Navidad sinodal: Juntos, caminando hacia la luz, Jesús

Juntos, caminando hacia la luz, Jesús
Juntos, caminando hacia la luz, Jesús

La navidad sinodal es el amor entre los seres humanos, donde se mezcla el Yo y el Tú, y da como resultado un Nosotros, es el mesianismo que día a día construimos

En este tiempo, vale la pena reflexionar con la familia de Nazaret que, es modelo de compasión en un mundo injusto; de acogida en un mundo que descarta, de tolerancia

«La revolución, el cambio solo vendrá de los pobres, ¡sí! Solo de ellos puede venir la salvación» (Mons. Hélder Pessoa Câmara)

Por| Julián Bedoya Cardona

“Nos ha nacido el Mesías, un Salvador que es Cristo el Señor” (Lc 2,11)

El pasado 9 de octubre, el Papa Francisco ha inaugurado un camino donde todos cabemos, todos contamos, y como en repetidas veces nos lo ha dicho, vamos en la misma barca. Debemos remar todos con el propósito de llegar juntos al mismo destino, el Reinado de Dios que se acerca. La pandemia nos ha dejado perplejos con los aislamientos, el cambio al momento de relacionarnos, y todo ello nos ha servido para darnos cuenta de que tan importante es el otro. La navidad sinodal es el amor entre los seres humanos, donde se mezcla el Yo y el Tú, y da como resultado un Nosotros, es el mesianismo que día a día construimos.

En una sociedad en que se nos ha vuelto costumbre vivir indiferentes, compitiendo por los primeros puestos, por los mejores sueldos, las mejores garantías y potestades llevando al olvido al otro; cobra sentido las palabras exhortativas del mismo Jesús: “quien quiera ser el primero que tome el último lugar y sea el servidor de todos” (Mc 9, 35). En este tiempo, vale la pena reflexionar con la familia de Nazaret que, es modelo de compasión en un mundo injusto; de acogida en un mundo que descarta, de tolerancia en un mundo polarizado por la rabia, el resentimiento y el rencor; de paz en un mundo violento. En la navidad encontramos a:

«Un niño pobre, una madre soltera, un padre adoptivo… quien ve su nacimiento es la escoria de la sociedad, los pastores. Lo presentan otras personas de otras religiones (magos, astrólogos). La familia tiene que huir y se han convertido en refugiados políticos. Luego vuelve a vivir en la periferia. La revolución, el cambio solo vendrá de los pobres, ¡sí! Solo de ellos puede venir la salvación» (Mons. Hélder Pessoa Câmara)

Se sigue encarnado Jesús en todas aquellas personas que esperan celebrar Noche Buena, donde nadie se acueste sin cenar, donde se pueda dormir con total tranquilidad, donde el trabajo sea valorado y dé para conseguir el pan, donde el niño pueda reír, el anciano hablar y el joven estar.

En esta navidad queda pedir al Espíritu de Dios, para que nuestra vida y nuestro corazón sea una cuna para recibir a Jesús, y que María, la que dio a luz al que futuramente seria nuestra luz encarnar en nosotros aquel que es Feliz Camino, Feliz Nacimiento, Feliz Navidad.

Navidad en el CIE de Aluche

El pasado día de Navidad, 25 de diciembre, los capellanes católicos del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche tuvieron una celebración compartida con una veintena de internos

«Rezamos, cantamos algún villancico, les entregamos nuestra felicitación navideña y también un mensaje del Papa Francisco, una obrita pequeña en torno al pesebre, explica el delegado de Movilidad Humana de la diócesis, Rufino García Antón

«Ha sido una experiencia muy rica, porque te sumerges en el dolor y el sufrimiento de las personas, y te hace celebrar la Navidad no de una manera edulcorada, ingenua, sino de una manera realista y viva», asevera

Archimadrid).-El pasado día de Navidad, 25 de diciembre, los capellanes católicos del Centro de Internamiento de Extranjeros  (CIE) de Aluche tuvieron una celebración compartida con una veintena de internos. «Rezamos, cantamos algún villancico, les entregamos nuestra felicitación navideña y también un mensaje del Papa Francisco, una obrita pequeña en torno al pesebre», ha explicado el delegado de Movilidad Humana de la diócesis, Rufino García Antón, en una entrevista en Iglesia al Día de TRECE.

«Ha sido una experiencia muy rica, porque te sumerges en el dolor y el sufrimiento de las personas, y te hace celebrar la Navidad no de una manera edulcorada, ingenua, sino de una manera realista y viva –ha aseverado–. Allí estaban José, María y Jesús, en aquel pesebre, porque no había sitio en la posada».

El sacerdote ha denunciado, asimismo, que los internos viven en una situación «poco digna, por no decir indigna», y ha incidido en que el papel de la Iglesia en estos centros –fruto de un convenio firmado en 2014 entre la Conferencia Episcopal y el Ministerio del Interior– pasa por «el acompañamiento y la atención humana», por la puesta en marcha de «espacios de celebración religiosa como la que tuvimos el otro día», abierta también a «personas no necesariamente católicas», y por el «trabajo en red con otras entidades que tienen presencia».

La capellanía católica del CIE de Aluche depende de la Vicaría para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación y es ejercida en estos momentos por el vicario, José Luis Segovia, y por el propio García Antón

Auge de una Navidad neoliberal

Pedro Pierre

“La historia de la Navidad fascina, intriga e interpela”, acaba de decir el secretario general del Consejo Mundial de Iglesias. Parece que hemos dado mucha importancia a una fascinación superficial: un recién nacido, una madre muy joven, un padre silencioso, el campo y sus pastores, una estrella, el coro de ángeles… y el malo rey Herodes. ¿No nos habremos quedado en esa historia: un lindo cuento de hadas? que desaparece con el paso de los años, sustituido por el mensaje consumista de un personaje gordo y barbón venido del norte… nuevo conquistador de nuestros bolsillos: el ahora conocido papanoel promovido por una propaganda casi centenaria de la cocacola.

¿Intriga la historia de la Navidad? Puede ser que en algún momento nos hayamos preguntado: ¿qué significa esta historia que perdura desde 2 milenios? ¡Una religión que comienza en un pesebre! Pero las ocupaciones de la existencia, las preocupaciones del trabajo, la búsqueda de dinero, las solicitaciones de una sociedad de consumo… nos quitan pronto toda huella de inquietud, interés y sentido de los acontecimientos. O se termina diciendo ‘¡una historia para niños!’ Y el papanoel va tomando en nuestras vidas el lugar del niño Jesús. Pues, hoy la Navidad se ha transformado en la fiesta del papanoel que ocupa el primer lugar en el árbol de Navidad, en la gran mayoría de las casas de los ecuatorianos muy católicos…

No queremos darnos cuenta que el papanoel es el símbolo del consumismo desenfrenado. En ninguna otra época del año se compra tanto como en este tiempo de Navidad: comidas, alcohol, regalos, fiestas, borracheras, derroche de luces, combos en los restaurantes, rebajas en las discotecas… y cuántas cosas más… tan contrarias a la primera Navidad. Pues eso de que “la Navidad nos interpela” hay que dejarlo para no se sabe quién.

El sistema neoliberal que nos organiza la vida, el pensamiento, los quehaceres y qué decidir lo ha comprendido muy bien. Si se generalizara el mensaje de la Navidad, el neoliberalismo encontraría en él su mayor contrincante, porque, en la primera Navidad, los protagonistas elegidos por Dios son todas y todos gentes pobres y muy pobres, comenzando por el niño que nace en la peor desnudez: un parto con la sola ayuda del padre, en un estable para animales, dos papás que tienen que hacer un largo viaje sin que nadie acepte de acogerlos, unos pastores cuidando ovejas ajenas, la noche de la soledad que esconde las infamias de un rey que manda a matar a todos los niños de Belén y la huida apresurada a un país extranjero para salvar al niño y encontrar cómo sobrevivir como migrantes sin destino ni futuro. Pero el papanoel nos ayuda a salir de este cuadro desolador…

El problema es que esta “historia de Navidad” no es nada menos que la pura voluntad de Dios. Porque la Navidad nos interpela y muchas veces no nos gusta. Preferimos hacernos una imagen más acomoda de Dios y del Divino Niño que no nos cuestionen ni nos pongan las cosas “patas arriba”. Porque un Dios que nace pobre nos interpela. Preferimos hacer negocios con Dios y con la Navidad. Preferimos un papanoel que nos engaña y nos deshumaniza y va matando en nosotros el mensaje de un Dios que viene a compartir la suerte de los humildes, de los pobres, de los maltratados, de los migrantes, de los que no cuentan para una sociedad del consumo y del engaño.

Preferimos vivir una vida de falsos lujos, de egoísmos mesquinos que nos deshumanizan, de comercio con Dios para que el Niño nos proteja… ¿de qué, pues? Y nos creemos muy felices con ese papanoel que se adueña de nuestra casa, de nuestra familia, de nuestra fe, de nuestras pocas ilusiones… porque no nos gusta lo que este Niño venga a decirnos: “¡Felices los pobres porque de ustedes es el Reino de Dios!” “¡Pobres de ustedes los ricos porque ya tienen su recompensa!” “¡Dios ha elegido lo que el mundo desprecia para confundir a los poderosos!” …

¿En qué etapa estamos? ¿La de la Navidad que nos fascina… unas cuantas horas? ¿La de la Navidad que nos intriga… unos cuantos minutos? ¿O la de la Navidad que nos interpela para acoger el mensaje que Dios nos quiere comunicar? Porque Herodes nos sigue matando mediante el papanoel neoliberal. Aprovechemos el encuentro familiar para retomar el rumbo de una vida verdaderamente humana, fraterna y solidaria

Solidaridad con Haití en esta Navidad

Los obispos de Haití lanzan un urgente llamamiento por Navidad

El Episcopado pide ayuda para “sanar la herida” del país, sumido en el caos

Haitianos se agolpan en una estación de servicio ante el desabastecimiento de combustible

La situación que vive hoy Haití, “¿no debería desafiar la conciencia de quienes tienen responsabilidades en la comunidad internacional y llevarlos a trabajar sin descanso para ayudarnos a sanar esta herida y promover el respeto por los derechos universales?”, se preguntan indignados los obispos del país caribeño. Un reclamo que extienden, por supuesto, a los líderes políticos locales: “¿No se sienten también más preocupados que nunca por esta situación caótica y catastrófica que no da señales de ralentizarse?”.



Así lo ponen de manifiesto en su mensaje navideño, publicado el pasado día 18 y que se convierte en un urgente llamamiento al mundo para que acuda en auxilio de un país sumido en el caos político, económico y social, que se ha visto acrecentado desde el asesinato en julio del entonces presidente Jovenel Moïse. Los prelados entienden que no pueden “permanecer indiferentes ante los trágicos acontecimientos de los últimos meses”, por lo que han querido aprovechar la tradicional felicitación de estas fechas para lanzar un nuevo grito de socorro, tanto a los principales líderes de la esfera internacional como a los funcionarios locales electos, con el propósito de encontrar una salida al estado de zozobra institucional y social que amenaza seriamente la estabilidad del país.

Salto moral y patriótico

El mensaje episcopal apela a la conciencia personal y colectiva para acometer “un salto moral y patriótico” que permita superar esa peligrosa sensación de descontrol que vive Haití desde hace años. Una deriva que se ha agravado en los últimos tiempos, especialmente tras el asesinato del primer mandatario y el terremoto que pocas semanas después asoló la comunidad costera de Los Cayos, al sur de la isla, con un balance de 2.200 muertos y más de 50.000 casas destruidas.

A todo ello cabe añadir que, desde principios de este 2021, se han producido cerca de mil secuestros. Por eso, “al mostrar nuestra solidaridad con el dolor de todos aquellos que son víctimas de secuestros, violaciones y violencias de todo tipo, confiamos a la misericordia de Dios las almas de nuestros hermanos y hermanas inocentes que han caído bajo las balas de grupos fuertemente armados”, lamentan los prelados, al tiempo que condenan sin paliativos “estos actos fratricidas” y exigen que “la verdad, el orden y la justicia sean restaurados con la autoridad del Estado”. (…)

Las 5 claves para celebrar el día de la Sagrada Familia

Al día siguiente de la Navidad se celebra esta fiesta, en el marco del Año ‘Amoris laetitia’, centrada en el anuncio del evangelio

El domingo siguiente a la Navidad, se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Este año, el día 26, la conexión con el nacimiento de Jesús se hace más evidente. Además, celebración de esta jornada se encuadra en el marco del Año Familia ‘Amoris laetitia’, convocado por el papa Francisco. El mensaje de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida anima a “anunciar el Evangelio de la familia hoy” y Vida Nueva repasa las 5 claves para celebrar con intensidad este día.


1. Vivir la Navidad

“La encarnación del Hijo de Dios abre un nuevo inicio en la historia universal del hombre y la mujer. Y este nuevo inicio tiene lugar en el seno de una familia, en Nazaret. Jesús nació en una familia. Él podía llegar de manera espectacular, o como un guerrero, un emperador… No, no: viene como un hijo de familia. Esto es importante: contemplar en el belén esta escena tan hermosa”, señalaba el papa Francisco en una audiencia general 2014. “Una sociedad en la que la familiapierde su significado y deja de ser ‘de facto’ un pilar fundamental se debilita grandemente”, afirman los obispos.

La Navidad de este año viene en una época en la que “se hacen muy difíciles los compro misos estables y la vivencia de la fe, lo que determina otra actitud frente a la vivencia del matrimonio. Todo ello parece desembocar en un vacíoexistencial y en el aburrimiento”, apuntan los prelados.

2. Dios tiene un plan

“Solo cuando las familias construyan sobre la roca del amor podrán hacer frente a las adversidades. No vale cualquier material de construcción ni cualquier cimiento. La roca sobre la que se debe cimentar la familia es Jesucristo”, reivindican los obispos. “Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo”, afirmó el papa Francisco. El remedio para los obispos es “introducir a cada uno en una historia de amor en la que Cristo esté vivo y presente”.

3. El evangelio de la familia

“En medio de esta compleja situación, que podría conducirnos al desánimo, queremos volver a hacer resonar el anuncio del Evangelio de la familia, ya que ‘evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda’”, proponen los obispos de la subcomisión remitiendo a Pablo VI. “Lanzamos una llamada a las familias cristianas para que vivan la belleza del amor y atraigan a los demás”, reclaman en su mensaje.

“Las familias, como iglesias domésticas, también deben convertirse en discípulas misioneras de ese amor. Frecuentemente son quienes están mejor situadas para ofrecer este primer anuncio, apoyar, fortalecer y animar a otras familias. Así, se entiende su misión en este primer anuncio, que luego dará lugar a la acogida y al acompañamiento”, reclaman.

4. El primer anuncio

Los obispos invitan “a que cada familia ofrezca este primer anuncio a otras familias. Es el primero, en sentido cualitativo, porque responde al anhelo de infinito que hay en todo corazón humano”. Esta misión, insisten los obispos de la subcomisión presidida por el obispo de Canarias, José Mazuelos, “debe estar en el centro de la actividad evangelizadora y en «toda formación cristiana, por ser fundamento permanente de toda la vida cristiana”.

5. Ante las necesidades de los demás

La misión de las familias, reclaman los obispos, “no deja de tener un contenido social”. Por ello invitan a seguir “el sencillo método de Jesús: levantarse, acercarse y partir de la situación concreta de cada persona, siempre bajo la fuerza del Espíritu Santo”. Así, concluyen su mensaje invitando a contemplar en la Sagrada Familia “cómo el amor arde en nuestros corazones y se convierte en un fuego fecundo; una contemplación que nos ayudará a anunciar a todos el mensaje de salvación”.

¿Qué celebrar en esta Navidad?

¿Qué celebrar en esta Navidad?
¿Qué celebrar en esta Navidad?

«Significa ‘vida’ porque el Dios hecho ser humano en Jesús nos habla del valor de la vida de todo ser humano. Esta vida que se impone, a pesar de tanta muerte que hemos palpado en este tiempo de covid, porque cada persona que superó la infección, fue motivo de celebración y de agradecimiento. No queremos la muerte y por eso se ponen las fuerzas en salvar todas las vidas posibles»

«Aprovechemos esta linda fiesta navideña para alimentar profundamente la esperanza y podamos acoger el nuevo año con más fuerza, más amor mutuo, más compromiso con la realidad que vivimos»

23.12.2021 Consuelo Vélez

Hace un año, por estas mismas fechas, decíamos que el año de pandemia nos había confrontado con la limitación humana y con todas las carencias que se develaron por esta situación: más pobreza, más violencia intrafamiliar, más incertidumbre, más miedos y tantas otras realidades. Esperábamos que llegará pronto el tiempo de postpandemia y que nuestro mundo fuera mejor. Pero ha pasado otro año y la pandemia no se ha ido.

Algo hemos mejorado, bien sea por las vacunas (aunque su distribución hasta hoy no ha sido equitativa para todos los países) o bien porque se han retomado las actividades ya que no había más alternativa: sin trabajo hay más pobreza y la situación estaba siendo insostenible. Además, los centros educativos han ido retomando sus actividades porque la socialización es indispensable para el desarrollo psicológico de niños y jóvenes y porque la calidad de la educación ha sido muy poca, especialmente para los más pobres, por la falta de conectividad y mediaciones tecnológicas que solo están al alcance de unos pocos.

Desde este panorama nos preguntamos: ¿Qué celebrar en esta Navidad? ¿Qué nos dice el Niño del pesebre? Posiblemente este año haya más reuniones familiares y más encuentros de fe para conmemorar este misterio. Todo dependerá de cómo estén las cosas en ese momento. Pero lo que sigue presente es lo que significa el Jesús Niño “envuelto en pañales y acostado en un pesebre” del que los ángeles dijeron aquel día: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace” (Lc 2, 12-14). El Niño Jesús significa vida, esperanza, alegría, futuro.

La Palabra se hizo carne
La Palabra se hizo carne

Significa ‘vida’ porque el Dios hecho ser humano en Jesús nos habla del valor de la vida de todo ser humano. Esta vida que se impone, a pesar de tanta muerte que hemos palpado en este tiempo de covid, porque cada persona que superó la infección, fue motivo de celebración y de agradecimiento. No queremos la muerte y por eso se ponen las fuerzas en salvar todas las vidas posibles. Y no nos contentamos con la vida, sino que aspiramos a una vida digna, a una vida plena, a una vida feliz. La fe nos empuja, una y otra vez, a no decaer en este esfuerzo por lograrlo.

Significa ‘esperanza’ porque, aunque a veces da la impresión de que nada ha cambiado y no hemos aprendido lo suficiente de este tiempo de pandemia, hay más conciencia de la necesidad de hacer algo para contrarrestar el cambio climático y para garantizar una vida mejor para la humanidad.

Significa “alegría” porque el Niño que nace nos da la certeza de que Dios se ha encarnado en nuestra historia y todo lo que nos pasa, es de su interés. Más aún, hace suyas nuestras necesidades y sufrimientos y nos acompaña para superarlas. No es una alegría ingenua que proviene de afuera por una experiencia agradable sino es la alegría que viene de dentro, fruto de la confianza y de la certeza de la fe.

Significa ‘futuro’ porque con Jesús en nuestra historia se hace posible un nuevo comienzo no solo de los seres humanos sino de la creación: “Mira que hago un mundo nuevo” (Ap 21,5). El libro del Apocalipsis cierra la revelación consignada en la Sagrada Escritura con esa fe firme en el Señor de la historia que cumple su promesa de poner su morada en medio de su pueblo para que se cumpla lo dicho a los israelitas: “ellos serán su pueblo y Él, Dios con ellos, será su Dios” (Ap 21, 3).

Junto a esto que acabamos de señalar está lo que cada uno puede traer a la celebración de esta Navidad. Este tiempo es una buena oportunidad para traer a los pies del niño Jesús lo que nos ha significado este largo tiempo de pandemia. Si los magos llevaron al niño Jesús “oro, incienso y mirra”, como dice el evangelio de Mateo (2,11) y los pastores, como dice el evangelio de Lucas, “que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño (…) fueron y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían” (2, 8.16-18); nosotros podemos llegar con todo lo que ha significado este tiempo. Algunos podrán recordar a sus familiares difuntos. Otros llevarán las secuelas del covid manifestadas en problemas de salud o en dificultades económicas o pérdidas de otro tipo. No faltarán los que llevarán los caminos abiertos en medio de esa dificultad ya que se dio la llamada ‘re-invención’, con la que muchos lograron abrir las puertas que la pandemia cerró. Pero sea lo que cada uno traiga, Navidad es ese lugar sencillo, pobre, donde esta María “guardando todo en el corazón” (Lc 2, 19) y transmitiéndonos la confianza infinita en el amor de Dios que no se va nunca de nuestra vida, sino que se encarna en ella, quedándose definitivamente entre nosotros.

Preparémonos, por tanto, para una celebración de Navidad que brote de lo que somos, vivimos, traemos en el corazón, soñamos para el futuro. Recuperemos esa alegría que caracteriza esta época y que se expresa en los villancicos, la novena, el compartir fraterno, las luces, la decoración, todo aquello que ha acompañado la navidad colombiana y que el año pasado quedo tan relegado por las circunstancias que vivíamos. No podemos perder la ‘prudencia’ que tenemos que seguir teniendo para controlar la pandemia. Pero aprovechemos esta linda fiesta navideña para alimentar profundamente la esperanza y podamos acoger el nuevo año con más fuerza, más amor mutuo, más compromiso con la realidad que vivimos. Alegrémonos, entonces porque el niño Dios nace y ¡se queda definitivamente entre nosotros! (Mt 1, 23

La historia de Jesús refugiado que juzga a los cristianos

La celebración de la Navidad tiende a olvidar que Jesús y sus padres se vieron obligados a huir a Egipto, como ocurre en la actualidad con los migrantes que escapan de guerras o tiranos

'La huida a Egipto', de Vittore de Carpaccio (1515).
‘La huida a Egipto’, de Vittore de Carpaccio (1515).
Juan Arias

JUAN ARIAS24 DIC 2021

Es posible que todo lo que nos han enseñado sobre la infancia de Jesús y la Navidad sea más mito que historia, y que el profeta judío no naciese en Belén y seguramente no en la noche del 24 al 25 de diciembre, ya que la mitad de los Evangelios ignoran todos los aspectos de su nacimiento y se centran sobre todo en su vida pública y en su muerte en la cruz. Suponiendo, sin embargo, que fuera historia, hay un aspecto que los cristianos suelen silenciar: Jesús y sus padres se convirtieron en refugiados que tuvieron que huir a Egipto porque el rey Herodes quería matar al niño recién nacido. También hoy muchos de los que tienen que abandonar su tierra lo hacen huyendo de las guerras o de los tiranos.MÁS INFORMACIÓNAl final, ¿dónde y cuándo nació Jesús?

La Navidad, de la que sabemos muy poco, pero que acabó siendo una fecha especial para el mundo cristiano, se convierte así también en un aldabonazo para la conciencia actual frente al drama de la emigración que nos juzga a todos. Si mucho de lo que se ha escrito sobre Jesús y, sobre todo, sobre su nacimiento seguramente pertenece al mundo de la leyenda, que se ha ido transmitiendo por los cristianos a lo largo de la historia, los emigrantes de hoy no son otro mito. Son una dolorosa y cruel realidad que aquel judío rebelde, defensor de todos los perseguidos y humillados, colocaría ante la conciencia de los cristianos.

El cristianismo, que nació como un intento de ensanchar, a través de la vida de Jesús, la idea de un Dios para el pueblo elegido de Israel y darle una dimensión universal en la que ya no existen fieles e infieles, sino solo hijos de Dios, solo tendrá valor si la Iglesia se mantiene fiel al amor y la compasión universal, sobre todo hacia los más humillados y perseguidos, como son los migrantes.

Aunque lo relativo al nacimiento e infancia de Jesús solo existe en los Evangelios apócrifos, no en los cuatro oficiales, lo cierto es que dicha leyenda se ha convertido en una de las fechas que los cristianos celebran con mayor alegría. Es muy posible que toda la historia del nacimiento en Belén haya sido creada a lo largo de los primeros años del cristianismo porque los fieles de la nueva secta sentían la necesidad de conocer uno de los aspectos de la vida de Jesús más ignotos, como la fecha del nacimiento de la que ningún Evangelio habla. Los primeros cristianos sentían que faltaba un día para celebrarlo. Y así la Iglesia escogió la festividad romana del dios pagano Mitra.

Ninguno de los cuatro evangelistas habla en efecto de Jesús de Belén, sino de Jesús de Nazaret. Los judíos se apellidaban con el lugar de nacimiento o con el nombre del padre, de tal forma que Jesús debería haberse llamado Jesús de Belén o Jesús de José, nunca Jesús de Nazaret.

Navidad sin internet

col gerardo

Pensamos que hemos avanzado mucho con todos los medios de comunicación. Pero eso ya se había superado cuando nació Jesús. Y si no, vamos a mirarlo en los evangelios de Mateo y Lucas.

Entonces había una comunicación más profunda. Lo hacían los ángeles a través de los anuncios a José, a María y a los pastores. Les transmitían la Buena Noticia de que iba a nacer o que ya había NACIDO el Mesías.

Cuando no funcionaban esos medios divinos, se servían de la información de los carteles y de lo que iba diciendo los edictos del Emperador, que iban acompañados de la voz interior del Espíritu.

Con una ventaja, además; que esa transmisión divina no se colgaba ni se estropeaba. Solo necesitaban tener buen oído, buen olfato, para escuchar lo que Dios les quería anunciar.

Pero las noticias malas que daba Herodes no funcionaban. Pues, para cuando llegaban esas leyes crueles, ya se había adelantado el ángel y habían librado a Jesús de todo daño y mal.

Todo gracias a la conexión celestial por medio de los ángeles que anunciaban a María que iba a ser madre, a José que el hijo de María venía del Espíritu, a los pastores que había nacido Jesús y a los tres que se fuesen a Egipto para librarse de la muerte del niño.

Ya había funcionado su particular YouTube en Zacaríaas y en María cuando recitaron esos dos himnos maravillosos del “Bendito sea el Señor, Dios de Israel” y el de “Engrandece mi alma al Señor”. Porque ellos no estaban tan inspirados como para elaborar de repente esa maravilla de cantos. Lo tenía grabado Dios y se lo iba dictando.

Alguna que otra vez, sobre todo José, no se acababa de enterar y de entender; en esas ocasiones funcionaban los sueños. Un poco le costaba enterarse, pero soplaba el viento del Espíritu y así quedaba informado y alentado.

Se ve que este medio de anunciar las buenas noticias, también funcionaba para los pastores: sin cables, sin enchufes, sin programas. Hablaba la Palabra Hecha Carne. Y esa Palabra, hecha carne, se había instalado en una tienda de campaña entre los hombres. Ese era el wifi que conectaba a la familia y a Jesús con el Verbo eterno: Dios hecho hombre.

Navidad

La incesante novedad de Cristo

El nacimiento de Jesús es una parábola que nos pide barajar el cosmos con la esperanza de mejorarlo. Los evangelios son un conjunto de parábolas, cuentos que apelan al ser humano. Demandan una conversión, nos invitan a compartirnos con los demás. Creer en Dios equivale a creer en el amor y amarHay personas insensibles, sí. Pero si alguien siente compasión por su semejante, si cree que es responsable de él, debe ayudarle. Abandonarlo es un pecado que conduce al fracaso de la humanidadla Iglesia no obstante la Iglesia, no es la repetición anual del ciclo de los ciclos, sino una apelación a la creatividad del ser humano. Es algo siempre nuevo, original, un lanzazo en la rutina que nos repite, que nos negocia, que asfixia y mata

Por Jorge Costadoat

Otra vez Navidad. ¿Otra vez? No. El nacimiento de Jesús es una parábola que nos pide barajar el cosmos con la esperanza de mejorarlo. Los evangelios son un conjunto de parábolas. Las parábolas son cuentos que apelan a cualquier ser humano. Demandan una conversión, nos invitan a compartirnos con los demás. Creer en Dios equivale a creer en el amor y amar.

La parábola del Buen Samaritano demanda un amor por el prójimo que cuestiona al establishment sacerdotal. Tampoco un ateo puede excusarse de atender a un hombre asaltado por ladrones y a la vera del camino. Está obligado a tomar una decisión. ¿Puede alguien no conmoverse con la historia de una persona que recoge a un desconocido, cura sus heridas y le paga el hostal donde habrá de convalecer? Hay personas insensibles, sí. Pero si alguien siente compasión por su semejante, si cree que es responsable de él, debe ayudarle. En vez, abandonarlo, se lo llame así, se lo llame asá, es un pecado que conduce al fracaso de la humanidad. Las parábolas son hermosas porque abren las puertas del cielo.

La del Hijo pródigo, otro ejemplo, pide a mujeres y hombres ir más allá de sí mismos. Un padre perdona por igual a un mal hijo y al hijo que se cree mejor que su hermano. El padre de la parábola es más grande. Su amor quiebra la lógica. Representa a Dios, obvio. Pero más que exigir una confesión de fe religiosa, insta a una praxis trascendente. No somos fatalmente chicos y calculadores. Es posible vivir en otro registro, uno muy superior, uno que sabe a definitivo. Estas y otras parábolas indican que no es necesario ser cristiano para ser cristiano.

Digamos que casi no es necesario. Para serlo se necesita creer que los evangelios en conjunto constituyen una sola parábola, el relato, la narración o la imaginación del triunfo de Cristo en la historia y sobre el cosmos. Cada una de ellas apunta más lejos. El cristianismo, que comenzó en Navidad, principia la realización de todo aquello que empezó con el Big Bang. El nacimiento de Jesús, la fe de María y de José, es algo así como la somatización de Dios. El niño es Dios hecho cuerpo, “soma”. La Encarnación incorpora, hace cuerpo, la eternidad. No nos hundiremos para siempre. Un niño horada la noche como una estrella. Desde entonces lo real se hace realidad. Hasta entonces, todo estaba pendiente.

El cristianismo, cristianas y cristianos, la Iglesia no obstante la Iglesia, no es la repetición anual del ciclo de los ciclos, sino una apelación a la creatividad del ser humano. Es algo siempre nuevo, original, un lanzazo en la rutina que nos repite, que nos negocia, que asfixia y mata. Que desenmascara las religiones que sacrifican seres humanos para contentar a divinidades, y a beatas y beatos, envidiosos de la humanidad.

Jesús es la somatización de un Dios que no necesita esclavos. Su Padre confía en el ser humano, lo pone en manos de sí mismo y lo recoge como a un pequeño cuando se cae. Es un Dios que tienes las rodillas peladas de tanto agacharse. Año tras año la Navidad nos inventa. El cristianismo es la fantasía de un nazareno que nos llena de esperanza cuando parece que solo quedan motivos para desesperar. El cristianismo es una parábola del Cristo/Crista que nos da otra oportunidad

Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios

Pagola: «Dios no es mudo, Dios se nos ha querido comunicar. Jesús es sencillamente el proyecto de Dios hecho carne»

La Palabra se hizo carne
La Palabra se hizo carne

«Pero Dios no se nos ha comunicado por medio de conceptos y doctrinas sublimes que solo pueden entender los doctos. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida»

«Cómo cambia todo cuando captamos por fin que Jesús es el rostro humano de Dios. Todo se hace más sencillo y claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos. En él se nos revela «la gracia y la verdad» de Dios»

Por José Antonio Pagola

El cuarto evangelio comienza con un prólogo muy especial. Es una especie de himno que, desde los primeros siglos, ayudó decisivamente a los cristianos a ahondar en el misterio encerrado en Jesús. Si lo escuchamos con fe sencilla, también hoy nos puede ayudar a creer en Jesús de manera más profunda. Solo nos detenemos en algunas afirmaciones centrales.

«La Palabra de Dios se ha hecho carne». Dios no es mudo. No ha permanecido callado, encerrado para siempre en su Misterio. Dios se nos ha querido comunicar. Ha querido hablarnos, decirnos su amor, explicarnos su proyecto. Jesús es sencillamente el Proyecto de Dios hecho carne.

Pero Dios no se nos ha comunicado por medio de conceptos y doctrinas sublimes que solo pueden entender los doctos. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.

El Verbo se hizo carne
El Verbo se hizo carne

Esta Palabra de Dios «ha acampado entre nosotros». Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho «carne». Habita entre nosotros. Para encontrarnos con él no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús. Para conocerlo no hay que estudiar teología, sino sintonizar con Jesús, comulgar con él.

«A Dios nadie lo ha visto jamás». Los profetas, los sacerdotes, los maestros de la ley hablaban mucho de Dios, pero ninguno había visto su rostro. Lo mismo sucede hoy entre nosotros: en la Iglesia hablamos mucho de Dios, pero ninguno de nosotros lo ha visto. Solo Jesús, «el Hijo de Dios, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer».

Si amas a tu hermano amas a Dios, si no amas a tu hermano no amas ni a Dios, ni a tu hermano, ni a ti mismo.
Si amas a tu hermano amas a Dios, si no amas a tu hermano no amas ni a Dios, ni a tu hermano, ni a ti mismo.

No lo hemos de olvidar. Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo él es la fuente para acercarnos a su Misterio. Cuántas ideas raquíticas y poco humanas de Dios hemos de desaprender para dejarnos atraer y seducir por ese Dios que se nos revela en Jesús.

Cómo cambia todo cuando captamos por fin que Jesús es el rostro humano de Dios. Todo se hace más sencillo y claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos. En él se nos revela «la gracia y la verdad» de Dios