La mano de Caín

Michael Moore. «¿Quién debe detener la mano de Caín?»

Michael Moore. "¿Quién debe detener la mano de Caín?"
guerra en Ucrania
  • «La realidad de la guerra, con la catarata de irracionalidades, muertes injustas, vidas truncadas y sinsentidos varios que conlleva es, sin duda, uno de los grandes males de la humanidad que claman al cielo»

¿Quién manda y detiene -o puede detener- la lluvia? ¿Quién manda y detiene -o puede detener- la guerra? Leyes de la naturaleza en un caso, libertades humanas, en el otro, que producen dolor y muerte.

«Las súplicas van dirigidas a quienes son los responsables de detener este fratricidio, y Francisco lo hace en el nombre del Dios de la paz… el Omnipotente que se vuelve Impotente ante la decisión libre de sus hijos prepotentes de hacer la guerra»

«La oración sirve para expresar(nos) ante Dios y ante quien quiera escucharnos, nuestros gozos y, en este caso, nuestros dolores; sirve para cambiarnos a nosotros y, quizá, para movilizar los corazones de quienes nos oyen… ¡pero no para cambiar a Dios de impasible a pasible!»

«Hacer teología, pensar creyentemente (en forma adulta) supone asumir ese duro dato de realidad, y preguntarnos: ¿si no intervino en el destino de su Hijo -y esto porque habría implicado violar la libertad de los hombres que habían decidido que su propuesta era in-útil-, tenemos derecho a reclamarle que lo haga en nuestras historias?»

«Todos somos Abel y todos somos Caín. También en esta nueva página de irracionalidad de la historia humana que estamos ahora escribiendo. Y de las pequeñas guerras y los sutiles fratricidios que protagonizamos todos los días»

Por| Michael Moore

La realidad de la guerra, con la catarata de irracionalidades, muertes injustas, vidas truncadas y sinsentidos varios que conlleva es, sin duda, uno de los grandes males de la humanidad que claman al cielo. O, mejor dicho, que hacen que el creyente -de la religión que sea- dispare angustiosamente la petición a su Dios para que ponga fin a esa barbarie. El tema del sufrimiento (sobre todo del inocente), con sus diversos rostros, siempre ha sido el gran escollo para creer en un Dios al que se concibe -expresa o tácitamente- todopoderoso, entendiendo tal nota como la capacidad de obrar absolutamente todo y cualquier cosa, más de allá de leyes y lógicas.

Hasta ayer fue el azote del virus del COVID 19. Hoy, la fratricida guerra que tiene como escenario central Rusia-Ucrania. No soy politólogo, pero creo que no hace falta un master en Harvard para darse cuenta que el tema es sumamente complejo y excede a las simplificaciones que, a veces, ciertos medios de comunicación -interesados, claro- intentan vendernos. Sólo quiero, como teólogo, llamar la atención sobre un punto que a mí me parece central porque pone en juego -y esto lo he escrito en más de una ocasión en estos espacios- la imagen del Dios en quien creemos.

Caín

De Caín a la Virgen de Fátima

Estas líneas, escritas un poco a las apuradas surgen porque me llamó la atención esta mañana la noticia que leí en varios periódicos on-line -cito textualmente el titular de un importante portal de Argentina-: “El papa Francisco pidió detener la invasión a Ucrania con un mensaje para Putin: ¡Dios, detén la mano de Caín!” Esta última frase está tomada de una oración escrita por el arzobispo de Nápoles, Mimmo Battaglia (https://www.avvenire.it/chiesa/pagine/ucraina-la-preghiera-di-don-mimmo-battaglia)  con la que el papa cerró la audiencia general de hoy, 16 de marzo. De más está decir que no se desprende ni del texto ni del contexto que Francisco está asociando a Putin sin más y unilateralmente con la figura de Caín… a pesar de lo que insinúan varios titulares. Lo cual no implica tampoco afirmar que Putin sea Santa Margarita María de Alacoque. Pero, en lo que me interesa detenerme es en esa imprecación tan elocuente -que “da que pensar!- subrayada por varios periódicos: “¡Dios, detén la mano de Caín!” Porque aquí me surge la pregunta como creyente (del S.XXI): ¿quién debe frenar la mano del asesino? ¿es Dios quien puede -y debe- hacerlo dada su supuesta omnipotencia y su presupuesta misericordia? Los lectores de este portal se darán cuenta que resuena en esta cuestión el eco del debate que se suscitó en Religión digital hace unos días a partir de un breve texto publicado por el teólogo P. Castelao -en clara línea con A. Torres Queiruga- con intento de refutación (¿?) teológica más descalificación personal por parte del señor B. Moreno, en el cual luego intervino también X. Pikaza. ¿Quién manda y detiene -o puede detener- la lluvia? ¿Quién manda y detiene -o puede detener- la guerra? Leyes de la naturaleza en un caso, libertades humanas, en el otro, que producen dolor y muerte.

En la oración citada de Battaglia se pide al Señor que tenga piedad de nosotros por los males que causamos, con lo cual se asume, implícitamente, la responsabilidad de los desastres que produce la guerra. Y, a final, se implora que no nos abandone, que nos detenga, que ponga fin a la violencia y que detenga la mano de Caín. Pero ¿es Dios quien debe hacerlo? Si puede y, “milagrosamente” lo hace -imaginemos p.ej.- luego de la consagración de Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María pedida ahora por los obispos ucranianos tal y como lo solicitó (¿?) la Virgen de Fátima en sus apariciones de 1917, y programada para este 25 de marzo … a mí, como creyente, me surgirán el 26 de marzo muchas preguntas a la cuales no encontraré respuesta razonable -y si la fe no es razonable (que no es lo mismo que racional) no es un acto verdaderamente humano por no ser libre-; p.ej ¿por qué no detuvo antes esta guerra que ya lleva miles de muertos y familias destrozadas de por vida? ¿Por qué no hizo lo mismo con la primer y segunda guerra mundial? etc. etc. Personalmente, me resisto a creer en un dios así. Y no es que pretenda manejarle la agenda, solo que el modo tapa-agujeros me resulta sumamente arbitrario.

Nuestra-Senora-De-Fatima

Otra oración es posible

Me resuenan mucho más “creíbles” las palabras con el papa cerró el Ángelus del 13 de marzo: “En nombre de Dios, escuchen el grito de los que sufren, pongan fin a los bombardeos y a los ataques. En nombre de Dios, les pido: ¡detengan esta matanza! ¡En nombre de Dios, escuchen el grito de los que sufren y pongan fin a los bombardeos y atentados! (…) En nombre de Dios, les pido: ¡detengan esta matanza!” (https://www.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2022/documents/20220313-angelus.html). Porque, como resulta claro, aquí las súplicas van dirigidas a quienes son los responsables de detener este fratricidio, y Francisco lo hace en el nombre del Dios de la paz… el Omnipotente que se vuelve Impotente ante la decisión libre de sus hijos prepotentes de hacer la guerra.

Porque, claro, la oración sirve para expresar(nos) ante Dios y ante quien quiera escucharnos, nuestros gozos y, en este caso, nuestros dolores; sirve para cambiarnos a nosotros y, quizá, para movilizar los corazones de quienes nos oyen… ¡pero no para cambiar a Dios de impasible a pasible! Dios es el Amor misericordioso puro (“Dios es el anti-mal”, dice A. Torres Queiruga) que siempre está suscitando el bien -la paz- en los corazones de todos los hombres, a través de fuerza de su Espíritu, pero que es un Espíritu “discreto”, insistente pero respetuoso de nuestros tiempos y libertades. No violenta: seduce e interpela.

Hacer teología post-factum

La historia de la humanidad está atravesada por guerras y catástrofes naturales de la cuales debemos exonerar a los dioses o, al menos, al Dios revelado en Jesucristo en quien creemos los cristianos. Y digo exonerar no porque Dios necesite nuestra absolución sino porque somos nosotros los que debemos purificar esa imagen de un Dios que inter-viene ocasionalmente en nuestra(s) historia(s) según sus ganas o nuestras “poderosas por insistentes” oraciones que logran arrancarlo de su desidia, desinterés o desinformación acerca de los males que vamos padeciendo. Para ir acabando y compartiendo el fundamento teológico de cuanto he dicho, me permito transcribir algo ya publicado aquí cuando iniciaba la pandemia: “Los cristianos creemos que Dios se ha revelado de un modo pleno -aunque no único- en la historia de Jesús de Nazaret; por eso debemos volver una y otra vez la mirada del corazón a esa vida (…) En medio de aquel escenario de dolor, los evangelistas ponen en boca de los que contemplan al crucificado, una suerte de súplica/puesta a prueba: “si es el Hijo de Dios que baje de la cruz y creeremos en Él…” (Mt 27,40; Mc 15,31; Lc 23,35). Esta actitud es sumamente comprensible, me atrevería a decir “muy humana”. Al menos, creo que es la de todo creyente -de cualquier creencia- cuando se encuentra frente al misterio del dolor: pedir ser bajado de la cruz. Y aquí, me parece, nace gran parte de la paradójica novedad del cristianismo: porque el Padre no baja de la cruz a su Hijo amado. Muere. Y muere sufriendo, fracasado, solo, titubeante entre la desesperanza (Mc 15,34) y la entrega confiada (Lc 23,46). Luego, los cristianos, es decir, los que ponemos el centro de nuestra fe en la historia de Jesús, tenemos que hacer teología post-facutm, esto es, después del hecho concreto: Dios no lo des-clavó “milagrosamente” de la cruz. Hacer teología, pensar creyentemente (en forma adulta) supone asumir ese duro dato de realidad, y preguntarnos: ¿si no intervino en el destino de su Hijo -y esto porque habría implicado violar la libertad de los hombres que habían decidido que su propuesta era in-útil-, tenemos derecho a reclamarle que lo haga en nuestras historias? ( https://www.religiondigital.org/opinion/Michael-Moore-Dios-anti-pandemia-post-pandemia-teologia-coronavirus-jesus-salvacion-hombres_0_2216178370.html). Desde esta perspectiva ¿tiene sentido que le pidamos a Dios que frene “milagrosamente” a los Caínes que promueven, desatan y sostienen las guerras?

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“Abel, Abel ¿qué has hecho de tu hermano?”

La oración del arzobispo de Nápoles reza, sobre el final, “y cuando hayas frenado la mano de Caín, cuídalo también a él. Es nuestro hermano”. Me trajo a la memoria, instantáneamente, un bello soneto de Pedro Casaldáliga que también compartí aquí en otra ocasión, que subvierte el relato genesíaco del fratricidio original, nos cuestiona por si algo de responsabilidad podríamos tener en el devenir de Caín en Caín y nos recuerda, además, que todos somos Abel y todos somos Caín. También en esta nueva página de irracionalidad de la historia humana que estamos ahora escribiendo. Y de las pequeñas guerras y los sutiles fratricidios que protagonizamos todos los días.

Caín

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En el 1er Aniversario de Casaldáliga

Michael Moore: «Pedro Casaldáliga: poeta, profeta y pastor»

«En la vida de Pedro, la palabra poética se vuelve anuncio y denuncia profética, exteriorizada sin tapujos, como obligación de quien debe pastorear un pueblo pisoteado en su dignidad»

«Pedro-poeta encontró en el verso-sin- verso su desahogo y nuestro consuelo»

«En ese ir derramando palabras que buscan nombrar al Innombrable, el poeta es consciente del constante riesgo de manipulación en el que corremos al hablar de lo Totalmente Otro»

«Todo poeta es un profeta… Todo poeta ausculta a su pueblo y lo traduce en grito, en clamor»

«Desde el inicio, lo simbólico marcó todo el programa de cómo sería su pastoreo: nunca usó báculo, anillo ni mitra “tradicionales”, sino una suerte de remo, un anillo de palmera (tucum) y un sombrero de paja»

«Nunca dejó de soñar otra iglesia que -además de una, santa, católica y apostólica- tenga como nota definitoria la desnudez»

Por Michael Moore

Pedro Casaldáliga: poeta, profeta y pastor

Hoy hace un año que Pedro Casaldáliga se sumergía definitivamente en el Misterio de Dios, del Dios del cual fue testigo y voz durante largas décadas desde las olvidadas tierras amazónicas. Querría, pues, evocar aquí su memoria, intentando delinear un esbozo de su multifacética figura, concentrándome en tres rasgos de su personalidad: su ser poeta, su ser profeta y su ser pastor. Conjuntando los tres -que se iluminan y retroalimentan mutuamente-, y a modo de “fórmula” introductoria, diría: en la vida de Pedro, la palabra poética se vuelve anuncio y denuncia profética, exteriorizada sin tapujos, como obligación de quien debe pastorear un pueblo pisoteado en su dignidad.

1. Pedro-poeta

En primer lugar y, ante todo, Pedro-poeta: desde allí se autodefinió muchas veces: “La poesía ha significado y significa mucho en mí. Yo pienso a veces que si yo soy algo es eso, poeta. Y que incluso como religioso y como sacerdote y como obispo, soy poeta. Muchas cosas intuyo, siento, hablo, digo o hago, porque soy poeta. Sabes que para mí la poesía es la palabra emocionada, la realidad intuida y expresada en una palabra emocionada.” (T. Cabestrero, Diálogos en Mato Grosso con Pedro Casaldáliga, Salamanca, Sígueme 1978, 175). Poesía, acotaría yo, para cantar la belleza sin pretender disecarla y poesía para gritar tanto dolor sin banalizarlo. Pedro-poeta encontró en el verso-sin- verso su desahogo y nuestro consuelo. Descubrió el logos poético como arma pacífica para defender(se) y explicar(se): “Después de la sangre, la palabra es el «poder» mayor. Por ella uno se dice y dice el Universo, el Prójimo, el Pueblo, la Muerte, la Vida, Dios, cálidamente” (T. Cabestrero, El sueño de Galilea. Confesiones eclesiales de Pedro Casaldáliga, Madrid, Claretianas 1992, 131). Con la palabra poética en los labios bien abiertos y con los puños apretados, Casaldáliga nombró, rescató y recreó todo (las cosas, la naturaleza, el hombre, sus historias, etc.) desde una profunda experiencia del Misterio -con mayúscula- que lo transformó en un verdadero místico “de ojos abiertos” (J.B. Metz), es decir: aquel que sospecha y descubre a Dios donde parece no estar: en el sin-sentido gris y en el sufrimiento inocente.

Leyendo su poesía, descubro que hay, por una parte, una necesidad inaplazable de decir el Misterio (en lenguaje no dogmático) y, por otra, un pudoroso respeto ante eso Último para evitar manipularlo y no pretender agotarlo ni de-finirlo. Para iluminar lo primero, en cuanto testigo de un Misterio que lo envuelve, lo desborda y lo impele a comunicar, basta recordar: “Yo hago versos y creo en Dios. / Mis versos / andan llenos de Dios, como pulmones / llenos del aire vivo”. ¡Primero se declara poeta… y luego creyente! Lo cierto es que Pedro anda lleno de Dios. Sus pulmones, sus entrañas, sus ganas andan llenos de Dios, por eso necesita compartir esa Buena Nueva. Hablando de sí mismo, reconoce: “Si no hablase uno de Dios y de Jesús su Hijo, se sentiría traidor a sí mismo, mudo, muerto. Salvadas las apostólicas distancias, «¡ay de mí si no evangelizare!», ¡ay de mí si hiciera poesía no evangélica, no evangelizadora!” (T. Cabestrero, El sueño…, 133). Corresponde, pues, decir el Misterio porque forma parte esencial de la vida; hay conservarl-o, decir-lo y callar-se:Silencio y palabra; palabra y silencio: “Derramando palabras, / de mis silencios vengo / y a mis silencios voy. / Y en Tus silencios labras / el grito que sostengo / y el silencio que soy”. Y en ese ir derramando palabras que buscan nombrar al Innombrable, el poeta es consciente del constante riesgo de manipulación en el que corremos al hablar de lo Totalmente Otro: “¿Cómo dejarte ser sólo Tú mismo, /sin reducirte, sin manipularte?” Manipulación que muchas veces va de la mano del confundir a Dios con nuestras experiencias y representaciones, siempre nuestras y, por tanto, siempre falibles, siempre balbuceantes, como escribe en una de sus “Antífonas”: “Voy a decir de ti / mi última palabra. / (Siempre penúltima / y mía siempre)”.  Cuánto para aprender quienes tenemos la posibilidad de hablar de Dios: obispos, sacerdotes, teólogos, catequistas, predicadores… Siempre serán palabras nuestras que interpretan lo Inefable, puesto que en verdad conocemos a Dios… pero lo como conocemos a todas las otras realidades: al modo humano.

Concluyendo esta primera aproximación, quiero citar unas palabras del propio Casaldáliga donde define su vena poética: “La poesía es la respuesta sensibilizada a todo y a todos, en un encuentro que pulsa el alma y compromete las opciones. Mi práctica poética es “sobre la marcha”: viviendo, tocado por un momento fuerte, emocionado por un encuentro, a partir de una lectura, evocando, soñando el mañana, orando” (T. Cabestrero, El sueño…, 131). Una poesía, diría yo, nacida del corazón caminante y amante, y de los pies cansados y desnudos, como sugiere en el poema “Piensa también con los pies”:

 2. Pedro-profeta

 En Casaldáliga, poesía y profecía van de la mano: “Para mí, todo poeta es un profeta (…) Fíjate que todo poeta ausculta a su pueblo y lo traduce en grito, en clamor. Fíjate que todo poeta le da a su pueblo, en el momento histórico si es un poeta más épico, o a cada miembro de su pueblo en el momento sentimental si es un poeta más lírico, aquella palabra, aquella pista, aquel clima que lo hace vibrar, que lo hace vivir” ((T. Cabestrero, Diálogos…, 175-176). Ante todo, la escucha y, en un segundo momento, la verbalización, prestando palabras sobre todo a los sin-voz. Poesía que arranca de la historia concreta: desde los pies embarrados y pasando por el corazón conmovido, nace de sus labios la palabra comprometida: “Por mi vocación personal y por legítima ideología asumida, no creo en poesía neutral. Uno se emociona con ira frente a la injusticia y la miseria y la prepotencia. Uno se emociona con entrañas de compasión delante de los pobres, ante el dolor humano” (T. Cabestrero, El sueño…, 133-134). Es esa santa ira la que empuja a un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno” (A. Machado), a lanzar maldiciones como flechas que se disparan contra las injusticias de la historia y que recuerdan los famosos “ayes” -“¡ay de ustedes…!”- del otro profeta, el de Nazaret (cf. Mt 23,13 ss.):Pero toda esa cruda denuncia que en más de una ocasión ha desenmascarado el pecado y el mal en el mundo (y en la iglesia) se sostiene e ilumina desde un firme horizonte de esperanza: “La muerte continúa siendo para mí lo más serio de la vida. «Me hace la pascua». En algunos momentos casi me he desesperado, y yo le he preguntado a Dios por qué tantas muertes estúpidas, sin sentido al parecer, muertes de hambre, por distancias, por no tener un mínimo de infraestructura, asistencia médica, etc., por tanta injusticia, «muertes matadas», como se dice aquí, muertes enloquecidas. Por otra parte, claro, es «la pascua del Señor». Yo tengo fe, tengo esperanza…aquí mi esperanza se ha agudizado, se ha afilado como una cuchilla a medida que he ido cortando la carne de la muerte presente. Sólo puedo tener esperanza. No existe otra posibilidad” (T. Cabestrero, Diálogos…, 100). Querría iluminar este rasgo de profeta esperanzado con un soneto de los muchos que escribió sobre el tema: Y permítanme subrayar sólo tres notas: el cielo, la felicidad definitiva, el destino último del hombre, no será sólo ver y abrazar a Dios, sino también a todos los que nos precedieron (de un modo particular, a las víctimas de las diversas injusticias): “espero tanto verLo como verte”. En segundo lugar, esa apuesta al abrazo resucitado se valida en la capacidad previa de morir con esos que han muerto antes de tiempo: “donde espera / un muerto, yo reclamo primavera, / muerto con él ya antes de mi muerte”, Y, por último, la invitación que nos hace el poeta a “esperar a contramano / de tanta decepción”, que nos invita a pensar ahora, a cada uno de nosotros, cuáles han sido y son las decepciones -personales e institucionales- con las cuales y a pesar de las cuales seguimos creyendo, esperando y amando

3. Pastor

Y la última perspectiva que quiero compartir en este rápido esbozo de retrato es la de Pedro-pastor, recordando que sólo aceptó ser consagrado obispo cuando se sintió “fraternalmente presionado” y convencido por su propia gente para que accediera a ese ministerio de servicio. Nacido poeta, fue “hecho” obispo, como comenta con sutil ironía: “Para información de los amigos y sin posible discusión, es bueno hacer constar el parecer nada menos que del Papa Juan Pablo II, quien, además, es poeta: «Es más fácil hacer un buen poeta que hacer un buen obispo». Y lo decía de mí, cuando en su primer viaje al Brasil le dediqué aquel poema «Joáo Paulo, Pedro só». Ya es sabido que el poeta nace. Hasta ahora, a los obispos los hacen.” (T. Cabestrero, El sueño…, 132)

Desde el inicio, lo simbólico marcó todo el programa de cómo sería su pastoreo: nunca usó báculo, anillo ni mitra “tradicionales”, sino una suerte de remo, un anillo de palmera (tucum) y un sombrero de paja. Elementos todos que hacen referencia a esa tierra indígena oprimida, y que incomodan cuando, todavía hoy, se siguen manteniendo tantos signos que mucho tienen que ver con el Imperio romano de otrora y poco con una iglesia samaritana. Conmovedoras -e imagino que interpelantes para más de un obispo- resuenan las palabras que escribió en la tarjeta de invitación-recordatorio de su consagración episcopal (23-10-1971): “Tu mitra será un sombrero de paja sertanejo; el sol y el claro de luna; la lluvia y el sereno; la mirada de los pobres con quienes caminas y la mirada gloriosa de Cristo, el Señor. Tú báculo será la verdad del evangelio y la confianza de tu pueblo en ti. Tu anillo será la fidelidad a la nueva alianza del Dios liberador y la fidelidad al pueblo de esta tierra. No tendrás otro escudo que la fuerza de la esperanza y la libertad de los hijos de Dios, ni usarás otros guantes que el servicio del amor”.

Nunca aceptó ser llamado con esos títulos de dignidad que tanto abundan y gustan en ciertos sectores eclesiásticos, pero tan poco tienen que ver con el evangelio: monseñor,excelencia, ilustrísima, santidad, eminencia, etc… Pedía ser llamado “Pedro” o “Pedrinho”. Es que nunca dejó de soñar otra iglesia que -además de una, santa, católica y apostólica- tenga como nota definitoria la desnudez: “Yo, pecador y obispo, me confieso / de soñar con la Iglesia / vestida solamente de Evangelio y sandalias”. Este verso me retrotrae a una foto del año pasado, en alguna de las celebraciones fúnebres, donde se ven sus pies llagados, desnudos, apenas cubiertos con el libro de la Palabra. Todo un símbolo de lo que fue su búsqueda del Reino desde la iglesia. Una iglesia despojada de tantas exterioridades y superficialidades, de ritos insignificantes y palabras vacías para, desde la pobreza, concentrarse en lo esencial:“Soñar” una iglesia distinta implica también apurar la utopía, alentar e implementar reformas concretas. En un reportaje de 1986 -30 años antes que el papa Francisco lo instalara como tema prioritario de agenda eclesial-, enumerando algunas sombras de la Iglesia, denunciaba: “La lentitud seudo-eterna de nuestras reformas en curias y códigos. Especialista en eternidad, la Iglesia deja pasar, con frecuencia, el Tiempo…” (P. Casaldáliga, Al acecho del Reino, Madrid, Nueva Utopía 1989, 179). Y, acotaría yo que, dejar pasar el tiempo no es sólo una cuestión cronológica sino kairológica: “Lo malo no será / perder el tren de la Historia, / sino perder el Dios vivo / que viaja en ese tren”. Y sin ciertas reformas ya no urgentes sino impostergables, será la iglesia quien vea pasar de largo ese tren.

 Pedro del Araguaia, porque primero lo hizo con su ejemplo desde Sao Felix, se animó después a interpelar a Pedro de Roma, en aquel duro poema dedicado a Juan Pablo II. que comienza: “Deja la curia, Pedro, / desmantela el sinedrio y la muralla, / ordena que se cambien todas las filacterias impecables / por palabras de vida, temblorosas”.

Luchó por una iglesia pobre, desde los pobres y para los pobres… ¡para que no haya más pobres! Porque estaba convencido que lo que Dios quiere es la igualdad de todos sus hijos para que puedan vivir en verdadera y libre fraternidad, como escribe en un irónico poema titulado “Igualdad”: “Si Cristo es / la riqueza / de los pobres, / ¿por qué no es / la pobreza / de los ricos, / para ser / la igualdad / de todos?”

Y una última nota para subrayar la sintonía con la tan mentada “iglesia en salida”. En el poema ya citado, dedicado a un antecesor (“Deja la curia, Pedro”) lo exhorta -y, en él, a todos los creyentes-, a desplazarse hacia las periferias, donde el Pueblo (sobre)vive, abandonado. Cito sólo unos versos: ****

Para concluir este tan rápido como incompleto esbozo de su cautivante figura, quiero recordar un pequeño poema que, quizá, pueda resumir su triple ministerio de poeta, profeta y pastor o, mejor aún, lo que fue toda su vocación: buscar el verdadero y siempre inalcanzable Rostro de Dios para poder modelar y cambiar su propia vida y, luego, ofrecerlo como “condición de posibilidad” para poder humanizar un poco más la Iglesia y el Mundo, desde su propuesta programática de “Humanizar la humanidad practicando la proximidad”:

Deconstruir y reconstruir el Templo

Urge recuperar el “desplazamiento del centro de gravedad de la religión”
Michael Moore: «Deconstruir y reconstruir el Templo en tiempos de COVID»

La escena en el templo es clave para entender la vida y la muerte de Jesús pero, sin embargo, aún no la hemos internalizado ni hemos sacado las consecuencias teológico-prácticas que se derivan
Lo que se pone en tela de juicio es una determinada imagen de Dios de la cual se deriva el dónde encontrarlo y el cómo adorarlo
Jesús propone una suerte de “desplazamiento del centro de gravedad de la religión” que propongo graficar en un doble movimiento: del templo a Jesús y de Jesús al pobre/sufriente
05.03.2021 | Michael Moore Seguir leyendo

Carta de Michael Moore a Joe Biden

Carta de Michael Moore a Joe Biden: Usted puede darnos mucho más que cuatro años de ¡no Trump!
Michael Moore

Estimado presidente electo Biden:
En primer lugar, ¡Felicitaciones! Lo logró. ¡Lo logramos! Usted detuvo la locura. Una nación agradecida, y yo mismo, estamos en un estado de alegría, esperanza y alivio. ¡Gracias por eso! Todos estamos ansiosos por unirnos a usted para reparar el daño hecho a nuestro país y eliminar todo eso de nuestra sociedad y nuestra política que nos trajo a alguien como Donald Trump.
Sr. Presidente electo, yo lo conocí por primera vez en la Convención Nacional Demócrata en Boston en el 2004. De nuestra charla de ese día tuve claro que usted no era el político que recordaba de la década de 1990. Ese día en Boston, llevábamos más de un año en la guerra de Irak, una guerra por la que usted votó. Mi “Fahrenheit 9/11” acababa de salir y usted quería hacerme saber que estaba consciente de la locura en la que le habían metido.
Me pareció que estaba haciendo un gran examen de conciencia y quería escuchar mis pensamientos. Para ser honesto, yo estaba distraído por lo perfectos que eran sus dientes y me preguntaba, ¿realmente podría usted ser de la clase trabajadora? Al final de nuestra charla, estaba convencido de que había algo bastante real y muy bueno en usted, aunque quizás un poco escondido por dentro. ¿Saldría fuera alguna vez para que el público pudiera verlo? Al reflexionar hoy sobre esto, y sobre usted, espero sinceramente que gobierne como presidente de la clase trabajadora. Usted, uno de nosotros, en la Casa Blanca. Así es como debería sentirse. Sus acciones, si son audaces y valientes, lo harán realidad.
También es nuestro segundo presidente católico. Creo que es usted una persona de fe. A usted y a mí nos enseñaron las mismas lecciones en la escuela católica: amar a nuestro prójimo, incluso a nuestro enemigo; para crear un mundo en el que todos, independientemente del estado o la estación, tengan un asiento en la mesa y todos obtengan una porción del pastel; un mundo en el que “al rico le resultará más difícil entrar al cielo que a un camello pasar por el ojo de una aguja“. Nos enseñaron que seremos juzgados por cómo tratamos a los más pequeños entre nosotros. ¿Tengo ese derecho? ¿No son estos los principios morales y fundamentales de la próxima presidencia de Biden?
Me conmovió tanto su discurso de victoria el sábado por la noche cuando les dijo a los inmigrantes y a los hijos de inmigrantes que los Soñadores ya no tendrían que vivir con miedo. Que los musulmanes serían nuevamente acogidos en nuestro país. Que el mundo podría dar un suspiro de alivio porque íbamos a dejar que el propio planeta Tierra respirara y tuviera algo de alivio. Y usted les dijo a los maestros de Estados Unidos que a partir del 20 de enero, “uno de los suyos vivirá en la Casa Blanca“. Eso se sintió instantáneamente bien.
Entonces, si me lo permite, me gustaría sugerir algunas cosas que podrían hacer de su presidencia una de las mejores que haya tenido este país. Es posible que usted y yo tengamos nuestras diferencias políticas (¡a usted le gustan los trenes de Amtrak, y a mí me gustaría viajar en un tren bala de Nueva York a Los Ángeles en 10 horas!), pero sé que usted y yo, y decenas de millones de personas más, todos quieren y creen en las mismas cosas básicas:
La atención médica es un derecho humano y todos los estadounidenses deben estar cubiertos;
Todos deben recibir un salario digno y todos debemos trabajar para eliminar la pobreza y reconstruir nuestra rota clase media;
Debe reducirse el enorme y creciente abismo entre los ultrarricos y todos los demás, y los ricos deben volver a pagar los impuestos que deben pagar;
A las mujeres se les debe pagar lo mismo que a los hombres, y ningún hombre o gobierno tiene derecho a decirles qué pueden hacer o no hacer con sus cuerpos.
Así que aquí está mi modesto aporte:
1. Tiene razón al convertir la contención de la COVID-19 en la prioridad # 1. Si Trump hubiera ganado, supongo que hasta un millón de personas en el próximo año habrían muerto por haber ignorado este virus. Ayer nombró a su grupo de trabajo de médicos y científicos para la COVID-19 y los está poniendo a trabajar. No tenemos un segundo que perder. Gracias por esto.
2. Tan pronto como pueda, proporcione mucho más alivio por desempleo para los desempleados, cheques de estímulo para todos, ayuda para las pequeñas empresas y la creación de empleos que necesitamos desesperadamente.
3. Millones han perdido su seguro médico porque nuestro sistema vincula la cobertura médica de uno a su empleador. ¿Qué sucede cuando el empleador, como ahora, desaparece repentinamente, o el jefe se despierta una mañana y decide que los beneficios de salud de estos empleados son demasiado costosos y deben recortarse? ¡BOOM! Millones de familias de repente no tienen seguro médico. Esto es una locura. Usted DEBE crear un sistema de salud como cualquier otra democracia industrial, uno respaldado por el gobierno, no por los caprichos del jefe donde trabaja o una pandemia que lo tire abajo. Esto es simplemente sentido común.
4. Veo a varias personas que intentan atribuirse el mérito de su victoria y que utilizan sus agendas personales para alejarlo de la izquierda progresista y acercarlo al centro cobarde que cree que la mejor manera de vencer a los republicanos es simplemente convertirse en una versión más fácilmente digerible de los mismos republicanos. Creen que debido a que Trump obtuvo 70 millones de votos, los demócratas deberían rechazar Black Lives Matter, AOC y cualquier cosa que suene vagamente a socialismo, en un momento en el que la mayoría de nuestros ciudadanos menores de 35 años, según la mayoría de las encuestas, prefieren la idea de socialismo democrático sobre la codicia del capitalismo moderno. ¿Por qué arriesgarse a perderlos? Necesitamos escuchar y comprender por qué se sienten así. Han tenido que cargar con una aplastante deuda estudiantil y les hemos entregado un planeta en medio de su sexto evento de extinción como su futuro. ¡Usted y Barack les presentaron los beneficios del socialismo democrático al permitirles permanecer con el seguro médico de sus padres hasta los 26 años! El resultado: Simplemente establecieron un récord al salir y votar por usted en el mayor número de jóvenes de la historia.
Pero usted sabe todo esto. Y también sabe cómo ganó estas victorias tan finas como una navaja en los últimos cinco estados mientras veíamos nerviosamente llegar las boletas finales de la Filadelfia Negra, el Detroit Negro, la Atlanta Negra, el Flint Negro. En el oeste, fueron los votantes latinx y navajo quienes le entregaron Nevada y Arizona. En su discurso del sábado lo reconoció. Y nunca en nuestra historia he escuchado a un presidente electo señalar a la comunidad negra y agradecerles “por apoyarme. ¡Y les prometo que les respaldaré! ” Los negros, los morenos y los indígenas, además de una avalancha de mujeres y votantes adultos jóvenes hicieron que esto sucediera. Guau. Sé absolutamente que usted mantendrá esa promesa.
5. Por favor, no cometa el mismo error que cometió un presidente Obama bien intencionado en sus dos primeros años. Él quería que todos se llevaran bien. Estaba dispuesto a comprometerse en cualquier cosa. Kumbaya. Los republicanos ya habían decidido que iban a bloquear TODO lo que proponía Obama y eso es exactamente lo que hicieron durante ocho largos años con una disciplina y una crueldad que probablemente deberíamos envidiar.
No deje que eso le pase a usted. Cargue el 20 de enero como un Franklin Delano Roosvelt con esteroides. No tiene elección. ¡La gente se está muriendo! Necesita firmar órdenes ejecutivas y engatusar, exigir y avergonzar al Congreso para que actúe. ¡Y VAYA A LO GRANDE! ¡Elimine el Colegio Electoral a través de la Ley Nacional de Voto Popular! ¡HECHO! ¡Ratifique la Enmienda de Igualdad de Derechos para las mujeres! ¡Solo se necesita un estado más! ¡HECHO! ¡Envíe el Cuerpo de Ingenieros del Ejército a Flint para reemplazar las tuberías de agua envenenadas! ¡¡HECHO!!
¡Y nada de lo anterior necesita un solo voto del Senado de los Estados Unidos! De hecho, el verano pasado, su grupo de trabajo conjunto de unidad “Biden-Bernie” identificó la friolera de 277 políticas y decisiones de Trump que usted tiene la autoridad legal para revertir inmediatamente por orden ejecutiva o decisión de política presidencial. ¡Encuentre ese gran rotulador negro y hágalo!
Pero sí, también necesitamos desesperadamente esos dos escaños del Senado de Georgia para que los años de Biden / Harris tengan un comienzo espectacular. ¡Hagamos que eso suceda! ¡Todos a la obra desde ahora hasta el 5 de enero! Todos haremos lo que sea necesario.
Amigos míos de izquierda que son más cínicos que yo probablemente se estén preguntando por qué le envío esta carta. ¡Jaja! Bueno, porque le vi besar la cabeza de ese joven afligido en el memorial de Parkland, Florida, por las víctimas de los disparos en la escuela secundaria Stoneman Douglas.
Y porque le vi en New Hampshire este año mientras estábamos trabajando para Bernie, y usted estaba haciendo una parada de campaña y había un niño inquieto de cinco años en la primera fila. Sus padres estaban tratando de que se calmara. Usted se detuvo y habló con el chico. “Oye amigo“, dijo de una manera amable pero paternal, “si puedes aguantar y ser un buen chico por un rato, ¡te compraré un helado!” El niño se calmó, usted luego se acercó al niño y sus padres y les dió cinco dólares al niño para que su mamá y papá pudieran ir a buscarle un helado. Y pensé para mis adentros, esto es lo más extraño que he visto en mi vida, y luego comencé a llorar porque quería tanto que ese pedazo de Estados Unidos regresara, tonto, amable y enfocado en lo que es realmente importante: un maldito ¡cucurucho de helado!
Creo que por eso usted ganó. La gente vio lo que yo vi en usted allí en New Hampshire y en Boston ese día hace 16 años; sabían que tal vez, solo tal vez, sus vidas podrían mejorar un poco, con suerte MUCHO mejor, con usted en la Casa Blanca. Quizás menos de ellos mueran a causa del virus, este horror prevenible. Trump, de quien sabíamos muchas cosas despreciables y pensamos que ya habíamos visto cuán bajo podría llegar el listón para un ser humano, pero nunca lo consideramos bajo el apodo de asesino en masa, terrorista o superpropagador. Entonces usted, Joe, vino y nos ofreció un respiro, un descanso de la locura: “Sr. Biden, estaremos felices si nos das cuatro años de ‘¡No Trump!’
Pero creo que usted puede darnos mucho más que eso. ¿Cómo podrían ser nuestras vidas en cuatro u ocho años (con un Senado Demócrata para empezar)? ¿Qué tal si nadie vuelve a la quiebra porque se enfermó? ¿Qué tal si nadie está sentado en una celda de prisión por poseer marihuana o drogas reales? ¿Qué tal si todos los niños pueden ir a una gran escuela y cada vecindario tiene una biblioteca gratuita ampliada abierta los siete días de la semana? ¿Qué tal una licencia médica familiar pagada para que pueda cuidar de sus padres ancianos y no perder su trabajo? ¿Qué tal mi tren bala? Usted y nosotros podemos hacer que todo esto suceda. No es una ciencia exacta. Más de 30 países ya lo hacen. Están más felices. ¿Por qué no nosotros? Nuestros fundadores nos lo prometieron en su segunda frase: “la búsqueda de la felicidad“. Dijeron que eso es lo que sería Estados Unidos, y ha sido un día raro en el que realmente lo hemos vislumbrado.
Joe, usted es el hombre que cumplirá la promesa. Yo ayudaré. También lo harán mis vecinos en el piso donde vivo. Al igual que la mujer que entrega mi correo, los trabajadores que abastecen las estanterías del mercado de mi barrio, la enfermera que acaba de escribirme llorando porque ayer vio morir a su paciente número 22, solo, sin familia, de COVID-19. Sin mencionar los millones y millones de estadounidenses que están listos para ser soldados de infantería en su ejército de justicia, igualdad y amor. ¡Estamos todos con usted! No queremos volver a la vieja “normalidad“. ¡Queremos una nueva normalidad!
P.D. ¿Sabe por qué creo que usted puede hacer esto y lo hará? ¡Usted elegió a Kamala Harris para postularse juntos! Clasificada como la senadora más liberal del Senado de Estados Unidos. Una mujer. ¡Una mujer negra! Vi el primer debate, aquel en el que ella le desafió y arrojó sombra sobre su yo más joven. La mayoría de la gente (incluyéndome a mí), si eso nos hubiera pasado, probablemente no lo hubiéramos superado. Usted lo hizo. Supongo que su conciencia le susurró: “bueno, carajo, tal vez ella tenga razón“. Usted no guarda rencor. Usted es un alma perdonadora. Pero entonces no solo la perdonó, ¡la puso en el Gran Ticket! ¿Quién haría eso? ¡Usted lo hizo! Es por eso que mi apuesta cautelosa y esperanzadora está en las buenas manos en las que estamos ahora: ambas manos, las manos de Kamala y las manos de los millones de personas que votaron por usted y continuarán levantándose y luchando por este nuevo y mejor, Estados Unidos post-Trump, post-pandemia.