PRISCILA : Genealogías femeninas de las primeras comunidades cristianas ( 3)

Por Pepa Torres

Soy, Priscila, líderesa, maestra y predicadora en el movimiento de Jesús. Me casé con Aquila, también judío como yo. Ambos nos ganábamos la vida como artesanos de tiendas de campaña (Hch. 18.3). Vivimos en muchos lugares, incluso en Roma, de donde fuimos expulsados por razones políticas y religiosas (Hch. 18.2). Fuimos siempre una pareja muy buscadora e itinerante. Por esta razón llegamos a Corinto y allí conocimos a Pablo.

El Evangelio que anunciaba, su forma de vida y su mensaje de universalidad e inclusión, fue toda una revolución en la nuestra. Le abrimos nuestra casa y nuestro taller y con él y otras mujeres y hombres entusiasmados por la utopía y la subversión del evangelio nos hicimos misioneros itinerantes. Formamos un auténtico equipo de vida.

Lo que más me atrajo de la Buena Noticia de Jesús es que no había en ella ninguna subalternidad entre hombres y mujeres. Todos y todas: mujeres, hombres eunucos, esclavos, libertos éramos reconocidos con la misma dignidad y respeto. En nuestras comunidades compartíamos bienes y dones, todo era de todos y todas, aunque también teníamos conflictos. No había entre nosotros ninguna jerarquía. La mayoría éramos laicos.

Tampoco teníamos lugares especiales para reunirnos, orar y celebrar la memoria subversiva de Jesús. Lo hacíamos en nuestras casas y al partir el pan y el vino nos comprometíamos en común a correr la misma suerte que Jesús en el compromiso con la justicia, la fraternidad y sororidad universal. Éramos comunidades domésticas. Algunas de ellas, como la de Filipos, estaban lideradas por mujeres o por parejas, como era el caso nuestro, que lideramos la comunidad de Roma.

Yo siempre tuve don de palabra, el Evangelio se me salía por la boca. Aquila, mi marido fue siempre un gran hombre y un cristiano muy coherente. pero mi predicación llegaba más fácilmente al corazón de la gente. Tuve mucha autoridad como maestra y predicadora. Por eso mi nombre aparece en numerosas ocasiones en el Nuevo Testamento antes que el de mi marido, como cuando, por ejemplo, tuve que explicarle a Apolo, el famoso líder elocuente de Alejandría. todo lo referente al movimiento de Jesús, el Cristo (Hch.18.26). Apolo se dejó enseñar por una pareja, en la cual la mujer tenía más autoridad como maestra y predicadora que su marido.

Siempre me llamó la atención disponibilidad de algunos líderes varones elocuentes, que dentro del movimiento de Jesús reconocían la capacidad de las mujeres y la igualdad entre los sexos, y no se dejaban llevar por los valores discriminatorios de la sociedad patriarcal. Lo aprendimos de Jesús, decían ellos, aunque a otros les costaba mucho y no lo entendían del todo.

Yo, Priscila, puedo afirmar que hasta ahora no hemos visto una manera de organización tan igualitaria en sus relaciones, solidaria y comprometida como nuestras casas-iglesias. Es cierto que en algunas asociaciones admiten esclavos y mujeres como iguales, pero sin embargo a quien lleva el patronazgo en. Jesús nos enseñó que el mayor debe servir al menor. Las mujeres nos sentimos acogidas y respetadas. Somos muchas las que hemos encontrado en las comunidades cristianas un espacio de libertad, y también de resistencia a la marginación de las mujeres.

QUERÍAN BRAZOS Y LLEGAMOS PERSONAS

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Observatorio Jeanneth Beltrán.

Con el lema que da título a este artículo y como un proyecto que nace de la Asociación Senda de cuidados, Trabajo y cuidados dignos, el Observatorio nace en mayo de 2018. Tomamos el nombre de Jeanneth Beltrán, en memoria de una compañera nicaragüense, empleada de hogar sin papeles, que murió en el año 2014 en Toledo como consecuencia del decreto de exclusión sanitaria. (Real Decreto Ley 16/2012)

Nacemos ante la necesidad de recoger, asesorar y acompañar la vulneración de derechos de las trabajadoras de hogar y cuidados, fomentar su autoorganización y hacer incidencia política con otros colectivos de trabajadoras para poner fin a la explotación y discriminación que sufre este sector por el cruce de un entramado legal injusto que se perpetúa históricamente: la Ley de Extranjería y la exclusión del régimen de las trabajadoras de hogar y cuidados en el sistema de la Seguridad Social con plenos derechos.

Trabajo esencial en la economía sumergida

En España existen más de 630.000 mujeres que trabajan en este sector, la mayoría migrantes, de las cuales el 40% forman parte de la economía sumergida y casi en su totalidad trabajan en condición de internas. Mujeres que, pese a la vulneración de derechos que viven cada, día sostienen los hilos de la vida acá en el estado español y también allá en sus países de origen, por lo que significa en sus economías la aportación de sus remesas. Mujeres trabajadoras esenciales, como ha quedado demostrado en la crisis de la Covid, pero todavía al margen de los derechos del resto de los trabajadores. Forman parte de un sistema especial dentro del régimen general de la Seguridad Social que mantiene condiciones laborales y salariales discriminatorias, una amplia desprotección del sector, un elevado porcentaje de informalidad derivado de las trabas para la regularización de los permisos de trabajo, que les niega, entre otras cosas, el derecho al desempleo y el reconocimiento de las enfermedades profesionales. Algunas de las situaciones más comunes que detectamos diariamente desde el Observatorio y que intentamos denunciar son:

Situaciones denunciables

-La complejidad de la vulneración de derechos que afecta a las trabajadoras de hogar y cuidados por la interseccionalidad que lo atraviesa. De modo que no se limita solo a la esfera laboral, sino a toda una serie discriminaciones y exclusiones relacionadas con el género, la raza y la clase. 

-Los imaginarios y prejuicios dominantes sobre las personas que realizan este trabajo, como personas “ignorantes” y sin conciencia. Nada más lejos de la realidad. La mayoría viven un proceso de movilidad socio-profesional descendente, un cambio de status significativo, pues en su país habían desempeñado otro tipo de profesiones de mayor reconocimiento.   

-La normalización de la precarización y las condiciones de explotación de este trabajo en cuanto a salarios, descansos, incumplimiento de contratos o inexistencia de contrato escrito (más del 50%), negación de derechos laborales y existencia de todo tipo de abusos.  Especialmente graves son los distintos tipos de acoso hacia estas trabajadoras:   acosos de tipo moral (insultos, aislamiento, maltrato psicológico), laboral (engaños sobre condiciones laborales, carencia de espacio en la casa para descansar, desprecio por su trabajo, trato humillante, xenófobo, racista y, por último, acoso sexual.

La revitalización del régimen de interna en condiciones en las que claramente se incumple la ley, incluso aun cuando esta resulte insuficiente: vulneraciones de derechos (como negación de permisos para ir al médico o poder atender a situaciones personales o familiares), imposibilidad de conciliar vida familiar y vida laboral, despidos improcedentes o desistimientos sin finiquito y sin indemnización, falta de respeto a la intimidad o ausencia de una habitación propia, etc. Junto a ello la interiorización del sin papeles no hay derechos y la gran asimetría existente entre empleadores y empleadoras para negociar condiciones.

Sin embargo, pese al aislamiento que conlleva este trabajo al llevarse a cabo al interior de los hogares, las trabajadoras de hogar y de cuidados son un sujeto político emergente, como desde hace años vienen visibilizando con sus luchas y sus reivindicaciones. Cuatro de estas resultan especialmente relevantes: el derecho a la prestación por desempleo, la cotización en base a salarios reales, la ratificación del convenio 189 de la OIT y una política pública de cuidados, de modo que el derecho al cuidado no recaiga sobre la explotación de las trabajadoras y que el estado se implique a través de un sistema de bonificaciones en base a la renta de las familias.

Poco avance tras la reforma laboral

La reforma del mercado laboral llevada a cabo por el Gobierno apenas ha modificado nuestra situación de precariedad y explotación. Por eso, este pasado 27 de marzo las organizaciones de trabajadoras de todo el estado convocamos una sentada estatal para exigir la inmediata ratificación del Convenio 189 de la OIT y el derecho al desempleo. La sentencia interpuesta por un abogado laboralista en Galicia al Tribunal de Justicia Europeo por discriminación en el derecho al desempleo en relación con el resto de las trabajadoras y trabajadores ha abierto un hito histórico que fuerza al Gobierno español a subsanar y reconocer este derecho.

Empoderar y liderar

Todas estas luchas no serían posibles sin el empoderamiento y el liderazgo de las trabajadoras de hogar y cuidados. Por ello, desde el Observatorio trabajamos en dos líneas de acción preferente muy claras: Acuerpar derechos (Asesoramiento y acompañamiento colectivo en denuncias y vulneraciones de derechos) y la Escuela de Activismo Político en Cuidados. Porque estamos convencidas de que sin las trabajadoras de hogar y de cuidados no se nueve el mundo. Pero es importante reflexionar colectivamente  sobre qué  mundo queremos mover.

Sobre risas, fragilidades y respiraciones

Imagen de Pexels en Pixabay 

Retomo mi columna en Alandar tras varios meses de silencio y con más convencimiento si cabe de que en la debilidad de lo humano se revela nuestra más profunda verdad pues el latido del mundo es su fragilidad. La lucha contra el linfoma de mi hermana (por ahora vencido) me ha obligado a poner mis energías en esta batalla, también la de mis palabras. Después del tsunami vivido intento volver a mi cotidianidad en la que escribir es siempre oxígeno y respiración. La necesidad no solo de respirar con profundidad y con energía, sino también de hacerlo en comunidad y con alegríporque respiramos de forma muy distinta cuando estamos alegres que cuando estamos apesadumbradas. Una maestra de yoga me decía estos días que la respiración triste es poco profunda, lenta y poco constante, lo que hace que nuestro organismo se oxigene con dificultad y provoque tensiones en nuestra mente y nuestro corazón. Sin embargo, la respiración de la risa es profunda, fluida y regular, aporta una gran cantidad de oxígeno a todo nuestro cuerpo y energía a nuestra mente. La risa moviliza alrededor de 400 músculos y facilita que entre el doble de aire en los pulmones. Reír no solo no produce arrugas, sino que es el mejor antídoto contra ellas ya que una mayor oxigenación celular borra las ojeras y el aspecto de cansancio en el rostro. La risa libera también endorfinas, serotonina y dopamina, hormonas que generan bienestar, alegría y efecto analgésico. Todo esto me decía una maestra de yoga, mientras yo pensaba que desde chiquitas tendríamos que ser alfabetizadas con un manual de risas para tiempos oscuros y sin certezas.

Pero ¿es posible referirnos hoy a la alegría sin escandalizar a la gente para la que la vida es solo llanto, es decir, sin el permiso de las víctimas y la complicidad con ellas? Estoy convencida de que sí, porque la alegría a la que me refiero no es la alegría que nace de un optimismo ingenuo al margen de la historia y sus conflictos y de las luchas sociales por transformarla aquí y ahora, sino la alegría de la fe, “la alegría de creer” que diría Madeleine Delbrêl. La alegría de sostener la vida en común, en la confianza y en la bondad de Dios y de comprometernos desde ese espíritu a no ser cómplices con la injusticia, la violencia ni el desamor, sino a recrear el buen vivir y el buen convivir allí donde estemos y buscar también mistagogos y mistagogas expertos en ella, en tiempos oscuros.

Fatou, viuda de Gora, recién madre de Awa, ha sido una de mis musas y maestras en la risa

Porque la risa tiene también sus maestras y sus musas. Una de ellas sin duda en este tiempo ha sido Fatou. Mi vecina senegalesa, recién mamá de Awa, que nació la víspera de Navidad y cuyo papá, Gora, murió el mes de noviembre, como consecuencia de un atropello tras una lucha intensa por la vida en el Hospital de parapléjicos de Toledo. Fatou, aun en medio de su inmensa pérdida y su pena no deja de sonreír y animar a su bebé a hacerlo cuando le habla de su padre, o cuando llega a comer a nuestra casa y se detiene a contemplar una foto de Gora que tenemos en la sala, y en vez de llorar, como haríamos cualquiera de nosotras, sonríe y le dice a Awa en wolof: es tu papá, siempre estaba alegre, y la bebé sonríe.

Esa complicidad madre-hija me recuerda también el poder de otra risa bíblica, la de Sara, la anciana, y su carcajada desconcertarte y esperanzada ante el nacimiento de su hijo, al que puso por nombre Isaac: “el que me ha dado la risa”Porquepese a la dureza del momento que atravesamos y la fatiga pandémica de la que no terminamos de liberarnos, vivimos rodeadas de nuevos Isaac que nos devuelven el poder de la risa y que nos recuerdan que para reír no todo tiene que estar resuelto, ni los problemas del mundo solucionados, sino que reír, y hacerlo en comunidad, es una herramienta política para ello. Son testigos de la fuerza transgresora y resiliente de la alegría en un mundo donde impera el poder de las privatizaciones, el racismo, el clasismo y el heteropatriarcado que condena a no ser a quienes declara no normativos o descartables. Por eso para el año que empieza tengo solo un propósito que le pido prestado a Mario Benedetti y a Gioconda Belli: “defender la alegría” y,“saber tirarnos una buena carcajada y ser felices aun en la noche más honda y cerrada”.

Es mi deseo también para todos los lectores y lectoras de Alandar: un año lleno de risas compartidas en el fragor de las luchas por la vida y de la fragilidad humana

MUJERES DE LA PASCUA: María Magdalena y la espiritualidad del soltar


 En este tiempo de pascua la memoria viva de María Magdalena, tan silenciada y manipulada en la historia de la iglesia toma fuerza y significatividad entre nosotras. La que nuca fue prostituta y siempre apóstol se convierte, en el marco de la aventura sinodal que como iglesia las mujeres estamos queriendo empujar, en maestra de la espiritualidad del soltar que tanto nos apremia. El Evangelio de Juan así nos lo revela (Jn 20, 11-18).    

Magdalena se alimenta de la vida nueva, pero para hacerlo ha de atravesar el duelo que la ata al pasado y superar la nostalgia. Su actitud reta a la nuestra, Nos sitúa ante una disyuntiva siempre costosa: atrapar o lanzar. Aferrarnos a la seguridad de lo que conocemos e intentamos poseer, hacer de Dios una seguridad, tener unas vías de acceso a Él “fosilizadas” … o abrirnos a su novedad inatrapable que nos urge a innovar caminos, lenguajes, vías de encuentro con Él, de generación en generación y desde la diversidad que, como humanidad, nos caracteriza.

Quizás nos ayude realizar corporalmente la experiencia que sugieren las dos acciones, opuestas, mencionadas, “aferrarnos” o “abrirnos”, y reconocer cómo nos sentimos al hacerlo.

Hacernos conscientes de nuestras resistencias, ganas, temores, impaciencias para, con más consciencia y libertad en esta dinámica de apertura, lanzarnos a la novedad de Dios, a la que nos reta María Magdalena y asumir las consecuencias que ello conlleva.

La vida es un constante aprender a decir hola y adiós, a acoger y soltar, pero no es fácil, pero en el aprender a vivir soltando, sin aferrarnos al pasado, a las seguridades, nos jugamos el encuentro con el Dios vivo.

En el arte de vivir soltando, Magdalena es también una maestra en el camino. “Aun, cuando todavía era oscuro… María Magdalena se puso en marcha hacia el sepulcro”. Su inmenso dolor no la dejó paralizada, sino que su corazón destrozado continuó manteniéndose anhelante y en búsqueda. Su corazón, sus ojos, más allá de los datos empíricos, presintieron que la Buena Noticia vivida con aquel profeta de Galilea no podía  acabar con su muerte, aunque ella misma experimentase en lo profundo que al enterrar aquel cuerpo habían enterrado con él todos los sueños y expectativas de un amanecer diferente para los pobres y excluídos de Israel. Su tentación, quizás como la nuestra, fue la de refugiarse en el pasado y en su propio dolor, lamerse las heridas.

Sin embargo, al escuchar su nombre en boca de Jesús reconoció en el hortelano a su Rabbuni, a su Maestro, y al reconocerle se hizo proclamadora suya, Apóstol apostolorum,  en medio de un montón de dificultades. El “Ve y dile a tus hermanos y hermanas” que escuchó, en lo hondo de su espíritu, de la boca del Viviente la llevó a recorrer caminos insospechados para una mujer de su época. Afrontó el presente y anticipó futuro.

Quizás también hoy pueda pasarnos que andemos un tanto desconcertados y llorosos ante un presente que no terminamos de entender y un montón de expectativas, sueños y proyectos que no han terminado como pensábamos en nuestra vida.

El Resucitado toma el cuerpo de muchos hortelanos, personas y acontecimientos que nos salen al camino de la vida cotidiana y de los hechos de la historia, como a Magdalena. El Resucitado nos invita a adentrarnos en la espiritualidad del soltar. Vivir soltando es decir “hola” a lo nuevo y a lo que despunta como alternativo hoy en nuestros ambientes y “adiós” a lo que se va quedando rancio en nuestro modo de ser y estar en el mundo, también como comunidades cristianas.

Pero para vivir soltando necesitamos también elaborar adecuadamente los duelos. Sólo soltando podemos abrirnos al futuro. Si no soltamos, ya no nos cabe nada. Si con lo que ya tenemos está ocupado nuestro espacio físico, afectivo, mental, no hay lugar para nada nuevo.

Por eso necesitamos, soltar, desalojar, dejar espacio. Si no lo hacemos, nuestra vida, nuestras comunidades, los colectivos en los que participamos, la Iglesia… se quedarán añejos, nostálgicos y llorosos y nuestra fe y nuestro compromiso quedará reducido a ideología y a tópicos o frases hechas. Adentrarnos en este “suéltame” de Jesús a Magdalena es atrevernos a hacernos una pregunta, que siempre resulta tremendamente incómoda:

¿Qué es lo que el Amor nos está pidiendo que abandonemos, dejemos, soltemos, para poder reconocerle como El Viviente, hoy, aquí, ahora?

¿A qué novedad nos inspira y llama hoy su Espíritu, como Iglesia, como comunidades, para testificar que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos?

La Buena Noticia del Dgo 4º de Pascua-C

Mis ovejas escuchan mi voz

Yo las conozco y ellas me siguen

Lectura de la Palabra

JUAN 10, 27-30

Mis ovejas escuchan mi voz: yo las conozco y ellas me siguen, 28 yo les doy vida definitiva y no se perderán jamás ni nadie las arrancará de mi mano.

29 Lo que me ha entregado mi Padre es lo que más importa, y nadie puede arrancar nada de la mano del Padre.

30 El Padre y yo somos uno.

Comentario a la lectura:

CUIDADO E INCONDICIONALIDAD AMOROSA

La metáfora del vínculo entre el pastor y sus ovejas para referirse a la relación de Cristo con la humanidad quizás ha quedado desgastada en la cultura suburbana, pero lo que pretende subrayar fundamentalmente es su opción incondicional por aquellos y aquellas que conoce en profundidad y que ama más que a su vida misma. A ello remite en este mismo capítulo en los versículos 1,10. El texto de este domingo resalta de nuevo esta incondicionalidad, pero precedida de cuatro verbos (acciones). Dos referidas al pueblo-humanidad: escuchar y seguir y otra a Cristo-Pastor: conocer y cuidar.

La relación está atravesada por tanto por un compromiso mutuo que es la unión de dos libertades, la del pueblo-humanidad en la escucha de la voz de Dios y su compromiso en la historia, secundando su iniciativa (seguimiento), y la de Dios, en su alianza inquebrantable de amor y cuidado, expresada como “vida eterna” y cuyo garante es Dios mismo, revelado en el amor histórico y concreto encarnado en Cristo.

En nuestra experiencia como mujeres y hombre creyentes quizás este texto remite a dos cuestiones fundamentales: La primera es hacernos conscientes de la calidad de nuestra escucha a la Palabra de Dios en la historia, en los acontecimientos, en lo cotidiano de nuestra vida.

¿Es nuestra escucha una escucha actualizada o más bien vivimos de las rentas? ¿Cómo descubrimos a Dios en los nuevos signos de los tiempos y sus clamores: el grito de la tierra y la ecología, los movimientos de liberación de las mujeres, las luchas antirracistas, ¿las iniciativas por otra economía y organización social posibles que tenga en el centro la vida y no el libre mercado y en las que las personas y la casa común sean lo primero? En definitiva ¿Cómo es nuestra calidad de escucha y disponibilidad a hacer del mundo un lugar habitable, sin primeros ni últimos ni últimos, al modo de Jesús de Nazaret?

La segunda pregunta va referida a nuestra propia experiencia de Dios porque la fe cristiana no es ideología ni creencia, sino sobre todo experiencia. ¿Cómo y a través de quienes experimentamos el cuidado y la incondicionalidad amorosa de Dios en los tiempos inciertos y violentos que atravesamos? ¿Qué experiencias de plenitud, de eternidad, de comunión se nos van regalando desde el ya sí, pero todavía no del reino y son en nuestra vida fuente de resiliencia y esperanza comprometida contra toda desesperanza?

Pepa Torres Pérez

Lidia de Tiatira

Genealogías femeninas de la revuelta de las Mujeres en la Iglesia

Por Pepa Torres

Desde la Revuelta de las mujeres en la iglesia de Madrid  este pasado 3 de abril  hemos organizado el II Taller preparatorio del Sínodo Mundial de mujeres ( CWC) en torno a los ejes poder y participación. En él  recuperamos la genealogía de Lidia de Tiatira, una de las primeras lideresas y mujeres con autoridad en las primeras  comunidades cristianas. Os la presento.   

Soy Lidia de Tiatira, gentil, convertida al judaísmo y más tarde al cristianismo, vendedora de púrpura, propietaria de un taller de tejidos en Filipos. con el que di trabajo a muchas mujeres. Juntas constituimos un espacio seguro para nosotras en una sociedad donde la vida de las mujeres no importaba.

Una tarde que estábamos celebrado nuestros ritos judíos fuera de la ciudad, junto al rio Gangas conocimos al apóstol Pablo. Nos conmovió la propuesta de Jesús de Nazaret y su Buena noticia de liberación, que sentimos también lo era para nosotras.

Desde aquel momento abrí mi casa al Evangelio anunciado por Pablo. Me bauticé junto con toda mi casa y me hice también su testigo poniendo todos mis dones y bienes a su servicio. (Hch.16.14-15).

Mi casa se convirtió en la primera comunidad cristiana en Macedonia y en ella se me reconoció el liderazgo y la autoridad. Una comunidad que no necesitaba templos para vivir y actualizar la memoria peligrosa y liberadora de Jesús, sino un iglesia doméstica, donde se practicaba la hospitalidad y la inclusión.

Cuando Pablo y Silas fueron detenidos y encarcelados mi influencia y liderazgo fueron importantísimos para protegerles y mantener unida y cohesionada la recién fundada comunidad. (Hch. 16.16-24) . Fue entonces cuando descubrimos que el Evangelio exigía riesgos y confianzas inquebrantables y que la fe nos hacía iguales. En nuestra iglesia no había estructura jerárquica, sino que éramos una comunidad de participación y ministerios. Em ellas nos respetamos y ayudamos mutuamente entre los varones y las mujeres, los amos y los esclavos, y las distintas culturas.

Juntas descubrimos que Dios era también “ tejedora ” de comunión y de inclusión desde las mas empobrecidas y marginadas

Los feminismos

Los feminismos o el coraje colectivo de las mujeres para reconfigurar el mundo

escrito por  Pepa Torres

 -Siempre que las mujeres individual o colectivamente se han rebelado ante la situación de desigualdad, subordinación u opresión en que el patriarcado las situaba y han revindicado su dignidad proponiendo una situación alternativa, la conciencia feminista ha estado ahí latente, aun cuando ellas mismas no le dieran ese nombre. Los feminismos, entendidos como movimientos de justicia con las mujeres, han sido vistos con sospecha -y lo siguen siendo- en todas las épocas de la historia. La razón de su sospecha es que producen sobresalto e inquietud como aquellas mujeres primeras testigos de la Resurrección de Jesús (Lc 24,13-35). La razón de su sospecha es porque cuestionan privilegios, desinstalan conciencias, relaciones, formas de estar en el mundo…, y esto siempre resulta peligroso para quienes detentan el poder, pero han sido y son imprescindibles para reconfigurar el mundo y provocar cambios sociales desde sus raíces, porque socaban los cimientos del patriarcado y lo hacen de desde la inteligencia colectiva y creativa de las mujeres y de forma pacífica y comunitaria.

El feminismo en cuanto a teoría y práctica política en Europa tiene su origen en la Ilustración, en el contexto de la Revolución francesa. Las mujeres y algunos hombres en el siglo XVIII empiezan a organizarse conscientes de que sin derechos civiles para las mujeres no pude haber una auténtica revolución y reivindican derechos matrimoniales, educación, capacitación profesional y derecho al voto, cuestionando que la desigualdad en las relaciones de poder entre hombre y mujeres tengan que ver con el orden natural. Sin embargo, una vez acontecida la revolución, las mujeres incorporadas en este movimiento serán llevadas al cadalso como le sucedió a Olympe de Gouges. Esta etapa constituye la primera ola del feminismo e incluye el periodo desde 1789 hasta mediados del siglo XIX.

La segunda ola del feminismo se identifica con la reivindicación de los derechos políticos para las mujeres, con el movimiento de las sufragistas, iniciado en 1848 con la Declaración de Seneca Falls, exigiendo el voto femenino y la reclamación de participación política. Se extiende hasta fines de la Segunda Guerra Mundial y la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 que reconoce el sufragio femenino como derecho universal​. En esta segunda ola se reivindica también la educación superior, condiciones laborales justas, igual salario, derechos y deberes matrimoniales equiparables, control de la natalidad, etc. El movimiento aparece vinculado al pacifismo, al interclasismo y al antirracismo. Muchas de las mujeres implicadas en este movimiento tenían convicciones religiosas y denunciaron la interpretación de la Biblia para la opresión y el sometimiento de las mujeres reivindicando otras interpretaciones y exegesis (La Biblia de las mujeres de Olivia Caddy Staton es un buen ejemplo)

Existe también una tercera ola del feminismo que tiene como precedente la publicación en 1963 de La mística de la Feminidad de Betty Friedan. Se articula en torno al 68 y se extiende hasta los 80 presentando una nueva agenda en relación con los derechos sexuales y reproductivos, la violencia sexual y de género, las discriminaciones legales y laborales (brecha salarial, techo de cristal…). Reivindican que «lo personal es político» e incorporan la categoría «género» como categoría de análisis y transformación de la realidad.

La categoría “género” ha sido y es fundamental para reconfigurar el mundo. Desarrolla la idea de que lo masculino y lo femenino no son construcciones puramente biológicas, sino culturales, fruto del aprendizaje social y los roles, atribuciones, papeles y espacios sociales asignados. El sistema de género ordena la sociedad, las relaciones entre las personas, la vida pública y la privada y lo hace de forma jerarquizada, siendo los elementos asociados a la masculinidad los que ocupan una situación de privilegio y visibilidad frente a subordinación de lo femenino. La categoría género, tal y como la entendemos las mujeres no es una ideología sino un instrumento de análisis, una perspectiva. Es decir, una categoría que cuestiona las relaciones sociales entre hombres y mujeres y la comprensión esencialista de lo femenino y lo masculino para concebirlos como una construcción que conlleva elementos culturales y que, como tales, pueden ser modificados. En la experiencia de las mujeres el enfoque de género ha sido y es extraordinariamente liberador. Es una herramienta necesaria que nos ayuda a desarrollar nuevos modos de ser persona mujer y persona varón, nuevos modos de ser familia y comunidad, nuevos modos de amar y ser amadas reivindicando la autoestima, el amor propio, el respeto mutuo y que la diferencia no puede ser causa de desigualdad. Quizás por eso, por las consecuencias que el análisis de género ha tenido en la vida de las mujeres, cuestionando roles, espacios y papeles sociales, los sectores más conservadores de la iglesia y la sociedad civil se resisten a incorporarla. Pero no hacerlo es reducir la cuestión de las mujeres a puro esencialismo o complementariedad lo cual nos mantiene en la misma situación de desigualdad y exclusión más allá de las buenas intenciones. Es a partir de esta tercera ola cuando ya no se puede hablar de feminismo sino de feminismos dada la diversidad de acentos: feminismo de la igualdad, feminismo de la diferencia, ecofeminismo, feminismo autónomo, feminismo institucional…

Actualmente estamos viviendo una nueva etapa que denominamos ya sin pudor como la cuarta ola del feminismo. Un feminismo que se define en plural, que es interseccional, porque las mujeres nos reconocemos más que nunca atravesadas por desigualdades y precariedades que nos sitúan en lugares muy diversos frente al patriarcado: el trabajo asalariado, los cuidados, el consumo, el ejercicio de nuestros derechos, la formación y la participación ciudadana y por las diferencias también según la procedencia, la clase, la edad, la orientación sexual, la raza, la colonialidad.

En la actual coyuntura los feminismos forman parte de un proceso de transformación radical de la sociedad, de la cultura, de la economía, de las relaciones, la teología, la espiritualidad. Aspiran a que las mujeres ocupen el espacio público, se reapropien de la decisión sobre sus cuerpos y sus vidas y de una economía que tenga en el centro el cuidado y no el capital. Se reivindica el cuidado como una categoría política universal que exige una reorganización social alternativa. Como señala Victoria Camps[1]las mujeres del siglo XXI aspiramos a otros modos de organización más integrales e integradores, no queremos producir esquemas excluyentes, porque no queremos seguir reproduciendo dualismos, sino que buscamos la inclusión de toda vida, buscamos un modelo más integrador y holístico, en el que tan vital sea la política como la belleza, tan necesario es el orden como el afecto. No queremos sólo un mundo organizado, sino también hermoso. No queremos un mundo donde gobierne la razón en exclusiva, sino también con lugar para el sentimiento. Un mundo donde la razón compasiva sustituya a la razón meramente instrumental y pragmática, un mundo en el que la vida este en el centro.

Reivindicamos la descolonización de los movimientos de liberación de las mujeres: los feminismos negros, gitanos o interculturales, los feminismos lésbicos y trans; nuevas formas de sindicalismo feministas como pueden ser Las Kellys o las trabajadoras de hogar y de cuidados, la lucha mundial contra los feminicidios y la violencia sistémica y global contra las mujeres en todos los ámbitos, especialmente en las fronteras. De hecho, de esta internacionalización de las luchas nacen las movilizaciones del 7N o la huelga de las mujeres, que se gestan primero en América Latina y posteriormente en España.

Como señalaba bell hooks[2], los feminismos no son un movimiento de reivindicación contra los hombres, sino para poner fin al pensamiento y la práctica sexista con independencia de quienes lo perpetúen, sean hombres o mujeres, puesto que todos y todas hemos de hacer un trabajo de desaprendizaje de patrones, conductas, relaciones introyectadas en nuestras vidas por el patriarcado. En estos nuevos aprendizajes y desaprendizajes entra también la espiritualidad y la teología. Somos muchas las mujeres cristianas y feministas articuladas en redes en el estado español desde hace más de 35 años y desde las que intentamos también reconfigurar el mundo y la iglesia. Redes como Mujeres y Teología, la Asociación de Teólogas de España, la Red Miriam de Espiritualidad ignaciana Femenina, Dones creyents, etc. Algunas de las temáticas más desarrolladas en estas redes son:

  • El cuestionamiento de la antropología patriarcal que legitima la exclusión, el empobrecimiento y la violencia contra las mujeres y frente a ello el reconocimiento de nuestra dignidad.
  • Las imágenes de Dios, los lenguajes, simbólicos y rituales que ignoran la realidad de las mujeres y refuerzan el sexismo.
  • La reivindicación del cuerpo de las mujeres, a imagen y semejanza de Dios y no como objeto de explotación y violencia.
  • La ekklesia de las mujeres y la comunidad de iguales como nuevas categorías eclesiológicas y desde ahí el acceso a la plenitud de los ministerios.
  • Repensar la moral especialmente la sexual y la económica desde la perspectiva de las mujeres.
  • El cuidado de la casa común desde un enfoque ecofeminista.
  • La lectura de la Biblia con ojos de mujer, desde una hermenéutica con enfoque de género

Del trabajo de siembra y apuesta de todos estos colectivos de mujeres feministas cristianas emerge en el año 2020 como una marea imparable Alcem la veu y La Revuelta de las mujeres en la iglesia con presencia en más de 22 ciudades de España y tejidas internacionalmente con Voices of faith[3] en la preparación del Sínodo Mundial de mujeres (CWC) que estamos preparando para octubre del 2022 en Roma. Pero, mucho antes, el 6 de marzo, como ya lo hicimos antes de la pandemia tuvimos una cita en las puertas de las catedrales españolas para seguir reivindicando juntas el fin de la discriminación de las mujeres en la iglesia bajo el lema: “En la iglesia con voz y voto”.

Nos mantiene en esta aventura el convencimiento, como diría San Ireneo interpretado con perspectiva de género, que la gloria de Dios es que las mujeres vivan y lo hagan en abundancia.

***

[1] Victoria Camps, El siglo de las mujeres,1998.

[2] bell hooks. El feminismo es para todo el mundo,2017.

[3] https://voicesoffaith.org/es-cwc

La Buena Noticia del Dgo 6º-C

Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino

¡Ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo

Lectura de la Palabra

Lucas 6, 17. 20-26

Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Comentario a la lectura

UNA FELICIDAD SUBVERSIVA Y PARADÓJICA

Lucas 6, 17. 20-26

La Buena noticia de Jesús es siempre contracultural y subversiva. Subvertir significa literalmente: dar la vueltaalterar el orden de valores establecido transformándolo desde abajo. Así es la propuesta de felicidad que nos hace Jesús. Frente la seducción del mercado y su lógica: consumo luego existotanto tienes tantos vales, la propuesta del Evangelio da un giro radical a la comprensión de lo que significa una vida felicitante. En definitiva, que es aquello que nos hace plenamente dichosos y dichosas frente a lo que nos conduce a la insatisfacción y al vacío existencial.

La felicidad propuesta por el Evangelio no nace de fuera a adentro, sino que su dinamismo es justo al revés; de dentro a afuera. Esta inversión se nos hace difícil de entender porque la lógica neoliberal y la sociedad de consumo manipulan nuestros deseos más íntimos y nos van inoculando un veneno: el de una felicidad descafeinada y light. Como si esta se pudiera adquirir al comprar el coche de moda, un perfume, una crema antiarrugas, la marca de unas deportivas o ejerciendo el poder sobre otras personas o la naturaleza como si fuésemos sus propietarios. Esta felicidad tramposa y sucedánea termina teniendo como frutos la insatisfacción profunda y el vacío desesperante y existencial.

La felicidad propuesta de Jesús es de otro tipo. Las Bienaventuranzas nacen de un corazón reconciliado, de la pacificación interior, de la armonía en la relación con nosotros mismo, con los demás y con el cosmos porque somos un todo interrelacionado que al quebrarlo nos rompe también a nosotras y nosotros mismos. Somos felices cuando vivimos sencillamente siendo fieles a lo que en conciencia creemos, aunque ello conlleve contradicciones y más preguntas que certezas. Cuando descubrimos que la vida tiene un sentido y canalizamos la nuestra en ello. Cuando vivimos a la altura de la realidad, no por debajo ni por encima de ella. Porque cuando vivimos por debajo de la realidad los acontecimientos nos hacen sus esclavos, nos encogen, se convierten en nosotros como en una losa que tenemos encima, nos frustran y nos ahogan haciéndonos sus víctimas. Pero también cuando nos situamos por encima de la realidad, lo hacemos como si pudiéramos con todo, como si fuéramos super hombres o super mujeres, por encima del bien y del mal, del éxito y de los fracasos. Sin embargo, estar a la altura de la realidad significa situarnos en ella desde la humildad de lo real, la sabiduría del realismo de lo posible, sin idealizarla, pero también sin vejarla, sin dramatizarla, sin exagerar sus aspectos dolorosos, y desagradables, viviendo en clave de agradecimiento encarando en común las dificultades. Porque la felicidad no depende de lo que nos pasa, sino de lo que hacemos con lo que nos pasa y en solidaridad con quienes lo vivimos.

El proyecto de felicidad que nos propone el Evangelio son las Bienaventuranzas, que son a la vez anuncio y denuncia. Anuncian la predilección de Dios por los últimos y últimas de la historia, por los pacíficos, por los que ponen su seguridad en la misericordia y la solidaridad y no en el dinero o en el poder, por quienes tienen hambre y sed de un mundo nuevo donde la fraternidad y la sororidad humana sean posibles. A ellos y ellas Jesús les reconoce dichosos y dichosas porque han entrado en la lógica del Reino y su felicidad paradójica. Pero las Bienaventuranzas son también denuncia de quienes viven instalados e instaladas en su propia autocomplacencia, blindándose al grito de sus hermanos y hermanas más empobrecidas y sus anhelos de justicia e inclusión. Su felicidad es vana e ilusoria porque está construida sobre la indiferencia y el sufrimiento de aquellos a quienes dan la espalda. Por eso su falsa alegría se tornará en llanto y vacío.

¿Y nosotras por donde van nuestros proyectos y aspiraciones de búsqueda de felicidad en esta etapa de nuestra vida y de la de nuestras comunidades? ¿Como son de paradójicos y subversivos?

Pepa Torres Pérez

Pepa Torres

La historia de Pepa Torres, la monja feminista  

Tierra de migrantes, trabajadoras sexuales y de casas particulares, el barrio madrileño de Lavapiés también alberga el activismo de Pepa Torres, monja sin hábito, teóloga y docente que se mudó allí para hacer comunidad con vecinos y vecinas que alientan «un espíritu libre, colectivo, eso que nosotras llamaríamos evangelio». Ocupa de Iglesias y dependencias del Estado cuando es necesario frenar una deportación o asistir en la emergencia del Covid, Pepa no es una excepción aunque confiesa que las que son monjas como ella «somos marginales». 

Por Euge Murillo 

María José Torres, más conocida en Lavapiés como Pepa, la monja feminista. 

Maria Jose Torres, Pepa, vive en el barrio madrileño de Lavapiés con dos amigas. Es monja, teóloga y feminista. Tiene un pañuelo verde en su habitación y es parte de “La revuelta de las mujeres en la iglesia”, una iniciativa que idearon junto a otras compañeras monjas en el último 8M previo a la pandemia. 

“Recién ahora estamos volviendo a ese contacto más corporal y amistoso” dice mientras abre las ventanas de su living para que corra el aire. Se sirve un poco de té de menta mientras me cuenta que su casa es de puertas abiertas. ¿Qué quiere decir?, le pregunto. “Si alguien en el barrio tiene algún problema y no tiene donde dormir, viene a nuestra casa”. 

Lavapiés fue uno de los barrios más afectados por la pandemia: tierra de migrantes, trabajadoras domésticas y sexuales. También es el lugar en donde ella decide todos los días tejer comunidad. Con el estereotipo a cuestas camina el barrio y no se baja de ninguna discusión, aunque con sus 60 años confiesa que a veces no quiere meterse en determinados conflictos. Fiel al territorio, devota del encuentro y una convencida de que la salida es poner la vida por delante. 
 

Llegó en el 2006 a Lavapiés, en esos días estaban deportando a un grupo de migrantes de Bangladesh. Ella viajó a Ceuta para intentar detener la expulsión. De regreso a Madrid hicieron dos “encierros”, uno en una iglesia y otro en la Oficina de Extranjería. Los encierros son como tomas, aquella vez duró dos días. Monja ocupa. Monja feminista ¿un oxímoron? 

En este feminismo territorial en el que elegís trabajar todos los días ¿Es tabú el tema de la religión? 

–Sí, claro. Fue importante mi papel como monja para desarticularlo, pero llevó tiempo.  En su momento fue difícil y desde el origen he luchado mucho por romper el estereotipo. 

¿Cómo te recibieron cuando llegaste al barrio? 

–Aquí en el barrio me recibieron como una monja rara. Tenemos muchos problemas con la Iglesia pero dentro del barrio les da igual. Yo creo que la gente cree que ya no soy monja. 

Pero lo sos… 

–¡Si! pero rompiendo con el imaginario y el estereotipo. Yo sé muy bien cómo es el estereotipo porque lo tengo sobre mí misma. Quizás es por mi forma de situarme en el barrio, vine para trabajar con los movimientos sociales y con la gente migrante. Pero no solo a trabajar, vine a compartir la vida. 

¿Por qué en Lavapiés? 

–Hay aquí un espíritu libre y se que esto te puede sonar mal. Pero es eso que nosotras llamamos evangelio, y paradójicamente es algo que no te lo encuentras en las iglesias. 

¿Cómo sería eso? 

–Por ejemplo, la otra vez ha muerto una militante antifascista, madre de una compañera. ¡Qué entierro! Fue un encuentro en un patio que tenemos en común distintos colectivos feministas y migrantes del barrio. Hubo sabor a encuentro y a dignidad. Había tristeza, como es lógico. Eran todas las personas ateas menos yo, sin embargo, es ese duelo colectivo, del que nosotras hablamos en nuestros mitos “católicos” cuando hablamos de resurrección. Es eso. Es una forma de vida que permanece para siempre en la historia, y eso genera una vida que llega a otras personas. 

Me imagino que como monja hay ciertas cosas que tenés que hacer. ¿Usás hábitos? 

–Yo no porque soy una monja que no me visto de monja. 

¿A qué edad te hiciste monja? 

–A los 22. 

¿Tuviste pareja? 

–No. Eso sería elegir otra forma de vida. 

¿Te enamoraste? 

–No me he enamorado siendo monja. Me he enamorado antes de ser monja. Es verdad que a veces sucede y entonces la gente lo deja o yo qué sé lo que hace . Pero no es mi caso. 

¿Y con respecto a la sexualidad? 

–Bueno yo no follo. Y no considero que sea algo que esté ni mal ni bien. Es la forma de vida que eliges. Yo ahora entraría en un conflicto muy grande si me dedicara a tener relaciones sexuales. No porque me lo prohíba a mí misma sino porque he desarrollado una forma de vida en donde mi sexualidad la vivo de otra manera. Yo creo que nuestra propia sexualidad es una de las cosas que más trabajamos. No sólo ahora que tengo 60 años, mucho antes también. Y tal vez yo no me enamoro pero puede haber alguien que se enamore de mí: hombres o mujeres. 

¿Te pasó? 

–Sí y genera de todo. Yo soy muy afectiva y en alguna época de mi vida he tenido historias así. Gente que se ha enganchado conmigo y yo no. Lo que es verdad es que tengo amistades profundísimas con mujeres, porque he vivido cosas muy potentes. Por ejemplo con mujeres que ejercen el trabajo sexual. En ese sentido, me he vinculado de manera muy fuerte, incluso corporalmente. 

Tal vez haya algo de los vínculos afectivos que a las estructuras de la iglesia se le escapen… 

–Seguro. Y además la iglesia consiente cosas terribles. Los temas que venimos discutiendo en “La revuelta de las mujeres en la iglesia” tienen que ver con la violencia sexual hacia las mujeres, la pederastria y el cambio de visión hacia la sexualidad. No puede haber ese doble discurso y esa doble moral. 

¿La iglesia es un fracaso? 

–En una de las primeras deportaciones que tratamos y no pudimos evitar, nuestras compañeras y compañeros nos decían que querían hablar con nosotras acerca de cómo se procesaba el fracaso. Nosotras nos preguntábamos ¿por qué querrán hablar con nosotras? Sobre todo porque veníamos aprendiendo mucho de sus activismos. En aquel momento nos dijeron: “Bueno, es que ustedes han fracasado” 

¿Cuál fue el último conflicto que tuvieron con la iglesia? 

–Nos hemos ido de una iglesia porque no estuvimos de acuerdo en cómo manejaron el tema del confinamiento. Una vergüenza tener ese espacio cerrado. No puedes dejar a la gente tirada cuando más nos necesitamos. Si tienes la iglesia, tienes que abrirla. Y si no la puedes abrir, porque la iglesia está llena de gente mayor, dile a los colectivos que están en el barrio que lo hagan. Yo escribí un texto que se llamó “Hasta cuando las iglesias se cerraron”. Y es que es lamentable que no se cerraron para las cosas de los católicos, pero sí cerraron a los barrios. La iglesia en este barrio no engancha. 

Pero vos formas parte de esa Iglesia… 

–Pero no de esa. No sé cómo decirlo. En la segunda huelga feminista en España, hablando con mis compas dijimos:  “Joder tías, siempre estamos en las movidas feministas pero nunca nos visibilizamos como monjas que estamos por la huelga “. Entonces hicimos un video para las vísperas de la huelga y se lo mandamos a diez amigas monjas. Tuvo muchísima repercusión, cosas en contra y cosas a favor. 

¿Qué decían “en contra”? 

–Bueno, que si esta huelga la apoyan las monjas no es feminista. Y ahí volvemos al estereotipo tan fuerte que hay sobre las monjas. Es que monja y feminista hace ruido. 

¿Crees que vale la pena esa lucha hacia adentro de la iglesia? 

–Realmente mi energía, mi pasión, mis luchas no están hacia el interior de la Iglesia. Nunca han estado. De hecho yo no me muevo en las estructuras de la iglesia aunque soy monja. Pero lo que sucede con “La revuelta de las mujeres en la iglesia” es que surge en Madrid la revuelta feminista y entonces la pregunta sobre ¿qué pasa? ¿en la iglesia no vamos a hacer nada? es demasiado obvia. 
 

 
El barrio después del Covid 

Pepa asegura que no hay casi ayudas sociales, que antes podían arreglárselas para conseguir un subsidio o disponer de las herramientas del Estado: “Ahora hay un vacío que en el barrio de Lavapiés se ve muy claramente bajo el mandato de Isabel Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid”. 

¿Cómo es trabajar en la precariedad y con un gobierno de derecha? 

–No es un gobierno de derechas, es un gobierno fascista. Es que entre Ayuso y Vox no hay casi diferencia. Hemos tenido una ruptura con los servicios sociales porque durante el confinamiento criticamos mucho que no hubo políticas sociales. Los colectivos no dejamos de trabajar de manera precaria y en cualquier condición para tirar para adelante. 

Entonces el barrio se organiza autogestivamente… 

–Las organizaciones más precarias si. Los colectivos migrantes, por supuesto. Muchas de las colectas de alimentos fueron organizadas por los colectivos migrantes. Ahí fue muy importante visibilizar en el barrio que las comunidades migrantes tienen mucho poder de organización y que fueron las primeras personas en poner el cuerpo en la crisis del covid. No sólo para ellos y ellas si no también para la vecindad. Ahora eso se está olvidando y vuelven a ser criminalizados. 

¿Cuáles son los conflictos más latentes? 

–Los papeles. Compañeros y compañeras que son absolutamente invisibles para el Estado. No pueden acceder a nada. Otra de las cosas que conseguimos es un subsidio para las trabajadoras domésticas, un especie de seguro de desempleo. Porque hubo muchísimas compañeras despedidas durante la pandemia. Las trabajadoras de hogares estaban dentro del trabajo formal y sin embargo no tenían derecho al paro. 

Las trabajadoras domésticas fueron el segundo grupo más afectado por la pandemia después de lxs trabjadorxs de la salud. Según Pepa casi no se las ha nombrado y no fueron de las primeras que empezaron a vacunar. “Territorio doméstico” es un colectivo feminista y mestizo de mujeres, muchas son empleadas de hogar, otras no. Reivindican la visibilización y reorganización social de los cuidados. Entre los últimos reclamos que vienen realizando se encuentra la ratificación del Convenio 189 sobre las trabajadoras domésticas, fue aprobado en 2011 y entró en vigor en 2013. En España, este reclamo lleva casi diez años. Pepa fue trabajadora doméstica y ahora es parte de este colectivo que tiene su potencia en el feminismo territorial y popular. 

Teóloga feminista 

Pepa publicó un libro llamado “Teología en las periferias. De amor político y cuidados en tiempos de incertidumbre” en donde escribe sobre la fe desde la periferia del activismo. Allí reivindica los lugares de encuentro, la convicción de que lo que está en juego es la vida y que en donde se defiende la vida es en los movimientos sociales. 

Te reconocés como teóloga feminista y publicas textos, pero por ejemplo del aborto no escribís mucho. ¿Por qué? 

–Más allá de que me identifico con esa lucha, estoy en un momento en donde no quiero ese tipo de conflicto, es casi una pedagogía conmigo misma. Estoy muy próxima a Católicas por el Derecho a Decidir, pero publicar prefiero no. 

¿Tus publicaciones son un diálogo con gente de la Iglesia Católica? 

–Bueno, depende. Por ejemplo, yo estoy en una facultad de teología en donde abrieron por primera vez el espacio a mujeres para que ejerzan la docencia. Por un lado es un lugar bastante progresista, pero como te digo esto también te cuento que hace cinco años montamos un seminario llamado “Mujeres en diálogo” con perspectiva de género, aunque no utilizamos esas palabras. Al tercer año decidimos sacarlo de ahí y organizarlo por otro lado. Nos suponía muchísimo conflicto con los varones. 

¿Hay muchas monjas como vos? 

–Las hay. Pero somos marginales. 

¿Quién decís que soy yo?

Written by Pepa Torres 

(Mc 8,27-35) 

El Evangelio de este domingo nos plantea tres claves que desde una lectura existencial pueden resultar especialmente sugerentes: 

– La primera clave es la pedagogía de Jesús. Jesús utiliza la pedagogía de las preguntas. Preguntas además que acontecen estando de camino (v 27)de lo cual se puede sacar en consecuencia que captar y acoger las preguntas del Evangelio requiere una disposición vital, una apertura al dinamismo de la vida, que es siempre lo opuesto a la inercia y a la instalación, porque éstas terminan por embotar la sensibilidad. En el Evangelio, más que respuestas dogmáticas, lo que encontramos son preguntas, preguntas orientadas al diálogo y la lucidez sobre alguna situación que se pretende enfrentar. Preguntas que cuestionan la imposición de la verdad y que van a lo fundamental. Jesús no busca nunca el monólogo autorreferencial, sino el diálogo que surge a partir de preguntas desinstaladoras, porque la verdad es siempre conversacional, es dialogal. Así sucede también en este texto. 

-La segunda clave provocadora es que la fe en Jesús no es doctrina, sino que remite siempre a la experiencia y ésta y pide ser narrada. Pero narrar el relato de sentido y Buena Noticia que es el Evangelio exige el cuidado de los lenguajesConfesar a Cristo es mucho más que rezar el credo, es comulgar con su vida y su proyecto y hacerlo inteligible en las culturas con hechos y palabrasLos mismos títulos cristológicos han de ser recreados desde la experiencia de las comunidades y sus contextos. Por eso la inculturación y el dialogo intercultural se convierten en una ineludible exigencia del creyente. Decir quién es Cristo hoy y hacerlo de manera universal es hacerlo desde la asunción de la gran riqueza y desafío que es la diversidad, superando la tendencia de la asimilación, la homogeneización y del anacronismo en que frecuentemente han caído los lenguajes, ritos y símbolos religiosos. Necesitamos profundidad de experiencia y creatividad pastoral para ello. 

-La tercera clave es la impertinencia del Evangelio. Es decir, su radical incomodidad, el descentramiento y éxodo permanente al que nos invita a vivir, su paradoja: El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará (v 35). Jesús es una memoria peligrosa y contracultural en el corazón de la historia y su espíritu nos mueve a no domesticarla ni acomodarla. 

En el contexto de un mundo pandémico, la violencia en las fronteras y el clamor por la vida de quienes intentan atravesarlas, desde el grito de las mujeres y las niñas exigiendo una vida liberada de la pobreza y la violencia patriarcal, Jesús nos pregunta también hoy a nosotros y nosotras: ¿quién decís que soy yo? ¿Qué contenido le damos a esa experiencia y desde qué lenguajes, gestos y acciones hacemos de ella un relato de sentido y solidaridad compartida con los y las más vulneradas? 

¿Quién decís vosotros y vosotras que soy yo?, el modo de responder a esta pregunta implica una forma de situarnos en la vida y ante los demás al modo de Jesús. El mesianismo de Jesús es un mesianismo descalzo. No es triunfalista, sino compasivo y kenótico y conlleva una dimensión conflictiva. A sus discípulos les cuesta entenderlo como nosotros y nosotras nos resistimos también a ello. Para Jesús, negar esta dimensión, como hace Pedro, es edulcorar el seguimiento y tentar a Dios. Esta es quizá una de las principales paradojas del Evangelio, que es a la vez Bienaventuranza, Buena Noticia y signo de contradicción.