Asuntos pastorales en la Praedicate Evangelium (III)

Iglesia laical
Iglesia laical

«La presencia de los fideles laici es constante en Predicate Evangelium y el acceso de laicos a la Curia romana es ostentoso»

«Es evidente que cada vez más, por falta de clérigos, haya que contratar a laicos en las estancias vaticanas y en las estancias de los palacios episcopales»

«Si, esencialmente, lo prioritario es la Salvación, previa Evangelización, es coherente que el primer Dicasterio sea para la Evangelización, reservándose el mismo Papa la presidencia directa»

Por Ángel Aznárez

B).- Asuntos pastorales (Continuación): 

En la primera parte, aquí publicada el último 30 de abril, escribí acerca de «Lo jurídico en Praedicate Evangelium”; en la segunda parte, también aquí publicada, esta vez el 12 de mayo último, escribí “Sobre la naturaleza pastoral de Praedicate Evangelium”. Hoy, en la tercera, seguiré con lo pastoral y se avanzará en lo teológico al final, la cuarta parte.

La continuación ahora con el laicado ha de serlo en su relación con aquella Constitución Apostólica, sobre la reforma de la Curia romana, dejando aparcadas la “teoría general” (base conciliar, de catecismo y del Codex), que es asunto de la Eclesiología, tal como se desarrolla, por ejemplo, en el capitulo X del Manual de Eclesiología de Eloy Bueno de la Fuente (B.A.C. 3ª Edición, 2021); y también aparcando para más tarde, la cuarta parte, la “teología del laicado”, que, junto a la “teología del Papado” y a la “teología del episcopado”, resultan y resaltan en Praedicate Evangelium”.

Iglesia laical

Una Curia que es una institución eclesiástica, de derecho eclesiástico y no divino, que,  como se escribe en P.E. es de índole vicaria que “opera en nombre del Romano Pontífice con potestad vicaria en el ejercicio de su munus primacial. Al carácter instrumental, ministerial, de ayuda también se refirieron San Pablo VI y Juan Pablo II en sus Constituciones Apostólicas de Reforma curial. Este último Papa dijo en la Introducción a la Pastor Bonus: 

“No actúa por derecho propio ni por iniciativa propia: pues ejerce la potestad recibida del Romano Pontífice debido a esa relación esencial y originaria que tiene con él; porque la característica propia de esta potestad es vincular siempre el propio afán con la voluntad de aquel de quien procede, de forma que exprese y manifieste la fiel interpretación de la voluntad, sintonizando e incluso casi identificándose con ella, para bien de la Iglesia y servicio de los obispos”. 

Es necesario recordar lo escrito por Santiago Madrigal, SJ en el libro Sinodalidad y Reforma: “El redescubrimiento de una Iglesia sinodal es uno de los efectos principales y visibles del proceso de recepción del Vaticano II”, y debe tenerse en cuenta lo ya expuesto en la 2ª parte: “Según múltiples autores, con el pontificado de Francisco se ha iniciado una nueva fase en la recepción del Vaticano II”.

Habrá que tener muy presente, partiendo del Vaticano II, los dichos y hechos del “Papa del Concilio” -cuyo documento más importante fue la Constitución dogmática Lumen Gentium-, caso de San Pablo VI y Papas del post/Concilio, caso de San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.  Todos esos Papas supieron de la novedad teológica que supuso el capítulo IV sobre “Los laicos” de L.G., y de manera autónoma, o sea, no contrapuesta o subordinada a los clérigos, como se escribió en la parte anterior.

Laicos en la Iglesia

Gustave Martelet lo dijo: El Concilio definió a los laicos, no por su referencia a los clérigos, sino ante todo, por su referencia a Cristo. Recuérdese que el texto final de la Lumen Gentium no fue precisamente el inicial propuesto, con mucho debate y con participación destacada de los llamados “peritos” como Ratzinger, futuro Benedicto XVI. Y unos laicos considerados con particularidades (número 30).  

San Pablo VI, al que la Pastor Bonus de San Juan Pablo II y Predicate Evangelium de Francisco, reformadoras de la Curia romana, recuerdan como el autor de la Constitución apostólica Regimini Ecclesiae universae (1967), sólo pocos días después de su elección papal, en el año 1963 (21 de septiembre), pronunció un importante discurso a la Curia romana, en el que llegó a decir: “Serán precisas diversas reformas. Serán ciertamente ponderadas, ordenadas, de acuerdo con las venerables y razonables tradiciones, por un lado, y de acuerdo con las exigencias de los tiempos, por otro”.

Citó a San Bernardo: “¿Por qué no escoger de todo el mundo a los que un día habrán de juzgar al mundo entero”. Y concluyó: “No os desagrade si os pedimos a todos, eclesiásticos y seglares de la Curia romana…” ¡Que lejos estaban aún ese documento (1963) y el de 1967, de ser consecuente con el capítulo IV de Lumen Gentium! 

San Juan Pablo II, el Papa de Pastor Bonus (28 de junio de 1988), escribió una impresionante Exhortación Apostólica, fechada el 30 de diciembre de 1988, Christifideles laici,  sobre la “vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el Mundo”. Y sólo el Papa Francisco se atrevió en verdad a meter los laicos en el coto vedado a clérigos, que eso fue durante tantos años  la Curia Romana. Y reitero: “Con el Pontificado de Francisco se ha iniciado una nueva fase en la recepción del Vaticano II”. 

Iglesia laical

Eso lo hace Francisco en Predicate Evangelium, a la manera habitual, con un lenguaje a confuso, ambiguo y tan complejo entre lo diplomático y/o canónico, que tanta “gracia” hace a los que ya estamos acostumbrados a los laberintos eclesiásticos: no hay cosas menos claras y disfrazadas que esas. Es verdad que a la Iglesia romana le falta la valentía de la verdad y de la claridad, y amante de tanto escondite por históricas razones y complejos de psiquiatra o de psicoanalista, con o sin diván, que tanto la hunden en el descrédito. Volví a manosear el libro de Daniel Duigou, sacerdote, titulado  L´Église  sur le diván, ed. Bayard, 2009.  

La presencia de los fedele laici es constante en Predicate Evangelium y el acceso de laicos a la Curia romana es ostentoso si se compara la Constitución apostólica de reforma de la Curia romana (“Estructura”) del Papa Francisco con las dos anteriores, de los Santos Papas Pablo VI y Juan Pablo II. El Papa Francisco llega a decir: “Cualquier fiel puede presidir un Dicasterio  o un Organismo, dada la peculiar competencia, poder de gobierno y función de este último”.  

Si la reivindicación y la presencia de los laicos en la Iglesia son una de las características de lo eclesial actualmente, desacreditado desde el Papado mismo el clericalismo, cómo y cómo en la reforma de la Curia, el Papa se iba a olvidar de los laicos. Y más teniendo en cuenta la escasez de vocaciones sacerdotales –problemas enormes la falta de clérigos- siendo evidente que cada vez más, por falta de clérigos, haya que contratar a laicos en las estancias vaticanas y en las estancias de los palacios episcopales.

También a esto se llama “hacer de la necesidad virtud”. Clérigos con voto de obediencia y que lo vocacional o “llamada de Dios” hacían gratuitos “servicios” que se prestaban y que ahora dejan de serlo –celibato y gratuidad- que en el servicio por célibes a la Iglesia estuvo siempre la gratuidad. Hoy, con laicos no célibes, que pueden necesitar medios económicos para subsistir, solos o con familia, la gratuidad pudo haber pasado ya a la Historia.

Y lo que antes se ganaba en Bancos, teóricamente santos, pero en verdad pecadores, endiablados, para pagos muchas veces inconfesables de cardenales y obispos, hay que seguir ganándolo aunque de otra manera, para pagar a los laicos por conducir vehículos, coger teléfonos, ser monaguillos, limpiar estancias palaciegas, redactar discursos o hacer teologías. Lo que en otros tiempos fue causa gratuita o de mera liberalidad, hoy es ya onerosa o remuneratoria en terminología del Código Civil español (artículo 1274)

Si, esencialmente, lo prioritario es la Salvación, previa Evangelización, es coherente que el primer Dicasterio sea para la Evangelización, reservándose el mismo Papa la presidencia directa. También es coherente que la Congregación para la Doctrina de la Fe, el antiguo Santo Oficio hasta 1965, pase a ser un Dicasterio más, antes Congregación llamada “La Suprema”, encargada de vigilar con el mayor rigor sobre el depósito de la fe. No es difícil imaginar el gesto que en el Cielo habrá puesto el que fue cardenal Ottaviani?

Evangelización

C.- Asuntos teológicos: 

Christine Pedotti, en el libro La bataille du Vatican (1959-1965) escribe: “El Concilio Vaticano I había principalmente tratado del Papa y de su autoridad, de su jurisdicción, de su infalibilidad, pero nada había dicho de los obispos. Era necesario encontrar en el Vaticano II un equilibrio, pues el episcopado es un sacramento. ¿Cuál es la situación de Pedro en medio de los Doce, del Papa en medio de los Obispos?”. 

Aquí están, también en Predicate Evangelium, las teologías del Papado y de los Obispos, a las que hay que añadir, la de los laicos, estando ya en ámbitos propios de la Teología y del Derecho Divino. 

Continuará

Las cinco claves de la nueva Constitución Apostólica

Reforma de la Iglesia

Esperada por mucho tiempo, “Prediquen el Evangelio” es vista como un paso más en la reforma de la Curia. Una mirada por los ejes que marcarán los tiempos del texto que entrará en vigencia el domingo

Secretaría de Estado: «¿Se parecerá más a un ministro coordinador, al estilo de las democracias occidentales? ¿Pasará a ser solo una correa de transmisión entre el obispo de Roma y sus Dicasterios?»

Dicasterio de Evangelización: «¿Llegará a ser oficializada la decisión al punto de igualar el nuevo cargo con los otros títulos del Sumo Pontífice, como obispo de Roma?»

El rol de un Krajewski claramente empoderado, entonces, aparece como otra de las grandes claves de la nueva Constitución

Se busca reducir la presencia masiva de cardenales y obispos en Roma sin funciones de Gobierno, lo que no solo debilita sus diócesis de origen, sino que además ayuda a crear la imagen de la Curia como una fuente constante de chismes

La nueva Constitución busca en definitiva dar las herramientas para que las limitaciones canónico-jurídicas no puedan ya ser una excusa a la hora de poner en práctica una Iglesia en salida, de servicio y misionera como la que Francisco tiene mente incluso desde antes de su entronización

Por Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

Definida por fuentes vaticanas como “un punto de partida” para la reforma estructural de la Curia romana más que como un “punto de partida”, la tan esperada Constitución Apostólica “Prediquen el Evangelio” finalmente entrará en vigencia este domingo 5 de junio tras su promulgación del 19 de marzo. Más allá de algunos detalles no-tan-detalles (como que por el momento la única versión oficial sea en italiano, sin traducciones disponibles en las web vaticanas), el texto parece haber sido concebido para ir haciéndose camino al andar, como diría el poeta, y en definitiva su éxito dependerá mucho del espíritu, de los nombres y de la actitud con la que se la vaya poniendo en práctica.

Parte de esa hermenéutica sobre la nueva Constitución se la planteó el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga a Religión Digital hace unos días: “La reforma no es la Constitución Apostólica que es solo una parte, en realidad, comenzó cuando el Papa dijo que quería vivir en Santa Marta”. ¿A qué apuntó el purpurado que fue central en la redacción de la nueva Carta Magna? La Constitución por sí sola es solo un compendio de disposiciones, lo que importa es cómo se irán resolviendo e interpretando sus normas. Para resumir: Canónicamente, el trabajo está hecho; falta ahora darle sentido pastoral.

En ese marco, una lectura de la nueva Constitución en comparativa con su predecesora, la Pastor Bonus de 1988, abre al menos cinco interrogantes sobre ejes que podrían ser claves a la hora de evaluar la suerte de su implementación o que ofrecen trazos del tipo de Curia que el pontífice y su consejo de asesores tuvo en mente a la hora de darle forma y cuerpo al nuevo texto.

– El secretario de Estado: ¿un “primer ministro” o un organizador de agendas?

Uno de los ejes de la nueva Constitución pasa por el rol asignado a la secretaría de Estado, uno de los dos organismos (el otro es la de Economía) que aparece denominada como secretaría y no como Dicasterio. Lo que a priori podría parecer entonces como una ratificación de un rol de “primus inter pares” enseguida entra en duda al ver que en el primer artículo que se le dedica (el 44) se la describe como “secretaría papal”.

¿Qué significa ese rol? ¿A qué se refiere cuando plantea que su misión es “ayudar de cerca” al Papa en su misión?

A primera lectura, parecería que la misma interpretación que le cabe al texto de toda la nueva Carta Magna podría aplicarse al cargo que hoy ocupa Pietro Parolin: dependerá mucho de la dinámica que se establezca entre el secretario de Estado y el Papa y de la impronta personal que quien ocupe la titularidad del Palacio Apostólico busque imprimirle.

¿Se parecerá más a un ministro coordinador, al estilo de las democracias occidentales? ¿Pasará a ser solo una correa de transmisión entre el obispo de Roma y sus Dicasterios?

-¿Cómo convivirán Tagle y Fisichella?

Una de las novedades que nadie pudo anticipar fue la decisión de que el nuevo megaDicasterio (que se podría decir, incluso da nombre a la Constitución) dedicado a la Evangelización pase a estar presidido directamente por el Papa. Este hecho, además de estar ligado con las preguntas de algunas líneas más arriba (¿El secretario de Estado hará entonces de ministro coordinador en un Gabinete en el que el propio Papa encabeza un ministerio?) supone una novedad histórica con apenas un antecedente lejano, la decisión en 2017 del pontífice de que dependiera directamente de él la entonces nueva sección dedicada a la migración creada en el ámbito del también inédito Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Pero la decisión de que el Papa actúe como prefecto del nuevo Dicasterio que incorpora ahora Prediquen el Evangelio es mucho más compleja a nivel cuantitativo y cualitativo. ¿Llegará a ser oficializada la decisión al punto de igualar el nuevo cargo con los otros títulos del Sumo Pontífice, como obispo de Roma?

La unificación en un solo Dicasterio dirigido directamente por el Papa de la antigua y estructurada congregación de Propaganda Fide y del jovencísimo Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, indica la prioridad dada a la evangelización expresada en el documento ya desde el título. El hecho de que el Papa se ponga a la cabeza de la Evangelización, además de evidenciar un diagnóstico preciso de la importancia que requiere una “Iglesia en salida”, muestra además que la estructura del nuevo mega-ministerio tendrá dos “número dos”: ¿serán el italiano Rino Fisichella y el filipino Luis Tagle?

Las dos secciones que convivirán bajo el mando del Papa son la dedicada “a la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares” la que se ocupará de “las cuestiones fundamentales de la Evangelización en el mundo”.

Encargado del exitoso Jubileo de 2016, confirmado para el de 2025, que Fisichella no vaya a ser creado cardenal el próximo 27 de agosto sorprendió a más de uno dentro del Vaticano, más aún si como parece será uno de los dos “pro-prefectos” del Dicasterio que comandará el Papa.

En el caso de Tagle, quizás considerado papable demasiado temprano, la incógnita pasa por ver cómo recibirá el hecho de no haber quedado a la cabeza del Dicasterio. De esa relación entre los “número dos” del Papa, al día de hoy Fisichella y Tagle, se podrá leer otra de las claves de la nueva Constitución.

-Krajewski, clave en el territorio

Si con los nuevos cardenales que serán creados el 27 de agosto parece haber primado una intención pontificia de marcar la presencia en el territorio de las Iglesias locales, lo mismo podría decirse de la envergadura que la nueva Constitución le otorga al trabajo en el campo: así se entiende la elevación a “ministerio” de la actual Elemosinería, que pasará a ser el Dicasterio para el Servicio de la Caridad.

Con un rol preponderante, el nuevo organismo “es una expresión especial de la misericordia y, a partir de la opción por los pobres, los vulnerables y los excluidos, ejerce en cualquier parte del mundo la obra de asistencia y ayuda hacia ellos en nombre del Romano Pontífice, que en los casos de particular indigencia u otra necesidad, dispone personalmente las ayudas que se han de asignar».

No es menor el hecho de que, con el nuevo Dicasterio, la palabra “servicio” aparezca por segunda vez en el nombre de uno de los “Ministerios”. El Papa ha elogiado en público y en privado varias veces a Krajewski justamente por el hecho de mezclarse entre pobres y necesitados para llevar la ayuda del pontífice a donde sea necesaria. Incluso, como pasó recientemente, manejando el mismo las ambulancias donadas por Francisco.

La elevación a Dicasterio del trabajo que Krajewski viene realizando en estos años marca entonces la importancia que el Papa le asigna a la presencia en el terreno, al hecho de tocar las necesidades del pueblo y, entonces, poder asistirlas. El rol de un Krajewski claramente empoderado, entonces, aparece como otra de las grandes claves de la nueva Constitución.

-¿Será la Doctrina de la Fe un corset para la Comisión de Tutela de Menores?

En términos de organigrama, uno de los cambios más notorios es la incorporación al nuevo Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, que en su nuevo rol, dice el texto de la Carta Magna, “debe dar al Romano Pontífice de consejo y consulta y proponer las iniciativas más oportunas para la salvaguardia de los menores y de las personas vulnerables”.

Convertida en uno de los faros mediáticos del pontificado, la pregunta es si la Comisión logrará conservar su independencia y hasta qué punto podrá manejarse con soltura dentro del ámbito formal de la Curia, en sintonía directa con los encargados de aplicar Justicia para los casos de abusos.

Apenas la nueva Constitución vio la luz, el cardenal Seán P. O’Malley de Boston, presidente de la comisión y miembro del Consejo de Cardenales que redactó la Carta Magna, indicó que vincular más estrechamente la comisión y el Dicasterio «ha hecho salvaguardar y la protección de los menores una parte fundamental de la estructura del gobierno central de la iglesia» y «conduciría a una cultura más fuerte de salvaguardia en toda la Curia y en toda la iglesia».

Un endorsement claro al nuevo organigrama, aunque las preocupaciones fueron incluso motivo de intervención del Papa, que días después de la promulgación de Prediquen Evangelio recibió a los miembros de la Comisión y les planteó que “alguien podría pensar que esto podría poner en riesgo su libertad de pensamiento y acción o incluso quitarle importancia al tema que se está tratando».

«Esa no es mi intención ni es mi expectativa. Y los invito a estar atentos para que esto no suceda», sentenció el Papa. Todo parece indicar, entonces, que la Comisión podrá mantener su autonomía y seguirá adelante con el importante servicio que, desde su creación por decisión del Papa al inicio de su pontificado, brinda para erradicar el mal de los abusos de la Iglesia.

Ya no será una “comisión satélite, dando vueltas, pero desconectada del organigrama», sino que el nuevo organigrama es una oportunidad para que siga aportando «una visión proactiva y prospectiva de las mejores prácticas y procedimientos que se pueden implementar en toda la iglesia» y que «propongan mejores métodos para que la iglesia pueda proteger a los menores y a las personas vulnerables y para ayudar a la curación de los sobrevivientes, reconociendo que la justicia y la prevención son complementarias».

El Papa los animó y les planteó que esa tarea, de todos modos, requerirá una estrecha colaboración con el dicasterio doctrinal y todos los demás dicasterios de la Curia romana, no solo para beneficio de la comisión sino también para que «su trabajo pueda enriquecer, a su vez, el de la Curia y las iglesias locales».

-Importancia de los laicos y límites claros al carrerismo

Además de los nuevos cambios en el organigrama que pueden influir sobre el Gobierno pastoral, la nueva Constitución se propone dar las herramientas normativas para una renovación conceptual en dos temas clave: el rol de los laicos y un freno al denominado “carrerismo”.

Así, la nueva Carta Magna establece que para los clérigos y religiosos en servicio en la Curia Romana el mandato es de cinco años y puede ser renovado por un segundo período de cinco años, al final del cual vuelven a sus diócesis y comunidades de referencia.

Planta así la Prediquen el Evangelio: «Por regla general, después de cinco años, los funcionarios clericales y los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica que han servido en las Instituciones y Oficinas Curiales vuelven a la atención pastoral en su diócesis/parroquia, o en los Institutos o Sociedades a los que pertenecen. Si los Superiores de la Curia Romana lo consideran oportuno, el servicio podrá ser prorrogado por un nuevo período de cinco años».

Así, se busca reducir la presencia masiva de cardenales y obispos en Roma sin funciones de Gobierno, lo que no solo debilita sus diócesis de origen, sino que además ayuda a crear la imagen de la Curia como una fuente constante de chismes.

Ligado a este freno al carrerismo, la Constitución termina de darle marco jurídico a la presencia renovada de los laicos en el Gobierno de la Curia. Es cierto que ya la presencia de Paolo Rufini al frente del Dicasterio de la Comunicación lo estipulaba ipso facto pero el texto que entrará en vigencia el domingo le da un marco y un sostén jurídico a la decisión.

Francisco recuerda en el Preámbulo que «El Papa, los obispos y los demás ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia… Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es un discípulo misionero en la medida en que se ha encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús».

Ya desde allí se deriva la participación de los laicos y laicas en las funciones de gobierno y responsabilidad. Si «cualquier fiel» puede presidir un dicasterio o un organismo curial, «dada su peculiar competencia, potestad de gobierno y función de estos últimos», eso incluye también a los no religiosos.

La nueva Constitución, que se irá vigorizando a la vez que se vaya poniendo en práctica y se llenen con nombres los lugares de sus organigramas, busca en definitiva dar las herramientas para que las limitaciones canónico-jurídicas no puedan ya ser una excusa a la hora de poner en práctica una Iglesia en salida, de servicio y misionera como la que Francisco tiene mente incluso desde antes de su entronización.

Fue el propio Bergoglio en el que, en un libro reciente, reconoció la “longevidad” de las ideas guía de la nueva Carta Magna: “Antes de cambiar de diócesis, participando de las Congregaciones Generales previas al último Cónclave, entre otras muchas recomendaciones, se pidió vivamente del nuevo Papa que acometiera una nueva reforma de la Curia. Se veía como algo urgente y necesario. Esta reforma viene de ahí”.

La Constitución Apostólica Predicate Evangelium

Cardenal Parolin: «Los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos»

Cardenal Parolin, en la Jornada sobre la Praedicate
Cardenal Parolin, en la Jornada sobre la Praedicate

Síntesis de la introducción del cardenal Pietro Parolin en el ámbito de la presentación de la nueva ley que se promulgó el pasado 19 de marzo sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia y al mundo.

“Será la doctrina de los canonistas y teólogos la que deberá valorar los diversos aspectos que surjan de la redacción del documento, y será también la práctica la que los confirme o sugiera nuevas correcciones”, dijo

“La Constitución Apostólica ‘Praedicate Evangelium’ es el instrumento que pretende armonizar los cambios en la Curia Romana que ya se han puesto en marcha y han sido operativos durante el presente pontificado”

“Así como el papel de Pedro está al servicio de la misión de todo el episcopado, la tarea de la Curia romana, que es su instrumento, estará necesariamente al servicio del Colegio episcopal y del ministerio de cada uno de los obispos”

17.05.2022 | Vatican News

(Vatican News).- En el aula magna de la Pontificia Universidad lateranense se celebra este 17 de mayo una Jornada de estudio sobre la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium que se promulgó el pasado 19 de marzo sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia y al mundo. Tras el saludo del profesor Matteo Nacci, presidente del Institutum Utriusque Iuris – quien ilustró algunas notas históricas de la Curia Romana – introdujo los trabajos el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de Su Santidad.

En su amplia disertación, el secretario de Estado comenzó recordando que con la publicación de la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium  se ha realizado uno de los principales objetivos que, desde el inicio de pontificado, se había propuesto el Papa Francisco quien, en diversas ocasiones señaló que con la reforma de la Curia Romana deseaba llevar a buen puerto una de las peticiones recurrentes de los cardenales durante las Congregaciones previas al Cónclave de 2013 que lo eligió para la Sede de Roma.

En efecto, en varias ocasiones, como audiencias y diversos encuentros, aunque oficialmente desde el 13 de abril de 2013, el Santo Padre había expresado su deseo de constituir un «Consejo de Cardenales» específico con la tarea de ayudarlo en el gobierno de la Iglesia y «estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana”. Obra que se ha ido realizando gradualmente a lo largo de estos años.

Completar el marco general de la reforma

Al explicar que la reforma prevista se ha aplicado progresivamente a lo largo de estos años, con la creación de nuevos organismos y con los inevitables ajustes posteriores, en instituciones «en rodaje» totalmente nuevas y llamadas a trabajar juntas, ahora, dijo el cardenal Parolin:

“La Praedicate Evangelium pretende sacar conclusiones de las experiencias y ajustes de los últimos años, implementando nuevos pasos, por otra parte, ya anunciados por el propio Pontífice, para completar el marco general de la deseada reforma”

De la Pastor Bonus a la Praedicate Evangelium

De este modo se repite la experiencia que se tuvo en tiempos de San Juan Pablo II: “Así como la Constitución Apostólica Pastor Bonus dio unidad de conjunto, en 1988, a los cambios realizados en la Curia desde 1979, ahora la Praedicate Evangelium recoge todas aquellas novedades realizadas hasta ahora por el Papa Francisco, siguiendo criterios que han sido explicitados por el mismo Papa en los últimos años”.

Principios inspiradores de la nueva Constitución Apostólica

Refiriéndose a los principios inspiradores de la nueva Constitución Apostólica el cardenal Parolin ilustró la perspectiva de continuidad con la norma anterior e hizo referencia a las cuestiones que conciernen más directamente a la Secretaría de Estado.

Principios para el servicio de la Curia Romana

En este punto de su intervención el secretario de Estado se refirió a los «principios y criterios para el servicio de la Curia Romana» de esta ley en la que se enuncian doce reglas de buena administración, que “sin duda tienen un valor general en la Iglesia”. También dijo que estas reglas “se presentan como factores que guiaron la reforma organizativa de las instituciones de la Curia, pero son sobre todo criterios orientadores que deben guiar y renovar toda su actividad de forma relevante. De hecho, apuntan a una renovación de la gestión indicando los procedimientos de aplicación”.

Instrumento al servicio del Colegio episcopal

Teniendo en cuenta que “esto representa un punto fijo”, el cardenal Parolin reafirmó que “la Curia está al servicio de quien es principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de los obispos». Y dijo que su actividad está necesariamente al servicio de la misión de los obispos:

“Así como el papel de Pedro está al servicio de la misión de todo el episcopado, la tarea de la Curia romana, que es su instrumento, estará necesariamente al servicio del Colegio episcopal y del ministerio de cada uno de los obispos”

Se trata – explicó – de “un elemento fundamental que el Santo Padre ha subrayado desde el inicio de su pontificado, y representa una característica central de la nueva ley. Es decir, la institución y la actividad de la Curia Romana no pueden concebirse sólo como funcionales al ejercicio del poder primigenio en sentido estricto, ya que tal tarea debe incluirse en la dinámica colegial del gobierno pastoral de la Iglesia”.

Praedicate Evangelium
Praedicate Evangelium

Mecanismos de ayuda

El secretario de Estado recordó asimismo que en una entrevista publicada en La Civiltà Cattolica en septiembre de 2013, respondiendo a una pregunta sobre el papel de los dicasterios romanos, el Santo Padre afirmó claramente que «los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: deben ayudar tanto a las Iglesias particulares como a las Conferencias Episcopales. Son mecanismos de ayuda».

De manera que “toda la ley trata ahora de declinar concretamente este compromiso, indicando en cada caso y con referencia a las competencias de los respectivos órganos de la Curia cómo alcanzar este ambicioso objetivo de gobierno en comunión. De forma intencionadamente reiterada, en relación con los asuntos encomendados a los distintos dicasterios, se apela al diálogo permanente que debe darse entre las instituciones curiales, los obispos y las Conferencias Episcopales”.

Coordinación requerida

El cardenal Parolin se refirió al esfuerzo de coordinación requerido, a las diversas instituciones curiales y a la reducción del número de los dicasterios mediante la fusión de entidades autónomas precedentes que eran semejantes o complementarias. También abordó el tema de la colaboración entre los dicasterios que fe basa en la tradicional “paridad jurídica” y en la asignación de las respectivas competencias, explicando algunas modalidades.

Otro de los puntos importantes que trató el secretario de Estado es el relativo al ajuste de las “actitudes personales” entre los «principios y criterios para el servicio de la Curia Romana» que propone la Sección Segunda de la nueva ley, y que se refiere a las personas.

“En muchas ocasiones, a medida que avanzaba el proceso de reformas organizativas de la Curia, el Papa Francisco manifestó la importancia primordial que tiene la renovación de las personas sobre la puramente organizativa e institucional”

Reforma efectiva si se aplica con hombres «renovados”

De hecho – recordó el purpurado – en diciembre de 2016, en su felicitación navideña, advirtió que «la reforma será efectiva única y exclusivamente si se aplica con hombres «renovados» y no simplemente con hombres «nuevos». No basta con contentarse con el cambio de personal», continuó el Papa, «sino que es necesario llevar a los miembros de la Curia a renovarse espiritual, humana y profesionalmente. La reforma de la Curia no se hace de ninguna manera – concluyó – con el cambio de personas, sino con la conversión en personas”.

Iglesia laical
Iglesia laical

“Sin un cambio de mentalidad, el esfuerzo funcional sería en vano”

Asimismo, se detuvo en los argumentos referentes lo indispensable que resulta para el buen funcionamiento de la Curia Romana que el personal que trabaja en ella esté cualificado y tenga la profesionalidad y competencia necesarias. “Aunque son cualidades que se perfeccionan con el tiempo, deben estar presentes desde el principio. Por esta razón, dijo, “varias disposiciones de la nueva Constitución se hacen eco de la necesidad de fomentar el crecimiento personal y profesional del personal previendo su formación continua”.

“Sin embargo, lo que se necesita sobre todo para una auténtica adaptación de las personas a las necesidades cambiantes de la Curia Romana se refiere al nivel espiritual”

Comunicaciones oficiales de la Santa Sede

Por último, el cardenal Parolin subrayó, como novedad, la nueva relación establecida desde hace algunos años con respecto a las comunicaciones oficiales de la Santa Sede. Y destacó la reorganización del Dicasterio para la Comunicación que, junto con varias instituciones tradicionalmente vinculadas a la Secretaría de Estado, como L’Osservatore Romano, Radio Vaticano, etc., y la incorporación de la Oficina de Prensa, a través de la cual se hacen públicas las comunicaciones oficiales relativas a los actos del Sumo Pontífice y a las actividades de la Santa Sede.

De la nueva disciplina de la Praedicate Evangelium, añadió que prevé además que la publicación de los documentos de la Santa Sede a través del Boletín oficial Acta Apostolicae Sedis queda reservada a la Sección para los Asuntos Generales; mientras, esta Sección se sirve del Dicasterio para la Comunicación en lo que respecta a las comunicaciones oficiales relativas tanto a los actos del Papa como a la actividad de la Santa Sede, previendo en este ámbito precisas «indicaciones» que el Dicasterio debe ejecutar.

Bandera del Vaticano
Bandera del Vaticano

Y al concluir su presentación en que ofreció una consideración global, tratando de destacar las principales novedades del texto promulgado, el cardenal Parolin dijo que será la doctrina de los canonistas y teólogos la que deberá valorar los diversos aspectos que surjan de la redacción del documento, y será también la práctica la que los confirme o sugiera nuevas correcciones, que, por otra parte, sólo pueden ser continuas en la organización de la Curia Romana, según el constante cambio de la sociedad eclesial, y la necesidad de que estas normas se adapten a ella.

La conversión misionera de la Iglesia

La naturaleza pastoral de la ‘Praedicate Evangelium’ está en «la conversión misionera de la Iglesia» (II)

Laicos en la Praedicate
Laicos en la Praedicate

«Siendo lo jurídico importante en el ámbito eclesial, es accesorio frente a lo verdaderamente importante que es lo pastoral o de raíz evangélica, lo cual no agradará a los clérigos ‘carreristas’ y palaciegos»

«La referencia a San Pablo VI, que, por otra parte, supone una remisión al Concilio, y que supone remitir al Concilio la misma Predicate Evangelium»

«Predicate Evangelium ahora remite, pues, a lo de antes; al Concilio, al Cónclave que eligió al Papa Francisco y a sus primeros documentos pontificios»

«El avance hacia la importancia del laicado estuvo más en los documentos conciliares, de los Papas, de las Conferencias episcopales y de los obispos, que en la realidad»

Por Ángel Aznárez

A.- Asuntos jurídicos (Continuación):

En la precedente 1ª Parte, aquí publicada el último 30 de abril, escribí: “Lo jurídico en Praedicate Evangelium está en su carácter de “ley particular”, una  Constitución apostólica del Papa Francisco, que es forma y fondo o contenido de lo jurídico y/o canónico. Leyendo, por ejemplo, los artículos 20 a 33, inclusives, de Praedicate Evangelium, que llevan por título “Competencia y procedimiento de las instituciones curiales” se aprecia de manera manifiesta lo mandado e institucional, que es esencia de una ley canónica, por decisión primacial del Vicario de Cristo. Normas reguladoras de la Curia Romana, que por su temporalidad y su carácter instrumental y/o accesorio, son de Derecho eclesiástico, no de Derecho divino, siendo de este último y excelso derecho, los dos ministerios del Colegio Apostólico establecidos por el mismo Cristo: el Papa y, además o también, los Obispos. 

B.- Asuntos pastorales: 

Siendo lo jurídico importante en el ámbito eclesial, es accesorio frente a lo verdaderamente importante que es lo pastoral o de raíz evangélica, lo cual no agradará a los clérigos “carreristas” y palaciegos, que vieron la excelencia en lo jurídico y en lo teológico, nunca en lo pastoral, que es de olor de oveja, como de establo, como patio de vecindad. Por aquello, el canon 1752, del Codex, concluye que la salvación de las almas debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia, que, como se ha escrito, el llamado bien de las almas, “es un digno broche al Código de Derecho Canónico” (es su último artículo).

La misma Constitución Apostólica lo deja claro en su Preambolo, al inicio del mismo: “Predicar el evangelio es la tarea que el Señor Jesús encomendó a sus discípulos. Este mandato constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a toda la humanidad en el mundo de hoy”. Y más adelante, en el número 12 del Preambolo, añade: “Debe quedar claro que la reforma no es un fin en sí misma, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; fomentar una evangelización más eficaz…”. Se titula: “Índole pastoral de la actividad curial”. Y por eso, se dice y escribe: Ecclesia semper reformanda. Por cierto que excelente es el libro de varios autores, titulado Sinodalidad y Reforma, un desafío eclesial, editado recientemente por PPC.  

Naturaleza pastoral que está en “la conversión misionera de la Iglesia”, en que  “cada cristiano  es un discípulo misionero”, “al Servicio del Primado y del Colegio de los Obispos“, “en el servicio de la Curia Romana al Papa, sucesor de Pedro, principio y fundamento perpetuo  y visible de la unidad de los obispos y de la multitud de los fieles”. Al paradigma misionero ya se refiere el Códex en los artículos 781 y siguientes; a la Iglesia-Misión ya se refirió el Arzobispo Elías Yanes en artículo que figura en el viejo libro La Iglesia en España 1950-2000, en edición de 1999, preparada por Olegario González de Cardedal.  

El Papa Francisco insertó la Constitución Apostólica sobre la Reforma de la Curia dentro de la Historia de la Iglesia, con referencia a las constituciones apostólicas, antecedentes inmediatos, de San Pablo VI, Regimini Ecclesiae universae, y de San Juan Pablo II, Pastor Bonus. Esta última, dedica numerosas páginas –no líneas- a desarrollar la Historia de las reformas curiales.  

Interesa destacar: 

I.- Entre las novedades de Predicate Evangelium, está a mi juicio una muy importante, como de apoteosis y muy reveladora, casi indiscrerta, y que está también en el Preambulo: “La reforma, fuertemente esperada por la mayoría de Cardenales en el contexto de las Congregaciones Generales antes del Cónclave…”. Tal frase es muy rica en consecuencias pastorales y para la historia de los Cónclaves. Y una Predicate Evangelium, que tiene un antecedente importante del Papa Francisco mismo, de recomendada lectura ahora mismo: La Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), fechada el 24 de noviembre de 2013, o sea, al principio del Pontificado de Francisco. 

II.- La referencia a San Pablo VI, que, por otra parte, supone una remisión al Concilio, y que supone remitir al Concilio la misma Predicate Evangelium. Alguien escribió: “Con el Pontificado de Francisco se ha iniciado una nueva fase en la recepción del Concilio Vaticano II”. Un Concilio que tiene en la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, aprobada en la Sesión V, el 21 de noviembre de 1964, el documento principal del Vaticano II. Y resulta que de ese Concilio, de sus Constituciones y Decretos, parten y empiezan a andar cuestiones fundamentales de Praedicate Evangelium. De ese Concilio, básicamente eclesiológico, y de la compleja Lumen Gentium, parten las novedosas teologías sobre el Pueblo de Dios, los obispos y el laicado. Ahora, el caminar juntos o sinodalidad de los laicos, los pastores y el Obispo de Roma es preocupación esencial y está en la Predicate Evangelium. 

Si el Concilio Vaticano I, por razones históricas –la pérdida de los Estados Pontificios en 1870-, fue el del Papado, su primacía y el de la infalibilidad, el  Vaticano II fue el de los obispos, la otra pieza esencial del Colegio de Apóstoles junto al Papa. Por primera vez, como analizó el gran amigo de San Pablo VI, el francés Jean Guitton, los laicos no son simple referencia opuesta a los clérigos y a lo clerical, sino una entidad propia, en sí misma, dentro del plural Pueblo de Dios. E institución clerical que, como señaló R. Muñoz y recoge Rafael Luciani en Sinodalidad y Reforma, es uno de los grandes obstáculos estructurales para el anuncio del Evangelio.  

III.- Predicate Evangelium ahora remite, pues, a lo de antes; al Concilio, al Cónclave que eligió al Papa Francisco y a sus primeros documentos pontificios. De ahí la reiteración en explicar la subordinación de la Curia al Papa y a los Obispos; en reiterar el carácter evangelizador y misionero de la Iglesia; en establecer como Dicasterio principal el llamado dicastero per l´Evangelizzazione, “presidido directamente por el Romano Pontífice”, y regulado en los artículos 53 al 68, ambos inclusive, con división en dos secciones, y con preferencia al en otro tiempo todopoderoso Dicastero per la Dottrina della fedde.

IV.- Y dentro de lo pastoral, también de lo jurídico y teológico, está lo de los laicos, al que más arriba hicimos referencias. A los que dicen ahora que la Iglesia está tan interesada en el papel de los laicos, por la sencilla razón que son cada vez más escasas las vocaciones clericales y de ancianos clérigos, o sea que la Iglesia hace lo que tantos humanos, “de la vulgar necesidad, una virtud sublime”, habrá que recordarles que en los lejanos tiempos conciliares y pre/conciliares, ya hubo preocupación eclesiástica por los laicos.

El avance hacia la importancia del laicado estuvo más en los documentos conciliares, de los Papas, de las Conferencias episcopales y de los obispos, que en la realidad, y siempre, más asunto de laicos masculinos que de laicas, pues es sabido los “problemas” que los grandes monoteísmos -el islamismo, el judaísmo y cristianismo- tuvieron con lo femenino. Y así llegamos, comparando los artículos de la C.A. Pastor Bonus  de San Juan Pablo II (“Estructura de los Dicasterios”), a los de la C.A. Predicate Evangelium (“Estructura de la Curia Romana”), a constatar las grandes diferencias acerca de la presencia de fedele laici en los organismos curiales, según la última Constitución Apostólica del Papa Francisco. 

(Continuaremos en una 3ª Parte con lo de los laicos, antes de entrar en lo teológico de Predicate Evangelium, y concluir recordando lo del principio de la 1ª Parte: la diferenciación entre la Iglesia Católica y el Estado de la Ciudad del Vaticano, planteando y aplicando a este peculiar Estado, tan de la Iglesia Católica, también lo de la sinodalidad, para dejar de ser el Papa un Jefe de Estado de carácter absoluto, absolutista).