Empezando por Moisés

Empezando por Moisés, figuras bíblicas. La llamada de Moisés, comienzo de la Biblia

 Empezando por Moisés explicó Jesús su vida a los caminantes de Emaús (Lc 24, 47). Empezando por Moisés iniciaré este domingo (20.11.22), en dos parroquias de Madrid, un curso sobre figuras de la Biblia (Adán, Eva, Noé, Abraham, Moisés, Myriam, Débora, David…, con Juan Bautista, María, José, Magdalena, Pedro, , Pablo, Discípulo Amado, Juan…). 

           Comenzaré con Moisés, presentando el esquema de mi conferencia del domingo, para destacar la importancia de su llamada, no sólo en la Biblia (y el Corán), sino en el despliegue de Israel y el cristianismo. Sin Moisés y su encuentro con Dios  no seríamos lo que somos. Sin un retorno crítico a Moisés no podríamos retomar retomar el camino de la Biblia

Al  esquema de la conferencia, añado tres anejos para los que quieran seguir estudiando el tema.Buen domingo a todos, en especial a los que quieran venir el domingo a las parroquias para conversar sobre Moisés.

Por X.Pikaza

Las parroquias de la unidad pastoral Padre Rubio —San Francisco Javier y San Luis Gonzaga (Mártires de la Ventilla, 34) y San Ignacio de Loyola (Pinos Alta, 79)— acogerán un ciclo de conferencias de Formación para la sinodalidad. Será inaugurado el domingo 20 de noviembre por Xabier Pikaza con una disertación titulada Moisés. Una figura y tarea actual, quese podrá escuchar a las 11:00 horas en San Ignacio de Loyola y a las 18:30 horas en San Francisco Javier.

http://www.archimadrid.org/index.php/oficina-de-informacion/noticias-madrid/xavier-pikaxa-imparte-un-ciclo-de-conferencias-en-la-unidad-pastoral-padre-rubio-con-el-tema-formacion-para-la-sinodalidad

ESQUEMA DE LA CONFERENCIA

Moisés: camino abierto, principio del camino

¿Egipcio o israelita? Testigo de Dios (Yahvé), liberador de los hebreos (éxodo). Pacto con Dios, las tablas de la ley, camino por el desierto.Escasez de datos. Se duda incluso de su existencia. Su “historia está más vinculada al reino norte (Samaría) que a Judá y Jerusalén  

En sentido estricto, ha sido Moisés el que ha escrito el Pentateuco. Al contrario, ha sido el Pentateuco el que ha “creado” la figura de Moisés como catalizador y “centro” de la ley-historia israelita.

Los redactores del Pentateuco (samaritanos y judíos:(siglo V-IV a.C.) han optado por presentar a Moisés con su llamada por el Dios de la zarza ardiente el que ha iniciado el camino Israel, descartando otras figuras más amplias (como Abrahán) o más   particulares del judaísmo (como David), que no serían aceptado por los samaritanos.

Moisés, pacto con Dios y concordia entre los hombres

Su figura ha sido “inventada” (=encontrada, de invenio) partiendo de recuerdos antiguos de los hebreos de Egipto, del éxodo y la ley del Sinaí, desde una perspectiva “deuteronomista”, de recreación de Israel tras el “exilio”, en clave de “sinodalidad”, de pacto de tiempos, tendencias y grupos. Ha sido un pacto “abarcador”, generoso, fijado en la “ley” de Israel o Pentateuco.

– Ese pacto de Moisés relacioa a los antiguos hebreos de Egipto y del Sinaí con los nuevos israelitas empeñados en recrear su identidad tras la “ruina” de la destrucción de los reinos (Samaría y Jerusalén), una identidad que sigue definiendo todavía a judíos y cristianos.

-El pacto de Moisés  vincula a samaritanos y judíos,a la tradición sacerdotal y a la deuteronomista, al tabernáculo/templo central de las tribus (que los judíos situarán en Jerusalén y los samaritanos en el Garizim), al pasado con el presente del pueblo

– Redactores del Pentateuco han imaginado (creado) un poderoso “bios” de Moisés, tazando un  encuadre biográfico de tipo mítico-simbólico: Nacimiento, complejo (es hebreo y egipcio), vida como prueba, huida, vinculación madianita, revelación divina, misión (enfrentamiento con el Faraón), liberación/éxodo, pacto/mandamientos, ley, culto-tabernáculo, tentaciones, revelación final (Deuteronomio/pacto de Moab), muerte… 

Hombre de contrastes:

– En línea política se enfrenta  al Faraón. No es rey, ni es puro sacerdote, sino un hombre de libertad y comunión, que abre un espacio de vida para todos.  

– Se vincula con “hermana” Myriam y con otras mujeres). Depende de Myriam (y de su madre, de las matronas hebreas y de la hija del Faraón,  con Séfora, la madianita, su esposa, con el clan “árabe” del sacerdote Jetró.

-Se vincula y distingue de su “hermano” Aarón, comosa cerdote fundacional frente a sacerdotes genealógicos de Aarón… La ley (Moisés) por encima del culto y sacerdocio,

-sin templo particular (ni Jerusalén, ni Garzim), pero con culto sacral (ley de sacrificios en 2ª parte éxodo)

-Establece la ley sacerdotal del santuario, pero no es sacerdote de santuario.Vincula revelación de Dios/Yahvé, ley, pacto, culto, camino por desierto y libertad 

Trasfondo teológico social.

La figura de Moisés ha sido construida a través de un pacto básico entre grupos y tendencias israelitas del tiempo de la restauración (siglo V-IV), tras el fracaso y ruina del “sistema” de los reinos antiguos y del templo “regio” (de Jerusalén):

-Pacto de samaritanos y judíos (de fondo más samaritano, de aplicación posterior más judía)

-Pacto de tradición sacerdotal (templo, sacrificios) y deuteronomista (de tipo más ético, de pacto), con predominio deuteronomista, asumiendo mensaje básico de los profetas, pero sin citar profetas concretos…

Trasfondo político… 

– El libro de Moisés (Pentateuco) ha sido escrito por “encargo persa” (tras el 539 a.C.), y aceptado como norma de vida de los israelitas dentro del imperio.

– El libro de Moisés recoge la historia y realidad del pasado de Israel, trazando un camino de recreación israelita, como  nueva entrada en la “tierra prometida”, recreación de Israel tras el exilio y la diáspora. Moisés es signo y programa de reconstrucción del pueblo:

– El libro de Moisés ofrece un ideario y camino de lo tiene que ser de nuevo éxodo (salir de la opresión del cautiverio y la diáspora), con un nuevo caudillo, legislador, profeta…), una reconstrucción que sigue abierta en línea samaritana y judía (con David/mesías y con templo…), pero sin citarlos-

-Esa reconstrucción mosaica del pentateuco sigue políticamente abierta… En ella que puede caber un rey propio, israelita (judío y/o samaritano). Pero, en conjunto, la historia de Moisés no desemboca en un rey (incluso un mesías), ni y en una ciudad, sino en un pueblo

– Moisés muere en el monte Nebo, mirando hacia la tierra prometida, anunciando lo que vendrá, pero sin entrar él mismo en la tierra. Moisés ofrece así “programa” para la re-construcción del pueblo. Con su muerte acaba el Pentateuco,  empieza la historia que debemos “escribir” (recorrer) sus sucesores.

Triple herencia de Moisés:

– Moisés judío,herencia judeo-rabínica (y samaritana): Moisés es la “ley” (el Pentateuco) como fundamento y sentido del pueblo de Dios (las tradiciones de Jerusalén y de David son importantes, pero de tipo secundario… Israel sigue viviendo por “Moisés”. El Pentaeuco es su ley, la constitución del Estado de Israel… La ley de Moisés se conserva no sólo en el pentateuco, sino en la Misná (ley oral de Moisés.)

– Moisés cristiano.  

a) Jesús como nuevo Moisés. Historias del nacimiento. Controversias de Jesús y escribas en NT. Aunque la controversia básica de Jesús no es con Mosés, sino con un tipo particular de ley del templo y de los sacerdotes.

b) La tradición sinóptica (cf. Mc 9 par), en la escena de la transfiguración vincula a Moisés (ley) y a Elías (profecía) como testigos de Jesús y su camino

b) La tradición paulina reinterpreta la ley de Moisés desde la perspectiva de Jesús, como testigo y cumplimiento de la ley (cf. especialmente 2 Cor 3).

b) La tradición del Discípulo Amado (Jn 1, 17-18) asume y recrea la ley de Moisés desde la gracia y verdad de Jesús.

b) La tradición de la Carta a los Hebreos. Todo un tratado dedicado a mostrar la superioridad de Jesús sobre Moisés desde el punto de vista de la ley y, sobre todo, de la tradición sacal del templo.

– Moisés musulmán…Semejanzas y diferencias entre Moisés y Mahoma… Mahoma como universalización de Moisés… pero conservando en el fondo la misma estructura y sentido de la tradición mosaica.   

AMPLIACIÓN 1 MOISÉS, Diccionario de la Biblia

(1) Moisés de la historia y de la feHistóricamente no es mucho lo que sabemos de él, de manera que algunos incluso han dudado de su existencia, diciendo que no es más que un símbolo creado por la fe de los israelitas, para condensar en un personaje los rasgos básicos del comienzo de la historia nacional: salida de Egipto, proclamación de la ley, paso a través del desierto…

En contra de eso, parece que no hay duda razonable de su existencia y de su aportación al nacimiento de Israel: todo nos permite suponer que era un hebreo de origen egipcio que tuvo una labor importante en el proceso de salida de algunos hebreos de Egipto, en el siglo XIII-XI a. C. La tradición israelita le recuerda como vidente: ha descubierto a Dios en la montaña (Sinaí) y ha escuchado su nombre (Ex 3-4). Le ve como caudillo que organiza la marcha de los liberados, iniciando así la historia de la nueva humanidad (Ex 5-18). También es legislador: establece la norma de vida de su pueblo, concretada en leyes por siempre valiosas; por eso, toda la ley posterior de Israel viene a entenderse como ley de Moisés, trasmitida por la Escritura (Pentateuco) o por la tradición oral (Ex 19-34). También es sacerdote, iniciador de la liturgia y fundador del culto sagrado (cf. Ex 35-40; Lev), aunque después lo ejerza en concreto su «hermano» → Aarón. Es hagiógrafo, escritor del Pentateuco. Sabemos por análisis científico que los libros del Pentateuco son posteriores a Moisés, pero de un modo simbólico se los podemos atribuir, presentándole como inspirador la Biblia israelita.

(2) Principio: el liberado de las aguasLa historia bíblica de Moisés es una historia de fe. Por eso, ella no puede entenderse en sentido literal, sino como expresión y signo de valores religiosos. Seguimos por tanto, ante un «Moisés de la fe» (no ante un Moisés de la historia), ante una figura paradigmática, cuyo nacimiento ha sido ya ejemplar, como son los nacimientos de los héroes religiosos.Estrictamente hablando, no debería haber nacido (pues el Faraón había decretado la muerte de los niños hebreos varones). Pero el sistema también falla y nunca logra controlar del todo el mundo de la vida, como recuerda la acción de las buenas comadronas (Ex 1, 15-21), que, en contra de la mala ley egipcia, ayudaban a nacer a los niños hebreos. El Faraón insiste y busca otra manera de matar a los hebreos: «A todo niño que nazca le echaréis al Nilo, pero a las niñas las dejaréis con vida» (Ex 1, 22).

El río de Egipto, que debía ser fuente de vida se convierte por ley económico-social en ciénaga de muerte para los hebreos. Pero el sistema sigue teniendo fallos y la Biblia nos dice que una mujer de la tribu israelita de Leví «concibió y dio a luz un hijo. Y viendo que era hermoso lo tuvo escondido durante tres meses. Pero no pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cesta de papiro y la calafateó con betún; metió en ella al niño y lo puso entre juncos, a la orilla del río», mientras María, hermana mayor de Moisés, vigilaba junto al río (Ex 2, 1-3). Las aguas fueron favorables y llevaron al niño al lugar donde se bañaba la hija del Faraón, que le vio balancearse y le adopto como hijo propio, confiando su cuidado a una nodriza hebrea (precisamente a la madre del niño), de manera que pudo llamarse Moisés, nombre egipcio que en hebreo podría significar «de las aguas lo he sacado».

(3) Las tres mujeres del comienzo. El libertador nació del Nilo, uniendo así la herencia hebrea con la cultura de Egipto. Le amamantó su nodriza hebrea (madre carnal) y le educó la madre adoptiva (hija del Faraón) y así fue hombre de dos mundos (hebreo y egipcio), pudiendo emplear las posibilidades del sistema (Egipto) para liberar a los excluidos del sistema (hebreos), creando con ellos un pueblo nuevo de liberados. En este contexto podemos recordar a las tres mujeres del principio de su historia.

(a) La madre hebrea era ante todo una creyente: puso en manos de Dios la vida del niño y luego lo alimentó, para entregarlo a la hija del Faraón. Ella se arriesgó, manteniendo vivo y oculto al niño, en contra de la ley del Faraón, poniendo la experiencia y gracia de la maternidad y de la vida por encima de todas las leyes. De esa forma, en el principio de toda libertad está la madre

(b) La hermana (→ María) fue la primera salvadora de Moisés: vigiló su lugar entre las aguas, para ser luego mediadora entre la madre hebrea y la egipcia. Ella es la figura de la mujer hermana, que sabe mantenerse en el lugar del riesgo y así arriesga su vida por la vida del hermano. La tradición la identifica con María, compañera posterior de Moisés, la primera profetisa de la liberación (cf. Ex 15). (c) La hija del Faraón pertenece al mundo de los dominadores. Sin embargo, como mujer, ella se apiada del niño abandonado y, por eso, lo acoge como propio, poniendo las leyes divinas de la vida por encima de la ley del padre. Ella representa el lado débil del sistema: va en contra de la ley de su padre y, escuchando la voz de su corazón (como una Antígona de Egipto), adopta al niño y lo educa como propio. Descubrimos así que a pesar de todos sus esfuerzos, el Faraón no ha conseguido imponer su ley de muerte en el reino. Dentro de su misma casa y sangre halla mujeres que desobedecen, aunque para ello deban actuar de forma oculta o escondida. Estas mujeres reflejan el sentido primigenio de lo humano y superan las leyes opresoras del sistema.

(4) Violento y fugitivo. Educado por la hija de Faraón, Moisés podía haberse olvidado de los suyos, pero no lo ha hecho. Lleva en su sangre el recuerdo de los hebreos y así actúa: «En aquellos días, cuando Moisés ya fue mayor, salió a visitar a sus hermanos y comprobó sus penosos trabajos. Vio también cómo un capataz egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos. Miró a uno y otro lado y, no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena» (Ex 2, 11-12). Ha visto la opresión y responde con violencia, matando al opresor, como si quisiera iniciar una guerra de liberación, contra todos los opresores del entorno.

«Salió Moisés al día siguiente y vio a dos hebreos que se enfrentaban ente sí y reñían. Y dijo al culpable: ¿Por qué riñes a tu hermano? Éste respondió: ¿Quién te ha hecho jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso quieres matarme como mataste al egipcio?» (Ex 2, 13-14). Moisés ha salido por segunda vez para ver y oír, para aprender y actuar, llevando en su entraña el doble impulso del hebreo solidario (hermano de los oprimidos) y egipcio fuerte (hombre de violencia). Cuando mató al egipcio, sus hermanos (los hebreos) no le criticaron, pero le critican y rechazan cuando quiere hacer de medidor entre. De esa manera descubre Moisés el riesgo y contaminación de la violencia, dentro de un sistema donde todos son violentos, .a partir del Faraón que lo preside. Inserto en el sistema, Moisés ha matado a un egipcio, servidor del Faraón, y tiene que escapar de Egipto porque tiene miedo:

«Moisés, lleno de temor, se dijo: la cosa ciertamente se sabe. Y ciertamente, supo el Faraón lo sucedido y buscaba a Moisés para matarle. Pero él huyó de la presencia del Faraón y se fue a vivir al país de Madián» (cf. Ex 2, 14-15). Así escapa el libertador violento fracasado, conforme a un modelo que se repite en muchas revoluciones.

(a) Huye como fracasado, después de sus dos primeras salidas, sin haber podido ayudar a sus hermanos cautivados; pero huya sabiendo algo nuevo: no se puede liberar a los hebreos matando a los egipcios, pues los egipcios resulta en este nivel muy superiores (tienen un ejército más grande). (b) Huye como perseguido, porque el Faraón quiere matarle. El poder del imperio es inflexible; nadie puede vencerle utilizando sus armas de violencia. Para poder vivir, Moisés ha de escapar, buscando un lugar protegido, fuera del espacio controlado por el imperio, donde deja a su madre adoptiva. (c) Moisés huye, en fin, como buscador de nuevo caminos. Ciertamente escapa: no puede enfrentarse con la fuerza brutal del Faraón, ni puede superar el rechazo de sus hermanos, hebreos oprimidos; pero Dios le está esperando.

(5) Hombre de Dios, liberador y legislador. Huye de Egipto y se refugia en Madián, entre los pastores semi-nómadas, que le acogen en su grupo (Ex 2, 11-25), descubriendo a Dios en la montaña, como fuego ardiente, recibiendo la revelación de su nombre (→ Yahvé); ha conversado con él a rostro descubierto, recibiendo la misión de liberar a los hebreos (Ex 3-4). De esa forma se convierte en un hombre de acción: no queda en la montaña, para mantenerse en diálogo de intimidad con Dios, sino que desciende y se introduce en el horno de opresión de Egipto, iniciando desde la gran Cárcel del Faraón un camino de libertad para los hebreos oprimidos (Ex 5-18). Moisés interpreta el conocimiento y la ley de Dios (que ha mirado el sufrimiento de su pueblo) de una forma creadora y así viene a presentarse como portador de esa tarea de Dios entre los hombres. Él ha sido el liberador de los hebreos (→ éxodo, ), pero, al mismo tiempo, ha sido su legislador: ha trazado para siempre la verdad el judaísmo (→ Ley, alianza, mandamientos).

Los judíos han puesto la Ley de Moisés (entendida de algún modo como profecía) en el principio de todas las manifestaciones religiosas. Los profetas posteriores (Isaías y Jeremías, Ezequiel y hasta Daniel…) han venido para confirmar esa Ley nacional de Moisés, en el Sinaí, válida por siempre. En algún sentido se puede afirmar que para los judíos la historia se ha parado (ha culminado) en Moisés: lo que viene después no implica un verdadero avance, pues Dios lo ha dicho todo al revelar su Nombre (Yahvé) desde el fuego de la zarza ardiente, al manifestar a Moisés su Nombre y su Verdad (¡Soy el que Soy) y pedirle que libere al pueblo hebreo cautivado (Ex 3, 14). En ese sentido podemos añadir que Moisés ha sido el fundador del judaísmo.

(6) Muertprematura. Tres interpretaciones. Moisés liberador no ha conseguido llegar a la meta: ha muerto antes de introducir al pueblo en la tierra prometida. El texto explica este dato aludiendo a un tipo de pecado, que impidió que Moisés y los hombres de su generación entraran en la tierra (cf. Dt 32, 49-52). Hay otra razón más general: los libertadores mueren ordinariamente sin lograr la meta. «Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, frente a Jericó. Y Yahvé le fue mostrando desde allí toda la tierra prometida… Y después le dijo: esta es la tierra que prometí a vuestros padres. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella. Allí murió Moisés, siervo de Yahvé, en el país de Moab… Le enterraron en el valle, en tierra de Moab. Pero nadie hasta hoy ha conocido su tumba» (Dt 34, 1-6). Nadie ha podido venerar su memoria en un sepulcro, pues su memoria verdadera está en el Libro de la Ley que él ha trasmitido al pueblo. Así decimos que el recuerdo de Moisés no es un sepulcro (como tampoco habrá recuerdo de Jesús de Nazaret en un sepulcro). La religión de Israel no es un culto funerario, sino esperanza y tarea de la libertad por encima de los sistemas de opresión. Desde ese fondo se pueden trazar tres líneas de interpretación.

(a) Los judíos afirman que la herencia de Moisés es un Camino de Presencia nacional: la Ley que él promulgó, de parte de Dios, para conducir a los hebreos, esclavos del sistema, hacia la tierra prometida. En un sentido, el sucesor de Moisés ha sido Josué (= Jesús), conquistador de Palestina (cf. Dt 34, 9; Jos 1-2). Pero, en otro sentido, el verdadero Josué-Salvador aún no ha llegado y por eso los judíos se mantienen siempre en éxodo, separados y amenazados, pero manteniendo ante los nuevos faraones la protesta de sus gritos y el testimonio de su opción de libertad, que quieren ofrecer un día a todos los humanos. En tiempos de crisis, tras la desintegración de la identidad nacional sagrada (finales del siglo I, principios del II d. C.), los judíos rabínicos dejaron otos elementos de su historia y volvieron al Moisés de la Ley, que han recopilado de forma meticulosa y ejemplar, para recogerla en la en Misná y Talmud, creando de esa forma el judaísmo rabínico (→ federación de sinagogas) que sigue existiendo

(b) Los cristianos suponen que el auténtico heredero de Moisés es Josué-Cristo (cf. Heb1, 1-3) y añaden que ha muerto por su fidelidad a Dios y por su opción liberadora, no por sus pecados (que no los ha tenido). Ha muerto porque le han matado los que no aceptaban su tarea sanadora a favor de los nuevos hebreos (impuros, enfermos, oprimidos). Se ha mantenido hasta el fin, sobre el monte de la Cruz, no en el Nebo de Moab, y sus fieles conocen su sepulcro pero saben que está vacío (cf. Mc 16, 1-8). No ha dejado una Ley y un pueblo separado; se ha dejado a sí mismo para todos los que quieran aceptar su mensaje y tarea de Reino. Desde ese fondo, algunos han podido pensar que las leyes de Moisés eran secundarias, diciendo que tras ellas ha venido la gracia y la verdad de Jesucristo, el auténtico Moisés (cf. Jn 1, 17). Pero otros cristianos afirman que sólo ellos conocen al verdadero Moisés, que puede quitarse el velo, a fin de que todos puedan contemplar a Dios de un modo directo (cf. 2 Cor 3, 13-15). Más aún, desde la experiencia pascual de Jesús, los cristianos han podido recuperar algunos de los rasgos básicos de la historia y figura de Moisés, relacionados con el Éxodo

(c) Los musulmanes afirman que la historia de Moisés profeta ha culminado en Mahoma de forma que el Éxodo se vuelve Hégira, como indicaremos. Pero, en contra de Moisés, Mahoma no salió de la Meca por siempre, sino para retornar y transformar el mismo sistema de opresión

AMPLIACIÓN 2.

MOISÉS, DICCIONARIO TRES RELIGIONES

Infancia y huida, un hebreo liberado. Fue un hombre de frontera, entre dos mundos: hebreos dominados y dominadores egipcios. La tradición le hace hebreo, pero, al mismo tiempo, le recuerda como egipcio por formación y cultura. No es un marginado inepto: sabe moverse entre los círculos del mando y puede convertirse en príncipe de estado. Nació en la tribu de Leví (trasmisora de tradiciones sacrales), y su madre, no pudiendo ocultarlo más tiempo, lo confió a las aguas del Nilo en un barco-cuna, para evitar que los egipcios le mataran. De esa forma flotó sobre el río, en manos de la providencia, personificada por la hija del Faraón, que le ve y acoge, le adopta y educa. De esa forma se vuelve egipcio por formación y cultura.

 Es hombre de dos mundos: los mismos egipcios le ofrecen un conocimiento que luego podrá poner al servicio de la libertad, para destruir como egipcio el sistema de Egipto. Tras ese comienzo el texto calla. Deja que los años de Moisés transcurran oscuros en la casa y corte de la hija del Faraón. Lleva en la sangre el recuerdo de sus hermanos oprimidos y crece en el ambiente egipcio: como hombre de la corte al que se abren todos los caminos. Parece que ese ambiente debería dominarle. Pero un día, cuando Moisés se hizo mayor, «salió a visitar a sus hermanos y comprobó sus penosos trabajos. Vio también cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos. Miró a uno y otro lado y, no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena (Ex 2, 11-12). Sale de su tranquilidad (como Jesús y Muhammad), para descubrir el sufrimiento de los pobres, decidiéndose a ayudarles. Asume la justicia por su mano y, en fuerte arrebato de furia y talión, mata al opresor egipcio. Así parece encontrar su camino, pero pronto descubre su impotencia: «Salió Moisés al día siguiente y vio a dos hebreos que se enfrentaban ente sí y reñían. Y dijo al culpable: ‘¿por qué riñes a tu hermano?’. Éste respondió: ‘¿Quién te ha hecho jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás pensando en matarme como mataste al egipcio?'» (Ex 2, 13-14). Moisés se sintió perseguido: supo el Faraón lo sucedido y buscaba a Moisés para matarle. Pero él huyó de la presencia del Faraón » (Ex 2, 14-15). 

En tierra de Madián, revelación de Dios. Moisés huye a Madián (Ex 2, 15), tierra de pastores de estepa, pariente de los hebreos oprimidos. Allí ayuda a una mujeres y el padre, sacerdote y pastor de rebaños, le acoge, ofreciéndole la mano una de sus hijas. Moisés encuentra así familia. La historia debería concluir en este punto: Moisés fugitivo se instalará en la estepa, con los antepasados nómadas del pueblo. Pero el auténtico camino empieza ahora, cuando Dios se le aparece, como Elohim de → Abrahán, Isaac y Jacob (Ex 3, 1-6), para mostrarse después como → Yahvé (Soy el que Soy), ofreciéndole el encargo de liberar a su pueblo (Ex 3, 14-16).

                   Contra quienes piensan que Dios es opresión, frente a los que añaden que está lejos del mundo y carece de amor y autoridad para cambiarlo, él se presenta ante Moisés como Presencia de liberación. Desde este fondo pueden entenderse los dos nombres más significativos que recibe en este pasaje: (a)El Dios de Moisés sigue siendo El, Elohim, que significa lo divino, sea en forma singular (El) o plural (Elohim). Posiblemente, en su principio, evoca la majestad o grandeza sagrada del mundo. Ahora indica sin más lo divino, tal como es conocido en Israel y en los pueblos del entorno. Esos nombres permiten dialogar con otras religiones y culturas: Ilu es Dios para los cananeos, Allah (de Al-Illah) para los árabes, sean o no musulmanes. Dentro de la tradición israelita, este nombre ha recibido matices como: El-Sadai, El-Elyon (Dios del Monte, Dios Excelso) etc. (b) El Dios de Moisés empieza a ser Yahvé. No se define ya como El-Elohim (divinidad en general), ni como Baal, Señor cósmico, vinculado al ritmo de la vida, sino como Yahvé, Soy-quien-Soy. Este nombre, que suele transcribirse como Yahwéh, Yah o Jehová, está vinculado desde antiguo al Sinaí y parece propio de los madianitas nómadas. En un momento dado, los israelitas han tomado este Nombre-Sin-Nombre (Soy-quien-Soy) como propio de su Dios. De esa forma, rechazando el signo y culto de Baal, identifican a El-Elohim (lo divino) con Yahvé, término propio y peculiar del Dios de los hebreos liberados.

Profeta de liberación: Éxodo y nueva humanidad. Moisés había sido un particular, hebreo de nacimiento, egipcio de formación y madianita de familia (yerno de sacerdote, pastor en la estepa). Ahora es ministro de Dios y del pueblo. Dios le dice: «Vete, yo te envío al Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto». Moisés le responde: «¿Quién soy yo para ir al Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?». Dios le concede su identidad: «Yo estoy contigo y esta será para ti la señal de que te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto en este monte… » (Ex 3, 10-12; cf. 4, 19-23).

Moisés no ha trazado un alzamiento militar, pues armas y ejército terminan formando parte del sistema, que asegura su ventaja con violencia. No es guerrillero al mando de una banda de rebeldes, ni general supremo de Estado militarizado. Poder militar y economía son sistema. Moisés es un profeta que ha escuchado la Palabra de Dios, Principio-libertad, y pueden liberar sin guerra militar a los oprimidos. Moisés no acude a las armas, pero se vale de las condiciones naturales de Egipo, expresadas por unas “plagas” que evocan la fragilidad de los poderes cósmicos, que el sistema no puede controlar. El Divino-Faraón dirige el orden económico-social (graneros) y el militar (soldados y carros de combate), pero no puede imponer su capricho sobre el río y la tormenta, los animales y la noche, las úlceras mortales y la peste, ni puede hacerse dueño del mundo y conservar la vida de sus hijos primogénitos (cf. Ex 5-12). Uno a uno se le imponen los peligros de una tierra frágil (polución, hambre, epidemias y muerte), como jinetes del Apocalipsis (cf. Ap 6, 1-8), pues su poder se asienta sobre pies de barro, de fragilidad cósmica y humana.

La liberación desborda el nivel cósmico y se funda en la presencia de Dios, que actúa de forma social y religiosa. El imperio del Faraón es idolatría, sistema divinizado, pero, Moisés va desmontando paso a paso sus seguridades: un grupo de hebreos oprimidos, un puñado de esclavos, son capaces de abrir y explorar un camino de libertad compartida, superando la amenaza del imperio, que acaba destruyéndose a sí mismo (el ejército del Faraón se auto-aniquila en el Mar Rojo) .

Salida de Egipto: liberación de los hebreos. Sólo cuando los hebreos se arriesgaron, avanzando ante las aguas, pudo suceder el milagro. «Moisés extendió la mano sobre el mar y Yahvé hizo retirarse al mar con un fuerte viento de levante que sopló toda la noche. El mar quedó seco y las aguas se dividieron en dos» (Ex 14, 21). Ciertamente, este relato conserva una memoria agradecida: un grupo de hebreos consiguió romper la opresión del sistema y salir de Egipto, atravesando de manera sorprendente un brazo de mar, en una zona pantanosa. Cambió el clima, mudó el viento o se alzaron las mareas, y los enemigos no pudieron alcanzarles, atrapados quizá por la misma fuerza del agua cambiante. ‘Dios estaba allí’, sintieron los hebreos. Les liberó el Señor de libertad y el Sin-Nombre vino a definirse para siempre como ‘aquel ha que sacado a los hebreos de Egipto’ (cf. Ex 30 2; Dt. 5, 6; cf. Dt 26, 5) .

            Desde este fondo se entiende la nueva tarea de Moisés, hombre del pacto: debe convertir a los hebreos oprimidos y fugitivos en hombres solidarios, en torno al cordero de Pascua, acogiendo la ley de la alianza tiene que enseñarles a vivir en solidaridad. La nueva humanidad no es sistema que oprime por igual a todos, ni contrato de lobos, ni rebaño de corderos, sino comunión de liberados, que han de vivir juntos y crearse mutuamente (no oprimirse), dándose la vida unos a otros. Para ello han de asumir unos principios de creatividad compartida. Previamente no hubo pueblo, sólo caminantes (Abraham), hebreos oprimidos (Egipto). Pero ellos se comprometen a crear (ser) un pueblo en libertad. Por eso han de pactar, para cumplir unas leyes comunes que garanticen su libertad sobre la tierra.          

La herencia de Moisés. El Pentateuco, atribuido a Moisés liberador, termina con una nota enigmática sobre la muerte del gran liberador donde se dice que no logró entrar en la tierra prometida y que nadie conoce su sepulcro. Los libertadores mueren ordinariamente sin lograr la meta. «Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, frente a Jericó. Y Yahvé le fue mostrando desde allí toda la tierra prometida… Y después le dijo: ésta es la tierra que prometí a vuestros padres. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella. Allí murió Moisés, siervo de Yahvé, en el país de Moab… Le enterraron en el valle, en tierra de Moab. Pero nadie hasta hoy ha conocido su tumba» (Dt 34, 1-6). Nadie ha podido venerarle; su final está en el Nebo, ante las puertas de la tierra prometida. Pero su herencia no es un sepulcro, sino la Ley de Dios y el mismo pueblo. Su religión no es un culto funerario, sino esperanza y tarea de libertad sobre el sistema, el surgimiento de una comunión de liberados.

Los judíos afirman que la herencia de Moisés es un Camino de Presencia nacional: la Ley que él promulgó, de parte de Dios, para conducir a los hebreos, esclavos del sistema, hacia la tierra prometida. En un sentido, el sucesor de Moisés ha sido Josué (= Jesús), conquistador de Palestina (cf. Dt 34, 9; Jos 1-2). Pero, en otro, el verdadero Josué-Salvador aún no ha llegado y por eso los judíos se mantienen siempre en éxodo, separados y amenazados, pero elevando ante los nuevos faraones la protesta de sus gritos y el testimonio de su opción de libertad, que quieren ofrecer un día a todos los pueblos. Los cristianos suponen que el auténtico heredero de Moisés es Josué-Cristo (cf. Hebr 1, 1-3) y añaden que ha muerto por su fidelidad a Dios y por su opción liberadora, no por sus pecados (que no los ha tenido). Ha muerto porque le han matado los que no aceptaban su tarea sanadora a favor de los nuevos hebreos (impuros, enfermos, oprimidos). Se ha mantenido hasta el fin, sobre el monte de la Cruz, no en el Nebo de Moab, y sus fieles no buscan su sepulcro porque saben que está vacío (cf. Mc 16, 1-8). No ha dejado una Ley y un pueblo separado; se ha dejado a sí mismo para todos los que quieran aceptar su mensaje y tarea de Reino. Los musulmanes afirman que la historia de Moisés profeta ha culminado en Muhammad, de forma que el Éxodo culmina en la Hégira.

            Moisés es importante para judíos, cristianos y musulmanes. Pero sólo es central para los judíos, seguidores de la religión mosaica. En esa línea, ellos siguen interpretando a Moisés como el único profeta, portador definitivo de la Palabra y Ley de Dios, hasta que llegue el Mesías, es decir, hasta el tiempo de la liberación definitiva para todos los pueblos, que aún no ha llegado. Así lo muestra un texto clásico del judaísmo medieval:

«Hemos enseñado que la Profecía de Moisés, nuestro Maestro, era distinta de la de los demás profetas. Sólo esta distinción le calificó para la función de proclamar la Ley, misión sin paralelo en la historia desde Adán hasta Moisés y entre los profetas que le sucedieron. Es principio de nuestra religión que nunca será revelada otra ley. Por donde sostenemos nosotros que nunca hubo, ni habrá otra Ley divina que la de Moisés, nuestro Maestro. Hubo profetas antes de Moisés, como los patriarcas Sem, Eber, Noé, Matusalén y Enoch, pero ninguno de ellos dijo a los hombres que Dios le había enviado y encomendado que les transmitiera cierto mensaje. Abrahán instruyó a sus semejantes, pero no dijo que Dios le hubiera enviado con el mandato de que hicieran o dejaran de hacer tales cosas. Abrahán enseñaba, pus, por argumentos filosóficos, que hay un dios, el cual ha creado todas las cosas que existen además de El, y que no se debe adorar a las Constelaciones (estrellas) ni a ninguna de las cosas que hay en el aire. La historia de los profetas que vinieron después de Moisés dice que cumplieron la función de advertir y exhortar al pueblo para que guardasen la Ley, amenazando con grandes males a quienes descuidaran de hacerlo y anunciando grandes bienes y venturas para los que se sometieran a su guía….Sólo la Ley (de Moisés) se llama divina; las otras, tales como las constituciones políticas de los griegos o las necedades de los sabeos, fueron obra de caudillos humanos, pero no de profetas» (Maimónides,Guía de Descarriados 2,29, Barath, Madrid 1988, 188-189). 

Moisés místico. Pueden darse varias interpretaciones de Moisés, conforme se destaque uno u otro rasgo: liberador, vidente, profeta, sacerdote, legislador, etc. En un sentido extenso, a lo largo de la historia monoteísta, se han dado sobre todo tres interpretaciones.

(a) Por un lado Moisés es hombre de contemplación. Ha visto a Dios como fuego ardiente en la montaña; ha conversado con él a rostro descubierto… En esta línea, la tradición judía de Filón de Alejandría y la cristiana, desde Gregorio Niseno (en su Vida de Moisés) le han tomado como místico por excelencia, el que ha subido hasta la montaña de Dios, para verle allí cara a cara (en la línea de Ex 20, 32-35). Éste es el Moisés de la → cábala judía, el Moisés de los contemplativos cristianos, a quien recuerdan de un modo especial los monjes del Monasterio Ortodoxo de Santa Catalina, a los pies del Sinaí.

(b) Al mismo tiempo, Moisés es hombre de liberación. La experiencia de Dios no termina en sí misma, la mística no se cierra en la experiencia interior, sino que debe abrirse hacia la acción liberadora, como han destacado no sólo los maestros judíos de todos los tiempos, sino muchos intérpretes cristianos, desde el siglo XII (como Ricardo de San Victor), cuando dicen que Moisés tuvo que bajar de la montaña de Dios, para liberar a los hebreos; de esa forma, Moisés ha expresado y expandido su visión de Dios en un gesto de entrega al servicio de los oprimidos, a los que ha sacado de Egipto para hacerles capaces de vivir en libertad.

(c) Pero, por encima de todo, Moisés sigue siendo el hombre de la Ley. Por eso se le representa con las tablas de los mandamientos en la mano, ofreciendo a los hombres (en especial a los israelitas, que forman su pueblo) el camino de los mandamientos. Los cristianos afirman que esa ley ha sido asumida y superada por Cristo, como dice el Evangelio de Juan: «La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo» (Jn 1, 17). Pero esta afirmación, que ha sido temáticamente desarrollada por San Pablo (sobre todo en las cartas a los Gálatas y a los Romanos) es una afirmación confesional cristiana; para los judíos, Moisés sigue siendo el hombre de la Ley Eterna, el testigo definitivo de Dios, hasta el fin de los tiempos.

AMPLIACIÓN 3.

ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE MOISÉS. MOISÉS UN HOMBRE ACTUAL

¿necesita Moises un compañero? ¿qué aporta Aaron?

                                            Un liberador no tiene que ser especialista en todo. Hay personas que saben motivar a los demás y dirigirles, en medio de la prueba, pero no tienen el don de la palabra. Otros razonan bien, pero no pueden enfrentarse con los opresores ni tampoco organizar el camino de la marcha. Pues bien, la Biblia dice que Moisés ha recibido la ayuda de un «hermano», el compañero Aarón, que colabora como «hombre de palabra». 

                   Moisés dijo a Yahvé: «por favor, Señor. Yo nunca he sido un hombre de palabra fácil… entonces dijo Yahvé a Moisés: «¿no tienes a tu hermano Aarón, el levita? Sé que él habla bien. He aquí que justamente ahora sale a tu encuentro y al verte se alegrará su corazón. Tu le hablarás y pondrás las palabras en su boca. Yo estaré en tu boca y en la suya y os enseñaré lo que habéis de hacer. el hablará por tí al pueblo; él será tu boca y tu serás su «Dios»…» (Ex 4, 10-17) 

                                           Hay en la figura de Aarón y en el aporte que ofrece a Moisés otros aspectos que ahora no podemos precisar; su función sacerdotal, su relación con el becerro de oro, etc. Aquí sólo destaco los aspectos positivos de su trato con Moisés: 

1. Es positiva su mutua ayuda. Un verdadero liberador suele ser hombre especial, algo solitario. Pero si no sabe encontrar acompañantes, si no busca personas que asuman su tarea y colaboren en su empeño no podrá acabar su obra. Moisés es buen liberador porque ha sabido rodearse de compañeros como Aarón.

Podemos quizá hablar de colaboración entre el líder laico (Moisés) y el sacerdote (Aarón). De esa forma han entendido el texto algunos movimientos catecumenales modernos, destacando la unidad entre Moisés y Aarón; ellos son figura de la unción de sacerdotes y de miembros laicos de la iglesia. Aún aceptando los posibles valores de esa interpretación, tenemos que añadir que ella resulta en el fondo insuficiente: Moisés es «más que un líder laico»; es también un «sacerdote! en el sentido primigenio de ese término: es representante de Dios para los hombres. Además, no podemos proyectar sobre el antiguo texto nuestros presupuestos sobre sacerdotes y laicos.

Hay en el fondo del relato experiencia clave: la necesidad de vincular carismas y personas diferentes en la acción liberadora. Quien quiere hacer las cosas por aislado nunca triunfa.                                            

¿Cómo ha concientizado Moisés a los hebreos?

   Fueron pues Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas. Aarón refirió a todos las palabras que Yahvé había dicho a Moisés, el cual hizo las señales (de la presencia de Dios y de la libertad) delante del pueblo. El pueblo creyó y al oir que Yahvé había visitado a los israelitas y había visto su aflicción se postraron y adoraron (Ex 4, 29-31).

                                           Moisés y Aarón actúan juntos, como promotores de un movimiento de libertad. Aarón es quien dirige la palabra: transmite a los hebreos la belleza y exigencia de un camino que les lleva a su propia independencia como pueblo. Moisés en cambio, es el hombre poderoso, capaz de realizar prodigios en medio del pueblo; de esa forma les convence, con su propia pasión y con su fuerza. Pero tan pronto como esa palabra y ese gesto de esperanza quieren traducirse en un intento de actuación liberadora los egipcios responden con violencia. Al sentir en propia carne las dificultades, los hebreos responden se amedrentan: no quieren soportar los sufrimientos que conlleva el camino de liberación:

                    Dijo el Faraón: «que se aumente el trabajo de estos hombres (hebreos) para que estén ocupados en él y no den oído a palabras mentirosas (de Moisés y Aarón)… Salieron los capataces del pueblo y los escribas (hebreos) y hablaron al pueblo: «Esto dice el Faraón: no os daré más paja; id vosotros y buscadla, pero tenéis que hacer el mismo número de ladrillos…».  (Cf Ex 5, 6-23) 

                                           Ya se han definido los frentes de manera que podemos precisarlos. El verdadero Dios, Yahvé, se encuentra por encima, promoviendo así el camino de la libertad. Frente a Yahvé, que es el Dios supremos, se eleva el Faraón, que simboliza la estructura económica, social y religiosa de Egipto. Como representantes de Dios están Moisés y Aarón, que llevan su palabrea y su promesa de libertad a los hebreos. Como representantes del Faraón están sus capataces y escribas, dentro del mismo pueblo hebreo.

                                            Como sucede en casi todas las revoluciones, frente a los libertadores (Moisés y Aarón) vienen a elevarse los representantes del poder central dentro del pueblo: son hebreos que se venden al sistema por un poco de poder y de comida. Al llegar este momento, el Faraón no debe ya luchar directamente. Deja que los mismos hebreos se combatan. Capataces y escribas se venden al sistema para defender sus ventajas materiales. Por eso la misma palabra de liberación corre el riesgo de suscitar una guerra civil dentro del pueblo. combaten entre sí los partidarios de la libertad y los que se aprovechan del orden establecido, mientras el Faraón controla las cosas desde arriba. 

¿CÓMO SE OPONE AL FARAON?

                                            Las tesis de Moisés y Aarón triunfan, después de un esfuerzo de concientización que el texto no se ha detenido a detallar paso por paso. Se superan así las tesis de los revisionistas hebreos (escribas y capataces), partidarios del sistema antiguo (del Faraón). Pero entonces llega el momento más solemne del enfrentamiento. Moisés ha de elevarse ya directamente contra el Faraón, en una especie de guerra civil de diez momentoS. Esta es la llamada guerra de las plagas (Ex 7-13) 

                                           Moisés ha de enfrentarse con las fuerzas del sistema que conoce porque ha estado viviéndolo por dentro cuando reformula las etapas de este enfrentamiento, la nueva tradición israelita ha transformado casi totalmente los recuerdos: ha convertido a Moisés en una especie de mago que consigue derribar signo tras signo las barreras de opresión egipcia (Ex 7-13). En el fondo de esa historia, resuena una verdad originaria: la voz de libertad acaba abriéndose camino; no hay fuerza que se pueda oponer a la palabra de verdad que anuncia la presencia de Dios y consigue ser y libertad entre los hombres.

                                           Esta batalla de las plagas resulta actualmente difícil de entender y también de actualizar. Pensamos que en ella hay sólo magia, una visión ya superada de la realidad. Nosotros no podemos acudir a medios semejantes si queremos liberar a los nuevos oprimidos ¿De qué nos sirve entonces la actuación de Moisés? ¿Cómo podemos entender e interpretar estos capítulos centrales de su acción liberadora, tal como se narran en Ex 7-13?. Pues bien, yo pienso que ellos son fundamentales y trazan una especie de programa de revolución que sigue siendo decisivo («normativo») en nuestro tiempo. 

Moisés no inicia un alzamiento militar armado. En ese plano no se puede enfrentar al Faraón, que es dueño de los carros de combate, de las armas y las técnicas marciales. No habrá guerra de guerrillas

Moisés aprovecha las circunstancias cósmicas. Uno a uno desfilan por el texto los peligros de la geografía y clima de Egipto: enturbiamiento de las aguas, ranas, mosquitos, tábanos, peste animal, epidemia, granizo, langostas, tormenta y muerte de los niños. Uno a uno van pasando ante el lector del texto los riesgos de un sistema que se cree eterno. El imperio egipcio, que parece inexpugnable, se asienta sobre pies de barro, sobre el barro de la fragilidad cósmica y humana. Por eso, en vez de combatirlo con la fuerza externa (guerra), Moisés lo ha combatido desde dentro: llevando al paroxismo las contradicciones cósmicas del sistema.

Hay finalmente una especie de guerra religiosa. El imperio del Faraón se funda en la certeza de una ayuda de Dios, en la divinización misma del sistema. Pues bien, paso a paso, Moisés va desmontando su confianza y sus seguridades. Precisamente un grupo de hebreos oprimidos, un puñado de esclavos, son capaces de poner un signo de interrogación en el conjunto del sistema.

                                            No podemos detallar aquí los momentos de esta acción de Moisés que destruye las bases cósmicas e ideológicas (religiosas) del sistema. Cada una de las grandes revoluciones posteriores ha tenido que traducir esa «estrategia» de las plagas, adaptándola a sus propias circunstancias económicas, militares y sociales.

                                           Estos pasajes, envueltos en ropaje de mito, nos ayudan a descubrir que el poder no se encuentra allí donde piensan tenerlo los señores de este mundo. La verdadera revolución no se gana con las armas. Tampoco triunfa por medio del dinero. Armas y dinero eran del Faraón. Pero los hebreos oprimidos tenían algo más importante: un conocimiento superior de la naturaleza, luna mayor conciencia de libertad, lunas tareas nuevas que realizar sobre la tierra. Por eso han triunfado.

                                           Si la revolución de Moisés se hubiera triunfado por dinero y armas no podría ya enseñarnos nada, no valdría de esperanza para el mundo: dinero y armas siguen estando en manos de los nuevos faraones de la tierra(poderes imperiales, pactos militares, multinacionales…) Pues bien, Moisés nos lleva más allá de esos poderes, descubriendo el nuevo poderío de la verdad, la fuerza verdadera de los pobres de este mundo que se ponen en camino hacia la meta de lo humano.

                                           En todo este proceso no se trata de luchar con armas sino de ver con más hondura, suscitando así el sentido y fuerza más profunda de lo humano. Se trata de trazar las nuevas estrategias que desmonten el poder del faraón y sus ministros, la estructura misma de los pactos militares y sus bases económicas.

                                            Para interpretar verdaderamente la misión de Moisés hay que pasar del plano de teoría al ámbito de praxis: sólo aquellos que hacen suyo el compromiso de Moisés en favor de los hebreos, sólo aquellos que se arriesgan para superar las nuevas dictaduras de las armas y dinero, en línea de humanización, entenderán verdaderamente nuestro texto.

¿COMO ACTUA EN EL EXODO? 

                                           Pero dejemos las introducciones y veamos en concreto los momentos de la acción de Moisés, como centro de eso que pudiéramos llamar la acción liberadora del primero de los grandes líderes carismáticos de la humanidad. aquel recuerdo nos ayuda a ser humanos todavía, confiando en las posibilidades de transformación de nuestro tiempo. Vengamos a los textos (Ex 14). Tras las plagas, los hebreos inician la salida ¿Qué es lo que entonces se le exige?

                                           Lo primero la fe en Dios. el pueblo, que busca libertad, se encuentra de pronto acorralado: «el faraón se acercaba, los israelitas alzaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos» (Ex 14, 10). Precisamente entonces, cuando el pánico amenaza, emerge la palabra de la fe: «No tengáis miedo; estad firmes y veréis la victoria que Yahvé os concederá hoy…; Yahvé peleará por vosotros; vosotros esperad en silencio» (Ex 14, 13-14). Fe supone aquí descubrimiento de Dios como garante de futuro y libertad para los hombres. La misma realidad y pervivencia de los hombres e halla amenazada. Pues bien, desde el nivel de esa amenaza emerge la llamada de la fe: Dios aparece como garantía de libertad; por eso le invocan los cautivos caminantes.

                                           Pero esa fe resulta inseparable del esfuerzo de una decisión humana. Los cautivos esperan en silencio contenido; pero, al mismo tiempo avanzan. La escenografía del relato, recreada a partir de recuerdos históricos, resulta impresionante. Perseguidos, prácticamente atrapados por Egipto que se acerca, los cautivos dan un paso y se arriesgan: «di a los israelitas que avancen: tú alza el bastón y extiende la mano sobre el mar y el mar abrirá en dos, de modo que los israelitas puedan atravesarlo a pie enjuto» (Ex 14,16). Normalmente, los que estamos cautivados intentamos primero palpar el milagro de las puertas que se rompen, de las aguas que se secan; sólo después caminaremos. Pues bien, hablando en realidad eso más que un éxodo sería una huida de cobardes. El éxodo acaece cuando empiezo a caminar, cuando los hombres confiamos en la voz de la esperanza y penetramos en el mar impenetrable.

                                            Sólo así tiene sentido y puede realizarse la obra nueva y creadora del milagro. «Moisés extendió la mano sobre el mar y Yahvé hizo retirarse al mar con un fuerte viento de levante que sopló toda la noche; el mar quedó seco y las aguas se dividieron en dos» (Ex 14,21). Ciertamente, al fondo del relato hay un recuerdo histórico: un grupo de cautivos perseguidos, viejos pre-israelitas, consiguió salir de Egipto atravesando de manera prodigiosa un brazo de mar de fondo bajo o tierra pantanosa. Cambió la circunstancia, mudó el viento o se alzaron las mareas y los enemigos no pudieron alcanzarles, atrapados quizá por la misma cortina del agua cambiante. «Dios estaba allí», sintieron los cautivos; allí mismo aparecía como Dios de libertad para los hombres y mujeres que se arriesgan. Nació la vida, como un milagro: nació el pueblo de la nueva libertad, de tal manera que Israel pudo entenderse para siempre como el pueblo «que ha surgido de las aguas». 

                                           Evidentemente, esa experiencia no se puede aplicar de una manera automática. son muchos los pueblos que han buscado libertad, se han arriesgado como aquellos hijos de Israel y han terminado atrapados, destruidos a la vera de un camino que se cierra como mar invadeable, como muro o alambrada que no puede traspasarse. Muchos hombres y mujeres han querido evadirse de su angustia y han perdido la vida o la razón en el empeño. Por eso debemos precisar la situación en cada caso. Además, sabemos que dios es trascendente y su camino de total liberación sólo se puede alcanzar en la experiencia de la Pascua de Jesús, el Cristo. Pues bien, partiendo de eso, debemos añadir que la experiencia israelita sigue siendo muy valiosa.

                                            Por eso, todos nosotros podemos entonar el canto de acción de gracias que celebra la victoria del éxodo: «Cantaré a Yahvé, sublime es su victoria; caballos y carros ha arrojado en el mar. Mi Dios permanece por siempre como «aquel que ha sacado al pueblo de Israel de Egipto» (Cf. Ex 20,2). Así l confesamos en palabra radical de fe: «éramos esclavos, clamamos al Señor, y Dios nos liberó con mano fuerte» (Cf. Dt 26, 5). Así vivimos su misterio y su presencia.

 ¿COMO ES MOISES HOMBRE DEL PACTO?

                                            La liberación en sí no basta. Tan pronto como los hebreos cantan el himno nuevo de la libertad descubren la exigencia de unirse como hermanos, en respeto ante la ley de Dios y en gesto de ayuda mutua. Esta es la tarea nueva de Moisés: hacer de los hebreos fugitivos pueblo solidario.                                           La sociedad humana no es pacto de lobos; tampoco es rebaño de corderos. La auténtica historia comienza allí donde unos hombres, liberados en el Exodo, intentan vivir en común y por ello buscan formas de existencia compartida.                                           Los cautivos liberados llegan a una tierra propia. Quieren empezar a vivir pero, de pronto, descubren que están en descampado. Las viejas leyes de la cautividad (opresión sistematizada de Egipto) ya no rigen. Tampoco resultan suficientes los principios de improvisación donde cada uno responde según fuere su intención y su momento. Los nuevos liberados quieren vivir juntos: necesitan caminar unidos. Para ello han de trazar unos principios de existencia libremente compartida.

                                            Previamente no hubo pueblo: había simplemente caminantes (Abraham), grupos de esclavos (en Egipto). De pronto, los que escapan de la esclavitud se encuentran vinculados, sin más valores que su propia libertad, sin más oficio ni tarea que el camino. son libres y para la libertad tendrán que asegurarse, de tal forma que jamás corran el riesgo de volver a Egipto o de crear un nuevo tipo de cautividad en medio de ellos. Por eso se acercan a la montaña: no son corderos, pues llevan en su carne cicatrices y semillas de violencia; tampoco son lobos, porque libremente quieren vincularse. Son sencillamente hombres, personas que pretenden emprender desde Dios la tarea de lo humano.

                                           Allá, en la falda del monte, ante el brillo de la manifestación de Dios, se firma el pacto, es decir, se establecen libremente las bases de existencia y realidad del pueblo. Es aquí donde Moisés realiza su tarea más importante y duradera como mediador del pacto, ganante de la unión del pueblo. Así lo han destacado, de forma ejemplar, los textos centrales del libro del éxodo (Ex 19-34) cuyo sentido condensamos brevemente en lo que sigue.

 ¿MOMENTOS DEL PACTO DE MOISES?

                                           La liberación culmina al celebrarse el pacto de los hombres liberados donde Moisés viene a presentarse como garante del diálogo y forjador del nuevo pueblo. El mismo dios a quien ha visto como fuego sagrado se revela como principio de unidad del pueblo.

                                            Lo primero es la experiencia de sacralidad. La unión entre los hombres es un dato más que humano: brota del misterio original de Dios: «Os he llevado en alas de águila, os he traído hacia mí; por tanto, si queréis obedecerme y guardar mi alianza seréis mi propiedad entre todos los pueblos» (Ex 19, 4-5). Más allá de las connotaciones puramente sociológicas, la unidad de los hombres se muestra como signo de misterio.

                                            La unidad se resguarda hacia fuera. Voy a hacer un pacto… No hagas alianza con los habitantes del país donde vas a entrar, porque sería un lazo para ti. Derribarás sus altares, destrozarás sus estelas, talarás sus árboles sagrados» (Ex 34, 10-13). Los cautivos liberados han de buscar un tipo diferente de comunión, fundamentada en el Dios de la libertad y no en las fuerzas cósmicas de un sacralismo impositivo. No se deja la servidumbre egipcia para recrear otro modelo de vida en cautiverio.

                                            La unidad que brota del pacto ha de cumplirse hacia dentro. La ofrece dios, como don, pero se actualiza en la vida concreta como mandamiento. Lógicamente, los mandatos o leyes que explicitan el pacto reflejan fundamentan a los hombres en Dios (Cf Ex 20, 2-11) y los vinculan entre sí como participantes y compañeros de la misma alianza (Cf Ex 20,12-17)                                            Finalmente, la alianza se celebra en un rito solemne en que la sangre de la ofrenda y sacrificio está unida a la carne de comunión o comida compartida: Moisés leyó las cláusulas que todos asumieron; roció después al pueblo con «la sangre del pacto» y finalmente, los notables (representantes) de Israel comieron y bebieron (Cf. Ex 24,1-11). En esta celebración de sacrificio (apertura a Dios) y de comida compartida, nace el pueblo de la alianza. 

¿POR QUE NO ENTRA MOISES EN LA TIERRA PROMETIDA?

                                            Las reflexiones anteriores han trazado algunos de los rasgos esenciales de la acción liberadora de Moisés: concientiza a los hebreos, combate al Faraón, dirige el éxodo, funda la alianza o realidad nueva del pueblo… Hay otros aspectos que aquí ya no podemos fijar con más detalle: la construcción del Santuario: el choque con Aarón y los «revisionistas» del becerro de oro (poderes establecidos); la intercesión por el pueblo; las fatigas en cuarenta años de marcha a través del desierto, etc.

                                           Esos y otros temas deberían presentarse con cuidado, si quisiéramos trazar todos los rasgos de Moisés conforme a la visión del Pentateuco. Aquí no podemos detenernos a estudiarlos. Debemos fijar, sin embargo, un último recuerdo: ¿por qué Moisés no ha entrado en la tierra prometida? ¿Por qué muere a sus puertas contemplando de lejos lo que el pueblo podrá alcanzar muy pronto? Estas preguntas han perturbado a los creyentes posteriores, que quieren explicar el hecho como consecuencia de un pecado anterior de desconfianza. El pueblo murmura pues no hay agua. Dios ordena a Moisés golpear en una roca. Moisés parece vacilar:

                    Tomó la vara en la presencia de Yahvé… y dijo al pueblo: «Escuchadme, rebeldes ¿Podremos hacer que brote el agua de esta peña por vosotros?». Y Moisés alzó la mano y golpeó la roca con su vara por dos veces. El agua brotó en abundancia y bebió la comunidad y su ganado. Entonces dijo Yahvé a Moisés y Aarón: «Por no haber confiado en mí, honrándome ante los israelitas, os aseguro que no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que les he dado» (Ex 20, 9-12)

                                            Estamos ante un hecho y una explicación. El hecho es que Moisés, libertador del pueblo, no ha podido alcanzar la meta: ha muerto en el momento decisivo, cuando el pueblo se disponía para entrar en la tierra prometida. La explicación es un pecado; ni Moisés puede elevarse ante Dios como perfecto; a pesar de su grandeza, sigue siendo un hombre de la tierra, sometido a sus debilidades y sus crisis. Por eso se dice que ha empezado un camino y no lo puede culminar.

                                           En el fondo de ese dato y esa explicación hay una experiencia mil veces repetida. Los libertadores (aquellos que no quieren convertirse en tiranos del pueblo) mueren ordinariamente antes del fin de su camino. Hay algo que desborda nuestras posibilidades, algo que transciende todos los proyectos de los hombres. La libertad final nos sobrepasa. Así, el verdadero libertador muere en el camino, ante las puertas de la tierra prometida.

 ¿DONDE PERMANECE EL RECUERDO DE MOISES?

                                            El verdadero recuerdo de Moisés está en el monte Nebo, ante las puertas de la tierra prometida. Así lo ha transmitido la Escritura, en un texto que es grandioso en su misma sobriedad: 

Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, cumbre de Fasga, frente a Jericó. Y Yahvé le fue mostrando desde allí toda la tierra prometida… Y después le dijo: «Esta es la tierra que prometí a vuestros padres. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasará a ella.» Allí murió Moisés, siervo de Yahvé, en el país de Moab, como había dispuesto Yahvé. Le enterraron en el valle, en tierra de Moab, frente a Bet. Pero nadie hasta hoy ha conocido su tumba» (Dt 34,1-6)

                                            «Nadie ha conocido su tumba»: nadie puede venerarla en este mundo. La herencia de Moisés no es un sepulcro; su religión no es religión de ritos funerarios y de muertos. La herencia de Moisés está en el mismo camino de la marcha que conduce a todos los hebreos, esclavos de este mundo, hacia la tierra prometida.

                                           En otro aspecto, el suceso de Moisés ha sido Josué (=Jesús), conquistador de la tierra palestina, como sabe la Escritura (Cf Dt 34, 9; Jos 1-2). Para los cristianos, conforme a la visión de Hebreos 3, el heredero de Moises ha sido Cristo, el auténtico Josué (=Jesús) de la salvación. Pero la figura de Moisés y la riqueza de su herencia no quedan encerrados dentro de Israel (por Josué) y de la iglesia cristiana establecida (por Jesús). Herederos de Moisés han sido y son todos los hombres y mujeres que en las nuevas condiciones de los tiempos asumen su ideal de libertad, al servicio de los oprimidos.

¿COMO ELABORAR UN DICCIONARIO DE LA LIBERTAD EN LA LÍNEA DE MOISÉS?

                                            Desde el fondo de la historia de Moisés, actualizada por Jesús, podemos trazar un breve diccionario explicativo de los términos que enmarcan el camino de la libertad, en clave personal y comunitaria, individual y social.

Ser libres. La libertad personal es gracia: la vida es don y como don la recibimos en actitud agradecida y gozosa. Pues bien, la forma concreta de agradecer la vida es asumirla y realizarla, de manera responsable, en transparencia interior, sin opresiones o violencia exteriores. Asentados en esta libertad podemos ser creyentes: aceptamos a Dios como gracia y gratuitamente respondemos, haciéndonos humanos.

Compartir la libertad. Somos libres porque el mismo Dios nos ha ofrecido y regalado la existencia. Pues bien, desde ese fondo de gracia descubrimos que la libertad también ofrece, se acoge, se comparte en plano humano. para ser libres debemos ‘dialogar’ la libertad. Sólo en comunión abierta a los demás expresa el hombre su verdad y se libera.

Comunicar la libertad: hay hombres que viven aplastados por la vida o se aplastan ellos mismo, entrando así en un túnel o vacío donde les domina el miedo interno y a veces también el odio o resentimiento externo. Son personas que no pueden llegar en circunstancias normales al espacio de la libertad. por eso es necesario ofrecerles una ayuda: el testimonio de un amor gratuito, la cercanía personal, un apoyo psíquico, afectivo, etc, etc.

Liberar. Hay veces que no basta ese apoyo y cercanía; es necesario un tipo nuevo de asistencia que cambie las mismas estructuras de la vida, de manera que permita realizarse al otro como libre. En este aspecto, la palabra liberar tiene dos rasgos: por un lado, en el sentido negativo, implica que no pongo resistencia los demás, no les impido vivir y realizarse como libres; por otro lado, en un sentido positivo, implica que me esfuerzo por abrir parea los otros un espacio de existencia donde puedan realizarse como libres.

Esperar la libertad. La libertad es gracia y como tal no puede imponerse a los demás de una manera coactiva: no se puede exigir con métodos de fuerza, ni tampoco construir con técnicas de ciencia, con proyectos políticos y sones de revolución. ciertamente, es necesario un tipo de revolución que nos permita repartir mejor los bienes de la tierra; son preciosos, imperiosos, los proyectos de la economía y la política, poniéndose al servicio de los hombres; resulta muy valiosa la ayuda de la ciencia, que nos capacita para conocer y dirigir mejor el mundo en que vivimos. Pero, al fin de todo, la libertad sigue siendo un misterio que debemos amar y compartir con humildad, en esperanza jubilosa de futuro.

¿PODEMOS RECREAR LA EXPERIENCIA DEL EXODO?

                                            Conforme a lo ya dicho al presentar la figura de Moisés, la experiencia del Exodo no puede cerrarse en el pasado ni aplicarse de manera automática. Eso significa que debemos reinterpretar los viejos textos, sabiendo discernir de un modo actual los planos y momentos de cada cautiverio, empleando para ello los métodos que ofrecen la psicología y otras ciencias. Al mismo tiempo, y en línea cristiana, habrá que situar todo el problema a la luz de Jesucristo.

                                          El hombre es éxodo en plano individual. Parece que la vida me oprime, me voy angustiando y un día acabo de rendirme: dejo de luchar, me escondo en mi fracaso y mi inconsciencia. Pues bien, el viejo relato israelita asegura que puedo seguir buscando: hay un Dios que es libertad y se despliega allí donde me arriesgo y comienzo a ser yo mismo; hay muralla que caen a medida que asumo el riesgo de mi vida, avanzo. El mismo fracaso y la muerte, entendidos a partir de Jesucristo pueden convertirse en signos de liberación.

                                           El hombre es éxodo en plano de comunidad. Si nos dejamos dominar por el miedo, el sistema acabará pareciéndonos inquebrantable, la cautividad definitiva. Analicemos la situación con realismo; pero, al mismo tiempo, comencemos a avanzar, en riesgo confiado. Así descubriremos que el sistema es muchísimo más débil que lo que nosotros habíamos supuesto: la libertad es Dios (o Dios es libertad) y a su lado los egipcios son un poco de barro organizado, malamente organizado. Muchos morimos, lo mismo que Moisés, en el empeño, pero el camino de liberación sigue abierto para siempre en Cristo.

 ¿MOISES ES TODAVIA EL HOMBRE DE LA ALIANZA?

                                            ¡Ciertamente! Sigue apareciendo ante nosotros como signo de alianza y comunión: más allá del simple contrato social de Rousseau, más allá de la divinización estatal de Hobbes, Moisés nos dirige hacia el lugar donde los hombres liberados son capaces de juntarse en comunión humana originaria, en actitud de pacto.

                                            Sólo existe encuentro interhumano entre personas liberadas. Ningún opresor puede formar aparte de la alianza. Tendrá que abandonar primero su opresión y después, como igual entre iguales, responsable entre responsable, podrá participar con su vida en ese espacio de libertad que traza la alianza.

                                           El establecimiento del pacto significa una renuncia formal a la violencia: cada uno ha de matar al egipcio-opresor que lleva dentro; tiene que morir, en el mar del éxodo, a las formas de contra posición social y a los sistemas de carácter impositivo que se crean en el mundo. Sólo entonces, desde el Dios que es para todos libertad sagrada puede establecerse el misterio de la alianza.

                                           Expresamente quiero presentar la alianza como misteriosa: brota de la libertad y sólo libremente puede mantenerse. Ella se funda en el Dios que es libertad y amor que junta a los hermanos: como libertad llama y anima, sin dominación; como amor reune, funda al pueblo. De esa forma, la misma alianza humana es signo de Dios sobre la tierra.

                                           El establecimiento y triunfo de la alianza es duro. Puede lograrse en pequeños grupos de personas muy comprometidas. Pero en ámbitos más amplios resulta siempre vulnerable. Así lo ha descubierto Israel de una manera especialmente doliente: los principios de la alianza, expresados de forma solemne por Dt 26, 16-19; 27, 1ss, no han logrado mantenerse. En un largo proceso de pecado, el pueblo acaba destruyendo su camino. Eso es cierto y sigue siendo ejemplar, pero nosotros sabemos que la voz originaria del Dios de libertad (Dios del éxodo, Dios de Jesucristo) nos sigue interpelando: por eso mantenemos firme nuestro empeño. 

BIBLIOGRAFIA

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CUESTIONARIO

¿Cuáles son los aspectos principales de la figura de Moisés?

¿Cómo distinguir y vincular los rasgos de Moisés: Egipcio y hebreo, liberador y legislador, hombre del pacto, vidente y caudillo? ¿Qué mujeres intervienen en la infancia e historia posterior de Moisés? ¿Por qué y cómo ha tentado a Moisés la violencia?

¿Qué aprende Moisés en el «desierto» de Madián: Familia,visión de Dios, vocación liberadora?

¿Rasgos del Dios que se aparece a Moisés en la montaña?

¿Quiénes ayudan a Moisés y quiénes se le oponen en la acción liberadora?

¿Cuáles son los momentos principales de la acción liberadora de Moisés?

¿Cuáles son los momentos principales de la acción de Moisés en el Exodo?

¿Por qué llamamos a Moisés el hombre de la Alianza?