Las mujeres en el Sínodo de la Iglesia

Las mujeres mandan en el Sínodo de España: son el 70% de las participantes

Mujeres en una parroquia/Foto: Arzob. Valladolid
Mujeres en una parroquia/Foto: Arzob. Valladolid

“¿Tendrá esto recorrido de cara a las resoluciones del Sínodo? Que las mujeres hayan tenido una participación más o menos activa y significativa ha dependido mucho del enfoque que el párroco haya querido darles”

Los organizadores de esta fase sinodal “han querido poner el foco en los laicos en general, pero dando una mayor dimensión al papel de las mujeres”

Por José Lorenzo

¿Están contando con mujeres en los equipos sinodales de la etapa diocesana, que empezó el 17 de octubre de 2021 para preparar el camino del Sínodo sobre la Sinodalidad de 2023 en Roma? Esa fue la petición que, expresamente, hizo Nathalie Becquart, la subsecretaria de este Sínodo, cuando el pasado mes de noviembre presentó el documento marco.

Y, cuando faltan cinco días para que Madrid acoja la asamblea final de esta fase de escucha, la respuesta, al menos en lo tocante a la Iglesia española, es sí, abrumadoramente. Nada menos que el 70% de las más de 200.000 personas, repartidas en 13.500 grupos sinodales han sido mujeres, según ha sabido RD.

Se trata de una participación muy significativa que, por otro lado, no deja de evidenciar algo ya sabido: las mujeres son las que, mayoritariamente, hacen funcionar en el día a día la vida de parroquias y otras instancias eclesiales, las que cuidan la catequesis, organizan la labor asistencial y caritativa… aunque su labor sea históricamente poco reconocida. Como apunta una fuente, «si en el 2000, las mujeres éramos el 50% de la Iglesia, en el 2020, somos el 80%».

¿Punto de inflexión?

¿Supone esta participación un punto de inflexión? Parece también evidente que el hecho de que en muchas diócesis hayan salido como propuestas para enviar a Roma el dar una mayor responsabilidad a la mujer en el gobierno de la Iglesia, cuando no incluso su acceso a la ordenación sacerdotal, tiene que ver con esta alta participación en esta fase de escucha, que termina este sábado 11 de junio en Madrid, en la Asamblea final del Sínodo en España, que acogerá a más de 600 personas procedentes de todas las diócesis.

Pendientes del “enfoque” del párroco

“¿Tendrá esto recorrido de cara a las resoluciones del Sínodo?”, se preguntan. Y ahí, claro, surgen las dudas cuando todavía no se han hecho públicas las conclusiones, porque, se señala, “que las mujeres hayan tenido una participación más o menos activa y significativa ha dependido mucho del enfoque que el párroco haya querido darles”, lo que explicaría que esta cuestión no haya aparecido en otras diócesis como una reivindicación a tener en cuenta.

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia, en San Antón
La Revuelta de Mujeres en la Iglesia, en San Antón

Las fuentes consultadas, eso sí, subrayan el interés desde el equipo coordinador de esta fase sinodal “en poner el foco en los laicos en general, pero dando una mayor dimensión al papel de las mujeres. Esta ha sido una constante que se ha intentado transmitir”, apuntan.

En torno a los 55-60 años

En este sentido, también se destaca que, “con una edad medida de las participantes en torno a los 55-60 años, habrá muchas mujeres rondando los 70 u 80 años, y no sé hasta qué punto la ordenación sacerdotal femenina ha estado entre las prioridades de estas mujeres”, aunque también se hace constar que ha habido otras realidades, como la de Revuelta de Mujeres en la Iglesia, que también han hecho sus aportaciones.

Cultura de violencia y agresión a la mujer

José M. Tojeira

El Observatorio Universitario de Derechos Humanos (OUDH) de la UCA nos ha aportado abundantes datos sobre la violación de los derechos de la mujer en El Salvador en su último informe sobre los Derechos Humanos en el año 2021. Lo mismo podríamos decir de ORMUSA, que mantiene una interesante y permanente información sobre el mismo tema. Ambas fuentes de información nos revelan un problema cultural, el del machismo, que no hemos logrado resolver desde principio básico de la ética y la moral, aunque haya habido algunos avances en diversos sectores.

El OUDH nos dice en su informe que la tasa de agresión sexual en El Salvador durante el año 2021 alcanza la cifra de 58 agresiones por cada 100.000 habitantes. Una tasa considerada altamente epidémica, y a la que no se le presta la debida atención ni en el nivel educativo ni en el de las instituciones estatales, a pesar de lo grave que es el delito de agresión sexual y los traumas y problemas psicológicos, muchos de ellos de difícil curación, que puede engendrar. Tasa además, que en este tipo de delitos sólo suele mostrar una proporción pequeña del número de abusos cometidos. Pues según los estudios emprendidos en diversos países, incluso con mayor nivel educativo, la mayoría de las personas agredidas suelen tener miedo a denunciar a sus agresores. Bien porque viven con ellos, o bien por miedo, por vergüenza o por desconfianza de las instituciones

Al contemplar el número de agresiones impacta con dureza el ver la gran cantidad de niñas y adolescentes abusadas. El hecho de que la mayor parte de estos crímenes se cometan contra mujeres en edad fértil indica una terrible ausencia de conciencia moral y un componente de irrespeto a la vida y a esa dimensión sagrada de la misma que es la maternidad. Y reproduce a nivel de pareja esa tragedia humana, fuente de demasiados males, como lo es el hecho de valorar la fuerza bruta como la justificación de todo abuso. De hecho, en la Encuesta Nacional de Violencia Sexual realizada por la Dygestic y el Ministerio de Economía se nos decía que el 53% de las mujeres adolescentes y jóvenes encuestadas habían sufrido al menos un hecho de violencia sexual.

Los datos hablan con fuerza de la necesidad de entender la masculinidad de otra manera. Pero muy pocos tienen una idea clara de cómo se puede vivir la virilidad sin caer en el machismo. Por eso se habla poco del tema. A lo más que se llega es a hablar de la necesidad de respeto, pero sin fundamentar ni explicar el modo de vivir sin caer en la prepotencia de quien se considera superior, simplemente porque tiene más fuerza física

El problema es lo suficientemente grave como para que no se pueda solucionar con simples consejos de moralidad. Es necesaria una formación e información amplia sobre el tema y una receptividad mucho mayor de las instituciones frente a las personas ofendidas. La familia, la escuela, las asociaciones juveniles y las Iglesias tienen una enorme responsabilidad educativa en este terreno. Es en ellas donde se alcanza con mayor facilidad la conciencia de la igual dignidad de la persona, donde se adquiere sensibilidad frente al dolor ajeno y donde se aprende a dialogar y a convivir viendo la diversidad y las diferencias no como un obstáculo sino como un camino de complementariedad y enriquecimiento.

La educación sexual, como la educación para la ciudadanía y para la convivencia democrática, no pueden quedarse en recetarios de comportamiento y en moralidades abstractas. Deben partir de una concepción de la persona como un ser humano comunicativo, capaz de analizar y valorar sus sentimientos y educarlos en beneficio de todos. Con los datos que se nos dan, pasar indiferente ante el complejo de superioridad masculino y ante el abuso y la agresión a la mujer solo garantiza la perpetuación de la violencia. Con demasiada frecuencia pensamos que el castigo soluciona los problemas. Es un error, pues con demasiada frecuencia hay formas de burlar el castigo cuando el abuso se produce contra el más débil.

Aunque haya que castigar al agresor, lo más importante es crear una cultura en la que la igual dignidad entre los sexos se refleje realmente en el comportamiento cotidiano y en el funcionamiento de las instituciones. Y para crearla se necesita conocimiento, diálogo, formación y autocrítica. Y por supuesto caer en la cuenta de la gravedad y de las terribles consecuencias sociales del exceso de impunidad del que gozan unos crímenes, los sexuales, en los que el abuso y la brutalidad destruyen la conciencia de la igual dignidad humana

37º ANIVERSARIO DE LAURA LOPEZ

      A Laura López

Yo canto a Laura López

Verdadera mujer nueva

Y de moldes rompedora.

El treinta y tres aniversario

Del veinticuatro de abril

Fue vilmente asesinada

Junto con el pueblo pobre

En las faldas del Guazapa

Del pais El Salvador

Como catequista y pastora

De la iglesia popular

Cristiana comprometida

Y guerrillera valiente

Rompedora de otros moldes

Que adelantan formas nuevas

De la mujer en la Iglesia

Compañera “LauraLópez”                 ¡ Presente ¡

La compañera Felipa Durán era originaria del pueblo de Guazapa. La madre de tres hembras y dos varones quedó viuda durante la guerra, cuando los Cuerpos Represivos asesinaron a su compañero de vida Manuel Hernández.

Fue catequista en El Paisnal en estrecha colaboración con el padre Rutilio Grande. Por su compromiso social como Coordinadora Nacional de la Iglesia Popular CONIP fue buscada por el enemigo y adoptó el seudónimo de “Laura López”. Guindeaba por todo el Cerro de Guazapa con las masas perseguidas quienes cariñosamente la llamábamos “Mama Laura”. Fue alegre, chistosa y no se dejó agobiar ni por los bombardeos ni por los problemas diarios.

 

La catequista Laura
La catequista Laura

 Ella será nuestro ejemplo

De verdadera mujer

Y de moldes rompedora

Primicia de Iglesia nueva

Donde la mujer tendrá

El puesto que corresponde.

Que junto con su marido siendo los dos catequistas

Deciden comprometerse

Para liberar al pueblo

con la lucha guerrillera.

Daniel S. Barbero

 

Laura “solía decir : “Si nos matan, que sea por algo, que no nos maten sólo por gusto; y tampoco nos vamos a dejar.”

“Laura” aprovechó cualquier espacio para organizar reflexiones bíblicas a la luz de la Teología de Liberación y promovió nuestro trabajo solidario, andando siempre delante con su ejemplo.

A sus 38 años de edad, el 23 de abril de 1985 durante un operativo militar  de la Fuerza Armada en nuestra zona los soldados de la dictadura la balearon en un cañal de la comunidad Valle Verde del municipio de Suchitoto.

Los cobardes remataron a la ejemplar luchadora con un tiro de gracia. “Laura López” sigue viva en el recuerdo de muchos pobladores de nuestra región, donde la comunidad Laura López lleva su nombre.

“Que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin haber hecho lo suficiente.”    Victor Heredia

Redimir la Historia de dolor, no condenar

Jesús y la adúltera
Jesús y la adúltera

«No es fácil contar nuestra historia verdadera porque nos abrimos a la posibilidad de juicio»

«Jesús en su actitud de amor, redime a esta mujer adúltera, la vuelve en la posibilidad libre de tomar su dignidad»

«Hacer la experiencia de la dignidad de hijos de Dios nos invita, como dice san Pablo en la segunda lectura a los filipenses, a que nos dejemos conquistar por Cristo para que fluya la vida»

«La Samaritana, la Magdalena, la Adúltera, el Buen Ladrón, Pedro, Pablo, el Endemoniado de Gerasa, han cambiado su historia ante Jesús que los ha redimido en amor y, ha hecho fluir en ellos su mismo espíritu de vida»

Por | Fray Alfredo Quintero Campoy OdeM

La historia de cada persona es profunda y con dolores ocultos que poco o nada se conocen en la mayoría de las personas.

Jesús viene a cambiar en sabiduría un esquema necesario que hace sucumbir contantemente a la humanidad y que se hace vigente en la sociedad, en la iglesia, en la familia y entre los conocidos. Un esquema que necesita ser redimido.

Jesús nos lleva a un mirar la historia de dolor que cada persona lleva y a redimir esa historia. Hay quienes se la pasan acusando a los otros haciendo más agudo el dolor y no redimiendo.

La mirada de compasión de Jesús, en el caso de la mujer adúltera del evangelio de Juan de este domingo quinto de cuaresma, le libera de unos acusadores hostiles, que quizá muchos de ellos han cometido adulterios en mayor número que esta pobre mujer que se ve acorralada, sin salida, expuesta, avergonzada; sin siquiera atender dentro de su falta a su historia personal de dolor que no ha sido escuchada.

Jesús y la adúltera

No es fácil contar nuestra historia verdadera porque nos abrimos a la posibilidad de juicio a cualquier persona que le podamos contar nuestra historia.

Jesús es un conocedor de nuestras historias y eso le da una gran capacidad de entendimiento humano; en una actitud de cambiar en la oportunidad consciente que se nos brinda.

Primero hay que tomar consciencia de nuestra situación personal, lo que en libertad hemos hecho y nos hemos equivocado. En esa consciencia viene siempre, de parte de Jesús, la invitación al arrepentimiento.

Siguiendo en la temática del hijo prodigo del domingo anterior de cuaresma, siempre se resalta que un lugar de amor y de acogida ayuda en la toma consciente de diferenciar entre aquello que nos ha hecho perder nuestra dignidad y la posibilidad de volver a retomar esa dignidad.

Jesús en su actitud de amor, redime a esta mujer adúltera, la vuelve en la posibilidad libre de tomar su dignidad. De no dejarse estropear, de no malbaratar su comunicación de vida en el abuso de ella y, de los demás con ella.

Jesús nos hace siempre volver a tomar nuestra dignidad y en ella caminar. Como el mismo hijo pródigo del domingo pasado, a quien se le repone el vestido, el anillo, las sandalias, haciendo ver que tiene un Padre que lo ama, que sigue siendo hijo, que tiene una casa y un hermano. Así la mujer adúltera de este domingo de cuaresma, será invitada a no volver a pecar, a retomar su dignidad, a tomar consciencia en ella misma de lo que debe corregir para no exponerse a un sufrimiento del que si puede salir.

Hijo pródigo
Hijo pródigo

Este es el camino de sabiduría que Jesús plantea desde el inicio de su ministerio: El reino de Dios ya está aquí, arrepiéntete. Hacer la experiencia de la dignidad de hijos de Dios nos invita, como dice san Pablo en la segunda lectura a los filipenses, a que nos dejemos conquistar por Cristo para que fluya la vida.

Cuántas cosas en nuestra vida son basura, es decir, no nos dejan nada, sino aridez y desierto y por lo tanto tristeza profunda y vacío interior que se revela en mirada triste y desconsolada; expuestos  al zarandeo de tantos vientos que nos sacuden en inestabilidad, golpeados por un lado y por otro, ante el abuso de que no nos hemos dado ocasión de valor digno de nuestra personas.

La Samaritana, la Magdalena, la Adúltera, el Buen Ladrón, Pedro, Pablo, el Endemoniado de Gerasa, han cambiado su historia ante Jesús que los ha redimido en amor y, ha hecho fluir en ellos su mismo espíritu de vida. Historias redimidas donde se han dejado invadir por la palabra de vida de Jesús que les ha hecho cambiar un estilo de vida, que iban a la perdición, como lo dice respecto del hijo menor: estaba perdido y lo hemos encontrado, para dignificarlos, encomendándoles ser coparticipes en la misión de anunciadores de la buena nueva que Jesús les ha hecho experimentar.

Dios quiere redimir nuestra historia llena de dolor y, algunas veces en la equivocación de transitar por caminos que nos llevan a perder, para tomar el camino de vida que es Jesús; en la escucha de su palabra y encuentro de amor en él, que nos redime.

La Buena Noticia del Dgo. 5º-Cuaresma-C

Le presentan a una mujer acusada de adulterio

«El que esté sin pecado, que tire la primera piedra

Lectura de la Palabra

Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Comentarios a la Palabra

NO LANZAR PIEDRAS

Por José Antonio Pagola

En toda sociedad hay modelos de conducta que, explícita o implícitamente, configuran el comportamiento de las personas. Son modelos que determinan en gran parte nuestra manera de pensar, actuar y vivir.

Pensemos en la ordenación jurídica de nuestra sociedad. La convivencia social está regulada por una estructura legal que depende de una determinada concepción del ser humano. Por eso, aunque la ley sea justa, su aplicación puede ser injusta si no se atiende a cada hombre y cada mujer en su situación personal única e irrepetible.

Incluso en nuestra sociedad pluralista es necesario llegar a un consenso que haga posible la convivencia. Por eso se ha ido configurando un ideal jurídico de ciudadano, portador de unos derechos y sujeto de unas obligaciones. Y es este ideal jurídico el que se va imponiendo con fuerza de ley en la sociedad.

Pero esta ordenación legal, necesaria sin duda para la convivencia social, no puede llegar a comprender de manera adecuada la vida concreta de cada persona en toda su complejidad, su fragilidad y su misterio.

La ley tratará de medir con justicia a cada persona, pero difícilmente puede tratarla en cada situación como un ser concreto que vive y padece su propia existencia de una manera única y original.

Qué cómodo es juzgar a las personas desde criterios seguros. Qué fácil y qué injusto apelar al peso de la ley para condenar a tantas personas marginadas, incapacitadas para vivir integradas en nuestra sociedad, conforme a la «ley del ciudadano ideal»: hijos sin verdadero hogar, jóvenes delincuentes, vagabundos analfabetos, drogadictos sin remedio, ladrones sin posibilidad de trabajo, prostitutas sin amor alguno, esposos fracasados en su amor matrimonial…

Frente a tantas condenas fáciles, Jesús nos invita a no condenar fríamente a los demás desde la pura objetividad de una ley, sino a comprenderlos desde nuestra propia conducta personal. Antes de arrojar piedras contra nadie, hemos de saber juzgar nuestro propio pecado. Quizá descubramos entonces que lo que muchas personas necesitan no es la condena de la ley, sino que alguien las ayude y les ofrezca una posibilidad de rehabilitación. Lo que la mujer adúltera necesitaba no eran piedras, sino una mano amiga que le ayudara a levantarse. Jesús la entendió.

Quedaron la miseria humana y la misericordia del Señor

Jesús y la adúltera
Jesús y la adúltera

Por Tomás Muro Ugalde

  1. Jesús enseña al pueblo.

    Comienza el magnífico texto evangélico de hoy diciendo que Jesús baja del monte de los Olivos al Templo para enseñar a la gente, para comunicar el evangelio.

Jesús no comunica doctrina, dogmas, ni tan siquiera el catecismo. Jesús comunica una buena noticia: que eso significa evangelio.

Y la buena noticia es Jesús mismo: Él es la buena noticia. (El Evangelio es anterior a los evangelios que se redactarán con el paso del tiempo (en vida de Jesús no se escribió una línea).

Jesús mismo es el evangelio, la buena noticia para nosotros. El Evangelio “no es un libro”, es una persona, JesuCristo.

  1. Una mujer en adulterio.

    Le presentan a Jesús una mujer sorprendida en adulterio. Pero a aquellos fariseos en realidad no les importa mucho esta mujer, sino a quien quieren pillar es a Jesús. El imputado más que la mujer, es Jesús.

Según la ley de Moisés esta mujer debía ser o apedreada o estrangulada. Tú ¿qué dices?. La mujer es una excusa para ver si Cristo se enfrenta a la ley, a la religión y al orden establecido. Los fariseos quieren hallar un motivo para pillar a Jesús. De hecho, este capítulo 8 de Juan termina con la voluntad del Templo y de los fariseos de dilapidar a Jesús: Los judíos tomaron piedras para tirárselas a Jesús, (Jn 8, 59).

La lapidación era una ejecución de la que “nadie” era responsable –como los fusilamientos-.

La lapidación como el pelotón de fusilamiento, como la misma guerra son una forma de asesinato colectivo, ¿anónimo? Nadie es responsable, si bien todos somos responsables.

Lapidación
  1. La mujer estaba, pues condenada.

    Aquella mujer estaba, pues, condenada

Pero Jesús piensa y actúa de otra manera.

Donde los “religiosos” oficiales ven pecado, delito, injusticia, suciedad, o donde ven morbosidad y programas “rosas” de tv, Jesús, y el Dios de Jesús, ven sufrimiento: la mujer adúltera, la samaritana, la hemorroísa, Magdalena, hijo pródigo, etc. son seres sufrientes.

Los “religiosos” terminales condenamos, excomulgamos, prohibimos; Jesús acoge.

Jesús debía haber condenado a aquella mujer. Sin embargo, la actitud, la respuesta de Jesús no es la esperable en un canonista o eclesiástico. Un “buen” canonista, condena. Jesús no condena: Yo no te condeno.

El Señor no condena.

 Jesús no dice que aquella mujer, ni el ladrón, ni Magdalena, ni Zaqueo, ni el hijo pródigo hayan hecho bien, simplemente dice que Él, Jesús, no condena. Yo no condeno. Y es que Cristo no ha venido para juzgar, y menos a condenar a nadie:

Jn 12,47: porque no he venido a condenar al mundo, sino a salvar al mundo.

Estamos muy habituados a pensar que el pecador merece condena y condenación. Eso es lo normal y lo legal. JesuCristo –el Dios de JesuCristo- no trata al pecador a pedradas y condenaciones, sino que, cuando JesuCristo se encuentra con el pecador, lo primero es no condenar y luego, al mismo tiempo,  perdonar. Jesús mira al pecador misericordiosamente.

Jesús y la adúltera

El pecador, que somos nosotros, no es un reo para Dios, sino que siempre somos sus hijos. El veredicto de Dios no es la condenación, sino la salvación.

El fariseo, el religioso siempre tiende a condena al pecador, JesuCristo sin embargo, perdona al pecador y él, JesuCristo, carga con la condena del pecado y es elevado a la cruz con esa carga de culpa y pecado.

El juicio de Dios no es condena para el ser humano, sino salvación

  1. Jesús, inclinándose, escribía en tierra.

Es un gesto enigmático del que se han dado mil explicaciones en la historia acerca de él.

Posiblemente significa que Jesús se inclina sobre la debilidad humana, sobre el barro humano, no escribe ya en la dureza de las piedras de la ley del Sinaí, sino que Cristo es más humano, mira la tierra, el barro, la debilidad humana y en nuestra debilidad de barro Jesús escribe la sentencia: Yo no condeno, perdono.

Tal vez está evocando el profeta:

Ezequiel 11,19 Quitaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.

La ley no es asunto de Jesús. Jesús mira siempre la persona por encima de la ley. Posiblemente -en nuestro lenguaje- “Jesús fue un ilegal”:

Se acerca a los leprosos, propone como modelo de comportamiento a aquel que deja de ir a la Iglesia para atender al que encuentra en la calle medio muerto (buen samaritano), vuelca las mesas del templo, es un comedor y bebedor, cura en sábado, trata con publicanos y prostitutas. Y, lo que “es peor”, su actitud es la poner por encima de la ley y de todo al ser humano.

Lo que puede cambiar al ser humano y la convivencia humana no es la ley, sino la misericordia y la bondad.

La adúltera del Evangelio
  1. Cosas de dos que las paga una.

El adulterio es cosa de dos. La escena evangélica manifiesta también otro aspecto: Jesús no acepta el diferente trato dado por la Ley judía a la mujer y al hombre. La mujer no tenía la misma dignidad que el varón ante la ley. Jesús acoge a las mujeres mostrándoles el amor comprensivo del Padre. En aquella sociedad machista se humilla y se condena a la mujer. Al reprimir el delito, se castiga con dureza a una parte de la sociedad, la más débil. Jesús no soporta esta hipocresía social construida por los varones.

También nuestra sociedad y la misma Iglesia, debe caminar hacia un mayor respeto hacia la mujer y a su toma de responsabilidades en todos los ámbitos.

La hipocresía a veces no tiene fin.

  1. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Seguramente que hoy ocurriría lo mismo. También nosotros nos tendríamos que marchar comenzando por los más viejos. También en nuestra personalidad hay zonas de adulterio, de hijos pródigos, de “magdalenas”, de “zaqueos”… que nos harían marchar de la “sala del juicio” de aquella mujer…

Se quedaron solos Jesús y la mujer. Se quedan la miseria y la misericordia.

Siempre que se encuentra el ser humano con Dios ocurre lo mismo: se encuentran la miseria y la misericordia.

Podría servir para un rato de oración las miradas de Jesús a la samaritana, a Magdalena, al Hijo pródigo, a Zaqueo, al joven rico, a la mujer adúltera, a María al pie de la cruz, al Discípulo Amado

Jesus y la adúltera

Acusar, denunciar, delatar, condenar a los demás no es una actitud muy cristiana precisamente, ni tan siquiera humana. Lo cristiano y lo humano va más por la discreción, el silencio, por el no ser un chismoso, no airear cuestiones, defectos, pecados. El cristianismo es el perdón y la misericordia

Algo de todo eso es el pudor: saber declinar discretamente la mirada y la palabra ante un pecado, ante una situación oscura, turbia, ante una enfermedad, etc.

Por otra parte, ¿Qué sabemos nosotros de la vida, del recorrido y sufrimientos de una persona, de una familia? ¿Quiénes somos para hablar, ni juzgar a nadie? Harto tenemos con mirarnos a nosotros mismos y pedir perdón por “lo nuestro”.

  1. La Iglesia y la misericordia.

La Iglesia, más bien la jerarquía, no tiene comportamientos muy cristianos, puesto que echa mano de la condena, del castigo, de la excomunión, la suspensión “a divinis”, de prohibir la palabra, la docencia, de retener pecados, etc.

Una Iglesia de misericordia es creíble. No sé si la Iglesia llegará a ser sinodal, bastaría con que fuese buena y misericordiosa.

Se nos ha ido la mano condenando, culpabilizando, echando en cara, descalificando a los separados y divorciados, quitando libros de las librerías y prohibiéndolos en las aulas, etc.

Papa de la misericordia

La misericordia es un valor esencialmente cristiano. No condenemos a nadie.

Si salimos de la Eucaristía de hoy con la conciencia en paz de Dios y de que Cristo tampoco nos condena a nosotros, habremos comenzado a ser cristianos.

Ciclo ‘Mujeres en y con la Biblia’

por Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica (CEA) 


  

Con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica de la Conferencia Episcopal Argentina organizó un ciclo de encuentros virtuales bajo el nombre ‘Mujeres en y con la Biblia’.


Los mismos serán animados por integrantes del DeNAPBi y algunos biblistas invitados, que brindarán una aproximación al tema de las mujeres en la Biblia teniendo como horizonte los desafíos que dejó la Asamblea Eclesial de Latinoamérica y el Caribe para las mujeres en la actualidad. Se propone una reflexión para este tiempo en el que estamos invitados, hombres y mujeres, a repensar estructuras, ministerios y realidades que hacen a la vida de las mujeres en nuestra Iglesia.

Acompañan estos encuentros: el Pbro. Lic. Gabriel Rodríguez y Lic. María Andrea GreenMgter. Gerardo García Helder y Prof. Marcela CastiñeiraObispo Roberto P. Álvarez y Hna, María Inés CastellaroPbro. Víctor Gallaro y Ctdra. Ana María Crocco, la Lic. María Gloria Ladislao, y el PbroBruno Mammana.

Una realidad que interpela a toda la Iglesia

El rol de la mujer –y mejor, el papel de las mujeres– se va visibilizando cada vez con mayor fuerza e insistencia dentro de nuestra Iglesia. Muchas veces, con tiempos más lentos, prolongados que los deseables, justos y necesarios.

Aun así, esta necesidad se viene haciendo realidad en muchos espacios y, sobre todo, desde que la voz amplificadora del papa Francisco recorre el mundo entero para pedir por tantas injusticias y ninguneos a esta igualdad en dignidad y libertad recibida en nuestro bautismo, sin distinción de género.

Empezando por casa

La tarea que tenemos todas las mujeres empieza por casa. No siempre es fácil entender y comprender que hay un proceso que parte desde nuestra interioridad, desde el encuentro con Jesús que nos dignifica y libera, desde las palabras bíblicas que no solo nos hermosean y halagan el alma en el Cantar de los Cantares, sino que nos abren a la posibilidad de escuchar “la voz de mi amado”.

Empezar por casa nos determina y nos impulsa. Escuchar quiénes somos, cuál es nuestro mundo de relaciones y vínculos inmediato, buscar y reconocer las propias heridas para salir al ruedo sanadas, andar serenas para encontrarnos con las iguales que también sufrieron, quizá los mismos abusos y dolores.

En cada mujer bíblica y en cada mujer que se haga una con la Biblia, podremos encontrar la vastedad de lo que Dios está queriendo hablar en nuestros corazones para que no dudemos acerca de quiénes somos en este tiempo que impone lugares poco comunes y espacios propios para vernos y reconocernos en fraternidad.

Las mujeres sabemos desde adentro lo que es un ‘ciclo’. Sabemos de períodos marcados por lunas, reconocemos calendarios de nueve meses y vivimos lo que es la medida de la túnica cuando en casa se pasa hambre o la manta queda corta para tapar a toda la familia.

Reconocerlas, interpretarlas y elegirlas

Este ‘ciclo’ de charlas promete encuentros con ‘ellas’, las que caminaron por tierras prometidas, las que nos dieron la descendencia prometida y las que, sin duda, atadas al amor del Maestro interceden por nosotras y por toda la Iglesia que es ‘madre’.

Al decir del papa Francisco, toca ir a su encuentro, ‘reconocerlas, interpretarlas y elegirlas’, para que este tiempo ‘kronos’ de nuestra propia historia, nos lleve a desparramar la Palabra y hacer siembra en todo lugar que pisemos y pueda ser ‘kairós’ para muchos y muchas.

Caminando juntas, siempre en comunidad celebrante del Camino, la Verdad y la Vida.


*Lucrecia Casemajor

Reconocimiento Meninas 2021

Fundación Luz Casanova: Reconocimiento Meninas 2021 

por Raúl Molina  

La Delegación de Gobierno en Madrid otorgó el pasado jueves 25 de noviembre, el “Reconocimiento Meninas 2021” contra la violencia de género a la Fundación Luz Casanova. 

Un poco de historia. 

Jesús le dice: «”¡María!”. Ella se vuelve y le dice: “¡Rabbuní!”, …María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: “He visto al Señor y ha dicho esto” (Jn 20,16-18). 

En 1924 nace la congregación de las Apostólicas del Corazón de Jesús, fundada por Luz Rodríguez Casanova. Ya en esa época se acuñaron el apelativo de ‘Damas’ haciendo referencia a la importancia de una transformación social y eclesial desde lo femenino. Así, asumiendo las críticas de sus coetáneos, y como las propias apostólicas describen, ‘iniciaron una aventura laical desde el apostolado social femenino’. 

Hace, por lo tanto, más de cien años que este grupo de mujeres cogió el relevo de María Magdalena para hacer presente a Dios en el mundo desde su ser mujer y pidieron, como Judit, que se abrieran ‘las puertas de la ciudad para cumplir los deseos’ que el pueblo expresa en cada desaliento (Jdt 10,7-9). 

Y creó Dios al hombre a su imagen, 

a imagen de Dios lo creó, 

varón y mujer los creó (Gn 1,27). 

Mientras que la primera ley orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres que se aprueba en nuestro país es del año 2007, las Apostólicas ya introducían en su documento ‘Nos habla por el camino’, del año 2002, la necesidad de inspirarse en “las claves del feminismo y la perspectiva de género”, o como expresarían en ‘Junto al encinar de mambré’ (2008), la fidelidad a una “identidad femenina acogiendo las luces que en ese sentido nos aportan los diversos feminismos”. 

Oído atento 

En este devenir, intensificaron cada vez más el ‘oído atento’ al clamor de las mujeres que sufren en nuestras sociedades. Así se lanzaron a proyectos de inclusión social e igualdad, prevención de violencia de género o atención a mujeres sin hogar. 

Hago también referencia al interés que pusieron por introducir en sus colegios la identidad femenina de la congregación y su apuesta por el mundo de la mujer. Esto hizo que los centros escolares “Luz Casanova” asumieran como propio el horizonte de las relaciones igualitarias entre hombres y mujeres, la perspectiva de género como herramienta de análisis de estas relaciones, y el objetivo de convertir la escuela en un instrumento que limitara todos aquellos condicionantes sociales y culturales que dificultan el pleno desarrollo de la persona. 

Sería en 2007 cuando naciera la Fundación Luz Casanova compartiendo identidad con las Apostólicas del Corazón de Jesús, con el fin de trabajar “por una sociedad del cuidado y la inclusión hacia las personas en situación de grave desprotección y exclusión, con especial atención a las personas sin hogar, la población migrante y las mujeres y menores víctimas de violencia de género”. 

Una vez más nuestra Iglesia se hace portadora de la esperanza que Dios tiene para el mundo. Como las mismas apostólicas expresan “por la fe, empezamos a descubrir que había que replantear las obras sociales con un espíritu de justicia nuevo… compartiendo la vida con las personas y pueblos que padecen las consecuencias de las estructuras injustas, implicándonos en sus causas y celebrando la abundancia de la Misericordia de Dios”. 

En nuestra sociedad, la Fundación Luz Casanova es presencia de ese Dios que se encarna en la historia y derrama sobre nosotros su abundante misericordia

Mística de la resistencia activa

por José Luis Pinilla, SJ  

Quiero hablar de la resistencia activa. Social y eclesialmente es muy necesaria. He querido practicarla con humildad con la ayuda de Dios. Y me explico y me justifico aunque sea con un prólogo un poco largo, nacido de la experiencia y las noticias de estos días. 

Es muy variada la posibilidad de participar en los encuentros que se ofrecen desde muy variados ámbitos para la sensibilización y el compromiso con los migrantes. Esta semana querría haber asistido a varios de ellos. Por ejemplo, a la Jornada Mundial de los Pobres que en Madrid, que contó con la presencia cualificada de Xabier Gomez y Sergio Barciela. O a la Oferta de diálogo, organizada por CONFER, en torno a la Campaña de la Hospitalidad con Cristina Manzanedo, clara referente en este tema. O la Asamblea Anual del SJM bajo el lema ‘Semillas de resistencia’. 

Y siguen llegando ofertas poliédricas que alimentan nuestra sensibilidad y compromiso. Ya lo dice el papa Francisco: hay que discernir cada vez más. Incluso en estos mini-discernimientos. Porque mientras no se nos conceda del don de ubicuidad será muy difícil asistir a todo. Aunque ya conocía a algún amigo que casi lo ejercía apareciendo brevemente en varias actos, saltando de uno a otro sin acabar de estar en ninguno. 

O como aquella persona que quería ser tan santo que no quería perderse ir a varias misas a la vez, con lo que saltaba de una a otra en función de su horario. Supongo que de la suma de los trozos de cada una en la que participaba podría haber consumado una misa completa y variada satisfaciendo una cierta gula (muy espiritual, pero gula al fin y al cabo). No creo que con mucho resultados… 

Espiritualidad cristiana crítica 

En esta caso y a la hora de escribir este blog y por sentido “cuasilaboral” me quedé con la Asamblea nacional de 2021 del SJM en Madrid. Me sentía atraído además por el titulo ‘Semillas de Resistencias’. Y ahí va mi humilde reflexión que puede ser válida para alimentar las variadas presencias, emociones y sensibilidades que nos provocan en este caso hacia un compromiso que cada día hay que seguir alimentando. 

Me refiero a una posibilidad que me sirve de muletilla y acicate ante tanto desvarío como se produce ante los empobrecidos. Y en concreto frente a los migrantes. Me refiero a que es muy necesaria la resistencia activa ante tantos ataques a estos empobrecidos. Claro está. Pero a mi me gusta añadir la “mística de la resistencia activa”. Es decir, al necesario aleteo del espíritu que sostiene el compromiso. Sí: aquello de que Jesús los envió a “estar con Él y a echar demonios”. Espiritualidad y sanación. 

El Consejo Mundial de las Iglesias nos ofrece una definición de la espiritualidad de la resistencia que evocaría “la larga espiritualidad cristiana crítica del poder, que ha dado a los desposeídos de poder, fuerzas y coraje para oponerse a quienes abusan de él”. 

Y es verdad que hay acompañar esa espiritualidad, con el aguante, la tenacidad, la constancia e insistencia, la conciencia de estar en la intemperie, la solidaridad en el caso de las mujeres (sororidad) y la memoria histórica, la interpelación sobre la realidad, el cuestionamiento, o sea, la actitud crítica ante la realidad. La cordura, en una palabra. 

Cultivar una vida unificada 

La mística y la resistencia activa, ahora que de nuevo vienen embates contra los migrantes del este de Europa (Bielorrusia versus Polonia por ejemplo), que se incorporan a los de Europa del Sur tienen una relación circular. Se refuerza una a la otra. Esta espiritualidad , como dice Antonina Woznan (teóloga feminista), por un lado puede desplegar el poder del que han sido despojadas las víctimas de los poderosos de turno. Y por otro lado agudiza el sentido crítico frente a cualquier forma de poder que no se manifieste como un poder de la vida, de compasión, de comunicación y de apoyo. 

La espiritualidad nos ayuda a cultivar una vida unificada en los deseos y no fragmentada en las actitudes y respuestas, a disfrutar de la experiencia del encuentro con Dios y su justicia o si queréis de su misericordia y de poder contemplarla también en las noticias que nos llegan sobre migrantes , en su historia, en el mundo de hoy , en la naturaleza amenazada y destrozada que los “expulsa” y en los demás. 

También en esta nuestra Europa fortaleza donde tantos estamos desde este lado de los muros. De los ya construidos, y de los que pueden seguir construyendo con nuestros dineros… Y mientras tanto, como dice Cesar Vallejo “el cadáver siguió muriendo”. 

Eliminación violencia contra la mujer

La otra pandemia de nuestro tiempo: la violencia contra las mujeres 

«Independiente de conmemoraciones, lo cierto es que la violencia contra las mujeres sigue, como lo constatan, entre otros, los informes de la ONU» 

«Con la pandemia la violencia contra las mujeres aumentó considerablemente pero solo un 40% ha denunciado las agresiones que esta situación ha supuesto para ellas» 

«Todavía no hay muchas voces que se levanten en nombre de la fe denunciando toda la violencia ejercida sobre las mujeres. No hay una autocrítica sobre la espiritualidad que se vive, permitiendo tanta violencia sin que se exija un cambio» 

«No solo levantar las voz frente a las violencias que se viven en la sociedad sino también las de dentro de la Iglesia, porque mantener esquemas asimétricos entre varones y mujeres en su seno es también violencia ejercida contra ellas» 

Por Consuelo Vélez 

El próximo 25 de noviembre conmemoramos nuevamente el “Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la mujer”. Lo ideal sería que ya no hubiera que conmemorarlo, ni fuera necesario seguir insistiendo en la necesidad de erradicar dicha violencia, sino que se pudiera afirmar que ya ninguna mujer sufre en razón de su sexo

Pero mientras llega ese día, sólo queda seguir insistiendo en develar tal violencia que, tantas veces, es solapada, disimulada, justificada y supone todo un esfuerzo evidenciarla y mostrar que no se puede tolerar de ninguna manera. La sociedad patriarcal en la que vivimos la ha introyectado tanto en la conciencia de varones y mujeres, jóvenes y adultos que, por mucho que se muestren las evidencias, más de uno las niega sistemáticamente

Mujer

 El origen de esta conmemoración se remonta a las hermanas Mirabal -Patria, Minerva y María Teresa- dominicanas que lucharon contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y, como a tantos que luchan, las asesinaron vilmente, pretendiendo hacer pasar su muerte como un accidente. Pero, en realidad, fueron secuestradas y asesinadas por los agentes del Servicio de Inteligencia militar dominicano el 25 de noviembre de 1960. 

Pero fue el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de 1981, el que propuso que el asesinato de las hermanas Mirabal fuera recordado como día contra la violencia hacia las mujeres. Más adelante, en 1993, la ONU aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer reiterando su derecho a la igualdad, la seguridad y la dignidad y en el año 2000declaró oficialmente esta fecha como Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. 

Independiente de conmemoraciones, lo cierto es que la violencia contra las mujeres sigue, como lo constatan, entre otros, los informes de la ONU. Según este organismo, un 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física o sexual en algún momento de sus vidas y 137 mujeres son asesinadas cada día por miembros de la propia familia

Las mujeres y niñas representan el 72% de las víctimas globales de trata de seres humanos y las adolescentes tienen el mayor riesgo de experimentar relaciones sexuales forzadas. Con la pandemia la violencia contra las mujeres aumentó considerablemente pero solo un 40% ha denunciado las agresiones que esta situación ha supuesto para ellas. 

Las cifras nos alertan y reflejan algo del panorama mundial. Pero cada persona puede detenerse a mirar a su alrededor y darse cuenta cómo se vive esa violencia contra la mujer. Personalmente veo que muchas jovencitas están comenzando a crecer con otra forma de percibirse -exigiendo sus derechos- y eso da esperanza de que llegará el día para el cambio. 

Pero muchas otras repiten la historia de sus progenitoras: madres a temprana edad y viviendo la interminable cadena de violencias que se desprenden de las relaciones que se establecen en nuestras sociedades patriarcales, donde la mujer carga con la peor parte y depende en muchos sentidos del varón. 

Pero, lo que más me sorprende, es la cantidad de mujeres que rondan los treinta-cuarenta años, con estudios y carreras profesionales exitosas que establecen relaciones con parejas violentas, pero no los denuncian, sino que lo disimulan y, las que llegan a separarse, guardan esa historia como un secreto y aducen que no dicen nada para no dañar la carrera profesional de la expareja o para evitar represalias. 

También hay muchas mujeres profesionales que dicen no sentirse ofendidas, maltratadas, invisibilizadas, violentadas, ni con gestos, palabras, actitudes, estructuras o acciones concretas. Señalan que las mujeres pueden obtener lo que quieran y no deben existir cuotas de género porque eso es darles alguna ventaja que no deben aceptar. 

Seguro han vivido situaciones privilegiadas, pero también puede ser que prefieren no enfrentar esta realidad porque algo tendrían que reconocer sobre sí mismas y cuando la verdad es dolorosa, se evita fácilmente. No parece que se hubieran enterado de que la sociedad patriarcal a todos nos condiciona y, de alguna manera, todas hemos sufrido por ella. 

Y, conozco también muchas otras que no sufren violencia física sino psicológica: constantemente sus parejas las critican, les exigen incluso económicamente para sostener el hogar y, aunque a simple vista parecen tan liberadas y tranquilas, solo con observar un poco, se percibe esa doble carga de la mujer en el hogar y esa violencia patriarcal expresada de tantas y variadas formas. Por supuesto, las realidades que he señalado no se cumplen en todas las mujeres y, muchas tienen una conciencia feminista muy honda y están abriendo caminos de liberación y nuevas perspectivas para las mujeres

Pero la reflexión que quiero hacer es sobre todo desde el punto de vista creyente. Todavía no hay muchas voces que se levanten en nombre de la fe denunciando toda la violencia ejercida sobre las mujeres. No hay una autocrítica sobre la espiritualidad que se vive, permitiendo tanta violencia sin que se exija un cambio. Es importante incorporar esta realidad como un compromiso cristiano ineludible en aras de coherencia con la dignidad inviolable de todo ser humano, en este caso, de las mujeres. 

Y no solo levantar las voz frente a las violencias que se viven en la sociedad sino también las de dentro de la Iglesia, porque mantener esquemas asimétricos entre varones y mujeres en su seno es también violencia ejercida contra ellas, contrario al plan divino de salvación que no admite ninguna diferencia en razón del sexo: “(…) ya hay diferencia entre varón y mujer porque todos son uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28). 

Las mujeres en el cristianismo primitivo

Por Antoni Ferret 

Jesús ignoraba la discriminación femenina típica de aquella sociedad (y de todas). En su grupo misionero itinerante había mujeres, que habían dejado la familia e iban con ellos de pueblo en pueblo predicando el Evangelio. Sabemos muy poco de ellas, porque los evangelistas, los cuatro hombres, lo escondieron tanto como pudieron. Pero, en la escena del pie de la cruz, no se atrevieron a callarlo. Y dice Mateo: “Había allí muchas mujeres mirando desde lejos. 

Habían seguido a Jesús desde Galilea y le prestaban ayuda. Entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos del Zebedeo. ” Pero Mateo aún es muy discreto, cuando dice que “le prestaban ayuda”. Marcos dice exactamente la misma frase. Por una vez han dicho la verdad, pero todavía les da vergüenza decirla toda. Lucas, que es el más popular de los cuatro, menciona la presencia de mujeres dos veces, la del pie de la cruz y otra, en la que lo acaba de decir: “que los ayudaban con sus bienes”. 

Es decir: las discípulas, no sólo acompañaban a Jesús y los otros discípulos, sino que eran las que compraban los víveres para todo el grupo. (Me permito decir que, tal vez, una de las mujeres mencionadas por Lucas, “Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes”, sería la que disponía de más recursos. Pero de todos modos el hecho no es extraño: pensemos que las mujeres que habían dejado la familia para seguir a Jesús debían ser despreciadas, consideradas locas, por sus familiares, pero… nunca les dejarían pasar hambre, a pesar de lo que pensaran de ellas. En cambio, los discípulos hombres, una vez dejado el trabajo (la barca, etc.), se quedaban sin nada. Pero… pensemos cómo se debían sentir… Para ellos esto sería como la vergüenza de las vergüenzas. Por eso, cuando podían, ni siquiera las mencionaban.) 
Tras la muerte de Jesús, etc., algunas mujeres tuvieron una participación muy activa en la predicación del Evangelio. Lo sabemos, sobre todo, por Pablo, porque es quien más escribió, ya que era el único intelectual del grupo. 

Nos menciona, como misioneras destacadas, las siguientes: 
Priscila, y su marido Aquila, dirigentes de una iglesia de Éfeso, y más tarde de una iglesia de Roma. Es curioso porque, contra las costumbres de entonces (y de siempre), cuando habla de ellos, a menudo la menciona primero a ella y luego al marido. 
Apfia, que, con dos compañeros más, era dirigente de una iglesia situada en su casa. 
Lidia, que presidía también una iglesia situada en su casa. [Es decir: cedían su casa para hacer los servicios de una comunidad, ya que no era fácil adquirir una casa para este fin.] 

En la misma ciudad que Lidia, había Evodia y Síntica, que parece que Pablo las tenía por importantes. 
Cuando Pablo escribe a la comunidad de Roma, da recuerdos para: María, Trifena, Trifosa y Pérside, de las que hace un buen elogio por su trabajo misionero. También saluda a Júnia, a la que llama “apóstol”, y Andrónico, probablemente su marido. Finalmente, dos parejas: Filólogo y Julia, Nereo y su hermana. 

En las recomendaciones del final de esta carta, Pablo menciona 15 hombres y 8 mujeres. Hay más hombres, pero, dadas las circunstancias, la proporción de mujeres es alta. 
A lo largo de las décadas posteriores a Jesús, la actividad de las mujeres en las comunidades cristianas fue aumentando. Muchas mujeres veían por primera vez la posibilidad de ser y actuar como si fueran personas normales, como los hombres. Pero… este hecho fue molestando a muchos hombres y, sobre todo, a los abuelos cabezas de familia, que no estaban acostumbrados a esta libertad y actividad femeninas, que no se había visto nunca. 

Llegaron a darse acusaciones formales contra las comunidades cristianas en el sentido de que: 
“Rompían las familias, perturbaban a las mujeres, subvertían el orden social”. 
Y es muy curioso que Pablo, a quien gustaba proclamar que “ya no había judíos ni gentiles, que no había hombres ni mujeres, ni esclavos ni libres, sino todos unos en el Señor”, llegó a decir, ante la mala marejada social, cosas como: 

“Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, maridos, amad a vuestras esposas, 
hijos, obedeced a los padres, padres, no exasperéis a los hijos, 
esclavos, obedeced a los amos, amos, obrad con justicia con los esclavos. ” 
Y las comunidades cristianas de las décadas posteriores, y más tarde la Iglesia, se fueron cerrando, poco a poco, sobre todo, a la libertad femenina, y asegurando el predominio masculino. Pero grupos de mujeres, una vez probada la libertad por primera vez en la historia, no estaban dispuestas a renunciar. 

De modo que, durante nada menos que dos siglos, el II y el III, hubo un debate, una lucha y un malestar constantes, dentro y fuera de la Iglesia (la llamada “cuestión femenina”). Grupos de mujeres, dispuestas a todo, no siendo aceptadas como tales, libres e iguales, por la Iglesia oficial, se integraron en grupos religiosos alternativos, debidamente condenados oficialmente, donde hubo mujeres que bautizaban, celebraban misa y enseñaban, tal como sabían hacer y tenían todo el derecho de hacer. 
Pero… pasados los dos siglos de lucha, el movimiento se fue desinchando. Y se retornó a una sociedad y a una iglesia precristianas. Y todavía estamos en ella. 
Pero todas y todos preparando un nuevo empujón en este sentido. Esta vez SÍ. Ahora la gente es más libre y no tenemos abuelos dictadores, ni tantos lazos familiares. 

(Información extraída del libro “Del movimiento de Jesús en la Iglesia cristiana”, del profesor Rafael Aguirre.