Apertura Asamblea plenaria de Obispos españoles

Omella tiene un plan para España: pacto de rentas familiares, políticas activas de vivienda, conciliación laboral femenina y acogida ordenada de migrantes

Por JOSÉ BELTRÁN

El presidente de la Conferencia Episcopal abre la Asamblea Plenaria con su discurso social más comprometido y aterrizado proponiendo “consensos” a la clase política

El arzobispo de Barcelona arremete contra la ley trans porque “no tiene fundamento médico ni científico”

El purpurado refrenda el proceso sinodal abierto por el Papa y avisa a los obispos: “No cabe la pasividad ni la resignación”

El cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, quiere que la Iglesia española no sea un obstáculo para la clase política o un grupúsculo que funcione al margen del convulso contexto socioeconómico que habla de una crisis generalizada. Al menos, así lo dejó caer durante su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de otoño que está llamada a elegir al nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal Española, para sustituir a Luis Argüello, que deja el cargo tras ser nombrado arzobispo de Valladolid el pasado junio.

El presidente del Episcopado se sirvió de esta intervención ­­para visibilizar que la Iglesia “quiere cooperar activa e intensamente con las administraciones públicas, los agentes sociales y la sociedad civil en su conjunto”. Sobre todo, al constatar que “las respuestas políticas se atascan y no fluyen para encontrar soluciones a los graves problemas sociales”. Frente al “divide y vencerás”, el cardenal propuso una “fraternidad” eminentemente práctica. “Queremos mirar el mundo desde los ojos del que sufre, del que se queda al margen, del que experimenta la soledad, del que no llega a final de mes, del que no puede recibir la asistencia que necesita, del que padece alguna enfermedad…”, entonó con los datos de Cáritas en una mano y la entrega de tantas comunidades eclesiales en la otra.

La familia como centro

Lejos de quedarse en una formulación abstracta, lo aterrizó en un plan de acción que pasa por reivindicar la familia como “gran fuente de estabilidad social”, proponiendo una “promoción activa de la conciliación laboral”, especialmente de las mujeres. A la par, reclamó una “política activa de vivienda” para que los jóvenes puedan emanciparse y condenó “el drama del paro” y “la precariedad laboral”. Al hilo de esta cuestión reclamó “un gran pacto de rentas que permita a las familias superar con cierta dignidad este tiempo de travesía por el desierto”.

En este paquete de medidas, también planteó “unas políticas de acogida ordenada de inmigrantes para que puedan integrarse dignamente en nuestra sociedad” con el fin de “protegerlos de los abusos y de la impiedad de las mafias”.

Auxilio a los dependientes

“Tampoco podemos permitir que las políticas sociales, para atender debidamente a las personas dependientes o en situaciones de necesidad, se queden en discursos de buenas intenciones y no se ejecuten proyectos concretos”, exigió el purpurado, que constató, con informe de Cáritas en mano, que “los procesos y trámites de las peticiones de ayuda se demoran y eternizan”.

No se olvidó de las carencias del sistema nacional de salud, deteniéndose en que “más de 80.000 personas fallecen cada año en nuestro país sin recibir la atención paliativa que precisan”. Además, puso en primer plano la soledad de los ancianos para remarcar que “una sociedad que no cuida a los más frágiles es una sociedad que está en vías de extinción”.

Avanzadilla eclesial

Además, sacó pecho de las iniciativas que ya ha puesto en marcha la Iglesia para salir al rescate de los más vulnerables y mostrar que “otro mundo es posible”. De esta manera, elogió la labor de la pastoral de migraciones para “recuperar la población en la España vaciada” y recordó cómo se está apostando por “una economía con alma”.

Con la mirada puesta en los niños y jóvenes, se detuvo en “la crisis de identidad provocada por las ideologías de género”. Sobre la ley trans, denunció que no ayuda “a educar a los adolescentes y jóvenes en la belleza y en el sentido de la sexualidad y que, además, no potencia la responsabilidad de sus actos ni la valoración madura y sosegada sobre las consecuencias”. En relación con la ley del aborto, condenó que “se refuerza el derecho del fuerte sobre el débil”.

Legislaciones ideológicas

Todo ello, le llevó a afirmar que “se intentan sacar adelante por la vía rápida una serie de leyes de profundo calado ideológico, sin ser debatidas con sosiego, sin escuchar el parecer de las diferentes instancias científicas y éticas de nuestra sociedad”. “La llamada autodeterminación de género, auténtica piedra angular de esta norma no tiene fundamento médico ni científico”, sostiene Omella.

Ese mismo tirón de orejas lo amplió para compartir que “la crispación política no ayuda a resolver los problemas ni a ofrecer serenidad a la ciudadanía. Necesitamos, pues, hallar la confianza necesaria y el empuje anímico para salir de esta situación”. ” Es la hora de los hombres y mujeres de Estado que miran a largo plazo, de los que se atreven a tomar decisiones importantes para asegurar el bien y la prosperidad para las próximas generaciones y no el rédito partidista inmediato”, suscribió.

Pero, lejos de concentrarse en lanzar dardos a Moncloa o a la Carrera de San Jerónimo, el purpurado quiso “agradecer de corazón la labor de los políticos de cualquier signo que trabajan por el bien común”. Y como viene siendo habitual en sus más recientes intervenciones públicas, se sacó de la manga las bienaventuranzas del político que elaboró el cardenal vietnamita encarcelado Van Thuan.

“No nos dejemos abatir”

Frente al tono algo agridulce de su discurso de primavera, en esta ocasión Omella arrancó recordando que nunca se han dado tiempos “verdaderamente fáciles” por lo que animó a los pastores a buscar “una oportunidad de profundizar en la fe, de mejorar nuestra vida cristiana, de ir a lo esencial”. “No nos dejemos abatir”, recomendó a los católicos, convencido de que “los nuevos desafíos pueden ser oportunidades de crecimiento”. Es más, advirtió del “riesgo todavía más peligroso” de que “reaccionemos espontáneamente con una actitud de autodefensa, sin detenernos con fe, con calma, con sensatez evangélica”.

En clave interna, el presidente de los obispos defendió el camino sinodal promovido por Francisco “a la luz del Concilio Vaticano II” hacia “una Iglesia más participativa, misionera y en comunión”. “El papa Francisco ha introducido la novedad de comenzar el trabajo desde abajo, garantizando que nadie quede sin ser escuchado”, valoró el purpurado, que recordó que ante este proceso “no cabe la pasividad ni la resignación”.

“No podemos caer en la ingenuidad de pensar que estos problemas se solucionan con simples retoques organizativos”, comentó el arzobispo de Barcelona que llamó a los obispos presentes a no dejarse llevar por los extremos: “El progresismo que se adapta al mundo y el tradicionalismo o involucionismo que añora un mundo pasado”.

Celebrar el Tiempo de la Creación

Escuchemos la voz de la Creación

Tiempo de la Creación

«Desde hace ocho años, el primer día de septiembre la familia cristiana celebra la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, con la que comienza el Tiempo de la Creación»

«Deberíamos reflexionar seriamente sobre nuestra relación con la creación, comprometiéndonos a tener el debido y necesario cuidado»

«Ante la emergencia ecológica que afecta a la vida humana y a la paz de los pueblos, nuestro comportamiento es fundamental. Si actuamos como una familia, podemos conseguir un impacto real»

«Queridos hermanos y hermanas, participemos en este Tiempo de la Creación con iniciativas de oración, proyectos de sostenibilidad y equilibrio natural. Hagamos que nuestros niños crezcan amando la creación»

Por el Cardenal Juan José Omella

Hoy en muchos hogares con niños hay muchos nervios y movimiento, todo debe estar listo para mañana. Con inquietud, ilusión y mucha expectación, mayores y pequeños esperan el inicio de un nuevo curso escolar. Los niños regresarán a la escuela, donde recibirán muchos estímulos y se harán muchas preguntas. Desde la escuela, tendrán muchas respuestas y se les despertará la curiosidad por todo lo que nos rodea.

Acompañando la labor educativa de las familias, la escuela transmite valores sólidos para ayudar a edificar a los hombres y mujeres del futuro que tendrán la responsabilidad de gestionar el mundo. Coincidiendo con la llegada del nuevo curso, sería bueno que fuéramos capaces de dibujar y pensar en una casa enorme, la casa común, en la que cabemos todos, y transmitir a los niños y niñas la alegría de vivir en esta casa preciosa, pero que dejará de serlo, si no la respetamos y no la cuidamos, si no descubrimos que somos hermanos unos de otros y que la Tierra es un ser vivo.

Desde hace ocho años, el primer día de septiembre la familia cristiana celebra la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, con la que comienza el Tiempo de la Creación, que finalizará el 4 de octubre con la celebración de la memoria de san Francisco de Asís, proclamado patrón de la ecología por san Juan Pablo II en 1979.

Este Tiempo de la Creación quiere ayudarnos, más que nunca, a tomar conciencia del planeta en el que vivimos y de nuestro entorno. Deberíamos reflexionar seriamente sobre nuestra relación con la creación, comprometiéndonos a tener el debido y necesario cuidado. El lema de este año para esta jornada es claro: «Escucha la voz de la creación». La creación sufre y es urgente que escuchemos su clamor. Ante este clamor e intentos de debate sobre la crisis ecológica, a menudo se promueve un silencio que debería preocuparnos. Cada vez más, la diversidad es menos diversa. Y muchas voces de científicos y expertos permanecen silenciadas.

El papa Francisco, en el 2015, en su carta encíclica Laudato si’, hacía un diagnóstico que sigue vigente: «Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar.» (LS 22).

Ante la emergencia ecológica que afecta a la vida humana y a la paz de los pueblos, nuestro comportamiento es fundamental. Si actuamos como una familia, podemos conseguir un impacto real. Cada acción individual no es una acción aislada. Para bien o para mal tiene consecuencias para todos, porque en nuestra casa común todo está conectado.

Queridos hermanos y hermanas, participemos en este Tiempo de la Creación con iniciativas de oración, proyectos de sostenibilidad y equilibrio natural. Hagamos que nuestros niños crezcan amando la creación, la casa común, donde juegan, donde aprenden y donde se relacionan, porque de todos depende que esta casa se derrumbe o se preserve para las generaciones futuras. Os animo a escuchar y hacer escuchar con atención la voz de la Creación.

La Asunción de María

«María creyó en el Señor, lo acogió, le fue fiel y le sirvió con alegría»

La Asunción de María

«María nos enseña que nosotros también seremos felices si, pese a nuestras incoherencias, creemos en Jesús desde el fondo de nuestro corazón. Conocer a Jesús es lo mejor que nos puede pasar en la vida»

«El Magnificat es el canto que reza la Iglesia cada día en la liturgia de las vísperas. Es una oración de gran realismo. En ella se reconoce que en el mundo hay situaciones injustas, con opresores y oprimidos. Sin embargo, la Virgen no pierde la esperanza y sigue confiando en Dios»

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Este lunes, solemnidad de la Asunción de María, la Iglesia celebra que la Virgen, después de haber seguido a Cristo con fidelidad durante toda su vida, entró en la casa del Padre. Esta festividad nos recuerda que también nosotros, algún día, viviremos en plena comunión con Dios eternamente. Y es que, como dice el papa Francisco, en el umbral del cielo hay una madre que nos espera (cf. Angelus, 15 de agosto de 2019).

El evangelista Lucas nos dice que María, después de haber creído en la promesa del Señor de que iba a dar a luz a Jesús, atravesó las montañas de Judea para ayudar a su prima Isabel, la cual también estaba embarazada. Cuando Dios se presenta en nuestra vida y dejamos que entre en nuestro interior, nuestra vida cambia por completo. El amor de Dios hace que, como María, superemos montañas de dificultades y nos pongamos al servicio de los demás.

Cuando Isabel ve que María entra en su casa, se pregunta quién es ella para recibir a la madre del Señor (cf. Lc 1,43). Isabel se siente pequeña ante Dios. Su actitud nos enseña a acoger a Dios con humildad y confianza, a poner en sus manos todos nuestros problemas. Nos lo dice bellamente la Sagrada Escritura: «Descarga tu preocupación en el Señor y él te sostendrá» (Sal 54,23).

En toda la escena María e Isabel están llenas de alegría. Mientras hablan, el niño que Isabel lleva en sus entrañas salta de alegría en su interior. Al final de la conversación, Isabel le dice a María: Feliz tú que has creído (cf. Lc 1,45). María nos enseña que nosotros también seremos felices si, pese a nuestras incoherencias, creemos en Jesús desde el fondo de nuestro corazón. Conocer a Jesús es lo mejor que nos puede pasar en la vida.

Después de esta escena, el evangelista Lucas nos muestra a María elevando a Dios una oración de gran belleza. Es el Magnificat. El Magnificat es el canto que reza la Iglesia cada día en la liturgia de las vísperas. Es una oración de gran realismo. En ella se reconoce que en el mundo hay situaciones injustas, con opresores y oprimidos. Sin embargo, la Virgen no pierde la esperanza y sigue confiando en Dios. En esta oración, María aparece como una verdadera madre, que camina y lucha con nosotros. Como dice el papa Francisco, María es un signo de esperanza para los pueblos que sufren injusticias (cf. Evangelii gaudium 286).

Queridos hermanos y hermanas, María creyó en el Señor, lo acogió, le fue fiel y le sirvió con alegría. Que ella nos enseñe a acoger con delicadeza al Señor que se acerca a nosotros de múltiples maneras en nuestro día a día y, de manera particular, en todos los crucificados de nuestro mundo. Sepamos, como ella, decirle «sí» a Dios con fe y esperanza.

† Cardenal Juan José Omella Omella

Ante la II Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores

Omella: «Las instituciones y centros que albergan a los ancianos están llamados a ser lugares de humanidad»

Pareja de abuelos
Pareja de abuelos

«Ellos tienen un papel importante en la vida y en el crecimiento del árbol familiar. En torno a ellos, se juntan sus hijos, sus nietos y, a veces, incluso sus bisnietos»

«Ante el auge de la cultura del descarte, a la cual se refiere a menudo el Santo Padre, es decir, una cultura que descarta, aparta o tira lo que no sirve, vemos con tristeza que los mayores son los que más riesgo tienen de ser descartados»

«Seamos generosos y dediquemos un poco de nuestro valioso tiempo a ellos. Seguro que recibiremos mucho más»

Por Cardenal Juan José Omella

Esta próxima semana celebraremos la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, según una tradición que arranca del siglo II. Es por este motivo que la Iglesia celebra este domingo la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores bajo el lema «En la vejez seguirán dando fruto» (Sal 92,15).

Por ello, me permitirán que estas líneas las dedique a nuestros abuelos, esas personas que llenan y enriquecen con su sabiduría y ternura tantos hogares y familias. ¡Qué relación tan especial la que se establece entre abuelos y nietos!

Abuelo con nieta
Abuelo con nieta Jana Sabeth

Ellos tienen un papel importante en la vida y en el crecimiento del árbol familiar. En torno a ellos, se juntan sus hijos, sus nietos y, a veces, incluso sus bisnietos. Ellos son el puente que nos conecta con el pasado, con la tradición familiar y, a su vez, nos ayudan a escribir las páginas de nuestra historia personal y comunitaria. Ellos hacen posible la alianza entre generaciones a la que se refiere a menudo el papa Francisco.

Valores que importan

En un mundo como el nuestro, donde se valora mucho la fuerza y la apariencia exterior, los mayores no se cansan de transmitirnos con sencillez, a su manera, muchos valores que realmente importan y que deberían estar muy presentes a lo largo de nuestra vida. Unos principios y valores que están grabados en el corazón de cada ser humano y garantizados por la Palabra de Dios (cf. Palabras del papa Francisco a la Asociación Nacional de Trabajadores Mayores. 15/10/2016)

Ante el auge de la cultura del descarte, a la cual se refiere a menudo el Santo Padre, es decir, una cultura que descarta, aparta o tira lo que no sirve, vemos con tristeza que los mayores son los que más riesgo tienen de ser descartados. En efecto, cuando nuestros mayores pierden autonomía y más nos necesitan, más crece el riesgo de que, poco a poco, sean considerados una carga y sean abandonados. Ante su debilidad no siempre los fortalecemos. Deberíamos ser capaces de hacerlo derrochando amor.

Abuelos
Abuelos

Muchos ancianos han encontrado un segundo hogar en residencias para gente mayor donde comparten su vida con otros ancianos. Las instituciones y centros que albergan a los ancianos están llamados a ser lugares de humanidad y de atención amorosa, donde los más débiles no sean olvidados ni desatendidos, sino cuidados, visitados, recordados y defendidos.

Amar a nuestros mayores dignifica nuestra propia memoria. ¡Qué bellas son las palabras de la Biblia con las que una joven viuda se dirige a su suegra cuando esta la invita a dejarla y rehacer su vida!: «No insistas en que regrese a mi tierra y te abandone. Iré adonde tú vayas, viviré donde tú vivas; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios; moriré donde tú mueras, y allí me enterrarán. Juro ante el Señor que solo la muerte podrá separarnos» (Rut 1,16).

Dedicarles un poco de tiempo

Una sociedad avanzada se distingue por cómo trata a sus abuelos y a sus jóvenes. Mientras los jóvenes son la vitalidad de un pueblo en camino, los ancianos refuerzan esta vitalidad con la memoria, la experiencia y la sabiduría. No hay mejor manera de mirarse al espejo como país que analizando la calidad de vida que dispensamos a nuestros jóvenes y a nuestros ancianos. Seamos generosos y dediquemos un poco de nuestro valioso tiempo a ellos. Seguro que recibiremos mucho más.

Queridos hermanos y hermanas, os deseo a todos una feliz fiesta de San Joaquín y Santa Ana. Felicidades, abuelos, y gracias por vuestra misión.

† Cardenal Juan José Omella Omella, Arzobispo de Barcelona

La «agenda» de Roma para la Iglesia española

Ad limina, Celaá, Concordato… la ‘agenda’ de Roma para la Iglesia española

Ad limina, Celaá, Concordato… la ‘agenda’ de Roma para la Iglesia española

Omella se encontrará con Bolaños la semana que viene, en un intento de consolidar la dinámica de diálogo planteada desde la Santa Sede¿Y cuál es esa agenda? Por fases, sin prisas, y apostando por «el bien común», como confesaba esta misma semana, desde la Ciudad Eterna, el propio cardenal Cañizares. Con varios ejes que preocupan, y mucho, en la Santa Sede. Desde los Acuerdos Iglesia-Estado (la voluntad de Roma es consensuar una reforma que los adecúe al siglo XXI, y hacerlo, si puede ser, durante el mandato de un Gobierno socialista, que negocia, y bien, con el estamento eclesial) a la ley de Libertad Religiosa, aspecto que preocupa, y mucho, en la CEE, dada la «evolución laicista» de la sociedad español

Por Jesús Bastante

La Santa Sede tiene un plan para España… mal que les pese a muchos obispos españoles. Un plan que se está trazando, y apuntando, durante la visita ad limina (este viernes ha concluido la segunda tanda, con la presencia de los cardenales Omella y Cañizares), y que tendrá continuidad en los próximos meses. Y es que Roma ya cuenta con su propia ‘agenda’ para la Iglesia de nuestro país.

¿Y cuál es esa agenda? Por fases, sin prisas, y apostando por «el bien común«, como confesaba esta misma semana, desde la Ciudad Eterna, el propio cardenal Cañizares. Con varios ejes que preocupan, y mucho, en la Santa Sede. Desde los Acuerdos Iglesia-Estado (la voluntad de Roma es consensuar una reforma que los adecúe al siglo XXI, y hacerlo, si puede ser, durante el mandato de un Gobierno socialista, que negocia, y bien, con el estamento eclesial) a la ley de Libertad Religiosa, aspecto que preocupa, y mucho, en la CEE, dada la «evolución laicista» de la sociedad española.

Los plazos, que aún no se han fijado (de hecho, todavía no ha habido comunicación oficial con el Gobierno) pasan por tres etapas: la primera, que se está produciendo, con las visitas de todos los obispos; la segunda, con la aceptación del plácet de la embajadora propuesta por el Ejecutivo, Isabel Celaá (vista con malos ojos por buena parte del Episcopado, para quien la ex ministra de Educación es poco menos que la responsable de los ‘ataques’ contra la enseñanza concertada y la clase de Religión con la reforma educativa que lleva su nombre); y solo después, se producirá una comunicación para comprobar si la propuesta lanzada por el PSOE en su último Congreso Federal (reformar de manera consensuada los acuerdos, no denunciarlos) sigue en pie.

Los procesos negociadores, en todo caso, aunque arranquen y culminen en Roma, tendrán su día a día en el diálogo con los responsables episcopales, con Omella a la cabeza. De hecho, Omella se encontrará con Bolaños la semana que viene, en un intento de consolidar la dinámica de diálogo planteada desde la Santa Sede.

En este punto, el papel que pueda tener el portavoz episcopal, Luis Argüello, dependerá en buena medida del futuro de la diócesis de Valladolid u otros destinos para el que postulan al auxiliar y que, de darse de inmediato, impedirían que continuara al frente de la Secretaría General de la CEE.

Fuentes consultadas por RD sostienen que lo que sí parece claro es que «el Vaticano, y el Papa Francisco, están muy bien informados de lo que sucede en España, y no sólo desde los cauces habituales”. Prueba de ello fue el encuentro, llevado a cabo hace un mes, entre Bergoglio y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, que “voluntariamente” se llevó a cabo antes de la visita ad limina.

Los obispos, como demostraron en rueda de prensa Omella, Cañizares y Planellas (y como antes lo hicieron los prelados de la primera tanda), salen de Roma contentos, confiados y con muchos deberes anotados. El primero, bajar el diapasón, aunque a más de uno (como se ha visto) le cueste. El segundo, afrontar de una vez por todas la renovación episcopal (aquí hay que reconocer que se están poniendo las pilas).

El tercero, dejar de poner paños calientes a la gestioón de los abusos sexuales  este mismo lunes, durante su tradicional discurso de comienzos de año al Cuerpo Diplomático, Bergoglio exigió «una firme voluntad de esclarecimiento» ante los «crímenes» de la pederastia clerical, “para hacer justicia a las víctimas y evitar que semejantes atrocidades se repitan en el futuro.

Y la Iglesia española, con la italiana, es la única que sigue sin anunciar una investigación general. La solución, dicen algunos, está en nombrar a un responsable específico para la gestión de los abusos, laico, con ‘mando en plaza’ y con la libertad suficiente para poder hablar en nombre de la Iglesia. ¿Se atreverán nuestros obispos? Deberían, aunque después pueda ocurrir lo mismo que a la ex portavoz del episcopado francés. Pero, y este es el cuarto deber: es la hora de los laicos. 

«El hermano universal»

Charles de Foucauld
Charles de Foucauld

«El día 15 de mayo será canonizado, junto con otros seis beatos, el sacerdote francés Carlos de Foucauld»

«Carlos de Foucauld nació en Estrasburgo en 1858. A los quince años sufrió una crisis personal que le alejó de la fe. Emprendió la carrera militar, tras la cual decidió explorar Marruecos, donde tuvo una experiencia vital»

«Gracias a su prima María, Carlos conoce al P. Huvelin, que será su acompañante espiritual y su mejor amigo. Bajo su guía, Carlos va discerniendo la manera de imitar más y mejor a Jesús»

«Se establació en el desierto del Sáhara y constituyó una fraternidad en 1901. Durante esos años en el desierto no hay ni un solo convertido. Pero no perdió la paz hasta su fatídica muerte por un disparo desafortunado»

«Su vida fue un signo de amor a Dios y a los hermanos. Ojalá hagamos nuestra la oración de este futuro santo: ¡Dios mío, haz que todos los seres humanos vayan al cielo!»

Por el Cardenal Juan José Omella

El pasado 9 de noviembre, la Congregación para las Causas de los Santos anunció una gran noticia para toda la Iglesia. El día 15 de mayo será canonizado, junto con otros seis beatos, el sacerdote francés Carlos de Foucauld.

Carlos de Foucauld nació en Estrasburgo en 1858. Sus padres fallecieron cuando tenía seis años. A partir de entonces, él y su hermana vivieron con sus abuelos maternos. Carlos siempre tuvo un gran cariño por su familia.

A los quince años sufrió una crisis personal que le alejó de la fe. Se sentía vacío y lleno de tristeza. Fue la época en que emprendió la carrera militar, tras la cual decidió explorar Marruecos, donde tuvo una experiencia vital. La soledad del desierto y el contacto con el islam y el judaísmo dejan en él una profunda huella. A su regreso a Francia (1886) recupera la vida familiar y no deja de rezar con esta oración: «Dios mío, si existes, haz que te conozca».

Dios se revela al beato a través del testimonio silencioso de su prima María, una mujer humilde, bondadosa y llena de fe, un alma hermosa como la llamará Carlos. Gracias a ella, Carlos conoce al P. Huvelin que será su acompañante espiritual y su mejor amigo.

Bajo su guía, Carlos va discerniendo la manera de imitar más y mejor a Jesús. Con un peregrinaje a Tierra Santa durante la Navidad de 1888, Carlos inicia un camino precioso de discernimiento que dura toda su vida. Profundamente unido al Señor en la adoración eucarística, la vida de Carlos pasa por diversas etapas, de las que destaco algunas.

Tras tres años de vida laical en Francia entra como monje trapense en Siria (1890). Allí surgen los primeros deseos de fundar una congregación religiosa (1893). En 1897 deja el monasterio trapense y se va a vivir como mandadero de las clarisas de Nazaret. Años después (1900) se desplaza a Francia para recibir la ordenación sacerdotal. Seguidamente, se va al desierto del Sahara (1901), donde se establece con el deseo de fundar una fraternidad de hermanitos y hermanitas del corazón de Jesús.

«La soledad del desierto y el contacto con el islam y el judaísmo dejan en él una profunda huella. A su regreso a Francia (1886) recupera la vida familiar y no deja de rezar con esta oración: ‘Dios mío, si existes, haz que te conozca'»

La fraternidad se constituye, pero no aparecen los hermanitos. Durante esos años en el desierto no hay ni un solo convertido. Pero Carlos no pierde la paz, sino que sigue profundamente unido al Señor hasta su fatídica muerte por un disparo desafortunado de un joven durante un saqueo el 1 de diciembre de 1916.

Su vida fue un signo de amor a Dios y a los hermanos. Con razón decía de sí mismo que era un «hermano universal». Él nos dice que toda nuestra vida debe gritar que somos de Jesús; todo nuestro ser debe ser una predicación viva, una imagen de Jesús. Una imagen que, en el caso de Carlos, se fue esculpiendo gracias a la meditación de la Palabra, la recepción de la Eucaristía y las largas horas de oración personal ante el Santísimo Sacramento.

Carlos de Foucauld fue al desierto movido por Dios. Y es allí donde Dios le habla al corazón (cf. Os 2,16). También hoy Dios quiere hablarnos en medio del desierto de nuestras vidas. No tengamos miedo de abrirle las puertas. Sepamos encontrar cada día un momento para hablar con Él.

Queridos hermanos y hermanas, ojalá hagamos nuestra la oración de este futuro santo: ¡Dios mío, haz que todos los seres humanos vayan al cielo!

La precariedad laboral

Omella, contra la precariedad laboral: «¿Es éste el mundo que queremos?»

Precariedad
Precariedad

Según el informe de Cáritas, el empeoramiento de las condiciones de trabajo durante esta crisis ha generado «más trabajadores pobres y trabajadores más pobres y menos realizados personal y socialmente”. Es la realidad de cada día: personas que trabajan todo el día, pero que no pueden salir de la pobreza

Además, el aumento de la desigualdad se ha agudizado en los últimos dos años

Por Jesús Bastante

«Tener trabajo y ser pobre al mismo tiempo». Esta es la realidad en la que viven, según el último informe Foessa, el 15% de los trabajadores en España. Y esta ha sido la reflexión del cardenal de Barcelona y presidente de la CEE, Juan José Omella, a través de las redes sociales. 

Y es que, según el informe de Cáritas, el empeoramiento de las condiciones de trabajo durante esta crisis ha generado «más trabajadores pobres y trabajadores más pobres y menos realizados personal y socialmente”. Es la realidad de cada día: personas que trabajan todo el día, pero que no pueden salir de la pobreza. Además, el aumento de la desigualdad se ha agudizado en los últimos dos años. 

TRabajo precario
Trabajo precario

Y es que la diferencia entre la población con más o menos ingresos ha aumentado más de un 25%. Los ricos, como vemos, cada vez son más ricos. Los pobres, cada vez más pobres. Y el acceso al mercado laboral, lamentablemente, no soluciona el problema. ¿Logrará frenar la reforma laboral la precariedad en el mundo del empleo?

«Imaginemos la situación de los que no tienen ni trabajo», reflexiona Omella, quien concluye con una pregunta: «¿Es éste el mundo que queremos?».

La primera bienaventurada

«Es muy significativo que la primera bienaventuranza que aparece en el Evangelio dehoy sea precisamente un elogio a la fe de la Madre de Dios»

«San Juan Pablo II propuso una profunda meditación sobre la fe de María en la encíclica que le dedicó, titulada Redemptoris Mater»

«María es elogiada por su fe y lo es precisamente por su actitud en el momento en que le es revelada su misión»

«‘¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?’ (Lc 1,43). Esta expresión de humildad de Isabel, creo que debería ser también la de los creyentes en nuestro país

«Queridos hermanos y hermanas, los obispos auxiliares Sergi, Antoni y Javier, y un servidor, os deseamos una feliz y santa Navidad»

17.12.2021

En este cuarto domingo de Adviento, ya a las puertas de la Navidad, la liturgia es prácticamente una fiesta mariana. La fiesta llega en las palabras de Isabel a María: «Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1,45a). Es muy significativo que la primera bienaventuranza que aparece en el Evangelio de hoy sea precisamente un elogio a la fe de la Madre de Dios.

San Juan Pablo II propuso una profunda meditación sobre la fe de María en la encíclica que le dedicó, titulada Redemptoris Mater, «la Madre del Redentor», publicada en 1987, en la solemnidad de la Anunciación del Señor.

María es elogiada por su fe y lo es precisamente por su actitud en el momento en que le es revelada su misión. Así, María respondió a Dios «[…] con todo su “yo” humano, femenino, y en esa respuesta de fe estaban contenidas una cooperación perfecta con “la gracia de Dios” […], y una disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu Santo, que “perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones”» (RM 13). Acogiendo el mensaje del ángel, María se convertirá en «la Madre del Señor» y en ella se realizará el misterio divino de la Encarnación del Hijo de Dios.

San Juan Pablo II comparaba la fe de María con la fe de Abraham, llamado justamente «nuestro padre en la fe»: «En la economía salvífica de la revelación divina, la fe de Abraham constituye el comienzo de la Antigua Alianza; la fe de María en la Anunciación da comienzo a la Nueva Alianza» (RM 14).

El Santo Padre dedicaba toda la segunda parte de su carta a la Virgen María, presente en el centro de la Iglesia peregrina. Nos decía: «Precisamente en este camino —peregrinación eclesial— a través del espacio y del tiempo, y más aún a través de la historia de las almas, María está presente, como la que es “feliz porque ha creído”, como la que avanzaba “en la peregrinación de la fe”, participando como ninguna otra criatura en el misterio de Cristo.» (RM 25)

La Asunción de María
La Asunción de María

«¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lc 1,43). Esta expresión de humildad de Isabel, creo que debería ser también la de los creyentes en nuestro país. También nosotros hemos sido visitados por Santa María a lo largo de los tiempos, la tenemos muy cerca de nosotros. La veneramos con muchas advocaciones en numerosos santuarios, iglesias y ermitas. En la pasada solemnidad de la Inmaculada Concepción, pudimos constatar un signo actual de la presencia de María en nuestra tierra con la inauguración de la torre-cimborrio de la Virgen en la basílica de la Sagrada Familia, preludio de la esperada culminación de la torre-cimborrio dedicada a Jesucristo, prevista para 2026. María siempre nos lleva a Jesús

María, faro de afecto y de ternura

 

«La Inmaculada». Murillo

 «Hoy también pido a Dios que, por intercesión de Santa María, nos conceda el don de vivir unidos a él, de modo que también nosotros podamos ser, como María, una luz en la oscuridad para tantos hermanos nuestros que deambulan por el mundo sin conocer el verdadero rostro de Jesucristo» 

 | Cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona *y presidente de la CEE 

En pleno tiempo de Adviento, el próximo miércoles día 8 de diciembre celebraremos la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Mientras caminamos hacia la Navidad, en la proximidad de la fiesta de la Virgen María, quisiera hablaros de María, nuestra Madre y Madre de la Iglesia. 

Los valores que encarna Santa María son más vigentes y actuales que nunca. El Evangelio según san Lucas se refiere a ella como la «llena de gracia» (Lc 1,28). Desde el momento de su concepción, María se convirtió en una elegida por Dios. Gracias a la voluntad del Señor, María se convirtió en la «más santa», la «más bella» y la «más humilde», y quedó preservada de pecado original, por lo que la Iglesia la reconoce y venera como la Inmaculada Concepción

El mismo día en que la Iglesia universal celebrará esta solemnidad, en la Archidiócesis de Barcelona se vivirá un momento muy esperado por todos. Después de años de trabajo, se culminará la construcción de la torre de la Virgen. El arquitecto Antoni Gaudí imaginó el ábside del templo de la Sagrada Familia coronado por un cimborrio dedicado a la Virgen María, Turris Davidica, que, además, pretendía que acabara con una estrella. Esta torre dedicada a María, de 138 metros de altura, será la segunda más alta del conjunto de la basílica y estará coronada por la estrella de María, que será una luz en medio de la noche en la ciudad de Barcelona. 

María nos conduce a la fuente de la vida y del amor, y también es un referente de bondad y ternura, cariño y alegría. María es la «Madre del Evangelio viviente» (EG 287) y, por eso, le pido su intercesión por las personas más vulnerables, por los enfermos, por los afectados por la pandemia de la Covid-19, por las personas mayores y, especialmente, por los jóvenes que ven cómo su realidad es cada día más compleja e inestable. 

Este miércoles, a las seis de la tarde, os animo a seguir a través de los medios de comunicación* la ceremonia que con motivo de la solemnidad de la Inmaculada Concepción tendrá lugar en la basílica de la Sagrada Familia. Juntos celebraremos la Santa Misa, bendeciremos la nueva torre del templo expiatorio y encenderemos por primera vez la estrella de María que la corona. 

Hagamos nuestra la invitación de san Bernardo: «Mira la Estrella, invoca a María». Que Santa María, estrella luminosa, vele por nosotros. Que la luz y el faro que representa esta torre nos anime a construir un mundo más humano y fraterno, un mundo que nos permita estar cerca de quienes más sufren, para que encuentren en el consuelo del Evangelio de Jesucristo, la paz y la serenidad que necesitan. 

Hoy también pido a Dios que, por intercesión de Santa María, nos conceda el don de vivir unidos a él, de modo que también nosotros podamos ser, como María, una luz en la oscuridad para tantos hermanos nuestros que deambulan por el mundo sin conocer el verdadero rostro de Jesucristo y para que puedan descubrir el profundo gozo que nace del encuentro con él, de darle el mando de nuestras vidas, de dejar que él sea nuestro Rey y Seño

Omella presenta en Roma: «Francisco pastor y teólogo»

Omella: «Francisco va con la gente, compartiendo la vida del pueblo (…), y va detrás recogiendo a los más pobres y a los más sencillos» 

Omella y Tornielli presentan el libro sobre Francisco 

«Una verdadera teología solo especulativa, para razonar si los ángeles tienen sexo o no tienen sexo, si no sé qué, no sé cuántas, yo creo que eso no es, es como dar una visión a la vida de cada día, a los problemas de nuestra vida, darle una visión de fe y ver y descubrir como el Señor va construyendo con nosotros, caminando con nosotros, un nuevo mundo, un mundo de esperanza» 

«La gran teología, o los grandes ejes de la teología del Papa Francisco que se encarnan realmente en la pastoral, porque es esa nuestra misión pastoral desde el Evangelio y desde la reflexión teológica, es comunión entre todos, participación de todos hacia la misión» 

«Yo le tengo miedo a una teología que es solo especulativa y le tengo miedo a una pastoral que solo es acción y no es reflexión y no es visión en profundidad y que nace desde la oración» 

«Francisco es un pastor que ama, que acompaña, que va adelante diciendo por dónde hay que ir, pero que no impone, que va con la gente compartiendo la vida del pueblo, que es capaz de ir en el autobús, en el tranvía, en el metro, y que va detrás recogiendo a los más pobres y a los más sencillos, yo creo que a ese pastor la gente lo sigue y le entiende porque es el lenguaje del amor» 

22.09.2021 | Renato Martínez 

(Vatican News).- “Creo que ese Congreso es un pasito más en esa comprensión de una pastoral con más sentido de esperanza, de confianza en el ser humano y de confianza en Dios para transformar un mundo nuevo. Desde lo que el Papa había publicado de alguna manera se visibiliza en la Fratelli tutti, que viene posteriormente y que nos abre a esa fraternidad y ese amor a la creación. Creo que las dos cosas, el amor al ser humano y el amor a la creación, lo complementan en todo”, lo dijo el Cardenal Juan José Omella y Omella, Arzobispo Metropolitano de Barcelona, España, durante la presentación del Libro “Francisco, pastor y teólogo”, fruto del Congreso Internacional sobre el aporte del Papa Francisco a la teología y a la pastoral de la Iglesia, realizado en el Ateneo Universitario Sant Pacià de Barcelona, del 12 al 14 de noviembre de 2019. 

Una visión de fe para construir esperanza 

La presentación del volumen, publicado por la Librería Editrice Vaticana (LEV), se realizó en la Sala Marconi de Palacio Pío, sede de Radio Vaticano y Vatican News y estuvo moderado por Andrea Tornielli, Director Editorial del Dicasterio para la Comunicación. Además, nuestro colega de la Redacción central de Vatican News, el Padre Felipe Herrera, dialogando con el Cardenal Omella resaltó el impulso que el Papa Francisco le ha dado a la pastoral de toda la Iglesia, una acción misionera que tiene una raíz teológica muy importante. 

R.- Yo creo que, él nos enseña abrir los ojos y a mirar en profundidad la realidad del mundo, es decir, el teólogo, es el que de alguna manera se pone las gafas de la fe, para ver lo que estamos viviendo, qué profundidad tiene y como nos ayuda a descubrir la presencia del Dios que camina con el hombre, eso es la teología. Porque una verdadera teología solo especulativa, para razonar si los ángeles tienen sexo o no tienen sexo, si no sé qué, no sé cuántas, yo creo que eso no es, es como dar una visión a la vida de cada día, a los problemas de nuestra vida, darle una visión de fe y ver y descubrir como el Señor va construyendo con nosotros, caminando con nosotros, un nuevo mundo, un mundo de esperanza. 

¿Podríamos decir que esto también es un fruto del Concilio Vaticano, que llama también a una teología más de la encarnación, de poder llevar a las situaciones concretas el mensaje de Jesucristo y aplicarlo para iluminar la realidad contemporánea? 

R.- Es evidente. Por una parte, el documento del Concilio, la Gaudium et Spes, nos hace descubrir esa mirada positiva del mundo. La creación que Dios lo ha puesto para que nosotros gocemos, trabajemos y la transformemos para que gocemos mejor. Esa mirada positiva nos ayuda a mirar de otra manera al mundo y a comprometernos en el mundo desde otra actitud, siempre desde la fe, todo compromiso humano que no nos lleva a descubrir a Dios encarnado que camina con la humanidad. Porque en el fondo es el Evangelio que nos dice: “id al mundo entero y yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Pues, ese ir al mundo entero, para transformar el mundo, pero sabiendo que el Señor camina con nosotros, está presente y está encarnado en este mundo, descubrirlo y caminar con Él. 

Hay personas que ha puesto una dialéctica entre teología y pastoral, diciendo que el Papa es mas pastor que teólogo, sin embargo, a través de su pontificado el Papa Francisco se ha revelado también como un teólogo. ¿Cuáles son aquellos puntos de la teología del Papa Francisco que podemos decir se revelan más propiamente en su aproximación pastoral? 

R.- Bueno son muchísimos, pero por no alargarme, porque esto no es una charla, verdad. Creo que lo tenemos en la convocatoria del Sínodo qué nos ha hecho a toda la Iglesia, qué es misterio de comunión en la Iglesia, en tensión misionera como decía Juan Pablo II, es misión, participación de todos, seglares, religiosos, sacerdotes, no solo de los grandes especialistas de la Universidad o de los sacerdotes, sino de todos. ¿Y para qué? Para la misión de evangelizar. Yo creo que ahí está la gran teología, o los grandes ejes de la teología del Papa Francisco que se encarnan realmente en la pastoral, porque es esa nuestra misión pastoral desde el Evangelio y desde la reflexión teológica, es comunión entre todos, participación de todos hacia la misión. 

Una de las palabras más destacadas por el Papa Francisco, usada constantemente, es la del “pueblo”, sabemos de la teología del pueblo, ¿Cómo entonces el pueblo puede usufructuar de la gracia de Dios, podemos decir, también ponerse al servicio de los demás como sujeto activo, como pueblo en si? 

R.- Mira, yo solo le voy a decir unas palabras del Evangelio, con la cual volvemos a la base de toda la teología y de toda pastoral. Jesús en el Evangelio de San Mateo, cuándo aparece como el evangelizador y les dice: si en Tiro y en Sidón, si hubiesen hecho los milagros que se han hecho aquí, he estado evangelizando y no habéis creído a los milagros, cuando hacía milagros decían que lo hacían en poder del Belcebú, que hace Jesús, hace una oración al Padre desde el pueblo “y yo te doy gracias Señor del cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. En la gente sencilla aparece la teología, cuándo se abre uno al misterio de Dios, cuando vive desde Dios y cuando vive en contacto con Dios va descubriendo toda la teología, va descubriendo toda la presencia de Dios, va descubriendo toda la acción de Dios en el mundo, que eso en el fondo es la teología y eso es la pastoral, con lo cual ahí tenemos la unión de las dos vertientes que son teología y pastoral. Yo le tengo miedo a una teología que es solo especulativa y le tengo miedo a una pastoral que solo es acción y no es reflexión y no es visión en profundidad y que nace desde la oración. Yo creo que las dos cosas tienen que ir absolutamente unidas y eso el Papa nos lo enseña y yo lo descubro en esa actitud de Jesús en el Evangelio. 

Usted ha dicho que este Papa habla a todos, en este sentido, ¿Cómo habla a la sociedad secularizada? ¿Cómo se declina este binomio entre teología y pastoral? 

R.- Yo creo que la manera más bonita que nos está enseñando el Papa es el lenguaje del amor y del amor a lo más pequeño, a lo más excluido y lo más abandonado de nuestra sociedad y eso lo entiende todo el mundo, eso lo tiene todo el mundo. Yo recuerdo un día en Madrid un taxista que me llevaba desde la estación hasta la Conferencia Episcopal, yo no era todavía Cardenal, pero me acuerdo que se volvió era un hombre con el pelo totalmente rapado una barba muy prolongada y muchos anillos en las orejas, yo decía este señor, quién será y se me vuelve y me dice: hoy quiero darle las gracias por el Papa que han elegido. Digo pues, mire usted dígaselo a quién lo ha elegido, qué son los Cardenales porque yo no soy Cardenal. Pero me da igual usted es sacerdote, pues déjeme felicitarle porque este Papa me ha hecho reconciliar con la Iglesia. Ahí entendí todo, un pastor que ama, que acompaña, que va adelante diciendo por dónde hay que ir, pero que no impone, que va con la gente compartiendo la vida del pueblo, que es capaz de ir en el autobús, en el tranvía, en el metro, y que va detrás recogiendo a los más pobres y a los más sencillos, yo creo que a ese pastor la gente lo sigue y le entiende porque es el lenguaje del amor. 

Desde el 2019, ¿cómo se ha declinado esta relación entre teología y pastoral durante estos dos últimos años y durante la pandemia? 

R.- Si, son preguntas de gente muy técnica, esto es como el Evangelio. ¿Cómo se ha aplicado el Evangelio, cómo se ha practicado a lo largo de los siglos? Pues mire usted, eso cada uno lo tiene que ver. Yo creo que eso es cómo sembrar una semilla que cada uno va recogiendo y poquito a poco uno va dando fruto según eso va entrando dentro de su corazón, lo reflexiona como la Virgen María, lo va rumiando llevándolo en el corazón y le va cambiando las actitudes. Luego, lo veremos eso en resultados más tarde, en este momento, yo creo que nos ha abierto de alguna manera el corazón a una actitud más positiva hacia el Papa, a algunos no les gusta su manera de actuar, probablemente, pero a una gran mayoría si. Yo creo que este es el secreto, ese ir como esa gotita de agua que va cayendo y va dando fruto lentamente, porque las cosas de Dios van lentas