Pascua: “Escuchar y caminar juntos”

 


“Que todos los pueblos te den gracias. Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra” (Salmo 66, 5-6)

La iglesia del resucitado fallaría gravemente si se hace frontera en lugar de encuentro. No está llamada a encerrarse y buscarse a sí misma; si hace eso se pierde, su horizonte no está en el éxito ni en la fuerza de un poder de este mundo, sino mucho más allá


El espíritu del resucitado

Nuestro horizonte eclesial es el de la universalidad, ligados a la realidad fundante en Cristo Alfa y Omega, amamos el mundo y a toda la humanidad y caminamos por los caminos de la historia con el deseo de encuentros humanos que generen espacios de comunidad para la eternidad. No hemos de caminar por las cargas y los préstamos de un Dios lejano, sino por el pan compartido y por la sangre derramada que ha obtenido la victoria y nos ha adentrado en la alianza nueva y eterna. Esta es la palabra que hemos de guardar y vivir, la que da vida y genera amor, no somos hijos de mandamientos y miedos, sino de la entrega generosa.

Ahora tenemos el espíritu del resucitado, su alegría y su ánimo y no podemos ser razón de tristeza y desesperanza en medio de la historia. Hemos de saber alegrarnos del momento que nos toca vivir y de la esperanza que nos ilumina. El camino para una realidad nueva, para ascender a lo profundo de la vida y a la alegría de lo sano y lo bueno vendrá por pasos de verdad y sencillez en el vivir y en el ser. Necesitamos avanzar en el seguimiento de Cristo que nos abre a la fraternidad verdadera con toda la realidad:

  • Recuperar el verdadero sentido de origen en nuestro ser criaturas con principio y fundamento, a nuestro verdadero ser descubierto en un yo, liberado del ego, que posibilita el reconocimiento de que he crecido en un nosotros al que no debo renunciar nunca, sino alimentar y cuidar como lugar de verdadera identidad. Soy de los otros y con los otros.
  • El reto de la sociedad hoy pasa por la conversión a lo comunitario, nuestra sociedad está enferma de progreso y tecnología en clave de éxito competitivo sin conexión con lo humano y lo fraternal. Volver a reconstruir los lazos de lo humano en toda la realidad económica, social y política es cuestión de urgencia. Los cristianos, tocados por la sangre de Cristo, estamos llamados a ser testigos de alianzas realizadas de la esperanza de una alianza sellada con eternidad por la entrega del hombre Jesús en la cruz, que se adentra en el corazón del Padre inaugurando una humanidad nueva. Creemos que lo humano se realiza en lo comunitario. Necesitamos una Europa humanista y comunitaria; un mundo de fraternidad frente a la violencia de la guerra.
  • Conversión a la austeridad felicitante. Hay un modo de vivir en libertad, que pasa por saber distinguir lo que es necesidad, deseo y capricho. La necesidad cubierta de toda la humanidad será factor de humanismo pacífico y equitativo, pero eso sólo será posible por la vida de la entrega de caprichos que generan injusticia y desigualdad. Hoy la humanidad necesita la liberación del capricho para conquistar la alegría de la fraternidad. Este camino lo será de encuentro con la naturaleza, de cuidado de la casa común que se hará habitable para todos y nos mostrará su generosidad de un modo nuevo. La ecología integral es llamada urgente a la conversión para lo humano y el gozo de lo divino. Necesitamos escuchar y caminar juntos.
  • Recuperar un sentido nuevo del tiempo. Saber reconocer que la vida es la existencia colmada, llena de sentir, de emoción, de gozo y de luz. El tiempo es lugar para la vida, pero queda agotado y sometido cuando la rapidación impide lo profundo, lo verdadero, lo auténtico. Un mundo de mercado, económico, social de prisas arrolladoras son la actualización del faraón y de la esclavitud. Dios quiere bajar a liberarnos, a recuperar el verdadero valor del tiempo en la clave de una historia que lo es de salvación y de vida. Humanizar el tiempo es el reto de una revolución que hoy se hace necesaria. La cuaresma es una llamada a vivir el tiempo de un modo nuevo, como “señores del sábado”.

Así es el camino que nos puede liberar y arrancar de la oscuridad y la pesadez de una vida y un ser agotado. Hay caminos para la libertad y la luz, podemos ascender y transcender nuestra existencia en una esperanza fecunda y verdadera, tenemos motivos para cantar con fuerza el aleluya de nuestra salvación. Hoy la tierra y todos los pueblos necesitan de la gracia y la luz de la salvación, para poder entonar un verdadero “Laudato si’”.

La buena noticia del domingo 24.04.2022—2º. Dgo de Pascua-C

SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO

Jesús se hace presente a los discípulos y a Tomás (Dibujo Cerezo B.)
Jesús se hace presente a los discípulos y a Tomás (Dibujo Cerezo B.)

LA HORA DE LA PALABRA

Una comunidad tentada de encerrarse por el miedo

Nuestras comunidades cristianas no viven días como aquellos en los que la gente se hacía lenguas de los cristianos y el número de los que se adherían al Señor crecía visiblemente. As bien nos asemejamos a los discípulos que estaban con las puertas cerradas, dominados por el miedo a un mundo que nos parece lleno de peligros.

La experiencia creyente del Resucitado

El Resucitado sale al encuentro de sus discípulos llenos de miedo y desesperación porque han matado al maestro. El se hace presente para decirles: “Yo soy el que vive; estaba muerto y, ya veis,vivo por los siglos”

Los discípulos vieron al Señor Resucitado y se llenaron de alegría.

También en medio de nosotros se hace presente el Señor y nos invita a creer en El, como la forma propia de hacer también nosotros la experiencia del Resucitado y ser testigos de la resurrección ante los demás.

TESTIGOS DE LA PALABRA

La catequista Laura
La catequista Laura

Laura López

El pasado 23 de abril ha sido el 37º aniversario de la muerte de Laura López, una líder campesina salvadoreña, celebradora de la Palabra y asesinada por el ejército en un operativo de “tierra arrasada” en la ladera norponiente del cerro de Guazapa. Era la Primera Responsable y Coordinadora del Equipo Pastoral de las Comunidades del cerro Guazapa. Donde no había sacerdotes que pudieran atender a las comunidades, o solo alcanzaba a llegar alguno después de varios meses porque era una zona de guerra.
Ella siempre acompañaba al pueblo sufriente, que a veces tenía que salir “en guinda” porque venía el ejército destruyendo todo lo que encontraba a su paso ya fueran personas, animales, casas y cultivos.

¡FELIZ PASCUA FLORIDA!

Por unos pueblos vivos en C-LM y un mundo rural más consciente y más organizado. Para defender la vida, la salud Y una ecología integral para todos.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

Creemos en la resurrección

Creemos
que afirmar la resurrección
es vivir como resucitados:
una forma de situarse en el mundo,
de vivir de otra manera,
de apuntarse a la construcción del Reino,
de seguir apuntados
asumiendo las propias limitaciones
y el propio pecado,
de optar por el bien,
la verdad y la hermandad.
Creemos
Que la resurrección de Jesús
Significa que está vivo
y se puede uno encontrar con El
y tener una experiencia liberadora,
y seguir siendo una persona,
una amalgama de gloria y de miseria.
Creemos
Que para experimentar una resurrección
en nosotros y en el mundo
no tenemos más salida
que rebelarnos y asumir la insurrección
Amén.
Juaquín Suárez Bautista, “Los otros salmos”. Sal Terrae.

Pastoral bíblica de Daniel Sánchez Barbero en Fuente de Pedro Naharro, Cuenca

Pascua, mensaje de esperanza

¿Dónde está Dios en las guerras y masacres?

Fernando Bermúdez

Los medios de comunicación nos están mostrando la destrucción y muerte provocada por la invasión del ejército ruso en Ucrania. Multitud de personas muertas y heridas y más de cuatro millones de refugiados. Gente que lo ha perdido todo, absolutamente todo, vivienda, objetos personales, trabajo y sobre todo familiares y amigos. Pero ésta no es la única guerra que hay en la actualidad. Son más de 20 conflictos bélicos de los que los medios de comunicación apenas hablan. En estos conflictos millones de personas murieron y otras se vieron forzadas a buscar refugio en otras partes.

En todas las guerras la población civil es la que más sufre, sobre todo niñas y niños a los que se les ha robado el derecho a vivir. Y como consecuencia, se acrecienta el hambre, el odio, las venganzas, la deshumanización.
¿Dónde está Dios en medio de tanto sufrimiento? La sangre derramada a lo largo y ancho de la tierra corre por las venas de la historia. Sangre de masacrados en todas las conquistas, sangre de indígenas de la Amerindia, sangre de esclavos negros de África, sangre de los asesinados en Auschwitz, sangre de palestinos, iraquíes, sirios, yemeníes, etíopes, somalíes, congoleños, ucranianos…, sangre de mártires que dieron su vida por una causa justa, sangre de innumerables personas inocentes…

Esta sangre es un indicador de que en la historia hay víctimas y victimarios.
¿Dónde estaba Dios cuando los fuertes mataban a los débiles? ¿Dónde estaba Dios en los barcos repletos de esclavos negros, cazados en África para su venta en las Américas?, ¿dónde estaba Dios en la matanza de indios en el continente americano?, ¿dónde estaba Dios en los bombardeos de la “Desbandada” de Málaga?, ¿dónde estaba Dios en las matanzas entre los tutsis y los hutus en el corazón de África…?

Las guerras son la estrategia de los poderosos de las grandes potencias que siempre van a justificar, desde arriba, desde sus despachos y con mentiras, sus acciones bélicas, para acrecentar su dominio, poder y riqueza.
Esta realidad nos hace sentirnos impotentes. El llanto y la muerte de millones de inocentes nos golpean el alma y destrozan la esperanza. ¿Dónde estaba Dios? ¿Dónde?

Es el interrogante que arranca desde lo profundo del sufrimiento injusto provocado por los señores de la guerra.
¿Dónde está Dios?, ¿por qué no actúa? Si Dios es amor y quiere evitar el sufrimiento humano y no lo hace, ¿por qué lo permite? ¿Es que no es omnipotente? Y si es todopoderoso y no evita el sufrimiento, ¿dónde está el Dios bueno, compasivo y misericordioso? “Si Dios existe el mal no tiene explicación, pero si Dios no existe el mal no tiene solución”, señala González-Faus.

¿Por qué los tiranos lo pasan tan bien y tanta gente buena lo pasa tan mal?, se preguntaba José Luis Caravias. ¿Por qué Dios guarda silencio viendo cómo el malvado se traga al inocente?
Estos interrogantes superan nuestra capacidad de respuesta. El horroroso sufrimiento de las matanzas y las guerras nos deja abatidos y sin sentido. Desde el día en que escuché a los refugiados guatemaltecos, en Chiapas, testimonios de masacres, solo encontré una respuesta:
el silencio. Y en el silencio descubrí la presencia de Jesús de Nazaret, torturado, crucificado, humillado, muerto y destazado en la cruz. El hombre que pasó por el mundo amando y haciendo el bien, fue aniquilado por los poderes del mal. Él refleja a todos los inocentes y masacrados de la historia. El Verbo de Dios se hizo muerte, decía Pedro Casaldáliga.

No encuentro otra respuesta sino en la contemplación profunda del Crucificado del Gólgota, quien en su angustia clamaba: “¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado!” (“Eloí, Eloí, lammá sabactaní, en su lengua aramea). Jesús expresa un sentimiento profundo de abandono, de rebeldía y casi de desesperación, señala José Cervantes. Da la impresión de que Dios está ausente. Jesús, impotente y moribundo, pregunta ¿por qué? La confianza en un Dios que se revela como Padre justo y misericordioso se convierte en sentimiento de fracaso. La resistencia humana ante el sufrimiento llega a su límite y estalla en un grito que suena a rebeldía y desconsuelo. Le grita a Dios. Y en su angustiosa desesperación le interroga ¿por qué?, ¿por qué este sufrimiento inmerecido? Es una pregunta profundamente desgarradora.

Jesús muere sin respuesta. Es la expresión más trágica de la humanidad sufriente. Su grito es el grito de todos los oprimidos, perseguidos y masacrados a lo largo de los tiempos. ¿por qué?
¿Dónde está Dios?
Parece que Dios calla ante el que murió injustamente en la cruz porque amaba a los pobres, porque proclamaba la justicia y la fraternidad universal, porque quería otro estilo de vida que sea signo del reinado de Dios.

En este grito, “¿Dios mío, por qué me has abandonado?”, que expresa un sentimiento de abandono, soledad, desesperación y tristeza de muerte, Jesús carga con el sufrimiento de todos los seres humanos. Se hace solidario con ellos. Es un grito que expresa una duda existencial. “Es la palabra más universal frente a la muerte como abismo y muestra la más radical incomprensión de la muerte y especialmente de la muerte injusta”, como la de tantos hombres y mujeres que son asesinados, masacrados, bombardeados.

Jesús Crucificado estaba en aquel niño iraquí, sirio, yemení o ucraniano que murió aplastado por una bomba. Jesús estaba en el anciano degollado, estaba en aquellas mujeres violadas y asesinadas, estaba en los palestinos que reclamaban sus tierras, estaba en las mujeres que con sus niños murieron ametralladas y ahogadas en el río Sumpul y en el Mozote, El Salvador; y en la selva de Ixcán o en San Francisco Nentón, Guatemala.

Jesús estaba en aquellos hombres y mujeres que fueron asesinados por defender la vida de su pueblo, defensores de derechos humanos, líderes sociales, políticos o religiosos como Luther King, Enrique Angelelli, Salvador Allende, Robert Kénnedy, Rutilio Grande, Oscar Romero, Dorothy Stang, Policarpo Chem, Juan Gerardi, Víctor Gálvez, Berta Cáceres, Luis Espinal, Ignacio Ellacuría…

Los que mataban decían que lo hacen por defender el orden establecido o la civilización cristiano-occidental frente a la amenaza del comunismo. Veían comunismo en la defensa y promoción de los derechos humanos, en la exigencia de justicia, en los retos de la doctrina social de la Iglesia… Por eso mataron obispos, sacerdotes, religiosas, catequistas y ministros de la Palabra.

El Dios de los poderosos, de los opresores, no es el Dios de Jesús. Es otro Dios. Es el dios de la Seguridad Nacional, el dios dinero, el dios de los imperios. “Su Dios no es mi Dios”, dijo el santo arzobispo Óscar Romero al presidente de El Salvador. Un Dios sin justicia, sin respeto a la dignidad de todo ser humano es un fetiche. Muchos poderosos toman el nombre de Dios en vano, convirtiéndolo en un monstruo.

Dios es amor. Está en los pobres y en la humanidad sufriente. No puede ser vencido por el odio, el mal y la muerte, ni puede contemplar impasible el sufrimiento de las víctimas. Dios nos presenta como respuesta al sin sentido de tanto horror y dolor a Jesús muerto en la cruz, quien fue resucitado. Jesús es la respuesta.

Por eso solo se puede asumir el sufrimiento y la muerte de tantos hombres y mujeres
masacrados, desde una actitud contemplativa del misterio de Dios. La última palabra no la tienen los poderes de este mundo ni el sistema capitalista neoliberal ni las potencias político- militares, ni las multinacionales económico-financieras que hoy se consideran dueñas y señores de la humanidad. La última palabra la tiene el Dios de la vida que resucitó al Crucificado y en él hace justicia a los crucificados de la historia.

La resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, abre la puerta a la esperanza. La muerte deja de ser el final de la existencia. Es el triunfo de la justicia sobre la injusticia, de la libertad sobre la opresión, de la verdad sobre la mentira y la falsedad, de la vida sobre la muerte. Todos los que a lo largo de la historia cayeron aplastados por el pecado de la injusticia y, concretamente los
hombres, mujeres, niños y niñas muertos en estas masacres y en todas las guerras, viven en el corazón de Dios y en la memoria de las personas y pueblos que aman y trabajan por la vida y la paz. Son como el grano de trigo que cae en el surco de la tierra y se descompone para germinar en una nueva vida. Así ellos, no mueren, resucitan en la memoria histórica de los pueblos y, sobre todo, en la plenitud de la Vida.

¿Dónde estaba Dios en estas tragedias de dolor y de muerte? Dios estaba, asimismo, en todas aquellas personas que abrieron su corazón para aliviar el sufrimiento humano, compartiendo techo, vestido, pan, amor y compasión. Ahí estaba Dios. Dios está en la solidaridad de quienes acogen a las víctimas de las tragedias, sin importar el color de la piel, nacionalidad, ideología política o religión. Dios está en las organizaciones, iglesias y demás religiones que salen al encuentro de la humanidad sufriente, de los refugiados, aportando su dinero y su tiempo,
acogiéndolos como hermanos. Dios está en las personas que sueñan y luchan por otro mundo más humano y fraterno, como señala el papa Francisco en la Fratelli tutti.

Ubi caritas et amor Deus ibi est. Donde hay solidaridad y amor allí está Dios.

La Buena Noticia del Dgo de Resurrección-C

¡ALLELUYA, ALLELUYA! ¡EL SEÑOR RESUCITÓ!

Vio y creyó que Jesús había de resucitar de entre los muertos (Dibujo Cerezo Barredo)
Vio y creyó que Jesús había de resucitar de entre los muertos (Dibujo Cerezo Barredo)

LA HORA DE LA PALABRA

JESÚS TENÍA RAZÓN

¿Qué sentimos los seguidores de Jesús cuando nos atrevemos a creer de verdad que Dios ha resucitado a Jesús?¿Qué vivimos mientras seguimos caminando tras sus pasos? ¿Cómo nos comunicamos con él cuando lo experimentamos lleno de vida?

Jesús resucitado, tenías razón.

Es verdad cuanto nos has dicho de Dios. Ahora sabemos que es un Padre fiel, digno de toda confianza. Un Dios que nos ama más allá de la muerte. Le seguiremos llamando «Padre» con más fe que nunca, como tú nos enseñaste. Sabemos que no nos defraudará.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios es amigo de la vida. Ahora empezamos a entender mejor tu pasión por una vida más sana, justa y dichosa para todos. Ahora comprendemos por qué anteponías la salud de los enfermos a cualquier ley o tradición religiosa. Siguiendo tus pasos, viviremos curando la vida y aliviando el sufrimiento. Pondremos siempre la religión al servicio de las personas.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios hace justicia a las víctimas inocentes: hace triunfar la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el odio. Seguiremos luchando contra el mal, la mentira y los abusos. Buscaremos siempre el reino de ese Dios y su justicia. Sabemos que es lo primero que el Padre quiere de nosotros.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios se identifica con los crucificados, nunca con los verdugos. Empezamos a entender por qué estabas siempre con los dolientes y por qué defendías tanto a los pobres, los hambrientos y despreciados. Defenderemos a los más débiles y vulnerables, a los maltratados por la sociedad y olvidados por la religión. En adelante escucharemos mejor tu llamada a ser compasivos como el Padre del cielo.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora empezamos a entender un poco tus palabras más duras y extrañas. Comenzamos a intuir que el que pierda su vida por ti y por tu evangelio la va a salvar. Ahora comprendemos por qué nos invitas a seguirte hasta el final cargando cada día con la cruz. Seguiremos sufriendo un poco por ti y por tu evangelio, pero muy pronto compartiremos contigo el abrazo del Padre.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora estás vivo para siempre y te haces presente en medio de nosotros cuando nos reunimos dos o tres en tu nombre. Ahora sabemos que no estamos solos, que tú nos acompañas mientras caminamos hacia el Padre. Escucharemos tu voz cuando leamos tu evangelio. Nos alimentaremos de ti cuando celebremos tu cena. Estarás con nosotros hasta el final de los tiempos.

José Antonio Pagola

TESTIGOS DE LA PALABRA

Paul McAuley
Paul McAuley

El misionero y activista medioambiental británico Paul McAuley, de 71 años, fue encontrado sin vida en el albergue que él mismo fundó para escolares indígenas en un barrio de la ciudad de Iquitos, en plena Amazonía peruana.
Los primeros indicios señalaban que el religioso había sido quemado hasta la muerte, pero un experto forense peruano, según « The Washington Post», asegura que murió antes de que su cuerpo fuera quemado en la Comunidad Estudiantil Intercultural ‘La Salle’ al no encontrarse dióxido de carbono en su sangre.
Los fiscales todavía no han determinado si McAuley fue asesinado o cuál ha sido el motivo de su muerte, aunque el forense señala que el cuerpo fue quemado «en circunstancias sospechosas”.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

¡ Cristo el Señor resucitó!
¡Alegría! ¡Aleluya! ¡Cristo el Señor resucitó!
Como un grito en la mañana, ¡resucitó!
Como amigo en el camino, ¡resucitó!
Como aquel que da la vida, resucitó!
 
¿Dónde estás, Señor, dónde?
Auí estoy, en el silencio, provocando la sorpresa
Abre los ojos y mira hacia dentro y hacia fuera,
Que en el lugar del dolor, en el trajín de la fiesta
O en la noria del amor, yo, el Señor,
llamo a tu puesta.
Quien se siente caminante,
de seguro que me encuentra
Llamando por las esquinas
Voy de camino y sin tregua.
 
Peregrino hacia Emaús para sentarme a tu mesa
Partiendo el Pan con cariño,
descubrirás mi presencia.
 
¿Dónde estás, Señor, dónde?
Vivo estoy y para siempre
Resucitado a tu vera.
Grita conmigo: ¡Aleluya!
Que ha merecido la pena.
Resucité del sepulclo y el cielo se hizo tierra.
¿Dónde estoy? Preguntas…
Tu vida es la respuesta.
¡Alegría! ¡Aleluya! ¿Cristo el Señor resucitó!
Como amigo en el camino, ¡resucitó!
Como aquel que da la vida, ¡resucitó!
 
Isidro Lozano o.c.
 
Pastoral Bíblica de Daniel Sánchez Barbero en Fuente de Pedro Naharro (Cuenca).

Domingo de Ramos: Muerte y resurrección de la iglesia

Domingo de Ramos 2022
Domingo de Ramos 2022

En la línea de las tres “postales” anteriores  con su documento  de reforma de la Curia Vaticana (Anunciad el evangelio), el Papa Francisco  está proclamando y anticipando de hecho  la “muerte y resurrección” de la iglesia.

–  Unos pueden decir y dicen que esa muerte es una buena noticia: Lo mejor que le puede suceder a un tipo de iglesia actal es que se derrumbe y termine, como el templo de Jerusalén, para que, en su lugar, pueda surgir una iglesia verdadera, sin poder sacral, sin imposiciones de conciencias, sin negocios de dinero. Sólo entonces, cuando caiga este «templo», se podrá hablar de una iglesia liberada para la fraternidad del evangelio.

– Otros pueden decir y dicen que este Papa Francisco, quizá sin saber bien lo que hace, está dinamitando manera nefasta equivocada la Iglesia Católica, de forma que no no es Vicario de Cristo, sino del Anticristo. Por eso hay que esperar que sus reformas pasen, pues los papas también mueren, para que venga un verdadero Pontífice, que ponga de nuevo poner las cosas en su sitio.

            No puedo entrar en esa temática concreta. Muchos de mis lectores saben lo que pienso. Sólo qiero seguir pensando y caminando en la línea de Jesús  y  para ello ofrezco un pequeño comentario del evangelio del Domingo de Ramos, con el anuncio de la «ruina» del Templo de Jerusalén con la auténtica pascua de Cristo. Buen comienzo de Semana Santa a todos.

Por | Xabier Pikaza teólogo

Evangelio: Entrada de Jesús en Jerusalén, anuncio de la destrucción del templo (Mc 11)

Mc 11: Llegaron a Jerusalén y 7  le trajeron un pollino, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él.8 Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. 9 Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: «= ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 10 ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! = ¡Hosanna = en las alturas!»…

y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas 16 y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.17 Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: = Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? = ¡Pero vosotros la tenéis hecha una = cueva de bandidos! . (Por eso caerá y no quedará de ella piedra sobre piedra….).18 Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina.

Caída del templo, caída de un tipo de Vaticano.

 Conforme a este lectura, resulta conveniente (inevitable) que caiga o se abandone un tipo de templo eclesiástico, como el sepulcro de Jesús, que estaba vacía, pero no para elevar en su lugar otro semejante (que todo cambie, para que siga siempre igual), sino para tomar el «carro de vida de Dios» (profeta Ezequiel) , para que puedan subirse en ellos expulsados y negados de la historia actual,  para recorrer con ellos los caminos de Dios.

Expulsión de los mercaderes del Templo - Wikipedia, la enciclopedia libre

Muchas piensan  dificultades actuales no se solucionan con unos pequeños cambios de estructura: con un Papa más o menos liberal, con más o menos autonomía de las comunidades; con la supresión del celibato ministerio o la ordenación de las mujeres, como quieren los teólogos más «liberales», empeñados en lograr que la iglesia se ajuste a la moderna democracia.

Sin duda, esos cambios son importantes (¡necesarios!), pero vienen en un segundo momento, conforme a la dinámica de las comunidades. Lo que importa es el radicalismo evangélico: compartir la vida, desde los más pobres, ofreciendo el testimonio de un amor que es infalible porque es presencia del Dios que da vida (es Vida) al entregarse por los otros.

Jesús anunció la destrucción del sistema sacerdotal del Templo de Jerusalén antes que cayera. Por eso expulsó a sus mercaderes y anunció la ruina de sus edificios (¡caerán como caen los bancos y jaulas de cambistas y comerciantes!), vinculados a un poder sagrado.

De esa forma asumió el mensaje de Jer 7 (caída del templo) y de Ez 10 (el «carro de Dios» se aleja del lugar sagrado) y lógicamente suscitó la reacción no sólo de los sacerdotes de Jerusalén, sino de los jerarcas de Roma, pues tenían miedo de un Reino que fuera casa de oración y acogida para todos los pueblos, empezando por los pobres. En ese fondo situamos la destrucción del papado actual.

Muchos cristianos protestarán diciendo que la imagen del viejo templo no puede aplicarse hoy al Papa. Ciertamente, el Vaticano no parece cueva de bandidos (como Jesús dijo del templo), sino espacio de apertura, una plaza, una casa donde pueden reunirse muchos hombres, obispos en concilio, fieles en romería creyente, la mayor parte de ellos intachables y fieles… Pero tampoco Caifás era perverso, sino un hábil político, diestro en equilibrios al servicio de la paz. Tampoco el Sanedrín era un tribunal corrupto, sino un lugar honrado de discusiones sociales y religiosas, a partir de unas clases dominantes (sacerdotes, presbíteros, escribas). Pero Jesús quiso que aquel templo cayera, a pesar del dolor que eso implicaba para muchos (cf. Lc 19, 41-44; 21, 20-24), y nosotros queremos que caiga el templo vaticano, por amor a los hombres.

Templo de Jerusalén - Wikipedia, la enciclopedia libre

Lo que importa no es la caída, sino la resurrección. No dictamos así una propuesta de condena general de la historia, sino la afirmación de que el tiempo de suplencia papal ha terminado (como terminó la del templo de Jerusalén). La iglesia no es sistema de poder, sino fraternidad gratuita de pobres (de crucificados y expulsados), experiencia concreta de amor que va creando vida, esperanza de resurrección. Ella sólo puede decir y proclamar la Vida mesiánica de Dios   con su propia existencia, en el nivel de las relaciones personales, sin discursos elevados que se vuelven pronto ideología. Para que viniera la nueva humanidad y los hombres y mujeres pudieran perdonarse directamente, sin controles sagrados, tuvieron que caer los poderes del templo. Por amor de Dios y para bien de los pobres, enfermos y niños, representantes y portadores del poder de Dios (Mc 11, 12-26  par), debe caer un tipo de papado. 

Pero más  que la ruina externa del templo de Jerusalén, proclamó su ruina interna,

 la ruina de ese templo de Dios que hemos levantado en nuestros corazones.  Jesús dijo a los judíos de aquel tiempo «Vuestra casa quedará vacía» (Mt 23, 38). Lo mismo puede suceder ahora el “sistema” vaticano: muchos piensan que a la sombra de sus grandes hojas no existe ya fruto (cf. Mc 11, 13-21), de manera que es preciso abandonarlo, dejando que surja, por gracia de Dios, el nuevo pueblo que produzca frutos (cf. Mt 21, 43).

Por eso, la caída de un tipo de papado nos debe alegrar, pues queremos uno diferente, que no sabemos aún cómo será, pero que tiene que ser de los pobres, enfermos y niños a quienes Jesús anunció el Reino de Dios (y a quienes introdujo como autoridad en el templo: cf. Mt 21, 14-17). La historia nos ha situado en una encrucijada y debemos tomar una decisión, pues dejar las cosas como están, manteniendo este modelo de iglesia, significa condenarla (¡y quizá condenarnos!) a una muerte sin resurrección.

No se trata de derribar con violencia los muros, pues tampoco Jesús destruyó físicamente el viejo templo (lo saquearon y quemaron más tarde, de formas diversas, los celotas y legionarios, que luchaban entre sí por el control del sistema). Pero Jesús y la mayoría de los grupos cristianos lo habían abandonado ya (como supone el evangelio de Marcos, lo mismo que  Mt 23, 37-39), antes de que ardiera en las llamas de la guerra, pues habían descubierto y edificado otra casa de fraternidad (la iglesia), en el campo extenso de la vida, sin necesidad de instituciones legales y sacrales.

También nosotros debemos abandonar un tipo de Vaticano actual y debemos hacerlo por amor, sin agresividad, sin lucha externa, con ternura y gratitud, con gran pena, por lo que ha sido. Debemos abandonarlo precisamente ahora, cuando parece que se eleva triunfante, con grande hojas, como la higuera de Israel (Mc 11, 13), para situar las tiendas de campaña de la iglesia de Jesús (cf. Jn 1, 14) en el ancho camino de la vida, buscando con otros hombres y mujeres el surgimiento de un servicio de unidad distinto, que represente a los pobres de Dios. Entonces podremos apelar de nuevo a las llaves de Pedro, como signo de potestad e infalibilidad evangélica.

No buscamos incendios ni guerra, ni que la Basílica de San Pedro de vaticano arda y acabe, con archivos y museos, con documentos de curia y curiales, con su banco y su pequeña guardia de suizos, sus cardenales, obispos y monseñores y/o funcionarios de segundo grado. Pero queremos que pierda su función (que se disuelva), mientras la iglesia verdadera emerge y crece en otro espacio, donde comienzan ya a juntarse los discípulos de Jesús.

Algunos, sienten mucha prisa: les gustaría que llegaran nuevos romanos (como el año 70 d. C.), quemando el Vaticano, de manera que sólo quedara una “zona cero” de ruinas con la memoria de Pedro.

Otros, más escépticos, sostienen que debe acabar no sólo el Vaticano, sino también la iglesia, pues todo en ella es folklore y sistema de dominación… Nosotros queremos que el Vaticano se mantenga como testimonio de una historia pasada, pero que la iglesia realice de un modo diferente su tarea de evangelio al servicio del conjunto de la humanidad.

 En esa línea, queremos sacar a la iglesia fuera del sistema de los trece poderes del Vaticano que hemos visto en la postal anterior, no porque ellos sean perversos, ni sus portadores inmorales (¡que no lo son!), sino porque expresan un poder sagrado y no responden ya a la autoridad del evangelio, en la línea de Pedro. Esos trece poderes son lógicos y han sido quizá necesarios, en una línea de unificación sagrada de la religión. Más aún, ellos constituyen un monumento admirable de sabiduría jurídica, en perspectiva romana y helenista, pero han cumplido su función, ya no responden a la novedad del evangelio ni a los problemas actuales de la humanidad.

Es posible (quizá conveniente) que algunas de las estructuras del Vaticano actual continúen existiendo por un tiempo. Más aún, queremos que la reconstrucción eclesial (y papal) se realice sin invasiones y guerras o rupturas interiores, como solía suceder en el pasado, sino en diálogo de amor. Pero es evidente que habrá tensiones, como indicarán los apartados que siguen, pues el anuncio de evangelio, que las mujeres han de trasmitir a Pedro (cf. Mc 16, 1-8), resulta inseparable de una fuerte denuncia, dirigida contra aquellos que parecen monopolizar la herencia cristiana.  

 Suponemos que las críticas de Jesús en Mt 23 van dirigidas en contra un tipo de cristianos, no contra judíos que se hallaban fuera de la iglesia. Las grandes «novelas papales» de hace un siglo (V. Soloviev,  El relato del Anticristo [1899], Scire, Barcelona 1999 y R. H. Benson, El amo del mundo [1906], Gili, Barcelona 1956) anunciaban para este tiempo (comienzo del tercer milenio)  un choque violentísimo entra el Papa (Vicario de Cristo) y los representantes del Anticristo, con un tipo de fin del mundo. En contra de eso, a pesar de la dureza extrema del tiempo en que vivimos, estamos convencidos de que el mundo seguirá y de que el papado se reformará en línea de evangelio, sin catástrofes ni guerras finales de la historia.

Nueva Iglesia, nuevo papado

Al ponerse en camino hacia Roma (hacia el año 62/63 d.C.),  después de haber “animado” las iglesias Jerusalén y de Antioquía, Pedro buscaba dos cosas: el centro del poder muncial y el gran suburbio o periferia de los pobres, con quienes de hecho convivió, hasta que los poderes del sistema romano le mataron.

Pasados los siglos, los Papas siguen dislocados en Roma, entre el nuevo imperio, con el que parece que han pactado, y los pobres, que continúan estando en el suburbio. Las «llaves de Pedro» tuvieron la función de abrir la iglesia a los pobres (¡pues el Reino les pertenece: Mt 5, 3 par!): fueron llaves de Dios, al servicio del mesianismo de Jesús. Para cumplir hoy su función, el Papa tendrá que abandonar sus actuales poderes sagrados, ofreciendo  su evangelio de esperanza a los expulsados del sistema (cf. Mt 11, 2.6).

Así podría titularse nuestro lema: «Que el evangelio sea signo de unidad para todos los hombres y el papado represente nuevamente a los pobres». No se trata de adoctrinarles, pues ellos saben (aunque a veces «no saben que saben») y pueden escuchar el evangelio, sino de acompañarles, de manera que descubran su riqueza, que tomen conciencia de su voz (que es Palabra de Dios) y que la digan, expresándose a sí mismos.

Por eso quiero añadir que un Papa que se empeña en decir a los pobres desde arriba, con un poder más alto, aquello que son y lo que deben hacer no es cristiano, pues les roba lo mayor que tienen: su sabiduría y dignidad, su responsabilidad ante sí mismos y ante el evangelio. En contra de los pobres que «no saben que saben» puede haber papas y eclesiásticos que «piensan que saben sin saber», pues sólo han escuchado la propaganda del poder de turno; eso significa que deben empezar aprendiendo de los pobres y sólo así podrán tener las llaves de Dios y abrir con ellas la iglesia a todos los hombres.

Papa Francisco

 ((La referencia a los que «no saben que saben» y a los que «creen que saben y no saben» está tomada del proyecto educativo de P. Freire. Los papas parecen bogar como el Pedro de Jn 21 en una barca que se muestra inútil, en medio de la noche, sin saber dónde se encuentran los peces, sin reconocer a Jesús en la bruma del amanecer. Así vamos nosotros, muchos de nosotros, como el Discípulo amado de Jn 21, queriendo mantenernos en la barca de Pedro, para descubrir los problemas de los hombres y para ver el rostro de Jesús que nos puede guiar en la mañana)).

            Si quieren ser signo de Jesús, los papas tienen que salir de la gran casa organizada de una iglesia que tiende a pactar con el sistema, para situarse con Pedro en el caos del gran suburbio de la historia, donde están los perseguidos y expulsados de la sociedad, que son los portadores de las llaves de Dios.  

 Muchos piensan que el papado  actual navega impertérrito sobre el diluvio del mundo (cf. Gen 6), como si la barca de Pedro tuviera un lugar y respuesta preparada para todo, dentro de un gran orden sagrado. Pero otros contestan que la barca papal se mueve a la deriva, en medio de un caos o desorden de pobres que se extiende hasta el infinito (¡de pobres que se ahogan!), mientras la máquina imperial del dinero y de las armas impone su unidad  destructora, utilizando signos sagrados (como hacía Roma según el Apocalipsis).

Ciertamente, el orden económico y social funciona bastante bien (para algunos), pero es un orden de violencia, conforme a la eficacia del sistema que quiere resolverlo todo por la fuerza, apelando para ello a las armas y el dinero. Por eso, bajo la apariencia de ese orden (y en gran parte a consecuencia de su lógica de dominación), se ha extendido sobre el mundo la mayor pobreza, que no es algo natural, sino que nace de la opresión del sistema. Allí donde se ha absolutizado un tipo de sistema en línea nacional (nazismo), de imposición social (comunismo) o de organización capitalista (neoliberalismo), se multiplican los pobres (expulsados, perseguidos).

Esos pobres de los que está lleno nuestro mundo dan la impresión de que son puro caos, algo que sobra, de forma que se ha dicho que son como los «daños colaterales», necesarios para que el sistema funcione. Pero, en contra de eso, debemos afirmar que, según el evangelio (cf. Lc 6, 21-23), el caos de esos pobres es mucho más importante y creativo que el orden del sistema de donde ya no puede surgir nada que sea humanamente valioso.

Sabemos por la experiencia más honda de la Biblia (de Daniel al Apocalipsis), que los imperios unificados en forma sistema se destruyen a sí mismos, mientras que los pobres pueden abrirse a la esperanza. El sistema no tiene futuro, sino que se cierra en sí mismo, como un todo fatídico de muerte. Por el contrario, el caos de los pobres puede germinar como semilla de Reino (cf. Mc 4), haciendo posible una nueva mutación (no imposición)  humana, en línea de libertad. Por eso, no podemos resolver los problemas del caos desde el orden del sistema, sino desde la misma pobreza rica de evangelio, sabiendo que ella tiene las llaves de Dios según Cristo.

Esta visión de la riqueza y comunión que brota de los pobres constituye un elemento esencial de la apocalíptica judía  tal como ha sido actualizada en el mensaje de Jesús, superando el sistema sagrado del templo, que cerraba a Dios en un orden sacrificial. Crucificado por el sistema, el Cristo de Jn 12, 32 afirma que atraerá y unirá a todos los hombres en amor, desde la impotencia y caos de la cruz.  

En ese fondo queremos recuperar la experiencia del mensaje de Jesús, sabiendo que la «lógica del Reino», que es la lógica de la roca sobre el caos, no está hecha de imposición (dinero y armas), sino de «comunión» gratuita, por comunicación de amor, no por sistema. Para ser cristiano, el Papa debe salir de la seguridad del sistema religioso, que le aísla del mundo real de los pobres, para volver a donde estuvo al principio, en el tiempo de Pedro, en eso que pudiéramos llamar el «caos de los pobres».

 El Papa ha de volver al lugar donde habitan y sufren los hombres y mujeres que han perdido la seguridad que concede este mundo para descubrirse totalmente desnudo y sin nada, con aquellos que no tienen nada. Sólo entonces podrá descubrir las llaves de Dios que pueden convertir el caos en puerta del Reino.   En esa perspectiva se asienta la propuesta que ahora ofrezco sin apresuramiento, sin buscar soluciones rápidas, porque los ritmos de la historia de Dios no pueden forzarse. He de hacerlo volviendo a la raíz del evangelio, donde el principio de unidad es el mismo amor mutuo de los pobres (enfermos, pecadores, expulsados), que son capaces de descubrir y construir la nueva casa de Dios, es decir, la humanidad reconciliada. Para imponer un tipo unidad desde el poder no hacía falta evangelio, ni milagro de Dios, ni gracia de Cristo; bastaba una ontología de poder, como la que que sigue vigente en los dictados del sistema actual, que quiere vencer el caos del «terrorismo mundial» a base de más policía y más soldados, en pura línea de imperio, siempre desde arriba (apelando, si hace falta, al eros ontológico, es decir, al servicio a la humanidad).

 En contra de eso, la novedad de Jesús consiste en ofrecer y buscar la unidad a través del amor directo,  gratuito, sin imposiciones ni dictaduras, desde los pobres y los ciegos, lo cojos, mancos y expulsados del sistema. Se trata, por tanto, de volver al evangelio, a la buena nueva de la fraternidad  y del amor directo, inmediato, que se expresa en el mensaje de Jesús y en su forma de crear unidad de Reino desde los más pobres. 

No hay recetas mágicas, no hay soluciones estratégicas, no hay fórmulas políticas, sino simplemente «creer en el evangelio y convertirse» (cf. Mc 1, 15), es decir, dejar que la buena nueva de la gracia de Dios, del ágape-logos nos trasforme, trasforme a los cristianos, de manera que puedan presentarse humildemente, sin superioridad, como signo de Reino. El camino de unidad de la iglesia se define, una vez más, como camino de evangelio, como un retorno al mensaje y a la vida de Jesús, desde el centro del Sermón de la Montaña, retomando la experiencia de la pascua. Jesús viene a presentarse de esa forma como aquel que vive «desde la muerte», es decir, como aquel que ha hecho el buen camino del amor gratuito, inmediato, creador de vida, en medio del caos de muerte de su entorno. Un tipo de papas han venido a parecerse más a los sumos sacerdotes de Jerusalén y a los gobernadores del imperio que condenaron legalmente a Jesús. Pues bien, frente a esa ley de sacerdotes y gobernadores, que representan el «eros» del sistema, queremos evocar nuevamente la figura del Papa, como representante de la unidad no jerárquica (no imperial) de la iglesia de Jesús, como si fuera un «milagro» viviente, en línea de evangelio.

De la ceniza a las brasas de Emaús

Del miércoles ceniza (de los bombardeos) a las brasas de Emaús

cuaresma

Existe una cierta mentalidad entre los católicos según la cual, comenzamos la cuaresma (o el adviento) como quien se apunta a un gimnasio para iniciar un ejercicio físico, y en el caso de los tiempos litúrgicos, para comenzar un ejercicio espiritual que -supuestamente- nos va a llevar a la conversión y a ser super santos.

    Bien sabemos todos que la historia de nuestra conversión es la historia de nuestro fracaso, la prueba es nuestra propia persona. Siempre comenzando y siempre naufragando.

    La conversión no es un esfuerzo titánico, un enorme voluntarismo, sino que la conversión es abrirnos al amor de Dios. San Pablo nos ha recordado en la segunda lectura de la carta a los Romanos que Por la fe del corazón llegamos a la justificación.

    La cuaresma -la vida misma- es un largo camino por el que llegamos de la ceniza a las brasas de Emaús, a la vida, a las brasas del encuentro de Emaús. (Las brasas, por contraposición a la ceniza, son Emaús, son fuego, calor, encuentro, alimento, Eucaristía, Pascua, paz). Hay que llegar de las cenizas de la guerra a las brasas de Emaús

  1. recordar…

    Una buena actitud en la vida es guardar la memoria de nuestros mayores, nuestras tradiciones culturales, cristianas. Lo más importante que somos y tenemos lo hemos recibido: la vida, la acogida en la familia, en el pueblo, en esta Iglesia…

    El primer texto de hoy (Deuteronomio) es la memoria histórica del pueblo de Israel. ¿Recordamos nuestra propia historia de salvación? Recordar es introducirnos en nuestra propia historia y, como creyentes, en nuestra historia de salvación.

  1. Mi Padre era un arameo errante

    Abraham (hacia el 1950 a.C.) era un arameo que iba con su gente, sus rebaños de aquí para allá en busca de pastos, como nuestros pastores bajan en invierno del Pirineo a las tierras bajas de Navarra.

Abraham no era un hombre errático como Nietzsche (siglo XIX) que nos condenó a deambular erráticamente de la zeca a la meca sin norte ni horizonte.

    Abraham tenía la referencia del cielo, de las estrellas: mira las estrellas: allí está el cielo, Dios, el sentido, el horizonte… Como Abraham y su familia era nómada, caminante no tenían un templo fijo de piedra, ni tenían sacerdocio. Por eso le dijo Dios, mira las estrellas: esa es nuestra guía y nuestro horizonte.

    ¿Somos caminantes en la vida o, quizás, vivimos más bien instalados en nuestra ideología, en nuestro férreo esquema eclesiástico, en nuestra posición social?

  1. Egiptos y faraones.

    Egipto es el símbolo de la esclavitud, Dominaciones y faraones esclavizantes los tenemos también hoy fuera y dentro de nuestra propia persona. Basta con que nos analicemos un poco a nosotros mismos y la situación bélica mundial que estamos viviendo.

    Este año la ceniza es la que dejan los bombardeos que destruyen y queman Kiev, Ucrania…

  1. Desierto, Espíritu, cuarenta días / años.

La vida es un desierto (excepto en la postmodernidad en la que pretendemos vivir, que más bien en un oasis). Sin embargo la vida es caminar por el desierto. Eso es lo que significan los cuarenta días o cuarenta años: toda la vida. Cuarenta es un número simbólico lleno de significado:

  • ü Cuarenta fueron los años que las tribus hebreas caminaron por el desierto para llegar a la tierra de promisión.
  • ü Cuarenta fueron los días de lluvia “bautismal” del diluvio, que fueron necesarios para purificar la tierra.
  • ü Cuarenta fueron los días que estuvo Moisés en el Sinaí para intuir a Dios.
  • ü Cuarenta fueron los días que Jesús estuvo en el desierto.
  • ü Cuarenta es toda la vida, “toda una vida”.

Llegar a la tierra de promisión, a la libertad, a la paz nos va a costar toda la vida.

    El desierto de la vida lo podemos recorrer con buen espíritu, con buen tono: Jesús fue impulsado por el buen Espíritu. Pero también hay alimañas, dice una de las versiones de los sinópticos de las tentaciones de Jesús. Y una de tales alimañas es el “poder y la gloria”. Digamos que el diablo es una expresión de tales alimañas, que en el fondo se reducen al poder.

  1. Se trata de llegar, caminar a la tierra de promisión.

    Los israelitas tienen como horizonte la tierra de promisión. Hemos de llegar a esa tierra de promisión. Hemos de caminar.

    Abraham es un hombre nómada, Jesús no tiene dónde reclinar la cabeza.

  1. Machado escribía aquello de:

Caminante son tus huellas El camino nada más; caminante no hay camino se hace camino al andar…

Caminante, no hay camino sino estelas sobre el mar.

    El camino nos habla de horizonte, de esperanza, de llegar a la casa del Padre.

  1. Nuestro domicilio es la Plaza universal de la pascua.

    ¡Ay de aquel y de nosotros si creemos que nuestra patria y domicilio es donde hemos nacido!

    Nuestra meta es la Pascua: la vida, la solidaridad universal, una tierra ¿un cielo? donde todos podamos vivir en paz y libertad.

La vida, el desierto, es el camino hacia la meta, la Pascua.

    Iniciemos con buen ánimo, espíritu, la cuaresma, el camino desierto de la vida, hacia la libertad y la tierra de promisión. Hay que llegar de las cenizas de la guerra a las brasas de Emaús.

La Buena Noticia del Dgo 6º Pascua B

Este es mi mandato: que os améis unos a otros

JUAN 15, 9-17

9 Igual que el Padre me demostró su amor, os he demostrado yo el mío. Manteneos en ese amor mío. 10 Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor, como yo vengo cumpliendo los mandamientos de mi Padre y me mantengo en su amor.

11 Os dejo dicho esto para que llevéis dentro mi propia alegría y así vuestra alegría llegue a su colmo.

12 Éste es el mandamiento mío: que os améis unos a otros igual que yo os he amado. 13 Nadie tiene amor más grande por los amigos que uno que entrega su vida por ellos.

14 Vosotros sois amigos míos si hacéis lo que os mando. 15 No, no os llamo siervos, porque un siervo no está al corriente de lo que hace su señor; a vosotros os vengo llamando amigos, porque todo lo que le oí a mi Padre os lo he comunicado.

16 Más que elegirme vosotros a mí, os elegí yo a vosotros y os destiné a que os pongáis en camino, produzcáis fruto y vuestro fruto dure; así, cualquier cosa que le pidáis al Padre en unión conmigo, os la dará.

17 Esto os mando: que os améis unos a otros

COMENTARIO

Al estilo de Jesús

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ha querido apasionadamente. Los ha amado con el mismo amor con que lo ha amado el Padre. Ahora los tiene que dejar. Conoce su egoísmo. No saben quererse. Los ve discutiendo entre sí por obtener los primeros puestos. ¿Qué será de ellos?

Las palabras de Jesús adquieren un tono solemne. Han de quedar bien grabadas en todos: «Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado». Jesús no quiere que su estilo de amar se pierda entre los suyos. Si un día lo olvidan, nadie los podrá reconocer como discípulos suyos.

De Jesús quedó un recuerdo imborrable. Las primeras generaciones resumían así su vida: «Pasó por todas partes haciendo el bien». Era bueno encontrarse con él. Buscaba siempre el bien de las personas. Ayudaba a vivir. Su vida fue una Buena Noticia. Se podía descubrir en él la cercanía buena de Dios.

Jesús tiene un estilo de amar inconfundible. Es muy sensible al sufrimiento de la gente. No puede pasar de largo ante quien está sufriendo. Al entrar un día en la pequeña aldea de Naín se encuentra con un entierro: una viuda se dirige a dar tierra a su hijo único. A Jesús le sale de dentro su amor hacia aquella desconocida: «Mujer, no llores». Quien ama como Jesús vive aliviando el sufrimiento y secando lágrimas.

Los evangelios recuerdan en diversas ocasiones cómo Jesús captaba con su mirada el sufrimiento de la gente. Los miraba y se conmovía: los veía sufriendo o abatidos, como ovejas sin pastor. Rápidamente se ponía a curar a los más enfermos o a alimentarlos con sus palabras. Quien ama como Jesús aprende a mirar los rostros de las personas con compasión.

Es admirable la disponibilidad de Jesús para hacer el bien. No piensa en sí mismo. Está atento a cualquier llamada, dispuesto siempre a hacer lo que pueda. A un mendigo ciego que le pide compasión mientras va de camino lo acoge con estas palabras: «¿Qué quieres que haga por ti?». Con esta actitud anda por la vida quien ama como Jesús.

Jesús sabe estar junto a los más desvalidos. No hace falta que se lo pidan. Hace lo que puede por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar su confianza en Dios. Pero no puede resolver todos los problemas de aquellas gentes.

Entonces se dedica a hacer gestos de bondad: abraza a los niños de la calle: no quiere que nadie se sienta huérfano; bendice a los enfermos: no quiere que se sientan olvidados por Dios; acaricia la piel de los leprosos: no quiere que se vean excluidos. Así son los gestos de quien ama como Jesús.

Testigos de la Palabra

El legado de José Luis Caravias

En el día de la anunciación, falleció en Paraguay el P. José Luis Caravias Aguilar, un jesuita que supo trabajar en las fronteras de la Iglesia, superando las persecuciones que tuvo por parte de los gobiernos de facto de Paraguay y Argentina.
Siempre en las periferias
Había nacido en Alcalá la Real (España), el 2 de noviembre en 1935. Egresado de la Compañía de Jesús, en 1969 tuvo como destino a Paraguay donde comenzó su experiencia de sacerdote, trabajando en las zonas rurales junto a los campesinos. Fue asesor de las Ligas Agrarias Cristianas. Por su trabajo social y pastoral fue expulsado por la dictadura del general Alfredo Stroessner, y se instaló en Argentina, lugar también del que -los militares de entonces- lo obligan a salir del país.
Después de un tiempo en España, vuelve a la Argentina a trabajar en el norte argentino con los campesinos y con los hacheros. Para luchar contra la explotación de este último sector, creó un sindicato propio. Realizó su tercera probación en Chile, y pronunció los votos definitivos ante el P. Pedro Arrupe, en agosto de 1973, en Argentina.
Siendo Jorge Mario Bergoglio superior provincial, lo recibió en el Teologado de San Miguel, donde pasó seis meses estudiando y adentrándose en los barrios periféricos con la población paraguaya. Ante una amenaza inminente, el propio Bergoglio lo ayuda a escapar del país en 1974. De vuelta a España, comenzó su acompañamiento en la HOAC (Acción Católica Obrera), para la formación de los miembros.

De regreso a América
En mayo de 1975, el P. Arrupe lo destina a Ecuador. Cumplió su misión en un aislado pueblito Quichua, con población campesina mayormente indígena. Durante 14 años se dedicó a formar Comunidades Eclesiales de Base. Colaboró, además, en dos proyectos comunitarios: un catecismo básico de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, y con ‘Palabra y Vida’, material de reflexión bíblica para la Vida Religiosa, promovidos por la CLAR.
En 1989, con la caída del régimen de Stroessner en Paraguay, regresó a Asunción. Fue Director del CEPAG (1989-1991), superior del Escolasticado en San Cayetano (Bañado Sur); integró a la Comunidad de la Curia Provincial. Fue Superior y Rector del Colegio Técnico Javier en Asunción; Superior de la Comunidad Santos Mártires; Vicario parroquial de Cristo Rey; Miembro de la comunidad Cristo Solidario y Vicario Parroquial, y desde el 2018, formaba parte de la Comunidad Cristo Rey.
Sin abandonar lo bíblico, continuó con publicaciones y cursos de formación. Asesoró y formó a distintas Comunidades de Vida Cristiana (CVX), dirigiendo al laicado con espiritualidad ignaciana en su compromiso por el pueblo. Puso en marcha la opción profesional por los pobres.
Publicó artículos en diversos periódicos y revistas, intentando siempre relacionar fe y justicia, fe y vida. Elaboró materiales audiovisuales denominados “Fe y Vida. Biblioteca del Laico”, con unos 11.000 libros digitalizados, en lo religioso, social y literario. También seleccionó una colección de películas con mensajes.
En los últimos 30 años de su vida, acompañó a los laicos en el crecimiento de su fe cristiana, acompañando parejas y movimientos matrimoniales, con la ayuda de los ‘Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente. Guías de ayuda para laicos de Comunidades Cristianas’, su principal libro en el acompañamiento espiritual.
Mensaje de los obispos de Paraguay
Los obispos del Paraguay enviaron una carta de condolencias por su fallecimiento al Padre Ireneo Valdez, SJ, provincial superior de los jesuitas en el país.
Manifestaron su pesar y cercanía espiritual por la partida hacia el reino celestial del Padre Caravias, “activo partícipe en el quehacer social y pastoral de la Iglesia en el Paraguay”. Después de brindar un historial de su vida, resaltaron su misión pastoral durante las tres instancias que marcaron su vida: antes, durante y después del exilio.
En la carta, también dirigida a los familiares del sacerdote que regresa a la Casa del Señor, el episcopado paraguayo señaló: “pedimos al Señor Resucitado, fortaleza para los familiares y que reciba a su siervo sacerdote en las verdes praderas de su Reino”.
Sus palabras en Vida Nueva
En el año 2019, el P. Caravias fue entrevistado en Vida Nueva. Allí, contó su misión en otra frontera con la que se había asumido un compromiso: la de los homosexuales.
Comentó que su función es “acompañarlos, que tengan a alguien que los comprende y con quien puedan sincerarse. Hace tres años quisieron aclararse la acusación de que la Biblia condena la homosexualidad…”.
Después de hacer un estudio sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento, había concluído que la Biblia no condena lo que hoy entendemos por homosexualidad: dos personas del mismo sexo que forman pareja, sino que realiza condena muy fuerte de la pedofilia y de la violencia sexual. En el Nuevo Testamento, san Pablo no habla de las tendencias homosexuales, sino de los abusos. Por eso, desde su opinión, en la Biblia no hay una condena explícita de la homosexualidad como tal, sino de las prácticas de abusos por parte de varones a niños y a otros hombres.
Consultado sobre los pasos tiene que dar la Iglesia para avanzar en esta cuestión, contestó: Lo primero de todo, desfanatizarse, porque creen que ser homosexual es ser un vicioso y un pecador. Y con respecto a los abusos en la Iglesia, señaló: “Siempre ha habido sacerdotes pedófilos, pero lo bueno ahora es que se detecte y se denuncie, algo que antes no sucedía… En este sentido, la Iglesia es un modelo a seguir, porque ahora está denunciando. Ojalá denunciemos en todos los ambientes”.

La Pascua: un reto preñado de utopía

• por Joan Zapatero
Después de más de un año de cuaresma, necesitamos una pascua especial. Una pascua que, al menos por una vez, haga posible de verdad que el Urbi et Orbi no sean solo palabras vacías ni fórmulas trasnochadas, sino un reclamo a todos los hombres y mujeres para implicarse en la construcción de la vida y de todo lo que ayude a hacerla realidad cuanto antes.
Una vida, digna claro, que deje ya para siempre de ser posesión de algunos y exclusiva para unos pocos. Una vida plena y universal, porque o donde los credos no abran ya brechas entre los de esta fe y la otra, ni las ideologías enfrenten a las personas entre sí ni a unos pueblos contra otros. Una vida en la que la brecha económica quede eliminada para siempre, desapareciendo de manera definitiva términos tan escandalosos y dañinos como pobreza y riqueza. Seguir leyendo

Pascua 2021

Pascua 2021, ¿triunfo de la Vida? Otra Pascua diferente

«En estos tiempos excepcionales de pandemia e inseguridad, este lenguaje de triunfo y derrota no resuena en mi fe»
«La esperanza no siempre es tan rotunda y resplandeciente como se nos ha dicho. La esperanza es una pequeña lámpara ante nuestros pies, da luz para el siguiente paso»
«Mariola López decía estos días que el resucitado pone en el centro estas tres P para restaurar la vida y embellecerla de forma gratuita: Perdón, Pan y Perfume»
«Nos urge el Pan compartido. Nos urge el deseo de justicia, de “pan y rosas” para todas las personas. Estamos con las manos manchadas de harina haciendo Eucaristía con nuestras vidas»
05.04.2021 | Teresa Casillas, Revuelta de mujeres en la Iglesia de Madrid
Este es el triunfo lindo,
muerte vencida,
triunfo de Dios y el hombre
triunfó la vida.
Una de las canciones que resuenan en mi corazón cuando pienso en la Vigila Pascual es esta, que desde la adolescencia escuchaba como Pregón Pascual en mi tierra, Argentina. Me emociona y me conmueve como cuenta, en sus estrofas, de forma tan sencilla y cercana las historias de encuentro con el Resucitado. Esta canción forma parte de mis raíces, de lo que yo soy. Sin embargo en 2021 su estribillo me rechina…

Magdalena
En esta Semana Santa me ha tocado, otro año más y como a tantas personas en el mundo, vivirla de forma especial. Con la incertidumbre de tener a una persona querida enferma, el deseo de cuidarla y el temor de enfermar han marcado estos días. Así, en estos tiempos excepcionales de pandemia e inseguridad, este lenguaje de triunfo y derrota no resuena en mi fe. Este 2021 siento nacer en mí una pregunta: ¿ha sido vencida la muerte en nuestro mundo? ¿podemos, como cristianas y cristianos mirar el sufrimiento y el duelo de tantas personas y decirles que la Vida ha vencido definitivamente a la muerte?
Este estribillo, que cantaba con fuerza e ilusión en años anteriores, me genera sospecha. ¿Qué significado tiene la Pascua y la Resurrección en estos tiempos de pandemia y crisis? ¿Qué significado tienen para mí?
Las respuestas van llegando, no como certezas absolutas, sino como pequeñas pistas, compartidas por otras buscadoras y buscadores. Desde mi cuarentena he recibido, a través de las pantallas, la voz de muchas personas que son orientación, guía, huellas en el camino… Comparto algunas de ellas:
Se nos ha enseñado a pensar en términos de triunfos y derrotas. Se nos ha enseñado a imaginar a un Jesús victorioso, y a la muerte definitivamente derrotada. Sin embargo en nuestro mundo vida y muerte conviven. La muerte que antes veíamos más de lejos, en los telediarios, hoy se nos acerca y la palpamos. Pero la vida también está ahí, siempre, abriéndose paso de forma misteriosa y tenaz. Testaruda, como esas fotos que mandan de pequeñas plantitas quebrando el asfalto.
Resurrección es descubrir esa vida que brota en el árbol talado, en la mujer migrante que se puede reencontrar con su hija que dejó hace 3 años en su Costa de Marfil, en la médico jubilada que dedica su tiempo a los “sin sanidad” de Lavapiés… A veces la Vida esta escondida e imperceptible, y solo las personas con los ojos acostumbrados a ver, son capaces de reconocerla, alentarla, cuidarla, sostenerla y ayudarla a crecer.
Luz y sombra son caras de la misma realidad. Solo hay sombra cuando hay luz, ¿verdad? En los lugares más iluminados, en los días de sol y verano, hay rincones de sombra. Según nos narran las escrituras, el mismo Jesús bajó a los infiernos, y si estuvo ahí, sigue estando. El resucitado se hace presente en los infiernos de nuestras vidas y nos alza.
Cuando la oscuridad y la sombra se nos echan encima, y pienso ahora mismo en personas que están en un hospital sintiendo soledad y miedo por su vida, en personas que han perdido su trabajo y no ven la posibilidad de recuperarlo, en personas migrantes que abandonaron lo que tenían y llegaron a una tierra que las rechaza, en las mujeres víctimas de violencia que no imaginan la liberación…, ahí, en medio de las sombras, está Jesús Resucitado, tocándonos con su mano, abrazándonos. Cuando el Resucitado se hace presente, amanece… la noche empieza a clarear.
Esperanza y miedo también conviven entremezcladas, entretejidas en nuestro mundo, en nuestras comunidades y en nuestras propias entrañas. El miedo, la amargura, el pesimismo a veces nos someten, nos encierran y nos hacen replegarnos como a los discípulos encerrados en aquella casa (Jn. 20,19-22). La esperanza no siempre es tan rotunda y resplandeciente como se nos ha dicho. La esperanza es una pequeña lámpara ante nuestros pies, da luz para el siguiente paso.
Nuestra vida se entreteje con la de María de Magdalá, Salomé, María la de Santiago, y las amigas que acompañaron a Jesús a Galilea (Mc.16,1; Lc.23,55; Mt.28,1), con los caminantes de Emaús (Lc.24,13), y con ellas y ellos sentimos que en nuestro corazón arde la esperanza de una Vida con mayúsculas, con alegría, banquete y dignidad para todas las personas. Regamos y parimos la esperanza, para que crezca en nuestro mundo asustado.
En estos días de encierro pascual he recibido muchos regalos, y este texto es una especie de guiso que he cocinado con un poco de cada uno de ellos, síntesis de lo que Dios me brinda a través de cada persona que me ha hablado por medio de las pantallas. Seguro que encontráis algo vuestro aquí… ¡gracias por ser resurrección para mí!
Mariola López decía estos días que el resucitado pone en el centro estas tres P para restaurar la vida y embellecerla de forma gratuita: Perdón, Pan y Perfume.
En esta Pascua revoltosa traduzco así estas tres P:
Compartimos el Perfume, como empezó la historia de la Pascua: unas mujeres caminando de madrugada con unos perfumes para ungir un cuerpo roto. El perfume ha estado desde el inicio entre nosotras, como signo del amor desbordado, como signo del cuidado, de la belleza, como signo de la vida que lo impregna todo con su aroma. Deseamos ser miróforas como las amigas de Jesús la mañana de Pascua.
Nos urge el Pan compartido. Nos urge el deseo de justicia, de “pan y rosas” para todas las personas. Estamos con las manos manchadas de harina haciendo Eucaristía con nuestras vidas. Una Eucaristía, como diría el santo de la Amazonía, Pedro Casaldáliga, profundamente subversiva. Este inspirador Jueves Santo nos decía Yolanda que el lavatorio de los pies y la eucaristía son la misma entrega de Jesús para darnos su Vida.

El Perdón: el rostro de Jesús reflejado en los rostros de quienes me han perdonado, y de quienes yo he perdonado. Ama más aquella/aquel a quien se le ha perdonado más. La paz del resucitado nace del perdón. Las mujeres tenemos mucho que perdonar: la violencia y la injusticia que hemos sufrido a lo largo de la historia y que seguimos experimentado son grandes. La mayoría de los crucificados de nuestro mundo son mujeres. Creo que las mujeres tenemos mucho por construir en este camino reconciliación.
Vayamos a Galilea, a la realidad mezclada, y seamos abrazo de Resurrección y de Vida.
Tu palabra, Señor, no muere
Nunca muere porque es la Vida misma
Y la vida Señor no solo vive,
No solo vive, la vida vivifica

El Papa en su primer Regina Coeli de Pascua

“No nos cansemos nunca de buscar a Cristo resucitado”

“Encontrar a Cristo significa descubrir la paz del corazón”, ha dicho Francisco al introducir la oración mariana

Antes de concluir, ha dirigido un saludo particular a los ancianos y a los enfermos

“No nos cansemos nunca de buscar a Cristo resucitado, que da vida en abundancia a quienes lo encuentran. Encontrar a Cristo significa descubrir la paz del corazón”. Así lo ha afirmado el papa Francisco hoy, lunes de Pascua, al introducir el Regina Coeli desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano.

“El lunes de Pascua también se llama lunes del ángel, porque recordamos el encuentro del ángel con las mujeres que acudieron al sepulcro (Mt 28, 1-15). A ellas, el ángel les dice: ‘Sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado’” (vv. 5-6), ha comenzado el Pontífice su alocución previa a la oración mariana.

La expresión ‘ha resucitado’ está “más allá de la capacidad humana”, ha añadido, para luego rematar: “Incluso las mujeres que habían ido al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío, no pudieron decir: ‘Ha resucitado’, sino solo que el sepulcro estaba vacío. Solo un ángel podría decir que Jesús resucitó, como un ángel podría decirle a María: ‘Vas a concebir un hijo… y será llamado Hijo del Altísimo’ ( Lc 1, 31)”.

La victoria de Dios sobre el mal

Mateo narra que en esa madrugada pascual “hubo un gran terremoto. En efecto, un ángel del Señor descendió del cielo, se acercó, hizo rodar la piedra y se sentó sobre ella” (cf. v. 2)”. “Esa gran piedra, que debería haber sido el sello de la victoria del mal y la muerte, fue colocada debajo de los pies, se convierte en el banquillo del ángel del Señor. Todos los planes y defensas de los enemigos y perseguidores de Jesús fueron en vano”, ha señalado Jorge Mario Bergoglio.

En el mismo sentido, ha continuado indicando que “la imagen del ángel sentado en la piedra de la tumba es la manifestación concreta y visual de la victoria de Dios sobre el mal, de la victoria de Cristo sobre el príncipe de este mundo, de la luz sobre las tinieblas. La tumba de Jesús no fue descubierta por un fenómeno físico, sino por la intervención del Señor. El aspecto del ángel ‘era como un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve’ (v. 3). Estos detalles son símbolos que afirman la intervención del mismo Dios, portador de una nueva era”.

Como ha recordado Francisco, ante esta intervención de Dios, se produce una doble reacción. En primer lugar, “la de los guardias, que no pueden enfrentarse a la fuerza abrumadora de Dios y están conmocionados por un terremoto interior: estaban atónitos (cf. v. 4). El poder de la Resurrección derroca a quienes fueron utilizados para asegurar la aparente victoria de la muerte”. En segundo lugar, “la de las mujeres, que están expresamente invitadas por el ángel del Señor a no temer: ‘¡No tienes miedo!’ (v. 5) y no buscar a Jesús en el sepulcro”.

Jesús vive, el amor ha ganado                                               

Según ha destacado Bergoglio, “las mujeres del Evangelio, después de la perturbación inicial, sienten una gran alegría al encontrar vivo al Maestro (cf. vv. 8-9). En este tiempo pascual deseo que todos tengan la misma experiencia espiritual, acogiendo en el corazón, en los hogares y en las familias la buena noticia de la Pascua: ‘Cristo resucitado ya no muere, la muerte ya no tiene poder sobre él’ (Antífona de Comunión)”.

“Esta certeza nos lleva a rezar, hoy y durante todo el período pascual: ‘Regina Coeli, laetare’ –’Reina del cielo, alégrate’–. El ángel Gabriel le saludó así la primera vez: ‘¡Alégrate, llena eres de gracia!’ ( Lc 1, 28). Ahora la alegría de María es completa: Jesús vive, el amor ha ganado. ¡Que también sea nuestra alegría!”, ha subrayado.                                                                                                    Antes de concluir, el Papa ha dirigido un saludo particular a los ancianos y a los enfermos. “Les envío una palabra de aliento. Estoy cerca de ustedes”, ha concluido