Tres métodos para leer la Biblia

Capellán mexicano de Su Santidad recomienda tres métodos para leer la Biblia

El sacerdote Carlos Junco, coordinador del equipo que tradujo la Biblia de la Iglesia en América (BIA), reflexiona sobre la importancia de profundizar en las Sagradas Escrituras y propone estos métodos

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Es en ese contexto que Vida Nueva entrevistó al capellán de Su Santidad, Carlos Junco Garza, quien reflexionó en torno a la importancia de las Sagradas Escrituras, como la “Palabra Divina y palabra humana”, así como en la lectura de las mismas, pues “es la espada de dos filos que nos muestra, por un lado, la buena noticia de salvación, y a la vez denuncia lo que está equivocado”.

El también coordinador general del equipo responsable de la elaboración de la Biblia de la Iglesia en América (BIA) llamó a aprovechar el ‘Mes de la Biblia’ para leerla más, tomando el método que uno elija.

“Lo importante –dijo– es que nos acerquemos al texto de la Biblia, a veces guiados por los comentarios, las introducciones, las notas, para aclarar mejor nuestras dudas y ayudarnos mejor a comprender el texto bíblico. Dios nos bendice con el don de su Palabra y la actitud nuestra de escuchar, de ser fieles oyentes de su Palabra y ser valientes transmisores de ella, tratando siempre de ponerla en práctica“.

Iglesia proclamadora valiente de la Palabra de Dios

PREGUNTA.- En este ‘Mes de la Biblia’, ¿a qué estamos llamados los católicos?

RESPUESTA.- En primer lugar, a recordar que es el ‘Mes de la Biblia por razón de la fiesta de san Jerónimo el 30 de septiembre; él murió un 30 de septiembre de 420, hace mil 602 años, y por eso dedicamos este mes de una manera especial a la Biblia.

También debemos recordar dos cosas de la ‘Dei Verbum’, la constitución dogmática sobre la Divina Revelación del Concilio Vaticano II, que fue aprobada el 18 de noviembre de 1965: primera cosa, que Dios habla en la escritura por medio de hombres en lenguaje humano; así la Biblia es Palabra Divina y palabra humana, por ser Palabra de Dios es una palabra viva y actual, esto lo señala la ‘Dei Verbum’ en el número 12.

En segundo lugar, recordar el inicio de la constitución dogmática de la Divina Revelación, cuando afirma: la Palabra de Dios, la escucha con devoción y la proclama con valentía el Santo Concilio; o sea, los obispos se declaran fieles oyentes y servidores valientes de la Palabra; y podríamos decir que junto con los obispos, todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a ser eso: una Iglesia oyente fiel de la Palabra, una Iglesia proclamadora valiente de la Palabra de Dios.

P.- ¿Cómo explicar a las nuevas generaciones la importancia de leer la Biblia?

R.- Todos los fieles debemos alimentarnos de la Palabra de Dios; a raíz del Concilio Vaticano II (1962 a 1965), en la Iglesia Católica se tomó conciencia de algo que durante muchos siglos habíamos relegado o habíamos olvidado o puesto en un segundo término, menos en la práctica: la Palabra de Dios.

El 7 de marzo de 1965, primer domingo de Cuaresma de aquel año, se empezó a proclamar en la liturgia, en nuestra propia lengua, las lecturas de la Biblia, antes se leían en latín por muchos siglos; evidentemente se suscitó el deseo de conocer más la Palabra, de acercarnos más a ella, de valorar que en la escritura leída en la liturgia, nos sale al encuentro Cristo de manera especial; Él es el alimento, junto con su cuerpo, que necesitamos en la vida cristiana; es luz en nuestro sendero, es fuerza y poder para hacer el bien, es esa lluvia que empapa la tierra y la fecunda, es la espada de dos filos que nos muestra, por un lado, la buena noticia de salvación y a la vez denuncia lo que está equivocado.

El encuentro con la Palabra de Dios es encuentro con Cristo que es en persona la Palabra viva de Dios, que nos lleva al encuentro con Dios y al encuentro con los hermanos.

P.- ¿Cuál sería su recomendación para los que quieren iniciar o reiniciar la lectura de la Biblia?; ¿hay alguna manera didáctica de hacerlo?

R.- Primero diría yo, no tener miedo de acercarnos a la Palabra de Dios, es el regalo que Dios nos ha hecho con el don de su Palabra, la Biblia es el libro del pueblo de Dios, de todos nosotros, una Biblia que comprende dos grandes partes: Antiguo y Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento, además de contarnos la historia de la salvación, de aquel tiempo y aquella época, prepara la plenitud de los tiempos en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es el cumplimiento, la plena realidad o realización de las promesas y profecías de las imágenes y realidades.

El Antiguo Testamento a su vez, ilumina el Nuevo Testamento, por ejemplo, para comprender el título de Jesús, el hijo del hombre, hay que partir del Antiguo Testamento, del libro de Daniel, para entender la figura de Cristo, hijo de David; tenemos que leer la historia de David para comprender por qué es el rey que después deja a los tintes mesiánicos y que así fue comprendido su reinado y se llega a su plenitud en Cristo Jesús.

Tres métodos para iniciar la lectura de la Biblia

R.- En cuanto a los métodos o una manera didáctica de hacerlo, hay varias maneras que se ofrecen en la lectura; me atrevo a señalar tres de ellos; el primero, centrado más en el Nuevo Testamento; iniciar por el evangelio de Marcos, 16 capítulos, es el más sencillo.

Segundo, continuar con el evangelio de Lucas, complementado con la otra obra que escribió el mismo evangelista: los hechos de los apóstoles, tenemos ahí entonces la visión de Cristo y de la Iglesia naciente.

Luego leer los otros dos evangelios: Mateo y Juan; después seguir con las cartas de Pablo, luego la carta a los hebreos, las siete cartas católicas, o sea Santiago, primera y segunda de Pedro, primera, segunda y tercera de Juan, Judas y por último, el Apocalipsis, esto está centrado en el Nuevo Testamento.

Otro método es conforme la liturgia; también tendría dos maneras; primero, la más sencilla, seguir las lecturas dominicales, que son en tres ciclos, en tres años y ahí tenemos la mezcla de lecturas de Antiguo Testamento, lecturas de Evangelio y los demás escritos del Nuevo Testamento.

Más profundo sería las lecturas no solo dominicales, sino que se llaman el leccionario feriado, entre semana, donde se van leyendo trozos selectos de los evangelios, de las cartas, de los demás escritos del Nuevo Testamento, de pasajes del Antiguo Testamento y de los salmos.

Tercer método pues hay libros sobre Biblia que ofrecen algunas lecturas selectas del Antiguo y del Nuevo Testamento; por ejemplo, monseñor Ruy Rendón Leal y un servidor hicimos desde 1980, 1981 el libro ‘La palabra nos congrega’ y ‘Primer encuentro con la palabra’; ahí después de cada lección, ofrecemos lecturas selectas sobre ese tema.

La BIA, una Biblia fiel a los idiomas originales

P.- Como coordinador general del equipo responsable de la elaboración de la Biblia de la Iglesia en América (BIA), ¿por qué recomendaría a los católicos mexicanos su lectura en particular de esta edición?

R.- Estoy convencido de que es un trabajo eclesial, de servicio serio a la Palabra de Dios y al pueblo del Señor; no es un trabajo personal, sino un trabajo de equipo: trabajamos 26 traductores de diferentes nacionalidades de América Latina, por ejemplo, de Argentina, de Chile, de Ecuador, Colombia, México, alguno de Estados Unidos de habla hispana, etc.

Las traducciones, introducciones y notas fueron hechos por los diferentes autores, pero fue revisada por el grupo coordinador que trató de darles unidad, buscando una Biblia fiel a los idiomas originales de ella, o sea el hebreo, al arameo y griego y fiel a los lectores latinoamericanos de nuestro tiempo.

Por eso, porque es una traducción realizada por los coordinadores solo ponemos quiénes colaboraron; por decir, el Pentateuco o en los evangelios, sin señalar el traductor completo porque a lo mejor algunas cosas que él puso pues no lograron quedarse al final, entonces ya todos sabíamos que era un trabajo de equipo, que estaba sujeto a esa revisión, eso es un valor importante.

Además, pues tiene las ayudas, como todas las introducciones a la Biblia, al Antiguo Testamento, a los evangelios, a los grandes bloques, como el Pentateuco, los libros históricos, los narrativos, libros proféticos, libros sapienciales, los evangelios, las cartas de Pablo, etc. y en cada una de esas introducciones, sobre todo de cada uno de esos libros, siempre se tocan tres puntos: la dimensión histórica, el mensaje teológico y la dimensión literaria.

Los títulos de cada texto están tomados del mismo texto bíblico, hay notas explicativas, secciones, partes y textos particulares; además tiene apéndices, que son de gran utilidad, por ejemplo, el glosario, que en 58 páginas trata de abarcar aspectos culturales, históricos, geográficos, teológicos, etc.; una cronología, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, comprende 13 páginas; una serie de mapas; todas esas son ayudas que tiene esta traducción

Mes de la Biblia-2

«Todavía falta mucho para que la Sagrada Escritura sea un “alimento” central en la vida cristiana»

«Nuestras liturgias siguen manifestando que el clero es el que enseña y el laicado es el que aprende»

«Algunos programas teológicos, tienen más asignaturas sobre dogma y magisterio que sobre Biblia»

Por| Consuelo Vélez teóloga

Septiembre se conoce como el mes de la Biblia, especialmente porque el día 30 se celebra la fiesta de San Jerónimo, quien fue el que tradujo la Biblia del hebreo, del arameo y del griego al latín, en el siglo IV, -versión que se conoce como la Vulgata (edición para el vulgo, para el pueblo)- posibilitando así que muchas más personas pudieran tener acceso a ella. Al recordar este hecho la pregunta que nos surge es sí, en realidad, la Biblia ha llegado “al pueblo”, si es parte de la espiritualidad cristiana y si constituye la referencia primera y fundamental de nuestra Iglesia.

En una mirada rápida y, talvez, superficial, se respondería afirmativamente porque en la eucaristía ocupa un lugar central e incluso, en muchas celebraciones, se hace una entronización de este libro sagrado con mucha solemnidad. Además, muchos creyentes la tienen en su casa y muestran un respeto real hacia ella.

Septiembre, mes de la Biblia

Pero si profundizamos un poco más, nos damos cuenta que todavía falta mucho para que la Sagrada Escritura sea un “alimento” central en la vida cristiana. Todavía no se ha logrado -como tal vez lo han logrado más las iglesias cristianas no católicas- que el creyente lea la biblia, la medite, se deje interpelar por esa palabra, encuentre en ella la fuerza y orientación para su vida.

Hay varias causas que podrían explicar este poco acercamiento de los creyentes a la Biblia. Nombremos algunas a manera de propuesta de reflexión, sin tener la total certeza de que esas sean las razones más claras que lo expliquen.

Comencemos fijándonos en la liturgia. El único que proclama el evangelio y lo explica es el ministro ordenado. El resto del pueblo de Dios escucha -cuando no se distrae lo cual es fácil en situaciones de solo escucha- y no tiene ninguna posibilidad de establecer un diálogo frente a lo que escuchó y mucho menos de compartir lo que ese texto le dice. En otras palabras, nuestras liturgias siguen manifestando que el clero es el que enseña y el laicado es el que aprende. Así lo determina la liturgia actual y no será este comentario el que la cambie. Pero conviene pensarlo para propiciar, algún día, cambios que son necesarios porque en la medida que tomemos conciencia de lo que vivimos, podremos empujar para que las cosas cambien.

Si nos fijamos en las prácticas de oración que la iglesia fomenta mayoritariamente, estas consisten en realizar novenas, rosarios, procesiones, adoraciones al santísimo, etc. Todas estas prácticas son valiosas y ayudan a sostener la fe de las personas. Pero en estas prácticas no está muy incorporada la Sagrada Escritura. Parece que da tranquilidad el saber que se cumplió con los pasos que se proponen para rezar una novena, por ejemplo, y esto es suficiente.

Una semana para descubrir la «inagotable fuente de sentido» de la Biblia.

Lo anterior no quiere decir que, algunas personas no oren con el texto bíblico, pero no es una oración que se fomente con la intensidad con la que se insiste en las otras prácticas. La meditación de la Sagrada Escritura es más propia de la vida religiosa o de alguna porción del laicado que comparte la espiritualidad de una congregación religiosa, pero no para el conjunto del pueblo de Dios que acude a la parroquia y a las celebraciones litúrgicas.

Otra realidad que también acompaña a la Iglesia católica es que a veces se le ha dado más importancia al magisterio que a la Sagrada Escritura. Muchas veces las predicaciones se centran en la doctrina -reforzándola con lo dicho por el magisterio- más que en el anuncio de la Buena Noticia que trae la Palabra de Dios. De hecho, el papa Francisco insistió en la Exhortación Evangelii Gaudium (2013) que “el texto bíblico debe ser el fundamento de la predicación” (n. 146). Bien sabemos que muchas homilías son más “moralistas y adoctrinadoras” (n. 142), que un diálogo entre Dios y su pueblo. Vaticano II afirmó que la Biblia “es el alma de la teología” (Optatam Totius n. 16) y, sin embargo, algunos programas teológicos, tienen más asignaturas sobre dogma y magisterio que sobre Biblia.

Como podemos ver, es difícil el camino que hemos de recorrer para que la Sagrada Escritura pueda ser esa palabra rica, capaz de alimentar, sostener, animar la vida creyente; pero precisamente esa es la tarea que podemos seguir impulsando al conmemorar el mes de la Biblia. El texto del profeta Isaías (55, 10-11) nos ayuda a pensar en la manera como la palabra de Dios actúa en la vida cristiana: “como desciende la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié”.

¿Es la Biblia «Palabra de Dios»?

Ahora bien, no olvidemos que la biblia hay que interpretarla adecuadamente para no hacerle decir lo que no dice. En eso tanto católicos como cristianos no católicos tienen mucho que aprender. Abunda el “fundamentalismo” en la lectura bíblica. La Palabra de Dios ha de interpretarse y por eso es necesario hacer mínimo dos preguntas: ¿qué quiso decir el texto bíblico en el contexto en el que se escribió? y ¿qué quiere decirnos hoy para nuestro contexto? No podemos olvidar los géneros literarios en los que fue escrita la biblia, las condiciones socio culturales del tiempo en el que se escribió que no corresponden a las nuestras y, de ahí, la necesidad de una interpretación adecuada.

Busquemos, entonces, fortalecer nuestra vida cristiana con el contacto asiduo, directo, constante con la Palabra de Dios. Deseemos aprender a interpretarla. Pongamos los medios para ello. Esto redundará en frutos de vida y vida en abundancia (Jn 10.10) porque la palabra de Dios interpela, renueva, consuela, anima, desinstala, impulsa, en otras palabras, mantiene la vitalidad de nuestro amor a Dios y al prójimo, razón de ser de nuestra vida cristiana.

Septiembre, mes de la Biblia

En septiembre, Verbo Divino invita a hacer un recorrido por la Biblia a través de treinta libros

Septiembre
Septiembre

Este año queremos dedicar la celebración de SEPTIEMBRE, MES DE LA BIBLIA a hacer un recorrido por una selección de 30 libros de la Biblia y redescubrir desde ellos el atractivo de la Palabra de Dios

Dedicaremos cada día del mes a un libro bíblico sirviéndonos del contenido de la Guía joven de la Biblia

La Guía joven de la Biblia es una obra que, como su nombre indica, trata de ayudar a los jóvenes —y a todas las personas con espíritu joven— a descubrir la Biblia y, sobre todo, su mensaje

(Editorial Verbo Divino).- La Biblia es el fundamento de la vida espiritual de los creyentes y la Iglesia se fortalece cuando la escucha, medita, celebra y estudia. Por ello, este año queremos dedicar la celebración de SEPTIEMBRE, MES DE LA BIBLIA a hacer un recorrido por una selección de 30 libros de la Biblia y redescubrir desde ellos el atractivo de la Palabra de Dios. En definitiva, pretendemos favorecer la confianza y familiaridad con la Biblia de manera que estemos más preparados y que la Palabra ocupe el centro de la vida eclesial.

Dedicaremos cada día del mes a un libro bíblicosirviéndonos del contenido de la Guía joven de la Biblia, obra de la que tomaremos algunos retazos de sus explicaciones, fotos, reflexiones y otras claves que ayudarán a identificar en las páginas sagradas la historia de la propia vida con sus interrogantes, anhelos, limitaciones, respuestas a tantos interrogantes, mensajes y enseñanzas para la vida.

La Guía joven de la Biblia es una obra que, como su nombre indica, trata de ayudar a los jóvenes —y a todas las personas con espíritu joven— a descubrir la Biblia y, sobre todo, su mensaje, con un diseño en el que se ha dado gran importancia al aspecto gráfico, tan importante en nuestros días, como una pantalla para hacer más atractivos sus profundos contenidos, redactados en un lenguaje claro y ameno. ¡Apúntate a hacer este recorrido! 

Mes de la Biblia

Mes de la Biblia: Entronizar, enaltecer y profundizar la Sagrada Escritura

El episcopado mexicano invita a promover iniciativas para que los fieles vayan a la fuente de la vida cristiana, más aún este tiempo de turbulencia causado por la pandemia, porque ayudará a caminar firmes con el Señor

Septiembre, Mes de la Biblia es también, este año para los mexicanos, el mes del Bicentenario de la Independencia, es decir, una oportunidad para dar gracias al Señor y pedir su misericordia y su paz en este “tiempo de turbulencia” causado por la pandemia

01.09.2021 | Alina Tufani (Vatican News)

Septiembre, Mes de la Biblia es también, este año para los mexicanos, el mes del Bicentenario de la Independencia, es decir, una oportunidad para dar gracias al Señor y pedir su misericordia y su paz en este “tiempo de turbulencia” causado por la pandemia.  Así lo expresa la carta de invitación de la Dimensión de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia del episcopado mexicano (CEM) para que fieles laicos y pastores de la Iglesia promuevan iniciativas que conduzcan a la fuente de la vida cristiana, la Sagrada Escritura.

“Con el profeta Ezequiel sabemos que la Palabra de Dios anima a los que se puedan sentir cansados o desalentados por el azote de la epidemia y de otros males, como la violencia y la criminalidad”, se lee en la nota firmada por mons. Adolfo Miguel Castaño Fonseca, Obispo de Azcapotzalco y responsable de la Animación Bíblica de la Pastoral

12 formas de entronizar la Biblia

En línea con las perspectivas planteadas en el Proyecto Global de Pastoral (PGP), el episcopado mexicano quiere “presentar a Jesucristo vivo y resucitado, cercano, compañero de camino, que amplía horizontes y que nos da confianza ante las realidades tan difíciles y complejas que vivimos, incluida la pandemia del SARS-CoV-2”.

Biblia y periódicoEn este contexto, la Pastoral Bíblica presenta una serie de 12 subsidios que, bajo el título “Entronizando la Biblia”, busca difundir la Palabra de Dios, enaltecerla y profundizar en ella. Igualmente, a través de los Centros de Formación Bíblica se realizará una serie de diez talleres para reflexionar el «Misterio de la Redención desde el PGP» que se espera sean implementados en parroquias y demás comunidades de fe, especialmente, entre los diversos agentes de pastoral.

Imitar la fidelidad de San José al Verbo de Dios

“Deseamos que este año, dedicado a San José, sea una oportunidad para imitar la fidelidad de este santo en el cuidado que tuvo para con el Verbo de Dios encarnado en el vientre purísimo de la Virgen María y que quiso habitar entre nosotros, para compartir nuestras penas, sufrimientos y fatigas, pero también para infundirnos esperanza en nuestras luchas y esfuerzos”, concluye mons. Castaño Fonseca en su mensaje.