Entrevista a Tamayo

Juan José Tamayo, teólogo: «Las afirmaciones de Feijóo demuestran ignorancia u olvido y alimentan los discursos de odio»

Juan José Tamayo, teólogo

Historia de Jesús Bastante 

«Los políticos creyentes deben ser coherentes con lo que creen, respetar la diversidad ideológica, fomentar el diálogo interreligioso e intercultural, evitar la agresividad en el lenguaje», comienza el teólogo Juan José Tamayo, profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y uno de los mayores expertos de España en el Islam. Como tal, se muestra consternado tras el ataque contra dos iglesias en Algeciras, que se ha cobrado la vida de un sacristán y dejó herido a un sacerdote salesiano. Pero la conversación con elDiario.es ocurre poco después de que el presidente del Partido Popular, Alberto Nuñez Feijóo, dijera públicamente: “Desde hace muchos siglos no verá a un católico, a un cristiano, matar en nombre de su religión o de sus creencias».

Por eso Tamayo arranca con las respuestas antes de las preguntas, agradece la reacción de las autoridades católicas, judías, evangélicas y musulmanas de repulsa ante el atentado y censura actitudes como la del líder del PP. «Las afirmaciones de Feijóo son infundadas, alimentan los discursos de odio contra la religión musulmana, sitúan a su partido del lado de la confrontación religiosa y no contribuyen a la convivencia cívica ni respetan el pluriverso religioso y cultural», sostiene Tamayo, tajante. Y va más allá: «Esas palabras demuestran ignorancia u olvido freudiano», lanza antes de recordar la Guerra Civil y «los cientos de miles de asesinatos cometidos por el dictador Franco, ‘generalísimo’ católico, con el silencio cómplice de la mayoría de los obispos». «¿No es eso matar en nombre de Dios?», se pregunta.

El ataque a dos iglesias en Algeciras y las respuestas ante la tragedia nos devuelven a una pregunta que las religiones se llevan haciendo siglos. ¿Es lícita la violencia ‘en nombre de Dios’?

Matar en nombre de Dios es convertir a Dios en un asesino, como afirma Saramago. Es mejor ser ateo de todas las divinidades que creer en un Dios asesino. Sin embargo, con frecuencia se recurre a Dios para justificar la violencia. Lleva razón el filósofo judío Martin Buber cuando afirma: “Dios es la palabra más vilipendiada de todas las palabras humanas. Las generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta palabra. Han matado y se han dejado matar por ella. Los seres humanos dibujan un monigote y escriben la palabra “Dios”. Se asesinan unos a otros y dicen: lo hacemos en nombre de Dios. Debemos respetar a los que prohíben esta palabra, porque se rebelan contra la injusticia y los excesos que con tanta facilidad se cometen con una supuesta autorización de Dios”.

Recuerdo una viñeta de El Roto en la que dos personas están dialogando. Una le comenta a la otra: «Dicen matar en nombre de Dios». «¿Y qué dice Dios?», le pregunta el otro interlocutor. «Hace tiempo que huyó despavorido», responde el primero. A decir verdad, en los textos fundantes de no pocas religiones hay imágenes violentas de Dios, pero las hay también del Dios defensor de la naturaleza y de la vida de los seres humanos, especialmente de quienes la tienen más amenazada.

¿Es un problema exclusivo del islam o de todas las religiones?

La idea de que la violencia es exclusiva del islam es la que se quiere transmitir en las sociedades occidentales, a veces con el apoyo de los medios de comunicación, y la que está fijada en el imaginario colectivo. Pero yo creo que es una forma calculada de demonizar al islam y de presentarlo como enemigo de Occidente.

Con ello no estoy excluyendo la violencia en la religión musulmana y en sus seguidores. Claro que existen organizaciones y personas violentas que se declaran musulmanas –dudo que lo sean– que apelan a Dios para justificarla. Pero tal actitud no es exclusiva del islam. La mayoría de las religiones han sido fuente de violencia y en cierta medida pueden seguir siéndolo de distintas formas. Por ello deben revisar su presencia en la sociedad y sus discursos para que no desemboquen en actos violentos y sean constructoras de la paz. Lo más grave es que hay dirigentes que la legitiman. Es el caso del patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kiril, que apoya la guerra de Rusia contra Ucrania y se niega a dialogar con otros dirigentes que trabajan por la paz, por ejemplo, con el papa Francisco.

¿Cómo ve las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo que adjudican actos sangrientos o terroristas a otras religiones y no a la católica?

Como dirigente político de un partido nacional, la responsabilidad del señor Feijóo es mayor. Sus afirmaciones, en lugar de tender puentes de diálogo entre culturas y religiones, los destruyen. Y además, son infundadas.

Varios son los ejemplos de violencia de personas o colectivos cristianos, no ya desde hace varios siglos, sino en los siglos XX y XXI. Le recuerdo al señor Feijóo dos casos: uno doméstico: la guerra (in)civil en España fue provocada por un golpe de Estado de un general católico que la jerarquía católica española legitimó y calificó de “cruzada” en la Carta del Episcopado Español el 1 de julio de 1937; los cientos de miles de asesinatos cometidos por el dictador Franco, “generalísimo” católico, con el silencio cómplice de la mayoría de los obispos. Y mientras sucedían estos asesinatos, el Vaticano y el Estado Español firmaban un Concordato que reconocía a la Iglesia católica como la religión oficial del Estado. Otro caso más reciente: el atentado del supremacista blanco cristiano Brenton Harrison Tarrant en 2019 contra dos mezquitas en Christchurch (Nueva Zelanda) con 49 personas asesinadas.

¿Se puede ser cristiano y alentar el odio al extranjero o al que tiene otra religión distinta a la considerada ‘normal’ en España?

Creo que sus declaraciones pretenden sacar rédito político utilizando la religión como arma electoral en su propio beneficio, y eso me parece política y religiosamente inmoral. Con la religión no se juega para intereses tan espurios. Tales declaraciones no pueden defenderse desde el punto de vista evangélico, ya que, además de no ser ciertas, como acabo de demostrar, fomentan el odio a las personas que tienen otras creencias religiosas. Tengo la impresión de que el señor Feijóo sigue pensando que el cristianismo es la religión oficial de la sociedad española y del Estado, y las demás religiones son advenedizas. Y eso me parece más propio del nacionalcatolicismo que del Estado no confesional que es España.

El portavoz de la Conferencia Episcopal (CEE), César García Magán, y los representantes judíos, musulmanes y evangélicos, han coincidido en la rotunda condena y en no manchar a un colectivo por las atrocidades que pueda haber cometido una persona.

Escuché en directo las declaraciones del portavoz de la CEE, César García Magán. Valoro positivamente tanto la celeridad en la respuesta como su sensatez y equilibrio. Dijo tres cosas muy importantes: que no se podía demonizar al colectivo musulmán; que no había que identificar el terrorismo con ninguna religión y que había que mantener la convivencia.

En la misma dirección han ido también las declaraciones de representantes musulmanes, que han condenado con contundencia el atentado y lo han calificado de contrario al Corán. Igualmente me parecen acertadas las declaraciones de las comunidades judías y evangélicas expresando su rechazo del atentado y defendiendo la paz entre las religiones.

¿Qué papel pueden tener las religiones para evitar este tipo de episodios?

Me parece muy importante el papel que pueden y deben jugar las religiones en la desactivación de la violencia y la construcción de la paz. Lo expresó el teólogo Hans Küng con gran lucidez: «No habrá paz en el mundo sin paz entre las religiones; no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas; no habrá paz entre ellas si no se conocen entre sí; no habrá diálogo interreligioso si no se llega a elaborar una ética común». Para ello es necesario que no sigan defendiendo la tesis belicista de la guerra justa y se comprometan a trabajar por la paz justa.

Deben activar las tradiciones pacifistas y pacificadoras presentes en todas las religiones y desactivar las prácticas y los discursos violentos que existen en sus textos. Me parece necesario recuperar y visibilizar a las personalidades religiosas que lucharon y luchan por la paz: en el protestantismo, Martin Luther King, que defendió los derechos civiles pacíficamente; en el hinduismo, Mahatma Gandhi, que practicó la no violencia activa para conseguir la independencia de la India; en el catolicismo, monseñor Oscar A. Romero e Ignacio Ellacuría, que defendieron la paz fundada en la justicia; en el islam, las mujeres iraníes y afganas que desafían a los ayatolas y talibanes en defensa de los derechos de las mujeres, Malala Yousafzai y Sirin Ebadi, defensoras de los derechos de las niñas y los niños; en el judaísmo, Amos Oz y el movimiento Paz Ahora, contra los asentamientos judíos en Gaza y Cisjordania; el movimiento de palestinas e isralíes ‘Las mujeres impulsan la paz’; en el budismo, el Dalai Lama; en la Fe Baha’i, Baha ‘Ullah; en las comunidades indígenas, Rigoberta Menchú en defensa de los derechos de los pueblos originarios… 

Toda la información en http://www.religiondigital.org 

La crisis política del Perú

Organizaciones interconfesionales del Perú suscriben manifiesto: “No queremos un país atomizado, polarizado ni violento”

Católicos, evangélicos, judíos, metodistas, mormones, mahometanos, budistas, entre otros, reconocen que la actual crisis social y política “tiene raíces en la inequidad y desigualdad”

Organizaciones interconfesionales –entre estos la Conferencia de obispos y la Conferencia de religiosos – han suscrito un manifiesto ante la actual crisis política del Perú, que ha derivado en conatos de violencia en varios puntos del país.


Es así como católicos, evangélicos, judíos, metodistas, mormones, mahometanos, budistas, entre otros han reconocido que la actual crisis social y política “tiene raíces profundas en una historia de inequidades y desigualdades”.

“Nos solidarizamos con profundo dolor por las vidas que se han perdido en las recientes manifestaciones y que requiere de una investigación transparente ante los graves acontecimientos que amenazan la paz social”, han dicho.

Un llamado a la unidad

Para la organizaciones “todos compartimos la misma dignidad y la misma peruanidad”, por ello,  “creemos que debemos escucharnos y atender el clamor de nuestros hermanos que reclaman por sus derechos, tarea particularmente propia del Estado”.

“No queremos un país atomizado, polarizado ni violento. Los millones de peruanos queremos y confiamos en la justicia, la unidad y la paz, pues una casa dividida no puede prosperar, engendra su propia destrucción”, han señalado.

Invitan a todos los sectores “a crear a crear espacios de diálogo sincero y vinculante, caminos de esperanza para las nuevas generaciones, lejos del odio”, porque “necesitamos reconciliarnos para entendernos y caminar juntos, todos: civiles y militares, hombres del campo y de la ciudad”.

Marcados por la esperanza

Por otra parte, han llamado a sentir empatía: “El gran mensaje que queremos transmitir es tratar a los demás como quisiéramos que se nos trate a nosotros mismos, principio ético que todos debemos compartir”.

Por ende, “los peruanos queremos una sociedad que esté marcada por la esperanza, el diálogo, la paz social, la justicia y el desarrollo humano”.

“Pedimos a la comunidad internacional respetar nuestra soberanía y la transición democrática que vive nuestro país. Hacemos un llamado a la Paz, a la tranquilidad, a la unidad y la reconciliación a partir de un amplio proceso de escucha y diálogo nacional”, acotaron

Jesús en las demás Religiones

Navidad: ¿Quién es Jesús para las grandes religiones del mundo?

Rostros de Jesús

Jesús es considerado un profeta, un maestro o un ‘bodhisattva’ para las grandes religiones del mundo, que cuentan con sus propias festividades religiosas

No todas las ramas del cristianismo celebran la Navidad. Sí lo hace la comunidad protestante. En cambio, los países de tradición ortodoxa que todavía mantienen el calendario juliano en sus celebraciones litúrgicas celebran la Navidad el 7 de enero

Este 25 de diciembre celebramos en España la Navidad, una fecha señaladísima en el calendario de muchos países alrededor del mundo, sobre todo de los que son de tradición cristiana. Y es que se recuerda el nacimiento de Jesús (que, de acuerdo con el cristianismo, tuvo lugar la noche del 24 de diciembre).

A lo largo de la jornada, se celebran varios actos de carácter religioso, además de ser un día en la que nos reunimos con la familia. Pero, ¿qué hacenotras religiones? ¿Celebran la Navidad de algún modo?

Judaísmo

Las navidades coinciden con la fiesta judía Hanukkah que, no obstante, no tiene nada que ver con la Navidad. Cabe recordar que, para los judíos, Jesús es sólo un profeta, ya que siguen esperando la llegada del Mesías. Este año, la Hanukkah se ha celebrado entre el 2 y el 10 de diciembre. Durante esos ocho días, se recuerda la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia de los judíos.

Islam

En cuanto a los musulmanes, estos no celebran la Navidad pero sí tienen dos grandes fiestas que no coinciden con estas fechas: el Eid al-Fitr, la festividad que se celebra justo cuando termina el Ramadán, y el Eid al-Adha, la Fiesta del Cordero, que conmemora cómo Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo Ismael (Isaac en la Biblia) como un acto de obediencia a Dios, antes de que este interviniera para proporcionarle un cordero. Ambas fiestas se celebran acorde con el calendario lunar y no tienen fechas fijas.

A pesar de que no celebran la Navidad como tal, cabe destacar que sí tienen en consideración a Jesús, a quien reconocen como un profeta.

Budismo

Aunque el budismo tampoco celebra la Navidad como tal, sí recuerda el nacimiento de Jesús, al que considera como un ‘bodhisattva’, alguien que dejó de lado su bienestar para ayudar a los demás, trayendo consigo enseñanzas basadas en la compasión y el amor.

No obstante, no son unos días en los que se lleven a cabo grandes celebraciones, ya que su año nuevo (Songkran) se celebra el 13 de abril.

Hinduismo 

En el caso del hinduismo, también reconocen la figura de Jesús como alguien que vino al mundo con unas enseñanzas a las que le dan valor. En el caso de la comunidad hinduista, sí hay celebraciones puntuales en Navidad, pero a pesar de tener a Jesús en consideración, no se festeja de forma religiosa

Las otras ramas del cristianismo

Por otro lado, hay que tener en cuenta que no todas las ramas del cristianismo celebran la Navidad. Sí lo hace la comunidad protestante. En cambio, los países de tradición ortodoxa que todavía mantienen el calendario juliano en sus celebraciones litúrgicas celebran la Navidad el 7 de enero.

¿Un renacimiento religioso?

¿HAY SIGNOS DE RENACIMIENTO RELIGIOSO EN EL OCCIDENTE SECULARIZADO?

Muchos creen que el tinglado religioso está solo ligado a las políticas de derecha. Hace unos días el presidente de los obispos italianos rechazaba rotundamente la propuesta de Salvini de financiar desde el gobierno los matrimonios que se celebraran en la  Iglesia. Pero tal vez asistamos a un futuro religioso plural en Europa. Esa posibilidad la plantean Elzo y Hans, Y también este autor francés. AD.

Un historiador francés de la Iglesia, escéptico ante los discursos recurrentes sobre el revivalismo, admite que están apareciendo nuevas formas de religiosidad. Como esto contradice los resultados de las encuestas, se pregunta si estamos usando los indicadores correctos para observarlas

A unos pocos asientos de mí, en mi viaje en tren por la tarde de París a Bruselas, dos personas negras de unos treinta años están enfrascadas en una conversación. No se conocían hasta hace unos momentos. El hombre lleva chándal y habla con una voz apagada y suave. La mujer lleva un gorro de punto y un gran abrigo de lana gris, a pesar del clima templado de otoño, tiene una risa clara y contagiosa.

Inmerso en mi lectura, de repente me sobresalto al escuchar “¡Ese es el Espíritu Santo!” y luego “¡Gloria a Dios!” surgen de su conversación. Hago la suposición algo perezosa de que deben haber descubierto que son parte de la misma Iglesia Pentecostal. Su conversación pronto resonará con otros eventos que se desarrollarán este martes a fines de octubre

El presidente de la laica Francia en Roma

En el tramo anterior de mi viaje, mientras tomaba el tren de Burdeos a París, había visto en Twitter que el presidente francés Emmanuel Macron, durante una visita a Roma, había pedido a los sacerdotes de la basílica de San Juan de Letrán que oraran por él y por los otros líderes mundiales. Unas horas antes, el Papa le había pedido a la esposa de Macron que rezara por él y ella le aseguró a Francisco que rezaba por él todos los días

Mientras estaba sentado en el salón de viajeros frecuentes en París mientras esperaba mi conexión, recogí una copia gratuita de Le Figaro . Tenía un artículo sobre Rishi Sunak, que revelaba que el nuevo primer ministro de Gran Bretaña era un hindú devoto. Sunak decía en el reportaje que la fe era la base de su vida y que uno de los momentos de mayor orgullo de su carrera había sido encender diyas en los escalones del número 11 de Downing Street para celebrar Diwali cuando era ministro de Hacienda

Esa mañana, incluso antes de salir de Burdeos, tuve una entrevista con un periodista del periódico Le Parisien . Me había preguntado sobre la nueva popularidad de las religiones en general, y del cristianismo en particular, entre los jóvenes. Dijo que le llamó la atención el comportamiento explícitamente confesional que muchos de ellos expresan en las redes sociales y en la calle y quería saber qué explicaba esto

Era la cuarta vez en seis meses que los medios me interrogaban sobre este fenómeno, que es contraintuitivo, al menos para el catolicismo. Al fin y al cabo, la evidencia empírica y los datos estadísticos parecen converger hacia la constatación incuestionable de una crisis en la transmisión de la religión a las nuevas generaciones

Ante un futuro incierto

Cada vez que intento una respuesta, trato de poner las cosas en perspectiva e insto a la precaución. El retorno de la religión ya se anunciaba a finales de los 90 (la New Age, el velo en las escuelas, el éxito de las Jornadas Mundiales de la Juventud, etc). También se habló del resurgimiento de la fe a finales de los 70 (Solidarnosc en Polonia, la revolución iraní, la mayoría moral en Estados Unidos, etc)

¿No es esta un aparente reavivamiento, que surge aproximadamente cada veinte años, una especie de tema periodístico recurrente que se basa solo en unos pocos hechos espectaculares, pero no realmente significativos? Las encuestas muestran que la curva de secularización continúa creciendo y las instituciones religiosas continúan desintegrándose.

Y sin embargo… ¿Y si, en este contexto del final de una era, la religión realmente está volviendo, como una especie de recurso necesario para ayudar a las personas a enfrentar un futuro ansioso e incierto?¿Y si ya se estuviera cumpliendo la profecía, repetida hasta la saciedad, de que el siglo XXI sería espiritual, pero que –con la mirada clavada en la crisis interminable de la principal organización religiosa francesa, la Iglesia católica, y su enredo en escándalos sexuales– han estado ciegos a los resurgimientos que están ocurriendo a bajo nivel?Tendemos a entender la religión como una actividad específica, localizada en el tiempo (viernes, sábados o domingos, según la denominación) y en el espacio (el lugar de culto), y la medimos mediante indicadores centrados en las prácticas colectivas. Quizás esto nos hace incapaces de captar expresiones religiosas individuales emergentes, entretejidas en las rutinas de la vida diaria, o anidadas en los minúsculos espacios del mundo digital

Más allá del sonido de las infraestructuras que crujen y se desmoronan, es muy posible que se esté gestando una revolución espiritual.

Por Charles Mercier | La Croix International

Redacción de Atrio

Charles Mercier (n. 1977) es profesor de historia contemporánea en la Universidad de Burdeos (Francia). Su último libro, L’Église, les jeunes et la mondialisation. Une histoire des JMJ (Bayard, 2020) examina la Iglesia católica, los jóvenes y la globalización en el contexto de las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud

Agnosticismo confesional

por Fernando Vidal 

El nuevo populismo de ultraderecha proclama como pilar la Cristiandad romana. No hay espiritualidad, religiosidad ni compasión en sus planteamientos, sino agnosticismo confesional. La ultraderecha defiende la supremacía de Occidente, como un imperio cultural que debe defenderse, no mezclarse ni crear con otras culturas algo nuevo. En realidad, no tiene que ver con el espíritu humano, sino con una reconfiguración de la raza biológica como raza cultural; un nuevo racismo.

El papel del cristianismo en ese imaginario no es espiritual, sino cultural. Se quiere convocar a una nueva comunión entre creyentes y no creyentes alrededor de la defensa del imperio cultural cristiano-romano, cuya continuidad ven presente en las corrientes integristas del catolicismo a lo largo de la historia y, especialmente, en los siglos XIX y XX.

A la ultraderecha le interesa de Roma la defensa del imperio cultural occidental. Se ve a la Iglesia como un baluarte de una política cultural y fuente de legitimación. El carácter imperial no se detecta solo en la voluntad de liderar la civilización, sino en su planteamiento sobre el poder, en su afán de dividir y en el carácter belicoso de guerra cultural. Por eso ven la sinodalidad como una desviación protestantizante.

Patrimonio sapiencial

No interesa una labor pontificia que profundice la comunión e incluya la luz que las culturas y espiritualidades no occidentales puedan aportar para comprender el Evangelio. El cristianismo encontró en la cultura griega luz para autocomprenderse mejor y dicho potencial se encuentra también en el resto del patrimonio sapiencial de la humanidad. En cambio, ven a la mayor parte del mundo como bárbaros migrantes que amenazan al imperio occidental.

Resulta paradójico que quienes acusan falsamente al Papa de hacer de la Iglesia una ONG, pretendan reducir el Evangelio a su nacionalismo cultural.

Clara, voto de libertad

Por Giuseppe Petra

Aunque Gregorio Magno ya había transmitido a la Edad Media el ideal ciceroniano de igualdad (Omnes namque homines aequales natura sumus), en realidad no fue –y no es– así. Había ricos y pobres, con el agravante de que en aquella época de fuertes contrastes, de luces deslumbrantes y sombras muy profundas, la brecha entre riqueza y pobreza era muy amplia. Para los indigentes, el invierno era terriblemente rígido y el verano sofocante; para los ricos las mesas abundantes y suculentas, los lechos blandos y más seguros. En fin, se era iguales solo frente a Dios.

La elección de la pobreza era –y es, pero en ese momento lo era aún más– algo radical, especialmente para una mujer como Clara de Asís (1194-1253), que ciertamente vivió una edad “masculina”. Masculina, se escribe, no porque fuera difícil el emerger de figuras femeninas dotadas de resolución, poder, capacidad de mando, posibilidades y medios –los ejemplos serían muchos: desde la lombarda Teodolinda hasta Isabel de Castilla, pasando por Matilde de Canossa–  sino porque las opciones de vida eran de alguna manera condicionadas, obstaculizadas, combatidas con más vehemencia por quien creía poder limitar el goce de lo que hoy llamaríamos derechos sociales y civiles.

Según el biógrafo Tommaso da Celano, cuando el padre de Clara, Favarone, se enteró de su decisión de dedicarse al ideal de vida que ya había seducido a San Francisco, él, que era miembro de la antigua nobleza de Asís –la casa familiar estaba en la plaza San Rufino, en el centro del pueblo– reaccionó con dureza. No le faltó ni la fuerza de la violencia ni el veneno de las promesas que pudieran inducir a su hija a desistir. Consideraba la elección inapropiada para una mujer de ese rango.

Por otro lado, Clara no se había limitado a hacer estallar el banco de proyectos paternos, que preveía un matrimonio seguro, destinado a la consolidación económica y social de la familia, sino que se presentó en el monasterio de San Pablo deliberadamente sin dote. Quien hacía esto, estaba destinada no a las tareas de una monja de coro, sino a las humildes ocupaciones de una sierva. Clara se vio obligada, por un tiempo, a deambular. Pero al final fueron los parientes los que desistieron, viéndola aferrándose obstinadamente a los manteles del altar, a la firmeza de la fe y a la decisión, ya tomada, de hacerse penitente para siempre. La elección estuvo simbólicamente marcada por el corte limpio del cabello.

A la aventura

Clara siguió el ejemplo de Francisco; lo había conocido, encontrado, escuchado. Al principio, las sorores que se reunían en San Damián no tenían otra Regla que las instrucciones dadas por el Pobrecillo. Pero la aventura de Clara tuvo peculiaridades completamente femeninas. La fundadora de las Clarisas elaboró una nueva Regla, la primera escrita de puño y letra de una mujer (con la intervención del cardenal Ugolino, es cierto, el futuro Gregorio XI) y pensada específicamente para las monjas, que hasta entonces habían tenido para adaptar textos y costumbres declinados en masculino.

En esta Regla surge con absoluta claridad un elemento que puede asociarse a una especie de emancipación. La fundadora deja a las “pobres reclusas” cierta libertad en el manejo de las propiedades, tanto los que poseía antes de la vida monástica, como los obtenidos como herencia. Clara manifestó así plena confianza en sus hermanas, cuya decisión no tenía nada que ver con la constricción; fue una elección de devoción y búsqueda de ideales evangélicos; era amor a la pobreza. No había razón, desde este punto de vista, para imponer privaciones, ayunos, penitencias.

La paupertas se eleva así a un “privilegio”, y como tal fue reconocida por Inocencio IV en 1253, poco antes de la muerte de Clara. En esencia, se defendió el derecho de las clarisas a no recibir tierras y posesiones de ningún tipo. Todos los esfuerzos del Papa para mitigar la dureza del voto de pobreza mediante la concesión de ciertas propiedades fueron en vano, ya que la propiedad, como escribió Paul Sabadier, era para ellas «una jaula con rejillas de oro, a la que se dirigen las pobres alondras a veces tan dependientes que ya no piensan en huir de ellos para lanzarse al medio del cielo».

Por tanto, la novedad del mensaje de Francisco y Clara radica en entender esta pobreza en un sentido amplio, no como renuncia, sino como voto de libertad (pobreza muy alta). De hecho, a diferencia de Francisco, que había dejado de lado el libertinaje de su juventud para casarse con la Virgen de la Pobreza, ella se había distinguido desde niña por tratar de aliviar el sufrimiento de los necesitados. Los testimonios recogidos durante su proceso de canonización se detienen para recordar cómo, de joven, dentro de los muros de una residencia rica y noble, se preocupaba por reservar alimentos para los pobres.

Innovadora

La experiencia de Clara es innovadora, pero no única. Umbria es la patria de muchos santos: desde Escolástica de Nursia, hermana de Benito, hasta Rita de Cascia. Además, junto a Clara, tras las huellas de Cristo, se mueven madre, hermanas carnales, amigas. La primera, Ortolana, había sido peregrina en Tierra Santa. Las hijas de esta última, Inés y Beatriz, siguieron a Clara al convento. Luego está la amiga de la infancia, Pacífica de Guelfuccio, quien primero, junto con Clara, huyó del palacio al caer la noche.

Tampoco debemos olvidar a Santa Inés de Praga, abadesa e hija del rey, con quien Clara mantuvo correspondencia por carta. Y así todas las sorores que en Europa, desde los años treinta del siglo XIII, replicaron la experiencia de San Damián; sólo en Italia, a la muerte de la fundadora, se documentan más de mil clarisas, repartidas en sesenta y seis conventos. ¿Se podría olvidar la biógrafa más reciente, difunta? Lara Frugoni en su juventud conoció, en su propia piel, los signos de la austeridad, la privación, la penitencia. Incluso la pluma de Dacia Maraini no pudo resistir el encanto claretiano, quien, narrándola a través de un diálogo con una lectora fantasiosa y apasionada –a veces, en verdad, burlona– la imagina obstinada, desobediente, revolucionaria.

Bastante singular fue el proceso hagiográfico y de canonización, muy rápido hasta el punto de impulsar a Jacques Dalarun, uno de sus más ilustres estudiosos, a hablar de una “fábrica de una santa”. Tommaso da Celano organiza su dossier hagiográfico mientras Clara todavía vive. De sus cualidades ya podemos leer en la Vida antes de Francisco (1228): «Clara de nombre, más clara de vida, muy clara de virtud». Así, con la aureola, Giotto la representa, a finales del siglo XIV, en los frescos de la basílica superior, inspirándose en la leyenda de Bonaventura da Bagnoregio. Siendo así, no es difícil comprender por qué, apenas dos meses después de su muerte, el obispo de Spoleto recibió del Pontífice el encargo de instituir el proceso de canonización que conduciría, en 1255, a la bula Clara claris praeclara meritis. Alejandro IV y su cancillería subrayaron –con algunos juegos de palabras y artificios retóricos no demasiado sofisticados– el esplendor y la claridad de una experiencia vivida, en realidad muy íntimamente, de pobre reclusa, entre rezos y silencios. El esplendor y la brillantez no siempre lo proyectaron fuera de la sombra de Francisco. Era una Edad Media, sea como sea, masculina. Pero, entre las sombras, la luz supo abrirse camino. 

La Buena Nueva del Dgo.3º-Adv-A

El Domingo de la alegría

Mt 11, 2-11

 Un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan,                             Venía como testigo, para dar testimonio de la luz…

 Juan Bautista es el precursor del Mesías, el que prepara la venida del Señor. El es el “testigo de la luz”, es una voz que anima a otros a allanar el camino del Señor.

Hoy también necesitamos esas “voces y testigos” que en medio del desaliento y el desconcierto pongan luz en nuestro camino y nos ayuden a sentir la cercanía de Jesús…

Como las mártires norteamericanas secuestradas y asesinadas en El Salvador en 1980, y como las catequistas de nuestra Parroquia que hoy recibirán el Envío para acompañar a los niños y niñas, y también a sus padres, en el proceso de educación de la fe cristiana.

Lectura de la Palabra

Mateo 11,2-11

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

Comentario a la lectura

REGUNTAS INQUIETANTES DEL ADVIENTO

El Evangelio de este tercer domingo de Adviento nos recuerda que la esperanza no está exenta de preguntas ni incertidumbre, sino que se apoya también en signos. Pero estos no tienen nada que ver con los niveles de productividad, el cálculo estadístico, ni la previsión de resultados eficaces o pragmáticos, sino con la desmesura de Amor que se encarna y se compromete en hacer histórica la liberación de los y las descartables.
La lectura de Isaías que antecede al Evangelio de este domingo recoge también esta idea: Dios viene en persona y nos salva. Se aprojima. la esperanza del Adviento es inseparable de esta aprojimación. Orígenes se refiere a ello con el termino synkatábasis. Con esta categoría expresa que Dios en Jesús se familiariza con la humanidad: se aprojima. En consecuencia, también nosotros nos familiarizamos con Dios y comulgamos con Él en la medida en que vivimos dejándonos afectar y comulgando con las vidas de los y las más vulneradas. De manera que la plenitud de lo humano no acontece nunca en la negación, la indiferencia del otro/a, o el olvido de la interdependencia y la relación, sino en el cuidado y el encuentro con la alteridad y la diversidad que nos constituye.
Esa es la Buena nueva del Evangelio y quizás la novedad de cristianismo frente a otras religiones. Los signos del Reino no remiten a actitudes abstractas o meramente intencionales, sino a la liberación del sufrimiento y la humanización de la vida. No conocen tampoco las fronteras entre lo sagrado y lo profano, sino que acontecen en escenarios donde lo humano y la casa común está más amenazados, porque la profecía del Evangelio encuentra un humus más adecuado en las periferias y sus riesgos que en la seguridad de las zonas de confort.
Traduciéndolo a nuestra vida cotidiana y a nuestro contexto mundial de crisis civilizatoria y eco-social esto significa que allá donde se antepone el cuidado de la vida y su sostenibilidad, en lugar del dinero, el consumo y el lucroallá donde se genera cultura del encuentro y lo comunitario frente al cada uno a lo suyo; allá donde se practica la hospitalidad y se ensancha la mesa del compartir los bienes; allá donde se enfrenta la injusticia y la violencia que nos quiebra como seres humanos, allá se nos revelan los signos del reino y el Evangelio se hace seminalmente presente.
El Evangelio de este domingo nos invita preguntarnos hoy por el nivel de nuestra sensibilidad para captar hoy estos signos, y comprometernos con su cuidado y aliento. La esperanza del Adviento no es una esperanza cómoda, sino inquietante, cargada de preguntas, como las de Juan Bautista a Jesús y las de Jesús a sus interlocutores. Abrámonos con profundidad a ellas y quizás desde ahí, podamos experimentar, como diría la gran mística y activista cristiana Dorothy Day, que el Evangelio es verdad, el Evangelio es ahora.
 
 
Pepa Torres Pérez

Testigos de la Palabra

Hermanas Maryknoll en el 39º Aniv.de su martirio

 “Recordamos a nuestras Hermanas, nuestras amigas, como mártires –mujeres que fueron violadas y asesinadas por tener valores evangélicos-, cuyo total acto de autoentrega, sacó a la luz las atrocidades cometidas en El Salvador, y cuyas muertes –se espera- ayudaron a impedir las muertes de otros hombres, mujeres y niños salvadoreños.

Recordamos a nuestras hermanas como personas sencillas que Dios usó para realizar cosas extraordinarias.

Las recordamos como mujeres de iglesia con sus propias personalidades, sus propios domes, cuyas familias y amigos aún lamentan profundamente su muerte.

Durante este tiempo de conmemoración contemplamos las vidas de Ita, Maura, Dorothy y Jean, y buscamos  la forma en que podemos trabajar hoy en miras a un mundo más justo y humano. Creemos que su ejemplo inspirará y desafiará por siempre las futuras generaciones”

                                               (Declaración e las Hermanas Mariknoll   de Sto Domingo   en el aniversario de su martirio)

¿Fundó Jesús una religión? 

+José Comblin

Jesús no fundó ninguna religión, dejando la puerta abierta para que sus discípulos crearan la religión más adaptada à su cultura, lo que se hizo inconscientemente, o sea, sin que nadie supiera que estaba construyendo una religión nueva.

Por eso esa religión que conocemos y practicamos, se formó dentro del Imperio romano, y es una posibilidad histórica. Otras pueden aparecer. Estamos al comienzo de la historia del mundo y de la evangelización. Hasta ahora el cristianismo sólo penetró en una sola cultura (con dos variantes) a partir de lo que había en el Imperio romano. Es sólo un comienzo, una primera etapa. Lo más probable es que no habrá ruptura fuerte, sino evolución progresiva. Ciertas instituciones o prácticas van a desaparecer y otras van a aparecer. Después de algunos siglos se podrá observar que apareció un nuevo conjunto.

Desde ahora podemos constatar algunas orientaciones. Tratándose del porvenir, muchas opiniones son posibles, pero eso no impide que cada cual proponga la manera como ve la evolución.

En primer lugar, es probable que la religión del futuro será más mística que cultual. Dará más importancia a la escucha de la palabra de Dios que al culto. Será una oración más de escucha y acogida que una oración de petición o de adoración. El culto será mucho menos la celebración del poder de Dios, y más la celebración de su presencia discreta y humilde en nuestro mundo.

En segundo lugar, la religión del porvenir dará menos importancia a los objetos religiosos y mucho más al sujeto. Menos importancia a la literalidad de los dogmas, y más calor a la vivencia personal del seguimiento de Jesús. Habrá menos necesidad de objetivar la religión, separando claramente los objetos religiosos de las fuerzas del universo. La Biblia tenía mucho miedo de la naturaleza material del universo porque vivía en medio de religiones que identificaban la divinidad con fenómenos naturales. Había que hacer una distinción entre Dios y las fuerzas naturales. Pero esto nos distanció demasiado de la naturaleza y de sus dinámicas. Faltó la integración de la religión en la vida del universo. Pues el universo no es hecho de objetos inertes. La tierra vive, cambia, produce… y actualmente siente las feridas que una civilización excesivamente destructiva le inflige.

En tercer lugar, el sujeto nace por medio del diálogo con otro sujeto. Nace por la relación recíproca con otros sujetos. La religión tradicional proporciona a las personas un mundo religioso completo y su comunicación se hace por la transmisión de ese mundo religioso exterior a la persona (dogmas, ritos, preceptos, instituciones).

Todo indica que ese mundo de objetos religiosos va a tener que ceder el lugar a la relación viva entre personas iguales. La casta sacerdotal irá desapareciendo progresivamente, con tadas las marcas de lo sagrado que le atribuyeron en el transcurso de los siglos. Pues el status sacerdotal impide una relación sencillamente humana. Es muy difícil prescindir del carácter sagrado del sacerdote. Solamente algunos laicos que tienen mucha intimidad logran una relación humana normal. Incluso dentro de la familia, las relaciones entre hermanos están afectadas.

En cuarto lugar, los cristianos de mañana necesitarán de comunidades pequeñas en las que las relaciones son de fraternidad. La familia pierde su importancia porque cada uno de los hijos hace su vida y la vida los lleva a lugares muy distantes. Las relaciones de vecindad desaparecen. Lo que se necesita son relaciones de comunidad entre personas, que participan de la misma religión, la misma finalidad, los mismos valores.

Pasó la época de la caza a las herejías. Ya hay necesidad de un clero que vigile constantemente el rebaño para que no caiga en una herejía. Todavía habrá condenaciones pero ya no serán tomadas en serio, cosa que ya sucede en este momento. A pesar de la resistencia de la jerarquía, la verticalidad en la Iglesia ya no tiene mucho futuro.

En una Iglesia de liberación de los laicos, la creatividad va a reaparecer en todos los aspectos de la vida. Los clérigos ya no tendrán la responsabilidad de inventarlo todo. Habrá en el pueblo cristiano muchas iniciativas y muchas novedades. Nada de eso podemos imaginar en este momento.

En este momento lo que debemos hacer, es mostrar el evangelio, la buena nueva de Jesucristo tal como fue en los orígenes, libre de todo el aparato religioso con que la cubrieron durante los siglos hasta el punto de desaparecer debajo de ese manto multicultural que le dieron. Basta evocar las representaciones artísticas tradicionales, la literatura piadosa de siglos, las devociones populares o menos populares: todo eso oculta el verdadero rostro de Jesucristo.

Una religión es necesaria. Pero nada exige que sea la misma en Occidente, en África, en la India, en China o en el Japón. En esos países hay mucha simpatía por el cristianismo, pero poca simpatía por las Iglesias. Es una señal para el futuro.

La religión reemplaza la presencia inmediata de Jesucristo, lo que de todos modos sería inevitable. Jesús tenía que desaparecer de este mundo para ser conocido en el mundo entero. Pero, su presentación a los diversos pueblos engendró la religión cristiana que conocemos.

Sucede que las minorías que permanecen fieles a las prácticas de la religión antigua de la cristiandad, son las que menos pueden percibir lo que pasa en el mundo. No sienten ninguna necesidad de cambio. Se asustan ante cualquier sugerencia de cambio. De igual manera el clero, por estar al servicio de esas minorías, no tiene ninguna posibilidad de percibir lo que está pasando. Solamente algunas personas marginadas de esas minorías pueden entender y preparar el porvenir.

En los años de gloria de la Iglesia en América Latina, entre 1960 y 1985, más o menos, aparecieron señales de la Iglesia del porvenir. Provocaron susto y finalmente fueron rechazados, pero serán modelos para las generaciones futuras una vez terminada la época actual de restauración de la antigua cristiandad, que es una solución imposible y que va a perder cada vez más credibilidad.

Vestiduras clericales

Vestimentas clericales, discusión y propuesta bíblica de fondo

Vestimenta papal

Ha surgido en RD, en días pasados, una interesante discusión sobre las vestimentas clericales, a partir de una crítica de Alejandro F. Barrajón, ex-presidente de la CONFER, contra una propuesta de Mons. Luis Argüello, Arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE. La discusión han sido muy significativa, y refleja diversas posturas sobre el valor o contra-valor de vestimentas y signos supuestamente “sagrados” de obispos, presbíteros, diáconos y religiosos, en un tiempo de vuelta a la Escritura y gran cambio social, como es el nuestro.

Pero propuesta y críticas quedan, a mi juicio, en un plano superficial, no van al grano del mensaje de Jesús y de su visión “divina” del hombre según la encarnación. No voy a discutir los temas en concreto, que doctores tiene la iglesia para ello. Pero hay algo extraño en este caso: Ni unos ni otros apelan de verdad a la Escritura (y en especial al evangelio) para ofrecer una respuesta cristiana

Por Xabier Pikaza

INTRODUCCIÓN GENERAL

            Por mi oficio de profesor de Biblia y de historia de las religiones he debido presentar varias veces el tema de fondo de las vestiduras «sagradas», y así lo expongo aquí, partiendo de la síntesis que ofrezco en Diccionario de la Biblia (pags. 1352-1357).   Mirado en su raíz y en sus diversas concreciones, éste es un problema de vida o muerte de la iglesia, por más que algunos tiendan a banalizarlo, de un lado o de otro, como indicaré en las conclusiones del fin de este trabajo.

La Biblia supone que, en principio, que  los hombres estaban desnudos y así se podían mirar unos a otros, sin avergonzarse (cf. Gen 2, 25). En esa línea, ella indica que el estado “natural” del hombre es la desnudez, que hace juego con la transparencia de plantas y animales. Ésta es para el ser humano una desnudez de atracción amorosa, como muestra el canto de Adán, cuando mira y desea a la mujer desnuda (cf. Gen 2, 23), de un modo transparente, sin posesión violenta, es decir, destructora.

Pero ella puede convertirse en desnudez de violencia sexual y posesión/opresión de unos sobre otros, hasta llegar a los extremos del «negocio» de  la pornografía y pederastia infantil y de la utilización sexual de unas personas indefensas.

Sólo cuando los hombres comen del árbol del conocimiento del bien y del mal descubren que la desnudez puede volverse para ellos  fuente de violencia y agresión, de  carencia y riesgo (cf. Gen 3, 7).

La desnudez era en principio natural. Pero en un momento posterior, la desnudez pública se vuelve de algún modo anti-natural, llena de imágenes y deseos difíciles de controlar. Por eso, para marcar una distancia y poder relacionarse “de un modo cultural”, hombres y mujeres necesitan unos vestidos que, por paradoja, pueden volverse también signo de orgullo y prepotencia, como han puesto de relieve los profetas.

El vestido tiene, por tanto, dos funciones: es signo de protección (el desnudo está indefenso ante las inclemencias del tiempo y ante la violencia de los demás) y de comunicación (vinculado al lenguaje de los cuerpos, que se protegen y hablando a través de lo que visten). Pero puede convertirse en signo de dominio de unos sobre otros y de falta de comunicación.

DIEZ ANOTACIONES SOBRE EL VESTIDO EN LA BIBLIA

(1) Dios viste a los hombres. Gen 3 evoca dos tipos de vestidos. (a) Están primero los vestidos vegetales, confeccionados por los mismos hombres con hojas de parra o de higuera, o con fibras ya más trabajadas (cf. Gen 3, 7). (b) Vienen después los vestidos de pieles de animales, hechos por Dios (Gen 3, 21). Es como si la Biblia pensara, al principio, los hombres y mujeres se vestían por sí mismos, para así relacionarse, con frágiles telas vegetales.

Pero, en un momento dado, tiene que vestirles Dios, porque ellos le han dicho que están desnudos y tienen miedo de que él les vea sin cubrirse. Pues bien, Dios les viste con pieles animales, marcando así la violencia que está al fondo de los vestidos, pues hay que matar a otros vivientes para vestirse de su lana o de sus pieles (cf. Gen 3, 10). Hasta ahora, Gen 1-2 suponía que los hombres eran vegetarianos, que “domaban” a los animales, pero que no los mataban ni comían (ni se vestían de sus pieles, como si fueran un trofeo). Ahora se supone que Dios mismo mata animales o permite que los hombres los maten para así vestirse. Mirado así, el vestido empieza a ser un signo de violencia, al menos en el sentido de superioridad del hombre contra los animales.

(2) Vestido de culto sagrado, vestido de los pobres.La Biblia incluye diversas indicaciones sobre vestidos, pero (prescindiendo quizá de las armaduras guerreras de Goliat y de David, que aparecen en 1 Sam 17, 4-6. 38-39) ella habla poco de vestidos concretos, detallados, con fines militares. Forman una excepción los vestidos sagrados del Sumo Sacerdote, que han sido descritos de un modo minucioso en Ex 28, donde se supone que ellos sirven para ensalzar y sacralizar al ministro del culto:

«Harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón y sus hijos con él… para que me sirvan como sacerdotes. Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, que le den gloria y esplendor. Tú hablarás a todos los que tienen sabiduría de corazón, a quienes he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aarón, para consagrarlo a fin de que me sirva como sacerdote. Las vestiduras que serán confeccionadas son las siguientes: el pectoral, el efod, la túnica, el vestido a cuadros, el turbante y el cinturón. Harán las vestiduras sagradas para tu hermano Aarón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes» (Ex 28, 1-4).

Estas vestiduras son sagradas. No sirven para quitar la vergüenza del hombre ante Dios o de los hombres entre sí, ni para cubrirse del frío, ni para marcar el poder del hombre sobre los animales, sino para indicar la gloria de Dios al que honra el sacerdote. Son vestiduras especiales, propias de los jerarcas religiosos, en momento de culto; sirven para marcar una distancia entre los sacerdotes y el resto de los creyentes de Israel, trazando de esa forma unas jerarquías sagradas en el pueblo.

Pero, al lado de eso, la ley del éxodo (centrada en el Código de la Alianza: Ex 20, 22–23, 18) ha puesto de relieve el valor sagrado vestido de los pobres, vinculado a su necesidad: «Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol, porque es su única manta y no tiene vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué más ha de dormir? Cuando él clame a mí, yo le oiré; porque soy misericordioso» (Ex 22, 26). Siguiendo en esa línea, el vestido no es sólo objeto de culto, sino protección para el pobre, como ha destacado el conjunto de la tradición bíblica, cuando afirma que la verdadera religión, el auténtico ayuno, consiste en vestir la desnudez del pobre, ayudándole a vivir en dignidad (Is 68, 7). Más importante que los ornamentos del sacerdote de culto en el templo es el vestido de la vida de los pobres.

(3) Eclesiástico, el vestido del Sumo Sacerdote. El texto del Éxodo era todavía sobrio. Más rico y preciso es el lenguaje del libro del Eclesiástico (Ben Siraj), un judío piadoso que describe las grandes ceremonias del templo, a principios del siglo II a. C., unos decenios antes de que estalle la gran crisis de los macabeos (organizada en parte porque varios miembros de familias sacerdotales intentaron ponerse los vestidos del Sumo Sacerdote, tomando así su dignidad y realizando sus funciones). El texto habla de las vestiduras de Aarón (es decir, del Sumo Sacerdote del tiempo del autor). Ellas indican la importancia del Sumo Sacerdote ante Dios y sobre los restantes fieles, en la fiesta de los sacrificios:

«Consagró a Aarón, de la tribu de Leva. Estableció con él un pacto eterno y le dio el sacerdocio del pueblo. Le hizo feliz con espléndido adorno (eukosmia) y le ciñó de vestidura de gloria. Le vistió con magnificencia perfecta (synteleian) y le fortaleció con insignias de fuerza: calzón, túnica y manto. Le rodeó de granadas y de muchas campanillas de oro en torno, para que sonasen caminando y se escuchase su sonido como memorial para los hijos de tu pueblo. Con vestidura sagrada de oro, jacinto y púrpura bordadas, con el pectoral del juicio, que sirve para declarar la verdad, de tejido carmesí, obra de artista. Con piedras preciosas, talladas como sello, con engaste de oro, obra de joyero, con letras grabadas, para memorial de los hijos de Israel. Y una corona de oro sobre el turbante y un relieve con el sello de la santidad, gloria honrosa, obra de poder, deseo perfecto de los ojos.

Antes de él no hubo hermosura semejante, ni habrá extranjero que la lleve jamás; sólo sus hijos y sus nietos en lo sucesivo. Sus ofrendas se queman por completo, dos veces por día sin interrupción. Le consagró Moisés y le ungió con aceite santo; se le dio una alianza eterna y a sus descendientes para siempre, para servir a Dios como sacerdote, y bendecir en su nombre al pueblo. Le escogió entre todos, para presentar los frutos del Señor, incienso y aroma, en memorial, para expiar por su pueblo. Le dio por sus mandatos poder en alianzas de juicios, para enseñar a Jacob los testimonios e iluminar en su ley a Israel» (Eclo 45, 6-17).

                  La tradición que va del Éxodo al Deuteronomio presentaba al sacerdote/profeta como hombre del pacto; Lev 16 destacaba su función expiatoria; el Eclesiástico, en cambio, ha destacado su vestimenta, y en esa línea sigue el libro de la Sabiduría, que le define por la hermosura de sus  ornamentos sagrados: «Puso en su ropa talar el mundo entero, y los nombres ilustres de los patriarcas, en la cuádruple hilera de piedras talladas y el Nombre de tu Majestad en la diadema de la cabeza» (Sab 18,24).

                  El vestido aparece así como señal de Dios, signo supremo de sacralidad. Lógicamente, la posesión y custodia de las vestiduras del Sumo Sacerdote fue elemento clave de disputa y toma de poder entre los sacerdotes. No podía haber celebración del Yom Kippur* sin que el sacerdote se pusiera las vestiduras. Por eso, cuando los reyes más hábiles de Siria (con los herodianos posteriores y los procuradores romanos) vieron el valor que ellas tenían, tomaron la costumbre de guardarlas bajo su poder, para dárselas al sacerdote solamente los días de celebración. Era un problema de vida o muerte religiosa (incluso de guerras, como cuenta Flavio Josefo). Se mataban unos a otros por tener los vestidos, pues si no los tenían no podían actuar como sumos sacerdotes.

                  Ciertamente, hay otros temas de discusión entre sacerdotes (genealogías, purezas, sacrificios…). Pero el centro de la cuestión sacerdotal son unas vestiduras. En este contexto, es difícil separar la tradición (deseo de conservar el pasado), el simbolismo cósmico/sacral (cf. Sab 18,24) y el puro goce estético, producido por la impresión de las formas y colores. Éste es un rasgo que aparece en casi todas las culturas religiosas: en un momento dado ellas destacan el valor de los vestidos, los juegos de colores y tonos y otros signos estético/sacrales que aparecen como irradiación divina. Bastará recordar el atuendo de ciertos hechiceros, las máscaras de muchas religiones de África, el vestido de algunos prelados cristianos. Pero aparece de un modo especial en el culto judío.

                  Estamos ante un Dios del culto sagrado: Señor de las formas, fuente y poder de belleza. Más que la persona en sí (varón/mujer) importa aquí el adorno y gloria grande de sus vestiduras, los bordados y brillo del manto, las piedras preciosas, la corona… Cada rasgo tiene su sentido; en todo hay un misterio que puede y debe desvelarse. Ataviado para realizar su función, el sacerdote viene a ser una especie de microcosmos sagrado, expresión viviente del misterio, manifestación de lo divino. Por eso se amontonan, se vinculan y completan/complementan los colores del vestido, la irradiación de las piedras (señal de paraíso), el pectoral del juicio, es decir, para realizar los juicios (Urim y Tumim), el turbante de realeza… La Biblia Hebrea prohibía de antiguo las imágenes (cf. Ex 20,4), pues Dios no puede ser representado; pero prohibición no impide que el Sumo Sacerdote, revestido de sus hábitos cultuales, sea signo de Dios sobre la tierra.

(4) Una teofanía estética.El libro del Eclesiástico habla en concreto de Simón, el gran sacerdote de su tiempo (177-174 a.C.), que sale del Santísimo del templo, el día de la expiación (Yom Kippur), abriendo el velo, tras el cual debe pronunciar el nombre de Yahvé. Después vuelve a separar el velo para salir al aire libre y mientras va avanzando viene a presentarse como teofanía personal. Todas las cosas reciben sentido en su presencia: El mismo sacerdote, vestido de fiesta de Dios, es signo y plenitud del universo, es principio ordenador y contenido muy profundo de todo lo que existe:

«¡Qué gloria llevaba al andar entre el pueblo cuando salía del templo del velo! Como estrella matutina entre las nubes, como luna llena en los días de fiesta, como sol que refulge sobre el templo de Altísimo, como arco que brilla entre nubes de gloria, como planta de rosas en día de primavera, como lirio junto al manantial del agua, como brote de cedro en los días de verano, como fuego e incienso sobre el incensario, como vaso de oro macizo, adornado con múltiples piedras preciosas, como olivo repleto de frutos y como ciprés que se eleva hasta las nubes… cuando se ponía el vestido de gloria y se revestía en plenitud de perfección, al subir el santo altar llenaba de gloria el santuario…» (Eclo 50, 5-11).

                  Esta nueva función del sacerdote no podía haberse expresado en un código de leyes ni tampoco en una teología de tipo conceptual o discursivo. Para describirla hay que emplear las claves de la teología estética, vinculando las vestiduras sacerdotales con el universo. Es como si todo naciera otra vez y empezara a existir este día de Yom Kippur. Vuelven a la vida los valores de gozo y belleza de la tierra: estrella, sol y luna es su presencia, como firmamento de Dios que nos cobija. El sacerdote es arco iris de paz, es rosa y lirio, es cedro, olivo y ciprés, planta frágil y árbol grande, es hermosura de los ojos, gozo de la vida… porque ofrece garantía de reconciliación del universo. El Sacerdote ha salido del lugar de Dios, ha pasado a través de la cortina y viene a fundar la existencia sagrada de los fieles a través de su mediación sagrada. Lleva la perfección del cielo expresada en sus vestidos; y así sube al altar, siendo en sí mismo fuego, incienso e incensario (Eclo 50, 9). En algún sentido, su misma existencia tiene valor sacrificial (reconciliador) sobre la tierra. No vale ya por lo que hace sino por lo que representa con su vestidura.

(5) Judaísmo posterior, vestidos “religiosos” para la vida ordinaria. Tras la caída del templo (70 d.C.), la vestimenta de los sacerdotes han pasado a ser un recuerdo simbólico. Los judíos se han vestido y se siguen vistiendo como los pueblos del entorno, sin diferencia apreciable entre los rabinos y el resto de los fieles. Un elemento significativo en su vestimenta es el apego a la tradición que se juzga sagrada, de manera que, a veces, grupos de judíos especialmente observantes han seguido vistiendo como lo hacían sus antepasados, en Sefarad o en Europa Oriental (sobre todo en Polonia o Rusia…), con turbantes o sombreros grandes y chaquetas oscuras (tipo kaftán). De esa forma siguen caminando por las calles de las ciudades con más presencia judía (Jerusalén, Nueva York…), como signo viviente de una tradición venerada. En ese contexto hay que destacar dos prendas unidas a las oraciones de los judíos en la actualidad:

El Talit o manto para la oración, con el que se cubren los judíos piadosos, hecho de lino o de lana (pero sin que se mezclen los hilos). Suele terminar en unos flecos o Tzitzit, que sirven para recordar y cumplir los preceptos de Dios: «Habla a los hijos de Israel y diles que a través de sus generaciones se hagan flecos en los bordes de sus vestiduras y que pongan un cordón azul en cada fleco del borde. Los flecos servirán para que al verlos os acordéis de todos los mandamientos de Yahvé, a fin de ponerlos por obra, y para que no vayáis en pos de vuestro propio corazón y de vuestros propios ojos, tras los cuales os habéis prostituido» (Num 15, 38-39; cf. Dt 22, 12).

Los Tefilim. Son unos cubitos de cuero que contienen cuatro fragmentos de la Toráh con una cuerda o cinto de cuero negro para colocarse en el brazo izquierdo. Los fragmentos de la Torah que se introducen en los cubitos son Ex 23 1-10 y 23, 11-16 (parte esencial del Código de la Santidad) y Dt 6, 4-9 y 11, 13-21. Estos dos últimos textos son los más significativos, pues ellos contienen el precepto de recordar los mandamientos, poniéndolos incluso en los vestidos: «Estas palabras… las atarás a tu mano como señal, y estarán como frontales entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus ciudades» (Dt 6, 8-9). «Pondréis estas palabras mías en vuestro corazón y en vuestra alma. Las ataréis a vuestra mano como señal, y estarán como frontales entre vuestros ojos» (Dt 11, 18).

(7) De Juan Bautista a Jesús. En principio, el Nuevo Testamento ofrece menos material sobre vestiduras que el Antiguo. Pero incluye algunos textos básicos muy significativos. El primero se refiere a Juan Bautista, que «llevaba un vestido de pelo de camello, con un cinturón de cuero» (Mc 1, 6). Ésta es una vestidura profética, pues alude ciertamente a Elías, a quien se le distingue porque va “ceñido con un cinto de cuero a la cintura” (2 Rey 1, 8), oponiéndose así a los sacerdotes, que llevan cinturones de lino bordado (cf. Ex 39, 29). Es una vestidura contra-cultural, como la de Bano, otro profeta bautista, un poco posterior, quien, según Flavio Josefo, que fue su discípulo, «vivía en el desierto y llevaba un vestido hecho de hojas» (Aut II, 11).    Ese signo, unido a su comida (saltamontes y miel silvestre, es una señal de su protesta contracultural. 

La vestidura de Juan Bautista se opone además a los rituales de pureza de los sacerdotes y de otros judíos observantes, que rechazaban el roce con vestidos y utensilios de camello, que, según la Ley, eran impuros (cf. Lev 11, 4; Dt 14, 7). Pero la vestidura de pelo de camello puede evocar también la figura de los peregrinos o caminantes que viene de la zona del desierto y no han entrado todavía en la tierra prometida, como los primeros hebreos que vagaron cuarenta años por la estepa, antes de entrar en la tierra prometida. Así se vestiría Juan, como hombre de camino, que espera a la vera del Jordán, vestido de desierto, antes de introducirse en la tierra.

El evangelio no recuerda ningún rasgo característico de las vestiduras de Jesús, lo que significa que no eran especiales, a diferencia de lo que sucedía con Juan Bautista y también con los sacerdotes (con vestiduras sacrales) y los nuevos fariseos (que harán ostentación de vestidos piadosos; cf. Mt 23, 5). Jesús y su gente se vistieron, sin duda, como los hombres y mujeres de su tiempo, los más pobres, sin distinguirse de ellos por la ropa. Nada indica que se pusieran atuendos particulares para la multiplicación de los panes, ni para la Última Cena. En los relatos de la crucifixión se alude a sus vestidos, repartidos entre los verdugos, sin indicación especial sobre su forma y riqueza, suponiéndose, más bien, que son pobres (cf. Mt 27, 35 par). En este contexto, Jn 19, 23-24 añade que “no partieron su túnica” porque era de una sola pieza, sino que la echaron a suertes; pero, al decir eso, no quiere evocar la riqueza de su vestidura, sino la falta de separaciones y apartados de su vestido más propio, que es signo de la Iglesia, que no puede dividirse.

Esa escena del reparto y sorteo de las vestiduras de Jesús se ha descrito y fijado a partir del salmo de lamento del que se han tomado las palabras finales de la Cruz (¡Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?, cf. Sal 22, 1), pues en ese mismo salmo se dice que “repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echan suertes» (Sal 22, 18). De todas maneras, es muy posible que en el fondo de ese “reparto” de los vestidos de Jesús haya un recuerdo histórico, que debe vincularse, en otro contexto, con la “sábana” o sudario con el que cubren y entierran su cuerpo en la tumba (cf. Mc 15, 46 par), un sudario que Jn 20, 5-7 ha destacado y que después ha sido objeto de un culto especial en la Iglesia Católica (Santo Sudario de Turín, que forma parte de la devoción medieval de ua Iglesia católica, deseosa de reliquias y signos religiosos).

Es muy posible que ese sudario que “envolvió” el cuerpo muerto de Jesús como última vestidura tenga que tomarse como signo de un tipo de “humanidad mortal”, que queda superada por la resurrección; por eso, el Jesús resucitado no necesita vestidos, de manera que ellos quedan abandonados en la tumba. Todo nos permite suponer que éste es un dato simbólico, que está indicando el “paso” de Jesús en la tumba hacia una humanidad resucitada distinta, sin necesidad de viejos vestidos, que quedan en tierra (en la tumba), pues ya no son necesarios. Desnudo ha muerto Jesús (en clave de vergüenza y tortura); desnudo resucita, en clave de gloria. El “descubrimiento y veneración” de la Sudario de Turín.

(8) ¡No os preocupéis del vestido! El texto más preciso del evangelio sobre el tema dice: «No os agobiéis por la vida, qué comeréis, ni por el cuerpo, cómo os vestiréis… Mirad a los cuervos: no siembran ni siegan; no tienen despensa ni granero; y sin embargo Dios los alimenta… Mirad a los lirios: cómo crecen. No hilan ni tejen y os digo que ni siquiera Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos…» (cf. Lc 12, 22-31; cf. Mt 6, 25-32).

La ansiedad por la comida (supervivencia) y la ambición por el vestido (apariencia) convierten la existencia de muchos en angustia y guerra. Por encima de esas preocupaciones, sitúa Jesús la búsqueda del Reino, que se funda en Dios y que libera al hombre para la gracia. Ciertamente, los cuervos no siembran ni siegan, y los lirios no hilan ni tejen; los hombres, en cambio, deben sembrar-segar e hilar-tejer si quieren comer y vestirse (cf. Gen 2); pero han de hacerlo sin el agobio que les vuelve esclavos de la producción, del consumo y de la apariencia.

      La angustia por los vestidos destruye a los hombres y les hace enemigos. En ese contexto habla Jesús de una contemplación gozosa, que permite disfrutar de la belleza de los lirios (¡ni Salomón se vistió como uno de ellos!), sin necesidad de angustiarse por el vestido en cuanto tal. Ciertamente, los hombres trabajan para vivir: siembran y siegan (a diferencia de las aves), hilan y tejen (a diferencia de las flores); pero su trabajo no puede entenderse como esclavitud y agobio, sino como expresión y expansión peculiar de una gratuidad superior.

(9) Contra el vestido como ostentación sacral: ¡No hagáis como ellos hacen! La tradición cristiana más antigua conserva el recuerdo de las disputas entre discípulos de Jesús y otros grupos judíos, de tendencia farisea. El evangelio de Mateo ha destacado en ese campo la discusión sobre los vestidos:

«Los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de Moisés. Así que, todo lo que os digan hacedlo y guardadlo; pero no hagáis según sus obras, porque ellos dicen y no hacen. Hacen todo para ser vistos por los hombres: ensanchan sus filacterias y alargan los flecos: buscan el puesto de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rabí» (Mt 23, 2-7).

Éste no es un texto de polémica anti-judía, sino intra-cristiana. Al Jesús de Mateo no le importan los fariseos de fuera, sino un tipo cristianos de tipo “fariseo”, dominados por la búsqueda de honor y apariencia. Este Jesús no condena aquí el buen judaísmo de la honradez y devoción profunda, sino un mal cristianismo de gestos externos y formas, que pueden acabar dominando en la Iglesia. El poder de los vestidos (con su magia sacral) parece que ha tardado más en extenderse en el cristianismo; el de la presidencia en banquetes y reuniones doctrinales (sinagogas) se ha extendido pronto.

Este Jesús de Mt 23 no habría aceptado un tipo de mística de la jerarquía que desarrolla con bastante rapidez en la Iglesia (aparece ya en Ignacio de Antioquía). Tampoco habría aceptado el tipo de vestidos sagrados de la Iglesia posterior, propios de obispos y presbíteros e incluso de monjes y monjas. Jesús se opone a la ostentación de unos vestidos judíos, con su Talit de flecos y sus Tefilim. Evidentemente, se habría opuesto al despliegue todavía más ostentoso de muchas vestiduras cristianas posteriores (a pesar de las razones sagradas que se han podido dar para su despliegue y mantenimiento).

(10) Estuve desnudo y me vestisteis. No tengáis una túnica de sobra… En la culminación del evangelio ha situado Mt 25, 31-46 la palabra más solemne del juicio donde el mismo Jesús de la gloria final dice en su juicio: “Venid, benditos de mi Padre, porque estuve desnudo y me vestisteis…”. Esta palabra retoma una experiencia radical judía, que hemos visto ya en Is 58, 7 donde la verdadera religión (ayuno) se expresa vistiendo (es decir, ayudando) a los desnudos y marginados. En esa misma línea siguen los textos programáticos de Ezequiel, donde, entre las notas del hombre justo, se citan las siguientes: «no robar, alimentar al hambriento, vestir al desnudo, no prestar con usura…» (Ez 18, 7.16; cf. Job 22, 6).

Desnudo no es sólo el que no tiene ropa, sino el que está humillado, oprimido por otros, aquel que no puede tener dignidad porque otros le “oprimen” o utilizan sus vestidos. Por eso, quien tiene algo de “ropa” sobrante (manto de sacerdote o capa de rey) y no viste al desnudo es un ladrón, merecedor del juicio (cf. mensaje del Bautista en Lc 3, 11). De esa forma ha retomado Jesús la tradición fundamental de Israel sobre los vestidos, como sabe Sant 2, 13-15, cuando se opone a un tipo de fe “sin obras”, que dice confiar en Dios, pero no alimenta al que tiene hambre, ni viste al desnudo. La vestidura se convierte así en signo supremo de amor. Vestirse uno mismo por ostentación es pecado. Vestir al desnudo pos solidaridad y justicia es signo supremo de salvación.

Dentro de nuestra cultura occidental moderna, en la clase pudiente, la indumentaria tiende a convertirse en signo de identidad individual, de tal manera que cada uno se pone sólo sus propios vestidos. En contra de eso, el evangelio de Jesús ha puesto en marcha un movimiento de solidaridad que permite confiar en otros y compartir de esa manera los vestidos. Así cuenta el evangelio el envío de Jesús a sus discípulos:

 «Les mandó que no llevasen nada para el camino: ni pan, ni bolsa, ni dinero en el cinto, sino solamente un bastón; pero que calzasen sandalias y que no llevasen dos túnicas» (M 6, 8-9). «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas» (Lc 9, 3). «Tampoco llevéis bolsas para el camino, ni dos vestidos, ni zapatos, ni bastón; porque el obrero es digno de su alimento» (Mt 10 6).

Estas reglamentaciones no son de tipo ascético, sino evangélico. Ciertamente, hay un ascetismo de fondo, pues los enviados de Jesús han de ser desprendidos, yendo así ligeros de equipaje y sin necesidad de ropas especiales, de corte exclusivo, para ellos. Pero la razón básica de su desprendimiento no es el rechazo de los bienes materiales, sino la experiencia y esperanza de solidaridad. Ellos van y regalan lo que tienen (evangelio), dando gratis aquello que gratis han recibido (cf. Mt 10, 8). De esa forma curan a los “propietarios” de las casas donde les reciben. Por eso esperan también “gratuitamente” la acogida de aquellos que quieran recibirles.

A MODO DE CONCLUSIÓN

1.Lainspiración básica del evangelio se ha mantenido durante decenios y siglos, de manera que aún San Agustín y otros grandes obispos de los siglos IV y V vestían como los restantes cristianos y habitantes del entorno, sobriamente, sin distinguirse de ellos.

En un momento dado, a partir del siglo IV d.C., algunos jerarcas cristianos han tendido a imitar las vestiduras de los dignatarios, nobles y sacerdotes paganos del lugar (del bajo imperio romano), manteniéndolas y sacralizándolas cuando otros grupos de la sociedad las han abandonado, tendiendo así a vestirse como se vestía en siglos ya pasado, diciendo después que sus vestiduras “sagradas” son signo “divino” del Cristo humano “desnudo”.

Los ministros de la Iglesia llevan en sus vestiduras (u ornamentos) restos de vestidos, capas y coronas (o mitras) de romanos y griegos, de persas y de reyes del Medioevo y de las monarquías absolutas del siglo XVI-XVII. Las vestiduras “sagradas” de los dignatarios eclesiales recogen elementos de poder y separación de 15 siglos de cristianismo triunfante, con mezcla de elementos sirios y persas, bizantinos, eslavos y romanos…de forma que se ha dicho que algunos obispos (y “religiosos”) no sus quitan sus capi-sayos (perdónese la expresión)  ni para ir a la cama o ducharse, pues sin ellos les parece que son nada (y quizá lo son).

Las vestiduras actuales de muchos “clérigos” responden a la “inercia” de las iglesias, que han sacralizado unos vestidos especiales (en contra de Jesús) y que han tendido a mantener tradiciones que no son cristianas, sin darse cuenta de que el tiempo de esas vestiduras ha pasado.

Según el NT, la Iglesia ha de volver a la actitud de Jesús y de sus primeros seguidores, que rechazaron las vestiduras “sagradas” de los sacerdotes de Israel, para vestir como vestían todos, desde los más pobres. De un modo especial, ella tiene que encarnar y aplicar la palabra esencial de Jesús (estuve desnudo y me vestisteis; Mt 25, 31-46) y la de Juan Bautista (quien tenga dos túnicas de una a quien no tiene; Lc 3, 11), poniendo sus riquezas y vestidos al servicio de los pobres (¡para que se vistan, para que tengan dignidad!). Eso significa que la Iglesia tiene que poner de relieve la solidaridad en bienes y vestidos: ¡No tenemos que andar por todas partes, llevando la ropa a cuestas, porque habrá siempre otros que nos reciban y quieran compartir con nosotros los vestidos!

 Sin duda, en momentos especiales de celebración o de culto “coral” pueden ponerse vestidos que expresen la dignidad y belleza del momento, no por evangelio, sino por estética “litúrgica”. Mantener esas vestiduras fuera de los oficions lítúrgicos parece contra al evangelio.

Normalmente, esos vestidos empezando siendo de “varones”, pero ahora, pasado el tiempo, parecen más bien de mujeres, lo que no es en el fondo crítica sino alabanza. Es normal que ellas nos digan cómo lo ven, cómo quieren que se vistan los nuevos clérigos siglo XXI (varones o mujeres),con las diferencias culturales muy dignas) de Europa y África, de China o USA.

Cf. E. Haulotte, Symbolique du vêtement selon la Bible, Aubier, Paris 1966; A. Jirku, Die magische Bedeutung der Kleidung in Israel, Kiel 1914).

[COP27] ¿A qué vamos a Egipto?

El 6 de noviembre dará comienzo la 27ª Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP27) en Sharm El Sheikh (Egipto). Se trata de la primera Cumbre del Clima en el continente africano desde la COP22 de Marrakech.

En medio de una crisis energética y climática sin precedentes, la Cumbre del Clima deberá dar respuesta a grandes retos –como el compromiso de reducción de emisiones, la duplicación de los esfuerzos en la adaptación o el cierre de un acuerdo para hacer frente a pérdidas y daños– que quedaron prorrogados en Glasgow, al tiempo que se garantizan los derechos humanos y la justicia climática.

La organización ecologista estará presente en Egipto con una delegación de siete personas para dar seguimiento a las negociaciones, participar en las acciones de la sociedad civil e informar a diario de lo que acontezca.

La Cumbre del Clima, que se celebrará en Egipto entre los días 6 y 18 de noviembre, viene precedida de unos meses de turbulencias bélicas, económicas, climáticas y energéticas que muestran más que nunca la necesidad de acelerar la lucha climática. En este contexto, Ecologistas en Acción acudirá a la cita anual con un objetivo claro: señalar que la enorme dependencia a los combustibles fósiles de las economías ha generado y sigue generando la vulneración de derechos humanos y, con ello, el crecimiento del autoritarismo y la persecución de espacios de encuentro de la sociedad civil.

Asimismo, la organización ecologista acude al encuentro para señalar cómo las décadas de retraso en los compromisos ya están afectando a millones de personas y comunidades. El año 2022 ha demostrado cómo un mundo más cálido está generando hambrunas debido a la sequía en el cuerno de África o inundaciones en países como Pakistán, Nigeria o Australia. Más de 3.000 millones de personas viven en lugares altamente vulnerables al cambio climático lo que hace que tengan enormes necesidades en materia de adaptación y pérdidas y daños.

El Estado español no es ajeno a esta situación y se trata de uno de los territorios más afectados del entorno europeo. Ejemplos cercanos no faltan: la extrema ola de calor continuada durante todo el verano, la sequía o las lluvias torrenciales por todo el territorio son una muestra clara de la enorme vulnerabilidad de nuestros ecosistemas al calentamiento global.

Hace un año, la Cumbre del Clima en Glasgow, tras no llegar a concretar cifras ni plazos, se cerró ante la promesa de los países de abordar mayores compromisos en materia de financiación. Tampoco la cumbre entre sesiones en Bonn avanzó en este sentido lo que, sumado a la nueva situación geopolítica o la crisis energética, hacen prever nuevas tensiones en el marco de la COP27.

Resultados esperados en las negociaciones

Para Ecologistas en Acción, esta debe de ser una cumbre que dé respuestas vinculantes y efectivas para dotar de capacidades a los países que ya sufren las consecuencias de la emergencia climática. La justicia climática, la protección de los derechos humanos y la necesidad de impedir pasos atrás en la protección del planeta, deben ser la prioridad de las negociaciones.

La UE –como una de las Partes negociadoras en la que España participa– debe trabajar en la Cumbre del Clima para que se lleguen a acuerdos inmediatos y suficientes. Las principales demandas ecologistas al Gobierno de España y a la UE se concretan en cuatro puntos:

1. La COP27 no puede dilatar más una respuesta suficiente a las pérdidas y los daños. Ecologistas en Acción, junto a más de 400 organizaciones sociales, ha firmado una carta para exigir que este tema sea un punto central en la agenda de la COP27. Este encuentro debe concluir con una respuesta a la altura de las demandas de muchos países del Sur global que exigen la creación de una facility (entidad bajo el mandato, financiación y supervisión de las Naciones Unidas con capacidad operativa para la ejecución de programas propios) centrada en estas pérdidas y daños.

2. La COP27 debe dar un paso significativo en la dotación de financiación y la creación de un nuevo objetivo global en materia de adaptación. La cumbre de Glasgow cerró con el compromiso de muchos países de doblar la financiación en materia de adaptación y dotar de recursos económicos adicionales. Para Ecologistas en Acción, no solo es necesario garantizar mayores transferencias económicas, tecnológicas y de conocimiento, sino que deben garantizarse que sean suficientes como para cubrir el coste de los daños ya provocados mayoritariamente por el Norte global.

Esto debe traducirse en un proceso transparente y vinculante que haga reales las promesas de doblar la financiación y destinar al menos la mitad de los fondos previstos en la COP para adaptación. El objetivo global para la adaptación debe de convertirse en un punto permanente de la agenda, debe priorizar las soluciones basadas en las comunidades más afectadas, y tiene que definirse y desarrollarse en las conclusiones del programa de Glasgow- Sharm El Sheikh.

3. La COP27 tiene que forzar el cumplimiento de los objetivos de reducción de las emisiones marcados por el IPCC. La publicación de la Sexta Revisión del IPCC y del Informe de Síntesis siguen mostrando lo lejos que están los compromisos de los países de cumplir con las reducciones necesarias para garantizar un incremento de la temperatura global por debajo de 1,5 ºC.

La COP27 no puede seguir eludiendo la obligación, de forma vinculante, de reducir en 2030 las emisiones actuales a la mitad. Por ello, debe de garantizar resultados en materia del proceso de revisión de los compromisos (Global Stocktake o GST) y avanzar en el plan de trabajo sobre mitigación (Mitigation Work Programme o MWP).

4. La COP27 debe reforzar la protección de los derechos humanos y de los ecosistemas como parte central de la agenda climática. La eliminación de los combustibles fósiles debe producirse en sinergia con la protección, la restauración y la mejora de la gestión de los ecosistemas desde un enfoque basado en los derechos humanos.

La CMNUCC debe lanzar un mensaje político fuerte acerca de la necesidad de lograr un Marco Mundial para la Biodiversidad Post-2020 verdaderamente ambicioso en la COP15 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de Montreal, el próximo mes de diciembre. Del mismo modo, debe de situar en el centro de todas las negocianciones, el pleno respeto de los derechos humanos, especialmente en lo que se refiere a comunidades indígenas, género y juventud.

Demandas de la sociedad civil egipcia y africana

En el trabajo para frenar y mitigar el cambio climático, es necesario señalar que sin derechos humanos será imposible alcanzar la justicia climática. Por ello, Ecologistas en Acción y la red de la sociedad civil de la que forma parte (Climate Action Network) se han sumado a la petición de la coalición egipcia por los derechos humanos en la COP27.

La declaración, impulsada por el Espacio Cívico de la COP, señala que “la acción climática efectiva no es posible sin un espacio cívico abierto. Como anfitrión de la COP27, Egipto corre el riesgo de comprometer el éxito de la cumbre si no aborda con urgencia las restricciones arbitrarias en curso sobre la sociedad civil”.

Añade, además, el rechazo de las organizaciones a la situación de los activistas egipcios y hace un llamamiento al país anfitrión a que «ponga fin a los enjuiciamientos de activistas y organizaciones de la sociedad civil y garantice un espacio para que la sociedad civil, incluidos los defensores de los derechos humanos, trabajen sin temor a la intimidación, el acoso, el arresto, la detención o cualquier otra forma de represalia, incluida la liberación.”

Por otro lado, las organizaciones presentes en este encuentro tienen el objetivo de servir de altavoz de la sociedad civil de un contexto tan vulnerable e invisibilizado como el africano. Por ello, Ecologistas en Acción se suma también a otras iniciativas que están surgiendo en torno a la COP27, como el apoyo al llamamiento Don’t gas AfricaCon el envío de una carta a la UE y al Gobierno español, las organizaciones exigen que la respuesta de Europa a la crisis energética no pase por promover nuevas infraestructuras de extracción y exportación de petróleo y gas.

“Esta carrera por el gas en África es peligrosa y miope. Incide en seguir apostando por combustibles fósiles, agrava el problema de la emergencia climática y, además, agranda las desigualdades del Norte y Sur global», concluye Ecologistas en Acción.

Por último, Ecologistas en Acción hace un llamamiento a la UE para que detenga el proceso de expansión del Tratado de la Carta de la Energía (TCE) en países del Sur global, ya que esto significaría blindar las inversiones fósiles durante décadas y agravar la deuda de estos países con demandas millonarias.