El papel de la mujer en la Sociedad y en la Iglesia

Desafiamos al patriarcado a repensar sus teorías y teologías que quieren definir el papel de la mujer en la sociedad y en Iglesia»

Monjas
Monjas

«La mujer sigue ligada a la función reproductora, a la capacidad de generar y al trabajo de cuidados no remunerado»

«Crecimos educadas en la fe católica, que -muy a menudo- refuerza esas normas, sin cuestionarlas demasiado»

«La descolonización de nuestros cuerpos pasa por la toma de conciencia de cómo el peso del patriarcado nos ha definido desde una imposición social»

«¡La vocación a la Vida Religiosa Consagrada es para la libertad, para la construcción y transformación del Reino de Dios, necesitamos empoderarnos de nuestra misión como Mujeres Consagradas y no asumir la vocación de madres y esposas! «

| Ir. Michele da Silva; Ir. Glenda Sábio Garcia; Ir. Elis Alberta R. dos Santos; Ir. Leidiane Paes Abreu; Ir. Samanta Karla de Sousa Carneiro

Nacimos mujeres, eso es lo que dijeron. Poco sabíamos de la belleza y las luchas que nos esperaban como mujeres en una sociedad patriarcal, y en un contexto histórico de avances y retrocesos en cortos periodos de tiempo. Hemos pensado y queremos proponer esta reflexión sobre los roles de esposa y madre, hermosos cuando son por libre elección y no por una imposición social, cultural y religiosa.

La mujer sigue ligada a la función reproductora, a la capacidad de generar y al trabajo de cuidados no remunerado. Estas asociaciones dificultan la acogida e incluso condenan a las mujeres que no encajan en sus patrones. Crecimos educadas en la fe católica, que -muy a menudo- refuerza esas normas, sin cuestionarlas demasiado. De las diversas vocaciones que se nos presentaban en nuestra juventud, siempre mirábamos a las mujeres consagradas de forma diferente, sentíamos un aire de libertad en sus cuerpos que nos cautivaba. 

Desde que nos encantó la Vida Religiosa Consagrada -VRC- siempre nos parecieron extraños los conceptos: «Esposa de Cristo» y «Madre Espiritual». Respetamos la historia de las Congregaciones y la forma en que cada religiosa vive su espiritualidad, pero estos conceptos nos molestan mucho. Como Mujeres Consagradas tenemos un potencial increíble para anunciar la Buena Noticia de la liberación, para promover el protagonismo y el empoderamiento de las personas más vulnerables, para construir un mundo más humanizado y, como minoría, para caminar con los grupos minoritarios. ¡Somos creativas, libres y podemos vivir en una dinámica de discipulado de iguales, en sororidad y en la emancipación de la mujer! 

La descolonización de nuestros cuerpos pasa por la toma de conciencia de cómo el peso del patriarcado nos ha definido desde una imposición social. Y hoy sentimos la necesidad de romper con estas ideologías que mistifican nuestro ser. La vida religiosa consagrada femenina sí es vivificante, pero porque cuida, promueve y ayuda a liberar, por eso es fecunda. La sublimación no es suficiente para nuestra elección de vida, sino que es el sentido de nuestro Sí, que se fundamenta en la persona de Jesucristo, lo que nos hace libres, felices y mujeres dadas. La historia del cristianismo primitivo ya nos llevaba en esta dirección. 

¿Quién fue el anunciador de la resurrección? ¿No se quedó con el título de madre, de esposa? En cierto modo, esto es muy interesante porque grabaron de hecho lo que no se podía ocultar. María Magdalena fue la amiga elegida para ser la anunciadora de la Buena Nueva de la Resurrección, y así lo hizo. Este sería el papel y la mejor exaltación que debería darse a una mujer así. Con su propia vida proclamó que no aceptaba el esquema preestablecido hasta entonces. Era la mujer reconocida por su misión, ¡como apóstol de la resurrección! Y hoy, ¿por qué es tan difícil que nos reconozcan por lo que somos y queremos ser? ¿Por qué es tan difícil? ¿No sería esta una estrategia del patriarcado para mantenernos presas en una idea creada y mantenida por ellos? ¿Para beneficiarse de alguna manera? 

Monja ante la policía
Monja ante la policía

Hoy desafiamos al patriarcado a repensar sus teorías y teologías que quieren definir el papel de la mujer en la Iglesia. No hicieron de María Magdalena la madre, la esposa del hogar, sino que la convirtieron en la mujer adúltera, la mujer seductora y prostituta. Si hubiera hecho todo eso, aun así, no perdería el protagonismo y el brillo de la mujer valiente y atrevida que era. ¿No es curioso que cuando no es esposa y madre, la mujer modelo del ideal espiritual, se convierte en la mujer desviada o fuera de esquema? ¿No es un fetiche creado por el sistema patriarcal? ¿No deberíamos cuestionar el patriarcado con todas sus estructuras y quizás sugerir que se siente en el sofá? 

A lo largo de la historia del CRV, hemos sido testigos del papel fundamental de mujeres que rompieron los esquemas de su tiempo y se atrevieron a pensar «fuera de lo establecido». Estas religiosas inspiradas por la Ruah Divina, fundaron congregaciones, se enfrentaron a las autoridades religiosas y políticas y fueron extremadamente fuertes frente a una sociedad patriarcal y machista! ¿Por qué, entonces, tenemos que considerarnos: «Esposas y madres»? La sociedad impone esta condición. Una mujer sólo se completa con la maternidad, por lo que necesita ser espiritual, en el VRC, y también necesita ser esposa y servidora. Ahí tenemos el modelo perfecto.

Hay que hablar más de esto. La maternidad y el matrimonio son hermosas vocaciones, pero para quienes las tienen. Nosotras, como muchas, hemos sido llamadas a ser compañeras de viaje, a luchar por la justicia, la igualdad y para que todos tengan una vida plena. ¡La vocación a la Vida Religiosa Consagrada es para la libertad, para la construcción y transformación del Reino de Dios, necesitamos empoderarnos de nuestra misión como Mujeres Consagradas y no asumir la vocación de madres y esposas! 

Esta provocación es para que reflexionemos, necesitamos transformar las estructuras patriarcales que nos han impuesto tabúes y pesos que no tenemos que cargar, ¡no nos pertenece!  Construyamos una nueva mirada de la VRC femenina, libre, profética, solidaria, desde la mirada renovada e integral de nuestros cuerpos femeninos.

Sororidad

Invitamos a los queridos compañeros del CRV a hablar de este tema y a abrirse a nuevas posibilidades. Podemos sentirnos mucho más realizadas cuando nos asumimos como las mujeres que somos. Actuando de forma sinodal, difundimos la «diferencia» en la Iglesia y en la sociedad de forma auténtica, humana y militante. ¡Sólo de nosotras depende dar el primer paso hacia la revolución de la sororidad! 

Texto en portugués

Nascemos mulheres, foi o que disseram. Mal sabíamos da beleza e das lutas que nos esperavam como mulheres numa sociedade patriarcal, e num contexto histórico de avanços e retrocessos em curtos períodos de tempo. Temos pensado e desejamos propor esta reflexão sobre os papéis de esposa e mãe, lindos quando se é por livre escolha e não por uma imposição social, cultural e religiosa. A mulher, ainda, está vinculada à função reprodutiva, à capacidade de gerar e aos trabalhos de cuidado não remunerados. Estas associações, dificultam a acolhida e, inclusive, condenam as mulheres que não se encaixam nos seus padrões. Crescemos educadas na fé católica, que – tantas vezes – reforça tais padrões, sem muito questionar. Das diversas vocações que nos apresentavam na juventude, sempre olhamos para as mulheres consagradas de forma diferente, sentíamos um ar de liberdade nos seus corpos que nos cativava

Desde que nos encantamos pela Vida Religiosa Consagrada – VRC sempre estranhamos os conceitos: “Esposa de Cristo” e “Mãe Espiritual”. Respeitamos a história das Congregações e a forma de cada religiosa viver a sua espiritualidade, mas esses conceitos nos incomodam bastante! Como Mulheres Consagradas temos um potencial incrível de anunciar a Boa Nova da libertação, fomentar o protagonismo e o empoderamento das pessoas mais vulneráveis, de construir um mundo mais humanizado e, como minoria, caminhar com os grupos minoritários. Somos criativas, livres e podemos viver numa dinâmica do discipulado de iguais, na sororidade e na emancipação das mulheres! 

A decolonização dos nossos corpos passa, justamente, por uma tomada de consciência de como o peso do patriarcado tem nos definido a partir de uma imposição social. E, hoje, sentimos necessidade de romper com essas ideologias que mistificam nosso Ser. A vida religiosa consagrada feminina é sim geradora de vida, mas porque cuida, promove e ajuda a libertar, por isso ela é fecunda. A sublimação não é o suficiente para nossa opção de vida, mas é o sentido do nosso Sim, que está fundamentado na pessoa de Jesus Cristo, que nos torna mulheres livres, felizes e doadas. A história do cristianismo primitivo já nos conduzia para isso. 

Quem foi a anunciadora da ressurreição? Não sobrou para ela o título de mãe, esposa? De certa forma isso é muito interessante, pois registraram de fato, o que não poderia ser escondido. Maria Madalena foi a amiga escolhida para ser a anunciadora da Boa Nova da Ressurreição, e assim ela o fez. Este seria o papel e a melhor exaltação que se deveria fazer a uma mulher como esta. Com sua própria vida ela proclamou que não aceitava o esquema até então preestabelecido. Ela foi a mulher reconhecida por sua missão, como apóstola da ressurreição! E hoje porque é tão difícil sermos reconhecidas pelo que somos e queremos ser? Porquê? Não seria essa, uma estratégia do patriarcado para nos manter aprisionadas a uma ideia criada e mantida por eles? Para se beneficiarem de alguma forma? 

Mariya Magdalena. Frederick Sandys
Mariya Magdalena. Frederick Sandys

Hoje desafiamos o patriarcado à repensar suas teorias e teologias que querem definir o papel da mulher. Não fizeram Maria Madalena a mãe, a esposa do lar, mas fizeram dela a mulher adúltera, a mulher sedutora e prostituta. Se ela tivesse feito tudo isso, mesmo assim, não perderia o destaque e o brilho da mulher corajosa e ousada que ela foi. Não é curioso que, quando não é esposa e mãe, a mulher modelo do ideal espiritual, ela se torna a mulher devassa ou fora do esquema? Não seria esse um fetiche criado pelo sistema patriarcal? Não deveríamos questionar o patriarcado com todas as suas estruturas e talvez sugerir que ele sente-se no divã? 

Ao longo da história da VRC, testemunhamos o papel fundamental das mulheres que romperam os padrões do seu tempo e ousaram pensar “fora da caixa”, essas religiosas inspiradas pela Divina Ruah, fundaram congregações, enfrentaram autoridades religiosas e políticas e foram extremamente fortes diante de uma sociedade patriarcal e machista! Por que, então, precisamos nos considerar: “Esposas e Mães”? A sociedade impõe essa condição. Uma mulher só é completa com a maternidade, então precisa ser espiritual, na VRC, e também precisa ser esposa e serviçal. Pronto, temos o modelo perfeito!

Precisamos conversar mais sobre isso, a maternidade e o casamento são vocações lindas, mas para quem as tem. Nós , como tantas, fomos chamadas a sermos companheiras de caminhada, a lutar pela justiça, pela igualdade e para que tod@s tenham vida plena! A vocação à vida Religiosa Consagrada é para a liberdade, para a construção e transformação do Reino de Deus, precisamos nos empoderar da nossa missão enquanto Mulheres Consagradas e não assumir a vocação de mães e esposas! 

Luz
Luz

Esta provocação é para refletirmos, precisamos transformar as estruturas patriarcais que nos impuseram tabus e pesos que não precisamos carregar, isso não nos pertence! Vamos construir um novo olhar da VRC feminina, livre, profética, cuidadora, a partir do olhar renovado e integral de nossos corpos femininos.

Convidamos as queridas companheiras da VRC a falar sobre esse tema e abrir-se para novas possibilidades. Podemos ser muito mais realizadas quando assumirmo-nos como mulheres que somos. Atuando de forma sinodal, propagamos a “diferença” na Igreja e sociedade de forma autêntica, humana, e militante. Cabe somente a nós, darmos o primeiro passo para a revolução da sororidade! 

El sistema patriarcal no nos ha educado para la paz

Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP, Presbitera católica romana

 

Recuerdo que en el Colegio donde estudie, la teoría y las técnicas que nos enseñaron supuestamente para la vida, era hacia la competencia, a eso se le llamaba o llama Secretariado Comercial.
Mi maestra una religiosa muy piadosa, fiel a sus clases impuestas por el sistema nos enseñaba a vivir el Evangelio. En una de sus clases me atreví a preguntarle, por qué siendo el mensaje de Jesús, tan humano, solidario, pleno de amor y compasión no entendía lo veía reñido con el resto de enseñanzas, que eran técnicas de competencia, para sacar adelante un negocio y tener éxito. ¿Por qué esa contradicción?Solo sé que se quedó ploff, ante mi pregunta. Y solo acertó a decir, que así era, y que eso estaba permitido.

Hoy todavía “eso”, que es la competencia, sigue permitido y la contradicción con el Evangelio sigue.

Todavía sigo sin entenderlo. Si antes parecía como la defensa para el sobrevivir, hoy se ve como la destrucción, del otro a como dé lugar, es germen de la violencia inoculada en la educación cimentada desde las paredes escolares, la violencia que estamos viviendo; “eso es permitido”.

Acabar con el otr@ haciéndole trampas. No desprestigia sus productos, pero si se lo tira y destruye en los precios, hasta que se hunda y lo saque del mercado. Pero, eso no es malo, “eso es permitido”.

Esto que se nos enseñó en teoría, se aplica en la vida. Parecía algo en pequeño, insignificante, pero hoy esa teoría la vemos aplicada en lo macro. Es lo que hoy conocemos como el TLC (Tratado de libre Comercio) = libre competencia.

Si no se aplica a las buenas “eso es permitido” entonces se aplica con la violencia. La impunidad es la reina de la competencia. La corrupción la reina de la violencia.

“Eso no está malo” a eso se le llama manejo de la economía.

Por eso no es extraño, que veamos en la TV, en la prensa, redes sociales, la forma tan infame como se hacen el desplazamiento inhumano y crucial de violencia a nuestros campesinos y pescadores de sus espacios ¿Acaso no fue eso lo que hizo el rey Acab y su mujer con la viña del campesino Nabot? 1 Reyes 21. ¿Acaso no es lo que estamos viendo con la actual guerra Rusia con Ucrania?

¿Dónde, cuándo y cómo es que se va a cimentar la Buena Nueva, en nuestras familias, vecinos, grupos, pueblos, país, si a todo paso que damos, nos encontramos con la envidia, la mentira, el engaño, la ambición, la corrupción y la competencia?

Urge el cambio en la Educación, para dar vía libre al Evangelio. Nos tenemos que descolonizar y regresar a los valores ancestrales de nuestros pueblos. “No, no, eso no es posible, eso es retornar a la Edad de Piedra”, gritaran muchos.

Me estoy refiriendo a los valores ancestrales del trueque. El trueque también se puede aplicar en la era moderna. Es aquel “tú tienes lo que yo necesito y yo tengo lo que tú necesitas”. Es hacer que en nuestros pueblos se realice el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, en donde comieron más de 5000 hombres, y eso sin contar las mujeres y los niños. Mateo 14:13-21. Texto que podemos aplicar en nuestros pueblos, sin tener que pedir permiso a nuestros gobernantes.

Es hora de que apliquemos las enseñanzas de Jesús, formando líderes y lideresas capaces de ofrecer programas de cambio generadores de paz, derribando la competencia impuesta por el violento e infame sistema patriarcal.

Si queremos el cambio, empecemos a cambiar. Si queremos paz, empecemos ya. Anunciemos el Evangelio honestamente. Es el Evangelio vs la competencia

Los feminismos

Los feminismos o el coraje colectivo de las mujeres para reconfigurar el mundo

escrito por  Pepa Torres

 -Siempre que las mujeres individual o colectivamente se han rebelado ante la situación de desigualdad, subordinación u opresión en que el patriarcado las situaba y han revindicado su dignidad proponiendo una situación alternativa, la conciencia feminista ha estado ahí latente, aun cuando ellas mismas no le dieran ese nombre. Los feminismos, entendidos como movimientos de justicia con las mujeres, han sido vistos con sospecha -y lo siguen siendo- en todas las épocas de la historia. La razón de su sospecha es que producen sobresalto e inquietud como aquellas mujeres primeras testigos de la Resurrección de Jesús (Lc 24,13-35). La razón de su sospecha es porque cuestionan privilegios, desinstalan conciencias, relaciones, formas de estar en el mundo…, y esto siempre resulta peligroso para quienes detentan el poder, pero han sido y son imprescindibles para reconfigurar el mundo y provocar cambios sociales desde sus raíces, porque socaban los cimientos del patriarcado y lo hacen de desde la inteligencia colectiva y creativa de las mujeres y de forma pacífica y comunitaria.

El feminismo en cuanto a teoría y práctica política en Europa tiene su origen en la Ilustración, en el contexto de la Revolución francesa. Las mujeres y algunos hombres en el siglo XVIII empiezan a organizarse conscientes de que sin derechos civiles para las mujeres no pude haber una auténtica revolución y reivindican derechos matrimoniales, educación, capacitación profesional y derecho al voto, cuestionando que la desigualdad en las relaciones de poder entre hombre y mujeres tengan que ver con el orden natural. Sin embargo, una vez acontecida la revolución, las mujeres incorporadas en este movimiento serán llevadas al cadalso como le sucedió a Olympe de Gouges. Esta etapa constituye la primera ola del feminismo e incluye el periodo desde 1789 hasta mediados del siglo XIX.

La segunda ola del feminismo se identifica con la reivindicación de los derechos políticos para las mujeres, con el movimiento de las sufragistas, iniciado en 1848 con la Declaración de Seneca Falls, exigiendo el voto femenino y la reclamación de participación política. Se extiende hasta fines de la Segunda Guerra Mundial y la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 que reconoce el sufragio femenino como derecho universal​. En esta segunda ola se reivindica también la educación superior, condiciones laborales justas, igual salario, derechos y deberes matrimoniales equiparables, control de la natalidad, etc. El movimiento aparece vinculado al pacifismo, al interclasismo y al antirracismo. Muchas de las mujeres implicadas en este movimiento tenían convicciones religiosas y denunciaron la interpretación de la Biblia para la opresión y el sometimiento de las mujeres reivindicando otras interpretaciones y exegesis (La Biblia de las mujeres de Olivia Caddy Staton es un buen ejemplo)

Existe también una tercera ola del feminismo que tiene como precedente la publicación en 1963 de La mística de la Feminidad de Betty Friedan. Se articula en torno al 68 y se extiende hasta los 80 presentando una nueva agenda en relación con los derechos sexuales y reproductivos, la violencia sexual y de género, las discriminaciones legales y laborales (brecha salarial, techo de cristal…). Reivindican que «lo personal es político» e incorporan la categoría «género» como categoría de análisis y transformación de la realidad.

La categoría “género” ha sido y es fundamental para reconfigurar el mundo. Desarrolla la idea de que lo masculino y lo femenino no son construcciones puramente biológicas, sino culturales, fruto del aprendizaje social y los roles, atribuciones, papeles y espacios sociales asignados. El sistema de género ordena la sociedad, las relaciones entre las personas, la vida pública y la privada y lo hace de forma jerarquizada, siendo los elementos asociados a la masculinidad los que ocupan una situación de privilegio y visibilidad frente a subordinación de lo femenino. La categoría género, tal y como la entendemos las mujeres no es una ideología sino un instrumento de análisis, una perspectiva. Es decir, una categoría que cuestiona las relaciones sociales entre hombres y mujeres y la comprensión esencialista de lo femenino y lo masculino para concebirlos como una construcción que conlleva elementos culturales y que, como tales, pueden ser modificados. En la experiencia de las mujeres el enfoque de género ha sido y es extraordinariamente liberador. Es una herramienta necesaria que nos ayuda a desarrollar nuevos modos de ser persona mujer y persona varón, nuevos modos de ser familia y comunidad, nuevos modos de amar y ser amadas reivindicando la autoestima, el amor propio, el respeto mutuo y que la diferencia no puede ser causa de desigualdad. Quizás por eso, por las consecuencias que el análisis de género ha tenido en la vida de las mujeres, cuestionando roles, espacios y papeles sociales, los sectores más conservadores de la iglesia y la sociedad civil se resisten a incorporarla. Pero no hacerlo es reducir la cuestión de las mujeres a puro esencialismo o complementariedad lo cual nos mantiene en la misma situación de desigualdad y exclusión más allá de las buenas intenciones. Es a partir de esta tercera ola cuando ya no se puede hablar de feminismo sino de feminismos dada la diversidad de acentos: feminismo de la igualdad, feminismo de la diferencia, ecofeminismo, feminismo autónomo, feminismo institucional…

Actualmente estamos viviendo una nueva etapa que denominamos ya sin pudor como la cuarta ola del feminismo. Un feminismo que se define en plural, que es interseccional, porque las mujeres nos reconocemos más que nunca atravesadas por desigualdades y precariedades que nos sitúan en lugares muy diversos frente al patriarcado: el trabajo asalariado, los cuidados, el consumo, el ejercicio de nuestros derechos, la formación y la participación ciudadana y por las diferencias también según la procedencia, la clase, la edad, la orientación sexual, la raza, la colonialidad.

En la actual coyuntura los feminismos forman parte de un proceso de transformación radical de la sociedad, de la cultura, de la economía, de las relaciones, la teología, la espiritualidad. Aspiran a que las mujeres ocupen el espacio público, se reapropien de la decisión sobre sus cuerpos y sus vidas y de una economía que tenga en el centro el cuidado y no el capital. Se reivindica el cuidado como una categoría política universal que exige una reorganización social alternativa. Como señala Victoria Camps[1]las mujeres del siglo XXI aspiramos a otros modos de organización más integrales e integradores, no queremos producir esquemas excluyentes, porque no queremos seguir reproduciendo dualismos, sino que buscamos la inclusión de toda vida, buscamos un modelo más integrador y holístico, en el que tan vital sea la política como la belleza, tan necesario es el orden como el afecto. No queremos sólo un mundo organizado, sino también hermoso. No queremos un mundo donde gobierne la razón en exclusiva, sino también con lugar para el sentimiento. Un mundo donde la razón compasiva sustituya a la razón meramente instrumental y pragmática, un mundo en el que la vida este en el centro.

Reivindicamos la descolonización de los movimientos de liberación de las mujeres: los feminismos negros, gitanos o interculturales, los feminismos lésbicos y trans; nuevas formas de sindicalismo feministas como pueden ser Las Kellys o las trabajadoras de hogar y de cuidados, la lucha mundial contra los feminicidios y la violencia sistémica y global contra las mujeres en todos los ámbitos, especialmente en las fronteras. De hecho, de esta internacionalización de las luchas nacen las movilizaciones del 7N o la huelga de las mujeres, que se gestan primero en América Latina y posteriormente en España.

Como señalaba bell hooks[2], los feminismos no son un movimiento de reivindicación contra los hombres, sino para poner fin al pensamiento y la práctica sexista con independencia de quienes lo perpetúen, sean hombres o mujeres, puesto que todos y todas hemos de hacer un trabajo de desaprendizaje de patrones, conductas, relaciones introyectadas en nuestras vidas por el patriarcado. En estos nuevos aprendizajes y desaprendizajes entra también la espiritualidad y la teología. Somos muchas las mujeres cristianas y feministas articuladas en redes en el estado español desde hace más de 35 años y desde las que intentamos también reconfigurar el mundo y la iglesia. Redes como Mujeres y Teología, la Asociación de Teólogas de España, la Red Miriam de Espiritualidad ignaciana Femenina, Dones creyents, etc. Algunas de las temáticas más desarrolladas en estas redes son:

  • El cuestionamiento de la antropología patriarcal que legitima la exclusión, el empobrecimiento y la violencia contra las mujeres y frente a ello el reconocimiento de nuestra dignidad.
  • Las imágenes de Dios, los lenguajes, simbólicos y rituales que ignoran la realidad de las mujeres y refuerzan el sexismo.
  • La reivindicación del cuerpo de las mujeres, a imagen y semejanza de Dios y no como objeto de explotación y violencia.
  • La ekklesia de las mujeres y la comunidad de iguales como nuevas categorías eclesiológicas y desde ahí el acceso a la plenitud de los ministerios.
  • Repensar la moral especialmente la sexual y la económica desde la perspectiva de las mujeres.
  • El cuidado de la casa común desde un enfoque ecofeminista.
  • La lectura de la Biblia con ojos de mujer, desde una hermenéutica con enfoque de género

Del trabajo de siembra y apuesta de todos estos colectivos de mujeres feministas cristianas emerge en el año 2020 como una marea imparable Alcem la veu y La Revuelta de las mujeres en la iglesia con presencia en más de 22 ciudades de España y tejidas internacionalmente con Voices of faith[3] en la preparación del Sínodo Mundial de mujeres (CWC) que estamos preparando para octubre del 2022 en Roma. Pero, mucho antes, el 6 de marzo, como ya lo hicimos antes de la pandemia tuvimos una cita en las puertas de las catedrales españolas para seguir reivindicando juntas el fin de la discriminación de las mujeres en la iglesia bajo el lema: “En la iglesia con voz y voto”.

Nos mantiene en esta aventura el convencimiento, como diría San Ireneo interpretado con perspectiva de género, que la gloria de Dios es que las mujeres vivan y lo hagan en abundancia.

***

[1] Victoria Camps, El siglo de las mujeres,1998.

[2] bell hooks. El feminismo es para todo el mundo,2017.

[3] https://voicesoffaith.org/es-cwc

Hasta que la igualdad se haga costumbre

Revuelta de mujeres en la Iglesia
Revuelta de mujeres en la Iglesia

«La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo»

«Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas»

«Dentro de las Iglesias cristianas hace ya tiempo que las teólogas feministas, las organizaciones feministas católicas, muchas mujeres creyentes en Jesús,  hemos levantado la voz con fuerza y energía promoviendo desde hace un par de años La revuelta de las Mujeres en la Iglesia»

«También hoy hay autoridades religiosas que, como el jefe de la sinagoga, se indignan y nos niegan tanto la realidad de injusticia como nuestro derecho a reclamar igualdad de hecho y de derecho dentro de la sociedad y de Iglesia»

Por | Emma Martínez teóloga

El texto de la mujer encorvada (Lc 13, 10-17)

¿Qué dice el texto sobre ella, y en qué medida es un símbolo actual? 

Lucas la describe así: «una mujer a la que un espíritu tenía enferma desde hacia 18 años.»

«estaba encorvada»

“Y no podía de ningún modo enderezarse” (v.10-11)

Vamos a aproximarnos a esta narración como un modo de evidenciar e iluminar la realidad de muchas mujeres aún hoy en el mundo

La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo. Expresa la creencia de que hay unas personas con más derechos que otras, unas personas superiores y otras inferiores, unas personas llamadas a gobernar y otras a obedecer…

La mujer encorvada

El texto la describe así: 

Padecía esa situación desde hacía 18 años, (desde hacía muchísimo tiempo, «siempre ha sido así»…)
 Enteramente encorvada no podía sino mirar el mundo que le rodeaba desde la perspectiva que le era impuesta por ese  “espíritu» (demonio) que la poseía
No podía enderezarse de ningún modo, y su lugar de referencia estaba restringido al suelo.
Desconocía su verdadera talla.
Estaba en silencio. No dice una sola palabra para interceder por ella misma, no pide nada, no hace nada para ser vista (silenciosa e invisible).
Está en la sinagoga, al final detrás de los varones, escuchando a Jesús.

Esta descripción de la mujer encorvada es una buena imagen simbólica para expresar la situación de millones de mujeres hoy en el mundo, como una y otra vez ponen de relieve los informes de Naciones Unidas.

   Encorvadas por «los demonios»:

Demonios del sexismo, clasismo, racismo, patriarcalismo social y eclesial. Los demonios de la violencia estructural e intra-familiar. 

Los demonios de la esclavitud y explotación sexual y económica, la prostitución forzada y la llamada “libre”, la compra-venta de sus cuerpos no solo en la prostitución sino, en todo tipo de pornografía (las mujeres son un cuerpo para usar, abusar y tirar sin problemas), compraventa de sus cuerpos, también en los vientres de alquiler, en el tráfico sexual y laboral de sus personas, de sus órganos, en la violación sistemática fuera y dentro del matrimonio o pareja. 

Los demonios de la desigualdad de oportunidades, la doble o triple jornada laboral, el peso de responsabilidades familiares no compartidas, culpabilidades y angustias.

La mujer encorvada

Los demonios de la subordinación y dependencia económica y afectiva.

Los demonios de la negación de la categoría “trabajo” al trabajo doméstico, equiparando falsamente trabajo y salario, y considerando a esas mujeres trabajadoras de su propio hogar como “económicamente no activas”, cuando la economía mundial está sustentada en gran parte por el trabajo gratuito de las mujeres. Estos demonios consideran el cuerpo de las mujeres como cuerpos reproductores, no productores.

Los demonios de una concepción falsa del amor donde se vincula amor, con celos, con control, con violencia personal o vicaria, incluso con el asesinato.

Los demonios de costumbres “culturales” y/o religiosos donde se mutila el cuerpo de las mujeres para robarles el placer sexual, dónde se ocultan sus cuerpos, se niega su independencia…

Los demonios, introyectados en muchas mujeres aún, de la sumisión, pasividad, sentimiento de inferioridad, falta de autoestima y resignación.

Los demonios del mito destructivo de la belleza diseñada por los varones que lleva a muchas mujeres a someterse a operaciones varias para ser “sexualmente deseables y bellas”, a tener graves problemas con la alimentación, la anorexia y la bulimia son solo enfermedades que hablan de este mito, la anorexia es además un arma política para controlar la fuerza de las mujeres. La dieta hipocalórica deja a las mujeres sin energía vital provoca pasividad, ansiedad y debilidad afectiva.

Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas: “la tentadora”, “la pecadora”,” la llorona arrepentida” (María Magdalena) , “la culpable de la muerte, el dolor…” “la mentirosa y no digna de ser creída”, “la incapacitada para revelar el ser de Dios”, para ser sujeto de los 7 sacramentos,(uno se nos ha negado por ser mujeres), inferior a los varones “el hombre es la cabeza de la mujer” ( parece que a nosotras nos toca ser un cuerpo sin cabeza)  

¿Qué otros demonios podemos reconocer?

   “Silenciadas». Las mujeres no somos silenciosas, gustamos de la comunicación y tenemos facilidad para ella. Pero hemos sido sistemáticamente silenciadas por un lenguaje androcéntrico y patriarcal que nos ha hecho invisibles en la historia y en las Iglesias y nos  ha impedido ,durante siglos, decirnos a nosotras mismas quienes somos, mostrar nuestras capacidades y valores. El lenguaje nombra y da identidad. Lo que  no se nombra…no existe.

Sueño con una Iglesia
Sueño con una Iglesia

“En nuestro lugar”.  Sin duda no en los primeros puestos, sino al final, en lugares invisibles.

En muchas ocasiones las mujeres hemos escuchado como un gran elogio por parte de los varones  el hecho de “saber estar en nuestro lugar” 

Por supuesto lugar no elegido por nosotras mismas, sino impuesto socialmente, pero justificado y sacralizado: así es por “naturaleza” o “por voluntad de Dios“ comunicada a las mujeres a través del varón, !evidentemente como debe ser…!

Lugar -dentro de la “Sinagoga”…pero por supuesto «oyendo»

Lugar de la escucha no de la palabra, aunque la palabra dicha nos concierna directamente, incluso nos defina.
Lugar de la ejecución generosa y gratuita «propia de nuestro ser de mujer”, pero no lugar para participar en las decisiones que nos afectan y condicionan.
Lugar del cuidado de los otros no del autocuidado
Lugar invisible, Ya lo dice un dicho muy halagador para las mujeres:. «Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer.» Mientras esté en su lugar ”detrás” recibirá el reconocimiento de su valía pero… !que no cambie de lugar… y oculte al varón ¡porque habrá dejado de estar ·”en su lugar”!.
Lugar del anonimato y de la no identidad “una mujer sin nombre,  enferma, y encorvada…”
Lugar dónde se nos indica cuál es nuestra identidad, estatura y por tanto a dónde podemos llegar y a donde no, cual debe ser nuestro punto de mira y nuestras aspiraciones (  no demasiado altas.) y por tanto a dónde podemos llegar a dónde no  Hay lugares que no nos corresponden, «porque así lo quiere Dios» y lo ha dejado muy claro en la Palabra de Dios,  por supuesto revelada al varón, seleccionada e interpretada por él. 
Lugar que nos corresponde porque así ha sido siempre (¿18 años, 18 siglos,28 siglos?…)
No aceptar ese lugar es ir contra lo establecido ¿por Dios?.

¿Y si lo que Dios quisiera fuese que aprendiésemos a desaprender ese lugar?

Eso es lo que estamos haciendo muchas mujeres en la sociedad y dentro de las iglesias. Los movimientos feministas llevan años denunciando esta situación y hoy son un referente movilizador de la sociedad cada día más consciente de la injusticia intolerable que este sometimiento y encorvamiento  de las mujeres supone.

Mujeres en la Iglesia
Mujeres en la Iglesia

Dentro de las Iglesias cristianas hace ya tiempo que las teólogas feministas, las organizaciones feministas católicas, muchas mujeres creyentes en Jesús,  hemos levantado la voz con fuerza y energía promoviendo desde hace un par de años La revuelta de las Mujeres en la Iglesia denunciando esta situación que consideramos no sólo injusta sino una traición a Jesús de Nazaret que no sólo miró y trató a las mujeres de otro modo sino que promovió un movimiento de igualdad en torno a él y a la construcción de un sociedad y mundo de iguales. 

Una revuelta internacional que terminará con un “Sínodo de Mujeres” en Roma en septiembre de 2022. En ese sínodo denunciaremos nuestra marginación, la invisibilización  de nuestras personas, de nuestras teologías, nuestra exclusión de todos los lugares de decisión dentro de la Iglesia, una escandalosa ausencia de mujeres teólogas en facultades de teología y Seminarios, la negación de uno de los sacramentos sólo por razón de nuestro sexo y un largo etc.

 Además de denunciar anunciaremos nuestras demandas que en definitiva quieren pedir a la Iglesia católica que vuelva a Jesús de Nazaret como lugar referencial para promover un mundo y una sociedad donde desaparezcan todas las discriminaciones,  y desigualdades por razón de clase, raza, sexo, orientación e identidad sexual, y eso no será creíble mientras dentro de la Iglesia siga una profunda discriminación de las mujeres traicionando a la comunidad de iguales que se formó en torno a Jesús y a la primerísima comunidad donde muchas mujeres ejercieron roles y funciones de autoridad.

Vamos a volver al texto de Lucas para confirmar que esta discriminación no tiene su fundamento en Jesús de Nazaret sino en el dualismo y patriarcalismo social, cultural y religioso que sigue vigente hoy en muchos lugares y organizaciones.

Es un sábado y Jesús está enseñando en la sinagoga, él sí cae en la cuenta  de la situación de esta mujer, la mira, se fija en su persona. ¿Como seres humanos y como creyentes en Jesús ¿somos conscientes del encorvamiento de las mujeres en el mundo y sobre todo de las causas del mismo?
La  llamó» y al nombrarla la saca del anonimato e invisibilidad, del lugar que «le correspondía» social y religiosamente para ponerla delante, a la vista, como lugar de revelación de la verdad de esa mujer. Aunque hay quien lo sigue negando: lo que no se nombra no existe, dar nombre es reconocer identidad y presencia por eso es tan importante luchar contra un lenguaje sexista y patriarcal que no nos nombra o que utiliza el género masculino ocultando nuestras presencias e identidades. 
La pone delante, no detrás…En un lugar donde ella y todas las personas puedan reconocer su auténtica  identidad y la verdad del lugar que Jesús está seguro que  Dios quiere para ella y en ella para todas las mujeres.

"Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo"
«Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo»


«y le dijo»:  es decir le dirige la palabra y la reconoce sujeto, un “tu” a quien hablarle personalmente.
«Mujer quedas libre de tu enfermedad». Jesús reconoce que esos “demonios” ancestrales la habían enfermado, la habían esclavizado y él quiere que ella reconozca su verdad y recupere su libertad arrebatada, que se libre del sometimiento y encorvamiento al que estaba sujeta. 
Jesús toma la iniciativa para liberarla, sabe leer el deseo de esa mujer que no ha abierto la boca, y lo hace transgrediendo la ley sagrada del sábado, mostrando una vez más que toda realidad que niega la igualdad y que discrimina no es sagrada, ni responde al proyecto de Dios. Hoy muchas mujeres ya hemos despertado y no guardamos silencio, ni esperamos que otros tomen la iniciativa para liberarnos, pero nos urge una alianza potente de las mujeres entre nosotras y de todos los varones que sean conscientes de la injusticia que esta discriminación supone.
«Y le impuso las manos». Entra en contacto corporal con ella, aunque cultural y religiosamente ella era una mujer impura por su enfermedad. Volviendo de nuevo a transgredir la ley ¿“sagrada? que prohibía tocar a las personas consideradas impuras.

Qué consecuencias tiene esa acción.

La mujer al sentirse mirada, reconocida, situada en su lugar delante no detrás

“Se enderezó”: es decir recupera su verdadera talla, su propia identidad, su libertar para poder mirar de frente a lo largo y ancho de la vida, sin que nadie le imponga su perspectiva.
“Alabando a Dios”, recuperó la palabra y esa palabra es para reconocer agradecida lo que Jesús le revela, que Dios no quiere ningún encorvamiento y que todas las personas más allá de su condición sexual, social, racial son iguales. 

El jefe de la sinagoga:

” Indignado, de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado”. Intenta justificar con leyes  sagradas que esa mujer permanezca en una situación injusta, encubriendo así la verdadera causa de su situación  y  quizá también queriendo encubrir la verdad de su enojo ¿ no será que lo que no acepta es que las mujeres recuperemos nuestra dignidad?
decía a la gente….incapaz de dirigir su agresividad hacia Jesús, y hacia esa mujer que Jesús acaba de sanar, desvía su indignación hacia la gente, buscando un chivo expiatorio que oculte la verdad de su corazón.

Hombre y mujer los creó
Hombre y mujer los creó

Me da mucha pena reconocer que hoy después de 20 siglos, una vez más  nos encontramos con la dificultad de muchas autoridades religiosas para comprender que:

primero estamos las personas y después las leyes, por muy santas que éstas sean
que el proyecto que Jesús propone, como proyecto de Dios, no tolera discriminación alguna y si hay que privilegiar y señalar algo como prioritario es empoderar a las personas a las que se les ha arrebatado su  poder, es situar en el centro de la vida a todas las personas y de un modo especial a las que han sido marginadas que cuando las mujeres reclamamos esta igualdad fundamental y pedimos en la Iglesia recuperar una comunidad de iguales estamos denunciando una infidelidad y traición al proyecto de Jesús

 y por eso también hoy hay autoridades religiosas que, como el jefe de la sinagoga, se indignan y nos niegan tanto la realidad de injusticia como nuestro derecho a reclamar igualdad de hecho y de derecho dentro de la sociedad y de Iglesia.

Volvemos al texto para seguir leyéndolo hoy:

Después de la reprimenda indignada que el jefe de la sinagoga echa a la gente Jesús toma la palabra para dirigirse directamente a él y en él a todos los jefes de sinagogas, iglesias para:

Denunciar su hipocresía personal e institucional (habla en plural). ”Hipócritas, no desatáis del pesebre todos vosotros en día sábado a vuestro buey o a vuestro asno para llevarlos a abrevar?»  Jesús denuncia y desenmascara los interesas ocultos que hay debajo de su celo “religioso”. Debajo del cuidado de los animales está un interés económico, pero no cuenta igual el interés por el bien del pueblo. ¿Dónde está la causa verdadera de su enojo y de su escándalo? ¿No serán estas las palabras de Jesús que deberían resonar en los oídos de tantos “jefes” de Iglesias que siguen negando, ocultando, no denunciando, el encorvamiento de las mujeres, su discriminación bajo excusas inaceptables? 
Proclamar la verdadera identidad  de esa mujer y lo hace con unas palabras que resonaron en ella como un nuevo nacimiento que confiere nueva identidad: “ y a ésta que es hija de Abrahán”. Era la máxima dignidad en el pueblo judío, casi siempre puesto en género masculino. Jesús con esas palabras reconoce a esa mujer como un miembro del pueblo en igualdad de derechos que los “hijos de Abrahán”. Dios no solo tiene “hijos” sino también “hijas” con igual dignidad.
Des-velar las  verdaderas causas de su situación: “Satanás la tenía atada desde hace 18 años…”…No estaba encorvada porque era así sino porqué las fuerzas del mal, “los demonios” que hemos reconocido antes (de siglos y siglos) la tenían atada: esclavizada y encorvada.
Anunciar el verdadero sentido del día del Señor, la buena noticia de que por encima de todas las leyes , tradiciones, argumentos “por muy sagradas que sean o parezcan “están las personas y que liberar de toda esclavitud es el verdadero culto y la auténtica fidelidad al Señor “¿Y no se debía desatarla precisamente el día sábado?”.

    “Cuando decía estas cosas sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacia»(v.17)

Mujer lectora
Mujer lectora


Ojala sea verdad que cada vez más personas, que siguen negando aún hoy, la injusta situación de muchas mujeres en el mundo, y en muchas de las religiones e Iglesias,  abran los ojos para descubrir su ceguera y sientan confusión y vergüenza y vayamos haciendo verdad esa igualdad fundamental.

Esta es nuestra esperanza que la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia no pare, que sigamos levantando nuestra voz, nuestras manos, nuestros cuerpos para protestar  hasta que la igualdad de haga costumbre.

Este es nuestro sueño y empeño y  a unirse a  él invitamos a toda la comunidad cristiana.


Texto base reelaborado, Martinez Oc

Manifiesto de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia

«Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo»

"Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo"
«Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo»

«Venimos de una larga tradición feminista que ha luchado por la dignidad de las mujeres, que ha exigido la igualdad de derechos, poder votar, libertad sexual y reproductiva, y en el siglo XXI se reconoce diversa, se muestra con una fuerza joven y renovada, y hoy volvemos a salir a la calle para alzar la voz y decir ¡Basta!»

«Son incontables las congregaciones de religiosas que trabajan día a día por los derechos de los más vulnerables. ¿Quién constituye una parte importante de la Iglesia en el siglo XXI? ¡Nosotras!»

«Decimos basta a que se nos niegue el sacerdocio debido a nuestro cuerpo, un cuerpo que siempre está bajo sospecha»»Basta a una imagen de un Dios exclusivamente masculino»

06.03.2022

En el marco de las jornadas feministas del 8 de marzo, las mujeres creyentes, de movimientos y comunidades, salimos a la calle para alzar nuestra voz y decir que queremos estar en la Iglesia ¡con voz y voto!

VENIMOS DE LEJOS.

– Venimos de una larga tradición feminista que ha luchado por la dignidad de las mujeres, que ha exigido la igualdad de derechos, poder votar, libertad sexual y reproductiva, y en el siglo XXI se reconoce diversa, se muestra con una fuerza joven y renovada, y hoy volvemos a salir a la calle para alzar la voz y decir ¡Basta!

– Venimos de las mujeres valientes y libres de las primeras comunidades cristianas, y de todas las que a lo largo de la historia se han negado a quedar recluidas en los roles secundarios e invisibles a que la tradición eclesial y teológica las quería someter.

– Venimos de la buena noticia de un Jesús que transgrede las normas de una sociedad profundamente patriarcal. Venimos de una Iglesia que en sus inicios hizo de la igualdad entre hombres y mujeres, una de las aportaciones más radicales del cristianismo a la historia de la humanidad. ¡Recuperémosla!

Venimos de una Iglesia que en sus inicios hizo de la igualdad entre hombres y mujeres, una de las aportaciones más radicales del cristianismo a la historia de la humanidad. ¡Recuperémosla!

SOMOS MUCHAS

– Somos muchas las que en todo el mundo alzamos la voz. Somos mayoría en las tareas de voluntariado, en las celebraciones religiosas, como catequistas, en los consejos parroquiales, somos muchas en los movimientos, asociaciones, centros recreativos y en el mundo educativo de la infancia y juventud.

– Son incontables las congregaciones de religiosas que trabajan día a día por los derechos de los más vulnerables. ¿Quién constituye una parte importante de la Iglesia en el siglo XXI? ¡Nosotras!

DECIMOS BASTA

– Decimos basta a ser invisibilizadas y silenciadas.

– Decimos basta a ser tratadas con condescendencia como si fuéramos menores de edad. Decimos basta a la discriminación por razón del sexo o del género.

– ¿Cuántas mujeres vemos representando la institución? ¿Cuántas pueden tomar parte en la toma de las decisiones? ¿Cuántas teólogas trabajan en las facultades de teología, cuántas acompañan espiritualmente, cuántas son formadoras de los seminarios?

¿Cuántas mujeres vemos representando la institución? ¿Cuántas pueden tomar parte en la toma de las decisiones? ¿Cuántas teólogas trabajan en las facultades de teología, cuántas acompañan espiritualmente, cuántas son formadoras de los seminarios?

– Decimos basta a que se nos niegue el sacerdocio debido a nuestro cuerpo, un cuerpo que siempre está bajo sospecha.

– Basta a una visión negativa de la sexualidad, que crea sufrimiento.

– Basta a una imagen de un Dios exclusivamente masculino.

IMAGINAMOS Y CONSTRUIMOS UNA IGLESIA NUEVA

– Una Iglesia que es comunidad de iguales, donde la mujer es reconocida como sujeto de pleno derecho, con voz y voto en todas partes, donde la mujer es valorada por los propios talentos, carismas y aportaciones a las comunidades.

– Una Iglesia donde el liderazgo es compartido entre mujeres y hombres, laicos, laicas, personas consagradas y sacerdotes. Una iglesia paritaria, más plural y menos jerárquica.

– Una Iglesia que acompaña sin juzgar toda la diversidad de las familias, de identidades y orientaciones sexuales.

– Una Iglesia donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo. Una Iglesia que ya hoy es semilla de futuro.

– Venimos de lejos, somos muchas, y alzamos la voz para decir basta y exigir una Iglesia nueva que este 6 de marzo de 2022 da un nuevo paso adelante

Entrevista a Teresa Forcades

Teresa Forcades: “Desde la fe y las Escrituras se combate al patriarcado”

Con Teresa Forcades hay muchos temas que tratar en una entrevista porque ella es una religiosa benedictina, feminista, teóloga queer, mística, independentista catalana, licenciada en medicina, activista por los derechos de los homosexuales, escritora de libros sobre la fe, sobre el cuerpo y defensora de tesis atrevidas y controvertidas dentro y fuera de la Iglesia.

Y cuando el encuentro tiene lugar en un monasterio benedictino, enclavado en esas montañas de Montserrat que son el símbolo de la Cataluña indómita, crece la tentación de dejarse llevar por el encanto de escuchar y del encuentro. Teresa Forcades con su alegría, pensamiento atrevido y palabras amables sabe atrapar. Su buen humor es contagioso.

Su capacidad para ir sin titubeos al fondo de las cuestiones y para destruir clichés y estereotipos es indiscutible. Pero hoy no lo hacemos. No caemos en la tentación de hablar de todo. Le digo enseguida que prefiero abordar con ella un solo tema, el de la relación de la mujer con la Iglesia, del patriarcado en la institución eclesiástica, de las mujeres que siguen al margen o son abiertamente discriminadas y de las batallas que se emprenden para cambiar.

Me responde: “Claro, hablemos de eso, pero partiendo de un punto que me importa mucho, que quiero subrayar, y que no he dicho. Que ese patriarcado es fuerte, es evidente, tan evidente que ni siquiera vale la pena señalarlo. ¿Acaso hay alguien que no lo haya visto?”.

PREGUNTA.- ¿Por dónde empezar?

RESPUESTA.- La Iglesia católica, en la que el patriarcado es fuerte, es, sin embargo, la institución que más ha preservado la presencia, la historia y la memoria de las mujeres. Si esto pervive hoy, si hoy sabemos lo que tantas mujeres en diferentes lugares y tiempos han hecho, sentido y pensado, se lo debemos al catolicismo. Le debemos que todos los días y en todas partes del mundo se celebre el nombre y se recuerde la obra de alguna de ellas como santa Clara, Hildegarda o Teresa de Ávila… podría dar cientos de nombres.

Mujeres ha habido y las hay. Eso sí, no sin dificultades. Pero lo primero es reconocer que ha habido y hay mujeres. Se debe destacar con convicción y con fuerza. Añado que no solo han estado ahí y han obrado, sino que han creado comunidades y estas siguen vivas hoy. En definitiva, construyeron su propia Historia en la Iglesia, una Historia femenina. Y esto sabemos que es difícil, muy difícil no solo en una institución católica. Así es en el mundo.

Cuando me gradué de la facultad de medicina en 1990 supe que dos hombres, James Watson y Francis Crick, habían descubierto la estructura del ADN, una gran revelación científica que sentó las bases de la biología molecular moderna. Hace solo unos años supe que la primera en descubrir la estructura del ADN fue una mujer, Rosalind Franklin. Su figura se había disuelto, se había borrado. La Historia no la reconoció.

Legado histórico

P.- ¿Me está diciendo que la Iglesia católica ha construido y ha conservado una presencia y una cultura femenina en mayor medida que otras religiones?

R.- No deseo polemizar. Puede ser que ignore este extremo, pero le pregunto: ¿en qué cultura, en qué país o en qué religión, encontramos escritos y obras femeninas como en la Iglesia Católica?

P.- Hoy, sin embargo, para muchos el cambio en la Iglesia va muy lento, la resistencia es más fuerte que en otras instituciones. ¿Por qué?

R.- Se dice que la Iglesia no está preparada, que todavía tiene que trabajar en ello. Tal vez sea cierto. Sin embargo, creo que, si hay algo justo, hay que hacerlo. Bueno, con consideración y diplomacia si es necesario, pero hay que hacerlo.

P.- También es conocida por ser partidaria de la ordenación sacerdotal femenina. La Santa Sede dice que el sacerdocio está reservado a los hombres.

R.- Hoy se está tomando en cuenta esta cuestión que también se ha planteado en el pasado y se ha negado. Mi opinión es que no hay ningún obstáculo teológico en las Escrituras.

Dejaría de existir

P.- Con Francisco, ¿se están empezando a mover las cosas para las mujeres en la Iglesia?, ¿en qué sentido?

R.- Francisco ha dado por primera vez a las mujeres puestos de responsabilidad en la Curia romana. Por primera vez, en algunos casos, están en el organigrama de la curia vaticana en puestos superiores a los de algunos obispos. Me parece un hecho nuevo e importante.

P.- Sin embargo, parece que la palabra “feminismo” todavía causa urticaria, no solo en los hombres, sino también en las mujeres de la Iglesia. ¿A su juicio, por qué es así?

R.- La Iglesia católica está compuesta por mujeres, es más, la mayoría son mujeres. Así que vivimos una situación realmente extraña porque se trata de una institución en la que las mujeres cuentan poco o nada pese a constituir el 70 u 80 por ciento de ella. No me sorprende que una situación tan extraña, tan singular, provoque ansiedad, inquietud, incertidumbre y miedo. Los hombres de la Iglesia saben bien que, si las mujeres la abandonaran, sencillamente dejaría de existir.

Le cuento un episodio. Elisabeth Schüssler Fiorenza, –teóloga, biblista y feminista estadounidense–, un día durante un servicio religioso pidió a las mujeres que salieran y se reunieran fuera de la Iglesia. Con un gesto simbólico quiso demostrar que sin ellas el sacerdote se quedaba solo. Es lo que pasaría en cualquier iglesia.

Teología feminista

P.- Entonces, ¿ha logrado el feminismo infiltrarse y socavar el patriarcado en la Iglesia?

R.- No solo esto. Hoy podemos hablar de una teología feminista en la Historia. Un feminismo que no se define como tal pero que ha existido y existe y toma decisiones incluso en una institución o en un pensamiento dominante que excluye a las mujeres. Se lo explico. Denunciamos como sistema patriarcal aquel en el que las mujeres, -aunque solo sea una-, son excluidas o discriminadas. Podemos definir como “feminista” cualquier acción que denuncie esta exclusión.

Gregorio Nacianceno, teólogo del siglo IV, observó a propósito del adulterio que, si lo cometía una mujer, todo el peso de la ley que castigaba hasta la muerte recaía sobre ella; si lo cometía un hombre no había castigo. Hizo notar que no era justo porque en las Escrituras, el mandamiento dice “honra a tu padre y a tu madre”. Es decir, exige el mismo comportamiento para hombres que para mujeres. Por ello, dedujo que las leyes que se aplicaban para castigar el adulterio no eran leyes de Dios.

Es ya una crítica al patriarcado, ¿no le parece? Pero, Gregorio Nacianceno fue más allá. Se preguntó por qué sucedía esto, por qué era posible. Encontró que la razón era que la ley fue escrita por hombres y no por mujeres. Como ve, la posición de un teólogo del siglo IV ya es crítica con el patriarcado. Podemos hablar de teología feminista en la Historia ya en ese entonces.

P.- ¿Qué es el feminismo para Teresa Forcades?

R.- Esta respuesta también es sencilla. No tardaré mucho en definirlo. Son tres o cuatro puntos. Primero, el feminismo trata de identificar la discriminación. No todos la ven. Ya en el siglo IV, Gregorio la identificó. Otros ni siquiera lo hacen hoy. Segundo, el feminismo es tomar conciencia de la injusticia de esta discriminación. En resumen, posicionarse en contra.

Tampoco basta con esto porque contra la discriminación debemos actuar y luchar para eliminarla. Hay un cuarto punto para hacer teología feminista. Nos debe quedar claro que la discriminación no viene de la naturaleza, no viene de Dios y no viene de los textos sagrados. Por tanto, hay que poner en tela de juicio y rechazar aquella Teología que teoriza la discriminación porque la considera querida por Dios.

Hacerse preguntas

P.- ¿Existe en la Iglesia y en el cristianismo la fuerza suficiente para superar discriminaciones tan profundas como las que el mismo Francisco denuncia a diario?

R.- Creo que sí. Otras veces ha pasado. Piense en lo que era el matrimonio antes del cristianismo. Era una cuestión económica que tenía mucho que ver con la propiedad: de quién era o quién la debía heredar. Y por lo tanto de quién era el hijo. Esto presuponía el control y la subordinación de la mujer. En el mundo antiguo, el matrimonio era un contrato entre dos hombres, el padre y el marido.

Para la Iglesia católica, el matrimonio es el encuentro de amor entre un hombre y una mujer que se eligen y se unen. Supuso un cambio radical en la cultura dominante de entonces. También en la tradición judía, en la que la mujer no es la madre del hijo del hombre, sino que este es “carne de su carne”.

P.- Si tuviera que hacer una sugerencia a las mujeres que se sienten incómodas en la Iglesia y quieren que se supere el inmovilismo, ¿qué les diría?

R.- Yo no haría discursos generalistas. No tengo un programa que sugerir. Sin embargo, sé por experiencia directa que las mujeres siempre deben hacerse preguntas que no están, –no estamos–, acostumbradas a hacerse: ¿qué pienso?, ¿cuál es mi deseo más profundo?, ¿qué es lo que realmente quiero?, ¿qué es lo correcto? La Iglesia tiene una extraordinaria historia de fuerza y resistencia femenina. Hay que estudiarla, potenciarla y contarla. Hay mujeres que se hacen estas preguntas todos los días, tantas que se las han hecho ya en el pasado. En mi monasterio las monjas se rebelaron tras el Concilio de Trento cuando la Iglesia pidió una clausura más rígida para las mujeres.

P.- Podemos concluir esta entrevista asegurando que es optimista y que confía en la posibilidad de que las mujeres cambien la Iglesia y de que la Iglesia cambie gracias a las mujeres.

R.- Se dice que el feminismo comenzó a principios de siglo con la reivindicación de los derechos políticos. Luego hay una segunda ola en los años setenta. El verdadero comienzo, en mi opinión, se produjo con la Convención de Seneca Falls en 1848 sobre los derechos de la mujer en los Estados Unidos. Mujeres como Elizabeth Cady Stanton no solo repitieron que la Biblia hasta ahora había sido interpretada de manera patriarcal y que esa no era la verdadera lectura de los textos sagrados, sino que también extrajeron consecuencias políticas.

Ya había sucedido con los esclavos afroamericanos. Los esclavos recibieron el cristianismo de sus amos, pero luego, cuando aprendieron a leer, se dieron cuenta de que el verdadero mensaje de las Escrituras no era el que les enseñaban sus opresores y que la Biblia no justificaba la esclavitud y la desigualdad. Entonces sucedió algo extraordinario.

Generalmente, el oprimido rechaza la religión del opresor, en cambio, muchos esclavos afroamericanos se mantuvieron fieles al cristianismo leyendo de otra forma las Escrituras y acusaron a sus amos de no haber leído bien la Biblia. En el caso de las mujeres está sucediendo lo mismo. En la fe y en las Escrituras está toda la fuerza para combatir el patriarcado de la Iglesia.

Tras sus pasos

Religiosa benedictina del Monasterio de Montserrat nacida en Barcelona hace 56 años. Es doctora con especialidad en Medicina Interna. Estudió en Buffalo (EEUU). Es además teóloga con un máster en Harvard, feminista y activista política. Criada en una familia no creyente, descubrió la fe en el colegio de monjas donde la inscribieron sus padres. Leyó por primera vez el Evangelio a los 15 años. En 1995, antes de regresar a Estados Unidos, decidió pasar unas semanas en el monasterio de Montserrat para prepararse para un importante examen de la carrera de Medicina. Es allí donde se dio cuenta de que quería ser monja y serlo en ese monasterio construido en la montaña de Monistrol de Montserrat, en Cataluña, España. Es monja de clausura desde 1997. En 2012 fundó el movimiento político Procés Constituent junto con Arcadi Oliveres, economista, académico, activista y presidente de Justícia i Pau, un grupo cristiano pacifista. Proponen la independencia de Cataluña a través de un nuevo modelo político y social basado en la autoorganización y la movilización social. En 2015, en los albores de las elecciones autonómicas catalanas, recibió permiso de su superiora y de la Santa Sede para salir de la clausura durante tres años y así poder entrar en campaña electoral compitiendo por la presidencia de la región. En 2018 volvió al monasterio para retomar su vida contemplativa.

*Entrevista original publicada en el número de febrero de 2022 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva

Basta ya de abusos en la Iglesia

Pasar de las tinieblas a la luz: justicia y reparación para las víctimas de abusos en la Iglesia

Rueda de prensa de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia
La revuelta de las mujeres en la Iglesia


Desde la Revuelta de Mujeres en la Iglesia de Madrid mostramos todo nuestro apoyo, solidaridad y compromiso con todas las víctimas de abusos en la Iglesia española; demandando con ellas verdad, justicia y reparación. Víctimas entre las cuales también hay mujeres, aunque sus casos sean todavía mucho más invisibles.


Saludamos los pasos dados por el papa Francisco para garantizar la apertura de una investigación sobre 251 casos inéditos de abusos recopilados y verificados por los periodistas de El País Íñigo Domínguez y Julio Núñez. A lo largo de los últimos tres años, el trabajo de estos periodistas ha establecido una base de datos de 602 casos de abusadores y 1.237 víctimas desde los años 30 hasta nuestros días dentro de la Iglesia católica española. Este número supera con creces los 220 casos reconocidos por la Conferencia Episcopal Española (CEE).

Los números de casos nos producen un profundo sentimiento de dolor y vergüenza. La investigación nos proporciona un atisbo de esperanza por lo que puede suponer para las víctimas, que ojalá encuentren en sus resultados algo de reparación a tanto sufrimiento vivido en soledad y silencio.

El Informe remitido por El País al Papa muestra una vez más una realidad dramática que no puede seguir quedando impune y que exige ser abordada con transparencia, responsabilidad institucional, reparación y solidaridad afectiva y efectiva con todas y cada una de las personas abusadas.

Postura negacionista y defensiva

Con indignación y dolor reconocemos que hasta ahora la postura mayoritaria de la jerarquía eclesial española ha sido negacionista y defensiva ante la reivindicación de las asociaciones de víctimas, ocultando institucionalmente los hechos y propiciando la impunidad de muchos de los abusadores y, con ello, la repetición de los abusos.

La actitud de la Iglesia ha buscado más enterrar el problema y borrar cualquier rastro documental de lo realmente sucedido que incidir en las causas y agravantes del mismo. Una postura que ignora, cuando no directamente desprecia el sufrimiento de las personas abusadas, cuyas declaraciones y testimonios son sometidos a sospecha y a quienes se les sigue negando la escucha y reparación que demandan, lo que supone una revictimización que perpetúa el horror y se les hace casi tan dolorosa como los abusos sufridos en su día.

La decisión del papa Francisco de abrir una investigación nos parece valiente y coherente con lo que viene siendo su postura en relación con el gran drama humano y lacra para la propia Iglesia que constituyen los abusos. Una postura que se niega a lavarse las manos. En contraste con ello, los obispos españoles, a excepción del de Zamora, Fernando Valera, se han caracterizado por su resistencia a abrir los archivos y hacer una investigación sistemática y en profundidad sobre la realidad de los abusos.

Tolerancia cero

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia reclamamos tolerancia cero frente a toda forma de abuso de conciencia y abuso sexual. Estos abusos tienen su origen en el mal patológico del patriarcado y el clericalismo. Mal pandémico que anula la identidad de las personas bajo el abuso de poder.

Apoyamos a las víctimas en la exigencia de reparación a la vez que mostramos vergüenza y dolor por sus sufrimientos y nuestra inmensa gratitud por tener el valor de denunciar. Es hora de leer esta página para poder pasarla. Es hora de hacer caso a las palabras de Jesús: la verdad os hará libres. Es hora de que, más allá de la investigación de los 251 casos remitidos por El País al Papa y al cardenal Juan José Omella, la Iglesia española –diócesis y órdenes religiosas, y sus organismos de coordinación, la CEE y la CONFER– den definitivamente un paso adelante y propicien una investigación completa e independiente sobre los abusos cometidos en el seno de la Iglesia católica en nuestro país.

Es hora también de que las comunidades cristianas, independientemente de la actitud de nuestros obispos y órdenes religiosas, digamos alto y claro que esta historia de miseria, pecado y delito debe llegar a su fin y que las víctimas de abusos son nuestros hermanos y hermanas, que su herida es nuestra herida y que les abracemos, les acojamos y les pidamos perdón por nuestro silencio.

Abogamos finalmente por la prevención de los abusos en la Iglesia, estableciendo relaciones horizontales con especial atención al respeto de la alteridad y dignidad de las personas y enfocando las relaciones desde la cultura del cuidado y el rechazo a todo tipo de violencia.

Es hora de dejar atrás el reino de las tinieblas e ingresar en el reino de la luz.

¡Justicia y reparación para las víctimas de abusos en la Iglesia!

Ana María de Miguel en el Congreso de Teología

Neoliberalismo y patriarcado: Del intercambio de mujeres a la mercantilización de sus cuerpos En palabras de Michael J. Sandel, habríamos pasado de una “economía de mercado” a una “sociedad de mercado”. El cuerpo de las mujeres no ha quedado al margen de esta lógica de intercambio monetario

Negociar su “capital erótico” se entiende como una forma de comportamiento que empodera a las mujeres

El dinero se ha ido convirtiendo en un fin que todo lo justifica. Eso sí, bajo el mantra del consentimiento. En este sentido, la ideología neoliberal está encontrando un valioso aliado en la ideología patriarcal propia de las sociedades formalmente igualitarias

La mercantilización de los cuidados nos sitúa ante unos problemas irresolubles mientras no se avance a un cambio de la organización social patriarcal y la construcción de la masculinidad

Sexo y mercado están deviniendo más compañeros que nunca. Y por el camino se convierten en el modelo para legitimar cualquier uso del cuerpo si hay dinero por el medio

04.09.2021 | Ana de Miguel Álvarez. Profesora titular de filosofía moral y política en la Universidad Rey Juan Carlos

En las últimas décadas se ha producido un avance significativo de los valores neoliberales, inscritos en la lógica del mercado, de tal manera que casi todo se convierte en mercancía, objeto o servicio susceptible de compra y venta. El mundo toma la apariencia de un gran centro comercial en que se ofrece la satisfacción de los deseos a través del consumo. En palabras de Michael J. Sandel, habríamos pasado de una “economía de mercado” a una “sociedad de mercado”. El cuerpo de las mujeres no ha quedado al margen de esta lógica de intercambio monetario. Bajo la justificación de la nueva libertad de la que ahora disfrutan las mujeres y la lógica contractual del consentimiento, hay una extensa bibliografía y un “estado de opinión” que entiende la libertad de las mujeres como una libertad extensible a vivir de negociar con sus cuerpos.

Negociar su “capital erótico” se entiende como una forma de comportamiento que empodera a las mujeres. Mujeres que vienen a convertirse en una suerte de emprendedoras o empresarias autónomas de un producto que es su cuerpo. Sin embargo, en los últimos años, también están apareciendo cada vez más voces críticas con este invasivo mercantilismo, muy especialmente desde un feminismo humanista y socialista, con una aspiración a un dialogo intercultural y universalista. La intervención mantiene una serie de interrogantes críticos a este respecto y plantea la hipótesis de que la mercantilización del cuerpo de las mujeres, tan legitimada a lo largo de la historia, refuerza los valores del neoliberalismo económico más radical.

La libertad de las mujeres… para venderse

El neoliberalismo mantiene que todo se puede comprar y vender, nada tiene por qué quedar fuera del mercado y la ley de la oferta y la demanda. ¿Por qué habría de hacerlo si hay dinero por el medio? En palabras del filósofo Michael J. Sandel hemos pasado de economías de mercado a sociedades de mercado. El dinero se ha ido convirtiendo en un fin que todo lo justifica. Eso sí, bajo el mantra del consentimiento. En este sentido, la ideología neoliberal está encontrando un valioso aliado en la ideología patriarcal propia de las sociedades formalmente igualitarias y basadas en el consentimiento y el mito de la “libre elección”. Las mujeres ya no actúan determinadas por la naturaleza o las leyes, ahora la sociedad les encamina a que elijan “libremente” lo de siempre. Los post feminismos, bajo un nuevo ropaje aparentemente transgresor y posmoderno, invitan a las mujeres a utilizar sus cuerpos en el mercado, a vivir de ellos, como si esto fuera algo nuevo y moderno, un producto refinado de la nueva libertad de la que, al fin, disfrutan las mujeres.

La sociedad globalizada del siglo XXI trae una buena nueva a las mujeres. Ahora que ya sois libres, ya podéis de forma libre y voluntaria vender, alquilar, permutar vuestros cuerpos o trozos de vuestros cuerpos en el mercado. Que también es libre. A lo largo de todo el planeta encontramos sociedades que limitan severamente la libertad de las mujeres en muchos aspectos salvo uno: casi todos apoyan la libertad de las mujeres para venderse, “si ellas quieren”.

Frente a la creencia post moderna de que las mujeres pueden venderse y mercadear con su “capital erótico” como si de una novedad antropológica se tratara, en este texto vamos a desarrollar la idea de que esto no es más que una nueva versión de la firme creencia patriarcal de que las mujeres forman parte de “los bienes” intercambiables de una sociedad, las mujeres son “objetos”; divinos o muy apreciados, pero objetos. Un ejemplo: no es fácil llevar la cuenta de la ingente cantidad de intelectuales y artistas consagrados que son descritos de la siguiente manera: fulanito, genio singular, se declara amante de “la ópera, los facsímiles del bajo medievo en la baja Sajonia y de las mujeres”. No es sólo Julio Iglesias con “me gustan las mujeres, me gusta el vino”, similares declaraciones están en la boca de un abanico de señores que va de premios nobel a poetas malditos: a todos les gustan “las mujeres” y otros bienes culturales.

Las mujeres, desde que hay memoria escrita, han sido conceptualizadas como cuerpos sin mucha cabeza, a veces ni eso, como trozos de cuerpos. Cuerpos al servicio del placer sexual de los varones, cuerpos al servicio de la reproducción de algunos varones en particular y de la especie en general. Cuerpos valorados como objetos transaccionales de los pactos entre varones. Unas veces definidas como “el bien más preciado”, otras no. Cuando hay demasiadas pierden el valor de cambio, sobran, se convierten en esa rémora que hoy como ayer ha propiciado el infanticidio o feticidio femenino.

Con esta introducción al tema queremos señalar que la mayoría de nuestras afirmaciones sobre la sociedad no se pueden aplicar de manera similar a hombres y mujeres. Y no porque pensemos que hombres y mujeres tenemos “naturalezas distintas y complementarias” sino por todo lo contrario. Porque pensamos firmemente que mujeres y hombres comparten una misma condición humana es por lo que hay que tener presente que la sociedad nunca ha actuado y pensado como si así fuera. Si no lo tenemos presente lo más probable es que caigamos en el llamado “androcentrismo” es decir, en el solapamiento de los varones con el “ser humano neutral”. Y que creyendo que analizamos la condición humana estemos, en realidad, hablando de la varonil parte de ésta. El androcentrismo es un grave obstáculo para el conocimiento. Tiene la consecuencia de que nuestra realidad quede sesgada y pierda objetividad (Amorós, 1985 y Valcárcel, 1991, 2019).

Partimos entonces de la perspectiva feminista. Y no tanto para explicar que las mujeres han sido mercantilizadas de forma específica, que venimos de una historia de opresión y que aún queda mucho por hacer en temas de igualdad, sino, sobre todo, para explicar que el androcentrismo deforma nuestro conocimiento y nuestra visión de la realidad. De lo que es y lo que ha sido el ser humano y la historia y el presente de la comunidad humana.

En esta cofnerencia vamos a trazar un esquema de los temas en que la mercantilización del ser humano tiene connotaciones muy distintas si hablamos de hombres o mujeres. Es decir, hombres y mujeres han compartido formas de esclavitud y compraventa varias. Pero las mujeres siempre han disfrutado de formas específicas de mercantilización. Las mujeres como objetos transaccionales de los pactos entre varones. Y más de las que antes de pensar en ello se puede pensar. Esto ha sido así en las más diversas culturas: no parece que haya habido mucho choque de civilizaciones a la hora de permutar, intercambiar, raptar, comprar, alquilar o vender mujeres. Hoy, siglo veintiuno, sus cuerpos se ofertan también en mercados al alza como el de la prostitución y los vientres de alquiler.

En este capítulo no vamos a tratar un tema generalmente asociado a la perspectiva de género como es el de la mercantilización de los cuidados. Es un tema muy relacionado pero que desborda los límites de nuestro planteamiento. Aunque el mercado de los cuidados está muy feminizado -y esto es causa y consecuencia del punto muerto en que se halla la revolución que ha supuesto la incorporación de las mujeres al espacio público y que no ha sido seguida por la incorporación masiva de los hombres a los cuidados- las tareas que realizan las cuidadoras pueden o podrían ser realizadas por los hombres. No hay nada que impida que un hombre cuide a otros pero si muchas razones impiden que los hombres sean las putas de otros hombres.

Es cierto que la mercantilización de los cuidados nos sitúa ante unos problemas irresolubles mientras no se avance a un cambio de la organización social patriarcal y la construcción de la masculinidad. Como mantienen diversas autoras, o se coloca en el centro de la vida pública el tema de la vulnerabilidad del ser humano y los cuidados y se desplaza la preminencia del mercado como solucionador “justo” y “universal” o seguiremos alimentando un mundo tan irracional como injusto y depredador (Gálvez, Nuño, Orozco). Sin embargo, la mercantilización actual de los cuidados no se puede identificar exactamente con la mercantilización de los cuerpos. Es distinto que se venda la capacidad para cuidar a que se venda el uso del propio cuerpo, el acceso a sus agujeros, sus partes, el control de sus procesos internos. Porque es esta última situación no vale igual el cuerpo de una mujer que el de un hombre. Tal y como sucede en los mercados de la prostitución y los vientres de alquiler.

El intercambio de mujeres como origen de la civilización, ni más ni menos

Las mujeres, de una u otra forma, siempre han sido intercambiadas o mercantilizadas de forma general, junto con los hombres de su clase y etnia y siempre también de una forma específica. Este sentido específico reside, en parte, en su condición de “objetos transaccionales” objetos de intercambio entre los pactos entre varones. En este apartado veremos que incluso se ha considerado el intercambio de mujeres como la puerta a la civilización.

La teoría de Lévi- Strauss acerca de los orígenes de las civilizaciones o el paso de la naturaleza a la sociedad es un magnífico ejemplo de ello. Para este influyente antropólogo el intercambio de mujeres entre distintas poblaciones supone el principio de las reglas sociales que rigen la exogamia y el parentesco y que pone fin al natural derecho sexual de los padres sobre las hijas. El tabú del incesto es crucial en este paso a la cultura porque impone una restricción a cambio de crear una situación más ventajosa: la posibilidad de que todos los hombres puedan acceder a todas las demás mujeres. Las mujeres constituyen un valor esencial para el grupo. De ahí que sea éste el que determine que la relación matrimonial sea un asunto social y no individual. La prohibición del incesto inicia la organización social de las relaciones sexuales, pero su regulación final dependerá del grupo y la cultura.

Los sistemas de parentesco cumplen la función de regular el intercambio de mujeres y mantener la continuidad del grupo. El intercambio de mujeres entre grupos familiares se puede realizar de distintas formas. Puede ser una reciprocidad inmediata; dos hombres intercambian sus hermanas y sus hijos varones vuelven a hacer lo mismo. Puede ser una reciprocidad diferida o aplazada y en este caso un hombre casa a su hermana con otro a cambio recibir una de las hijas de ese matrimonio para casar a su hijo.

Es posible aceptar que la función de la prohibición del incesto es favorecer la exogamia, el intercambio entre los grupos sociales. Pero, ¿por qué no problematizar el que el objeto de transacción sean “mujeres” sin voz ni voto?

«A partir del momento en que me prohíbo el uso de una mujer, que así queda disponible para otro hombre, hay, en alguna parte, un hombre que renuncia a una mujer que por este hecho se hace disponible para mí. El contenido de la prohibición no se agota en el hecho de la prohibición; ésta se instaura sólo para garantizar y fundar, en forma directa o indirecta, inmediata o mediata, un intercambio» (Lévi- Strauss, 1949, 90).

Es el hombre “el que se prohíbe” el uso de una mujer. Las mujeres no son sujeto de ninguna decisión. El núcleo duro de este pensamiento reside en que al señor antropólogo Levi Strauss ni se le pasa por la cabeza que las mujeres pudieran levantar la mano para decir algo al respecto de su “uso” por parte de los varones de la tribu. Eso sí, las mujeres son “el bien más preciado”.

Con este nuevo marco de referencia en la cabeza, volvemos a leer uno de los textos emblemáticos de Las estructuras elementales del parentesco. Escribe Lévi Strauss y ponemos en negrita algunas de sus frases:» [El papel del intercambio] en la sociedad primitiva es esencial, puesto que abarca al mismo tiempo ciertos objetos materiales, valores sociales y también a las mujeres; pero mientras que en relación las mercaderías fue perdiendo importancia en provecho de otros modos de adquisición, por lo contrario, en lo que respecta a las mujeres, conservó su función fundamental: por una parte, porque éstas constituyen el bien por excelencia (….); pero sobre todo porque las mujeres no son, en primer lugar, un signo de valor social sino un estimulante natural y el estímulo del único instinto cuya satisfacción puede diferirse: el único, en consecuencia, por el cual, en el acto de intercambio y por la percepción de la reciprocidad puede operarse la transformación del estímulo en signo y, al definir por este paso fundamental el pasaje de la naturaleza a la cultura, florecer como institución» (1949, 102-3).

Esta teoría de las mujeres como estimulante natural del sujeto por excelencia, “el hombre” nos sirve para comprender lo que seguiremos desarrollando a lo largo del capítulo, que este sujeto varonil o patriarcal ha construido “el mercado” a su medida. Es decir que el mercado tiene “género”. La creencia de que las mujeres forman parte de los bienes de los que un colectivo puede y debe disponer está tan arraigada que las ciencias sociales no sólo no la han cuestionado, la han asumido con una naturalidad indigna de “hombres” de ciencia, que se toman tan en serio a sí mismos y sus investigaciones y lo que están es alimentados por los prejuicios patriarcales.

De las aristotélicas “vasijas vacías” a “vientres de alquiler”.

Las mujeres no siempre han sido consideradas como “el bien más preciado”, también han sido consideradas como tirando a materia inerte, pasiva, incapaces de engendrar o crear, como meros contenedores reproductivos. Y esto en nuestras apreciadas raíces occidentales, tanto filosóficas como comerciales. Aristóteles, amigo de los lugares naturales, busca también en su filosofía el de las mujeres. No sólo les define como “hombres defectivos” sino también como “vasijas vacías”.

Frente a cierto discurso de la excelencia sobre la mujer como madre, sorprende descubrir que, en realidad, la filosofía y la ciencia no asignaron a las mujeres un papel relevante en la función reproductora de la especie. Como teorizara Aristóteles las mujeres son –somos, vaya- vasijas vacías, materia inerte en que el semen creador insufla la forma y el alma humana (Femenías, 1996). Los varones, juez y parte, se autodefinieron como el principio activo de la reproducción y se autoadjudicaron la patria potestad y derechos legales sobre los hijos. Esta es la razón de que cuando los hombres no querían reconocer a un hijo éste era un hijo “natural” es decir no “cultural”; también se le consideraba un “hijo ilegítimo”, es decir, que no estaba legitimado para nacer por su padre. Y por eso, también, en tantos lugares del mundo llevamos el apellido de nuestros padres, porque de alguna manera, parece que nuestras madres no pudieron salir del todo del estatus de vasija u otro objeto de alfarería.

La realidad es que por mucho que la sociedad tienda a idealizar la maternidad y sostener que “los hijos son de las madres”, durante siglos los hijos fueron legalmente de los padres, la patria potestad era suya. Filósofos y científicos se unieron para ningunear la aportación de las madres a su concepción y nacimiento. Un dato que es necesario retener: en España hasta 1975 los hijos eran legalmente de los padres, de los varones.. Hasta la reforma de la ley aprobada en 1999 los hijos no podían llevar en primer lugar el apellido de la madre ni aún con el consentimiento explícito del padre. Sólo las madres solteras, es decir los hijos sin padre podrían llevar el apellido de sus madres en primer lugar. Finalmente, una ley de Registro civil de 2010 reconoce que en una sociedad formalmente igualitaria madre y padre tienen que sentarse a negociar el orden de los apellidos. Y, ¿en caso de que la madre y el padre no lleguen a un acuerdo? Nótese que bien podría acordarse que puesto que la madre es la que ha gestado al bebé pase a prevalecer su apellido en caso de conflicto. Pero esto sería tanto como trastocar de origen la genealogía patriarcal. El acuerdo al que se ha llegado es el de que decida el orden alfabético o incluso el funcionario del registro.

El novedoso mercado de vientres de alquiler

La función de las mujeres como contenedores reproductivos no es cosa del pasado. Hoy asistimos a una nueva versión del uso de mujeres como “vasijas vacías” para la reproducción. Reproducción de la carga genética de personas que, por razones varias, no pueden o no quieren gestar en sus cuerpos. Estamos halando de lo que se denomina “gestación subrogada”, “madres sustitutorias” o el nuevo mercado de “vientres de alquiler”. Estas denominaciones no son indiferentes, están determinadas por una posición moral y política ante el caso.

Lo que la mayoría de la gente no sabe es que el comercio de los vientres de alquiler es una práctica que está normalizada y reglada tanto en los países más neoliberales, en que el mercado no tiene casi límites, como es el caso de Estado Unidos, y de forma cada vez más frecuente y generalizada en países muy patriarcales, en que el uso de las mujeres de las capas más bajas no tiene demasiados límites, países como la India, Tailandia, Ucrania y Méjico.

Las nuevas tecnologías siempre han irrumpido con una promesa de mayor igualdad y felicidad para la mayoría, pero la realidad es que hoy día es su posibilidad de conquistar nuevos mercados como objetos de consumo lo que determina su expansión. Los criterios morales –“no todo lo tecnológicamente posible es éticamente realizable” parece que deben quedar para la “opción personal”, la libre elección de usar o no tales técnicas.

Las nuevas tecnologías asociadas a la reproducción de la especie, y el concepto de maternidad y paternidad, tienen que ser objeto de conocimiento y reflexión. Algunas técnicas han propiciado el control de las mujeres sobre su capacidad reproductora y han conseguido que biología no sea destino al separar la sexualidad de la reproducción y al conseguir, por tanto, que la maternidad sea parte de un proyecto de vida adulta, no fruto de un hecho biológico adolescente. Pero las técnicas suelen tener al menos dos caras para la vida y el proyecto humanos. Como bien observaran los sociólogos del diecinueve, las nuevas libertades traen también aparejadas nuevas inseguridades y nuevas formas de servidumbre antes inimaginables.

Con las nuevas técnicas reproductivas encontramos situaciones que pueden llegar a hacer factible algunas pesadillas de ciencia ficción, como la conversión de una clase de mujeres en úteros gestantes, como la proliferación de “granjas de mujeres”. La reproducción in vitro unida a la globalización, que acerca la pobreza y la abundancia, está encontrando nuevas formas de usar los cuerpos de las mujeres en el mercado transnacional. Y dentro de su carácter minoritario, esta práctica es cada vez más popular, en palabra de la filósofa María José Guerra estamos ante una bioética para privilegiados (Guerra, 2016).

Veamos los hechos. Si el lector, la lectora tal vez, teclea en google “vientres de alquiler” aparecen en primer lugar las clínicas que ofrecen sus servicios a los potenciales clientes. Es muy interesante poder apreciar el tono del texto de estas clínicas, seleccionamos, una entre otras, la clínica de Estados Unidos San Diego Fertility Center:

“Cuando la futura madre no es capaz de sobrellevar un embarazo por cualquier razón, una madre de alquiler es una opción maravillosa. (…) la madre subrogada ofrece a los futuros padres la oportunidad de contribuir con todo o a parte del material genético del niño, a la vez que garantiza que los embriones se transfieran a un útero que se ha comprobado que está sano”.

“Los médicos del San Diego Fertility Center cuentan con varios años de experiencia compartida a la hora de ayudar a sus pacientes a convertirse en padres mediante la subrogación gestacional. Nuestro compasivo equipo de especialistas está aquí para asistirle independientemente de su nacionalidad, orientación sexual o estado civil”.

En un segundo epígrafe de su primer página la clínica ofrece una definición de la gestación subrogada: “La subrogación se define como uno acuerdo donde una mujer accede a quedarse embarazada y tener un hijo para otro/a futuro padre/madre”. Y se añade que la subrogación es un proceso complejo que implica médicos, psicólogos, y profesionales jurídicos para asegurar que el procedimiento sea acertado tanto para los futuros padres como para la madre subrogada. De los dos tipos de madres de alquiler o sustitutas que ofrecen recomiendan la segunda (FIV), en que la madre de alquiler no tenga ningún vínculo genético y explican “es el método preferido, porque la portadora de la gestación no tiene lazos genéticos con el bebé. Por lo tanto, potencialmente hay menos riesgos emocionales, psicológicos y legales comparados con la subrogación tradicional”.

El texto es revelador porque menciona los riesgos emocionales, pero sobre todo porque habla de algo importante, la “nueva” concepción de la maternidad y la paternidad como la carga genética, únicamente. Antes la madre era la que paría, físicamente. Ahora gestar y parir ha regresado a su origen aristotélico: no tiene valor engendrador, la nueva vasija vacía ha generado un hijo que no es suyo.

En el panorama internacional encontramos opiniones y jurisprudencias muy diversas. El debate se centra de la siguiente manera: la parte favorable plantea la cuestión como un tema de derechos: el derecho a tener hijos, el derecho a formar una familia. Y acude a la lógica de los acuerdos contractuales: todas las personas ganan y no hay daños a tercer. En principio la mayor parte de la sociedad es sensible a estos discursos, el valor de la familia, el deseo de formar una familia es incuestionable.

La visión humanista y convincente del derecho a formar una familia cambia cuando se observa más allá del deseo individual y se reflexiona desde el punto de vista de una nueva puerta abierta a la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Parece que el mercado de cuerpos de mujeres siempre ofrece menos resistencia que otros. Incluso que de los cuerpos muertos. A saber, hoy por hoy nadie accede a abrir un mercado de venta de riñones o hígados o corazones, por ejemplo de familiares muertos. Existe un fuerte rechazo social a negociar con trozos del cuerpo, aún siendo trozos de cuerpos de personas muertas y que hayan accedido a hacerlo bajo contrato firmado (previamente al óbito). Y además de forma altruista, para que se beneficien los que le sobreviven.

En este caso anterior, a pesar de que parece que sólo hay beneficios por todas partes, la sociedad encuentra un límite al negocio. Ese límite sólo se puede llamar la dignidad humana, aunque no sea fácil definirla. Y, sin embargo, todo el mundo experimenta cierta simpatía ante el hecho de que las mujeres pobres alquilen sus cuerpos o trozos de ellos y pasen de alguna forma a no pertenecerse durante los nueve meses que dura la gestación. La sociedad no quiere mirar de frente, no quiere ni enterarse de que las condiciones en los países en que se habla de “granjas de mujeres” son más que draconianas insultantes. La ley del mercado, como bien se sabe, es abaratar los costes de los productos y extender la demanda.

Ante las numerosas cuestiones éticas y legales que surgen de este nuevo paso en el mercado de los cuerpos, autorizadas voces de la filosofía moral y política están pidiendo que se reflexione antes de actuar y dar un paso que puede tener consecuencias graves en un mundo/mercado marcado por las desigualdades económicas, de género, de etnias y geopolíticas. Porque además, ¿en qué se diferencia esta práctica de la venta de bebés? Alguien paga y paga por recibir un producto y ese producto es un bebé. ¿Qué es lo que diferencia este proceso de la compra pura y dura de un bebé? Qué marca la diferencia ¿El que la carga genética del bebé no es de la madre gestante? Tal vez nos encontremos ante un proceso que acabará legitimando la compra de bebés. Si hay consentimiento y dinero por medio, ¿en función de qué va a haber límites al mercado? ¿Algo llamado moral? Como suelen mantener los defensores de la gestación subrogada: no entremos en cuestiones morales, que cada cual tiene la suya.

La prostitución de mujeres: una escuela de lo que también es y para lo que también sirve una mujer

Hoy el sexo está hasta en la sopa, en todas sus formas y supuestas transgresiones. Las prácticas sexuales han pasado a la luz de una manera tan abierta y pública que hasta el filósofo Michel Foucault se quedaría bien sorprendido. Desde espacios muy diversos se observa una decidida y consciente voluntad por situar la sexualidad en un lugar cada vez más central de nuestra identidad y de nuestras vidas. No es fácil leer un diario, ver la televisión o escuchar la radio sin recibir mensajes sobre cómo debemos vivir nuestra vida sexual. El sexo se ha convertido en un lugar común tanto en la cultura popular como en la académica, de la mano de la teoría queer.

Ante esta omnipresencia de la sexualidad la pregunta sobre el género de la sexualidad cobra especial relevancia. La sexualidad está megagenerizada. Esta idea forma parte de la tradición feminista, pero si algo se trata de obviar hoy día, en los nuevos discursos que pugnan por redefinir la sexualidad, es precisamente esto, el hecho de que la sexualidad tiene género. Es la herencia del planteamiento de Gayle Rubin. Voy a poner un ejemplo de partida, el de la prostitución. El modelo del discurso mercantilista y desgenerizado. Tanto el poderoso negocio del sexo, como voces de prestigiosas profesoras universitarias, como grupos “transgresores y subversivos” coinciden en la machacona idea de hablar de “trabajador@s sexuales” o de definir la prostitución como el intercambio entre “dinero y servicios sexuales”. En ambos casos se invisibiliza el género: el hecho de que son mujeres las prostituídas, y, sobre todo, que son hombres los que pagan. Esta abstracción, alguien paga, alguien recibe, supone un retroceso a los viejos tiempos pre feministas. En que los sujetos eran entes abstractos y descontextualizados, “hongos hobbesianos” en palabras de Celia Amorós. Por eso hoy es imprescindible el análisis de género de la sexualidad.

Pornografía en la red

La pornografía está hoy omnipresente en la vida cotidiana a través de internet. Un problema con la pornografía es que carece de límites, a libre disposición de cualquier usuario de la red. También que la pornografía, en su abrumadora mayoría, es absolutamente machista y sitúa a las mujeres como “guarras” o tontas perdidas tendidas por ahí, con poca ropa y esperando “un cipotazo”, en la línea en que ya lo hiciera Henry Miller en sus “liberadoras” novelas. Novelas que son un canto al rey de los cipotazos o cómo un día sin conseguir un polvo gratis de alguna, la que sea, es una pérdida de tiempo. Uno de los resultados es que hoy, que no se leen tantas novelas, con el poder amplificador de internet, los chicos y los hombres están recibiendo el mensaje de que las mujeres son objetos sexuales a su alcance.

El pensamiento crítico tiene que retornar al área de la sexualidad más allá del mandato de “celebrar las diversidades” y acatar la idea, un tanto simplona y poco elaborada, de que “el sexo es bueno”. La crítica es siempre necesaria, más lo será en un terreno en que el sexismo y el dinero campan a sus anchas. Pero el problema real es el de la imposición de la pornografía como sexualidad normativa y hegemónica. Las jóvenes no están encontrando argumentos con los que oponerse a este modelo de sexualidad, que, como ha señalado Walter, es el de la prostitución: desprovisto de elección, de reciprocidad y de emociones (Walter, 2010). Ni siquiera la atracción sexual cuenta como componente. El mandato normativo no es ya desvincular amor de sexualidad, es desvincular la sexualidad de la misma atracción sexual particularizada.

Cuando se aborda el tema de la pornografía, la conversación suele derivar, casi siempre, al tema de la voluntariedad y el consentimiento. Se argumenta que son muchas las jóvenes que ponen sus fotos desnudas de forma voluntaria en la red. También que son muchas las cantantes que cantan semidesnudas, las actrices que sacan beneficios de posar desnudas. Se interpreta casi como una ventaja que favorece injustamente a las mujeres. Es decir, se interpreta como una ventaja el que las jóvenes puedan mercantilizar y sacar provecho de su cuerpo.

Prostitución en la realidad

El camino que sigue la prostitución en nuestras sociedades es similar al de la pornografía. Un camino de intromisión en la vida cotidiana, de normalización y legalización. Hace años, y a raíz de la revolución sexual iniciada en los sesenta – las nuevas libertades sexuales, que van desde el progresivo descenso de la edad de comienzo de las relaciones sexuales hasta la aparición de secciones fijas de consejos y recomendaciones sobre prácticas sexuales en los blogs de todos los periódicos- lo esperable era la práctica desaparición de la prostitución. Y, sin embargo, con la globalización el tráfico de chicas y mujeres se ha convertido en un gran negocio internacional de las mafias, junto con el tráfico de armas y el tráfico de drogas. Hoy en día perviven y se han radicalizado las dos posturas enfrentadas en este tema en las “guerras del sexo” de los ochenta.

Por un lado y desde una postura cercana tanto a lo queer como al neoliberalismo, se argumenta desde la tesis de que la prostitución es un trabajo más, que todo, y por supuesto el cuerpo, debe entrar en el mercado capitalista donde se intercambian servicios por dinero y que hay mujeres que optan libremente por esta actividad y por tanto hay que regularla. Por otro lado está la postura abolicionista. Desde esta posición la prostitución no es comparable a ningún otro trabajo, por eso, entre otras cosas no es ni puede ser estudiado como profesión en los centros públicos de enseñanza. Esta postura plantea con radicalidad la investigación de lo que realmente subyace a la prostitución de las mujeres y como ideal último la desaparición de la misma. También se defiende que la sexualización de las mujeres y su comercialización es hoy, en los tiempos de la igualdad formal, uno de los mecanismos fundamentales de reproducción de la desigualdad sexual (de Miguel, 2015).

a práctica de la prostitución refuerza la concepción de las chicas/mujeres como cuerpos y trozos de cuerpos de los que es normal disponer y de los que no importa preguntarse cómo ni por qué están ahí. El hecho de que los varones busquen y encuentren placer sexual de personas que obviamente no les desean en absoluto es, sin duda, una importante materia de reflexión sobre el abismo que se abre bajo la aparente igualdad y reciprocidad en las expectativas y vivencias sobre la sexualidad. Esta despersonalización de seres humanos, a veces muy jóvenes y en su mayoría inmigrantes de todas las etnias y países empobrecidos supone, aparte de la inmoralidad que pueda significar, la reproducción activa de las identidades más arcaicas y conservadoras del patriarcado: por un lado están las mujeres madres y esposas, hijas y amigas, y por otro las putas, las mujeres que al no ser de ninguno pueden ser de todos, las célebres “mujeres públicas”.

Sin embargo, desde el mundo de la creación –películas, series, video clips- se está machacando con el tema de “las chicas alegres” y modernas” y lo normal de la prostitución como un mandato que hay que aceptar: es normal y deseable buscar placer en la necesidad y falta de deseo ajenas. Realmente las generaciones más jóvenes, que son llamadas a la transgresión por la publicidad y los medios viven muy mal el insulto de “puritana, frígida, reprimida”. Están desarmadas teóricamente para interpretar como parte del sistema de dominación patriarcal un comportamiento que bajo la apariencia de posmodernidad remite a las más rancias y antiguas imposiciones patriarcales. A lo que se llama el oficio más viejo del mundo. Sin embargo, hoy la diferencia ya no está entre chicas buenas y chicas malas, está entre chicas que pueden controlar el acceso a sus cuerpos y las que no van a poder hacerlo. La prostitución de las segundas se legitima, en general, con la frivolidad de las primeras. La película de Pretty Woman idealiza y glamouriza la prostitución y refuerza la idea de que es un trabajo libre y maravilloso. Las prostitutas reales, a la vista está, aguantan en las carreteras, en los polígonos y las habitaciones de los burdeles. Y ni les sube al coche Richard Gere, ni les llevan de compras, precisamente.

El problema, volviendo al debate teórico, reside en que en el “post feminismo” y el enfoque queer, el concepto de libre elección o consentimiento se ha convertido en el tema central de las argumentaciones, y a menudo el punto final de las mismas. Ella lo ha elegido, no hay problema. Sin embargo, es posible argumentar, como ya hiciera en su día Simone De Beauvoir, que ningún sistema de dominación se mantiene sin la complicidad de los sometidos. Cuando las feministas de los sesenta boicoteaban la elección de Miss America, hacían patente la mercantilización de los cuerpos de las mujeres que desfilaban en bañador mostrando la mercancía. Y claro que las rebeldes de la época sabían que las candidatas a Miss se presentaban voluntariamente. Lo que no se le ocurría a nadie, menos a las feministas, era mantener que el concurso, “empoderaba a las mujeres”. Pues esto es, exactamente, lo que hace hoy día una parte del feminismo con la pornografía y la prostitución. Mantener que como hay dinero por medio, empodera a las mujeres. Algunas artistas que ganan mucho dinero por desnudarse o contar su vida sexual desempeñan un papel importante para legitimar esta nueva normativa sexual. Pero algo tiene que estar claro: que una mujer gane dinero con lo que hace, sea una mujer heterosexual, lesbiana o transexual, no hace de ello un acto ni subversivo ni feminista. Haya o no haya sexo por el medio.

El capital erótico o la versión fina de “vende tu cuerpo o al menos utilízalo”

En los últimos tiempos no dejan de aparecer enfoques teóricos revestidos de “neutralidad científica” que sostienen que las mujeres cuentan con grandes posibilidades de ascenso y promoción gracias a lo que se puede denominar su “capital erótico”, antes cuerpo. El libro de Catherine Hakim, Capital erótico, el poder de fascinar a los demás, es uno de estos casos. La tesis de Hakim es sencilla, el capital erótico puede y debe ser utilizado por las mujeres como ascensor social y como recurso de intercambio monetario, ya sea en el matrimonio o en la prostitución. El uso de tal recurso es legítimo en una sociedad donde las mujeres gozan de más capital erótico que los varones y donde éstos desean obtener favores sexuales que a las mujeres les interesarían mucho menos.

Lo que hay que enfatizar, como tan certeramente ha señalado Isabel Menéndez, no es que una señora escriba este ensayo, sino la enorme atención mediática que suscita. ¿Es algo casual que mientras el discurso del feminismo humanista y universalista apenas logra salir de los círculos minoritarios, las publicaciones que pregonan el determinismo biológico y su aceptación tipo hombres de Marte mujeres de Venus se vocean en todos los medios de masas? En palabras de Menéndez lo que interesa a los medios es convertirse en altavoces de “posiciones que, bajo un lenguaje pseudofeminista, no son sino una vuelta de tuerca al pensamiento patriarcal” (Menéndez, 2015). La sociedad apoya con tanto fervor la libertad de las mujeres para venderse que no hay más remedio que aplicar la clásica hermenéútica de la sospecha y el cui bono.

El discurso de Hakim no es nuevo, ni mucho menos. Lo que ha sido novedoso en el caso de Hakim son dos cosas: por un lado la campaña de marketing que ha rodeado y publicitado su libro, y por otro lado, que no pretende quedarse en el plano analítico y descriptivo, explicar cómo funciona de hecho la sociedad, sino que normativiza cómo deben comportarse las mujeres. Y esta es la parte “provocativa” que tanto gusta a los medios y que tanto vende “en el mercado”. También porque ella misma luce su propio capital erótico para vender más y mejor, pero no a ella misma, su cuerpo, sino su libro.

Por otro lado, cabe preguntarse en qué difiere el planteamiento normativo de Hakim, que viene a decir “sácate partido hija, no seas ñoña” de los viejos consejos de las madres en el pasado: “Hija, tú ponte guapa y enseña un poco, pero lo justo”, “y sobre todo hazte un poco la tonta, que a los hombres no les gustan las listillas”, “tú halágale, dile lo listo que es, lo fuerte que es, lo bien que lo hace todo”. Teoría del capital erótico en estado puro.

¿Qué está hoy en juego? La cuestión importante que está en juego es el enfrentamiento entre una concepción neoliberal del ser humano como cuerpo y mercancía en que todo vale si hay dinero y “consentimiento” por el medio y una concepción humanista y un análisis radical y estructural de la sociedad. Una concepción en que no se estudian las decisiones de las personas como decisiones aisladas y donde se considera que las estructuras normativa y coactivas determinan a favor del sistema de dominación las elecciones de los individuos. Un sistema donde el consentimiento y el dinero se limitan a hacer aceptable lo inaceptable.

Neoliberalismo sexual y neoliberalismo económico

En la actualidad, diferentes autoras están coincidiendo en diagnosticar una nueva ola de reacción contra los avances de las mujeres. Y ya sabemos por la historia que siempre que ha habido avances sustantivos en la situación de las mujeres han venido seguidos de una oleada de teorías y publicaciones reaccionarias. De una nueva “mística de la feminidad y la masculinidad”. Si la filósofa ecofeminista Alicia Puleo escribe sobre una “contrarreforma patriarcal”, Alicia Miyares lo hace de “la revancha del patriarcado”. La teología feminista con autores como Margarita Pintos o Juan José Tamayo denuncian el doble rasero patriarcal de los fundamentalismos religiosos.

Una de las maneras de entender esta reacción es analizar la proliferación de los discursos neomachistas en la red. Estos discursos adoptan diversas formas como la minimización de la violencia de género o la acusación de que el feminismo quiere dar la vuelta a la tortilla y quienes ahora necesitan protección son los hombres. En el contexto de este texto, en que analizamos la expansión del mercado, el discurso neomachista y post feminista se articula de la siguiente forma: por un lado se mantiene que las mujeres ya son libres e iguales, por otro, que en consecuencia ya son libres para venderse.

Según este planteamiento individualista se invita a pensar, a veces con cierta agresividad, que cualquier decisión que toma una mujer es, por el hecho de que la haya tomado una mujer, una decisión feminista. Por el mero hecho de que ella “libremente” haya decidido. El feminismo se convierte en una teoría política que coincide enormemente con las preferencias individuales y el neoliberalismo más posmoderno. Y nada que ver con el liberalismo clásico que si tenía que ver con los contextos en que se realizaban las acciones. Lo definitivo es que en este “yo decido” y “quién eres tú para cuestionar mi acción”, el contexto social y económico, de género y clase que condiciona las decisiones ha desaparecido.

Que una mujer decide prostituirse: bendita libertad. Que decide dejar de trabajar en el mercado asalariado cuando tiene su primer hijo: bendita libertad. Que decide someterse a una operación para implantarse unos pechos de silicona o para recomponerse sus labios mayores y menores en sus partes sexuales: bendita libertad. Salir medio desnuda en las campanadas de noche vieja con un señor vestido al lado: bendita libertad. Y por si no estuviera bien claro, ya son ellas mismas quienes se encargan de pregonarlo en las redes sociales: “nunca me he sentido tan absolutamente libre (que como cuando he cobrado por mercantilizar mi cuerpo”.

La imposición neoliberal del mito de la libre elección no se puede combatir fácilmente por medio de eslóganes. Para comprender cómo funciona el sistema de poder y desigualdad en que estamos inmersos hay que sentarse a reflexionar. Seguramente leer, estudiar, desarrollar la capacidad de analizar estructuras. Y desarrollar también la empatía y un punto de vista moral. Interesarse por algo más que el propio ombligo o si a ti personalmente te va bien.

Sexo y mercado están deviniendo más compañeros que nunca. Y por el camino se convierten en el modelo para legitimar cualquier uso del cuerpo si hay dinero por el medio. El eslogan que circula por la red “mi cuerpo es mío, sí a la prostitución, si al aborto, sí a los vientres de alquiler” es una buena muestra de ello. En esta ceremonia de la confusión que son a menudo los mensajes de las redes se mezclan los derechos humanos con los temas de mercado, de lo que se puede comprar y vender. Es decir, la idea del ser humano como un ser entre otros pero con un proyecto único que le hace sujeto de derechos frente a una visión del ser humano como propietario de una mercancía, su cuerpo, de la que puede y debe disponer en una sociedad de mercaderes. Legitimar la venta de cuerpos como productos en sí mismos significa el fin de cualquier barrera al poder económico y patriarcal. Poderes que no ven ni quieren ver más allá de sus deseos.

Bibliografía:

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«Vacuna feminista» al «virus machista»

IU lanza un manifiesto con motivo del 25N que receta «vacuna feminista» al «virus machista»

Izquierda Unida (IU) ha lanzado con motivo del Día Internacional de la Eliminación de las Violencias hacia las Mujeres su Manifiesto ‘¡Al virus machista, vacuna feminista!’, elaborado por su Red Feminista a nivel federal que arremete también contra el «negacionismo» de la ultraderecha respecto a la violencia de género.
MADRID, 24 (EUROPA PRESS)
En el texto, al que durante las próximas horas le acompañará una dinámica campaña explicativa y de denuncia en las redes sociales, IU se congratula de que en los últimos meses, marcados por la pandemia del coronavirus, las mujeres han estado siempre «en primera línea» para hacer frente a la crisis sanitaria, económica y social que ha acarreado.
Sin embargo, ha advertido en un comunicado que son las mujeres quienes también las que sufren «un doble virus, el del coronavirus y el del machismo», por lo que es tarea de toda la sociedad «parar el contagio de la violencia, de la reproducción de roles y estereotipos que, tras dañarnos de forma invisible, se justifica».
El este texto ha enfatizado su compromiso por la construcción de «una sociedad feminista» que permita a las mujeres vivir «sin violencias, subordinación y explotación».
VIOLENCIA MACHISTA Y PATRIARCADO
«Desde IU nos unimos al grito global que recorre el mundo luchando por un cambio de rumbo a nivel internacional. Nosotras lo tenemos claro: para acabar con la violencia machista debemos romper la alianza entre el capitalismo y el patriarcado, que se alimenta de nuestras desigualdades y, a la vez, nos oprime, nos necesita para mantener y aumentar sus beneficios y privilegios», ha apostillado la formación.
También ha subrayado el impacto de la pandemia del coronavirus y que ha puesto en evidencia que esta sociedad está construida desde la «desigualdad, la subordinación y las violencias», a la vez que han visto que quienes «sostienen la vida y defienden lo que es esencial tienen rostro de mujer».
«Nosotras estamos sufriendo el virus del Covid y el del machismo. Debemos parar el contagio de la violencia, de la reproducción de roles y estereotipos que, tras dañarnos de forma invisible, se justifica», ha agregado para incidir en que la situación de confinamiento y las medidas tomadas para afrontar la crisis sanitaria «han intensificado el riesgo de violencia de género».
CONTRA EL NEGACIONISMO DE LA ULTRADERECHA
IU ha lamentado también que lo que va de año se han cometido 79 feminicidios y no pueden olvidarse de las 32.000 mujeres que «viven hoy en España con protección policial, ni de las 137 mujeres que son asesinadas cada día en el mundo por un miembro de su familia».
«No es un caso aislado, se llama patriarcado y, pese al negacionismo de una ultraderecha que ignora nuestras violencias y nos quiere solas y aisladas, estas cifras nos hablan de la urgencia de cambiar los cimientos de nuestra sociedad», ha zanjado

La deuda pendiente con la mujer

La deuda pendiente con la mujer en la sociedad y en la iglesia 

Por Consuelo Vélez

La pandemia del coronavirus está trayendo muchas consecuencias, no todas tenidas en cuenta o divulgadas con la misma insistencia, porque por supuesto, lo principal en este tiempo es lo que se refiere a los contagios. Una de ellas ha sido la constatación de la violencia intrafamiliar, especialmente contra la mujer. Las alertas se han despertado porque el hecho de estar encerrados hace más difícil que las mujeres puedan denunciar y acudir a los centros de ayuda. Además, las circunstancias que trae la cuarentena facilitan esa violencia: casas demasiado pequeñas donde no hay cómo mantener un mínimo de privacidad; escasez económica, rayando con el hambre; sensación de temor por la posibilidad de contagio, incomodidad de estar juntos cuando se llevan años de malos tratos, falta de diálogo, indiferencia, etc.

Las cifras son para alarmarse: del 20 de marzo a la fecha se han dado 16 feminicidios en Colombia y más de 3.000 denuncias de violencia, siendo más de la mitad, por violencia sexual. Cada país podrá revisar las cifras y seguro que son muy altas.

Algunos invocan que ya se ha hablado demasiado de la violencia contra las mujeres y que los varones también sufren. Sin duda, la violencia sale del corazón de varones y mujeres y se ejerce contra todos, pero a la mujer la ha afectado mucho más porque la estructura social se ha configurado de tal modo, que ella está más expuesta a dicha violencia. A esto se le llama “sociedad patriarcal” y es lo que en la cotidianidad vivimos sin darnos cuenta: nos da seguridad la figura de un varón, se prefiere un varón en algunas profesiones, se desea que el primer hijo sea un varón, algunas familias privilegian la formación del varón y parece secundaria la de la mujer y así, podríamos multiplicar los ejemplos en que lo masculino parece de más valor, más seriedad, más profesionalismo, más competencia y lo de la mujer parece menos serio, más intuitivo, más sentimental, más tierno. Toda esta realidad social exige mucho trabajo para seguir transformándola. Se han dado pasos, pero faltan muchos más. Ahora bien, todo esto no es ajeno a la iglesia que es lo que también quisiera señalar aquí.

Históricamente las mujeres han sido relegadas a un segundo lugar. Tanto es así que aún hoy, no están en ninguna instancia de decisión, aunque ellas son las más presentes en la iglesia: llevan adelante la mayoría de los grupos apostólicos y obras de caridad y están atentas a todas las necesidades de la comunidad parroquial. Precisamente, porque ocupan tantos lugares de servicio, se aduce que no hace falta pedir más espacios.

Ahora bien, estos tiempos son de cambio y nos exigen buscar transformar “lo que siempre fue así” por lo que sea “más del evangelio”, más de una comunidad cristiana. El mismo Papa Francisco tiene esa inquietud porque sabe que es “un signo de los tiempos” y una “exigencia ética” con las mujeres, el darles el lugar que les corresponde en la iglesia. Desde el inicio del pontificado ha dicho que hay que dar más espacios a la mujer, reconociendo todos sus aportes.

Sin embargo, Francisco no parece encontrar el camino para hacerlo efectivo. Sus acciones no son todavía significativas y sus intentos de explicar por qué y cómo se le ha de dar ese campo a la mujer, no llegan a tener la audacia y la profecía que necesitarían. En cierto sentido, el Papa tiene que enfrentarse a una estructura eclesial que no quiere cambiar en este aspecto. Por eso, aunque en el Sínodo de Amazonía se pidió el diaconado para las mujeres, en la Exhortación Querida Amazonía, el Papa dice que eso sería clericalizarlas, pero al mismo tiempo, crea por segunda vez, una comisión para estudiar el diaconado. Lamentablemente ya hay varias voces que dicen que algunos de los integrantes de esta segunda comisión, no son expertos en el tema y no parecen estar a favor.

Normalmente los cambios no vienen de arriba para abajo. La conciencia que hoy tenemos sobre la sociedad patriarcal y la violencia contra la mujer vino y sigue dándose en la medida en que las que lo sufren -o los que entienden ese injusticia- reclaman un cambio sin cansarse en su demanda. Un cambio en la iglesia será posible cuando las mujeres sean conscientes de ese segundo puesto que han ocupado y exijan ese cambio y no se cansen de exigirlo. Pero lamentablemente aún en muchos ambientes sigue el patriarcalismo eclesial introyectado en las mismas mujeres: prefieren un ministro de comunión varón, un director espiritual varón, un profesor de teología varón, un conferencista varón, un coordinador de la parroquia varón. La presencia de la mujer es bien acogida pero cuando se ocupa del orden, la belleza, la acogida, el servicio y las múltiples tareas que se le han atribuido a las mujeres. Es verdad que en ciertos lugares se van dando pasos, pero todavía son demasiado pocos y la deuda sigue pendiente.

Mayo es un mes en el que en Colombia y en otros países se reconoce la figura de las mamás y también de la virgen María. La cuarentena no va a permitir que haya muchas celebraciones públicas y, tal vez ni privadas por las restricciones que existen. Pero nadie nos impide regalarle -a todas las mujeres- un compromiso con la erradicación de esa mirada patriarcal que produce tanta violencia sobre las mujeres en la sociedad y en la iglesia. La violencia no es sólo física, sexual, psicológica, económica, cultural. La violencia también es religiosa cuando se le dice a la mujer que ella no puede acceder a muchas instancias porque su “esencia” es el servicio y no también la toma de decisiones eclesiales.

La pandemia nos está confrontando en muchos aspectos y no se escapa -por la violencia que sufren las mujeres-, la urgencia de acabar con el patriarcado. Pero no solo en la sociedad sino también en la iglesia