Los Jueves de RD

Maradiaga: «El Papa no quiere una Iglesia confinada por el clericalismo, sino una Iglesia sinodal, en camino, una Iglesia a la escucha»

Las claves para entender la reforma de la Curia, a debate en los Jueves de RD
Las claves para entender la reforma de la Curia, a debate en los Jueves de RD

«La curia no es un instrumento de poder, es un instrumento de servicio»

«El Santo Padre escogió ser el prefecto del primero de los dicasterios, porque el Papa es el primer evangelizador»

El purpurado, coordinador el Consejo de Cardenales que ha elaborado la reforma de la Curia, será uno de los protagonistas de los XXXVII Jueves de RD, que el próximo 2 de junio abordará las claves de ‘Praedicate Evangelium’, que entrará en vigor el 5 de junio, organizado por RD e Instituciones Religiosas del Banco Sabadell, con el apoyo técnico de Católicos en Red

Junto a Maradiaga, nos acompañarán Jesús Díaz Sariego, op, presidente de Confer; Fernando Prado, cmf, director de Publicaciones Claretianas; y la teóloga Consuelo Vélez

Puedes seguirlo a través de www.religiondigital.com, nuestro canal de Youtube o el FB Live de RD, el jueves 2 de junio, de 18 a 19 horas (hora española). ¿Quieres hacer alguna pregunta? Mándalas a jesusbastante@religiondigital.com

Por el | Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga

Es por esa razón que el nombre de la constitución se llama Praediacte Evangelium. No es simplemente un tema sacado de no se sabe dónde, no. Es la identidad de nuestra Iglesia, y por eso el Santo Padre escogió ser el prefecto del primero de los dicasterios, porque el Papa es el primer evangelizador.

Praedicate Evangelium lleva también el componente misionero. El Papa desde el principio nos dijo ‘Quiero una Iglesia en salida’, es decir, no encerrada en sí misma, no confinada por el clericalismo, sino una Iglesia sinodal, una Iglesia en marcha, en camino, una Iglesia a la escucha.

Y luego la clave es: la curia no es un instrumento de poder, es un instrumento de servicio, servicio a toda la ciudad del vaticano y al Santo Padre, pero también a las conferencias episcopales. Ese es el motivo por el cual en el preámbulo encontramos los criterios no solamente para la reforma de una estructura que se llama la Curia vaticana, sino para la reforma de toda la Iglesia.

Creo que estos son unos de los puntos que debemos tener bien presentes para entender la constitución ‘Praedicate Evangelium’.

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El purpurado, coordinador el Consejo de Cardenales que ha elaborado la reforma de la Curia, será uno de los protagonistas de los XXXVII Jueves de RD, que el próximo 2 de junio abordará las claves de ‘Praedicate Evangelium’, que entrará en vigor el 5 de junio, organizado por RD e Instituciones Religiosas del Banco Sabadell, con el apoyo técnico de Católicos en Red

Junto a Maradiaga, nos acompañarán Jesús Díaz Sariego, op, presidente de Confer; Fernando Prado, cmf, director de Publicaciones Claretianas; y la teóloga Consuelo Vélez

Puedes seguirlo a través de www.religiondigital.com, nuestro canal de Youtube o el FB Live de RD, el jueves 2 de junio, de 18 a 19 horas (hora española). ¿Quieres hacer alguna pregunta? Mándalas a jesusbastante@religiondigital.com

La presentación de «Praedicate Evangelium»

El Vaticano presenta ‘Praedicate Evangelium’, que consagra la apuesta a fondo por la sinodalidad

«La ‘Iglesia en salida’ es el eje que estructura la reforma de la Curia vaticana»

"La 'Iglesia en salida' es el eje que estructura la reforma de la Curia vaticana"

Semeraro: «Cualquier fiel puede presidir un Dicasterio o un Organismo, en atención a la particular competencia, poder de gobierno y función de este último»

Mellino: «Es el fruto de un proceso de elaboración en el que se han dado una serie de pasos en línea con el principio de que una Iglesia sinodal es una Iglesia que escucha»

Ghirlanda, sj.: «El poder de gobierno en la Iglesia no proviene del sacramento del Orden, sino de la misión canónica”

“No basta con el cambio de personal, sino que los miembros de la Curia deben renovarse espiritual, humana y profesionalmente”

Por Jesús Bastante

Había mucha expectación por conocer las claves de la Constitución Apostólica ‘Praedicate Evangelium’ que reforma a fondo la Curia vaticana y que hoy fue presentada por el cardenal Semeraro, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos; Marco Mellino, Secretario del Consejo de Cardenales; y Gianfranco Ghirlanda, S.I., uno de los asesores canónicos de la reforma.

Durante su intervención, Semeraro recalcó que Praedicate Evangelium “marca el final de un camino que comenzó hace nueve años”, con las primeras reuniones del consejo de cardenales, que él vivió en primera persona, pues ejerció como secretario de la misma. Tras explicar la razón de ser de la Curia, que nunca debiera ser un órgano de poder, sino un instrumento de servicio al Papa para el gobierno de toda la Iglesia.

‘Evangelii Gaudium’, imprescindible

Semeraro defendió la relevancia de la ‘Evangelii gaudium’, un auténtica exhortación “programática” y un documento “imprescindible para entender el proceso de reforma que pretende e inicia el Papa Francisco”.

Leyendo ese texto, el Consejo de Cardenales apostó por “un proyecto de «reforma» mucho más amplio” que el mero cambio en la Curia, porque “ahora no necesitamos una simple administración».

Entrando de lleno en el significado de ‘Praedicate Evangelium’, Semeraro recalcó la relevancia de “la sinodalidad de la Iglesia”, uno de los “principios inspiradores de la labor de reforma de la Curia Romana”.

Marcello Semeraro
Marcello Semeraro

“La decisión de Francisco de poner en marcha un proceso de reforma de la Curia Romana ha tenido el efecto de despertar la atención sobre la idea misma de reforma«, un término que desde Lutero parecía un estigma en la propia Iglesia. Sin embargo, hoy es claro que “la reforma es una dimensión constitutiva de la iglesia, de toda iglesia”. Algo que se encargó de recordar el Papa en su histórico discurso a la Curia de diciembre de 2016, en el que desarrolló los pecados curiales y sus soluciones: pastoralidad; carácter misionero; racionalidad; funcionalidad; modernidad; sobriedad; subsidiariedad; sinodalidad; catolicidad; profesionalidad; gradualidad, junto a la descentralización, que desborda todo el documento.

La apertura a los laicos «no es una improvisación»

También, cómo no, la apertura a los laicos, que ya tuvo un primero punto cuando se nombró a Paolo Ruffini al frente del dicasterio para la Comunicación, en una “decisión no improvisada por el Papa, sino estudiada específicamente con la contribución de autoridades en la materia”, señaló Semeraro.

«El Papa, los Obispos y otros ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia... Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es un discípulo misionero en la medida en que ha encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús», afirma el documento, por lo que “la actualización de la Curia debe prever la participación de los laicos, también en funciones de gobierno y responsabilidad».

De hecho, se afirma que “cualquier fiel puede presidir un Dicasterio o un Organismo, en atención a la particular competencia, poder de gobierno y función de este último», lo que modifica radicalmente lo planteado por Sixto V en 1588, que afirmaba que las Congregaciones debían ser presididas sólo por Cardenales. “Esto ya no es así. El término «Dicasterio» sugiere que, en principio, según la naturaleza del Dicasterio, todos los bautizados pueden desempeñar este oficio: clérigos, personas de vida consagrada, fieles laicos”.

¿Y qué se entiende por dicasterio?: la Secretaría de Estado, las Congregaciones, los Tribunales, los Consejos y las Oficinas, es decir, la Cámara Apostólica, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede», los 16 órganos que se sostienen en esta reforma.

Una reforma consensuada con toda la Iglesia 

Por su parte, Marco Mellino, secretario del Consejo de Cardenales destacó cómo, a lo largo de estos nueve años, Francisco “escuchó las observaciones, opiniones, sugerencias y peticiones de los Jefes de Dicasterio de la Curia Romana, reuniéndose con ellos personalmente en las sesiones del Consejo de Cardenales, pero también celebrando reuniones interdicasteriales y un Consistorio de Cardenales. También ha tenido en cuenta las opiniones y sugerencias de los episcopados locales y de otras personas”. No es, pues, una decisión unipersonal de Bergoglio, sino  “el fruto de un proceso de elaboración en el que se han dado una serie de pasos en línea con el principio de que una Iglesia sinodal es una Iglesia que escucha». 

Mellio repasó el trabajo de la comisión de cardenales, los borradores presentados, las opiniones planteadas por dicasterios y episcopados de todo el mundo, así como a las nunciaturas, universidades y agencias de información. 

Desde julio de 2020, momento en que se presenta un proyecto de texto definitivo, el Papa “ha examinado personalmente las enmiendas, teniendo en cuenta las observaciones, indicaciones y propuestas recibidas y tomando sus propias decisiones” para llegar al texto promulgado el sábado, presentado hoy y que entrará en vigor el 5 de junio, festividad de Pentecostés.

Marco Mellino
Marco Mellino

Medidas que ya se han implementado

Pero, en este tiempo, Francisco no se ha quedado quieto. De hecho, apuntó Mellino, “ha puesto en marcha diversas medidas de reforma, por lo que el texto de la nueva Constitución Apostólica se encuentra entre estas medidas puestas en marcha hasta ahora”, lo que demuestra que “la labor de reforma es más amplia que el solo texto de la Constitución en cuestión y que forma parte de ella. Por tanto, por un lado, es una pieza de un mosaico más amplio y articulado”.

Algunas de las principales medidas ya apuntadas son las siguientes:

– la Sección de la Secretaría de Estado para el Personal Diplomático de la Santa Sede

– la constitución en dos Sesiones del Dicasterio para la Doctrina de la Fe

– de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores

– del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

– del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

– el Departamento de Comunicación

– del Consejo de Economía

– la Secretaría de Economía

– de la Oficina del Auditor General 

– la Comisión de Asuntos Confidenciales

– el Comité de Inversiones

– la inclusión de la Capilla Musical Pontificia en la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. 

En cuanto a las instituciones relacionadas con la Santa Sede: la Autoridad de Supervisión e Información Financiera

Mellino también apuntó que Praedicate Evangelium “se explica a la luz de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium -a la que se vincula intencionadamente- que sigue siendo el documento imprescindible para entender el proceso de reforma que está llevando a cabo el Papa Francisco y que indica claramente que el corazón de la reforma se mueve desde lo   la primera y más importante tarea de la Iglesia: la evangelización”.

Y es que, añadió el secretario del C-7, “la «Iglesia en salida» es el eje principal que estructura el texto de la Constitución Apostólica en cuestión, esto explica la creación del Dicasterio para la Evangelización”.

Para evitar malentendidos, conviene precisar que todos los Dicasterios gozan de igual dignidad jurídica y que todos ellos ejercen la potestad de jurisdicción, por lo que el orden de su ubicación en la lista no tiene valor jurídico en sí mismo, pero -al menos para los tres primeros- es al menos significativo. Por lo tanto, la elección de asignar al Dicasterio para la Evangelización el orden de precedencia hace explícita la perspectiva misionera en la que se ha llevado a cabo la visión general de la reforma curial.

El Papa, presidente del Dicasterio para la Evangelización

Con ello, incidió, “no se pretende anteponer la actividad evangelizadora a la propia fe en Cristo (situando el Dicasterio para la Doctrina de la Fe por encima del Dicasterio para la Evangelización). Esta elección se comprende bien a la luz del cambio de época que se está produciendo históricamente y que exige inevitablemente a la Iglesia afrontar nuevos retos, proyectándose hacia nuevas”.

Sinodalidad
Sinodalidad

Esta prioridad y centralidad de la evangelización se pone de manifiesto también “en la elección deliberada del propio Papa como Presidente del Dicasterio para la Evangelización”. Tras este dicasterio, se encuentran el de Doctrina de la Fe y el Dicasterio para el Servicio de la Caridad, “que forman, cada uno por su competencia, un todo en la acción misionera a la que está llamada la Curia Romana y constituyen una tríada que «da el sello» a todo el texto de la Constitución Apostólica”. Esta también es la razón por la que se eleva la Limosnería al rango de dicasterio.

La apuesta clara, también, es la de la sinodalidad, “una dimensión constitutiva de la Iglesia”, que “anima también las estructuras en las que se expresa de forma institucional la naturaleza sinodal de la Iglesia”. En lo tocante a la Curia, esto significa que “su servicio debe ser sinodal”, y estar interrelacionada, entre sí, con la Secretaría General del Sínodo, y con el pueblo de Dios.

En otro punto, la descentralización. “La Iglesia, de hecho, es una comunión cuyo nivel jerárquico es insuperable. Esto significa que se puede invocar y aplicar, cuando es lícito y posible, una «sana descentralización» en la vida de la Iglesia, pero no sólo en nombre de una relación subsidiaria entre dos entidades extrínsecas, sino en nombre de esa inmanencia comunitaria en la que entre los sujetos existe la norma del servicio y la donación mutuos,  en el que la vitalidad y el crecimiento de uno recaen en beneficio del otro[“. De ahí el término “corresponsabilidad en la comunión”, que se aplica al texto, y que se pretende se aplique, también, al funcionamiento de la estructura.

Ghirlanda
Ghirlanda

La autoridad, ejercida por todos 

Finalmente, el jesuita Ghirlanda destacó el papel de los laicos en la reforma de la Curia romana, subrayando que “la autoridad no viene por el rango jerárquico sino por el poder que ejerce en nombre del Papa”. Este poder “es el mismo si lo recibe un obispo, de un sacerdote, de un consagrado o de un laico”.

Pues “todos los fieles son verdaderamente iguales en dignidad y en acción”, y la “igualdad fundamental entre todos los bautizados, aunque en la diferenciación y complementariedad, es la base de la sinodalidad”.

“Lo que se afirma en la Constitución Apostólica Pradicate Evangelium es de gran importancia, porque la cuestión de la admisión de los laicos al ejercicio del poder de gobierno en la Iglesia implica una cuestión más amplia” explicó el jesuita. “Si la potestad de gobierno se confiere a través de la misión canónica, también puede conferirse a los laicos en casos concretos”, explicó, aunque admitió que “el tema es muy complejo y divide a los autores”, ya desde el Conciclio Vaticano II.

Sin embargo, Praedicate Evangelium “resuelve la cuestión” afirmando “que el poder de gobierno en la Iglesia no proviene del sacramento del Orden, sino de la misión canónica”.

La lucha contra los abusos, en el centro

Otro de los puntos clave es el rango de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, que “se convierte en una parte efectiva de la Curia Romana, conservando al mismo tiempo una cierta autonomía” y se rige por sus propias normas.  “Esta integración -añadió Ghirlanda- indica hasta qué punto la Iglesia se esfuerza por evitar que sigan cometiendo delitos tan graves”.

“Es importante, aunque bastante difícil, presentar y dar a conocer a la opinión pública, así como a la propia comunidad eclesial, los crecientes y significativos esfuerzos que la Iglesia ha articulado en los últimos años en materia de protección de menores”, explicó el jesuita, quien destacó la reforma del Derecho Canónico para incluir el abuso sexual dentro de los delitos más graves.

“No basta con el cambio de personal, sino que los miembros de la Curia deben renovarse espiritual, humana y profesionalmente”, culminó el jesuita, quien finalizó que “la reforma de la Curia no se logra de ninguna manera cambiando a las personas -lo que ciertamente sucede y sucederá- sino por la conversión en las personas”.

Anunciad el evangelio (I)

Constitución Tridentina de la Iglesia (1588)

Sixto V
Sixto V

El Papa Francisco acaba de publicar (19.3.22) la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (=Anunciad el evangelio), que entrará en vigor el 5 de junio. En ella recuerda que la verdadera Constitución de la Iglesia es el evangelio y su tarea principal su anuncio. Al servicio de ese evangelio y de su anuncio ha de ponerse la Iglesia de Roma, con su obispo (Papa) y su institución central (el Vaticano).

Ésta es quizá novedad más importante de la Iglesia Católica desde el Vaticano II (1963-1965). Para situar y valorar su sentido publicaré en RD tres reflexiones de tipo histórico-teológico, poniendo de relieve su pasado, sus propuestas centrales y sus tareas de futuro-

Por | Xabier Pikaza teólogo

El Papa Francisco acaba de publicar (19.3.22) la nueva Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (=Anunciad el evangelio),   que entrará en vigor el próximo 5 de junio,  por Pentecostés, recordandoí que la verdadera Constitución de la Iglesia es el evangelio y su tarea principal su anuncio. Al servicio de ese evangelio y de su anuncio ha de ponerse la Iglesia de Roma, con su obispo (Papa) y su institución central (el Vaticano).

Ésta es quizá novedad más importante de la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II (1963-1965). Para situar y valorar su sentido publicaré en RD tres reflexiones de tipo histórico-teológico, poniendo de relieve su pasado, sus propuestas centrales y sus tareas de futuro-

-Pasado “cercano”:  el origen de la Curia Romana (Vaticano) a partir del concilio de Trento, con la Bula de Sixto V Inmensa Aeterni Dei, 1588.

-Situación presente: Los 13 poderes de la Curia del Vaticano en el momento actual de la iglesia (tras un Concilio Vaticano II aún no cumplido).

– Posible futuro de esta nueva Constitución apostólica, centra en la identidad evangélica y misionera de la iglesia (Praedicate Evangelium: Anunciad el evangelio 2022).  

Que fue el Concilio de Trento - Desc - Descúbrelo AQUÍ

Introducción: problemática, elementos centrales de la nueva Constitución

 Desde el comienzo del cristianismo ha existido y ha sido muy importante la iglesia de Roma, fundada, según tradición, por el apóstol san Pedro. Ella fue “refundada” y recibió una forma parecida a la actual en el siglo XI, tras gran crisis de los siglos IX y X, a través de la “reforma gregoriana” (llamada así por el Papa Gregorio VII: 1073-1085). Pero, en sentido más estricto, ella  recibió su forma actual, con su “Constitución” y estructura de gobierno tras, con “dicasterios (tribunales de justicia), congregaciones  o ministerios, tras el Concilio de Trento (1545-1563), por obra de dos papas, uno dominico, Pío V (1566-1572), y otro franciscano, Sixto V (1585-1590), con su Bula Inmensa Aeterni Dei, 1588), vigente con algunas reformas hasta el día de hoy (2022). Del sentido y contenido de esa Constitución Tridentina (piano-sixtina) de la Iglesia, con el Vaticano, trata  que sigue, tras un pequeño prólogo.

Prólogo

El Papa Francisco, siguiendo las directrices del Vaticano II (1963-1965), tras sesenta largos años de larga Vacatio (vacación, no cumplimiento) del Concilio de Juan XXIII t Pablo VI, ha decidido cambiar (actualizar) la estructura y función de la Curia (=casa del Señor o Kyrios) con esta   Constitución Apostólica: Praedicate Evangelium (=Anunciad el evangelio) promulgada el pasado 19.3.2022 (San José),  para entrar en vigor el próximo 5 de junio,  Solemnidad de Pentecostés.

El texto oficial italiano aparece en Vatican.Va. No tengo aún el texto latino. El texto oficioso en castellano ha sido dado a conocer en Vida Nueva

Esta  Constitución quiere dar una estructura más misionera a la Curia (es decir, al Estado e Institución del Vaticano) para que esté cada vez más al servicio de la evangelización y de la vida de las Iglesias particulares.  En esa línea ofrece algunas novedades significativas que responden al Vaticano II, después de su larga Vacatio (que algunos han llamado “infarto”: obstrucción o paralización sanguínea). Esas novedades responden también al espíritu del Papa Francisco (en la línea de Evangelii Gaudium, el Gozo del evangelio, 2013) y de las necesidades actuales de la iglesia y de la humanidad. Son unas novedades que han de leerse “entre líneas”, pero que pueden ser muy significativas para el despliegue futuro de la iglesia.

Esta nueva Constitución traza la línea de la “reforma franciscana”, y para ello asume y supera, de un modo jesuítico, las dos reformas anteriores (la Gregoriana, del siglo XI, y la Tridentina del XVI). Digo de un “jesuítico”, porque Ignacio de Loyola ofreció a la iglesia, en un contexto tridentino, sus dos obras: Los Ejercicios espirituales (alma evangélica de la iglesia) y las Constituciones de la Compañía de Jesús  (su alma institucional y misionera). El Papa Francisco SJ quiere trazar para la Iglesia del post-Vaticano II  su legado y tarea evangélico/institucional, pasando del “gozo del evangelio” (Evangelii Gaudium 2013) al “anuncio” del evangelio (Praedicate Evngelium, 2022).

Es pronto para analizar en detalle y prospectiva sus novedades, pero se puede ya indicar que han sido (y serán) estas cuatro. Así quiero resumirlas, de un modo “textual y desiderativo” (con un fuerte wishful thinking) sus elementos esenciales: 

  1. Insistencia en la evangelización, es decir, en el anuncio de la Palabra, no en el poder sacral de la Iglesia. Esta constitución quiere superar y “reinterpretar” los dos grandes “poderes” del Papa y de la Iglesia de Roma, formulados por el Vaticano I: (a) Un tipo de infalibilidad interna y “separada” (a) Un tipo de potestad suprema del Papa y de la iglesia de Roma sobre las demás iglesias.
  2. Insistencia en la igualdad y dignidad de todos los cristianos, superando en su raíz  la diferencia entre clero y laico. Ni el papa, ni la curia vaticana, ni el conjunto del “clero” tienen más poder real ni dignidad real que el conjunto de los cristianos, tomados en sentido individual o colectivo. Todos los cristianos han recibido y poseen por gracia (por bautismo) la misma dignidad, como portadores de la palabra y vida de Cristo.
  3. Insistencia en la “temporalidad” y funcionalidad de los “cargos” y tareas del Papa y de la Curia, con sus Dicasterios, Congregaciones o Ministerios, entendidos como servicio (diaconado), en forma de asistencia y ayuda para el Anuncio de la Palabra y para la vida del conjunto de las iglesias, no como institución de poder por encima de ellas, sino como como expresión “visible” (centrada, unificada) de la predicación (anuncio) universal del evangelio, en la línea de la gran misión expresada en Mt 28, 16-20: Id por todo el mundo y “haced discípulos” (anunciad y ofreced el evangelio) a todos los pueblos.
  4. La gran tarea de esta Constitución será su “receptio” (es decir, su acogida y cumplimiento), empezando por Roma, pues aquí se propone un des-mantelamiento de la estructura actual del Vaticano, al servicio de un re-mantelamiento evangélico. Se trata de un cambio de estructura, en toda línea, un cambio que no puede realizarse de un “plumazo” (ni con una simple revolución de palacio), sino que exige un cambio de mentalidad (meta-noia: con-versión), en línea de evangelio.

Sólo con el tiempo se podrá decir el efecto que ha tenido esta Constitución, con su programa de aplicación del Vaticano II. La recepción del Concilio de Trento fue bastante rápida: Sólo pasaron 22 años entre el fin del concilio y la “bula” de la nueva constitución Vaticana de la Iglesia (del 1563 al 1585). En nuestro caso han pasado casi 60 (del 1965 al 2022). El Vaticano II, con su visión del evangelio, se ha aplicado en parte en otros campos (teología, liturgia…), pero nada en el Derecho Canónico (es decir, en la visión y estructura del poder eclesial), como han dicho los mejores estudiosos de la historia teológica de la iglesia, como Ghislain Laflont. Queda por delante un largo y fuerte camino, si no queremos que esta nueva Constitución se vuelva “letra muerta”.

EL PASADO: (CONTRA-)REFORMA POSTRIDENTINA (LA CURIA ROMANA).

Acabado el Concilio de Trento, la Iglesia Católica se organiza, desde su centro de Roma, cuidando su administración, su unidad ministerial y su doctrina. En este momento empiezan a introducirse en las parroquias y diócesis los “libros” de matrimonios, bautismos etc, de forma que se inicia, una era de racionalización burocrática de la Iglesia. Al mismo tiempo se cuida la formación intelectual y moral (personal) de los sacerdotes, con seminarios adecuados y medios para vigilar de un modo consecuente el celibato del clero. En ese contexto se inscriben las reformas de Pío V y, sobre todo, la estructuración de la Curia Vaticana, como órgano de gobierno del papa (Sixto V).

Pío V

Pío V (1566-1572) fue el primer papa después del concilio. Pertenecía a la Orden de los Dominicos, y había sido profesor de teología y gran inquisidor, famoso por su autoridad y su firmeza. Volvió a proclamar la supremacía de la Sede Vaticano sobre el conjunto de la Iglesia y de la sociedad, en una bula titulada In Coena Dominio (1568), que debía leerse y se ha leído en las iglesias católicas en la celebración del Jueves Santo, a lo largo de dos siglos.

 Pío V se propuso no sólo la reforma de la fe, tal como está condensada y promulgada bajo su mandato en el Catecismo Tridentino (1566), sino que quiso cortar los “abusos” y singularidades litúrgicas, con un manual uniforme de oración clerical y monacal (Breviarium Romanum, 1568) y, sobre todo, con un formulario litúrgico también unificado para la celebración eucarística (Missale Romanum, 1570). Ambos textos, breviario y misal, se han seguido utilizando, con ligeros cambios, hasta el Vaticano II. Importaba más la uniformidad de la letra que la libertad creadora del espíritu.

Además de promover la reforma del clero, Pio V   quiso “moralizar” las costumbres de la sociedad, especialmente en Roma, con prohibición de la blasfemia y expulsión de las prostitutas, e incluso con pena de excomunión para los que asistieran a fiestas de toros (De Salute Gregis Domini, 1567), una orden que el rey Felipe II de España no acató (sin que el Papa pudiera exigir que se cumpliera).

Sixto V

Papa Sixto V Vida tempranayPapado

  Pero más importantes y duraderas que las de Pío V fueron las reformas de uno de sus inmediatos sucesores Sixto V (1585-1590), papa de la Orden Franciscana, que se propuso racionalizar el gobierno de la Iglesia. Ciertamente, la curia  papal (curia es la “casa del Kyros/Kuros o Señor”) había tenido cierta organización, pero de tipo más bien “familiar”, propensa al “nepotismo”, es decir, al encumbramiento de sobrinos y parientes, para crear y mantener grupos homogéneos y fieles de gobierno. Pues bien, siguiendo el modelo de los nuevos estados centralizados (Francia, España, Inglaterra…), Sixto V creó la administración unificada de la curia (Bula Inmensa Aeterni Dei, 1588), que se ha mantenido con pequeñas reformas hasta el día de hoy (2020):

 «La infinita sabiduría de Dios eterno, ha puesto en su creación una maravillosa armonía como arquitecto de todas las cosas, dando a cada una su propio fin, y uniendo todas entre sí en manera que todas se sirven recíprocamente. Así también ha dividido los habitantes de la Jerusalén celestial en diversos órdenes, de los cuales los más elevados iluminan a los otros para comprender mejor la voluntad de Dios. Él ha dividido también el cuerpo de la Jerusalén militante a imagen de la triunfante en diversos miembros con su jefe, unidos por medio del vínculo de la caridad, que se ayudan recíprocamente.

El Romano Pontífice, que ha sido constituido cabeza visible del cuerpo de Jesucristo que es la Iglesia…, llama a sí a muchos colaboradores, ya sea los obispos… ya los cardenales, como miembros los más nobles y próximos al jefe, como los apóstoles con Jesucristo. Por tanto el Romano Pontífice, a ejemplo de Moisés, que por orden de Dios instituyó el senado de los 70 ancianos para que éstos junto con él se hicieran cargo del pueblo, divide el peso pontificio con los cardenales, siempre guiado por el pensamiento de que todos los que buscan refugio en la Santa Sede, tanto por piedad como para tutelar los propios derechos, para obtener favores, etc. lleguen seguros y puedan negociar más fácil y prontamente sus propios asuntos…» (Texto en  mirandas…)

Este ideario de fondo se concretó en la creación de 15 Congregaciones (Ministerios) del Estado Papal, presididas por cardenales (9 para asuntos espirituales y 6 para asuntos temporales). Cada semana los miembros de las Congregaciones para tratar de sus asuntos, y también el consistorio (con los cardenales presidentes de las congregaciones), formado así una especie de “consejo de ministros” de la Iglesia, al servicio del Papa, que tenía mismo toda la autoridad. Éste era el nombre y función de las congregaciones: 

1.Santa Inquisición

Había sido instituida por Pablo III (1542). Estaba presididad directamente el Papa, y tenía la finalidad de mantener la fe. Vigilaba las herejías, iba en contra de los abusos en la administración de sacramentos, y se ocupaba de luchar en contra de los cismas, las divisiones eclesiales y de los pecados en contra de la fe (apostasía, magia, adivinación…). Más que el anuncio del evangelio y la expansión de la vida cristiana (ortopraxia) parecía importar un tipo de fidelidad interna (ortodoxia).  La inquisición fue para muchos cristianos el signo distintivo de la iglesia católica, como institución re-presora, en el sentido etimológico de la palabra. En esa línea ha seguido actuando hasta tiempos recientes (tras el Vaticano II) la continuadora de la Inquisición que ha sido y aún es la Congregación para la Doctrina de la fe. 

2.Signatura Apostólica

Llamada también “Congregación de gracia”, bajo el mando directo del Papa, como una ampliación de la Inquisición. Actuaba como Tribunal Supremo (un “ministerio de justicia”) y como “notaría apostólica” de la Iglesia. Preparaba los documentos (Breves apostólicos, Bulas…) que debían proponerse para la firma del Papa. Formulaba, proclamaba y defendía la doctrina oficial de la Iglesia romana, fundada evidentemente en el Evangelio de Jesús, rectamente interpretado por el Magisterio de la Iglesia. Según eso, la teología y pensamiento de la iglesia en su conjunto se identificaba con el pensamiento del Vaticano. 

3.Congregación del Consistorio

Se encargada de la fundación, administración y coordinación de todas las diócesis o iglesias católica del mundo. En tiempos anteriores las diversas iglesias (las diócesis y especialmente los patriarcados) había sido autónomos. En este momento, Roma asume de hecho el poder “superior” sobre todas las iglesias, hasta terminar nombrando a todos los obispos, ejerciendo un tipo de “primado” sobre cada una de las iglesias, de manera que los obispos empiezan a tomarse de hecho como delegados o representantes de papa en cada una de sus diócesis, sin “poder” propio. Este Consistorio preparaba asimismo la agenda secreta del Papa, funcionando también como una de corte de justicia del Papa.

 4.Congregación para asuntos económicos

Como cuarto poder (tras la Inquisición, la Signatura y el Consistorio, venía la Annona, entendida como arca o almacén económico. La Iglesia de Roma, que en otros momentos había sido económicamente independiente empieza a depender para su funcionamiento del dinero aportado (al menos en parte) por otras instituciones eclesiásticas (diócesis…)  y civiles (estados…). Esta Congregación estaba encargada de vigilar las cuentas económicas de la Santa Sede y de distribuir limosnas a los pobres. Su función ha sido y sigue siendo muy importante para el despliegue de la Iglesia de Roma, aunque al principio (hasta la caída de los Estados Vaticanos, año 1870), la iglesia de Roma actuaba también como un Estado independiente, con su propia economía.

5.Congregación de ritos y ceremonias

Éste fue quizá, después de la Inquisición, el más significativo de los “ministerios del Vaticano”. Por una parte, la iglesia de Roma “velaba” por la fe de todas las iglesias (inquisición); por otra parte “controlaba” (dirigía y “animaba” su culto). Más que institución evangelizadora, la Iglesia se entendía como “organización sacralizadora”, centrada en la celebración de sacramentos y ritos, especialmente de la Eucaristía, manteniendo así un mismo ritual en el conjunto de la cristiandad. Estudiaba además las causas de la canonización de los santos, la preparación y corrección de los libros sagrados (pontifical, ritual, ceremonial, misales etc.) y organizaba lo relacionado con el culto.

 6.Congregación para la defensa del Estado Pontificio.

Se ocupaba del ejército del papa y especialmente de su flota, para limpiar la costa de piratas, defender a los peregrinos y garantizar de la seguridad pública. Como centro de un “Estado religioso”, el Vaticano debía garantizar el orden político-social del conjunto del Estado. El ejército vaticano propiamente dicho termino con la supresión de los “Estados pontificios”, pero sigue como sino y resto de un pasado la famosa “guardia personal” del Papa (la Guardia de voluntarios de Suiza.

 7.Congregación del Índice de Libros prohibidos.

Había sido instituida por Pío V en 1571, en la línea de la Inquisición, en defensa de la “recta doctrina”. Sus miembros debían completar y actualizar el elenco de libros prohibidos, para mantenimiento de la fe católica, con ayuda de algunas universidades católicas más significativas (París, Bolonia, Salamanca y Lovaina). Esta Congregación, que se ha mantenido hasta el pontificado del Pablo VI, ha marcado no sólo el pensamiento oficial de la Iglesia Católica, sino la marcha de la cultura moderna, en un ejercicio de intensa resistencia ante las “falsas novedades” de la modernidad.

8.Congregación para la interpretación del Concilio (de Trento).

Sólo el Papa podría interpretar los decretos dogmáticos. Esta Congregación interpretaba los decretos disciplinares, teniendo que consultar con el Papa cada vez que lo hacía. No había ninguna institución independiente (ni teológica, ni disciplinar o canónica) con poder propio para interpretar el Concilio de Trento y la vida de conjunto de la Iglesia. Se creó de esa manera una inmensa institución endogámica de poder sacral, al servicio de una interpretación del Evangelio.

 9.Congregación para los agravios en los Estados Pontificios.

Recibía las quejas que los miembros que el clero y los ciudadanos de los Estados Pontificios elevaban contra el funcionamiento del Estado.  Era una especie de “tribunal interior” de la Iglesia, pero con sentido más político (administración de los Estados Vaticanos) que doctrinal, sacramental o teológico.

 10.Congregación para la Universidad de Roma

En principio regulaba el funcionamiento de la Universidad de Roma. Pero pronto recibió el encargo de ocuparse de todas las universidades católicas, vigilando sobre su ortodoxia, especialmente en teología y derecho canónico.

11.Congregación de religiosos.

Regulaba las cuestiones relacionadas con las órdenes religiosas, dirigiendo su funcionamiento, el paso de los religiosos de unas órdenes a otras, la exclaustración etc.

 12 Congregación de los obispos.

Se ocupaba de lo relacionado con los obispos y demás “prelados” en el gobierno de las iglesias; proponía candidatos para visitadores y vicarios apostólicos, y se ocupaba de la inmunidad eclesiástica y de los bienes de la Iglesia. 

13.Congregación de calles, puentes y aguas.

Se encargaba de las obras públicas del Estado Pontificio, actuando como un ministerio de fomento, en la línea de los nuevos estados más unificados que estaban surgiendo en España, Austria, Francia, Inglaterra etc.

14.Congregación para la Tipografía Vaticana.

Se encargaba de imprimir sin errores los libros eclesiásticos, en especial las biblias en hebreo, griego y latín; publicaba los decretos pontificios y los documentos de los concilios ecuménicos y de los Santos Padre. 

14 Congregación de la consulta.

Se ocupaba de resolver las dudas y conflictos, especialmente en causas civiles y criminales para los ciudadanos del Estado Pontificio. 

De esa manera, con la ayuda de quince congregaciones o ministerios, la Curia Vaticana pudo racionalizarse, apareciendo así como un Estado Eclesiástico, con un Gobierno unificado, encabezado por el Papa y “dividido” en quince ministerios o congregaciones,  superando el riesgo anterior de nepotismo e improvisación, con un cuerpo de funcionarios estables. La iglesia romana con su Papa vino a convertirse de esa forma en un Estado Religioso bien establecido, con burocracia eficiente para solucionar la mayor parte de los problemas de los católicos del mundo y en especial de los Estados Pontificios. Esa centralización administrativa resultaba necesaria, dentro de la visión absolutista de un papado, que debía resolver, de un modo directo, casi todos los aspectos de la vida de la iglesia.

Esta burocracia hizo posible el funcionamiento de una iglesia que, libre de la tutela de los reyes bizantinos (siglos IV-VII) y de los carolingio-germanos (siglos IX-XV), pudo actuar con independencia. De todas formas, por su misma falta de un ejército capaz de imponer su criterio, el Papa vino a quedar sometido, en otro plano, a las naciones católicas más significativas (España, Francia, Austria), que defendían sus intereses, tal como lo muestra claramente el derecho de veto que los reyes asumieron en el tema de las elecciones papales.

El primero en ejercer ese veto fue Felipe II, rey de España, que a la muerte de Sixto V, en 1590, presentó por su embajador una lista de candidatos «vetados». Ciertamente los cardenales protestaron, lo mismo que otros reyes católicos, pero todos aceptaron al fin esa práctica, porque les resultaba conveniente. De esa forma se vio que los papas no podían enfrentarse a los reyes, de quienes dependían y a cuyo servicio de algún modo se hallaban, de esa manera, en los dos siglos siguientes, hasta la Revolución Francesa de finales del XVIII, todos los papas siguieron estando bajo un tipo de control de los monarcas católicos. 

(sigue en dos días: Anunciad el evangelio II. Los poderes actuales de la curia vaticana del Papa).

La reforma de la Curia

‘Praedicate Evangelium’: Cómo empezar a superar el ‘infarto teológico’ del Vat II

Praedicate

«Ya en el número con el que se inicia el Preámbulo emergen algunas verdades que, evidentes, no han sido muy usuales hasta el presente en bastantes medios teológicos, espirituales y eclesiales»

«La Iglesia está llamada a insertarse en la vida cotidiana de los demás, acortando sus distancias, asumiendo la vida humana y tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo»

«Sospecho que el Papa Francisco acaba de abrir, como le gusta decir, un “proceso” sobre dicho “plus” de poder; reservado, hasta el presente en exclusiva, al ministerio ordenado tanto en el gobierno como en el magisterio de la Iglesia»

«¿En qué medida, esta reforma de la Curia es -en sintonía con la “conversión del papado” que lidera el Papa Bergoglio- más corresponsable que colegial o primacial?»

Por| Jesús Martínez Gordo teólogo

La Constitución Apostólica, “Praedicate Evangelium” es un magnífico trabajo, propio de un artista -o de un equipo de artistas-, atentos a los trazos finos. Nada que ver con la brocha gorda. Esta primera impresión no es sorprendente, habida cuenta de los nueve años que ha llevado su redacción y, supongo, que infinidad de retoques y enmiendas, algunas de las cuales son perceptibles en el cruce de lenguajes que atraviesa, de principio a fin, el texto: el teológico, el eclesiológico, el espiritual, el pastoral y, sobre todo, a partir del tercer capítulo, el jurídico y organizativo. Quien la lea se va a encontrar con un texto muy bien pensado y mejor redactado del que, exagerando, se podría decir que no falta ni sobra una coma

Es, además, un documento, que aconsejo examinar despacio, sobre todo, los capítulos primero (el Preámbulo) y segundo (dedicado a los Principios y Criterios). Ya en el número con el que se inicia el Preámbulo emergen algunas verdades que, evidentes, no han sido muy usuales hasta el presente en bastantes medios teológicos, espirituales y eclesiales: predicar el Evangelio del Hijo de Dios, Cristo Señor, pasa por dar testimonio -de palabra y obra- de la misericordia que la misma comunidad cristiana recibió gratuitamente, a ejemplo de Nuestro Señor y Maestro, lavando los pies a sus discípulos. Ello quiere decir que la Iglesia está llamada a insertarse en la vida cotidiana de los demás, acortando sus distancias, asumiendo la vida humana y tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Y es así, como el pueblo de Dios cumple el mandato del Señor que nos insta a cuidar de los hermanos y hermanas más débiles, más enfermos y más sufridos.

Y, otro tanto, hay que decir sobre los pasajes dedicados a la conversión misionera de toda la Iglesia, misterio de comunión; o sobre la sinodalidad, vivida y entendida como “escucha mutua”  entre “Pueblo fiel, Colegio Episcopal y Obispo de Roma” . E, igualmente, sobre los obispos individuales de los que se dice que representan a sus respectivas Iglesias “y todos, junto con el Papa, representan a la Iglesia universal en un vínculo de paz, de amor y de unidad” (nº 6). E, incluso, lo que se puede leer sobre las Conferencias Episcopales cuando sostiene que constituyen en la actualidad uno de los medios más significativos de expresión y servicio a la comunión eclesial que es preciso incrementar en su potencialidad. Ante ellas, se remarca, la Curia Vaticana no ha de “actuar como una interposición” (nº 9), sino como un servicio (nº 8). 

Reconozco que me ha resultado particularmente grato leer todos estos puntos (y otros de parecida relevancia); muchos de los cuales han sido objeto de no pocas dudas y retorcidas reinterpretaciones en el postconcilio. 

Pero, dejando para más adelante un posible análisis más detenido, me gustaría ofrecer un comentario de urgencia sobre dos puntos que me han brotado en la lectura que he realizado de esta Constitución Apostólica: el primero, referido a la capacidad gubernativa y magisterial del laicado y, el segundo, (que queda para una posterior entrega) sobre la reforma de la Curia Vaticana y su estrecha vinculación con lo que el Papa Francisco entiende y promueve como “conversión del papado”. 

1.- Un primer paso para superar el “infarto teológico” de la sinodalidad 

Sospecho que los comentarios a los números 10 del Preámbulo y al 5 del apartado dedicado a los Principios y Criterios van a requerir ríos de tinta. Ya están apareciendo, sin haber tenido tiempo para hacer una lectura medianamente reposada de toda la Constitución.

En el número 10 del Preámbulo, el Papa Francisco sostiene que en la reforma de la Curia se ha de “prever la implicación de los laicos, incluso en funciones de gobierno y responsabilidad”. Una sorprendente tesis que se remarca más adelante, en el número 5 del apartado dedicado a los Principios y Criterios, cuando proclama que “cualquier fiel puede presidir un Dicasterio o un Organismo”, habida cuenta de que “cada institución curial cumple su misión en virtud de la potestad recibida del Romano Pontífice, en cuyo nombre opera con potestad vicaria en el ejercicio de su munus primacial”. 

Se trata, como se puede apreciar, de una clara y contundente afirmación que, entre otros, se han encargado de matizar Gianfranco Ghirlanda, profesor emérito de la Facultad de derecho canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana; el cardenal Macello Semeraro, actual prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y el secretario del Consejo de Cardenales, Marco Mellino. 

Es indiscutible, ha explicado G. Ghirlanda, la bondad de que haya laicos en Dicasterios como el de Laicos, la Familia y la Vida. Pero no se puede obviar que esta Constitución Apostólica no deroga el Código de Derecho Canónico cuando establece “que los clérigos deben decidir en asuntos que afectan al clero”. Tal sería el caso de los Dicasterios de obispos, sacerdotes y culto, urgidos, por ello, a tener ministros ordenados al frente de los mismos. Esta observación, ha indicado seguidamente, no entorpece la tesis central de la nueva Constitución Apostólica (“los laicos tienen el mismo poder vicario que las personas consagradas”), sino, más bien, llama la atención sobre la necesidad de articular “la igualdad fundamental entre todos los bautizados” con la “diferenciación y complementariedad”.

¿Qué es lo que está en juego en esta proclamación papal sobre la implicación de los laicos en funciones de gobierno y responsabilidad y en las matizadas consideraciones, entre otros, de Gianfranco Ghirlanda?

De una manera rápida: la cuestión del “plus” de poder que se confiere a un bautizado por la recepción del ministerio ordenado. Sospecho que el Papa Francisco acaba de abrir, como le gusta decir, un “proceso” sobre dicho “plus” de poder; reservado, hasta el presente en exclusiva, al ministerio ordenado tanto en el gobierno como en el magisterio de la Iglesia. Y creo que lo hace partiendo de una máxima que, tradicional en la Iglesia, ha sido olvidada durante mucho tiempo: “lo que afecta a todos debe ser decidido por todos”, no solo por los ministros ordenados: obispos, presbíteros y diáconos. Habrá que debatir y, por supuesto, actualizar debidamente, la apropiación del “poder” en la Iglesia por parte del ministerio ordenado. Y tendremos que adentrarnos por esos caminos sacándolo de su tradicional marco de comprensión y ejercicio, absolutista y autoritario, en favor de otro corresponsable y sinodal. 

En concreto, creo que ello quiere decir que hay que dar explicaciones, teológica y dogmáticamente fundadas, sobre por qué los laicos y las laicas solo pueden intervenir en el gobierno y magisterio de la Iglesia por “participación” en la autoridad o poder del ministerio que, cristológica, es propia de los ministros ordenados: es el Señor -se viene sosteniendo durante siglos- quien los “escoge y designa”, dándoles “desde arriba” las tareas que, “reconocidas y ejercidas” en su nombre, les corresponden a ellos en exclusiva, gracias al sacramento del orden. Por eso, al laicado -y, concretamente, al ministro laico- solo le concierne “colaborar más directamente en el apostolado de la jerarquía”, dejando bien claro que su encomienda “no debe ser global”.

A diferencia de esta interpretación -todavía muy usual, incluso en círculos eclesiales progresistas- en el Vaticano II existe, junto con este modelo de apropiación de la raíz cristológica de la ministerialidad (y de la eclesiología y modo de gobierno que apadrina), otro, que funda la “participación” del laicado en la dirección de la Iglesia, no en el ministerio ordenado, sino en el sacerdocio de Cristo (LG 10)

Por tanto, la noción de “participación” tiene dos sentidos: o bien, como una dependencia del laicado ante el clero en una eclesiología jerárquica o, bien, como una articulación estructurante en el seno de una participación conjunta -corresponsable y sinodal- de todos los bautizados (incluida la diferenciada por el sacramento del orden) en la triple función de la celebración, de la enseñanza y también del gobierno. 

En el Vaticano II nos encontramos con un doble modelo eclesiológico, ministerial, magisterial y gubernativo: uno, jerárquico y marcadamente clerical. Y otro, muy prometedor, cuando explicita el fundamento cristológico de los “tria munera” (palabra, santificación y gobierno) y, concretamente, el sacerdocio común de los fieles: éste no es por participación del sacerdocio ministerial, sino del sacerdocio de Cristo. 

Como es sabido, en el postconcilio se ha asistido a un aparcamiento -y posterior olvido- de este segundo modelo. Es lo que, antes de ahora, he tipificado como “el infarto teológico” del Vaticano II ya que es más importante la “colaboración” con el ministerio ordenado que “la “participación” en el gobierno y magisterio (“realeza”), conferida por Cristo en el bautismo.

La experiencia de los equipos ministeriales en la diócesis de Poitiers (1994-2011), en sintonía con muchas iglesias del Tercer Mundo, sigue siendo referencial en lo que toca al desarrollo postconciliar de este modelo. Y, con él, a una necesaria revisión de la identidad y espiritualidad del ministerio ordenado que, en aquella ocasión, fue acompañada por Ch. Theobald y torpedeada, en sus implicaciones y consecuencias organizativas, durante el pontificado de Benedicto XVI; por supuesto, con su aquiescencia

Pero éste es un viento del Espíritu muy difícil de aplacar; y, menos, de acallar. Así lo evidencia por ejemplo, el reciente nombramiento de un laico, de una religiosa y de un diácono como “representantes del obispo” (los llamados “vicarios”) en los renombrados “territorios pastorales” (las antiguas “vicarías”) en las diócesis suizas de Lausana, Friburgo y Ginebra por iniciativa de su arzobispo, Charles Morerod; todo un adelantado -supongo que porque no ha estado ayuno de coraje evangélico- a esta Constitución Apostólica; al menos, en este punto.

Hay una segunda cuestión de fondo que me plantea la lectura de este texto y que dejo para un momento posterior:¿en qué medida, esta reforma de la Curia es -en sintonía con la “conversión del papado” que lidera el Papa Bergoglio- más corresponsable que colegial o primacial? Ya adelanto que Francisco está dando algunos pasos en este sentido, pero, en mi opinión, se trata de un “proceso” que, según cómo se mire, es percibido como muy lento y desmedidamente colegial y poco corresponsable; al menos, por una buena parte de los cristianos en la Europa occidental. Pero también como desbocado por otros sectores. 

Empiezo a sospechar que se trata de una tarea que sobrepasa al mismo papado y que -no tardando mucho- debiera llevar a la convocatoria y celebración de un Concilio Vaticano III para afrontarlo; la única manera de calibrar y salir al paso de la amenaza de cisma que gustan airear las minorías eclesiales.

Praedicate Evangelium: La estructura debe estar al servicio de lo esencial

«Laicado y la vida religiosa pueden ocupar los puestos de dirección que hasta ahora eran solamente para el clero»

De la reforma de la curia romana y otras reformas
De la reforma de la curia romana y otras reformas

«Comencemos por el título: ‘Predicar el evangelio’. Es un título muy sugerente para marcar una intencionalidad: la estructura debe estar al servicio de lo esencial»

«Hay colegios, hospitales, universidades, casas de la tercera edad, guarderías y, en fin, un sin número de obras llamadas ‘apostólicas’ que ya no son signo del reino. Son una gran empresa que funciona muy bien y sirve a muchas personas, pero que no testimonian el evangelio»

«La mentalidad piramidal con base en el ministerio del orden está tan introyectada en todo el pueblo de Dios que necesitamos un ejercicio de conversión profunda para que algún día sea realidad. ¡Muy difícil cambiar el rostro clerical de la Iglesia!»

«Ojalá que este documento mueva en algo a la curia romana pero no sobraría que cada uno, en la estructura eclesial en que se encuentra, revise su organización eclesial y proponga reformas a la luz de esta intencionalidad evangelizadora»

23.03.2022 Consuelo Vélez

Por fin se publicó la Constitución Apostólica Predicate Evangelium con la que el papa Francisco da directrices para la reforma de la curia. Ha sido uno de los propósitos de su pontificado y, aunque han pasado nueve años y parecía que nunca salía, al final la tenemos. Siendo sincera, conozco tan poco de la curia vaticana que al leer esta constitución no sé qué cosas cambian efectivamente. Por supuesto podría leer la anterior constitución y señalar los cambios, pero mejor dejar eso a los especialistas.

Sin embargo, a propósito de esa reforma, se pueden hacer algunos comentarios que ayuden a reflexionar sobre el servicio que ha de prestar la necesaria estructura de cualquier institución para garantizar su funcionamiento. Comencemos por el título: “Predicar el evangelio”. Es un título muy sugerente para marcar una intencionalidad: la estructura debe estar al servicio de lo esencial. En efecto, la razón de ser de la Iglesia no es ella misma, sino el ser sacramento del reino. Su tarea es anunciar la buena noticia, el amor de Dios por toda la humanidad.élez

Misericordia

¿Cómo hacerlo? Ante todo, con el testimonio -de palabra y de obra- y este testimonio ha de ser el de la “misericordia”tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo, estando del lado de los más débiles, más enfermos, más sufridos. Por esto, la evangelización implica la opción preferencial por los pobres y de ahí, que la Jornada Mundial de los pobres que el papa instituyó en 2016, fue encargada al Dicasterio de la Evangelización. Pero también se señala que este Dicasterio ha de discernir los signos de los tiempos y estudiar las condiciones socioeconómicas y ambientales de los destinatarios. Muy importantes estas intencionalidades porque la evangelización no es un conjunto de doctrinas a transmitir sino un discernimiento de la voz de Dios que se revela en la historia.

Todo lo anterior puede iluminar el sentido de todas las obras de la Iglesiaque surgieron con esa perspectiva evangelizadora. Ellas nacen del compromiso con una realidad y van creciendo y consolidándose, garantizando así su permanencia. Pero no siempre ese crecimiento mantiene la sencillez del evangelio, la agilidad de la vida sobre la norma, la significatividad que esa obra puede tener para la realidad actual.

Hay colegios, hospitales, universidades, casas de la tercera edad, guarderías y, en fin, un sin número de obras llamadas “apostólicas” que ya no son signo del reino. Son una gran empresa que funciona muy bien y sirve a muchas personas, pero que no testimonian el evangelio porque sus costos, su prestigio, su seguridad, las hace inaccesibles para algunos, especialmente, para los más pobres. Siempre habría que hacer un discernimiento profundo sobre ellas para ser capaz de soltarlas cuando no prestan un servicio evangelizador y emprender otras que mantengan la buena noticia del reino.

Pero volvamos a la Constitución Praedicate Evangelium. Tal vez lo más interesante es lo de abrir las funciones de gobierno y de responsabilidad a todo el pueblo de Dios. Es decir, ahora el laicado y la vida religiosa pueden ocupar los puestos de dirección que hasta ahora eran solamente para el clero. Para que esto sea posible ha sido necesario aclarar que el oficio de gobierno no necesariamente está asociado al ministerio del orden, como lo ha sido hasta el presente. Será maravilloso que se introduzca ese rostro plural en la curia vaticana. Sin embargo, pasarán muchas décadas para verlo hecho realidad.

¿Será que el clero soltará el poder? No es fácil. ¿Será que el laico cuando ocupe algún puesto de responsabilidad querrá que muchos otros laicos estén allí, perdiendo el privilegio de ser de los pocos laicos en tan importantes puestos? ¿será que la jerarquía cumplirá las disposiciones que el laicado tome? Debería ser porque la iglesia es un pueblo de Dios, todos con la misma dignidad, pero ejerciendo ministerios distintos -no mejores, ni de mayor rango- sino distintos, todos ellos para la edificación del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Pero la mentalidad piramidal con base en el ministerio del orden está tan introyectada en todo el pueblo de Dios que necesitamos un ejercicio de conversión profunda para que algún día sea realidad. ¡Muy difícil cambiar el rostro clerical de la Iglesia! Pero no imposible si buscamos empujarlo.

La reforma también está en la dinámica de la descentralización para que tengan más protagonismo las Conferencias Episcopales y de mayor corresponsabilidad entre todos los Dicasterios. No tengo la menor idea cómo funcionan esas oficinas. Pero la impresión que se tiene es que son lugares casi inaccesibles y que después de que allí se pronuncie alguna decisión, revertirla será muy difícil. Conocemos el papel inquisidor de la Doctrina de la fe -que con Francisco ha cambiado bastante su cara- pero también de las dificultades para que allí se entienda la dinámica de la vida de las comunidades y contribuyan a que las normas se ajusten a la vida y no la vida a las normas preconcebidas. Conozco casos muy cercanos en los que las consultas a dichos Dicasterios han traído más complicaciones que facilidades, porque eso de que la ley es para el ser humano y no al contrario, se ha quedado en los pasajes del evangelio, pero muy poco en la praxis de la Iglesia.

Los que conocen más de cerca la intencionalidad del papa con esta Reforma de la curia, anotan que hay que leerla en la dinámica de la Exhortación Evangelii Gaudiumcon todo lo que allí se propone de una Iglesia en salida, de la dimensión social de la fe, de la opción por los pobres, del protagonismo del laicado, etc. Y también hay que leerla en la línea de la sinodalidad de la que estamos hablando en este último tiempo.

Por tanto, no podemos quedarnos en leer las normas que allí se describen para cada dicasterio sino hacerlo en ese horizonte para sacar consecuencias más relevantes. De hecho, en la Predicate Evangelium se afirma que cualquier cambio de estructuras no depende solo de disposiciones organizativas sino de los sujetos que realizan esas funciones. Verdaderamente es así, la mejor organización fracasa si los sujetos que están en ella no responden a los objetivos que se persiguen, aunque también es verdad que por muy buenas intenciones que tengan los sujetos si las estructuras no contribuyen, tampoco se pueden realizar muchas cosas.

Ojalá que este documento mueva en algo a la curia romana pero no sobraría que cada uno, en la estructura eclesial en que se encuentra, revise su organización eclesial y proponga reformas a la luz de esta intencionalidad evangelizadora. Lamentablemente, la estructura esclerotizada que tiene hoy nuestra iglesia no solo se vive en esos espacios universales sino también en espacios eclesiales más pequeños, allí donde se debería vivir la libertad del espíritu de Dios y de donde podría surgir más vida que hiciera posible la tan anhelada reforma de la Iglesia.

Bautismo y Misión: dos claves de Praedicate Evangelium

El Papa Francisco saluda a fieles durante una audiencia general

Bautismo y misión, las dos claves conciliares de Praedicate Evangelium

El vínculo entre la nueva constitución sobre la Curia Romana y el Concilio Vaticano II sobre la prioridad de la evangelización y el papel de los laicos

Por Andrea Tornielli

La constitución apostólica Praedicate Evangelium sobre la Curia Romana, publicada el sábado 19 de marzo, sistematiza un camino de reformas originadas en la discusión del pre-cónclave de 2013 y ya aplicadas en gran medida en los últimos nueve años. Es un texto que profundiza y hace efectivas las orientaciones del Concilio Ecuménico Vaticano II, que tuvo como finalidad original precisamente la respuesta a la gran pregunta de cómo anunciar el Evangelio en un tiempo de cambio que luego resultaría ser -como subraya a menudo Francisco- un cambio de época. La unificación en un solo dicasterio dirigido directamente por el Papa de la antigua y estructurada congregación de Propaganda Fide y del jovencísimo Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, indica la prioridad dada a la evangelización expresada en el documento ya desde el título. ¿Cómo dar testimonio de la belleza de la fe cristiana a las nuevas generaciones que no hablan ni comprenden los viejos lenguajes? ¿Cómo conseguir que la levadura del Evangelio vuelva a fermentar tanto la masa de las sociedades que un día fueron cristianas como la de las sociedades que aún no conocen a Jesucristo? La Iglesia que se hace diálogo para evangelizar ha sido el leitmotiv de los últimos pontificados y ahora este aspecto es ulteriormente remarcado también en la estructura de la Curia Romana. Curia que no es un organismo en sí mismo, un «poder» de gobierno sobre las Iglesias locales, sino una estructura al servicio del ministerio del Obispo de Roma, que actúa en su nombre, bajo sus indicaciones, ejerciendo un potestada «vicaria» de aquella del Vicario de Cristo.

Un segundo elemento significativo de la nueva constitución es el desarrollo de un deseo presente en los textos conciliares sobre el papel de los laicos. Francisco recuerda en el Preámbulo que «El Papa, los obispos y los demás ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia… Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es un discípulo misionero en la medida en que se ha encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús». De esto deriva la participación de los laicos y laicas en las funciones de gobierno y responsabilidad. Si «cualquier fiel» puede presidir un dicasterio o un organismo curial, «dada su peculiar competencia, potestad de gobierno y función de estos últimos», es porque toda institución de la Curia actúa en virtud de la potestad que le ha sido confiada por el Papa. Este pasaje, que ya está en marcha, forma parte de la teología del Concilio sobre el laicado. La afirmación contenida en la nueva constitución apostólica aclara que un prefecto o un secretario de dicasterio que sean obispos no tienen autoridad como tales, sino sólo en la medida en que ejercen la autoridad que les confiere el Obispo de Roma. Y esta potestad, en el ámbito de la Curia Romana, es la misma si la recibe un obispo, un sacerdote, un religioso, un laico o una laica. Se suprime así la especificación contenida en el número 7 de la constitución apostólica Pastor Bonus, la última reforma estructural de la Curia Romana llevada a cabo durante el pontificado de San Juan Pablo II, en la que se establecía que «los asuntos, los cuales requieren el ejercicio de la potestad de gobierno deben reservarse a los que han sido conferidos con el Orden Sagrado».

Se realiza así, plenamente, lo establecido por el Concilio y ha sido ya incorporado en las leyes canónicas, donde se reconoce que en virtud del bautismo entre todos los fieles «existe una verdadera igualdad en la dignidad y en la acción».

El Papa reforma la Curia…

…para dar más espacio a los laicos y las mujeres en la Iglesia

El papa Francisco, en una imagen de archivo. EFE/EPA/MAURIZIO BRAMBATTI
El papa Francisco, en una imagen de archivo. EFE/EPA/MAURIZIO BRAMBATTI
  • La esperada reforma de la Curia, que este sábado ha visto la luz completamente por sorpresa, entrará en vigor el próximo 5 de junio

Jesús Bastante / elDiario.es

Nueve años de pontificado, decenas de encuentros con el grupo de cardenales que lo asesora, dificultades, trabas y un trabajo que ya estaba siendo realizado, de facto, en los distintos dicasterios. Todo para “predicar el Evangelio” y hacerlo mejor, pensando en los preferidos del Señor y no tanto en una Curia anquilosada y autorreferencial. Estos son los ejes de ‘Praedicate Evangelium’, la esperada reforma de la Curia, que este sábado ha visto la luz, completamente por sorpresa, coincidiendo con el noveno aniversario del comienzo del Pontificado del Papa Francisco.

Entrará en vigor el próximo 5 de junio, fiesta de Pentecostés, y abre a la puerta a una mayor presencia de laicos y mujeres en la administración.

Espaldarazo al papel de laicos, mujeres y matrimonios en el futuro

 El Papa Francisco deja claro que “todo cristiano es un discípulo misionero” y que “el Papa, los obispos y otros ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia”. De esta manera, “la actualización de la Curia debe prever la participación de los laicos, también en funciones de gobierno y responsabilidad”.

“Su presencia y participación es también indispensable, porque cooperan al bien de toda la Iglesia y, por su vida familiar, su conocimiento de las realidades sociales y su fe que les lleva a descubrir los caminos de Dios en el mundo, pueden hacer aportaciones válidas, especialmente en lo que se refiere a la promoción de la familia y al respeto de los valores de la vida y de la creación, al Evangelio como fermento de las realidades temporales y al discernimiento de los signos de los tiempos”, señala el Papa, dando así un espaldarazo definitivo al papel de laicos, matrimonios, mujeres y jóvenes en el presente y futuro de la Iglesia.

El Papa y el Colegio de Obispos

En cuanto al papel del Papa y de los obispos, Francisco admite que, aún hoy, “en la Iglesia, una sociedad jerárquicamente organizada, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles, están unidos en un único cuerpo episcopal”, con “comunión jerárquica con la cabeza del Colegio y con sus miembros, es decir, con el propio Colegio”.

En este sentido, el Papa reconoce la misión de las conferencias episcopales, como símbolo de la comunión episcopal, y que suponen, hoy, “uno de los modos más significativos de expresar y servir a la comunión eclesial en las distintas regiones junto con el Romano Pontífice, garante de la unidad de la fe y de la comunión”. 

En lo tocante a la Curia Romana, el Papa estima que su labor “está también en relación orgánica con el Colegio de los Obispos y con los Obispos individuales, y también con las Conferencias Episcopales y sus Uniones regionales y continentales, y las estructuras jerárquicas orientales, que son de gran utilidad pastoral y expresan la comunión afectiva y efectiva entre los Obispos”.

“La Curia no se encuentra entre el Papa y los Obispos”

“La Curia Romana no se encuentra entre el Papa y los Obispos”, explica el Pontífice. “La Curia Romana no se interpone entre el Papa y los Obispos, sino que se pone al servicio de ambos en las formas propias de la naturaleza de cada uno”. De hecho, otro de los objetivos de la reforma, tal y como explica Bergoglio, es “potenciar” las conferencias episcopales, “sin que actúen como una interposición entre el Romano Pontífice y los Obispos, sino que estén a su pleno servicio”.

De hecho, las competencias que se recogen en el documento “tienen por objeto expresar la dimensión colegial del ministerio episcopal e, indirectamente, reforzar la comunión eclesial”, concretando el ejercicio conjunto de determinadas funciones pastorales en bien de los fieles de sus respectivas naciones o de un determinado territorio

Constitución Apostólica «Praedicate Evangelium»

Las 7 claves de la nueva Constitución Apostólica del papa Francisco

Papa Francisco, audiencia general niño

Francisco ha promulgado hoy su reforma sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia en el mundo, en la que establece que cualquier fiel puede estar al frente de un Dicasterio del Vaticano

Más de 240 artículos en 11 capítulos componen la nueva constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’. En este documento, publicado por la Santa Sede hoy, solemnidad de San José, el papa Francisco promulga su reforma sobre la Curia romana y su servicio a la Iglesia en el mundo. Entrará en vigor el 5 de junio de 2022, solemnidad de Pentecostés, perdiendo así vigencia la constitución apostólica ‘Pastor bonus’, de Juan Pablo II.


Este es el documento que consolida la organización que Francisco ha puesto en marcha durante los últimos años, con cambios en los organismos esenciales del funcionamiento de la Santa Sede. A continuación, las 7 claves de la nueva constitución apostólica que regirá la Iglesia durante los próximos años:

1. Cualquier fiel puede dirigir un Dicasterio

En el texto se detalla no solo el funcionamiento de la Curia y de los organismos del Vaticano, sino que se da una especial importancia a la sinodalidad como medio de evangelización y de crear conexiones más fuertes en la vida de la Iglesia. Tanto es así que, entre los principios generales de ‘Praedicate Evangelium’ se especifica que “todos”, lo cual incluye a los laicos y laicas, pueden ser nombrados para llevar a cabo funciones de gobierno y responsabilidad de la Curia romana.

2. Gran importancia a la protección de menores

El documento traspasa la Comisión Pontificia para la Protección de Menores al seno de la Curia, uniéndola al Dicasterio para la Doctrina de la Fe: “La tarea es asesorar y aconsejar al Romano Pontífice y también proponer las iniciativas más adecuadas para la protección de los menores y de las personas vulnerables”.

3. Reforma de la Curia

La Curia romana ya no estará únicamente al servicio del Papa, sino que pasa a estarlo de todas las diócesis –no solo para comprobar su funcionamiento–. Asimismo, el texto insiste en la necesidad de crear mecanismos de colaboración y trabajo en red entre los dicasterios. Por último, se exige a los miembros de la Curia, así como a quienes trabajen en los distintos dicasterios, “integridad personal y profesionalidad”.

4. Reducción de dicasterios

La nueva Constitución Apostólica reduce el número de Dicasterios, uniendo aquellos cuya finalidad fuera muy similar o que se complementaban entre sí con el objetivo de hacer más eficaz el trabajo. Al mismo tiempo, se suprimen los Consejos Pontificios y las Congregaciones para pasar a llamarse, todos ellos, Dicasterios.

5. Dicasterio al Servicio de la Caridad

Nace el nuevo Dicasterio para el Servicio de la Caridad (Limosna Apostólica), que “ejerce en cualquier parte del mundo la obra de asistencia y ayuda” hacia los necesitados en nombre del Papa.

6. Dicasterio para la Evangelización

La Constitución Apostólica crea, asimismo, un gran ‘ministerio’ para la Evangelización en el que se unifica la labor que hacen hoy la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Propaganda Fide) y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Ambos se fusionan y pasan a ser el Dicasterio para la Evangelización, presidido directamente por el Papa.

7. Un gran ‘Ministerio de Cultura’

Por otro lado, la Constitución Apostólica fusiona también el Consejo Pontificio para la Cultura y la Congregación para la Educación Católica, que pasan a ser el Dicasterio para la Cultura y la Educación. Estará dividido en dos secciones: una dedicada a la promoción cultural y la animación pastoral; y la otra para desarrollar los principios de la educación en los centros de estudio católicos.