Reconocimiento Meninas 2021

Fundación Luz Casanova: Reconocimiento Meninas 2021 

por Raúl Molina  

La Delegación de Gobierno en Madrid otorgó el pasado jueves 25 de noviembre, el “Reconocimiento Meninas 2021” contra la violencia de género a la Fundación Luz Casanova. 

Un poco de historia. 

Jesús le dice: «”¡María!”. Ella se vuelve y le dice: “¡Rabbuní!”, …María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: “He visto al Señor y ha dicho esto” (Jn 20,16-18). 

En 1924 nace la congregación de las Apostólicas del Corazón de Jesús, fundada por Luz Rodríguez Casanova. Ya en esa época se acuñaron el apelativo de ‘Damas’ haciendo referencia a la importancia de una transformación social y eclesial desde lo femenino. Así, asumiendo las críticas de sus coetáneos, y como las propias apostólicas describen, ‘iniciaron una aventura laical desde el apostolado social femenino’. 

Hace, por lo tanto, más de cien años que este grupo de mujeres cogió el relevo de María Magdalena para hacer presente a Dios en el mundo desde su ser mujer y pidieron, como Judit, que se abrieran ‘las puertas de la ciudad para cumplir los deseos’ que el pueblo expresa en cada desaliento (Jdt 10,7-9). 

Y creó Dios al hombre a su imagen, 

a imagen de Dios lo creó, 

varón y mujer los creó (Gn 1,27). 

Mientras que la primera ley orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres que se aprueba en nuestro país es del año 2007, las Apostólicas ya introducían en su documento ‘Nos habla por el camino’, del año 2002, la necesidad de inspirarse en “las claves del feminismo y la perspectiva de género”, o como expresarían en ‘Junto al encinar de mambré’ (2008), la fidelidad a una “identidad femenina acogiendo las luces que en ese sentido nos aportan los diversos feminismos”. 

Oído atento 

En este devenir, intensificaron cada vez más el ‘oído atento’ al clamor de las mujeres que sufren en nuestras sociedades. Así se lanzaron a proyectos de inclusión social e igualdad, prevención de violencia de género o atención a mujeres sin hogar. 

Hago también referencia al interés que pusieron por introducir en sus colegios la identidad femenina de la congregación y su apuesta por el mundo de la mujer. Esto hizo que los centros escolares “Luz Casanova” asumieran como propio el horizonte de las relaciones igualitarias entre hombres y mujeres, la perspectiva de género como herramienta de análisis de estas relaciones, y el objetivo de convertir la escuela en un instrumento que limitara todos aquellos condicionantes sociales y culturales que dificultan el pleno desarrollo de la persona. 

Sería en 2007 cuando naciera la Fundación Luz Casanova compartiendo identidad con las Apostólicas del Corazón de Jesús, con el fin de trabajar “por una sociedad del cuidado y la inclusión hacia las personas en situación de grave desprotección y exclusión, con especial atención a las personas sin hogar, la población migrante y las mujeres y menores víctimas de violencia de género”. 

Una vez más nuestra Iglesia se hace portadora de la esperanza que Dios tiene para el mundo. Como las mismas apostólicas expresan “por la fe, empezamos a descubrir que había que replantear las obras sociales con un espíritu de justicia nuevo… compartiendo la vida con las personas y pueblos que padecen las consecuencias de las estructuras injustas, implicándonos en sus causas y celebrando la abundancia de la Misericordia de Dios”. 

En nuestra sociedad, la Fundación Luz Casanova es presencia de ese Dios que se encarna en la historia y derrama sobre nosotros su abundante misericordia

Mística de la resistencia activa

por José Luis Pinilla, SJ  

Quiero hablar de la resistencia activa. Social y eclesialmente es muy necesaria. He querido practicarla con humildad con la ayuda de Dios. Y me explico y me justifico aunque sea con un prólogo un poco largo, nacido de la experiencia y las noticias de estos días. 

Es muy variada la posibilidad de participar en los encuentros que se ofrecen desde muy variados ámbitos para la sensibilización y el compromiso con los migrantes. Esta semana querría haber asistido a varios de ellos. Por ejemplo, a la Jornada Mundial de los Pobres que en Madrid, que contó con la presencia cualificada de Xabier Gomez y Sergio Barciela. O a la Oferta de diálogo, organizada por CONFER, en torno a la Campaña de la Hospitalidad con Cristina Manzanedo, clara referente en este tema. O la Asamblea Anual del SJM bajo el lema ‘Semillas de resistencia’. 

Y siguen llegando ofertas poliédricas que alimentan nuestra sensibilidad y compromiso. Ya lo dice el papa Francisco: hay que discernir cada vez más. Incluso en estos mini-discernimientos. Porque mientras no se nos conceda del don de ubicuidad será muy difícil asistir a todo. Aunque ya conocía a algún amigo que casi lo ejercía apareciendo brevemente en varias actos, saltando de uno a otro sin acabar de estar en ninguno. 

O como aquella persona que quería ser tan santo que no quería perderse ir a varias misas a la vez, con lo que saltaba de una a otra en función de su horario. Supongo que de la suma de los trozos de cada una en la que participaba podría haber consumado una misa completa y variada satisfaciendo una cierta gula (muy espiritual, pero gula al fin y al cabo). No creo que con mucho resultados… 

Espiritualidad cristiana crítica 

En esta caso y a la hora de escribir este blog y por sentido “cuasilaboral” me quedé con la Asamblea nacional de 2021 del SJM en Madrid. Me sentía atraído además por el titulo ‘Semillas de Resistencias’. Y ahí va mi humilde reflexión que puede ser válida para alimentar las variadas presencias, emociones y sensibilidades que nos provocan en este caso hacia un compromiso que cada día hay que seguir alimentando. 

Me refiero a una posibilidad que me sirve de muletilla y acicate ante tanto desvarío como se produce ante los empobrecidos. Y en concreto frente a los migrantes. Me refiero a que es muy necesaria la resistencia activa ante tantos ataques a estos empobrecidos. Claro está. Pero a mi me gusta añadir la “mística de la resistencia activa”. Es decir, al necesario aleteo del espíritu que sostiene el compromiso. Sí: aquello de que Jesús los envió a “estar con Él y a echar demonios”. Espiritualidad y sanación. 

El Consejo Mundial de las Iglesias nos ofrece una definición de la espiritualidad de la resistencia que evocaría “la larga espiritualidad cristiana crítica del poder, que ha dado a los desposeídos de poder, fuerzas y coraje para oponerse a quienes abusan de él”. 

Y es verdad que hay acompañar esa espiritualidad, con el aguante, la tenacidad, la constancia e insistencia, la conciencia de estar en la intemperie, la solidaridad en el caso de las mujeres (sororidad) y la memoria histórica, la interpelación sobre la realidad, el cuestionamiento, o sea, la actitud crítica ante la realidad. La cordura, en una palabra. 

Cultivar una vida unificada 

La mística y la resistencia activa, ahora que de nuevo vienen embates contra los migrantes del este de Europa (Bielorrusia versus Polonia por ejemplo), que se incorporan a los de Europa del Sur tienen una relación circular. Se refuerza una a la otra. Esta espiritualidad , como dice Antonina Woznan (teóloga feminista), por un lado puede desplegar el poder del que han sido despojadas las víctimas de los poderosos de turno. Y por otro lado agudiza el sentido crítico frente a cualquier forma de poder que no se manifieste como un poder de la vida, de compasión, de comunicación y de apoyo. 

La espiritualidad nos ayuda a cultivar una vida unificada en los deseos y no fragmentada en las actitudes y respuestas, a disfrutar de la experiencia del encuentro con Dios y su justicia o si queréis de su misericordia y de poder contemplarla también en las noticias que nos llegan sobre migrantes , en su historia, en el mundo de hoy , en la naturaleza amenazada y destrozada que los “expulsa” y en los demás. 

También en esta nuestra Europa fortaleza donde tantos estamos desde este lado de los muros. De los ya construidos, y de los que pueden seguir construyendo con nuestros dineros… Y mientras tanto, como dice Cesar Vallejo “el cadáver siguió muriendo”. 

Eliminación violencia contra la mujer

La otra pandemia de nuestro tiempo: la violencia contra las mujeres 

«Independiente de conmemoraciones, lo cierto es que la violencia contra las mujeres sigue, como lo constatan, entre otros, los informes de la ONU» 

«Con la pandemia la violencia contra las mujeres aumentó considerablemente pero solo un 40% ha denunciado las agresiones que esta situación ha supuesto para ellas» 

«Todavía no hay muchas voces que se levanten en nombre de la fe denunciando toda la violencia ejercida sobre las mujeres. No hay una autocrítica sobre la espiritualidad que se vive, permitiendo tanta violencia sin que se exija un cambio» 

«No solo levantar las voz frente a las violencias que se viven en la sociedad sino también las de dentro de la Iglesia, porque mantener esquemas asimétricos entre varones y mujeres en su seno es también violencia ejercida contra ellas» 

Por Consuelo Vélez 

El próximo 25 de noviembre conmemoramos nuevamente el “Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la mujer”. Lo ideal sería que ya no hubiera que conmemorarlo, ni fuera necesario seguir insistiendo en la necesidad de erradicar dicha violencia, sino que se pudiera afirmar que ya ninguna mujer sufre en razón de su sexo

Pero mientras llega ese día, sólo queda seguir insistiendo en develar tal violencia que, tantas veces, es solapada, disimulada, justificada y supone todo un esfuerzo evidenciarla y mostrar que no se puede tolerar de ninguna manera. La sociedad patriarcal en la que vivimos la ha introyectado tanto en la conciencia de varones y mujeres, jóvenes y adultos que, por mucho que se muestren las evidencias, más de uno las niega sistemáticamente

Mujer

 El origen de esta conmemoración se remonta a las hermanas Mirabal -Patria, Minerva y María Teresa- dominicanas que lucharon contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y, como a tantos que luchan, las asesinaron vilmente, pretendiendo hacer pasar su muerte como un accidente. Pero, en realidad, fueron secuestradas y asesinadas por los agentes del Servicio de Inteligencia militar dominicano el 25 de noviembre de 1960. 

Pero fue el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de 1981, el que propuso que el asesinato de las hermanas Mirabal fuera recordado como día contra la violencia hacia las mujeres. Más adelante, en 1993, la ONU aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer reiterando su derecho a la igualdad, la seguridad y la dignidad y en el año 2000declaró oficialmente esta fecha como Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. 

Independiente de conmemoraciones, lo cierto es que la violencia contra las mujeres sigue, como lo constatan, entre otros, los informes de la ONU. Según este organismo, un 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física o sexual en algún momento de sus vidas y 137 mujeres son asesinadas cada día por miembros de la propia familia

Las mujeres y niñas representan el 72% de las víctimas globales de trata de seres humanos y las adolescentes tienen el mayor riesgo de experimentar relaciones sexuales forzadas. Con la pandemia la violencia contra las mujeres aumentó considerablemente pero solo un 40% ha denunciado las agresiones que esta situación ha supuesto para ellas. 

Las cifras nos alertan y reflejan algo del panorama mundial. Pero cada persona puede detenerse a mirar a su alrededor y darse cuenta cómo se vive esa violencia contra la mujer. Personalmente veo que muchas jovencitas están comenzando a crecer con otra forma de percibirse -exigiendo sus derechos- y eso da esperanza de que llegará el día para el cambio. 

Pero muchas otras repiten la historia de sus progenitoras: madres a temprana edad y viviendo la interminable cadena de violencias que se desprenden de las relaciones que se establecen en nuestras sociedades patriarcales, donde la mujer carga con la peor parte y depende en muchos sentidos del varón. 

Pero, lo que más me sorprende, es la cantidad de mujeres que rondan los treinta-cuarenta años, con estudios y carreras profesionales exitosas que establecen relaciones con parejas violentas, pero no los denuncian, sino que lo disimulan y, las que llegan a separarse, guardan esa historia como un secreto y aducen que no dicen nada para no dañar la carrera profesional de la expareja o para evitar represalias. 

También hay muchas mujeres profesionales que dicen no sentirse ofendidas, maltratadas, invisibilizadas, violentadas, ni con gestos, palabras, actitudes, estructuras o acciones concretas. Señalan que las mujeres pueden obtener lo que quieran y no deben existir cuotas de género porque eso es darles alguna ventaja que no deben aceptar. 

Seguro han vivido situaciones privilegiadas, pero también puede ser que prefieren no enfrentar esta realidad porque algo tendrían que reconocer sobre sí mismas y cuando la verdad es dolorosa, se evita fácilmente. No parece que se hubieran enterado de que la sociedad patriarcal a todos nos condiciona y, de alguna manera, todas hemos sufrido por ella. 

Y, conozco también muchas otras que no sufren violencia física sino psicológica: constantemente sus parejas las critican, les exigen incluso económicamente para sostener el hogar y, aunque a simple vista parecen tan liberadas y tranquilas, solo con observar un poco, se percibe esa doble carga de la mujer en el hogar y esa violencia patriarcal expresada de tantas y variadas formas. Por supuesto, las realidades que he señalado no se cumplen en todas las mujeres y, muchas tienen una conciencia feminista muy honda y están abriendo caminos de liberación y nuevas perspectivas para las mujeres

Pero la reflexión que quiero hacer es sobre todo desde el punto de vista creyente. Todavía no hay muchas voces que se levanten en nombre de la fe denunciando toda la violencia ejercida sobre las mujeres. No hay una autocrítica sobre la espiritualidad que se vive, permitiendo tanta violencia sin que se exija un cambio. Es importante incorporar esta realidad como un compromiso cristiano ineludible en aras de coherencia con la dignidad inviolable de todo ser humano, en este caso, de las mujeres. 

Y no solo levantar las voz frente a las violencias que se viven en la sociedad sino también las de dentro de la Iglesia, porque mantener esquemas asimétricos entre varones y mujeres en su seno es también violencia ejercida contra ellas, contrario al plan divino de salvación que no admite ninguna diferencia en razón del sexo: “(…) ya hay diferencia entre varón y mujer porque todos son uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28). 

Las mujeres en el cristianismo primitivo

Por Antoni Ferret 

Jesús ignoraba la discriminación femenina típica de aquella sociedad (y de todas). En su grupo misionero itinerante había mujeres, que habían dejado la familia e iban con ellos de pueblo en pueblo predicando el Evangelio. Sabemos muy poco de ellas, porque los evangelistas, los cuatro hombres, lo escondieron tanto como pudieron. Pero, en la escena del pie de la cruz, no se atrevieron a callarlo. Y dice Mateo: “Había allí muchas mujeres mirando desde lejos. 

Habían seguido a Jesús desde Galilea y le prestaban ayuda. Entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos del Zebedeo. ” Pero Mateo aún es muy discreto, cuando dice que “le prestaban ayuda”. Marcos dice exactamente la misma frase. Por una vez han dicho la verdad, pero todavía les da vergüenza decirla toda. Lucas, que es el más popular de los cuatro, menciona la presencia de mujeres dos veces, la del pie de la cruz y otra, en la que lo acaba de decir: “que los ayudaban con sus bienes”. 

Es decir: las discípulas, no sólo acompañaban a Jesús y los otros discípulos, sino que eran las que compraban los víveres para todo el grupo. (Me permito decir que, tal vez, una de las mujeres mencionadas por Lucas, “Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes”, sería la que disponía de más recursos. Pero de todos modos el hecho no es extraño: pensemos que las mujeres que habían dejado la familia para seguir a Jesús debían ser despreciadas, consideradas locas, por sus familiares, pero… nunca les dejarían pasar hambre, a pesar de lo que pensaran de ellas. En cambio, los discípulos hombres, una vez dejado el trabajo (la barca, etc.), se quedaban sin nada. Pero… pensemos cómo se debían sentir… Para ellos esto sería como la vergüenza de las vergüenzas. Por eso, cuando podían, ni siquiera las mencionaban.) 
Tras la muerte de Jesús, etc., algunas mujeres tuvieron una participación muy activa en la predicación del Evangelio. Lo sabemos, sobre todo, por Pablo, porque es quien más escribió, ya que era el único intelectual del grupo. 

Nos menciona, como misioneras destacadas, las siguientes: 
Priscila, y su marido Aquila, dirigentes de una iglesia de Éfeso, y más tarde de una iglesia de Roma. Es curioso porque, contra las costumbres de entonces (y de siempre), cuando habla de ellos, a menudo la menciona primero a ella y luego al marido. 
Apfia, que, con dos compañeros más, era dirigente de una iglesia situada en su casa. 
Lidia, que presidía también una iglesia situada en su casa. [Es decir: cedían su casa para hacer los servicios de una comunidad, ya que no era fácil adquirir una casa para este fin.] 

En la misma ciudad que Lidia, había Evodia y Síntica, que parece que Pablo las tenía por importantes. 
Cuando Pablo escribe a la comunidad de Roma, da recuerdos para: María, Trifena, Trifosa y Pérside, de las que hace un buen elogio por su trabajo misionero. También saluda a Júnia, a la que llama “apóstol”, y Andrónico, probablemente su marido. Finalmente, dos parejas: Filólogo y Julia, Nereo y su hermana. 

En las recomendaciones del final de esta carta, Pablo menciona 15 hombres y 8 mujeres. Hay más hombres, pero, dadas las circunstancias, la proporción de mujeres es alta. 
A lo largo de las décadas posteriores a Jesús, la actividad de las mujeres en las comunidades cristianas fue aumentando. Muchas mujeres veían por primera vez la posibilidad de ser y actuar como si fueran personas normales, como los hombres. Pero… este hecho fue molestando a muchos hombres y, sobre todo, a los abuelos cabezas de familia, que no estaban acostumbrados a esta libertad y actividad femeninas, que no se había visto nunca. 

Llegaron a darse acusaciones formales contra las comunidades cristianas en el sentido de que: 
“Rompían las familias, perturbaban a las mujeres, subvertían el orden social”. 
Y es muy curioso que Pablo, a quien gustaba proclamar que “ya no había judíos ni gentiles, que no había hombres ni mujeres, ni esclavos ni libres, sino todos unos en el Señor”, llegó a decir, ante la mala marejada social, cosas como: 

“Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, maridos, amad a vuestras esposas, 
hijos, obedeced a los padres, padres, no exasperéis a los hijos, 
esclavos, obedeced a los amos, amos, obrad con justicia con los esclavos. ” 
Y las comunidades cristianas de las décadas posteriores, y más tarde la Iglesia, se fueron cerrando, poco a poco, sobre todo, a la libertad femenina, y asegurando el predominio masculino. Pero grupos de mujeres, una vez probada la libertad por primera vez en la historia, no estaban dispuestas a renunciar. 

De modo que, durante nada menos que dos siglos, el II y el III, hubo un debate, una lucha y un malestar constantes, dentro y fuera de la Iglesia (la llamada “cuestión femenina”). Grupos de mujeres, dispuestas a todo, no siendo aceptadas como tales, libres e iguales, por la Iglesia oficial, se integraron en grupos religiosos alternativos, debidamente condenados oficialmente, donde hubo mujeres que bautizaban, celebraban misa y enseñaban, tal como sabían hacer y tenían todo el derecho de hacer. 
Pero… pasados los dos siglos de lucha, el movimiento se fue desinchando. Y se retornó a una sociedad y a una iglesia precristianas. Y todavía estamos en ella. 
Pero todas y todos preparando un nuevo empujón en este sentido. Esta vez SÍ. Ahora la gente es más libre y no tenemos abuelos dictadores, ni tantos lazos familiares. 

(Información extraída del libro “Del movimiento de Jesús en la Iglesia cristiana”, del profesor Rafael Aguirre. 

La Biblia y las mujeres


Verbo Divino impulsa una campaña para la financiación colectiva de un nuevo volumen de ‘La Biblia y las mujeres’

                     
Titulado ‘Literatura rabínica’, el nuevo volumen está compuesto por quince contribuciones de mujeres investigadoras y una extensa introducción. En ellas se examina la representación de estas mujeres desde la perspectiva y las inquietudes de los rabinos
‘La Biblia y las Mujeres’ es un proyecto internacional que se publica simultáneamente en español, alemán, inglés e italiano
 | Verbo divino
La Editorial Verbo Divino ha impulsado en la plataforma Verkamiuna campaña para la financiación colectiva de la obra Literatura rabínica, de la colección “La Biblia y las Mujeres”. Se trata de un importante proyecto editorial en el que se aborda, desde una perspectiva de género, el itinerario de la recepción de la Biblia a lo largo de la historia, las figuras bíblicas de mujer y la exégesis llevada a cabo por las mujeres.
Literatura rabínica se centra en textos que forman el segundo canon del judaísmo y que fueron escritos en Palestina y Mesopotamia entre el 200 y el 800 de la Era Común, así como numerosos comentarios al texto bíblico o midrashim. Con frecuencia esta literatura se refiere a las mujeres bíblicas y revisa los planteamientos bíblicos relacionados con el género.

El volumen está compuesto por quince contribuciones de mujeres investigadoras.

Este volumen está compuesto por quince contribuciones de mujeres investigadoras y una extensa introducción. En ellas se examina la representación de estas mujeres desde la perspectiva y las inquietudes de los rabinos.
“La Biblia y las Mujeres” es un proyecto internacional que se publica simultáneamente en español, alemán, inglés e italiano.
La idea de esta editorial especializada en obras de temática humanista y religiosa es abrir un canal de microfinanciación para cada una de sus obras, cuya publicación no resulta viable por sus elevados gastos de edición y producción.
Sobre las recompensas
Verbo divion espera que los mecenas puedan disfrutar de cada uno de los títulos con los que contribuyan, y así disfruten de un trabajo de investigación riguroso e innovador, a la vez que contribuyen con la difusión de dichas investigaciones.
A qué irán destinadas las aportaciones
Las aportaciones de esta campaña se destinarán a hacer posible la publicación de “Literatura rabínica”, volumen 8 de la colección “La Biblia y las Mujeres”.
Verbo divino quiere hacer posible la finalización de este proyecto de investigación y difusión cultural y a bajar su precio para hacerlo accesible a los países de Hispanoamérica, muchos de ellos en una situación económica especialmente delicada y que cuentan con el mayor número de personas investigadoras en estos campos y que son las destinatarias potenciales de esta investigación.
Calendario previsto
En caso de conseguir la financiación, los archivos se enviarían a imprenta el 27 de julio y la obra se distribuiría a partir del 6 de septiembre de 2021
 

La Buena Noticia del Dgo. 13º-B

La gloria de Dios es que el pobre viva (Mons. Romero)

Tu fe te ha curado

MARCOS 5, 21-43

21 Cuando Jesús atravesó de nuevo al otro lado, una gran multitud se congregó adonde estaba él, y él se quedó junto al mar. 22 Llegó un jefe de sinagoga, de nombre Jairo, y al verlo cayó a sus pies, 23 rogándole con insistencia:

– Mi hijita está en las últimas; ven a aplicarle las manos para que se salve y viva.

24 Y se fue con él.

Lo seguía una gran multitud que lo apretujaba. 25 Una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre, 26 que había sufrido mucho por obra de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovecharle nada, sino más bien poniéndose peor, 27 como había oído hablar de Jesús, acercándose entre la multitud le tocó por detrás el manto, 28 porque ella se decía: «Si le toco aunque sea la ropa, me salvaré».

29 Inmediatamente se secó la fuente de su hemorragia, y notó en su cuerpo que estaba curada de aquel tormento. 30 Jesús, dándose cuenta interiormente de la fuerza que había salido de él, se volvió inmediatamente entre la multitud preguntando:

– ¿Quién me ha tocado la ropa?

31 Los discípulos le contestaron:

– Estás viendo que la multitud te apretuja ¿y sales preguntando «quién me ha tocado»?

32 Él miraba a su alrededor para distinguir a la que había sido. 33 La mujer, asustada y temblorosa por ser consciente de lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. 34 Él le dijo:

– Hija, tu fe te ha salvado. Márchate a la paz y sigue sana de tu tormento.

35 Aún estaba hablando cuando llegaron de casa del jefe de sinagoga para decirle:

– Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al maestro?

36 Pero Jesús, sin hacer caso del mensaje que transmitían, le dijo al jefe de sinagoga:

– No temas; ten fe y basta.

37 No dejó que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegaron a la casa del jefe de sinagoga y contempló el alboroto de los que lloraban gritando sin parar. 39 Luego entró y les dijo:

– ¿Qué alboroto y qué llantos son éstos? La chiquilla no ha muerto, está durmiendo.

40 Ellos se reían de él. Pero él, después de echarlos fuera a todos, se llevó consigo al padre de la chiquilla, a la madre y a los que habían ido con él y fue adonde estaba la chiquilla. 41 Cogió a la chiquilla de la mano y le dijo:

– Talitha, qum (que significa: «Muchacha, a ti te digo, levántate»).

42 Inmediatamente se puso en pie la muchacha y echó a andar (tenía doce años). Se quedaron viendo visiones. 43 Les advirtió con insistencia que nadie se enterase y encargó que se le diera de comer.

Comentario

UNA «REVOLUCIÓN IGNORADA»

Jesús adoptó ante las mujeres una actitud tan sorprendente que desconcertó incluso a sus mismos discípulos. En aquella sociedad judía, dominada por los varones, no era fácil entender la nueva postura de Jesús, acogiendo sin discriminaciones a hombres y mujeres en su comunidad de seguidores. Si algo se desprende con claridad de su actuación es que, para él, hombres y mujeres tienen igual dignidad personal, sin que la mujer tenga que ser objeto del dominio del varón.

Sin embargo, los cristianos no hemos sido todavía capaces de extraer todas las consecuencias que se siguen de la actitud de nuestro Maestro. El teólogo francés René Laurentin ha llegado a decir que se trata de «una revolución ignorada» por la Iglesia.

Por lo general, los varones seguimos sospechando de todo movimiento feminista, y reaccionamos secretamente contra cualquier planteamiento que pueda poner en peligro nuestra situación privilegiada sobre la mujer.

En una Iglesia dirigida por varones no hemos sido capaces de descubrir todo el pecado que se encierra en el dominio que los hombres ejercemos, de muchas maneras, sobre las mujeres. Y lo cierto es que no se escuchan desde la jerarquía voces que, en nombre de Cristo, urjan a los varones a una profunda conversión.

Los seguidores de Jesús hemos de tomar conciencia de que el actual dominio de los varones sobre las mujeres no es «algo natural», sino un comportamiento profundamente viciado por el egoísmo y la imposición injusta de nuestro poder machista.

¿Es posible superar este dominio masculino? La revolución urgida por Jesús no se llevará a cabo despertando la agresividad mutua y promoviendo entre los sexos una guerra. Jesús llama a una conversión que nos haga vivir de otra manera las relaciones que nos unen a hombres y mujeres.

Las diferencias entre los sexos, además de su función en el origen de una nueva vida, han de ser encaminadas hacia la cooperación, el apoyo y el crecimiento mutuos. Y, para ello, los varones hemos de escuchar con mucha más lucidez y sinceridad la interpelación de aquel de quien, según el relato evangélico, «salió fuerza» para curar a la mujer.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

Asesinada en Etiopía una cooperante española de Médicos Sin Fronteras junto a otros dos compañeros

María Hernández, coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras en la región de Tigray, Etiopía, ha sido asesinada en un ataque en el que también han fallecido otros dos trabajadores de la organización. «Perdimos contacto con ellos y el coche en el que viajaban ayer por la tarde y esta mañana el vehículo ha sido hallado vacío y, a unos metros de distancia, sus cuerpos sin vida», ha señalado este viernes la ONG.

María Hernández, de 35 años de edad y originaria de Madrid, inició su trabajo en MSF en 2015 en la República Centroafricana y desde entonces había trabajado en Yemen, México y Nigeria. Los otros dos fallecidos son Yohannes Halefom Reda y Tedros Gebremariam Gebremichael, ambos etíopes. El primero era asistente de coordinación, tenía 31 años y se había unido a la organización en febrero. Tedros, de 31 años, llevaba como conductor de MSF desde mayo.

«El ataque tendrá consecuencias dramáticas para la asistencia a las poblaciones a las que María, Yohannes y Tedros servían. Trabajaban en Tigray, una región azotada por el conflicto bélico. Nada de lo que escribamos servirá para transmitir toda nuestra tristeza e indignación», ha dicho la organización humanitaria

Las mujeres en las religiones

Liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las religiones

[Por: Juan José Tamayo]
El 12 de marzo de 2019 participé en Lima en el Seminario Internacional “Liderazgo de la mujer: política y libertad religiosa” organizado por la Dirección de Política de Derechos Humanos y la Dirección de Asuntos Interconfesionales del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú y moderado por María Esperanza Adrianzén, directora de Asuntos Interconfesionales. En el intervinimos el viceministro Fernando Castañeda: Laura Vargas, secretaria ejecutiva del Consejo Interreligioso del Perú; Jisen Oshiro, líder la Comunidad Budista soto Zen en el Perú; Ana Jara, Notaria Pública y ex Presidenta del Consejo de Ministros y yo mismo. Este es el resumen de mi intervención en dicho Seminario, que de manera más extensa he incorporado en mi libro La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2021, 2ª ed.). Seguir leyendo

El gran miedo … a las mujeres

  


A finales del 1300, un confesor preocupado, Jean le Graveur, se dedicó a transcribir las visiones de Erminia de Reims, una joven viuda considerada loca. Esas ensoñaciones eran la manifestación de una mujer que deseaba dejar las estrecheces del hogar y viajar por el mundo, que esperaba volver a casarse y liberarse del estricto control del confesor para tener un diálogo más libre con Dios.

El estudio de ese antiguo manuscrito, que nos llegó con el comentario del historiador André Vauchez, pone de relieve el miedo de los hombres del pasado por cualquier manifestación de autonomía femenina, es decir, la dificultad de aceptar espacios de libertad para las mujeres. Los sueños de Erminia fueron juzgados como resultado de tentaciones demoníacas.

El miedo a las mujeres ha sido, y sigue siendo en muchos contextos, uno de los grandes miedos de Occidente. ¿También en el seno de la Iglesia?, ¿en qué medida?

Ya desde el Concilio Vaticano II, el Magisterio ha mostrado una nueva atención y sensibilidad hacia las mujeres defendidas en su dignidad y valoradas por lo que Juan Pablo II llamó “el genio femenino”. Pero aún queda mucho por hacer para superar las resistencias y los prejuicios.

El propio Papa Francisco afirmó recientemente que “debemos avanzar para incorporar a las mujeres a los cargos conciliares, incluso en el gobierno, sin miedo”, indicando, entre líneas, las dificultades que todavía existen para aceptar una participación femenina plena y de responsabilidad en la vida de la Iglesia. El miedo todavía existe.

Pero, ¿en qué consiste este miedo a las mujeres? Una mirada al pasado tal vez pueda ayudar a comprender las profundas razones de esta reacción primaria de defensa que los hombres materializan negando o marginando a la mujer. No siempre fue así.

Jesús no tenía miedo de las mujeres. La liberación femenina más radical comenzó con Él. Fue quien entabló un diálogo empático con las mujeres, escuchándolas y concediéndolas espacios propios. Sus mensajes de salvación iban dirigidos a hombres y mujeres por igual. A todos anunció las exigencias del Reino y a todos pidió que tomaran decisiones radicales.

Las mujeres no constituían una categoría separada, marginada o digna de compasión. Junto al Maestro de Galilea compartían la vida, las expectativas y todo tipo de actividades. Por eso los discípulos se sentían confusos al no comprender esta manera madura y equilibrada de relacionarse con el sexo femenino y, sobre todo, les costaba entender la liberad de Jesús por encima de tabúes o impedimentos.

De hecho, si en la cultura judía se mantenía bajo control el cuerpo femenino para no contaminar lo sagrado (Números 15,38) y, por tanto, se excluía a las mujeres del culto en virtud de estrictas normas, con Jesús deja de producirse esta exclusión porque nada puede hacer a una persona impura excepto el mal que hace y que proviene de lo más profundo de su corazón desviado (Marcos 7:15).

Una persona inclusiva

Del mismo modo, se mostró ajeno a cualquier limitación dañina. Hoy lo definiríamos como una persona inclusiva. Bien lo expresa en el diálogo con la mujer samaritana donde explica cómo la presencia de Dios no está ligada a un lugar sagrado (el Templo) y cómo la relación con lo trascendente no es privilegio de una etnia (la judía), de una condición social o religiosa (el ministro del culto) o de un sexo (el masculino). Jesús asegura que cualquiera que sepa acoger “en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) esta presencia de Dios puede hacerlo.

Los seguidores de Jesús no se llegaron a acostumbrar a ese comportamiento libre: “se maravillaban de que hablara con una mujer” (Juan 4:27). Sintieron cierto resquemor e incluso envidia por la autoridad de Magdalena (textos gnósticos), y volvieron a proponer una vuelta a los roles tradicionales (“mujeres, estad sujetas a vuestros maridos”) y antiguas estructuras patriarcales (“la mujer que aprenda en silencio, con total sumisión. No permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre”, 1 Timoteo 2,11 -12).

Sin embargo, en las comunidades originales encontramos mujeres, como Lidia de Filipos, Tabita, Priscila, Cloe, Ninfa… Mujeres hospitalarias cuyos hogares eran verdaderos lugares de acogida, oración y evangelización; o cristianas comprometidas en el campo de la caridad, del diaconado, de la catequesis, la evangelización, la misión y el apostolado como las mujeres mencionadas con respeto y gratitud por el apóstol Pablo: la diaconisa Febe, las misioneras Priscila, Evodia y Síntique, la apóstol Junia, las evangelizadoras Trifena, Trifosa y Perside y las benefactoras Apfia y Ninfa.

Pero ni esta presencia de mujeres activas y colaboradoras, ni el ejemplo de Jesús fueron suficientes para que la Iglesia naciente fuera inclusiva. Más bien al contrario, abrazó la cultura y estructuras patriarcales dominantes de las sociedades con las que entró en contacto.

Magdalena pronto fue olvidada (San Pablo ni siquiera la menciona) y su figura tergiversada (a partir de Gregorio Magno, de discípula pasó a ser una prostituta arrepentida) las diaconisas jugaban un papel cada vez más pequeño, la profecía femenina se sofocó, las casadas volvieron a su papel de esposas sumisas y el cuerpo de la mujer volvió a ser un tabú.

La antigua ginecofobia

Los antiguos autores cristianos compartían sustancialmente la antropología de la cultura grecorromana que colocaba la superioridad del hombre en el centro y reiteraban la imperfección e insuficiencia de la naturaleza de la mujer, nacida para ser sumisa al hombre. Para San Agustín, los dos sexos fueron creados a imagen de Dios en igualdad espiritual sustancial, sin embargo, la subordinación femenina venía determinada por el orden de la Creación.

Esta concepción impregnó el cristianismo, fortalecida por el encuentro con la antropología de Aristóteles: el género masculino era un modelo de lo humano y la mujer un hombre fracasado. Esta visión, que fue aceptada e integrada en la filosofía escolástica y, en concreto, en la teología de Tomás de Aquino, constituyó a lo largo de los siglos el fundamento de la incapacidad del género femenino, tanto para detentar el poder como para representar la imagen misma de Dios.

El desconocimiento de la fisiología femenina y el miedo a ser contaminados por una persona portadora de impurezas, aumentaron los temores masculinos hacia la sexualidad de la mujer y la alejaron de los lugares sagrados. Recordemos al franciscano Álvaro Pelayo, quien, en De statu et planctu ecclesiae, expuso ciento dos razones para demostrar, no solo la inferioridad, sino también la peligrosidad de la mujer, “origen del pecado, arma del diablo, expulsión del paraíso, madre del error, corrupción de la ley antigua”.

La obsesión por el cuerpo femenino, deseado y a la vez rechazado, apareció con fuerza en los tratados contra las brujas manifestando un miedo creciente a las mujeres que se convirtieron durante siglos en chivos expiatorios de una antigua y profunda angustia.

Incluso la ley del celibato eclesiástico, que se estableció en el siglo XII durante un proceso de institucionalización de la Iglesia, favoreció inevitablemente la afirmación de una concepción negativa de la mujer, que fue sacada de los lugares sagrados por considerarla impura. La continua transgresión de parte del clero llevó al Concilio de Trento a implementar un enfoque educativo más amplio y apropiado, apuntando, a través de la institución de seminarios, a una formación espiritual y cultural del clero separado del mundo laico.

Muestra elocuente de ello fue la pedagogía de Paolo Segneri que identificó el punto máximo de peligro en la mujer al asegurar que el cuerpo era una trampa permanente para la vida virtuosa. De esta forma, la sospecha del pecado pesaba sobre la propia naturaleza de la mujer percibida como amenazante. Esta visión caracterizará la Iglesia de la Contrarreforma hasta el umbral del Concilio Vaticano II.

La superación del miedo

La devoción mariana ayudó a redescubrir la dignidad de la mujer e inspiró a algunos fundadores, incluido Guillermo da Vercelli, a diseñar una doble comunidad (masculina y femenina) dirigida por una mujer, la abadesa. Este es el caso del monasterio de Goleto y su fascinante historia cuyos vestigios aún son visibles hoy en Irpinia. Pero, más aún, hay ejemplos en la historia de la Iglesia de fecunda amistad entre hombres y mujeres.

De lo contrario, no se podría comprender el profundo e intenso entendimiento entre Clara y Francisco de Asís, que proponen y viven una hermandad-sororidad en la que se acoge a todo aquel que quiera seguir al Cristo pobre y que desee establecer relaciones de apoyo mutuo. No se podían entender las muchas experiencias de la vida religiosa, como las nacidas del trabajo conjunto de Francisca de Chantal con Francisco de Sales, de Luisa di Marillac con Vincenzo de ‘Paoli, o de Leopoldina Naudet con Gaspare Bertoni.

Hoy no podríamos hablar de comunidades innovadoras nacidas de las provocaciones proféticas del espíritu misionero si no hubiera habido parejas de fundadores como María Mazzarello y Don Bosco, Teresa Grigolini y Daniele Comboni o Teresa Merlo y Giacomo Alberione.

Y no entenderíamos las muchas amistades que se nutren de la fe y las pasiones comunes. ¿Cómo no recordar el viaje místico que unió a Adrienne von Speyr con Hans Urs von Balthasar y el activismo cultural de Romana Guarnieri que unió inextricablemente su vida a Don Giuseppe de Luca?

Son ejemplos marcados por relaciones intensas de profunda consonancia, de afecto íntimo y sincero y de pudor místico. El amor, al sentirse arraigado en Cristo, se convierte en la superación de los miedos, espacio de libertad y maduración y reformula las relaciones entre mujer y hombre en la dimensión amistosa del apoyo mutuo.

La vuelta a la utopía

¿Todavía tiene sentido hablar hoy de miedo a las mujeres? Ya nadie cree en las brujas que han despertado los temores de la humanidad. Se ha establecido, por fin, una cultura contra la discriminación. El Papa Francisco ha iniciado un proceso fundamental de desclericalización en nuestra Iglesia instando continuamente a la presencia de las mujeres en las estructuras eclesiales.

A pesar de los muchos cambios culturales en los que estamos inmersos, estas instituciones siguen resistiéndose a aceptar a las mujeres en puestos de responsabilidad. Probablemente porque no se ha trabajado lo suficiente en la formación del clero que, en ocasiones, como dijo recientemente el cardenal Marc Ouellet, “no tiene una relación equilibrada con las mujeres”, porque no ha sido educado para interactuar con ellas.

Se hace necesario un profundo trabajo pedagógico para que los hombres reflexionen sobre sí mismos y su masculinidad, sobre la dificultad que tienen para acoger la diferencia y las fragilidades humanas y sobre la complejidad de expresar sentimientos y proyectos con el otro sexo.

Deben aprender a amar a las mujeres, a reconocer su singularidad y a compartir autoridad y responsabilidad con ellas. Quizás sería oportuno retomar la visión poética y utópica de algunos textos sagrados. En la mítica historia de los orígenes, el encuentro de Adán con Eva no está marcado por el miedo, sino por el asombro ante el descubrimiento de un tú en el que reflejarse.

El Cantar de los Cantares se sitúa en el mismo horizonte poético que retoma y exalta la reciprocidad de los sexos en un extraordinario canto de amor donde es la mujer, autónoma y responsable, quien se reconoce en el hombre que, a su vez, halla en ella refugio. En el amor, la lógica de la dominación se desvanece y el miedo no tiene razón de ser

El liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las Religiones

Liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las religiones
«Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres –tampoco hoy-, que son las eternas olvidadas y las grandes perdedoras y a quienes no se les reconoce como sujetos morales, ni como sujetos religiosos y menos aún como sujetos teológicos»
«Cada vez es mayor el número de mujeres que se rebelan contra las religiones o mejor, contra los dirigentes religiosos, sin abandonar el espacio religioso. La rebelión tiene lugar tanto a nivel personal como colectivo, tanto en el interior de las religiones como en la sociedad»
07.03.2021 Juan José Tamayo Seguir leyendo

El 8-M en la Iglesia

El 8M en la Iglesia: ‘Hasta que la igualdad se haga costumbre’
Mujeres cristianas se movilizarán en varias ciudades españolas para reclamar igualdad en la Iglesia

Mujeres cristianas reclaman igualdad en la Iglesia. – Èlia Llisterri
Barcelona, Granada, Madrid, Bilbao y Valencia, entre otras ciudades, acogerán movilizaciones de mujeres cristianas el próximo 7 de marzo a las 12h, víspera del Día Internacional de la Mujer Trabajadora
Celebran los últimos pasos de la Iglesia en materia de igualdad y no discriminación, pero les preocupa la lentitud de los cambios hacia una Iglesia más justa, igualitaria y con el presente
01.03.2021 | Jordi Pacheco corresponsal de RD en Catalunya Seguir leyendo