Miradas de las mujeres sobre la sinodalidad

Becquart, sobre las mujeres en la Iglesia: «Tenemos una igualdad conflictual; se reconoce, pero no se pone en práctica»

Natalie Becquart

Este sábado, 8 de octubre, la ATE ha celebrado su primer Pintxo teológico del curso con Natalie Becquart, socióloga y bachiller en filosofía y teología, consultora de la Secretaría General del Sínodo de obispos y subsecretaria del próximo Sínodo

En opinión de la religiosa francesa, la evolución real de la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, que es para ella un signo de los tiempos,»también se aprecia en la Iglesia»

«Nuestro reto es partir del punto en el que estamos, que es de una igualdad conflictual, porque hay reconocimiento de la igualdad pero no se pone en práctica», precisa

Para ella, «el reto de este Sínodo de la Sinodalidad es dar un paso en la conversión de la Iglesia» y destaca los elementos que para ella son claves de la sinodalidad

Por Olivia Pérez Reyes

Este sábado, 8 de octubre, la Asociación de Teólogas Españolas ha celebrado su primer Pintxo teológico del curso 2022-2023, “Miradas de las mujeres sobre la sinodalidad”, con la presencia de la religiosa francesa Natalie Becquart, socióloga y bachiller en filosofía y teología, consultora de la Secretaría General del Sínodo de obispos y subsecretaria del próximo Sínodo.

Becquart ha comenzado su charla en línea, a la que han asistido más de 70 personas, recordando a “las auditoras del Concilio Vaticano II de las que somos herederas” y de como “estamos viviendo la hora de las mujeres, ya que 60 años después del Concilio, en todas las comisiones del Sínodo hay en la actualidad mujeres laicas, célibes, casadas, religiosas”. En su opinión, la evolución real de la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, que es para ella un signo de los tiempos, “también se aprecia en la Iglesia”.

La religiosa francesa ha hablado en su charla de algunos de los retos a los que se enfrenta la Iglesia en este camino sinodal. El primero al que se ha referido, según propuso el papa Francisco, es la escucha: “la escucha de las mujeres y de los jóvenes, la escucha de la diversidad de las voces de las mujeres en el mundo”, según ha afirmado.

Para ella, como en el encuentro entre María e Isabel en la Visitación “las dos mujeres se escuchan y acogen el Espíritu que está en ambas. Las mujeres en este proceso sinodal somos germen, motores de sinodalidad y somos, además, parteras de la sinodalidad en la Iglesia”. Como ha explicado, “en esta iglesia en crisis, por diversas razones, hay algo nuevo que está surgiendo. Hay algo que está en marcha y naciendo, aunque el cambio no se va a producir de un día para otro”.

Asimismo, se ha referido a que hay “una llamada para que mujeres y hombres caminen juntos en este proceso”. En este sentido, ha afirmado que, a través de la lectura de los documentos sinodales, “hemos vivido una experiencia única. La experiencia de la sinodalidad invita a la Iglesia a ensanchar su tienda. Lo que piden las mujeres, pero no solo ellas, no es otra cosa que un espacio donde participar”.

Becquart: «Nuestro reto es partir del punto en el que estamos, que es de una igualdad conflictual, porque hay reconocimiento de la igualdad pero no se pone en práctica»

Para Becquart, lo que este sínodo está iluminando es una llamada a reconocer lo que ya había dicho el Vaticano II, y a vivirla y ponerla en práctica en todos los niveles de la Iglesia. Pero, según ha explicado, “heredamos una mentalidad patriarcal que pone por delante a los hombres de las mujeres. Nuestro reto es partir del punto en el que estamos, que es de una igualdad conflictual, porque hay reconocimiento de la igualdad pero no se pone en práctica”.

Llamamiento a la reciprocidad

Para la religiosa, tanto el Sínodo de los Jóvenes como el de la Amazonia hubo un proceso de escucha que dejó oír el grito de las víctimas, y especialmente, de las mujeres. En el sínodo de los jóvenes se oyó esta llamada a “un cambio ineluctable”, en lo referente a la mayor reciprocidad entre mujeres y hombres en la sociedad y la Iglesia. En Christus Vivit, el documento de conclusiones del Sínodo de los Jóvenes, aparece por primera vez, en un documento magisterial, el asunto de la reciprocidad entre hombres y mujeres, superando el concepto de la complementariedad, de la que se hablaba hasta ahora. “Estamos en esta antropología relacional en la que vivimos en clave de reciprocidad”, ha dicho.

En el Sínodo de laAmazonia, se puso a la luz este tema de forma más clara y concreta y se habla del reconocimiento de la reciprocidad entre hombres y mujeres en la Iglesia como de un deber de justicia, así como de la necesidad de conferir de manera equitativa ministerios para hombres y mujeres.

Becquart: «Puesto que “la sinodalidad es una llamada de Dios a la Iglesia, Él nos va a dar la Gracia para poder alcanzarlo»

Para ella, “el reto de este Sínodo de la Sinodalidad es dar un paso en la conversión de la Iglesia. La sinodalidad es la vocación de la Iglesia del Tercer Milenio y las mujeres son las primeras llamadas a responder en esto, “porque son creadoras de sinodalidad”. En este sentido, ha afirmado que, puesto que “la sinodalidad es una llamada de Dios a la Iglesia, Él nos va a dar la Gracia para poder alcanzarlo”.

El eco de la voz de las mujeres

En su presentación, Becquard ha añadido que “las síntesis sinodales han permitido nombrar la situación y las mujeres han sido escuchadas”. Así, la religiosa francesa se ha referido al documento presentado la pasada semana en el Vaticano por el Catholic Women Council. En dicho texto, que se apoya en una encuesta a más de 10.000 mujeres de todo el mundo, se muestra, a su parecer, “que las mujeres no son iguales y no lo son sus peticiones, pero lo que aparece en común, es que, aun cuando las mujeres tienen dificultades con las estructuras eclesiales, afirman que su identidad católica sigue en pie”.

Para Becquard, “de este sínodo surge el grito de quienes se sienten marginados en la Iglesia, que son muchos gritos. Las consagradas, las mujeres del personal parroquial, la comunidad LGTBI, las personas divorciadas y vueltas a casar también se sienten al margen”, ha explicado. Los documentos preparatorios del sínodo, que han llegado al Vaticano desde las diócesis muestran, entre otras cosas, “un clamor por la acogida de quienes están al margen de la sociedad y de la Iglesia. La Iglesia es percibida como quien pone barreras a la inclusión de las personas”.

«De este sínodo surge el grito de quienes se sienten marginados en la Iglesia, que son muchos gritos. Las consagradas, las mujeres del personal parroquial, la comunidad LGTBI, las personas divorciadas y vueltas a casar también se sienten al margen»

Según sus propias palabras: “la consulta sinodal ha servido para realizar un reconocimiento de las mujeres en la Iglesia. El Sínodo ya ha hecho moverse algo, ya que mujeres y laicos han tenido responsabilidad en las comisiones de preparación. Algo está sucediendo…Se está dando eco a la voz de las mujeres. Es un camino largo y creo que esto va a continuar”, según ha afirmado.

La subsecretaria del Sínodo, ha terminado su intervención destacando los que para ella son los seis elementos claves de la sinodalidad:

-la Iglesia, pueblo de Dios en camino, donde todos son corresponsables de manera diferente, pero deben avanzar juntos, con los hombres y mujeres e Iglesia, tal como son hoy;

-necesitamos profundizar en una teología del bautismo: la sinodalidad ilumina el hecho de que el pueblo de Dios, hombres y mujeres, tienen en común el Bautismo;

-la autoridad del sensus fidei fidelium: la autoridad infalible del Pueblo de Dios, que no ha sido suficientemente escuchado;

-la acción del Espíritu Santo, que habla también a través de las mujeres y del Pueblo de Dios;

-la diversidad de los carismas, que es el principio de la diversidad en la Iglesia;

-la necesidad de desarrollar una antropología relacional para ser una Iglesia relacional: pasar del yo al nosotros eclesial.

Finalmente, Becquard, que procede, según ha explicado, del mundo empresarial, ha explicado que, en la Iglesia, “hemos de seguir encontrando espacios para mostrar la voz de las mujeres. Necesitamos cruzar las miradas entre los hombres y las mujeres. Las empresas “más ricas” son las que cuentan con todas las voces. Es necesario continuar y animar el empoderamiento de las mujeres”.

El «Proceso Sinodal» de la Iglesia, ante el Día Internacional de la Mujer

Nathalie Becquart: «El Sínodo es una magnifica oportunidad para hacer oír la voz de las mujeres»

Mujeres y sínodo
Mujeres y sínodo

«El proceso sinodal es una magnífica oportunidad para hacer oír la voz de las mujeres y aportar su experiencia, sensibilidad y reflexión al discernimiento de la Iglesia, y así fortalecer este necesario caminar juntos entre hombres y mujeres al servicio de la misión de la Iglesia»

«En este 8 de marzo queremos dar gracias por todo su compromiso al servicio de la sinodalidad y agradecer calurosamente a todos los que, tanto en las Iglesias locales como en las comisiones sinodales, se invierten con corazón y competencia para ayudar a la Iglesia a vivir esta conversión sinodal a la que Dios nos llama»

08.03.2022

Como lo expresa bien el documento preparatorio de este sínodo en el número 7, los dos últimos sínodos de 2018 y de 2019 han puesto de manifiesto una fuerte demanda de dar más espacio de participación a las mujeres en la Iglesia y de implicarlas más en los procesos de toma de decisiones dándoles más responsabilidades. Esta es también la perspectiva que está detrás de la reciente institución del ministerio laico de catequista y la apertura del acceso a los ministerios instituidos de lectorado y acolitado a las mujeres.

El proceso sinodal es una magnífica oportunidad para hacer oír la voz de las mujeres y aportar su experiencia, sensibilidad y reflexión al discernimiento de la Iglesia, y así fortalecer este necesario caminar juntos entre hombres y mujeres al servicio de la misión de la Iglesia. Por eso, entre los 10 temas propuestos a la consulta sinodal en la escucha n.2 encontramos estas preguntas «¿A quién le falta escuchar en nuestra Iglesia particular? ¿Cómo son escuchados los laicos, especialmente los jóvenes y las mujeres? ¿Cómo integramos la contribución de los consagrados y consagradas? ¿Qué lugar ocupa la voz de las minorías, los marginados y los excluidos?

Hermana Nathalire Becquart
Hermana Nathalire Becquart

Las mujeres están particularmente implicadas en este proceso sinodal, a menudo son el motor de la sinodalidad y tienen un gran deseo de «caminar juntas». En este 8 de marzo queremos dar gracias por todo su compromiso al servicio de la sinodalidad y agradecer calurosamente a todos los que, tanto en las Iglesias locales como en las comisiones sinodales, se invierten con corazón y competencia para ayudar a la Iglesia a vivir esta conversión sinodal a la que Dios nos llama.

Las mujeres en la sinodalidad

Escuche a cinco mujeres hablar de su papel en el Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad en este evento celebrado el pasado mes de diciembre y organizado por la Embajada de Australia ante la Santa Sede, La Civiltà Cattolica y la Universidad de Georgetown.

Por orden de aparición, los ponentes fueron:

P. Antonio Spadaro, editor de La Civiltà Cattolica

Chiara Porro, Embajadora de Australia ante la Santa Sede

Prof. Dr. Myriam Wijlens, Consultora del Sínodo de los Obispos

Susan Pascoe AM, Miembro de la Comisión de Metodología, Sínodo de la Sinodalidad

Sor Pat Murray, miembro de la Comisión de Espiritualidad, Sínodo de la Sinodalidad

Hna. Béatrice Faye, miembro de la Comisión Teológica del Sínodo sobre la Sinodalidad

 Sor Nathalie Becquart, Subsecretaria del Sínodo de los Obispos

Dra. Debora Tonelli, representante de la Universidad de Georgetown en Roma

Nathalie Becquart

La voz de Nathalie Becquart suena cada vez más en el Vaticano: ahora el Papa la coloca en el Dicasterio para la Comunicación 

Junto a ella, Francisco ha nombrado para el cargo también al cardenal Mauro Gambetti o a Jorge Lozano, entre otros 

Nathalie Becquart

Desde que el pasado mes de febrero la nombrase subsecretaria del Sínodo de los Obispos, el papa Francisco no ha hecho sino recalcar su confianza en la religiosa Nathalie Becquart, XMCJ, a la que ahora ha encargado una nueva misión como miembro del Dicasterio para la Comunicación de la Santa ede. 

Junto a ella, Francisco ha nombrado para el cargo también al cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la Basílica de San Pedro en el Vaticano; a Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo, y secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); a Borys Gudziak, arzobispo de Filadelfia de los Ucranianos; y a Emmanuel Adetoyese Badejo, obispo de Oyo. 

Una amplia trayectoria 

Esta nueva responsabilidad de la javeriana no sorprende conociendo su currículum. En 1992 se graduó en empresariales en una de las instituciones más prestigiosas de Francia, HEC (Escuela de Estudios superiores de Comercio). Sin embargo, tras un voluntariado en el Líbano y dos años como consultora en marketing y comunicación, se decantó por la Vida Consagrada. A partir de entonces, estudiaría teología en el Centre Sèvres, y Sociología en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales en París. Actualmente prepara su tesis sobre sinodalidad en el Boston Trinity College and Ministry de Estados Unidos. 

Como religiosa, Becquart se dio a conocer en Roma con una conferencia que dio ante más de 2.500 religiosos en enero de 2016, en el cierre del Año de la Vida Consagrada. Dos años después, era nombrada coordinadora general del pre Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. 

Ha estado al frente durante casi una década del servicio pastoral para los jóvenes de la Conferencia Episcopal Francesa, llegando a dirigirlo y estando acompañando a la delegación gala en todas las Jornadas Mundiales de la Juventud recientes, de Sídney a Panamá, pasando por Madrid, Rio de Janeiro y Cracovia. 

Nathalie Becquart habla sobre la sinodalidad 

 “Ayudemos a que se escuche la voz de los pobres en el Sínodo” 

“El espíritu de la sinodalidad sopla en todo el mundo”, reconoce la subsecretaria del Sínodo de los Obispos 
La religiosa reflexiona sobre sinodalidad en este amplía entrevista previa a la apertura del proceso sinodal 
Nathalie Becquart

Nathalie Becquart. Hasta el pasado 6 de febrero su nombre era desconocido para el gran público. En ese momento, el papa Francisco le sacó del anonimato. Una mujer –y religiosa– subsecretaria del Sínodo de los Obispos. La misionera de Cristo Jesús (javeriana) francesa es la encargada, junto al agustino español Luis Marín de San Martín, de cuidar del buen funcionamiento de este departamento vaticano bajo la guía del cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo desde el año pasado. 

Becquart es una vocación tardía. En 1992 se graduó en empresariales en la Escuela de Estudios superiores de Comercio (Francia). Sin embargo, tras un voluntariado en Líbano y dos años como consultora en marketing y comunicación, optó por la Vida Consagrada. Luego estudió teología en el Centre Sèvres, la facultad jesuita de París. Se formó en sociología en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. 

Su vocación no se entiende sin los jóvenes, a los que ha estado dedicada durante una década en la Conferencia Episcopal Francesa. Su pasión por los jóvenes la comparte con el mar, pues es regatista. De hecho, durante años ha organizado regatas y cruceros para estudiantes como medio para acercarles a Jesús de Nazaret, así como retiros en alta mar llamados Vida de mar, entrada en la oración. 

Aunque ella huye de todo protagonismo, la realidad es que esta religiosa de 52 años hará historia en octubre de 2023, pues se convertirá en la primera mujer –si no hay más sorpresas en estos dos años de camino sinodal– con derecho a voto en un Sínodo. Una entre las 660.000 religiosas del planeta… 

Con su nombramiento, Jorge Mario Bergoglio continuaba con su impulso femenino, insertando cada vez a más mujeres en puestos de responsabilidad en la Curia, como lo hizo con Francesca di Giovanni, subsecretaria en la Sección para las Relaciones con los Estados de Secretaría de Estado en 2020 o, más recientemente, con la salesiana Alessandra Smerilli, quien es secretaria interina del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. 

PREGUNTA.- ¿Cree que la Vida Religiosa, desde su esencia de apostar por la vida comunitaria, puede ofrecer una visión enriquecida de lo que es llevar la sinodalidad en la convivencia cotidiana y la toma de decisión en la Iglesia? 

RESPUESTA.- Sí, hace tiempo que estoy convencida de que la Vida Religiosa tiene un papel especial e importante en la promoción de la sinodalidad y en ayudar a toda la Iglesia a vivir esta necesaria conversión sinodal que es la llamada de Dios para la Iglesia del tercer milenio. 

En virtud de su larga experiencia de vida comunitaria, de discernimiento en común, de sus instancias de deliberación y decisión como los capítulos y los consejos, la Vida Religiosa tiene una experiencia muy concreta de este “caminar juntos” que es la sinodalidad vivida como proceso espiritual. Por eso, debe compartirlo hoy con toda la Iglesia y contribuir a la formación en el discernimiento personal y comunitario necesario para vivir la sinodalidad a todos los niveles. 

Además, como hemos subrayado especialmente en el Documento Preparatorio y en el Vademécum, la sinodalidad, que implica que todos sean escuchados e implicados, nos invita a prestar especial atención a los más pobres, a los más pequeños, a los que están en la periferia. Debe fomentar la participación de todos y, en particular, dar voz a los que no la tienen. Las directrices propuestas para la consulta sinodal nos invitan, por ejemplo, a preguntarnos “¿cuál es el lugar de la voz de las minorías, de los marginados, de los excluidos?”. 

Ahora bien, la Vida Religiosa, como sabemos, tiene en su ADN la presencia entre los más pobres. Y es bueno ver que hoy en día se desarrollan proyectos intercongregacionales para llegar y acompañar a las personas en dificultad de una manera creativa y profética. Por lo tanto, la Vida Religiosa también debe prestar especial atención a los más pobres en el proceso sinodal y ayudar a construir puentes para llegar a ellos, escucharlos y hacer que se escuche su voz. 

Caminar juntos 

P.- Usted, por ejemplo, ¿cómo va a preparar el Sínodo en su comunidad? ¿Y en su congregación? 

R.- Para celebrar nuestros 100 años de fundación, este verano mi congregación organizó un encuentro-peregrinación a Lourdes con todos los javerianos, nuestras familias, amigos… y en el programa hubo un momento para hablar de la sinodalidad. Además, la preparación de este gran encuentro se hizo de forma muy sinodal, implicando a todos los javerianos, pero también a otros, a los laicos asociados, a los jesuitas, a los jóvenes, etc. 

También hemos enviado ya el Documento Preparatorio y el Vademécum a todas las comunidades javerianas. Se anima a todos, al igual que a todas las personas consagradas, a implicarse especialmente en la fase diocesana de escucha y discernimiento con la que se abre este proceso sinodal el 17 de octubre. 

Nuestra superiora general, como representante de la CORREF (Conferencia de Religiosos de Francia), forma parte de un grupo de trabajo sobre la sinodalidad en el marco de una iniciativa muy interesante en Francia llamada Promesas de la Iglesia. Esta reúne a los responsables de una gran diversidad de organizaciones católicas (Cáritas, comunidades religiosas, movimientos de scouts y de acción católica, y otras comunidades) y en ella participan también dos obispos. 

Así que somos especialmente conscientes de la sinodalidad. Lo que espero para mi comunidad, como para otras comunidades religiosas, es que podamos participar en la consulta sinodal, hacer oír nuestra voz, y también vivir un proceso sinodal en intercongregacionalidad a diferentes niveles a través de los encuentros diocesanos de Vida Consagrada, y las conferencias nacionales y continentales de religiosos. 

También acoger para nosotros esta invitación del proceso sinodal centrada en una cuestión fundamental: “¿Cómo se realiza hoy, a diferentes niveles (desde el local al universal), este ‘caminar juntos’ que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo con la misión que se le ha confiado; y qué otros pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer como Iglesia sinodal?”. 

Al igual que las parroquias y otras comunidades cristianas, tenemos que releer lo que ya estamos viviendo en esta dinámica sinodal, pero también identificar y nombrar los lugares de conversión que hay que vivir, los pasos ulteriores que hay que dar. Sabemos que la Vida Consagrada no está exenta de derivas autoritarias y clericales que conducen a todo tipo de abusos. 

También tenemos que crecer y avanzar para poner en práctica esta escucha y participación de todos a todos los niveles. La cuestión del ejercicio de la autoridad y la corresponsabilidad también nos preocupa. 

P.- El cardenal Grech envió una carta a todas las comunidades contemplativas. ¿Cómo pueden ayudar en este proceso sinodal? 

R.- En primer lugar a través de la oración, todo sínodo comienza y termina con una celebración litúrgica, todo proceso sinodal es un proceso espiritual que debe estar enraizado en la oración, en la escucha de la palabra de Dios. Además, al comienzo de cada sínodo o concilio, se presenta solemnemente el Libro de la Palabra de Dios. 

Los monasterios son un pulmón espiritual privilegiado para la Iglesia, contamos con su oración para el Sínodo, con su intercesión para que todos estemos realmente a la escucha del Espíritu Santo. También pueden ayudar a muchos cristianos a descubrir más sobre cómo orar, cómo meditar la Palabra de Dios, cómo releer y discernir la presencia del Espíritu. Y como todos los bautizados, forman parte del Pueblo de Dios y están llamados a participar en la consulta sinodal, a ser actores de este proceso. 

La llamada de Dios para el tercer milenio 

P.- ¿Está la Iglesia universal preparada para la sinodalidad? 

R.- La Iglesia universal es muy diversa, cada Iglesia local tiene su propia historia, su propia cultura, su propia experiencia de sinodalidad, más o menos fuerte. La sinodalidad supone siempre un modo de proceder inculturado. Algunos países, como Francia, por ejemplo, han tenido muchos sínodos diocesanos y, por tanto, ya tienen una base sinodal bastante sólida, mientras que otros aún no la han experimentado. 

América Latina, con su experiencia de recepción del Concilio Vaticano II a través de las conferencias del CELAM (Puebla, Aparecida…) y hoy su preparación de la Asamblea Eclesial Latinoamericana, está ya en camino de repensar sus estructuras y su misión en términos de “clave sinodal” y está realizando un gran trabajo de formación en sinodalidad. En otros países, la noción de sinodalidad es todavía poco conocida y aplicada. Pero sean cuales sean los puntos de partida, no cabe duda de que existe una creciente conciencia de la llamada a convertirse en una Iglesia sinodal. 

Los recientes Sínodos sobre los jóvenes y la Amazonía han puesto de relieve especialmente el reto de la sinodalidad como forma de transmitir la fe hoy. Y la creciente conciencia de la crisis de los abusos en la Iglesia como un problema sistémico pone de relieve este desafío de la sinodalidad. En este sentido, la visión de la Iglesia sinodal puede verse como la salida del clericalismo que ha llevado a la posibilidad de tantos abusos. 

El papa Francisco lo expresa muy bien: “La sinodalidad es el modo de ser Iglesia hoy según la voluntad de Dios en una dinámica de escucha y discernimiento del Espíritu Santo”. El Documento Preparatorio, después de una lectura de los signos de los tiempos, que subraya algunos aspectos importantes del contexto histórico en el que vivimos, marcado por grandes cambios, subraya esta fuerte perspectiva en el n°9: “En este contexto, la sinodalidad constituye la vía real para la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu y gracias a la escucha de la Palabra”. 

Desde mayo, junto con el cardenal Mario Grech y Luis Marín de San Martín, hemos dialogado con todas las conferencias episcopales del mundo a través de encuentros de zoom organizados por lenguas y continentes, y puedo dar fe de que el espíritu de la sinodalidad sopla en todo el mundo. Si realmente creemos que la sinodalidad es la llamada de Dios para la Iglesia del tercer milenio, podemos creer que el Espíritu Santo guiará a toda la Iglesia por este camino, porque Dios siempre da la gracia de aquello a lo que llama. 

P.- La propuesta inédita hecha por el Vaticano de cara al próximo Sínodo de los Obispos, además de basarse en la escucha del pueblo de Dios, cambia el paradigma para que el Sínodo pase de ser un evento a ser un proceso. ¿En qué ha ayudado el Sínodo de la Amazonía? 

R.- Este cambio viene determinado por la nueva constitución sobre el Sínodo de los Obispos, Episcopalis Communio, publicada en septiembre de 2018, poco antes de la Asamblea General del Sínodo sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional (octubre 2018). Realmente introduce este cambio de la concepción anterior del sínodo como un evento que reunía a los obispos en Roma a la novedad del sínodo como un proceso de varias etapas que integra una primera fase de preparación, la fase de celebración en Roma, pero también la importantísima fase de ejecución (cf Episcopalis Communio §4). 

Así, “el proceso sinodal tiene no solo un punto de partida, sino también un punto de llegada en el Pueblo de Dios, sobre el que, a través de la reunión de la Asamblea de Pastores, deben derramarse los dones de gracia concedidos por el Espíritu Santo” (EC7). 

Los dos sínodos sobre la familia, con un cuestionario propuesto en todas las diócesis, ya habían buscado ampliar la consulta, luego la preparación del Sínodo sobre los jóvenes, además de un cuestionario multilingüe en línea dirigido directamente a los jóvenes de todo el mundo como complemento al proceso de consulta en las diócesis y otras realidades eclesiales, introdujo la novedad del presínodo sobre los jóvenes en Roma en marzo de 2018, cuyo Documento Final contribuyó en gran medida a la elaboración del Documento de Trabajo (Instrumentum laboris). 

A continuación, el Sínodo sobre la Amazonía desarrolló esta dinámica de reuniones presinodales registradas por Episcopalis Communio, organizando en particular numerosos encuentros de escucha con las poblaciones indígenas de la Amazonía. Así podemos ver cómo el proceso sinodal evoluciona y se enriquece de un sínodo a otro, porque estamos en una fase de “reaprendizaje” de la sinodalidad. 

El próximo Sínodo tiene el claro objetivo de continuar este proceso de aprendizaje de la sinodalidad proponiendo una experiencia concreta de sinodalidad que involucre toda la diversidad del pueblo de Dios. Por ello, la primera fase en las diócesis y conferencias episcopales es realmente fundamental. Tenemos que pensar que el 9 de octubre en Roma y el 17 de octubre en las diócesis ya estamos entrando en el Sínodo. Todo el proceso, desde el principio, forma parte ya, en cierto modo, del Sínodo. 

Entrevista a Cristina Inogés

Cristina Inogés: “Llegarán los Sínodos del Pueblo de Dios”

Vida Nueva conversa con la española que forma parte de la Comisión Metodológica del próximo Sínodo

“La Iglesia todavía está pagando las consecuencias de la clericalización de la Edad Media”, afirma

La teóloga Cristina Inogés formará parte de la Comisión Metodológica de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos con el tema ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’. Capitaneada por la hermana Nathalie Becquart, subsecretaria del Sínodo desde el 6 de febrero –que se convertirá en la primera mujer en votar en un Sínodo–, y formada por 9 miembros, se encargará de explorar y recopilar buenas prácticas para los procesos sinodales.

Prevista inicialmente para octubre de 2022 y pospuesta a 2023, la Secretaría General ha propuesto una modalidad inédita que se articulará en tres fases, entre octubre de 2021 y octubre de 2023: fase diocesana, fase continental y fase de la Iglesia Universal.  Para echar a andar, el 19 de julio nombraban una Comisión Teológica, una Comisión Metodológica y una Comisión Asesora.

En la Comisión Asesora –5 miembros–, copada por italianos, no hay presencia española. Sin embargo, en la Comisión Teológica –25 miembros– hay otros tres españoles: Eloy Bueno de la Fuente, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España; Carmen Peña, profesora de la Universidad Pontificia Comillas; y el jesuita Santiago Madrigal, todos ellos, bajo la coordinación del agustino español Luis Marín de San Martín, subsecretario como Becquart.

PREGUNTA.- La Secretaría del Sínodo de los Obispos la elige como miembro de la Comisión Metodológica de la próxima Asamblea Sinodal. ¿Qué ha hecho para que se fijen en usted?

RESPUESTA.- Conscientemente nada. No sé cómo se han fijado en mí. Es verdad que llevo bastante tiempo reflexionando y publicando artículos sobre la sinodalidad, su importancia, la necesidad de tomarnos en serio un cambio en la Iglesia que nos de la posibilidad de ser Iglesia de otra manera… Lo intento hacer de manera muy divulgativa porque creo que es esencial que los entienda todo el mundo. Si se han fijado en eso ya no lo sé. Pero es lo único que he hecho. Nunca he trabajado proponiéndome una meta y, menos, de este calibre. Soy teóloga por vocación y vivo mi vocación donde toca, como toca, y con quien toca.

P.- Entre las tareas que tendrá por delante está explorar y recopilar buenas prácticas para los procesos sinodales. ¿Ya tiene alguna en mente?

R.- Sí, pero no las tengo yo sola. Las tiene la Comisión, todos los que la formamos. Lo que pasa es que, de este tema, por ahora, no podemos hablar. La discreción es primordial. También es verdad que las propias diócesis nos van a sorprender –estoy segura– con unas prácticas muy acertadas. En todo caso, la Comisión, sus miembros, estamos para ayudar. Al igual que la Secretaría del Sínodo.

“La sinodalidad tiene que ser absolutamente inclusiva”

P.- En las tres nuevas comisiones creadas hay 39 miembros y 10 de ellos son mujeres. Más allá de cuotas, ¿es suficiente para hacer realidad la sinodalidad?

R.- La sinodalidad no es cuestión de que haya más o menos mujeres, aunque reconozco que entre 39 miembros que solo 10 sean mujeres, suena a poco. En el Vaticano lo de las cuotas no se tiene en cuenta, sin embargo, hay que reconocer que poco a poco se va avanzando. No podemos olvidar que Nathalie Becquart va a votar por primera vez en un Sínodo.

Es verdad que la sinodalidad tiene que ser absolutamente inclusiva si queremos que sea sinodalidad y no otra cosa. Así que, además de mujeres, habrá que pensar también en otras personas a las que no se ha tenido muy en cuenta hasta ahora. Iremos viendo cómo interpretan la plena participación del Pueblo de Dios en las diócesis. Vamos a vivir un momento, largo momento porque tenemos por delante dos años, muy, muy interesante. Y, siendo conscientes que en octubre de 2023, cuando termine el Sínodo de los Obispos, la tarea de la sinodalidad no habrá hecho más que empezar. No sé si somos todavía conscientes de la oportunidad que nos brinda el Espíritu…

De una Iglesia de ordenados a una de bautizados

P.- Entre los participantes, solo tres obispos. No faltarán las voces que dirán que se está “laicalizando” una asamblea episcopal… ¿Tenemos respuesta para ellos?

R.- La respuesta la dará la misma sinodalidad. La sinodalidad es, además de caminar juntos, cambiar el acento de la Iglesia, de una Iglesia de los ordenados a una Iglesia de los bautizados. Aunque no será fácil y la sinodalidad llevará tiempo vivirla a fondo, me imagino que llegarán los Sínodos del Pueblo de Dios.

Al principio, cuando la Iglesia daba sus primeros pasos, era totalmente laical. Luego se clericalizó al sacralizar las figuras de los obispos y de los presbíteros, se clericalizó mucho más en la Edad Media y, todavía estamos pagando las consecuencias.

Las voces asustadas por una presencia importante del laicado, pueden estar tranquilas. Los bautizados van a ser el centro. Qué lugar ocupen unos u otros no es tan importante. Los lugares en la Iglesia son pasajeros, los puestos son temporales. Lo único que permanece es el pueblo de Dios.

“No aprovechamos la eclesiología de comunión del Concilio”

P.- ¿La sinodalidad es una moda que acabará con el pontificado de Francisco?

R.- No, no, para nada. Esto debe quedar muy claro. La sinodalidad no es una ocurrencia de Francisco. Lo único que ha hecho y está haciendo Francisco es hacernos ver lo importante. Y la sinodalidad, que es como era la Iglesia en el principio, es algo que nosotros habíamos olvidado porque, cuando tuvimos oportunidad de descubrir la eclesiología de comunión del Vaticano II, no la aprovechamos.

Espero que, cuando Francisco termine su pontificado, todos hayamos crecido lo suficiente en la fe y en la formación teológica a nivel universitario, esto último sobre todo los laicos, para ser capaces de saber por dónde debemos seguir. Por eso es vital la formación de los laicos. Tenemos que tener el suficiente criterio propio como para no estar expuestos a los vaivenes de los pontificados sean del papado o del episcopado. Esto es ser adultos en la fe.

“La periferia te da un campo visual muy limpio”

P.- Su libro ‘No quiero ser sacerdote’ (PPC) lleva un subtítulo no menos sugerente ‘Mujeres al borde de la Iglesia’. De tanto andar en el borde, ¿no tiene miedo de caerse?

R.- Al contrario, da mucha práctica en saber guardar el equilibrio. El borde de la Iglesia, que no deja de ser una forma de periferia, te acaba dando un campo visual muy amplio y limpio. Cuando ciertas situaciones y temporadas, más o menos largas, las vives desde la fe y sabiendo que el Espíritu te sostiene abrazándote con la esperanza, es un tiempo magnífico de oportunidad para madurar como persona, seguir creciendo en la fe, aprender a comprender las periferias ajenas y, saber, que todo tiene un para qué en la vida. En este momento, haber vivido en el borde de la Iglesia y, en cierto sentido seguir viviendo, me ha hecho comprender qué grande es la necesidad de cambiar nuestra forma de ser Iglesia.

II Seminario Internacional del Grupo Iberamericano de Teología

II Seminario Internacional del Grupo Iberoamericano de Teología del 7 al 10 de septiembre de 2021
‘La renovación eclesial en clave sinodal y ministerial’

«Queremos ofrecer algunas claves teológicas, eclesiológicas y pastorales sobre el significado y la práctica de la sinodalidad»
Con el cardenal Grech, la hermana Nathalie Becquart, la hermana Liliana Franco, el cardenal Porras y los obispos Luis Marín, José Luis Azuaje o Héctor Cabrejos, prresidente del Celam
El evento será transmitido en vivo a nivel internacional al público en general a través de una gran red de instituciones eclesiales de Ibero-América en Facebook y Youtube Seguir leyendo

Nathalie Becquart explica la sinodalidad

Permitidme que hoy os invite a entrar en una oficina de Roma donde se está fraguando la asamblea de la Iglesia tal vez más importante desde el Vaticano II. El Sínodo del año 2023, al que precederá una reflexión mundial (como una encuesta global) a partir de octubre de 2021. Con la colaboración de todos en esos dos años de trabajo en todos los niveles, se puede llegar a reformas que todos estamos esperando. ¿Será todo de nuevo un bluff, una nueva incapacidad de Francisco para decidir? La sala de mando ya está en marcha. A la cabeza un reciente cardenal maltés, Mario Grech, de 64 años, bastante abierto. Y dos subsecretarios a la par, formando equipo: un agustino español de 59 años, Luis Marín San Martín, que fue ordenado obispo para ocupar ese cargo; y la javeriana francesa Nathalie Becquart, de 52, que no es obispa ni cardenal pero que imagino que va ser la impulsora real de este importante Sínodo de 2023. Escuchémosla. AD. 

En una larga entrevista en Alemania, la primera mujer subsecretaria del Sínodo de los Obispos dice que las decisiones de la Iglesia deben implicar escuchar a tantos católicos como sea posible.

Por Christa Pongratz-Lippitt | Austria | La Croix International

Nathalie Becquart, la hermana religiosa francesa que fue nombrada subsecretaria del Sínodo de los Obispos en febrero pasado, dice que los líderes de la Iglesia deben incluir una pluralidad de opiniones en los procesos de toma de decisiones para evitar respaldar una visión limitada del mundo.

La javeriana de 52 años es la primera mujer en ser nombrada para un puesto ejecutivo en la secretaría del Sínodo. Y cuando el Sínodo de los Obispos se celebre la próxima sesión plenaria en octubre de 2023, volverá a hacer historia al ser la primera mujer en votar en una reunión de este tipo. Becquart es muy consciente de lo simbólico que será para muchos católicos.

Pero en una entrevista de 12 páginas publicada por German Catholic Podcast Himmelklar , insistió en que si el proceso de toma de decisiones es verdaderamente sinodal, entonces la votación al final será “más o menos una formalidad”.

Una Iglesia en la que todos tienen voz

“En pocas palabras, sinodalidad significa caminar juntos por un camino común y ser una Iglesia itinerante en la que todos los bautizados trabajan juntos”, dijo.

La subsecretaria dijo que una Iglesia sinodal es aquella en la que todos tienen voz. Ella lo llamó una Iglesia inclusiva preocupada por las relaciones. Y explicó que la gente de la secretaría en Roma se ha esforzado por estar en contacto con tantos católicos diferentes como sea posible para escuchar realmente lo que tienen que decir. Ya se han concertado reuniones con conferencias episcopales y asociaciones católicas a nivel continental.

“El Papa Francisco ha dejado en claro que el próximo Sínodo debe ser el resultado de un proceso que emana de las raíces mismas de la Iglesia”, señaló. Lo más importante es prestar mucha atención a la diversidad.

La Iglesia es sinónimo de sinodalidad

Es por eso que la primera fase de preparación para la próxima asamblea del Sínodo está dedicada a recopilar opiniones a nivel diocesano. La reunión real en octubre de 2023 será el paso final después de que se hayan llevado a cabo las discusiones a nivel diocesano, nacional y continental.

La hermana Becquart dijo que la sinodalidad significaba trabajar juntos, escuchándose primero unos a otros y luego al Espíritu Santo. Al principio, dijo, la Iglesia era en realidad sinónimo de sinodalidad. La religiosa francesa señala que la Iglesia primitiva tomaba decisiones de forma sinodal y colegiada.

He aquí un resumen de los puntos que tarta en la entrevista de 12 páginas:

  • La dificultad es que la Iglesia es una realidad tanto humana como divina. Es, como dice el Concilio Vaticano II, el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios y el Templo del Espíritu Santo.
  • Eso la convierte en una organización especial y única. Por supuesto, tiene estructuras mundanas, pero no debemos limitarlo únicamente a la dimensión humana. Entonces se parecería a un parlamento, pero la Iglesia no es un parlamento.
  • Para comprender a la Iglesia en su dimensión global, no solo es necesario mirar la dimensión humana sino también la espiritual. La sinodalidad es un proceso espiritual. Debemos escuchar al Espíritu Santo y tratar de entender cómo debería ser la Iglesia de hoy.
  • El desafío es que la Iglesia no es una organización como las demás. Debe encontrar su propia forma de involucrar a todos los protagonistas a través de un proceso participativo que es un proceso espiritual.
  • Debe fomentar una gestión más colaborativa. La cuestión es discernir juntos y escucharnos unos a otros para descubrir la mejor manera de amar y servir a la gente.

Becquart lleva en las oficinas del secretariado del Sínodo de los Obispos con sede en Roma solo seis meses y durante este tiempo el clericalismo y el liderazgo dominado por hombres se han debatido acaloradamente.

Cuando se le preguntó si le resultaba difícil afirmarse como mujer en el Vaticano, dijo que cada vez más personas en la Iglesia se dan cuenta de lo urgente que es nombrar a más mujeres en todos los niveles.

La diversidad de opiniones es de suma importancia

Ella dijo que lo principal es que hombres y mujeres, ordenados y laicos, jóvenes y viejos trabajen juntos.

“Si siempre juntas a las mismas personas, obtienes una única visión del mundo”, dijo Becquart.

“La diversidad de opinión es muy importante. Si las mujeres participan en la toma de decisiones, hay más diversidad. Se escucha mejor si los que participan son personas diferentes con diferentes experiencias y nosotras (las mujeres) somos diferentes”, insistió.

Eso es lo que la Iglesia está aprendiendo en este momento, especialmente en la actual crisis eclesial que ha hecho que la gente sea tan consciente del clericalismo. Ahora es imperativo encontrar una forma de liderazgo colaborativo.

Becquart enfatizó que es importante que los tomadores de decisiones no se vean a sí mismos como un organismo separado sino como parte de la comunidad.

Dijo que la verdadera sinodalidad significa escucharse unos a otros incluso si, en última instancia, una persona tiene que asumir la responsabilidad exclusiva. “Hay una gran diferencia decidir decide solo o escuchar antes a la comunidad”, señaló.

El Sínodo de la sinodalidad echa a andar…

El Sínodo de la Sinodalidad echa a andar con tres comisiones en las que participan cuatro españoles
Cristina Inogés será parte de la Comisión Metodológica junto a cinco laicos, una religiosa y dos religiosos
Carmen Peña, Eloy Bueno y Santiago Madrigal se suman a la Comisión Teológica, formada por 25 personas
La Comisión Asesora está copada por cuatro italianos a los que acompaña una laica alemana

El Sínodo de los Obispos comienza a armar su XVI Asamblea General Ordinaria con el tema ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’. Prevista inicialmente para octubre de 2022 y pospuesta a 2023, la Secretaría General ha propuesto una modalidad inédita que se articulará en tres fases, entre octubre de 2021 y octubre de 2023: fase diocesana, fase continental y fase de la Iglesia Universal. Para echar a andar, han nombrado una Comisión Teológica, una Comisión Metodológica y una Comisión Asesora. Seguir leyendo

No hay sinodalidad sin espiritualidad

“Es realmente un proceso de escucha del Espíritu Santo”, ha dicho la subsecretaria del Sínodo de los Obispos

“Lo fundamental y realmente seguro es que no hay sinodalidad sin espiritualidad, ya que la sinodalidad pone en el centro el hecho de caminar junto a Cristo, y escuchar al Espíritu Santo”. Convencida de que esto es así lo ha declarado a Vatican News Nathalie Becquart, religiosa javeriana y subsecretaria del Sínodo de los Obispos.
“Esta dimensión espiritual es realmente una dimensión esencial de la sinodalidad, en la que debemos seguir profundizando”, ha subrayado. Y es que los preparativos para el Sínodo sobre la Sinodalidad ya se han puesto en marcha. Se celebrará en Roma en octubre de 2023, pero sus reflexiones ya han dado comienzo. Entre ellas, la que versa sobre la espiritualidad. Seguir leyendo

Entrevista a Nathalie Becquart

Entrevista exclusiva con la primera mujer que votará en un Sínodo de Obispos

Nathalie Becquart: «En la Iglesia clerical que heredamos, las mujeres no son escuchadas. Esto debe cambiar»

«La cuestión de la mujer, o más exactamente el nuevo equilibrio de género en la sociedad y en la Iglesia, es un signo de los tiempos. Como dijo el cardenal Mario Grech, ‘se ha abierto una puerta’ y podemos pensar que se seguirá abriendo»

«La historia ha hecho que la responsabilidad en la Iglesia se asocie durante siglos a la ordenación, reservada a los hombres. En la Iglesia clerical que heredamos, las mujeres se sienten a menudo olvidadas porque no son escuchadas ni tenidas realmente en cuenta por muchos clérigos. Esto debe cambiar»

«Quedan pasos por dar para saber cómo ser esta Iglesia sinodal en todos los lugares, una Iglesia inclusiva en la que hombres y mujeres caminen juntos a la escucha del Espíritu en el respeto mutuo, la igualdad y la escucha recíproca. No es posible ignorar a la mitad de la humanidad»

«La apertura del acolitado y del lectorado a las mujeres refleja esta opción de una posible creatividad para establecer nuevos ministerios abiertos a las mujeres, a los laicos dentro de una Iglesia totalmente ministerial»

«Para salir del clericalismo, identificado como un mal que puede facilitar el abuso de poder y el abuso sexual, la Iglesia debe implementar la sinodalidad en todos los niveles»

«Estamos en un momento clave de la historia, complejo pero apasionante. Y creo que es difícil tener ideas muy fijas. Estamos llamados a estar en continuo discernimiento, porque la sinodalidad es el estilo de discernimiento, es un camino abierto, no conocido de antemano»

«Francisco fue elegido para acompañar la necesaria reforma de la Iglesia. Esto implica tanto la conversión de las mentalidades -y Francisco hace gran hincapié en la conversión espiritual y pastoral- como la reforma de las estructuras»

«Todo cambio provoca resistencia al cambio, por lo que no debe sorprendernos. En este cambio de mundo que estamos viviendo, la Iglesia, para ser fiel a su misión de anunciar el Evangelio a todos, también debe cambiar. Esto puede ser aterrador»

«Sueño que la barca de la Iglesia abrirá sus velas de par en par al soplo del Espíritu, al soplo del Concilio Vaticano II, para avanzar cada vez más mar adentro al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo»

08.04.2021 Jesús Bastante

Será la primera mujer en la historia en votar en un Sínodo de Obispos, un hito en una Iglesia todavía demasiado patriarcal y que, de la mano del Papa Francisco, va dando pasos lentos, pero firmes, en pos de la igualdad. La religiosa francesa Nathalie Becquart, nueva subsecretaria del Sínodo, habla en esta entrevista exclusiva para RD de los retos de la Iglesia sinodal, y de la lucha por la corresponsabilidad de todos en esta Iglesia del «poliedro» que busca el Papa Francisco, a pesar de que acaba de dar positivo por coronavirus.

«Sueño que la barca de la Iglesia abrirá sus velas de par en par al soplo del Espíritu, al soplo del Concilio Vaticano II, para avanzar cada vez más mar adentro al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo», señala Becquart, quien reclama que la cuestión de la mujer «es un signo de los tiempos» y que decisiones como la de su nombramiento suponen «abrir una puerta» que «se seguirá abriendo».

«No es posible ignorar a la mitad de la humanidad», constata la religiosa, quien reclama «establecer nuevos ministerios abiertos a las mujeres, a los laicos dentro de una Iglesia totalmente ministerial». «Para salir del clericalismo, identificado como un mal que puede facilitar el abuso de poder y el abuso sexual, la Iglesia debe implementar la sinodalidad en todos los niveles«, sugiere, admitiendo que «estamos en un momento clave de la historia, complejo pero apasionante. Y creo que es difícil tener ideas muy fijas. Estamos llamados a estar en continuo discernimiento, porque la sinodalidad es el estilo de discernimiento, es un camino abierto, no conocido de antemano»

¿Cómo se enteró de su nombramiento? ¿Qué significa para usted?

Me enteré de mi nombramiento por una llamada telefónica del Sustituto de la Secretaría de Estado, Edgar Peña Parra. Fue una gran sorpresa, nunca me lo habría imaginado. En mi opinión, la decisión del Papa se inscribe en la presencia y la escucha del Sensus Fidei. Junto con Luis San Martín, religioso, y monseñor Grech, obispo, simbolizamos los carismas de la Iglesia sinodal. Este nombramiento significa mucho para las mujeres: han sido muchas las que me han expresado su alegría por ver reforzado el lugar de las mujeres en la Iglesia. Pero, en términos más generales, el hecho de ser un no-clérigo, un laico, me vincula de manera especial con todos los laicos. Oigo en particular una llamada a vivir esta misión estando profundamente atentos al Pueblo de Dios, en comunión con todos los bautizados, especialmente los más pobres y los que más sufren.

Oigo en particular una llamada a vivir esta misión estando profundamente atentos al Pueblo de Dios, en comunión con todos los bautizados, especialmente los más pobres y los que más sufren

¿Pudo hablar con el Papa Francisco? ¿Qué le ha pedido?

Por el momento, no me he reunido con el Papa Francisco, pero espero que podamos encontrarnos pronto con el cardenal Mario Grech y el obispo Luis Marín de San Martín.Será la primera mujer que vote en un sínodo. ¿Es sólo un gesto o es una puerta abierta a una mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones en la Iglesia?

Este gesto forma parte de un movimiento que hunde sus raíces en el Concilio Vaticano II, que abrió sus puertas a las mujeres laicas como auditoras. Los últimos Sínodos han acogido a un número creciente de mujeres como auditoras y expertas, que desempeñaron un papel importante en el Sínodo de los Jóvenes y en el Sínodo sobre la Amazonia. Estos dos últimos sínodos también han puesto de relieve el reto de implicar más a las mujeres en los procesos de toma de decisiones de la Iglesia y darles responsabilidades, algo que ya ocurre en muchas iglesias locales. En cierto modo, este nombramiento, que conlleva el derecho de voto en el sínodo por primera vez, hace visible una evolución en curso. La cuestión de la mujer, o más exactamente el nuevo equilibrio de género en la sociedad y en la Iglesia, es un signo de los tiempos. Como dijo el cardenal Mario Grech en su entrevista, «se ha abierto una puerta» y podemos pensar que se seguirá abriendo.

Las mujeres están en los Evangelios -Jesús no temía encontrarse con mujeres- y desempeñan papeles importantes en la Iglesia primitiva. Pero la historia ha hecho que la responsabilidad en la Iglesia se asocie durante siglos a la ordenación, reservada a los hombres

¿Siguen siendo las mujeres las olvidadas en la Iglesia?

No creo que podamos decir eso. Las mujeres están en muchos lugares muy presentes en la Iglesia, y constituyen la mayoría de las asambleas dominicales. Están en los Evangelios -Jesús no temía encontrarse con mujeres- y desempeñan papeles importantes en la Iglesia primitiva. Pero la historia ha hecho que la responsabilidad en la Iglesia se asocie durante siglos a la ordenación, reservada a los hombres. En la Iglesia clerical que heredamos, las mujeres se sienten a menudo olvidadas porque no son escuchadas ni tenidas realmente en cuenta por muchos clérigos. Esto debe cambiar y el Papa Francisco pide claramente una presencia más incisiva de las mujeres, que tienen que dar su contribución, compartiendo los carismas que han recibido para el servicio de todos. Con el nombramiento de mujeres en puestos clave de la Curia pretende mostrar este camino.Quedan pasos por dar para saber cómo ser esta Iglesia sinodal en todos los lugares, una Iglesia inclusiva en la que hombres y mujeres caminen juntos a la escucha del Espíritu en el respeto mutuo, la igualdad y la escucha recíproca. No es posible ignorar a la mitad de la humanidad. Pero también podemos subrayar todo lo que ya está ocurriendo en muchas iglesias locales, que están dando cada vez más responsabilidades a las mujeres. Lo que me llama la atención hoy, y lo que ha cambiado, es que la cuestión de la mujer en la sociedad y en la Iglesia ya no la llevan sólo las mujeres sino, cada vez más, los hombres, y en particular muchos sacerdotes y obispos que aspiran a vivir esta corresponsabilidad con las mujeres.

¿Se puede disociar este debate del debate sobre el sacramento? Al mismo tiempo que su nombramiento, el Papa ha abierto también el acolitado y el lectorado a las mujeres. ¿Podría ser este el primer paso hacia la cuestión de las diaconisas o el sacerdocio femenino?

La propuesta elegida por el Papa Francisco es claramente desconectar el ejercicio de la autoridad de la ordenación. De hecho, en los últimos años ha nombrado a mujeres y hombres laicos para puestos que tradicionalmente eran ocupados por clérigos. Hay un desarrollo de la corresponsabilidad de todos los bautizados en el gobierno eclesial, que no está necesariamente ligado a la ordenación. La apertura del acolitado y del lectorado a las mujeres refleja esta opción de una posible creatividad para establecer nuevos ministerios abiertos a las mujeres, a los laicos dentro de una Iglesia totalmente ministerial.

La cuestión primordial no es la de la ordenación, sino ¿qué ministerios necesita hoy la Iglesia para cumplir su misión de evangelización al servicio de todos? Para salir del clericalismo identificado como un mal que puede facilitar el abuso de poder y el abuso sexual, la Iglesia debe implementar la sinodalidad en todos los niveles. Es decir, esa visión de la Iglesia en la que, según el Documento de la Comisión Teológica Internacional sobre «La sinodalidad en la vida y la misión de la Iglesia»: «Toda la comunidad, en la libre y rica diversidad de sus miembros, está llamada a orar, escuchar, analizar, dialogar y aconsejar para que se tomen decisiones pastorales» (ITC, §68).Esto requiere que los pastores se consideren parte de la comunidad a la que están llamados a servir. Es decir, el pastor no existe sin la comunidad y la comunidad sin el pastor. Esta visión relacional, basada en la reciprocidad y la interdependencia implica un nuevo estilo de liderazgo más colegiado que enfatiza la escucha, la participación de todos y el discernimiento en común, buscando involucrar a los laicos en el proceso de toma de decisiones. Se trata de poner en práctica el principio de subsidiariedad propugnado por la Doctrina Social de la Iglesia, cercano al clásico principio recogido por Bonifacio VIII: «Lo que afecta a todos debe ser tratado y aprobado por todos». 

Se trata de poner en práctica el principio de subsidiariedad propugnado por la Doctrina Social de la Iglesia, cercano al clásico principio recogido por Bonifacio VIII: «Lo que afecta a todos debe ser tratado y aprobado por todos»

¿Cómo se posiciona usted respecto a estos temas?

Por mi parte, estoy convencida de que es redescubriendo la prioridad de la misión, desplegando esta sinodalidad misionera -que se articula con una postura de diálogo con el mundo y de servicio al bien común de la sociedad en un espíritu de «comunión misionera»- como la Iglesia discernirá nuevas formas de ejercer el servicio de la autoridad y del ministerio. El Espíritu Santo está actuando, guiando siempre en la novedad y en la continuidad. Estamos en un momento clave de la historia, complejo pero apasionante. Y creo que es difícil tener ideas muy fijas. Estamos llamados a estar en continuo discernimiento, porque la sinodalidad es el estilo de discernimiento, es un camino abierto, no conocido de antemano. Tengo una gran confianza en el discernimiento eclesial que se realiza teniendo en cuenta el Magisterio oficial, el «magisterio» de los teólogos y el Sensus Fidei, que interactúan en un movimiento circular.


Están preparando un Sínodo sobre la sinodalidad. ¿Cuáles cree que deberían ser las claves de este proceso?

La Constitución Episcopalis Communi, promulgada en septiembre de 2018 justo antes de la celebración del Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes en octubre de 2018, nos da claramente la hoja de ruta y las claves de este proceso. Se trata de pensar y vivir el sínodo como un proceso que se desarrolla en el tiempo en tres fases: la fase preparatoria, la fase de celebración (la reunión de los obispos en Roma) y la fase de recepción en las Iglesias locales . Es cierto que Episcopalis Communio pone un fuerte énfasis en la fase preparatoria que implica una amplia consulta al Pueblo de Dios en las Iglesias locales. Así, se indica en el punto 6 que «El Sínodo de los Obispos debe convertirse también, cada vez más, en un instrumento privilegiado de escucha del Pueblo de Dios».Sinodalidad El reto es, pues, poner en práctica esta escucha desarrollando diversos modos de consulta en las diócesis, implicando en este proceso a todos los grupos eclesiales (parroquias, comunidades, movimientos, universidades católicas….) sin olvidar la escucha fundamental de los que no están en la Iglesia. La clave del proceso sinodal es permitir que el mayor número posible de personas experimente procesos sinodales que les permitan ser actores y hacer oír su voz.

La clave del proceso sinodal es permitir que el mayor número posible de personas experimente procesos sinodales que les permitan ser actores y hacer oír su voz

¿Cuál cree que será la contribución del pontificado de Francisco a la historia de la Iglesia?

El pontificado del Papa Francisco nos ha llevado a una nueva etapa de recepción del Concilio Vaticano II, que hace hincapié en la sinodalidad. Esto se articula con una eclesiología del Pueblo de Dios. Es demasiado pronto para decir cuál será la contribución del pontificado del Papa Francisco a la historia de la Iglesia, pero podemos ver claramente en la Evangelii Gaudium, que es en cierto modo su exhortación programática, que su pontificado apunta a la transformación misionera de la Iglesia.

Francisco fue elegido para acompañar la necesaria reforma de la Iglesia. Esto implica tanto la conversión de las mentalidades -y Francisco hace gran hincapié en la conversión espiritual y pastoral- como la reforma de las estructuras. Su pontificado tiene lugar en un momento de crisis para la sociedad y para la Iglesia. Francisco trae una palabra de esperanza, busca pensar y construir un futuro para todos. Esto es evidente en el trabajo actual de la comisión COVID y sus reflexiones sobre la pandemia.

Francisco trae una palabra de esperanza, busca pensar y construir un futuro para todos. Esto es evidente en el trabajo actual de la comisión COVID y sus reflexiones sobre la pandemia

¿Es consciente de las críticas que muchas decisiones o actitudes del Papa están despertando en algunos sectores de la Iglesia? ¿Cree que hay riesgo de cisma?

Sí, es un fenómeno que vemos en todas las instituciones. Todo cambio provoca resistencia al cambio, por lo que no debe sorprendernos. En este cambio de mundo que estamos viviendo, la Iglesia, para ser fiel a su misión de anunciar el Evangelio a todos, también debe cambiar. Esto puede ser aterrador. Es normal tener percepciones diferentes, el reto es reconocer que nadie tiene la verdad por sí solo, la verdad hay que buscarla juntos humildemente en la confianza, la escucha mutua y la oración.

Desde el principio la Iglesia ha sido plural, desde el principio tenemos 4 evangelios para contar la misma experiencia con diferentes tonos porque son vividos y expresados por diferentes comunidades

Desde el principio la Iglesia ha sido plural, desde el principio tenemos 4 evangelios para contar la misma experiencia con diferentes tonos porque son vividos y expresados por diferentes comunidades. Como dice el Papa Francisco, la unidad de la Iglesia debe vivirse según la figura del poliedro -y no la de la esfera- teniendo en cuenta las diferencias de cultura, de sensibilidad. No creo que haya un riesgo real de cisma, que me parece que se pone de manifiesto por una determinada operación mediática que acentúa las oposiciones. Tengo fe en el Espíritu Santo que trabaja para tejer la comunión más allá de las diferencias y oposiciones.¿Podemos lograr una Iglesia en la que todos nos sintamos socios? ¿Puede la Iglesia ser una democracia?

Sí, la visión de la Iglesia sinodal implica que todos son actores, protagonistas, discípulos misioneros y, por tanto, socios en la misión de la Iglesia al servicio del mundo. La Iglesia es una realidad humano-divina, fundada y enraizada en el misterio trinitario. No es directamente comparable a ninguna institución humana y, por tanto, no puede ser una democracia en el sentido político.

Al mismo tiempo, toda la historia de la Iglesia nos enseña que la Iglesia está siempre inculturada, influenciada por los contextos histórico-social-políticos en los que se desarrolla. Está dirigida por el Espíritu Santo y, al mismo tiempo, formada por hombres y mujeres muy de su tiempo. La sinodalidad, dimensión constitutiva de la Iglesia, es en cierto modo la visión dinámica de la Iglesia en la historia, una visión que toma en serio la encarnación, la inculturación necesaria.

El desafío actual es discernir cómo ser una iglesia de estilo misionero en las culturas globalizadas de hoy y en una forma de cultura digital posmoderna que pone al individuo en el centro. Existe necesariamente una interacción entre la sinodalidad y la democracia porque la Iglesia está siempre en una relación recíproca con el mundo, con las sociedades. Por lo tanto, puede aprender e inspirarse en los procesos democráticos participativos y, al mismo tiempo, no puede transponerlos tal cual de la esfera política mediante un «copiar y pegar». Es todo un trabajo de discernimiento.

Existe necesariamente una interacción entre la sinodalidad y la democracia porque la Iglesia está siempre en una relación recíproca con el mundo, con las sociedades

¿Con qué iglesia sueña Nathalie Becquart?

Durante el Pre-Sínodo de los Jóvenes en marzo de 2018 y el Sínodo de los Jóvenes en octubre de 2018, experimenté «la Iglesia como la soñamos», una Iglesia relacional, fraternal e inclusiva. Una Iglesia en movimiento, una Iglesia de encuentro y fraternidad en la que todos participan, aportan su voz y se escuchan. Estas experiencias de comunión en la diversidad, fuentes de gran alegría, me han marcado y transformado profundamente. Me hizo sentir aún más profundamente insertado en el cuerpo eclesial. Así he experimentado aún más profundamente el misterio de la Iglesia enraizado en el misterio trinitario, el misterio de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Templo del Espíritu.Sueño con que todos en la Iglesia puedan vivir este tipo de experiencia que llamamos «Camino de Emaús» durante el Sínodo de los Jóvenes – porque realmente sentimos que Cristo caminaba con nosotros – o el Nuevo Pentecostés. Sueño que la barca de la Iglesia abrirá sus velas de par en par al soplo del Espíritu, al soplo del Concilio Vaticano II, para avanzar cada vez más mar adentro al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo