“El protagonismo de la Mujer en la Iglesia y en la Sociedad”

Mons. Cabrejos: “Visibilizar los aportes de las mujeres, desde sus servicios y carismas”

Mons. Cabrejos
Mons. Cabrejos

El arzobispo de Trujillo comenzó sus palabras recordando cómo el Magisterio de la Iglesia latinoamericana y caribeña ha insistido en “la necesidad de reconocer y promover el protagonismo de la mujer en la sociedad como en la vida de la Iglesia

“Urge que todas las mujeres puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, cultural, social y económica, creando espacios y estructuras que favorezcan una mayor inclusión”

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Francisco con las mujeres del Sínodo

Mons. Miguel Cabrejos, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), ha publicado este 8 de marzo un editorial con motivo del Día Internacional de la Mujer, que lleva por título “El protagonismo de la Mujer en la Iglesia y en la Sociedad”.

El arzobispo de Trujillo comenzó sus palabras recordando cómo el Magisterio de la Iglesia latinoamericana y caribeña ha insistido en “la necesidad de reconocer y promover el protagonismo de la mujer en la sociedad como en la vida de la Iglesia”, algo que aparece recogido diversas veces en el Documento de Aparecida, que llama a escuchar los clamores de las mujeres, especialmente de aquellas que son marginadas por diferentes motivos.

Por ese motivo, recuerda Mons. Cabrejos, citando el Documento, “urge que todas las mujeres puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, cultural, social y económica, creando espacios y estructuras que favorezcan una mayor inclusión”.

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ha sido momento para que la Iglesia del continente americano se sienta interpelada “por los cambios y los pasos que debemos dar para reconocer y valorar el rol y el aporte de la mujer en la historia, en la sociedad y en la propia Iglesia”. A partir de esas demandas, el presidente del Celam insiste en que se trata de “uno de los desafíos prioritarios que queremos abrazar desde la perspectiva pastoral y sinodal que ha conducido los itinerarios de renovación y de reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), inspirados por el Magisterio del Papa Francisco”.

La mirada de Mons. Cabrejos se dirige especialmente a las mujeres de los pueblos originarios, afrodescendientes y campesinas, pidiendo espacios para que “compartan sus conocimientos, experiencias y prácticas en diversos ámbitos eclesiales, como el impulso que debemos dar al desarrollo de una auténtica pastoral de la mujer a nivel local, nacional y continental, que garantice su promoción integral y participación efectiva en la vida de la Iglesia y de la sociedad”.

Junto con ello ha querido enfatizar el papel de en la sociedad. Para ello, nos recuerda el editorial, que el Celam ha dado inicio a la campaña continental “Mujeres gestoras del cambio”, buscando “visibilizar los aportes de las mujeres, desde sus servicios y carismas, a la sociedad y a la Iglesia, a través de expresiones de sensibilización, espacios de formación y acciones concretas de incidencia, de la mano de diversas organizaciones eclesiales de nuestro continente y en sintonía con los desafíos de la Asamblea Eclesial, y con un acento sinodal”.

Finalmente, ha recordado las palabras del Papa Francisco, que nos llama a descubrir a “las mujeres con protagonistas de una Iglesia en salida, subrayando su capacidad de acogida y anuncio de la “buena nueva” por parte de “tantas mujeres evangelizadoras y misioneras de nuestro continente”

Una Iglesia diferente

El Celam pugna por un cambio de chip para que haya una Iglesia diferente 

Fuente: Observatorio Eclesial 
Para tener una Iglesia diferente, sinodal y misionera se debe cambiar el chip, afirmó Miguel Cabrejos Vidarte, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Ce-lam) al término de los trabajos de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.Por separado, al encabezar la misa de clausura en la Basílica de Guadalupe en el primer domingo de Advien-to, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congrega-ción de Obispos del Vaticano, aseguró que en el con-texto dramático de la pandemia que no acaba, en este contexto difícil, la Igle-sia de la región vuelve a tomar consciencia de su iden-tidad misionera. 

Mientras, en las sesiones el arzobispo de San Juan de Cuyo, Argentina, Jorge Lozano, secretario general del Celam, aseguró que la escucha que realizó la Iglesia latinoamericana en la Asamblea Eclesial ―no tiene una finalidad de marketing religioso‖, sino un deseo genuino de volver al origen.Cabrejos, arzobispo metropolitano de Trujillo, Perú, dijo que estamos llamados a cambiar, a convertir perma-nentemente la sinodalidad no un eslogan, no es una frase, es algo inherente, es la esencia de la Iglesia. 

La sinodalidad es caminar juntos. Eso cuesta a veces. La sinodalidad en los textos y do-cumentos es maravillosa y extraordinaria, pero en la práctica está la dificultad. Para eso tenemos que con-vertirnos, como dicen los jóvenes, cambiar el chip que tenemos en la cabeza.En la Basílica, Ouellet, presidente de la Pontificia Comi-sión para América Latina del Vaticano, dijo que la espe-ranza en medio de pruebas y dolores nos afectan tanto como al resto de nuestros hermanos y hermanas en otras partes del mundo.Aseguró que la asamblea que reunió a laicos, sacerdo-tes, religiosas, obispos y a cardenales, tendiente a cambiar la Iglesia de la región y hacerla más cercana a la realidad, rindió frutos. 

Nuestros días de convivencia presencial y digital han contribuido a fraguar aún más la unidad de este nuestro continente cristiano, mariano y cada vez más sinodal.La pandemia profundizó las desigualdadesEn el mensaje final, denunciamos el dolor de los más pobres y vulnerables frente al flagelo de la miseria y las injusticias. Nos duele el grito de la destrucción de la ca-sa común (el planeta) y la cultura del descarte que afec-ta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendien-tes. 

También lamentó el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades so-ciales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población y que les llega el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones so-bre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obs-táculo para la sinodalidad.Cabrejos consagró a la Guadalupana las 22 conferen-cias episcopales del continente.(jornada.com.mx) 29/11/2021 

Mensaje Asamblea Eclesial

Mensaje final: La Sinodalidad pertenece a la esencia de la Iglesia, no es una moda pasajera 

Lectura del Mensaje Final 

Es “Jesucristo Resucitado quien nos ha convocado una vez más” para así “comunicar por desborde de alegría el gozo del encuentro con Él, para que todo tengamos en Él vida plena” 

Duelen los pecados intraeclesiales, como “el clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obstáculo para la sinodalidad” 

Hay esperanzas, nacidas de “la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento” 

La ruta está marcada, ahora queda la valentía para enfrentarla, sin olvidar algo que es innegociable: tiene que ser juntos 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

El deseo de reavivar el espíritu de Aparecida y en el horizonte del Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en el 2033, la Asamblea Eclesial de América Latina ha emitido un mensaje donde se recoge lo vivido desde el 21 de noviembre en un evento inédito e histórico. 

Leído por Mons. Miguel Cabrejos, el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), comienza confesando que es “Jesucristo Resucitado quien nos ha convocado una vez más” para así “comunicar por desborde de alegría el gozo del encuentro con Él, para que todos tengamos en Él vida plena”, como nos dice Aparecida.   

Sintiendo la compañía de Jesús en “la tarea emprendida de repensar y relanzar la misión evangelizadora”, el mensaje reconoce la necesidad de “un camino de conversión decididamente misionera”, que tiene como presupuesto la necesidad “de mayor responsabilidad pastoral”. 

La Asamblea ha sido vivida, recoge el escrito, como “una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia”. Desde la “poliédrica diversidad”, los participantes de la Asamblea se han “vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas”. 

El texto constata y denuncia dolores “de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias”; también “el grito de la destrucción de la casa común” y la “’cultura del descarte’ que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”. A la Asamblea le duele “el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población”. 

También duelen los pecados intraeclesiales, como “el clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obstáculo para la sinodalidad”. Junto con ello, se muestra la preocupación ante “la falta de profetismo y la solidaridad efectiva con los más pobres y vulnerables”. 

Pero también hay esperanzas, nacidas de “la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento”. El mensaje muestra el camino sinodal como “un significativo espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos”. También es motivo de esperanza la Vida Religiosa, “mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio”, y la piedad popular. 

Vivida como “un Kairós, un tiempo propicio para la escucha y el discernimiento” que conecta con el Magisterio e “impulsa a abrir nuevos caminos misioneros hacia las periferias geográficas y existenciales y lugares propios de una Iglesia en salida”. 

Desde ahí se pregunta por los desafíos y orientaciones pastorales a ser asumidos, diciendo que “la voz del Espíritu ha resonado en medio del diálogo y el discernimiento”, llamando a una mayor encarnación, acompañamiento y promoción de los jóvenes, atención a las víctimas de los abusos, participación activa de las mujeres en los ministerios y en los espacios de discernimiento y decisión eclesial. 

También la promoción de la vida en su totalidad, formar en sinodalidad para erradicar el clericalismo, participación laical en espacios de transformación, escuchar y acompañar el clamor de los pobres, excluidos y descartados. Se ha señalado la necesidad de nuevos programas de formación en los seminarios, de dar valor a los pueblos originarios, de la inculturación e interculturalidad, abordar temas sociales y formar en sinodalidad. 

En la larga lista de elementos a tener en cuenta, no es fácil resumir las aportaciones de tanta gente, se recordó la importancia de la experiencia de Pueblo de Dios, de vivir los sueños de Querida Amazonía, de acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, tierra y sus culturas. 

La sinodalidad es el camino, algo que pertenece a la esencia de la Iglesia, por lo que se insiste en que “no es una moda pasajera o un lema vacío”. Es algo que ha hecho aprender a caminar juntos, involucrando a todos. Ahora se trata de llevarlo a las comunidades, a las bases, por lo que se muestra el compromiso a seguir el camino, aprendiendo y creando, en un itinerario pastoral que busca la conversión misionera y sinodal. Podemos decir que la ruta está marcada, ahora queda la valentía para enfrentarla, sin olvidar algo que es innegociable: tiene que ser juntos. 

Asamblea Eclesial de A.L. y E.C.

Miguel Cabrejos: En la Asamblea Eclesial “nos hermanamos en diversidad de ministerios y carismas” 

La Asamblea Eclesial en Guadalupe

En vez de haber realizado la VI Conferencia General de los Obispos, el Papa Francisco, propuso esta Asamblea Eclesial, integrada por representantes de todo el Pueblo de Dios” 

«Inaugura un nuevo organismo sinodal en el ámbito continental, que sitúa la colegialidad episcopal en el seno de la sinodalidad eclesial» 

A María de Guadalupe también le pedía “que nos señale el camino que Dios desea para su Iglesia en nuestra región” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

En la Solemnidad de Cristo Rey, a los pies de María de Guadalupe, la Iglesia de América Latina y el Caribe se ha reunido para abrir la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. En una Eucaristía presidida por Mons. Miguel Cabrejos, el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), ha afirmado que los participantes de la Asamblea, más de mil, entre los presentes en Ciudad de México y quienes participan virtualmente, estaban allí para dar “gracias a Dios por esta nueva experiencia de vivir, sentir y participar en la Iglesia”. 

En su homilía, el arzobispo de Trujillo, afirmaba que la Asamblea Eclesial llega después de “un largo camino recorrido juntos, escuchando a todos, sintiendo lo hermoso que es ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, protagonistas y corresponsables de la evangelización como discípulos misioneros”. Pedía a Dios que abra nuestro corazón para dejarnos guiar en espíritu de escucha, sinodalidad y unidad eclesial, y descubrir lo que Él quiere decirnos como pueblo de Dios en camino”. 

Llamando a hacer la Voluntad de Dios, dijo que “la verdadera grandeza está en dejarse iluminar por la Luz de la Verdad, en descubrir la acción de Dios en la historia, en adherirse al proyecto de Jesucristo y tener la verdad como norma suprema de comportamiento”. El prelado peruano comparaba esta Asamblea con la Conferencia de Medellín, que definía como “la ‘recepción creativa’ del Concilio Vaticano II en un contexto marcado por la pobreza y la exclusión”. Del mismo modo, ha dicho ver esta Asamblea Eclesial como momento “para ‘reavivar Aparecida’, que reafirmó la renovación conciliar, busca contribuir para una ‘segunda recepción’ del Vaticano II en el nuevo contexto en que vivimos”

Según Mons. Cabrejos es una Asamblea histórica, “pues, en vez de haber realizado la VI Conferencia General de los Obispos, el Papa Francisco, propuso esta Asamblea Eclesial, integrada por representantes de todo el Pueblo de Dios”. Estamos ante “el paso de una asamblea donde participaban sólo Obispos, a una Asamblea plenamente Eclesial”, insistió el presidente del Celam. 

Destacando la amplia participación, Mons. Cabrejos señaló que en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, “nos hermanamos en diversidad de ministerios y carismas”. Junto con ello, “inaugura un nuevo organismo sinodal en el ámbito continental, que sitúa la colegialidad episcopal en el seno de la sinodalidad eclesial, expresión de la vinculación del Obispo con el Pueblo de Dios en su Iglesia Local, y de concepción de la Iglesia universal como una ‘Iglesia de Iglesias Locales’, presididas en la unidad por el Obispo de la Iglesia de Roma, con Pedro y bajo Pedro”. 

Es un nuevo Pentecostés, en el que también está presente “Nuestra Madre, María del Tepeyac, quien representa a todas las advocaciones que sostienen y sustentan la vida e identidad de nuestros pueblos Latinoamericanos y Caribeños”. A ella invocaba “su fiel y potente intercesión, para que nos muestre el rostro y la mirada de Cristo en esta etapa de encuentro presencial y virtual. 

A María de Guadalupe también le pedía “que nos señale el camino que Dios desea para su Iglesia en nuestra región”, y docilidad “para asumir un proceso de conversión permanente, en comunión con el Concilio Vaticano II y el Papa Francisco, en camino al Sínodo sobre la Sinodalidad, y lo que signifiquen las exigencias pastorales hacia el Jubileo del acontecimiento Guadalupano (2031) y el de la Redención (2033)”. A ella le ofrecía el camino recorrido desde Aparecida, de la que, recordando las palabras del Papa Francisco, “todavía tiene mucho que ofrecer”. 

Mostrando la voluntad de acompañarle en este Kairós, Mons. Cabrejos ha dicho querer, “en la difícil unidad en la diversidad, responder y acompañar a todo el pueblo de Dios en una hora profundamente compleja y difícil”, insistiendo en no olvidar que en los vulnerables, “¡Cristo sigue crucificado en ellos!”. 

A la luz del Evangelio del día, denunciaba la ruptura de comunión y de fraternidad, lo que se hace presente “en la inequidad; en la violencia extendida; en los falsos testimonios de líderes que abandonan el sentido de servicio de sus responsabilidades; en la crisis sin precedentes de nuestra casa común, donde los preferidos del Señor son los más afectados”. Junto con ello se sentía interpelado por el dolor de las mujeres, “quienes han sufrido abusos o exclusión sistemática”, también por los migrantes, muchas veces rechazados. 

Para la Asamblea que se inicia, el presidente del Celam ha pedido “el don de la escucha, aquella que nos lleve a salir de nuestras reducidas posiciones particulares, y nos acerque a los hermanos y hermanas para buscar a Dios en común y en comunión”. También pedía seguir el ejemplo de San Juan Diego, “para abrir nuestros corazones a la interculturalidad, sin temores ni dudas” 

Cultura sinodal

Mons. Miguel Cabrejos: Cultura sinodal en el proceder y toma de decisiones 

Mons. Miguel Cabrejos 

El presidente del Celam ha destacado el empeño del Papa Francisco en promover una “escucha creciente” y una apertura al “amplio diálogo”, así como “la inculturación de la fe cristiana en los diversos contextos socio-culturales y existenciales del mundo actual” 

El Celam caminó “para una práctica colegial en la región, para fortalecer la cooperación a nivel continental y para el desarrollo de la misión y la acción pastoral” 

«Promover y fortalecer una cultura sinodal en nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña, tanto en el proceder como en la toma de decisiones e implementación en los distintos ámbitos eclesiales, así como la animación de las diversas pastorales” 

La Primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe como “momento clave para seguir haciendo camino hacia una Iglesia cada vez más sinodal” 

24.09.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Profundizar en la colegialidad en clave sinodal, ese ha sido el propósito de la Conferencia del presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), a los participantes de la Asamblea del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, reunidos en torno al lema: “50 años al servicio de Europa, memoria y perspectivas en el horizonte de Fratelli Tutti”. 

A partir del proceso de Renovación y Reestructuración del Celam y la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, Mons. Miguel Cabrejos ha partido de la comprensión eclesiológica nacida en el Vaticano II, que entiende la “catolicidad” como “unidad en la diversidad que requiere la comunicación mutua y permanente entre las diferentes Iglesias locales”. 

El presidente del Celam ha destacado el empeño del Papa Francisco en promover una “escucha creciente” y una apertura al “amplio diálogo”, así como “la inculturación de la fe cristiana en los diversos contextos socio-culturales y existenciales del mundo actual”. Todo ello a partir del concepto de “aggionarmento”, que hace necesaria la encarnación de la fe, una idea presente en Querida Amazonía. 

Esta lectura de los signos de los tiempos es algo impulsado en la Iglesia latinoamericana desde Medellín, donde es visto, según Mons. Cabrejos, como algo “imprescindible para discernir la voluntad de Dios, definir las prioridades pastorales fundamentales y realizar una evangelización integral a la luz de la opción preferencial por los pobres y del cuidado de nuestra Casa común”, ideas que son recogidas en Laudato Si. 

Medellín fue el punto de partida del método ver, juzgar, actuar, al que con el tiempo se han ido sumando el escuchar, iluminar y celebrar. Junto con ello, el prelado peruano destaca como aportación del Vaticano II, el principio de colegialidad episcopal, “al cual la Iglesia de Latinoamérica y de El Caribe le dio mucha importancia, incluso antes del Vaticano II con la creación del Celam”. 

El Celam caminó “para una práctica colegial en la región, para fortalecer la cooperación a nivel continental y para el desarrollo de la misión y la acción pastoral”, según su presidente. En su intervención fue relatando el proceso de Renovación y Reestructuración que se ha llevado a cabo, en clave sinodal, en los dos últimos años, impulsando “una escucha intensa y un discernimiento cuidadoso, involucrando a diversos actores eclesiales”. 

Con ello se busca, insiste Mons. Miguel Cabrejos, en “promover y fortalecer una cultura sinodal en nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña, tanto en el proceder como en la toma de decisiones e implementación en los distintos ámbitos eclesiales, así como la animación de las diversas pastorales”. Se quiere con ello superar el clericalismo y “vivir la conversión integral hacia una sinodalidad cada vez mayor”, algo que se está concretando en las muchas asambleas que se están llevando a cabo en los diferentes países. 

El presidente del Celam destaca la creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), que adscrita a la Presidencia del Celam, participan representantes de 7 Conferencias Episcopales, organismos eclesiales, representantes de los pueblos originarios y expertos nombrados por la Presidencia de la CEAMA y por el Santo Padre. 

Caminar juntos, en sinodalidad, discernir juntos lo que el Espíritu Santo le dice a nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña, ha sido presentado por Mons. Cabrejos como el camino a seguir, buscando fomentar la colegialidad, así como la “corresponsabilidad y participación de todo el pueblo de Dios en la vida y la misión de la Iglesia”. 

Para ello ve la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe como “momento clave para seguir haciendo camino hacia una Iglesia cada vez más sinodal”. Un proceso abierto al “sensus fidei del Santo Pueblo de Dios que también tiene su ‘olfato’ para encontrar nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia”. 

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| Mons. Miguel Cabrejos
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Curso sobre Sínodos del Boston College. Temario