Cristo Rey: Que hoy empiece tu paraíso (Lc 23, 35-43)

Termina el año litúrgico 2022. Hemos caminado con Lucas, hoy nos despide con palabras de Jesús crucificado al “buen” ladrón, que le pedía ayuda: ¡Hoy estarás conmigo en el paraíso!  Yo quiero ser tu paraíso, tú puede ser paraíso para otros.

Nunca palabras mejor dichas:  Conmigo en el paraíso! Hoy, no mañana, ni pasado mañana. Yo quiero ser tu paraíso,  tú puedes ser el de todos, si escuchamos la respuesta del crucificado que nos dice:  Hoy estarás conmigo en el paraíso.

  Estas palabras son el testamento de un moribundo que vive. Será bueno escucharlas, siguiendo el ritmo entero de este pasaje de Lc 23, 35-43. Estas palabras son toda la «política» de Cristo-Rey con el «ladrón» del paraíso.

Por| X. Pikaza

Cada evangelista ha contado la muerte de Jesús y su promesa de Reino desde su perspectiva: Marcos es más dramático, Mateo más trágico, Juan más teológico.

‒ Marcos y Mateo destacan el carácter abismal de la muerte del Cristo, que acaba su vida gritando: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?  Lucas y Juan describen la muerte de Jesús como catequesis, mostrando que Cristo reina ya desde la Cruz (Juan) o que nos lleva por ella al paraíso, esto es, a la humanidad reconciliada.

Lucas sitúa ante la cruz de Jesús a diversos personajes, ofreciendo una durísima y clara “radiografía” de la humanidad (de entonces y de hoy), donde unos son infierno para otros, y todos matan a Jesús, el justo.

En un sentido no hay salida.  Pero hay un bandido que pide a Jesús “acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”, y Jesús le responde “hoy estarás conmigo en el paraíso. Del reino que buscaba el bandido al paraíso que le ofrece Jesús transcurre toda la historia del mundo Hoy   puede empezar nuestro paraíso. Buen domingo a todos.

 Lc 23, 35-43. Un evangelio en seis momentos:

(Autoridades). En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

(Soldados). Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»

(Sentencia oficial). Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos.

(Un malhechor) Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

 (Otro malhechor). Pero el otro lo increpaba: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues en tu reino. 6. (Paraíso) Jesús le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

1. Autoridades, sacerdotes: En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

El texto les llama “arkhontes”, los que tienen la “arkhe”, un principado religioso y social, la primacía. Son por su contexto y su palabra los grandes sacerdotes que han condenado a Jesús, responsables religiosos y morales de su asesinato.

Conforme a una visión teológica y simbólica normal de aquel momento, estos “arkhontes malos” son ángeles perversos, rectores del orden religioso manipulado por el Diablo, delegados y representantes del Diablo, no de Dios, como puso de relieve

J. Ratzinger en un trabajo titulado: Die Einheit der Nationen, La Unidad de las naciones (Obras completas II, BAC, 2014). Los (estos) sacerdotes son ángeles perversos, sufren una patología religiosa, son dominadores de la religión para su servicio (servicio del Diablo, la opresión de los hombres).Ellos se arrogan la autoridad oficial para decir quién es el Mesías de Dios, el Elegido… y deciden que Jesús no lo es, porque se deja matar en vez de “salvarse” a sí mismo.

En el fondo, estos sacerdotes piensan que el elegido de Dios tiene ser un “egoísta”, alguien que se salva a sí mismo, siendo capaces de matar a otros para salvarse ellos mismos.  Son profesionales de violencia, sacrificadores, manipuladores de Dios. Quieren vencer siempre, mantenerse por arriba: su Cristo es la victoria propia, y de esa forman vencen ellos, matando al Cristo de Dios.

 Se creen superiores y, por eso, se ríen de los derrotados y vencidos. De esa forma  muestran su maldad y su miseria. Piden al Cristo que demuestre su fuerza cuando están muriendo, son, arkhontes del diablo, perversión suprema de la humanidad. ¡Si es Mesías que se salve…! ¡Si es el Mesías que triunfe, que les mate…! Para ellos no hay más mesías que el triunfo sobre otros.

2. Los soldados se burlan también.  No tienen más verdad que la violencia. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Son “stratiôtai”, estrategas de la violencia oficial del imperio, que quiere dominar sobre la tierra con armas, representantes del poder militar, unidos a los “arkhontes” de la religión y así dice a Jesús moribundo :“si eres Rey de los judíos … Para ellos, ser rey es vencer en la guerra, no dejarse matar nunca, matar a otros para vivir ellos mismos.  Estos  stratiotai, soldados, hablan de un “rey de los judíos”. Ellos están al servicio del César, que es rey de Roma, no aceptan otros reyes, por eso les han encargado que maten a éste y lo hacen…

Pero tienen cierta compasión y, en medio de la burla, le ofrecen “vinagre” para calmar su sed (y quizá para adormecerle, aunque no es claro). Es evidente que estos ellos ejercen violencia,  pero una violencia que no nace de ellos, sino de los arkhontes. Es como si el poder militar estuviera al servicio de la religión, es decir, de una ideología falsa… Ellos son unos pagados: hacen lo que les manda; son unos “mercenarios”, entrenados para  matar y de esa forma matan.

3. Sentencia oficial: Rey de los judíos. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos. Era un letrero mentiroso, siendo verdadero.

Arkhontes y soldados… pueden burlarse de Jesús, a su manera… Pero alguien ha mandado poner un letrero. Tiene que ser el Gobernador Romano, que ha condenado a Jesús porque no puede haber frente a Roma o contra Romo un “Rey de los Judíos”. Ser rey de los judíos es un delito, no hace falta más para matarle.

Le han condenado por “política”, porque piensan que no acata el Reino del César, diciendo que se ha hecho mesías de Dios, pero Poncio Pilatos, como jurista romano, no puede poner en la sentencia: ¡Condenado por hacerse Mesías de Dios,  sino decir que es “rey de los judío”, porque eso sí es delito, sedición y terrorismo: Querer hacerse rey habiendo un emperador romano sobre todos.

 No hay más que un rey (Basileus), el emperador romano, porque así lo decide la ley que ellos, juristas y soldados romanos, han impuesto. Ésta es la sedición, la maldad y el delito: hacerse “cristo rey”, simplemente en amor (en nombre de Dios), habiendo por encima un rey/emperador romano impuesto por las armas y los juristas del imperio.Éste es el día de Cristo Rey… Un rey que reina dejándose matar, para no matar a otros, un rey que reina abriendo un camino de fidelidad humana que culmina en el paraíso.

4. «Malhechor» 1º: voz de la violencia: ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

Los “ladrones” que acompañan a Jesús eran “lestai” (Mc 15, 37),  luchadores patriotas,  que no tienen mas delito de buscar la independencia de Israel (celotas). Evidentemente, conforme a la ideología de juristas y soldados romanos no se les puede llamar  patriotas (lestai, celotas), sino que se les llama despectivamente kak-ourgoi o malvados (es decir, hacedores de mal, de algo que es kakos).  Estos malhechores no son simples cuatreros, bandoleros o carteristas de tercera fila, sino “terroristas” políticos de primer orden de maldad, quizá simpatizantes de Jesús a quien tomaron en principio  también como terroristas. Muchos Padres de la Iglesia han  interpretado en este contexto la diferencia entre un bandido y un rey: ¿Quién es un bandido? Un pretendiente real que no ha triunfado. ¿Quien es un emperador? Un bandido que ha triunfado.

Pues bien, este malhechor  primero pide ayuda a Jesús para seguir haciendo el mal, es decir, para bajar de la cruz, escapar corriendo y tirarse nuevamente al monte (al monte de su política contraria a Roma). Quiere que Jesús le ayude, porque piensa que en el fondo es de los suyos

Tendríamos así al Jesús rey de bandidos, en la línea de muchas representaciones del Cristo Rey, que más que rey evangélico parece rey político. Cuentan que, al escuchar el evangelio, leyendo este pasaje, un rey famoso bandido, el Beato Carlomagno, gritaba: ¡Soldados francos! ¿Qué habríamos hecho nosotros de haber estado allí? Y todos los francos debían responder a coro: ¡Habríamos bajado a Jesús de la Cruz, para hacerle nuestro rey!

 Lo que dice ese relato de Carlomagno es lo que quiere  este  kakurgo, para compartir con Jesús el Reino de los Bandidos, para dominar de esa manera la ancha tierra, como había ya intentado el Diablo de Lc 4, cuando prometía hacer rey a Jesús, si le adoraba (si adoraba el poder). Pero Jesús no bajo de la cruz… ni se hubiera dejado bajar por Carlomagno.

5. «Malhechor» 2º: Del reino contra Roma al paraíso de Dios. Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.Pero el otro lo increpaba: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues en tu reino.

El evangelio no dice que este “malhechor” sea peor que los arkhontes/sacerdotes, los soldados y Pilatos… (con el ladrón malo). El evangelio no hace comparaciones.

Cada uno tendrá que reconocer su “verdad” …Implícitamente, el evangelio supone que este “bandido” lleva en sí el mismo pecado que todos los anteriores… Pero lo reconoce y pide la ayuda de Jesús. Según eso, este kakourgos reconoce la verdad, y está dispuesto a empezar, con Jesús… “cuando Jesús llegue en su Reino”. Muchas traducciones dicen “cuando estés en tu Reino, como si es Reino existiera ya, y fuera un cielo-celeste… y Jesús entrare en ese Reino, que ya existía, fuera de este mundo. Pero el texto dice “cuando llegues en tê basileia sou”, es decir, cuando surja en este mundo un reino que no sea del César de turno, sino de Dios.

Este “malhechor” envuelto en luchas entre Roma (el reino grande) y Jerusalén (el pequeño)… está dispuesto a sumarse al Reino que viene…, al Reino que Jesús ha venido preparando… No quiere bajar de la cruz para seguir haciendo lo que hacía, como el otro mal-hechor, sino sumarse a Jesús, precisamente ahora, cuando le ve en la cruz… Él reconoce a Jesús como Rey en la cruz, pero rey de un paraíso de humanidad reconciliada en Dios y por Dios

6. Jesús. Hoy estarás conmigo en mi cielo. Le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

 Esta respuesta recoge y condensa todo lo anterior. Jesús se presenta  como “Rey”, autoridad suprema, en la Cruz… Pero no para bajar y matar a sus enemigos, encabezando un reino de bandidos romanos o judíos, sino para prometer “hoy” estarás conmigo el “paraíso”. Hay un paraíso de Dios cuando unos hombres mueren por otros, les ofrecen vida viviendo por ellos.  Como he dicho al principio, el paraíso eres tú para los otros, son los otros para ti, en un camino de Cruz (morir con y para los demás) que es amor de Dios, paraíso eterno.  Hombres y mujeres de la bondad de Dios resucitan en el momento de la muerte.

Para el bandido que pide ayuda a Jesús, para  Jesús que acepta la muerte por y para ayudar a los demás, el paraíso empieza hoy mismo. No vendrá más tarde, no será mañana, es hoy mismo, la vida en amor, compartida entre todos. Eso significa que Jesús resucita “hoy”, en el mismo momento de su entrega y de su muerte (sin esperar un tercer día que vendrá después, sin necesidad de tumba abierta y una desaparición del cadáver). El mismo Jesús en la cruz por los demás es la resurrección (yo soy la resurrección y la vida, ha dicho a Lázaro muerto (Jn 11), pudriéndose lleno de olores en la tumba.

Jesús dice “hoy estarás/estás conmigo en el paraíso. Eso significa que Jesús mismo es paraíso  para este  “bandido” que le ha pedido : Acuérdate de mí cuando estés en tu “reino”… Si Jesús es paraíso, con él y como él podemos ser paraíso todos, viviendo en amor (amor es paraíso) los unos en los otros para los otros. No hace falta esperar al mañana o al pasado mañana del tercer día. Hoy mismo es paraíso.