Ernesto Cardenal

Javier Melloni SJ: «Ernesto Cardenal es experiencia mística concretada en realidad. Signo de veracidad»

Ernesto Cardenal

Con motivo del 98 cumpleaños del sacerdote y poeta, la fundación internacional Ernesto Cardenal ha preparado una serie de actividades para celebrar la vida de uno de los que fuera el máximo representante del misticismo cristianó de los últimos tiempos

Entre éstas actividades, un conversatorio entre Óscar de Baltodano (Vicepresidente de la fundación Ernesto Cardenal) y el P. Javier Melloni SJ sobre La Experiencia Mística que  Religión Digital reproduce íntegramente como homenaje a su figura

«Su vida ha estado marcada por una experiencia personal que empieza siendo una experiencia política y tiene la gracia del éxtasis transformante cuando ve pasar una caravana del presidente Somoza. Una experiencia mística de reforma social»

Por Óscar de Baltodano

Con motivo del Cumpleaños 98 de Ernesto Cardenal la fundación internacional Ernesto Cardenal ha preparado una serie de actividades para celebrar la vida de uno de los que fuera el máximo representante del misticismo cristianó de los últimos tiempos. Entre éstas actividades, un conversatorio entre Óscar de Baltodano (Vicepresidente de la fundación Ernesto Cardenal) y el P. Javier Melloni SJ sobre La Experiencia Mística.


Conversatorio que Religión Digital reproduce íntegramente para homenajear estos 98 años del Poeta y Sacerdote Ernesto Cardenal.

OB-P. Javier, muchas gracias por aceptar esta invitación para hablar de algo que es difícil ilustrar con palabras, pero que vamos a intentar, por lo menos, vislumbrar: me refiero a la experiencia mística. Ernesto Cardenal cumplirá 98 años el viernes 20 de enero. Su vida ha estado marcada por una experiencia personal que él mismo cuenta en una de sus obras. Es una experiencia un poco curiosa porque empieza siendo una experiencia política y tiene la gracia del éxtasis transformante cuando ve pasar una caravana del presidente Somoza.

JM- Recuerdo haberlo leído y también me impactó mucho ese contraste que hay entre el cielo y el infierno.

 Curiosamente es después de esto cuando Cardenal se plantea su ingreso a la Trapa, donde casualmente da con Thomas Merton que al final será su maestro de novicio. Tengo entendido que Cardenal ya se carteaba con Merton porque intentó traducir alguna de sus obras, pero cuando empieza a cartearse desde la Abadía Getsemaní, Merton escribe con su nombre religioso, P. Louis. Este tipo de casualidades interesantes.

Nos gustaría que nos ilustre sobre esta curiosidad en la experiencia de la mística de Ernesto, la primera, de la cual broto toda su vida, pero que también generó cierto debate hasta el último día de su muerte; como sacerdote católico, como monje que empieza a tratar el tema de la política y acaba metiéndose en la situación social de su país, etc.

La riqueza o el pincel de la experiencia es muy variada; tenemos la experiencia mística, como la del mismo Pánikker, que es un diálogo inter religioso, una realidad de que todo es uno y que ya Ernesto también lo dice. Una experiencias de reforma, como la de la misma Santa Teresa, o una experiencia como la de Cardenal, que es una experiencia de reforma social y que, al final, sirve a la Iglesia hasta el último momento porque acata lo que le manda la institución, pero también a su país porque ilustra, a través de su obra, esta experiencia vital que brotó de una experiencia política.

JM- La fenomenología de la experiencias místicas es inmensa, pero podemos decir que hay algo en común en todas ellas, que es un aumento, una intensificación del campo o bien cognitivo, o bien afectivo, o bien perceptivo o bien las tres cosas a la vez, de nuestro pequeño yo. Es decir, si los seres humanos somos un campo reducido de conciencia que nos ayude hacer esta trilogía, hay una parte cognitiva, una parte afectiva y una parte perspectiva y las tres son formas diferentes de conciencia, no solo la mental es conciencia y la percepción corporal es otra forma de conciencia con sus cinco sentidos.

Lo que tenemos por experiencia mística es una expansión de este campo de conciencia o bien en las tres formas a la vez o bien en alguna de ellas. Esta expansión cognitiva de tipo afectiva y tipo perspectiva puede tener una extensión más o menos larga, puede ser de segundos, incluso, puede ser de minutos, de horas o de día, incluso de días.

¿Qué es lo que lo detona? ¿Qué es lo que lo provoca? Es la gran pregunta. Hay quienes pasan toda la vida  intentando provocarla y no les llega nunca y a otros les llega de pronto de una forma aparentemente casual que nunca es casual, sino que es causa, pero mientras no conocemos las causas decimos que es casual. Yo creo que es un signo de nuestra corta edad cognitiva, porque no hay nada casual, todo es causal. Que esas causas son remotas, y se activan cuando se produce ese clic, como por ejemplo el que acabas de mencionar (hablando de Cardenal) ¿Por qué en ese momento, ante ese cortejo de Somoza, al joven se le abre eso?.

Bueno, pues si el instante presente es la condensación de lo que ha sido y de lo que será, en cada momento presente está la totalidad de lo que hemos sido y lo que seremos aunque nosotros, ese momento, lo veamos como presente. Por lo tanto, nosotros vivimos seccionadamente la temporalidad; separamos el pasado, el presente y futuro, pero, a mi modo de ver, nuestra mirada es corta y por tanto estrecha en esa franja.

Si ampliamos nuestro campo de conciencia, eso que era pasado se convierte en presente y eso que era futuro también se hace presente, porque la bastedad de la apertura amplifica el campo temporal. Entonces, todo es, en ese momento, ahora. Y eso es probablemente lo que a le sucedió a Cardenal; ahí estaba todo lo que sería, todo su compromiso político, no es que eso lo provocara, sino que eso ya estaba incluido en eso que le sucedió, de alguna manera. Y conocer su pasado, del que habría que investigar más biográficamente en la cronología para saber por qué ese momento sea el de la eclosión, es un paso por dar.

Podemos decir, entoces, que hay experiencias místicas fundantes como esta. Fundantes, porque marcan un antes y un después en la vida de los que las experimentan y para los que ya nada podrá ser igual. Pero también pueden ser experiencias más efímeras, que dejan una pequeña brecha, pero que modifican la visión de la persona. De ahí a que hay diferentes categorizaciones, densidades o extensiones en el tiempo de esas experiencias.

OB- Cuando hablamos de esta experiencia y ponemos de ejemplo a grandes místicos de la tradición cristiana, que es el lenguaje que tengo ahora mismo más a mano, usted tendrá también muchísimos ejemplos de la tradición oriental.

Pero cuando hablamos de esta experiencia, la solemos asociar, ya sea por cuestión cultural de occidente o por x o y, a una razón que va conectada o que tiene que llevar a un hilo conductor religioso de alguna manera, y también tiene que ir asociada a un cambio radical en la vida de la persona, pues puede abrirle la mente y el corazón porque es una cosa asociada a la mente pero también al corazón. Éste el ejemplo de Hildegarda de Bigen, cuando dice que se le abrió la mente, la conciencia, y empezó a entender los textos del evangelio, los escritos de los padres de la iglesia sin haber sido instruida antes. Y así otros muchos ejemplos. Pero es una experiencia que afecta más a la parte cerebral o la parte emocional.

-Y a la parte perceptiva de los sentidos, las tres cosas a la vez. Depende, hay personas que por su manera de ser o porque ese tipo de experiencia se da más de una forma mental cognitiva, puede ser más afectiva, puede ser más perceptiva.

Pero a la pregunta que hacías en cuanto a qué nivel está conectado esta gente con una confesionalidad religiosa, Jiménez Lozano, un autor vallisoletano no muy conocido y que ya hace algunos años murió, tiene una biografía muy buena sobre San Juan de la Cruz, a quien, a su modo, le llama el ‘mudejarillo de fontiveros’. Y tiene una visión muy penetrante. Dice: los místicos, esos empedernidos buscadores de lo real, (o sea, la mística tiene que ver con la realidad, de la cual la religión es un posible acceso). A no ser que entendamos que por religión quieran expresar un sentido más etimológico que quiere decir ‘realigación’, cuando la conexión con la realidad se ha hecho más intensa, pues la realigación se ha fortalecido, pero no en el sentido religioso confesional del término.

Las religiones confesionales o las confesiones tradicionales son lenguajes sobre lo inefable. El gran problema de toda religión es que ha confundido su lenguaje con la realidad. La palabra Dios no es Dios, y nos peleamos sobre la palabra Dios y eso es solamente un dedo apenas señalando la luna, digamos.

El problema de las religiones es eso, absolutizan su lenguaje, porque como su lenguaje, supuestamente y así lo desean y así es en muchos casos, señala lo absoluto, acaba convirtiéndose en absoluto el lenguaje que es solo un vehículo para señalarlo.

Una de propiedades del siglo veinte ya y veintiuno más claramente, (aunque viene de antaño) es que muchas experiencias, cada vez más, se sitúan o fuera del marco religioso vigente o incluso lo hacen añicos. En el fondo, hasta eso mismo le pasó a San Ignacio aquí, donde estoy ahora, en Manresa. La ilustración del Cardoner dice que él vio, que entendió todo de una forma nueva, de manera que no podría explicar lo que comprendió.

Si no lo pueden explicar, significa que no tienen el molde ni ideológico, ni antropológico, ni cosmológico de aquel tiempo para poder expresarlo, y toda su vida yo creo que es intentar encajar en el lenguaje disponible aquello que dice bellamente Paul Ricoeur: cada generación tiene un “La Croyance” disponible, la creencia disponible, y por tanto en esa creencia disponible, intenta meter esa experiencia que desborda esa experiencia, que desborda el cuenco que lo acoge. Hoy en día tenemos más referentes para poder expresar con lenguajes vigentes o religiosos, o filosóficos, o cosmológicos para intentar poner nombre a lo que estará siempre más allá de todo orden.

OB- Podríamos decir, entonces, que el gran bloque de dificultad para la experiencia o para intentar expresar la experiencia es el lenguaje, sobre todo. Ya en determinadas épocas tuvieron sus dificultades propias, pero la época en que vivimos hoy en día, que tenemos a mano tantas modalidades del lenguaje, tantos medios para ilustrar, solemos confundir muchas veces el uso del lenguaje religioso exclusivamente para la mística, y luego, cuando encontramos un texto que puede intentar expresar desesperadamente esa experiencia, nos suele escandalizar.

Por ejemplo, el mismo San Juan con este “gocémonos amado”, en la época que se lo dice a las monjas de las que era director espiritual el mismo Ignacio también, o el mismo Ernesto en su “Telescopio en la noche oscura”.

Esta fina línea con el escándalo que puede provocar lo que dice el místico (que al final siempre genera no sé si cierta incomodidad, pero cierto puritanismo para quitarle el velo a la experiencia de esta palabra que llamamos Dios), la ocasiona la palabra?

JM- Bueno, la palabra es el problema y la palabra es el vehículo al mismo tiempo. O sea, el mismo problema es el vehículo y el vehículo se convierte en el problema. La paradoja de la mística es que, por un lado, todos los místicos hablan de lo inefable de la misma palabra mis, que significa mantener los labios cerrados, de lo que etimológicamente significa. Y al mismo tiempo la mística es la que más ha profundizado en palabras para expresar lo que no se puede expresar. Lo que ha generado las palabras más bellas y los poemas más bellos salen de aquello que no se puede expresar. Por lo tanto, es ambivalente decir muy bella porque no es muy bueno en el terreno de la paradoja.

El lenguaje místico, ese algo que tenemos que analizar porque en algunos momentos fue algo asociado al erotismo dado en el plano humano, lo erótico es lo que está más cerca de una unión muy plena. Por lo que el problema está en que si se hace una lectura reductora, quien queda reducido es quien reduce ese lenguaje y lo lee solo, digamos, hacia abajo.

Hay lectura reductora de la mística que lo convierte en metáfora de algo que es evidente, cuando es al revés. Se utiliza el lenguaje de la experiencia erótica porque es, probablemente, una de las experiencias humanas más punitivas que se pueden tener para hablar de aquello que la trasciende. Hay, por tanto, una lectura reductora de la mística o una lectura, al contrario, trascendente. Que se haga de un modo u otro no depende del místico, sino que depende del que lo lee.

OB- Supongo que también de las circunstancias en el místico, del lenguaje que se le hace familiar, de alguna manera.

JM- El místico utilizará el lenguaje que tiene disponible. Sobre esto, hace años leí una cosa que me pareció interesante, que decía: los místicos que han tenido experiencias sexuales previas a su conversión no utilizan el lenguaje nupcial erótico, no lo utilizan porque lo asocian a algo que ellos han dejado. En cambio, aquellos místicos que no han tenido experiencia sexual, utilizan el lenguaje erótico porque no está connotado de sus experiencias. Pasa igual con el islam. En islam se utiliza el lenguaje de la embriaguez y ellos no toman vino; lo utilizan porque no hay equivoco. Utilizan una experiencia limite, como puede ser una experiencia erótica o la experiencia de la embriaguez para hablar de aquello que la trasciende, porque si nos quedamos solo de hacia abajo, esa no es una experiencia mística, esa es una experiencia sin más, todavía ahí no hay mística, entonces juegan con esa ambivalencia.

OB- En esta línea, sobre todo, del lenguaje erótico y asociándolo un poco a Cardenal, que en la mayor parte de sus obras utiliza ese lenguaje nupcial, ese lenguaje erótico un poco rompedor también para la época en la América en la que Cardenal se tiene que desenvolver, me viene a la cabeza esta curiosidad de que después de la experiencia, se termina de romper el dogma. El dogma, por decirlo de alguna manera. Se sale de la estructura, del conocimiento que tenemos hasta el momento. Por ejemplo me viene esta expresión de Ravia al adawiyya, la santa sufí, que decía aquello de:

Si Te adorase por miedo al Infierno, quémame en el Infierno,
Si Te adorara esperando el Paraíso, exclúyeme del Paraíso.

Parecido “al no me mueva mi Dios para quererte” en el momento también en que lo está haciendo.

200 años, 150 años después, todavía tenemos esta imagen de este Dios del Antiguo Testamento, un Dios marcador, y de esta mujer que luego lo utilizamos nosotros y lo utilizarán los místicos de la Edad Media y del Siglo de Oro español. No asociamos a este Dios de ‘yo hago buenas obras a cambio de’, sino que es el amor lo que me mantiene. Es lo mismo que hace Ernesto, tiempo después, «Soy lo que soy ante Dios».

JM- El dogma de cualquier religión es un molde supuestamente propedéutico, ehiculador en una dirección. El problema de todo dogma, volvemos a lo del lenguaje de antes, es cuando esa formulación se convierte en un absoluto y trata de encerrar lo inabarcable en un pequeño cuenco. Por supuesto que la experiencia mística la revientan, se ha dicho que los místicos por un lado son, en cada religión, lo más sublime que da esa religión porque se expresa a través de un lenguaje concreto.

Hay místicos cristianos, musulmanes, Sufíes. Son sus flores más excelsas, pero al mismo tiempo revientan el jarro donde ha crecido la flor. Por eso son tan amados. Son venerados, pero al mismo tiempo semi-prohibidos hasta el momento presente, donde ya no es posible esta prohibición, y podemos acercarnos al jardín donde todas las flores exhalan su perfume y donde nadie se puede apropiar de ellas. Es el gran tiempo privilegiado que tenemos los habitantes del Siglo XXI, en que podemos pasearnos por los jardines de todas las religiones sin que ninguna de ellas diga: este olor es mío, esta flor es mía. Porque las mismas rejas o vayas o paredes o muros de los jardines han saltado.

OB- Supongo que es esta experiencia del ánfora rota que Ernesto utiliza a lo largo de toda su vida.

JM- Si, efectivamente, es lo mismo

OB- Uno de los peligros, por llamarlo de alguna manera, sobre todo el acompañamiento de la experiencia de la persona que experimenta el fenómeno místico, es la línea entre donde hay una experiencia real y donde puede ser una experiencia fruto de alguna piedad malsana, o de algún problema de tipo psicológico que puede existir y que es muy real. Donde tenemos esa certeza, por así decirlo. Luce López-Baralt siempre suele utilizar el: “por sus obras les conoceréis”, donde tenemos esa seguridad de que una experiencia es auténtica y de que hay cosas que no son experiencias, que simplemente es piedad o alucinación.

JM- O piedad, o alucinación, o cualquier otra cosa digamos, piedad es la parte religiosa, pero puede ser delirios de grandeza o sustituto de lo real porque uno no puede soportar un mundo imaginario que le compensa su soledad, o su frustración o lo que fuere.

Creo que el criterio, como el criterio discernimiento, sería la palabra para saber. Yo creo que certeza y seguridad en tema de la mística, olvidémoslo. No hay ni certezas ni seguridades; lo que hay son indicios, caminos… como olfato de ‘esto suena autentico, esto suena a constructo’.

Para mí el criterio discernimiento es que sean fuente de vida: crean más vida, son creadores de realidad, acercan a la realidad y recrean a la realidad en un punto de encuentro. Que la experiencia mística es un momento de expansión de la conciencia, o cognitiva, o afectiva, o perceptiva, en la formas que aparezcan; rostros, mensajes, cualquier cosa que se pueda manifestar en la experiencia mística. El que lo haga autentica el criterio discernimiento, para mí, es que se concreta en algo, que es punto de encuentro con los demás. O sea, una recreación de la realidad en un nivel superior que sin esa experiencia mística no hubiera sido, no se hubiera manifestado.

Si decimos que el místico es aquel empedernido buscador de lo real, lo que ha encontrado es que es más real su vida y crea más realidad, más vida en torno a su vida para que otros participen de esa experiencia, que es la gran diferencia con la persona que alucina, o con la persona trastornada que vive su mundo, pero totalmente separado de los demás. La persona mística es oblativa, todo aquello que vive de alguna manera le recorre y lo entrega y va perdiendo autorreferencia. La persona que padece trastorno psicológico, acaba siendo muy auto centrada, muy auto referida. En cambio, en aquel de verdad místico, su ego, su yo, se va diluyendo en la realidad y se convierte en pasaje de mayor realidad. Este para mí es el criterio.

OB- En esta misma línea, decimos que el místico siempre utiliza el lenguaje que tiene a mano y tiene una idea de un ser supremo, de esta divinidad que le llamamos Dios, Amor, como nos dé la gana. Pero, una persona agnóstica, ¿es capaz de llevar la plenitud de la experiencia, o de llegar a experimentar la experiencia?

JM- Al cabo de los años yo distingo, no entre personas creyente y no creyentes, sino entre personas abiertas y personas cerradas. Porque uno puede llamarse muy creyente y no tener nada de autenticidad en su creencia, y personas llamadas no creyentes que están muy abiertas y muy disponibles a lo inefable. Por tanto, la exención es entre personas abiertas y personas cerradas. Disponibles y receptivas, donde permite esta apertura a niveles de conciencia superiores y no se protegen porque están disponibles a que eso pueda suceder.

OB- El puente de unión es la apertura a la experiencia, lleve el nombre que lleve.

JM- Apertura a la realidad.

OB- Esto que nos ha explicado el padre Javier nos acerca un poco más a entender a Ernesto porque, al final, la experiencia de Ernesto es todavía joven, necesita de estudio y necesita que la gente se acerque un poco más a esa experiencia espiritual de la que parte su política y su poesía. Así que le agradezco muchísimo que haya estado aquí, acompañándonos.

JM- Pues yo encantadísimo de participar en este evento porque soy lector, desde mi adolescencia, de Ernesto, y lo he seguido. Además, su proyecto de Solentiname me ha parecido extraordinario. Para mí ese sería un criterio de credibilidad, cuando la experiencia mística se concreta en algo y eso es fuente de vida, eso es el signo de que eso es verdadero, como ha sido la experiencia de Ernesto.