«Aliados Advance»

‘Aliados Advance’: más calidad de vida en las residencias de mayores

Fundación Aliados por la Integración propone seis soluciones innovadoras que van desde la telemedicina a la gestión de ayudas a la dependencia

Las residencias continúan siendo una de las mejores opciones para que vivan las personas mayores. Mudarse a una residencia no significa perder la independencia, sino todo lo contrario. La vida asistida puede contribuir a una mayor autonomía durante más tiempo gracias a servicios diseñados específicamente para su comodidad y bienestar.

Con esta filosofía, Fundación Aliados por la Integración impulsa ‘Aliados Advance’, un proyecto que engloba soluciones específicas para mejorar la calidad de vida en los centros con la experiencia acumulada a lo largo de más de 20 años, que ya incluía servicios de fisioterapia, terapeutas ocupacionales… “Son los profesionales quienes determinan un buen servicio en una residencia, y no nos cansaremos de agradecer especialmente su esfuerzo durante estos más de dos años de pandemia”, explica Almudena Fontecha, presidenta del Comité Ejecutivo de Fundación Aliados por la Integración. “Al mismo tiempo debemos reconocer que las residencias son los hogares donde viven las personas mayores y con esa mentalidad estamos trabajando”, incide. Por eso, ‘Aliados Advance’ ofrece seis soluciones:

  • Asesoramiento en alimentación y nutrición. La elaboración de los menús se realiza con un nutricionista y de acuerdo con las necesidades de cada persona, estudiando las carencias nutricionales de los usuarios para corregirlas.
  • Gestión integral telemédica. Aliados trabaja con proveedores punteros para el uso de dispositivos para hacer un seguimiento sanitario de cada residente con información precisa y accesible de supervisión médica. La tecnología nos permite recopilar y centralizar la información de cada residente, disponible para las familias.
  • Cama geriátrica ‘Cota 0’ y sensor de movimiento. La cama de cota 0 –de baja altura– es una garantía de bienestar para los residentes con problemas cognitivos. Evita correas, cinturones u otras sujeciones, favoreciendo el confort y descanso. Además, impide que la caída de un paciente inquieto pueda provocarle una lesión importante. También se le puede incorporar barreras laterales para dar mayor seguridad y un sensor que alertará al cuidador si el paciente se ha levantado o movido. La medida va en la línea de retirar las sujeciones de las residencias, dentro de un modelo asistencial centrado en la persona.
  • Unidad de Gestión de Ayudas a la Dependencia. Se encarga de la revisión del certificado de dependencia, reclamación de la prestación, capacidad económica del beneficiario y los derechos que le corresponden. Incluye el mantenimiento posterior de la ayuda.
  • Trazabilidad textil. El sistema de seguimiento, a través de microchips casi invisibles y de bajo coste, reduce las pérdidas al mínimo y automatiza el proceso de lavandería, aumentando la eficiencia y racionalizando el inventario.
  • Marketing digital. Fundación Aliados ha modelizado un procedimiento para mejorar las peticiones de información e ingreso.

Una comunidad

El propósito fundamental de estas soluciones, en palabras de Fontecha, es primar “el respeto a la persona y a su plena dignidad, con sus derechos, intereses y preferencias”. “Tenemos la obligación de respetar sus proyectos de vida, sus valores, ideas y creencias”, subraya. Así, la transición a un hogar con cuidados puede brindar un sentido de comunidad y permitir una vida social satisfactoria dentro de un entorno seguro y con excelentes estándares de atención difíciles de trasladar al entorno doméstico.

Residencias de Mayores

No te olvides de la “hermana pobre”

Jesús Sastre García

Comedor de Convivir
Comedor de CONVIVIR

Este título recoge la certera y preocupante afirmación con que la consejera de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid se refirió a la dotación económica disponible para la atención a los mayores dependientes en residencias; es la “hermana pobre de la educación y la sanidad”.

¿Por qué la atención a la dependencia es la “hermana pobre”? Desde la aprobación de la “Ley de Dependencia” en 2006 por el gobierno de Rodríguez Zapatero (PSOE), la dotación económica y su distribución entre administración central y autonómica ha sido insuficiente y desajustada, pues lo previsto no se ha cumplido, y sufrió un notable recorte en los años de gobierno de Mariano Rajoy (PP). Pero hay otras razones estructurales que están en el origen de todos los problemas en la atención digna y adecuada a los mayores. Nos referimos al peso abrumador de las residencias privadas y la presencia, casi testimonial, de residencias públicas. En la Comunidad de Madrid de casi 500 residencias sólo 25 son residencias públicas, algunas son públicas gestionadas por empresas privadas y otras privadas tienen plazas concertadas con la administración, y el resto son privadas.

Las cifras en del sector público llevan estancadas desde el año 2014 ¿Qué diríamos si el 90% de los centros educativos y de la atención sanitaria estuviera al mando de empresas privadas, la mayor parte con ánimo de lucro? Con esta situación consolidada año tras año, la administración autonómica tiene que preocuparse poco de la atención a los mayores dependientes en residencias. Más que colaboración de la Administración con el sector privado, lo que tenemos es un sector privado muy fuerte que colabora con la Administración. ¿Para cuándo políticas que reviertan esta situación en favor de las residencias públicas?

Diferente consideración y exigencias si la residencia es pública o privada. Llama la atención los diferentes baremos que la administración utiliza según la titularidad de la residencia. El ejemplo más significativo es la fijación de las “ratios” de personal, que en sí mismas son claramente insuficientes, pero que en las residencias privadas es sensiblemente menor que en las públicas. ¿Se imaginan que las “ratios” de personal en centros educativos o en hospitales privados fuera mucho menor que en los públicos? Otro ejemplo es la cantidad asignada al “cheque servicio” que, una vez fijado según el grado de dependencia (I-II-III), no se actualiza con el paso de los años. Debería haber una actualización anual, al menos, según la subida del coste de la vida.

Este año la asignación por día y plaza en las plazas concertadas en residencias privadas en la Comunidad de Madrid va a subir de 59 a 72 euros, pero la cuantía del cheque servicio sigue congelada, y la administración se desentiende del aspecto económico del resto de los residentes en plazas privadas. Los mayores dependientes, en su mayor parte, tienen que hacer frente con sus recursos y los de su familia al pago de plaza en residencia privada. Además, habría que subrayar las listas de espera para reconocimiento del grado de dependencia y para recibir la ayuda correspondiente. Muchos mayores fallecen sin haber conseguido ninguna de las dos cosas: reconocimiento del grado de dependencia y la consiguiente prestación económica.

Encuestas de satisfacción. Las residencias tienen obligación de facilitar anualmente estas encuestas. El modo de hacerlo por parte de la dirección de los centros, en general, es de poca información, entusiasmo e interés. Los resultados no se publican o se publican de manera genérica. La administración debería elaborar un protocolo (modelo de encuesta de satisfacción) completo, riguroso y de fácil respuesta, con indicaciones precisas para su realización, y que sea igual para todas las residencias, tanto públicas como privadas. Habría que precisar bien el modo de recogida de datos y la baremación objetiva e independiente de las respuestas. Los resultados deberían ser públicos para todo el que quiera conocerlos, no sólo para los residentes y familiares de cada centro. Y de los resultados sacar conclusiones por parte de expertos que sirvan a la administración para tomar las decisiones oportunas.

Rechazo de métodos de adjudicación de plazas concertadas (como el Acuerdo Marco de la Comunidad de Madrid), para paliar el déficit de ofertas de plazas públicas, que obligan a trasladar a los residentes de unas residencias a otras cada cierto período de tiempo. Hay residencias privadas que tienen plazas concertadas, y que este año no han concursado para mantenerlas. Las razones son obvias: al subir el número de profesionales, los beneficios para las empresas de estas residencias van a ser menores. La consecuencia es que más de 700 plazas concertadas están pendientes de ser asumidas por otras residencias, y los residentes afectados tendrán que trasladarse a otra residencia con todo lo que esto supone para personas muy dependientes y con no fácil medio de traslado. ¿Se puede jugar así con la suerte de los mayores que quedan a la voluntad de los intereses empresariales sin más? A los que no encuentren plaza o decidan no trasladarse, la Comunidad de Madrid les ofrece la posibilidad de acogerse al cheque vinculado a servicio. Esto les va a suponer un copago muy superior al que tenían. ¿Puede una administración cambiar la situación y la prestación que tenían, y no asumir los nuevos gastos?

Los Consejos de Residentes y los Consejos de Usuarios. Los Consejos de Residentes y los Consejos de Usuarios son órganos de representación y participación de los residentes y de los familiares si tienen la tutela judicial efectiva del residente. Fueron Instituidos los primeros por una Orden de 1993 de la Consejería de Integración Social y los segundos mediante una Resolución de la Dirección General de Atención al Mayor y la Dependencia del año 2013, después de la intervención del Defensor del Pueblo ante la reclamación colectiva de los familiares de la Residencia de Usera, denunciando que los Consejos de Residentes solo fueran obligatorios en las residencias públicas, no en las privadas.

Actualmente todas las residencias de la CM que reciban algún tipo de subvención pública tienen la obligación de tener un Consejo de Usuarios. Cerca de 300 residencias privadas no tienen esa obligación ¿Cómo puede ser esto en pleno siglo XXI? ¿Qué diríamos si en los centros educativos privados no fueran obligatorias las asociaciones de padres y los órganos de participación de los alumnos? ¿Por qué hay tanto miedo a la participación de los familiares y residentes en la marcha de la residencia si ellos son los protagonistas y beneficiarios de los servicios prestados que de una u otra manera se están pagando? La mentalidad empresarial y la ideología de derechas es poco sensible al diálogo, la participación y la corresponsabilidad. Las residencias privadas sin ánimo de lucro, por el ideario que las inspira, deberían ser ejemplares en la facilitación de la participación.

“¿Vergüenza! El escándalo de las residencias”. El estudio hecho por el abogado y periodista Manuel Rico, responsable de investigación en Infolibre, analiza pormenorizadamente y con mucha información contrastada los grandes grupos empresariales y fondo de inversión que están detrás de la mayor parte de las residencias privadas. Este libro es imprescindible para tener un conocimiento real de lo que subyace al conjunto mayoritario de residencias privadas. Es evidente que a estos grupos les mueve el lucro, es decir, conseguir más ingresos y tener menos gastos, no la atención de calidad a los residentes.

El beneficio está en relación directa con el gasto de personal; las administraciones, al permitir que las “ratios” de personal en las residencias privadas sean sensiblemente inferiores a las públicas y tener un sistema de inspección escuálido y poco comprometido con vigilar la calidad de los servicios, están favoreciendo el lucro de las empresas privadas. Hay claras irregularidades a las que no se pone remedio porque, en las escasas y genéricas inspecciones, quedan solapadas porque la documentación del centro está según las normas, aunque la puesta en práctica no sea correcta.

Las consejerías de Asuntos Sociales de las comunidades autónomas se preocupan, sobre todo, de las residencias públicas y en lo que corresponde de las que tienen plazas concertadas. Un ejemplo lo tenemos en el AMAS (Agencia Madrileña de Atención Social) de la Comunidad de Madrid. El sector público ha descuidado una de sus obligaciones fundamentales: invertir en residencias públicas para dar respuesta a todos los potenciales usuarios que en los próximos años no van a dejar de aumentar considerablemente. En caso contrario la desproporcionada e injusta relación entre residencias públicas y privadas no va a cambiar. ¿Cómo estamos permitiendo esta inacción de los poderes públicos? El actual gobierno nacional, sensible a las cuestiones sociales, mientras esté en ejercicio, aunque las competencias sean de las autonomías, tiene una responsabilidad grande para empezar a revertir todas las deficiencias que existen en el sector, y establecer criterios de obligado cumplimiento para las comunidades autónomas.

Escaso o nulo ambiente familiar en las residencias. Muchos residentes y familiares tenemos la impresión de que con su ingreso en un centro están un poco “secuestrados” por los gestores de estos. La dirección de las residencias procura limitar los sitios y el horario de visitas, que siguen con restricciones impuestas con motivo de la pandemia, y que no hay perspectiva de que cambien. Esto hace que no podamos ver de cerca cómo es la atención a nuestros familiares, la calidad de las comidas, cómo tienen el armario de su cuarto y ver lo que necesitan después de más de dos años de no subir a las habitaciones, el acceso más directo a los profesionales de todo tipo, etc. Las visitas se reducen a lo siguiente: al llegar, te toman la temperatura, vas a una sala común de visitas, bajan a tu familiar y cuando terminas la visita, a él se lo llevan por una puerta y tú sales por otra.

¿Qué ambiente familiar y cálido se puede tener cuando la vida transcurre así día tras día? Lo lógico y sano desde el punto de vista afectivo, lo que da un ambiente familiar, sería poder circular por los espacios comunes, interactuar con otras residentes y familiares, subir a las habitaciones y zona común de los pabellones, entrar en el comedor a llevar a nuestros familiares e, incluso, poder comer con ellos abonando el menú, como hacen en alguna residencia. Las medidas actuales recuerdan los protocolos de visitas en los centros penitenciarios. En los hospitales, con zonas mucho más delicadas y expuestas, las visitas han vuelto a la normalidad que tenían antes. Los organismos competentes de las comunidades autónomas tendrían que velar por el estricto cumplimiento de los protocolos actuales.

Algunas residencias privadas dicen que el reglamento de régimen interno que tienen circunscribe las visitas a una zona interior y al jardín. Me pregunto si un reglamento de régimen interno puede disponer algo contrario a lo que autorizan los protocolos de la administración autonómica; la administración autonómica tendría que clarificar de forma normativa este punto para que no haya duda ni interpretaciones distintas según la dirección de cada residencia. Además, los trabajadores de las residencias suelen tener la mentalidad de que ellos y sólo ellos, como profesionales, saben lo que tienen que hacer para una buena atención a los residentes, y que los familiares son más bien un estorbo que una ayuda.

A ellos se les reserva la reducida zona de visitas y la llamada telefónica. Dado que los residentes están en internamiento total y hasta el final de sus vidas, son los que necesitan recuperar y practicar lo más posible algo que remotamente se aproxime a la “normalidad” que tenían antes, y esto no es posible sin una participación activa de los familiares. La pandemia ha sido la excusa perfecta para terminar de implantar un estilo de residencia que se aleja cada vez más de lo que sería algo que recuerde al núcleo familiar. Además, en muchas residencias las actividades, por ejemplo, la gimnasia que antes era diaria, se han reducido de manera significativa. Y las administraciones poco hacen para evitarlo. Les haría mucho bien a los responsables políticos y a los directores de residencias conocer cómo funcionan las residencias de mayores en Centroeuropa y países nórdicos.

Grupo Lares: residencias sin ánimo de lucro. Está constituido por la Fundación, Asociación y Federación. Además de las residencias públicas y las residencias privadas como negocio, están las residencias sin ánimo de lucro con ideario propio donde exponen los principios y valores inspiradores de su presencia y acción. A Lares pertenecen 17 asociaciones autonómicas con 1.050 centros y servicios en toda España. Si el número de centros residenciales en nuestro país es de 5.567 con 384.251 plazas residenciales, entre privadas y públicas, el grupo Lares supone casi el 20% de las residencias.

En la página web el apartado “Conoce Lares” dice que “atiende a personas mayores, dependientes, con discapacidad y en riesgo de exclusión social, bajo el prisma de la gestión solidaria. Lares reúne el histórico compromiso de congregaciones religiosas y la voluntad solidaria de fundaciones y ONG`s, manteniendo como bastión la gestión solidaria de todas nuestras entidades”. Afirman centrarse en la “singularidad e integridad de la persona”, la consideración de las “cuidadoras como agentes de valor añadido” en los cuidados y en entorno donde promueven el intercambio y la convivencia. Por su recorrido histórico, por la inspiración que tienen y por apostar por una ética de máximos y de la excelencia deberían ser las que abrieran camino en un nuevo estilo de residencias.

Sería conveniente, por coherencia con su ideario, que informaran si tienen órganos de participación de residentes y familiares aunque no sean obligatorios para las residencias privadas, cómo es la información y transparencia en estos centros (publicación de los resultados de las Encuestas de Satisfacción, de los partes de inspección y otras valoraciones de las residencias), las ratios de personal que tienen por turnos y categorías, el porcentaje de contratos temporales y fijos, las plazas concertadas que tienen y los motivos de tenerlas o no tenerlas, si el salario que pagan a los trabajadores se rige por el mínimo obligatorio o hay mejora voluntaria para asegurar la calidad que proponen, las organización del voluntariado y su relación con el personal profesional de plantilla, si mantienen o desearían mantener alguna relación con las Asociaciones/Plataformas de defensa de los Mayores en Residencias, la especificación de los programas y beneficiarios de las ayudas recibidas de las administraciones que figuran en su página web, y cómo articulan el ambiente de las residencias para que se aproximen al modelo familiar al que se aspira.

También tendrían que ser ejemplares estas residencias en analizar las muertes que ocurrieron en ellas durante la primera ola de la pandemia para reconocer los fallos y denunciar los protocolos de las autoridades autonómicas que impidieron la derivación a los hospitales de los residentes enfermos de Covid; como consecuencia, muchos residentes tuvieron una muerte sin ninguna ayuda, soporte médico y en la más absoluta soledad.

La importancia de participar en Asociaciones en defensa de los mayores en residencias. De unos años para acá han surgido en varias autonomías Asociaciones de familiares de residentes y a personas preocupadas por los mayores.

Están haciendo una labor encomiable; a partir de la pandemia han aumentado significativamente el número de socios. Incluso se ha dado un paso más creando la Plataforma Estatal de Familiares de Residencias que aglutina y coordina la labor de las Asociaciones de las diferentes autonomías. Las 15 principales asociaciones de todo el país, lideradas por la gallega, la catalana y la madrileña, están presentes en esta Plataforma estatal. Está integrada por organizaciones de Euskadi, Andalucía, Aragón, Canarias, Castilla y León, Comunitat Valenciana e Illes Balears. Los principales impulsores han sido organizaciones con años de experiencia luchando en favor de los derechos de los residentes como Pladigmare (@pladigmare), Rede (@REDE_org), Coordinadora Residencias 5+1 (@CooResidencias).

Esta plataforma ha sido invitada para formar parte de la Mesa de Diálogo Civil creada por el ministerio de Asuntos Sociales para dar su opinión sobre un documento que modificarían los actuales criterios de acreditación para poder dar la autorización administrativa de funcionamiento y tener derecho a presentarse para tener algún tipo de subvención pública a las residencias actuales y las nuevas que se puedan crear, encaminado a cambiar el actual modelo de residencias. Van a presenta 100.000 firmas para que la Fiscalía y el Congreso investiguen lo ocurrido en las residencias durante la pandemia.

Invitamos a los que tengan interés en el tema de mayores, algún día todos seremos mayores, a que conozcan lo que hacen estas asociaciones, a visitar las páginas web y, en su caso, a participar activamente en las mismas como miembros. Es un gran servicio que podemos prestar a nuestros mayores y el medio imprescindible para que las residencias, tanto a nivel interno como en el cambio del marco regulador, mejoren dada la situación de precariedad en muchos aspectos en que se encuentran.

Conclusiones:
1. Potenciar la creación de residencias públicas con gestión pública. El modelo actual que tenemos descansa en las grandes empresas y fondos de inversión con intereses alejados de la calidad de atención a los mayores. La actitud pasiva de las administraciones es francamente incomprensible.

2. Igualdad de reglamentación para las residencias públicas y privadas. Esto debe incluir todos los aspectos de la organización, ratios de personal, gestión, participación de residentes y familiares, evaluación e inspección.

3. Actualización anual tanto del coste de plaza concertada como del importe económico del cheque vinculado a servicio. El coste de plaza concertada se actualiza periódicamente. Convendría establecer una actualización fija conforme a unos índices referenciales. El cheque vinculado a servicio no se actualiza, lo que se propone es que tenga unos mecanismos similares a los de la plaza concertada: fijar la actualización periódica y los índices referenciales de la subida. Además, puesto que el cheque servicio es una ayuda de la administración, las residencias que tengan plazas de este tipo deberían tener la misma consideración que las que tienen plazas concertadas.

4. Inspecciones más frecuentes y específicas. Para que esto sea posible hay que aumentar significativamente el número de inspectores, el número de inspecciones sin avisar, y el tipo de inspección mucho más dirigida a la calidad de atención a los residentes y menos a los documentos y protocolos escritos. Bien sabemos que el papel lo soporta todo, incluso aunque la realidad tenga poco que ver con lo que está prescrito y escrito. También las sanciones deberían ser más frecuentes, de mayor cuantía y públicas.

5. Registro público de datos con los resultados de las encuestas de satisfacción, de las inspecciones y de las valoraciones de cada residencia. Todos estos datos deberían constar en un archivo público de fácil consulta. Esto ya existe en otros países. Estos datos serían de mucha utilidad a las personas que buscan una residencia para sus familiares.

6. Potenciación asociativa de los familiares de residentes. De entrada, hay que contar que las residencias son reacias a este tipo de participación. La patronal y los trabajadores sindicados están organizados, pero los residentes y familiares no. Creemos que de alguna manera las administraciones deberían informar de la existencia de estas asociaciones y facilitar el contacto con las mismas, así como la participación de los familiares en los organismos correspondientes en cada residencia (PLADIGMARE ha presentado un proyecto de participación que sigue durmiendo en el cajón de la Consejera de Familia, Juventud y Políticas Sociales).

7. Aportación específica del grupo de residencias sin ánimo de lucro. Estas residencias, por su propio ideario, historia y valores que les inspiran, debería ser ejemplares en su estructura, gestión, transparencia, participación y estilo. Así serían modelos alternativos a lo existente a nivel privado, y punta de lanza en el nuevo modelo de residencia de mayores que se plantea para un futuro a medio y largo plazo

Hacia sujeciones cero en las residencias

El Gobierno plantea que en el plazo de tres años ninguna residencia ni centro de día inmovilice a los mayores

María Sosa Troya

Varios mayores en una residencia, en una imagen de enero de 2022.

© KIKE PARA (EL PAÍS) Varios mayores en una residencia, en una imagen de enero de 2022.

El Gobierno tiene como objetivo avanzar hacia las sujeciones cero, es decir, que no se inmovilice a los mayores ni a las personas dependientes que viven en residencias o asisten a centros de día, que no sean inmovilizados ni sedados para reducir su agitación. Así consta en el último borrador de trabajo sobre los nuevos requisitos que se exigirán a los servicios de dependencia, donde el Ministerio de Derechos Sociales plantea que en un plazo máximo de tres años tras la entrada en vigor de este texto, que aún se está negociando, los centros hayan implementado un plan de atención libre de sujeciones, que contemplará su “supresión total y segura”.

Solo podrán usarse de manera excepcional, cuando no haya ninguna otra alternativa ante un peligro que debe ser inminente. En el documento también se añaden cambios respecto al anterior borrador, como una subida de las ratios de personal en las residencias de mayores, la limitación a un máximo de 50 plazas en las de discapacidad (frente a 90 en las de ancianos), y se propone un plazo para que los centros y servicios actualmente en funcionamiento se adecúen al nuevo modelo: dispondrán de siete años, a excepción de los recursos públicos de gestión privada, en ese caso se esperará a que acabe el contrato para implementar las modificaciones.

Una negociación compleja

La negociación es compleja y a tres bandas. Por un lado, el texto se ha ido discutiendo con la mesa de diálogo social, que se ha reunido este viernes y donde se sientan patronales y sindicatos. Por otro, con la de diálogo civil, que aglutina a asociaciones, familiares de usuarios y expertos en el sector. Y, por último, con las comunidades autónomas, a las que se entregará este último borrador para comenzar a abordarlo con ellas y que, al ser las competentes en la gestión, tienen la llave para que este acuerdo salga adelante. Es probable, por tanto, que el texto sufra nuevas modificaciones. El objetivo es que el pacto definitivo se pueda alcanzar a lo largo de este primer trimestre en el consejo territorial que reúne a los gobiernos autonómicos y a Derechos Sociales.

La necesidad de un nuevo modelo de atención lleva tiempo sobre la mesa, y se ha acentuado a raíz de la pandemia, cuando se evidenciaron las debilidades del sistema. De hecho, muchas autonomías han sacado adelante modificaciones normativas en esta línea. La tarea del Gobierno es la de coordinación, y este documento fijará un mínimo común en todos los servicios de dependencia que se presten en el país. El anterior pacto, de 2008, es mucho más escueto. El documento fija requisitos para residencias, centros de día, ayuda a domicilio y teleasistencia.

Varias fuentes consultadas, conocedoras de la negociación, han manifestado su inquietud sobre la forma en que se financiarán estos cambios. La Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, miembro de la mesa de diálogo civil, considera clave que haya un análisis de costes y una memoria económica que garantice que puedan implementarse.

No hay una partida específica prevista para este acuerdo marco, pero la financiación estatal de la dependencia ha recibido una inyección de 1.800 millones de euros entre 2021 y 2022, la mayor desde que se aprobó la ley (también hay más de 3.000 millones previstos para cuidados de larga duración de los fondos europeos, entre 2021 y 2023). Parte de esa financiación está vinculada al cumplimiento de un plan de choque que, entre sus medidas, incluye precisamente la aprobación de este acuerdo sobre los requisitos mínimos que deben cumplir los servicios del sistema de la dependencia.

Los borradores que han trascendido hasta ahora siempre han hecho hincapié en que los atendidos en el sistema de la dependencia tienen derecho a recibir “una atención libre de sujeciones, ya sean estas físicas, mecánicas, químicas o farmacológicas”. Se desconoce el número exacto de personas que son inmovilizadas en estos centros, pero según estimaciones de la confederación de asociaciones de mayores Ceoma, pueden ser unas 55.000. En las últimas semanas se ha conocido la muerte de dos ancianos cuando estaban inmovilizados en residencias.

Este último texto establece que los planes para eliminar las sujeciones de los centros de día y residencias tendrán que aprobarlos los servicios de inspección de las comunidades autónomas. Solo serán admisibles ante situaciones “excepcionales y de urgente necesidad” en las que exista un “peligro inminente” para usuarios u otras personas y tras constatar el fracaso de otras medidas alternativas, que deberán quedar documentadas. Se incide en que será necesario un consentimiento informado (ya es un requisito), que no puede ser genérico ni diferido en el tiempo. Será obligatorio informar a la Fiscalía, que este enero emitió una instrucción en la que se insta a los fiscales a aumentar el control sobre estas prácticas.

Que los centros se adapten a la persona

En el documento se plantea un cambio de paradigma: que sean los centros y servicios quienes se adapten a las personas, y no al revés. Lo que se conoce como atención centrada en la persona, un concepto con el que ya funcionan algunos servicios, aunque el panorama es muy dispar. Según el texto, todos los usuarios del sistema de la dependencia dispondrán de un plan personalizado de atenciones, en el que se tenga en cuenta sus preferencias y necesidades.

En residencias de mayores, el tamaño máximo para los centros que se construyan tras la entrada en vigor del acuerdo se fija en 90 plazas, con un 65% de habitaciones individuales, y los ya existentes deberán adecuarse en un plazo de siete años, dividiéndose en unidades independientes entre sí y hasta alcanzar un 35% de habitaciones individuales. En residencias de discapacidad el límite máximo será de 50 plazas. Este era el establecido en un primer borrador para todas las residencias, pero patronales de dependencia se quejaron de que sería insostenible. Habrá unidades de convivencia de un máximo de 15 personas que tendrán un funcionamiento tipo hogar, en donde habrá una cocina, comedor, sala de estar y, preferentemente, acceso a un área exterior, como una terraza o jardín. Deben ubicarse en suelo urbano, promoviendo las relaciones cotidianas con la comunidad.

En cuanto a las ratios, el ministerio propone, en primer lugar, que pasen a calcularse por jornadas completas de trabajo, y no por número de contratados. En segundo lugar, habla de personal de atención directa de primer nivel —auxiliares y gerocultores—, de atención directa de segundo nivel —graduados universitarios de las ramas social y sanitaria— y de atención indirecta, que agrupa al resto de la plantilla.

A principios de febrero, la Plataforma Estatal de Organizaciones de Familiares y Usuarios de Residencias mostró su decepción con el anterior borrador en la mesa de diálogo civil, especialmente en cuanto a las ratios. Las consideraban insuficientes y alertaban de que, al pasar a calcularse sobre el número de plazas ocupadas (aunque nunca podrá bajarse del 80%) en lugar del total de plazas podía ocurrir que hubiera centros a los que en 2023, con la propuesta que se hacía para auxiliares, se les exigiera menos personal que el que se establecía en el acuerdo de 2008. Este último borrador eleva aquella propuesta.

El texto plantea que las ratios que vayan escalando en 2023, 2025 y 2027: de 0,35 a 0,43 para gerocultores y auxiliares en residencias de mayores (es decir, 35 o 43 jornadas completas de personal de atención directa de primer nivel por cada 100 residentes), una cifra que para personas con discapacidad se sitúa en 0,42 en 2023 —en el anterior texto ya se preveía 0,50 en 2025—, y 0,50 en 2027.

Ese 0,43 implicaría, para una unidad en que convivan 15 mayores, que habría cinco trabajadores: dos en el turno de mañana, dos en el turno de tarde y uno en el de noche. En atención directa global, es decir, también incluyendo a graduados universitarios como trabajadores sociales o enfermeros, se plantea llegar a 0,51 en 2027 en residencias de mayores y 0,58, de personas con discapacidad.

Alejandro Gómez, consultor que ha estudiado las normativas autonómicas —una de las patronales de la dependencia, Ceaps, publicó sus conclusiones en un reciente estudio— asegura que el borrador supone una mejora de las ratios respecto a los promedios estatales, aunque en su opinión deberían diferenciar por tipologías de dependencia, ya que en el futuro habrá usuarios con cada vez más necesidades de apoyo. Los familiares siguen considerando insuficiente la nueva propuesta y piden equipararlas a las de discapacidad.

El documento también exige al menos un inspector por cada 25 residencias (independientemente de que también deban supervisar centros de día u otros servicios sociales), en lugar de uno por cada 30, que se establecía en el anterior texto. Los familiares habían pedido 1 por cada 15. Según los datos recopilados el año pasado por EL PAÍS, solo tres comunidades (Asturias, Cataluña y Extremadura) superaban de media el umbral de 25 residencias por cada trabajador del servicio de inspección en ese momento. Se constituirá un grupo técnico de trabajo que, en el plazo de un año, fijará estándares comunes para medir la calidad de los servicios, cuyos resultados deberán ser públicos. Actualmente no hay nada parecido.

En el borrador también se propone incluir a familiares en los consejos de participación de usuarios de residencias, siempre que los residentes lo estimen oportuno. En cuanto a la ayuda a domicilio, se indica que al menos el 5% de la jornada de los auxiliares se deberá dedicar a labores de coordinación y que el desplazamiento de los trabajadores no contará como tiempo de atención, aunque sí como parte de su jornada

Residencias de Mayores

El Gobierno propone que las residencias de mayores tengan un máximo de 50 plazas

  • La propuesta elaborada por el Ministerio de Derechos Sociales establece una batería de criterios para que los centros puedan ser acreditados con el objetivo de caminar hacia un modelo basado «en la dignidad de trato y ejercicio de derechos» de los residentes, pero aún debe ser acordado con los agentes sociales y las comunidades

Marta Borraz

El Gobierno ha lanzado una propuesta en la que plantea limitar el tamaño de las residencias de mayores hasta un máximo de 50 plazas. Es uno de los criterios que el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 ha incluido en el documento con el que pretende llegar a un acuerdo con los sindicatos, la patronal, organizaciones y comunidades autónomas para impulsar un nuevo modelo residencial tras convertirse en los lugares más golpeados durante la primera ola de la pandemia y evidenciarse las fallas del sistema.

El documento, adelantado por InfoLibre y al que ha tenido acceso elDiario.es, establece los estándares que deben cumplir las residencias acreditadas, aquellas que atienden a personas reconocidas por el Sistema de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia (SAAD). Se trata de un mínimo de recursos humanos, materiales y de equipamientos y de calidad, que deberán ser evaluados periódicamente, para lo que las comunidades deberán contar con un inspector/a por cada 30 centros residenciales.

La idea del ministerio es que el borrador del Acuerdo sobre Criterios comunes de acreditación y calidad de los centros y servicios del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), como se llama el documento, pueda ser aprobado por las comunidades durante el primer trimestre de 2022, pero actualmente se trata de un texto «de trabajo», por lo que aún se puede modificar.

El objetivo es asegurar «la dignidad de trato y el ejercicio de derechos» de las personas residentes y «caminar hacia un modelo en el que las residencias sean hogares», asegura Luis Barriga, director general del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), que insiste en que es una propuesta pendiente de acuerdo. En la práctica, los criterios afectarían a todas las residencias porque es extremadamente inusual que existan centros que no se acrediten para atender a personas reconocidas por el sistema de dependencia.

La propuesta obliga a los centros a ubicarse en suelo urbano, garantizando «el acceso y la proximidad» de los usuarios a «espacios de actividad social y comunitaria» o si se trata de centros que ya están a día de hoy construidos sin cumplir este requisito, «se deberá garantizar la comunicación mediante transporte público o medios de transporte propios» para facilitar el acceso a los servicios.

El documento propone no acreditar centros de nueva construcción que superen las 50 plazas, mientras que los que ya lo están deberán adecuarse: o bien reduciendo «paulatinamente» el número de plazas pasando de habitaciones de uso colectivo a individuales o dividiendo sus instalaciones.

Funcionamiento «tipo hogar»

Las personas residentes deberán contar con espacios que «preserven debidamente su intimidad», podrán personalizar «al máximo» sus habitaciones y disfrutar de «espacios de convivencia en el centro» independientes de los generales, compartidos por «un grupo reducido de personas» con el objetivo de que «se pueda garantizar un funcionamiento tipo hogar».

En cuanto a los recursos humanos, se prevé exigir a las residencias un ratio de profesionales mínimo de 0,36 trabajadores entre los de «primer nivel», que son cuidadoras/es o auxiliares y los de «segundo nivel», que son fisioterapeutas, enfermeras, médicas… a partir del 1 de enero de 2023. Un mínimo que aumentará en 2025 hasta 0,40 y hasta 0,43 en 2027. En el caso de que sean residencias con personas con discapacidad, las cifras serán mayores: 0,45; 0,48 y 0,55.                                                                        También aborda el documento las condiciones de trabajo en el sector, uno de los más precarios y feminizados. Así, para residencias se prevé un máximo de contratos temporales del 20% para trabajadoras de «primer nivel». Y en el caso de centros de día y servicios de ayuda a domicilio, cuyas condiciones también aborda el plan, no podrá superar el 33%. Tampoco los contratos a tiempo parcial podrán superar un límite máximo del 30% sobre el total.

Planes personalizados de apoyos

La propuesta prevé además que todas las residencias cuenten con planes personalizados de apoyos, para «avanzar hacia una gestión» del modelo «centrada en las personas»: «Cada una tendrá un plan personal de apoyos en el que se planificarán y se hará seguimiento de los apoyos que recibe para el desarrollo y disfrute de su proyecto y estilo de vida». El plan recogerá «las preferencias y la voluntad» de la persona residente, especifica el texto, que contará también con un «profesional de referencia» responsable de promover este apoyo personalizado en su día a día.                                                    El Ministerio de Derechos Sociales también sugiere que otro de los criterios sea garantizar una atención «libre de sujeciones», en la que su utilización se reduzca a momentos excepcionales, temporales y siempre en un procedimiento «documentado» con atención médica y siempre que se haya «constatado el fracaso» de otras medidas alternativas. Se propone además fomentar el papel de las familias siempre que el residente lo considere oportuno y se deberán implementar canales de comunicación «permanentes», así como celebrar «reuniones periódicas»   

Cómo vivir la vejez

Espiritualidad y transcendencia. Cómo vivir la vejez 

Por José Arregi 

NOTA:Conferencia en los CURSOS DE VERANO de la UPV-EHU, dentro del Curso “Sentido y espiritualidad para la vida. Abordando nuevas dimensiones en los paradigmas de la vejez”, en el Palacio Miramar, Donostia, 13 de septiembre de 2021. 

Abro estas reflexiones con dos sentencias bíblicas y tres observaciones introductorias. 

“Una rica experiencia es la corona de los viejos”, dice el sabio Ben Sirak en un libro escrito hacia el 160 a.C. (Si 25,6). 

“Enséñanos a calcular nuestros días para que adquiramos un corazón sabio”, dice el salmo 90 (Sal 90,12). 

Tres observaciones introductorias en torno al título: “Espiritualidad y trascendencia. Cómo vivir la vejez”. 

1) ¿Cómo vivir la vejez?, dice el título. Tal vez sea demasiado pretencioso. No vengo a dar consejos ni recetas sobre cómo vivir la vejez, condición de un sector social cada vez más numeroso afortunadamente, un sector social del que formo parte. Lo que os digo me lo digo, pues, humildemente, conociendo bien la distancia que va del dicho al hecho, y, a pesar de todo, convencido de que la vejez puede ser edad de plenitud vital, es decir, de libertad en el desapego, de fecundidad en la pérdida. A eso aspiramos, estoy seguro, cada uno a su manera. 

2) En eso, en ese milagro del desapego, que nos permite abrirnos a una nueva plenitud en medio de crecientes pérdidas, en eso consiste en última instancia la llamada “espiritualidad”. “Espiritualidad” es un término muy equívoco. Yo la traduciría como el “Buen Vivir” o “la vida con hondura” o con “alma”, o en palabras del anciano sabio Marià Corbí, en la “cualidad humana profunda”. 

3) El título dice también “Espiritualidad y transcendencia”. Nuevo equívoco. La OMS, en el informe 804 (Cancer pain relief and palliative care) de 1990, tras afirmar que la espiritualidad es un componente de la salud intregral, la define como “aquellos aspectos de la vida humana que tienen que ver con experiencias que transcienden los fenómenos sensoriales. No es lo mismo que religioso”. Que la espiritualidad no es lo mismo que religión me parece indiscutible, pero que tenga que ver con experiencias que transcienden los fenómenos sensoriales no me parece tan claro. La experiencia espiritual no se da fuera de los sentidos, sino en los sentidos y gracias a los sentidos, como el afecto amoroso o la emoción estética. La transcendencia no se refiere a un supuesto mundo superior más allá del universo, ni a un Ente o divinidad suprema ni a una vida más allá de esta vida después de la muerte. La transcendencia es la hondura sin fondo de todo cuanto es, el aliento vital que nos anima en esta vida y más allá del paso, el tránsito, que llamamos muerte. 

Paso a señalar algunos rasgos de esta transcendencia en la inmanencia, de esta sabiduría vital profunda, unos rasgos que pueden ser de alguna forma más propios y específicos de la vejez. 

  1. Tiempo de crecer, tiempo de decrecer 

La vejez es tiempo de decrecer o, más bien, de crecer decreciendo. 

Entre tantas paradojas que nos constituyen, nos encontramos con ésta: Nadie quiere morir joven (salvo algunos, demasiados jóvenes, que quieren pero desgraciadamente no pueden vivir), pero nadie –digámoslo así– quiere ser viejo. Lo tenemos difícil. Uno de los grandes retos de hoy es el aprendizaje de la vejez: la aceptación de las pérdidas y el disfrute de los bienes propios de la vejez. La indudable carga y la innegable bendición de ser viejo. Aceptar que somos viejos y aprender a serlo. 

Hace algo más de 2200 años que un sabio judío escribió un librito de 10 páginas sin desperdicio que se conoce como Qohelet. Dice, por ejemplo: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Tiempo de nacer y tiempo de morir (…), tiempo de destruir tiempo de construir (…), tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar, tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar (…), tiempo de callar y tiempo de hablar” (Qoh 3,1-8). Y podríamos seguir diciendo: Hay tiempo de crecer y tiempo de decrecer, tiempo de ganar y tiempo de perder, tiempo de adquirir y tiempo de despojarse, tiempo de esforzarse y tiempo de descansar, tiempo de aprender y tiempo de olvidar, tiempo de cuidar y tiempo de dejarse cuidar, tiempo de poder y tiempo de no poder… 

Todos esos tiempos de lo uno y de su contrario –contradicciones aparentes– son propios de cada edad, pero la vejez es más particularmente tiempo de perder, de descansar, de desprenderse, de dejarse llevar. El aprendizaje esencial de la vida, en todas las edades de la vida, se vuelve radical en la vejez. Y la raíz y lo radical, lo más radical, de la vida, fuente de los mayores bienes, es el aprendizaje de la pérdida, del decrecimiento. Solo decreciendo podremos crecer en hondura, crecer hacia el fondo. Solo aprendiendo a perder podremos ser más plena y libremente sin aferrarnos a ninguna forma ni posesión. Es la gran exigencia y la gran oportunidad de la vejez: vivir cada vez más con cada vez menos. Somos viejos, pero es hora de vivir. Es la hora de perder – de perder fuerzas, poder, protagonismo, salud–, sí, pero el saber perder forma parte del saber vivir más a fondo. 

La vejez es la hora de vivir más a fondo, más plenamente, más desprendida y libremente, más serena y reconciliadamente. Por todo ello, la vejez es, o debiera ser, la edad privilegiada para vivir la espiritualidad, es decir, la aceptación en paz de la pérdida y del decrecimiento. 

Es el gran reto personal de quienes ya somos viejos. Pero saber decrecer para ser más es uno de los grandes retos de la sociedad a nivel local y mundial. Aprender la sabiduría de vivir mejor con menos, y compartiendo lo que tenemos, es todo un reto cultural, político, económico, ecológico. Un reto espiritual en el fondo. Es también un reto mayor el ofrecer a los viejos los medios para vivir más plenamente decreciendo cada vez más. No solo de pan y de confort vivimos los viejos. 

  1. Tiempo de liberación 

En el hinduismo tradicional se enseña que la vida del ser humano comprende cuatro etapas, llamadas ashrama. Os las presento con cierta libertad: 

1) La primera etapa comprende los primeros 20 años: en ellos, el niño nace y crece, se hace joven, se desarrolla, adquiere capacidades; como joven aprendiz célibe (Brahmacharya) se prepara para el breve y complejo viaje de la vida. 

2) La segunda etapa va desde los 20 a los 40 años: el joven ya adulto forma pareja, cría una familia, o crea sociedad, trabaja y se afana, participa de lleno en la vida social, se ocupa, es protagonista, es un Grihastha que vive atareado en mil quehaceres y responsabilidades. 

3) A los 40 años – eso era en aquel tiempo…–, ya se encuentra libre de las cargas de la familia y de la sociedad, y puede pasar a la tercera etapa, hasta los 60: para ello se retira, se vuelve ermitaño (Vanaprastha), hace silencio, viaja al interior, a lo más profundo de sí y de todo, haciéndose uno con el Misterio y la Presencia y el Todo en cada parte, más allá de toda categoría de interioridad-exterioridad. 

4) Por fin, a partir de los 60, puede acceder a la libertad última de la que es capaz, se libera de sus aspiraciones, éxitos o fracasos, de la atadura de sí y de todas las demás ataduras, lo abandona todo –casa, familia, bienes– y se vuelve renunciante  (Sannyasi), caminante vagabundo, sin techo ni lugar propio; en cualquier recodo de camino, la muerte le saldrá al paso, pero le encontrará sin nada propio y uno con todo, de modo que nada podrá contra él, solo será su paso al ser pleno sin forma o a la Vida que ni nace ni muere. 

No es mi intención presentaros como modelo válido y aplicable hoy estas cuatro etapas que, por cierto, se referían originariamente a varones de la casta de los brahmanes, de modo que la mayoría de la población no tenía ni siquiera la oportunidad de recorrer las cuatro etapas y llegar a ser libres. ¿Qué joven puede hoy, a los 20 años, tener un empleo digno, una casa adecuada, lograr una autonomía económica, formar una pareja, crear una familia si así lo desean? ¿Qué adulto queda libre de sus cargas a los 40 años o  dedicarse a la contemplación a los 60? 

Es impensable aplicar el modelo ideal de la tradición hindú, y no sé ni si es deseable. Pero el reto está ahí, y los interrogantes sobre nuestra civilización también. El mundo ha cambiado mucho en estos dos mil años, y observad lo que ha cambiado solo en los últimos 200, desde el comienzo de la Revolución industrial hasta la era postindustrial en la que ya nos hallamos. Muchas cosas han cambiado para bien, pero no es nada seguro que el balance global del desarrollo esté resultando positivo para la vida común: jóvenes en masa entre 20 y 40 años, mejor preparados que nunca, se ven excluidos de la sociedad, sin un empleo digno ni una casa propia; los equilibrios del planeta, comunidad de vivientes, se desgarran. ¿Será que a más progreso hay más opresión? ¿A dónde se encamina nuestra especie Homo Sapiens, tan sorprendentemente capacitada y tan terriblemente contradictoria, pues lo que le capacita para hacer mayor bien que nunca eso mismo le sirve igualmente para provocar heridas y desgracias personales y planetarias? 

Necesitamos la sabiduría de Oriente y de Occidente. La sabiduría del auténtico progreso humano liberador. ¿De qué nos sirve un progreso sin liberación? 

La espiritualidad consiste en la liberación personal y política, y eso vale en todas las edades de la vida. Pero vuelvo a la sabiduría hindú tradicional, al fondo de su enseñanza más allá del detalle literal. Su intuición de fondo nos vale hoy como entonces: la vejez como tiempo de una difícil, pero necesaria y posible liberación radical. Esto es verdad ayer como hoy. 

Llega una edad –ojalá llegara para todas y para todos– en la que nos vemos libres de muchas cargas familiares y sociales, de la competitividad, de responsabilidades profesionales, de estresante protagonismo, de planes y proyectos de futuro. Claro que, una vez libres de esas cargas –eso en el mejor de los casos–, llegan otras: achaques de salud, pérdida de fuerzas, irrelevancia social, soledad, proximidad de la muerte… Es la hora de la gran liberación, la hora de ser libre de todo y de sí mismo, la hora de renunciar a proyectos, éxitos y ganancias, la hora de aprender a perder o, mejor, a ser más con menos, de ganar perdiendo. La enfermedad y la muerte son ataduras severas, radicales, que trae consigo la vejez, pero quien accede a la raíz de su ser se libera también de ellas, nada le puede atar porque nada tiene. 

Para eso es necesario un trabajo interior de toda la vida. La liberación no se improvisa en la vejez. Pero, llegados a la vejez, libres de muchas cargas, no estaría mal que nos dedicáramos un poco más a ese viaje interior que nos libere más profundamente. 

  1. Tiempo de desapego 

La liberación profunda exige desapego. Desapego es el término clave de todas las tradiciones sapienciales. Aprender a vivir es aprender a desapegarse de éxitos y fracasos, de lo logrado y malogrado, de proyectos y protagonismos, de lo ganado y de lo perdido. Del propio ego, en definitiva. 

El Bhagavad Gita (del s. III a.e.c.) es uno de los textos en que mejor se resume la sabiduría hindú, y el más popular y leído. La clave de la liberación, de la paz y de la felicidad, viene a decir, es el desapego. Leemos, por ejemplo, en el capítulo II: 

“Porque la acción, oh Dhananjaya, es muy inferior a la acción desinteresada; busca refugio en la actitud de desapego. Desgraciados son los que buscan el fruto en sus acciones (49).¡Oh Partha! Cuando un hombre pone a un lado todos los anhelos que surgen en la mente y se reconforta solamente en el Atman, entonces es llamado el hombre de sabiduría estable (55). El que no es perturbado por las penas y no anhela las alegrías, el que está libre del apego, miedo e ira, ese es llamado el asceta de sabiduría estable (56). El que no siente apego en ninguna parte, el que no se alegra ni se entristece ya le sobrevenga un bien o un mal, la sabiduría de ese hombre es estable (57)”. 

Y en el capítulo VI: “Para aquel que se ha conquistado a sí mismo y que permanece en perfecta calma, su ser está tranquilo en el frío y en el calor, en el placer y en el dolor, en el honor y en el deshonor (7). El Yogui que está satisfecho con la sabiduría y el conocimiento, firme como una roca, dueño de sus sentidos y para quien un puñado de tierra, una piedra o el oro son lo mismo, él está en posesión del Yoga (8). Es superior el que considera igual al bienhechor, al amigo y al enemigo, al desconocido, al indiferente y al aliado, como también al santo y al pecador (9). Tal como la llama de una lámpara no vacila en un lugar sin viento, así el Yogui con su pensamiento controlado busca la unión con el Atman (19). Tal estado debe ser conocido como el Yoga, la desconexión de toda unión con el dolor. Uno debe practicar este Yoga con resolución firme y fervor inagotable (23)”. 

Quien se hace uno con su verdadero “sí mismo”, su propio ser profundo (eso significa “Yoga” o unión), se desapega o libera de su ego inquieto e infeliz, el ego engañoso con sus éxitos y fracasos, ambiciones y sus miedos, sus filias y fobias. Y quien, desapegándose de todo cuanto no es en verdad, se centra y unifica en su verdadero ser profundo, se realiza plenamente, es feliz. Jesús de Nazaret dijo lo mismo con otra imagen: “Quien quiera salvar su vida la perderá, quien pierda su vida la conservará” (Mt 16,25). Quien se aferra a su ego pierde su ser o su vida. Quien se desapega de su ego gana su ser o su vida. Para aprender a vivir hay que aprender a morir. 

Se dice fácil, me diréis, también lo digo yo. “Ser feliz es muy sencillo, lo difícil es ser sencillo”. Pero no es cuestión de voluntad férrea o de puños. Es cuestión de relajar nuestro afán, dejar que fluya nuestro ser, dejar que todo venga y se vaya, sin rechazarlo ni retenerlo, dejar también que a menudo nos visite el sufrimiento, solo el sufrimiento inevitable, sin someternos ni rebelarnos. La vejez es quizá la edad propicia para el desapego radical y, por lo tanto, para la plena realización de nuestro ser. Es la edad en la que, como el barco que deja el puerto, podemos levar el ancla y partir a alta mar, pues el Océano es nuestro puerto. 

  1. Tiempo de silencio 

Vivimos en la vorágine del ruido. La palabra, las imágenes, los reclamos, los mensajes, la información nos inundan como nunca en la historia de la humanidad. Sabemos más que nunca, pero somos incapaces de discernir y procesar lo que vemos y oímos. Todo cambia sin cesar, sin darnos tiempo ni a mirar o a pensar. Vivimos aturdidos. La aceleración creciente, el primado de la producción, la competitividad de todos contra todos, el torbellino universal –cuya imagen más plástica pueden ser las redes sociales, el tráfico y la bolsa– asfixian la vida de la humanidad y de la naturaleza entera. El ruido interior y exterior nos ahogan. 

La espiritualidad es silencio: no solo ni en primer lugar el silencio físico, sino más aun el silenciamiento del ruido emocional y mental. Y más todavía el silencio profundo del ser, que no es aislamiento, sino muy al contrario, comunión honda con nuestro ser profundo, que es también el ser profundo de todos los seres. En el silencio del ser nos comunicamos a fondo, pues ahí se nos revela la llamada del prójimo con su fragilidad y su belleza. En el silencio, todos los seres se vuelven prójimos. 

Me invito y os invito a sumergirnos en el silencio. La vejez es un tiempo privilegiado para practicar el silencio profundo del ser, a pesar de la vorágine que también nos atrapa. Podemos tomarnos un tiempo para parar y callar. Para escuchar la música silenciosa que emana de todo, en la soledad de la habitación, en los ruidos de la calle o en medio del campo. Podemos tomarnos un tiempo para deshacernos de nuestras prisas, para contemplar con calma, para mirar y querer simplemente, tal vez en silencio, a la gente que pasa, o para meditar o practicar la atención silenciosa, o para conversar tranquilamente, o para escuchar música, o para disfrutar de una fruta o de una galleta o de un café, o para informarnos reposadamente sobre lo que pasa en el mundo con sus mentiras y verdades. 

Eso es espiritualidad. No es cosa de creencias, templos y rezos, sino de adentrarnos a través de los sentidos más allá de los sentidos, en ese silencio originario, primordial y sereno que sustenta todo cuanto es. Y aquella persona a la que un sencillo rezo o el silencio de un templo le ayuden, hará muy bien en servirse de ello. Pero otras prácticas podrán ayudar igualmente a otras personas a sumergirse en el mismo silencio hondo del Ser desnudo o en la misma comunión universal liberadora. 

  1. Tiempo de respiro y de aliento 

En esto se resume todo lo dicho. La vejez es, debería ser y podría ser un tiempo de respiro. Un tiempo de calma, de profunda tranquilidad, de paz. Un tiempo de respiro y aliento. ¿Pero, cuanto más viejos somos, no estamos acaso más cerca de perder el aliento vital, dejando de respirar definitivamente? Yo diría más bien que estamos más cerca de que nuestra respiración se haga una con la respiración universal eterna, más cerca de que nuestro aliento vital se funda con el Aliento Vital en maýuscula que no tiene comienzo ni fin. Miro el cosmos infinito y eterno sostenido por esa misteriosa, profunda y universal energía, respiración, aliento vital. De eso nacimos y en ello nos refundimos como la gota de agua en el mar. 

Y notad que Espiritualidad (derivada de espíritu) y respiro (como inspirar y espirar) tienen una misma raíz: sp, la misma raíz de la que se deriva también espacio. Dicen los lingüistas que la raíz indoeuropea sp significa justamente amplitud, anchura, espaciosidad. 

Pues bien, eso es en el fondo la espiritualidad: espíritu o energía vital, ancho espacio vital. O respiro (inspirar y espirar, recibir y dar aliento vital). Todos necesitamos respirar, hoy más que nunca. Las religiones (con sus credos, códigos y cultos), no son imprescindibles, pero la respiración sí. Cuando la vida se convierte en pura competencia con nosotros mismos y con los demás, cuando vivimos jadeantes y agitados en una loca carrera, cuando han caído los sólidos marcos religiosos y culturales de antaño y perdido las certidumbres confortables, se hace más patente la necesidad de respirar. Necesitamos espiritualidad, con religión o sin religión, pero más allá de la religión. 

Todos necesitamos respiro, aliento vital. Y en la medida en que, con los años, la respiración se va haciendo más corta y estrecha, y nos vamos encontrando con nuestros últimos límites, los viejos más que nadie necesitamos respiro. El respiro profundo o la paz profunda de nuestro ser. 

La vejez es un tiempo propicio para vivir en paz: con nuestro pasado, con nuestros fracasos, con las heridas que hemos sufrido y provocado. En paz con nuestro entorno familiar, en el que más abundantes suelen ser los conflictos enquistados, pequeños o grandes rencores, resentimientos no curados que necesitamos curar para vivir en paz. En paz con el mundo de hoy, a pesar de sus dramas y amenazas. En paz con la naturaleza, de la que nos comportamos como enemigos. 

El Dao De Jing, texto referencial de la sabiduría taoísta, atribuido al legendario Laozi, enseña desde hace más de 2000 años: 

La persona buena no gusta de discutir, 
quien gusta de discutir no es persona buena. 

El sabio no es erudito, 
el erudito no es sabio. 

El sabio no atesora: cuanto más hace por los demás, 
tanto más posee; 
cuanto más da, tanto más pleno es. 

He ahí el Camino del Cielo: 
hacer bien y no hacer daño. 
He ahí el Camino del Sabio: 
hacer lo que ha de hacer y no competir (cap. 81, fin del libro

Reflexión cristiana sobre la ancianidad. 

Todos sabemos que el tiempo se encarga de nuestro camino en esta vida. Nada le escapa y nos deja con la incerdumbre de la mañana. 

Con eso tenemos que andar con fe y esperanza, aguantando lo malo que nos toca y celebrando lo bonito que nos llega 

Por | José Mª Díez-Alegría. 

José Mª Díez Alegría

Tengo 84 años, 7 meses y 15 días cuando empiezo a escribir estas líneas, en la tarde del 6 de Junio de 1996.Voy a reflexionar de manera autobiográfica, hablando de mí propia experiencia, pero abierto a la experiencia de los demás. Soy un privilegiado, porque hasta ahora, tengo buena salud física y mental y me dedico a leer, conversar y orar, como hacía en mí juventud y en la madurez. Soy creyente en Dios dentro de la tradición cristiana (pertenezco a la iglesia católica romana)y trato de seguir a Jesús de Nazaret, en quien creo. Naturalmente mi reflexión sobre la vejez, desde mi experiencia de anciano, está penetrada por mi vida de fe, pero se mantiene abierta al diálogo y comunicación con otras experiencias que partan de otros presupuestos vitales. Y, naturalmente, tendrán elementos comunes, porque soy ante todo un ser humano, un animal pensante, con una forma de vida biológica que se extiende inexorablemente del nacimiento a la muerte, y que pasa sucesivamente (si no se detiene en una de ellas)por las etapas de infancia, niñez, adolescencia, juventud, madurez, senectud y, al final, decrepitud.  

           Yo estoy en la senectud, pero, hoy por hoy, no en la decrepitud,  y  deseo que se interrumpa mi curso vital en la vejez antes de conocer la decadencia senil extrema. Pero estoy dispuesto a afrontar lo que Dios Padre (otros dirán el “destino”)me tiene reservado. Por eso no me angustio por la posibilidad de llegar a una situación de extrema  degradación  psicofísica.   

Me atengo al evangélico “no os preocupéis del mañana, que el mañana se ocupará de sí. A cada día le basta su problema”  (Mt.  6, 34).  Desde luego,  detesto la posibilidad de ser sometido al   llamado “encarnizamiento terapéutico”, para prolongar in extremis una vida que ya no da de sí. Deseo, por supuesto, que llegado el caso se me aplique la llamada “eutanasia pasiva”, y, dado que el confín entre ésta y la ‘activa’ no es siempre muy nítido, me gustaría que la “eutanasia pasiva” fuese entendía por lo que a mi toca con la mayor amplitud posible.  

Cuando pienso en mí dilatada vejez, se me vienen a la mente las primeras estrofas de un admirable poema de Rubén Darío, escrito durante su estancia en la isla de Mallorca:  

Aquí, junto al mar latino,  

digo la verdad:  

siento en roca, aceite y vino,  

yo mi antigüedad.  

¡Oh qué anciano soy, Dios santo;  

¡Oh, que anciano soy!…  

¿De dónde viene mi canto?  

Y yo, ¿adónde voy?.  

Desde la vejez, es justo contemplar nuestra propia vida, pero contemplarla también incardinada en la historia y en el flujo de la humanidad, de la que somos una gota minúscula en el gran río misterioso que avanza sin tregua. Misterio de la existencia y drama de la especie en que estamos entroncados. Lo que yo he hecho en mi vida ha tenido proporciones muy modestas, pero me parece que ha habido algunas  cosas de que puedo alegrarme. Y tengo la sensación de que el balance resulta positivo, dada la limitación de mis facultades y, sobre todo de mis virtudes morales y de mi capacidad de salir de mí en alas de un amor verdadero y gratuito. Como creyente, siento que el Padre (misterio insondable)me ha llevado paciente y misericordiosamente).   

Nunca me he sentido bocado a ser un héroe o un superhombre, ni como ser humano ni como cristiano salvado por el Señor Jesús. Me resulta profundamente mío el Salmo 131 de la Biblia: Señor, mi corazón no es altanero ni mis ojos soberbios.                                                                                                

‘No pretendo grandezas que superan mí capacidad,   

sino que mantengo mi alma quieta en mí,  

como un niño en brazos de su madre.  

Como un niño pequeño en brazos de su madre  

está mi alma en mí.  

            Espere Israel en el Señor, ahora y por siempre.   

Sí esto ha sido así durante toda mi vida, creo que, al llegar a la ancianidad, estoy todavía más en la hora de la modestia, de la comprensión, de la benevolencia, del humor tolerante de una ironía suave, sin amargura y con un cariño afectuoso. Pero es también tiempo de plegaria y de una humilde contemplación religiosa, que se haga eco de los dolores pesares de todas y de todos, en especial de los pequeños, de los sencillos, de los humildes, de los pobres. Aunque sin excluir a los poderosos, a los grandes, a los conquistadores, a los competitivos. A éstos les tengo una respetuosa  conmiseración, porque confieso—como lo hacía en su tiempo John Stuart Mill—que no me encanta el ideal de vida mantenido por quienes piensan que el estado normal de los seres humanos es el de la lucha por medrar; que atropellarse, estrujarse y pisarse los talones unos a otros, que es lo que caracteriza la forma actual de vida social, constituye el estado más deseable para los seres humanos. A ellos los encomiendo a la piedad del Padre de las lumbres, en quien no hay cambio ni sombra de vicisitud. (Me gusta mucho esa expresión de la carta de Santiago).   

Decía el cardenal Newman que para prepararse a la oración hay que leer la Biblia el periódico. Esto hago yo asiduamente. Le hablo a Dios de los hombres y de mí mismo. En mi corazón escucho el silencio del Padre, como un rumor callado de esperanza. Es  (en un plano modestísimo) algo de lo que expresaba de sí San Juan de la Cruz:    

En la noche dichosa,  

en secreto, que nadie me veía,  

ni yo miraba cosa,  

sin otra luz ni guía  

sino la que en el corazón ardía.   

La senectud. para ser vívida con paz, requiere paciencia. Actualmente mucha gente se rebela contra el dolor y no ve sentido alguno al sufrimiento. Probablemente es una reacción comprensible frente al masoquismo del que tanto se abusó en la tradición ascética-cristiana. Pero es una infantilidad, porque cierto margen de padecimiento pertenece a la condición humana en este mundo. San Pablo decía que “la tribulación engendra la paciencia, la paciencia virtud probada; la virtud probada esperanza”(Rom.  5,3-4). Un ser humano que no sabe lo que es sufrir, no es persona cabal. Esto no quiere decir que no debamos esforzarnos por mitigar y suprimir el dolor (en los demás y en nosotros) cuanto podamos. Pero asumiendo valerosamente con amor y con fe, como Jesús, la cuota de dolor que nos toque en suerte, incluso con un cierto sentimiento de solidaridad con todo el dolor de la humanidad. Encuentro muy significativa (aunque no sea universalizable) la actitud de Simone Weil, que muere tuberculosa en Londres por falta de alimentación, porque no quiso consumir mayores cantidades que las que sus compatriotas recibían como ración en la Francia ocupada por los nazis.               

Dos anotaciones para terminar. Una sobre el dolor y otra sobre la muerte.   

Respecto a la muerte, yo, a mis años la veo venir, igual que San Francisco de Asís, como a una “hermana”. Quizá el horror a la muerte y el no querer mirarla de frente, incluso en la vejez, venga del abuso de terrores infernales que nos metieron desde la infancia y que podemos ten erados en el inconsciente. Pero la muerte para el anciano tiene un cariz amable, incluso como descanso. Lo expresa muy bellamente el poeta Manuel Machado:    

-Hijo, para descansar  

es necesario dormir,  

no pensar,  

no sentir,  

no soñar.  

-Madre, para descansar,  

morir.  

Para mí, que soy cristiano, la muerte es sobre todo apertura al misterio de Dios. El Salmo 17 lo expresa en un verso estupendo: ” Yo,  al despertarme me saciaré de tu semblante”.   

Tal vez un amigo agnóstico piensa (e incluso acepta con serenidad admirable)que al morir va a la Nada. Yo espero que, para él y para mí, esa Nada resultará ser el Todo, el Amor inefable. Según Nicolás de Cusa, de Dios no se puede decir ni que es, ni que no es, ni que es y no es. De modo que para nosotros la última palabra es el silencio. Pero tengo la firme confianza de que al final el Padre de Jesús pronunciará la palabra arcana que no le dijo a Job. 

Un nuevo modelo de atención a las residencias

Más de cien residencias en España implementarán un nuevo modelo de atención emocional, social y espiritual al final de la vida 

El Programa ya se desarrolla en 113 residencias de toda España. 

Existen altos niveles de vulnerabilidad y morbilidad de las personas que viven en residencias, y son cada vez más las necesidades psicosociales y espirituales que con frecuencia no pueden ser atendidas 

Propiciar una atención integral basada en atender las necesidades emocionales, sociales y espirituales de la persona y su entorno, y apoyar a los profesionales que la acompañan 

Actualmente el Programa ya se desarrolla en 113 residencias de toda España, habiendo atendido 2.761 personas: 1.722 residentes y 1.039 familiares 

Fundación «la Caixa» – Según el Informe Envejecimiento en Red de 2019 del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), 400.000 personas de edades medias de 80 años, dependientes o en situación de vulnerabilidad, viven en las más de 5.000 residencias que existen en España. Se trata de una población especialmente vulnerable con una elevada morbilidad y mortalidad: más del 80% sufren condiciones crónicas complejas y avanzadas; hasta un 60% padecen demencia, y existe una alta prevalencia de necesidades psicosociales y espirituales difícilmente atendidas. Se contemplan también, otros condicionantes relacionados con la soledad y la pobreza, que se han puesto de relieve sobre todo a partir del confinamiento y la situación pandémica. 

Ante esta realidad, la Fundación “la Caixa” ha ampliado y extendido su Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas a residencias de personas mayores, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas que se encuentran en un proceso de enfermedad avanzada y a sus familiares. Actualmente el Programa ya se desarrolla en 113 residencias de toda España. 

El subdirector general de la Fundación “la Caixa”, Marc Simón, comparte que “hoy es más necesario que nunca un modelo de atención centrado en la persona y que proporcione soporte a los residentes y a sus familiares, así como a los profesionales y organizaciones”. 

El Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación ”la Caixa” nació en 2009 como un modelo pionero en la atención emocional, social y espiritual en los cuidados paliativos y procesos de final de vida y duelo. Hasta el momento lo desarrollan 44 EAPS (Equipos de Atención Psicosocial) que pertenecen a entidades sociales y sociosanitarias de reconocido prestigio en sus respectivas comunidades autónomas. Dichos EAPS están formados por más de 230 psicólogos/as, trabajadores/as sociales, enfermeros/as, médicos, agentes pastorales, y más de 1.000 personas voluntarias y actúan en 132 hospitales de toda España y 133 unidades de apoyo domiciliario. Desde sus inicios, el Programa ha llegado a atender 209.499 pacientes y 301.722 familiares, habiendo superado recientemente las 500.0000 personas atendidas. 

Atención emocional, social y espiritual en residencias 

El modelo de actuación del Programa, enmarcado en la Estrategia de Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud, proporciona una atención cálida y personalizada que complementa la labor que las unidades de cuidados paliativos realizan en hospitales, domicilios y centros sociosanitarios. Su finalidad es alcanzar una atención integral basada en atender las necesidades emocionales, sociales y espirituales de la persona y su entorno, y apoyar a los profesionales que la acompañan. 

Por el momento, la extensión del Programa a las residencias se está llevando a cabo en 30 EAPS de todo el territorio español, con la incorporación de un psicólogo más en el equipo, dedicado exclusivamente a la atención en la residencia. Se contempla que antes de final de año se activen ocho EAPS más. 
Desde que el Programa empezó este nuevo recorrido hace unos meses, ya han sido atendidas 2.761 personas: 1.722 residentes y 1.039 familiares. 

El residente es atendido, de forma individual o grupal, basadas en la escucha activa y la empatía; la expresión de emociones y sentimientos; el acompañamiento en su sentir espiritual; la adaptación progresiva a la enfermedad, y el valorar un acompañamiento voluntario al final de la vida. 
La atención a los familiares abarca el apoyo que necesitan para poder atender a sus seres queridos, y el acompañamiento, la prevención y el tratamiento del duelo. 

La atención a los profesionales de las residencias también es un factor clave para el bienestar de los residentes y sus familiares. En este sentido, el Programa facilita apoyo en situaciones de burnout, ansiedad y malestar; espacios para expresar y reflexionar sobre casos especialmente complejos; aportación de técnicas y recursos en las distintas áreas de atención: soledad, final de vida y duelo. 
El Programa también pone a disposición formaciones a profesionales, voluntarios y familiares, en las que se aportan contenidos, actuaciones y metodología. 

La vida en las Residencias tras la vacuna

La vida en las residencias tras la vacuna: “Ahora, si me tocan, ya no tengo miedo. He vuelto a relacionarme”
Los mayores recuperan sus planes a corto plazo tras recibir la inmunización, que ha rebajado la tensión en los centros
Por MARÍA SOSA TROYA
A veces se le olvidan las cosas, los nombres, pero no esa fecha: imposible. “Era el viernes 13 de marzo, yo estaba en la puerta del comedor y me dijeron que volviera inmediatamente a mi habitación”. De allí no salió en meses. Antonia Ramírez, 92 años, tiene marcado en el calendario el primer día de encierro en la residencia privada donde vive desde hace casi nueve años. Es la más veterana en el centro Ballesol 60, en Pozuelo de Alarcón, en Madrid. Está sentada al lado del carrito que porta una bombona de oxígeno a la que está conectada a causa de su enfermedad respiratoria. No usó las instalaciones comunes todo este tiempo por miedo. Ay, si ella, con lo que tiene, pillaba la covid. Y así estuvo hasta que se vacunó. “Se conoce que el cuerpo cogió un poco más de fuerza. Por la mañana no responde, pero por la tarde me voy atreviendo a bajar”, cuenta frente a un pañuelo que ha adornado ella misma en el taller de pintura. Seguir leyendo

¿Es válido el modelo actual de las residencias?

Por Javier Martínez Andrade
Una de las situaciones más dramáticas que estamos viviendo en esta época de crisis del covid es la que se está produciendo en los Centros Residenciales de Personas Mayores. Una Residencia es un sustituto del hogar. No es un Hospital para personas mayores. No tiene la estructura, ni los recursos ni el personal de un Centro Sanitario y no debe tenerlos, sino estaríamos hablando de un Hospital Geriátrico.
Es y debe ser su casa, es mas deberíamos dejar de Residencias y/o Centros Residenciales y utilizar otra terminología como Alojamientos para Personas Mayores, Unidades de Convivencia,…… Cuando no es posible continuar viviendo en su casa, por lo que precisa apoyos a su déficit de autocuidados, la mal llamada Residencia pretende y debería ser su equivalente, en todos los aspectos.
Hace algunos años, la mayoría de las y los residentes (mal, no residen, viven allí) tenían un buen nivel de autonomía personal, especialmente en el desarrollo de las AVBD y en su situación de salud. En Asturias la esperanza de vida se ha incrementado notablemente. Somos un Territorio especialmente envejecido, en el cual las estructuras de apoyo familiar que existían en la época de nuestros abuelos, ya no están. Las y los usuarios de Recursos de Alojamiento son cada vez más mayores, con mayor déficit de autocuidados, con más problemas de salud asociados y, por tanto, requieren otro tipo de cuidados, cuidados en todos los ámbitos no sólo en el aspecto físico, sino emocional, social y espiritual, no me refiero a la acepción religiosa.
La eclosión del covid ha acentuado el problema. Un espacio con alta densidad de gente frágil, escasa separación entre personas y muchos espacios y superficies comunes, es un espacio potencialmente ideal para la transmisión y favorecer las medidas de confinamiento en las propias Residencias y restrictivas en consecuencia para las visitas.
¿Cómo podemos proteger a las personas mayores que viven en una Residencia de las actuales? No es nada fácil. Utilizando el simil del Castillo, la residencia es como un Castillo. Una vez garantizado, por ejemplo, mediante tests, que las y los residentes y el personal, en aquel momento concreto, no son positivos, la infección solo puede venir de fuera. Aunque restrinjamos o prohibamos las visitas y las salidas. El personal sale cada día y va a su casa. Entra personal de mantenimiento o similares. Toda esta gente, familiares y visitantes cuando ha podido ver a los residentes, o cuando estos salen a consultas médicas al Centro de Salud u Hospital, a veces van acompañados de sus familiares, es decilr, por seguir con el simil, salen del castillo pero sin armadura. Y si entra el virus, los residentes, frágiles, con muchas zonas comunes, con interrelación constante, son dianas fáciles. ¿Qué podemos hacer?
No tenemos demasiadas herramientas. No hay vacunas. Distanciamiento, difícil. Uso de mascarillas, complicado. Estamos hablando de personas mayores, muy mayores y frágiles, muy frágiles, que no siempre están en condición de entender y cumplir determinadas medidas. Ventilación. Cribas, sí, pero desengañémonos. Una PCR o test de antígenos no es más que una fotografía de un momento concreto. Podemos estar incubando o ser negativos o infectarnos después del test. Es útil, claro, pero sirve para lo que sirve. No es una garantía absoluta. Limitación de contactos externos, sí, pero no solo son dependientes físicamente, sino también emocionalmente. Y romper el contacto con su familia y/o amistades puede significar un daño irreparable, los salvaremos del Covid, pero no de problemas emocionales y problemas de salud mental irreparables.
Debemos repensar el modelo residencial:
Nos hacen falta estructuras arquitectónicas diferentes, con calidad y calidez, que favorezcan el sentimiento de “Hogar” de “Casa” y que posibiliten el aislamiento cuando sea necesario, pero no de todo el Centro Resdiencial.
Nos hace falta un nuevo Marco Conceptual en las Políticas y Servicios para Mayores, pasar del modelo asistencial a los Cuidados Centrados en la Persona unido al Modelo Orem.
Nos hacen falta más profesionales y otro perfil de profesionalesl, más formado y estable.
Nos hace falta ser capaces de hacer una detección y una respuesta precoz y enérgica de las necesidades de cuidados de las personas mayores. La sociedad ha cambiado y sus necesidades también.
Es necesario, es más es u Derecho hacer participes a las personas mayores en el funcionamiento del Servicio de Alojamiento, en el día a día, no dárselo todo hecho, decidido.
Las actuales Residencias, que forman parte de nuestro entramado social, tienen que cambiar y ese cambio no puedes ser solo promesa del Gobierno de turno en esta época de crisis, promesa que quedarán en el saco de las incumplidas o como decía un Consejero de las no factibles