¿Vergüenza de ser occidental?

Manifestación en Madrid contra la cumbre de la OTAN

La gran habilidad de la política está en conseguir que el otro se porte de la peor manera posible.

Nuestro sistema socioeconómico es tan profundamente injusto que necesita un enemigo común para mantenerse en pie. Mientras existió la URSS, la cosa funcionó. Caída la URSS, anduvimos buscando ese enemigo común en la yihad y el terrorismo árabe; pero no funcionó porque, por salvaje que sea, es demasiado reducido y poco global.

El fútbol y la OTAN han cambiado sus papeles: en el fútbol pensamos hoy que el mejor ataque es una buena defensa. En la OTAN resulta que la mejor defensa es un buen ataque

Representa más a Rusia un Tolstoi que mil Putines (como un Marcelino Camacho o un Ruíz-Jiménez representaban a España mejor que Franco)

01.07.2022 | José I. González Faus teólogo

Muchos recordarán un incidente que se produjo hace años en un partido de fútbol Francia-Italia, final de un mundial o de una Eurocopa (no recuerdo). De repente Zidane dio un cabezazo en la cara al defensa italiano que le marcaba. Recibió una tarjeta roja y salió impertérrito del campo. Después se supo que su marcador se había dedicado durante todo el partido a meterse con la madre o la hermana de Zidane cada vez que se encontraban juntos, con frases como si la puta querrá acostarse conmigo esta noche etc., o parecidas…

Evoco la anécdota porque puede servir como ejemplo gráfico de las relaciones OTAN-Rusia durante los últimos años. Aunque Putin no sea, ni de lejos, comparable a Zidane, la OTAN sí que parece hermana gemela de aquel futbolista italiano: la gran habilidad está en conseguir que el otro se porte de la peor manera posible.

Antaño parece que Zidane tuvo paciencia para aguardar hasta siete minutos antes del final, y no perjudicar así a su equipo. Putin, por supuesto, es incapaz de esa elegancia y acabará hundiendo a Rusia. Pero ahí queda la frase triunfal del secretario de la OTAN: “Putin quería menos OTAN en sus fronteras, pues ahora tiene más”. Frase que muestra cómo la OTAN no es una organización defensiva sino imperialista y que a mí me produce vergüenza de ser occidental: porque esos no son nuestros valores y encima vamos de buenos por el mundo. Putin ha acabado siendo el más culpable, sin duda. Pero no ha sido el primero; exactamente igual que Zidane con su marcador.

La clave de la hipócrita conducta occidental reside para mí en este pequeño detalle: nuestro sistema socioeconómico es tan profundamente injusto que necesita un enemigo común para mantenerse en pie. Mientras existió la URSS, la cosa funcionó. Caída la URSS, anduvimos buscando ese enemigo común en la yihad y el terrorismo árabe; pero no funcionó porque, por salvaje que sea, es demasiado reducido y poco global.

Contra Alguien vivíamos mejor: como los españoles contra Franco. Al no tener ese alguien, nuestro sistema injusto y embustero iba cada vez peor y venía cuarteándose poco a poco: descrédito de los partidos, disminución del voto, aparición de extremas derechas sin casi más ideología que la ira, 15Ms, proliferación de nuevos partidos… Necesitábamos un enemigo común. Ahora que ya lo tenemos, estamos mejor. Hasta nos dicen satisfechos que es “la amenaza más significativa y directa”. Pero eso es lo que queríamos.

Luego, el presidente de un gobierno que él califica “de progreso”, nos llama a “fortalecer esa alianza”. A lo mejor al gobierno le pasa como a la ensaladilla rusa: que le han cambiado el nombre y ahora se llama “tradicional”. Nos aseguran que esa alianza a fortalecer es “solo defensiva”, por supuesto.  Pero ocurre que el fútbol y la OTAN han cambiado sus papeles: en el fútbol pensamos hoy que el mejor ataque es una buena defensa. En la OTAN resulta que la mejor defensa es un buen ataque. La OTAN nació, literalmente, como “compromiso de resolución pacífica de diferencias”. Y luego vemos cómo ha pretendido resolverlas en Afganistán, Irak, Libia o los Balcanes…

Por eso, si los ucranianos quieren un consejo (aparte del de reconocer que ellos no eran un país sin corrupción y limpiamente democrático), les diría que, cuando oigan decir a nuestros políticos que “siempre nos interesará ayudar a Ucrania”, entiendan que eso puede ser verdad si lo dicen el P. Ángel o sor Lucía; pero en boca de un político occidental solo significa: “siempre nos interesará tener a Rusia como enemigo”.

Y qué quieren que les diga: vale más un Dostoievski que mil Stoltenbergs; y representa más a Rusia un Tolstoi que mil Putines (como un Marcelino Camacho o un Ruíz-Jiménez representaban a España mejor que Franco). Siempre nos hará más bien leer “la historia de un peregrino ruso” que la de un militar norteamericano. Y Rusia siempre será más parte de Europa que esos Estados Unidos que han conseguido convertir a la Europa en gestación, en su perrito faldero.

Algún día sabremos además si dos países tan respetables como Suecia y Finlandia se han bajado los pantalones ante Turquía abandonando a los kurdos a su suerte, como se los bajó ante Marruecos nuestro presidente, defendiendo a los autores de al menos 23 muertos en Melilla, y echando la culpa de eso a las mafias: ¡exactamente el mismo argumento que daba Rajoy! Pero sin añadir que esas mafias surgen cuando hay gente que busca realizar derechos pisoteados. Porque no podemos aumentar el presupuesto ni para educación ni para sanidad ni para acoger a los migrantes. Pero sí lo vamos a aumentar para armarnos mejor (defensivamente, por supuesto).

Umberto Eco se precipitó: porque ahora es cuando podría escribir su gran novela, dejando estar la rosa y titulándola: “El nombre del progreso”. Y a propósito del progreso social se preguntaba hace muchísimos siglos el profeta Amós (6,12): “¿se puede arar con vacas? Pues vosotros convertís en veneno el derecho y la justica en acíbar».

 Y ya que sale la Biblia, me viene a la memoria una parodia de Jesús de Nazaret: “¿por qué miras la astilla en el ojo de Rusia y no ves la viga que llevas en el tuyo? Saca primero lo que llevas en tu ojo, y entonces verás bien para poder decirle a Putin: hermano, déjame que saque la astilla que llevas en tu ojo” (cf. Lucas 6, 41-42)

La cosa es tan seria que me pregunto si no obliga a UP a romper la coalición gubernamental aunque, seguramente, le irá mal en unas próximas elecciones. Pero al menos salvaría eso mínimo que es lo máximo: la ética. Y si hay que hacer políticas de derechas, pues mejor que gobierne la derecha. Las izquierdas siempre podrán aprender a rezar y pedir que no llegue un día en que estemos aún más tristes que hoy, porque la política “pacificadora” de la OTAN nos ha metido en una tercera guerra mundial (defensiva por supuesto).

Dimisión del Consejero de Rusia ante la ONU

El Consejero de Rusia ante la ONU en Ginebra dimite: «Nunca me he sentido tan avergonzado de mi país»

Putin

La ONU hace ahora hace un llamado a todos los demás diplomáticos rusos en las Naciones Unidas, y en todo el mundo, para que sigan su ejemplo moral y renuncien.

Guerra Rusia-Ucrania

El Consejero de Rusia ante la ONU en Ginebra, Boris Bondarev, ha dimitido de sus funciones por la invasión de Ucrania ordenada por Vladimir Putin el pasado 24 de febrero. «Nunca me he sentido tan avergonzado de mi país», dice el consejero en una declaración escrita enviada a los medios. 

«Durante veinte años de mi carrera diplomática he visto diferentes giros de nuestra política exterior, pero nunca me he sentido tan avergonzado de mi país como el 24 de febrero de este año. La guerra  desatada por Putin contra Ucrania, y de hecho contra todo el mundo occidental, no es solo un crimen contra el pueblo ucraniano, sino también, quizás, el crimen más grave contra el pueblo de Rusia. Con una letra Z en negrita ha tachado todas las esperanzas y perspectivas de una sociedad libre próspera en nuestro país», dice el diplomático

Bondarev acusa a los promotores de la guerra de querer perpetuarse en el poder y de no importarle la vida de sus conciudadanos. «Aquellos que concibieron esta guerra solo quieren una cosa: permanecer en el poder para siempre, vivir en palacios pomposos e insípidos, navegar en yates comparables en tonelaje y costo a toda la Armada rusa, disfrutar de poder ilimitado y total impunidad», acusa. 

«Para lograrlo están dispuestos a sacrificar tantas vidas como sea necesario. Miles de rusos y ucranianos ya han muerto solo por esto», denuncia.

El diplomático afea también el comportamiento de su país a nivel internacional en los últimos años y señala directamente al ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov: «Lamento admitir que durante estos veinte años el nivel de mentiras y falta de profesionalismo en el trabajo del Ministerio de Relaciones Exteriores ha ido en aumento. En lugar de información imparcial, análisis imparcial y pronósticos sobrios, hay clichés de propaganda en el espíritu de los periódicos soviéticos de la década de 1930. Se ha construido un sistema que se engaña a sí mismo. El ministro Lavrov es un buen ejemplo de la degradación de este sistema». 

Para Bondarev, hoy, «el Ministerio de Relaciones Exteriores no se trata de diplomacia», «se trata de belicismo, mentiras y odio». «Sirve a los intereses de unos pocos, de muy pocas personas, contribuyendo así a un mayor aislamiento y degradación de mi país», concluye.

Cirilo, el Patriarca ruso blasfemo

Cirilo y Putin
Cirilo y Putin

«Una vez más, la religión sigue siendo inspiradora de guerras, con lo que se augura que será -está siendo- terriblemente salvaje, poniendo a Dios por testigo e invocando su sagrado nombre»

«¡Eminentísimo Sr. Cirilo, déjese de blasfemias litúrgicas de oblicuos agradecimiento, e interésese de verdad por contribuir a terminar cuanto antes con guerra tan feroz, como ‘religiosa'»

Por Antonio Aradillas

El inmenso y pútrido «blasfemódromo” que en los siglos de los siglos ahondó la humanidad “religiosa”, acaba de hacerlo reventar   Kirill –“Cirilo” para los castellano-parlantes-, por más señas, Patriarca de la Iglesia cristiana de Moscú-, con ocasión de la inhumana guerra de Ucrania de la que se hacen eco fiel y unánime los medios de comunicación de todo el mundo. 

El tal Cirilo, hijo y nieto de sacerdotes ortodoxos, nació en Leningrado-Petrogrado el 20 de noviembre de 1946, llegando a ser consagrado “hieromonje”, el uno de junio de 1967 la gran fiesta de la Santísima Trinidad.  Fue entronizado como Patriarca   de la “Tierra Rusa” -que incluía “Rusia, Ucrania, Bielorrusia y otras tribus y pueblos”-  el día uno de febrero  del Año del Señor 2009, ejerciendo de siempre como padre-director espiritual  de su paisano y amigo  Wladimir Putín.

Cirilo

Las crónicas más recientes informan que el citado Patriarca, XVI de los de Moscú, lamenta que “las fuerzas del mal quieren romper la unidad histórica entre las naciones rusas”, por lo que es justa y legítima la guerra declarada por Putin, dado que «no debemos permitir que fuerzas externas oscuras y hostiles se rían de nosotros”

“¡Que el Señor proteja la tierra rusa y bendiga las armas que han de emplearse!”, resulta ser, más que una jaculatoria  dirigida a la Divinidad por su representante supremo eclesiástico, fruto y consecuencia  de un exceso  de vodka que, aunque literalmente significa “agüita”, es una bebida rusa que concentra  los más altos grados de alcohol…  El brindis a su amigo Putin, reconcentrado en la frase  de ser este personaje  “un milagro de Dios”, y la posibilidad de  represaliar a  Epifanio I, patriarca de la  Iglesia de Ucrania, escindida  de la de Moscú , e independiente  desde el año 2019, pueden contabilizarse como con-causas  de la declaración de esta guerra.

Una vez más, la religión sigue siendo inspiradora de guerras, con lo que se augura que será -está siendo- terriblemente salvaje, poniendo a Dios por testigo e invocando su sagrado nombre. 

Cirilo

¿Es que no hay salvación, si no dentro también de la Iglesia rusa, de modo similar como se nos adoctrinó a los católicos, apostólicos y romanos, tan repetidamente y con carácter de dogma, inherente al Credo?

No descarto la posibilidad de que, tal y como está hoy todo lo que se relaciona con la religión, no pocos involucren las palabras de Cirilo con comportamientos católicos jerárquicos, y lleguen a la conclusión de que precisamente donde no hay salvación no es fuera de la Iglesia, sino dentro de ella, sea rusa o católica…

¡Eminentísimo Sr. Cirilo, déjese de blasfemias litúrgicas de oblicuos agradecimiento, e interésese de verdad por contribuir a terminar cuanto antes con guerra tan feroz, como “religiosa” y, por el momento, márchese al frente, en primera línea o, al menos, baje al  refugio del “metro” y aliméntese del dolor y las lágrimas de niños y madres…¡

No olvide que usted y su patrocinador Wladimir Putin, son merecedores de ser condenados como criminales de lesa humanidad… Y, por amor de Dios, no destruyan la catedral infinita de Kiev…

«No ceder al chantaje de la amenaza nuclear»

Juan Masiá sj: «¿Poner la otra mejjilla o abofetear al agresor? ¿Poner la otra mejilla o interceptar el misil?»

J. MiVladimir Putin
J. MiVladimir Putin

-Maestro, si Putin me da una bofetada en la mejilla izquierda, ¿estoy obligado como discípulo tuyo a ofrecerle la derecha?

-No, obligado no estás. Puedes hacerlo, si tu conciencia te lo pide. Y puedes también detener su mano con tu derecha a la vez que un izquierdazo en su estómago le deja sin ganas de repetirlo. Puedes hacerlo, porque tienes derecho a defenderte

Por | Juan Masiá teólogo

Me imagino a Pedro, Juan y Andrés desayunando las sardinas asadas que preparó Jesús en la playa de Tiberíades.

–Ahora que ya pasó todo y sabemos que tú eres El Que Vive, se ven las cosas de otra manera, dice Pedro.

-¿Entiendes ahora por qué te dije “Vuelve tu espada a la vaina”?

-Claro, Maestro, era tu opción. Asumiste dar la vida por tus amigos. Además, buen cuidado tuviste de exigirles que solo te apresaran a tí.

 -Pero yo tengo un problema, Maestro, con tu pacifismo radical, tercia Andrés

-¿Cuál es tu problema? pregunta Jesús

Jesús en Tiberíades

 En ese momento los técnicos de RTV cambian el telón de fondo con un salto en el túnel del tiempo: los tres interlocutores están en Odessa junto al mar. Sigue diciendo Andrés:

-Maestro, si Putin me da una bofetada en la mejilla izquierda, ¿estoy obligado como discípulo tuyo a ofrecerle la derecha?

-No, obligado no estás. Puedes hacerlo, si tu conciencia te lo pide. Y puedes también detener su mano con tu derecha a la vez que un izquierdazo en su estómago le deja sin ganas de repetirlo. Puedes hacerlo, porque tienes derecho a defenderte.

-Ah, si es así, ya entiendo lo de la mejilla, respira Andrés.

-No, añade Jesús, aún te queda por entender algo muy importante: Si en vez de ser tu mejilla izquierda la que abofetean, es  a miles y miles de niños y niños y civiles inocentes, no sólo tienes derecho a defenderlos, lo que tienes es obligación de ayudar a Ukrania cerrando el espacio aéreo y ayudando militarmente a evitar los genocidios. Ojalá esa intervención humanitaria no llegue demasiado tarde como pasó en Yugoslavia o con Hitler.

-Es que pesa como chantaje la amenaza de las bravuconadas nucleares.

-Pues ya que son tan hábiles los que se mueven por el mundo de algoritmos digitales sugeridles que transformen aquél látigo que usé yo contra los oligarcas que dominaban la economía pseudoreligiosa del templo… y que lo alarguen hasta ser un lazo kilométrico que atrape en pleno vuelo al misil y le invierta la órbita para que caiga en el punto del que partió y explote en la mejilla derecha de los agresores injustos…

Vladimir Putin y patriarca Kirill
Vladimir Putin y patriarca Kirill

-Pero habría peligro de escalada…

-El peligro es que sigan matando inocentes. Con un ejemplo de sentido común. Si un terrorista atrincherado en una escuela no accede a negociar y empieza a matar criaturas inocentes, tendrán que entrar los geos para liberarlos, aun a costa de tener que disparar letalmente al agresor…

Un nuevo escudo social

Un nuevo escudo social contra las consecuencias de la invasión de Ucrania

La creación de un nuevo escudo social, feminista y verde, y una profundización democrática que nos aleje de planteamientos autocráticos son la mejor respuesta que podemos dar al asesino de ucranianos amigo de Vox

Refugiados ucranianos.
Refugiados ucranianos

Por Pablo Echenique

Cuando llegó la crisis económica provocada por la peor pandemia en 100 años, el gobierno de coalición acertó en la respuesta. Por primera vez desde que yo tengo uso de razón, una crisis se afrontaba haciendo enormes esfuerzos para proteger a la mayoría social. Se suspendió sine die la fracasada receta neoliberal de la «austeridad», se pusieron en marcha a toda velocidad los ERTE para salvar millones de empleos y cientos de miles de empresas, se lanzó el ingreso mínimo vital, se publicaron Reales Decretos-ley para paralizar inmediatamente los desahucios y los cortes de suministros, se estableció por primera vez en la historia una verdadera prestación por cese de actividad para las personas autónomas… y muchas cosas más. Con todos sus fallos y todas sus limitaciones, se levantó un verdadero escudo social como nunca antes se había hecho.

Yo, que tengo fama de ser un portavoz duro y que no se calla las diferencias con el PSOE cuando es necesario, recuerdo que le dije por aquellos días al presidente del Gobierno desde la tribuna del Congreso que era la primera vez que, además de estar orgulloso de mi país, estaba orgulloso de mi Gobierno.

Dos años después y cuando estábamos recuperándonos con fuerza de la crisis derivada del coronavirus, afrontamos con mucha preocupación el estallido de una guerra en suelo europeo que, además del injustificable dolor que el sátrapa amigo de todas las extremas derechas europeas está causando al pueblo ucraniano, va a provocar y ya está provocando una nueva crisis económica de diferentes características que la anterior pero que amenaza con similar y muy preocupante intensidad a las familias, a los pequeños negocios y a determinados y muy importantes sectores productivos.

Dos años después, la decisión que se nos plantea es la misma y el Gobierno de coalición debe responder de la misma manera. Debemos ser valientes, debemos ser ambiciosos y debemos poner en marcha un nuevo escudo social que proteja a la gente trabajadora y al tejido productivo de nuestro país frente a las graves consecuencias económicas de la invasión de Ucrania. Un nuevo escudo social que sea feminista y verde y que no se quede en parches coyunturales; que afronte con valentía las reformas estructurales que se revelan indispensables cuando eventos planetarios como la COVID-19 la invasión de Ucrania muestran con toda crudeza las costuras de un sistema económico mundial con demasiados elementos centrales al borde de la más absoluta insostenibilidad y cogidos con pinzas.

Las características fundamentales de la nueva crisis económica en la que ya estamos inmersos son bien conocidas: un exorbitante aumento de los precios de la energía, fundamentalmente a través del encarecimiento de gas, que se contagia al resto de la economía y que es la causa principal de una elevadísima inflación. Pero también una dramática bajada en el suministro de determinadas materias primas, como cereales, oleaginosas, fertilizantes, o determinados semiconductores, que también puede contribuir al aumento de los precios y que impacta de manera especialmente grave en determinados sectores específicos. Las medidas que compongan ese nuevo escudo social que hay que poner en marcha tienen que tener en cuenta las especiales características de esta nueva crisis.

Por eso, lo primero que hay que hacer es frenar inmediatamente la escalada de los precios de la energía y, para ello, hay que desacoplar la factura de la luz del precio del gas, sacando a las centrales basadas en esa materia prima del mercado marginalista. No puede ser que, mientras el oligopolio eléctrico cuadruplica sus beneficios en 2021 y el presidente de Iberdrola gana más de 35.000 euros al día, estemos pagando 700€ por cada MWh –por ejemplo– a las centrales hidroeléctricas, que producen la energía a menos de 20€/MWh. Como llevamos diciendo desde hace años, la fijación marginalista de precios es una estafa y los «beneficios caídos del cielo» deberían cambiar su nombre, porque no caen del cielo. Son un saqueo directo a los bolsillos de las familias, los pequeños negocios y la industria por parte de las eléctricas.

Al mismo tiempo, hay que proteger a las personas que dependen directamente de instalaciones de gas natural. El Gobierno debe implementar algún tipo de cheque-ayuda como el que se ha puesto en marcha en Francia y se debe lanzar un plan de subvenciones y créditos blandos para sustituir las calderas de gas natural por otras tecnologías que no dependan directamente de esta materia prima. En España, más de cinco millones de personas tienen problemas para calentar sus viviendas en invierno. Es de una insensibilidad inaceptable que las instituciones le pidan a la gente que baje la calefacción. Lo que tienen que hacer las instituciones es actuar.

El asunto del precio del gas es central, pero el nuevo escudo social tiene que ir más allá porque este no es el único canal de afectación de la economía en esta crisis. La inflación o el precio de los carburantes afectan de una forma desproporcionada a las rentas más bajas y a los pequeños negocios, que no pueden ser, de nuevo, los que paguen los platos rotos. Por ello, es indispensable avanzar de forma urgente en la redistribución de la riqueza y las rentas, de forma directa –mediante una reforma fiscal progresiva– y también de forma indirecta –mediante un fortalecimiento decidido de los servicios públicos y el sistema de cuidados, así como las ayudas a los sectores económicos más afectados–, financiando lo segundo gracias a lo primero.

Hay que reforzar la sanidad pública, en particular la atención primaria y la salud mental (con perspectiva de género), la educación pública de 0 a 3 y todas las demás etapas, el sistema de atención a la dependencia y otros elementos más recientes del sistema de cuidados como el Plan Corresponsables. Y hay que hacerlo aumentando su financiación pero también mejorando las condiciones laborales de sus profesionales. Porque, cuando estos elementos están débiles, el coste de asumir los cuidados va a parar a las espaldas de las familias y fundamentalmente de las mujeres. Pero también porque este camino es muy eficaz en términos económicos. Los servicios públicos son altamente intensivos en empleo y, además, su fortalecimiento permite mantener los niveles de consumo de la gente trabajadora; algo mucho más eficaz para una economía como la nuestra que favorecer la acumulación de riqueza y renta en manos de unos pocos.

En la misma lógica, hay que inyectar liquidez en las PyMEs y autónomos mediante el establecimiento de verdaderas sanciones a la morosidad de las grandes corporaciones y hay que lanzar un programa de ayudas directas y compra pública de alimentos de proximidad para proteger a nuestros pequeños y medianos productores agrícolas y ganaderos, que se van a ver muy afectados por elementos específicos de esta crisis como la escasez y aumento del precio de los piensos o los fertilizantes. En el medio plazo, hay que conseguir que la Unión Europea reoriente la Política Agraria Común hacia una mayor soberanía alimentaria. No es sensato plantear la sustitución de unas dependencias geoestratégicas (Ucrania, Rusia) por otras (Argentina, Canadá) cuando países como España tienen una capacidad de autoabastecimiento claramente infraexplotada debido a una incorrecta planificación que, además, aumenta la huella de carbono.

Para sufragar este escudo social, hay que decir claramente que tiene que ser el 1% de personas más privilegiadas quienes se aprieten el cinturón y arrimen el hombro. No es el momento de paralizar la reforma fiscal. Al revés. Debido a la necesidad imperiosa de levantar un nuevo escudo social, es hoy más urgente que nunca llevar a cabo una reforma fiscal valiente y progresiva que baje el IVA a productos de primera necesidad como los servicios veterinarios, las peluquerías o los productos de higiene femenina, que suba los tipos para rentas del trabajo por encima de 120.000€ en el IRPF y también de las rentas del capital, que sitúe un verdadero impuesto a la riqueza que impida la existencia de paraísos fiscales interiores como la Comunidad de Madrid o que establezca un tipo efectivo mínimo del 15% en el impuesto de sociedades para que las grandes corporaciones paguen lo que les toca.

En lo que afecta a las personas más directamente afectadas por el conflicto, tenemos la obligación moral de acoger a todas las personas refugiadas, la inmensa mayoría mujeres y menores, con celeridad, prestando especial atención a las circunstancias de mayor vulnerabilidad (explotación sexual, trata, persecución de minorías LGTBI, romaní, etc.) y con todos los derechos, y también de regularizar a todas las personas ucranianas sin papeles que viven en España. Eso sí, no se entendería la hipocresía de no hacer exactamente lo mismo con todos los refugiados y todas las personas migrantes en situación irregular, vengan de donde vengan y sea cual sea su religión o el color de su piel. La confiscación inmediata de todos los bienes que los oligarcas rusos tienen en nuestro país podría servir para financiar una parte de los esfuerzos extra en materia de refugio y asilo.

Por último, hay que saber que los planteamientos reaccionarios corren el riesgo de aumentar su aceptación entre la población, ser masivamente difundidos por buena parte de los poderes mediáticos y avanzar mucho más en tiempos de guerra que en tiempos de paz. La derecha y la extrema derecha lo saben perfectamente. De hecho, tanto el PP como Vox fueron cristalinos en la sesión parlamentaria del miércoles 2 de marzo. La portavoz del PP habló claramente de un aumento en el presupuesto de armamento y ofreció la posibilidad de un esquema político de gran coalición para afrontar la guerra. Santiago Abascal fue mucho más explícito, prácticamente celebrando el conflicto bélico como una oportunidad para dejar de hablar de feminismo, recuperar las centrales nucleares o establecer una distinción entre los diferentes tipos de refugiados en clave racista y xenófoba. A esto hay que añadir la conexión entre Putin y todas las extremas derechas europeas, incluido Vox. En tales circunstancias, es más que una obligación que el bloque democrático de partidos que sostiene al Gobierno de coalición refuerce su conciencia de bloque y la necesidad de colaboración para poder seguir avanzando en derechos en nuestro país. Cualquier tentación de acompañar a la derecha en el camino que ellos tienen completamente claro, supondría un gravísimo peligro para las mujeres, para las minorías, para el desarrollo del Estado social y para los derechos democráticos y civiles en España.

En este sentido, la mejor forma de detener el avance del bloque reaccionario, la mejor forma de luchar contra la involución democrática es precisamente la profundización democrática, el avance de los derechos y libertades fundamentales así como la calidad democrática de nuestras instituciones. Por ello, frente a la autocracia y al autoritarismo de Putin y sus aliados de extrema derecha, España tiene que liderar la mejora de los sistemas democráticos europeos adoptando, entre otras, medidas como la renovación de un Consejo General del Poder Judicial que lleva más de 1000 días caducado violando su mandato constitucional, una verdadera derogación de la reaccionaria Ley Mordaza que aprobó el PP durante la última crisis para reprimir los derechos fundamentales de manifestación y reunión o la aprobación de la Ley de Libertad de Expresión (en estos momentos, en trámite en el Congreso de los Diputados) para así eliminar de nuestro Código Penal delitos medievales como el de injurias a la Corona o el de ofensa de sentimientos religiosos que convierten a nuestro país en uno de los países del mundo con el mayor número de artistas encausados por hacer obras de teatro, cantar canciones o poner tuits.

La creación de un nuevo escudo social, feminista y verde, así como una profundización democrática que nos aleje de planteamientos autocráticos y autoritarios es la mejor respuesta que podemos dar al asesino de ucranianos amigo de Vox, es la forma de proteger a nuestro pueblo de las terribles consecuencias de la guerra y sería algo que, de nuevo y como hace dos años, me haría volver a sentirme –a mí y estoy seguro de que a mucha gente– orgulloso del gobierno de mi país

Dostoievski, otra barricada frente a Putin

El escritor ruso ilumina, 200 años después de su nacimiento, la oposición a la invasión de Ucrania

Doscientos años después de su nacimiento en el Hospital de Pobres de Moscú, Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881) sigue buscando incansablemente a Dios. Y es un símbolo, una tea, un faro. “Hoy, justo hoy, hace falta más que nunca volver a Dostoievski”, señala Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica. Y lo hace, precisamente, para reivindicar al gran autor ruso del siglo XIX, con su cristianismo y su alma rusa, para contraponerlo frente a la invasión de Ucrania.


Dostoievski pensaba que el hombre no es nada sin Dios. “Nunca he podido imaginarme a los hombres sin Él”, llega a decir. Y toda su visión de Dios habita en Crimen y castigo, Los demonios, Los idiotas o Los hermanos Karamazov, novelas en las que da testimonio de una constante búsqueda de la fe, del amor, por encima de todo. “Dostoievski expone, a través de sus personajes, que el camino de la fe necesita del amor humano y el amor es el camino que nos lleva a Dios”, describe Tamara Djermanovic, profesora de Estética y Literaturas Eslavas de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

Es a través del amor –y el amor de Cristo– donde Dostoievski encontró a Dios, y de Él mana la “humanidad” que reivindica también Spadaro frente a la “barbarie de la guerra”. Así es como resume el jesuita Ferdinando Castelli la visión de Dostoievski: “El poder del Salvador debe buscarse en el ofrecimiento que Él nos hace de su amor, sin imponerlo. No es el Dios de los rayos, de los milagros o de la espada, sino del silencio humilde, de la comprensión amorosa y de la misericordia infinita”. El novelista italiano Alessandro D’Avenia lo simplifica aún más: “Dostoievski escribe sus obras como si fueran una continuación del Evangelio”.

Ese mismo Dostoievski, el que afirmó que “mi modelo moral, mi ideal es uno solo, Cristo”, es hoy quien se ha transmutado en antorcha y guía frente a la guerra de Ucrania, la invasión con la que Vladímir Putin ha escandalizado al mundo. “¿Qué diría Dostoievski de Putin? No lo sabemos, pero es muy posible que viera en él a uno de los siniestros personajes de Los demonios. Y a uno de los peores”, expone el crítico y poeta Eduardo Jordá. Si Dostoievski fue un autor incómodo tanto para el zarismo como para la Unión Soviética –opinaba que “el socialismo pone en peligro la civilización”–, lo es también para Putin y la Rusia nuevamente imperialista.

Protestas contra la guerra

“Hace pocos días, alguien decidió prohibir una conferencia sobre Dostoievski en una universidad italiana como protesta contra la invasión de Ucrania. Si esto es cierto, y parece que lo es, estamos cometiendo un error monumental –prosigue Jordá–. Ahora mismo, en Rusia, hay miles de personas que se juegan el tipo protestando contra la guerra. Y jugarse el tipo significa una condena a quince años de cárcel y la pérdida automática del puesto de trabajo. El que proteste sabe que está condenado a convertirse en un paria social sin derechos de ningún tipo, y eso que en Rusia nadie anda muy sobrado de derechos. Pues bien, aun así, miles de personas siguen protestando. Y entre esas personas hay miles de lectores de Dostoievski”.

La Universidad Bicocca, en Milán, dio marcha atrás y finalmente ha dado vía libre al curso que imparte Paolo Nori. “Creo que lo que está pasando en Ucrania es algo horrible –denunció el propio escritor italiano–, pero censurar un curso es ridículo. Que una universidad italiana prohíba un curso de un autor como Dostoievski es algo que no puedo creer”. ¿Por qué?

El crítico Rafael Narbona escribió en El Cultural una crítica acerca de los ensayos de André Gide sobre el autor de Memorias del subsuelo, y manifiesta: “Dostoievski no es un nacionalista arrogante, sino un enamorado de su patria. Piensa que el destino de Rusia es ‘encabezar los intereses comunes de toda la humanidad’. No habla de un liderazgo político, sino espiritual. El ruso es profundamente generoso. El dolor ajeno nunca le deja indiferente”.

La invasión de Ucrania

Putin

“Ucrania odiará a Rusia durante muchos años”

El filósofo y periodista ucranio Volodímir Yermolenko, que resiste en Kiev como voluntario en la defensa de la ciudad, alerta a Occidente de que se enfrenta a un “nuevo fascismo” de “tácticas inhumanas”

ÓSCAR GUTIÉRREZ

Volodímir Yermolenko admite que no sabe usar armas y, por tanto, de poca ayuda puede ser cuando el avance de las tropas rusas alcance la capital, Kiev, si así ocurre finalmente. Este filósofo, periodista y escritor ucranio de 41 años se queda de momento en la ciudad, la que le vio nacer. Llevó a su familia, su mujer, tres hijos y sus padres, hacia el oeste del país, en alerta por la ofensiva, pero menos golpeada que la franja oriental. Luego, él regresó a casa. Yermolenko permanece en Kiev como voluntario en lo que llama la “defensa” de la ciudad, sea en temas de logística, reparto de comida, cuidado de mayores o el traslado de conocidos lejos de ahí. Reconoce, en conversación telefónica con EL PAÍS que no sabe lo que hará a medio plazo. “No soy capaz de disparar, no tengo formación militar”, dice, “y hay que ser racional y saber cómo uno puede ser útil; mi misión es contarle al mundo lo que está pasando, si eres civil y no puedes resistir mediante las armas, eres inútil”. Así que quizá mejor marchar.

Yermolenko encaja en eso que llamamos intelectual. Formado en ciencias políticas en Francia, en filosofía en su tierra, colabora como analista con prensa extranjera, ha publicado varios ensayos y está al frente de proyectos periodísticos como Ukraine World. Pero cuando toca a rebato por la invasión militar del país vecino es uno más. “He visto a amigos míos como voluntarios en la defensa del territorio, pero tengo que pensar fríamente y saber cómo puedo ser más útil”. Mientras conversa, el servicio de inteligencia británico comunica que hay tropas rusas a unos 25 kilómetros, una información que coincide en gran medida con las imágenes de satélite estadounidenses mostradas en las últimas 48 horas. Con un matiz: acercan un poco más a los batallones rusos a la capital ucrania. Este sábado, además, el ejército enviado por el Kremlin golpeó al sur de la ciudad, en Vasilkiv, a unos 35 kilómetros.

“Kiev se ha convertido en una fortaleza”, mantiene Yermolenko. No ve tan claro que vaya a caer su ciudad ante el avance de los rusos. “Quizá logren rodearla y bombardearla fuertemente, provocando un nuevo desastre humanitario”. Pero no capturarla. Preguntado por cómo se entera alguien que reside en Kiev de lo que el mundo lee en la prensa, este filósofo responde que viaja de un lado a otro, tiene amigos en Bucha, por la salida norte de la ciudad, atacada recientemente en plena evacuación de civiles; también ha llegado hace poco hasta Brovary, en la ribera oriental del río Dnieper, en donde ayudó a unos conocidos a abandonar la zona ―un convoy ruso fue emboscado esta semana en esa misma localidad―.

Y hablando de la posible victoria de Moscú en la capital ucrania surge una pregunta casi en el terreno de la filosofía: ¿qué es victoria? Y todo a colación de las manifestaciones de rechazo en las calles de localidades en el sureste del país como Melitopol o Jersón, bajo dominio ya de los uniformados rusos. Ganan, pero… “Esta victoria no tiene significado alguno como ves en las protestas”, señala Yermolenko, “es el fin de Rusia como gran poder, es algo irracional, pero esta irracionalidad es muy cruel, es un gesto de desesperación, pero que provoca crímenes enormes”.

Leyendo los textos de este gran comunicador ucranio, hay algo común que sirve de columna vertebral en su parlamento: la identidad ucrania. Y esta, como defiende durante la charla, cambia necesariamente por efecto de la violencia. “Primero”, enumera Yermolenko, “porque los rusos ya no serán queridos en Ucrania y el número de ellos en el país bajará tremendamente; además, si lo que quería Rusia era atraer a Ucrania a su área de influencia como en el pasado, están haciendo justo todo lo contrario. Ahora tienen a un país enorme que les odia y que les odiará durante muchos años”. Eso sí, puntualiza, Ucrania y Rusia son “enemigos” en la actual contienda, pero ya lo eran desde la toma de parte del Donbás, en el sureste ucranio, en 2014.

Yermolenko ha tratado en las últimas semanas de deshacer el argumentario del hombre al frente de las hostilidades contra su tierra, el presidente ruso, Vladímir Putin. Eso de que ucranios y rusos son lo mismo y juntos tienen que estar como en época del imperio ―que califica de “cuentos de hadas” y “fantasías”―. Ha recordado que Ucrania es una y Rusia otra, que tienen una tradición democrática y horizontal de siglos, con el recuerdo puesto incluso en los cosacos de la estepa, mientras el gigante del Este optó por cumplir la palabra del zar. Pero hay más: Putin ordenó el asalto sobre Ucrania el 24 de febrero pasado con el objetivo declarado de “desnazificar” el territorio. Este filósofo da la vuelta a la tortilla del Kremlin y defiende que su país se enfrenta a un “nuevo fascismo, un nuevo nazismo”, descrito como cruel, atizador del pánico, a través de “tácticas inhumanas”.

Y todo esto crea un dolor que, continúa Yermolenko, durará generaciones. “Recuerdo que mis abuelos odiaban a los alemanes hace medio siglo”, rememora, “pero incluso cuando les decías que no eran los mismos ahora que los de la Segunda Guerra Mundial, que eran civilizados y normales, aún así los odiaban, y pasará lo mismo con nosotros. No creo que la reconciliación llegué pronto, es muy difícil cuando están bombardeando hospitales, colegios, a los niños”.

Volvemos de la trinchera de las ideas a la de la calle. ¿Qué es lo siguiente que hará? “La verdad es que no puedo dar respuesta, no lo sé, hay mucho trabajo que hacer aquí, no sé, ya veremos”. Quedarse o partir.

No a la guerra en Ucrania

Foro de Cristianos G. G. Laviana: «Seguimos diciendo NO a que haya tanta gente muerta o herida en Ucrania»

Paz en Ucrania
Paz en Ucrania

«La irracionalidad de tanta muerte en la guerra por Ucrania nos está destrozando a todos, aunque a unos más que a otros»

«Nosotros, desde la casi nada que significamos, seguimos diciendo NO a que haya tanta gente muerta o herida, NO a tanto sufrimiento que está ocasionando la guerra de Putin, NO incluso a la misma existencia de armas»

«Queremos reafirmar el derecho que tenemos todos a vivir en paz y decir que los conflictos siempre tienen que ser resueltos por el diálogo entre las partes»

«Lamentaríamos que vaya a ser cierto que uno más de los perdedores de esta guerra vaya a ser la transición ecológica y social. Los gastos militares no nos pueden desviar de estos importantes objetivos

(Foro Gaspar García Laviana).- La irracionalidad de tanta muerte en la guerra por Ucrania nos está destrozando a todos, aunque a unos más que a otros. Además, el sufrimiento de ahora hay que añadirlo al que ya teníamos, debido a todas las otras violencias que nos venían hiriendo cada día, entre las que destacan por su número las muertes de todos cuantos buscan nuevos horizontes en otros países y caen en el camino o en las aguas de los mares que nos rodean.

La esperanza de caminar hacia un futuro mejor se tambalea, pues no podemos dejar de pensar que la violencia se manifiesta siempre en forma de espiral. El Papa, uniéndose a otras muchas voces, pide en nombre de Dios que se detenga la agresión armada, pero sus palabras quedan ahogadas por el orgullo o la ambición de los poderosos y caen en el vacío.

Por encima de todo, nosotros, desde la casi nada que significamos, seguimos diciendo NO a que haya tanta gente muerta o herida, NO a tantos hogares destruidos y desplazamientos a otros países, entre ellos miles de niños, NO a tanto sufrimiento que está ocasionando la guerra de Putin y de quienes le apoyan, NO a todas las guerras, NO incluso a la misma existencia de armas, ofensivas y defensivas, NO a todos los señores de las guerras que se enriquecen a costa de ellas, NO a los que están detrás manejando tan cruelmente los hilos de nuestra arquitectura social, sin nada importarles lo que sufran los demás.

Pero, aparte del hecho, y con él delante, herido el corazón, necesitamos entender algo lo que está pasando. La actitud crítica es imprescindible, no sólo por las habituales falsas noticias, sino por lo que frecuentemente se nos oculta. El descaro de la mentira presentándosenos como verdad es impresionante.

Hemos leído que ha habido unosacuerdos de Minsk firmados por los dirigentes de Rusia, Ucrania, Alemania y Francia en 2014 y 2015, que hay un problema político entre Ucrania y las regiones de Donbass y Luhansk, vimos en un mapa la expansión de la OTAN hacia los países del Este después del fin de la Guerra Fría y en 2014 cómo Crimea se adhiere a Rusia o, según otros, cómo Rusia se anexiona a Crimea. Hemos oído decir que la situación de guerra en la que vivimos es debido a los deseos de Putin de situar a Rusia en el nivel que le corresponde como potencia nuclear que es y que cree haber perdido. Por otra parte, entendemos que Ucrania, como país libre e independiente que es, reclame su derecho a tomar las decisiones políticas y militares que crea convenientes para ella.

Nosotros no vamos a entrar en los problemas antes citados, ni en otros parecidos que habrá, todos ellos muy complejos. Lo que sí queremos es reafirmar el derecho que tenemos todos a vivir en paz y decir que los conflictos siempre tienen que ser resueltos por el diálogo entre las partes. Por eso, no creemos que la mejor solución para el futuro de los países de la UE sea aumentar el gasto para crear un ejército europeo más poderoso. Lo que hay que fortalecer es una legislación que proteja la paz y debe existir un organismo reconocido por todos que obligue a cumplirlas en todo el mundo.

Lamentaríamos que vaya a ser cierto que uno más de los perdedores de esta guerra vaya a ser la transición ecológica y social que estaba en primera línea de la agenda de la Unión Europea. El problema climático del que se había tomado conocimiento sigue su evolución al margen de los acontecimientos humanos de cada momento. Los problemas sociales han aumentado debido al COVID-19 y a la guerra por Ucrania. Llevar a cabo la transición ecológica y social es más urgente hoy que ayer, los gastos militares no nos pueden desviar de estos importantes objetivos.

Marzo de 2022. Foro Gaspar García Laviana

As tentações do poder e a tragédia

Anselmo Borges
Anselmo Borges

«Perante os horrores que estamos a viver, escrever o quê? O meu desejo era tão-só pôr como título: Ucrânia: o horror»

«Mas estamos na Quaresma e, no Domingo passado, o Evangelho narrava as três tentações de Jesus. Jesus não cedeu. Mas, quando se cede, julgando ser Deus, então é o que se sabe, ao percorrer a História: horrores, tragédias sem fim, a brutalidade pura…»

«Nunca a Europa esteve tão unida como nesta condenação. Putin sentir-se-á isolado como nunca, já com um lugar na história dos tiranos, e a solidariedade com os ucranianos é gigantesca e cordial»

«Nesta solidariedade e procura da paz mediante negociações diplomáticas, o Papa Francisco tem sido incansável: ‘A Santa Sé está disposta a tudo, a pôr-se a caminho pela paz'»

«O grande objectivo de Francisco é poder entrar em contacto, pelo menos telefónico, com Vladimir Putin. Para isso, precisaria da mediação do Patriarca ortodoxo de Moscovo, Kirill, que, desgraçadamente, se tem colocado ao lado de Putin»

Por Anselmo Borges

Perante os horrores que estamos a viver, escrever o quê? O meu desejo era tão-só pôr como título: Ucrânia: o horror. Depois, pedir para colocarem na página em branco a imagem de uma cruz e, no fundo à direita, duas palavras: Lágrimas e solidariedade. E era tudo.

Mas estamos na Quaresma e, no Domingo passado, o Evangelho narrava as três tentações de Jesus, tentações que, lá no fundo, não são senão uma só: a tentação do poder total enquanto domínio: o poder económico — o diabo disse a Jesus: “diz ntacionesa estas pedras que se transformem em pão” —, o poder religioso — levou-o ao pináculo do Templo e disse-lhe: “Se és Filho de Deus, atira-te daqui abaixo, os anjos levar-te-ão nas suas mãos” —, o poder total — “o diabo mostrou-lhe todos os reinos do universo: Dar-te-ei todo este poderio e a sua glória; se te prostrares diante de mim, tudo será teu.”

Jesus não cedeu. Mas, quando se cede, caindo na tentação do domínio total, da omnipotência, julgando ser Deus, então é o que se sabe, ao percorrer a História: horrores, tragédias sem fim, a brutalidade pura, reinos destruídos, impérios que se desmoronam, ódio, sofrimento e dor sem nome e sem fim… Lembrando apenas o século XX na Europa: várias guerras, com duas mundiais, custaram quantos mortos?

E agora, quando pensávamos ter encontrado a paz, eis que, num desígnio imperial, Vladimir Putin, ignorando o Direito Internacional, a dignidade da pessoa, os direitos humanos, invade um país independente e soberano, a Ucrânia. E aí está outra vez a guerra, e as atrocidades sucedem-se, bombardeamentos indiscriminados, milhões de deslocados, feridos, mortos, edifícios arrasados, idosos, mulheres, crianças a fugir desesperados à morte, num calvário arrepiante, pungente. O intolerável que, no limite da loucura de uma guerra nuclear, poderia arrastar para o auto-aniquilamento da Humanidade…

Mesmo se a União Europeia e a NATO não souberam gerir da melhor maneira o pós-queda do Muro de Berlim e o desmembramento da URSS — não se deverá esquecer a ideia de De Gaulle sobre uma Europa “do Atlântico aos Urais” nem o discurso do Papa João Paulo II sobre o Ocidente e o Oriente como “os dois pulmões” da Igreja e da Europa —, isso não justifica de modo nenhum a invasão. Aliás, felizmente, como que anunciando o despertar para uma nova Europa, nunca a Europa esteve tão unida como nesta condenação e, também na Assembleia geral da ONU, 141 Estados votaram a favor da resolução condenando a invasão; apenas 5 votaram contra. Putin sentir-se-á isolado como nunca, já com um lugar na história dos tiranos, e a solidariedade com os ucranianos é gigantesca e cordial.

Nesta solidariedade e procura da paz mediante negociações diplomáticas, o Papa Francisco tem sido incansável. Logo nos primeiros dias da guerra, encontrou-se com o embaixador russo no Vaticano, telefonou ao embaixador da Ucrânia, manifestando a sua “profunda dor” pela invasão, e falou com o presidente ucraniano Zelensky.

Entretanto, enviou à Ucrânia dois cardeais: Krajewski, o esmoleiro, e Czerny, prefeito do Dicastério para o Desenvolvimento Humano Integral, como mensageiros da paz. No Domingo passado, foi claro: “Na Ucrânia, correm rios de sangue e de lágrimas. Não se trata de uma operação militar, mas de guerra, que semeia morte, destruição e miséria.” Lembrando as tentações, sublinhou que elas são “uma proposta sedutora mas que conduz à escravidão do coração: cegam-nos com a ânsia do ter, reduzem tudo à posse de coisas, de poder e de fama. Jesus, porém, opõe-se vitoriosamente à atracção do mal. Como? Respondendo às tentações com a Palavra de Deus, que diz que a verdadeira felicidade e a liberdade não estão no ter, mas na partilha, não no aproveitamento dos outros, mas no amor, não na obsessão pelo poder, mas na alegria do serviço.” E, mais uma vez, declarou: “A Santa Sé está disposta a tudo, a pôr-se a caminho pela paz.”

Numa conversa telefónica entre o Secretário de Estado do Vaticano e o Ministro dos Negócios Estrangeiros da Federação Russa, o cardeal Parolin repetiu a Lavrov o apelo de Francisco e a disposição da Santa Sé para todo o tipo de mediação considerado útil para fomentar a paz: “Os combates têm de cessar, impõe-se abrir corredores humanitários, negociar.”

Papa Francisco
Papa Francisco

O grande objectivo de Francisco é poder entrar em contacto, pelo menos telefónico, com Vladimir Putin. Para isso, precisaria da mediação do Patriarca ortodoxo de Moscovo, Kirill, que, desgraçadamente, se tem colocado ao lado de Putin.

Termino com parte da letra de uma canção, enviada por um amigo, intitulada: “Senhor Putin”.

“Sr. Putin, permita que lhe pergunte: afinal, quem é? Nasceu de pai e mãe? Tem coração que bate? Pensa? Sente? Já alguma vez sofreu? Já chorou? Como é possível sob o seu comando tanta gente perder a vida, perder a paz, ter de abandonar as suas casas, fugir das armas e tanques de guerra, tudo sob o seu comando? Como pode ver crianças a sofrer, a chorar assustadas, crianças mortas? Crianças a nascer em bunkers, mulheres a ver os seus maridos e filhos a morrer? Quem é afinal, Sr. Putin? Pense… Alguém lá acima, mas muito acima…, Esse, sim, a quem todo o poder pertence, Ele fará justiça e o Sr. Putin irá então encontrar-se consigo mesmo, dando conta da sua pequenez, ignorância, insignificância, frieza, crueldade e materialismo. A vida aqui tem um tempo limitado. Abra os olhos. Pare, Sr. Putin, pois esta guerra não é dos russos, é do Sr. Putin. Deus, sim, Ele é o Senhor de tudo.”

La transformación de la UE

Envío de armas, cascada de sanciones a Rusia y protección a los refugiados: la guerra de Ucrania transforma la UE La Unión Europea ha mutado en apenas una semana, el tiempo que lleva la ofensiva del presidente ruso, Vladímir Putin, sobre Ucrania

Ursula von der Leyen, Antonio Costa, Mette Frederiksen, Pedro Sánchez y Charles Michel, durante una reunión especial del Consejo Europeo el 24 de febrero.
Ursula von der Leyen, Antonio Costa, Mette Frederiksen, Pedro Sánchez y Charles Michel, durante una reunión especial del Consejo Europeo el 24 de febrero. EFE/EPA/OLIVIER HOSLET

Por Andrés Gil Corresponsal en Bruselas — 

Las crisis suelen ser momentos de transformaciones sociales. Para bien o para mal, las realidades que surgen después de una crisis son diferentes a las que existían antes de entrar en ellas. Hace diez días, cuando la Unión Europea aprueba el primer paquete de sanciones contra Rusia, cuando sólo era una respuesta al reconocimiento del presidente ruso, Vladímir Putin, de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, los 27 fueron capaces de tomar decisiones en tiempo récord, para los estándares europeos en política exterior, cuyas competencias residen en los Estados.

Pero las sanciones seguían el patrón habitual en Bruselas: una lista de dirigentes a los que se les cerraban las fronteras y se les bloqueaban los activos, si acaso tenían alguno dentro de la UE. Era una medida muy del manual de Bruselas, aunque fuera tomada en 48 horas y, además, con la aquiescencia de los 27, los mismos 27 que en el pasado reciente tardaron meses en aprobar sanciones contra Bielorrusia, por ejemplo.

En esa misma noche en la que se publicaron las sanciones en el Boletín Oficial de la UE, Putin decide atacar Ucrania. Y ahí todo empieza a acelerarse y empiezan a tomarse decisiones, no sólo más rápido que nunca, sino con un calado sin precedentes dentro de la Unión Europea en un momento, además, en el que está en marcha una Conferencia sobre el Futuro de Europa que se va a ver desbordada por las decisiones que están tomando los líderes de la UE.

Y esas decisiones, que se van tomando día a día y por unanimidad, van mutando a una Unión Europea a menudo resistente a los cambios.

Opciones que ni estaban sobre la mesa

El jueves 24, cuando se reúnen los jefes de Estado y de Gobierno en Bruselas, horas después del inicio de la invasión y mientras las tropas rusas avanzaban hacia Kiev, ni siquiera estaba sobre la mesa sancionar a Vladímir Putin, ni a su jefe de la diplomacia, Sergéi Lavrov, y tampoco había acuerdo sobre desenganchar del sistema de trasferencia de pagos Swift a ninguna entidad rusa, por ejemplo.

Pero eso cambió en cuestión de horas. Y el fin de semana pasado ya se aprobaron sanciones contra Putin, contra Lavrov, se desenganchó a siete bancos del Swift y se acordó congelar los activos del Banco Central de Rusia. Es más, el pasado fin de semana se anunciaron más medidas clave: que la UE enviará armas a Ucrania, que se bloquearán las emisiones de RT y Sputnik y que se abrirán las fronteras para los refugiados.

Por primera vez en la historia, la Unión Europea, nacida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, concebida como espacio de reconciliación entre dos enemigos eternos, como Francia y Alemania, acuerda facilitar armas a Ucrania lo que, de facto, implica a la UE en el conflicto, al margen del debate abierto sobre la eficacia o no de la medida y sus repercusiones. «Estamos en una guerra», reconocía el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, el lunes pasado.

En su discurso ante el Parlamento Europeo esta semana, Borrell, explicaba el proceso de toma de decisiones que ha mutado la UE en escasas horas; una UE que en las semanas previas de la invasión rusa no estaba convocada a las negociaciones entre EEUU y Rusia.

«El sábado pasado, después de haber celebrado otro Consejo de Asuntos Exteriores y de asistir al debate del Consejo de la Unión Europea, estuve hablando con usted, presidente [del Consejo Europeo, Charles] Michel, y me dijo: ‘¿Estamos haciendo todo lo que podemos? ¿Hay algo más que podamos hacer? ¿Es suficiente? ¿Somos tan impotentes?’ Y usted me dijo: ‘Piensa, haz, actúa. Tenemos que presionar a los Estados miembros para que adopten decisiones sobre el Swift y saquen a Rusia del sistema financiero. Piensa en cómo podemos armar a Ucrania. No país por país, uno tras otro de forma descoordinada’. Y me animó a volver a hablar con los Estados miembros, y en pocas horas acordamos utilizar este Fondo Europeo para la Paz con el fin de aportar ayuda financiera y coordinar a los Estados miembros para armar al ejército y al pueblo ucranianos. En menos de 24 horas, otro tabú había caído».

Otro tabú había caído, en 24 horas

La UE tardó años en acordar una moneda única; y la UE fue incapaz de mutualizar deuda en la crisis financiera de 2008, marcada por los recortes y os hombres de negro. Pero en esta crisis, la UE ha sido capaz de ponerse de acuerdo para comprar vacunas de forma mancomunada, emitir deuda común para sostener un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros; poner en marcha al BCE con un programa de compra de activos de 1,8 billones de euros de forma inmediata y suspender el Pacto de Estabilidad y Crecimiento para mantener abierto el grifo del gasto público.

Y la UE, que desde que sus cimientos ha caminado bajo el paraguas de la OTAN, que contaba con una Organización Europea Occidental que acabó disolviéndose sin haberse desarrollado en seis décadas de vida, que hace dos décadas anunció en Helsinki la creación de un Ejército común de 50.000 soldados que nunca vio la luz; y una UE que, tras la caída de Kabul y el fiasco de Afganistán, anunció la intención de crear una fuerza de intervención rápida de 5.000 soldados dentro de una brújula estratégica diseñada por Borrell que lleva meses debatiéndose y que en el presente contexto parece que será respaldada por los 27.

«Las fuerzas del mal, las fuerzas que pugnan por seguir utilizando la violencia física como una forma de resolver los conflictos, siguen vivas y frente a ellas tenemos que demostrar una capacidad de acción mucho más poderosa, mucho más consistente y mucho más unida que la que hemos sido capaces de hacer hasta ahora», afirmaba Borrell.

Hito para refugiados

En paralelo a ese discurso del hard power de Borrell en la Eurocámara, la Comisión Europea preparaba su propuesta para activar, por primera vez desde su aprobación hace dos décadas, la directiva de protección temporal. No se ha activado en el pasado ni con los refugiados de la guerra de Siria ni tampoco tras la caída de Kabul este verano. Pero ahora se ha acordado a la semana de comenzar los bombardeos. Por primera vez Europa abre sus puertas a quienes huyen de la guerra y les ofrece protección de manera temporal. Es decir, casa, comida, sanidad, educación, permiso de residencia y de trabajo.

El mundo hoy no es el que era hace diez días. Y tampoco la Unión Europea, que está siendo transformada por la invasión rusa de Ucrania. De esta manera lo verbalizaba Borrell ante el Parlamento Europeo: «Cuando un potente agresor agrede sin justificación alguna a un vecino mucho más débil, nadie puede invocar la resolución pacífica de los conflictos. Nadie puede poner en el mismo pie de igualdad al agredido y al agresor. Y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado».