La importancia de la educación

Castillo: «Se palpa un descontento y hasta un notable desprecio de la política y de los políticos»

No nos representan
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«Jesús de Nazaret, no le prestó el menor interés a la política»

«Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza»

«Lo primero, lo más importante y lo más urgente, que tiene que gestionar – y gestionar bien – la política es la educación. Que no es sólo, ni principalmente, “enseñar”, sino sobre todo y antes que nada HUMANIZAR la sociedad, la convivencia, la vida toda»

«Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza»

Por | José María Castillo teólogo

La pandemia, la guerra de Ucrania, la inseguridad económica y política, que tanto malestar están causando en tanta gente, todo eso y las contrariedades que lleva consigo la vida, son cosas de las que hacemos responsables a los políticos en buena medida. Cada cual, según sus ideas o sus conveniencias, culpa o disculpa a los gobernantes que rechaza o a los que le agradan, según los casos. El hecho es que se palpa un descontento y, en no pocos casos, hasta un notable desprecio de la política y los políticos. ¿Tiene esto remedio? Y si lo tiene, ¿en qué tendría que consistir?

Yo no he estudiado ciencias políticas. Ni he pertenecido nunca a un partido político. He dedicado mi vida al estudio y enseñanza de la teología. Y es por eso, por lo que yo me pregunto, si el “saber teológico” puede aportar algo que nos ayude a salir del enredo en que vivimos

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Está visto que la ciencia política y la experiencia de los políticos no nos sacan de este embrollo. Ni la dictadura ni la democracia, ni la derecha ni la izquierda, ni la monarquía ni los demás sistemas, que hasta hoy se han inventado, ninguno de tales sistemas, han podido sacarnos del malestar y los conflictos provocados, en gran medida, precisamente por quienes tenían que resolverlos. Además, por lo que sabemos hasta ahora, ni la economía, ni las ciencias sociales, han podido aportar la solución

Como ya he dicho, yo he dedicado mi vida a estudiar y enseñar la teología. Concretamente, la teología cristiana, en la que ocupa un puesto central el Evangelio. Pues bien, en las muchas horas, que he dedicado al estudio del Evangelio, me ha llamado la atención que el personaje central, Jesús de Nazaret, no le prestó el menor interés a la política. En una ocasión, cuando Jesús estaba enseñando a un gentío, algunos de los presentes informaron públicamente a Jesús del crimen que había cometido Pilatos al degollar a unos galileos que ofrecían un sacrificio sagrado. Ante semejante noticia, lo lógico habría sido que aquello era delito político insoportable.

Sin embargo, Jesús aprovechó aquella brutal noticia, no para ponderar el crimen de Pilatos, sino para decirle a la gente: “Os digo que no; y si no os enmendáis, todos vosotros pereceréis también” (Lc 13, 3). Y no es que Jesús les tuviera miedo a los políticos. Cuando le dijeron que Herodes quería matarlo, Jesús respondió: “Id a decirle a ese zorro…” (Lc 13, 32). Por lo demás, cuando Herodes mató a Juan Bautista, en una noche de juerga, el Evangelio relata el terrible episodio y se limita a decir que los discípulos de Juan lo enterraron. Jesús no dijo ni palabra (Mc 6, 14-29; Mt 14, 1-12; Lc 9, 7-9). Como no le respondió a Herodes cuando le estaban juzgando para matarlo (Lc 21, 9). Por lo demás, Jesús cumplió fielmente con sus deberes cívicos: “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22. 15-22; Lc 20, 20-26). 

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Quien presionó, para conseguir la muerte de Jesús, no fue Pilatos, que se resistió hasta lavarse las manos en aquel asunto. La condena a muerte de Jesús vino de los dirigentes de la religión (el Sanedrín) (Jn 11, 47-53). 

¿Qué nos viene a decir todo esto? Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza. Como es lógico, los que no tienen ni para comer, lo que más anhelan es vivir. Pero, en el fondo, las dos apetencias, que son determinantes en la sociedad, son la “importancia”, que tiene su origen en el poder, y el “disfrute de la vida”, que solo es posible para los ricos. 

Ya sé que estas dos apetencias tienen muchos disfraces: en la política, en la ciencia, en la religión, en los negocios, los deportes… ¡qué sé yo! Pero lo que no admite dudas es que lo primero, lo más importante y lo más urgente, que tiene que gestionar – y gestionar bien – la política es la educación. Que no es sólo, ni principalmente, “enseñar”, sino sobre todo y antes que nada HUMANIZAR la sociedad, la convivencia, la vida toda. 

Y termino: si todo esto se piensa despacio y a fondo, no hay que ser un sabio para comprender dónde y por qué se destaca tanto “el fracaso de la política”.   

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Un camino a la caridad política: Fratelli Tutti

escrito por  Pablo Font Oporto 

La última encíclica del papa Francisco, Fratelli Tutti, de clara influencia franciscana, es un llamado a la fraternidad, pero desde una perspectiva novedosa en el magisterio de las últimas décadas: la participación política de las cristianas/os. Hay aquí una llamativa orientación que no se escuchaba en las altas instancias de la Iglesia católica desde la época del Vaticano II. En efecto, con Juan Pablo II, de alguna manera, y tras las convulsiones de una época de cambios, cabría decir que se buscó refugio en una intimidad pietista. 

Para Francisco, la fraternidad halla su fundamento más sólido en la espiritualidad y en nuestra condición de hijas e hijos de Dios. Es esta raíz religiosa la que dota de una potencia mayor a la mirada que hace del otro, también (y sobre todo) del lejano y diferente, un prójimo (próximo). 

Esa perspectiva choca con una realidad atravesada por espesas sombras que la encíclica no duda en retratar de forma dura pero realista. Una realidad en la que, precisamente, la política (con minúsculas) no contribuye a un mayor entendimiento, sino más bien a una deshumanización del adversario, que se convierte en enemigo en un contexto crecientemente nacionalista, populista y electoralista. En esta situación, la mentira se convierte en un instrumento de separación y construcción de sociedades cerradas a las personas vulnerables, descartables y diferentes. 

Sin embargo, el texto apuesta por la esperanza, una esperanza que se vertebra sobre la vía de la Política con mayúsculas, entendida como caridad social y diálogo fraterno. La apertura a la reconciliación exige de las cristianas/os una implicación en el ámbito público. Esa apertura no sígnica la inexistencia de lazos de solidaridad mutua que nos enraízan como pueblo, pero evita una mirada excluyente y xenófoba intolerable para una cristiana. 

Francisco, sin embargo, insiste en la necesidad de que las cristianas/os participen y se involucren de manera clara en el ámbito del espacio público. Sin renunciar a su condición de creyentes, pero en franca alianza con las personas de otras religiones y con todas las de buena voluntad. La Política (con mayúsculas) no supone, por supuesto, sólo la institucional y de partidos, y está presente en muchos ámbitos cotidianos donde, desde nuestra condición de sociedad civil, podemos empujar en la edificación del bien común. Pero la política “oficial” tampoco debe ser evitada por las cristianas/os.  

Así, el texto advierte de las limitaciones de la caridad personal y destaca las potencialidades del amor político, que transforma la sociedad en beneficio de todas, pero que, sobre todo, debe tener en el centro a las periferias, a los descartados. El papa nos invita de nuevo, a bajar al barro de la realidad, ambigua y compleja, a luchar desde ahí por la construcción de un mundo mejor. 

Para eso, la encíclica no duda en criticar la forma de organización social que impregna nuestras sociedades, donde la política como cuidado del bien común se halla supeditada a la cultura neoliberal de la ganancia inmediata. Tilda de falsa la salida de la gran recesión de 2008 y nos advierte de errados abordajes de los desafíos que nos lanza la actual pandemia y que podríamos sintetizar en la idea del “sálvese quien pueda”. En este marco, recoge lo mejor del magisterio de los Santos Padres en lo relativo al principio del destino universal de los bienes y la sujeción de la propiedad privada al mismo. Y, de igual manera, conecta los efectos colaterales de nuestra crisis civilizatoria con cuestiones ya tratadas en la Laudato si’, como el cuidado de la casa común, poniendo siempre el énfasis en la protección de las más vulnerables. 

Finalmente, subraya Francisco el papel de las religiones en la construcción cooperante de un mundo mejor, tanto en lo teórico como en la praxis. Y tras la crítica de las derivas integristas, que se descalifican como auténticamente religiosas, afirma la importancia de una fe vivida en el espacio público a través del compromiso y la implicación. Nuestra vivencia religiosa nos puede alentar a alejarnos del materialismo e individualismo, tan presentes en nuestra sociedad, para constituirnos en un Iglesia en salida que “acompaña la vida, sostiene la esperanza, tiende puentes, rompe muros y siembra reconciliación”

Elecciones en Portugal 

Boaventura de Sousa: «Si ganan las izquierdas en Portugal, habrá paz social; si son las derechas, crisis social» 

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El sociólogo Boaventura de Sousa Santos

BEATRIZ ASUAR GALLEGO@BEAASUARGALLEGO 

Portugal volverá a votar el 30 de enero de 2022. El Gobierno de Antònio Costa ha llegado a su fin tras la caída de los Presupuestos, la máxima exposición de un pacto entre las izquierdas lusas que, en realidad, llevaba tiempo roto. La extrema derecha podría ser el partido más beneficiado de este nuevo encuentro en las urnas tras una etapa marcada por la covid-19 y un gran sentimiento de frustración entre todos aquellos que votaron para que los socialistas, los comunistas y el Bloco de Esquerda siguieran la senda que iniciaron en 2015 con la recuperación de los derechos perdidos con la troika. El sociólogo Boaventura de Sousa Santos (Coímbra, 1940) reflexiona con Público sobre este contexto. La pandemia, como ya explicó en su libro El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía (Akal, 2021), ha cambiado todo el panorama político y social. No se puede leer la crisis política sin atender a esto pero, con su habitual «optimismo», el reconocido intelectual no da nada por perdido. Hasta las elecciones hay dos meses de vértigo para las izquierdas —que se arriesgan a que los conservadores y la extrema derecha vuelvan al poder— muestren que su entendimiento no fue una excepción y que son alternativa. 
 

Usted dio una charla en Madrid por la presentación de ‘Izquierdas del mundo, uníos’. Era 2018 y el ejemplo a seguir para las izquierdas europeas era el Gobierno portugués. ¿Cómo debemos verlo ahora: sigue valiendo o, con la perspectiva actual, se puede decir que fue el modelo no funcionó? 
 

El argumento de 2018 todavía sirve, pese a las dificultades y a que estamos en un período de mucha incertidumbre. Pero sí: la solución portuguesa sigue siendo la alternativa de gobernabilidad. El problema es que las condiciones en Portugal —y en el mundo— cambiaron mucho con la pandemia. En Portugal hubo un desempeño casi brillante en la gestión de la pandemia a nivel mundial, gracias a la cohesión política. Los principales actores políticos —Marcelo Rebelo de Sousa, el presidente de la República del conservador Partido Social Demócrata (PSD); Antònio Costa, el primer ministro del Partido Socialista (PS); y Rui Rio, actual líder de la oposición (PSD)— estuvieron de acuerdo en que no tenían que hacer de la pandemia una discusión política porque, sin cohesión política, no habría cohesión social, y eso es fundamental en una pandemia. Los partidos de izquierdas también colaboraron mucho en este proceso. 

«Algunas heridas que existían de antes, se han hecho más fuertes después la pandemia» 

Llegamos ahora a este punto porque algunas heridas que existían de antes, se hicieron más fuertes después de la pandemia. Portugal, a partir de 2011, pasó por un ajuste estructural, la troika, que desencadenó una grave crisis social. Las desigualdades sociales se profundizaron y los recortes en los salarios y en las pensiones fueron enormes. En 2015-2016, la idea de las alianzas de izquierdas —PS, el Bloco de Esquerda (BE) y el Partido Comunista Portugués (PCP)— era cerrar la puerta a la Troika, y eso se logró.  

En 2019 todo cambió porque, tras las últimas elecciones, ya no había acuerdo escrito. El PCP, preocupado por su pérdida de votos, no quiso firmar un documento. Los socialistas tampoco quisieron negociar con el Bloco. Y ahora han salido a la luz las cuestiones más complicadas para las izquierdas para negociar, que son problemas que también hay en España: la subida de salarios, la reforma laboral y la gestión del Sistema Nacional de Salud

Portugal irá a elecciones el 30 de enero: las izquierdas se juegan la gobernanza que ganaron en 2015 

BEATRIZ ASUAR GALLEGO 

El problema con los Presupuestos fue que se llegó a su tramitación sin haber negociado con tiempo estas cuestiones. Se mezclaron cambios políticos, como la reforma laboral, con cuestiones presupuestarias. Fue una gran frustración porque Portugal avanza bien, este trimestre crece al 4,2% y esto supera la media europea. Y así, ante la sorpresa de todos, porque este escenario perjudica a las izquierdas, se vuelve a votar.

  
 Las izquierdas se juegan la gobernanza en el país. ¿Cómo han perdido esta oportunidad por no llegar a un acuerdo? La prensa está dividida en varias posiciones, y a mi juicio ninguna está bien. Hay una parte que dice que las negociaciones fracasaron porque los socialistas querían elecciones para conseguir mayoría absoluta. Yo seguí muy de cerca las negociaciones, sin poder pero observando e intentando establecer puentes, y vi todos los documentos. Hubo avances y los socialistas cedieron, pero no lo suficiente pero que ni siquiera el Bloco se abstuviera. 

«No hay alternativa al capitalismo y el voto del resentimiento va para la extrema derecha» 

Otra parte, más conservadora, dice que la culpa es de las izquierdas porque no saben entenderse y que lo de 2015 fue excepcional. Un mensaje ya dirigido a ganar votos en las elecciones. 

La izquierda portuguesa busca cómo rearmarse tras el fiasco de los Presupuestos y el avance de la extrema derecha 

BEATRIZ ASUAR GALLEGO 

Por último, los más socialistas niegan que hubiera interés por ir a elecciones porque lo más probable es que salgan perjudicados por el cansancio que arrastra el pueblo por la pandemia o por fracasos y fallos como el precio del combustible. 

Yo realmente creo que fallaron el PS y el Bloco. El PCP, que tiene más química con los socialistas, negoció todo lo que pudo. Pero hay otro problema y es que se crearon una propia trampa al creer en la idea de que los partidos a la izquierda de los socialistas pierden votos si ayudan al PS. Yo creo que no es así. La razón de la pérdida de votos tiene que ver con que no tenemos alternativa clara al capitalismo y el resentimiento de la gente no va para las izquierdas, como sucedió en los años 60 o 70; va para la extrema derecha.  

Respecto a las medidas, las demandas del Bloco y el PCP eran prácticamente las mismas: salarios, reforma laboral y del Sistema Nacional de Salud. El PS tendría que haber negociado más, y lo va a tener que hacer tras las elecciones si las izquierdas vuelven a sumar. Tras esta crisis, que es muy negativa, puede salir algo positivo: que las izquierdas negocien en términos de programa político y no de presupuestos. Al PS ahora le toca aclarar si quiere acabar con las leyes laborales de la troika, como siempre ha dicho, y si quiere cambiar el sistema de salud de manera que el sector privado no siga buscando médicos en el público, que se está quedando sin sanitarios por esto. Si el PS hace estas dos cosas, hay condiciones para un nuevo acuerdo. 

El pacto de izquierdas de Portugal, referente en España, a punto de saltar por los aires 

BEATRIZ ASUAR GALLEGO 

¿Le preocupa el supuesto avance del partido ultraderechista Chega!? 

La extrema derecha va a crecer porque se ha apropiado de la idea del antisistema; dicen que izquierdas y derechas son todo lo mismo y que es necesario un cambio. Si las izquierdas tienen mayoría, estoy seguro de que se entenderán. Pero si las derechas ganan, todo dependerá del candidato del PSD, que corresponde a la derecha moderada y al PP español —aunque muchas veces el PP no sea nada moderado—. Tanto el PSD, como los democristianos (CDS), están disputando sus líderes, aunque lo más importante es el PSD. 

Su actual líder, Rui Rio, exalcalde de Oporto, ha dicho que acordará con Chega!, nuestro partido de la extrema derecha. El otro candidato, Paulo Rangel, ha dicho que con la extrema derecha no irá nunca, aunque nunca sabemos qué va a decir después de las elecciones. 

¿Por qué ha crecido tanto la extrema derecha desde las últimas elecciones? Las encuestas dicen que pueden llegar a ser el tercer partido más votado. 

En Portugal había una extrema derecha reprimida. Hay dos tiempos. Yendo más lejos, la explicación viene con el colonialismo portugués. La descolonización, junto con la democracia, generó problemas para colonos, gente de la clase media que estaba en Angola, Mozambique, etc., que tuvo que salir de allí sin dinero ni nada. Ellos quedaron muy resentidos con el sistema democrático y nunca estuvieron de acuerdo con el 25 de abril de 1974 porque le retiró, de alguna manera, lo que tenían. Esto se articuló con grupos fascistas, que ya existían antes, que son los salazaristas en Portugal y los fascistas en España. Es decir, grupos que estaban abajo de la política oficial, que vienen de las heridas del colonialismo. 

En las últimas elecciones estos grupos consiguieron elegir un miembro en el Parlamento, y esto fue algo muy importante para la extrema derecha. 

«Las derechas pueden llegar a gobernar por méritos de las izquierdas por no entenderse más que por los suyos» 

En los últimos tiempos, la pandemia tuvo mucha repercusión. La integración en la UE desestructuró la economía de empresas pequeñas, de pequeñas actividades, piscifactorías, del ámbito de lo rural, etc. Los problemas fueron creciendo de tal manera que Portugal es uno de los países con más desigualdad de Europa. El Gobierno de Costa intentó responder a ello, pero no ha ido al fondo. No ha abordado, por ejemplo, las pensiones o subidas mayores de los salarios. Por esto había mucha expectativa y, cuando hay mucha expectativa, también hay mucha frustración, que en este caso la absorbió contra la extrema derecha. Ojalá estar equivocado, pero todos creemos que la extrema derecha va a crecer, y esto, con la desilusión por la caída de los Presupuestos, puede provocar que las derechas gobiernen más bien por méritos de las izquierdas por no entenderse que por mérito de las derechas, ya que están todos los partidos rotos. Pero las derechas no tienen programa más allá de derrocar el Gobierno de izquierdas, como pasa en España también. 
 

En las negociaciones, si es la parte más de izquierdas la que no cede, se suele criticar que no atendieron a una necesidad de acuerdo mayor, sobre todo cuando los socialistas alegan que no pueden impulsar medidas que pongan en riesgo la economía o puedan ser frenadas por Europa. Pero, a la vez, se dice que la única forma de parar a las derechas es con medidas realmente valientes y de izquierdas. ¿Cómo se puede compaginar esto? 

Se puede compaginar y, además, es necesario. Yo soy un optimista. Nada esta perdido en términos de unidad. No se puede decir quién tuvo más o menos culpa. Los socialistas ganaron las elecciones, y el resto de partidos no pueden imponer sus programas, pueden presionar. Pero el gran elefante en la casa es la Unión Europea (UE) porque es neoliberal. No es que Alemania o Suecia sean neoliberales, es que exportan neoliberalismo. Se llaman así mismos países frugales, ¡qué tontería!, no son frugales para nada. Son ricos gracias a la explotación que han hecho de nuestros migrantes en los años 60 o 70. 

«Los socialistas siempre tienen miedo, y suelen virar hacia la derecha si están solos» 

Es una cosa loca pensar que los países del sur no gobernamos bien, como se dijo en la pandemia, pero el partido socialista tiene miedo. Siempre tiene miedo. 

El caso de Portugal es el resultado del éxito. La UE quiso reprobar la solución de izquierdas de 2015 y Costa aguantó. Dos años después, se dieron cuenta de que Portugal, limitando la austeridad, lograba paz social y crecimiento económico. Por esto, eligieron a nuestro ministro de Finanzas como ministro de Finanzas europeo. ¡Qué enorme contradicción!, porque antes era un peligroso comunista. Esto muestra que la UE puede ser mucho más presionada y los socialistas no lo hacen. La pandemia fue la oportunidad para reclamar que se debía avanzar más, porque la pandemia nos costó más. El PSOE español, por ejemplo, presionó más con aspectos como las patentes de las vacunas, que pidió que fueran liberadas, pero Costa, presionado por Alemania, calló. Bruselas vuelve ahora en un nuevo ciclo con sus recetas neoliberales de siempre, y perdemos mucho con esto. 

En ese sentido, el socialismo en Portugal ahora tuvo más culpa que los otros. Nadie quería elecciones. Nuestros dirigentes, los tres de izquierdas, no han visto bien el momento de peligro que corre la gente por el crecimiento y la voracidad de la extrema derecha. La derecha quiere el poder para manejar los fondos de resiliencia de recuperación, y en el pasado se ha visto que los fondos regentados por ellos fueron un fracaso. 
 

¿Qué está en juego si las derechas llegan a dirigir la recuperación? 

Los empresarios, el poder, van a entrar muy duro ahora contras las izquierdas y van a movilizar todos los medios que tienen. No les interesa el presupuesto porque hasta 2027 tienen millones de euros para gastar en sus negocios de clientelas, porque son gente muy conectada con el poder económico. Por esto, el problema no es un fracaso ahora, que se puede solucionar en el futuro. El problema es el montón de plata que viene de la UE y que sea la derecha la que lo gestione, recuperando toda la corrupción y todos los negocios que hemos visto en el pasado. Esto es lo que más me molesta. 
 

¿Cómo deben afrontar las izquierdas estos dos meses hasta las elecciones? 

Tienen que trabajar con un pie en las instituciones y otro pie fuera; en las calles, con las protestas y con las huelgas. El problema es que la pandemia paró todo esto porque no se podía salir. La extrema derecha, de clase más alta, estaba más protegida en términos salud y, por esto, tenía menos miedo, pero las izquierdas, que son más humildes, tuvieron más miedo. Ahora hay que recuperar esto. 

El PCP, más parecido en España a Izquierda Unida —el Bloco es más cercano a Podemos—, tiene influencia en sindicatos importantes y, por esto, siempre tiene dos voces: la de la negociación y la de la calle. Vamos a pasar ahora, creo, por un período en el que las izquierdas, sobre todo el PCP, van a presionar en las calles con protestas para demostrar que un Gobierno de derechas tendrá que aguantar mucha hostilidad de la lucha social, y un Gobierno de izquierdas tendrá que atender a un pacto social. 

«Es un momento de turbulencia política: si ganan las izquierdas, habrá paz social; si vencen las derechas, crisis social» 

El Bloco está más limitado porque no tiene casi nada de presencia en sindicatos y municipios; es una izquierda más joven y urbana. Por esto, ahora tiene que organizar su estrategia porque no puede ir a la campaña solo con el discurso de que la legislatura fracasó por culpa de los socialistas. Esto no convence a todos. 

Por todo esto, creo que vamos a pasar por un momento de turbulencia política, que va a depender al final de las elecciones. Si vamos a un Gobierno de izquierdas, con un acuerdo político, podemos estar en un contexto de paz social. Si gana la derecha, va a haber turbulencia y polarización, que puede ser buena para las izquierdas, pero aún más buena para la extrema derecha. Por esto hay que decir a toda la gente que vaya a votar, y que vote a la izquierdas, para evitar a la derecha, que no va a gobernar bien y va a distribuir el dinero para los suyos. Va a crear una crisis social. 

¿Hay ahora algún ejemplo de Gobierno de izquierdas que pueda seguir Porgual? 

Todos nosotros prestamos mucha atención a lo que pasa en España porque ambos países siguieron diferentes estrategias. En Portugal fue un acuerdo de incidencia parlamentaria y en España un Gobierno de coalición, que muestra un acuerdo político más grande pero, a la vez, parecía más inestable. Como sociólogo debo decir que entonces fallé porque yo pensaba que un Gobierno socialista tiene más estabilidad porque si una coalición no se entiende, colapsa el Gobierno. Y nunca pensé que la crisis de Presupuestos llegaría a ser tan fatal. Así, lo que vemos ahora, es que la opción de articulación política más humilde fracasa y la solución más osada y avanzada sigue en España

De todas formas, lo importante es que se articulen de forma pragmática, en cosas limitadas, para que nadie pierda su identidad. Como ocurre en España, con una formación monárquica y otra republicana, pero sin que eso entre en el acuerdo. Creo que es la única solución ahora y para el futuro. Y los fracasos en política nunca son definitivos, siempre está la posibilidad de hacerlo mejor. En Portugal tenemos que saber aprovechar esta crisis. 

¿Es posible un Gobierno de coalición entre las izquierdas lusas? 

Me gustaría, pero otra cosa es que sea posible. Lo mejor sería un acuerdo político escrito y seguir después el modelo español. Recuerdo muchas conversaciones con Unidas Podemos sobre la solución portuguesa, porque de alguna manera fuimos una enseñanza. Ahora sería al revés y hay que aprender de España. La gente ha visto que esos peligrosos comunistas son capaces de dirigir un ministerio y que tienen buenas competencias técnicas. 

Todo dependerá del resultado de las elecciones porque si el Bloco y el PCP disminuyen mucho van a tener aún más cuidado. Creo que no deberían, pero ningún partido piensa muy bien si cree que está al borde de desaparecer. Ojalá eso no pase, que las izquierdas no disminuyan mucho y los socialistas no tengan mayoría absoluta porque, como dice el Bloco, el PS vira mucho. Los socialistas votaron más veces en el último año con la derecha que con las izquierdas porque, como se ha visto también en España, cuando están solos tienen tendencia de ir hacia la derecha. Y pasa en toda Europa. 

Por último, por su relación con Unidas Podemos, ¿qué le pareció la salida de Pablo Iglesias y la posibilidad de que Yolanda Díaz sea la próxima candidata de las izquierdas? 

Yolanda es una gran política, la gran esperanza de Europa. La conozco, hemos intercambiado documentos, sobre todo sobre la reforma laboral, y es una mujer de una potencia extraordinaria. La gran esperanza de las políticas de izquierdas de Europa. 

«Pablo Iglesias abrió el camino y Yolanda Díaz lo está ampliando» 

Pablo es muy amigo, y un gran político. Estuvo al frente de una transición muy dura. Llevó a una izquierda que estaba fuera de las instituciones hasta el Gobierno y, quien hace estos pasos, siempre es la primera víctima. Dejar la Vicepresidencia me pareció un golpe de genio. ¡Qué riego altísimo!, salir del Gobierno para disputar la Comunidad de Madrid. Y qué coraje, después de todo el acoso a su persona y a su familia desde la extrema derecha. No lo hizo por cansancio, fue por cálculo, para abrir. Y no digo que como político sea perfecto. Creo que la gestión con Íñigo Errejón no se manejó bien, quizás por parte de los dos, pero pienso que Íñigo es otro gran político y que unidos siempre fueron mejores.  

Pero ahora las mujeres llegan a la primera fila, como aquí en Portugal, que el Bloco está liderado por mujeres excelentes como Mariana Mortágua, que siempre he dicho que debería ser ministra de Finanzas. 
 

En resumen, creo que España ha tenido dos grandes políticos como Pablo y Yolanda. Y no podría imaginar una mejor transición de Pablo para otra persona que a Yolanda: una mujer con otro perfil, que no venía de los conflictos del pasado, de una gran radicalidad pero con una excelente competencia técnica, capaz de hablar con todos. Pablo abrió camino, Yolanda lo está ampliando. Quizás dirás que soy demasiado optimista. Bueno, vamos a ver. 

Etica y política al servicio de la vida

Comenzamos un nuevo número de este 2021 en el que tratamos de responder al lema de Una vida más humana para todas las personas, con este nuevo título de La ética y la política al servicio de la vida. Bueno sería recordar todo lo que ya escribimos en el nº 115, el año pasado cuando al hablar del ¿Que es la espiritualidad?, ya abordamos el aspecto de la Espiritualidad y la política en el Número 115: Espiritualidad y política. 

Ahora, a lo largo de las tres ediciones, encontrarás distintas reflexiones que tratarán de responder a ese servicio a la vida, junto a las secciones habituales y junto a una gran entrevista a Adela Jiménez Villarejo, una sencilla y comprometida mujer, a la que entrevista otra gran mujer andaluza, hermana y amiga. 

Tanto las reflexiones más críticas, como los análisis más propositivos tratarán de responder -desde su estar al servicio de la vida-, a cuestiones tales como  ¿En qué consiste ser humanos, la muerte, el bien o el mal?,… a si las políticas de cuidados deben estar por encima de las políticas de desarrollo indefinido,… a la empatía, la compasión y el amor en un mundo de máquinas… o a las respuestas más urgentes de la emergencia climática frente al mercado de bienes materiales que no pueden diseñar el sentido de la vida de las personas. 

En nuestras reflexiones previas, señalábamos como la política ha perdido el sentido del bien común y, aunque no se puede generalizar, no todos los políticos son iguales. El primer gobierno de coalición habido en España desde la dictadura, por ejemplo, aunque con sus fallas, errores y compromisos por desarrollar, ha hecho mucho por el bien común. La derecha política, sin embargo, carga contra ese gobierno, no pensando en las personas, ni en la vida, cuando el que manda es el capital y quienes no se presentan a las elecciones (como acabamos de ver con las amenazas de las eléctricas, cuando se les pide que colaboren -con menos ganancias- al bien común de la ciudadanía). 

A partir de un análisis crítico del tema y siguiendo la línea de la Revista, intentamos ofrecer reflexiones propositivas al servicio de la vida. Por eso, los cuidados de la vida, tienen ahora un mayor sentido y los servicios públicos son más vitales que nunca (sanidad, educación, pensiones, transportes…). 

Siempre hemos de luchar por recuperar la utopía y para ello también la ética debe estar al servicio de la vida. Que aproveche. 

La mejor política que propone Francisco

“Fratelli Tutti no es una utopía, pero no llegaremos en dos días a la fraternidad universal” 

Consuelo Madrigal, Alejandro Fernández y Carlos García de Andoin reflexionan sobre ‘La mejor política’ que propone Francisco en la encíclica dentro de las V Conversaciones PPC 

La tarde de las V Conversaciones PPC organizadas mano a mano entre la editorial y el Instituto Superior de Pastoral arrancó con una mesa redonda centrada en el quinto capítulo de ‘Fratelli Tutti’: ‘La mejor política’. 

La directora de la revista Eclessia, Silvia Rozas, moderó un coloquio en el que participaron la fiscal Consuelo Madrigal, el presidente del Partido Popular de Cataluña, Alejandro Fernández, así como el director del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao y militante socialista Carlos García de Andoin. 

Fuerza expansiva 

La que fuera la primera mujer fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, defendió que “algunas de las propuestas de esta encíclicas son sueños que se parecen a los de la noche, pero tienen la fuerza expansiva para sostenerse en la vigilia y en los esfuerzos del día y son sueños capaces de cambiar el mundo”. 

“No solo es utópica la propuesta para los políticos, sino que la encíclica transita por un gran profetismo de esperanza, dando un aldabonazo a nuestra conciencia como humanidad”, expuso García de Andoin, que definió al Papa como “un pedagogo de movilizar a la gente”. El político vasco subrayó que “todas las conquistas logradas hoy, fueron sueños en un momento”. Así, recordó como hace un siglo solo estaba escolarizado un 20% de la población y ahora ya se supera el 85%, “aunque queda la asignatura pendiente de África”. 

Humanismo cristiano 

Alejandro Fernández se presentó como un “pragmático” ante el documento papal y se remitió a “aquellos proyectos colectivos” que se han llevado a cabo en las últimas décadas con éxito que “no tienen que ver con la izquierda o con la derecha”. “El humanismo cristiano fue el protagonista de la Transición española y la construcción de la Unión Europea”, apreció el presidente de los populares catalanes que sentenció: “’Fratelli Tutti’ no es una utopía, pero no llegaremos en dos días a esa comunidad mundial presidida por la fraternidad”. 

Al abordar los valores necesarios para hacer realidad esta amistad social que propone el Papa, Madrigal subrayó la pertinencia de promover “la artesanía de la paz” y una ética de valores comunes, una labor que para ella “no solo compete a los políticos sino a toda la ciudadanía”.  Para García de Andoin, urge “mirar el rostro de la persona, con entrañas de una misericordia”. “Cuando un ve al migrante en la patera de frente, se caen todas las ideologías”, añadió. En el día a día del ejercicio de la político, mantuvo la necesidad de no ver al otro como enemigo. 

Apostar por la concordia 

En esta misma línea, Fernández apeló a la necesidad de “concordia”. “La historia siempre premió al que apostó por la concordia y no por el cainismo, aunque ahora esté devaluada”, señaló, con la propuesta firme de “seguir apostando por la política al servicio del bien común”. 

Para huir precisamente de la polarización creciente en todos los ámbitos de la sociedad, Consuelo Madrigal animó a los presentes a “no centrarnos en la diferencia que podemos tener, porque tenemos en común la identidad del alma humana”. “La cultura del encuentro que defiende Francisco es una pauta indispensable a seguir”, suscribió. 

Sociedades fragmentadas 

García de Andoin alertó de que nos encontramos ante sociedades más “fragmentadas e individualistas”. La tendencia impuesta desde Estados Unidos de promover “la polarización de los valores e identidades” en España se ha traducido, según él, en la Guerra Civil, los nacionalismo o la diferencia entre vieja y nueva política. 

“Vender tu alma que culpa a otros seres humanos de tus desgracias se le llama ahora ser valiente y la moderación se ve como cosa de maricomplejines”, lamentó Alejandro Fernández, que llamó a superar esta dinámica

La política desde el Evangelio

Gabriel María Otalora

Hay que ver lo que ha menguado el gusto por la política entendida como construcción del bien común de personas concretas, sus necesidades y sus derechos individuales y colectivos… El desprestigio de los políticos viene cuando se hurta el debate de las ideas mientras se refuerza el Estado-aparato -o las estructuras europeas- en detrimento del Estado-social.

Ya no hay ciudadanos sino “clientes”, en expresión de J. Habermas. No obstante, la política es necesaria y tiene que ver con la vida buena (ética) y el esfuerzo por mejorar la existencia de las personas. El Estado y la política detentan su poder legítimo en razón de los fines; y esos fines exigibles se resumen en el bien común de los ciudadanos como ya lo entendían en los tiempos de Atenas y Roma, aunque de una manera imperfecta.

La libertad abanderada por todos está en peligro por el exceso de pragmatismo materialista y codicioso que minimiza todo lo demás, incluidas las personas, haciendo inevitable el eclipse de tanta buena labor realizada por muchos políticos a pie de calle que trabajan de verdad por el bien común.

La política tiene que ponerse a la escucha del sufrimiento humano para ser algo más que la mera administración de servicios. Las “soluciones” que proponen desde el G 8 y sus satélites ante tanto sufrimiento evitable, son puro cinismo. A Jesucristo le mataron por reivindicar un comportamiento justo y humano a los dirigentes de entonces. En realidad se metió de lleno en política por amor al cuestionar aquella injusticia estructural cívico-religiosa. Su ejemplo desestabilizaba la hipocresía que justificaba una realidad ajena al Reino de Dios. Este era su fatum. Y por la amenaza de este Mensaje fraterno a sus intereses, los romanos persiguieron con dureza a los seguidores cristianos que reivindicaban con el ejemplo otra estructura social y religiosa más coherente y solidaria. Habría que preguntarse si todos los seguidores de Cristo somos un ejemplo o un problema para la Buena Noticia.

Porque ante ciertas cuestiones como los derechos fundamentales y básicos no cabe neutralidad. Ahí tenemos Afganistán, la realidad africana, la inmigración galopante, los millones de refugiados en Turquía retenidos previo pago de la Unión Europea, la gestión de las vacunas en los países pobres, los dolores de tantos que nos rodean… Jesús se encontró una sociedad muy injusta que jamás bendijo; vivió para acoger a las víctimas que sufrían leyes injustas, muchas de ellas con el marchamo religioso. Y con su actitud (el cómo) y sus obras (el qué) mostró el camino ante cualquier situación de fragilidad y necesidad de quien se encuentre en apuros, incluidos los enemigos. Solo de esta manera, todas las personas pueden llegar a ser su mejor versión. El mensaje de apostar por ese amor radical como el plan de Dios con todos le costó la vida.

Reducir lo político al profesional de la cosa pública entre partidos, de derechas o de izquierdas, es lo que quieren algunos. Pero Greenpeace y Médicos sin Fronteras hacen política; Teresa de Calcuta hizo excelente política reduciendo el número de moribundos y consolando amorosamente a los más parias hasta el final. El presidente de la patronal y el presidente del Banco Mundial también hacen política… Y claro que Jesús de Nazaret hizo política defendiendo la dignidad de cada ser humano en concreto; eso sí, siempre por amor mostrando con hechos el verdadero corazón de Dios.

Como dijo el que fuera general de los jesuitas, P. H. Kolvenbach, si política significa acción por el bien de la ciudad, la lucha por la justicia es inevitablemente política; y el compromiso con un partido político solo es una parte del todo. Con los textos políticos esenciales en una mano y el Evangelio en la otra, “los nuestros” deberían coincidir en mostrarse de parte de la libertad con responsabilidad y la justicia para las víctimas a las que les falta lo más necesario, olvidadas por casi todos. Leyendo el Evangelio, veo que somos muchos los que nos dejamos llevar por la costumbre de lo establecido, aunque abunde cerca nuestro necesitados de tantas, cosas no solo materiales (compañía, escucha, consuelo, comprensión…).

Estamos asustados viendo un mundo tan loco, pero el mensaje de Jesús nos apremia a no estar paralizados. Las obras son amores, cada uno en su medio, por más que algunos traten su Mensaje como una justificación y no como un reto -sociopolítico en el sentido de transformador.

5 criterios para orientar a vida política

Elecciones 2021 en México: los 5 criterios del obispo de Nuevo Laredo para orientar el voto católico

Enrique Sánchez expuso estas líneas a la luz de la Doctrina Social Cristiana para elegir a las autoridades el próximo 6 de junio

Con motivo de las próximas elecciones del 6 de junio, en las que habrán de elegir en México más de 20 mil cargos de gobierno, el obispo de la Diócesis de Nuevo Laredo, conformada con territorio de Tamaulipas y Nuevo León, envió un mensaje a los fieles.
Tras animar a los ciudadanos a participar con responsabilidad en el proceso electoral considerado el más grande de la historia del país, el obispo Enrique Sánchez Martínez exhortó a los fieles a realizar un esfuerzo de discernimiento, para lo cual propuso una serie de criterios que, desde la Doctrina Social de la Iglesia y la fe, pueden ayudar:
Primer criterio. Pide identificar a los partidos o candidatos que tiene la capacidad de buscar y realizar el bien común, en las circunstancias concretas en que vivimos; que, por cierto –dice– “reclaman más acciones que discursos”.
Honorabilidad y verdad
Segundo criterio. Invita a conocer a los candidatos con la mejor información disponible sobre ellos: propuestas, programas y valores que los mueven y proponen. “Debemos informarnos sobre su capacidad de atender las necesidades de México y de nuestra realidad con honorabilidad, verdad, congruencia y sentido humano“, señaló.
Tercer criterio. Pide favorecer a aquellos que promuevan la dignidad de la persona humana; la defensa de la vida; el matrimonio y la familia como núcleos fundamentales del bienestar social. Candidatos que estén dispuestos a atender la violencia y las amenazas del crimen organizado; que se interesen por los más débiles, los más vulnerables; que promuevan trabajo con salarios dignos, y que se comprometan a cuidar de la Casa común.
Cuarto criterio. Exhorta a erradicar la apatía y la indiferencia ya que, cuando no hay participación, “solo una minoría decide quiénes nos deben gobernar; y hay que estar atentos y vigilantes para evitar cualquier manipulación en el ejercicio de su voto a través de la presión, las dádivas o los chantajes”, dice.
Quinto criterio. El obispo recuerda que la democracia no termina emitiendo el voto, sino que es necesario dar seguimiento a este proceso, exigir el cumplimiento de promesas de campaña y pedir la rendición de cuentas de manera transparente, deber al que todo político está obligado.
Finalmente, Enrique Sánchez Martínez pidió orar a Santa María de Guadalupe: “madre del verdadero Dios por quien se vive y Patrona de nuestra libertad, para que interceda por nosotros para que, por medio de nuestra activa participación cívica, coloquemos responsablemente los cimientos de un futuro mejor”.

La mejor política es la búsqueda del bien común

Consuelo Vélez

La política es una de esas realidades difíciles de abordar porque es de las que despierta más pasiones y, en cierto sentido, más posturas irreconciliables. Por eso muchos prefieren no hablar de política (ni de religión) para mantener la armonía familiar, social, religiosa. Y, esta última, porque la política no está ajena a las visiones religiosas y estas, muchas veces, se convierten en un obstáculo fuerte para un diálogo más amplio y sensato.

El papa Francisco trató de “la mejor política”, en el capítulo quinto de su última encíclica Fratelii Tutti, mostrando cómo ella es necesaria para hacer posible la fraternidad entre los pueblos. Esta supone la búsqueda del verdadero bien común, objetivo que lamentablemente no se cumple, la mayoría de las veces, y por eso el mundo va, fácilmente, por un rumbo distinto (n. 154).

Podríamos preguntarnos por qué habla de “verdadero” bien común ya que, si es bien, debería ser verdadero. Pero el papa lo aclara enseguida: “Muchas formas actuales de política, sean de izquierda o de derecha (populismos o liberalismos) no responden al bien común, sino a sus propios intereses. El bien común supone pensar en un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas. Pero los populismos esconden su desprecio a los débiles utilizándolos demagógicamente para sus fines y a las formas liberales solo les interesan para el servicio de sus intereses económicos (n. 155). Para no caer en populismos se tiene que garantizar un desarrollo económico dependiendo de las posibilidades de cada región y asegurando así una equidad sustentable. Por otra parte, los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras (n. 161).

Estas propuestas de la encíclica son muy sensatas porque el mundo tampoco puede uniformizarse o dejarlo al azar de la libertad de mercado. Cada país ha de reconocer sus posibilidades y desarrollarlas adecuadamente, buscando garantizar la vida digna para todos sus habitantes. Esto supone garantizar el trabajo porque la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización social asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y esfuerzos. El trabajo no es solo para ganarse el pan sino también para el crecimiento personal (n. 162). ¿Cómo traducir todo esto en una práctica real?
El papa continúa diciendo que actualmente el término “populista” sirve para clasificar a los políticos o “desacreditándolos injustamente o enalteciéndolos en exceso” (n. 156).

Me gusta esa primera expresión “desacreditándolos injustamente” porque así ha pasado con algunos gobiernos de izquierda del Continente, con unos medios de comunicación que triplican esa imagen negativa y cuando la justicia los reivindica, esos mismos medios permanecen en silencio absoluto. Además, añadiría que muchos gobiernos de derecha son mucho más populistas -para la muestra el presidente de Colombia -Iván Duque- y su última propuesta de reforma tributaria, llamada “Ley de solidaridad sostenible” que bajo un nombre tan “aparentemente social” solo pretende grabar con más impuestos a la clase media/baja, argumentando que es la forma de sostener para los pobres un ingreso solidario. No se plantean verdaderas reformas que garanticen “tierra, techo y trabajo”, como lo pide el papa Francisco.

La encíclica continúa aclarando que, aunque el término populista está tan desprestigiado, no se pueden dejar de lado las nociones de “popular” y de “pueblo” (n. 157). La noción de pueblo es la que hace posible la democracia “gobierno del pueblo” y la que construye grupo, comunidad, a diferencia del individualismo. Un cambio social no se puede hacer sin proponer un sueño colectivo. Por eso para el Papa son tan importantes los movimientos populares porque ellos expresan lo que la gente siente y por lo que lucha.  Ser pueblo es tener una identidad común, tener lazos sociales y culturales que unan a las personas (n. 158). Ahora bien, estas palabras no se entienden fácilmente porque en la práctica, los poderosos y los medios de comunicación a su servicio, se han encargado de desprestigiar a los movimientos populares “magnificando” los hechos negativos que tal vez se presentan en una marcha, por ejemplo, e “invisibilizando” todo lo positivo que ese mismo movimiento social supone.

Retomando de nuevo el término populismo, también existe la idea generalizada de que el pueblo es ignorante y que se deja comprar por cualquier cosa que le ofrezcan. Sin duda esta situación se da, pero creer que todos los pobres responden desde esas categorías es pensar que no tienen dignidad o que no saben lo que necesitan o que son incapaces de tener sueños colectivos y eso no es verdad.
En fin, la mejor política es la del bien común que incluye a los últimos y escucha sus demandas. Es la que logra sentar en la mesa donde se toman las decisiones a los que piden cambios. Pero esta es la lógica que no quiere asumirse en la política y mientras todo se mire desde arriba y solo se busquen soluciones desde los que están en el poder, las cosas no cambiarán realmente.

En todo esto la fe podría jugar un papel más relevante apoyando decisivamente las demandas del bien común, fijándose, en primer lugar, en las inmensas necesidades de las mayorías más pobres. Pero eso, normalmente no ocurre. Parece que a los creyentes los captan más fácilmente las políticas que mantienen el status quo baja capa de libertad o de que se van a defender algunos valores morales propuestos por las religiones.
En tiempos tan complejos como los que vive nuestra América Latina, profundizar en la encíclica es una oportunidad de confrontar nuestra fe y pensar si esta va en sintonía con las necesidades urgentes de nuestros pueblos. Pareciera que Francisco tiene más acogida entre gente comprometida socialmente que entre los creyentes. Esto es signo de que algo no va bien en la vivencia de nuestra fe, de ahí la necesidad de confrontarnos y hacer los cambios necesarios.

La situación política: una bomba de relojería

Los obispos, muy preocupados por la situación política: “Es una bomba de relojería”
“No estamos para estas políticas frívolas y todo se está radicalizando demasiado”, opinan algunos pastores, que asisten atónitos al vaivén político
“Estos son unos momentos prerrevolucionarios en donde la gente es muy manipulable”, advierten ante el peligro de un estallido social agravado por la situación pandémica
Algunos obispos apuestan por ‘el estilo Illa’ y lamentan la situación en la que se encuentra Felipe VI: «Está en una encrucijada, primero por su padre, ahora por sus hermanas…»
17.03.2021 José Lorenzo Seguir leyendo

Sumergirse en las aguas de la vida de la gente

Por Marcelo Barros
Esta iluminación es el despertar al amor solidario o, como dice el budismo, a la compasión.
Sumergirse en las aguas de la vida de la gente
“Muchos recuerdan con gratitud y nostalgia las intuiciones proféticas y el innovador método de alfabetización y concienciación social de los adultos, llevado a cabo por el gran Paulo Freire, cuyo centenario de nacimiento en 2020 acabamos de celebrar”.
“En el campo de la política, en los últimos años, además de las diversas formas de desestabilización de los gobiernos no alineados con su política neoliberal, el imperio Americano ha mejorado las nuevas tácticas de guerra mediática”.
“Un elemento desafiante, pero aún esencial, es que el trabajo de base requiere de inserción. No se puede hacer sólo a través de un consejo ocasional, como si fuera “desde fuera”.
Actualmente, en Brasil, en los ambientes y círculos de personas más conscientes y críticas, en cualquier conversación y reflexión sobre lo que estamos viviendo, la propuesta que siempre vuelve con urgencia es la necesidad de reanudar el trabajo de base. Muchos recuerdan con gratitud y nostalgia las intuiciones proféticas y el innovador método de alfabetización y concienciación social de los adultos, llevado a cabo por el gran Paulo Freire, cuyo centenario de nacimiento en 2020 acabamos de celebrar.
Incluso los que nacieron más tarde hablan con nostalgia de las experiencias de la educación popular en el Brasil en los decenios de 1960 y 1970. En la sociedad civil, las organizaciones vecinales se multiplicaban. En los movimientos sindicales y partidistas, algunos grupos profundizaron el diálogo con las bases. En los ambientes cristianos, surgieron comunidades eclesiales de base y círculos bíblicos. Se inició la pastoral social y la inserción de religiosos y laicos en los movimientos sociales.
Si miramos la realidad actual, el mundo ha cambiado mucho en las últimas décadas. La población se ha vuelto más urbana. Las actuales condiciones de vida en las periferias hacen la vida más difícil. La lucha por la supervivencia es más exigente y absorbe a la gente. Hay hermosas experiencias de inserción, pero parecen más raras que en otros tiempos y tienen que tomar otras formas. Además, en los últimos decenios, las iglesias y las sociedades han experimentado un proceso de “cierre hacia adentro” que dificulta la educación de base.
En el campo de la política, en los últimos años, además de las diversas formas de desestabilización de los gobiernos no alineados con su política neoliberal, el imperio Americano ha mejorado las nuevas tácticas de guerra mediática. Se coopta a los gobernantes utilizando el poder judicial, el parlamento y los medios de comunicación para sus intereses. En Brasil, ha logrado inocular en la sociedad una regresión social y política que, hace unos años, nadie hubiera imaginado posible. Por eso es cada vez más urgente reanudar el proceso de educación popular y el proceso de organización de la base, así como profundizar la unión de las fuerzas progresistas en torno a un proyecto común.
Debemos tener claro que, aunque el espíritu y el propósito de esta construcción son los mismos que en otros tiempos, los instrumentos y las formas que estas obras necesitan tomar hoy en día han cambiado sustancialmente.
El principio fundamental de toda obra básica es la convicción de que “el pueblo es y debe ser el sujeto y protagonista de su propia historia”. Cuando comenzó el proceso de los foros sociales, se acostumbró a proponer: “pensar globalmente, actuar localmente”. Con el tiempo, se hizo cada vez más claro que no podemos separar las dos dimensiones. Con las comunicaciones de hoy en día, una dimensión interfiere profundamente con la otra. La intensificación de la minería en el Amazonas depende de la bolsa de valores de Beijing y cada lucha local tiene que tener en cuenta el proceso internacional.
https://www.religiondigital.org/marcelo_barros/Sumergirse-aguas-vida-gente_7_2304139574.html?utm_
Un elemento desafiante, pero aún esencial, es que el trabajo de base requiere de inserción. No se puede hacer sólo a través de un consejo ocasional, como si fuera “desde fuera”. La inserción debe ser organizada, planificada y sistematizada. Su objetivo es conocer la realidad desde dentro y con la comunidad organizando los pasos del viaje, haciendo de los retos del día los contenidos de la educación y planificando juntos las acciones a realizar.
Varias tradiciones espirituales proponen la iluminación interior como un camino de intimidad con la Divinidad. Esta iluminación es el despertar al amor solidario o, como dice el budismo, a la compasión. Por lo tanto, la educación siempre debe partir de la realidad personal, unir a la persona con la comunidad y también ocuparse de la mejora de la conciencia ciudadana. En general, como el camino se hace caminando, es la experiencia misma de la acción la que ayuda a la persona y al grupo a descubrirse a sí mismos y a ampliar su percepción. A este segundo momento de reflexión le sigue el tercer momento de la acción que sigue. Este proceso: acción, reflexión, acción se mejora al descubrir un horizonte político, pedagógico, organizativo que sería la concreción de lo que dice el Foro Social Mundial: “Es necesario un mundo nuevo. Juntos podemos hacerlo posible