Mons. Proaño

Monseñor Leónidas Proaño,, apóstol de la sinodalidad

Por Pedro Pierre

¡Más pasa el tiempo, más grande aparece monseñor Leonidas Proaño! Es parte ahora de esta generación de obispos llamados “Padres de la Iglesia de los Pobres de América Latina”. Desde el Concilio Vaticano 2 en los años ’60 del siglo pasado , monseñor Proaño estaba viviendo la sinodalidad que acaba de lanzar el papa Francisco, o sea, una Iglesia en manos de los seglares.

Monseñor Proaño habitó en la Casa de Retiro de Santa Cruz, cerca de Riobamba, donde vivía como uno más de los que nos hospedábamos allí. Llamaba la atención cuando se llegaba en esta Casa lo que estaba escrito en la pared con el dibujo del volcán Chimborazo: “Somos una Iglesia al servicio del Reino”. En la capilla cuyos asientos
eran troncos de madera de eucaliptos, el santísimo era una choza indígena, como para decirnos que Jesucristo se encarna hoy en el Pueblo indígena.

La sencillez de monseñor Proaño era su característica mayor. Vestía como uno más. En el comedor había la pintura, sobre un largo papel periódica, de una comida típica tendida sobre los ponchos juntados en el suelo, con la frase emblemática del compartir: “Comenzando ya la fiesta que vendrá…” En dicho comedor monseñor comía con
los que se encontraban de paso o en alguna reunión que él organizaba con los grandes teólogos de la liberación de América Latina.

Como todos los demás ponía la vajilla en la mesa, iba a buscar los platos de comida, recogía la vajilla y la lavaba junto a nosotros. Le gustaba caminar con todos, los más sencillos especialmente, preguntando y escuchando.

Su pasión era los Indígenas y los pobres: Vivió la opción radical por las causas de ellos. No tenía miedo en decir de sí mismo: “¡Amo lo que tengo de indio!” El Concilio Vaticano 2° y de la reunión de la Conferencia Episcopal
Latinoamericana celebrada en Medellín, Colombia, en 1968, lo habían confirmado en esta opción. Había participado en el Concilio convocado por el papa Juan 23 que decía: “La Iglesia es de todos, pero más particularmente es la Iglesia de los pobres”.

Allá en Roma, al final del Concilio, monseñor había firmado “El Pacto de las Catacumbas” por el cual los obispos latinoamericanos se comprometían a hacer realidad las orientaciones del Concilio: seguir a Jesucristo y las primeras Comunidades cristianas, construir el Reino en prioridad, vivir pobremente y al servicio de los pobres. En la reunión de Medellín, junto a otros obispos, había presentado, al comienzo de la reunión, una ponencia titulada “La Evangelización liberadora”.

En su diócesis aplicaba lo que el papa Pablo 6° proclamó en 1975: “El Reino es lo único absoluto” y “la Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, el deber de ayudar que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total”. Monseñor quería una Iglesia en manos de los Indígenas, con ministros y sacerdotes indígenas, que anunciaran la Buena Nueva de Jesús en su idioma, con sus costumbres, desde su cultura y sus símbolos. Por eso, entre los Indígenas organizó ‘las Iglesias vivas’ y en 1975, en la ciudad de
Riobamba, las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). En 1979, en la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Puebla, México, fue el promotor de las CEBs y de la opción por los pobres, haciendo notar que se trataba de ‘hacer nuestras las causas de los pobres, asumir la pobreza digna y luchar contra la miseria junto a los mismos
empobrecidos’.

Sabemos que monseñor trabajó incansablemente a la organización de los Indígenas quichuas de la Sierra ecuatoriana en la ECUARUNARI en 1972, que se unirían luego con los Indígenas de la Amazonía y de la Costa en 1986 para formar la CONAIE (Confederación de la Nacionalidades del Ecuador). Su solidaridad no se limitó al Ecuador sino que se extendió a los Pueblos centroamericanos que luchaban por más dignidad, justicia y participación. En esa época monseñor Oscar Romero, que era su amigo, lo invitó para que dé un retiro a los sacerdotes de ese pequeño
país para profundizar sobre el compromiso político de la fe y porque ‘los guerrilleros también necesitan de capellanes’.

En su casa de Santa Cruz de Riobamba, se formaron miles y miles de sacerdotes, religiosas y seglares que llegaban del sur, centro y norte del continente, como también de Europa. Monseñor Proaño tiene una estatura intercontinental. Hay que volver a leer ‘El Pacto de las Catacumbas’ y su autobiografía que el mismo escribió ‘Creo en el hombre y en la comunidad’ para descubrir su origen campesina de San Antonio de Ibarra, su infancia laboriosa como tejedor de sombreros, su sacerdocio dedicado a los jóvenes trabajadores que reunía en la Juventud Obrera Católica (JOC). Nos enteraremos de los innumerables conflictos con lo gamonales de la provincia de Chimborazo, de la oposición de los obispos tradicionalistas, de su apresamiento junto a una treintena de obispos latinoamericanos por la dictadura militar en 1976, de la visita de un fiscalizador del Vaticano que concluyó con la frase del papa Pablo 6°: “¡Como voy a condenar a un obispo tan cercano al Evangelio!”, etc.

Podemos decir que la Casa de Retiro del Santa Cruz de Riobamba hace parte de estos grandes lugares sagrados de América Latina porque Dios ha querido que trabaje allí aquel que ahora se llama el “Obispo de los Indios”, el “Profeta de la Liberación”, el “Padre de la Iglesia de los Pobres”, el “Patriarca de la Solidaridad”, el
“Apóstol de la Sinodalidad” … Gracias a él, tenemos trazada una hoja de ruta para nuestros compromisos tanto eclesiales como sociales e interculturales.

En el 34º aniversario de Proaño

Leonidas Proaño: El patriarca de la solidaridad

Leonidas Proaño
Leonidas Proaño

«Al final de este mes de agosto, en las Américas del Sur, del Centro y del Norte como también en Europa se va a celebrar los 34 años de la pascua de monseñor Leonidas Proaño, ex obispo de la diócesis de Chimborazo»

«Hoy monseñor Proaño sigue siendo el emblema nacional e internacional de las luchas por la solidaridad. Siguen vivas y ejemplares las luchas indígenas por el Bien Vivir a nivel tanto personal como colectivo»

«Actualmente el papa Francisco llama a los cristianos de a pie a construir la sinodalidad. Monseñor Proaño puso los cimientos para la creación de una Iglesia indígena que conserve sus valores tradicionales y expresa mediante su cultura el mensaje de Jesús de Nazaret»

«En estos tiempos cuando crecen indetenibles la pobreza, la miseria y la violencia por las imposiciones del sistema neoliberal, que la fuerza firme y apacible de monseñor Leonidas Proaño habite nuestras lucha»

Por Pedro Pierre

Al final de este mes de agosto, en las Américas del Sur, del Centro y del Norte como también en Europa se celebran los 34 años de la pascua de monseñor Leonidas Proaño, ex obispo de la diócesis de Chimborazo. Se hará memoria del inmenso legado que nos ha dejado a lo largo de su ministerio pastoral, el cual nos marca el camino a seguir. Felizmente él queda como una figura luminosa para la Iglesia, los Pueblos indígenas de América Latina y para la sociedad en general.

Una de las mayores virtudes de monseñor Leonidas Proaño fue la solidaridad. Su testimonio de vida está marcado por sus incansables luchas por la solidaridad. Se lo identifica al nivel internacional con uno de sus poemas hecho canción sobre esa misma temática: “¡Solidaridad, solidaridad, solidaridad!” – “Sentir como propio el sufrimiento del hermano de aquí y del de allá, hacer propias las angustias de los pobres…”

En Ecuador es reconocido como ‘el obispo de los Indios’. El mismo, siendo mestizo, era orgulloso de sus raíces indígenas: “¡Amo lo que tengo de Indio!” Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) tienen en él su fundador, en los años 1970. Fue también el gran defensor de la naturaleza por su cosmovisión indígena: “Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes que la ambición y codicia de unos pocos conviertan a nuestro planeta en una luna muerta, en un cementerio del espacio”.

A nivel de América Latina fue el promotor de la teología de la liberación gracias a los innumerables encuentros que promovía en la Casa de Retiro de Santa Cruz, cerca de Riobamba, donde vivía de una manera muy sencilla. Hizo de la solidaridad su bandera de lucha tanto con los Pueblos indígenas del Ecuador y del continente, como también con los Pueblos en rebeldía por sus derechos pisoteados, en particular con los de Centro América. Sus numerosos escritos e intervenciones han sido inscritos en el patrimonio nacional del Ecuador y es nombrado como el “Padre de la Iglesia de los Pobres” de América Latina.

Monseñor Proaño encontró su motivación por la solidaridad en la educación que le proporcionaron sus padres, en el testimonio de Jesús de Nazaret y de los primeros cristianos, en la valentía de los mártires latinoamericanos contemporáneos de él y en su pasión para desterrar las injusticias. “Tenemos los cristianos la capacidad de transformar este mundo de odios y de muerte en un mundo de amor, en un mundo de entrega de los unos hacia los otros; esa es la capacidad enorme que podemos conquistar si somos consecuentes con nuestra fe.”

Hoy monseñor Proaño sigue siendo el emblema nacional e internacional de las luchas por la solidaridad. Siendo monseñor Proaño el artífice de la unión de los Pueblos indígenas del Ecuador, estos lo nombran en todos sus levantamientos. Gracias a su solidaridad con ellos, los Pueblos indígenas buscan erradicar la marginación por la que siguen víctimas por más de 5 siglos, en particular por la explotación económica. En las 3 últimas décadas han logrado ser reconocidos como los protagonistas de una nueva sociedad internacional que destierre el capitalismo sustituyéndolo por la “Cosmovisión del Bien Vivir”. Esta cosmovisión está basada en la comunidad, el compartir equitativo, la participación mediante el consenso, la complementariedad y la comunión con la naturaleza.

Al nivel continental, siguen vivas y ejemplares las luchas indígenas por el Bien Vivir a nivel tanto personal como colectivo. Allí están el testimonio vivo de los Zapatistas en México y la plurinacionalidad en la organización socio-política de BoliviaEstán demostrado el valor de sus culturas ancestrales frente a las desgracias traídas por la colonización europea. Su cosmovisión es una alternativa social, económica, política y espiritual al nivel mundial para sustituir la globalización neoliberal que destruye las personas, los pueblos y la naturaleza, llevando el planeta a su colapso. “Busco en todas partes luchadores de la paz y de la vida.”

Al nivel internacional son innumerables las asociaciones y grupos que se reclaman de la espiritualidad de monseñor Leonidas Proaño: Luchan a favor del medio ambiente, de una sociedad nueva y de una Iglesia sinodal. Al nivel eclesial, la espiritualidad indígena es asumida como sabiduría universal que anima las personas y los pueblos a despertar una nueva conciencia, transformar las religiones encerradas en estructuras obsoletas, revitalizar el cristianismo mediante la interculturalidad.

Actualmente el papa Francisco llama a los cristianos de a pie a construir la sinodalidad, es decir, colaborar decididamente en la puesta en marcha de una Iglesia en manos de los bautizados que destierre el clericalismo autoritario y patriarcal. Monseñor Proaño puso los cimientos para la creación de una Iglesia indígena que conserve sus valores tradicionales y expresa mediante su cultura el mensaje de Jesús de Nazaret.

En estos tiempos cuando crecen indetenibles la pobreza, la miseria y la violencia por las imposiciones del sistema neoliberal, que la fuerza firme y apacible de monseñor Leonidas Proaño habite nuestras luchas solidarias por una sociedad justa e inclusiva y por una Iglesia sinodal al servicio del Reino. En su voz de “maestro de la solidaridad” escuchemos la voz de la Tierra: “Hijo, si como yo fecundo quieres ser en la vida, sé como yo, tierra y nada más que tierra, sin vanas pretensiones, sin quejas, sin envidias.”

La Buena Noticia del Domingo 21º-C

LA PUERTA ESTRECHA

Lc 13, 22-30

LA HORA DE LA PALABRA

 Esforzaos en entrar por la puerta estrecha

 Jesús dice que Dios quiere la salvación de todos, no solo de Israel, el pueblo elegido. Pero también dice que hay que conjugar la salvación universal de Dios con la exigencia de la respuesta personal.

Dios nos quiere salvar pero con la condición de que demos una respuesta clara de fe y de vida cristiana, siguiendo a Jesús, aprendiendo a vivir como él, viviendo los valores del evangelio: el amor y el servicio a los hermanos.

Si el camino de Jesús no fue fácil, así será también el camino de sus seguidores.    ¿Estaremos dispuestos a seguir a Jesús por la puerta estrecha?

TESTIGOS DE LA PALABRA

Mons. Leónidas Proaño, obispo de Ecuador, fue uno de los más destacados representantes Latinoamericanos del ala progresista de la iglesia . Tuvo una vida entregada sin reservas a la liberación de los oprimidos y se convirtió en el Profeta de Amerindia. Se le considera el Padre de la Iglesia Latinoamericana y el Padre de la Teología de la Liberación en América Latina . Recibió varios doctorados y numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales; tuvo el premio Nobel de la Paz en el año 1986.  En abril de 1974 llego a Riobamba el visitador Jorge Casanova SDB con resguardo policial para fiscalizar al obispo ecuatoriano; y en 1976, junto con otros 17 obispos y sacerdotes , fue apresado por la dictadura militar de aquel entonces , acusado de subversivo.                                                  Mons. Proaño murió pobre , sin donde reclinar su cabeza, en Riobamba, Ecuador, el 31 de agosto de 1988.

ORAR DESDE LA PALABRA

Señor, ábreme tu puerta

Necesito, Señor, vivir en tu presencia                                                                                                         para que la soledad no me atrape.                                                                                                     Necesito de tu palabra que estimula y anima,                                                                                       porque si no vivo contigo                                                                                                                     buscaré las puertas espaciosas                                                                                                                   que me han conducido a la infelicidad y al desencanto.                                                                              Sé, Señor, que aún estoy a tiempo,                                                                                                                de elegir la puerta que conduce a tu casa,                                                                                                     de abrir la puerta que lleva a la auténtica felicidad,                                                                                     de empujar la puerta que me lleva a la eternidad ,                                                                                      de contemplar entreabriendo la puerta de mi vida,                                                                                       al Dios que me ama desde siempre                                                                                                                 y que desde siempre me está esperando.                                                                                               Señor, ayúdame a hacer posible                                                                                                                   tu Reino entre nosotros.                                                                                                                              Ese Reino que construyo con mis palabras,                                                                                                  con mis gestos y con mis obras.                                                                                                                       Y, por favor, mi Dios, no me cierres las puertas de tu casa,                                                                         las puertas de tu Reino

.Isidro Lozano o.c.

COMENTARIO AL EVANGELIO

Sólo el Amor nos realiza

 “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha” (Lc 13,22-30)

Jesús “pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén”. Hoy leemos una reflexión de Jesús, elaborada por Lucas, sobre el peligro de “no salvarse”. Se inicia con la pregunta de “un” desconocido: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”. Era preocupación general en la época de Jesús. Así aparece en algunas parábolas, como el banquete de bodas (Mt 22, 1-14: “muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”) o las diez vírgenes (Mt 25,1-13: “os digo que no os conozco”).

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, es la respuesta de Jesús. En la mentalidad de entonces la “puerta estrecha” era la puerta pequeña que hay junto o en la misma puerta grande de la muralla. Ésta se cerraba por la noche, y sólo se podía entrar de uno en uno por la pequeña. Entrar de uno en uno supone identificarse, ser reconocido, sin cuentas pendientes… Según el evangelio de Juan, para Jesús la puerta de entrada a la salvación es el mismo Jesús: “yo soy la puerta” (Jn 10,7.9).

Muchos intentarán entrar y no podrán”. Jesús se cree enviado a la casa de Israel (Mt 15,24). El final del privilegio será su muerte: “cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta”, no contará ser miembro de su pueblo ni haber tenido relación con el mismo Jesús, ni haberle escuchado. Quien no acepte personal y libremente el Reino, recibirá esta respuesta de Jesús: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráila iniquidad”. También Mateo habla de la “puerta estrecha”: “la que lleva a la vida”, “hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,1-23). “Muchos” recibirán la misma respuesta que leemos hoy: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráila iniquidad”.

Por la respuesta de Jesús vemos que “salvarse es “entrar en el Reino de Dios”, que vive y enseña Jesús: reino de justicia, de bien, de verdad, de vida, de paz… Quien no ha entrado en ese modo de vida “justa”, no puede compartir la mesa del reino de Dios, no se salva, no se realiza. “Alejaos de mí todos los que obráila iniquidad” es cita casi literal del Salmo 6,9. Es la oración de un enfermo, escuchado y curado por Dios. Quienes obran mal no pueden estar cerca de él: no pueden castigarle, porque Dios ha escuchado su llanto, le ha salvado de la enfermedad. Quienes obran mal ni salvan ni se salvan del mal.

Salvar, en negativo, es librar del malEn positivo: realizar capacidades de vida buena. Salvar la vida, por tanto, es liberarse de males y realizarse en bienes. Jesús salva dando su Espíritu de Amor. Espíritu perdonador (salva del odio, de la mala conciencia, de la frustración…) y cuidador de toda vida con sus limitaciones y potencialidades. Espíritu que dinamiza para hacer el bien y fortalece ante las acometidas del mal. Espíritu da esperanza en el amor constante de Dios, “manifestado en Cristo Jesús y del que nada ni nadiepodrá separarnos” (Rm 8,39).

La salvación, que Dios quiere y ofrece, debe ser aceptada con conocimiento y libertad. Jesús no contesta a la pregunta de si serán pocos o muchos los que se salven. Él invita a entrar por “la puerta estrecha”, la puerta de su vida, la puerta de la libertad guiada por el Amor. Este Amor es la “puerta estrecha”. Es Jesús mismo: “la luz verdadera, que alumbra a toda persona” (Jn 1,9), “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). La persona es libre, creadora de su propia historia, realizadora de su propio ser. Sin libertad no hay realización humana. Jesús, lleno del Espíritu divino, vive en libertad guiada por el Amor. Ofrece su vida y entrega su Espíritu a todos los que quieran oírle y seguir su camino. Al recibir su bautismo de “Espíritu santo y fuego”, nos sentimos hijos de Dios, hermanos de Jesús, seguidores de su camino.

Oración: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha” (Lc 13, 22-30)

Jesús de Nazaret, camino, verdad y vida:

te contemplamos hoy iluminando nuestra vida;

invitando a “entrar por la puerta estrecha”,

la puerta del Amor que tú vives.

Te sientes “Hijo de Dios” y vives en su Amor:

a todos nos aceptas e invitas a realizarnos;

como el Padre, con quien se aleja de su Amor,

le buscas, esperas, celebras su vuelta;

compadeces cualquier retroceso o estancamiento;

Para ti, Jesús, salvarse es vivir el Reino de Dios:

reino del ser humano, de su ajustamiento personal y social;

reino que implica tu Amor, “gloria del Hijo único del Padre” (Jn 1,14);

reino donde se elige un corazón generoso, como el tuyo;

reino cuya norma principal es el Amor gratuito;

reino en que vive la verdad y limpieza de corazón;

reino donde todos podemos desarrollar nuestros talentos;

reino donde se entrega el corazón, incluso a quien no se lo merece…

Tú, tu vida, es la puerta para realizarnos:

tu libertad ama sin medida y nos reconoce hijos de Dios;

tu amor se encara con la injusticia y la marginación:

tiene predilección por enfermos y disminuidos,

come y acoge a pecadores y excomulgados…,

hermana y sienta a la mesa compartida;

tu fe en la voluntad salvadora de Dios te lleva:

a “enseñar” en caminos, aldeas y ciudades;

a sentarte a la mesa de la igualdad y del amor;

a encarnarte entre los más pobres y caminar con ellos;

a hacer que “los cojos anden, los ciegos vean…,

y los pobres sean evangelizados” (Lc 7,22).

Tu espiritualidad no es la de los sacerdotes del templo:

que ofrecen dones y holocaustos para aplacar la ira divina;

que rezan desagravios por tantos que no adoran a Dios;

que procesionan y peregrinan a santuarios privilegiados;

que piden que no haya terremotos, ni sequías, volcanes o tornados…,

sino lluvias, cosechas, triunfos de nuestros ejércitos…

Sólo el Amor, Jesús, nos realiza:

nos compromete a la fraternidad universal;

nos invita a mirar la vida como Tú;

nos intima a respetar y promover los derechos humanos;

nos acerca y solidariza con los que sufren;

es la señal elemental de tu espiritualidad:

todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios;

quien no ama no ha conocido a Dios,

porque Dios es amor” (1Jn 4, 7-8).

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”:

puerta de la libertad y del amor;

puerta de la solidaridad fraterna;

puerta del compromiso para ser persona de verdad;

puerta tuya, Jesús “camino, verdad y vida”.

Preces de los Fieles (Domingo 21º TO C  21.08.2022)

La “puerta estrecha” es amar como Jesús: curar, alimentar, dar sentido, cuidar la vida, procurar la paz… Esta es la salvación de Jesús. Para ello nos entrega su fe y su esperanza en el amor del Padre. Pidamos realizarnos, diciendo: “queremos vivir tu amor”.

Por la Iglesia:

– que no desprecie ni excluya a nadie de su amor;

– que respete todos los caminos humanizadores de salvación.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por las intenciones del Papa (Agosto 2022):

– que pequeños y medianos empresarios encuentren medios necesarios;

– que continúen su actividad al servicio de las comunidades en que viven.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por las víctimas de la violencia:

– que cese toda clase de violencia, sobre todo las guerras;

– que las víctimas sean atendidas, respetadas, curadas…

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por nuestra sociedad y sus dirigentes:

– que estén abiertos a lo bueno y humanizador;

– que acojan a los perseguidos y maltratados.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por nuestra comunidad cristiana:

– que seamos una comunidad sana, dialogante, comprometida;

– que nos “reunamos, unamos, escuchemos, discutamos, recemos, decidamos”.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Por esta celebración:

– que nos llene del Espíritu humilde y atento a la vida;

– que nos mueva a entrar por la puerta del amor y libertad de Jesús.

Roguemos al Señor: “queremos vivir tu amor”.

Queremos, Jesús de todos, centrar nuestra vida en la bondad y honradez. Queremos realizarnos librando del mal y haciendo el bien. Como tú, que “pasaste haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (He 10,38). Y vives por los siglos de los siglos.

COMENTARIO AL EVANGELIO:

 ¿Serán pocos los salvados? En Cristo serán salvados todos (1 Cor 15)

Un hombre preguntó a Jesús, de camino hacia Jerusalén: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús respondió: Entrad por la puerta estrecha (Lc 13, 22-23.

Esa es la respuesta de Jesús, mientras va de camino. Pero, de forma consecuente, culminado el camino de pascua, Pablo puede responder y responde: Todos serán vivificados, pues Dios nos examinará (recogerá) en su amor.

 | X.Pikaza

Eso no significa que todo da lo mismo, pues si al fin de la vida Dios nos salva en amor, de forma que, hagamos lo que hagamos, al fin nos salvaremos.   

Eso significa  todo lo contrario:  a partir de aquí todo es diferente, pues allí donde actualmente no hay amor tienes que empezar a poner amor, para así hacerte digno del amor que esperas.

1 Cor 15. Todos serán vivificados todos, todos se salvarán en Cristo. Elproblema no es ya aquí para Pablo (como en 1 Tes 4) el retraso de la «parusía de Cristo» (no acaba de venir, sino la universalidad de la salvación.

Pasados tres o cuatro años  desde que Pablo nos elunció el mensaje de Jesús(en torno a 53-54 d.C.), algunos cristianos de la comunidad de Corinto empezaron a negar la resurrección y  salvación de los creyentes, porque se alargaba la espera (¡Cristo no llega!) o porque resultaba innecesaria (¡Dios está ya en nosotros y no necesitamos más resurrecciones o salvación!). En ese contexto (cf. 1 Cor 15, 12-21) reformula Pablo el tema:

Porque así como en Adán mueren todos, así también serán vivificados todos en Cristo, pero cada uno en su orden: la primicia, Cristo; luego los que son de Cristo, en su parusía; después el fin, cuando él entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya destruido todo principado, y todo poderío y potestad… Cuando le someta todo (al Padre), entonces también él,el Hijo, se someterá al que le ha sometido todo, para que Dios sea Todo en todos (1 Cor 15, 22-24. 28).

Pablo dice que en Adán (como Adán, como seres humanos) mueren todos(rectificando quizá la idea de 1 Tes 4,13-18) no sólo (ni sobre todo) por un influjo externo de poderes satánicos (de ángeles malos, como en los libros apocalípiticos: 1 Hen y Jub), sino porque todos formamos parte de una humanidad que en un plano biológico termina en la muerte.

Todos morirán como ha muerto Cristo (cf. Rom 5), pero no para quedar en la muerte, sino para ser transformados y resucitar. En ese contexto, anuncia Pablo de manera sorprendente una resurrección universal ypositiva, sin distinguir entre justos (para la bendición y vida) y pecadores (para la maldición y muerte), a diferencia de lo que decía Dan 12, 1-3 y de lo que dirá aparentemente Mt 25, 31-45, en una perspectiva dualista.

1 Cor 15 no habla pues de una “doble resurrección” (de vida y de muerte), retomando así un esquema de pacto (en la línea de Dt 30, 15-20), sino que anuncia para todos un mismo destino de muerte (en Adán), que puede y debe convertirse en promesa universal de vida, pues en Cristo resucitarán (dsôopoiêthêsontai)todos, siendo así vivificados, por don de gracia en Cristo (1 Cor 15, 20-21). Como resultado de la obra de Cristo (en oposición a la muerte de Adán), esta vivificación/resurrección constituye un elemento luminoso de la experiencia más honda del evangelio, sobre el juicio dual (vida‒muerte, bendición‒maldición). Éstos son los elementos elementos básicos de esa «historia de resurrección o salvación»:

Primero Cristo, como primicia. Pablo sabe que todos mueren en Adán, y así lo proclama, rectificando quizá, , la afirmación de 1 Tes 4,13-18, donde suponía que algunos no morirán. Todos moriremos, y la muerte no es obra de poderes perversos (invasores satánicos o Vigilantes violadores, como en 2 Henoc y Jub), sino como consecuencia de la misma condiciòn humana. En sentido estricto, la verdadera teología paulina se define y despliega como superación esa muerte, como revelación del Dios, que vivifica a todos en Cristo[1].

Después de Cristo resucitan y se salvan los que son de Cristoen su parusía, los que forman parte de su comunidad o cuerpo mesiánico. De alguna forma (como destacarán Efesios  y Colosenses), los creyentes se encuentran integrados ya en la pascua de Jesús, aunque sólo resucitarán del todo en su parusía. Más que anunciador del juicio, mensajero del fin (como Henoc u otros videntes), Jesús es fuente de vida. Según eso, la prueba definitiva de la existencia de Dios es la resurrección de aquellos que confían en Cristo[2].

Finalmente llegará el «telos» o plenitud, entendida como victoria apocalíptica, con la destrucción de los poderes perversos (Principados, Poderíos y Potestades, que desembocan y se centran en la muerte) y como culminación teológica o reintegración (el mismo Cristo, como Hijo, vuelve al Padre).

Jesús anunció y preparó el Reino de Dios, y ahora se cumple su anuncio, pues él mismo destruye con su victoria a los perversos (Principados, Poderíos, Potestades), de forma que tras destruirlos entrega su Reino de vida al Dios y Padre, de manera que la cristología (la función mesiánica de Jesús) se expresa en forma de teología (para que Dios sea todo en todos)[3].

Segñun eso, Dios será panta en pasin (todo en todos), pues no existen dos espíritus opuestos (bien y mal) como en Qumrán, ni dos finales de la historia (salvación y condena, como en Dan 12, 1-3 y Mt 25, 31-46), ni siquiera un Infinito (=Dios) separado de la historia de los hombres, sino que en realidad sólo habrá un Espíritu bueno, que es el Dios Universal, que ha creado las cosas desde sí mismo, para que todo sea y viva en él por Cristo, de manera que los poderes opuestos, que han querido destruir su obra, desaparecerán (como si no hubieran sido).

En esta línea queda superada la dualidad anterior (bien y mal, vida y muerte, salvación y condena) a través de un monoteísmo y mesianismoliberador/salvador, que no se impone con violencia sobre nadie, ni excluye a ninguno, porque es abarcador y vivificador en gratuidad para todos.

En ese Dios que es todo en todos (sin espacio para el mal, pues en el fondo, en él, todo es bueno) caben los antes excluidos, de forma que Cristo Dios sea principio universal de vida, superando toda dualidad de condena (alejamiento de Dios).

Ésta es la afirmación central: que Dios sea Todo en todos…, no sólo en algunos, en los buenos contra malos, en los judíos frente a los gentiles, en los cristianos frente a paganos… Ciertamente, en un plano, los hombres se pueden destruir y se destruyen unos a los otros, acabando en la muerte (como sabe Gen 2‒3), pero, en otro plano más alto, el Dios Yahvé (¡soy el que soy! Ex 3, 14) hace que todos sean (=vivan), pues es todo (ta Panta) en todos (en pasin).

Aquí no tenemos un que panteísmo sino un un “pan-en-cristismo”, fundado en la muerte y resurrección de Cristo, que puede salvar y salva en Dios a todos, superando una “moralidad dualista” y de juicio entendido como venganza o impotencia. Desde este fondo debería precisarse mejor la diferencia entre una teología judía rabínica y la teología “mesiánica”, que deriva del mensaje y vida de Jesús, formulado por Pablo. Éste es, a mi juicio, un trabajo teológico que está por hacer, en una línea en la que pueden orientarnos las reflexiones de F. Rosenzweig, La estrella de la Redención, Sígueme, Salamanca 1997.

Este Dios de Cristo no destruye ni condena a los hombres, hijos de Adán, sino sólo a los “poder adversos” de tipo in-humano (anti-humano, impersonal), principados, poderíos, potestades (arkhên, exousian, dynamin…), pues no está compuesto de personas (hombres y mujeres en concreto…).

Esos poderes adversos que serán destruídos no son los hombres como tales,  sino las  potencias de mal, que han tendido a dominar el mundo. Pablo no habla pues de la maldad concreta de unos hombres históricos, a los que amenaza con la destrucción o con un tipo de infierno, sino de la maldad de unos poderes in-humanos que han dominado en la historia desde Adán, de manera que podemos llamarles, por carencia de mejor palabra seres‒que‒no‒son, no existentes, pues sólo viven de destruir la vida ajena, parásitos de Dios. En ese contexto, la destrucción de esos poderes (que son anti‒poderes) se interpreta como revelación plena de Dios, todo en todos, conforme al principio originario de la creación.

La obra de Cristo (su resurrección) se vuelve así reconstrucción cósmica (recreación), de manera que Dios pueda ser aquello que es: Todo-en-Todos (ta panta en pasin). Un tipo de teología moralista posterior, dominada por una lectura parcial de Mt 25, 31-46, ha tenido dificultad en admitir la existencia y revelación de un Dios que, en (por) Cristo es y será todo en todos (principio de salvación, sobre toda condena), y ha preferido hablar de “dos finales”, uno de premio, otro de castigoMuchos cristianos y teólogoshan visto esa salvación universal como un riesgo:

‒ Aquì no hay riesto de panteísmo, como han dicho algunos cristianos  que no aceptan de verdad el principio de encarnación (cf. Jn 1, 14), según el cual Dios se hace “carne” (historia) para asumir y transformar todas las cosas, pensando que ello implicaría un panteísmo. Otros se atreven a decir que, hablando así, Pablo se ha vuelto pagano, ha perdido la visión del “Dios moral”, cayendo en manos de un Dios Totalidad, donde se inscriben y existen (se divinizan) todas las cosas, en línea más pagana que bíblica… (sin tener en cuenta al mal, ni el castigo infinito que los malos han de suvrirIPero debemos recordar que este Dios todo-en-todos no está al principio, sino al final de la gran redención mesiánica, que implica un cambio en la misma visión de Dios… un Dios creador, que es vida universal, ofrecida a todos..

‒ ¿Un esquema de apocatástasis/anakephalaiosis?En esa línea de Dios Todo-en-Todos ha avanzado Ef 1, 10 cuando afirma que Dios, ha querido “recapitular” (anakephalaiosai) todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra. Ésta es la teología de fondo de las cartas de la cautividad (Colosenses, Efesios: En el Cristo pascual (crucificado/resucitado) pueden integrarse los seres personales del cielo y de la tierra, en línea de salvación (no por la fuerza, sino libremente, conforme al mensaje del Evangelio).

Conforme a esta visión, todas las personas se salvam. Cristo ha muerto para salvar a todos,  ha superado el “muro” divisor de judíos y gentiles, de justos e injustos, integrando en su poder y ser divino a todos los humanos, seres personales (¡destruyendo sólo los poderes diabólicos, no humanos, en el fondo inexistentes!), pues en verdad sólo hay Dios y aquellos a quienes él ha creado-salvado. Eso significa que todos los hombres se salvan en Cristo. Sólo se condenan (serán destruídas para siempre) las instituciones delmal, los poderes demoníacos, impersonales, antipersonales.

En esa línea algunos teólogos, desde Orígenes a K. Barth (del siglo II al XX d.C.) han tendido a postular una recapitulación salvadora de toda la historia, de forma que Dios, al final, logrará “convertir” y llevar a su cielo (Todo-en-Todos) no sólo a todos los hombres, es decir, a todas las personas, sino a los mismos demonios.

Un tipo de iglesia “moralista” y miedosa se ha sentido inquieta ante esa apocatástasis, condenando en un Sínodo de Constantinopla (aceptado después por ortodoxos y católicos) al mismo Orígenes, el año 543 (cf. DH 403-411; Denz 213-228). Sobre los «poderes del mal», cf. E. Peterson, El libro de los ángeles, en Tratados teológicos, Rialp, Madrid 1970 y H. Schlier, Besinnung auf das NT, Herder, Freiburg i. B. 1964, 146-165; W. Wink, Naming the Powers: The Language of Power in the New Testament, Fortress, Philadelphia 1984.

El tema ha sido replanteado por K. Barth en su obra teológica, a partir de Die Auferstehung der Toten, Kaiser, München 1924. Algunos judíos como E. Levinas, Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 2002, han criticado esta visiónpues implicaría un panteísmo larvado en el que Dios pierde su infinitud (trascendencia) y el hombre su libertad (siendo parte de un todo).

Ese riesgo existe, sin duda, pero el Dios Todo-en-Todos de Pablo no actúa en forma cosmológica o idealista, como principio de unificación impositiva, sino que es fuente de comunicación y comunión personal. Este Dios Todo no es dictador, sino amigo y redentor de todos, es decir, de cada uno. Según eso, la teodicea apocalíptica cristiana no implica negación o disolución, imposición o confusión, sino reconciliación.

Creer significa esperar la resurrección, que es victoria de Dios sobre la muerte y salvación de los antes sometidos a los poderes diabólicos (Principados, Poderíos…), no para integrarlos en un Todo entendido como sistema cerrado, sino para abrirles a la vida amorosa, gratuita y creadora del amor de Dios en Cristo.

Este anuncio del Dios Todo-en-Todos integra en su gloria a los mismos que, desde nuestra perspectiva, parecen y son malos, pues Jesús se ha entregado en gesto de amor, en manos de Dios y de esa forma ha superado la violencia y ruptura de un sistema de ley donde triunfan los fuertes y/o buenos, excluyendo a los pobres y/o malos.

Dios no ha de acudir a ninguna imposición sacrificial para reconquistar su poder amenazado, sino que es por Cristo, en sí mismo, todo en todos. No hay, por tanto, dos normas: una de ternura y gratuidad para los buenos, otra de violencia y condena para los perversos, pues el Apocalipsis de Dios y su Reino en Jesús es perdón y acogida universal[6].

NOTAS

[1] Cf. G. Fee, Primera a los Corintios, Eerdmans,Buenos Aires 1994; I. Foulkes, Problemas pastorales en Corinto, DEI, San José 1999. Los judíos saben que las primicias (primogénitos, primeros frutos) han de ser dedicadas a Dios, pues santifican y consagran el resto de la cosecha. La resurrección de Cristo, realizada ya, es punto de partida y comienzo (fundamento) de la resurrección (vivificación) de todos, en sentido radical, no moralista. Eso significa, conforme al sentido normal de las frases, construidas en pasivo divino, que Dios les vivificará, ofreciéndoles su plenitud por gracia.

[2] Dios mismo es según eso (poder de) Resurrección, Vida que triunfa de la muerte. En esa línea, las cartas de la cautividad (Ef y Col) afirman que los cristianos se encuentran integrados ya en la pascua del Cristo.

[3] Este Cristo no tiene que condenar o encerrar en el infierno a unos hombres concretos (pecadores), sino a los poderes del mal (Principados-Poderíos-Potestades), para que todo culmine en el Padre.

Beato Rutilio Grande, Celam, obispo Proaño y San Romero

«Expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

«El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre»

«Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio»

«El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después»

«El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la ‘Iglesia en conversión continua'»

24.03.2022 | Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia.  Rutilio fue el fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

 “Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS ES LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE.  Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, centrado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam se guía del Concilio en su centralidad en Jesús y en el reino y vive esa centralidad en la histórica reunión eclesial de Medellín, que es el mejor fruto del Vaticano II.   

El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre.  Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente que dejó varios ejemplos de esta “conversión eclesial impulsada por la divina dinámica de la Centralidad en Jesús y el reino”. 

Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto
Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de esa “conversión eclesial” que vivió en un giro ininterrumpido hacia esa “CCENTRALIDAD” EN JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín. 

 El Celam fue su acompañante desde el inicio de su “conversión eclesial”, por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina, el Ipla en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño,  presidente del Departamento del Celam  y obispo de Riobamba, cerca  de Quito, un obispo ejemplo de “conversión eclesial”, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio a causa de su “conversión eclesial centralizada”, fue lo que golpeó a Oscar Romero, quien fue su arzobispo por 18  días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”.  El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.      

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de “conversión eclesial centralizada” en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento.  Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam. 

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del  Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en  cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión  centralizada” a la luz  del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente  a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, l se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leonidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después

 En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió, el obispo auxiliar Oscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el Ipla. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”.  Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de muchos. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

Le precisó, además, que el participar en el Ipla tendría una posibilidad aún mejor, convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al Ipla y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”. 

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron.  Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia.   El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar.

Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”.  Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al Ipla y a Riobamba con el obispo Proaño. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos,  todos y todas eran  iguales por el bautismo en la dignidad  de  hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía:

”Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.”   (Homilía recogida por Martin Maier en su libro) 

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así,  juntos e iguales los tres bautizados,  fueron  asesinados  

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

Homenaje '¡Rutilio vive!'
Homenaje ‘¡Rutilio vive!’

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!  

El país saqueado nos lo exige

Por Pedro Pierre

Antes de ser cristianos, humanistas o ateos, somos ciudadanos que participamos, consciente o inconscientemente, tanto de las transformaciones como en las desgracias de nuestro país. Todas y todos nos beneficiamos de sus avances. Felizmente el papa Francisco nos confirma al denunciar la perversidad del sistema capitalista y al fomentar el compromiso político de los cristianos y de los hombres y mujeres de buena voluntad. Para iluminar este camino, la Comunidad Eclesial de Base de la que formo parte hemos hecho público un “comunicado sobre la realidad de nuestro país” afín de entender mejor nuestro papel en este período preelectoral que vivimos. Dirigimos este comunicado a los cristianos y a todas y todos los que trabajan para un Ecuador mejor.

“Con ocasión 32° aniversario de la pascua de monseñor Leonidas Proaño, el próximo 31 de agosto, compartimos con Uds. nuestro análisis de la realidad de Ecuador y nuestro compromiso para superar la actual catástrofe.
En lo político, estamos con un gobierno que inició con una traición a su partido y cuantos votaron por su línea política, pasando a alinearse con la derecha (Nebot, Lasso, Medios de Comunicación, ONG, empresas) que utilizaron a su beneficio la traición.
El diálogo nacional promovido por el gobierno se convirtió en un reparto de la troncha que inició con las aduanas, las eléctricas y siguió hasta el día de hoy con el reparto de los hospitales, un atraco vergonzoso durante la pandemia.

Al firmar el gobierno una acuerdo con el FMI (Fondo Monetario Internacional), se comprometió a reducir el número de funcionarios estatales, subir la gasolina, disminuir el gasto social en particular en la salud y educación con los despidos correspondientes, autorizar las empresas a despedir trabajadores, rebajarles el tiempo de trabajo y el sueldo, privatizar las empresas nacionales…

Los organismos del Estado, desarticulados, no resuelven los problemas y la corrupción campea descarada. La convocatoria a un referéndum fue anticonstitucional. Con el apoyo del ‘7 veces SÍ’ se justificó y legalizó todos estos atropellos y se dio carta blanca al gobierno y a los asambleístas para desmantelar las instituciones estatales en particular el 5º poder del Estado: el Consejo de Participación Ciudadana, quitándonos la posibilidad de defender nuestros derechos.

En lo económico unos 800 millones de dólares se fugaron a los paraísos fiscales, unos 4’000 millones de dólares se perdonaron a los grandes deudores del SRI (Servicio de Rentas Internas). Por la liquidación de unos 330 000 puestos de trabajo y la rebaja del salario de los empleados y trabajadores, el desempleo llega a un 13% y el trabajo informal, a un 50%.
La deuda externa aumentó en estos 3 años más que en los10 años del el gobierno anterior: pasó de 22’000 millones de dólares a 41’000 millones. Y la renegociación de los bonos fue otro atraco a las arcas del Estado.

Unos pocos privilegiados aumentaron descaradamente su riqueza. Mientras tanto no hay plata para pagar a tiempo a médicos, enfermeras, empleados de la salud, maestros y empleados de la educación, gobiernos seccionales… y sigue una larga lista. Son las clases media y baja que cargan con la crisis y el aumento galopante de la pobreza.

En lo social, el cartel de los grandes medios de comunicación nos manipulada, nos desorienta al esconder la realidad, censura lo que no les interesa y convierte la mentira en verdad.
Los partidos y movimientos de izquierda no se ven por ningún lado. El movimiento indígena lideró un levantamiento que consiguió un gran apoyo popular, pero terminó sentándose con el diablo, regalando la lucha nacional y manteniendo al presidente en el sillón presidencial.
Afirmamos que el actual gobierno es el peor que hemos tenido, por venderse al FMI (Fondo Monetario Internacional), someterse al gobierno de Estados Unidos y entregarse a la oligarquía nacional. Se nos ha matado la esperanza y destruido la dignidad.
Las próximas elecciones son un reto: o confirmamos la actual situación o la revertimos. Y eso se hará con nuestra unidad, nuestra organización, nuestro compromiso valiente y nuestra fe liberadora.

Que la espiritualidad de monseñor Leonidas Proaño nos seduzca para continuar con su legado en la construcción del Reino mediante la recuperación de nuestra unidad y de nuestro protagonismo.”
La lucha de cuantos compañeras y compañeras, como también la cárcel, el exilio y la entrega de la vida de tantos más nos confirman en esta linda y ardua tarea de colaborar en la mejora de nuestro país, porque es nuestra misión y nuestra dignidad. En su tiempo lo decía el mismo Jesús de Nazaret: “Quien ha puesto la mano en el arada, no puede dar marcha atrás”.

La Buena Nueva del Dgo. 23º-A

Reunidos en el nombre de Jesús

4.2.7

Mt 18, 15-20

Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre

Al parecer, a las primeras generaciones cristianas no les preocupaba mucho el número. A finales del siglo I eran solo unos veinte mil, perdidos en medio del Imperio romano. ¿Eran muchos o eran pocos? Ellos formaban la Iglesia de Jesús, y lo importante era vivir de su Espíritu. Pablo invita constantemente a los miembros de sus pequeñas comunidades a que «vivan en Cristo». El cuarto evangelio exhorta a sus lectores a que «permanezcan en él».

Mateo, por su parte, pone en labios de Jesús estas palabras: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». En la Iglesia de Jesús no se puede estar de cualquier manera: por costumbre, por inercia o por miedo. Sus seguidores han de estar «reunidos en su nombre», convirtiéndose a él, alimentándose de su evangelio. Esta es también hoy nuestra primera tarea, aunque seamos pocos, aunque seamos dos o tres.

Reunirse en el nombre de Jesús es crear un espacio para vivir la existencia entera en torno a él y desde su horizonte. Un espacio espiritual bien definido no por doctrinas, costumbres o prácticas, sino por el Espíritu de Jesús, que nos hace vivir con su estilo.

El centro de este «espacio Jesús» lo ocupa la narración del evangelio. Es la experiencia esencial de toda comunidad cristiana: «hacer memoria de Jesús», recordar sus palabras, acogerlas con fe y actualizarlas con gozo. Ese arte de acoger el evangelio desde nuestra vida nos permite entrar en contacto con Jesús y vivir la experiencia de ir creciendo como discípulos y seguidores suyos.

En este espacio creado en su nombre vamos caminando, no sin debilidades y pecado, hacia la verdad del evangelio, descubriendo juntos el núcleo esencial de nuestra fe y recuperando nuestra identidad cristiana en medio de una Iglesia a veces tan debilitada por la rutina y tan paralizada por los miedos.

Este espacio dominado por Jesús es lo primero que hemos de cuidar, consolidar y profundizar en nuestras comunidades y parroquias. No nos engañemos. La renovación de la Iglesia comienza siempre en el corazón de dos o tres creyentes que se reúnen en el nombre de Jesús.

J.A. Pagola

 

Testigos de la Palabra

 

Mons. Leónidas Proaño, obispo de Ecuador, fue uno de los más destacados representantes Latinoamericanos del ala progresista de la iglesia . Tuvo una vida entregada sin reservas a la liberación de los oprimidos y se convirtió en el Profeta de Amerindia. Se le considera el Padre de la Iglesia Latinoamericana y el Padre de la Teología de la Liberación en América Latina . Recibió varios doctorados y numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales; tuvo el premio Nobel de la Paz en el año 1986.  En abril de 1974 llego a Riobamba el visitador Jorge Casanova SDB con resguardo policial para fiscalizar al obispo ecuatoriano; y en 1976, junto con otros 17 obispos y sacerdotes , fue apresado por la dictadura militar de aquel entonces , acusado de subversivo.

Con Mons Proaño estuvo el P. Rutilio Grande aprendiendo la pastoral del Documento de Medellín, antes de ponerlo en práctica en Aguilares y El Paisnal , antes que le mataran.                                                                                                            Mons. Proaño murió pobre , sin donde reclinar su cabeza, en Riobamba, Ecuador, el 31 de agosto de 1988.

Leónidas Proaño, obispo de los indios en Riobamba, Ecuador

Mons. Leónidas Proaño

Por Pedro Pierre

Tuve la dicha de conocer a monseñor Leónidas Proaño durante más de 10 años en Reuniones nacionales, Encuentros latinoamericanos de formación y en momentos de simple amistad. No hace falta insistir en que fue y sigue siendo un gran personaje tanto en Ecuador como en nuestro continente y al nivel internacional. Los homenajes anuales -ni hablar de los libros y artículos sobre él- lo demuestran. Estos días sólo hace falta mirar su imagen en las redes sociales ecuatorianas y latinoamericanas e igualmente de España, Francia, Bélgica

Este próximo 31 de agosto se cumple 32 años de su pascua. Falleció en 1988. Ese año estaba estudiando en Roma: por celebrar su pascua hubo una misa de acción de gracias, en español, en una gran, por no decir inmensa, iglesia de Roma llena de gentes, con testimonios sobre él, cantos ecuatorianos, frases de él… una ‘fiesta’ de la vida y del mensaje de monseñor Proaño. Me quedé felizmente sorprendido.

Monseñor Proaño había nacido en 1910 en San Antonio de Ibarra, un pequeño pueblo de la provincia de Imbabura. Era hijo único; sus padres eran campesinos y tejedores de los sombreros de paja toquilla, mal llamados “de Panamá”… porque era de Panamá que salían para Europa. Él aprendió a tejerlos… y cuenta que, adolescente, se le sangraba los dedos. Sus padres eran de origen indígena y él se sentía orgulloso de ellos. Decía: “Amo lo que tengo de indio”. En 1977 el mismo escribió su autobiografía: “Creo en el hombre y en la comunidad”.

Fue ordenado sacerdote en 1936 y ejerció su ministerio pastoral en la ciudad de Ibarra. Allí apoya el movimiento de la ‘Juventud Obrera Católica’ (JOC); publica la ‘Revista Excelsior’ y funda el periódico ´La Verdad’. Se desempeña también como profesor en el Seminario de Ibarra. En 1954 recibe la ordenación episcopal para la diócesis de Chimborazo. Comienza su labor pastoral visitando las Comunidades indígenas de la provincia; poco después decide entregarles las haciendas que poseía la diócesis

De 1962 a 1965 participa en el Concilio Vaticano 2°. En esos años crea las ‘Escuelas Radiofónicas Populares’ (ERPE) y abre un ‘Centro de Estudios y Acción Social’ (CEAS). Al final del Concilio firma, con unos 40 obispos mayoritariamente latinoamericanos, el “Pacto de las Catacumbas” donde se comprometían a “vivir pobremente y al servicio de la liberación de los pobres”.

En 1968 participa en la 2ª Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín, Colombia, donde pronuncia una ponencia sobre ‘Pastoral liberadora’. Colabora intensamente para que esta Conferencia, convocada para ‘aplicar las orientaciones del Concilio a la Iglesia Latinoamericana’, sea la “Carta Magna de la Iglesia de los Pobres en América latina”. En 1972 ayuda a la formación de la “Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador” (ECUARUNARI) que en 1986 se une con las Organizaciones Indígenas de la Amazonía y de la Costa, para conformar la “CONAIE” (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador).
Por su opción por los pobres y en particular por los Indígenas que ayudó a despertar en su dignidad, sabiduría y protagonismo, encontró muchas dificultades al nivel local, nacional y de parte del Vaticano donde reinaban el papa Juan Pablo 2° y su brazo derecho el cardenal Josef Ratzinger.

Los terratenientes y otros gamonales de Chimborazo le libraron una guerra sin cuartel. La dictadura militar no quedó atrás: en 1976 apresaron unos 17 obispos y más de 35 sacerdotes, religiosas y laicos que monseñor había invitado para compartir experiencias pastorales, en el “Hogar de Santa Cruz”, casa de formación teológico-pastoral-política y social al nivel nacional y continental. Por denuncias y calumnias de otros obispos y del nuncio de Ecuador, el Vaticano mandó, en 1973, un ‘visitador’ para que fiscalizara el trabajo pastoral que se realizaba en la diócesis de Chimborazo. Nunca se publicó las conclusiones, favorables a monseñor Proaño; pero el papa Pablo 6° de aquella época comentó: “No puedo condenar a un obispo tan fiel al Evangelio”.

En 1985, presenta su renuncia por límite de edad (75 años) la cual es inmediatamente aceptada por el papa Juan Pablo 2°. En los 3 años que preceden su pascua (1988), monseñor es la gran figura latinoamericana de la Iglesia de los Pobres. Es llamado en muchos países de Europa y en Estados Unidos para conferencias y reuniones; es postulado como candidato al Premio Nobel de la Paz; recibe varios Doctorados Honoris Causa. Hace unos 10 años sus escritos, entre los cuáles varios libros (El Evangelio subversivo – Concientización, Evangelización y Política – Rupito), han sido reconocidos como “Patrimonio Inmaterial del Ecuador

Monseñor Leonidas Proaño es enterrado en San Antonio de Ibarra en una parcela familiar, donde había fundado una Congragación Misionera. Ese lugar ha pasado a ser la memoria viva de monseñor Leonidas Proaño, de su pastoral liberadora, de su valentía tranquila, de su estatura profética y de su teología de la liberación. Su tumba es visitada cada año por numerosos ‘peregrinos’ nacionales y extranjeros, cristianos de a pie, teólogos de renombres, seguidores de decenas de países.

Hagamos memoria de este insigne ecuatoriano en estos tiempos turbados por la voracidad de las oligarquías ecuatorianas y sus cómplices nacionales que despedazan nuestro país. Sigamos animados por el compromiso liberador de monseñor Leonidas Proaño. Pues nos sigue diciendo: “O servimos la vida del Pueblo o somos cómplices de su muerte”.