lo vi en la iglesia de Aguilares, tendido, muerto, como el sacerdote se postra en el suelo para ser también ungido, para ser inmortalmente sacerdote se postra en el suelo, para ser allá un mártir, y su misa comenzaba a celebrarse ya en su cielo. Pero había vivido aquí y lo sentíamos tan nuestro”.

Así pues, “tenemos en El Paisnal un jesuita mártir, su tumba es gloria de la Compañía de Jesús y es gloria de la Iglesia”

No obstante, Rutilio, según el parecer de Mons. Romero, había sido arrebatado antes de tiempo, porque “sentimos que debía de peregrinar todavía con nosotros… debía de seguir peregrinandoy haciendo tanto bien; estaba fuerte, estaba joven, podía hacer mucho”, pero “lo Mtó algo que no debía matarlo, el crimen”, por denunciar las obras de la maldad de “los hijos de las tinieblas”.

“Y que duro es revelar, ponerlas en evidencia, predicar que eso es injusticia, predicar los desórdenes, los atropellos, los abusos. Y porque tuvo el valor de desenmascarar tantas cosas, ya se le buscaba para matarle y se le mató”

Había quien el día de su asesinato, se había reído, porque, según él, “Ya comprobamos que el pellejo de los curas es susceptible de balas”. “Rutilio como hombre hubiera muerto hace un año, pero como cristiano no puede morir. Lo ha iluminado a luz inmortal de Cristo” Su predicación no ha sido silenciada.

“Lo que no se esperaban es que la muerte de un cura suscita tempestades, suscita primaveras, como la que ha vivido El Salvador cristiano desde hace un año. Lo que no sabían es que ellos ponían en el surco una semilla que reventaría en grandes cosechas, como decía Cristo: el grano de trigo muere no para quedarse sepultado. No han triunfado sobre él. La cosecha de la persecución ¡cómo ha sido abundante!

Esta abundancia de la cosecha arquidiocesana llevó a Mons. Romero a dar gracias por la vida de Rutilio y sus compañeros y por todos los que con él habían trabajado en la predicación del Evangelio del Reino en la parroquia de Aguilares.

Ojalá, hermanos, que este aniversario nos recuerde el gran compromiso con Cristo que tenemos todos los Bautizados, no solo el P. Grande, y que su ausencia sea un estímulo para seguir siendo fieles a la doctrina de Cristo que creemos y que llevamos por el bautismo

Ante la reapertura del caso Jesuítas

José María Tojeira: «No queremos que el caso jesuitas sea el único en el que se busque justicia. Hay casos más graves, como la masacre de el Mozote»

Mártires de la UCA
Mártires de la UCA

«Desde el primer día del asesinato de los jesuitas y sus dos colaboradoras, los jesuitas dijimos que queríamos justicia y no venganza»

«El Gobierno y las instituciones judiciales bajo su control se ven más interesados en hacer propaganda de sí mismos que en hacer justicia»

«Darle seguimiento al caso “masacre de la UCA” en los próximos meses no será fácil y podrá verse envuelto en manipulaciones y ataques contra personas que rebasen el ámbito judicial»

«Pero merece la pena seguir en esta lucha a favor de la verdad, de la ampliación de la justicia y la reparación a víctimas en peor estado que quienes fuimos golpeados por el asesinato de nuestros compañeros y amigos»

Por| José María Tojeira sj

El hecho de que el caso de la masacre de la UCA se reabra es coherente con la legislación salvadoreña y con los deseos de justicia tanto de las víctimas como de la mayoría de la población. Participar como querellantes es importante para asegurar el debido proceso y para insistir en la apertura y adecuado desarrollo de muchos otros casos que permanecen pendientes o estancados, como el del Mozote y otras masacres.

Sin embargo, el contexto político y judicial salvadoreño es hoy más complejo que en otros momentos. Tenemos una Sala de lo Constitucional básicamente impuesta desde el poder ejecutivo, previa una destitución inconstitucional de la anterior Sala. El propio Presidente de la Sala, que es además Presidente de la Corte Suprema, ha tratado de denigrar a la Compañía de Jesús afirmando que los jesuitas no parecen tener mucho interés en la justicia, dadas las medidas de gracia que hemos pedido para un coronel condenado en El Salvador a treinta años de cárcel por su participación en la masacre. La seriedad de la justicia es muy relativa, dado que el propio Presidente de la Corte Suprema miente con respecto a la medida de gracia que solicitamos. Poner algunas cosas en contexto se hace necesario.

Mártires de la UCA. Jardín de las rosas
Mártires de la UCA. Jardín de las rosas

Hace ya más de un año la Sala de lo Penal de la Corte Suprema salvadoreña dio una sentencia a todas luces ilegal, dando legitimidad a un sobreseimiento de los acusados como autores intelectuales de la masacre de la UCA. La reacción de la UCA fue presentar en la Fiscalía una acusación de prevaricato contra los dos magistrados de la Sala Penal que firmaron la sentencia. La Fiscalía no ha dado curso a la acusación, a pesar de la evidencia de los hechos. Pero recientemente presentó un amparo constitucional contra la dicha sentencia de la Sala de lo Penal que fue aceptada.

La Sala de lo Constitucional aceptó la demanda, anuló la sentencia de la otra Sala por inconstitucional y le ordenó dar una nueva sentencia en el plazo de 10 días. Distintos funcionarios de Gobierno han repetido sistemáticamente que ahora sí se va a hacer justicia después de 30 años. El discurso entusiasta choca directamente con las dificultades que de parte del Ejecutivo y del sistema judicial se le está poniendo al caso emblemático de la masacre del Mozote, donde fueron asesinados aproximadamente mil campesinos en 1981. Tampoco hay actividad respecto a los casos mencionados por la Comisión de la Verdad en 1993, o respecto a otros muchos casos de graves violaciones de Derechos Humanos, entre ellos cerca de 70 casos presentados en la Fiscalía por el Instituto de Derechos Humanos de la UCA.

En la actualidad, cuando el Fiscal General habla de cazar como animales a los que se comportan como animales, y cuando desde el Gobierno se habla de mano dura contra los delincuentes mientras se negocia con el crimen organizado, o se persigue a los críticos de la actual situación, se acrecienta la complejidad de la reapertura de la masacre de la UCA. La Universidad ha manifestado que lamenta el poco diálogo con las víctimas a la hora de iniciar este tipo de procesos y que se mantiene vigilante sobre el desarrollo del proceso en el que es querellante.

Mártires UCA
Mártires UCA

Su posición tiene lógica en el contexto actual, en el que el Gobierno y las instituciones judiciales bajo su control se ven más interesados en hacer propaganda de sí mismos que en hacer justicia. A ello se añade el irrespeto habitual a los derechos de los detenidos, a quienes con frecuencia se les exhibe cruelmente como culpables antes de ser juzgados, violando claramente el derecho a la presunción de inocencia, o se les niega arbitrariamente medidas sustitutivas de cárcel durante el proceso.

Desde el primer día del asesinato de los jesuitas y sus dos colaboradoras, los jesuitas dijimos que queríamos justicia y no venganza. Mucho menos se querrá 30 años después que lo que domine en la actualidad sea la propaganda hipócrita en el campo de la justicia, el olvido de casos igual o más graves que el asesinato de los jesuitas, y el maltrato vengativo contra algunos de los acusados.

En un artículo publicado recientemente en un periódico salvadoreño escribí lo siguiente:

“…La presunción de inocencia y el enjuiciamiento en libertad deben ser respetados en la gran mayoría de los casos. No queremos que el caso jesuitas sea el único en el que se busque justicia. Hay casos más graves, como la masacre de el Mozote, y ciertamente (y al menos) todos los casos expuestos por la Comisión de la Verdad debían estar abiertos simultáneamente, aunque a la hora de la sentencia hubiera distintos tiempos y resultados”.Los jesuitas de la UCA

Lo que no se puede es elegir un solo caso y hacerse los sordos con los demás. Desde hace tiempo venimos insistiendo en una ley de justicia transicional que permita juzgar estos casos acaecidos hace 30 años o más, respetando y reparando a las víctimas y buscando medidas de reconciliación. A los diputados del actual Gobierno y de gobiernos anteriores les hemos recordado repetidas veces las palabras de Ban Ki Moon pronunciadas en 2011 ante el Consejo de Seguridad de la ONU  insistiendo en la importancia de las leyes de justicia transicional para “afrontar un legado de abusos a gran escala del pasado, para asegurar responsabilidad, rendir justicia y lograr reconciliación”. La Comisión legislativa encargada de esos temas, en respuesta, ha dicho que no va a dialogar con las víctimas y, mucho menos con quienes las defienden legalmente.

¿Debemos alegrarnos por la reapertura del caso jesuitas? Más que hablar de alegría, hay que hablar de comprometerse con el desarrollo de la justicia frente a los graves crímenes del pasado. La reapertura del caso jesuitas es sin duda una oportunidad para presionar al Gobierno actual y a sus instituciones judiciales excesivamente dependientes del mismo en favor de un cambio verdadero a favor de una justicia de transición que afronte lo más ampliamente posible los “legados de abusos en gran escala” cometidos en el país.

La tendencia internacional de los derechos humanos insiste en que las leyes de justicia transicional garanticen el establecimiento de la verdad de los hechos, ofrezcan reparación a las víctimas y a sus descendientes, hagan justicia y busquen caminos de reconciliación.

José María Tojeira

Lamentablemente ese no es el contexto actual de la justicia salvadoreña, muy afectada por presiones políticas y propagandísticas. Darle seguimiento al caso “masacre de la UCA” en los próximos meses no será fácil y podrá verse envuelto en manipulaciones y ataques contra personas que rebasen el ámbito judicial. Pero merece la pena seguir en esta lucha a favor de la verdad, de la ampliación de la justicia y la reparación a víctimas en peor estado que quienes fuimos golpeados por el asesinato de nuestros compañeros y amigos y, en suma, a favor de la reconciliación de un país que tiene la necesidad de crecer en fraternidad y acuerdos de construcción de futuro solidario con todos. 

Agente de pastoral hondureño asesinado

La Iglesia en América Latina condena asesinato en Honduras de líder indígena y agente pastoral

Pablo Isabel Hernández se dirigía a su comunidad a “celebrar la palabra” cuando cayó a manos de sus verdugos

El agente eclesial fue asesinado camino a su comunidad

El asesinato de Pablo Isabel Hernández, líder indígena, defensor de derechos humanos y agente pastoral, ocurrida este 09 de enero, ha causado indignación en todo el ámbito eclesial latinoamericano.


Pablo, según informaron el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y a Red Eclesial Ecológica Mesoamericana (Remam) en un comunicado, “la mañana del domingo se dirigía a la comunidad donde iba a realizar una celebración de la Palabra”.

Unos sujetos, sin mediar palabra, lo asesinaron disparándole por la espalda, en el municipio de San Marcos de Caiquín, departamento de Lempira.

Un hombre fiel a Dios

El líder de la etnia indígena lenca se desempeñaba como agente pastoral y además era presidente de la Red de Agroecólogos de la Biósfera Cacique Lempira, impulsor de la Universidad Indígena y de los Pueblos y Alcalde Mayor de La Auxiliaría de La Vara Alta de Caiquín, en el departamento de Lempira.

“Pablo era un hombre de Dios, que amaba a su familia, amaba a los suyos y respetaba y hacía respetar la ‘Casa Común’”, indicaron desde el Celam y Remam.

Asimismo han expresado sus condolencias a familiares al tiempo que “exigimos a las autoridades competentes el pronto esclarecimiento de este vil crimen, así como el sometimiento a la justicia penal de los responsables”.

El legado de Rutilio (14)

La unidad alrededor del obispo: la Misa única

La muerte de Rutilio y sus compañeros aglutinó al clero de la archidiócesis alrededor de su pastor. Ocurrió lo impensable hacía solo unas semanas, cuando se conoció el nombramiento de Mons Romero. A pesar de las reservas y los rechazos, el clero se había “apiñado”, según expresión de Mons. Romero, alrededor de su pastor.

Después de los funerales, Mons. Romero y el clero se reunieron en varias ocasiones para pensar cómo enfocar la pastoral después de los asesinatos y en medio de la persecución contra oa Iglesia. El deseo compartido de mantener vivo el mensaje del martirio de Rutilio y sus compañeros dio origen a una novedosa experiencia de unidad eclesial para la arquidiócesis, la cual se prolongó en los siguientes tres años del ministerio episcopal de Mons. Romero, hasta marzo de 1980.

Mons Romero convocó al clero, el martes 15 de marzo, para discutir cuál debía ser la reacción de la Arquidiócesis ante la persecución y el asesinato de Rutilio y sus compañeros. La respuesta a la convocatoria fue masiva. No solo asistió la mayoría del clero de la arquidiócesis, sino también muchas religiosas, otros sacerdotes de la diócesis de Santa Ana, los seminaristas y varios laicos.

La asamblea reconoció de manera unánime la persecución contra la Iglesia y contra otros organismos que luchaban por la justicia social, por parte de los grupos que detentaban el poder económico y político. La asmblea coincidió también en que el motivo de la persecución era la fidelidad al Concilio Vaticano II y a Medellín y, sobre todo, la denuncia de la injusticia y la proclamación del Reino de Dios. Por lo tanto, la persecución era consecuencia de la opción por los pobres. Ante ello la asamblea reafirmó su deseo de unidad. Hacia dentro, la unidad del clero con el obispo y del pueblo de Dios con sus pastores y hacia uera, en la misión, en la promoción de la justicia y en la denuncia de las situaciones injustas. Se propuso el tener una misa única en toda la arquidiócesis el domingo 20 de marzo, pidiendo difundir las homilías más elocuentes de Rutilio, así como programas radiales sobre su persona y su vida, una biografía de Rutilio y poner algún gesto externo para recordar su figura.

Tanto el Nuncio como la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) se opusieron rotundamente por todos los medios posibles a la misa única, pero Mons. Romero dijo que él ya había tomado la decisión junto con el presbiterio que la ratificó. El asumía por tanto toda la responsabilidad, pues sabía que actuaba correctamente. Añadió que los únicos que adversaban la misa única eran los católicos de las clases adineradas que, por lo general, no sentían con la Iglesia, mucho menos con la Iglesia postconciliar y la de Medellín.

A las diez, tal como estaba programado, comenzó la Eucaristía presidida por Mons. Romero y concelebrada por unos 150 sacerdotes. En su homilía impartió una catequesis sobre la eucaristía y enfatizó la unidad eclesial, confirmó al clero en su misión pastoral y concluyó con el significado eclesial de la misa única de este día, cuya finalidad era aprender a valorarla.

“Queremos, con esto, darle todo el valor que tiene la misa de todas nuestras parroquias, de todas nuestras capellanías…la misa está recuperando, en este momento, todo su valor porque quizás, por multiplicarla tanto, la estamos considerando simplemente, muchas veces como un adorno y no con la grandeza que en este momento está recobrando”

Enseguida agradeció al clero su compromiso con el anuncio del reino de Dios y su disposición para construir la unidad de la Iglesia.

“Yo quiero agadecer aquí, en público, ante la faz de la arquidióceis, la unidad que hoy apiña, en torno al único Evangelio, a todos estos queridos sacerdotes. Muchos de ellos corren el peligro, hasta la máxima inmolación del P. Grande. Gracias”

Mons. Romero había comenzado su homilía “dándoles la bienvenida”; y ahora, al llegar al final, expresó su satisfacción: “me alegro de haberles explicado con palabra humilde lo que significa una misa”.

“Y ojalá que aquellos que no tenían fe en ella, sean de aquí en adelante seguidores de ese Cristo que se hace presente en la misa de cada domingo, en la misa de cada circunstancia humana. Muchas gracias por ayudarme a dar este signo que la Iglesia quería dar”

La muerte de Rutilio y sus compañeros aglutinó al clero de la archidiócesis alrededor de su pastor. Ocurrió lo impensable hacía solo unas semanas, cuando se conoció el nombramiento de Mons Romero. A pesar de las reservas y los rechazos, el clero se había “apiñado”, según expresión de Mons. Romero, alrededor de su pastor.

Después de los funerales, Mons. Romero y el clero se reunieron en varias ocasiones para pensar cómo enfocar la pastoral después de los asesinatos y en medio de la persecución contra oa Iglesia. El deseo compartido de mantener vivo el mensaje del martirio de Rutilio y sus compañeros dio origen a una novedosa experiencia de unidad eclesial para la arquidiócesis, la cual se prolongó en los siguientes tres años del ministerio episcopal de Mons. Romero, hasta marzo de 1980.

Mons Romero convocó al clero, el martes 15 de marzo, para discutir cuál debía ser la reacción de la Arquidiócesis ante la persecución y el asesinato de Rutilio y sus compañeros. La respuesta a la convocatoria fue masiva. No solo asistió la mayoría del clero de la arquidiócesis, sino también muchas religiosas, otros sacerdotes de la diócesis de Santa Ana, los seminaristas y varios laicos.

La asamblea reconoció de manera unánime la persecución contra la Iglesia y contra otros organismos que luchaban por la justicia social, por parte de los grupos que detentaban el poder económico y político. La asmblea coincidió también en que el motivo de la persecución era la fidelidad al Concilio Vaticano II y a Medellín y, sobre todo, la denuncia de la injusticia y la proclamación del Reino de Dios. Por lo tanto, la persecución era consecuencia de la opción por los pobres. Ante ello la asamblea reafirmó su deseo de unidad. Hacia dentro, la unidad del clero con el obispo y del pueblo de Dios con sus pastores y hacia uera, en la misión, en la promoción de la justicia y en la denuncia de las situaciones injustas. Se propuso el tener una misa única en toda la arquidiócesis el domingo 20 de marzo, pidiendo difundir las homilías más elocuentes de Rutilio, así como programas radiales sobre su persona y su vida, una biografía de Rutilio y poner algún gesto externo para recordar su figura.

Tanto el Nuncio como la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) se opusieron rotundamente por todos los medios posibles a la misa única, pero Mons. Romero dijo que él ya había tomado la decisión junto con el presbiterio que la ratificó. El asumía por tanto toda la responsabilidad, pues sabía que actuaba correctamente. Añadió que los únicos que adversaban la misa única eran los católicos de las clases adineradas que, por lo general, no sentían con la Iglesia, mucho menos con la Iglesia postconciliar y la de Medellín.

A las diez, tal como estaba programado, comenzó la Eucaristía presidida por Mons. Romero y concelebrada por unos 150 sacerdotes. En su homilía impartió una catequesis sobre la eucaristía y enfatizó la unidad eclesial, confirmó al clero en su misión pastoral y concluyó con el significado eclesial de la misa única de este día, cuya finalidad era aprender a valorarla.

“Queremos, con esto, darle todo el valor que tiene la misa de todas nuestras parroquias, de todas nuestras capellanías…la misa está recuperando, en este momento, todo su valor porque quizás, por multiplicarla tanto, la estamos considerando simplemente, muchas veces como un adorno y no con la grandeza que en este momento está recobrando”

Enseguida agradeció al clero su compromiso con el anuncio del reino de Dios y su disposición para construir la unidad de la Iglesia.

“Yo quiero agadecer aquí, en público, ante la faz de la arquidióceis, la unidad que hoy apiña, en torno al único Evangelio, a todos estos queridos sacerdotes. Muchos de ellos corren el peligro, hasta la máxima inmolación del P. Grande. Gracias”

Mons. Romero había comenzado su homilía “dándoles la bienvenida”; y ahora, al llegar al final, expresó su satisfacción: “me alegro de haberles explicado con palabra humilde lo que significa una misa”.

“Y ojalá que aquellos que no tenían fe en ella, sean de aquí en adelante seguidores de ese Cristo que se hace presente en la misa de cada domingo, en la misa de cada circunstancia humana. Muchas gracias por ayudarme a dar este signo que la Iglesia quería dar”

El legado de Rutilio (13)

Los funerales en Aguilares, en San Salvador y en El Paisnal

El P. Jerez presidió la Misa de las 10 de la mañana del domingo 13 en Aguilares con unos diez sacerdotes. Llegó el secretario de la nunciatura Mons. Baldisseri pidiendo presidirla, pero el P. Jerez le dijo que eso le correspondía a él.

Los féretros permanecieron todo el día en el templo parroquial, abarrotado de campesinos descalzos pobremente vestidos, de señoras con niños en brazos y de jóvenes visiblemente emocionados. La multitud lloraba y cantaba la esperanza y la liberación que Rutilio había representado para ellos. En la noche se conformaron grupos de reflexión para dialogar sobre el significado de la muerte de Rutilio y compañeros. Mientras tanto los mensajes de la YSAX se escuchaban en todas las casas. En la noche llegaron a San Salvador algunos jesuitas de Guatemala para asistir a los funerales del día siguiente en catedral.

En la madrugada del lunes , la multitud se desplazó hacia San Salvador. Los tres coches fúnebres salieron de Aguilares a eso de las 8 de la mañana. La Misa en la catedral fue presidida por Mons. Romero, Mons. Rivera y Mons. Chávez y concelebrada por más de 150 sacerdotes en una catedral abarrotada. El centro de San Salvador se paralizó.

Mons. Romero visiblemente emocionado ante la inmensa multitud y la enorme audiencia que tenía en ese momento a través de la YSAX, dijo que esa mañana, la catedral era un signo de la Iglesia universal:

“Es aquí la convergencia de toda una rica pastoral de una Iglesia particular que engarza con la pastoral de todas las diócesis y de todo el mundo, y sentimos entonces que la presencia no solo de los vivos, sino de estos tres muertos, le dan a esta figura de la Iglesia su perspectiva abierta al Absoluto, al infinito, al más allá: Iglesia universal, Iglesia más allá de la historia, Iglesia más allá de la vida humana…

Si fuera un funeral ordinario, hubiera hablado de unas relaciones humanas y personales con el P. rutilio Grande, a quien siento como un hermano. En momentos culminantes de mi vida, él estuvo muy cerca de mí, y esos gestos jamás se olvidan…

La clave de la vida y la muerte de Rutilio Grande, según Mons. Romero, se encontraba en la Evangelii Nuntiandi, de manera especial en el nº 38 y en el Sínodo de 1974. Según Pablo VI, “la Iglesia no puede estar ausente en esa lucha de liberación” de “tanta miseria” humana. Esa había sido, justamente, la lucha de Rutilio.

“La liberación que el P. Grande predicaba es inspirada por la fe que nos habla de una vida eterna, una fe que ahora él, con su rostro levantado al cielo, acompañado de dos campesinos, la ofrece en su totalidad, en su perfección…es la liberación que se apoya en Cristo, la única fuerza salvadora; esta es la liberación que Rutilio Grande ha predicado y por eso ha vivido el mensaje de la Iglesia”.

Por lo tanto su lucha “por levantar , por dignificar al hombre” fue “una presencia muy original”, porque la llevó a cabo desde la “iluminación de la fe que hace distinguir cualquier liberación de tipo político, económico, terrenal, que pasa más allá de ideologías, de intereses y de cosas que se quedan en la tierra”. Por esa razón, tal como “dice el Papa no puede confundirse con otros movimientos liberadores sin horizontes espirituales. Ante todo, es una inspiración de fe”. Por eso “el mundo no podrá comprender”.

La “motivación de amor” había sido la razón última de la vida y de la muerte de Rutilio

“El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande, en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia. Muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama y es significativo que mientras el P. Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo, para identificarse con ellos; no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor”.

Por lo tanto en él no había odio, ni violencia, como habían dicho sus detractores.

“Quienes lo escuchamos, quienes compartimos los ideales del P. Rutilio, sabemos que es incapaz de predicar el odio, que es incapaz de azuzar a la violencia. Quizá por eso Dios lo escogió para este martirio, porque los que le conocimos sabemos que jamás de sus labios salió un llamado a la violencia, al odio, a la venganza”.

Este mensaje de amor no se podía perder, sino que había que darle continuidad. Por lo tanto, Mons. Romero invitó al clero a recoger “esta herencia preciosa” y a construir la unidad alrededor de esa misión. Uno de los frutos de la muerte de Rutilio era, según Mons. Romero, la visible unidad de la Iglesia en catedral.

Finalmente Mons. Romero hizo un llamado a la esperanza:

“Somos una Iglesia peregrina, expuesta a la incomprensión, a la persecución; pero una Iglesia que camina serena porque lleva esa fuerza del amor. Hermanos salvadoreños, cuando en estas encrucijadas de la patria parece que no hay solución y se quisieran buscar medios de violencia, yo les digo, hermanos, bendito sea Dios que en la muerte del P. Rutilio la Iglesia está diciendo que sí hay solución. La solución es el amor, es la fe, la solución es sentir la Iglesia como el círculo donde Dios se quiere encontrar con los hombres”.

Al llegar a El Paisnal, se procedió a dar sepultura a Rutilio y a sus dos compañeros frente al altar del templo. Mientras la gente se retiraba, a eso de las tres de la tarde, un conjunto de guitarras campesinas interpretó varias veces, entre nutridos aplausos, un corrido compuesto en memoria de Rutilio y sus compañeros.

El 19 de marzo, festividad de San José, salieron muy de mañana dos peregrinaciones, una desde Aguilares y otra desde El Paisnal, hacia el sitio donde había tenido lugar el asesinato. Allí plantaron tres cruces donde habían caído Rutilio y los dos que le acompañaban, en medio de cantos, poemas y prédicas sencillas pero profundas.

Después todos se dirigieron a El Paisnal donde Mons. Romero con unos quince sacerdotes celebraron la Eucaristía en la puerta principal que da a la plaza po la inmensa multitud que participaba. Al terminar una fila enorme visitaba las tumbas depositando una gran cantidad de flores y velas.

Se recibieron una enorme cantidad de telegramas y mensajes de condolencia procedentes de todas partes del mundo, así como muchos testimonios de Rutilio.

Uno de esos mensajes fue el del provincial de los jesuitas de Argentina, el P. Jorge Mario Bergoglio, dirigida al P. Jerez:

Quiero -desde hace días- ponerte estas líneas que te lleven mi fraternal saludo y mis sentimientos por los momentos que están viviendo ustedes allí.

Lo de Rutilio aquí nos ha conmovido mucho. Es verdad que el Señor tiene sus caminos… pero a veces son duros. En la Provincia hemos tenido una celebración y, por mi intermedio, todos los hermanos hacen llegar sus sentimientos más profundos.

Un fuerte abrazo, no me olvides en tu oración.

Puedes ver el documental sobre El P. Rutilio Grande en el siguiente link:

http://www.youtube.com/watch?v=IXFRuIVZXoQ

El legado de Rutilio (12)

El asesinato de Rutilio y compañeros

 Las Tres Cruces (lugar del asesinato)

El primer día de la novena de San José, el 11 de marzo, estuvo cargado de oscuros presentimientos por los insistentes rumores de amenazas contra Rutilio. Los vecinos del pueblo llevaron a la casa cural de Aguilares los rumores que escuchaban en el mercado y en la calle. Rutilio no daba crédito a los rumores, sin embargo bien sabía que podían matarlo.Así se lo confió en varias ocasiones al P. Jaime Vega-Fajardo, con quien había coincidido en la comunidad del Colegio Externado. Según el testimonio de Vega-Fajardo, Rutilio le hablaba con frecuencia de ello.

Repetidas veces me dijo que él podía acabar ametrallado, que por aquellos andurriales en cualquier momento lo podían matar…

En efecto, desde ese conocimiento íntimo, Vera-Fajardo dejó el siguiente testimonio sobre las causas de su muerte:

Para mi, Rutilio ha muerto por predicar el Evangelio verdadero valientemente; no se le pudo mezclar en política, no tenía enemigos fuea de los que se tienen cuando se predica el Evangelio; era equilibrado, enemigo de la violencia, dedicado a los demás, excelente desde el punto de vista religioso, preocupado con la evangelización…la Evangelii Nuntiandi le había impactado poderosamente y me comentó en repetidas veces el tesoro que había encerrado en esa carta del Papa…

La primera Misa del novenario de San José, el 11 de marzo, fue la última que Rutilio celebró en El Paisnal. En la homilía, exhortó a tener fe y a no desfallecer, les recordó que la Biblia no esra para tenerla guardada “en el cofre”, sino para leerla y estudiarla, y les recomendó cuidarse mucho y cuidar a San José. La impresión general que causaron sus palabras, según una persona presente, era la de una despedida.

Un poco antes de las cinco de la tarde, Rutilio acompañado de su fiel guardián Manuel Solórzano, un anciano de 72 años, se dirigió a El Paisnal para celebrar la novena de San José. A la salida de Aguilares recogieron a Nelson Rutilio Lemus, de 15 años, que ese día había ido a Aguilares a llevar una carga de leña a su madrina. Un poco más adelante, junto a la vía del tren, Rutilio se detuvo a recoger a otros tres niños que también se dirigían a El Paisnal y que se sentaron en los asientos posteriores.

Pasado el cantón Los Mangos, los niños aseguran haber visto a varios hombres armados apostados a orillas del cañal, dos o tres a cada lado de la carretera. Uno de ellos era Benito Estrada. También había otro vehículo detrás de ellos, un picop que les había seguido desde Aguilares.

En el momento que Benito Estrada dio la señal, una lluvia de balas ametrallaba el vehículo, que salió de la calle volcado sobre el lado izquierdo con el motor encendido y las ruedas girando. Sin volverse a mirar hacia atrás, Rutilio dijo en voz baja: “Debemos hacer lo que Dios quiere”…Manuel intentó proteger al P. Rutilio pues su cuerpo estaba encima de él, Nelsan había reciibido un tiro en la frente y Rutilio doce disparos, casi todos de muerte. Los tres niños de atrás daban gritos aterrorizados. Benito Estrada les ordenó salir amenazándoles de muerte y ellos salieron corriendo hasta El Paisnal. Uno de ellos al llegar a casa sofocado y sin aliento gritó: “Mamá, mamá, tío Benito ha matado al P. Tilo. El fue el que señaló y disparó también…nosotros hemos corrido porque nos conoció y nos quería matar”.

Algunos fueron a Aguilares a avisar a la parroquia y al juzgado. En la casa solo estaba Carranza, pues Marcelino se encontraba en un cantón de El Paisnal. Se había cansado de esperar a Rutilio y se había ido adelante, así se libró de que le mataran también.

Los cadáveres fueron llevados a la parroquia donde fueron colocados en el corredor de la casa cural. Al llegar el P. César Jerez, dio órdenes que fueran colocados en el templo, tal como estaban, para que la gente constatara cómo habían sido asesinados y para después tener la Misa de cuerpos presentes…

Al conocer la sucedido la radio YSAX del Arzobispado difundió la noticia que se corrió rápidamente por todo el valle, cantones y pueblos cercanos que fueron llegando a Aguilares…llenando el templo y lugares aledaños.

Mientras una docena de sacerdotes se revestía para comenzar la Misa llegó Mons. Romero, quien aceptó presidir la Eucaristía junto con Mons. Rivera. En la homilía el P. Jerez habló de la misión del jesuíta, tal como la había definido la éltima Congegación General de la Compañía de Jesús: servir la fe y promover la justicia. Rutilio había sido fiel a esa misión y por eso lo habían matado. Había caído junto a un campesino anciano, que había nacido y vivido bajo un régimen de opresión e injusticia, y junto a un joven campesino, que había esperado una vida mejor. Los tres habían muerto por causa de la fe. Los habían matado cuando se dirigían a celebrar la Eucaristía.

Después tomó la palabra Mons. Romero. La Misa , muy larga y sentida, duró cerca de dos horas,hasta la media noche

El legado de Rutilio (11)

El sermón de Apopa: “En El Salvador es delito ser cristiano”

 

Las elecciones del 20 de febrero dieron como resultado para presidente de la República a favor del general Romero. La oposición gritó fraude y organizó una manifestación de protesta, manifestación que fue disuelta con el saldo de muchos muertos . El gobierno declaró el estado de sitio. Durante esos meses el gobierno inició una campaña contra algunos sacerdotes. Dos jóvenes estudiantes exjesuitas fueron expulsados. Uno de ellos había tabajado en Aguilares. Posteriormente tres sacerdotes fueron expulsados: Mario Bernal, colombiano y párroco de Apopa; Guillermo Denaux, belga y Bernardo Survil, norteamericano. Seis sacerdotes que estaban trabajando en El Salvador y se encontraban fuera del país por períodos cortos no pudieron regresar porque las autoridades migratorias les negaron el permiso.

Con ocasión de la expulsión del párroco de Apopa, Mario Bernal, Rutilio con otros sacerdotes de la Vicaría, se reunieron en Apopa el 13 de febrero para celebrar una manifestación de fe y la Eucaristía, “el símbolo más grande, el símbolo de una mesa compartida con taburete para cada uno y con manteles largos para todos”.

Rutilio tomó la palabra para reflexionar sobre la expulsión del P. Bernal.

Rutilio proclamó de nuevo que todos tenemos un Padre común y, en consecuencia, todos somos hermanos, pero existen “Caines”: …”Caín es un aborto del plan de Dios…y existen grupos de Caines… aquí en el país…Caínes que invocan a Dios, que es lo peor”…

Dios en su plan nos entregó un mundo material y sin fronteras, “así lo dice el Génesis. No es cuestión que lo diga yo. Los Caínes reclaman: Yo compré la mitad de El Salvador con mi dinero, luego tengo derecho. No hay derecho para discutir! Es un derecho comprado, porque tengo derecho a comprar la mitad de El Salvador. ¡Es una negación de Dios. No hay ningún deecho que valga ante las mayorías! Luego el mundo material es para todos sin fronteras. Luego, una mesa común con manteles largos para todos, como esta Eucaristía. Cada uno con su taburete. Y que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué…El código del Reino de Dios es el amor, palabra clave que resume todos los códigos éticos de la humanidad, que rompe y echa abajo toda clase de barreras, prejuicios, y ha de superar el odio mismo”.

Nosotros no estamos aquí por odio, incluso a esos Caínes los amamos… el cristiano no tiene enemigos. Aún los que son Caínes no son nuestros enemigos, son nuestros hermanos…Por tanto todo se resume en una palabra, amor contra el anti-amor, contra el pecado, la injusticia, la dominación de los hombres y la destrucción de la humanidad”..

El ministerio sacerdotal no tiene sentido sino es en función del pueblo, “ministros” viene de ministrar, que quiere decir, servidores del pueblo de Dios. Somos continuadores de la misión de Jesús quien no se detuvo nunca en el camino, su palabra era y es acción. Somos profetas y debemos anunciar y hacer posible el Reino de Dios en este mundo. Es necesario encarnar los valores del Evangelio en las realidades de este país para transformarlo eficazmente. Como profetas nos enfrentamos con la palabra de Dios en la mano “el mensaje de Dios es como el termómetro y el péndulo para medir las realidades humanas… en las que estamos involucrados distintos grupos que componen el país”.

La Iglesia no podía callarse ante la expulsión del P. Bernal, porque éste había sido un acontecimiento eclesial. Por eso estaban allí, para hacer una protesta oficial como Iglesia.

El problema radical no era la nacionalidad del P. Mario, sino que la cuestión fundamental era ser cristiano y sacerdote hoy en día, “en nuestro país y en el continente, que está sufriendo la hora del martirio”. Se tataba de ser o no ser fiel a la misión de Jesús hoy y aquí. Pero siempre permanece en pie la cuestión fundamental: …”es peligroso ser cristiano en nuestro medio!…Prácticamente es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro medio!…porque precisamente el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el que la mera proclamacion del Evangelio es subversiva. Y así tiene que ser, no puede ser de otra manera!…los dos polos exigentes: La Palabra de Dios, el de siempre, el de las grandes mayorías…”

Por esta radicalidad evangélica, “mucho me temo, mis queridos hermanos y amigos que, muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán entrar por nuestras fronteras. Nos llegarían las pastas nada más, porque todas sus páginas son subversivas, contra el pecado, naturalmente…Yo me temo que si Jesús de Nazaret entrara por las fronteras, allá por Chalatenango, no lo dejarían pasar. Por allí, por Apopa, lo detendrían…se lo llevarían a muchas juntas supremas por inconstitucional y subversivo”… Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, de enredador con ideas exóticas y extrañas, contrarias a la Democracia, es decir, contrarias a la minoría. Ideas contrarias a Dios, porque es un Clan de Caínes…lo volverían a crucificar. Y ojalá que me libre Dios a mí, que también estaría en la cola de crucificadores!…Preferimos un Cristo de los meros enterradores y sepultureros…un Cristo mudo y sin boca para pasearlo en andas por las calles. Un Cristo con un bozal en la boca. Un Cristo fabricado a nuestro antojo y según nuestros mezquinos intereses”..

“Ninguna minoría privilegiada tiene cristianamente razón de ser en sí misma, sino en función de las grandes mayorías que conforman el pueblo salvadoreño…Ay de ustedes, hipócritas! que del diente al labio se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Caínes que crucifican al Señor, cuando camina con el nombre de Manuel, con el nombre de Luis, con el nombre del humilde trabajador del campo”

Padre Mario: Estas comunidades, las de Apopa, las del cinturón de comunidades cristianas de la Vicaría que nos rodean, y los hermanos que han venido de otras partes de nuestro país, de la Iglesia local, vamos a celebrar esta Eucaristía, que es el ideal que sustentamos.

 Manteles largos, mesa común para todos , taburetes para todos. ¡Y Criusto en medio! El, que no quitó la vida a nadie, sino que la ofreció por la más noble causa. Esto es lo que El dijo: ¡Levanten la copa en el brindis del amor por mi! Recordando mi memoria, comprometiéndose en la construcción del Reino, que es la fraternidad de una mesa compartida, la Eucaristía.

Gaspar García Laviana

43º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE GASPAR GARCÍA LAVIANA 

 Gaspar vivió una vida corta, pero la vivió intensamente, condicionado por la realidad social que le tocó vivir en Nicaragua entre 1970, cuando llegó a ese país, y 1978, que fue el año en el que cayó en combate luchando contra la dictadura de la familia Somoza que llevaba dominando aquel pueblo durante cuarenta años.                                                                             Había nacido en 1941, así es que cuando murió tenía solo 37 años. En aquella sociedad, donde a cualquier lugar que mirara veía injusticias, la vida tenía que vivirla en tensión continua, pues sus ideas religiosas y sociales le obligaban a ello. Una persona, tan sensible al dolor de los demás como era él, necesariamente tenía que estar reaccionando a cada paso para enfrentarse a quienes estaban haciendo sufrir a los indefensos ciudadanos que tenían siempre ante su frente el fusil o la pistola de la Guardia Nacional, principal apoyo de la dictadura. 

Gaspar García Laviana llegó a Nicaragua enviado por su congregación, los Misioneros del Sagrado Corazón, para “evangelizar” sirviendo en las parroquias a las que iba destinado: Tola, San Juan del Sur y otras más pequeñas. Pero aquel cura, producto ya del concilio Vaticano II iba a ser un misionero distinto a sus antecesores. Añadiendo, además, que habían prendido también en él las ideas de la teología de la liberación, cuyo pensamiento central era la opción preferencial por los pobres y, por consiguiente, sus intereses tenían que prevaler sobre cualesquiera otros. 

Estos dos factores, Vaticano II y teología de la liberación, explican su compromiso durante los ocho años que vivió en Nicaragua, que podemos dividir en dos etapas, cada una de ellas de cuatro años. En la primera su actividad será sociopolítica: abordará los problemas de la gente que conocía haciendo reivindicaciones ante las autoridades militares, políticas o jurídicas. Tres ejemplos: defensa de los terrenos que quisieron quitarles a toda una comunidad de campesinos, reclamación de escuelas asignadas a maestros que cobraban sin ejercer en ellas, pues no existían y denuncia contra un burdel donde había niñas prostituidas. 

En la segunda etapa, año 1975-1978, su compromiso será directamente político y militar. Comienza con acciones clandestinas principalmente urbanas, luego se prepara militarmente y termina declarando su condición de soldado del Frente Sandinista en la Navidad de 1977, donde será comandante en el Frente Sur Benjamín Zeledón. Allí trataría muy de cerca a Camilo Ortega, hermano del actual presidente, que también murió combatiendo por la libertad de Nicaragua en febrero de 1978, unos meses antes que Gaspar García Laviana. 

A la par de su vida sociopolítica y militar Gaspar ha cultivado una poesía social que obtuvo destacado éxito a decir de Ernesto Cardenal, también cura, sandinista y poeta, el cual, ya a raíz del triunfo revolucionario en 1979, siendo él ministro de cultura, publicó los poemas de Gaspar bajo el título Cantos de amor y guerra. De ellos dice el poeta de Solentiname que están llenos de amor al campesino, a las pobres prostitutas, al paisaje, al lago Cocibolca que para él era el más bello del mundo, y a la tierra por la cual murió; son como canciones, afirma, a las que se les podría poner música para ser cantadas por el pueblo. 

Uno sabe que el bueno de Gaspar, derroche de humanidad, ha sido siempre un personaje discutido, visto con recelo o rechazado por la propia iglesia por el hecho de haber tomado la difícil opción de hacerse guerrillero. Sí, difícil y dolorosa, debido ello a que, como él mismo dijo, siendo educado para la paz, se vio obligado a entrar en la guerra que había en aquel país al que había sido enviado, que, además, no era el suyo. Pero sí había hecho como propio el dolor de aquel pueblo que vivía oprimido y reprimido para ser indignamente explotado por quienes ostentaban el poder económico y político en Nicaragua, la familia Somoza y todos aquellos que vivían al amparo de ese paraguas, incluida en alguna medida la misma iglesia católica. 

Desde aquí es desde donde hemos de situarnos para emitir un juicio de valor sobre el hecho de que Gaspar cogiera las armas para luchar: lo hizo para defender a los indefensos que eran violentados sin piedad. Lo hizo siguiendo su conciencia cristiana, como muy claramente dijo en sus dos cartas de la Navidad de 1977, al clero y al pueblo nicaragüense. Una opción muy respetable a la luz de la misma doctrina de la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI. Tan respetable como la de los activistas pacifistas que se oponen activamente a las injusticias sociales. Y, en todo caso, mucho más digna que la de aquellos que se cruzan de brazos viendo a sus hermanos masacrados, torturados, desposeídos de todo: sin trabajo o mal pagados, sin viviendas dignas, sin atención sanitaria, sin educación… Esa fue la realidad que empujó a Gaspar a coger las armas. Además, a sabiendas de la dura vida de ser soldado en la montaña y del grave peligro real que conllevaba su decisión. Él conocía ya una larga lista de soldados que habían caído en el frente. Por eso, da tristeza oír a quienes ponen objeciones a la vida de Gaspar al que, sin embargo, otros muchos catalogan de héroe y mártir, como lo hiciera -fue el primero-, Ernesto Cardenal. 

Me uno a quienes consideran a Gaspar como un gran personaje, un asturiano ejemplar, que, a parte de su decisión de participar en la guerrilla revolucionaria, hoy fuera de nuestro contexto social e ideológico, es referencia para cualquiera por los altos valores humanos universales y cristianos que encarnó en su vida. Los más importantes ya han sido citados, pero también destaca en él ser una persona en quien no tiene cabida la simulación, la doble intención, el engaño o las verdades a medias. Detesta la hipocresía, es sencillo y huye de las apariencias, es sincero, consecuente, leal, fiel a sus principios y a sus amigos, sensible ante el sufrimiento humano, se compromete hasta las últimas consecuencias, no escatima esfuerzos ni sacrificios, es desprendido y generoso… 

Por todo lo dicho anteriormente, se puede entender cómo Gaspar García Laviana deja huella en muchas personas, según se puede observar en los testimonios que dan de él quienes lo conocieron (algunos libros los recogen) y ello explica igualmente que aún hoy haya algunos que queramos mantener viva su memoria, porque consideramos que es un ejemplo para seguir. Ese ser suyo tan para los demás es digno de admiración y respeto. 

Con todo lo dicho se entiende también que algunos acudamos el sábado día 11 a Tuilla para participar a las 12h en la iglesia en una misa y (o) a la 13h ante el monumento para honrarle en el día de su cuadragésimo tercer aniversario de su muerte. 

 6 de diciembre de 2021 

José María Álvarez Rodríguez, miembro del Foro Gaspar García Laviana 

El legado de Rutilio (9)

 

La Misión en Aguilares: 2ª Etapa

Para la 2ª Etapa el equipo propuso tres grandes líneas de acción: la primera sería la codificación y la transformación de la pastoral tradicional del sacramento y culto, sin suprimir ni ahogar los valores implícitos, pero insistiendo en una mayor responsabilidad y participación en la vida sacramental. El método sería co-creativo entre la parroquia y las comunidades evitando actitudes paternalistas y también evitando el clericalismo. Se trataría de hallar una solución al problema del mantenimiento económico de los sacerdotes. Se desligaría el aspecto económico de la administración de los sacramentos.

La segunda línea de acción tendería al crecimiento de las comunidades vivas, no tanto cuantitativa sino cualitativamente. En orden a lograr esto se prestaría especial atención a los Delegados de las comunidades insistiendo en la formación y diversificación de las funciones.

La tercera línea sería la promoción de nuevos centros en la ciudad de Aguilares, pero sin caer en el activismo desesperado ni empleando personas ajenas a la comunidad.

Los Delegados constituyeron la plataforma operativa que dinamizó e hizo crecer a las comunidades. El equipo pretendió la sustitución y desplazamiento de funciones dejando a los delegados lo que hasta el momento había sido propio del sacerdote o colaborador. Fue la etapa de los cursos y cursillos.

El nervio fundamental de estos cursos era la Palabra de Dios. Se daba un doble movimiento, de la realidad concreta a la Palabra de Dios y desde ésta nuevamente a la realidad.

Al diversificarse las funciones y servicios de los Delegados se loes fue convocando periódicamente para instruirlos en sus nuevas responsabilidades. El objetivo de estos cursos más específicos fue el compartir experiencias, resolver problemas y dar formación. Las funciones atribuidas a los Delegados fueron las siguientes: iniciación al bautismo, catequesis infantil, encargados de jóvenes, coordinadores y secretarios de reuniones, equipos volantes, preparación al matrimonio, etc

También se dieron cursos para la base buscando una mayor participación de las comunidades. Los temas tratados a esos niveles más amplios fueron: alfabetización, relación hombre-tierra, cooperativismo y formación permanente en general.

Esta segunda etapa estuvo jalonada por celebraciones de suma importancia dentro del acontecer parroquial. La primera fue la celebración de las bodas de oro sacerdotales del Arzobispo Mons. Luis Chavez. En esa ceremonia el Arzobispo confirmó a los Delegados en su misión apostólica. Rutilio presentó a las representaciones de los Delegados de la Palabra de las comunidades del campo y de la ciudad como el mejor homenaje al Arzobispo en la Eucaristía pidiéndole que les confirmara en su misión:   “y lo hacen en medio de esta Eucaristía compartida, porque en sus luchas por sembrar el Evangelio, ellos anhelan juntamente con nosotros un mundo más humano y más justo en el que todos los salvadoreños podamos compartir los bienes, sentados a a la mesa común de la creación, tal como haremos en esta mesa de la Eucaristía”…

Después el Arzobispo tomó la profesión de fe a los Delegados y la aceptación de sus compromisos. A continuación les confirmó en sus funciones comunitarias y los bendijo.

Otra celebración clave tuvo lugar el 15 de agosto de 1976, con ocasión del Tercer Festival del Maíz. El maíz fue el tema símbolo de lo campesino, de su vida y ahora de su celebración. Desde la base salieron las determinaciones y criterios para hacer de la fiesta algo original y diferente. Los criterios fundamentales del festival fueron: todo sería comunitario, nada individual; el dinero no sería determinante y sería una fiesta de denuncia y esperanza. Cada comunidad trajo una carga de elotes para hacer el atole. La preparación y distribución era comunitaria. Cada comunidad presentaba el mejor elote, el mejor adorno de maíz, la mejor canción cantando al trabajo y a la cosecha del maíz.  También presentaba a su madrina considerando los servicios y trabajos por la comunidad. Ella fueron las responsables de todo el trabajo femenino de la fiesta y ellas presentaron al público los aportes de las diversas comunidades al festival.

El punto central de aquel festival fue la homilía de Rutilio donde hizo denuncias y anuncios de gran trascendencia para la vida de la parroquia.

En una primera parte proclamó el magníficat como algo explosivo por las denuncias y anuncios que contenía: El Magníficat denunciaba a aquellos que no tenían temor de Dios, “…porque hay gente por ahí muy de gran colmillo, que no le tienen temor a Dios…y cuáles son esos que no le tienen temor a Dios? Los que han denunciado nuestro Padre y Hermano, los que se levantan por la mañana persignándose: en el nombre del café, en el nombre del café, en el nombre del café…en el nombre de la caña, en el nombre de la caña, en el nombre de la caña; lo he dicho otras veces, pero hay que repetirlo hasta la saciedad. Dios con su brazo había destrepado a los poderosos y a los autosuficientes, y a los humildes los “trepó”, a los que tenían hambre los llenó de bienes, “y a los ricos perversos que no quieren atol para todos, sino para ellos nada más, que quieren el gran guacalón para ellos, pero no quieren compartirlo con los hermanos en esta eucaristía de la fraternidad”…

En la segunda parte, Rutilio denunció los peligros de las organizaciones campesinas y les recordó sus compromisos cristianos. Felicitó a los campesinos porque el Evangelio estaba estrechamente unido a sus vidas; los campesinos habían “bajado” el Evangelio y esto era motivo de alegría y de mutuas felicitaciones. Y volvió a un tema muy querido para él: la Eucaristía como quinta esencia de la fe comprometida, como un servicio al mundo.

Finalmente Rutilio anunció que el equipo misionero estaba a punto de hacer un paro en su trabajo para evaluar lo realizado desde el inicio del proceso.

El equipo misionero había optado por iniciar su experiencia a partir de la fe, pero conscientes de que en cuanto meta última debían buscar la liberación del hombre total, la cual tendría que pasar bien que mal por las mediaciones, en concreto por la politización. Como equipo sacerdotal quisieron encontrar una alternativa válida entre el sacramentalizador y el politizador. Trataron de resolver la crisis de identidad personal entre la amplia gama de alternativas dejadas entre los dos extremos. Jesucristo había sido un líder religioso, y precisamente ahí estaba su especificidad, pero con los ojos bien abiertos a las realidades de su tiempo, a las cuales enfocó desde la perspectiva religiosa.

La especificidad de la misión sacerdotal radicaba en la promoción de la fe en medio del pueblo, en el anuncio del plan y juicio de Dios sobre la realidad. El sacerdote, en conciencia, estaba obligado a conocer profundamente su propia realidad. La misión sacerdotal, por tanto, tenía una clara vertiente en lo temporal y en lo político.

Así pues, el equipo proclamó que ni pretendía quitar al pueblo el Evangelio, dejándole solo la Cuma, ni adormecerlo en su religiosidad al abrigo y en nombre del mismo Evangelio. Como equipo dijeron buscar “poner levadura en la masa, no dar el pan”.

Los campesinos, al descubrir que Dios era el Padre de todos, que todos los hombres eran hermanos y que los hermanos no podían vivir en desigualdad, y darse cuenta de construir la igualdad –no esperarla pasivamente- era construir el Reino de Dios y que ello estaba en relación directa con el mundo de opresión y explotación de sus relaciones de vida y trabajo, espontáneamente comenzaron a demandar reivindicaciones salariales en las haciendas vecinas.