La lógica deshumana del capitalismo

«El tratamiento a los mayores nos da una imagen de la lógica deshumana del capitalismo»

Naiz [Foto: la escritora Silvia Federici

Por Maddi Txintxurreta 

Es marxista con muchos ‘peros’ y feminista sin duda alguna. Dice que le gusta «explicar» y son muchas y muchos quienes la escuchan. Con ‘Calibán y la bruja’ como su obra clave, Silvia Federici es una referente del feminismo.

Silvia Federici (Parma, Italia, 1942) llega a Iruñea invitada por Katakrak. Pende de sus ojos el peso de una mirada prospectora desviada de lo común –vuelta hacia los comunes– y hojea los títulos que llevan su firma y que Katakrak ha colocado en una mesa aparte. «¿Puedo llevarme una copia de este?» pregunta a la responsable del espacio cultural, y esta le responde con un «claro» tan evidente que parece que piensa: «¡Si es suyo!»

Ochenta años atraviesan sus palabras y su cuerpo y no puede dejar de mirar a la historia para leer el mundo actual: lo piensa, mastica y devuelve comprensible a sus lectoras. Recurre y regresa a menudo a las luchas feministas de la década de 1970 en Estados Unidos, como si intuyera que si hace cincuenta años no hubiera estado allí, no estaría en Iruñea un día de octubre del 2022 presentando ‘Ir más allá de la piel’.

Viene a Katakrak a presentar ‘Ir más allá de la piel’. En esta obra aterriza su pensamiento al mundo actual, al capitalismo contemporáneo. Teniendo en cuenta que vivimos una época de constantes cambios, a usted, como escritora, ¿le supone alguna dificultad pensar e interpretar la época actual?

¡Al contrario! Todos mis libros llegan hasta la experiencia contemporánea, a pesar de que siempre tengo una perspectiva histórica, porque el pasado para mí no es pasado, no es algo que ha muerto: vive en el presente. Nunca podría analizar el presente olvidándome del pasado. La clave es comprender el cambio social, comprender cómo las estructuras que son históricas todavía se transforman. El capitalismo tiene una historia de más de cinco siglos y en cada fase histórica se cambia, se vuelve en respuesta a las luchas, a los cambios económicos, a las crisis… pero la experiencia actual es fundamental.

En sus trabajos sostiene que las mujeres son el principal motor para la producción capitalista; antes de los 70 porque se dedicaban de manera gratuita a los trabajos reproductivos y, después, con su entrada en el mercado laboral, porque son ellas las que soportan las peores condiciones laborales, además de que siguen con el trabajo reproductivo gratuito.

Sí, cualquier tipo de trabajo, las mujeres lo hacen. Hacen el trabajo de reproducción, que incluye el trabajo del campo, de la agricultura o de la sanidad. También el trabajo extradoméstico, en las oficinas, en las fábricas, el trabajo industrial. En Bangladesh, en México a la frontera con Estados Unidos, en las llamadas zonas de libre comercio, hay formas de explotación del trabajo de la mujer similares a la esclavitud. Por eso, hoy las mujeres son las protagonistas del desarrollo. Y creo que siempre ha sido así.

¿No le parece que esta situación de vulnerabilidad les ofrece al mismo tiempo un gran poder, en cuanto las necesita el capital?

Claro, el trabajo de la mujer ha sido la fuerza que ha permitido relanzar una nueva fase del desarrollo. Por eso mismo las mujeres son las protagonistas de muchísimas luchas sociales, empezando por la lucha sobre la reproducción y la lucha contra la destrucción de la naturaleza. En muchos lugares de África y América Latina vemos que las mujeres están en primera línea contra la deforestación, contra la política del extractivismo, la minería, la extracción petrolera… porque se dan cuenta de que la destrucción de la naturaleza es la destrucción de la vida, de la comunidad. Y saben que aunque estas empresas pueden traer salarios para los jóvenes, destruyen a la comunidad la posibilidad de reproducirse.

Participó en la campaña ‘Salario para el trabajo doméstico’ en los años 70. La falta de salario convierte a las mujeres en dependientes y domésticas, sin embargo, el salario es uno de los mayores mecanismos de control del capital. ¿Cuál debe ser el punto de encuentro entre el trabajo de hogar y de cuidados y el salario para que no suponga una dependencia esclava de los hombres ni del capital?

Sí, pero voy a agregar: solamente se dice que el salario es una medida de control cuando se habla de las mujeres y del trabajo de hogar. No se dice que es una medida de control cuando se habla de los salarios de los profesores o de los salarios de los obreros industriales. Si es verdad que luchar por un salario reproduce el capital, ¿porqué no creamos los mismos discursos en relación a todos los trabajadores asalariados? ¿Qué vamos a proponer? ¿Que todos trabajen sin salarios?

El discurso por el salario en el trabajo doméstico era una estrategia de un momento concreto para liberar las mujeres de la dependencia de los hombres, para visibilizar que lo doméstico es un trabajo, un trabajo que produce capital y sustenta cualquier actividad productiva. Porque aunque no produce coches, produce trabajadores para generaciones futuras. Por ello, pedir un salario era una forma de abrir una vía de contacto y negociación entre mujeres y capital. En los años 70, la relación mujeres-capital era mediada por los hombres. Entonces, el salario no era el fin, nunca lo propusimos como tal, sino una estrategia para cambiar la relación de poder entre mujeres-hombres, mujeres-estado y mujeres-capital. Y a partir de esta posición empezar un nuevo ciclo de lucha.

En ‘Calibán y la bruja’ determinó que el capitalismo ha transformado los cuerpos en máquinas de trabajo y sostiene que las mujeres sufren una doble mecanización, productiva y reproductiva. ¿La implicación de los hombres en el trabajo de hogar y de los cuidados ayudaría a resolver esta situación?

¡Claro! Pero dos cosas: lo primero, esto no cambiaría la condición de este trabajo. El problema sigue siendo que este trabajo está desvalorizado, no está remunerado y no da acceso a beneficios como pensiones o un seguro de salud. Compartir el trabajo con los hombres es un paso. Pero lo más importante de todo es responsabilizar al Estado. Hemos visto en las luchas en torno al trabajo doméstico que la dificultad de compartir el trabajo con los hombres no es solamente la falta de voluntad de los varones, que es tanta, es también que la organización actual del trabajo y de los salarios provoque que sea mejor que el varón trabaje fuera de casa, porque su salario es mayor. Entonces, además de compartir, se necesita un cambio de la organización del trabajo asalariado.

En Euskal Herria, algunos sindicatos y partidos llevan tiempo reivindicando un sistema público de cuidados. ¿Cree que esto podría ser efectivo contra la crisis de los cuidados?

Claro que el Estado se debe responsabilizar. Aunque yo soy crítica con lo que dicen, porque el Estado debe responsabilizarse sin establecer un sistema de control y la comunidad debe decidir qué servicios nos va a dar el Estado. Soy contraria a que el Estado organice, debemos ser partícipes. Siempre he dicho que estos discursos de los comunes, los entramados comunitarios, las asambleas vecinales, son necesarios para cambiar nuestra relación con lo público. Porque hoy el Estado es neoliberal y no tiene ningún interés en reproducir nuestra vida. Nos ofrecen la sanidad para que volvamos a trabajar lo antes posible, nos ofrecen servicios, lo más baratos que pueden. Entonces, necesitamos una lucha desde abajo y esto significa que la comunidad debe organizarse y relacionarse con quienes trabajan en los servicios públicos. No es suficiente abrir las ventanas y aplaudir a las enfermeras, tenemos que encontrarnos con ellas y decidir qué necesitamos, qué podemos hacer.

«Cuando hablamos de trabajadores es necesario tener en cuenta la diversidad y saber que aún así podemos pensar en formas de lucha conjuntas. Se trata de pensar cómo juntarnos de manera que los que tienen más privilegios no sean los que dominen la lucha. Es una cuestión de organización»

El cuerpo cambia, envejece, se vuelve inservible en la lógica capitalista y se deshecha. ¿Cómo debemos resignificar, recuperar, ‘reciclar’ estos cuerpos?

Cuando pensamos en la condición de los mayores hoy, vemos verdaderamente la violencia de esta sociedad capitalista y cómo destruye a las personas. En muchas sociedades precapitalistas, y pienso sobre todo en las comunidades indígenas de Norte América, los mayores eran los guías, también las mujeres mayores. Tenían la sabiduría y la experiencia, la memoria colectiva del pueblo. Tomaban las decisiones. Ahora los mayores son los tontos, no son productivos, pesan, dan problemas a las familias, son una carga. Vivimos una desvalorización de los mayores y se desvaloriza la reproducción. Y todavía el capitalismo privilegia, en el contexto de esta desvalorización general, la infancia, porque de ahí vienen los futuros trabajadores. Así que los mayores se pueden desechar como basura.

Hemos visto con el covid-19 en Estados Unidos que muchos de los mayores que murieron estaban en los centros públicos financiados por el Estado. Pero la crisis de estos centros era precedente al covid-19, porque en estos centros se han cortado los fondos, el personal, así que dejan a los mayores durante horas en sus camas. El tratamiento a los mayores nos da una imagen de la lógica deshumana de esta sociedad capitalista.

Algunas voces que se declaran feministas defienden el sentido más biologicista del cuerpo y reprochan tanto al movimiento queer como al transfeminismo que vacían de contenido la categoría mujer, que «borran» a las mujeres. ¿Qué opinión le merece esto?

Creo que hay problemas en ambos lados. Yo vengo de una lucha que surgió en los años 70, cuando el feminismo criticó la concepción del capitalismo sobre la mujer. Siempre hemos subrayado que mujer no es un concepto biológico. Pero la mujer es importante como sujeto político, porque mujer, en la historia de la sociedad capitalista, ha significado toda una organización particular de la explotación y del trabajo. Y todo un tipo de lucha contra la discriminación.

Es cierto que el feminismo siempre ha tenido más conciencia de las diversidades. Pero lo mismo pasa con los trabajadores, ¿no? ¿Vamos a desechar la condición del trabajador explotado porque un trabajador no es lo mismo en el País Vasco o en España, o en África? Claro que la categoría del trabajador explotado es importante para comprender la lucha en la historia del capitalismo. Y, a pesar de ello, la categoría del trabajador explotado incluye una gran variedad. ¿Porqué se responsabiliza de la diversidad solamente al movimiento feminista? ¿Porqué no se le pide lo mismo al movimiento de los trabajadores?

Cuando hablamos de trabajadores es necesario tener en cuenta la diversidad y saber que aún así podemos pensar en formas de lucha conjuntas. Se trata de pensar cómo juntarnos de manera que los que tienen más privilegios no sean los que dominen la lucha. Es una cuestión de organización.

Pero, como defiende la teoría interseccional, la relación entre opresor y oprimido es coyuntural y esto puede general tensiones.

Verás, en los años 70, a partir del movimiento del Poder Negro, hubo una discusión muy interesante. Trataba de la diferencia entre autonomía y separatismo, porque había una parte del movimiento negro a favor del separatismo, de una forma de organización sin blancos. La autonomía, sin embargo, significa poder decidir, tener espacios sin personas blancas, pero a pesar de ello poder juntarnos en las luchas donde tenemos intereses comunes decidiendo cuándo, dónde y de qué forma.

Este discurso también se ha tratado en el movimiento feminista. Las separatistas decían ‘nada de trabajo con los hombres. Vamos a crear comunidades de mujeres, vamos a crear una cultura exclusivamente de mujeres, porque la relaciones con los hombres son siempre de dominación’. Por otro lado, y yo me posiciono en este lado, hay mujeres que dicen que no, porque los hombres también son explotados.

En ‘Calibán y la bruja’ hablo de acumulación de diferencias, acumulación de jerarquías: el capitalismo, cada vez, en cada fase de desarrollo, no deconstruye estas divisiones. Es así, dividiéndonos, haciendo que peleemos unos con otros, como ha podido perpetuarse. El discurso no debe ser que nunca nos podemos encontrar con los hombres, sino que tenemos nuestra autonomía y capacidad de decidir, que nos organizamos como mujeres y no incluimos hombres en nuestra organización. Y vamos a decidir en qué espacios y cómo participarán los hombres.

Defiende en ‘Reencantar el mundo. El feminismo y la política de los comunes’ la vida comunal libre de relaciones productivas. ¿Cómo podemos imaginar los comunes?

Yo hablo de la necesidad de las relaciones comunales hoy, en una sociedad donde en cualquier parte estamos circundados, circundadas, por la relación capitalista. Entonces, la concepción de los comunes hoy no es una concepción final. Pero podemos pensar en lo comunal, sea en el marco de las relaciones sociales, de compartir los bienes, pero sobre todo como un principio de organización social que se puede y se debe aplicar a cualquier aspecto de nuestras vidas. Por ejemplo, compartiendo la riqueza natural y la riqueza que se produce o colaborando en la reproducción de la vida, etcétera. También en la justicia. Decir no a las cárceles, no a la Policía y pensar en la justicia de forma comunal. Hay varios ejemplos en el seno de las comunidades indígenas, porque ellos tienen otros sistemas, como el sistema restaurativo, y podemos valorar si pueden inspirarnos.

Esto, por ello, es un principio de organización social para crear una sociedad que no esté fundada en la explotación ni en la competencia, sino en la colaboración. Y, sobre todo, bajo el principio de responsabilizarnos; de todo, no solamente de nuestras vidas individuales, también de la vida de la comunidad. Responsabilizarnos también de la reproducción de la riqueza que usamos.

Las comunidades indígenas nos dan una lección, pues ellos decían: ‘Debemos dar a la naturaleza para que las próximas generaciones la puedan usar’. Así, no solamente hay que consumir, buscar y traer, también se debe reproducir. Eso es lo que te hace miembro de una comunidad. Porque el miembro de una comunidad no es la persona que llega y toma, es alguien que se responsabiliza de los otros, de las otras, y de la medida de reproducción.

Para mí, lo comunitario es una forma de crear más resistencia, de fortalecer nuestra resistencia hacia el Estado y al capital. Es, también, un terreno para la experimentación. Necesitamos experimentar, la sociedad que queremos construir no se va a construir en un momento. Se va a construir a través de un largo proceso de lucha, que debe ser también un proceso de experimentación para lograr nuevas formas de autogobierno. Ahora no somos capaces de gobernarnos sin el Estado, porque hemos interiorizado esta dependencia. Por ello, necesitamos un proceso de liberación y, para mí, el común es eso.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/especial/20221114/el-tratamiento-a-los-mayores-nos-da-una-imagen-de-la-logica-deshumana-del-capitalismo

El programa «El Lago»

Dolors Ribes: “A partir de los 60, el reto es mantener una actitud positiva frente a la vida”

La coordinadora del programa ‘El Lago’, para religiosas y laicas, reflexiona desde la fe sobre los anhelos que surgen a la edad de la jubilación

Profundizar en las preguntas más difíciles sobre la vida es una característica del ser humano que se acentúa, o, al menos, cobra mayor protagonismo al llegar a la tercera edad. Ante esto, y con el afán de ofrecer una reflexión, desde la fe, al momento vital que se abre a partir de los 60 años, Ruaj Vedruna organiza una nueva edición del programa ‘El Lago’, orientado a mujeres, laicas y religiosas. Vida Nueva profundiza sobre ello con Dolors Ribes, coordinadora del programa.

PREGUNTA.- ¿Cómo es el momento vital que empieza a partir de los 60?

RESPUESTA.- En torno a los 60-65 años se inicia una nueva etapa. Es a partir de ese momento, cuando vamos viendo como, por circunstancias de la vida, en ocasiones se producen importantes cambios en el ámbito laboral en el que nos movemos. Para otras personas, los cambios vienen dados en relación a su salud, que hace que tengan que replantearse algunos aspectos de la vida.

También se da, sin cambios físicos importantes o de trabajo, cuando llega un momento vital en que las personas se plantean preguntas de difícil respuesta y que entienden necesitan profundizar en ellas, aprovechando, por ejemplo, un curso de formación como el que se ofrece. La persona debe hacer frente a distintas situaciones y a veces no dispone de herramientas suficientes para afrontarlas. El reto es mantener una actitud positiva frente a la vida y a los cambios que se avecinan.

Después de tantos años de permanencia en la entrega, vida laboral, familiar, se recoge el fruto de una mayor gratuidad y libertad interior. Para las personas creyentes son unos años decisivos para reactivar el seguimiento de Jesús y cultivar el sentido de misión a fin de mantener una presencia evangelizadora, en cualquiera que sea su opción de vida.

P.- ¿Se vive de forma diferente este momento siendo religiosa que siendo laica?

R.- Tiene sus matices, pero hay muchos puntos en común. Puede ser el momento en que se deja el activo laboral o de ceder responsabilidades en el ámbito en el que se trabaja y se entra en otra modalidad de trabajo/acción. Esto tiene su complejidad. Se producen cambios importantes en la vida de la persona. Son experiencias que obligan a plantearse la propia existencia como plenitud o como fracaso.

Se puede experimentar, de alguna manera, un vacío interior (las cosas van adelante con otros, los hijos se han emancipado y viven sus vidas, ya no somos imprescindibles). En esta situación pueden buscarse formas de compensarlo constructivas o saludables.

Se puede vivir este nuevo tiempo como una oportunidad de servicio gratuito sin tener que ajustarse a un horario laboral. Por ejemplo, en la familia el cuidado de hijos nietos, padres de edad avanzada, implicarse a fondo en voluntariados,etc.

En definitiva, se abren nuevos horizontes y es momento de hacerse nuevos planteamientos. Existe la posibilidad de profundizar en la formación, y también desplegarse en alguna actividad que nos gusta y a la que hasta ese momento no era posible dedicar tiempo…

P.- ¿Qué papel tiene la fe en este momento de la vida?

R.- En este tiempo ya cercano a la jubilación o el cese de la actividad laboral, o ya inmersas en ella, la persona se percibe más integrada. El Dios que se le revela es un Dios de cercanía y misericordia, aun en medio de la oscuridad. Es un Dios que invita más que a hacer, a abandonarse y dejarse hacer por Él. Desde su ser creyente es un Dios que nos sigue llamando a la misión, a profundizar en las raíces creyentes que nos sustentan.

P.- En las semanas abordan desde el papel de algunos iconos bíblicos hasta el cuidado corporal ¿por qué son importantes estos aspectos?

R.- Porque la mayoría de las personas de esta edad, al estar tan implicadas en sus responsabilidades profesionales o familiares, no han tenido oportunidad a veces, para ahondar en una formación suficientemente actualizada en temas básicos de Teología, Psicología de la mujer en esta etapa, Realidad mundial, Vida creyente, Palabra de Dios.

Al poder abordar estos temas desde las diferentes áreas troncales, podemos resituarnos en esta nueva etapa con un horizonte más amplio y con más seguridad, para mantener una presencia evangelizadora y una vida más plena. Sí, es una formación integral que busca posibilitar que la persona profundice en su vida toda teniendo en cuenta el cuerpo, la mente y el espíritu.

¿Qué horizontes se me abren?

P.- En estos años ¿qué preguntas y anhelos han detectado en quienes accedían al programa?

R.- Las preguntas que se hacen las participantes son algunas como las siguientes: “Hasta ahora tenía muchas responsabilidades y trabajos pero ahora que eso ya ha acabado ¿cómo situarme? ¿Sabré encontrar ritmo a esta nueva etapa? ¿Qué horizontes se me abren? ¿Cómo canalizar toda la vida y energía que tengo a favor de los demás, del Reino?”

Y en cuanto a los anhelos, escuchamos entre otros, el “seguir ofreciendo esta vida que se siente palpitar, pero no se sabe muy bien cómo hacerlo. Las personas que ya habían iniciado pequeños voluntariados, aun en medio de sus trabajos, desean hacerlo a pleno pulmón. Está la búsqueda de un tiempo amplio de formación, actualización. Y el descubrir nuevos horizontes y relacionarse con otras personas creyentes, que se encuentran en esta misma etapa.

P.- ¿En qué situación estaban al acabar?

R.- Bastantes mujeres participantes del Lago llegan a valorar la Formación Permanente en dinámica de proceso. Un proceso que dura toda la vida, y cómo no esta etapa también, y propicia personalizar la gestión de la propia vida y alimentar la fe recibida de Dios y acogida por cada una.

Expresaron en la evaluación su estar contentas y agradecidas de que exista un programa de acompañamiento para mujeres en esta etapa, religiosas de diversas congregaciones y laicas vinculadas a diferentes carismas.

Estas mujeres se toman muy en serio la tarea de acompañarse mutuamente, siendo acompañantes y acompañadas. Existe la cultura de que la misión dura toda la vida, que no se acaba con la jubilación. Las mujeres se implican activamente en nuevas tareas de misión en el voluntariado y se preocupan de conocer y abrirse a nuevas posibilidades. Desarrollan una actividad importante y ésta es reconocida y celebrada en las provincias de las diversas congregaciones, en el caso de las religiosas.

Amplían sus horizontes y valoran la comunidad interprovincial e intercongregacional. Valoran la apertura a otros y otras, el diálogo inter como actitud de comunicación y encuentro. Se amplían las redes por la relación con otras mujeres de distintos lugares.

Viven su vocación con más calidad humana y espiritual, se hacen planteamientos importantes, toman decisiones en dinámica de discernimiento sobre modos y maneras de seguir entregando la vida en su edad y circunstancias concretas.

Varias de las participantes, a partir de ‘El Lago’ se animan a vivir experiencias apostólicas –por un tiempo– en latitudes diferentes a las de su entorno habitual.

Realmente desde el equipo RUAJ que anima el programa, en colaboración con el equipo de formación Vedruna Europa, constatamos que tras siete ediciones, casi 25 años de programa, cuyos contenidos hemos ido actualizando, han pasado por EL LAGO 350 participantes de diferentes congregaciones y nos han dado testimonio de cómo la vida se vive en proceso y en misión, hasta el final de nuestros días. Hoy vemos importante ofrecer esta oportunidad a la participación de mujeres laicas que viven la misión y se plantean entrar en procesos formativos como este

«Monólogos de la Vida Misma»

San Juan de Dios planta cara a la soledad de las personas mayores

La campaña nacional de sensibilización ‘Monólogos de La Vida Misma’ ofrece propuestas para combatir el aislamiento y exclusión social de los ancianos

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha presentado la campaña nacional de sensibilización ‘Monólogos de La Vida Misma’, que da voz a las personas mayores y la situación de soledad no deseada, aislamiento y exclusión social en que viven muchas de ellas, animándonos a realizar pequeños gestos que pueden cambiar esta realidad.


“La soledad no deseada es una de las caras más dolorosas y no siempre reconocidas de la vulnerabilidad”, afirmó Juan José Afonso, director general de San Juan de Dios en España, quien destacó que esta campaña es un llamamiento a la sociedad. “Con esta iniciativa hacemos público algo que está en nuestro ADN y que cada día se lleva a cabo en cada centro de San Juan de Dios, de manera íntima y callada: reconocer a la persona vulnerable y situarla en el centro de todo, con mucha responsabilidad, con todo el respeto y, sobre todo, ofreciéndole nuestra hospitalidad sin reservas”.

En el acto de presentación, que ha tenido lugar en Granada, la ciudad donde nació la institución hace casi 500 años, han intervenido Carmen, Emilio y Lola, tres personas mayores que han compartido sus vivencias. Sus testimonios han sido grabados en vídeo y pueden verse en los canales de la campaña, mostrando la importancia del intercambio generacional y de los pequeños gestos. Compartir una café, un paseo, una conversación… algo tan sencillo como eso puede suponer un cambio radical en el día a día de las personas que sufren soledad no deseada.

Desesperanza y desamparo

Zapata Tenor, cantante de ópera y monologuista, es embajador de la campaña y ha ejercido de maestro de ceremonias en la presentación. El artista considera la campaña absolutamente necesaria, porque estas personas mayores “no solo se sienten solas, sino que viven una soledad real, ya que pasan muchas horas y muchos días sin hablar con nadie, sin compañía…”.

Diana Casellas, responsable del Área de Sensibilización de San Juan de Dios en España, recordó que “la crisis provocada por la Covid-19 y sus consecuencias han puesto de relieve la necesidad de hacer crecer la conciencia ciudadana hacia el colectivo de personas mayores”. Además, explicó que la soledad no deseada ha aumentado notablemente en los últimos años, y no sólo afecta al bienestar psicológico de las personas, sino que se asocia a peores niveles de salud y mayor riesgo de mortalidad.

Es también uno de los principales factores de riesgo de maltrato hacia las personas mayores. En la jornada se celebró una mesa redonda en la que intervino Isabel Ródenas, médica especialista en Geriatría del Hospital San Rafael de Granada y vocal de la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología, y describió la soledad no deseada como “un sentimiento de desesperanza, de tristeza y de desamparo que lo vemos frecuente, no solo en los mayores sino en personas jóvenes y de mediana edad. Es un problema social importante que además tiene consecuencias sobre la salud física y cognitiva”.

Papel del voluntariado

También participó Jordi Ramón, enfermero especialista en salud mental del Parc Sanitari Sant Joan de Déu e impulsor de una investigación sobre soledad no deseada en personas mayores. En su estudio, detectó que ante el contexto de ansiedad, depresión y distimia en que se encontraron a muchos de los pacientes mayores de 65 años, el abordaje sanitario era un aumento de fármacos para tratarlos.

En este contexto, Jordi Ramón y su equipo pusieron en marcha espacios comunitarios en centros cívicos y otros espacios para fomentar las relaciones de las personas mayores con el resto del barrio o vecindario, quedando demostrado que “la soledad no deseada no es un problema sanitario sino social, por este motivo es importante abordarlo desde este punto de vista social-comunitario”.

Por último, Paloma Pérez, responsable de solidaridad del Hospital San Juan de Dios de Sevilla y técnica del programa de acompañamiento de mayores, resaltó la labor del voluntariado. Una figura que cobra una especial relevancia en este ámbito. San Juan de Dios cuenta con más de 4.500 personas voluntarias, de las cuales un 22% está vinculado al ámbito de las personas mayores

La alianza de ancianos y niños

“La alianza de ancianos y niños salvará a la familia humana”, clama Francisco en la audiencia general

El pontífice continúa su ciclo que catequesis sobre la ancianidad en la audiencia general de los miércoles

Un miércoles más el papa Francisco ha retomado su ciclo de catequesis sobre la ancianidad. Lo ha hecho a partir de las 9:00 h. de la mañana en la audiencia general que durante el mes de agosto se celebra en el Aula Pablo VI. El tema de la nueva meditación ha estado inspirado por un texto del libro de Daniel, “El ‘Anciano de los Días’. La vejez reafirma el destino a la vida que ya no muere”.

Un Dios anciano

Comentando la profecía, el Papa ha tratado de presentar “el ciclo de la vida, el tiempo de la historia, el señorío de Dios sobre el mundo creado. Y este aspecto tiene que ver precisamente con la vejez”. Y es que en la visión aparece un anciano, que en términos bíblicos se definen con la palabra ‘barba’. “El cabello blanco como la nieve es el símbolo antiguo de un tiempo muy largo, de un pasado inmemorial, de una existencia eterna. No hay que desmitificar todo con los niños: la imagen de un Dios anciano con el pelo blanco como la nieve no es un símbolo tonto, es una imagen bíblica, noble e incluso tierna”.

Para el Papa, la imagen profética del ‘Anciano de los Días’ es “tan antigua y nueva como la eternidad de Dios”. Por ello destaca la profecía de los ancianos Simeón y Ana en la presentación de Jesús en el templo. “El Verbo eterno del Padre, habiendo asumido un principio temporal, sin dejar su divinidad, es presentado por su voluntad al templo de la Ley por la Virgen Madre, y el vigilante lo toma en sus brazos”, dice un himno bizantino citado por el pontífice que relacionó con el hecho de Simeón de “presentar a los niños que vienen al mundo como un don ininterrumpido de Dios, sabiendo que uno de ellos es el Hijo engendrado en la misma intimidad de Dios, antes de todos los siglos”.

Testimonio auténtico

Para Francisco, “la vejez debe dar testimonio a los hijos de su bendición: consiste en su iniciación –bella y difícil– en el misterio de un destino a la vida que nadie puede aniquilar. Ni siquiera la muerte”. Bergoglio recordó que “el testimonio de los ancianos es creíble para los niños: los jóvenes y los adultos no son capaces de hacerlo tan auténtico, tan tierno, tan conmovedor, como los ancianos”. “Cuando la persona mayor bendice la vida que le llega, dejando de lado todo resentimiento por la vida que se va, es irresistible. El testimonio de los ancianos une las edades de la vida y las propias dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro”, reclamó.

El pontífice lamentó que “es doloroso –y perjudicial– ver las edades de la vida concebidas como mundos separados y en competencia, cada uno de los cuales trata de vivir a expensas del otro”. De Dios, añadió, “nadie queda fuera de su generación eterna, de su poder maravilloso, de su cercanía amorosa”.

“Estamos delante del misterio de la eternidad de Dios: conviven lo antiguo y lo nuevo”, añadió Francisco en español. “El testimonio de los ancianos es un don auténtico, una verdadera bendición para los niños. La alianza de los mayores con los más pequeños salvará la familia humana. Las etapas de la vida no son mundos separados que compiten entre sí, sino más bien son una alianza que une pasado, presente y futuro, dándole a la humanidad fuerza y belleza”.

Envejecer en paz

Colombia se une a la Jornada mundial de los abuelos
por Trinidad Ried 

  

Desde los 25 años, un poco más o un poco menos, comienza la vejez a iniciar su proceso, aunque creamos que estamos en la flor de la juventud por la eternidad. Tarde o temprano, aunque nuestra mente y alma nos digan lo contrario, el tiempo pasa y comenzamos a perder capacidades y a ganar sabiduría, si es que lo vivimos previendo una reserva humana y una identidad flexible que nos permitan transitar por el camino con alegría y con paz. Al contrario de esta propuesta, hoy pareciera que el mundo le tiene alergia a la ancianidad. El problema es que se la ve solo desde la perspectiva del rendimiento, del consumo y deterioro psíquico, social y biológico, y no toma en cuenta el tesoro que esconde y su fecundidad. Así son muchos los que ven la vejez como un ocaso estático, igual para todos, e invierten fortunas de dinero y tiempo en tratar de detener un reloj que nada ni nadie, hasta ahora, puede parar.

Algunas aclaraciones para comenzar

Todos los mayores de 25 debemos tener claro que no existe una vejez, sino vejeces, de acuerdo con un yo subjetivo y complejo, y también cómo es la relación con su entorno y su condición social. Ser viejo es una realidad creciente y, en vez de verlo como una pandemia sin cura, podemos, desde ya, vivir nuestra vida para tener una buena ancianidad y muerte final. También podemos mirar con otros ojos a los que ya están más avanzados en el camino y que muchas veces padecen discriminación, maltrato o se les quita su participación, como si fuesen niños en vez de “maestros de humanidad”.

Capitalizar reserva humana es el resultado de las decisiones, acciones y omisiones que hagamos desde nuestra más tierna edad; nadie se hace viejo de un día para otro, sino que es un continuo en el vivir y que concierne a cada paso que podamos dar para construir una y mil veces nuestra identidad. Finalmente, el tema de quiénes somos, quiénes éramos y quiénes podemos seguir siendo va a ser la cuestión radical en la medida que vamos experimentando cambios, reconociendo o no nuestros límites y adaptándonos a la nueva versión que nos muestra el espejo y la realidad.

La reserva es un conjunto de factores preventivos a nivel físico, cognitivo, emocional y espiritual que pueden promoverse, cuidarse y trabajar conscientemente y que no se reducen a lo físico ni a ejercitar la memoria un poco más. Se trata de ser personas abiertas, interesadas, con capacidad funcional para seguir siendo quienes somos, pero integrando la transformación en forma natural y gradual.

El yo complejo en relación con los demás

No todo dependerá exclusivamente de nuestra voluntad; somos seres relacionales y los demás y el entorno ejercen una importante influencia en nuestra identidad, autopercepción y autonomía para decidir quiénes somos en cada oportunidad. Personas con el ego muy grande, incapaces de aceptar con humildad los cambios, serán incapaces de desprenderse de la juventud, del poder, del rol que ejercían, de vínculos o de posesiones materiales, y serán viejos/as amargados, tacaños y cero aporte para los demás.

Lo mismo sucede con los que, desde su juventud, no se hacen respetar en su dignidad porque tienen una autoestima muy dañada, ya que serán los ancianos “carga y víctima” a los que muchos le arrancan en la actualidad. Se trata, por lo tanto, de ser personas mayores, protagonistas de la vida, con un ego regulado de modo que pueda ir perdiendo “algunas cosas”, pero compensándolas con otras que yacen ocultas a la mayoría y que son un privilegio real. Esos “viejos” son una fuente de experiencia, humor y amor que hoy escasea y que todos necesitamos degustar. Son una veta de oro que hoy debemos rescatar y hacer brillar por el bien de toda la humanidad.

Miremos a los tesoros de la adultez mayor. Desprenderse de lo más mundano va aligerando la carga corporal, material y psíquica, porque se aprende a mirar con ojos “más templados” y “amorosos” todo lo que sucede, sin dramatizar ni caer en la “terribilitis” tan habitual en la juventud. Así también, si ha cultivado sus vínculos, si ha diversificado sus intereses, si se ha posicionado bien en torno a la vulnerabilidad, la humildad y la misma muerte, si ha aprendido a escuchar y contemplar más que hablar y liderar, si ha aprendido nuevos modos de hacer y ser en lo cotidiano, si ha cuidado su mente y su cuerpo en forma razonable, la persona reforzará su reserva espiritual, su resiliencia y la capacidad de darse con gratuidad. La adultez bien vivida nos abre a la solidaridad, al bien común, al encuentro intergeneracional, a lo trascendente y a Dios/amor en cada respirar.

Que la muerte nos pille vivos

Hoy, lamentablemente, hay muchos que más parecen zombis persiguiendo en forma autómata dinero, pieles tersas, fama y una posición social. Lejos están de vibrar con la vida misma, de contagiar entusiasmo y gratitud por respirar. Se enredan en las cosas del mundo y se deterioran por dentro y por fuera con extrema facilidad. Sin importar la edad que hoy tengamos, invirtamos nuestra existencia en amar y servir con todo nuestro ser a los demás y a la creación que nos necesita en forma urgente.

Eso nos mantendrá intensamente vivos, asombrados, generosos, entregados y conscientes del privilegio de estar aquí hasta cuando nos toque expirar. La vejez es una bendición que nos abraza a todos si la sabemos calzar bien a lo largo de toda la biografía. Cada uno muere como ha vivido… Yo al menos quiero morir llena de mariposas, flores, colores, niños, creaciones, caricias, risas, naturaleza, vínculos nutritivos y mucha fecundidad, para poder devolver con creces todo lo mucho que Dios me ha dado, multiplicado con mi cariz personal

El Día de los adultos mayores

La Iglesia argentina valora y agradece la vida de los abuelos y adultos

“Deseamos reconocer, valorizar y agradecer, con amor y generosidad, lo que todos los abuelos y mayores han hecho, hacen y harán, desde su rol insustituible de maestros de la vida…”, sostuvo la pastoral de adultos mayores

La Iglesia argentina, en comunión con la Iglesia universal, celebró la II Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores, propuesta por el papa Francisco para resaltar el valor de la ancianidad. Equipo Pastoral de Adultos Mayores de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia (CEVILAF) de la Conferencia Episcopal Argentina envió un mensaje en el que recordaron la situación planteada en la Exhortación Apostólica Christus Vivit que señala que los cambios culturales y económicos, el aumento de la longevidad y el consecuente envejecimiento poblacional son una revolución social silenciosa que, sumada a la dinámica de las sociedades modernas y a la cultura sin Dios, generan separación y distanciamiento entre los distintos grupos etarios.

“Son los abuelos los que nos ayudan a hacer de nuestras familias un lugar de raíces fuertes que nos permitan crecer y desarrollarnos, respondiendo a los nuevos desafíos”, reafirmaron. Y agregaron que hoy se ve el surgimiento de una nueva generación de abuelos que atienden a sus propios padres, a sus hijos y a sus nietos. Por tal motivo, el Santo Padre insiste en revitalizar la alianza de las generaciones, promoviendo el diálogo fecundo entre los jóvenes y los ancianos.

Maestros de la vida

Afirmaron que, con este espíritu, quieren reconocer, valorizar y agradecer, con amor y generosidad, lo que todos los abuelos y mayores han hecho, hacen y harán, desde su rol insustituible de maestros de la vida, para acompañar, cuidar e integrar a las familias. En ellos recae la transmisión de los grandes valores humanos, comunicando su legado de carismas, gratitud, experiencia y sabiduría, de generación en generación.

En este día de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, los miembros de la pastoral de adultos, dieron gracias a Dios y a la Virgen por la bendición de la larga vida que les ha concedido.

Además, aseguraron el compromiso de respetar sus opiniones, atender sus necesidades, proteger su intimidad, fomentar su mayor participación y protagonismo, garantizando condiciones más humanas, respeto a su dignidad y la tutela efectiva de sus derechos fundamentales, para que, al transitar esta etapa, sigan siendo verdaderos protagonistas de la familia y la sociedad que ellos crearon.

Jornada Mundial de los Abuelos

El Papa reivindica la actividad de la tercera edad: “¡Envejecer no es una condena, es una bendición!”

En su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos del próximo 24 de julio, Francisco subraya el protagonismo de los ancianos para “proteger al mundo” de la guerra

Francisco está convencido de que “envejecer no es una condena, es una bendición”. Así al menos lo asegura en el Mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos, convocatoria creada por el pontífice argentino y que celebrará su segunda edición el próximo 24 de julio en el marco de la festividad de santa Ana y san Joaquín, los abuelos de Jesús de Nazaret.


Partiendo del salmo 92 que expone que “en la vejez seguirán dando fruto”, el Papa de 85 años: “Esto va a contracorriente respecto a lo que el mundo piensa de esta edad de la vida; y también con respecto a la actitud resignada de algunos de nosotros, ancianos, que siguen adelante con poca esperanza y sin aguardar ya nada del futuro”.

Cultura del descarte

Francisco arremete una vez más contra la “cultura del descarte”,  consciente de que “la ancianidad a muchos les da miedo”, en tanto que “la consideran una especie de enfermedad con la que es mejor no entrar en contacto”. Incluso lanza una crítica velada a quienes envían a sus mayores a residencias amparándose en “tener que hacernos cargo de sus preocupaciones”.

“La ancianidad, en efecto, no es una estación fácil de comprender, tampoco para nosotros que ya la estamos viviendo”, confiesa el Papa, que lamenta cómo la sociedad ofrece “planes de asistencia, pero no proyectos de existencia”. De hecho, incluso llega a afirmar que “estamos tentados de exorcizar la vejez escondiendo las arrugas y fingiendo que somos siempre jóvenes”.

Tiempo útil

Para Francisco, “la ancianidad no es un tiempo inútil en el que nos hacemos a un lado, abandonando los remos en la barca, sino que es una estación para seguir dando frutos”.

La publicación del mensaje coincide con un momento especialmente complejo para el Papa Francisco, dado que la rotura de los ligamentos de su rodilla derecha le ha obligado a permanecer en silla de ruedas y alterar su agenda hasta tal punto que se ha visto obligado a retrasar su viaje a Líbano previsto para este mes de junio.

Crisis de certezas

El pontífice admite en su reflexión que, cuando “las fuerzas declinan o la aparición de una enfermedad pueden poner en crisis nuestras certezas”. Frente a esta sensación de decaimiento, Jorge Mario Bergoglio recomienda continuar con la actividad y el aprendizaje, especialmente “desde el punto de vista espiritual, cultivando nuestra vida interior por medio de la lectura asidua de la Palabra de Dios, la oración cotidiana, la práctica de los sacramentos y la participación en la liturgia”.

Junto a esto, recomienda a los mayores cultivar “la relación con Dios, las relaciones con los demás, sobre todo con la familia, los hijos, los nietos, a los que podemos ofrecer nuestro afecto lleno de atenciones; pero también con las personas pobres y afligidas, a las que podemos acercarnos con la ayuda concreta y con la oración”.

En este sentido, reivindica también la figura de los abuelos como referentes de paz en un mundo en guerra para “enseñar a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo a ver a los demás con la misma mirada comprensiva y tierna que dirigimos a nuestros nietos”. “Hoy podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles”, apunta Francisco. Así les presenta como promotores de “la revolución de la ternura” con una tarea concreta: “proteger el mundo” con acciones concretas y con la oración.

Entrevista a Vittorio Scelzo

Vittorio Scelzo: «La vejez no es una enfermedad. La soledad es una enfermedad»

Vittorio Scelzo
Vittorio Scelzo

«Francisco quiere que el papel de los ancianos destaque en este momento histórico. Dice claramente: la guerra ha comenzado en el momento en el que los que testimoniaron la guerra Mundial se murieron. Ahora que ya no están, la guerra no encuentra obstáculos para volver»

«Alguien que nos abrace. Y seguiremos dando frutos, también en la vejez, si aceptamos esa necesidad de alguien que nos cuide y que nos acompañe. Y también, la idea de que nosotros podemos acompañar a otros. El Papa nos enseña cómo en la vejez se puede seguir dando frutos»

«Los ancianos han sido por años los que más acudían a la misa, pero la pandemia los ha echado fuera. Han tenido miedo porque eran los más frágiles. Y ahora tenemos que procurar que ellos vuelvan a la Iglesia»

Por Jesús Bastante

Hoy vamos a hablar de ancianos, abuelos y abuelas; de nuestros mayores. Esta semana se ha presentado el mensaje del papa Francisco para la II Jornada de los Ancianos y los Mayores que se celebrará este domingo, 24 de julio, y reflexionaremos sobre el mensaje de los mayores y de su papel en la Iglesia y en la sociedad con Vittorio Scelzo, que es el encargado de la Pastoral de Ancianos del Dicasterio de Laicos y Familia del Vaticano y responsable de estas jornadas.

-Buenos días, Vittorio.

-Buenos días a usted y a todos los que nos escuchan.

-Tenemos el mensaje del Papa recién sacado del horno. Cuéntanos cuáles son los ejes de este mensaje.

-El Papa habla de la vejez y esto ya es una novedad. Porque la gente, cuando habla de la vejez, lo hace eludiendo esta palabra. El Papa habla de vejez y dice que es un hecho que puede espantar, que asusta a la sociedad y que por eso la sociedad descarta a los ancianos. Y es muy interesante porque cuando habla de ancianos, lo hace en primera persona, se incluye. Habla a sus compañeros y dice: esta edad nos asusta, nadie nos ha preparado para vivirla y tenemos que buscar un sentido, una tarea para este tiempo de vida.

-Por qué ese énfasis en denunciar por un lado ese descarte y, por otro, en revalorizar la figura de los ancianos, de nuestros mayores, de nuestra memoria, también.

-Yo creo que las cosas están muy relacionadas porque cuando el Papa nos pide rechazar la cultura del descarte, no nos pide descartar un poco menos a los ancianos. Nos pide ponerlos al centro. Considera que los ancianos son un valor, no una carga para sociedad.

Él afirma que los ancianos son centrales en la sociedad y que los abuelos son centrales en la familia. Y desde el principio, su pontificado ha sido una larga explicación de esa idea. En el mensaje que salió del horno ayer, explica el papel que tienen los ancianos en nuestra sociedad en este momento histórico.

II Jornada Mundial de los Ancianos y los Abuelos
II Jornada Mundial de los Ancianos y los Abuelos

-El Papa los reivindica (y él se incluye) como protagonistas de la revolución de la ternura frente a la cultura del descarte en un mundo en el que echamos de menos los abrazos, la cercanía y ese cariño que los abuelos profesan a los nietos pero que también nos muestran al resto de la sociedad.

-Claro que sí. La revolución de ternura es algo en lo que Papa ha insistido en repetidas ocasiones. Pero me parece que hablar de revolución de la ternura después de estos años pasados, en los que los abrazos no estaban permitidos y en los que las visitas a los ancianos tampoco eran posibles, adquiere un sentido renovado. Y tiene un valor nuevo en este momento en el que, cuando miramos la televisión, solo vemos imágenes terribles. Creo que Francisco quiere que el papel de los ancianos destaque en este momento histórico. Dice claramente: la guerra ha comenzado en el momento en el que los que testimoniaron la guerra Mundial se murieron. Ahora que ya no están, la guerra no encuentra obstáculos para volver.

-Es una paradoja. Cuando la memoria de los que vivieron el horror va desapareciendo con ellos, volvemos a cometer errores similares a los que se cometieron hace varias décadas.

-Y eso arroja una luz sobre la insistencia del Papa en la importancia del diálogo intergeneracional. Porque uno puede pensar que el diálogo intergeneracional es el de un abuelito hablando a su nieto de cómo era su tiempo, cómo era de buena la vida hace cincuenta años… Se trata de la historia, de las enseñanzas que los ancianos tienen sobre la vida.

Por ejemplo, el Papa habla muchas veces de los sueños de los ancianos. Un sueño de los ancianos de Europa ha sido la paz en el continente. Nosotros vivimos en paz porque nuestros abuelos…

-Vivieron la guerra y fueron capaces de construir la paz.

-Claro que sí. Fue un sueño, el sueño que donan los ancianos a los jóvenes. Quizá deberíamos preguntarnos si el diálogo entre las generaciones ha funcionado.

El Papa y una anciana
El Papa y una anciana

-¿Ha funcionado?

-No sé. Probablemente hubo algún problema en la transmisión y el Papa lo dice; se sienten voces muy duras, es normal hablar de contraposiciones, de guerra, hay un lenguaje muy peligroso que retrocede. El Papa nos invita, por ello, a hablar un lenguaje diferente, desde la ternura, el de los abuelos con los nietos. La mirada tierna de un abuelo no es algo para un dibujito, es algo radicalmente distinto de lo que vemos en las noticias.

-Hay una frase del mensaje que me gusta especialmente, en esa línea de «exportar» el cariño de los abuelos a sus nietos, a la sociedad. Dice: «Nosotros (vuelve a incluirse), los ancianos y los abuelos tenemos una gran responsabilidad; enseñar, a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo, a ver a los demás con la misma comprensión y la misma mirada tierna que dirigimos a nuestros nietos. Hemos afinado nuestra humanidad al ocuparnos del prójimo y hoy podemos ser maestros de un modo de vivir pacífico y atento a los más débiles. Es exportar ese cuidado, esa ternura, ese cariño de los abuelos a sus nietos, a los mayores y a sus nietos. Al resto de la humanidad».

Esto se inserta dentro de las otras claves de este pontificado, esa unidad del mundo en su diferencia. Ese sentir que nos salvamos todos juntos. Que tenemos cuidar los unos de los otros y en ese papel, nuestro mayores tiene una función esencial.

-Sí, y añade que nadie se salva solo. Esto es algo que hemos comprobado durante la pandemia, pero algo que también nos enseñan los ancianos. La idea de aceptar que nos cuiden.

-Además, creo que el Papa está visibilizando no tanto su enfermedad, sino esa necesidad que tiene también de recibir cuidados. Está dando ejemplo. Lo decía ayer el cardenal Farrell en la rueda de prensa, el ejemplo de los que los cuidadores también necesitan ser cuidados. Hasta el mismo Papa de Roma necesita del cuidado y a su vez ser protegido para proteger y para cuidar. Estamos interrelacionados en eso y Francisco nos lo demuestra.

-Y esa relación es el centro del mensaje. La idea de que todos necesitamos una relación. Una ayuda, un cuidado. Alguien que nos abrace. Y seguiremos dando frutos, también en la vejez, si aceptamos esa necesidad de alguien que nos cuide y que nos acompañe. Y también, la idea de que nosotros podemos acompañar a otros. El Papa nos enseña cómo en la vejez se puede seguir dando frutos.

La fragilidad, la debilidad y la necesidad de ayuda es una verdad entre las personas, pero también entre los pueblos. Nadie se salva solo; eso está claro. La felicidad, dice el Papa, es un pan que se come en compañía

-Es, además, el lema del mensaje: ‘En la vejez seguiréis dando frutos’

-La fragilidad, la debilidad y la necesidad de ayuda es una verdad entre las personas, pero también entre los pueblos. Nadie se salva solo; eso está claro. La felicidad, dice el Papa, es un pan que se come en compañía.

-Se parte y se comparte… es muy evangélico. Es ‘jueves santo’.

-Sí. Y eso de la silla de ruedas me recuerda lo que dice Jesús a Pedro: «Cuando llegues a viejo, extenderás tu mano y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras… Pero tú sígueme». Y es esto; la idea de que nadie se basta a sí mismo y que todos podemos acompañar. Y hay un fruto que los ancianos de ahora tienen que dar y es enseñar el cuidado. Y cuando hablamos de lo opuesto a la cultura del descarte, no nos referimos a un lugar más limpio, sino a entender cuál es el papel de los ancianos en la sociedad.

Abuelos
Abuelos

-Es un papel activo y necesario. ¿Cómo estáis planteando desde el dicasterio los actos de la II Jornada?

-Nos gustaría que esta jornada llegara a ser una tradición en la Iglesia y que crezca sobre dos ideas bastante simples. La primera es que el 24 de julio de cada año sea un día de fiesta. El Papa dijo, cuando lanzó la jornada, una ‘fiesta del encuentro’ con los ancianos en el centro. Entonces, nos imaginamos que cada 24 de julio hubiera, en cada comunidad de cada parroquia de cada diócesis de cada lugar, una misa con los ancianos. Y tenemos que poner cuidado, porque los ancianos han sido por años los que más acudían a la misa, pero la pandemia los ha echado fuera. Han tenido miedo porque eran los más frágiles. Y ahora tenemos que procurar que ellos vuelvan a la Iglesia.

Y la otra idea es sobre la Iglesia en salida, en la que el Papa insiste muchísimo. Que los jóvenes, los adultos  y los niños vayan a visitar a los ancianos que están solos. Sabemos que hay muchísimos ancianos solos. En los países ricos los ancianos que viven solos son el 25%.

-Es la otra gran enfermedad de nuestras sociedades. La soledad.

-Es lo que estaba diciendo: la vejez no es una enfermedad. La soledad es una enfermedad. Y hay que curarla. Nosotros pedimos que los jóvenes visiten a los ancianos. El Papa lo dice de manera muy clara; es una obra de misericordia de nuestro tiempo.

-Hay que visitar a nuestros mayores no solo el día 24, sino acompañarles en un proceso. Porque la vida no es solo jornadas, aunque las jornadas nos ayudan a tomar conciencia y por eso es importante que se institucionalicen, como parece que se está institucionalizando este día de los abuelos y de los mayores en toda la Iglesia.

-Es claro que no podemos pensar en los mayores solo el 24 de julio. Pero la idea es que la jornada se repita cada año para que llegue a ser una virtud de la Iglesia. Tenemos que desarrollar una pastoral ordinaria de los ancianos y en España hay alguien que se ocupa de ellos en la Conferencia Episcopal. Pero hay muchísimos países donde, dentro de la Conferencia Episcopal, hay oficinas que se ocupan de todo pero no de los ancianos. Una persona me dijo una vez: «en mi Conferencia Episcopal, no nos ocupamos de los ancianos porque nadie me dijo que era mi tema».

Yo le dije: «Puedes ver en las noticias, cada mañana, que hay una urgencia de una pastoral ordinaria de los ancianos».

La ancianidad es nuestro futuro. Es algo muy raro; esta sociedad ha luchado por siglos para alargar la vida y ahora, que tenemos veinte años más para vivirlos, ¿qué hacemos con ellos?

-Son ‘nuestro tema’ también. Son nuestro presente, nuestra memoria. Los que, en muchos casos, nos han transmitido la fe. Los que la ha custodiado en los momentos difíciles.

-Y son nuestro futuro. Creo que todos esperamos tener una vida larga y esto significa que los ancianos son nuestro futuro. Una vez dijo el Papa: «Los ancianos no son ajenos: somos nosotros dentro de unos años».

La ancianidad es nuestro futuro. Es algo muy raro; esta sociedad ha luchado por siglos para alargar la vida y ahora, que tenemos veinte años más para vivirlos, ¿qué hacemos con ellos?

Abuelo con sus dos nietas
Abuelo con sus dos nietas

-No tenemos calidad. Y no reivindicamos la vigencia de esos años.

-Claro. El Papa dice: «lo máximo que nos ofrecen son proyectos de asistencia, pero lo que falta es un proyecto de existencia»

¿Cómo vivir? ¿Cuál es el papel social de una persona cuyos hijos son adultos? ¿Qué hacemos con nuestra vida después de la jubilación? Tenemos años, salud, los nietos están lejos, los hijos son independientes… Nadie nos ha preparado para vivir como ancianos

La humanización de la vejez

La humanización de la vejez
La humanización de la vejez

«‘En la vejez seguirán dando frutos’ es la respuesta a la contracorriente de lo que piensa el mundo y de la actitud resignada de muchos en esa situación»

«Ahora mismo prima la cultura del descarte: marginación o puesta de distancia»

«Son momentos muy delicados. A pesar de todo: ¡Bendita la casa que cuida a un anciano! ¡Bendita la familia que honra a sus abuelos!»

«Quizás nos haría bien, por el contrario, escuchar e interiorizar este mantra: ¡Envejecer no es una condena, es una bendición!»

«Se podría llevar una ancianidad activa en todos los órdenes. Pero, muy especialmente, humanizando este mundo tan deshumanizado. Reviste un carácter transversal»

«Prestando una atención específica a las relaciones humanas con los demás, amigos y no tan amigos, restañando muchas heridas del pasado. Con la ayuda a los pobres y afligidos a quienes siempre podemos dar consuelo y afecto. Sobre todo, con nuestra propia familia, con nuestros hijos y nietos»

«Frente a todo esto, ha subrayado Francisco, necesitamos un cambio profundo, una conversión que desmilitarice los corazones, permitiendo que cada uno reconozca en el otro a un hermano»

Por Gregorio Delgado del Río

Con motivo de la Jornada mundial de los abuelos y mayores, el papa Francisco ha querido transmitirnos a todos una buena noticia, un verdadero evangelio. Lo ha hecho con el versículo 15 del Salmo 92: “en la vejez seguirán dando frutos”. Maravilloso pensamiento positivo, transmisor de estimulante optimismo y energía. Es la respuesta a contracorriente de lo que se piensa, generalmente, en esta sociedad tan narcisista. Y, lo que es más grave, a contracorriente de la actitud resignada de muchos de nosotros, ya en el atardecer final de la vida, que, por circunstancias diferentes, deambulamos sin ya esperanza alguna de futuro. Pues, no. ¡Todavía podemos dar frutos! Claro que sí.

Es obvio, sin embargo, que en la sociedad actual prima la cultura del descarte. A muchos en ella, nuestra situación les da miedo. Probablemente, con infinita pena, lo veamos reflejado, a veces, en la cara de nuestros propios hijos. Parece como si, a esta sociedad tan egoísta, los ancianos no le concerniesen y, por ello, hasta fuese mejor su alejamiento. Quizás, incluso, se prefiera y se propicie su encerramiento en centros al respecto y, de este modo, evitar el tener que hacerse cargo de sus preocupaciones. Da la impresión, en ocasiones, que se busca y se desea poner distancia o tierra de por medio.

No es fácil gestionar la situación. Hemos llegado al final de la actividad laboral. Los hijos ya hacen su vida independiente con sus propias familias. Desaparecen las motivaciones por las que, en su momento, gastamos tantas energías. Las fuerzas van claramente en baja o la aparición de alguna enfermedad trastorna nuestra quietud. A los hijos no siempre les es fácil prestarnos la atención que solicitamos. Nos cuesta mantener el paso en la vida. Nos sentimos solos, frágiles y abandonados.

Son momentos muy complicados. Se hace presente la tentación de interiorizar el descarte. Es ahora, y a pesar de todo, cuando necesitamos proclamar con Francisco una grata realidad, siempre posible: ¡Bendita la casa que cuida a un anciano! ¡Bendita la familia que honra a sus abuelos!

En realidad, la situación a la que se nos ha dado llegar no es fácil de comprender ni para quienes ya la vivimos por necesidad. Lo cierto es que nadie nos ha preparado para adaptarnos a ella. Ni siquiera nosotros nos hemos preocupado de cultivar actitudes, aficiones y oportunidades para ese futuro seguro. Suele presentarse por sorpresa y nos pilla sin resortes para interpretarla. Y ante semejante panorama, “por una parte, estamos tentados de exorcizar la vejez escondiendo las arrugas y fingiendo que somos siempre jóvenes, y, por otra, parece que no nos quedaría más que vivir sin ilusión, resignados a no tener ya “frutos para dar” (Francisco). Se ha de huir de ambas tentaciones.

Quizás nos haría bien, por el contrario, escuchar e interiorizar este mantra: ¡Envejecer no es una condena, es una bendición! Sobre el mismo, se podría llevar una ancianidad activa en todos los órdenes. Pero, muy especialmente, humanizando este mundo tan deshumanizado.

Aunque, personalmente, lo entiendo como la derivada del misterio más esencial del cristianismo, reviste un carácter trasversal. Esto es, no es necesario ser cristiano para vivirla de ese modo. ¿Cómo llevarlo a cabo? Muy sencillo: Prestando una atención específica a las relaciones humanas con los demás, amigos y no tan amigos, restañando muchas heridas del pasado. Con la ayuda a los pobres y afligidos a quienes siempre podemos dar consuelo y afecto. Sobre todo, con nuestra propia familia, con nuestros hijos y nietos. Siempre se puede dulcificar la convivencia si se cambia de actitud, si se pone amor y ternura. Los demás, ante ese tu testimonio de amor, cambiarán su actitud.

Existe un pasaje evangélico (Mt 25, 31-46) que, personalmente, he interpretado como concluyente y definitivo. El criterio del bien y del mal, en el juicio final, no es puesto en nuestra relación con Dios a través de los rituales y ceremonias en que hayamos participado, ni en las doctrinas que hayamos abrazado, ni en la sumisión y obediencia a los líderes religiosos, ni en el cumplimiento riguroso de los preceptos religiosos. El criterio estará en función de lo que hayamos hecho con los demás, y especialmente con los más necesitados, con los enfermos, los marginados y despreciados de este mundo. “Dios, se funde y confunde con lo humano” (Castillo). Por tanto, “solo se tendrá en cuenta la humanidad de cada uno”.

Frutos

Para comprender la verdadera dimensión de esta novedosa realidad, enseñada por Jesús, es suficiente la lectura de dos versículos que contienen la respuesta del Rey a las preguntas de los aceptados en el reino y de los apartados del mismo. ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, inmigrante, desnudo, enfermo o encarcelado? (vs. 37-39). El Rey les responderá: “Os digo que cuanto hicisteis al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicisteis” (v. 40). ¿Cuándo te vimos hambriento….? (v. 44). Él les responderá: “Os dijo que cuanto dejasteis de hacer a uno de estos más pequeños, a mí dejasteis de hacerlo”(v. 45). La enseñanza es muy clara: “… lo que se haga o se deje de hacer con cualquier ser humano, en definitiva, a quien se le hace o se le deja de hacer es a Dios (…) La respuesta del Señor … no es poner al hombre en lugar de Dios, sino la afirmación de que los humanos no tenemos otro sitio ni otra forma de encontrar a Dios que nuestra propia humanidad” (Castillo).

“Frente a todo esto, ha subrayado Francisco, necesitamos un cambio profundo, una conversión que desmilitarice los corazones, permitiendo que cada uno reconozca en el otro a un hermano”. Todos somos hijos de Dios, y hermanos, pues fuimos creados a su imagen y semejanza. Podemos, no obstante nuestra ancianidad, dar el testimonio de ver a los demás con la mirada amorosa y humanizadora de Dios.

Por la dignidad de los adultos mayores

La Iglesia argentina, por la dignidad de los ancianos y los adultos mayores

Desprecio, subestimación, desatención, indiferencia: algunas modalidades de abuso y maltrato que sufren los adultos mayores y que es necesario revertir

En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, declarado por la ONU, el área de Adultos Mayores de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia (CEVILAF) emitió un mensaje para “unir nuestra voz a este coro que busca enaltecer esa importante etapa de la vida, así como rescatar la riqueza que contiene para toda la sociedad”.seguraron que el problema que afecta la salud y la dignidad de los adultos mayores tiene que ver con las modalidades de abuso y maltrato, más allá de su procedencia, religión o condición social o económica. Recordaron las palabras del papa Francisco que afirmó que la Iglesia no puede ni quiere conformarse a “una mentalidad de intolerancia y mucho menos de indiferencia, desprecio, respeto a la vejez”.

Cuando se habla de esta problemática se referencian aquellos actos que, ejecutados por única vez o permanentemente repetidos, por negligencia o dolo, acción u omisión, causan daño corporal o psicológico o provocan la exclusión y marginación de los adultos mayores: maltrato físico o anímico, falta de respeto, engaño y estafa económica.

Asimismo, se le suma a esto la cultura del abandono y descarte que aparta los adultos mayores de los ambientes familiares y sociales, o, en casos extremos, la promoción de la eutanasia.

Los miembros del área de adultos mayores del Episcopado argentino reconocen que estos actos pasan casi inadvertidos o están naturalizados, motivo por el cual son subestimados o desatendidos. “Es triste considerar que, a pesar de todos los esfuerzos que la humanidad destina a mejorar la vida de las personas, el maltrato de los adultos mayores parece ser una realidad que aumenta en vez de disminuir”, señalaron.

La valoración en la Argentina

También aludieron a lo que ocurre en el país con este grupo etario. Reafirmaron que uno de los aspectos que más afectan la calidad de vida de los adultos mayores argentinos es la cuestión previsional: sistema jubilatorio arcaico, irracional e injusto, haberes que hunden en la marginalidad y la pobreza a multitudes que no alcanzan a satisfacer las necesidades vitales básicas.

Desde el área de Adultos Mayores consideraron que es oportuno recordar esta fecha para promover actitudes en defensa de la dignidad de los ancianos, que no disminuye por su menor capacidad productiva. Es necesario atender adecuadamente la vejez para promover el bienestar espiritual y cultural de toda la sociedad. Aseveraron que “Su fragilidad hace de los adultos mayores un especial signo de la presencia de Jesús entre nosotros”.

Finalmente pidieron comprometerse para transformar el maltrato en buen trato y el abuso en respeto y valoración de todos los adultos mayores y ancianos.