Los nuevos beatos y mártires latinoamericanos

Cuando se visita el museo de los mártires jesuitas de El Salvador, donde se conservan los objetos más preciados para la Iglesia salvadoreña -como son las ropas ensangrentadas de sus miembros asesinados-, llama la atención una biblia abierta “ametrallada” de un lado a otro, en un vano intento de silenciar la palabra de Dios por parte de los grupos de poder, que colocaron a la Iglesia en la mira de la represión. 

Lo mismo ocurre cuando se visita los lugares donde residieron los religiosos misioneros en la sierra del Perú, que fueron violentados y traspasados con balas asesinas en la década de los noventa. Esto con el fin de acallar la obra socio-caritativa de la Iglesia, que ahogaba el discurso violento de los grupos terroristas de la izquierda radical. 

Es por ello que, así provenga la violencia de un extremo o de otro en nuestra sociedad, podremos repetir lo que dijo Tertuliano en el siglo II: “La sangre de los mártires, es semilla de nuevos cristianos”. La solidez de esta frase tiene como fundamento lo dicho por el mismo Jesús: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto» (Jn. 12, 24). 

El martirio de los beatos 

Ante esta realidad de muerte cruel, que lo único que ha portado para la Iglesia es más coraje y valentía en su obra evangelizadora y misionera, el papa Francisco autorizó que sean elevados a los altares el sacerdote jesuita Rutilio Grande y sus compañeros, todos mártires salvadoreños, asesinados por un escuadrón de la muerte gubernamental en el año 1977. 

Asimismo, ha reconocido el martirio por odio a la fe, de la religiosa peruana Agustina Rivas, de la congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, quien fue muerta en el año 1990, por su trabajo comprometido entre los más pobres de la selva amazónica. 

En el caso del padre Grande y los demás beatos que lo acompañaron en su último viaje, Manuel Solórzano (72) y Nelson Rutilio Lemus (15), la ceremonia de beatificación se ha previsto para enero del 2022, mientras que para la hermana Rivas, nacida en Ayacucho, la fecha está por definirse. 

Con la elevación de estos nuevos beatos y mártires americanos, se incrementa la relación de religiosos, presbíteros y catequistas laicos que encabeza el obispo Oscar Romero, junto a los estadounidenses, padre Stanley Rother y el hermano James Miller, así como a los religiosos franciscanos polacos y el sacerdote misionero italiano de Pariacoto en Ancash (Perú), todos ellos sacrificados a manos de gobiernos autoritarios o de los terroristas comunistas. 

Mientras, aún se espera el reconocimiento del martirio de varias víctimas, tales como los religiosos palotinos, todos ellos asesinados durante la dictadura militar argentina de los años setenta y ochenta, que quiso acallar la voz de una Iglesia comprometida en buena parte, con la resistencia. 

Vidas a imitar 

En estos tiempos en que las agendas de algunos gobernantes parecen alejarse cada vez más de los ideales democráticos y de las libertades con que deben y quieren vivir los ciudadanos, es importante conocer un poco más sobre las circunstancias en que murieron los futuros beatos. Pues, tal como dice el refrán: “El pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”. 

Por ello es motivador resaltar la corta, pero fructífera vida del padre Rutilio Grande, sacerdote jesuita asesinado en el año 1977 a los 49 años, después de haber ejercido muchos años como párroco rural y formador de seminaristas. El padre “Tilo”, como era conocido por su gente, nació el 5 de julio de 1928 en El Paisnal, El Salvador. 

En un reciente editorial de agosto último, publicado por la jesuita Universidad Centroamericana, se reconoce que el futuro beato Rutilio Grande “hablaba con todos, no despreciaba a nadie y tenía la paciencia del que sabe escuchar y descubrir en los otros los anhelos profundos que llevan a una vida fraterna”. También reafirman que “La muerte violenta e injusta no lo borró de El Salvador, sino que lo hizo más presente en nuestra historia”. 

En el caso de la próxima beata peruana, la hermana Agustina Rivas, esta nació en Cora Cora (Ayacucho) en 1920 y murió asesinada por los terroristas de Sendero Luminoso en 1990 en la selva de Junín (Perú). Ella dio su vida, allí donde su congregación tenía una obra misionera, en medio del pueblo originario amazónico de los Asháninkas. 

Ese momento de consagración eterna, es recogido por la periodista Esther Núñez, del portal de noticias on line Esencia: “Su cuerpo se desvaneció antes de recibir los cinco balazos propinados por una joven senderista. Acababa de recoger del huerto unos limones que necesitaba, para el pastel que prepararía esa tarde con las niñas. Cuidar de las mujeres y niñas de la zona, brindar alimentos a los más vulnerables, promover biohuertos, entre otras acciones vinculadas con el desarrollo social de los pobladores, fueron considerados motivos para figurar entre las víctimas de la violencia terrorista”. 

Cabe recordar en estas líneas finales, que este año se recuerda el 30 aniversario del asesinato de los tres beatos y mártires de Pariacoto, en la sierra peruana de Ancash, también a manos de Sendero Luminoso. Su beatificación se realizó en diciembre del 2015, con la presencia del legado pontificio, cardenal Angelo Amato, entonces prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. 

Sobre ellos se refirió así el obispo de Chimbote, monseñor Francisco Simón Piorno, sede que vio teñir su tierra con la sangre martirial de sus misioneros: “Estos maravillosos testimonios son un mensaje al mundo de que hay cristianos dispuestos a entregar su vida por el Evangelio, llevados por el amor, la fe y la oblación”. 

Cada día unos 17 cristianos son asesinados en Nigeria

Un promedio de 17 cristianos son asesinados cada día en Nigeria a manos de grupos terroristas

Al menos tres mil cristianos, incluyendo diez sacerdotes católicos y pastores protestantes, fueron asesinados en Nigeria desde el inicio de este año hasta el 18 de julio

La cifra es la segunda más alta desde 2014, cuando se registraron más de 5.000 asesinatos de cristianos a manos del grupo terrorista islámico Boko Haram y los pastores yihadistas Fulani

Adicionalmente, el número de iglesias amenazadas, atacadas o quemadas desde enero de 2021 se estima en alrededor de 300

 | RD/Agencias

Miles de cristianos han sido cruelmente asesinados por grupos terroristas en Nigeria durante los primeros 200 días de 2021, un promedio de 17 muertes por día. Una reciente investigación realizada por la Sociedad Internacional de Libertades Civiles y Estado de Derecho (Intersociety) revela que al menos tres mil cristianos, incluyendo diez sacerdotes católicos y pastores protestantes, fueron asesinados en Nigeria desde el inicio de este año hasta el 18 de julio.

El informe de Intersociety señala que “el número de cristianos indefensos asesinados a cuchilladas por los yihadistas islámicos de Nigeria y sus colaboradores en las fuerzas de seguridad en los últimos 200 días, o del 1 de enero al 18 de julio de 2021, ha aumentado a no menos de 3.462”. “Esto es solo 68 muertes menos que el total de muertes de cristianos nigerianos en 2020, que la Lista de vigilancia mundial de cristianos perseguidos de Open Doors estima en 3.530”, indica.

La cifra es la segunda más alta desde 2014, cuando se registraron más de 5.000 asesinatos de cristianos a manos del grupo terrorista islámico Boko Haram y los pastores yihadistas Fulani. Mientras que Boko Haram es el responsable de la muerte de más de 4 mil cristianos, los pastores yihadistas Fulani asesinaron a otros 1.229.Intersociety es un grupo de investigación en derechos humanos, y ha estado monitoreando e investigando la persecución religiosa y otras formas de violencia religiosa de actores estatales y no estatales en Nigeria desde 2010. El grupo de derechos humanos realiza este trabajo a través del contacto directo con las víctimas, testigos, revisión de medios de comunicación e informes creíbles nacionales e internacionales, entre otros.

En su investigación de 2021, Intersociety encontró que 2.200 cristianos indefensos fueron secuestrados entre el 1 de enero y el 30 de abril. Otros 780 cristianos corrieron similar suerte entre el 1 de mayo y el 18 de julio, para sumar un total de 3.000. Al menos 3 de cada 30 cristianos secuestrados probablemente murieron en cautiverio, lo que elevaría la cifra de asesinados por los yihadistas en 300 personas.

Otras 150 muertes son consideradas por los investigadores como “cifras oscuras”, que se refiere a asesinatos que ocurrieron pero que no fueron reportados o registrados. Adicionalmente, el número de iglesias amenazadas, atacadas o quemadas desde enero de 2021 se estima en alrededor de 300. La institución lamentó que hasta la fecha, los culpables de las masacres de cristianos en el país han logrado evadir a la justicia y se mantienen libres de investigaciones o juicios, llevando a la impunidad y a que se repitan las atrocidades. Además, denunció, las familias de las víctimas y los sobrevivientes son totalmente abandonados por el gobierno de Nigeria.

La organización de derechos humanos indicó también que el gobierno nigeriano ha seguido recibiendo fuertes críticas y acusaciones de culpabilidad y complicidad con los asesinatos de cristianos.

Carlos de Faucould, un hombre de desierto

“Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand se fue transfigurando gradualmente por este silencio interior, convirtiéndose en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís”
“Fue asesinado por los rebeldes Senusitas de Libia, aliados con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial”
“Durante los treinta años de su vida como converso (1886-1916), no tendrá otro propósito que seguir e imitar a Jesús en esta vida de Nazaret”
Por José Luis Vázquez Borau Sigue leyendo

45º Aniversario del martirio de Angelelli

un obispo mártir de la Iglesia asesinado por la dictadura argentina

El 4 de agosto de 1976, monseñor Angelelli era asesinado a manos de efectivos del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por el genocida Mario Benjamín Menéndez, que fraguaron su muerte simulando un accidente

En reconocimiento a su prédica y martirio, el papa Francisco dispuso dos años atrás su beatificación

Con un estilo franco, llano y directo, el religioso vinculó desde los comienzos su tarea pastoral con los sectores más humildes de la provincia

Su popularidad era tan grande entre los humildes, que sus misas dominicales desde la catedral de la capital riojana eran transmitidas por radio para toda la provincia

Por Leonardo Castillo, Telam

(Télam).- El obispo de La Rioja Enrique Angelelli decidió hace 45 años que la opción por los pobres y el compromiso con la defensa de las víctimas valían más que su propia vida, en un país inerme ante el terrorismo de Estado y la represión ilegal que por entonces perpetraba la dictadura cívico militar que gobernaba Argentina.


El 4 de agosto de 1976, monseñor Angelelli era asesinado a manos de efectivos del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por el genocida Mario Benjamín Menéndez, que fraguaron su muerte como un accidente automovilístico.

En reconocimiento a su prédica y martirio, el papa Francisco dispuso dos años atrás su beatificación, al igual que otros tres católicos de la provincia de La Rioja (dos sacerdotes y un laico), víctimas de la última dictadura.

Nacido en 1923 en Córdoba, ingresó con apenas 15 años al seminario y a fines de los años 40 fue enviado a Roma, donde fue ordenado como presbítero en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma, en Italia.A su regreso a la Argentina, en 1951, se vinculó con los sectores de la Juventud Obrera Católica (JOC) y quedó a cargo de la capilla Cristo Obrero, en su provincia natal, donde colaboró con el sacerdote italiano Quinto Cargnelutti.

En medio de los debates por el Concilio Vaticano II, la gran reforma lanzada por el papa Juan XXIII en 1959, Angelelli obtuvo la designación como obispo y ya en esos años su compromiso con los sectores menos favorecidos de los barrios de Córdoba estaba muy difundido.

Angelelli propició desde su Diócesis la conformación de grupos de laicos comprometidos con los sectores populares de Córdoba.

Su compromiso con la tarea pastoral

En función de esta tarea pastoral, el Vaticano lo designó un año después como arzobispo auxiliar de la provincia, y una de sus primeras medidas consistió en ordenar que los seminaristas se hicieran presentes en los barrios obreros para tomar contacto con la realidad.Angelelli propició desde su Diócesis la conformación de grupos de laicos comprometidos con los sectores populares de Córdoba.

Esas actividades y sus enfrentamientos con la jerarquía encabezada por el nuncio apostólico Humberto Mozzoni y el cardenal Antonio Caggiano le valieron que en 1968 se le asignase la Diócesis de La Rioja.

Con un estilo franco, llano y directo, el religioso vinculó desde los comienzos su tarea pastoral con los sectores más humildes de la provincia.

“Con un estilo franco, llano y directo, el religioso vinculó desde los comienzos su tarea pastoral con los sectores más humildes de la provincia”


Trabajó de forma activa para propiciar la organización de los trabajadores agrícolas, los mineros y las empleadas de servicio doméstico.

Su popularidad era tan grande entre los humildes, que sus misas dominicales desde la catedral de la capital riojana eran transmitidas por radio para toda la provincia.

A pesar del malestar que sus postulados causaban a los interventores militares de La Rioja, en los tiempos en los cuales el país era gobernado por el dictador Juan Carlos Onganía, la popularidad de Angelelli crecía entre los sectores de la Iglesia.

En esa Argentina que vivía un contexto de creciente movilización social y política contra la dictadura que se expresaba en huelgas, manifestaciones y acciones armadas, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) postulaba la teoría de la liberación de los oprimidos y profundizaba el conflicto con las autoridades de la Iglesia.Aunque no integraba este movimiento, Angelelli proponía desde La Rioja un diálogo con estos sectores, una postura que irritó aun más al sector integrista de la Iglesia encabezados por los obispos Adolfo Tortolo y José Miguel Medina.

En 1973, Carlos Menem, quien años más tarde sería electo presidente de Argentina, se consagró gobernador de la Rioja y las relaciones entre Angelelli y esta familia poseedora de viñedos en el pueblo de Anillaco no estuvieron exentas de conflictos.

En la lista de la Triple A

Los comerciantes y hacendados de la provincia reclamaron la renuncia de Angelelli y en 1974 la organización parapolicial Triple A incluyó al obispo en una lista negra de personalidades que serían “inmediatamente ejecutadas”.

Las réprobas contra la figura del religioso se incrementaron en medio de un clima de violencia política que se hacía cada vez más extremo.

El Golpe de 1976

A principios de 1976, el vicario castrense Victoria Bonamín visitó la base aérea de El Chamical y pronunció un discurso en el que afirmó que “el pueblo había cometido pecados que sólo podían redimirse con sangre”.

El clima de represión se intensificó en La Rioja tras el golpe del 24 de marzo de 1976, y los sacerdotes que respondían a Angelelli eran blancos del terrorismo de Estado.

El 18 de julio, los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias fueron torturados y asesinados en la localidad de Chamical, donde cumplían sus deberes religiosos.

Dos semanas después, Angelelli decidió viajar a Buenos Aires con el propósito de denunciar estos crímenes y del campesino católico Wenceslao Pedernera, ocurrido quince días antes.

El obispo se trasladaba en una furgoneta que tras ser encerrada por un auto, volcó a la altura del paraje Punta de los Llanos, en la ruta 38.El cura Arturo Pinto, quien conducía el vehículo accidentado, contó que, tras permanecer durante un tiempo inconsciente, vio el cuerpo de Angelelli tirado en el suelo, con “lesiones en el cuerpo, como si lo hubieran golpeado”.

Aunque el diario L’ Osservatore Roano, órgano oficial del Vaticano, calificó el hecho como “un extraño accidente”, el cardenal Juan Carlos Aramburu negó que el hecho se tratara de un crimen y la investigación se cerró.

Con el retorno de la democracia, el juez de La Rioja Aldo Morales reabrió el expediente y dictaminó que la muerte de Angelelli se trató de “un crimen fríamente calculado y esperado por la víctima”.

Sin embargo, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y los indultos del presidente Menem impidieron que las investigaciones continuaran contra el general Luciano Benjamín Menéndez, titular del Tercer Cuerpo de Ejército durante el terrorismo de Estado, y los militares José Carlos González, Luis Manzanelli y Ricardo Román Oscar Otero.

Un delito de lesa humanidad

En 2005, la derogación de la leyes de impunidad permitió que el crimen se investigara como delito de lesa humanidad, y cinco años más tarde se imputó en el expediente al exdictador Jorge Rafael Videla, a Menéndez y a otros doce militares y policías.

El 4 de julio de 2014, Luis Fernando Estrella y Menéndez fueron condenados a cadena perpetua por el crimen de Angelelli.

Un año antes, con la venia del papa Francisco inició el proceso de beatificación de Angelelli, Longueville, Muria y Pedernera, que concluyó el 27 de abril de 2019 con una ceremonia realizada en La Rioja.

La consagración de los mártires estuvo encabezada por el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el cardenal italiano Angelo Becciu, y concelebrada por unos 50 obispos argentinos, dirigidos por el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea, y unos 300 sacerdotes.

Se trató de un reconocimiento al martirio que Angelelli y sus tres compañeros riojanos sufrieron a manos de los genocidas que intentaron acallar su opción por los pobres y defensa de la vida

Angelelli, el obispo cercano al pueblo

‘El Obispo con las alegrías y los dolores de su pueblo’ 

Monseñor +Enrique Angelelli, obispo de La Rioja (Argentina) asesinado en 1976 por orden de la dictadura militar que asoló a ese país hermano. El Papa Francisco dispuso su Beatificación el 27 de abril de 2019, celebrada en su querida Diócesis.

Angelelli, nació en la ciudad de Córdoba el 17 de julio de 1923. Fue ordenado sacerdote en Roma el 9 de octubre de 1949. El Papa Juan XXIII lo eligió como obispo auxiliar de Córdoba y fue consagrado el 12 de marzo de 1961. Luego el Papa Pablo VI lo designó Obispo de La Rioja y tomó posesión de esa diócesis el 20 de agosto de 1968.

Mons. Angelelli llevó a la vida del pueblo de La Rioja las enseñanzas del Concilio Vaticano II, de Medellín y del documento de San Miguel del Episcopado argentino. Su acción pastoral, inspirada por estos documentos, fue objeto de duras polémicas. Fue un hombre que se dejó tomar por el Espíritu y apasionar por el evangelio.

Vivió intensamente la amistad y estrechó lazos de unión y de afecto con la gente de manera bastante inusual en su ambiente. Siempre manifestó con gestos y palabras su amor por la Iglesia; un amor serio, crítico y absolutamente fiel al evangelio. Creyó en la Iglesia como comunidad y favoreció el encuentro fraternal entre sus miembros.

Tuvo una enorme comprensión por los más humildes, y fue capaz de elevar la voz en la denuncia frente a las opresiones desde sus homilías, cartas pastorales y la radio. Desde la experiencia de su tierra y de su pueblo, constantemente se esforzó por romper las estructuras de injusticia para que la tierra, el trabajo, el pan y el agua fuera para todos.

Los títulos de sus homilías son más que significativos para indicarnos el fondo de su reflexión: “Pacificar el corazón, mirar al futuro, preparar los hombres del mañana” (1 de enero de 1969):

“El obispo, hombre crucificado; en su corazón deben encontrar cabida las alegrías y los dolores de su pueblo” (1970).

“Con alma de niños, dar acogida en nuestro corazón al don de la paz” Mensaje de Navidad (1970).

“Colecta Más por Menos, toma de conciencia nacional, un comienzo para aplicar en cristiano la distribución de los bienes” (1971).

“Urge escuchar la voz de Cristo y llegar incluso a opciones y rupturas interiores si queremos cambiar nuestra manera de vivir” Carta pastoral de Cuaresma (1972).

“En nuestras madres encontramos un eco de la grandeza y del amor de Dios” Mensaje en el Día de la Madre (1973).

“Quiero manifestar un amor grande al pueblo riojano que el Señor me confió; un amor grande a esta hora histórica que nos toca vivir y que juntos vamos tejiendo dolorosamente; amor grande a Cristo y a su Iglesia” (1973).

“Somos obispos y pastores de un Concilio que debe ser llevado a la práctica” (1974).

“Ser hombres de la luz es no evadimos de nuestra realidad y construir nuestra historia con los demás” (1975).

“Seguimos mirando nuestro presente y nuestro futuro con esperanza, aunque sea dolorosa nuestra realidad” (1975).

Víctor Gálvez Pérez, mártir de los DD.HH.

Víctor Gálvez Pérez fue un destacado catequista y delegado de Pastoral Educativa en la parroquia de Malacatán, San Marcos (Guatemala). Casado y padre de dos niños. Carpintero de profesión. Tenía un don extraordinario de convocatoria. Organizaba jornadas de formación con los maestros y maestras de la región, logrando concentrar a centenares de docentes.
A Víctor le animaba el ardiente deseo de que los educadores estén capacitados en valores humanos para proyectarlos a sus alumnos y alumnas. Decía: “En los maestros y maestras está el futuro de nuestro país. Ellos deben sembrar valores en la niñez y juventud, resaltando el respeto a la vida, el sentido de la justicia, la responsabilidad, la honradez, el servicio y la solidaridad”. Sigue leyendo

Asesinado un catequista indígena en Chiapas

México: la Iglesia en Chiapas clama justicia por el asesinato del catequista Simón Pérez
El obispo de San Cristóbal de las Casas pidió “que la sangre de Simón Pedro y de todas las personas asesinadas sean semilla para la liberación de niños y niñas indígenas”

El pasado 5 de junio fue asesinado Simón Pedro Pérez López, indígena tzotzil, catequista de la parroquia de Santa Catarina, Pantelho, perteneciente a la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Al respecto, la Diócesis de San Cristóbal de las Casas condenó la espiral de violencia que se vive en el estado de Chiapas, y aseguró que “el dolor de los pueblos tzotzil, tzeltal, Ch’ol, Totic y Tojolabal son una herida abierta de la diócesis, multiplicada en incontables evidencias de abusos, injusticia e impunidad, desplazamientos forzados, asesinatos, homicidios políticos, robo de tierras y vehículos”.
Simón Pedro Pérez López, además de catequista, era defensor de derechos humanos e integrante del colectivo Las Abejas de Acteal. Fue asesinado por un hombre que viajaba en motocicleta.
A través de un comunicado firmado por el obispo Rodrigo Aguilar Martínez y por el obispo auxiliar Luis Manuel Alfaro López, la Diócesis de San Cristóbal de las Casas explicó que varios habitantes del municipio de Pantelhó vienen sufriendo, desde hace varios años, las amenazas de personas de la autoridad municipal, “coludidas con el crimen organizado en la cabecera municipal y diferentes comunidades”.
Que la muerte de Simón Pedro no sea en vano
Los obispos apelaron a la conciencia de los autores intelectuales y materiales del homicidio del catequista, y los llamaron al arrepentimiento y a la conversión de acuerdo al plan de Dios.
“Que la sangre de Simón Pedro y de todas las personas asesinadas sean semilla para la liberación de niños y niñas indígenas que sufren marginación, persecución y desplazamiento. La sangre clama paz, la sangre clama justicia, pero nunca clama venganza“, aseveraron.
Rodrigo Aguilar y Luis Manuel Alfaro animaron a las y los creyentes de toda la diócesis, “a las mujeres y hombres de buena voluntad a seguir caminando en la búsqueda del buen vivir, que surge de la alegría del triunfo del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, dando en la resurrección de Jesús de Nazaret”.
Asimismo, convocaron a la solidaridad nacional e internacional a dar seguimiento a la situación que se vive en Chiapas. “Que nuestra madre de Guadalupe nos acoja en su mano con su manto protector para que tengamos la paz con ajuste con la paz con justicia y dignidad”.
Años de injusticia e impunidad
El comunicado asegura que, de acuerdo con los pobladores, han sido muchos los asesinatos de personas que “han quedado sin que se aplique justicia”; es el caso de cuatro personas pertenecientes a un partido político que fueron asesinadas el 13 de marzo de 2021.
La Fiscalía General del Estado (FGE) dio inicio a la carpeta de investigación por homicidio doloso, “pero hasta la fecha no sabemos el avance que se ha tenido”.
Los obispos también denunciaron que después de las elecciones del 6 de junio de este año se ha incrementado la violencia y los asesinatos en ese municipio, que no deja de traer a la memoria la masacre de Acteal.
Como diócesis -señala– “de diferentes maneras hemos advertido a las autoridades municipales, estatales y federales, de dichas situaciones, y hemos sido portavoces de todas estas denuncias y sufrimiento, pero tal parece que hay intereses obscuros que generan omisión a las denuncias “.
De acuerdo con la diócesis, esto ha provocado que vuelva a haber en Chiapas una reactivación de las fuerzas que “mutaron de paramilitares al crimen organizado aliados al narco-gobierno”.
Ante esta situación, la Diócesis de San Cristóbal de las Casas instó a los tres niveles de gobierno a que evite más masacres como la de Acteal; que garanticen la protección y medidas de seguridad para las personas más vulnerables defensoras de sus derechos humanos y colectivos; y solicitó se dé cuenta al pueblo de los avances logrados en los casos que han quedado en la impunidad.

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La Buena Noticia del Dgo 12º-B

Crucemos al otro lado

– ¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

MARCOS 4, 35-40

35 Aquel día, caída la tarde, les dijo:

– Crucemos al otro lado.

36 Dejando a la multitud, se lo llevaron mientras estaba en la barca, aunque otras barcas estaban con él. 37 Entonces sobrevino un fuerte torbellino de viento; las olas se abalanzaban contra la barca, y ya la barca se iba llenando;38 él se había puesto en la popa, sobre el cabezal, a dormir. Lo despertaron y le dijeron:

– Maestro, ¿no te importa que perezcamos?

39 Una vez despierto, conminó al viento (y se lo dijo al mar):

– ¡Silencio, estate callado!

Cesó el viento y sobrevino una gran calma. 40 Él les dijo:

– ¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

Comentario

Apenas se oye hablar hoy de la «providencia de Dios». Es un lenguaje que ha ido cayendo en desuso o que se ha convertido en una forma piadosa de considerar ciertos acontecimientos. Sin embargo, creer en el amor providente de Dios es un rasgo básico del cristiano.

Todo brota de una convicción radical. Dios no abandona ni se desentiende de aquellos a quienes crea, sino que sostiene su vida con amor fiel, vigilante y creador. No estamos a merced del azar, el caos o la fatalidad. En el interior de la realidad está Dios, conduciendo nuestro ser hacia el bien.

Esta fe no libera de penas y trabajos, pero arraiga al creyente en una confianza total en Dios, que expulsa el miedo a caer definitivamente bajo las fuerzas del mal. Dios es el Señor último de nuestras vidas. De ahí la invitación de la primera carta de san Pedro: «Descargad en Dios todo agobio, que a él le interesa vuestro bien» (1 Pedro 5,7).

Esto no quiere decir que Dios «intervenga» en nuestra vida como intervienen otras personas o factores. La fe en la Providencia ha caído a veces en descrédito precisamente porque se la ha entendido en sentido intervencionista, como si Dios se entrometiera en nuestras cosas, forzando los acontecimientos o eliminando la libertad humana. No es así. Dios respeta totalmente las decisiones de las personas y la marcha de la historia.

Por eso no se debe decir propiamente que Dios «guía» nuestra vida, sino que ofrece su gracia y su fuerza para que nosotros la orientemos y guiemos hacia nuestro bien. Así, la presencia providente de Dios no lleva a la pasividad o la inhibición, sino a la iniciativa y la creatividad.

No hemos de olvidar por otra parte que, si bien podemos captar signos del amor providente de Dios en experiencias concretas de nuestra vida, su acción permanece siempre inescrutable. Lo que a nosotros hoy nos parece malo puede ser mañana fuente de bien. Nosotros somos incapaces de abarcar la totalidad de nuestra existencia; se nos escapa el sentido final de las cosas; no podemos comprender los acontecimientos en sus últimas consecuencias. Todo queda bajo el signo del amor de Dios, que no olvida a ninguna de sus criaturas.

Desde esta perspectiva adquiere toda su hondura la escena del lago de Tiberíades. En medio de la tormenta, los discípulos ven a Jesús dormido confiadamente en la barca. De su corazón lleno de miedo brota un grito: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?». Jesús, después de contagiar su propia calma al mar y al viento, les dice: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?».

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

Los monjes mártires de Tibhirine, testigos proféticos de un amor ardiente

Monjes de Tibhirine



“Fue hoy hace 25 años, la noche del 21 al 22 de mayo de 1996, cuando los monjes de Tibhirine fueron degollados, convirtiéndose de esta manera en mártires, es decir, en testigos de Cristo”
“La oración de los monjes, su trabajo sencillo en el huerto y la asistencia sanitaria a los habitantes de la zona, era el día a día de la comunidad. Por ello, decidieron quedarse en el monasterio, a pesar de la advertencia de los grupos fundamentalistas”
“En su testamento espiritual, dos años antes del martirio, el Prior, P. Christian-Marie Chergé ya había previsto esta posibilidad de la muerte por Jesucristo. Y en su texto ya había expresado su respeto por el Islam y por el pueblo argelino”
“Los siete monjes mártires de la Trapa de Tibhirine son: el P. Christian-Marie Chergé, el prior, el P. Christophe, maestro de novicios, los PP Bruno y Célestin y los hermanos Luc, Michel y Paul”
“En el silencio y en la oración, acogiendo a sus vecinos y en el servicio a los demás, se han convertido para nuestro mundo, en testigos proféticos”
Por Josep Miquel Bausset

Fue hoy hace 25 años, la noche del 21 al 22 de mayo de 1996, cuando los monjes de Tibhirine fueron degollados, convirtiéndose de esta manera en mártires, es decir, en testigos de Cristo.
Estos siete monjes, de nacionalidad francesa, fueron secuestrados dos meses antes, la noche del 26 al 27 de marzo por el Grupo Islámico Armado (GIA), (aunque existe otra versión) del monasterio de Nuestra Señora del Atlas, en Argelia, un monasterio, cerca de Médéa, a unos 90 quilómetros de Argel, en medio de una zona montañosa, que fue fundado en 1938.
Ya antes del martirio de los siete monjes trapenses, y debido al clima de violencia que vivía el país por el fundamentalismo islámico, se produjeron diversos asesinatos en aquella zona.
Así, el 14 de diciembre de 1993 fueron degollados 12 cristianos. Y el 24 de diciembre siguiente, un grupo armado entró en el monasterio de Tibhirine, exigiendo al Prior, el P. Christian-Marie Chergé, un impuesto revolucionario, así como también llevarse al H. Luc, que era el enfermero. El Prior no accedió a ninguna de las dos peticiones del grupo, ya que, por una parte, los monjes no tenían dinero y por la otra, el H. Luc ya era muy mayor para hacer una travesía por las montañas. Pero el P. Christian-Marie les dijo que los heridos de este grupo armado podían acercase al monasterio, donde serían atendidos por el H. Luc.
Ya antes, los grupos fundamentalistas habían exigido que los extranjeros abandonaran Argelia. Por eso los monjes de Tibhirine oraron y dialogaron comunitariamente sobre si aceptaban esta exigencia de los grupos islamistas para que dejaran el país, o bien se quedaban (sumiendo el riesgo) con la gente de la zona, a la cual atendían sanitariamente, cosa que decidieron hacer.
Los monjes trapenses de Tibhirine formaban una comunidad orante basada en la comunión con Dios, por medio de la oración y de la comunión de los unos con los otros, como hermanos que caminaban juntos. Estos monjes eran también un signo de comunión de la comunidad con sus vecinos e incluso con los no creyentes.
La oración de los monjes, su trabajo sencillo en el huerto y la asistencia sanitaria a los habitantes de la zona, era el día a día de la comunidad. En el silencio y por su servicio humilde a sus vecinos, estos monjes eren queridos por los habitantes de aquella región. Y fue, en buena parte por eso (y también para ser testigos del Evangelio en aquel país) que decidieron quedarse en el monasterio.
La noche del 26 al 27 de marzo de 1996 unos veinte hombres armados se llevaron a los siete monjes que encontraron en el monasterio. El secuestro fue reivindicado por el GIA, que exigía a Francia un intercambio de prisioneros. Como esta condición no fue satisfecha, el 21 de mayo siguiente, hoy hace 25 años, los siete monjes fueron degollados. De esta manera se convirtieron en mártires de reconciliación, de convivencia y de paz, en medio del Islam. Y también en testigos de diálogo entre el Islam y el mundo Occidental.
En su testamento espiritual, dos años antes del martirio, el Prior, P. Christian-Marie Chergé ya había previsto esta posibilidad de la muerte por Jesucristo. Y en su texto ya había expresado su respeto por el Islam y por el pueblo argelino.
Los siete monjes mártires de la Trapa de Tibhirine son: el P. Christian-Marie Chergé, el prior, el P. Christophe, maestro de novicios, los PP Bruno y Célestin y los hermanos Luc, Michel y Paul.
Como ha dicho el P. Josep Mª Soler, Abad de Montserrat, “La búsqueda de Dios que lleva el monje al monasterio y que lo mantiene perseverante, es a causa del amor, del amor a Dios sobre todo, y del amor de Dios hacia nosotros”. Por eso los monjes mártires de Tibhirine son en nuestro mundo, testigos del amor de Dios. Y también signos proféticos, como pedía el papa Francisco a los superiores generales que seamos los religiosos. Signos “capaces de desvelar al mundo y de iluminar el futuro, a pesar de las propias debilidades y del propio pecado” (La Civiltà Cattolica 4 de enero de 2014).
Los monjes de Tibhirine, en el silencio y en la oración, acogiendo a sus vecinos y en el servicio a los demás, se han convertido para nuestro mundo, en testigos proféticos, ya que como nos recordaba el P. Abad Josep Mª Soler, solo lo podemos ser, “si partimos de un amor ardiente a Dios, de una donación generosa a Cristo y de la voluntad de amar, de acoger, de consolar, de tratar de una manera justa a los demás, comenzando por los que tenemos más cerca” (Capítulo 18 de enero de 2014).
El amor a Dios llevó a estos monjes mártires, beatificados el 8 de diciembre de 2018 a comprometerse entre ellos como hermanos en la oración y en el servicio y también a reconocer en los demás a su prójimo, para de esta manera, finalmente, dar la vida por el Evangelio

50 Aniversario del martirio del P. Héctor Gallego

Cincuenta años del martirio del sacerdote Héctor Gallego

Héctor Gallego, https://images.app.goo.gl/QdK6AfUoJ7P3y8tX8

Quiero recordar en esta nota al sacerdote Héctor Gallego, asesinado y desaparecido hace 50 años, un día como hoy, 9 de junio de 1971.
nacido en Salgar-Antioquia, se formó como sacerdote en el Seminario Mayor de Medellín, se fue como misionero, ya antes de su ordenación.
Era el año de 1967 y, después del Vaticano II, había inquietud en la Iglesia latinoamericana y se preparaba la Conferencia de Medellín, la de la opción por los pobres.
La policía lo sacó de su casa, se lo llevaron en un jeep, lo torturaron y lo expulsaron de la tierra de los vivos, nunca más apareció. Eran los tiempos del régimen de Omar Torrijos y Manuel Antonio Noriega era el encargado de la Guardia Nacional.
Sospecho que, debido a un déficit de Espíritu Santo, nuestra Iglesia colombiana, la parroquia de Salgar donde nació, el Seminario de Medellín donde se formó sacerdote, no puedan en esta fecha recordar.
Por | Jairo Alberto Franco Uribe Sigue leyendo

Dgo del Corpus Cristi

Mientras comían, Jesús tomó un pan, lo partió y se lo dio

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

Marcos 14,12-16.22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?” Él envió a dos discípulos, diciéndoles: “Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.” Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo.” Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: “Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.” Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos

Comentario

HACER MEMORIA DE JESÚS

Jesús crea un clima especial en la cena de despedida que comparte con los suyos la víspera de su ejecución. Sabe que es la última. Ya no volverá a sentarse a la mesa con ellos hasta la fiesta final junto al Padre. Quiere dejar bien grabado en su recuerdo lo que ha sido siempre su vida: pasión por Dios y entrega total a todos.

Esa noche lo vive todo con tal intensidad que, al repartirles el pan y distribuirles el vino, les viene a decir estas palabras memorables: «Así soy yo. Os doy mi vida entera. Mirad: este pan es mi cuerpo roto por vosotros; este vino es mi sangre derramada por todos. No me olvidéis nunca. Haced esto en memoria mía. Recordadme así: totalmente entregado a vosotros. Esto alimentará vuestras vidas».

Para Jesús es el momento de la verdad. En esa cena se reafirma en su decisión de ir hasta el final en su fidelidad al proyecto de Dios. Seguirá siempre del lado de los débiles, morirá enfrentándose a quienes desean otra religión y otro Dios olvidado del sufrimiento de la gente. Dará su vida sin pensar en sí mismo. Confía en el Padre. Lo dejará todo en sus manos.

Celebrar la eucaristía es hacer memoria de este Jesús, grabando dentro de nosotros cómo vivió él hasta el final. Reafirmarnos en nuestra opción por vivir siguiendo sus pasos. Tomar en nuestras manos nuestra vida para intentar vivirla hasta las últimas consecuencias.

Celebrar la eucaristía es, sobre todo, decir como él: «Esta vida mía no la quiero guardar exclusivamente para mí. No la quiero acaparar solo para mi propio interés. Quiero pasar por esta tierra reproduciendo en mí algo de lo que él vivió. Sin encerrarme en mi egoísmo; contribuyendo desde mi entorno y mi pequeñez a hacer un mundo más humano».

Es fácil hacer de la eucaristía otra cosa muy distinta de lo que es. Basta con ir a misa a cumplir una obligación, olvidando lo que Jesús vivió en la última cena. Basta con comulgar pensando solo en nuestro bienestar interior. Basta con salir de la iglesia sin decidirnos nunca a vivir de manera más entregada.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

María Correa, defensora de los indígenas y profeta de la denuncia

María Correa, nació el 19 de septiembre de 1940. Era una religiosa paraguaya de las Franciscanas Misioneras de María. Fue defensora de los indígenas Mby’a y profeta de la denuncia en su tierra paraguaya.

Acompañaba a los Mbyá-Guaraní, en la defensa de sus tierras y cultura. Los Mbyá-Guaraní son una etnia de los diversos Guaraní, y están dispersos por Paraguay, Argentina y varios Estados del Brasil.Al referirse a los Mby’a, con quienes trabajó por muchos años, escribió que:“A los indígenas no necesito hablarles de Dios, ellos me hablan de El… Aprendimos de la cultura Mby’a su relación reverente con el Padre Creador, su solidaridad y su respeto por la naturaleza”.

María Correa pertenecía a la Pastoral indígena, en el departamento de Caazapá, distrito de Tavaí, desde el año 1985, hasta el día de su muerte. Realizó los primeros contactos con los indígenas Mbya- Guaraní, como ella misma decía porque: “descubrió a los más pobres entre los más pobres” y así hizo opción preferencial por ellos.

Su labor era la de dedicarse plenamente al servicio de las personas sobre todo en temas de salud, pequeña agricultura y educación.

Los que la conocieron de cerca señalan que María era de fe profunda, sincera, transparente y firme en sus convicciones, aunque respetuosa del otro, del diferente. En el trabajo pastoral se acercaba siempre a los marginados.

María fue, ante todo, una mujer de opciones radicales, de entrega sin reservas, infatigable en su lucha para que los indígenas recuperen un pedazo de sus antiguos territorios. Trataba de fortalecer las comunidades para mejorar su calidad de vida, denunciaba el acoso de las empresas madereras que talan los bosques.

Para eso se hacía asesorar por profesionales, asistía a reuniones zonales, regionales, nacionales. Caminaba hasta 60 kilómetros, cruzando esteros, arroyos profundos y selvas cerradas para estar junto a las comunidades indígenas. Mantenía un diálogo respetuoso con el ellos: “Ahora sé por experiencia, decía, que la evangelización es recíproca y que nosotras no somos las salvadoras”.

Murió en Asunción, donde realizaba gestiones para las comunidades Mbyá, el 30 de mayo de 1994, atropellada por un ómnibus en la vía pública. Ella sigue viviendo en la selva que amaba y en el corazón de cada indígena

 | Jesús Herrero Estefanía