Leonardo Boff: la fuerza de los pequeños

Leonardo Boff: «Levanto mi voz en defensa del Papa Francisco desde la periferia del mundo, del Gran Sur»

Francisco ora, tumbado, en el suelo de San Pedro
Francisco ora, tumbado, en el suelo de San Pedro

«Los conservadores europeos, con excepción de notables organizaciones católicas de cooperación solidaria, alimentan un soberano desdén por el Sur, especialmente por América Latina»

Si Jesús se apareciese al Papa en su paseo por los jardines del Vaticano, seguramente le diría: “Pedro, sobre estas piedras palaciegas jamás construiría mi Iglesia”. Esta contradicción es vivida por el Papa Francisco, pues renunció al estilo palaciego e imperial

Por Leonardo Boff

Desde el principio de su pontificado hace nueve años, el Papa Francisco viene recibiendo furiosos ataques de cristianos tradicionalistas y supremacistas blancos casi todos del Norte del mundo, de Estados Unidos y de Europa. Hasta hicieron un complot, involucrando millones de dólares, para deponerlo, como si la Iglesia fuese una empresa y el Papa su CEO. Todo en vano. Él sigue su camino en el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas de los perseguidos.

Las razones de esta persecución son varias: razones geopolíticas, disputa de poder, otra visión de Iglesia y el cuidado de la Casa Común.

Levanto mi voz en defensa del Papa Francisco desde la periferia del mundo, del Gran Sur. Comparemos los números: en Europa vive solo el 21,5% de los católicos, el 82% vive fuera de ella, el 48% en América. Somos, por lo tanto, amplia mayoría. Hasta mediados del siglo pasado la Iglesia Católica era del primer mundo. Ahora es una Iglesia del tercero y cuarto mundo, que, un día, tuvo origen en el primer mundo. Aquí surge una cuestión geopolítica. Los conservadores europeos, con excepción de notables organizaciones católicas de cooperación solidaria, alimentan un soberano desdén por el Sur, especialmente por América Latina.

Sarah, Müller, Becciu, Burke, Viganò... la pelea de un grupo de cardenales contra el Papa
Sarah, Müller, Becciu, Burke, Viganò… la pelea de un grupo de cardenales contra el Papa

La Iglesia-gran-institución fue aliada de la colonización, cómplice del genocidio indígena y participante en la esclavitud. Aquí fue implantada una Iglesia colonial, espejo de la Iglesia europea. Pero a lo largo de más de 500 años, no obstante la persistencia de la Iglesia espejo, ha habido una eclesiogénesis, la génesis de otro modo de ser iglesia, una iglesia, ya no espejo sino fuentese encarnó en la cultura local indígena-negra-mestiza y de inmigrantes de pueblos venidos de 60 países diferentes. De esta amalgama, se gestó su estilo de adorar a Dios y de celebrar, de organizar su pastoral social al lado de los oprimidos que luchan por su liberación. Proyectó una teología adecuada a su práctica liberadora y popular. Tiene sus profetas, confesores, teólogos y teólogas, santos y santas, y muchos mártires, entre ellos el arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero.

Este tipo de Iglesia está compuesta fundamentalmente de comunidades eclesiales de base, donde se vive la dimensión de comunión de iguales, todos hermanos y hermanas, con sus coordinadores laicos, hombres y mujeres, con sacerdotes insertados en medio del pueblo y obispos, nunca de espaldas al pueblo como autoridades eclesiásticas, sino como pastores a su lado, con “olor a ovejas”, con la misión de ser los “defensores et advocati pauperum” como se decía en la Iglesia primitiva. Papas y autoridades doctrinarias del Vaticano intentaron cercenar y hasta condenar tal modo de ser-Iglesia, no pocas veces con el argumento de que no son Iglesia por el hecho de no ver en ellas el carácter jerárquico y el estilo romano. Esa amenaza perduró durante muchos años hasta que, por fin, irrumpió la figura del Papa Francisco. Él vino del caldo de esta nueva cultura eclesial, bien expresada por la opción preferencial, no excluyente, por los pobres y por las distintas vertientes de la teología de la liberación que la acompaña. Él dio legitimidad a este modo de vivir la fe cristiana, especialmente en situaciones de gran opresión.

Misa en latín
Misa en latín

Pero lo que más está escandalizando a los cristianos tradicionalistas es su estilo de ejercer el ministerio de unidad de la Iglesia. Ya no se presenta como el pontífice clásico, vestido con los símbolos paganos, tomados de los emperadores romanos, especialmente la famosa “mozzeta”, aquella capita banca llena de símbolos del poder absoluto del emperador y del papa. Francisco se libró rápidamente de ella y vistió una “mozzeta” blanca sencilla, como la del gran profeta de Brasil, dom Helder Câmara, y su cruz de hierro sin ninguna joya. Se negó a vivir en un palacio pontificio, lo cual habría hecho a san Francisco levantarse de la tumba para llevarlo adonde él escogió: en una simple casa de huéspedes, Santa Marta. Allí entra en la fila para servirse y come junto con todos. Con humor podemos decir que así es más difícil envenenarlo. No calza Prada, sino sus zapatones viejos y gastados. En el anuario pontificio en el que se usa una página entera con los títulos honoríficos de los Papas, él simplemente renunció a todos y escribió solamente Franciscus, pontifex. En uno de sus primeros pronunciamientos dijo claramente que no iba a presidir la Iglesia con el derecho canónico sino con el amor y la ternura. Un sinnúmero de veces ha repetido que quería una Iglesia pobre y de pobres.

Todo el gran problema de la Iglesia-gran-institución reside, desde los emperadores Constantino y Teodosio, en la asunción del poder político, transformado en poder sagrado (sacra potestas). Ese proceso llegó a su culminación con el Papa Gregorio VII (1075) con su bula Dictatus Papae, que bien traducida es la “Dictadura del Papa”. Como dice el gran eclesiólogo Jean-Yves Congar, con este Papa se consolidó el cambio más decisivo de la Iglesia que tantos problemas creó y del cual ya nunca se ha liberado: el ejercicio centralizado, autoritario y hasta despótico del poder. En las 27 proposiciones de la bula, el Papa es considerado el señor absoluto de la Iglesia, el señor único y supremo del mundo, volviéndose la autoridad suprema en el campo espiritual y temporal. Esto nunca ha sido desdicho.

Poder en la Iglesia
Poder en la Iglesia

Basta leer el Canon 331 en el cual se dice que “el Pastor de la Iglesia universal tiene el poder ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal”. Cosa inaudita: si tachamos el término Pastor de la Iglesia universal y ponemos Dios, funciona perfectamente. ¿Quién de los humanos sino Dios, puede atribuirse tal concentración de poder? No deja de ser significativo que en la historia de los Papas haya habido un crescendo en el faraonismo del poder: de sucesor de Pedro, los Papas pasaron a considerarse representantes de Cristo. Y como si no bastase, representantes de Dios, siendo incluso llamados deus minor in terra. Aquí se realiza la hybris griega y aquello que Thomas Hobbes constata en su Leviatán: «Señalo, como tendencia general de todos los hombres, un perpetuo e inquieto deseo de poder y más poder, que sólo cesa con la muerte. La razón de esto radica en el hecho de que no se puede garantizar el poder si no es buscando todavía más poder». Esta ha sido, pues, la trayectoria de la Iglesia Católica en relación con el poder, que persiste hasta el día de hoy, fuente de polémicas con las demás Iglesias cristianas y de extrema dificultad para asumir los valores humanísticos de la modernidad. Dista años luz de la visión de Jesús que quería un poder-servicio (hierodulia) y no un poder-jerárquico (hierarquia).

De todo eso se aleja el Papa Francisco, lo que causa indignación a los conservadores y reaccionarios, claramente expresado en el libro de 45 autores de octubre de 2021: De la paz de Benedicto a la guerra de Francisco (From Benedict’s Peace to Francis’s War) organizado por Peter A. Kwasniewski. Nosotros le daríamos la vuelta así: De la paz de los pedófilos de Benedicto (encubiertos por él) a la guerra a los pedófilos de Francisco (condenados por él). Es sabido que un tribunal de Múnich encontró indicios para incriminar al Papa Benedicto XVI por su lenidad con curas pedófilos.

Vaticano
Vaticano

Existe un problema de geopolítica eclesiástica: los tradicionalistas rechazan a un Papa que viene “del fin del mundo”, que trae al centro de poder del Vaticano otro estilo, más próximo a la gruta de Belén que a los palacios de los emperadores. Si Jesús se apareciese al Papa en su paseo por los jardines del Vaticano, seguramente le diría: “Pedro, sobre estas piedras palaciegas jamás construiría mi Iglesia”. Esta contradicción es vivida por el Papa Francisco, pues renunció al estilo palaciego e imperial.

Hay, en efecto, un choque de geopolítica religiosa, entre el Centro, que perdió la hegemonía en número y en irradiación pero que conserva los hábitos de ejercicio autoritario del poder, y la Periferia, numéricamente mayoritaria de católicos, con iglesias nuevas, con nuevos estilos de vivencia de la fe y en permanente diálogo con el mundo

Hay, en efecto, un choque de geopolítica religiosa, entre el Centro, que perdió la hegemonía en número y en irradiación pero que conserva los hábitos de ejercicio autoritario del poder, y la Periferia, numéricamente mayoritaria de católicos, con iglesias nuevas, con nuevos estilos de vivencia de la fe y en permanente diálogo con el mundo, especialmente con los condenados de la Tierra, que tiene siempre una palabra que decir sobre las llagas que sangran en el cuerpo del Crucificado, presente en los empobrecidos y oprimidos.

Tal vez lo que más molesta a los cristianos anclados en el pasado es la visión de Iglesia vivida por el Papa. No una Iglesia-castillo, cerrada en sí misma, en sus valores y doctrinas, sino una Iglesia “hospital de campaña” siempre “en salida rumbo a las periferias existenciales”. Ella acoge a todos sin preguntar su credo o su situación moral. Basta que sean seres humanos en busca de sentido de la vida y sufridores de las adversidades de este mundo globalizado, injusto, cruel y sin piedad. Condena de forma directa el sistema que da centralidad al dinero a costa de vidas humanas y a costa de la naturaleza. Ha realizado varios encuentros mundiales con movimientos populares. En el último, el cuarto, dijo explícitamente: «Este sistema (capitalista), con su lógica implacable, escapa al dominio humano; es preciso trabajar por más justicia y cancelar este sistema de muerte». En la Fratelli tutti lo condena de forma contundente.

El Papa, con pobres a la mesa
El Papa, con pobres a la mesa

Se orienta por aquello que es una de las grandes aportaciones de la teología latinoamericana: la centralidad del Jesús histórico, pobre, lleno de ternura con los que sufren, siempre al lado de los pobres y marginalizados. El Papa respeta los dogmas y las doctrinas, pero no es por ellas por donde llega al corazón de la gente. Para él, Jesús vino a enseñar a vivir: la confianza total en Dios-Abbá, a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión con los caídos en los caminos, el cuidado con lo Creado, bienes que constituyen el contenido del mensaje central de Jesús: el Reino de Dios. Predica incansablemente la misericordia ilimitada por la cual Dios salva a sus hijos e hijas, pues Él no puede perder a ninguno de ellos, frutos de su amor, “pues es el apasionado amante de la vida” (Sab 11,26). Por eso afirma que «por más que alguien esté herido por el mal, nunca está condenado sobre esta tierra a quedar para siempre separado de Dios». En otras palabras: la condenación es solo para este tiempo.

Convoca a todos los pastores a ejercer la pastoral de la ternura y del amor incondicional, formulada resumidamente por un líder popular de una comunidad de base: “el alma no tiene frontera, ninguna vida es extranjera”. Como pocos en el mundo, se ha comprometido con los emigrantes venidos de África y de Oriente Medio y ahora de Ucrania. Lamenta que los modernos hayamos perdido la capacidad de llorar, de sentir el dolor del otro y, como buen samaritano, de socorrerlo en su abandono.

Su obra más importante muestra la preocupación por el futuro de la vida de la Madre Tierra. La Laudato Sì expresa su verdadero sentido en el subtítulo: “sobre el cuidado de la Casa Común”. Elabora no una ecología verde, sino una ecología integral que abarca el ambiente, la sociedad, la política, la cultura, lo cotidiano y el mundo del espíritu. Asume las contribuciones más seguras de las ciencias de la Tierra y de la vida, especialmente de la física cuántica y de la nueva cosmología el hecho de que «todo está relacionado con todo y nos une con afecto al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra» como dice poéticamente en la Laudato Sì. La categoría cuidado y corresponsabilidad colectiva adquieren completa centralidad hasta el punto de decir en la Fratelli tutti que «estamos en el mismo barco: o todos nos salvamos o nadie se salva».

Nosotros latinoamericanos le estamos profundamente agradecidos por haber convocado el Sínodo Querida Amazonia para defender ese inmenso bioma de interés para toda la Tierra y cómo la Iglesia se encarna en aquella vasta región que cubre nueve países.

Statio Orbis 27 de marzo de 2020
Statio Orbis 27 de marzo de 2020

Grandes nombres de la ecología mundial afirmaron: con esta contribución el Papa Francisco se pone a la cabeza de la discusión ecológica contemporánea.

Casi desesperado, pero aun así lleno de esperanza, propone un camino de salvación: la fraternidad universal y el amor social como los ejes estructuradores de una biosociedad en función de la cual están la política, la economía y todos los esfuerzos humanos. No tenemos mucho tiempo ni sabiduría suficientemente acumulada, pero este es el sueño y la alternativa real para evitar un camino sin retorno.

El Papa caminando solo por la plaza de San Pedro bajo una lluvia fina, en tiempos de la pandemia, quedará como una imagen indeleble y un símbolo de su misión de Pastor que se preocupa y reza por el destino de la humanidad

El Papa caminando solo por la plaza de San Pedro bajo una lluvia fina, en tiempos de la pandemia, quedará como una imagen indeleble y un símbolo de su misión de Pastor que se preocupa y reza por el destino de la humanidad.

Tal vez una de las frases finales de la Laudato Sì revela todo su optimismo y esperanza contra toda esperanza: «Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza».

Tienen que ser enemigos de su propia humanidad quienes condenan inmisericordemente las actitudes tan humanitarias del Papa Francisco, en nombre de un cristianismo estéril, convertido en un fósil del pasado, en un recipiente de aguas muertas. Los ataques feroces que le hacen pueden ser todo menos cristianos y evangélicos. El Papa Francisco lo soporta imbuido de la humildad de San Francisco de Asís y de los valores del Jesús histórico. Por eso él bien merece el título de “justo entre las naciones”.

La sinodalidad antes del Papa Francisco

Jesús Martínez Gordo

I Concilio Vaticano (1869-1870) – EcuRed

La elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como obispo de Roma y su posicionamiento a favor de una “conversión del papado” y de un primado más colegial que unipersonal, está teniendo la virtud de iluminar, probablemente sin buscarlo ni quererlo, la fallida recepción del Concilio Vaticano II en los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, sobre todo en lo referente a la articulación entre primado, colegialidad y sinodalidad.

Es un asunto cuya importancia se ha visto incrementada estos últimos años con la crisis de los abusos en la Iglesia (ya sean sexuales, de conciencia o de poder) y con el diferenciado diagnóstico de la misma: la revolución sexual de mayo del 68 (según Benedicto XVI) o, como sostiene el Papa Francisco, el clericalismo y la necesidad de una “conversión”, empezando, por la del mismo papado; un diagnóstico disyuntivo que entiendo perfectamente compatible. 

 1.- Mt 16, 19 y la “conversión del papado”

La cuestión de la “conversión del papado” —y su articulación con la colegialidad episcopal y la corresponsabilidad bautismal— hunde sus raíces en las diferentes y a veces, enfrentadas interpretaciones de Mateo 16,19 sobre cómo se comprende “el poder” dado por Jesús a Pedro: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los Cielos”.

Para los Santos Padres, solía recordar Y. – M. Congar (1904-1995), lo que se funda en Pedro es la Iglesia. Por eso, los poderes conferidos a Pedro pasan de él a la Iglesia. Este es el contenido y sentido fundamentales del pasaje, en cuyo marco algunos de los Padres (sobre todo, occidentales) admitían la existencia de una primacía canónica —es decir, sólo jurídica— del obispo de Roma dentro de la Iglesia.

Sin embargo, la comprensión patrística de este pasaje evangélico empieza a ser alterada —a partir, tal vez, del siglo II— cuando Roma cree ver en Mateo 16,19 su propia institución. Según esta interpretación, los poderes de Cristo no pasan de Pedro a la Iglesia, sino de Pedro a la sede romana. La consecuencia de tal exégesis es clara: la Iglesia no se forma solamente a partir de Cristo, vía Pedro, sino a partir del Papa. Ello quiere decir que la consistencia y vida de la Iglesia descansan —al estar construidas sobre Pedro— en el Papa y en sus sucesores, cabeza de la comunidad cristiana y, por esto, residencia de la plena potestad (“plenitudo potestatis”).

Toda la historia de la eclesiología es la permanente actualización de un conflicto (unas veces, latente y pacífico y otras, vivo y sin tapujos) entre estas dos concepciones del papado y del gobierno y magisterio eclesiales, así como de la colegialidad episcopal y de la corresponsabilidad bautismal: la que sostiene que el poder de Cristo alcanza a toda la Iglesia vía Pedro y la que defiende que el poder de Cristo pasa a Pedro y de Pedro a Roma. Es un problema que llega hasta nuestros días y que no ha finalizado, a pesar de los esfuerzos desplegados por la misma Roma para extender su interpretación al resto de la Iglesia.

 2.- El Vaticano I (1870)

En el Concilio Vaticano I (1870) triunfa rotundamente —con la proclamación del dogma de la infalibilidad del Papa “ex sese” o “ex cathedra”— la segunda de las interpretaciones. Y con ella, gracias a la proclamación de su primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia, la magnificación del obispo de Roma, de quien se espera que sea —con la ayuda de los medios de comunicación social— el titular del oficio Supremo y la Suprema figura carismática de la Iglesia.

Por desgracia, la guerra franco-prusiana impide articular, como estaba previsto, la rotunda y clara proclamación de la infalibilidad papal y del primado del sucesor de Pedro con la autoridad propia de los obispos, individual y colegialmente considerados. Y lo impide porque el Concilio Vaticano I es precipitadamente clausurado, sin fijarse fecha de reanudación.

La consecuencia de todo ello es que la figura del obispo de Roma finaliza revestida de una aurora infalibilista y asumiendo una plenitud jurídica sobre toda la Iglesia; algo inusitado hasta entonces.

Es así como se afianza un modelo eclesial en el que acaba ocupando un puesto de primer nivel la curia vaticana;  una administración que ve cómo se consolida su conciencia de ser la mano derecha del sucesor de Pedro e, incluso, de estar por encima del Colegio de los obispos, y cuyas competencias se van ampliando y consolidando.

El resultado de este primer concilio Vaticano es el asentamiento de una concepción del primado o papado marcadamente infalibilista y autoritativa, además de una curia vaticana fuertemente centralizadora y mucho más numerosa de cuanto lo había sido hasta 1870.

 3.- El Vaticano II (1962-1965)

La tarea, pendiente desde la precipitada clausura del Vaticano I, de articular la autoridad primacial y el magisterio papal con la del Colegio episcopal tiene que esperar al Vaticano II (1962-1965). Concretamente, aunque no de manera exclusiva, a la Constitución dogmática “Lumen Gentium” (1964), donde se proclama que Cristo “instituyó” a los apóstoles “a modo de colegio, es decir, de grupo estable, al frente del cual puso a Pedro, elegido de entre ellos mismos” (LG 19).

Y, un poco más adelante se puede leer la que, probablemente, sea una de las afirmaciones más esperada y puede que sorprendente, todavía, para muchos católicos: “la potestad suprema sobre la Iglesia universal”, es decir, el llamado poder de jurisdicción universal (la “plenitudo potestatis”), la posee el Colegio episcopal con el Papa y, como tal, es decir, colegialmente, ha de ser desempeñada; por supuesto, bajo la presidencia del obispo de Roma (LG 22).

Con esta y otras proclamaciones de igual contenido, el Vaticano II completa la tarea empezada casi 100 años atrás: articular la capacidad magisterial y jurídica del Papa con las de los obispos gracias a la recepción del episcopado, (“la plenitud del sacramento del orden”) y, por tanto, a partir de su común pertenencia al Colegio de los sucesores de los apóstoles.

A su luz hay que entender una de las conclusiones que, todavía en nuestros días, sigue resultando desconocida para la inmensa mayoría de los católicos. Y no digamos para los medios de comunicación social: los obispos son “vicarios y legados de Cristo”, y “no deben ser considerados como los vicarios de los pontífices romanos” (LG 27).   Pero, siendo importante esta primera conclusión —y después de culminar la tarea empezada en 1870 con el Vaticano I— los padres conciliares incorporan al magisterio eclesial otra clase del mismo: el del “sensus fidei” o “sensus fidelium”: “la universalidad de los fieles (…), no puede fallar en su creencia (…), cuando desde el obispo hasta los últimos fieles seglares manifiestan el asentimiento universal en las cosas de fe y de costumbre” (LG 12).

4.- La “Nota explicativa previa”

Es una importante conclusión que queda congelada por la famosa “Nota explicativa previa” que se adjunta al final y fuera de la Constitución Lumen Gentium  “por mandato de la autoridad superior” a la que recurrirán tanto Pablo VI —sobre todo, en el tramo final de su pontificado—, como Juan Pablo II y Benedicto XVI por el temor a que se descomponga la Iglesia como se evidencia, por ejemplo, en las iglesias de la tradición ortodoxa.

Según esta Nota, (por cierto, una concesión del Papa Montini a los sectores más reacios a los cambios conciliares), el sucesor de Pedro puede actuar  “según su propio criterio” (“propia discretio”) y “como le parezca”  (“ad placitum”), sobre todo, cuando tenga que “ordenar, promover, aprobar el ejercicio colegial”.                                     Es así como el Papa queda colocado absolutamente por encima del Colegio episcopal, dejando abierta la posibilidad de que no exista entre ellos otra relación que la del sometimiento; como así sucederá en una buena parte de los últimos decenios.

5.- Francisco y el protagonismo de todo el pueblo de Dios

A diferencia de sus predecesores, Francisco es el primero que recupera y activa el protagonismo de todo el pueblo de Dios recabando su parecer en la preparación del Sínodo extraordinario de obispos (2014) y del ordinario (2015) sobre la familia y la moral sexual. Se trata de un paso que, como todo inicio, es modesto en su realización, interesante en su pretensión y llamado a un mayor desarrollo. Y lo es porque se trata, si no me equivoco, de la primera ocasión en la que se toma en serio en la Iglesia latina —aunque muy tímidamente— la primera de las interpretaciones de Mt 16, 19: la que entiende que el “poder” de Cristo pasa a la Iglesia por medio de Pedro, es decir, la defendida por los Santos Padres.

Jesús y Francisco: mismos enemigos, mismos ataques

Jesús y Francisco: mismos enemigos, mismos ataques
Jesús y Francisco: mismos enemigos, mismos ataques

“Éste ha venido para que salgan a la luz los pensamientos de fondo de muchos corazones”.

Escritas por un periodista español: “Juan Pablo II fue un papa santo; Benedicto XVI un papa sabio, Francisco es un papa-natas”

“Si al Señor de la casa le han llamado Beelcebul ¿qué no llamarán a sus servidores?” (Mt 10,25)

«Ya no es simplemente que se le llame comunista o tercermundista, ni que todo un cardenal le acuse de no cumplir el evangelio, ni que se le llame el papa de los ateos. Es la furia de todo un diputado brasileño que le tacha simplemente de “sinvergüenza”»

Por José I. González Faus *aparecido en el n. 289 de Iglesia Viva

Hay en los evangelios un dicho sobre Jesús que parece repetirse en el actual obispo de Roma. No en plan de igualdad, por supuesto, pero sí como el ejemplo y el estilo del Maestro que se reflejan en el discípulo. Me estoy refiriendo a la frase de Lucas (2,35): “este ha venido para que salgan a la luz los pensamientos de fondo de muchos corazones”.

Datos.-

En efecto: Jesús puso en evidencia lo que había en el fondo de muchos sumos sacerdotes, de muchos saduceos y de muchos “judíos respetables”. Tanto que todos los evangelios repiten varias veces que la reacción ante algunas conductas de Jesús fue que “tomaron la determinación de acabar con Él”.

Crucifixión de la catedral de Burgos
Crucifixión de la catedral de Burgos

Encontramos esa reacción en Marcos (3,6), ya al comienzo de su relato y cuando las cosas iban mejor. Y con el significativo detalle de que en esa decisión se unen enemigos irreconciliables como eran “los fariseos y los herodianos”. La encontramos también en Mateo (26,4) en una reunión celebrada ex profeso para eso, y con el cuidado de hacerlo de manera “que no se amotine el pueblo”. La encontramos repetida en Juan, el evangelio que parece presentar a un Jesús más celestial: “pretendían matarle porque no solo curaba en sábado sino que se hacía igual a Dios” (5,18), lo que acabará en la decisión “oficial” de 11,53: “acordaron matarle”. Lucas habla de un intento de despeñarle (4,29) y de un afán por “tenderle lazos” (11,53). Y eso que Lucas parece mucho menos preocupado por la reacción de los poderosos y más por la del pueblo sencillo que alababa y daba gracias a Dios porque sentían que un gran Profeta les había visitado (cf. 7,17).

Razones.-

Si nos preguntamos qué es lo que provocaba esas decisiones tan furiosas y tan retorcidas, creo que hay tres rasgos en la conducta de Jesús que las explican suficientemente, y que sacan a la luz lo que hay, por debajo de las apariencias, en el fondo de nuestros corazones:

a.- Por un lado, Jesús parece poner a las personas concretas (y sobre todo: sus necesidades más primarias) por encima de las instituciones más sagradas. Suena muy aceptable la argumentación del jefe de la sinagoga en Lc 13,14: “la semana tiene seis días para que vengáis a curaros en vez de hacerlo en día de precepto”. Pero Jesús considera que aquella enferma tiene derecho a no esperar ni un día más, tras tantos años de sufrimiento y porque (en el lenguaje de la época) la enfermedad es obra de Satán y no de Dios; mientras que los hombres ponemos las excepciones a la ley en nuestros animales antes que en las personas (cf. Lc 13,15 y 14,5). Algo parecido se refleja en alguna parábola como la del buen samaritano: pues, según explican los exegetas, aquellos que pasan de largo tenían buenas razones sociales para obrar así.

 b.- Por otro lado, Jesús da la sensación de ser acogedor y comprensivo con “los de fuera”, mientras resulta autocrítico y hasta duro con los de dentro. En los evangelios, los samaritanos quedan mejor que los judíos. Recordemos además que las dos únicas veces que Jesús alaba la fe de alguien (Él que tanto se quejaba de la “poca fe” de los suyos), se trata de dos personas no judías: el centurión y la mujer cananea. Y recordemos también la amenaza de que vendrán muchos “de fuera” a sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob, mientras los hijos del pueblo no entrarán (Mt 8, 11.12).

c.- Finalmente Jesús es implacable con los ricos, a los que dice: “ay de vosotros porque ya tenéis aquí vuestro consuelo” (Lc 6,24), y les enseña que es imposible que se salven mientras no pongan su riqueza al servicio de los pobres (cf. Mc 10, 22-24): porque el ídolo más contrario a Dios es precisamente la riqueza privada (“Mammon”, Mt 6,24)[1].

Evangelizar a los ricos
Evangelizar a los ricos

Es muy comprensible que esos tres rasgos del proceder de Jesús fueran desatando poco a poco recelos, hostilidades y finalmente una ira y una rabia mal contenidas: porque, efectivamente, pueden poner en evidencia lo que hay en el fondo de nuestros corazones.

Pues bien: lo curioso es que este mismo proceso parece ser el de las reacciones de muchos bienestantes frente al actual obispo de Roma. Veamos algunas:

En Francisco.-

Ya no es simplemente que se le llame comunista o tercermundista, ni que todo un cardenal le acuse de no cumplir el evangelio, ni que se le llame el papa de los ateos. Es la furia de todo un diputado brasileño que le tacha simplemente de “sinvergüenza”[2]: aquí, la crítica con algún contenido aparente, se ha transformado sin más en insulto barriobajero. Y eso mismo parecen reflejar (aunque no sé si son ciertas) estas palabras que me envía un amigo como escritas por un periodista español: “Juan Pablo II fue un papa santo; Benedicto XVI un papa sabio, Francisco es un papa-natas”[3]. Semejante falta, no ya de respeto sino de educación elemental, refleja esa rabia impotente y descontrolada de quien, si pudiera, acabaría con él. Pero claro: al reflejar esa rabia pone otra vez en evidencia lo que hay en el fondo de muchos corazones…

La canonización de los cuatro papas
La canonización de los cuatro papas

Y es que las tres formas de conducta destacadas en Jesús atacaban nuestra estabilidad, nuestra vanidad autocomplaciente y nuestra seguridad y pretensión de ser superiores. “Una mica massa” que dirían mis hermanos catalanes.

Pues bien: algo de eso parecen amenazar también algunas conductas de este papa que prefiere viajar a Irak, a Lampedusa, a Palestina, a Cuba, a la República Centroafricana y a Marruecos, antes que a “la católica España”. O que se reúne con los gitanos, que grita a favor de los inmigrantes y se deja quitar el solideo por un niño de diez años… Ya en los comienzos de su ministerio, se le acusó con razón de “desacralizar el papado”[4]. Lo cual es muy serio: porque el papa era antes una especie de “depósito de sacralidad” que funcionaba muy bien como arma defensiva de los bienestantes. Y eso se ha evaporado.

Por otro lado, aunque muchas de las cosas que Francisco dice de economía, las habían dicho ya sus predecesores, estos las dijeron en largas encíclicas[5] (que muy pocos leían), entre mil frases teológicas, donde perdían sabor como un trago de un vino fuerte disuelto en un litro de agua… En cambio Francisco ha dicho muchas de esas cosas sin aguarlas y en cualquier sitio, de modo que todo el mundo se entera y hasta las repite como eslóganes: “una economía que mata; “la cultura del descarte”… Así se comprende lo furibundo de algunas reacciones y lo que el mismo Francisco dijo en Eslovaquia: “algunos me querrían muerto”. ¡Y tanto!

Papamóvil en San Pedro
Papamóvil en San Pedro

Seguramente ya es tarde para planear algún atentado bien disimulado. Quedan recursos como desacreditar a la Iglesia presentándola como la única culpable del horror de la pederastia, a pesar de que Francisco ha sido quien más valientemente ha actuado contra esa plaga. En cualquier caso, me temo que a Francisco le queden días harto difíciles. Porque, por el otro lado, se le acusa de ser remiso en el tema de la mujer, a pesar de que es el papa que más ha hablado de la necesidad de un mayor protagonismo de la mujer en la marcha de la Iglesia, y que más cargos de cierta entidad ha procurado cubrirlos con mujeres. Pero una impaciencia, más humana que divina, impide comprender que Francisco tiene aquí las manos muy atadas no solo por declaraciones aún muy cercanas de sus predecesores inmediatos[6], sino por razones ecuménicas, como son las iglesias de la llamada “Ortodoxia”. Olvidamos aquí que la sinodalidad, a la que tanto cantamos ahora, muchas veces ha de significar “paciencia”[7]. Por lo demás, es esta una conducta muy frecuente en las sociedades humanas: en el campo político hemos sido testigos muchas veces de que reivindicaciones extremas, que estaban muy calladas cuando el gobierno estaba en manos de la derecha, se levantan con urgencia cuando acceden al poder las izquierdas, creando problemas innecesarios a gobiernos de mayoría frágil. Humano, demasiado humano…

Acusaciones concretas.-

Un último punto a destacar puede ser la vacuidad de contenidos de esas acusaciones tan furibundas en los dos casos que comentamos: de Jesús se dice que: “ha blasfemado”, “amotina al pueblo”, quiere proclamarse rey… Y por eso “reo es de muerte”. Pero resulta que Jesús enseñaba la paternidad y el amor de Dios, curaba al pueblo y huyó cuando quisieron proclamarlo rey. Una vacuidad parecida podemos encontrarla en el insulto contra Francisco antes citado, que hablaba de Wojtila como papa santo, de Ratzinger como papa sabio y de Bergoglio como papanatas. Vale la pena analizar esas comparaciones.

Personalmente, no tengo nada contra la santidad personal del papa Wojtila. Incluso escribí un pequeño librito para hacer comprensible a Juan Pablo II, situándolo en su contexto polaco[8]. Digo esto como muestra de que no hay, en lo que sigue, nada contra él. Simplemente sucede que los santoscanonizados deben ser modelos para nosotros.

El Vaticano, ante los abusos a menores, y el encubrimiento
El Vaticano, ante los abusos a menores, y el encubrimiento

Y bien: no resulta nada modélica la conducta de quien encubrió al monstruo de Maciel, lo presentó como modelo a la juventud y hasta se negó a actuar cuando las pruebas llegadas a Roma eran más que evidentes[9] (recordemos que una de las primeras decisiones que tomó Ratzinger, nada más llegar a la silla de Pedro fue ordenar a Maciel que se retirara de toda actividad sacerdotal y se dedicara a la oración y silencio). Tampoco impidió esa santidad las profundas diferencias con otro santo canonizado: San Oscar Romero, amenazado por Roma con ponerle un “coadjutor con derecho a sucesión” que le apartaba prácticamente del gobierno de la diócesis[10]. Tampoco resulta muy modélica la sospecha de connivencia de Roma, en aquella época, con las dictaduras sudamericanas donde el anticomunismo justificó crueldades increíbles: estamos simplemente ante la reacción típica de un mundo dividido en dos sistemas, donde las víctimas de uno de los dos sistemas no toleran las críticas al otro al que miran como alternativa. Una reacción que ha sido típica tanto de las derechas como de las izquierdas. Finalmente, queda lo irregular de su proceso de beatificación que se saltó las normas canónicas establecidas[11]. El grito de “santo súbito” no quiso ser un grito piadoso sino un grito interesado: el papa enemigo feroz del comunismo era una excelente vacuna contra todo intento de reforma social entre nosotros.

Por lo que hace al papa sabio, a cuyas clases asistí en Tübingen en el curso 1966-67, queda la pregunta de si su sabiduría está en lo que los comentaristas llaman “el primer Ratzinger” o en su evolución posterior[12]. Probablemente estuvo en su valiente e insólita decisión de dimitir, cuando comprendió que no era él la persona adecuada para afrontar el dossier sobre la situación de la Curia, que luego hizo que los cardenales eligieran a Bergoglio: al “papanatas” le cayó aquel problemón. Y basta, por ejemplo, con leer las declaraciones de Francisco a la curia romana, para comprender que quien tuvo el valor de hablar así, podía estar sembrando hostilidades ciegas que algún día mirarían de pasarle factura.

Jesús y Francisco

 Por eso podemos cerrar este paralelismo entre el destino de Jesús y el de Bergoglio, con las mismas palabras del Maestro: “si al Señor de la casa le han llamado Beelcebul ¿qué no llamarán a sus servidores?” (Mt 10,25). Donde lo de papanatas todavía casi resulta caritativo. Creo, pues, que lo mejor que podrían hacer esos críticos es releer la carta de Pablo a los romanos, como dirigida no a una comunidad cristiana del pasado, sino a ellos mismos y a todo el género humano. Verían así cómo la liberación por Cristo de nuestro afán de autoafirmación (Rom 1-8), es una espléndida ayuda para construir comunidad (Rom 12-16)[13].

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[1] Sobre esa palabra aramea, que en los evangelios solo aparece en labios de Jesús, pero que luego se conservó en arameo en algún texto griego posterior al Nuevo Testamento, remito a lo dicho en el capítulo 2 de Otro mundo es posible… desde Jesús, sobre todo pgs. 71-74.

[2] Así informaba la revista Vida Nueva en su número del 23-29 de octubre, p. 37, dando incluso el nombre del diputado, que yo prefiero omitir aquí.

[3] Aunque no he podido ver el texto escrito, lo que me hace creíble la información que me enviaron es ese procedimiento tan típico de la ultraderecha hispana que, no teniendo argumentos, se dedica a sustituir las razones por los insultos,

[4] Intenté responder a esa acusación insensata en un artículo en La Vanguardia en octubre del 2014.

[5] Me he cansado de citar el n, 22 de la Populorum Progressio, que contradice toda la visión actual sobre el derecho de propiedad. Para no abrumar ahora con citas, remito al breve capítulo sobre la enseñanza social de la Iglesia en ¿El capital contra el s. XXI?, Santander 20152, pgs. 177-180

[6] “Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a mujeres y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”. Eso escribió Juan Pablo II en 1994 en la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis. Unos quince años después, en el libro-entrevista Luz del mundo, Benedicto XVI declaraba que la ordenación presbiteral de mujeres es “contraria a la voluntad de Dios”. En mi recensión de ese libro (en Actualidad bibliográfica) me preguntaba cómo estaba Ratzinger tan seguro de que esa es la voluntad de Dios, cuando mucha gente profundamente cristiana cree que la voluntad de Dios es la contraria. Y proponía una temporada de oración en todas las iglesias, pidiendo que se cumpla la voluntad de Dios en este punto. Tampoco comparto la opinión citada de Wojtila; pero es fácil comprender que esos textos tan recientes, atan mucho a un papa, tan combatido por otro lado. Pienso por ello que (como ha ocurrido otras veces) habrá que ir esperando a que las cosas se disuelvan (y se resuelvan) por si solas, por la marcha misma de la historia.

[7] Remito a Sinodalidad eclesial (importancia, problemas, sugerencias) en el último número de “Razón y fe”, pgs. 335-343.

[8] Comprender a Karol Wojtila, Santander 2005. Y aunque pueda sonar a autobombo, añadiré que recibí más de dos cartas de gratitud por personas a las que el libro les había ayudado-

[9] Así consta en el libro La voluntad de no saber (México 2012) donde los autores (Alberto Athié, José Barba y Fernando González) terminan citando estas palabras del entonces cardenal Ratzinger, tras haberle hecho llegar un dossier completo, por vía diplomática: “Monseñor, lo lamento mucho, pero el caso del P. Maciel no se puede abrir porque es una persona muy querida del santo padre y ha hecho mucho bien a la Iglesia” (p. 199). El mismo Ratzinger reconoció en la entrevista citada con Peter Seewald: “hemos actuado con mucha lentitud y gran retraso”.

[10] El entonces provincial de los jesuitas centroamericanos (César Jerez) me contó un día, paseando por la Via della Conziliazione, que allí mismo le había dicho Romero: “prefiero ser humillado públicamente que traicionar a mi pueblo”.

[11] El derecho canónico exige que pasen cinco años antes de introducir la causa. ¿Qué necesidad había de saltar esa norma tratándose de un personaje discutido?

[12] De aquel curso de cristología en 1967 me permito repetir la anécdota que ya conté en otra ocasión. Ratzinger explicaba las dos escuelas teológicas de la antigüedad (Alejandría y Antioquía) con sus trifulcas, una más atenta a la divinidad y otra a la humanidad de Jesús. De pronto se para, nos mira y pregunta: “¿Y en Roma?”. Una pausa, se abrocha la chaqueta y responde con una sonrisa: “en Roma, ya lo saben ustedes, no se hace buena teología”. Todavía tengo en mis oídos el aplauso de los alumnos, en aquellos días en que ya estaba cociéndose el 68.

[13] Remito, para eso, a mi reciente Carta a los humanos, Santander 2020.

Para participar en el proceso sinodal

PUERTAS ABIERTAS A PARTICIPAR EN EL SÍNODO

col haya

En vista de las pocas facilidades que estoy viendo en algunas parroquias para facilitar la intervención de los fieles en el Sínodo, y menos aún para escuchar a los que no frecuentamos las parroquias o incluso están alejados de las prácticas habituales, dirigí esta…

…consulta a la Comisión metodológica:

Estimada Sra. Inogés, de la comisión metodológica de la Secretaría del Sínodo de Roma; el domingo escuché la entrevista que le hicieron en Últimas preguntas (TVE-2) y me alegró ver su interés y su eficiente trabajo en la realización del Sínodo en esta fase diocesana. En especial me interesó el interés que mostró por contactar con aquellos que estamos alejados de la vida parroquial y de algunas prácticas habituales de nuestra Iglesia.

Mi nombre es Gonzalo Haya Prats, teólogo jesuita secularizado, colaborador de los blogs Fe Adulta y Atrio. Personalmente estoy muy interesado en apoyar al Papa Francisco en su valiente propuesta de este Sínodo. Me temo sin embargo que termine en una decepción como el sínodo de la Amazonia, y me temo que en España está claramente rechazado por las derechas pero también por los teólogos progresistas que desearían algo mucho más radical. Por mi parte creo que ya sería un éxito si se logra movilizar a los fieles en un proceso de sinodalidad en el que nos sintamos responsables y logremos una importante cuota de corresponsabilidad.

Ya había contactado con  mi parroquia en Madrid y tuve muy poca acogida; me dijeron que no habían recibido material para difundirlo con los feligreses, que me enviarían el boletín parroquial. No he recibido nada y ayer me pasé por la puerta de la Iglesia y no vi ningún cartel que dijera algo del Sínodo. He visto el programa de la diócesis de Palencia y he respondido el cuestionario, pero comprendo que ellos tienen que ceñirse a su diócesis. También he consultado el boletín informativo de sinodo.archimadrid.es pero me queda una cuestión por aclarar.

Creo que los grupos programados se centran en cómo se ha practicado la sinodalidad y qué proponen para mejorarla. La sinodalidad simplemente no ha existido hasta ahora, debido a la brecha entre los clérigos y los laicos. Íbamos a una iglesia o a la parroquia “a oír misa”. Creo que es necesario, pero no sé si está previsto en “el sistema”, dejar más libertad a grupos de religiosos, teólogos, intelectuales, obreros… para que expresemos nuestro sentir cristiano sobre la reforma de la iglesia, principal objetivo de este sínodo. Si sólo van a responder los cristianos de misa dominical, poca reforma van a proponer. Sería un contrasentido que la metodología del Sínodo dificultara proponer reformas más profundas y estructurales. Comprendo que convendría atenerse a un o unos cuestionarios tipo para facilitar la recogida de tanta variedad de respuestas.

Y pregunto ¿Existen estos cuestionarios? ¿Se aceptan estas aportaciones? ¿Adónde enviar las que promuevan revistas como Atrio, Fe Adulta, Paradigmas emergentes, y muchas otras que son leídas en toda España, América latina, y algún otro país?

Le agradezco su trabajo por la promoción de este Sínodo y añado mi correo digital y postal, y mi teléfono por si prefiere comentar verbalmente y contagiarnos su entusiasmo.

Y he recibido la siguiente respuesta de Cristina Inogés

Cristina Inogés

Buenas tardes, Gonzalo:

¿Nos tuteamos? Por mi parte no hay inconveniente.

La verdad es que estamos en un momento sumamente atractivo. Va a tener inconvenientes y negarlo sería tonto, pero creo que pese a todo y todos, algo habrá cambiado cuando llegue 2023.

Los grupos para trabajar el Sínodo no tienen por fuerza que estar asociados a una parroquia. Pueden ser grupos de todo tipo y, por lo tanto, sí se puede participar. Lo normal va a ser hacerlo a través del cauce diocesano. Me permito enviarte (aunque sé que lo tendrás) el Documento Preparatorio y el Vademecum, además del enlace a la web del Sínodo. Todo está en varios idiomas. Es esta: 

https://www.synod.va/en.html

En el Documento Preparatorio y en el Vademecum, hay 10 bloques de preguntas. Se pueden trabajar todos o bien aquellos bloques que se consideren más interesantes o importantes para ese grupo. Además, está la posibilidad de aportar la reflexión sobre algún tema que no aparezca en esos bloques.

También te adjunto el enlace que he encontrado en la diócesis de Madrid donde, al final, están los cauces de participación diocesana:  https://sinodo.archimadrid.es/

Estoy a tu disposición para todo lo que quieras preguntarme.

Te paso también mi número de móvil por si te puedo ayudar puntualmente en algo.

Seguimos caminando…

Cristina Inogés Sanz

crisinogsanz@gmail.cpm

Twitter: @Crisinogessanz

Facebook: cristina.inogessanz

Instagram: cristinainogessanz 

Creo que esto abre posibilidades para que nosotros podamos elaborar nuestro cuestionario, quizás junto con otras organizaciones, y enviarlo por vía más directa a la Secretaría del Sínodo, evitando así los resúmenes (los posibles filtros) parroquiales y diocesanos

El nuncio en Ucrania:

“Esta guerra no se puede ganar, lo único que queda es detenerla”

soldados heridos Ucrania

El arzobispo Visvaldas Kulbokas aplaude “la cohesión y el diálogo” entre todas las confesiones presentes en Ucrania

El arzobispo lituano Visvaldas Kulbokas, nuncio apostólico en Kiev volvió a hacer un llamamiento a alcanzar la paz en Ucrania “cuanto antes”, y acabar con una guerra “que no se puede ganar”. El prelado, que no abandonó la ciudad ni siquiera en los peores momentos de los ataques rusos, y testigo de excepción del horror, pidió que las balas y las bombas dejen paso a la diplomacia y el diálogo.


Kulbokas lamentó que todavía haya países que sigan hablando de “cómo ganar la guerra”. El nuncio, sin embargo, se remite a su experiencia propia sobre el terreno para explicar que esto es imposible: “¿Qué significa “ganar” cuando hay decenas de miles de muertos? Lo único que queda es detenerla, la guerra. Si alguien tiene la oportunidad de hacerlo, que lo haga ahora. La guerra mata a todos”.

Desbordados por las urgencias

La situación provocada por el conflicto, les lleva al límite cada día. “Estamos desbordados por las urgencias, empezando por las cuestiones humanitarias, a veces con intervenciones puntuales sobre el terreno, a veces -y este es el ámbito de competencia de la nunciatura- las que requieren el uso de los canales diplomáticos…”

No obstante, es realista sobre su capacidad para influir en las partes: “No tenemos la fuerza de las superpotencias políticas y militares, habría que preguntarles a ellos. Somos pequeños. Pero lo que podemos hacer es quedarnos aquí y hacer nuestra parte, nuestra labor de persuasión moral, que tiene muchas facetas y que obviamente debe ser confidencial. Estar ahí y recordar lo esencial”.

Ejemplo de unión ecuménica contra la guerra

En este aspecto, el lituano quiso destacar la comunión entre las distintas confesiones que están en Ucrania. “Un aspecto alentador es la cohesión entre los hombres de fe. Aquí en Ucrania existe un Consejo de Iglesias y Organizaciones Religiosas que reúne a representantes de las principales confesiones, cristianas y no cristianas, y que constituye un importante ejemplo de cohesión y diálogo. Un arma espiritual y positiva que muestra cómo toda la humanidad debe estar unida en la lucha contra la guerra“.

Al ser cuestionado por la esperanza de que la guerra se detenga pronto, Kulbokas abrió una ventana a la esperanza con la ayuda de Dios. “Humanamente hablando, parece que no hay posibilidades. Pero, como hombres de fe, tenemos la vocación de esperar contra viento y marea, porque sabemos que Dios está ahí e intervendrá en cuanto hayamos hecho nuestra parte”.

La revolución de la ternura

Francisco invita a los ancianos y abuelos del mundo a «ser artífices de la revolución de la ternura»

Francisco, en el día de los abuelos
Francisco, en el día de los abuelos

«¡Bendita la casa que cuida a un anciano! ¡Bendita la familia que honra a sus abuelos!»

«Descubriremos que envejecer no implica solamente el deterioro natural del cuerpo o el ineludible pasar del tiempo, sino el don de una larga vida. ¡Envejecer no es una condena, es una bendición!»

«El mundo vive un tiempo de dura prueba, marcado primero por la tempestad inesperada y furiosa de la pandemia, luego, por una guerra que afecta la paz y el desarrollo a escala mundial»

«Todos hemos pasado por las rodillas de los abuelos, que nos han llevado en brazos; pero hoy es el tiempo de tener sobre nuestras rodillas —con la ayuda concreta o al menos con la oración—, junto con los nuestros, a todos aquellos nietos atemorizados que aún no hemos conocido y que quizá huyen de la guerra o sufren por su causa. Llevemos en nuestro corazón —como hacía san José, padre tierno y solícito— a los pequeños de Ucrania, de Afganistán, de Sudán del Sur»

Por Jesús Bastante

«En la vejez seguirán dando fruto«. El salmista da título al mensaje de Francisco para la jornada de los Abuelos y los Ancianos, que se celebrará el próximo 24 de julio. Una jornada promovida por el Papa para reconocer -como lleva décadas haciendo Mensajeros de la Paz– la misión de nuestros mayores en la Iglesia y la sociedad. «Queridas abuelas y queridos abuelos, queridas ancianas y queridos ancianos, en este mundo nuestro estamos llamados a ser artífices de la revolución de la ternura. Hagámoslo».

«Los ancianos no son parias de los que hay que tomar distancia, sino signos vivientes de la bondad de Dios que concede vida en abundancia. ¡Bendita la casa que cuida a un anciano! ¡Bendita la familia que honra a sus abuelos!«, subraya el Pontífice.

El Papa y una anciana
El Papa y una anciana

«Esto va a contracorriente respecto a lo que el mundo piensa de esta edad de la vida; y también con respecto a la actitud resignada de algunos de nosotros, ancianos, que siguen adelante con poca esperanza y sin aguardar ya nada del futuro», constata Bergoglio, que arranca, provocativo, su mensaje: «La ancianidad a muchos les da miedo. La consideran una especie de enfermedad con la que es mejor no entrar en contacto».

«Los ancianos no nos conciernen»

Es la cultura del descarte, en la que «los ancianos no nos conciernen —piensan— y es mejor que estén lo más lejos posible, quizá juntos entre ellos, en instalaciones donde los cuiden y que nos eviten tener que hacernos cargo de sus preocupaciones», denuncia el Papa, que «autoriza a imaginar caminos separados entre “nosotros” y “ellos”».

Y es que, sostiene Francisco, «la ancianidad no es una estación fácil de comprender, tampoco para nosotros que ya la estamos viviendo». «A pesar de que llega después de un largo camino, ninguno nos ha preparado para afrontarla, y casi parece que nos tomara por sorpresa», recalca, incidiendo en que «las sociedades más desarrolladas invierten mucho en esta edad de la vida, pero no ayudan a interpretarla; ofrecen planes de asistencia, pero no proyectos de existencia».

Las sociedades más desarrolladas invierten mucho en esta edad de la vida, pero no ayudan a interpretarla; ofrecen planes de asistencia, pero no proyectos de existencia

No esconder las arrugas

Por eso, añade, «es difícil mirar al futuro y vislumbrar un horizonte hacia el cual dirigirse. Por una parte, estamos tentados de exorcizar la vejez escondiendo las arrugas y fingiendo que somos siempre jóvenes, por otra, parece que no nos quedaría más que vivir sin ilusión, resignados a no tener ya “frutos para dar”». Nada más lejos de la realidad.

Sin embargo, sí es cierto que el fin de la actividad laboral y la marcha de los hijos de casa hacen que «las fuerzas declinen» y otras circunstancias, como la enfermedad, «pueden poner en crisis nuestras certezas». El día a día tampoco ayuda. «El mundo —con sus tiempos acelerados, ante los cuales nos cuesta mantener el paso— parece que no nos deja alternativa y nos lleva a interiorizar la idea del descarte».

Mayores refugiados
Mayores refugiados

Frente a ello, el Papa propone la virtud de la espera. «Al llegar la vejez y las canas, Él seguirá dándonos vida y no dejará que seamos derrotados por el mal», al tiempo que «descubriremos que envejecer no implica solamente el deterioro natural del cuerpo o el ineludible pasar del tiempo, sino el don de una larga vida. ¡Envejecer no es una condena, es una bendición!»

Por ello, recalca Francisco, «debemos vigilar sobre nosotros mismos y aprender a llevar una ancianidad activa también desde el punto de vista espiritual» y fortaleciendo «las relaciones con los demás, sobre todo con la familia, los hijos, los nietos, a los que podemos ofrecer nuestro afecto lleno de atenciones; pero también con las personas pobres y afligidas, a las que podemos acercarnos con la ayuda concreta y con la oración».

Pedro Sánchez: “Hoy podemos celebrar que vosotros, abuelos y abuelas, estáis a salvo del virus”
Pedro Sánchez: “Hoy podemos celebrar que vosotros, abuelos y abuelas, estáis a salvo del virus”

Una misión que nos espera

«Todo esto nos ayudará a no sentirnos meros espectadores en el teatro del mundo, a no limitarnos a “balconear”, a mirar desde la ventana (…) y podremos ser una bendición para quienes viven a nuestro lado», porque «la ancianidad no es un tiempo inútil en el que nos hacemos a un lado, abandonando los remos en la barca, sino que es una estación para seguir dando frutos. Hay una nueva misión que nos espera y nos invita a dirigir la mirada hacia el futuro».

«Es nuestro aporte a la revolución de la ternura, una revolución espiritual y pacífica a la que los invito a ustedes, queridos abuelos y personas mayores, a ser protagonistas»

«Es nuestro aporte a la revolución de la ternura, una revolución espiritual y pacífica a la que los invito a ustedes, queridos abuelos y personas mayores, a ser protagonistas», clama el Papa, especialmente en nuestros días. «El mundo vive un tiempo de dura prueba, marcado primero por la tempestad inesperada y furiosa de la pandemia, luego, por una guerra que afecta la paz y el desarrollo a escala mundial. No es casual que la guerra haya vuelto en Europa en el momento en que la generación que la vivió en el siglo pasado está desapareciendo. Y estas grandes crisis pueden volvernos insensibles al hecho de que hay otras “epidemias” y otras formas extendidas de violencia que amenazan a la familia humana y a nuestra casa común», exclama.

Cada anciano es tu abuelo
Cada anciano es tu abuelo

Desmilitarizar los corazones

Frente a todo esto, «necesitamos un cambio profundo, una conversión que desmilitarice los corazones, permitiendo que cada uno reconozca en el otro a un hermano». «Y nosotros, abuelos y mayores, tenemos una gran responsabilidad: enseñar a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo a ver a los demás con la misma mirada comprensiva y tierna que dirigimos a nuestros nietos», reclama.

Ancianos en Ucrania
Ancianos en Ucrania

«Hemos afinado nuestra humanidad haciéndonos cargo de los demás, y hoy podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles», pide el Papa a los abuelos. «Nuestra actitud tal vez pueda ser confundida con debilidad o sumisión, pero serán los mansos, no los agresivos ni los prevaricadores, los que heredarán la tierra». Y son ellos los que han de «proteger el mundo«. «Todos hemos pasado por las rodillas de los abuelos, que nos han llevado en brazos; pero hoy es el tiempo de tener sobre nuestras rodillas —con la ayuda concreta o al menos con la oración—, junto con los nuestros, a todos aquellos nietos atemorizados que aún no hemos conocido y que quizá huyen de la guerra o sufren por su causa. Llevemos en nuestro corazón —como hacía san José, padre tierno y solícito— a los pequeños de Ucrania, de Afganistán, de Sudán del Sur».

Y un llamado final, un recordatorio que los abuelos no necesitan, pero tal vez sí la sociedad: «No nos salvamos solos, la felicidad es un pan que se come juntos. Testimoniémoslo a aquellos que se engañan pensando encontrar realización personal y éxito en el enfrentamiento. Todos, también los más débiles, pueden hacerlo. Incluso dejar que nos cuiden —a menudo personas que provienen de otros países— es un modo para decir que vivir juntos no sólo es posible, sino necesario«

El Papa y los emigrantes

El Papa anima al mundo a «construir el futuro» con ellos y afirma que «nadie debe ser excluido «Francisco considera que el aporte de migrantes y refugiados es «fundamental» para la sociedad

El Papa, con refugiados
El Papa, con refugiados

«Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa también reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación»

«Me gusta ver este enfoque del fenómeno migratorio en una visión profética de Isaías, en la que los extranjeros no figuran como invasores y destructores, sino como trabajadores bien dispuestos que reconstruyen las murallas de la Nueva Jerusalén, la Jerusalén abierta a todos los pueblos»

«Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las comunidades que los acogen. Pero esta aportación podría ser mucho mayor si se valorara y se apoyara mediante programas específicos»

Por Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

En un nuevo mensaje de cercanía, el papa Francisco consideró hoy «fundamental» el aporte a las sociedades modernas los migrantes y los refugiados», al tiempo que animó a «construir el futuro» con ellos y afirmó que «nadie debe ser excluido».  

«Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa también reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación», planteó el pontífice en su mensaje dedicado a la Jornada Mundial que los recuerda y que se celebra el próximo 25 de septiembre.

«Me gusta ver este enfoque del fenómeno migratorio en una visión profética de Isaías, en la que los extranjeros no figuran como invasores y destructores, sino como trabajadores bien dispuestos que reconstruyen las murallas de la Nueva Jerusalén, la Jerusalén abierta a todos los pueblos», agregó Francisco, que ha hecho de la cercanía a migrantes y refugiados una de las banderas de su pontificado.

Papa y refugiados

En ese marco, el Papa afirmó que «de hecho, la historia nos enseña que la aportación de los migrantes y refugiados ha sido fundamental para el crecimiento social y económico de nuestras sociedades».

«Y lo sigue siendo también hoy», sostuvo Jorge Bergoglio, quien en julio de 2013, en su primer viaje como Papa fuera de Roma eligió ir a la isla de Lampedusa a mostrar su cercanía con migrantes. 

«Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las comunidades que los acogen. Pero esta aportación podría ser mucho mayor si se valorara y se apoyara mediante programas específicos. Se trata de un enorme potencial, pronto a manifestarse, si se le ofrece la oportunidad», agregó luego.

Para el Papa, «la presencia de los migrantes y los refugiados representa un enorme reto, pero también una oportunidad de crecimiento cultural y espiritual para todos». En su mensaje, dado a conocer este jueves por el Vaticano, Francisco agregó que «nadie debe ser excluido» y recordó «a los habitantes de las periferias existenciales», entre ellos a «muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata».

«Es con ellos que Dios quiere edificar su Reino, porque sin ellos no sería el Reino que Dios quiere. La inclusión de las personas más vulnerables es una condición necesaria para obtener la plena ciudadanía», sostuvo.

«Queridos hermanos y hermanas, y especialmente ustedes, jóvenes, si queremos cooperar con nuestro Padre celestial en la construcción del futuro, hagámoslo junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados. ¡Construyámoslo hoy!», convocó luego.

Papa y emigrante

Texto íntegro del mensaje papal

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados

«No tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura» (Hb 13,14). 

Queridos hermanos y hermanas: 

El sentido último de nuestro “viaje” en este mundo es la búsqueda de la verdadera patria, el  Reino de Dios inaugurado por Jesucristo, que encontrará su plena realización cuando Él vuelva en  su gloria. Su Reino aún no se ha cumplido, pero ya está presente en aquellos que han acogido la  salvación. «El Reino de Dios está en nosotros. Aunque todavía sea escatológico, sea el futuro del  mundo, de la humanidad, se encuentra al mismo tiempo en nosotros».[1] 

La ciudad futura es una «ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios»  (Hb 11,10). Su proyecto prevé una intensa obra de edificación, en la que todos debemos sentirnos  comprometidos personalmente. Se trata de un trabajo minucioso de conversión personal y de  transformación de la realidad, para que se adapte cada vez más al plan divino. Los dramas de la  historia nos recuerdan cuán lejos estamos todavía de alcanzar nuestra meta, la Nueva Jerusalén,  «morada de Dios entre los hombres» (Ap 21,3). Pero no por eso debemos desanimarnos. A la luz de  lo que hemos aprendido en las tribulaciones de los últimos tiempos, estamos llamados a renovar nuestro compromiso para la construcción de un futuro más acorde con el plan de Dios, de un mundo  donde todos podamos vivir dignamente en paz. 

«Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra  nueva donde habitará la justicia» (2 P 3,13). La justicia es uno de los elementos constitutivos del  Reino de Dios. En la búsqueda cotidiana de su voluntad, ésta debe edificarse con paciencia,  sacrificio y determinación, para que todos los que tienen hambre y sed de ella sean saciados  (cf. Mt 5,6). La justicia del Reino debe entenderse como la realización del orden divino, de su  armonioso designio, según el cual, en Cristo muerto y resucitado, toda la creación vuelve a ser  “buena” y la humanidad “muy buena” (cf. Gn 1,1-31). Sin embargo, para que reine esta maravillosa  armonía, es necesario acoger la salvación de Cristo, su Evangelio de amor, para que se eliminen las  desigualdades y las discriminaciones del mundo presente. 

Papa, en Moria

Nadie debe ser excluido. Su proyecto es esencialmente inclusivo y sitúa en el centro a los  habitantes de las periferias existenciales. Entre ellos hay muchos migrantes y refugiados,  desplazados y víctimas de la trata. Es con ellos que Dios quiere edificar su Reino, porque sin ellos  no sería el Reino que Dios quiere. La inclusión de las personas más vulnerables es una condición  necesaria para obtener la plena ciudadanía. De hecho, dice el Señor: «Vengan, benditos de mi  Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque  tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me  alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver» (Mt 25,34- 36).

BOLLETTINO N. 00348 – 12.05.2022 11 

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa también reconocer y valorar  lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación. Me gusta ver este enfoque del  fenómeno migratorio en una visión profética de Isaías, en la que los extranjeros no figuran como  invasores y destructores, sino como trabajadores bien dispuestos que reconstruyen las murallas de la  Nueva Jerusalén, la Jerusalén abierta a todos los pueblos (cf. Is 60,10-11). 

En la misma profecía, la llegada de los extranjeros se presenta como fuente  de enriquecimiento: «Se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán  hasta ti» (60,5). De hecho, la historia nos enseña que la aportación de los migrantes y refugiados ha  sido fundamental para el crecimiento social y económico de nuestras sociedades. Y lo sigue siendo  también hoy. Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las  comunidades que los acogen. Pero esta aportación podría ser mucho mayor si se valorara y se  apoyara mediante programas específicos. Se trata de un enorme potencial, pronto a manifestarse, si  se le ofrece la oportunidad. 

Los habitantes de la Nueva Jerusalén —sigue profetizando Isaías— mantienen siempre las  puertas de la ciudad abiertas de par en par, para que puedan entrar los extranjeros con sus dones:  «Tus puertas estarán siempre abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para que te traigan las  riquezas de las naciones» (60,11). La presencia de los migrantes y los refugiados representa un  enorme reto, pero también una oportunidad de crecimiento cultural y espiritual para todos. Gracias a  ellos tenemos la oportunidad de conocer mejor el mundo y la belleza de su diversidad. Podemos  madurar en humanidad y construir juntos un “nosotros” más grande. En la disponibilidad recíproca  se generan espacios de confrontación fecunda entre visiones y tradiciones diferentes, que abren la  mente a perspectivas nuevas. Descubrimos también la riqueza que encierran religiones y  espiritualidades desconocidas para nosotros, y esto nos estimula a profundizar nuestras propias  convicciones. 

Papa y emigrantes

En la Jerusalén de las gentes, el templo del Señor se embellece cada vez más gracias a las  ofrendas que llegan de tierras extranjeras: «En ti se congregarán todos los rebaños de Quedar, los  carneros de Nebaiot estarán a tu servicio: subirán como ofrenda aceptable sobre mi altar y yo  glorificaré mi Casa gloriosa» (60,7). En esta perspectiva, la llegada de migrantes y refugiados  católicos ofrece energía nueva a la vida eclesial de las comunidades que los acogen. Ellos son a  menudo portadores de dinámicas revitalizantes y animadores de celebraciones vibrantes. Compartir  expresiones de fe y devociones diferentes representa una ocasión privilegiada para vivir con mayor  plenitud la catolicidad del pueblo de Dios. 

Queridos hermanos y hermanas, y especialmente ustedes, jóvenes, si queremos cooperar con  nuestro Padre celestial en la construcción del futuro, hagámoslo junto con nuestros hermanos y  hermanas migrantes y refugiados. ¡Construyámoslo hoy! Porque el futuro empieza hoy, y empieza  por cada uno de nosotros. No podemos dejar a las próximas generaciones la responsabilidad de  decisiones que es necesario tomar ahora, para que el proyecto de Dios sobre el mundo pueda  realizarse y venga su Reino de justicia, de fraternidad y de paz. 

Oración 

Señor, haznos portadores de esperanza, 

para que donde haya oscuridad reine tu luz, 

y donde haya resignación renazca la confianza en el futuro. 

Señor, haznos instrumentos de tu justicia, 

para que donde haya exclusión, florezca la fraternidad, 

y donde haya codicia, florezca la comunión. 

Señor, haznos constructores de tu Reino 

junto con los migrantes y los refugiados 

y con todos los habitantes de las periferias.

Señor, haz que aprendamos cuán bello es 

vivir como hermanos y hermanas. Amén. 

Roma, San Juan de Letrán, 9 de mayo de 2022

Una Iglesia más pequeña

Francisco: «La Iglesia del futuro se hará más pequeña, perderá muchos privilegios, será más humilde y auténtica»

El Papa Francisco, con los jesuitas
El Papa Francisco, con los jesuitas

«Será una Iglesia más espiritual, más pobre y menos política: una Iglesia de los pequeños. Benedicto dijo cuando era obispo: preparémonos para ser una Iglesia más pequeña. Esta es una de sus ideas más ricas»

Frente a la crisis de vocaciones, advierte que «existe también el riesgo de buscar vocaciones sin un adecuado discernimiento»

Antonio Spadaro recupera el encuentro del Papa con los jesuitas de Malta

| RD/Efe

Francisco aseguró que la Iglesia católica del futuro será más pequeña, perderá muchos privilegios y será más pobre y menos política, durante la conversación con los jesuitas durante su reciente viaje a Malta y cuya transcripción fue publicada hoy en la revista de la Compañía de Jesús, «Civiltà católica».

«El papa Benedicto fue un profeta de esta Iglesia del futuro, una Iglesia que se hará más pequeña, perderá muchos privilegios, será más humilde y auténtica y encontrará energía para lo esencial»,afirmó Francisco al responder sobre: ¿Cómo será la Iglesia del futuro? ante el avance de la secularización en Europa.

«Será una Iglesia más espiritual, más pobre y menos política: una Iglesia de los pequeños. Benedicto dijo cuando era obispo: preparémonos para ser una Iglesia más pequeña. Esta es una de sus ideas más ricas», continuó.

Francisco también habló de que «hoy existe el problema de las vocaciones» y que «también es cierto que hay menos jóvenes en Europa. Antes, había tres o cuatro niños por familia. Ahora a menudo sólo uno. Los matrimonios disminuyen mientras la gente piensa en crecer en su profesión».

«El verdadero problema no es que seamos pocos, en definitiva, sino que la Iglesia evangelice. En las reuniones previas al Cónclave, hablamos del retrato del nuevo papa. Fue allí, en las Congregaciones Generales, donde se utilizó la imagen de la Iglesia en salida (…) Esta es la necesidad de hoy, la vocación de la Iglesia de hoy»

Y bromeó: «A las madres de estos treintañeros que viven con sus familias de origen les diría: ¡dejen de planchar sus camisas! «
Alertó que ante «esta situación existe también el riesgo de buscar vocaciones sin un adecuado discernimiento»
Aunque destacó «que la vocación de la Iglesia no son los números sino evangelizar». «El verdadero problema no es que seamos pocos, en definitiva, sino que la Iglesia evangelice. En las reuniones previas al Cónclave, hablamos del retrato del nuevo papa. Fue allí, en las Congregaciones Generales, donde se utilizó la imagen de la Iglesia en salida (…) Esta es la necesidad de hoy, la vocación de la Iglesia de hoy», destacó.

A propósito de Ucrania: ¡Hagamos la paz!

Queremos acercarnos a este drama humano que está desarrollándose en Ucrania desde estas dos cuestiones: ¿Qué podemos saber de lo que está ocurriendo actualmente y qué deberíamos hacer para desterrar esta forma antihumana de resolver los conflictos?

¿Qué podemos saber? Podemos saber que

* Las Naciones Unidas (ONU) no tienen autoridad moral ni poder físico para resolver este tipo de conflictos. Su organización, sometida al poder omnímodo de los vetos, minoritarios pero omnipotentes, no puede condenar colectiva, coherente y éticamente hoy a Rusia sin condenar a la vez otras invasiones como la de Irak, Siria, Palestina, Yemen, Somalia… Tampoco tiene una fuerza física como para parar la destrucción que a todos los niveles estos conflictos provocan. ¡Pero debe seguir promoviendo acuerdos de paz!

* Rusia ha incumplido todos los acuerdos que ella misma ha apoyado y firmado en el seno de la ONU. Esto es un sarcasmo digno de la mayor condena (porque Rusia tiene veto en esta nada democrática organización). Pero este desprecio es el mismo que han tenido el Pentágono y su fuerza visible, la OTAN, cuando han invadido Irak, Siria, etc. o siguen apoyando a Israel en su invasión y colonización de Palestina.

Ucrania, apoyada por la OTAN, dio el golpe de Maidan (2014) contra Victor Yanukovich, prorruso, elegido democráticamente, y, desde entonces, grupos neonazis (batallón Azov) integrados en la Guardia Nacional han mantenido una guerra sangrienta en la región rusófila de Donbass, (Donetsk y Luhansk). Ucrania ha incumplido los acuerdos firmados en Minsk (Bielorrusia) con Rusia, Francia y Alemania, el 12 de febrero del mismo 2015) … Y la OTAN, brazo armado de EE. UU ha incumplido el pacto con la “perestroika” y “glasnost” de M. Gorbachov interviniendo, desde los 90, en Yugoslavia, Kuwait, Irak, Libia, Siria, Afganistán, Yemen, en nombre de la presunta “seguridad” y “libertad” y dejando tras de sí una estela de millones de civiles heridos, mutilados, muertos, hambre… ¡y mayor contaminación del planeta!

* Que en este conflicto/guerra/invasión de Ucrania existen “oficialmente” dos relatos contrapuestos (el que se da desde el Kremlin y el que se da en Occidente). Ninguno de los dos dice toda la verdad, ambos ponen el acento en lo que les interesa a sus medios y, “salvo algunas cosas” (principalmente lo que dicen algunos reporteros independientes y ONG), no son fiables.

* Que, al acoger con humanidad a estas víctimas, desplazadas y refugiadas, no podemos olvidar las murallas que estamos levantando en el Unión Europea (UE) para defendernos del resto de personas victimadas por las mismas causas. En la UE no disponemos del mismo “estatuto de acogida a refugiados” que nos están llegando de las otras guerras y migraciones. ¡No somos un referente ético, aunque nos presentemos como la patria de la razón, de los Derechos Humanos y de la acogida!

* Que en este conflicto somos muchos y muchas los que perdemos. Ucrania (víctimas humanas, jóvenes guerreros improvisados y muertos, desplazamientos, ruptura de las familias, y destrozos de todo tipo de su historia); Rusia (los muertos y las sanciones, el aislamiento del mundo occidental); los países más pobres (que van a ver sensiblemente mermada la ya exigua cooperación al desarrollo y sus exportaciones); y la misma UE (con la crisis energética, la inflación y la dedicación al armamentismo de parte del presupuesto). Y, muy principalmente perdemos toda la humanidad y la tierra con el olvido de la respuesta al cambio climático.

*  Que quien está ganando, cuando ya andaba sumido imperialmente en una gran crisis, es Estados Unidos y su brazo militar la OTAN: mayor producción, exportación y venta de armas (ya cuenta con 750 bases militares para controlar más de la mitad del planeta) y envío multimillonario del gas natural para cubrir la ausencia del gas ruso, ahora penalizado. Indudablemente, también está ganando China, como imperio emergente, ¡que podría hacer algo más para parar esta guerra!

¿Qué podríamos/deberíamos hacer? Como seres humanos, estamos llamados a buscar alternativas que aseguren la solución de los conflictos entre los pueblos sin necesidad de acudir a los extremos, la violencia, la destrucción y la muerte.

 El proceso de evolución humana, darwinista, no está en la vuelta al pasado del “ojo por ojo” del Código de Hammurabi, sino en la utopía de una convivencia en paz. No podemos hablar de paz donde falta humanidad.  “Bienaventurados/as, proclamó Jesús, quienes trabajan por la paz” (Mt 5).

 Desde esta utopía de la paz,  podemos afirmar que otra forma de convivencia es posible en todos los planos de la existencia: políticos, socioeconómicos, culturales, religiosos. Desde esta referencia nos proponemos dos iniciativas que tienen, al menos, un valor profético-cultural:

 * En primer lugar, el rechazo absoluto al armamentismo y a su recurso como solución de los conflictos entre los humanos. Este rechazo debería llegar hasta la condena púbica de las industrias constructoras de armamentos y de los pueblos que trafican y hacen grandes negocios con las armas. ¡Consideramos un imperativo ético, rechazar todas las armas, y, en especial, las atómicas!

 * Y, en segundo lugar, apoyar la iniciativa del papa Francisco de visitar Kiev durante este conflicto.  Invitamos a todos los cristianos y cristianas a apoyar esta iniciativa, reuniéndonos ese mismo día y haciendo algún gesto colectivo y significativo orientado a establecer la paz. Sería deseable que esa visita de Francisco facilitara también un encuentro con Kirill, patriarca de Moscú y representante de los cristianos y cristianas ortodoxos.

 Finalmente, recordamos con nostalgia pero con esperanza, el preámbulo de la Carta de constitución de las Naciones Unidas en 1948:  Nosotros los pueblos estamos resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre,  en la igualdad  de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de las fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.

Mensaje del Papa para la 59ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Francisco reivindica una Iglesia «capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente»

Sinodalidad
Sinodalidad

“Este es el misterio de la Iglesia que, en la coexistencia armónica de las diferencias, es signo e instrumento de aquello a lo que está llamada toda la humanidad”

«Sabemos que la Iglesia existe para evangelizar, saliendo de sí misma y esparciendo la semilla del Evangelio en la historia»

“La sinodalidad, el caminar juntos es una vocación fundamental para la Iglesia, y sólo en este horizonte es posible descubrir y valorar las diversas vocaciones, los carismas y los ministerios”

“Estamos llamados a ser custodios unos de otros, a construir lazos de concordia e  intercambio, a curar las heridas de la creación para que su belleza no sea destruida”, siendo “una única familia en la maravillosa casa común de la creación, en la armónica variedad de sus elementos”

«Cuando hablamos de “vocación” no se trata sólo de elegir una u otra forma de vida, de dedicar la propia existencia a un ministerio determinado o de sentirnos atraídos por el carisma de una familia religiosa, de un movimiento o de una comunidad eclesial; se trata de realizar el sueño de  Dios, el gran proyecto de la fraternidad que Jesús tenía en el corazón cuando suplicó al Padre: «Que todos sean uno»”

05.05.2022 Jesús Bastante

“Sacerdotes, consagradas, consagrados y fieles laicos caminamos y trabajamos juntos para testimoniar que una gran familia unida en el amor no es una utopía, sino el propósito para el que Dios nos ha creado”. En su mensaje para la 59ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Francisco realiza un llamamiento a las distintas vocaciones, distintas, poliédricas, como la propia Iglesia, pero con un objetivo común: la unidad.

“Este es el misterio de la Iglesia que, en la coexistencia armónica de las diferencias, es signo e instrumento de aquello a lo que está llamada toda la humanidad”, sostiene Bergoglio en su mensaje, que cierra pidiendo que “la Iglesia debe ser cada vez más sinodal, es decir, capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente”.

Sinodalidad
Sinodalidad

«Los vientos gélidos de la guerra»

El Papa arranca su mensaje recordando el momento actual, en el que “los vientos gélidos de la guerra y de la opresión aún siguen soplando, y presenciamos a menudo fenómenos de polarización”. En este ‘hoy’, “como Iglesia hemos comenzado un proceso sinodal”.

¿Por qué? Porque “sentimos la urgencia de caminar juntos cultivando las dimensiones de la escucha, de la participación y del compartir”, para “contribuir a edificar la familia humana, a curar sus heridas y a proyectarla hacia un futuro mejor”.

A partir de ahí, Bergoglio reflexiona sobre qué significa la vocación, y cómo estamos “llamados a ser todos protagonistas de la misión”. “La sinodalidad, el caminar juntos es una vocación fundamental para la Iglesia, y sólo en este horizonte es posible descubrir y valorar las diversas vocaciones, los carismas y los ministerios”, avanza el Papa, quien añade que “al mismo tiempo, sabemos que la Iglesia existe para evangelizar, saliendo de sí misma y esparciendo la semilla del Evangelio en la historia”.

Audiencia de los Misioneros de la Misericordia
Audiencia de los Misioneros de la Misericordia

Todos somos misioneros

Todos somos misioneros. “Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador”, apunta Francisco, quien advierte de “la mentalidad que separa a los sacerdotes de los laicos, considerando protagonistas a los primeros y ejecutores a los segundos”, y reclama “llevar adelante la misión cristiana como único Pueblo de Dios, laicos y pastores juntos”.

Puesto que todos estamos “llamados a ser custodios unos de otros, y de la creación”, Francisco insiste en que, más allá de la fe, “cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios, para la que Él ha tenido un pensamiento único y especial; y esa chispa divina, que habita en el corazón de todo hombre y de toda mujer, estamos llamados a desarrollarla en el curso de nuestra vida, contribuyendo al crecimiento de una humanidad animada por el amor y la acogida recíproca”.

Sinodalidad
Sinodalidad

“Estamos llamados a ser custodios unos de otros, a construir lazos de concordia e  intercambio, a curar las heridas de la creación para que su belleza no sea destruida”, siendo “una única familia en la maravillosa casa común de la creación, en la armónica variedad de sus  elementos”.

Alcanzados por la mirada de Dios

Otra gran vocación es la particular, la que “Dios nos dirige a cada uno”, cómo “Dios ha querido mirar y mira nuestra vida”. La mirada de Dios, “su mirada de amor siempre nos alcanza, nos conmueve, nos libera y nos transforma, haciéndonos personas nuevas”. 

“Esta es la dinámica de toda vocación: somos alcanzados por la mirada de Dios, que nos llama (…), la vocación es para todos, porque Dios nos mira y nos llama a todos”, sostiene Bergoglio, que compara al Creador con el “divino escultor” que “con sus manos nos hace salir de nosotros mismos, para que se proyecte en nosotros esa obra maestra que estamos llamados a ser”.

“En particular, la Palabra de Dios, que nos libera del egocentrismo, es capaz de purificarnos, iluminarnos y recrearnos” insiste, animando a ponernos “a la escucha de la Palabra, para abrirnos a la vocación que Dios nos confía. Y aprendamos a escuchar también a los hermanos y a las hermanas en la fe, porque en sus consejos y en su ejemplo puede esconderse la iniciativa de Dios, que nos indica caminos siempre nuevos para recorrer”.

Mirarnos los unos a los otros

“Aprendamos también a mirarnos unos a otros para que las personas con las que vivimos y que encontramos —cualesquiera que sean— puedan sentirse acogidas y descubrir que hay Alguien que las mira con amor y las invita a desarrollar todas sus potencialidades”, porque “cuando acogemos esta mirada nuestra vida cambia”. Ya sea en la vocación al sacerdocio o al matrimonio. “En general, toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras”. 

La vida vivida como vocación
La vida vivida como vocación

“Como cristianos, no sólo somos llamados, es decir, interpelados personalmente por una vocación, sino también con-vocados”, como “las teselas de un mosaico, lindas incluso si se las toma una por una, pero que sólo juntas componen una imagen”, afirma el Papa, que añade: “Brillamos, cada uno y cada una, como una estrella en el corazón de Dios y en el firmamento del universo, pero estamos llamados a formar constelaciones que orienten y aclaren el camino de la humanidad, comenzando por el ambiente en el que vivimos”.

«Que todos sean uno», el gran proyecto de Dios

“Este es el misterio de la Iglesia que, en la coexistencia armónica de las diferencias, es signo e instrumento de aquello a lo que está llamada toda la humanidad”, concluye. “Por eso la Iglesia debe ser cada vez más sinodal, es decir, capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente”.

Por eso, “cuando hablamos de “vocación” no se trata sólo de elegir una u otra forma de vida, de dedicar la propia existencia a un ministerio determinado o de sentirnos atraídos por el carisma de una familia religiosa, de un movimiento o de una comunidad eclesial; se trata de realizar el sueño de  Dios, el gran proyecto de la fraternidad que Jesús tenía en el corazón cuando suplicó al Padre: «Que todos sean uno»”, finaliza el mensaje, que insiste en que “toda vocación en la Iglesia, y en sentido amplio también en la sociedad, contribuye a un objetivo común: hacer que la armonía de los numerosos y diferentes dones que sólo el Espíritu Santo sabe realizar resuene entre los hombres y mujeres”