La Biblia y las mujeres


Verbo Divino impulsa una campaña para la financiación colectiva de un nuevo volumen de ‘La Biblia y las mujeres’

                     
Titulado ‘Literatura rabínica’, el nuevo volumen está compuesto por quince contribuciones de mujeres investigadoras y una extensa introducción. En ellas se examina la representación de estas mujeres desde la perspectiva y las inquietudes de los rabinos
‘La Biblia y las Mujeres’ es un proyecto internacional que se publica simultáneamente en español, alemán, inglés e italiano
 | Verbo divino
La Editorial Verbo Divino ha impulsado en la plataforma Verkamiuna campaña para la financiación colectiva de la obra Literatura rabínica, de la colección “La Biblia y las Mujeres”. Se trata de un importante proyecto editorial en el que se aborda, desde una perspectiva de género, el itinerario de la recepción de la Biblia a lo largo de la historia, las figuras bíblicas de mujer y la exégesis llevada a cabo por las mujeres.
Literatura rabínica se centra en textos que forman el segundo canon del judaísmo y que fueron escritos en Palestina y Mesopotamia entre el 200 y el 800 de la Era Común, así como numerosos comentarios al texto bíblico o midrashim. Con frecuencia esta literatura se refiere a las mujeres bíblicas y revisa los planteamientos bíblicos relacionados con el género.

El volumen está compuesto por quince contribuciones de mujeres investigadoras.

Este volumen está compuesto por quince contribuciones de mujeres investigadoras y una extensa introducción. En ellas se examina la representación de estas mujeres desde la perspectiva y las inquietudes de los rabinos.
“La Biblia y las Mujeres” es un proyecto internacional que se publica simultáneamente en español, alemán, inglés e italiano.
La idea de esta editorial especializada en obras de temática humanista y religiosa es abrir un canal de microfinanciación para cada una de sus obras, cuya publicación no resulta viable por sus elevados gastos de edición y producción.
Sobre las recompensas
Verbo divion espera que los mecenas puedan disfrutar de cada uno de los títulos con los que contribuyan, y así disfruten de un trabajo de investigación riguroso e innovador, a la vez que contribuyen con la difusión de dichas investigaciones.
A qué irán destinadas las aportaciones
Las aportaciones de esta campaña se destinarán a hacer posible la publicación de “Literatura rabínica”, volumen 8 de la colección “La Biblia y las Mujeres”.
Verbo divino quiere hacer posible la finalización de este proyecto de investigación y difusión cultural y a bajar su precio para hacerlo accesible a los países de Hispanoamérica, muchos de ellos en una situación económica especialmente delicada y que cuentan con el mayor número de personas investigadoras en estos campos y que son las destinatarias potenciales de esta investigación.
Calendario previsto
En caso de conseguir la financiación, los archivos se enviarían a imprenta el 27 de julio y la obra se distribuiría a partir del 6 de septiembre de 2021
 

La Buena Noticia del Dgo. 13º-B

La gloria de Dios es que el pobre viva (Mons. Romero)

Tu fe te ha curado

MARCOS 5, 21-43

21 Cuando Jesús atravesó de nuevo al otro lado, una gran multitud se congregó adonde estaba él, y él se quedó junto al mar. 22 Llegó un jefe de sinagoga, de nombre Jairo, y al verlo cayó a sus pies, 23 rogándole con insistencia:

– Mi hijita está en las últimas; ven a aplicarle las manos para que se salve y viva.

24 Y se fue con él.

Lo seguía una gran multitud que lo apretujaba. 25 Una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre, 26 que había sufrido mucho por obra de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovecharle nada, sino más bien poniéndose peor, 27 como había oído hablar de Jesús, acercándose entre la multitud le tocó por detrás el manto, 28 porque ella se decía: “Si le toco aunque sea la ropa, me salvaré”.

29 Inmediatamente se secó la fuente de su hemorragia, y notó en su cuerpo que estaba curada de aquel tormento. 30 Jesús, dándose cuenta interiormente de la fuerza que había salido de él, se volvió inmediatamente entre la multitud preguntando:

– ¿Quién me ha tocado la ropa?

31 Los discípulos le contestaron:

– Estás viendo que la multitud te apretuja ¿y sales preguntando “quién me ha tocado”?

32 Él miraba a su alrededor para distinguir a la que había sido. 33 La mujer, asustada y temblorosa por ser consciente de lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. 34 Él le dijo:

– Hija, tu fe te ha salvado. Márchate a la paz y sigue sana de tu tormento.

35 Aún estaba hablando cuando llegaron de casa del jefe de sinagoga para decirle:

– Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al maestro?

36 Pero Jesús, sin hacer caso del mensaje que transmitían, le dijo al jefe de sinagoga:

– No temas; ten fe y basta.

37 No dejó que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegaron a la casa del jefe de sinagoga y contempló el alboroto de los que lloraban gritando sin parar. 39 Luego entró y les dijo:

– ¿Qué alboroto y qué llantos son éstos? La chiquilla no ha muerto, está durmiendo.

40 Ellos se reían de él. Pero él, después de echarlos fuera a todos, se llevó consigo al padre de la chiquilla, a la madre y a los que habían ido con él y fue adonde estaba la chiquilla. 41 Cogió a la chiquilla de la mano y le dijo:

– Talitha, qum (que significa: “Muchacha, a ti te digo, levántate”).

42 Inmediatamente se puso en pie la muchacha y echó a andar (tenía doce años). Se quedaron viendo visiones. 43 Les advirtió con insistencia que nadie se enterase y encargó que se le diera de comer.

Comentario

UNA «REVOLUCIÓN IGNORADA»

Jesús adoptó ante las mujeres una actitud tan sorprendente que desconcertó incluso a sus mismos discípulos. En aquella sociedad judía, dominada por los varones, no era fácil entender la nueva postura de Jesús, acogiendo sin discriminaciones a hombres y mujeres en su comunidad de seguidores. Si algo se desprende con claridad de su actuación es que, para él, hombres y mujeres tienen igual dignidad personal, sin que la mujer tenga que ser objeto del dominio del varón.

Sin embargo, los cristianos no hemos sido todavía capaces de extraer todas las consecuencias que se siguen de la actitud de nuestro Maestro. El teólogo francés René Laurentin ha llegado a decir que se trata de «una revolución ignorada» por la Iglesia.

Por lo general, los varones seguimos sospechando de todo movimiento feminista, y reaccionamos secretamente contra cualquier planteamiento que pueda poner en peligro nuestra situación privilegiada sobre la mujer.

En una Iglesia dirigida por varones no hemos sido capaces de descubrir todo el pecado que se encierra en el dominio que los hombres ejercemos, de muchas maneras, sobre las mujeres. Y lo cierto es que no se escuchan desde la jerarquía voces que, en nombre de Cristo, urjan a los varones a una profunda conversión.

Los seguidores de Jesús hemos de tomar conciencia de que el actual dominio de los varones sobre las mujeres no es «algo natural», sino un comportamiento profundamente viciado por el egoísmo y la imposición injusta de nuestro poder machista.

¿Es posible superar este dominio masculino? La revolución urgida por Jesús no se llevará a cabo despertando la agresividad mutua y promoviendo entre los sexos una guerra. Jesús llama a una conversión que nos haga vivir de otra manera las relaciones que nos unen a hombres y mujeres.

Las diferencias entre los sexos, además de su función en el origen de una nueva vida, han de ser encaminadas hacia la cooperación, el apoyo y el crecimiento mutuos. Y, para ello, los varones hemos de escuchar con mucha más lucidez y sinceridad la interpelación de aquel de quien, según el relato evangélico, «salió fuerza» para curar a la mujer.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

Asesinada en Etiopía una cooperante española de Médicos Sin Fronteras junto a otros dos compañeros

María Hernández, coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras en la región de Tigray, Etiopía, ha sido asesinada en un ataque en el que también han fallecido otros dos trabajadores de la organización. “Perdimos contacto con ellos y el coche en el que viajaban ayer por la tarde y esta mañana el vehículo ha sido hallado vacío y, a unos metros de distancia, sus cuerpos sin vida”, ha señalado este viernes la ONG.

María Hernández, de 35 años de edad y originaria de Madrid, inició su trabajo en MSF en 2015 en la República Centroafricana y desde entonces había trabajado en Yemen, México y Nigeria. Los otros dos fallecidos son Yohannes Halefom Reda y Tedros Gebremariam Gebremichael, ambos etíopes. El primero era asistente de coordinación, tenía 31 años y se había unido a la organización en febrero. Tedros, de 31 años, llevaba como conductor de MSF desde mayo.

“El ataque tendrá consecuencias dramáticas para la asistencia a las poblaciones a las que María, Yohannes y Tedros servían. Trabajaban en Tigray, una región azotada por el conflicto bélico. Nada de lo que escribamos servirá para transmitir toda nuestra tristeza e indignación”, ha dicho la organización humanitaria

Las mujeres en las religiones

Liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las religiones

[Por: Juan José Tamayo]
El 12 de marzo de 2019 participé en Lima en el Seminario Internacional “Liderazgo de la mujer: política y libertad religiosa” organizado por la Dirección de Política de Derechos Humanos y la Dirección de Asuntos Interconfesionales del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú y moderado por María Esperanza Adrianzén, directora de Asuntos Interconfesionales. En el intervinimos el viceministro Fernando Castañeda: Laura Vargas, secretaria ejecutiva del Consejo Interreligioso del Perú; Jisen Oshiro, líder la Comunidad Budista soto Zen en el Perú; Ana Jara, Notaria Pública y ex Presidenta del Consejo de Ministros y yo mismo. Este es el resumen de mi intervención en dicho Seminario, que de manera más extensa he incorporado en mi libro La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2021, 2ª ed.). Sigue leyendo

El gran miedo … a las mujeres

  


A finales del 1300, un confesor preocupado, Jean le Graveur, se dedicó a transcribir las visiones de Erminia de Reims, una joven viuda considerada loca. Esas ensoñaciones eran la manifestación de una mujer que deseaba dejar las estrecheces del hogar y viajar por el mundo, que esperaba volver a casarse y liberarse del estricto control del confesor para tener un diálogo más libre con Dios.

El estudio de ese antiguo manuscrito, que nos llegó con el comentario del historiador André Vauchez, pone de relieve el miedo de los hombres del pasado por cualquier manifestación de autonomía femenina, es decir, la dificultad de aceptar espacios de libertad para las mujeres. Los sueños de Erminia fueron juzgados como resultado de tentaciones demoníacas.

El miedo a las mujeres ha sido, y sigue siendo en muchos contextos, uno de los grandes miedos de Occidente. ¿También en el seno de la Iglesia?, ¿en qué medida?

Ya desde el Concilio Vaticano II, el Magisterio ha mostrado una nueva atención y sensibilidad hacia las mujeres defendidas en su dignidad y valoradas por lo que Juan Pablo II llamó “el genio femenino”. Pero aún queda mucho por hacer para superar las resistencias y los prejuicios.

El propio Papa Francisco afirmó recientemente que “debemos avanzar para incorporar a las mujeres a los cargos conciliares, incluso en el gobierno, sin miedo”, indicando, entre líneas, las dificultades que todavía existen para aceptar una participación femenina plena y de responsabilidad en la vida de la Iglesia. El miedo todavía existe.

Pero, ¿en qué consiste este miedo a las mujeres? Una mirada al pasado tal vez pueda ayudar a comprender las profundas razones de esta reacción primaria de defensa que los hombres materializan negando o marginando a la mujer. No siempre fue así.

Jesús no tenía miedo de las mujeres. La liberación femenina más radical comenzó con Él. Fue quien entabló un diálogo empático con las mujeres, escuchándolas y concediéndolas espacios propios. Sus mensajes de salvación iban dirigidos a hombres y mujeres por igual. A todos anunció las exigencias del Reino y a todos pidió que tomaran decisiones radicales.

Las mujeres no constituían una categoría separada, marginada o digna de compasión. Junto al Maestro de Galilea compartían la vida, las expectativas y todo tipo de actividades. Por eso los discípulos se sentían confusos al no comprender esta manera madura y equilibrada de relacionarse con el sexo femenino y, sobre todo, les costaba entender la liberad de Jesús por encima de tabúes o impedimentos.

De hecho, si en la cultura judía se mantenía bajo control el cuerpo femenino para no contaminar lo sagrado (Números 15,38) y, por tanto, se excluía a las mujeres del culto en virtud de estrictas normas, con Jesús deja de producirse esta exclusión porque nada puede hacer a una persona impura excepto el mal que hace y que proviene de lo más profundo de su corazón desviado (Marcos 7:15).

Una persona inclusiva

Del mismo modo, se mostró ajeno a cualquier limitación dañina. Hoy lo definiríamos como una persona inclusiva. Bien lo expresa en el diálogo con la mujer samaritana donde explica cómo la presencia de Dios no está ligada a un lugar sagrado (el Templo) y cómo la relación con lo trascendente no es privilegio de una etnia (la judía), de una condición social o religiosa (el ministro del culto) o de un sexo (el masculino). Jesús asegura que cualquiera que sepa acoger “en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) esta presencia de Dios puede hacerlo.

Los seguidores de Jesús no se llegaron a acostumbrar a ese comportamiento libre: “se maravillaban de que hablara con una mujer” (Juan 4:27). Sintieron cierto resquemor e incluso envidia por la autoridad de Magdalena (textos gnósticos), y volvieron a proponer una vuelta a los roles tradicionales (“mujeres, estad sujetas a vuestros maridos”) y antiguas estructuras patriarcales (“la mujer que aprenda en silencio, con total sumisión. No permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre”, 1 Timoteo 2,11 -12).

Sin embargo, en las comunidades originales encontramos mujeres, como Lidia de Filipos, Tabita, Priscila, Cloe, Ninfa… Mujeres hospitalarias cuyos hogares eran verdaderos lugares de acogida, oración y evangelización; o cristianas comprometidas en el campo de la caridad, del diaconado, de la catequesis, la evangelización, la misión y el apostolado como las mujeres mencionadas con respeto y gratitud por el apóstol Pablo: la diaconisa Febe, las misioneras Priscila, Evodia y Síntique, la apóstol Junia, las evangelizadoras Trifena, Trifosa y Perside y las benefactoras Apfia y Ninfa.

Pero ni esta presencia de mujeres activas y colaboradoras, ni el ejemplo de Jesús fueron suficientes para que la Iglesia naciente fuera inclusiva. Más bien al contrario, abrazó la cultura y estructuras patriarcales dominantes de las sociedades con las que entró en contacto.

Magdalena pronto fue olvidada (San Pablo ni siquiera la menciona) y su figura tergiversada (a partir de Gregorio Magno, de discípula pasó a ser una prostituta arrepentida) las diaconisas jugaban un papel cada vez más pequeño, la profecía femenina se sofocó, las casadas volvieron a su papel de esposas sumisas y el cuerpo de la mujer volvió a ser un tabú.

La antigua ginecofobia

Los antiguos autores cristianos compartían sustancialmente la antropología de la cultura grecorromana que colocaba la superioridad del hombre en el centro y reiteraban la imperfección e insuficiencia de la naturaleza de la mujer, nacida para ser sumisa al hombre. Para San Agustín, los dos sexos fueron creados a imagen de Dios en igualdad espiritual sustancial, sin embargo, la subordinación femenina venía determinada por el orden de la Creación.

Esta concepción impregnó el cristianismo, fortalecida por el encuentro con la antropología de Aristóteles: el género masculino era un modelo de lo humano y la mujer un hombre fracasado. Esta visión, que fue aceptada e integrada en la filosofía escolástica y, en concreto, en la teología de Tomás de Aquino, constituyó a lo largo de los siglos el fundamento de la incapacidad del género femenino, tanto para detentar el poder como para representar la imagen misma de Dios.

El desconocimiento de la fisiología femenina y el miedo a ser contaminados por una persona portadora de impurezas, aumentaron los temores masculinos hacia la sexualidad de la mujer y la alejaron de los lugares sagrados. Recordemos al franciscano Álvaro Pelayo, quien, en De statu et planctu ecclesiae, expuso ciento dos razones para demostrar, no solo la inferioridad, sino también la peligrosidad de la mujer, “origen del pecado, arma del diablo, expulsión del paraíso, madre del error, corrupción de la ley antigua”.

La obsesión por el cuerpo femenino, deseado y a la vez rechazado, apareció con fuerza en los tratados contra las brujas manifestando un miedo creciente a las mujeres que se convirtieron durante siglos en chivos expiatorios de una antigua y profunda angustia.

Incluso la ley del celibato eclesiástico, que se estableció en el siglo XII durante un proceso de institucionalización de la Iglesia, favoreció inevitablemente la afirmación de una concepción negativa de la mujer, que fue sacada de los lugares sagrados por considerarla impura. La continua transgresión de parte del clero llevó al Concilio de Trento a implementar un enfoque educativo más amplio y apropiado, apuntando, a través de la institución de seminarios, a una formación espiritual y cultural del clero separado del mundo laico.

Muestra elocuente de ello fue la pedagogía de Paolo Segneri que identificó el punto máximo de peligro en la mujer al asegurar que el cuerpo era una trampa permanente para la vida virtuosa. De esta forma, la sospecha del pecado pesaba sobre la propia naturaleza de la mujer percibida como amenazante. Esta visión caracterizará la Iglesia de la Contrarreforma hasta el umbral del Concilio Vaticano II.

La superación del miedo

La devoción mariana ayudó a redescubrir la dignidad de la mujer e inspiró a algunos fundadores, incluido Guillermo da Vercelli, a diseñar una doble comunidad (masculina y femenina) dirigida por una mujer, la abadesa. Este es el caso del monasterio de Goleto y su fascinante historia cuyos vestigios aún son visibles hoy en Irpinia. Pero, más aún, hay ejemplos en la historia de la Iglesia de fecunda amistad entre hombres y mujeres.

De lo contrario, no se podría comprender el profundo e intenso entendimiento entre Clara y Francisco de Asís, que proponen y viven una hermandad-sororidad en la que se acoge a todo aquel que quiera seguir al Cristo pobre y que desee establecer relaciones de apoyo mutuo. No se podían entender las muchas experiencias de la vida religiosa, como las nacidas del trabajo conjunto de Francisca de Chantal con Francisco de Sales, de Luisa di Marillac con Vincenzo de ‘Paoli, o de Leopoldina Naudet con Gaspare Bertoni.

Hoy no podríamos hablar de comunidades innovadoras nacidas de las provocaciones proféticas del espíritu misionero si no hubiera habido parejas de fundadores como María Mazzarello y Don Bosco, Teresa Grigolini y Daniele Comboni o Teresa Merlo y Giacomo Alberione.

Y no entenderíamos las muchas amistades que se nutren de la fe y las pasiones comunes. ¿Cómo no recordar el viaje místico que unió a Adrienne von Speyr con Hans Urs von Balthasar y el activismo cultural de Romana Guarnieri que unió inextricablemente su vida a Don Giuseppe de Luca?

Son ejemplos marcados por relaciones intensas de profunda consonancia, de afecto íntimo y sincero y de pudor místico. El amor, al sentirse arraigado en Cristo, se convierte en la superación de los miedos, espacio de libertad y maduración y reformula las relaciones entre mujer y hombre en la dimensión amistosa del apoyo mutuo.

La vuelta a la utopía

¿Todavía tiene sentido hablar hoy de miedo a las mujeres? Ya nadie cree en las brujas que han despertado los temores de la humanidad. Se ha establecido, por fin, una cultura contra la discriminación. El Papa Francisco ha iniciado un proceso fundamental de desclericalización en nuestra Iglesia instando continuamente a la presencia de las mujeres en las estructuras eclesiales.

A pesar de los muchos cambios culturales en los que estamos inmersos, estas instituciones siguen resistiéndose a aceptar a las mujeres en puestos de responsabilidad. Probablemente porque no se ha trabajado lo suficiente en la formación del clero que, en ocasiones, como dijo recientemente el cardenal Marc Ouellet, “no tiene una relación equilibrada con las mujeres”, porque no ha sido educado para interactuar con ellas.

Se hace necesario un profundo trabajo pedagógico para que los hombres reflexionen sobre sí mismos y su masculinidad, sobre la dificultad que tienen para acoger la diferencia y las fragilidades humanas y sobre la complejidad de expresar sentimientos y proyectos con el otro sexo.

Deben aprender a amar a las mujeres, a reconocer su singularidad y a compartir autoridad y responsabilidad con ellas. Quizás sería oportuno retomar la visión poética y utópica de algunos textos sagrados. En la mítica historia de los orígenes, el encuentro de Adán con Eva no está marcado por el miedo, sino por el asombro ante el descubrimiento de un tú en el que reflejarse.

El Cantar de los Cantares se sitúa en el mismo horizonte poético que retoma y exalta la reciprocidad de los sexos en un extraordinario canto de amor donde es la mujer, autónoma y responsable, quien se reconoce en el hombre que, a su vez, halla en ella refugio. En el amor, la lógica de la dominación se desvanece y el miedo no tiene razón de ser

El liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las Religiones

Liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las religiones
“Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres –tampoco hoy-, que son las eternas olvidadas y las grandes perdedoras y a quienes no se les reconoce como sujetos morales, ni como sujetos religiosos y menos aún como sujetos teológicos”
“Cada vez es mayor el número de mujeres que se rebelan contra las religiones o mejor, contra los dirigentes religiosos, sin abandonar el espacio religioso. La rebelión tiene lugar tanto a nivel personal como colectivo, tanto en el interior de las religiones como en la sociedad”
07.03.2021 Juan José Tamayo Sigue leyendo

El 8-M en la Iglesia

El 8M en la Iglesia: ‘Hasta que la igualdad se haga costumbre’
Mujeres cristianas se movilizarán en varias ciudades españolas para reclamar igualdad en la Iglesia

Mujeres cristianas reclaman igualdad en la Iglesia. – Èlia Llisterri
Barcelona, Granada, Madrid, Bilbao y Valencia, entre otras ciudades, acogerán movilizaciones de mujeres cristianas el próximo 7 de marzo a las 12h, víspera del Día Internacional de la Mujer Trabajadora
Celebran los últimos pasos de la Iglesia en materia de igualdad y no discriminación, pero les preocupa la lentitud de los cambios hacia una Iglesia más justa, igualitaria y con el presente
01.03.2021 | Jordi Pacheco corresponsal de RD en Catalunya Sigue leyendo

Revuelta de mujeres en la Iglesia

“Si las mujeres callan, gritarán las piedras: hasta que la igualdad, la justicia, y el cuidado de la casa común se hagan costumbre”

“Soñamos con una iglesia de iguales, desde el evangelio, que sea espacio y casa común. Sabemos que las mujeres podemos aportar nuevas miradas, intuiciones, capacidad de discernimiento y liderazgo”
“Queremos una iglesia que reconozca e incluya a las mujeres lesbianas, trans y bisexuales dentro de la iglesia y reconozca la diversidad de familias”
“Queremos: Tener voz y voto. Decidir, celebrar y predicar en una Iglesia igualitaria. Queremos repensar la moral sexual desde la misericordia y la ternura. Queremos poner fin a la explotación y la violencia hacia las mujeres dentro y fuera de la Iglesia”
“Nuestra propuestas y reivindicaciones nacen de la pasión por Jesús y la utopía del Reino y por eso las hacemos en memoria suya y en el de las mujeres del Evangelio: María Magdalena, María de Nazaret, Juana de Cusa, Susana, María de Cleofás, Marta y tantas otras que con Jesús transgredieron el orden patriarcal e inauguraron la iglesia como comunidad de iguales”
La plataforma envía una carta al “hermano Francisco” con sus reivindicaciones, valoran “como un signo de esperanza” algunos nombramientos significativos de mujeres que desde el Vaticano se han hecho durante estos meses. “Nos parecen claramente insuficientes”
04.03.2021 Jesús Bastante Sigue leyendo

Día Internacional de la Mujer en el Vaticano

Seminario virtual organizado desde el Vaticano para el Día Internacional de la mujer
Una mirada femenina e interreligiosa sobre Fratelli Tutti

                                                                 Mujeres y Fratelli Tutti
El próximo miércoles 3 de marzo, Fratelli Tutti estará bajo la mirada de una referente musulmana, hindú, budista, judía, ecuménica y católica
Para Shahrzad Houshmand, teóloga musulmana, “las mujeres, con la belleza de la feminidad acogedora, leen, sueñan, unen a sus hijos, y son sensiblemente capaces de entender el sueño de un Papa llamado Francisco”
Svamini Hamsananda Ghiri, por la Unión Hindú, afirmó que “la voz del Santo Padre es siempre clara, fuerte, plural y sobre todo se convierte en eco para quienes, más débiles, no son escuchados”
Participarán también los Cardenales Gianfranco Ravasi y Miguel Ángel Ayuso Guixot, e Irina Bokova, miembro del Comité Supremo de la Fraternidad Humana
28.02.2021 | Lucas Schaerer Sigue leyendo

La sordera de la Iglesia con las mujeres

La negación de las denuncias de víctimas de abusos por sacerdotes o religiosos significa negar valor a la palabra de las féminas, y por tanto, una falta de respeto hacia ellas
LUCETTA SCARAFFIA
La mayoría de los periodistas que escriben sobre el Vaticano hace mucho que no frecuentan las iglesias, como demostró hace unos días un detalle relevante. Casi todos los que han escrito artículos han recibido la decisión del papa Francisco de ampliar a las mujeres los ministerios de lectorado y acolitado como un importante paso adelante en la apertura de la vida de la Iglesia a las mujeres, y casi todos ignoraban que hace décadas que las fieles leen las lecturas durante la misa, incluso en San Pedro durante las liturgias papales, y asisten al sacerdote durante la misa, distribuyendo también la eucaristía.
En resumen, el breve documento del Vaticano hecho público esta semana no ha supuesto una apertura, sino una institucionalización de una práctica que lleva décadas vigente en todas partes; es un reconocimiento oficial, pero también supone un control de la jerarquía. Al mismo tiempo, el documento pontificio contiene una aclaración que puede tener consecuencias negativas: en el mismo texto, se coloca el diaconado [la fase previa al sacerdocio], junto con la ordenación sacerdotal, en una categoría diferente, la de “ministerios ordenados”, abiertos solo a los hombres.
Este es un reconocimiento nunca solicitado. Ningún teólogo o intelectual que luche por la apertura de la Iglesia a las mujeres y ninguna organización de mujeres han pedido jamás que se reconozcan estos dos ministerios. En cambio, en mayo de 2016, la importante Unión Internacional de Superioras Generales pidió al papa Francisco que reconociera a las mujeres, al menos a las religiosas, el ministerio del diaconado permanente, un papel que ya ejercen en muchas situaciones. El diaconado permanente, presente en la Iglesia de los primeros siglos, fue propuesto nuevamente por el Concilio Vaticano II para abrirse a la colaboración de los laicos, y se concede a los hombres casados. Se trata de un papel que es separado y distinto del sacerdotal, y precisamente por eso no debería plantear problemas si se abriera también a las mujeres. Sigue leyendo

Violencia religiosa institucional contra la mujer

Violencia religiosa institucional contra la mujer
Carmiña Navia Velasco
Conmemoramos en el mes de Noviembre y especialmente el día 25, la lucha de las mujeres contra las violencias ejercidas sobre ellas en la sociedad patriarcal, y la denuncia de estas prácticas que se mantienen y aumentan. Me quiero detener en una de las múltiples violencias que en las iglesias se desarrollan contra las mujeres: La violencia simbólica, especialmente la violencia contra el legítimo derecho de construir una memoria justa y digna. Aunque soy consciente de que esta forma de violencia atraviesa todas las instituciones eclesiales, detengo mi mirada en la iglesia católica por ser la tradición en la que me he formado y de la que tengo más datos.
El término violencia simbólica ha sido introducido y trabajado por Pierre Bourdieu y se refiere a:
…lo que llamo la violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento.
(Pierre Bourdieu: LA DOMINACIÓN MASCULINA, Ed. Anagrama, Barça 2000, pág. 12)
Esta violencia muchas veces es desapercibida e invisible para sus mismas víctimas, porque es sutil y deformada. En las iglesias se han ejercido múltiples tipos de violencia contra las mujeres, baste pensar en los horrores de la inquisición y de la quema de brujas, masacre inverosímil e inaceptable por la cual ningún Papa ha pedido aún perdón. De estas violencias, no ha sido la menor, la ejercida en el universo de lo simbólico, por ejemplo toda la realizada en los siglos XVII a mediados del XX, a través de la confesión. Ahora sólo me detendré en el atropello a la memoria femenina, llevada a cabo en la tradición eclesial.
Hay que tomar conciencia de la importancia de esta memoria manipulada, para el conjunto de las comunidades cristianas femeninas a lo largo de la historia:
Las memorias se pueden borrar, modificar o ampliar, y son susceptibles de tergiversar aquello que ocurrió. Al mismo tiempo, representan una herramienta de reconstrucción de los hechos del pasado a través de una mirada del presente.
De esta forma la memoria es un elemento cargado de subjetividad pero con gran capacidad simbólica: recupera aquello que no está presente de manera tangible en la historia pero que tiene un papel esencial en la configuración de identidades e ideologías.
(https://theconversation.com/por-que-es-necesaria-la-memoria-historica-105670)
EN LOS MISMOS ORÍGENES
Los ataques a la memoria femenina y los intentos de borrarla de las conciencias, se iniciaron muy pronto en el movimiento de Jesús de Nazaret. Pablo, que escribe sobre la década del 30 de esta era, dice en su primera carta a los Corintios:
Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras; se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo. (1 Corintios, 15, 3-8)
Esta transmisión de la experiencia de la resurrección, ignora completamente los relatos llamados de la tumba vacía y las experiencias que hay detrás de ellos. Hay que esperar hasta finales del siglo I, para que la literatura canónica (los Evangelios) recoja esta experiencia y palabra femenina que alcanza su momento cumbre en el relato de Juan 20, aparición a María Magdalena.
El caso de las mujeres testigos de la resurrección, es sólo uno entre el conjunto de los escritos canónicos, en los cuales es claro que las huellas femeninas tienden a ser minimizadas y ocultadas. En los relatos de “la tumba vacía” las mujeres tienen un sitio privilegiado y es claro que la tradición femenina logro mantenerlos e insertarlos en los evangelios. Pero no siempre fue así, el seguimiento femenino y el protagonismo de las mujeres está, en general oscurecido.
Después del intento paulino de minimizar la importancia de la relación femenina con el Resucitado… el caso más grave lo tenemos en la figura de María de Magdala. Esta mujer, pasa de ser: una apóstol, una compañera y benefactora de Jesús y su movimiento, a ser una prostituta arrepentida una lacrimosa penitente. Sin que una sólo línea de los escritos canónicos o extra-canónicos del segundo testamento lo puedan acreditar.
Ya tenemos suficientes estudios en varios idiomas sobre la figura de esta mujer, sobre sus orígenes, su práctica sus representaciones a lo largo de la historia del cristianismo. Yo recomiendo sobre todo, el reciente trabajo de Carmen Bernabé: Qué se sabe de… María Magdalena, trabajo serio y exhaustivo, muy bien documentado. (Editorial Verbo Divino – Navarra 2020). Sabemos que fue una líder de las primeras comunidades cristianas y que acompañó a Jesús, su maestro, en sus recorridos por Galilea y en su pasión y muerte. No hay el menor indicio en la literatura neo testamentaria que permita relacionarla con una prostituta. A pesar de ello, la iglesia hizo pasar a la historia a María Magdalena como una mujer arrepentida de su pasado y penitente.
Para los varones eclesiales fue necesario borrar las huellas de liderazgo en las mujeres y a cambio de ello, construir paso a paso un “modelo de penitente, lacrimosa¸ que inspirara siempre la posibilidad de arrodillarse para hacerse perdonar. Pocas veces en la historia de la humanidad, si es que ha habido alguna, una memoria ha sido deformada y robada de tal manera.
Nos dice de nuevo Bourdieu:
La fuerza simbólica es una forma de poder que se ejerce directamente sobre los cuerpos y como por arte de magia, al margen de cualquier coacción física; pero esta magia sólo opera apoyándose en unas disposiciones registradas, a la manera de unos resortes, en lo más profundo de los cuerpos. Si es capaz de actuar como un disparador, es decir con un gasto extremadamente bajo de energía, es porque se limita a desencadenar las disposiciones que el trabajo de inculcación y de asimilación ha realizado en aquellos o aquellas que, gracias a ese hecho, le dan pábulo.
(Pierre Bourdieu, obra citada, página 54)
Está claro que al convertir una líder en una penitente se estaba propiciando un falso espejo que facilitaba la dominación de las mujeres cristianas por medio de una especie de “mala conciencia” o de vergüenza colectiva generalizada.
Avanzamos un poco en el tiempo y nos encontramos con otra mujer ocultada: Marcela de Roma quien organiza en la iglesia la primera escuela de estudios bíblicos. Nace en Roma, en el 329 de esta era, pertenece a la nobleza y queda viuda muy joven. A partir de su viudez, convoca a unas cuántas jóvenes para llevar una vida en común y dedicarse al estudio y a la oración, entrega a esta tarea toda su fortuna, estableciendo una “casa de vida en común”, en su palacio del Monte Aventino. En el año 382 funda la primera escuela bíblica y llama a Jerónimo de Stridon, traductor de la Vulgata para que sea el maestro que dirija estos estudios.
Jerónimo en su carta a Principia atestigua de ella:
Únicamente diré que todo lo que yo había cosechado tras largos años de estudio, lo que yo había convertido como en una especie de segunda naturaleza tras prolongada meditación, ella lo absorbió con avidez, lo aprendió y lo hizo suyo de tal forma que, después de mi partida, cuando surgía una discusión sobre algún texto de las escrituras, se acudía a ella como árbitro.
(Jerónimo de Stridon: EPISTOLARIO, Volumen II, BAC – Madrid 1995, Pág. 612)
Modernamente ya sabemos que la historia no la hacen hombres o mujeres solos, que los movimientos históricos se generan y desarrollan en colectivo. En la iglesia se adjudica a San Jerónimo en soledad la totalidad de la fundación de los estudios bíblicos ignorando por completo el papel desempeñado en ellos por Marcela de Roma. Papel que le es reconocido por Jerónimo en varias de sus cartas. Una de las integrantes de su círculo fue Fabiola de Roma, fundadora del primer hospital de Occidente y a quien hoy, por fuera de la iglesia, se honra como la iniciadora de los cuidados paliativos. Marcela muere en Roma en el 410, a causa de las heridas y torturas que le ocasionaros los bárbaros en una de sus incursiones a la ciudad.
EN LA LARGA EDAD MEDIA
La historia sigue, nombres de abadesas que predicaban y administraban la eucaristía, mujeres que influyeron en la sociedad y en la iglesia de su tiempo, nombres y figuras ignorados. Repetimos siempre nombres de hombres ilustres o santos, en tanto que no mencionamos nombres de mujeres. Clara de Asís en los principios del siglo XIII actualiza una nueva palabra: SORORIDAD, para esclarecer la parte femenina de la fraternidad. El pacto entre hermanos muchas veces ignora a las hermanas, de ahí la necesidad de explicitar las potencialidades y sentidos de la relación y el pacto entre las sores. La iglesia, ámbito privilegiado para acunar esta palabra la ignoró, la desechó y tuvimos que esperar al siglo XX para que feministas ateas la recuperaran. Y uno de los silencios más fuertes es el que ha habido en torno a Hildegarda de Bingen: Teóloga, científica, música, pintora… fundadora y predicadora. A lo largo del siglo XIII su teología iluminó a Europa. En la iglesia sólo se le ha hecho un reconocimiento tímido y tardío.
Un crimen simbólico inconmensurable lo constituye el intento de borrar de la historia la memoria de LAS BEGUINAS. No hay hechos para comparar esta realidad, porque de los herejes tenemos constancia en la lucha contra sus ideas, pero de estas agrupaciones femeninas no hay rastros. Ninguna historia de la iglesia las menciona, ninguna evocación espiritual. Y sin embargo…
Las beguinas configuraron un movimiento de mujeres original, libertario y fecundo como pocos, que albergó en su seno a miles de mujeres de las cuales algunas cobraron significación especial. Nace en Flandes y los países bajos y se extiende por Europa a todo lo largo de los siglos XII y XIII. En los beguinatos se agruparon mujeres que no querían someterse a la autoridad de un varón en el matrimonio y tampoco querían encerrarse en un convento, bajo la dirección espiritual de otro varón. Se agruparon para convivir, estudiar, orar y hacer el bien.
Las beguinas inauguran en la iglesia una forma de vida que combina la contemplación y la acción, tres siglos antes de que Ignacio de Loyola la popularizara. En sus casas responden a múltiples necesidades sociales: crean hospitales para enfermos, escuelas para niños, ancianatos… todo ello para responder a las nuevas demandas de las urbes nacientes. Sus casas se ubican a las entradas de las ciudades y acogen peregrinos:
Se encargaron de la defensa de los desamparados y del cuidado de los enfermos, de los niños, de los ancianos, e incluso de los enfermos de lepra, lo cual cabe destacar por su estrecha relación con el tema que estamos dando. En muchos casos también se dedicaban a la enseñanza de niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas. Además, llevaban una vida dedicada a la oración y al trabajo manual, mayoritariamente con materiales textiles, gracias a los cuales podían financiarse. No tenían ningún tipo de apoyo económico, por lo que su acción es aún más destacada, pues se dedicaban a ello por voluntad propia.
(Alicia Rodríguez Fernández: LAS BEGUINAS, SU HISTORIA Y SU FORMA DE VIDA
En: https://www.fundacionindex.com/gomeres/?p=1098, consultado 19 de Noviembre 2020)
Entre ellas encontramos mujeres cuyo nombre y experiencia mística alcanzaron cumbres muy especiales: Hadewych de Amberes, excelente poeta; Matilde de Magdeburgo, Beatriz de Nazaret y la extraordinaria Margarita Porete, con su conocida obra Espejo de las almas simples y quien fuera quemada en la hoguera por la inquisición. El hecho de que sus vidas fueran autónomas y al margen de los controles eclesiales establecidos para mujeres determinó que la iglesia condenara su forma de vida. El Concilio de Viena, en 1312 la condenó y aunque algunos beguinatos sobrevivieron aún mucho tiempo, un gran número de ellas terminó por acogerse a las congregaciones convencionales. Su invaluable herencia apenas empieza a ser recuperada por las feministas creyentes.
VIOLENCIA QUE NO LLEGÓ A SU FIN EN LA MODERNIDAD
Podríamos pensar que esta violencia simbólica contra las mujeres es cosa del pasado y que ya los presbíteros o pastores no manejan las conciencias femeninas. Desafortunadamente estas violencias llegan al siglo XX y algunas subsisten en el siglo XXI.
Hasta 1996 no se cerró en Irlanda “el último asilo de las Magdalenas”. Conocidas como “las lavanderías de las Magdalenas”, en estas instituciones de la iglesia católica, se ejerció por más de 150 años una violencia atroz tanto simbólica como física contra las mujeres. En varios países del norte de Europa se encerraba bajo régimen carcelario, en el que las monjas eran las guardianas, a muchachas jóvenes, generalmente madres solteras o algunas que supuestamente no habían mantenido su virginidad.
En primer lugar se les estigmatizaba y condenaba a la condición de penitentes… actualizando así el robo de memoria ejercido sobre María de Magdala. En segundo lugar se les robaba a sus hijos que eran dados en adopción a parejas fieles a la iglesia. Finalmente se les vejaba en el trato y se les condenaba a largas jornadas de trabajos forzados que minaban su salud y su energía síquica y espiritual. Se trata de una historia de horrores que está todavía por escribirse.
Y si nos situamos en América Latina y en tradiciones liberacionistas, también encontramos ataques a la memoria femenina. La historiadora Ana María BIdegain, en su artículo: UNA HISTORIA SILENCIADA, NO RECONOCIDA, IGNORADA, OCULTADA, INVISIBILIZADA: LA VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN LA HISTORIA BRASILEÑA E HISPANOAMERICANA, denuncia un silenciamiento más en esta larga cadena de memorias dañadas.
(REVER Revista de estudios de la religión:
https://revistas.pucsp.br/rever/article/view/21743, 2014)
Bidegain plantea, entre otras cosas, que el clima que hizo posible el nacimiento y desarrollo de la teología de la liberación, fue el que generaron las religiosas latinoamericanas que en casi todos los países, se desplazaron en las décadas del 50 y 60 del siglo XX especialmente, a vivir en los barrios populares y marginados. Gustavo Gutiérrez es claro al afirmar que “la teología de la liberación es un segundo momento, que el primero es la praxis misma liberadora”. Pues bien, estas religiosas se insertaron en medios populares y acompañaron a las comunidades en sus alegrías y sufrimientos, en sus dolores, en sus luchas y reivindicaciones, en sus festividades religiosas… En este acompañamiento y en su reflexión, se pusieron las bases de una comprensión liberadora de la Biblia y de una comprensión liberadora de la experiencia cristiana.
Este papel de pioneras, no les ha sido reconocido por nadie, ni se ha recogido en la memoria de la teología liberadora, ni del caminar de las Comunidades Eclesiales. Fueron estas religiosas las que dieron los primeros pasos en la comprensión de Jesucristo el Liberador y en la relectura latinoamericana de la Biblia y sus diferentes hermenéuticas.
Llego al final del recorrido. Violencias hay más… Es violencia simbólica que se interprete que la masculinidad de Jesús de Nazaret coloca a las mujeres en situación de desigualdad ante Dios. Es violencia simbólica que se predique un Dios varón… pero de momento termino, otras voces vendrán.
Carmiña Navia Velasco
Casa Cultural Tejiendo Sororidades
Círculo espiritual María de Magdala
Noviembre, mes de la no violencia contra la mujer 2020