La etapa continental del Sínodo

«Una Iglesia que no es sinodal, no es Iglesia»

Rafael Luciani: «Este proceso nos coloca en una novedad de pensarnos como Iglesia en un nuevo modelo sinodal, una parroquia ya tiene que buscar una nueva forma de renovarse, de cambio, lo mismo en la vida diocesana y religiosa. Esto es difícil, porque hemos sido formados en una manera de ser Iglesia en donde había poca participación, muy clerical»

Daniela Cannavina: «Los espacios de diálogo generados han intentado desaprender algunas formas antievangélicas que había en la Iglesia. Este metodo nos ha ido a ayudando a vivir en primera persona el proceso y ahora hay que dar pasos para concretar esa escucha colaborativa en condiciones de igualdad y de respeto mutuo»

Luis Manuel Romero: «Una Iglesia que no es sinodal, no es Iglesia, y yo soy un convencido de la sinodalidad. En España, el proceso ha sido lento, al principio hubo un cierto escepticismo inicial, en el que la gente se preguntaba si serviría para algo, y como ha sucedido en otras Iglesias, los laicos se implicaron más que los sacerdotes»

Por José Lorenzo

Una semana después de la presentación en Roma de «Ensancha el espacio de tu tienda» (Is 54,2), el documento de trabajo para la Etapa Continental del Sínodo recién inaugurada, los retos del Sínodo de la Sinodalidad y la necesidad de pasar ‘De una Iglesia que escucha a una Iglesia que aprende’ han sido los ejes de los 41 Jueves de RD, posibles gracias al patrocinio de Instituciones Religiosas del Banco Sabadell y el apoyo técnico de Católicos en Red.

Moderados por Jesús Bastante, redactor jefe de RD, en la webinar han intervenido Luis Manuel Romero, secretario de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar del Episcopado español, y uno de los responsables de la síntesis española de la fase sinodal; el teólogo venezolano Rafael Luciani, quien ha participado en el proceso de elaboración del documento de trabajo de la etapa continental; y la secretaria general de la CLAR, la argentina Daniela Cannavina. El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos, Osoro, finalmente no pudo participar debido a un imprevisto de última hora, pero envió un saludo a los participantes y a todos los que seguían la retransmisión.

Un documento de muchas manos y muchas culturas

Rafael Luciani comenzó el debate desatacando el hecho de que el documento de 46 páginas ahora presentado para la nueva fase sinodal ha sido realizado «entre muchas manos y muchas culturas», subrayando «este hermoso momento en que se encuentra la Iglesia, que está en actitud de escucha, y donde muchos informes nacionales inciden en que ‘es la primera vez que la Iglesia me pregunta algo’.

Esto, prosiguió el teólogo, «nos indica que hay que tomar otra actitud para que la escucha sea algo permanente» en «un camino que no tendrá vuelta atrás, porque se está viviendo una dignidad bautismal donde cada uno tiene que convertirse para aprender a escuchar y caminar juntos».

«Una Iglesia que no es sinodal, no es Iglesia, y yo soy un convencido de la sinodalidad», enfatizó por su parte Luis Manuel Romero, quien aseguró que este proceso en España «ha sido lento, al principio hubo un cierto escepticismo inicial en el que la gente se preguntaba si serviría para algo, pero luego se han implicado todas las diócesis, aunque con un mayor implicación y entusiasmo por parte del laicado que de los sacerdotes, algo común a otras iglesias», y en donde lo que más se ha valorado ha sido «la libertad para poder hablar y que se escuche a la gente».

Para la secretaria general de la CLAR, «la sinodalidad ya tiene clave de ciudadanía en la Iglesia y una de las palabras que más resonó en los informes fue la palabra ‘gracias’, por tener voz y ser sujeto de palabra, por tener un espacio para expresarse. Es muy fuerte escuchar esto».

Los espacios de diálogo generados han intentado desaprender algunas formas antievangélicas que había en la Iglesia

Y es que, para Daniela Cannavina, «los espacios de diálogo generados han intentado desaprender algunas formas antievangélicas que había en la Iglesia. Este método nos ha ido a ayudando a vivir en primera persona el proceso y ahora hay que dar pasos para concretar esa escucha colaborativa en condiciones de igualdad y de respeto mutuo, siendo cobradores de esta novedad, y buscar juntos qué rostro darle. Es un proceso muy bonito en donde hay que liberarse de marcos mentales ya generados».

«Este proceso nos coloca en una novedad de pensarnos como Iglesia en un nuevo modelo sinodal, una parroquia ya tiene que buscar una nueva forma de renovarse, de cambio, lo mismo en la vida diocesana y religiosa. Esto es difícil, porque hemos sido formados en una manera de ser Iglesia en donde había poca participación, muy clerical y en donde los laicos no se nos dejaba haber. Por eso, el Papa extiende un año más el Sínodo para seguir profundizando en esta nueva manera de ser Iglesia», apuntó Rafael Luciani.

Coincidió Romero en que este «es un proceso que requiere tiempo, y aunque el Papa lo haya prorrogado un año más, esto no significa que el proceso no esté funcionando, porque la sinodalidad ha venido para quedarse. Y, siendo sacerdote, tengo que reconocer que es un cambio mayor para los sacerdotes y pastores que para los laicos, por eso le ha costado implicarse más al clero que a ellos en ese cambio de mentalidad, una mentalidad no tan clerical, de participación, donde todos nos sintamos igual, con la igual dignidad común bautismal.

«Esto implica -añadió por su parte Cannavina- revisar también los estilos de gobierno en las instituciones y revisar un estilo que es jerárquico, también en la vida religiosa». En todo caso, añadió, «aunque a nivel de documentos vamos bien, hay algo que me preocupa, hay que ver cómo se aterriza todo esto, cómo se anclan todas estas cuestiones que estamos hablando, porque si no hay toma de decisiones, esto será solo dar una capa de barniz..».

«Que no sea vea el tema de la sinodalidad como una moda del papa Francisco, sino que es algo constitutivo de la Iglesia, forma parte de su ADN, y me gustaría que este proceso se entendiera así», señaló por su parte Romero, quien también reconoció que «la dificultad viene a la hora de ir aterrizando estas decisiones» y recordando que «en España mucha gente no sabia qué era la sinodalidad y no todos entendimos lo mismo sobre ella».

«Se trata de inclusión, de ensanchar la tienda»

«No es una moda este proceso sinodal. Lo dijo también el Papa. Tampoco es democracia ni parlamentarismo», añadió Luciani, quien sí reclamó «que todo lo que se hace y vive en la Iglesia debe estar permeado por esta sinodalidad», reivindicando «esa imagen de extender la tienda, de ensanchar la Iglesia, de caminar todos juntos, independientemente de que podamos estar de acuerdo o no. No se trata de que sea de los que están en esa tienda, sino de abrirla y ensancharla para que puedan entrar otros, se trata de la inclusión, no de los que están de acuerdo, sino de todos».

«Me ha gustado mucho la imagen bíblica de ensanchar la tienda, porque es una imagen de hogar, de comunión, donde no hay hijos exiliados, donde, cuando hay tensiones, es muy importante el discernimiento, donde entra el Espíritu Santo, porque no podemos olvidar que este es un proceso también espiritual», apostilló por su parte Luis Manuel Romero..

El clamor de los que no están

«Hay un clamor muy grande por parte de los jóvenes, que no logran entrar en la Iglesia», señaló la secretaria general de la CLAR, al hacerse eco de algunos aspectos dolorosos en este proceso y para los que apenas se han empezado a dar pasos. «Quizás nosotros tenemos que adecuarnos para hacer un camino en comunión», apuntó y dejó constancia también de «otros temas más escabrosos, como la diversidad de género, los divorciados vueltos a casar, etc. de los que se dijo que son cuestiones que no se pueden plantear como definitivas, pero sí es verdad que van quedando como procesos de reflexión sobre los que hay que seguir reflexionado y pensando, dando pasos».

En este punto surgió el tema de las resistencias, reconocidas por todos los participantes. «Hay resistencias de algunos que no quieren sentarse en este proceso, por eso tenemos que partir de abajo, de sentarnos, de conocernos, de discernir y luego ya vendrán los consensos», señaló Luciani.

«Venimos de una Iglesia muy clerical, y desde ahí se entiende que haya cosas que cuesten mucho. Sucedió en la síntesis de la Iglesia española, y valoro que aparezcan también en esta fase continental, porque es un camino en el que nos costará todavía afrontar estos temas con mayor naturalidad y espontaneidad, pero valoro que por lo menos aparezcan en las síntesis y en el documento de la etapa continental, lo que significa que se ha hecho esa escucha», constató por su parte Romero.

«Ha habido resistencias, resistencias que liquidan la comunicacion, resistencias surgidas de mucho temor, como da temor revisar el camino de una Iglesia milenaria. Y es que todavía no hemos asimilado el Vaticano II y este Sínodo sigue concitando resistencias», sostuvo Cannanina

«En España -incidió Romero- ha habido también muchas resistencias y menos participación de la que se esperaba. Nos ha costado muchísimo, muchísimo llegar a los jóvenes y a toda esa gente que no está participando en el día a día de la Iglesia y me cuesta entender, y me da pena, que el tema del proceso sinodal a veces divida a la iglesia en dos partes, cuando la intención del proceso sinodal es ayudarnos a vivir en comunión en el seno de la Iglesia».

El Papa no nos está hablando de una reforma para diez años. Y esta transición no es fácil, de ahí las resistencias

Para Rafael Luciani, «con este Sínodo estamos viviendo otra transición en la Iglesia, qué modelo, qué forma de ser Iglesia queremos de cara al tercer milenio. El Papa no nos está hablando de una reforma para diez años. Y esta transición no es fácil, de ahí las resistencias internas y externas. El reto está en las ‘tensiones generadoras’, como dice el documento». 

Una transición en la que la religiosa esperan que se desarrollen algunas expresiones contenidas en el documento, como «la Iglesia inclusiva, abierta, acogedora, desestructuradora de un poder piramidal y clerical».

Con todo, Luis Manuel Romero quiso recordar que «hay estructuras ya en nuestra Iglesia que son sinodales y que, en la práctica, no lo están siendo, como los consejos diocesanos, de pastoral y otros…» Y es que, prosiguió el sacerdote a modo de conclusión, «la sinodalidad no es un modo de ser Iglesia, sino el modo de ser Iglesia, es el camino que estamos llamados a recorrer guiados por el Espíritu Santo para llegar a ser una Iglesia de pastoral misionera, en vez de una Iglesia con una pastoral de mantenimiento. Sin sinodalidad no hay tampoco evangelización, que es la finalidad de la Iglesia». 

«Asumir la profecía propositiva»

La secretaria general de la CLAR, a la hora de afrontar el futuro inmediato del proceso, invitó a no desistir, a asumir la profecía propositiva para corregir lo que no funciona, a desbloquear los silencios que nos paralizan». «Es el momento -enfatizó- de la palabra, acompañada de un testimonio creíble de vida en el que acoger otras voces que nos cuestionan y nos desinstalan de nuestras formas de confort, los rostros de tantos excluidos a los que no queremos ver o no queremos escuchar».

Luciani, por su parte, subrayó que este proceso es «el paso necesario de una Iglesia que escucha a una Iglesia que aprende, una Iglesia que es de todos, no solo de obispos y sacerdotes», e hizo votos para que en este tiempo «haya una reforma de lo que significa la ministerialidad en la Iglesia, de lo contrario, nos quedaremos esperando».

En el videomensaje que envió el cardenal Osoro, invitó a los participantes a seguir «animándonos en este momento de gracia que vive la Iglesia» en un «momento histórico» presidido por la novedad de una época que está apareciendo en el horizonte

Vaticano II. Legado y mandato

Simposio Internacional sobre la memoria y mandato del Concilio Vaticano II

Simposio Internacional
Simposio Internacional

Bajo el lema “Vaticano II. Legado y mandato”, el 3 de octubre de 2022 se celebrará en el Aula Magna de la Universidad Urbaniana de Roma el ‘Simposio Internacional 60 años del Vaticano II. Reflexiones teológicas en perspectiva intercontinental’

El objetivo es elaborar un comentario intercontinental sobre los documentos del Vaticano II, un proyecto con unos 120 teólogos que trabajan juntos desde los diferentes continentes y sus culturas, fe y contextos eclesiásticos específicos

 | RD

Bajo el lema “Vaticano II. Legado y mandato”, el 3 de octubre de 2022 se celebrará en el Aula Magna de la Universidad Urbaniana de Roma el ‘Simposio Internacional 60 años del Vaticano II. Reflexiones teológicas en perspectiva intercontinental’.

En conmemoración de los 60 años de la apertura del Concilio Vaticano II, y en el contexto de los múltiples procesos sinodales que tienen lugar en la Iglesia a nivel local y global, este simposio considerará el legado y el mandato innovador del Vaticano II para la renovación de la Iglesia en perspectivas eclesiales interculturales, intercontinentales y globales.

Un proyecto con 120 teólogos

El proyecto internacional de investigación teológica Vaticano II – Legado y Mandato tienecomo objetivo elaborar un comentario intercontinental sobre los documentos del Vaticano II, un proyecto con unos 120 teólogos que trabajan juntos desde los diferentes continentes y sus culturas, fe y contextos eclesiásticos específicos.

El proyecto está actualmente en marcha en cinco grupos continentales (África, Asia, Europa, América Latina y EE.UU.-Canadá-Australia) y 16 grupos de comentario, cada uno con miembros de los diferentes grupos continentales para desarrollar juntos un comentario multifacético de cada documento conciliar.

Carlos Schickendantz, Chile o Rafael Luciani, de Venezuela, son algunos de los ponentes que intervendrán. La sesión inagural será presidida por Leonardo Sileo, rector de la Urbaniana, y el cardinal Jean-Claude Hollerich, de Luxemburgo.

Más información y seguimiento online

Para más información en referencia al proyecto, se puede consultar la página web del mismo

www.vatican2legacy.com

En caso de que se quiera participar digitalmente, se pueden utilizar los siguientes datos de acceso:https://rwth.zoom.us/j/97285737304?pwd=ZWt2WFlsMnVSUzVsS3NjeEVEQ0hXUT09

ID de la reunión: 972 8573 7304

Código Kenn: 030805

Caminar juntos: un nuevo modelo institucional

Por Rafael Luciani

En el Discurso por la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos (2015), Francisco sostuvo que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. A la luz de esta afirmación, se sitúa la relevancia que tiene la sinodalidad en relación a los procesos de conversión y reformas necesarias (Unitatis Redintegratio, 4.6), y se invita a toda la Iglesia a emprender procesos de consulta, escucha y discernimiento que contribuyan a construir un nuevo modelo institucional eclesial para el tercer milenio.

En ese mismo discurso, el Papa describe el nuevo modelo institucional con las siguientes palabras: “Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra ‘Sínodo’. Caminar juntos: laicos, pastores, Obispo de Roma”. Pero, ¿qué significa esta expresión?

El Documento preparatorio (DP) del Sínodo sobre la sinodalidad nos explica que “‘caminar juntos’ puede ser entendido según dos perspectivas diversas, fuertemente interconectadas. La primera mira a la vida interna de las Iglesias particulares, a las relaciones entre los sujetos que las constituyen (en primer lugar, la relación entre los fieles y sus pastores, también a través de los organismos de participación previstos por la disciplina canónica, incluido el sínodo diocesano) y a las comunidades en las cuales se articulan (en particular, las parroquias)” (DP 28). “La segunda perspectiva considera cómo el Pueblo de Dios camina junto a la entera familia humana” (DP 29).

Ser comunión

En ambos casos, se nos habla de “la forma específica de vivir y obrar/operar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios, que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora” (Comisión Teológica Internacional/CTI, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, 6).

Por tanto, decir caminar juntos supone revisar tanto las “relaciones y las mentalidades” (ser), como las “dinámicas comunicativas y las estructuras” (operar) de la identidad y la misión de la Iglesia. Nos invita a un re-aprendizaje o conversión eclesial porque estamos ante una “dimensión constitutiva de toda la Iglesia” (CTI, Sin 1, 5, 42, 57, 70, 76, 94, 116) y ha de ser pensada a la luz de los signos de los tiempos actuales. Las palabras del papa Francisco a la Diócesis de Roma son iluminadoras al respecto (18 de septiembre de 2021):

“El tema de la sinodalidad no es el capítulo de un tratado de eclesiología, y menos aún una moda, no es un eslogan o un nuevo término a usar e instrumentalizar en nuestros encuentros. ¡No! La sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo y su misión. Por tanto, hablamos de una Iglesia sinodal, evitando, de este modo, que consideremos que sea un título entre otros o un modo de pensarla previendo alternativas”.

Pero “caminar juntos” también tiene otra implicación: el hecho de que cualquier proceso de reformas debe buscar los modos de involucrar a todo el Pueblo de Dios, en su totalidad, en los procesos de escucha, discernimiento comunitario, elaboración y toma de decisiones en la Iglesia (Documento de Aparecida, 371). De ahí que una Iglesia sinodal supone reunirnos y discernir juntos en orden a accionar modalidades y procesos decisionales que surjan de la participación de todos y todas (LG 13).

O, como sostiene la Comisión Teológica Internacional, “la dimensión sinodal de la Iglesia se debe expresar mediante la realización y el gobierno de procesos de participación y de discernimiento capaces de manifestar el dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales” (CTI, Sin 53, 67, 76).

Esta nueva manera de proceder en la Iglesia a partir del involucramiento de todas y todos, se da en razón de nuestra identidad como christifideles –fieles–, mujeres y hombres, habilitados por el Espíritu para ser sujetos de derecho y acción de toda la vida y misión eclesial, en sus distintos niveles y procesos, en los que cada fiel aporta según su propio modo, competencia o vocación, como se desprende de la eclesiología del Pueblo de Dios del Concilio Vaticano II (LG2

Pasos

De todo esto deriva una cuestión fundamental que ha de guiar el discernimiento de la actual renovación eclesial: “¿Cómo se realiza hoy este ‘caminar juntos’ en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro ‘caminar juntos’?” (DP 26). Especialmente si se ha afirmado que “una Iglesia sinodal es una Iglesia participativa y corresponsable, llamada a articular la participación de todos, según la vocación de cada uno” (CTI, Sin 67). En este sentido, necesitamos emprender procesos de conversión y de reforma, a la vez, porque, como sostiene el Documento preparatorio del Sínodo sobre la sinodalidad:

“Para caminar juntos es necesario que nos dejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal, entrando con audacia y libertad de corazón en un proceso de conversión sin el cual no será posible la ‘perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad’ (UR 6; EG 26)” (DP 9).

En consecuencia, caminar juntos supone aprender las nuevas dinámicas comunicativas que inspiran a este nuevo modelo institucional sinodal por construir. Francisco lo describe así: “Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha (…). Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender (…). Es escucha de Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo; y es escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama” (Francisco, Discurso por la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos).

Escucha

El ejercicio de la escucha es indispensable en una eclesiología sinodal, pues parte del reconocimiento de la identidad propia de cada sujeto eclesial –laicos(as), presbíteros, religiosos(as), obispos, Papa– a partir de relaciones horizontales fundadas en la radicalidad de la dignidad bautismal y en la participación en el sacerdocio común de todos los fieles (LG 10).

Podemos decir que la Iglesia en su conjunto es cualificada por medio de los procesos de escucha en los que cada sujeto eclesial aporta algo que completa la identidad y la misión del otro (AA 6), y lo hace desde lo propio que cada uno tiene que aportar (AA 29). Tal modelo supone superar relaciones desiguales, de superioridad y subordinación, y pasar a la lógica de la recíproca necesidad (LG 32) propia de una participación corresponsable de todos y todas. Ser escuchados es un derecho de cada persona en la Iglesia, pero la escucha tiene una finalidad específica: aceptar consejos a partir de lo escuchado, y esto es un deber propio de quienes ejercen la autoridad.

Sinodalidad

La sinodalidad, una forma más completa de ser y proceder en la Iglesia

El primer milenio ofrece ejemplos de una forma de la Iglesia, en la que el ejercicio del poder se entendió como responsabilidad compartida. Hoy se nos pide imaginar un nuevo modelo institucional para la Iglesia del tercer milenio profundizando la senda abierta por el Vaticano II

Cada sujeto en la Iglesia goza por el bautismo de igualdad de derechos y deberes en relación con todo lo que involucre a la misión de la Iglesia. Desde este horizonte se puede construir el nosotros eclesial, como lo denomina la teóloga Serena Noceti, mediante la puesta en práctica de una serie de dinámicas comunicativas

El ejercicio de la escucha es indispensable en una eclesiología sinodal pues parte del reconocimiento de la identidad propia de cada sujeto eclesial: laicos(as), presbíteros, religiosos(as), obispos, papa, a partir de relaciones horizontales fundadas en la radicalidad de la dignidad bautismal y en la participación en el sacerdocio común de todos los fieles (LG, 10)

Ser escuchados es un derecho de cada persona en la Iglesia, pero la escucha tiene una finalidad específica: tomar consejos a partir de lo escuchado y esto es un deber propio de quienes ejercen la autoridad

La finalidad de un camino sinodal no es simplemente encontrarnos, oírnos y conocernos mejor, sino discernir en conjunto «»para que se tomen las decisiones pastorales». Éste es uno de los aspectos que definen la naturaleza de una Iglesia sinodal

En una Iglesia sinodal, lo que está en juego no es el sentir de cada obispo o de la jerarquía en sí misma, sino el sentir de toda la Iglesia en todo el pueblo y que tiene su punto de partida y también su punto de llegada en el Pueblo de Dios.

Por | Rafael Luciani

(Christus).- Al conmemorarse los 50 años de la institución del Sínodo de los obispos, el papa expresó en su discurso que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». A la luz de esta afirmación se sitúa la relevancia que tiene la sinodalidad en relación con la transformación de nuestra institución y se invita a toda la Iglesia a emprender procesos de escucha y discernimiento que contribuyan a construir un nuevo modelo eclesial para los nuevos tiempos. A este llamado responde la convocatoria a un Sínodo, cuyo lema es: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión» y con el objetivo de contribuir a la renovación de la vida eclesial al estilo del viejo principio de la canonística medieval: «lo que afecta a todos, debe ser tratado y aprobado por todos».

En la tradición de la Iglesia encontramos numerosos ejemplos de buenas prácticas que han acompañado procesos de renovación. Recordemos la regla de oro de san Cipriano, que puede ser vista como la forma sinodal del primer milenio y que ofrece el marco interpretativo más adecuado para pensar los retos actuales: «nada sin el consejo de los presbíteros y el consenso del pueblo». Para este obispo de Cartago, tomar consejo del presbiterio y construir consenso con él, fueron experiencias fundamentales en su ejercicio episcopal para mantener la comunión en la Iglesia.

A tal fin, pudo idear métodos basados en el diálogo y el discernimiento en común que posibilitaron la participación de todos, y no solo de los presbíteros, en la deliberación y toma de decisiones. El primer milenio ofrece ejemplos de una forma de la Iglesia, en la que el ejercicio del poder se entendió como responsabilidad compartida. Hoy se nos pide imaginar un nuevo modelo institucional para la Iglesia del tercer milenio profundizando la senda abierta por el Vaticano II.

Procesos de renovación y reforma

Este Concilio comprendió que, siendo la Iglesia un sujeto histórico, ella siempre estará necesitada, según postula uno de sus documentos, Unitatis redintegratio(UR), de procesos de «renovación y reformas», de modo orgánico, como un todo, porque «Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad» (UR, 6). En continuidad con el texto y el espíritu del Concilio, Francisco ha señalado que «la Iglesia siempre tiene necesidad de renovarse porque sus miembros son pecadores y necesitan de conversión«, pero no se ha referido a la reforma de la Iglesia como un acto puntual, sino a un proceso constante y permanente de conversión de «toda la Iglesia entera». Dicha visión se expresará en su Exhortación Evangelii Gaudium (EG). Ahí dice:

«Pablo VI invitó a ampliar el llamado a la renovación, para expresar con fuerza que no se dirige sólo a los individuos aislados, sino a la Iglesia entera […] El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo […] Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma(EG, 26)».

Esta referencia que hace Francisco a Pablo VI es muy importante. Por una parte, resuenan las palabras que Pablo VI dirigió a la Curia Romana en 1963, con las que invitaba a recibir el Concilio con un espíritu de perennis reformatio (reforma perpetua) en el marco de una renovatio ecclesiae (renovación de la Iglesia), pero también trae a la memoria el discurso de apertura de la segunda sesión del Vaticano II. Ahí Pablo VI explicó que «la reforma que pretende el Concilio no es, pues, un cambio radical de la vida presente de la Iglesia, o bien una ruptura con la tradición en lo que ésta tiene de esencial y digno de veneración, sino que más bien en esa reforma rinde homenaje a esta tradición al querer despojarla de toda caduca y defectuosa manifestación para hacerla genuina y fecunda». Agregó después que esta tarea supone el «deseo, necesidad y deber de la Iglesia, que se dé finalmente una más completa definición de sí misma».

Superar el modelo institucional clerical

En el actual contexto epocal y eclesial que vivimos, la sociedad pide nuevamente a la Iglesia su conversión, pero, ¿qué debemos cambiar? En su libro Nueva conciencia de la Iglesia en América Latina, Ronaldo Muñoz decía que el modelo eclesial «institucional clerical [es] uno de los grandes obstáculos estructurales del descubrimiento del evangelio». Hoy Francisco coincide con este diagnóstico y se refiere al clericalismo como la «raíz de los males» sostenido sobre una mala concepción de la vocación —»el complejo del elegido»— y un ejercicio deshumanizador del poder —»la patología del poder eclesial»—.

Para comprender lo que significa el modelo institucional clerical, nos podemos referir a estudios recientes. En Australia, el Final Report de la Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse sostiene que:

[…] entre sus principales manifestaciones se encuentran un estilo autoritario de liderazgo ministerial, una cosmovisión rígidamente jerárquica y una identificación virtual de la santidad y la gracia de la Iglesia con el estado clerical […] Un modelo institucional monárquico en la práctica y socialmente estratificada. La naturaleza propia de tal estructura ha creado una aristocracia clerical que se expresa tanto en los estilos de vida como en las relaciones de poder y obediencia.

Un problema sistémico 

No estamos ante un problema puntual o coyuntural. El problema es sistémico y está relacionado con la concepción y el ejercicio del poder y la autoridad en la Iglesia. El Documento preparatorio del Sínodo sobre la sinodalidad (DP) va en esta línea al recordarnos que:

[…] la Iglesia entera está llamada a confrontarse con el peso de una cultura impregnada de clericalismo, heredada de su historia, y de formas de ejercicio de la autoridad en las que se insertan los diversos tipos de abuso (de poder, económicos, de conciencia, sexuales). Es impensable una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios (DP, 6).

Habremos de preguntarnos si será suficiente un aggiornamento o si no será necesaria alguna otra cosa. La pregunta se impone en la medida en que las instituciones de la Iglesia arrancan de un mundo cultural que ya no podría tener cabida en el nuevo mundo cultural

Ante esta realidad, cabe recordar la advertencia del dominico y perito de Vaticano II, Yves Congar, en un texto de 1972, «Renovación del espíritu y reforma de la institución»:

[…] habremos de preguntarnos si será suficiente un aggiornamento o si no será necesaria alguna otra cosa. La pregunta se impone en la medida en que las instituciones de la Iglesia arrancan de un mundo cultural que ya no podría tener cabida en el nuevo mundo cultural.

Visto así, la superación de una cultura eclesial clerical pasará por la construcción de un nuevo modelo institucional.

Caminar juntos, la forma de un nuevo modelo institucional

El papa Francisco describe el nuevo modelo con las siguientes palabras: «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra ‘sínodo’: caminar juntos, laicos, pastores, obispo de Roma», pero, ¿qué significa esta expresión? El DP nos explica que «caminar juntos» puede ser entendido según dos perspectivas fuertemente interconectadas. La primera mira a la vida interna de las Iglesias particulares, «a las relaciones entre los sujetos que las constituyen (la relación entre los fieles y sus pastores, también a través de los organismos de participación previstos por la disciplina canónica, incluido el sínodo diocesano) y a las comunidades en las cuales se articulan (en particular las parroquias)» (DP, 28). Mientras que «la segunda perspectiva considera cómo el Pueblo de Dios camina junto a la familia humana completa» (DP, 29).

El documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la Sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (CTI Sin) nos explica el alcance de la «sinodalidad» al definirla como una «dimensión constitutiva de toda la Iglesia» (CTI Sin, 1,5,42,57,70,76,94,116) que se refiere a «la específica forma de vivir y obrar/operar de la Iglesia/Pueblo de Dios que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora» (CTI Sin, 6). Tal noción supone revisar las «relaciones y mentalidades» (ser) y las «dinámicas comunicativas y estructuras» (operar), a la vez. Nos invita a un reaprendizaje o conversión.

Pero «caminar juntos» también tiene otra implicación: el hecho de que cualquier proceso de reformas debe buscar los modos de involucrar a todo el Pueblo de Dios, en su totalidad, en los procesos de discernimientoelaboración y toma de decisiones en la Iglesia (Aparecida, 371). De ahí que una Iglesia sinodal supone reunirnos y discernirjuntos para accionar modalidades y procesos decisionales que surjan de la participación de todos(as) como lo expresa Lumen gentium (LG), una de las cuatro constituciones de Vaticano II, o como sostiene la Comisión Teológica Internacional: «la dimensión sinodal de la Iglesia se debe expresar mediante la realización y el gobierno de procesos de participación y de discernimiento capaces de manifestar el dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales» (CTI Sin, 53,67,76).

De todo esto deriva una cuestión fundamental que ha de guiar el discernimiento de la actual renovación eclesial: «¿cómo se realiza hoy este caminar juntos en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro caminar juntos?» (DP, 26), es decir, en sinodalidad. Especialmente si se ha afirmado que «una Iglesia sinodal es una Iglesia participativa y corresponsable, llamada a articular la participación de todos, según la vocación de cada uno» (CTI Sin, 67).

Nuevas dinámicas comunicativas para una Iglesia sinodal

Como sostiene la Comisión Teológica Internacional, en su documento sobre el Sínodo, (CTI Sin) «el concepto de sinodalidad se refiere a la corresponsabilidady a la participación de todo el Pueblo de Dios en la vida y la misión de la Iglesia» CTI Sin, 7). Si bien es cierto que la corresponsabilidad expresa el carácter de sujeto activo de todos(as) los bautizados, la participación supone la complementariedad necesaria a partir de lo que cada uno/a puede aportar, laicado, vida religiosa, presbiterado, episcopado y considerando los propios dones, carismas, servicios y ministerios (CTI Sin, 67).

Cada sujeto en la Iglesia goza por el bautismo de igualdad de derechos y deberes en relación con todo lo que involucre a la misión de la Iglesia

A la vez, cada sujeto en la Iglesia goza por el bautismo de igualdad de derechos y deberes en relación con todo lo que involucre a la misión de la Iglesia. Desde este horizonte se puede construir el nosotros eclesial, como lo denomina la teóloga Serena Noceti, mediante la puesta en práctica de una serie de dinámicas comunicativas.

Es oportuno recordar la Carta a todo el Pueblo de Dios en Chile, en donde Francisco dice: «invito a todos los organismos [diocesanos], sean del área que sea, a buscar consciente y lucidamente espacios de comunión y participación para que la Unción del Pueblo de Dios encuentre sus mediaciones concretas para manifestarse».

Podemos referirnos a tres características propias de un modo de proceder sinodal. Primero, «toda la comunidad, en la libre y rica diversidad de sus miembros, ha de ser convocada». No unos pocos; segundo, dicha convocatoria es para participar en un proceso de discernimiento comunal que se concretiza al «orar, escuchar, analizar, dialogar y aconsejar» en conjunto, y tercero, la finalidad de la convocatoria no es sólo para conocernos mejor y compartir experiencias, sino «para que se tomen las decisiones pastorales más conformes con la voluntad de Dios» (CTI Sin, 68). En este modelo la última palabra nunca puede ser tomada, aisladamente, por algunos o por uno, sino que debe surgir del consenso de todos los fieles (LG, 12,25).

La novedad de la escucha

En el discurso pronunciado por los 50 años del Sínodo y que ya mencionamos anteriormente, el papa señala que:

[…] una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha […]. Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender […]. Es escucha de Dios, hasta escuchar con Él el clamor del pueblo; y es escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama.

El ejercicio de la escucha es indispensable en una eclesiología sinodal pues parte del reconocimiento de la identidad propia de cada sujeto eclesial: laicos(as), presbíteros, religiosos(as), obispos, papa, a partir de relaciones horizontales fundadas en la radicalidad de la dignidad bautismal y en la participación en el sacerdocio común de todos los fieles (LG, 10).

Podemos decir que la Iglesia en su conjunto es cualificada por medio de los procesos de escucha en los que cada sujeto eclesial aporta algo que completa la identidad y la misión del otro, como lo expresa el decreto del Vaticano II sobre el apostolado de los laicos, Apostolicam actuositatem (AA), y lo hace desde lo que cada uno tiene que aportar (AA, 29). Tal modelo supone superar relaciones desiguales, de superioridad y subordinación, y pasar a la lógica de la «recíproca necesidad» (LG, 32) propia de una «participación corresponsable» de todos(as). Ser escuchados es un derecho de cada persona en la Iglesia, pero la escucha tiene una finalidad específica: tomar consejos a partir de lo escuchado y esto es un deber propio de quienes ejercen la autoridad.

Dice Francisco que «»escuchar no es lo mismo que oír». Podemos añadir que tampoco es equivalente a consultar. La razón es que, en una Iglesia sinodal, la escucha se hace al discernir en conjunto, en un proceso de discernimiento comunal y no individual, porque se trata de «conocer lo que el Espíritu «dice a las Iglesias» (Ap, 2,7) y encontrar modos de proceder acordes a cada época, es decir, «una acomodación más profunda en todo el ámbito de la vida cristiana», según Ad Gentes (AG) otro de los documentos de Vaticano II. Por ello, la escucha no es un fin en sí mismo. Ella se realiza en el marco de un proceso mayor. Es importante tener en cuenta todas las acciones antes mencionadas a la hora de emprender un proceso de escucha: «orar, escuchar, analizar, dialogar y aconsejar» (CTI Sin, 68), porque la finalidad de un camino sinodal no es simplemente encontrarnos, oírnos y conocernos mejor, sino discernir en conjunto «»para que se tomen las decisiones pastorales». Éste es uno de los aspectos que definen la naturaleza de una Iglesia sinodal.

Consecuentemente, podemos preguntarnos: ¿cuáles son las mediaciones por medio de las cuales escuchamos al Espíritu para hacer un discernimiento en conjunto y una toma de decisiones compartida? Para comprender lo que esto implica, podemos recordar las palabras de Mons. Emiel-Joseph De Smedt, una de las voces más autorizadas del Concilio. En su libro sobre el Sacerdocio de los fieles, publicado en 1962, decía que «el cuerpo docente [obispos] no descansa exclusivamente en la acción del Espíritu Santo sobre los obispos; sino que también [debe] escuchar la acción del mismo Espíritu enel pueblo de Dios. Por lo tanto, el cuerpo docente no solo habla al Pueblo de Dios, sino que también escucha a este Pueblo en quien Cristo continúa su enseñanza». Así, los obispos, como el resto de los fieles, deben escuchar al Pueblo de Dios, como parte integrante de él y, junto a él, discernir y elaborar decisiones pastorales, porque «desde los obispos hasta los últimos fieles laicos, prestan su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres» (LG, 12).

En una Iglesia sinodal, lo que está en juego no es el sentir de cada obispo o de la jerarquía en sí misma, sino el sentir de toda la Iglesia en todo el pueblo y que tiene su punto de partida y también su punto de llegada en el Pueblo de Dios.

Podemos concluir diciendo que el momento eclesial actual nos convoca a la tarea de repensar la totalidad de la vida eclesial en clave sinodal. Si «la sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia que, a través de ella, se manifiesta y configura como Pueblo de Dios» (CTI Sin, 42), entonces hay que hacer lo posible para que caminemos hacia una auténtica sinodalización de toda la Iglesia. El gran reto será, pues, el de crear un modelo institucional que dé cauce a un nuevo modo eclesial de proceder para la Iglesia del tercer milenio. A saber, el de una Iglesia sinodal porque, como sostuvo Francisco en su «Discurso a la Diócesis de Roma» en septiembre de 2021:

La sinodalidad no es el capítulo de un tratado de eclesiología, y menos aún una moda, un eslogan o el nuevo término a utilizar o manipular en nuestras reuniones. ¡No! La sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión

[…] la sinodalidad no es el capítulo de un tratado de eclesiología, y menos aún una moda, un eslogan o el nuevo término a utilizar o manipular en nuestras reuniones. ¡No! La sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión. Hablamos de Iglesia sinodal, evitando considerarla un título entre otros.

Sin este horizonte en mente, se puede correr el riesgo de limitar la comprensión y el ejercicio de la sinodalidad a una mera práctica afectiva y ambiental, sin que se traduzca efectivamente en cambios concretos que ayuden a superar el actual modelo institucional clerical.

La teología, a debate en los XXXVIII Jueves de RD

Faus: “La teología tiene futuro, pero ahora está dormida”

Rafael Luciani, José Ignacio González Faus y Jesús Bastante
Rafael Luciani, José Ignacio González Faus y Jesús Bastante

¿Cuál es la misión de los teólogos y teólogas en la Iglesia del siglo XXI? ¿Cuál es el papel de la teología en la vida de la Iglesia y su aportación al mundo? ¿Cuál es el papel de la mujer en la teología? Estas y otras cuestiones vertebraron los XXXVIII Jueves de RD

Rafael Luciani: “Hoy la Iglesia está tomando decisiones por presiones de la sociedad y no por decisión propia, y esto es muy interesante, porque significa que tiene que saber escuchar a la sociedad aunque no sea católica. Es el caso de los abusos, como en España, donde la sociedad reclamó y la Iglesia tuvo que reconocerlos”

González Faus: “En la sinodalidad, una cosa es esperar a los que no llegan, y otra esperar porque la Iglesia no entiende al mundo. Ese retraso, a Juan Pablo II le costó 200 años decir que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran palabras cristianas”

Martínez Gordo: “El Camino Sinodal alemán creo que va a marcar el futuro de la Iglesia en buena parte del siglo XXI, sobre todo en lo que tiene que ver con el poder y control del poder en la Iglesia”

Por José Lorenzo

¿Tiene futuro la teología? ¿Cuál es la misión de los teólogos y teólogas en la Iglesia del siglo XXI? ¿Cuál es el papel de la teología en la vida de la Iglesia y su aportación al mundo? ¿Cuál es el papel de la mujer en la teología? ¿Hay nuevos autores trabajando en esta disciplina? Estas y otras cuestiones vertebraron los XXXVIII Jueves de RD, con las aportaciones de destacados especialistas, moderados por Jesús Bastante, redactor jefe de RD, y cuyo diagnóstico, sin ser optimista, tampoco acaba de enterrar una disciplina a la que se le pide que se encarne y no se encastille.

Abrió el debate, salpicado por distintas aportaciones para el debate, José Ignacio González Faus quien señaló que a sus 88 años, “la teología sirve para entretener a alguien como yo”, y puso, como quien no quiere la cosa, el dedo en la llaga al dejar caer que “la teología depende mucho de la calidad espiritual interior de quien la hace”.

Aunque mucha gente “cree que no sirve para nada”, añadió, el futuro de la teología “depende de que los teólogos sepamos comunicar algo antropológico, sobre el hombre, sobre la situación en que esta ahora”, aunque, dado que “han desaparecido los grandes teólogos, también los religiosos, y los laicos, aunque los hay, no acaban de aparecer”, consideró “la teología tiene futuro, pero quizás está dormida ahora”

“Una pasión inútil o esperanzada”

“Una teología -prosiguió el teólogo jesuita- que estudia porque cree, porque de Dios no podemos decir nada de sobre cómo es, solo que es amor, una comunicación infinita, que le da a la realidad un sentido, y por eso la teología tiene que desentrañar el sentido, la pregunta a la que ha de responder la teología hoy es esa, si somos una pasión inútil o una pasión esperanzada”

Rafael Luciani también extrañó a los grandes referentes de la teología con los que estudiaba extraño los grandes referentes con los que estudiaba, pero apuntó el reto actual de “buscan entrar en temas más amplios, de articular la vida cotidiana de donde nace la teología y el contexto desde dónde se hace”, pues varía de entre países y continentes».

“Como laico -advirtió-, veo mucha fragmentación, una gran ausencia en instituciones eclesiales por favorecer y promover al laicado en el ámbito teológico, y cuando se forman, no encuentran trabajo, y ese es también otro reto, porque hay muchos laicos y laicas que estudian la teología, pero luego no encuentran dónde poder desarrollarse

Recordó el profesor y teólogo que él ni siquiera podía estudiar teología en su país, y puso de relieve que, cuando se consigue hacer y termina la formación, resulta que no logran de ella “un sustento económico para vivir”, aunque señaló que en su caso “yo vivió la teología como un servicio que me humaniza”

Una teología encerrada en sí misma

Lamentó Faus el hecho de que, en su opinión, “cada teología se está encerrando mucho en sí misma, en cada tierra parece que ya no se lee lo de los demás, es algo que se está perdiendo, por lo que sería bueno que los teólogos mantuviéramos el contacto entre nosotros”.

Coincidió Luciania en que “el localismo se está viendo cada vez más, perdiéndose el aprendizaje de otras realidades y contextos”, aunque ve “algo bonito que está emergiendo, el trabajo en redes entre teólogos, continentales e intercontinentales, lo que ayuda a salir del ego en que se encierran”, por lo que consideró que “la única manera de salir es integrar disciplinas distintas en redes de distintos países”.

“Esto puede tener que ver con algo característico de nuestra época: en vez de un Karl Rahner, hay cinco o seis figuras, ojalá que con las redes sociales se pueda logra lo que dice Rafael”, concedió Faus.

La primnea de las aportaciones al debate “a dos” vino por parte de Jesús Martínez Gordo. El teólogo. Sacerdote vasco no dejó indiferente con una reflexión que era una carga de profundidad. En realidad, cuatro, como las pistas que ofreció: “La teología tiene que abordar la presencia de los cristianos en el mundo; abordar el tema de la relación entre la eucaristía y la espiritualidad con carne, como yo la llamo; la dimensión del anuncio y la evangelización, porque es importante que la teología aborde la relación entre la riqueza de carismas en la Iglesia y la legitimidad de opciones, es decir, quiénes son los preferidos y las razones, contrastadas por el Evangelio, porque no todo vale; y en la organización de la comunidad cristiana, yo seguiría muy de cerca el Camino Sinodal alemán, que creo que va a marcar el futuro de la Iglesia en buena parte del siglo XXI, sobre todo en lo que tiene que ver con el poder y control del poder en la Iglesia”.

Coinició Luciani en que el Camino Sinodal alemán está desarrollando temas que se están planteando, “por ejemplo en América Latina, con el tema de los nuevos ministerios, y en Alemania desde los años 80 tienen laicos coordinando parroquias, lo que significa que las Iglesia locales también marcan la teología que se hace, es una eclesiología que hemos recuperado del Concilio y que se había perdido por el universalismo”.

Faus también cree que “el camino de la Iglesia es la sinodalidad, pero me da un poco de miedo, porque caminar juntos no es posible, unos van delante y otros más atrasados, por eso la sinodalidad tiene la responsabilidad de recoger a los últimos, tiene que suponer paciencia para que podamos caminar todos, porque una cosa es esperar a los que no llegan, y otra esperar porque la Iglesia no entiende al mundo. Ese retraso, a Juan Pablo II le costó 200 años decir que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran palabras cristianas”.

Para Luciani, “la sinodalidad llevará una generación, es una cultura lenta, pero humanizadora, y donde tenemos que aprender a reconocer los disensos y los consensos, es un aprendizaje para la Iglesia actual, si no hay una conversación, las decisiones seguirán tomándose con la mentalidad de pontificados anteriores”.

En este sentido, valoró el hecho de que “hoy la Iglesia está tomando decisiones por presiones de la sociedad y no por decisión propia, y esto es muy interesante, porque significa que tiene que saber escuchar a la sociedad, aunque no sea católica. Es el caso de los abusos, como en España, donde la sociedad reclamó y la Iglesia tuvo que reconocerlos”.

En la intervención de Sara Nocetti la teóloga italiana, reivindicó una “presencia creciente de los laicos, su modo de hacer teología es aportar el lenguaje  y categorías de nuestro tiempo, la experiencia de ser creyentes laicos profundamente arraigados en el mundo de hoy, lo que abre a la teología un enfoque sapiencial y narrativo de la praxis”.

Desde una perspectiva feminista, “las teólogas -añadió- se preguntan cómo deconstruir un enfoque jerárquico, que es lo contario de una Iglesia sinodal y participativa, y cómo pensar a Dios más allá de las categorías simbólicas masculinas”, mostrando su deseo de que “la teología fuese un espacio crítico ante todos los poderes del mundo”.

La participación de Xabier Pikaza tampoco dejó indiferentes, lo que se tradujo también en un interesante debate en el chat habilitado. “He dedicado 60 años a la teología -arrancó el teólogo vasco-, pero estoy confuso, alegre por esa dedicación, pero con la sensación de haber avanzado poco. A partir del Vaticano II, la teología ha quedado desfasada, muerta, al servicio del adoctrinamiento y de una Iglesia que no es la nuestra ni la del Evangelio; por eso hay que volver a ras de tierra, de la vida, al camino que hizo Jesús, volver al principio de la Iglesia, una teología que pueda ser escuchada, hablada, vivida en este mundo, sobre todo en Occidente”

“Queremos imponer en algunas escuelas nuestra forma de entender el cristianismo y todo eso se queda vacío, por lo que creo que debemos empezar de nuevo, con una teología comprensible para el conjunto de la gente”, señaló el teólogo, que confesó al respecto que “no soy muy optimista, nada optimista”.

Tiempo para hablar de Jesús 

 “Las cosas tardan años en crecer”, quiso animar José Ignacio González Faus, quien reconoció que “lo que nos puede unir es Jesús” y lamentó, a esas alturas del debate, que “nos ha faltado tiempo para hablar de Jesús”.

Luciani, por su parte, incidió en la importancia de las deformas como las que ha emprendido el papa Francisco. “El Vaticano II nos dio el horizonte pero nosotros tenemos que pensar esta reforma, en este camino de sinodalidad vemos que a veces el primer obstáculo es el párroco o el seminario, que no quiere abrir la puerta a estos temas, y la teología tiene que hacer un aporte a estas instituciones, planteando proyectos concretos de ministerialidad”.

“La teología -prosiguió el teólogo laico- se conecta con cambios concretos, gracias a la reflexión teológica. Hoy en día, cuando Francisco hace la reforma de la Curia, tenemos laicos y laicas donde hace seis meses tenía que estar un obispo, es decir, la teología reflexionando tiene una incidencia en lo práctico siempre, la teología si es teología tiene que tener un impacto den la realidad”.

El intenso debate finalizó con la intervención de la teóloga Pepa Torres,  quien reconoció que “vivimos tiempos difíciles para la teología, pero también de oportunidades”, y aseguró esta disciplina tiene mucho que ver con la cocina, “porque un teólogo o teóloga no puede estar al margen y atención de lo concreto, no se puede ser solo teólogo, sino ciudadano y ciudadana, servidores y servidoras en la mesa del Reino, la teología tiene que ser experta en hacer y hacerse preguntas incómodas, preguntarse qué nos duele a los teólogos y teólogas”.

Los Jueves de RD son posibles gracias al patrocinio de Instituciones Religiosas del Banco Sabadell y el apoyo técnico de Católicos en Red.

Un nuevo modelo institucional sinodal

Rafael Luciani, teólogo: “Construir un modelo institucional sinodal es el reto de la Iglesia”

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Con el pontificado del Papa Francisco, la Iglesia ha entrado en una nueva fase de recepción del Concilio Vaticano II
El clamor del pueblo Dios ha motivado una reflexión seria sobre la necesidad de emprender una renovación de la Iglesia continental, generando procesos como la reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano

El camino hacia la experiencia de la sinodalidad nos involucra a todos, porque en la Iglesia se debe vivir desde la construcción de relaciones horizontales
Esto solo será posible si somos capaces de escuchar y ser honestos sobre la consideración que hacemos de las voces de los que son diferentes a nosotros
03.01.2022 | Paola Calderón – ADN Celam

El llamado del Papa Francisco a construir un modelo institucional sinodal, es uno de los principales retos para la Iglesia de este tiempo. Así lo manifestó Rafael Luciani, miembro del equipo de reflexión teológica del Consejo Episcopal Latinoamericano, al analizar el momento que vive la Iglesia en el continente.

La llegada de un nuevo año y la necesidad de dar continuidad al camino emprendido invitan a la acción y para el teólogo venezolano es importante comprender que con el pontificado del Papa Francisco, la Iglesia ha entrado en una nueva fase de recepción del Concilio Vaticano II.

A esto se agregan algunos signos emergentes que hacen evidente que la Iglesia latinoamericana se ha preocupado por profundizar en los conceptos y propuestas de la eclesiología del Pueblo de Dios. Un nuevo modelo eclesial que desde lo sinodal viene dando pasos importantes en el análisis sobre la efectividad de la tarea pastoral de la Iglesia, la coherencia de la institución con el momento histórico y cultural de la gente; así como sus respuestas a las directrices que en su momento propuso la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y que aún desde la misma opinión del Papa Francisco puede generar más procesos y frutos dentro de la Iglesia ministerial y las comunidades.

Dispuestos para alentar la sinodalidad
Al respecto Rafael Luciani habla de como el clamor del pueblo Dios ha motivado una reflexión seria sobre la necesidad de emprender una renovación de la Iglesia continental, generando procesos como la reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano, organismo centrado en favorecer los lazos en la colegialidad a la luz de la sinodalidad. En la misma senda está la reciente creación de la Asamblea Eclesial para la Amazonía (CEAMA), ya erigida canónicamente y en cuyo modelo los laicos, laicas, religiosas, religiosos, presbíteros y organizaciones presentes en el territorio se unieron para discernir y hallar el camino en unidad.

Sin olvidar que a finales de 2021 la realización de la Asamblea eclesial efectuada desde lo presencial y virtual, probó que es posible que todos los fieles se escuchen recíprocamente más allá de las formas de consagración, los cargos y títulos, porque el objetivo es discernir en conjunto, visualizar la prioridades y tomar las decisiones que correspondan, tarea que también se adelantó a través de sínodos diocesanos y concilios plenarios, organizados por las Iglesias particulares del continente y que seguramente continuarán en el 2022.

Reconocer la otredad
De esta forma el investigador reiteró que el camino hacia la experiencia de la sinodalidad nos involucra a todos, porque en la Iglesia se debe vivir desde la construcción de relaciones horizontales, dispuestas a acoger y valorar la participación del otro, asumiendo que todos tienen algo que aportar pues desde la construcción teórica o pastoral completamos la misión del otro.

Desde luego, esto solo será posible si somos capaces de escuchar y ser honestos sobre la consideración que hacemos de las voces de los que son diferentes a nosotros, es decir, superar las relaciones de superioridad y subordinación con los demás, ya sea porque pertenecen a minorías étnicas excluidas tradicionalmente como los pueblos originarios o las comunidades afro o pertenecen a colectivos sometidos al juicio social como las comunidades LGTBI, las mujeres, seminaristas, o jóvenes laicos. Una escucha que sea fruto de la conversión y no como una concesión, porque en el fondo se trata de entender que todos estamos habilitados por el Espíritu para hacer vida sus dones en el compartir con los demás y la construcción de la Iglesia nos compete a todos.

Sinodalidad: convertirse y creer

Sinodalidad: convertirse y crecer 

Por Rafael Luciani 
 

En el que ha sido su discurso eclesiológico más importante, Francisco sostiene que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra ‘Sínodo’. Caminar juntos –laicos, pastores, Obispo de Roma–”. 

Tal proposición va más allá de la reflexión que puede hacer la Iglesia sobre un tema en particular. Se trata de una revisión de su propia esencia que supone repensar la identidad, la configuración y la misión de la Iglesia, y no solo alguno de sus elementos operativos. Así lo explicó Francisco en un discurso a la Diócesis de Roma: 

“El tema de la sinodalidad no es el capítulo de un tratado de eclesiología, y menos aún una moda, no es un eslogan o un nuevo término a usar e instrumentalizar en nuestros encuentros. No. La sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo y su misión. Por tanto, hablamos de una Iglesia sinodal, evitando, así, que consideremos que sea un título entre otros o un modo de pensarla previendo alternativas”. 

Este llamado a que la Iglesia se piense a sí misma es lo que motiva la convocatoria de este Sínodo. Su realización no puede ser leída fuera de la coyuntura y del contexto de quiebre del actual modelo teológico-cultural que define a la institución eclesial. Dicho modelo, caracterizado por un clericalismo estructural, necesita ser superado de modo radical, pues pone al descubierto una insuficiente recepción de la teología bautismal y conduce al fortalecimiento de relaciones asimétricas en el ejercicio del poder y en todo el quehacer de la vida eclesial. 

Los signos de la actual época eclesial parecieran apuntar hacia “un punto de quiebre o de inflexión” del sistema o, como algunos estudios han mostrado, un “posible fracaso institucional”. Por ello, no basta solo con revisar y renovar lo que hay. Debemos dejar que el Espíritu hable a la Iglesia hoy y discernir qué estructuras eclesiales han caducado y ya no pueden seguir, y cuáles hemos de crear nuevas para responder a la época actual. Cabe recordar aquí las sabias palabras de Congar: 

“Habremos de preguntarnos si será suficiente un aggiornamento o si no será necesaria alguna otra cosa. La pregunta se impone en la medida en que las instituciones de la Iglesia arrancan de un mundo cultural que ya no podría tener cabida en el nuevo mundo cultural. Nuestra época exige una revisión de las formas ‘tradicionales’ que va más allá de los planes de adaptación o de aggiornamento, y que supone más bien una nueva creación. No es suficiente mantener lo que ha habido hasta ahora, adaptándolo; es preciso construir de nuevo”. 

Una renovación eclesial en clave sinodal supondrá un nuevo modo de proceder que se inspire en tomar consejos y construir consensos al estilo del viejo principio de la canonística medieval, que reza: “Lo que afecta a todos debe ser tratado y aprobado por todos”. Esta práctica no es nueva en la Iglesia y no debe producir temores. Cabe recordar la regla de oro del obispo san Cipriano, que puede ser vista como la forma sinodal del primer milenio y ofrece el marco interpretativo más adecuado para pensar los retos eclesiales actuales. 

Para este obispo de Cartago, tomar consejo del presbiterio y construir consenso con el pueblo fueron experiencias fundamentales a lo largo de su ejercicio episcopal para mantener la comunión en la Iglesia. Con tal propósito, pudo idear métodos basados en el diálogo y el discernimiento en común, que posibilitaron la participación de todos, y no solo de los presbíteros, en la deliberación y toma de decisiones

Jueves RD: En el camino sinodal

Rafael Luciani: “La Iglesia no puede aprender por sí misma: hay que buscar el encuentro con quienes están en los márgenes” 

Consuelo Vélez: “Es una gran oportunidad para que el laicado tome la palabra y pueda decir lo que realmente siente, sueña, porque en la medida que uno pone palabras a sus sueños, los empuja” 

Sebastián Mora: “Este sínodo es una excelente oportunidad para que la Iglesia coja las alforjas y salga al mundo” 

Vicente Jiménez Zamora: “La consulta es el método, el camino es la participación y la meta es el discernimiento. Todos tenemos que escucharnos unos a otros. La iglesia es todo el pueblo de Dios pero vertebrado, armonizado» 

15.10.2021 Jordi Pacheco 

“Caminar juntos, como dice la etimología de la palabra, es algo que ha hecho siempre la Iglesia desde sus inicios; es una tradición venerable en la institución y el papa Francisco le ha dado un sentido nuevo, dando paso a la participación de todo el pueblo de Dios. Una gran aventura para hacer una iglesia más viva, misionera y evangelizadora”. Así se pronunciaba Vicente Jiménez Zamora, al inicio de la vigésimo octava edición de los Jueves de Religión Digital. 

Tras la reciente apertura oficial del Sínodo en Roma, y a escasos días del arranque de la fase diocesana del camino sinodal, el debate de RD reunió el pasado 14 de octubre al arzobispo emérito de Zaragoza y coordinador del equipo sinodal de la CEE y otros protagonistas de los debates de este “caminar juntos” con el propósito de desentrañar parte de los interrogantes que plantea el proceso sinodal.  

Los demás participantes del debate moderado, como es habitual por Jesús Bastante, fueron la teóloga y bloguera de RD Consuelo Vélez; el teólogo y miembro de la Comisión Teológica del Sínodo, Rafael Luciani; y el profesor de Comillas y ex secretario general de Cáritas, Sebastián Mora.  

Transformarlo todo 

“Sueño con una Iglesia misionera capaz de transformarlo todo: lenguajes, costumbres, formas de entender para poder evangelizar el mundo. Estamos en un momento de Kairós en el que cada cual, con su experiencia y conocimiento, tiene que empujar para poner en marcha este sueño”, subrayó Sebastián Mora. 

Para el teólogo venezolano Rafael Luciani, la expectativa generada por este camino sinodal inaugurado por el papa Francisco durante el pasado fin de semana es alta. “Se trata de algo nuevo que no tiene comparación, este sínodo es un proceso de transición hacia un nuevo modo de proceder, lo cual implica una manera completamente renovada de asumir la eclesiología del pueblo de dios con el concilio. Es algo nuevo para obispos y sus diócesis, las parroquias, comunidades y familias y el gran reto es cómo nos podemos involucrar. La sociedad reclama cambios a la Iglesia y hay que estar abiertos a la escucha”.   

Uno de los retos que se perfilan para la consumación del camino sinodal es cómo hacer frente a las divisiones y asumir la diversidad asumiendo la existencia de conflictos. Para Consuelo Vélez, la respuesta está en el laicado. “Llegó la hora de los laicos; es una gran oportunidad para que el laicado tome la palabra y pueda decir lo que realmente siente, sueña, porque en la medida que uno pone palabras a sus sueños, los empuja”, enfatizó, desde Colombia, la teóloga.  

El coordinador del equipo sinodal de la CEE también opina que «es la hora de todo el pueblo pero sobre todo de los laicos». “Queremos que el arranque de este sínodo en las Iglesias y diócesis sea un acontecimiento de todo el pueblo de Dios. Por eso hemos creado  desde la CEE una página con multitud de materiales para que esto pueda hacerse efectivo. Estamos a disposición de todas las diócesis para ayudar a que esto tenga el empuje necesario y que podamos implicar a todos y todas, no solo a los de siempre. Queremos caminar todos juntos desde el principio, que todo el mundo se sienta concernido”.  

Para Rafael Luciani un signo muy positivo y que da esperanza es que se quiere hacer la cultura del consenso eclesial. Esto, asegura, se ha hablado en estos días en Roma. “Tenemos que hablar, expresar puntos de vista e intentar buscar convergencia. No solo en la secretaría del sínodo. Esta práctica está reflejada en el documento preparatorio, que impele a todos y todas en igualdad de condiciones como bautizados. Si no se dan estas relaciones de completarnos los unos a los otros, entonces estamos en una Iglesia ajena a los tiempos, tenemos que aprender y reaprender lo que significa ser Iglesia”. 

“Sueño con una Iglesia pobre y para los pobres”  

Sebastián Mora apuntó al que, tal vez, es uno de los retos más apremiantes para la Iglesia: “Como iglesia no nos podemos permitir dejar fuera a quienes están en la cuneta de la vida. Incluir al laicado es fundamental y esencial. Pero en un contexto pandémico, o post pandémico, que está dejando a tanta gente fuera, todo el esfuerzo sinodal tiene que tener en cuenta a las personas que habitualmente no se las deja hablar. Tenemos que trabajar para escuchar realmente a estas personas y darles voz”, remarcó. 

“También sueño en iglesia samaritana y solidaria con los pobres, ejemplo paradigmático para nosotros. La Iglesia de la cercanía, de la proximidad para con todos los hombres y mujeres, los que están cerca y los que están lejos”, agregó Vicente Jiménez en la misma línea. 

Para Rafael Luciani el informe Sauvé que tanto revuelo ha provocado durante los últimos días en la Iglesia de Francia, en la medida en que es una Invitación a que todas las iglesias locales hagan este camino, da la medida de la imperiosa necesidad de cambiar el modelo institucional. “No es un sínodo sobre un tema sino sobre la Iglesia, su identidad, su misión en este tercer milenio. Pablo VI dijo algo muy claro en Vaticano II: ‘El deber de la Iglesia es buscar forma más completa de ser y vivir’. Eso es la sinodalidad. En contexto de crisis institucional el sínodo es instrumento de renovación”, detalló el teólogo. 

Consuelo Vélez llamó a superar el formalismo que, a menudo, impide que “se cumpla lo que está mandado a hacer”. “En las parroquias esta experiencia sinodal no ha de ser para que nos juntemos los de siempre sino para ver de qué manera seremos capaces de crear otras formas de convocar, que no sea una cosa formal, que nos hagamos preguntas hondas y en serio”, aseveró Vélez en tono autocrítico. “Veo difícil revertir lo que considero un exceso de formalismo; las parroquias no tienen poder de convocatoria y hay que evitar el peligro de convocarnos de nuevo los mismos para hacer lo mismo. Por eso considero que los sacerdotes deberían sentarse a escuchar a los laicos. Si la cosa viene de arriba para abajo, esto no tiene mucho futuro”.  

“La iglesia carece de esa cultura cívica de la participación que es la sinodalidad, y este proceso que ahora se pone en marcha es especialmente difícil cuando no existe en la institución esta cultura previa de la participación. Tenemos que aprender a participar, y eso se aprende participando. ¿Cómo llegar al consenso si siempre nos han dado el consenso hecho, la verdad construida? Es un esfuerzo ingente sobre la cultura participativa. En este sentido, el sínodo ha de ser aprovechado para que sea un lugar de aprendizaje”, advirtió el profesor de Comillas.  

Iglesia hacia el encuentro 

Una Iglesia pluriforme es lo que propone Vicente Jiménez Zamora. Y para ello, sostiene, “la consulta es el método, el camino es la participación y la meta es el discernimiento”. “Todos tenemos que escucharnos unos a otros. La iglesia es pueblo de Dios pero vertebrado, armonizado. Antes que un papa u obispo, uno es cristiano. Este sínodo nos va a ayudar a todos en este camino de conversión”, aseguró el sacerdote nacido en la provincia de Soria.  

Las reflexiones de Luciani fueron en la misma dirección: “La iglesia no puede aprender de sí misma por sí misma si está sola en una burbuja, se trata de hacer una salida que propicie el encuentro con quienes están en los márgenes. La sinodalidad nos cambia en lo cotidiano, en la relación con el otro, en el cara a cara. Se insistió en ello durante la apertura del Sínodo: no se trata sólo de consultar a los bautizados”.   

“Estamos en un momento que va a marcar un antes y un después, pero todo dependerá de la manera como nos involucremossi somos sinceros y transparentes. No es sólo una organización que se reestructura, sino mucho más. Hemos de ser honestos para comprender que nuestro seguimiento a Jesus debe estar en el centro de este discernimiento para que la Iglesia pueda cambiar”, agregó el teólogo.  

Durante el tradicional minuto de oro con que se cierran todos los Jueves de RD, Consuelo Vélez exhortó a no dejar pasar la gran oportunidad que plantea este momento histórico. “No nos cansemos de intentarlo, de todo intento algo queda, en nuestra historia ha habido avances y retrocesos, pero seguimos caminando”

¿Un Sínodo sobre sinodalidad?

Tomar consejo y construir consenso: ¿Un Sínodo sobre Sinodalidad? 

«Quizás estemos ante el evento más importante de la actual fase de recepción del Concilio Vaticano II bajo el pontificado del papa Francisco» 

«Con esta convocatoria, el papa Francisco invita a toda la Iglesia a discernir un nuevo modelo eclesial para el tercer milenio, que profundice el proceso de aggiornamento iniciado por el Vaticano II y responda a los cambios epocales y eclesiales que vivimos» 

«El nuevo modelo eclesial supone superar relaciones desiguales, de superioridad y subordinación, y pasar a la lógica de la ‘recíproca necesidad'» 

Por Rafael Luciani teólogo 

(Mensaje).- La Iglesia ha sido convocada a un Sínodo que lleva como lema Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. El evento se inaugurará el 9 de octubre de 2021 en Roma y el 16 de octubre en cada Iglesia particular. Será un proceso sinodal de dos años, culminando en la celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en octubre de 2023. Con esta convocatoria, el papa Francisco invita a toda la Iglesia a discernir un nuevo modelo eclesial para el tercer milenio, que profundice el proceso de aggiornamento iniciado por el Vaticano II y responda a los cambios epocales y eclesiales que vivimos. En este contexto se sitúa la relevancia que tiene este Sínodo para discernir las reformas necesarias a la luz de la sinodalidad. 

Quizás estemos ante el evento más importante de la actual fase de recepción del Concilio Vaticano II bajo el pontificado del papa Francisco. Se involucra un aproximado de 114 conferencias episcopales de rito latino, el Consejo de Patriarcas Católicos de Oriente, seis sínodos patriarcales de Iglesias orientales, cuatro sínodos archiepiscopales mayores y cinco consejos episcopales internacionales. Profundizando la eclesiología del Pueblo de Dios, y a la luz de un modelo de Iglesia de Iglesias, el Papa propone —como dijo durante la Conmemoración del 50 Aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos— que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Y lo hace en un contexto en el que urge, más que nunca, renovar la vida eclesial tomando consejos y construyendo consensos al estilo del viejo principio de la canonística medieval que reza: “Lo que afecta a todos, debe ser tratado y aprobado por todos”. 

Esta práctica no es nueva en la Iglesia. Cabe recordar la regla de oro del Obispo San Cipriano, que puede ser vista como la forma sinodal del primer milenio y ofrece el marco interpretativo más adecuado para pensar los retos actuales: “Nihil sine consilio vestro et sine consensu plebis mea privatim sententia gerere”1. Para este obispo de Cartago, tomar consejo del presbiterio y construir consenso con el pueblo fueron experiencias fundamentales a lo largo de su ejercicio episcopal para mantener la comunión en la Iglesia. A tal fin, pudo idear métodos basados en el diálogo y el discernimiento en común, que posibilitaron la participación de todos, y no solo de los presbíteros, en la deliberación y toma de decisiones. El primer milenio ofrece ejemplos de una forma ecclesiae en la que el ejercicio del poder se entendió como responsabilidad compartida. 

Una Iglesia de la escucha 

Inspirado en este modo de proceder, el papa Francisco describe al nuevo modelo eclesial con las siguientes palabras: “Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha (…). Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender (…). Es escucha de Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo; y es escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama»2. El ejercicio de la escucha es indispensable en una eclesiología sinodal, pues parte del reconocimiento de la identidad de los sujetos eclesiales —laicos(as), presbíteros, religiosos(as), obispos, Papa— a partir de relaciones horizontales fundadas en la radicalidad de la dignidad bautismal y en la participación en el sacerdocio común de todos los fieles (Lumen Gentium 10). La Iglesia en su conjunto es cualificada por medio de los procesos de escucha en los que cada sujeto eclesial aporta algo que completa la identidad y la misión del otro (Apostolicam Actuositatem 6), y lo hace desde lo propio de cada uno (AA 29). 

Tal modelo supone superar relaciones desiguales, de superioridad y subordinación, y pasar a la lógica de la «recíproca necesidad» (LG 32). Este es el espíritu de la Comisión Teológica Internacional al afirmar que «una Iglesia sinodal es una Iglesia participativa y corresponsable. En el ejercicio de la sinodalidad está llamada a articular la participación de todos, según la vocación de cada uno, con la autoridad conferida por Cristo al Colegio de los Obispos presididos por el Papa. La participación se funda en el hecho de que todos los fieles están habilitados y son llamados a que cada uno ponga al servicio de los demás los respectivos dones recibidos del Espíritu Santo»3. Podemos decir que ser escuchados es un derecho de todos, pero tomar consejos a partir de la escucha es un deber propio de quien ejerce la autoridad. 

Sin embargo, la escucha también tiene otra dimensión. A través de ella se genera un proceso de reconfiguración de los modelos teológico-culturales de la organización eclesial. El Papa explica que se escucha a un pueblo, en un lugar y en un tiempo «para conocer lo que el Espíritu «dice a las Iglesias» (Ap 2,7)» y encontrar modos de proceder acordes a cada época. Lo recordó el Sínodo para la Amazonia, al decir que la Iglesia «reconfigura su propia identidad en escucha y diálogo con las personas, realidades e historias de su territorio» (Querida Amazonia 66). Y lo hace, como sostiene el Concilio, discerniendo «de qué modo puedan compaginarse las costumbres, el sentido de la vida y el orden social con las costumbres manifestadas por la divina revelación» (Ad Gentes 22). 

Un Sínodo como el actual puede ser apreciado como el inicio de un proceso que puede llevar a «una acomodación más profunda en todo el ámbito de la vida cristiana» (AG 22) porque «los vínculos de historia, lenguaje y cultura, que en ella plasman las comunicaciones interpersonales y sus expresiones simbólicas, trazan el rostro peculiar, favorecen en su vida concreta el ejercicio de un estilo sinodal» (CTI, Sin. 77). De ahí la importancia de comprender que la sinodalidad es el modo más adecuado para la génesis de los procesos de identidad y reconfiguración teológico-cultural de la Iglesia, según los tiempos y las culturas, bajo el modelo de Iglesia como Iglesia de Iglesias presidida por el Obispo de la Iglesia de Roma y en comunión entre todas ellas. 

Una forma más completa de ser Iglesia 

La escucha no es un fin en sí mismo. Ella se realiza en el marco de un proceso mayor, cuando “toda la comunidad, en la libre y rica diversidad de sus miembros, es convocada para orar, escuchar, analizar, dialogar y aconsejar para que se tomen las decisiones pastorales más conformes con la voluntad de Dios” (CTI, Sin. 53). A partir de esta serie de relaciones y dinámicas comunicativas se va generando el ambiente propicio para tomar consejos y construir consensos que luego se traduzcan en decisiones. Es importante tener en cuenta todas las acciones a la hora de emprender un proceso de escucha: «Orar, escuchar, analizar, dialogar y aconsejar», porque la finalidad de este camino no es simplemente encontrarnos, oírnos y conocernos mejor, sino trabajar en conjunto «para que se tomen las decisiones pastorales». Este es uno de los aspectos que definen el sentido y la meta de un proceso sinodal y, en este Sínodo sobre sinodalidad, la Iglesia se plantea avanzar en la búsqueda de una «más completa definición de sí misma» —recogiendo las palabras de Pablo VI al abrir la segunda sesión del Concilio. 

Sin este horizonte en mente, se puede correr el riesgo de limitar la comprensión y el ejercicio de la sinodalidad a una mera práctica afectiva y ambiental, sin que se traduzca efectivamente en cambios concretos que ayuden a superar el actual modelo institucional clerical. Por ello, es importante destacar que el actual Sínodo ha creado una Comisión Teológica asesora de todo el proceso. Es un hecho novedoso que recupera la colaboración que debe existir entre la teología y el magisterio. Y dentro de dicha comisión se ha conformado una subcomisión para elaborar propuestas de reforma del derecho canónico. Si lo escuchado no se traduce en nuevos canales y estructuras eclesiales —en palabras de Francisco, «mediaciones concretas»— quedará develado, una vez más, un modelo eclesial en el que se da una «insuficiente consideración del sensus fidelium, la concentración del poder y el ejercicio aislado de la autoridad, un estilo centralizado y discrecional de gobierno, y la opacidad de los procedimientos regulatorios»4. 

Un evento que se convierte en proceso 

Coherente con el tema que aborda, y con el fin de palpar el sentir de toda la Iglesia universal, el actual Sínodo deja de ser un evento y se convierte en un proceso que comienza con una primera fase diocesana. Desde una eclesiología de las Iglesias locales, se parte del primer nivel en el ejercicio de la sinodalidad, como lo ha manifestado el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos: “Considerando que las Iglesias particulares, en las cuales, y a partir de las cuales existe la una y única Iglesia católica, contribuyen eficazmente al bien de todo el cuerpo místico, que es también el cuerpo de las Iglesias (LG 23), el proceso sinodal pleno solo existirá verdaderamente si se implican en él las Iglesias particulares”5. 

Para comprender lo que esto implica, podemos hacer memoria de las palabras de Mons. De Smedt, una de las voces más importantes del Concilio, quien decía que «el cuerpo docente [obispos] no descansa exclusivamente en la acción del Espíritu Santo sobre los obispos; sino que también [debe] escuchar la acción del mismo espíritu en el pueblo de Dios. Por lo tanto, el cuerpo docente no solo habla al Pueblo de Dios, sino que también escucha a este Pueblo en quien Cristo continúa Su enseñanza»6. 

A lo largo de esta primera fase diocesana, los obispos no solo deben escuchar al sino también en el pueblo de Dios, como parte integrante de él y, junto a él, discernir y elaborar decisiones pastorales. Siguiendo el texto de Lumen Gentium 12, recogido en Episcopalis Communio 5, es la totalidad de los fieles, «desde los obispos hasta los últimos fieles laicos, [que] presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres». Lo que está en juego no es el sentir de cada obispo, sino el sentir de toda la Iglesia o, mejor dicho, el sensus ecclesiae totius populi. Por ello, cada Iglesia particular debe proceder «sirviéndose de los organismos de participación previstos por el derecho, sin excluir cualquier otra modalidad que juzguen oportuna» (EC, disp. canónica 6). 

El paso de la sinodalidad afectiva a la efectiva 

Quizás uno de los retos más importantes para la jerarquía eclesiástica será la creación de mediaciones y procedimientos para el involucramiento de todos los fieles y el establecimiento de las modalidades de participación. Haciendo uso de las palabras de Severino Dianich, «la normatividad actual, entre la atribución a todos los fieles de la tarea de evangelización (…) y su llamada a una participación activa en la liturgia eucarística (…), no confiere a los fieles laicos ningún papel específico capaz de determinar la vida de la comunidad (…). Los fieles [laicos] no tienen ninguna instancia en la que, al expresar su propio voto deliberativo, se pueda decidir algo colegialmente»7. Este sentir fue discernido en el 2007 por los obispos latinoamericanos en la Conferencia de Aparecida y propusieron que “los laicos participen del discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y la ejecución” (Aparecida 371) de toda la vida eclesial. 

Si el modo de proceder de una Iglesia sinodal «tiene su punto de partida y también su punto de llegada en el Pueblo de Dios» (Episcopalis Communio 7), y si «la sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia que, a través de ella, se manifiesta y configura como Pueblo de Dios» (CTI, Sin. 42), entonces hay que hacer lo posible para que este Sínodo de paso a una auténtica sinodalización de toda la Iglesia. Por ejemplo, será clave discernir los modelos de decisión en la Iglesia. Quizás articular uno en el cual la elaboración de las decisiones (decision-making) sea vinculante a los pastores (decision-taking), porque ellos mismos habrán participado del proceso de escucha y discernimiento, tomando consejos y construyendo consensos. Y es que cualquier modelo decisional debe tener en cuenta que “la dimensión sinodal de la Iglesia se debe expresar mediante la realización y el gobierno de procesos de participación y de discernimiento capaces de manifestar el dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales” (CTI Sin 76). 

¿Seremos capaces de concebir procesos sinodales en los que se elaboren decisiones entre todos(as) para que la autoridad competente, habiendo participado como un fiel más de todas las etapas del proceso, y confiando en que el Espíritu Santo ha hablado a través del Pueblo de Dios, ratifique dichas decisiones? Creemos que este es el espíritu expresado por el cardenal Grech al afirmar que «el Sínodo de los Obispos es el punto de convergencia del dinamismo de escucha recíproca en el Espíritu Santo (…). No es solo un evento, sino un proceso que implica en sinergia al Pueblo de Dios, al Colegio episcopal y al Obispo de Roma, cada uno según su función»8, y en diversas fases (diocesana, nacional, continental, universal). El gran reto será, pues, el de crear una cultura del consenso eclesial, capaz de manifestarse en estilos, eventos y estructuras sinodales que den cauce a un nuevo modo eclesial de proceder para la Iglesia del tercer milenio

1 “Quando a primordio episcopatus mei statuerim, nihil sine consilio vestro, et sine consensu plebis, mea privatim, sententia gerere”. Jacques Paul Migne, Patrologiae Latina, Tomus 4 (S. Cypriani), 234. 
2 Francisco, Discurso en la Conmemoración del 50 Aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos http://www.vatican.va/content/francesco/en/speeches/2015/october/documents/papa-francesco_20151017_50-anniversario-sinodo.html 
3 Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (2 de marzo de 2018) n. 67: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_20180302_sinodalita_sp.html De ahora en adelante lo citaremos: CTI, Sin. 
4 Alphonse Borras, «Sinodalità ecclesiale, processi partecipati e modalità decisionali», Carlos María Galli – Antonio Spadaro (eds.), La riforma e le riforme nella Chiesa, Queriniana, Brescia 2016, 208. 
5 Carta de presentación del itinerario sinodal aprobado por el papa Francisco en la audiencia concedida al cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, el 24 de abril de 2021. 
6 Emile-Joseph De Smedt, The priesthood of the faithful, Paulist Press, NY 1962, 89-90. 
7 Severino Dianich, Riforma della Chiesa e ordinamento canonico, EDB, Bologna 2018, 69-70. 
8 Cf. Alocución del cardenal Mario Grech al Santo Padre en el Consistorio para la creación de nuevos cardenales, el 28 de noviembre de 2020. 

En el 60 Aniv. del Vat II: El giro de una Iglesia romanizada a una Iglesia mundial

Rafael Luciani: «La ‘opción preferencial por los pobres’ ha de ser ‘a la luz de los jóvenes'»



Rafael Luciani, profesor y teólogo venezolano, explica lo que que aún queda por recorrer del camino para lograr una Iglesia en salida como pide el Papa
«Es fundamental la ‘conversión pastoral’, haciendo a los jóvenes participes y no solamente observadores desde afuera de la Iglesia»
«Recordemos que Francisco siempre ha dicho, desde la Evangelii Gaudium inspirada en Aparecida, que debemos pasar de una ‘pastoral de conservación’a una ‘conversión pastoral'»
‘El giro’ de una Iglesia occidental y romanizada, bajo un modelo centralizado, hacia una Iglesia mundial que da el Vaticano II, donde las diferentes realides han de ser integradas, representa «el mayor reto de la recepción del Concilio», asegura
«No se trata de obedecer a ciegas a alguien que me dice lo que debo de hacer» sino que el Concilio me constituye como parte de una comunidad y son igual de responsables ‘los laicos, los obispos y el Papa'»

Por| Mireia Bonilla
(Vatican News).- Hoy se cumplen 60 años del anuncio, por parte del Papa Juan XXIII, del Concilio Vaticano II bajo el objetivo de renovar la vida de la Iglesia y adaptar la disciplina de la eclesiástica a las condiciones de la época. También se trata de una fecha muy importante “porque es la que inspira y mueve el proceso de la reforma que el Papa Francisco está llevando adelante”, tal y como ha declarado el teólogo Rafael Luciani, profesor en el Boston College y la Universidad Católica “Andrés Bello” en Caracas.
Concilio Vaticano II: una apertura de la Iglesia al mundo
Según explica Rafael Luciani para Vatican News, el Concilio Vaticano II tiene el gran mérito de haber hecho “un giro” de una Iglesia occidental y romanizada, bajo un modelo centralizado, hacia una Iglesia mundial, que significa una Iglesia donde la interculturalidad, la diversidad de los pueblos que la integran y la diversidad de las maneras de vivir el cristianismo, tienen que ser integradas, y esto – puntualiza – “representa el mayor reto de la recepción del Concilio”.
En esta recepción del Concilio, el Papa Francisco desde su primer año de Pontificado, “ha promovido como punto central la Eclesiologíadel Pueblo de Dios, la cual llama a que todos los bautizados, con todos nuestros rostros y con toda nuestra diversidad cultural, tenemos parte en esta construcción de una Iglesia en conjunto” asegura el teólogo venezolano.
 
El Concilio: la gran resistencia que ha encontrado Francisco
Luciani además señala que “no se trata de obedecer a ciegas a alguien que me dice lo que debo de hacer”sino que el Concilio me constituye como parte de una comunidad y son igual de responsables “los laicos, los obispos y el Papa” en este caminar juntos. Es por ello que el Concilio “es la gran resistencia que ha encontrado Francisco” y la cual sigue siendo un reto – dice Luciani – porque “implica un modelo de Iglesia que no se cambia de un día para otro, pero que si no lo hacemos juntos no lo vamos a ver realizado en un tiempo cercano”.
Recepción del Concilio en América Latina
En América Latina se recibe el Concilio muy especialmente a través de la Constitución Pastoral Gaudium et spes, que implica “un compromiso profundo de la Iglesia con el mundo, una apertura, una acogida y un discernimiento de lo que se vive en el mundo” explica Luciani y pone de ejemplos los 50 años de Medellín (celebrados el año pasado) y la celebración de este año por los 40 años de Puebla.

En Medellín se nos dice que la Iglesia está llamada a auscultar las actitudes de los jóvenes porque ellos son manifestación de los signos de los tiempos”; una expresión hermosa – dice Luciani – para decir lo que hoy Francisco tanto insiste: “la escucha a los jóvenes”. Y diez años después de Medellín, en Puebla, “no sólo se ratifica la opción preferencial por los pobres sino que el documento habla de esa opción preferencial por los jóvenes y los términos que utiliza es una escucha nuevamente – o sea Iglesia en clave sinodal -, incorporación de los jóvenes y formación”.
Opción preferencial por “los pobres” a la luz de “los jóvenes”
Y en esa opción preferencial por los jóvenes, dice Luciani, también entra el compromiso social, político y de integración en las comunidades locales que tiene un joven “y que no debe limitarse solamente a un movimiento juvenil dentro de la parroquia”. Ejemplo de ello fue “Acción Católica” y los “Movimientos de Jóvenes en las universidades” que dieron pie a formación de comunidades de base y a la llamada Teología de la Liberación, así como a la existencia de una juventud “que luego se ha convertido en líderes políticos que influenciaron a todo el continente en la transformación social”. De manera que este reto por la “opción preferencial por los pobres” hoy en día – concluye Luciani – “tiene que ser pensado a la luz de los jóvenes, pero más allá de los movimientos parroquiales locales; tiene que ser pensado en función de la sociedad y de los cambios políticos”.
La Iglesia debe cambiar su modelo parroquial exclusivamente litúrgico
Hablando acerca de qué puede hacer la Iglesia ante las problemáticas a las que se enfrentan los jóvenesde hoy a nivel mundial, Rafael Luciani asegura que, antes que “hacer programas”, la Iglesia tiene que “cambiar el modelo parroquial y la estructura centrada solamente en lo litúrgico y sacramental”. “El joven cuando llega a la comunidad local no puede ser que lo único que se le ofrezca es como una especie de menú, a qué grupo pertenece o a cuantas misas asistir” asegura el profesor del Boston College, si no que tiene que encontrar en la comunidad “una identidad” y la comunidad debe ser para ese joven “un lugar desde donde pueda incorporarse y trabajar por la sociedad”.
Y el cambio de este modelo es lo que el Papa Francisco llama “conversión pastoral”, finaliza Luciani: “recordemos que Francisco siempre ha dicho, desde la Evangelii Gaudium inspirada en Aparecida, que debemos pasar de una “pastoral de conservación”, o sea una pastoral que se limita a la parroquia, a los litúrgico y a lo sacramental, a una “conversión pastoral”, o sea, reformar las estructuras para que podamos realmente incorporar y hacer a los jóvenes participes y no solamente observadores desde afuera de la Iglesia”.