En el 1er Aniversario de Casaldáliga

Michael Moore: «Pedro Casaldáliga: poeta, profeta y pastor»

«En la vida de Pedro, la palabra poética se vuelve anuncio y denuncia profética, exteriorizada sin tapujos, como obligación de quien debe pastorear un pueblo pisoteado en su dignidad»

«Pedro-poeta encontró en el verso-sin- verso su desahogo y nuestro consuelo»

«En ese ir derramando palabras que buscan nombrar al Innombrable, el poeta es consciente del constante riesgo de manipulación en el que corremos al hablar de lo Totalmente Otro»

«Todo poeta es un profeta… Todo poeta ausculta a su pueblo y lo traduce en grito, en clamor»

«Desde el inicio, lo simbólico marcó todo el programa de cómo sería su pastoreo: nunca usó báculo, anillo ni mitra “tradicionales”, sino una suerte de remo, un anillo de palmera (tucum) y un sombrero de paja»

«Nunca dejó de soñar otra iglesia que -además de una, santa, católica y apostólica- tenga como nota definitoria la desnudez»

Por Michael Moore

Pedro Casaldáliga: poeta, profeta y pastor

Hoy hace un año que Pedro Casaldáliga se sumergía definitivamente en el Misterio de Dios, del Dios del cual fue testigo y voz durante largas décadas desde las olvidadas tierras amazónicas. Querría, pues, evocar aquí su memoria, intentando delinear un esbozo de su multifacética figura, concentrándome en tres rasgos de su personalidad: su ser poeta, su ser profeta y su ser pastor. Conjuntando los tres -que se iluminan y retroalimentan mutuamente-, y a modo de “fórmula” introductoria, diría: en la vida de Pedro, la palabra poética se vuelve anuncio y denuncia profética, exteriorizada sin tapujos, como obligación de quien debe pastorear un pueblo pisoteado en su dignidad.

1. Pedro-poeta

En primer lugar y, ante todo, Pedro-poeta: desde allí se autodefinió muchas veces: “La poesía ha significado y significa mucho en mí. Yo pienso a veces que si yo soy algo es eso, poeta. Y que incluso como religioso y como sacerdote y como obispo, soy poeta. Muchas cosas intuyo, siento, hablo, digo o hago, porque soy poeta. Sabes que para mí la poesía es la palabra emocionada, la realidad intuida y expresada en una palabra emocionada.” (T. Cabestrero, Diálogos en Mato Grosso con Pedro Casaldáliga, Salamanca, Sígueme 1978, 175). Poesía, acotaría yo, para cantar la belleza sin pretender disecarla y poesía para gritar tanto dolor sin banalizarlo. Pedro-poeta encontró en el verso-sin- verso su desahogo y nuestro consuelo. Descubrió el logos poético como arma pacífica para defender(se) y explicar(se): “Después de la sangre, la palabra es el «poder» mayor. Por ella uno se dice y dice el Universo, el Prójimo, el Pueblo, la Muerte, la Vida, Dios, cálidamente” (T. Cabestrero, El sueño de Galilea. Confesiones eclesiales de Pedro Casaldáliga, Madrid, Claretianas 1992, 131). Con la palabra poética en los labios bien abiertos y con los puños apretados, Casaldáliga nombró, rescató y recreó todo (las cosas, la naturaleza, el hombre, sus historias, etc.) desde una profunda experiencia del Misterio -con mayúscula- que lo transformó en un verdadero místico “de ojos abiertos” (J.B. Metz), es decir: aquel que sospecha y descubre a Dios donde parece no estar: en el sin-sentido gris y en el sufrimiento inocente.

Leyendo su poesía, descubro que hay, por una parte, una necesidad inaplazable de decir el Misterio (en lenguaje no dogmático) y, por otra, un pudoroso respeto ante eso Último para evitar manipularlo y no pretender agotarlo ni de-finirlo. Para iluminar lo primero, en cuanto testigo de un Misterio que lo envuelve, lo desborda y lo impele a comunicar, basta recordar: “Yo hago versos y creo en Dios. / Mis versos / andan llenos de Dios, como pulmones / llenos del aire vivo”. ¡Primero se declara poeta… y luego creyente! Lo cierto es que Pedro anda lleno de Dios. Sus pulmones, sus entrañas, sus ganas andan llenos de Dios, por eso necesita compartir esa Buena Nueva. Hablando de sí mismo, reconoce: “Si no hablase uno de Dios y de Jesús su Hijo, se sentiría traidor a sí mismo, mudo, muerto. Salvadas las apostólicas distancias, «¡ay de mí si no evangelizare!», ¡ay de mí si hiciera poesía no evangélica, no evangelizadora!” (T. Cabestrero, El sueño…, 133). Corresponde, pues, decir el Misterio porque forma parte esencial de la vida; hay conservarl-o, decir-lo y callar-se:Silencio y palabra; palabra y silencio: “Derramando palabras, / de mis silencios vengo / y a mis silencios voy. / Y en Tus silencios labras / el grito que sostengo / y el silencio que soy”. Y en ese ir derramando palabras que buscan nombrar al Innombrable, el poeta es consciente del constante riesgo de manipulación en el que corremos al hablar de lo Totalmente Otro: “¿Cómo dejarte ser sólo Tú mismo, /sin reducirte, sin manipularte?” Manipulación que muchas veces va de la mano del confundir a Dios con nuestras experiencias y representaciones, siempre nuestras y, por tanto, siempre falibles, siempre balbuceantes, como escribe en una de sus “Antífonas”: “Voy a decir de ti / mi última palabra. / (Siempre penúltima / y mía siempre)”.  Cuánto para aprender quienes tenemos la posibilidad de hablar de Dios: obispos, sacerdotes, teólogos, catequistas, predicadores… Siempre serán palabras nuestras que interpretan lo Inefable, puesto que en verdad conocemos a Dios… pero lo como conocemos a todas las otras realidades: al modo humano.

Concluyendo esta primera aproximación, quiero citar unas palabras del propio Casaldáliga donde define su vena poética: “La poesía es la respuesta sensibilizada a todo y a todos, en un encuentro que pulsa el alma y compromete las opciones. Mi práctica poética es “sobre la marcha”: viviendo, tocado por un momento fuerte, emocionado por un encuentro, a partir de una lectura, evocando, soñando el mañana, orando” (T. Cabestrero, El sueño…, 131). Una poesía, diría yo, nacida del corazón caminante y amante, y de los pies cansados y desnudos, como sugiere en el poema “Piensa también con los pies”:

 2. Pedro-profeta

 En Casaldáliga, poesía y profecía van de la mano: “Para mí, todo poeta es un profeta (…) Fíjate que todo poeta ausculta a su pueblo y lo traduce en grito, en clamor. Fíjate que todo poeta le da a su pueblo, en el momento histórico si es un poeta más épico, o a cada miembro de su pueblo en el momento sentimental si es un poeta más lírico, aquella palabra, aquella pista, aquel clima que lo hace vibrar, que lo hace vivir” ((T. Cabestrero, Diálogos…, 175-176). Ante todo, la escucha y, en un segundo momento, la verbalización, prestando palabras sobre todo a los sin-voz. Poesía que arranca de la historia concreta: desde los pies embarrados y pasando por el corazón conmovido, nace de sus labios la palabra comprometida: “Por mi vocación personal y por legítima ideología asumida, no creo en poesía neutral. Uno se emociona con ira frente a la injusticia y la miseria y la prepotencia. Uno se emociona con entrañas de compasión delante de los pobres, ante el dolor humano” (T. Cabestrero, El sueño…, 133-134). Es esa santa ira la que empuja a un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno” (A. Machado), a lanzar maldiciones como flechas que se disparan contra las injusticias de la historia y que recuerdan los famosos “ayes” -“¡ay de ustedes…!”- del otro profeta, el de Nazaret (cf. Mt 23,13 ss.):Pero toda esa cruda denuncia que en más de una ocasión ha desenmascarado el pecado y el mal en el mundo (y en la iglesia) se sostiene e ilumina desde un firme horizonte de esperanza: “La muerte continúa siendo para mí lo más serio de la vida. «Me hace la pascua». En algunos momentos casi me he desesperado, y yo le he preguntado a Dios por qué tantas muertes estúpidas, sin sentido al parecer, muertes de hambre, por distancias, por no tener un mínimo de infraestructura, asistencia médica, etc., por tanta injusticia, «muertes matadas», como se dice aquí, muertes enloquecidas. Por otra parte, claro, es «la pascua del Señor». Yo tengo fe, tengo esperanza…aquí mi esperanza se ha agudizado, se ha afilado como una cuchilla a medida que he ido cortando la carne de la muerte presente. Sólo puedo tener esperanza. No existe otra posibilidad” (T. Cabestrero, Diálogos…, 100). Querría iluminar este rasgo de profeta esperanzado con un soneto de los muchos que escribió sobre el tema: Y permítanme subrayar sólo tres notas: el cielo, la felicidad definitiva, el destino último del hombre, no será sólo ver y abrazar a Dios, sino también a todos los que nos precedieron (de un modo particular, a las víctimas de las diversas injusticias): “espero tanto verLo como verte”. En segundo lugar, esa apuesta al abrazo resucitado se valida en la capacidad previa de morir con esos que han muerto antes de tiempo: “donde espera / un muerto, yo reclamo primavera, / muerto con él ya antes de mi muerte”, Y, por último, la invitación que nos hace el poeta a “esperar a contramano / de tanta decepción”, que nos invita a pensar ahora, a cada uno de nosotros, cuáles han sido y son las decepciones -personales e institucionales- con las cuales y a pesar de las cuales seguimos creyendo, esperando y amando

3. Pastor

Y la última perspectiva que quiero compartir en este rápido esbozo de retrato es la de Pedro-pastor, recordando que sólo aceptó ser consagrado obispo cuando se sintió “fraternalmente presionado” y convencido por su propia gente para que accediera a ese ministerio de servicio. Nacido poeta, fue “hecho” obispo, como comenta con sutil ironía: “Para información de los amigos y sin posible discusión, es bueno hacer constar el parecer nada menos que del Papa Juan Pablo II, quien, además, es poeta: «Es más fácil hacer un buen poeta que hacer un buen obispo». Y lo decía de mí, cuando en su primer viaje al Brasil le dediqué aquel poema «Joáo Paulo, Pedro só». Ya es sabido que el poeta nace. Hasta ahora, a los obispos los hacen.” (T. Cabestrero, El sueño…, 132)

Desde el inicio, lo simbólico marcó todo el programa de cómo sería su pastoreo: nunca usó báculo, anillo ni mitra “tradicionales”, sino una suerte de remo, un anillo de palmera (tucum) y un sombrero de paja. Elementos todos que hacen referencia a esa tierra indígena oprimida, y que incomodan cuando, todavía hoy, se siguen manteniendo tantos signos que mucho tienen que ver con el Imperio romano de otrora y poco con una iglesia samaritana. Conmovedoras -e imagino que interpelantes para más de un obispo- resuenan las palabras que escribió en la tarjeta de invitación-recordatorio de su consagración episcopal (23-10-1971): “Tu mitra será un sombrero de paja sertanejo; el sol y el claro de luna; la lluvia y el sereno; la mirada de los pobres con quienes caminas y la mirada gloriosa de Cristo, el Señor. Tú báculo será la verdad del evangelio y la confianza de tu pueblo en ti. Tu anillo será la fidelidad a la nueva alianza del Dios liberador y la fidelidad al pueblo de esta tierra. No tendrás otro escudo que la fuerza de la esperanza y la libertad de los hijos de Dios, ni usarás otros guantes que el servicio del amor”.

Nunca aceptó ser llamado con esos títulos de dignidad que tanto abundan y gustan en ciertos sectores eclesiásticos, pero tan poco tienen que ver con el evangelio: monseñor,excelencia, ilustrísima, santidad, eminencia, etc… Pedía ser llamado “Pedro” o “Pedrinho”. Es que nunca dejó de soñar otra iglesia que -además de una, santa, católica y apostólica- tenga como nota definitoria la desnudez: “Yo, pecador y obispo, me confieso / de soñar con la Iglesia / vestida solamente de Evangelio y sandalias”. Este verso me retrotrae a una foto del año pasado, en alguna de las celebraciones fúnebres, donde se ven sus pies llagados, desnudos, apenas cubiertos con el libro de la Palabra. Todo un símbolo de lo que fue su búsqueda del Reino desde la iglesia. Una iglesia despojada de tantas exterioridades y superficialidades, de ritos insignificantes y palabras vacías para, desde la pobreza, concentrarse en lo esencial:“Soñar” una iglesia distinta implica también apurar la utopía, alentar e implementar reformas concretas. En un reportaje de 1986 -30 años antes que el papa Francisco lo instalara como tema prioritario de agenda eclesial-, enumerando algunas sombras de la Iglesia, denunciaba: “La lentitud seudo-eterna de nuestras reformas en curias y códigos. Especialista en eternidad, la Iglesia deja pasar, con frecuencia, el Tiempo…” (P. Casaldáliga, Al acecho del Reino, Madrid, Nueva Utopía 1989, 179). Y, acotaría yo que, dejar pasar el tiempo no es sólo una cuestión cronológica sino kairológica: “Lo malo no será / perder el tren de la Historia, / sino perder el Dios vivo / que viaja en ese tren”. Y sin ciertas reformas ya no urgentes sino impostergables, será la iglesia quien vea pasar de largo ese tren.

 Pedro del Araguaia, porque primero lo hizo con su ejemplo desde Sao Felix, se animó después a interpelar a Pedro de Roma, en aquel duro poema dedicado a Juan Pablo II. que comienza: “Deja la curia, Pedro, / desmantela el sinedrio y la muralla, / ordena que se cambien todas las filacterias impecables / por palabras de vida, temblorosas”.

Luchó por una iglesia pobre, desde los pobres y para los pobres… ¡para que no haya más pobres! Porque estaba convencido que lo que Dios quiere es la igualdad de todos sus hijos para que puedan vivir en verdadera y libre fraternidad, como escribe en un irónico poema titulado “Igualdad”: “Si Cristo es / la riqueza / de los pobres, / ¿por qué no es / la pobreza / de los ricos, / para ser / la igualdad / de todos?”

Y una última nota para subrayar la sintonía con la tan mentada “iglesia en salida”. En el poema ya citado, dedicado a un antecesor (“Deja la curia, Pedro”) lo exhorta -y, en él, a todos los creyentes-, a desplazarse hacia las periferias, donde el Pueblo (sobre)vive, abandonado. Cito sólo unos versos: ****

Para concluir este tan rápido como incompleto esbozo de su cautivante figura, quiero recordar un pequeño poema que, quizá, pueda resumir su triple ministerio de poeta, profeta y pastor o, mejor aún, lo que fue toda su vocación: buscar el verdadero y siempre inalcanzable Rostro de Dios para poder modelar y cambiar su propia vida y, luego, ofrecerlo como “condición de posibilidad” para poder humanizar un poco más la Iglesia y el Mundo, desde su propuesta programática de “Humanizar la humanidad practicando la proximidad”:

¿Qué mensaje nos deja Dom Pedro Casaldáliga?

Benjamín Forcano: «Desde su casita en Sao Félix, Pedro alcanzaba todos los rincones de la Tierra»

«Siempre nos asombró su capacidad de hacer mística, teología y profecía, al hilo de los acontecimientos, de conflictos y  progresos tecnocientificos de esta nuestra  sociedad dual y pluriforme»

«El Primer Mundo sólo podrá liberarnos en la medida en que él se libere. Sólo en la medida en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo. Para mí esto es dogma de fe. Si el Primer Mundo no se suicida como Primer Mundo, no puede existir humanamente el Tercer Mundo»

«El neoliberalismo hoy se ha globalizado y pasa olímpicamente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Carta de las Naciones Unidas y de la Carta de la Tierra»

23.08.2020 | Benjamín Forcano

Se trasluce en todos sus escritos, con rigor, con veracidad y, sobre todo, porque mana directamente de su identificación con los pobres y de su oposición radical a la realidad imperante que los oprime.

Siempre nos asombró su capacidad de hacer mística , teología y profecía, al hilo de los acontecimientos, de conflictos y  progresos tecnocientíficos de esta nuestra  sociedad dual y pluriforme. Como si en su casita de Sao Félix do Araguaia, hubiese levantada una potente estación emisora que alcanzara a todos los rincones de la tierra.

Recuerdo muy bien cómo describía  la contradicción entre el Primer y Tercer Mundo, en una entrevista que le hice:

-“Mira, Benjamín, nadie libera a nadie, incluso nadie concientiza a nadie, si uno mismo no se libera y autoconcientiza. Se puede ayudar, no sustituir.      

En ese sentido, el Primer  Mundo sólo podrá liberarnos en la medida en que él se libere. Sólo en la medida  en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo. Para mi esto es dogma de fe. Si el Primer Mundo no se suicida  como Primer Mundo, no puede  existir humanamente el Tercer Mundo.

Mientras haya un Primer Mundo , habrá privilegio, exclusión, dominación , explotación, lujo y marginación. Si vosotros, en el Primer Mundo no resolvéis  ser un mundo humano, nosotros no podemos serlo”.

. Nadie es menos que nadie ni como persona ni como pueblo

  1. Se trata de implantar un proyecto humano, ético-religioso,  liberador, planetario,  que rompa el proyecto homicida del neoliberalismo. El neoliberalismo hoy se ha globalizado y pasa olímpicamente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Carta de las Naciones Unidas y de la Carta de la Tierra.

Pedro Casaldáliga sabe de qué habla, sabe de las causas de tanta invasión, explotación, dominación y guerra. Lo ha afrontado él en su propia sociedad que es eco y espejo de la sociedad universal;  el aquí y  el allí están relacionados, hay allí tanto retraso y miseria, tanta deuda, porque aquí, -en Europa, en el Mundo occidental-,es interminable el robo, la incautación y  la dominación.

Los colonialismos e imperialismos, viejos y modernos, se atienen siempre a su lógica: ignorar y despreciar la alteridad, humillar, destruir, imponer la ley del más fuerte.

Michael Moore: «La última interpelación de Pedro Casaldáliga»

  1. Se trata de contar con  personas que se salgan de ese proyecto homicida, que le hagan frente desde la dignidad de la persona y sus  derechos inalienables. Sobre ese quicio podemos reconstruir una convivencia fraterna, que erradique el egoísmo y la avaricia, la soberbia y la prepotencia, la desigualdad, la injusticia, la rivalidad, las guerras, que matan la libertad y la paz.

Nadie es menos que nadie, ni como persona ni como pueblo. Todo ser humano esta obligado a hacer el bien y evitar el mal, a hacer efectiva  la regla universal de: “Trata a los demás como tú deseas que te  traten a ti”. El hombre es para el hombre cosa sagrada, hermano,  no lobo.

Llegar a eso, no es posible sin personas libres, que detesten la idolatría del dinero, del hedonismo, del consumismo, del racismo, del patriarcalismo, de todas las cadenas que aprisionan y  oprimen al ser humano.

El ser persona significa ser libre; ser libre significa ser pobre; y sólo es profeta quien vive con libertad y pobreza.

En esta nuestra sociedad hoy en tantos aspectos manipulada y esclavizada, el ejemplo de Pedro Casaldáliga seguirá siendo  señal, luz y camino  para vivir con dignidad y autonomía, con  libertad, con  pobreza, con profecía y esperanza.

Pere Casaldáliga

ME LLAMARÁN SUBVERSIVO

Con un callo por anillo,

monseñor cortaba arroz.

Monseñor ¿”matillo

y hoz”?

Me llamarán subversivo.

Y yo les diré: lo soy.

Por mi pueblo en lucha, vivo.

Con mi pueblo en marcha, voy.

Tengo fe de guerrillero

y amor de revolución.

Y entre Evangelio y canción

sufro y digo lo que quiero.

Si escandalizo, primero

quemé el propio corazón

al fuego de esta Pasión,

cruz de Su mismo Madero.

Incito a la subversión

contra el Poder y el Dinero.

Quiero subvertir la Ley

que pervierte al Pueblo en grey

y al Gobierno en carnicero.

(Mi pastor se hizo Cordero.

Servidor se hizo mi Rey).

Creo en la Internacional

de las frentes levantadas,

de la voz de igual a igual

y las manos enlazadas…

Y llamo al Orden de mal,

y al Progreso de mentira.

Tengo menos Paz que ira.

Tengo más amor que paz.

…¡ Creo en la hoz y el haz

de estas espigas caídas:

una Muerte y tantas vidas!

¡ Creo en esta hoz que avanza

– bajo este sol sin disfraz

y en la común Esperanza –

tan encurvada y tenaz!

 

Pikaza habla de Casaldáliga

Pikaza: «Casaldáliga, profeta, poeta, teólogo y testigo del amor invencible de Dios, ha sido una de las voces más significativas de la Iglesia del siglo XX»

Acaba de morir (08.08.2020)… Estos son, a mi juicio, sus tres títulos: Profeta, como los grandes de Israel, en especial como Isaías. Poeta, como los cantores de la pascua de Jesús, desde san Pablo (Flp 6, 6-11). Teólogo, de los iniciadores y testigos de la nueva teología de la gracia y de la libertad

Así me decía cuando le pedí una colaboración para un libro titulado «El Pacto de las Catacumbas»: Todo es gracia, todo es Cristo, todo es Pascua… Que el Cristo total de la gracia y de la pascua te acoja en su corazón, hermano Pedro. Éstas eran las palabras centrales de su carta, publicada en el citado libro (ed. española, Verbo Divino 2016)

Y sigo recordando lo que me decías: «Urge ahora que nuestra Iglesia se vaya haciendo cada vez más Iglesia de los Pobres, Iglesia de los Mártires. Actualizando con respuestas eficaces la inspiración del Pacto de las Catacumbas (del Concilio Vaticano II). Tenemos la gracia de la palabra y de los gestos del papa Francisco

No podemos perder en el vacío la carga inmensa de estímulos que nos demanda la alegría del Evangelio: fidelidad de praxis, dialogo plural. Yo digo que hoy la consigna es esta: Todo es Gracia, Todo es Pascua, Todo es Reino, en el seguimiento de Jesús»

08.08.2020 | Xabier Pikaza X Pikaza

Casaldáliga, Pedro (1928-2020). Profeta, poeta, teólogo… Pensador y obispo católico de origen catalán, de la Congregación Claretiana, que ha realizado su servicio pastoral en Brasil, como obispo de Sâo Felix de Araguaia (Mato Grosso). Ha vinculado su vida al servicio de los pobres y de los indígenas y a la causa de la justicia, en la línea de la teología de la liberación.

Ha publicado una obra muy extensa, de espiritualidad, de pastoral y, sobre todo, de poesía, tanto en castellano como en brasileño (y en catalán). Por el testimonio de su vida y por sus obras teológico-literarias (traducidas a muchas lenguas), ha sido y sigue siendo una de voces más significativas de la Iglesia católica del siglo XX y principios del XXI.

Otros han destacado su figura de «pastor», de testigo de la justicia y de los pobres, su resistencia ante la opresión. Teniendo eso en cuenta, yo quiero insistir en su vocación de poeta y místico, testigo de la gracia de Cristo y del amor/belleza de Dios en la tierra, creando comunión de en las lindes de la Amazonia: Seguir leyendo

La Buena Noticia del Dgo. 4º Cuaresma-A

La luz nueva

Jn 9, 1.6-9.13-17.3438

Ciegos que ven con una luz nueva

Hoy es el domingo de la luz, el domingo de la alegría porque Cristo es nuestra luz.  Jesús cura a un ciego de nacimiento; y ese encuentro del ciego con Jesús va a cambiar su vida, va a ver también con los ojos de la fe.

A veces vivimos ciegos, sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. Solo escuchando a Jesús y dejándonos conducir interiormente por él, vamos caminando a una fe más plena. Solo la experiencia personal del encuentro con Jesús nos abre los ojos y el corazón

Testigos de la Palabra

El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, figura clave de la Teología de la Liberación

Voz moral de la revolución sandinista y crítico del Gobierno de Daniel Ortega, ha muerto a los 95 años en Managua

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal ha fallecido el pasado uno de marzo en Managua a causa de daños renales y cardiacos, informaron fuentes cercanas al literato, uno de los principales exponentes de la poesía latinoamericana. Cardenal era uno de los más destacados representantes de la llamada teología de la liberación. Su compromiso político lo hizo apoyar la lucha armada contra la dictadura de Somoza, una dinastía que gobernó Nicaragua por más de 40 años, y más recientemente plantar cara al Gobierno del presidente Daniel Ortega, cuyos desmanes y arbitrariedades denunciaba allá donde viajaba a presentar su poesía. Su compromiso con los más pobres y contra las injusticias lo convirtieron en la voz moral de la revolución sandinista, un proyecto con el que se comprometió a fondo y le valió la reprimenda del Papa Juan Pablo II, para quien un sacerdote no podía inmiscuirse en los asuntos políticos. “¡Nicaragua sin Guardia Nacional, veo el nuevo día! Una tierra sin terror. Sin tiranía dinástica”, había escrito en uno de sus poemas más celebrados, Canto Nacional.

Nació en Granada (Nicaragua), el 20 de enero de 1925. Heredero de una sólida tradición poética –con poetas prominentes como Rubén Darío–, Cardenal estudió literatura en Managua y México y cursó otros estudios en Estados Unidos y Europa. En 1965 fue ordenado sacerdote y más tarde se asentaría en el Archipiélago de Solentiname, localizado en el Gran Lago de Nicaragua, donde fundó una comunidad de pescadores y artistas primitivistas que se hizo mundialmente famosa. Fue ahí donde escribió su célebre El Evangelio de Solentiname. El archipiélago es un sitio de peregrinación de los fieles lectores y seguidores del poeta. Cardenal pasaba sus vacaciones en esas islas, donde leía las obras completas de Darío, escribía o dirigía la misa de Semana Santa en la pequeña iglesia de la localidad. Allí será despedido.

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Muere Ernesto Cardenal, sacerdote, político poeta, el alma de Nicaragua

 

El sacerdote y ex ministro de Cultura sandinista ha muerto a los 95 años. Destacado líder de la Teología de la Liberación, fue perseguido por Juan Pablo II y rehabilitado por Francisco y se convirtió en el mayor crítico de Daniel Ortega

Jesús Bastante Follow @@BastanteJesus – en religiondigital.com

02/03/2020 – 07:15h

Ernesto Cardenal nunca fue un cura al uso. Poeta, político, intelectual reconocido en todo el mundo, fue condenado por el Vaticano pocos meses después de aquella visita de Wojtyla y debió esperar 35 años para ser rehabilitado por la Iglesia. Tuvo que ser Francisco, el primer Papa latinoamericano, quien volviera a permitirle celebrar la Eucaristía.

Un guía moral

En cuanto se conoció la muerte de Cardenal, las condolencias no tardaron en llegar. El también escritor nicaragüense y premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez, afirmaba que «al morir Ernesto Cardenal pierdo a un hermano mayor, amigo entrañable y vecino de muchos años, un guía moral, un modelo literario. Con él se va parte esencial de mi propia historia».

El fallecimiento fue anunciado por su compañera, la poetisa Gioconda Belli. «Les escribo para avisarles que Ernesto Cardenal, nuestro gran poeta, acaba de morir a sus 95 años después de una vida de entrega a la poesía, la lucha por la libertad y la justicia», afirmó Belli, añadiendo que el poeta será enterrado en la comunidad que él mismo fundó, Solentiname, e invitó al pueblo nicaragüense a participar, este lunes, en el funeral en la catedral de Managua.

No adoro dictadores

Por su parte, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, que según algunas fuentes dio la extrema unción a Cardenal, dio su último adiós al amigo, quien ahora puede cantar su Salmo 15 delante de Dios: «No hay dicha fuera de ti. Yo no rindo culto a las estrellas de cine, ni a los líderes políticos y no adoro dictadores».

«Mi poesía tiene un compromiso social y político, mejor dicho, revolucionario. He sido poeta, sacerdote y revolucionario», se definió Cardenal en 2012, al ser reconocido con el Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía.

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