APRENDIENDO A REZAR

Written by José Luis Sicre

El domingo pasado, el evangelio nos animaba a escuchar a Jesús, como María. Hoy nos anima a hablarle a Dios. Ante una persona importante es fácil quedarse sin palabras, no saber qué decir. Mucho más ante Dios. Quizá por eso, los discípulos no rezan. Pero les suscita curiosidad ver a Jesús rezando. ¿Qué dice? ¿Por qué no les enseña a hablarle a Dios? Este será el tema del evangelio. La primera lectura ofrece un tipo de oración muy curioso: la intercesión a través del regateo.

Primera lectura: Un regateo inútil (Génesis 18, 20-32)

Titulo este episodio “Un regateo inútil” porque, en definitiva, no sirve de nada. Sodoma y Gomorra desaparecen irremisiblemente porque no se encuentran en ella ni siquiera diez personas inocentes.

En realidad, el mensaje fundamental de este episodio no es la oración de intercesión sino la dificultad de compaginar las desgracias que ocurren en la historia con la justicia y la bondad de Dios. Este tema preocupó enormemente a los teólogos de Israel, sobre todo después de la dura experiencia de la destrucción de Jerusalén y del destierro a Babilonia en el siglo VI a.C.

En una religión monoteísta, como la de Israel, el problema del mal y de la justicia divina se vuelve especialmente agudo. No se le puede echar la culpa a ningún dios malo, o a un dios secundario. Todo, la vida y la muerte, la bendición y la maldición, dependen directamente del Señor. Cuando ocurre una desgracia tan terrible como la conquista de Jerusalén y la deportación, ¿dónde queda la justicia divina?

El autor de este pasaje del Génesis lo tiene claro: la culpa no es de Dios, que está dispuesto a perdonar a todos si encuentra un número mínimo de inocentes. La culpa es de la ausencia total de inocentes.

El lector moderno no está de acuerdo con esta mentalidad. Tiene otros recursos para evitar el problema. El más frecuente, no pensar en él. Si piensa, decide que Dios no es el responsable de invasiones, destrucciones y deportaciones. De eso nos encargamos los hombres, que sabemos hacerlo muy bien. Con este planteamiento salvamos la bondad y la justicia divina. Los antiguos teólogos judíos veían la acción de Dios de forma más misteriosa y profunda. No eran tan tontos como a veces pensamos.

Evangelio: la oración modelo y la importancia de insistir (Lucas 11,1-13)

El evangelio recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano, la que distingue a sus discípulos, y la importancia de ser insistentes y pesados en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios?

Demasiada materia para un solo domingo. Comentaré los dos temas por separado.

Aprendiendo a rezar (Lucas 11, 1-4)

Nota previa: En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”. La liturgia traduce “nuestro pan del mañana”; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día”, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas (to.n a;rton h`mw/n to.n evpiou,sion). Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

Comunitaria. “Padre nuestro«, danos, perdónanos, etc.

En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

El ejemplo del amigo importuno

En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

La Buena Noticia del Dgo 17º-C

Pedid y se os dará…

Quien pide, está recibiendo…

Lectura de la Palabra

LUCAS 11, 1-13

1 Una vez estaba él orando en cierto lugar; al terminar, uno de sus discípulos le pidió:

– Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

2 Él les dijo:

– Cuando oréis, decid: «Padre, proclámese ese nombre tuyo, llegue tu reinado; 3 nuestro pan del mañana dánoslo cada día 4 y perdónanos nuestros pecados, que también nosotros perdonamos a todo deudor nuestro, y no nos dejes ceder a la tentación».

5 Y añadió:

– Suponed que uno de vosotros tiene un amigo, y que llega a mitad de la noche diciendo: «Amigo, préstame tres panes, 6 que un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle». 7 Y que, desde dentro, el otro le responde: «Déjame en paz; la puerta está ya cerrada, los niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme a dártelos». 8 Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser amigo suyo; al menos por su impertinencia se levantará a darle lo que necesita.

9 Por mi parte, os digo yo: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán; 10 porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren.

11 ¿Quién de vosotros que sea padre, si su hijo le pide pescado, en vez de pescado le va a ofrecer una culebra? 12 O, si le pide un huevo, ¿le va a ofrecer un alacrán? 13 Pues si vosotros, aun si sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden!

NECESITAMOS ORAR

Quizá la tragedia más grave del hombre de hoy sea su incapacidad creciente para la oración. Se nos está olvidando lo que es orar. Las nuevas generaciones abandonan las prácticas de piedad y las fórmulas de oración que han alimentado la fe de sus padres. Hemos reducido el tiempo dedicado a la oración y a la reflexión interior. A veces la excluimos prácticamente de nuestra vida.

Pero no es esto lo más grave. Parece que las personas están perdiendo capacidad de silencio interior. Ya no son capaces de encontrarse con el fondo de su ser. Distraídas por mil sensaciones, embotadas interiormente, encadenadas a un ritmo de vida agobiante, están abandonando la actitud orante ante Dios.

Por otra parte, en una sociedad en la que se acepta como criterio primero y casi único la eficacia, el rendimiento o la utilidad inmediata, la oración queda devaluada como algo inútil. Fácilmente se afirma que lo importante es «la vida», como si la oración perteneciera al mundo de «la muerte».

Sin embargo necesitamos orar. No es posible vivir con vigor la fe cristiana ni la vocación humana infra alimentados interiormente. Tarde o temprano la persona experimenta la insatisfacción que produce en el corazón humano el vacío interior, la trivialidad de lo cotidiano, el aburrimiento de la vida o la incomunicación con el Misterio.

Necesitamos orar para encontrar silencio, serenidad y descanso que nos permitan sostener el ritmo de nuestro quehacer diario. Necesitamos orar para vivir en actitud lúcida y vigilante en medio de una sociedad superficial y deshumanizadora.

Necesitamos orar para enfrentarnos a nuestra propia verdad y ser capaces de una autocrítica personal sincera. Necesitamos orar para irnos liberando de lo que nos impide ser más humanos. Necesitamos orar para vivir ante Dios en actitud más festiva, agradecida y creadora.

Felices los que también en nuestros días son capaces de experimentar en lo profundo de su ser la verdad de las palabras de Jesús: «Quien pide está recibiendo, quien busca está hallando y al que llama se le está abriendo».

José Antonio Pagola

La paradoja de Lucas

col otalora

Lucas es el evangelista considerado más social. Vivió en la marginalidad respecto a los centros de poder, conscientemente asumida, donde su comunidad trata de convertirse en Buena Noticia para que la evangelización llegue a ser socialmente relevante a través de la proclamación de la Palabra y con el ejemplo.

La preocupación lucana se centra en exhortar al uso adecuado de las riquezas. Su Evangelio es el que más habla de los pobres, aunque se dirige especialmente a los ricos y a un uso evangélico de las riquezas. En este contexto, propone también el ideal de compartir los bienes. Concretamente, en los Hechos de los Apóstoles nos dice: En la comunidad se vivía el servicio, no había pobres porque los que tenían bienes los ponían en común, y cada uno recibía según su necesidad.

Sin embargo, resulta paradójico que Lucas, que es, si se me permite la expresión, el evangelista más “social” de los cuatro, sea el que a la vez muestra un interés especial en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, como algo que debemos entender dirigido  también a cada uno de nosotros: en su bautismo (Lc 3, 21); en la elección de los Doce (Lc 6, 12); antes de forzar la elección en sus discípulos (Lc 9,18); en la transfiguración (Lc 9, 28); en la oración espontánea de alabanza (Lc 10, 21), cuando les enseña la oración de relación filial con el Padre (Lc 11) y por supuesto, antes del prendimiento y en su pasión y su muerte (Lc 22,32-41; 23,46).

Jesús acudía a la sinagoga como un judío cumplidor más, pero dedicaba muchos más ratos de oración. Nos dice Lucas Jesús se retiraba con frecuencia a lugares solitarios a orar (Lc 5, 16), incluso apartándose de la gente o aprovechando la madrugada para ir a un descampado a buscar esa relación íntima con el Padre que llamamos oración. Este era su alimento principal.

Es cierto que una fe sin obras es una fe muerta, pero la oración es esencial para vivir el ejemplo de Cristo. Y esto lo hemos arrinconado. La actitud que mostramos, el cómo hacemos es esencial y para eso necesitamos luz y fuerza. Pero se nos ha olvidado rezar y estar atentos a la escucha; no nos parece importante o nos parece difícil y por eso le dedicamos en todo caso un tiempo accesorio, como si evangelizar fuese obra nuestra, y no el plan de Dios. No es así como actuó Jesús, como narran los cuatro evangelios, especialmente el texto lucano, tan orientado a lo que hoy llamaríamos justicia social.

La oración cristiana es relación con el Padre, y eso hay que alimentarlo si queremos dar fruto en humildad, en la escucha mutua, la comprensión y el diálogo, ahora en la clave sinodal del Papa. Por eso es necesario orar siempre y no únicamente cuando estamos en una situación apurada.

Tomemos el ejemplo de la santa Teresa de Calcuta,  incansable cada día con el sari blanco y sus listas azules, que pasaba por lo menos tres horas al día en oración. Esto suponía para ella el motor de toda su labor activa. Cuenta un periodista que le entrevistó que, ante la cantidad de necesitados que se agolpaban en su centro, él no entendía que esta mujer dedicara tanto tiempo a rezar, cada día. La respuesta de la Madre Teresa fue muy concreta: Sin oración yo no podría trabajar ni media hora. La fuerza que tengo, Dios me la da a través de la oración… Y añadía: “Lo más importante que puede hacer un ser humano es rezar”.

¿Y cómo rezar? Teresa responde: “Siempre empiezo a rezar en silencio, porque es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio: necesitamos escuchar a Dios porque lo que importa no es lo que nosotros le decimos sino lo que Él nos dice y nos transmite”.

Me parece que estamos ante nuestra principal asignatura pendiente, que no es otra que la desvalorización de la oración fiándolo todo a la acción. La paradoja de Lucas es la misma que encontramos en Teresa de Calcuta… en Teresa de Jesús, en Ignacio de Loyola, y en tantos más. Y el Papa no hace más que repetir la importancia de la oración…

«Perdónanos la guerra, Señor»

La oración con la que el Papa busca silenciar las bombas en Ucrania: “Perdónanos la guerra, Señor”

Escrita por el arzobispo de Nápoles, Mimmo Bataglia, el Pontífice la leyó ayer en la audiencia general y la ha compartido en Twitter

Guerra en Ucrania

Desde que hace tres semanas se iniciara la invasión de Ucrania por Rusia, el papa Francisco no ha cesado de clamar con todas sus fuerzas contra la guerra. Han sido muchos los mensajes, de distinto tipo, con los que ha buscado tocar los corazones de quienes empuñan las armas y dejan a su paso un rastro de muerte y destrucción. Pero, con diferencia, el más poético fue el que leyó ayer en la audiencia general. Una oración escrita por el arzobispo de Nápoles, Mimmo Bataglia, y que además el Pontífice ha compartido en su perfil de Twitter.


Escrita a modo de poesía, la plegaria se inicia así: “Perdónanos la guerra, Señor ./ Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros, pecadores. / Señor Jesús, nacido bajo las bombas de Kiev, ten piedad de nosotros. / Señor Jesús, muerto en los brazos de su madre en un búnker en Kharkiv, ten piedad de nosotros. / Señor Jesús, enviado al frente con veinte años, ten piedad. / Señor Jesús, que todavía ves manos armadas a la sombra de tu cruz, ten piedad de nosotros”.

Desgarro del alma

Tras este desgarro del alma, que abraza la cruda realidad que hoy se vive en Ucrania, la oración continúa reclamando el perdón de Dios: “Perdónanos, Señor, si, no contentos con los clavos con los que atravesamos tus manos, seguimos bebiendo la sangre de los muertos desgarrados por las armas. / Perdónanos si estas manos que creaste para custodiar se han convertido en instrumentos de muerte. / Perdónanos, Señor, si seguimos matando a nuestro hermano. / Perdónanos si seguimos, como Caín, tomando piedras de nuestro campo para matar a Abel. / Perdónanos si seguimos justificando con nuestro cansancio la crueldad, si con nuestro dolor legitimamos la brutalidad de nuestros gestos”.

Un rezo roto que se culmina con la llamada más emocionante a la paz: “Perdónanos la guerra, Señor. / Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡te imploramos! ¡Detén la mano de Caín! / Ilumina nuestra conciencia. / ¡Que no se haga nuestra voluntad, no nos abandones a nuestras acciones! / ¡Detennos, Señor, detennos! / Y, cuando hayas detenido la mano de Caín, cuida también de él. Es nuestro hermano. / ¡Oh, Señor, pon freno a la violencia! / ¡Detennos, Señor! / Amén”.

En el 35º Encuentro de Oración por la Paz

Francisco irá al Coliseo el 7 de octubre para rezar por la paz junto a Sant’Egidio 

EL 35ª Encuentro de Oración por la Paz se celebrará con el lema ‘Pueblos hermanos, tierra futura. Religiones y culturas en diálogo’ 

El Papa participará el próximo 7 de octubre, de la ceremonia final del 35ª Encuentro de Oración por la Paz organizado por la Comunidad de Sant’Egidio, en la plaza junto al Coliseo. Así lo ha informado hoy el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, en declaraciones recogidas por Vatican News. 

El título con el que se celebra este encuentro es ‘Pueblos hermanos, tierra futura. Religiones y culturas en diálogo’. Bajo este lema se reunirán, los días 6 y 7 de octubre, los representantes de las grandes religiones del mundo después de un año marcado por la crisis sanitaria de la pandemia del Covid-19, pero también por los conflictos armados que se desarrollan en distintas partes del mundo. 

Una mirada a la fraternidad universal 

“Acogemos esta noticia con gran alegría”, ha dicho Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad de Sant’Egidio a Vatican News. “El Papa ha guiado el mundo durante la pandemia. Su ya famoso discurso, el 27 de marzo de 2020, sobre la crisis y la pandemia y cómo salir de ella, es un poco la guía para nuestro encuentro”. 

Esta nueva Oración por la Paz, que contará con un mayor número de asistentes dado el descenso de casos en la pandemia, seguirá la línea de “no nos salvamos por nosotros mismos, sino también los pueblos hermanos y la Tierra futura, es decir, una mirada a la fraternidad universal y a las crisis medioambientales”. 

Una Navidad más religiosa y menos consumista

El Papa desea que las dificultades de la pandemia lleven a vivir una «Navidad más religiosa y que huya del consumo»
«La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión»
«Quien reza no deja nunca el mundo a sus espaldas»
«Si la oración no recoge las alegrías y los dolores, las esperanzas y las angustias de la humanidad, se convierte en una actividad decorativa, intimista»
«Todo cristiano está llamado a convertirse en las manos de Dios, en pan partido y compartido»
«Cualquiera puede llamar a la puerta de un orante y encontrar en él o en ella un corazón compasivo»
«Quien no ama al hermano no reza seriamente»
«La oración verdadera no nos evade de la realidad. El que reza presenta al Señor los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren»
16.12.2020 José Manuel Vidal
El Papa Francisco aborda, en su catequesis, la “oración de intercesión”, que debe practicar toda la Iglesia, y que, a su juicio, no consiste en “evadirse de la realidad” ni en “una actividad decorativa o intimista”. En la oración de intercesión, el cristiano se convierte “en las manos de Dios”, porque “quien no ama al hermano no reza seriamente”. Ante la proximidad de las Navidades, el Papa reconoce las “restriccionese inconvenientes de este año”, pero pide a los fieles que recuerden las dificultades de María y José: “¡No eran rosas y flores! ¡Cuántas dificultades! ¡Cuántas preocupaciones!”. Por eso, concluye con este deseo: «Que nos ayude esta dificultad en la forma de vivir y festejar la Navidad, huyendo del consumismo y que sea más religioso, más auténtico y más verdadero».
De la carta de San Pablo a los Efesios: “Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu…”
Texto íntegro de la catequesis del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Quien reza no deja nunca el mundo a sus espaldas. Si la oración no recoge las alegrías y los dolores, las esperanzas y las angustias de la humanidad, se convierte en una actividad “decorativa”, intimista. Todos necesitamos interioridad: retirarnos en un espacio y en un tiempo dedicado a nuestra relación con Dios. Pero esto no quiere decir evadirse de la realidad. En la oración, Dios “nos toma, nos bendice, y después nos parte y nos da”, para el hambre de todos. Todo cristiano está llamado a convertirse en las manos de Dios, en pan partido y compartido. Una oración concreta, que no sea una fuga.
Así los hombres y las mujeres de oración buscan la soledad y el silencio, no para no ser molestados, sino para escuchar mejor la voz deDios. A veces se retiran del mundo, en lo secreto de la propia habitación, como recomienda Jesús mismo (cfr Mt6,6), pero, allá donde estén, tienen siempre abierta la puerta de su corazón: una puerta abierta para los que rezan sin saber que rezan; para los que no rezan en absoluto pero llevan dentro un grito sofocado, una invocación escondida; para los que se han equivocado y han perdido el camino…
Cualquiera puede llamar a la puerta de un orante y encontrar en él o en ella un corazón compasivo, que reza sin excluir a nadie. En la oración, nuestro corazón y nuestra voz se hacen voz y corazón de todos los que no saben rezar.En la soledad se separa de todo y de todos para encontrar todo y a todos en Dios. Así el orante reza por el mundo entero, llevando sobre sus hombros dolores y pecados. Reza por todos y por cada uno: es como si fuera una “antena” de Diosen este mundo.
En cada pobre que llama a la puerta, en cada persona que ha perdido el sentido de las cosas, quien reza ve el rostro de Cristo. El Catecismo escribe: «Interceder, pedir en favor de otro […] lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos» (n. 2635). Cuando rezamos estamos en sintonía con la misericordia de Dios. Jesús es nuestro intercesor. Rezar es hacer un poco como Jesús.
A la oración le importa el hombre. Simplemente el hombre. Quien no ama al hermano no reza seriamente. En medio del odio y de la indiferencia no se puede rezar. En la Iglesia, quien conoce la tristeza o la alegría del otro va más en profundidad de quien indaga los “sistemas máximos”. Por este motivo hay una experiencia del humano en cada oración, porque las personas, aunque puedan cometer errores, no deben ser nunca rechazadas o descartadas.
Cuando un creyente, movido por el Espíritu Santo, reza por los pecadores, no hace selecciones, no emite juicios de condena: reza por todos. Y reza también por sí mismo. En ese momento sabe que no es demasiado diferente de las personas por las que reza. Se siente pecador entre los pecadores. La lección de la parábola del fariseo y del publicano es siempre viva y actual (cfr Lc18,9-14): nosotros no somos mejores que nadie, todos somos hermanos en una comunidad de fragilidad, de sufrimientos y en el ser pecadores. Por eso una oración que podemos dirigir a Dios es esta: “¡Señor, no es justo ante ti ningún viviente (cfr Sal143,2), todos somos deudores que tienen una cuenta pendiente; no hay ninguno que sea impecable a tus ojos. Señor ten piedad de nosotros!”.
El mundo va adelante gracias a esta cadena de orantes que interceden, y que son en su mayoría desconocidos… ¡pero no para Dios! Hay muchos cristianos desconocidos que, en tiempo de persecución, han sabido repetir las palabras de nuestro Señor: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).
El buen pastor permanece fiel también delante de la constatación del pecado de la propia gente: continúa siendo padre también cuando sus hijos se alejan y lo abandonan. Persevera en el servicio de pastor también en relación con quien lo lleva a ensuciarse las manos; no cierra el corazón delante de quien quizá lo ha hecho sufrir.
La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión. En particular tiene el deber quien está en un rol de responsabilidad: padres, educadores, ministros ordenados, superiores de comunidad… Como Abraham y Moisés, a veces deben “defender” delante de Dios a las personas encomendadas a ellos. En realidad, se trata de mirar con los ojos y el corazón de Dios, con su misma invencible compasión y ternura.
Todos somos hojas del mismo árbol: cada desprendimiento nos recuerda la gran piedad que debemos nutrir, en la oración, los unos por los otros.
Saludo en español
Queridos hermanos y hermanas: La oración verdadera no nos evade de la realidad. El que reza presenta al Señor los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren. Todos necesitamos tiempos y espacios de silencio y soledad para la relación con Dios, para escuchar su voz. En la oración, el Señor nos bendice y nos hace pan partido y repartido para la vida del mundo.
La oración de intercesión abre las puertas del corazón de quien reza a los demás. Es una puerta abierta para los que rezan sin saberlo, para los que no rezan pero esconden un grito sofocado en su interior, para los que se equivocaron y no encuentran el rumbo. Cualquiera puede encontrar en la persona orante un corazón compasivo que ruega por todos sin excluir a nadie. Es como una “antena” de Dios, que está en sintonía con su misericordia y ve a Cristo en los rostros de las personas por las que reza.
En la oración experimentamos que todos somos hermanos, que pertenecemos a la misma humanidad frágil y pecadora. El que reza lo hace por todos, y reza también por sí mismo. La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión, especialmente quienes tienen un rol de responsabilidad: padres, educadores, sacerdotes, superiores de comunidad. Este modo de oración nos ayuda a mirar a los otros con los ojos y el corazón de Dios, con su misma ternura y compasión.
Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Mañana comenzamos las Ferias Mayores de Adviento, y la liturgia se centra con mayor énfasis en la preparación de la Natividad del Redentor.
En estos días tan especiales, los animo a dedicar más tiempo a la oración de intercesión: recemos con mayor intensidad pidiendo unos por otros, en particular por los que más sufren. Que Dios los bendiga.

¿Cómo estamos construyendo el futuro del planeta?

Las iglesias cristianas europeas piden «una respuesta común» ante el desafío ambiental en tiempos de coronavirus

Europa se viste de verde

Con el coronavirus “nos dimos cuenta más que nunca de que no estamos aislados unos de otros, y que las condiciones para la salud y el bienestar humanos son frágiles”

Invitan a “reequilibrar los sistemas de vida, afirma la necesidad de igualdad, justicia y sostenibilidad, afirma la necesidad de una voz profética en defensa de la casa del hombre”

25.08.2020

“Necesitamos una respuesta que nos una a todos, porque el desafío ambiental que estamos experimentando, y sus raíces humanas, nos afectan a todos«. El presidente de las Conferencias Episcopales de Europa, Angelo Bagnasco, y el presidente del Consejo de Iglesias Europeas, Christian Krieger, han emitido una declaración conjunta con motivo de la celebración, del 1 de septiembre al 4 de octubre, del ‘Tiempo de la Creación’

Una oportunidad que los líderes cristianos definen como “un Jubileo por la Tierra”, y animan a los cristianos del viejo continente a “reconocer estos días como una oportunidad para celebrar la riqueza de nuestra fe”.

Para la CCEE y la CEC, el tiempo de la creación “se remonta a las raíces de la fe cristiana”, pues “la creación es un regalo de Dios a la humanidad”. Por ello, “es nuestra responsabilidad apreciarla como buenos y fiables administradores y fieles servidores de Dios”.

Recordando la Laudato Si del Papa Francisco, los líderes de las iglesias europeas constatan que «el urgente desafío de proteger nuestro hogar común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral».

Cómo estamos construyendo el futuro

Al tiempo, hacen un fuerte llamamiento a “renovar el diálogo sobre cómo estamos construyendo el futuro del planeta”.

Citando al teólogo Juergen Moltmann, los obispos sostienen que «hoy en día el adversario teológico es el nihilismo practicado en nuestras relaciones con la naturaleza», por lo que es preciso «un discernimiento sobre Dios que está presente en la creación a través de su Espíritu Santo«, que «puede llevar a los hombres y mujeres a la reconciliación y la paz con la naturaleza».

Este año, “la pandemia del COVID-19 reveló lo profundamente interconectado que está el mundo”, añade el comunicado conjunto. “Nos dimos cuenta más que nunca de que no estamos aislados unos de otros, y que las condiciones para la salud y el bienestar humanos son frágiles”.

El Tiempo de la Creación da a conocer las primeras organizaciones participantes “Los impactos de la pandemia nos obligan a tomar en serio la necesidad de vigilancia y condiciones de vida sostenibles en toda la tierra. Esto es aún más importante dada la devastación ambiental y la amenaza del cambio climático”, finaliza el escrito, que insiste en la necesidad de “reequilibrar los sistemas de vida, afirma la necesidad de igualdad, justicia y sostenibilidad, afirma la necesidad de una voz profética en defensa de la casa del hombre”.

“Invitamos a todos los pastores y cristianos europeos, a las parroquias, a las comunidades eclesiales y a toda persona de buena voluntad, a prestar atención al Tiempo de la Creación y a vivirlo con espíritu ecuménico, unidos en la oración y en la acción”, firman

 

Las Misas vuelven a las cárceles

 

El vía crucis que el Papa Francisco celebró este año en Semana Santa destapó ante el mundo una realidad, la de las cárceles, que en muchas ocasiones no se quiere mirar. Conforme las estaciones iban ligando los sufrimientos de Jesús a las vidas de presos, familiares y trabajadores, el padre Javier Sánchez, capellán de la cárcel de Navalcarnero, ponía rostros concretos a cada una de esas historias. «Lo que iban diciendo era muy real, no era de libro. Son cosas que pasan en la cárcel a diario».

Una plaza de San Pedro vacía, oscura y silenciosa, como aquella noche en el huerto de los olivos y como lo son, en ocasiones, las charlas que el capellán tiene con los internos. «Hay momentos con chavales que te encuentras así, con ese despojamiento, conversaciones duras, el sentimiento de vacío… el vacío de la cruz. Era un vía crucis de vida».

Después de tres meses de parón, el padre Javier retomó la semana pasada el ritmo normal de visitas a la cárcel. Reconoce que ha llevado muy mal el no poder ir durante todo este tiempo. «Hay personas con muchos problemas; la escucha y que vean que alguien se preocupa por ellos es muy importante». Por eso ahora los presos lo esperaban con ganas: «Si habitualmente quieren hablar, imagínate ahora».

Ya había estado quince días atrás, «pero tras el cristal; no es lo mismo que el tú a tú». Y el reencuentro ha sido «apasionante», con una única pega: la falta del abrazo. «En la cárcel, el lenguaje del abrazo es especial, es el momento de sentirte importante, de que no eres uno más». Así que ahora, «en vez del abrazo es el codazo», bromea.

«Teníamos hasta patio para andar»

Un abrazo que faltó también en el rito de la paz de las Misas, que volvieron a Navalcarnero el pasado sábado. «Celebramos dos, por módulos, en el salón de actos, que es más grande», explica el capellán. Fue la primera vez que muchos se vieron en meses; de hecho, en condiciones normales ya supone un encuentro ilusionante semanal: «Hay muchos internos que no se ven a diario, y tenemos algún caso de hermanos en distintos módulos que solo coinciden en la Eucaristía. En la cárcel estos momentos son muy importantes».

Aunque acudió menos gente de la habitual –unos 80 frente a los 120 semanales–, algo que el capellán atribuye a «que igual no se habían enterado», fue un momento muy bonito en el que además compartieron vivencias de este tiempo. Como la del un «chaval que se ha sentido inútil, «veo a todos ayudando en la calle y yo aquí, consumiendo días sin poder hacer nada», decía».

O la emoción de las videollamadas de WhatsApp, permitidas en este tiempo de confinamiento y que a presos extranjeros les había posibilitado ver a sus familiares después de, en algunos casos, diez años. «Muy tranquilos, incluso más que de ordinario», también comentaron que se habían sentido «privilegiados» durante el confinamiento porque no había habido contagios y «teníamos hasta patio para andar».

Hasta ahora, estos momentos de encuentro los habían vivido de manera diferente, pero también muy intensa: todos los sábados a las 11:00 horas, la de la Misa, se unían en oración en torno a un escrito que enviaba el capellán y que les repartían en fotocopias en la cárcel. El último, en el que rememoraba su paso por IFEMA como capellán y les contaba que «el Santísimo estaba en los enfermos y en los que al pie de la cama los asistían, sin escatimar ningún esfuerzo».

En Soto volvieron para el Corpus

Al igual que en Navalcarnero, en el resto de centros penitenciarios de Madrid se va recuperando el culto religioso. En la prisión de Valdemoro también tuvieron su primera Misa tras el confinamiento el pasado sábado, y en Soto del Real, la festividad del Corpus Christi se celebró por todo lo alto ya que fue ese día cuando se retomaron las Eucaristías. Hubo dos Misas «muy especiales», a las que asistieron en total 115 internos que «lo estaban deseando», tal y como señala el padre Paulino Alonso, el capellán (en la imagen inferior, en una Eucaristía esta Navidad en la cárcel). «Lo vivieron de una forma más intensa, incluso dentro de la frialdad» del distanciamiento social.

Cuando le preguntamos cómo ha encontrado a los presos después de este tiempo de pandemia, abunda en lo que ya había destacado el capellán de Navalcarnero, resumido en «la necesidad del abrazo». «Han estado solos tres meses, sometidos a un doble confinamiento, y algunos me piden al verme que los abrace».

En Soto todavía no pueden tener encuentros vis a vis y tampoco juntarse presos de distintos módulos, pero algunos están empezando a salir ya con permisos y, en general, han vivido este tiempo «mejor de lo que esperábamos». Quizá hayan tenido algo que ver en esto las cartas de ánimo que el capellán les ha estado enviando cada 15 días, y que se colgaban en los tablones.

Ahora, el padre Paulino vuelve a hacer lo que básicamente hace en la cárcel: estar, para cuando necesiten hablar, para cuando necesiten compañía, «estar a lo que surja». «Evidentemente sin olvidar la parte religiosa, que es fundamental para nosotros, pero primero es la parte humana. Si no los atendemos, ni los escuchamos, ni hablamos, difícilmente podremos presentar el mensaje de Jesús de Nazaret. Él se preocupaba de la persona».

Que no haya sido un tiempo perdido

«¿Habéis pensado alguna vez que, entre todas las víctimas de las acciones de mi padre, yo fui la primera? Hace 28 años que estoy cumpliendo la condena de crecer sin padre». Así describía sus sentimientos la hija de un preso condenado a cadena perpetua en la octava estación de ese vía crucis de San Pedro (imagen inferior) al que se refería el capellán de Navalcarnero.

Las familias, explica María Yela, delegada de Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Madrid, «lo pasan a veces peor que el propio interno», porque no están con él y en la distancia, la sensación de descontrol es mayor. Y a su vez, los presos, tal y como se ha encontrado el padre Javier durante este tiempo, se han mostrado más inquietos por su familia que por ellos mismos: «Ahora están muy tranquilos y, como siempre, más preocupados por la gente de fuera, por los contagios, por los que enfermaban…».

Resuena de nuevo con estas palabras del sacerdote el vía crucis de San Pedro con el Papa. Tercera estación, un hombre que cumple condena por homicidio: «También conduje a mi familia al precipicio, por mi causa perdieron su apellido, el honor, se convirtieron solamente en la familia del asesino».

«En la cárcel hay seres humanos con una sensibilidad exquisita, y muy religiosos», resalta el capellán de Navalcarnero. No se les exculpa pero se les atiende en la máxima expresión de la obra de misericordia, y se les recuerda, como cuenta María Yela, que «aun estando en la cárcel, hay una libertad íntima que nadie puede quitar». Por eso, los anima, aplicándolo también al confinamiento: «Ya que están presos, que no sea este un tiempo tirado que les deje peor, sino que les sirva».

 

El Papa a los sacerdotes de Roma en estos días de pandemia

Francisco, a los sacerdotes de Roma: «La pandemia no conoce de fronteras, nadie puede pensar en arreglárselas solos»

«Sufrimos la pérdida repentina de familiares, vecinos, amigos, parroquianos, confesores, referentes de nuestra fe. Pudimos mirar el rostro desconsolado de quienes no pudieron acompañar y despedirse de los suyos en sus últimas horas»

“El dolor de nuestro pueblo nos dolía, sus incertidumbres nos golpeaban, nuestra fragilidad común nos despojaba de toda falsa complacencia idealista o espiritualista, así como de todo intento de fuga puritana”

Advierte del “grave riesgo de replegarnos y quedar “mordisqueando” la desolación que la pandemia nos presenta, así como exacerbarnos en un optimismo ilimitado incapaz de asumir la magnitud de los acontecimientos”

“Dejémonos sorprender también por nuestro pueblo fiel y sencillo, tantas veces probado y lacerado, pero también visitado por la misericordia del Señor”

“Dejemos que sea la Pascua, que no conoce fronteras, la que nos lleve creativamente a esos lugares donde la esperanza y la vida están en lucha, donde el sufrimiento y el dolor se vuelven espacio propicio para la corrupción y la especulación, donde la agresión y la violencia parecen ser la única salida”

30.05.2020 Jesús Bastante

“Todas estas cosas que pensé y sentí durante este tiempo de pandemia quiero compartirlas fraternalmente con ustedes para ayudarnos en el camino de la alabanza al Señor y del servicio a los hermanos. Deseo que a todos nos sirvan para ‘más amar y servir’”.

En un momento inédito para la Humanidad, el Papa Francisco ha escrito una carta al clero romano, una de las más personales que se le recuerdan, en el que les invita a evitar el “grave riesgo de replegarnos”, al tiempo que les recuerda que “la pandemia no conoce de adjetivos ni fronteras y nadie puede pensar en arreglárselas solo. Todos estamos afectados e implicados”.

Francisco escribe la carta al no ser posible celebrar junto a su clero la misa crismal por el coronavirus. “La nueva fase que comenzamos nos pide sabiduría, previsión y cuidado común de manera que todos los esfuerzos y sacrificios hasta ahora realizados no sean en vano”, advierte. Seguir leyendo

Día de oración y ayuno para todos los creyentes del mundo

El Santo Padre se une a la oración del 14 de mayo: rezar «es un valor universal»

Encuentro entre el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar Ahmed Al-Tayyeb en el que se firmó el Documento sobre la Fraternidad humana

Independientemente de su religión, se unirán para pedir a Dios Creador que proteja a la humanidad afectada por la pandemia del coronavirus

Se trata de una iniciativa promovida por el Alto Comité para la Hermandad Humana

(Vatican News).- El Alto Comité para la Fraternidad Humana invita a participar este 14 de mayo a todos los creyentes del mundo, independientemente de la religión que profesen, en una Jornada de oración, ayuno y súplica pidiendo a Dios que proteja a la humanidad contra el coronavirus.

De esta manera, el Comité establecido el pasado mes de agosto con el fin de lograr los objetivos del «Documento sobre la Fraternidad Humana» firmado el 4 de febrero de 2019 por el Papa Francisco y el gran Imán de Al-Azhar, Ahmed al-Tayyeb; anima a todos los líderes religiosos y creyentes a unirse en una súplica común para invocar, con una sola voz, la ayuda de Dios para que preserve la humanidad, «la ayude a superar la pandemia, le restituya la seguridad, la estabilidad, la salud y la prosperidad, y haga que nuestro mundo, una vez eliminada esta pandemia, sea «más humano y más fraterno».

El Papa Francisco también se unió a la iniciativa del Alto Comité para la Fraternidad Humana con este mensaje pronunciado el domingo 3 de mayo, a la hora del rezo del Regina Coeli en streaming desde la Biblioteca Apostólica del Vaticano.

“Y como la oración es un valor universal, he aceptado la propuesta del Alto Comité para la Fraternidad Humana de que el próximo 14 de mayo, los creyentes de todas las religiones se unan espiritualmente en un día de oración, ayuno y obras de caridad, para implorar a Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia del coronavirus. Recuerden: el 14 de mayo, todos los creyentes juntos, creyentes de diferentes tradiciones, para rezar, ayunar y hacer obras de caridad”. Seguir leyendo