Evangelizando en la Red

Xiskya Valladares: “Un cristiano en Tik Tok no debe rechazar, excluir, dividir o juzgar” 

La religiosa de la Pureza de María participará el 16 de noviembre en un webinar gratuito formativo sobre la plataforma digital organizado por iMisión 

¿Una Iglesia ‘tiktokera’? Sin dudarlo. Con este convencimiento, la plataforma iMisión ha organizado un webinar gratuito de formación para ofrecer herramientas básicas de cómo ser y estar en esta red social en auge. 

Para ello, los principales ‘’influencers’ cristianos en TikTok ofrecerán pistas sobre cómo moverse en el mundo virtual, entre ellos, la religiosa de Pureza de María, Xiskya Valladares, redentorista Damián María Montes, así como el sacerdote Jorge Reinaudo. Para poder participar en esta sesión que será retransmitida en directo por YouTube y moderado por la periodista Auxi Rueda,, será necesario inscribirse previamente aquí

Naturalidad y constancia 

Para Valladares, la regla básica para estar en TikTok “es tener una temática interesante que contar y hacerlo con naturalidad y constancia”. “Desde luego, no es necesario ni bailar ni cantar”, matiza sobre una de las señas de identidad la red social. 

Y aclara: “Las estadísticas de We Are Social dicen que la la mayoría de los usuarios de TikTok tienen entre 30 y 45 años. Y está gente ni canta ni baila. Yo misma no lo hago”. De hecho, detalla que  “cada vez son más las cuentas de profesionales que usan TikTok para compartir sus conocimientos. Cada uno tiene su propio estilo o carisma, y lo bueno es que hoy todos los estilos tienen cabida en esta red social”. 

Incoherencia al transmitir 

Sin hacer ‘spoiler’ del encuentro de formación, la consagrada adelanta para ‘Vida Nueva’ qué es lo que nunca debe hacer un cristiano en TikTok: “Rechazar, excluir, dividir, juzgar a quien piensa distinto o es distinto de ti. Simplemente porque eso es incoherente con el mensaje cristiano que quieras transmitir”. 

Con este punto de partida, Xiskya está convencida de que TikTok puede ser un instrumento para contagiar la Alegría del Evangelio. “Claro que sí -expone-, siempre y cuando seamos coherentes y sepamos dar testimonio de esa Alegría. 

De redes sociales, posverdad y creencias religiosas

«Son tiempos de aceptar la pluralidad cultural y religiosa en la que vivimos y de aprender a convivir con otros que no creen lo mismo que nosotros y no por eso están atacando a la iglesia»

«Algunos clérigos que fueron ordenados en los papados anteriores se sienten tan descolocados con las palabras y acciones del papa Francisco que no saben acompañar a sus feligreses para que comprendan que la iglesia va caminando en el tiempo y debe siempre revisarse y ajustarse si quiere ser fiel al evangelio»

«Conviene que aprendamos a utilizar las redes sociales con una lectura crítica de cualquier información buscando que tenga fundamentos sólidos y constatables, pero también que los aprovechemos para una formación cristiana a la altura de estos tiempos»

27.07.2021 Consuelo Vélez

Este tiempo de pandemia se ha prestado para que todos hagamos más uso de las redes sociales y expresemos lo que pensamos, sentimos, creemos, etc. En este sentido, la pandemia ha favorecido la socialización del pensamiento y la interconexión de manera universal. Han sido muchos los congresos, charlas, encuentros en los que se ha podido participar de manera gratuita, posibilitando que, lo que antes era para unos pocos, sea posible para muchos.

Pero preocupa lo que últimamente se llama la “posverdad”, es decir, que se afirma cualquier cosa sin tener criterios para hacerlo y los lectores lo reciben con un grado de ingenuidad que siguen divulgando lo que, bajo apariencia de cierto, son verdaderas mentiras que se instalan en el consciente o inconsciente de las personas y resulta muy difícil desmontarlas.

Por ejemplo, esto ha pasado con las vacunas, donde los mensajes en redes sociales muestran que tienen más fuerza que las noticias oficiales y por eso mucha gente se resiste a vacunarse, repitiendo los argumentos que han leído en las redes, sin saber siquiera las bases reales que se tienen para aquella afirmación y sin molestarse ni un mínimo por indagarlas.

Igual sucede con la política donde se multiplican las afirmaciones falsas y las personas las repiten como si tuvieran toda la certeza de que eso es verdad, simplemente porque cualquiera lo escribió en la red y si está escrito parece que ha de tener credibilidad absoluta.

nivel eclesial, las redes sociales han prestado un servicio muy bueno para alimentar la fe con las celebraciones litúrgicas y muchos otros mensajes y espacios de reflexión que se han propiciado pero, no han faltado quienes pudiendo tener tanta y tan buena influencia con sus seguidores (por ejemplo, algunos clérigos), han convertido sus publicaciones en “defensa de la fe” contra este mundo “ateo” que nos impide ir al templo o que no cree suficientemente en Dios y por eso acude a las vacunas o simplemente queriendo hablar de temas eclesiales reflejan su falta de formación o de actualización teológica lo cual conlleva a que sus seguidores, no puedan ir mucho más allá de reforzar una fe infantil, intimista, acrítica, irracional y tantos otros apelativos que hacen que el testimonio de vida cristiana sea cada vez anacrónico para los tiempos actuales.

No son tiempos de demonizar lo distinto o de creer que todo es ataque a la iglesia. Son tiempos de aceptar la pluralidad cultural y religiosa en la que vivimos y de aprender a convivir con otros que no creen lo mismo que nosotros y no por eso están atacando a la iglesia. La critican sí, por su falta de testimonio o por los escándalos de sus clérigos o por su postura ante algunas situaciones sociales, pero esto es muy distinto a creer que la atacan y promover una postura de defensa en lugar de contribuir a abrir la mente y el corazón para entender el mundo actual y ofrecer una fe que sabe caminar con otros y que no quiere imponer ni reivindicar todo para sí. Eso fue lo que hizo Vaticano II, en la Constitución Gaudium et Spes al invitar a leer los signos de los tiempos y responder a ellos. Ya sería bueno asumir este Concilio cuando han pasado más de cincuenta años de aquel acontecimiento.

A veces también algunos clérigos que fueron ordenados en los papados anteriores se sienten tan descolocados con las palabras y acciones del papa Francisco que no saben acompañar a sus feligreses para que comprendan que la iglesia va caminando en el tiempo y debe siempre revisarse y ajustarse si quiere ser fiel al evangelio. Hay momentos en la historia en que este movimiento se nota mucho más y estamos en él. No era gratuito que en las décadas pasadas se hablara de “invierno eclesial” o de “involución” y por eso este papado ve la urgencia de una reforma eclesial. Pero tal vez estos clérigos ni se enteraron del invierno que se vivía, ni entienden porque le llaman a Francisco el papa de la “primavera”. Están tan centrados en sus propias convicciones que no acompañan los signos de los tiempos -como lo dije antes- y no saben interpretar el presente. Los clérigos podrían ser los primeros en mantener la lucidez, la formación y la capacidad de acompañar al pueblo de Dios para que, asumiendo los errores, retrocesos y escándalos de la iglesia, amplíen la visión y siempre estén buscando caminos de conversión, en aras a ser una iglesia cada vez más creíble.

Las redes sociales seguirán existiendo y ahora con más fuerza, por lo tanto, conviene que nos preguntemos si estamos cuidando de no caer en la falacia de la posverdad y si hemos afrontado esta circunstancia de la mejor manera, creciendo en todo sentido, pero especialmente, en la vida de fe que a veces, pareciera, no ha sido la más relevante a la hora de acompañar tanto dolor y muerte, tanta incertidumbre y soledad que ha traído la pandemia. Conviene que aprendamos a utilizar las redes sociales con una lectura crítica de cualquier información buscando que tenga fundamentos sólidos y constatables, pero también que los aprovechemos para una formación cristiana a la altura de estos tiempos en los que es necesario derribar muros y construir puentes -como dice el papa Francisco-, actitud que solo es posible si salimos de lo conocido para abrirnos a lo nuevosi no tenemos miedo al cambio y a un futuro eclesial distinto.

(Foto tomada de: https://www.abc.es/tecnologia/redes/abci-redes-sociales-pilar-clave-para-pymes-201812080202_noticia.html)

Entrevista a Jaime Tatay S.J.

Jaime Tatay: «Esta experiencia nos servirá para sacar lo mejor de lo virtual y de lo presencial»

Jaime Tatay

«Teólogos y sacerdotes tendemos a pensar que las crisis profundas (personales o sociales) son la antesala de búsquedas espirituales»

«Sorprende que la atención pastoral al final de la vida, que sigue siendo demandada por una parte significativa de la población, no fuera considerada también como una cuestión de salud (espiritual) pública»

«Creo que habrá nuevas «búsquedas de sentido” y un cuestionamiento de las prioridades a nivel personal, comunitario y político, pero no tengo claro hacia dónde conducirá»

20.04.2020

Profesor de la Facultad de Teología de Comillas, el jesuita Jaime Tatay es especialista en ética, ecología y Doctrina Social de la Iglesia. En esta entrevista reflexiona precisamente sobre cuestiones como la función social de la Iglesia en la pandemia del coronavirus, valorando que posiblemente a partir de ahora se profundice más en el «acompañamiento espiritual online».

¿Cómo está percibiendo la sociedad española la implicación de la Iglesia y el papel que está jugando en la pandemia? ¿Está cumpliendo su función social?

Depende, como siempre, de a quién preguntes. En los medios de comunicación de la Iglesia se divulgan las muchas iniciativas puestas en marcha; en medios civiles tengo la impresión de que el silencio sobre la actividad de la Iglesia—más allá de la figura de Francisco—ha sido la nota dominante.

¿Por qué no ha conseguido como institución visibilizar bien su lucha contra la pandemia y no ha podido ni ha intentado romper el techo de cristal de los grandes medios, especialmente las televisiones?

No lo sé. Por un lado, creo que influye la tradicional hostilidad de ciertos medios de comunicación hacia la Iglesia. Por otro lado, quizás no se ha podido o no se ha sabido cómo reaccionar. Por ejemplo, la ausencia del clero en las residencias, hospitales, tanatorios y cementerios durante las primeras semanas se entiende debido a las restricciones sanitarias impuestas. Por otro lado, sorprende que la atención pastoral al final de la vida, que sigue siendo demandada por una parte significativa de la población, no fuera considerada también como una cuestión de salud (espiritual) pública. En mi opinión, este ejemplo nos introduce en un debate más profundo sobre la presencia pública de la religión, la secularización y la priorización de la dimensión terapéutica sobre cualquier otra consideración.

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