37º ANIVERSARIO DE LAURA LOPEZ

      A Laura López

Yo canto a Laura López

Verdadera mujer nueva

Y de moldes rompedora.

El treinta y tres aniversario

Del veinticuatro de abril

Fue vilmente asesinada

Junto con el pueblo pobre

En las faldas del Guazapa

Del pais El Salvador

Como catequista y pastora

De la iglesia popular

Cristiana comprometida

Y guerrillera valiente

Rompedora de otros moldes

Que adelantan formas nuevas

De la mujer en la Iglesia

Compañera “LauraLópez”                 ¡ Presente ¡

La compañera Felipa Durán era originaria del pueblo de Guazapa. La madre de tres hembras y dos varones quedó viuda durante la guerra, cuando los Cuerpos Represivos asesinaron a su compañero de vida Manuel Hernández.

Fue catequista en El Paisnal en estrecha colaboración con el padre Rutilio Grande. Por su compromiso social como Coordinadora Nacional de la Iglesia Popular CONIP fue buscada por el enemigo y adoptó el seudónimo de “Laura López”. Guindeaba por todo el Cerro de Guazapa con las masas perseguidas quienes cariñosamente la llamábamos “Mama Laura”. Fue alegre, chistosa y no se dejó agobiar ni por los bombardeos ni por los problemas diarios.

 

La catequista Laura
La catequista Laura

 Ella será nuestro ejemplo

De verdadera mujer

Y de moldes rompedora

Primicia de Iglesia nueva

Donde la mujer tendrá

El puesto que corresponde.

Que junto con su marido siendo los dos catequistas

Deciden comprometerse

Para liberar al pueblo

con la lucha guerrillera.

Daniel S. Barbero

 

Laura “solía decir : “Si nos matan, que sea por algo, que no nos maten sólo por gusto; y tampoco nos vamos a dejar.”

“Laura” aprovechó cualquier espacio para organizar reflexiones bíblicas a la luz de la Teología de Liberación y promovió nuestro trabajo solidario, andando siempre delante con su ejemplo.

A sus 38 años de edad, el 23 de abril de 1985 durante un operativo militar  de la Fuerza Armada en nuestra zona los soldados de la dictadura la balearon en un cañal de la comunidad Valle Verde del municipio de Suchitoto.

Los cobardes remataron a la ejemplar luchadora con un tiro de gracia. “Laura López” sigue viva en el recuerdo de muchos pobladores de nuestra región, donde la comunidad Laura López lleva su nombre.

“Que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin haber hecho lo suficiente.”    Victor Heredia

Comités Mons. Romero visitan El Salvador

Fiesta en el Hospital de Campaña de Santa Anna por la beatificación de Rutilio Grande

Fiesta en el Hospital de Campaña de Santa Anna por la beatificación de Rutilio Grande
Fiesta en el Hospital de Campaña de Santa Anna por la beatificación de Rutilio Grande

Un puente con la «Comunidad Segundo Montes» y la Asociación Acobamor de El Salvador

| Eusebi Argueta, presidente COR Barcelona

IMG-20220327-WA0036

Hace cuarenta años que se crearon los Comités Óscar Romero en Cataluña, con el fin de difundir el legado del Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez asesinado el 24 de marzo de 1980 por los escuadrones de la muerte en El Salvador. Año tras año recordamos el martirio de San Romero de América, con el fin de que nunca más se produzcan muertes de personas y que el diálogo se implemente en todos los conflictos que puedan surgir.

Los Comités Óscar Romero desde su origen han trabajado con la espiritualidad de monseñor Romero y con el objetivo de estar con las personas que luchan por la dignidad, por la cultura y por la liberación. Todos los Comités colaboramos en proyectos que fomenten la organización popular y que se conviertan en sostenibles en tierras de Centroamérica.

Para nosotros es muy importante Rutilio Grande, sacerdote jesuita (s.j.), ya que su martirio acabó de abrir los ojos de Monseñor Óscar Romero quien a partir de entonces decidió denunciar numerosas violaciones de los derechos humanos, se solidarizó con las víctimas de violencia política y estuvo junto a los más pobres.

Con el fin de conocer la realidad de El Salvador una delegación de los Comités Óscar Romero del estado español asistimos el 22 de enero de 2022 a la beatificación del sacerdote Jesuita Rutilio Grande. Rutilio Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto a dos feligreses de las comunidades de las que era rector, Manuel Solórzano y Nelson Lemus cuando se dirigían a la población de El Paisnal para oficiar la Eucaristía, así como el fraile Franciscano Cosme Spessoto asesinado en El Salvador el 14 de Junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la Eucaristía.

La Delegación de los comités Òscar Romero del Estado español estuvo formada por siete personas, provenientes de los Comités de Murcia, Zaragoza, Torrelavega, Tarragona, Terrassa y Barcelona.

La beatificación fue presidida por el Cardenal de San Salvador Monseñor Gregorio Rosa Chávez, nombrado expresamente por el papa Francisco para oficiar esta celebración. Se ofició la misa al aire libre en la plaza de El Salvador del mundo de la ciudad de San Salvador y asistimos gran cantidad de personas de El Salvador y de todo el mundo. Había gente de todas las edades y, sobre todo, muchos jóvenes asistieron a la celebración, gran cantidad de ellos eran voluntarios que con su amabilidad nos orientaron por la gran plaza.

Durante nuestra estancia nos han acompañado y guiado personas de la Asociación de Comunidades de Base Monseñor Romero (ACOBAMOR), que trabajan en las Comunidades eclesiales de Base los ámbitos, de los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores.

Estos doce días en El Salvador hicimos inmersión en la realidad de país, para visitar las Comunidades Eclesiales de Base del distrito de la Libertad en Santa Tecla, junto a San Salvador. Visitamos las comunidades de base de El Limón y la Florida, pertenecientes a la asociación Acobamor. También visitamos en Morazán a 200 km de San Salvador “La Comunidad Segundo Montes” (jesuita asesinado en 1989 junto con el jesuita Ignacio Ellacuria y otras personas en la sede de la Universidad Centro Americana, UCA). En todas estas comunidades había una profunda religiosidad y compartimos tanto la estancia como la palabra de Dios.

También visitamos diferentes monumentos martiriales en honor a las personas masacradas en los conflictos armados en El Salvador. Estuvimos reunidos con el Responsable de la comisión de Derechos Humanos de El Salvador.

Junto a adultos mayores de la Comunidad Eclesial de base de los Jardines de Colón visitamos el lugar donde fue asesinado Rutilio Grande y los dos laicos quienes nos aportaron su testimonio de todo los vivido en esos trágicos días, así como durante el conflicto armado.

Después de este viaje y desde los Comités Óscar Romero de Terrassa y de Barcelona hemos incrementado nuestra solidaridad con la asociación Acobamor y seguiremos apoyando su proyecto “Soberanía alimentaria, caminando hacía una economía solidaria del bien común” que tiene como objetivos:

  1. Lograr la autosuficiencia alimentaria a través de la producción de una alimentación nutritiva y diversificada utilizando técnicas agroecológicas.
  2. Fortalecer la capacidad organizativa para la generación de ingresos desde la producción agrícola y creación de iniciativas económicas solidarias.

Cabe destacar que estas comunidades beneficiarias vienen de un proceso histórico, de base con más de 30 años de camino potenciando su capacidad organizativa para la incidencia social.

También apoyaremos a la “Comunidad Eclesial Segundo Montes” en su proyecto «Prevención de las violencias desde una perspectiva feminista y comunitaria en Morazán”.

Este proyecto se plantea generar estrategias y sinergias para la prevención de las violencias fundamentadas en el empoderamiento comunitario y en la perspectiva feminista que pone la mirada en factores, dinámicas y colectivos habitualmente invisibilizados, reconociendo la diversidad de dimensiones que están afectadas y dando respuesta a unas necesidades que son plurales y contextualizadas. Esta mirada feminista hace posible imaginar estrategias innovadoras de prevención de las violencias que colocan en el centro la vida y dignidad de las personas del municipio de San Francisco Gotera, en específico, y del departamento salvadoreño de Morazán, en general.

Hace cuarenta años que se crearon los Comités Óscar Romero en Cataluña, con el fin de difundir el legado del Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez asesinado el 24 de marzo de 1980 por los escuadrones de la muerte en El Salvador. Año tras año recordamos el martirio de San Romero de América, con el fin de que nunca más se produzcan muertes de personas y que el diálogo se implemente en todos los conflictos que puedan surgir.

Los Comités Óscar Romero desde su origen han trabajado con la espiritualidad de monseñor Romero y con el objetivo de estar con las personas que luchan por la dignidad, por la cultura y por la liberación. Todos los Comités colaboramos en proyectos que fomenten la organización popular y que se conviertan en sostenibles en tierras de Centroamérica.

Para nosotros es muy importante Rutilio Grande, sacerdote jesuita (s.j.), ya que su martirio acabó de abrir los ojos de Monseñor Óscar Romero quien a partir de entonces decidió denunciar numerosas violaciones de los derechos humanos, se solidarizó con las víctimas de violencia política y estuvo junto a los más pobres.

Con el fin de conocer la realidad de El Salvador una delegación de los Comités Óscar Romero del estado español asistimos el 22 de enero de 2022 a la beatificación del sacerdote Jesuita Rutilio Grande. Rutilio Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto a dos feligreses de las comunidades de las que era rector, Manuel Solórzano y Nelson Lemus cuando se dirigían a la población de El Paisnal para oficiar la Eucaristía, así como el fraile Franciscano Cosme Spessoto asesinado en El Salvador el 14 de Junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la Eucaristía.

La Delegación de los comités Òscar Romero del Estado español estuvo formada por siete personas, provenientes de los Comités de Murcia, Zaragoza, Torrelavega, Tarragona, Terrassa y Barcelona.

La beatificación fue presidida por el Cardenal de San Salvador Monseñor Gregorio Rosa Chávez, nombrado expresamente por el papa Francisco para oficiar esta celebración. Se ofició la misa al aire libre en la plaza de El Salvador del mundo de la ciudad de San Salvador y asistimos gran cantidad de personas de El Salvador y de todo el mundo. Había gente de todas las edades y, sobre todo, muchos jóvenes asistieron a la celebración, gran cantidad de ellos eran voluntarios que con su amabilidad nos orientaron por la gran plaza.

Durante nuestra estancia nos han acompañado y guiado personas de la Asociación de Comunidades de Base Monseñor Romero (ACOBAMOR), que trabajan en las Comunidades eclesiales de Base los ámbitos, de los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores.

Estos doce días en El Salvador hicimos inmersión en la realidad de país, para visitar las Comunidades Eclesiales de Base del distrito de la Libertad en Santa Tecla, junto a San Salvador. Visitamos las comunidades de base de El Limón y la Florida, pertenecientes a la asociación Acobamor. También visitamos en Morazán a 200 km de San Salvador “La Comunidad Segundo Montes” (jesuita asesinado en 1989 junto con el jesuita Ignacio Ellacuria y otras personas en la sede de la Universidad Centro Americana, UCA). En todas estas comunidades había una profunda religiosidad y compartimos tanto la estancia como la palabra de Dios.

También visitamos diferentes monumentos martiriales en honor a las personas masacradas en los conflictos armados en El Salvador. Estuvimos reunidos con el Responsable de la comisión de Derechos Humanos de El Salvador.

Junto a adultos mayores de la Comunidad Eclesial de base de los Jardines de Colón visitamos el lugar donde fue asesinado Rutilio Grande y los dos laicos quienes nos aportaron su testimonio de todo los vivido en esos trágicos días, así como durante el conflicto armado.

Después de este viaje y desde los Comités Óscar Romero de Terrassa y de Barcelona hemos incrementado nuestra solidaridad con la asociación Acobamor y seguiremos apoyando su proyecto “Soberanía alimentaria, caminando hacía una economía solidaria del bien común” que tiene como objetivos:

  1. Lograr la autosuficiencia alimentaria a través de la producción de una alimentación nutritiva y diversificada utilizando técnicas agroecológicas.
  2. Fortalecer la capacidad organizativa para la generación de ingresos desde la producción agrícola y creación de iniciativas económicas solidarias.

Cabe destacar que estas comunidades beneficiarias vienen de un proceso histórico, de base con más de 30 años de camino potenciando su capacidad organizativa para la incidencia social.

También apoyaremos a la “Comunidad Eclesial Segundo Montes” en su proyecto «Prevención de las violencias desde una perspectiva feminista y comunitaria en Morazán”.

Este proyecto se plantea generar estrategias y sinergias para la prevención de las violencias fundamentadas en el empoderamiento comunitario y en la perspectiva feminista que pone la mirada en factores, dinámicas y colectivos habitualmente invisibilizados, reconociendo la diversidad de dimensiones que están afectadas y dando respuesta a unas necesidades que son plurales y contextualizadas. Esta mirada feminista hace posible imaginar estrategias innovadoras de prevención de las violencias que colocan en el centro la vida y dignidad de las personas del municipio de San Francisco Gotera, en específico, y del departamento salvadoreño de Morazán, en general.

Hace cuarenta años que se crearon los Comités Óscar Romero en Cataluña, con el fin de difundir el legado del Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez asesinado el 24 de marzo de 1980 por los escuadrones de la muerte en El Salvador. Año tras año recordamos el martirio de San Romero de América, con el fin de que nunca más se produzcan muertes de personas y que el diálogo se implemente en todos los conflictos que puedan surgir.

Los Comités Óscar Romero desde su origen han trabajado con la espiritualidad de monseñor Romero y con el objetivo de estar con las personas que luchan por la dignidad, por la cultura y por la liberación. Todos los Comités colaboramos en proyectos que fomenten la organización popular y que se conviertan en sostenibles en tierras de Centroamérica.

Para nosotros es muy importante Rutilio Grande, sacerdote jesuita (s.j.), ya que su martirio acabó de abrir los ojos de Monseñor Óscar Romero quien a partir de entonces decidió denunciar numerosas violaciones de los derechos humanos, se solidarizó con las víctimas de violencia política y estuvo junto a los más pobres.

Con el fin de conocer la realidad de El Salvador una delegación de los Comités Óscar Romero del estado español asistimos el 22 de enero de 2022 a la beatificación del sacerdote Jesuita Rutilio Grande. Rutilio Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto a dos feligreses de las comunidades de las que era rector, Manuel Solórzano y Nelson Lemus cuando se dirigían a la población de El Paisnal para oficiar la Eucaristía, así como el fraile Franciscano Cosme Spessoto asesinado en El Salvador el 14 de Junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la Eucaristía.

La Delegación de los comités Òscar Romero del Estado español estuvo formada por siete personas, provenientes de los Comités de Murcia, Zaragoza, Torrelavega, Tarragona, Terrassa y Barcelona.

La beatificación fue presidida por el Cardenal de San Salvador Monseñor Gregorio Rosa Chávez, nombrado expresamente por el papa Francisco para oficiar esta celebración. Se ofició la misa al aire libre en la plaza de El Salvador del mundo de la ciudad de San Salvador y asistimos gran cantidad de personas de El Salvador y de todo el mundo. Había gente de todas las edades y, sobre todo, muchos jóvenes asistieron a la celebración, gran cantidad de ellos eran voluntarios que con su amabilidad nos orientaron por la gran plaza.

Durante nuestra estancia nos han acompañado y guiado personas de la Asociación de Comunidades de Base Monseñor Romero (ACOBAMOR), que trabajan en las Comunidades eclesiales de Base los ámbitos, de los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores.

Estos doce días en El Salvador hicimos inmersión en la realidad de país, para visitar las Comunidades Eclesiales de Base del distrito de la Libertad en Santa Tecla, junto a San Salvador. Visitamos las comunidades de base de El Limón y la Florida, pertenecientes a la asociación Acobamor. También visitamos en Morazán a 200 km de San Salvador “La Comunidad Segundo Montes” (jesuita asesinado en 1989 junto con el jesuita Ignacio Ellacuria y otras personas en la sede de la Universidad Centro Americana, UCA). En todas estas comunidades había una profunda religiosidad y compartimos tanto la estancia como la palabra de Dios.

También visitamos diferentes monumentos martiriales en honor a las personas masacradas en los conflictos armados en El Salvador. Estuvimos reunidos con el Responsable de la comisión de Derechos Humanos de El Salvador.

Junto a adultos mayores de la Comunidad Eclesial de base de los Jardines de Colón visitamos el lugar donde fue asesinado Rutilio Grande y los dos laicos quienes nos aportaron su testimonio de todo los vivido en esos trágicos días, así como durante el conflicto armado.

Después de este viaje y desde los Comités Óscar Romero de Terrassa y de Barcelona hemos incrementado nuestra solidaridad con la asociación Acobamor y seguiremos apoyando su proyecto “Soberanía alimentaria, caminando hacía una economía solidaria del bien común” que tiene como objetivos:

  1. Lograr la autosuficiencia alimentaria a través de la producción de una alimentación nutritiva y diversificada utilizando técnicas agroecológicas.
  2. Fortalecer la capacidad organizativa para la generación de ingresos desde la producción agrícola y creación de iniciativas económicas solidarias.

Cabe destacar que estas comunidades beneficiarias vienen de un proceso histórico, de base con más de 30 años de camino potenciando su capacidad organizativa para la incidencia social.

También apoyaremos a la “Comunidad Eclesial Segundo Montes” en su proyecto «Prevención de las violencias desde una perspectiva feminista y comunitaria en Morazán”.

Este proyecto se plantea generar estrategias y sinergias para la prevención de las violencias fundamentadas en el empoderamiento comunitario y en la perspectiva feminista que pone la mirada en factores, dinámicas y colectivos habitualmente invisibilizados, reconociendo la diversidad de dimensiones que están afectadas y dando respuesta a unas necesidades que son plurales y contextualizadas. Esta mirada feminista hace posible imaginar estrategias innovadoras de prevención de las violencias que colocan en el centro la vida y dignidad de las personas del municipio de San Francisco Gotera, en específico, y del departamento salvadoreño de Morazán, en general.

Beato Rutilio Grande, Celam, obispo Proaño y San Romero

«Expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

«El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre»

«Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio»

«El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después»

«El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la ‘Iglesia en conversión continua'»

24.03.2022 | Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia.  Rutilio fue el fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

 “Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS ES LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE.  Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, centrado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam se guía del Concilio en su centralidad en Jesús y en el reino y vive esa centralidad en la histórica reunión eclesial de Medellín, que es el mejor fruto del Vaticano II.   

El Celam asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” compartiendo esa centralidad en Jesús y en la construcción del reino del Padre.  Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente que dejó varios ejemplos de esta “conversión eclesial impulsada por la divina dinámica de la Centralidad en Jesús y el reino”. 

Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto
Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemu y Cosme Spessotto

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de esa “conversión eclesial” que vivió en un giro ininterrumpido hacia esa “CCENTRALIDAD” EN JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín. 

 El Celam fue su acompañante desde el inicio de su “conversión eclesial”, por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina, el Ipla en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño,  presidente del Departamento del Celam  y obispo de Riobamba, cerca  de Quito, un obispo ejemplo de “conversión eclesial”, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio a causa de su “conversión eclesial centralizada”, fue lo que golpeó a Oscar Romero, quien fue su arzobispo por 18  días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”.  El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.      

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de “conversión eclesial centralizada” en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento.  Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam. 

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del  Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en  cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión  centralizada” a la luz  del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente  a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, l se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leonidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después

 En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió, el obispo auxiliar Oscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el Ipla. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”.  Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de muchos. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

Le precisó, además, que el participar en el Ipla tendría una posibilidad aún mejor, convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al Ipla y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”. 

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron.  Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia.   El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar.

Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”.  Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al Ipla y a Riobamba con el obispo Proaño. 

Leónidas Proaño
Leónidas Proaño

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos,  todos y todas eran  iguales por el bautismo en la dignidad  de  hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía:

”Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.”   (Homilía recogida por Martin Maier en su libro) 

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así,  juntos e iguales los tres bautizados,  fueron  asesinados  

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

Homenaje '¡Rutilio vive!'
Homenaje ‘¡Rutilio vive!’

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!  

En el 45º Aniversario del Beato Rutilio Grande

    La vida martirial de Rutilio Grande,       Una inspiración para el Papa Francisco  

La vida ejemplar de los mártires son siempre un ejemplo y una inspiración para los cristianos. Ya Tertuliano decía de los mártires de los primeros siglos, que “eran semillas de nuevos cristianos” Y la Iglesia, ya desde entonces, acostumbra a celebrar la Eucaristía sobre la tumba de los mártires, o en el ara del altar eucarístico pone reliquias de algún santo.

El ejemplo de Rutilio influyó mucho en Monseñor Romero y también en el Papa Francisco, quien no solo por ser jesuita y latinoamericano como Rutilio, sino por la cercanía al pueblo y a los pobres, y por la vida evangélica y transparente. Cuando la beatificación de Rutilio dijo claramente que a quien teníamos que beatificar primero era a Rutilio porque “no hay Romero sin Rutilio”. Ciertamente en Romero hubo un antes y un después de la muerte de Rutilio; hubo en él un cambio y una transformación profética que sorprendió a propios y a extraños. Cuando le preguntaron si había habido en él una conversión dijo que ciertamente había habido una iluminación: “Ahora sí veo más claro”. Y se comprometió totalmente como Rutilio porque tenía que “hacer lo que Dios quiere”, que era lo que solía decir siempre Rutilio y que repitió como últimas palabras cuando lo asesinaron con 17 balazos los “escuadrones de la muerte”.

Algunos puntos de Rutilio que han inspirado a Francisco en su ministerio pastoral:

El sentido eclesial, evangélico y conciliar. Lo verdaderamente central para la Iglesia y para el cristiano es volver al Jesús y al Evangelio. El retomar el Concilio Vaticano II y su actualización en América de la Asamblea de Medellín. Rutilio decía que había que ponerle patas al Evangelio y a los documentos de la Iglesia, o sea, que había que concretarlo y actualizarlo.

La pastoral de conjunto que pedía el Concilio y Medellín, formando a los agentes de pastoral para participar en los consejos de pastoral diocesanos y parroquiales. Francisco habla de Iglesia sinodal, de caminar juntos y aprender con paciencia la sinodalidad, escuchando y ayudando a participar a todos los bautizados como sujetos activos y responsables.

La opción por los pobres, obreros y campesinos, explotados y marginados de la sociedad, como pedía Medellín y que Rutilio y su equipo lo logran llevar adelante en la pastoral misionera de Aguilares y El Paisnal. Francisco hablará de Iglesia en salida y de hospital de campaña que acoge y cuida de los refugiados y marginados de la sociedad; de los heridos al borde de los caminos.

-La toma de conciencia de los laicos, de su dignidad de bautizados en la Iglesia donde “tienen un puesto y una misión”. Con la formación bíblica liberadora en las misiones populares Rutilio va a lograr que los campesinos tomen conciencia de su dignidad y de su tarea y compromiso cristiano en la transformación de una sociedad injusta y desigual. Francisco hablará de una Iglesia sinodal e igualitaria donde se tiene que superar todo clericalismo para poder vivir la fraternidad eclesial fundada en el Bautismo que nos hace hijos de Dios y hermanos unos de otros; donde se vive el proyecto de Jesús de una verdadera familia de iguales y libres, que se sienten misioneros en la transformación de las estructuras tanto eclesiales como sociales.

La Mesa de la Creación es esa Mesa Común para todos, que Dios nos ha dado para la cuidemos y la cultivemos. Y no se la dio a unos pocos que acaparan toda la tierra y dejan a la mayoría sin nada. Es nuestra Madre Tierra que nos alimenta, pero que nos la han arrebatado los poderosos. Francisco nos dirá en la Exhortación “Laudato Si” que somos hijos de la Madre Tierra, de la Casa Común, donde todo está interrelacionado y tenemos derecho y obligación de cuidarla y cultivarla para que de alimento y cobijo para todos.

-La Eucaristía es el Banquete de la Nueva Creación, al que Dios invita siempre a participar con alegría y donde todos tenemos un puesto y una misión. Francisco nos dirá también que la Eucaristía es la Mesa Común de los cristianos, donde nos reunimos en torno a Jesús, donde celebramos su memoria y recibimos su mensaje de amor; y es un compromiso y una misión de llevar el Evangelio, que es vida, justicia y fraternidad para todos.

Daniel S. Barbero

El legado de Rutilio (13)

Los funerales en Aguilares, en San Salvador y en El Paisnal

El P. Jerez presidió la Misa de las 10 de la mañana del domingo 13 en Aguilares con unos diez sacerdotes. Llegó el secretario de la nunciatura Mons. Baldisseri pidiendo presidirla, pero el P. Jerez le dijo que eso le correspondía a él.

Los féretros permanecieron todo el día en el templo parroquial, abarrotado de campesinos descalzos pobremente vestidos, de señoras con niños en brazos y de jóvenes visiblemente emocionados. La multitud lloraba y cantaba la esperanza y la liberación que Rutilio había representado para ellos. En la noche se conformaron grupos de reflexión para dialogar sobre el significado de la muerte de Rutilio y compañeros. Mientras tanto los mensajes de la YSAX se escuchaban en todas las casas. En la noche llegaron a San Salvador algunos jesuitas de Guatemala para asistir a los funerales del día siguiente en catedral.

En la madrugada del lunes , la multitud se desplazó hacia San Salvador. Los tres coches fúnebres salieron de Aguilares a eso de las 8 de la mañana. La Misa en la catedral fue presidida por Mons. Romero, Mons. Rivera y Mons. Chávez y concelebrada por más de 150 sacerdotes en una catedral abarrotada. El centro de San Salvador se paralizó.

Mons. Romero visiblemente emocionado ante la inmensa multitud y la enorme audiencia que tenía en ese momento a través de la YSAX, dijo que esa mañana, la catedral era un signo de la Iglesia universal:

“Es aquí la convergencia de toda una rica pastoral de una Iglesia particular que engarza con la pastoral de todas las diócesis y de todo el mundo, y sentimos entonces que la presencia no solo de los vivos, sino de estos tres muertos, le dan a esta figura de la Iglesia su perspectiva abierta al Absoluto, al infinito, al más allá: Iglesia universal, Iglesia más allá de la historia, Iglesia más allá de la vida humana…

Si fuera un funeral ordinario, hubiera hablado de unas relaciones humanas y personales con el P. rutilio Grande, a quien siento como un hermano. En momentos culminantes de mi vida, él estuvo muy cerca de mí, y esos gestos jamás se olvidan…

La clave de la vida y la muerte de Rutilio Grande, según Mons. Romero, se encontraba en la Evangelii Nuntiandi, de manera especial en el nº 38 y en el Sínodo de 1974. Según Pablo VI, “la Iglesia no puede estar ausente en esa lucha de liberación” de “tanta miseria” humana. Esa había sido, justamente, la lucha de Rutilio.

“La liberación que el P. Grande predicaba es inspirada por la fe que nos habla de una vida eterna, una fe que ahora él, con su rostro levantado al cielo, acompañado de dos campesinos, la ofrece en su totalidad, en su perfección…es la liberación que se apoya en Cristo, la única fuerza salvadora; esta es la liberación que Rutilio Grande ha predicado y por eso ha vivido el mensaje de la Iglesia”.

Por lo tanto su lucha “por levantar , por dignificar al hombre” fue “una presencia muy original”, porque la llevó a cabo desde la “iluminación de la fe que hace distinguir cualquier liberación de tipo político, económico, terrenal, que pasa más allá de ideologías, de intereses y de cosas que se quedan en la tierra”. Por esa razón, tal como “dice el Papa no puede confundirse con otros movimientos liberadores sin horizontes espirituales. Ante todo, es una inspiración de fe”. Por eso “el mundo no podrá comprender”.

La “motivación de amor” había sido la razón última de la vida y de la muerte de Rutilio

“El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande, en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia. Muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama y es significativo que mientras el P. Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo, para identificarse con ellos; no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor”.

Por lo tanto en él no había odio, ni violencia, como habían dicho sus detractores.

“Quienes lo escuchamos, quienes compartimos los ideales del P. Rutilio, sabemos que es incapaz de predicar el odio, que es incapaz de azuzar a la violencia. Quizá por eso Dios lo escogió para este martirio, porque los que le conocimos sabemos que jamás de sus labios salió un llamado a la violencia, al odio, a la venganza”.

Este mensaje de amor no se podía perder, sino que había que darle continuidad. Por lo tanto, Mons. Romero invitó al clero a recoger “esta herencia preciosa” y a construir la unidad alrededor de esa misión. Uno de los frutos de la muerte de Rutilio era, según Mons. Romero, la visible unidad de la Iglesia en catedral.

Finalmente Mons. Romero hizo un llamado a la esperanza:

“Somos una Iglesia peregrina, expuesta a la incomprensión, a la persecución; pero una Iglesia que camina serena porque lleva esa fuerza del amor. Hermanos salvadoreños, cuando en estas encrucijadas de la patria parece que no hay solución y se quisieran buscar medios de violencia, yo les digo, hermanos, bendito sea Dios que en la muerte del P. Rutilio la Iglesia está diciendo que sí hay solución. La solución es el amor, es la fe, la solución es sentir la Iglesia como el círculo donde Dios se quiere encontrar con los hombres”.

Al llegar a El Paisnal, se procedió a dar sepultura a Rutilio y a sus dos compañeros frente al altar del templo. Mientras la gente se retiraba, a eso de las tres de la tarde, un conjunto de guitarras campesinas interpretó varias veces, entre nutridos aplausos, un corrido compuesto en memoria de Rutilio y sus compañeros.

El 19 de marzo, festividad de San José, salieron muy de mañana dos peregrinaciones, una desde Aguilares y otra desde El Paisnal, hacia el sitio donde había tenido lugar el asesinato. Allí plantaron tres cruces donde habían caído Rutilio y los dos que le acompañaban, en medio de cantos, poemas y prédicas sencillas pero profundas.

Después todos se dirigieron a El Paisnal donde Mons. Romero con unos quince sacerdotes celebraron la Eucaristía en la puerta principal que da a la plaza po la inmensa multitud que participaba. Al terminar una fila enorme visitaba las tumbas depositando una gran cantidad de flores y velas.

Se recibieron una enorme cantidad de telegramas y mensajes de condolencia procedentes de todas partes del mundo, así como muchos testimonios de Rutilio.

Uno de esos mensajes fue el del provincial de los jesuitas de Argentina, el P. Jorge Mario Bergoglio, dirigida al P. Jerez:

Quiero -desde hace días- ponerte estas líneas que te lleven mi fraternal saludo y mis sentimientos por los momentos que están viviendo ustedes allí.

Lo de Rutilio aquí nos ha conmovido mucho. Es verdad que el Señor tiene sus caminos… pero a veces son duros. En la Provincia hemos tenido una celebración y, por mi intermedio, todos los hermanos hacen llegar sus sentimientos más profundos.

Un fuerte abrazo, no me olvides en tu oración.

Puedes ver el documental sobre El P. Rutilio Grande en el siguiente link:

http://www.youtube.com/watch?v=IXFRuIVZXoQ

BEATO RUTILIO GRANDE

A mural in El Paisnal, El Salvador, seen in this Jan. 29 photo, features Blessed Oscar Romero and town native Father Rutilio Grande, surrounded by rural men, women and children, the community the Jesuit Father Grande served from 1972 until his March 12, 1977, assassination. Father Grande spoke of his dream of a communal table where everyone, including the poor, had a place to eat and a right to have a say in matters that affected them. (CNS photo/Rhina Guidos) See GRANDE-SAINT-JESUIT March 8, 2017.

Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia, fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

“Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS, LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE. Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, focalizado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam, siguiendo en esto al Concilio, asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” y se concretó en la histórica reunión de Medellín, el mejor fruto del Vaticano II. Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente.

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de ese giro hacia JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín.

El Celam fue su acompañante desde el inicio por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina (IPLA) en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño, presidente del Departamento del Celam y obispo de Riobamba, cerca de Quito, un obispo ejemplar, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio fue lo que golpeó a Óscar Romero, quien fue su arzobispo durante 18 días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”. El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de conversión en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento. Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam.

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión centralizada” a la luz del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leónidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después.

En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió. Al obispo auxiliar Óscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el LPLA. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”. Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de otros muchos.

Le precisó, además, que el participar en el LPLA, tendría una posibilidad aún mejor: convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al LPLA y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”.

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron. Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada.

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia. El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar. Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”. Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al LPLA y a Riobamba con el obispo Proaño.

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos, todos y todas eran iguales por el bautismo en la dignidad de hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía: “¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.” (Homilía recogida por Martin Maier en su libro)

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así, juntos e iguales los tres bautizados, fueron asesinados.

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!

BEATO RUTILIO GRANDE, CELAM, OBISPO PROAÑO, SAN ROMERO

Edgard R. Beltrán

Rutilio Grande fue beatificado el 22 de enero del 2022, mártir por la fe y la justicia, fruto de una exigente e ininterrumpida “conversión eclesial”.

“Conversión Eclesial” es un giro, un cambio hacia una CENTRALIDAD: JESÚS COMO CENTRO Y COMO CENTRO DE JESÚS, LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DEL PADRE. Hacia esto se centra el Concilio Vaticano II y su modelo de Iglesia como “Pueblo de Dios”, focalizado en Jesús y en la construcción de ese reino (LG.9). El Celam, siguiendo en esto al Concilio, asumió la tarea de servir en América Latina a esta “conversión eclesial” y se concretó en la histórica reunión de Medellín, el mejor fruto del Vaticano II. Fue una época de “primavera eclesial” en el Continente.

El Beato Rutilio Grande, con su sangre de “mártir”, es un “testigo” de ese giro hacia JESÚS Y EL REINO DEL PADRE, con la guía del Concilio Vaticano II y a la luz de la reunión eclesial de Medellín.

El Celam fue su acompañante desde el inicio por medio del Departamento de Pastoral de Conjunto, tanto con su Equipo Ejecutivo, a quien consultó, como con su Instituto de Pastoral para América Latina (IPLA) en Quito, en el que participó. Pero lo más especial fue su convivir con el obispo Leonidas Proaño, presidente del Departamento del Celam y obispo de Riobamba, cerca de Quito, un obispo ejemplar, tanto en su persona como en su ministerio transformador en su Iglesia diocesana. Con el obispo Proaño y con su pueblo, Rutilio aprendió a ser y a obrar en la forma que, sin buscarlo, encontró el martirio.

Este “testigo” con su martirio fue lo que golpeó a Óscar Romero, quien fue su arzobispo durante 18 días (del 22 de febrero de 1977 al 12 de marzo), y quien así lo manifestó: “Si lo han asesinado por lo que hizo, yo tengo que seguir el mismo camino. Rutilio me ha abierto los ojos”. El arzobispo desde ese momento vivió su “conversión eclesial centralizada” que, sin buscarlo, también selló con su histórico martirio, San Romero.

El Beato Rutilio Grande inició esta etapa de conversión en una ocasión sencilla y casi sin saberlo, impulsado por su inquietud y su apertura al discernimiento. Fue un paso que dio ayudado ocasionalmente por el Celam.

El arzobispo de San Salvador, don Luis Chávez, había participado en el Concilio Vaticano II y éste lo transformó. Para aplicarlo en su pastoral, aprovechó la colaboración del Celam con las “Semanas Pastorales” que el Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam organizaba en cumplimiento de la tarea de servir en América Latina a una “Iglesia en conversión centralizada” a la luz del Concilio Vaticano II y de su aplicación en el Continente a partir de la reunión eclesial en Medellín. Centralizado el mensaje con este contenido, se utilizaba una metodología inductiva y participativa que contribuía a edificar la comunidad eclesial, para que continuara viva después de la semana. Casi todos los países de América Latina pidieron al Departamento de Pastoral de Conjunto del Celam este servicio que lo realizaba el Equipo Ejecutivo del Departamento con la aprobación de su presidente, el obispo Leónidas Proaño. El Equipo del Celam esta vez incluyó a Ignacio Ellacuría con su valioso aporte local, jesuita quien fue también martirizado años después.

En esta Semana Pastoral hubo dos personas que ahora nos interesan. Uno, que fue invitado y no asistió. Al obispo auxiliar Óscar Romero, solamente se le veía en el comedor. El otro, que no fue invitado, pero que asistió como pudo en varios momentos desde la puerta del salón, el jesuita encargado de la administración del seminario, quien no fue invitado por no trabajar directamente en la pastoral, Rutilio Grande.

En algún momento, en privado, Rutilo le comentó a uno del equipo del Celam que él estaba deseando detener un poco sus actividades para discernir sobre su vida y que oyendo un poco los temas de la Semana Pastoral había pensado preguntarle sobre algún lugar favorable para este fin. Este le respondió que lo mejor podría ser participar en el LPLA. El tiempo de seis meses que duraba el curso era muy propicio. El contenido iba precisamente en esa dirección de contribuir a un discernimiento en una línea de “conversión eclesial”. Los formadores que se turnaban cada semana eran de lo mejor, personas muy competentes en sus respectivas materias, y además con un total compromiso de vida en una Iglesia como Pueblo de Dios desde la base con el pobre. La metodología era la indicada para formación de “comunidad eclesial”. La transformación de los participantes era palpable, causa de queja de algunos obispos y de agradecimiento de otros muchos.

Le precisó, además, que el participar en el LPLA, tendría una posibilidad aún mejor: convivir con el obispo Proaño y su Pueblo en la diócesis de Riobamba, ojalá cada fin de semana. Vivir con él como persona, como cristiano, como obispo y convivir con esa comunidad eclesial diocesana, seguramente sería una de las gracias más enriquecedoras de su vida, se le aseguró a Rutilio. Él lo aceptó, fue al LPLA y así también aprovechó para ir a Riobamba todos los fines de semana del semestre menos tres. Esta vivencia le comunicó a su ser y a su obrar el giro ya irreversible en el caminar en su “conversión eclesial”.

Así Rutilio lo confesó agradecido al obispo Proaño y a su Pueblo, así se le vio a su regreso en su vida personal y así lo practicó en su nuevo ejercicio pastoral. Así se beneficiaron sus feligreses agradecidos y transformados. Así lo notaron sus amigos que se le acercaron. Así lo señalaron los obispos de su país que en su mayoría lo descalificaron. Así lo señaló la clase dirigente que se incomodó asustada.

Así lo enmarcó el poder político que lo caracterizó como el constructor peligroso de un mundo diferente al que ellos dominaban. Los pobres se capacitaban como sujetos de su superación, los analfabetos manipulables se transformaban en formadores comunitarios, la envidia destructora del pobre contra el pobre estaba siendo reemplazada por algo que llamaban “comunidad desde la base popular”, todas y todos como una familia. El poder político se desconcertó, pues un cura no era para meterse en estos cambios. Investigaron a Rutilio y lo vieron como un campesino igual a todos, pobre y sencillo. Los espías (“orejas”) enviados a sus reuniones informaban que casi no hablaba, preguntaba mucho a la gente y los ponía a pensar. Leían el evangelio y lo comparaban con su situación, todas y todos hablaban de Jesús como de un hermano más del grupo y siempre salían con una tarea que ellos mismos se imponían para hacer de su situación algo más parecido a un tal reino. Los espías no veían nada raro. Pero expertos del poder político descubrieron la capacidad peligrosamente transformadora del método de Rutilio. Supieron que Rutilio había ido al Ecuador y de allí había regresado así. En comunicación entre militares supieron que en Ecuador tenían el mismo problema con el obispo Proaño de Riobamba que estaba “dañando a los indios”. Rutilio se fue enterando de todo, como se lo comentó serenamente en una ocasión al amigo del Celam que le había aconsejado ir al LPLA y a Riobamba con el obispo Proaño.

La convivencia igualitaria de Rutilio con el campesino pobre era mutua. Caminaban juntos, todos y todas eran iguales por el bautismo en la dignidad de hijos e hijas del mismo Padre Dios, hermanos y hermanas iguales en la misma misión y solidarios en sus riesgos. El poder político había decidido actuar violentamente. Torturó y expulsó del país al sacerdote colombiano Mario Bernal. Rutilio proclamó valientemente en la homilía: “¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Prácticamente es ilegal ser católico en nuestro país! ¡Ay de ustedes, hipócritas, que se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre del humilde trabajador del campo. Mucho me temo, hermanos, que si Jesús de Nazaret volviera ahora y bajara de Chalatenango a San Salvador, yo me atrevo a decir que no llegaría con sus homilías y acciones a Apopa. Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas, contrarias a las del clan de Caínes. Sin duda, hermanos, lo volverían a matar.” (Homilía recogida por Martin Maier en su libro)

Conscientemente temerosa del peligro, la comunidad parroquial perseveraba en el caminar junto con Jesús y entre ellos en su común misión de bautizados. Manuel de 72 años y Nelson de 14, apoyados por sus familias y su comunidad, seguían caminando junto a Rutilio como tres bautizados iguales en una misma misión compartida. Así los ubicó el poder político y así, juntos e iguales los tres bautizados, fueron asesinados.

El poder político cometió su crimen. Pero el Padre, Amor misericordioso, los ha elevado ante el mundo como monumento de ejemplo que invita a ser la “Iglesia en conversión continua”, centralizada siempre en Jesús y el reino, cuyos miembros por el bautismo son hijos e hijas del mismo Padre y herman@s iguales entre, encargados de la misma misión de la construcción del reino, con Jesús y entre ellos “caminando juntos”. En palabras del Papa Francisco, la IGLESIA SINODAL, como ha debido ser desde el comienzo, y como va a ser en este tercer milenio y para siempre. Rutilio, Manuel y Nelson son ejemplo desafiante para obispos y clérigos y laicos y son intercesores.

¡Así lo dijo el Obispo Proaño en Riobamba al regresar de enterrar a San Romero!

En el 45º Aniversario de Rutilio Grande

Mañana celebraremos por primera vez la fiesta de Rutilio Grande en su calidad de beato mártir reconocido por la Iglesia, junto con sus dos compañeros. Les comparto un articulito que saldrá en la revista ECA próximamente sobre el significado de su trabajo y vida:       

Rutilio Grande y compañeros

Una fiesta religiosa con significado social

1.- La génesis de un mártir

El año abrió con la beatificación de Rutilio Grande, Cosme Spessotto y los dos compañeros del primero, Nelson y Manuel, el día 22 de Enero. En medio de una coyuntura política tensa, con ataques a todo mensaje religioso que tenga algo de profetismo social, la beatificación significó una especie de descanso y apoyo para los sectores críticos con el régimen del Presidente Bukele y la confirmación en su tarea de mantener la vitalidad de una Iglesia que siempre ha estado pendiente de los problemas sociales y de sus soluciones. La especial relación entre Rutilio Grande y los jesuitas de la UCA en esa tarea de cambiar la realidad de opresión y marginación de los pobres, amerita que hagamos una reflexión sobre el significado de esta beatificación, precisamente cuando la Universidad está siendo de nuevo acosada por el poder público, enemigo de toda crítica social o democrática.

Rutilio se incorporó a la parroquia de Aguilares en 1972, después de un largo periplo vital de incorporación a su pensamiento del Concilio Vaticano II y de la Segunda Conferencia Episcopal latinoamericana en sus conocidos Documentos de Medellín. El Vaticano II lo asumió, especialmente en sus aspectos pastorales, en la Bélgica aperturista y conciliar del Cardenal Suenens. Medellín en la diócesis de Riobamba, de la mano de ese Padre de la Iglesia Latinoamericana, Mons. Leonidas Proaño, protagonista con otros pastores de la renovación de una Iglesia participativa y cercana a los pobres. Todavía en la diócesis de Riobamba conservan el austero lugar donde Rutilio se alojó. Su vida en el Seminario, sus diálogos y seguimiento de los seminaristas, sus conversaciones con su amigo Mons. Romero, fueron formando ese carácter abierto a las necesidades de la gente, empático con todos, respetuoso con las tradiciones populares y capaz de desafiarlas desde el Evangelio y la honduras del o sentimiento popular. Sin darse plenamente cuenta, se iba construyendo en su vida esa dimensión profética que después estalló en plenitud martirial en Aguilares.

Porque Rutilio Grande fue, efectivamente, un profeta de fuertes raíces sociales.    En la dura explotación que predominaba en el campo se esforzó no solo en crear conciencia entre los campesinos, sino también en empoderarlos y animarlos a organizarse y buscar soluciones a sus problemas. El acaparamiento de la tierra en pocas manos, la pobreza, la marginación en el campo educativo, eran realidades permanentes e hirientes, que llevaban al reclamo, al enfrentamiento y, en un primer momento, a la violencia represiva. Rutilio sabía que el Evangelio de Jesús no era un recetario espiritualista, sino que llevaba siempre a la fraternidad y a la justicia. Los mecanismos de avance en la denuncia y la consiguiente propuesta de un mundo diferente la propugnaban desde algunos años antes los jesuitas de la UCA. Sin olvidar las características propias de una pastoral parroquial, a Rutilio le gustaba conversar y apoyarse en los análisis de sus compañeros universitarios, y contrastar los análisis con su propia experiencia de cercanía con los pobres. Pues aunque escuchaba con respeto e interés a sus compañeros universitarios, el lenguaje, la cercanía humana, la transmisión del Evangelio y la simbología de apropiación y difusión del mensaje evangélico eran muy propios de Rutilio. La religiosidad y la cultura popular que dominaban la zona se convirtieron en él, así mismo, en instrumento de anuncio de los valores del Evangelio. La fiesta del maíz, recuperada conjuntamente con la gente (hombres y mujeres de maíz, como tantas veces se les ha nombrado a los campesinos desde el tiempo de los mayas), señalaba esa intensa conjunción de los valores culturales y cristianos.            Los campesinos se apropiaban conscientemente de su propia identidad y dignidad en torno a la fiesta del maíz y hacían presentes sus valores evangélicos de solidaridad, cercanía humana, compartiendo y convirtiendo en banquete común la fiesta de la cosecha. La mujer, especialmente, recuperaba en estas fiestas el protagonismo y la dignidad de la creadora de vida. La elección de la “Reina” de las fiestas del maíz no se elegía desde la apariencia física externa, sino desde el trabajo y la calidad de los productos compartidos.

La lectura, reflexión y discusión comunitaria del Evangelio en los cantones y caseríos iban señalando el camino de la hermandad y de la defensa de los propios derechos básicos. La discusión del Evangelio se conectaba de tal manera con la vida real que muchos campesinos quisieron aprender a leer para poder tener acceso personal al Nuevo Testamento. Rutilio, en el proceso de aprendizaje de la lectura, impulsó la metodología de Paulo Freire, que acababa de publicar poco antes la Pedagogía del Oprimido. Y el Evangelio le ofrecía la posibilidad de poner valores fraternos y deseados como contrapunto de una realidad de pobreza y marginación. El espíritu profético crecía y se iban conjugando las dos grandes capacidades de Rutilio y Ellacuría unidas posteriormente en la generosidad del martirio. Todo el tono, la frase y el espíritu de Rutilio era profecía. Ellacu, como le decían sus compañeros desde la amistad, no era un profeta, sino un intelectual con un muy alto desarrollo de la racionalidad y con una enorme capacidad de análisis y de propuesta. Respetaba la profecía y sabía complementar la intuición del profeta con el análisis social y con el diseño de posibles caminos hacia el futuro. Lo hacía en tiempo de Rutilio tratando de evitar la catástrofe que se cernía en El Salvador previo a la guerra y lo demostró después, cuando supo insistir, desde el primer momento del estallido de la guerra civil, en la necesidad de diálogo y de una salida pacífica del conflicto. A Rutilio, que llegaba con relativa frecuencia a la casa de los profesores de la UCA, le gustaba escuchar los análisis del Rector y compartir también con él y su comunidad los pasos que iba dando en el campo de la pastoral social. La profecía se enriquecía con el método y la reflexión sistemática, y el pensamiento racional con la experiencia de un pastor que sabía conectar con las profundas esperanzas de su pueblo.

Años después del asesinato de Rutilio y reflexionando sobre la “conversión” de Mons. Romero, Ellacuría decía que “el asesinato del P. Grande, el primero de los sacerdotes mártires que le tocó entregar, sacudió su conciencia… Se le descubrió algo que antes no había visto, a pesar de su buena voluntad y de su pureza de intención, a pesar de sus hora de oración y de su ortodoxia repetida, de su fidelidad al magisterio y a la jerarquía vaticana… Esto nuevo fue la verdad deslumbrante de un sacerdote que se había dedicado a evangelizar a los pobres” y que fue asesinado porque esa evangelización condujo a los pobres a historizar la salvación con un proyecto liberador. Ahí inició Romero su historia de profeta y mártir, “no porque él la hubiera elegido, sino porque Dios lo llenó con las voces históricas del sufrimiento de su pueblo elegido y con la voz de la sangre del primer justo que moría martirialmente en El Salvador actual para que todos tuvieran más vida y para que la Iglesia entera recuperara su pulso profético” (textos tomados de Ignacio Ellacuría, Escritos teológicos, pg 96). No hay duda que la experiencia atribuida a la vida de nuestro hoy San Óscar Romero, fue también parte no solo de la reflexión teológica de Ellacuría, sino de su conversión a una historia personal de salvación que le llevó también a la ofrenda martirial de su sangre.

2.- Hombre de fe y de Iglesia

Rutilio no hubiera llegado a ser considerado mártir si no hubiera tenido una profunda convicción en que el camino concreto de Jesús de Nazaret le daba sentido a su vida y a su trabajo. Lo que desde la perspectiva cristiana llamamos fe implica, humanamente hablando, el asentimiento radical a un modo de entender la vida como agradecimiento y como responsabilidad. Y era precisamente esos dos aspectos los que establecían un vínculo muy profundo con el campesinado. Rutilio se sentía agradecido por ese modo salvadoreño de ser en la vida, solidario, vinculado a la tierra y a la comunidad. Y al mismo tiempo se sentía responsable de que esa actitud solidaria y, hoy diríamos, ecológica y justa, fuera compartida por todos, “cada cual con su taburete”, como cantamos en las eucaristías inspirándonos en sus palabras. En una sociedad profundamente individualista y consumista como la actual, y al mismo tiempo tan dependiente de las apariencias y la propaganda, la figura de Rutilio, con su modo de entender la vida, continúa teniendo una dimensión desafiante no solo en el campo religioso sino también en la dimensión sociopolítica del ser humano. La actitud de agradecimiento resulta indispensable para lo que el Papa Francisco, en su última encíclica, Frattelli Tutti, llama amistad social. Y la responsabilidad se vuelve imprescindible cuando en el entorno domina la opresión del prójimo y la indiferencia o el silencio. Mientras la injusticia estructural y el pecado social rompen la cohesión de la comunidad humana e impiden el desarrollo del amor y la solidaridad, la comunión con el Dios amor (Padre bueno) produce un agradecimiento que se expande socialmente como fraternidad militante y como responsabilidad profética.

La amistad social la manifestaba especialmente Rutilio a través de su propio sentimiento de Iglesia. Seguidora de Jesús de Nazaret, la Iglesia no podía para este mártir salvadoreño separarse de la realidad de los pobres. En el rostro de los pobres veía el rostro sufriente del Señor al tiempo que surgía el deseo de liberar de su sufrimiento al oprimido. Asesinado poco antes de la reunión de la Conferencia Episcopal Latinoamericana en Puebla, junto con otros que corrieron la misma suerte que él por su defensa de los pobres, crearon un nuevo modo de actuar que los documentos de Puebla recogen como “proceso dinámico de liberación integral… que pertenece a la entraña misma de una evangelización que tiende hacia la realización auténtica del hombre” (Puebla, 480). En los números siguientes este documento episcopal define una serie de rasgos que en muchos aspectos reflejan este tipo de trabajo pastoral en la que se unían a la perfección las dos claves de un solo mandamiento que exige unir el amor a Dios y el amor al ser humano, tanto en la relación personal como en el acontecer histórico y estructural.

Este afán de cercanía con la historia y con las personas concretas cuaja en Rutilio a través de su dimensión eclesial, que es, o debe ser, a todas luces una dimensión profundamente comunitaria. Ama a su pueblo y a su gente, se siente pastor y hermano al mismo tiempo y trata de inculcar los valores comunitarios de fraternidad y solidaridad en todo grupo social con el que le toca trabajar. Desde los seminaristas con los que trabajó en el Seminario Mayor San José hasta los campesinos empobrecidos de Aguilares y El Paisnal junto a los cuales buscaba liberación y justicia. Fiel lector del Concilio Vaticano II, al que cita con frecuencia en sus escritos, junto con los documentos de la segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín, busca siempre que la comunidad cristiana se identifique y trabaje por acercarse a la comunidad del Reino de Dios. Su relación amistosa con obispos señeros de la Iglesia salvadoreña, como los Monseñores Chávez y González, Rivera Damas y San Óscar Romero, es fruto de esa entrega y servicio a los valores sociales y comunitarios expresados en su opción por los más pobres.                                                      Consciente de las divisiones existentes en la Iglesia en aquellos momentos, busca siempre unificar los carismas y ponerlos al servicio del bien común. No se desespera ante la lentitud de algunos procesos de conversión ni ante las diversas tendencias. Y aunque sufre con las divisiones, trata de orientar la realidad hacia la comunión. Su amor a los pobres hace que de un modo especial respete las devociones y costumbres, tratando, desde ellas, y no sin ellas, de enfocar todo hacia una vida cristiana eclesial consciente, responsable y solidaria.

En su trabajo pastoral y en sus escritos se advierte ese profundo respeto a la gente. La mayoría de sus escritos hacen referencia a su trabajo apostólico. Y nos descubren a un verdadero apóstol de los que en la actualidad definiría la Iglesia como miembro activo de una “Iglesia en salida”, así como “pastor con olor a oveja”. Está convencido de la necesidad que tiene la Iglesia y la sociedad de su tiempo de hombres nuevos, profundamente convertidos al seguimiento de Jesucristo y a la construcción de la comunidad cristiana eclesial. Piensa que sólo desde ahí existe la posibilidad auténtica de renovar adecuada y permanentemente las estructuras injustas o de pecado. Incluso en su método pastoral, privilegia la conversión y la profundización en la fe como comienzo de trabajo pastoral, sobre otros métodos más preocupados del análisis socioeconómico que de la vivencia religiosa. Cosa que se percibe especialmente en lo referente a la religiosidad popular, muy fuerte en las zonas rurales de El Salvador en aquellos años. Se opone a discursos o actitudes que lleven a la secularización o que desconcierten al campesino. Al contrario, respeta profundamente la religiosidad popular y la ve como un elemento básico para profundizar en la fe y la vida espiritual. El aprovechamiento de las devociones populares y la fidelidad personal a quienes trabajan en ellas se traslucen en sus escritos. Incluso en ocasiones, y dada su intensidad por respetar la religiosidad y cultura salvadoreña, se advierte en él cierto sufrimiento por el estilo demasiado alejado de la realidad cultural de algunos compañeros de apostolado. Hay en él una verdadera preocupación por congeniar espiritualidad intensa y libertad creciente, procesual, en la medida en que se avanza en la conversión y en la profundización en la fe. Incluso los análisis de la realidad nacional que aparecen entre sus papeles de estudio, están al servicio de la evangelización. Destaca en sus escritos la preocupación por una adecuada catequesis que lleve a vivir y hacer vivir una experiencia cristiana de comunión. En ella se centra especialmente en la familia, insistiendo en la defensa del matrimonio como escuela de solidaridad. Se preocupa por lo mismo de preparar adecuadamente a los novios, insiste en la educación de los hijos y en convertir a la familia en una auténtica “eclesiola” en la línea del Vaticano II.

En el contexto de una situación socialmente explosiva, en la que los justos reclamos de las mayorías populares se enfrentaban con una represión cada día más cruel y brutal, el P. Rutilio sufrió las acusaciones tan características de los regímenes represivos en aquellos años. En realidad era un hombre conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia y comprometido con ella. Los ataques que recibe, e incluso las polémicas que mantiene en los periódicos, tienen como base su fidelidad al pensamiento social eclesial. Quienes le atacan no solo carecen de escrúpulos, sino que están acostumbrados a defender sus intereses con la fuerza bruta. Son momentos de cambio en El Salvador e incluso en la misma Iglesia, en la que chocan quienes tienen una visión religiosa espiritualista, individualista, ajena a la realidad temporal y excesivamente ritualista, con quienes viven simultáneamente la conciencia social que brota del Evangelio y el escándalo de una realidad social rota por la injusticia y la violencia de los poderosos. Rutilio une el recto entendimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, con una teología latinoamericana preocupada por la situación los pobres, comprometida con el desarrollo de la fraternidad, la justa reivindicación de los derechos que brotan de la dignidad humana y cristiana, y el rechazo de la violencia. Como todos los profetas latinoamericanos de aquella época fue calificado de extremista y subversivo, aunque partiera en su predicación y en su labor pastoral de lo más hondo del Evangelio. La parábola del Evangelio de Mateo sobre el juicio final (Mt 25, 31-46), el programa que Jesús anuncia en Nazaret leyendo la profecía liberadora de Isaías (Lc 4, 16-21) le exigían un compromiso claro en la defensa de los derechos de los más pobres, y le llevaban a insistir en el pensamiento tradicional de la Iglesia sobre el destino universal de los bienes, traducido en El Salvador como el derecho de los campesinos a la tierra y al ingreso digno.

Su respuesta ante los ataques que recibía se basó más en la insistencia de los valores comunitarios y en la ejemplaridad de Jesús. Cuando advierte que se está dañando a los más pobres a través del abuso de poder, su lenguaje se fortalece y adquiere una dimensión profética y de denuncia. Pero une siempre siempre a la denuncia una clara exigencia de perdonar al enemigo e incluso “amar a los caínes”, como decía en su modo de predicar, tan impactante y gráfico. Esa defensa y cercanía con los pobres le llevó al final a morir en medio de ellos, un adolescente y un adulto mayor como símbolo de la universalidad de su proyecto evangelizador. Como decían los obispos en Puebla en 1978, “la denuncia profética de la Iglesia y sus compromisos concretos con el pobre le han traído, en no pocos casos, persecuciones y vejaciones de diversa índole. Los mismos pobres han sido las primeras víctimas de dichas vejaciones” (Puebla 1138). Morir con los pobres es seguir el camino de Jesús, que siendo rico se hizo pobre hasta en la muerte para enriquecernos solidariamente con la salvación, como dice Pablo en 2 Cor 8, 9.

3.- El espíritu de Ignacio

Todo este estilo pastoral y vivencia religiosa hace que la Iglesia salvadoreña lo sienta muy suyo. De hecho el proceso de beatificación se inició a petición del Arzobispado de San Salvador y no desde la Compañía de Jesús, orden a la que perteneció. Pero fueron también su dimensión religiosa y su carisma ignaciano los que le condujeron al testimonio apostólico, sellado finalmente con su sangre. La pertenencia a una comunidad religiosa no le aparta de la vivencia diocesana de la pastoral, sino que le potencia como persona de servicio y de unidad. Su vivencia honda de los Ejercicios Espirituales le lleva siempre a actualizar su reforma de vida cada año y a buscar el mayor servicio del prójimo como la mejor forma de impulsar la mayor gloria de Dios. Es detallista, exigente consigo mismo y se siente especialmente invitado a tener una plena confianza en el Señor. Lector asiduo, trata de mantenerse al día con lecturas, hace resúmenes de libros y lecturas y enfoca todo hacia un mejor y más eficaz apostolado. Practicante de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que le llevan a una reforma permanente de su vida, se siente impulsado apostólicamente por la Congregación General XXXII de la Compañía de Jesús que da a todos los jesuitas la misión de promover una fe viva, íntimamente unida a la justicia.

Como buen jesuita había sido formado no solo en el amor radical a Jesucristo y a su Iglesia, sino también en una síntesis de los dinamismos universalistas y encarnacionales de su propia orden apostólica. Dinamismos que exigen siempre un control riguroso de sí mismo y una fuerte disponibilidad para enfrentar las tensiones de una vida y acción apostólica con frecuencia marcada por la cruz histórica o personal. El afán de servicio, el amor al pueblo salvadoreño y a su cultura, no se veía interrumpido por las limitaciones que todos podemos tener. Al contrario, tenía la capacidad de controlar todos aquellos rasgos de su carácter que pudieran perjudicar su servicio y apostolado. De carácter apasionado y, en ocasiones, muy detallista, ponía todas sus potencialidades al servicio del trabajo apostólico.                                                                              Aunque le tocó vivir tiempos y momentos duros, tensiones sociales e incluso comunitarias y religiosas que le sumieron en verdaderos momentos de crisis, nunca se apartó de un ejemplar servicio evangélico con y para sus parroquianos. A pesar de sus propias dificultades y crisis nunca dejó de ser cordial con la gente sencilla, alegre y generador de confianza, con una profunda paciencia y solidaridad para con los humildes y sencillos, ofreciéndoles siempre una sincera cercanía humana y un hondo equilibrio personal que infundía siempre serenidad y esperanza.

4.- Actualidad y ejemplaridad

Su vida, reconocida como martirial en toda su dimensión de servidor de Jesús hasta el derramamiento de su sangre, mantiene hoy en día, casi cincuenta años después de su sacrificio, un significado de permanente actualidad en nuestras tierras. El campo continúa abandonado. A pesar de ser un país de clara tradición agrícola, el hambre permanece como una herida sangrante entre nuestra población en pobreza. Los empresarios de la construcción arrasan con fuentes de agua, lugares arqueológicos y privan de sus derechos a los pobres, incluso metiendo en la cárcel a los defensores del medio ambiente. La pobreza, la violencia, la vulnerabilidad y la desigualdad continúan como problemas graves. La propaganda gubernamental de paz, felicidad y desarrollo, encubre las privaciones existentes. Y sus mensajes de felicidad se convierten rápidamente en insultos, amenazas y formas de persecución cuando las voces críticas recuerdan la pobreza o las violaciones estatales de Derechos Humanos. La corrupción, la arbitrariedad autoritaria, la debilidad de las instituciones, la escasa protección social, la ausencia de un diálogo sincero sobre los problemas socioeconómicos, el machismo, el abuso del débil, la tendencia a clasificar como amigos o enemigos según la crítica o la alabanza proferida, y la proliferación de un lenguaje de odio contra el pensamiento o la información crítica, continúan siendo un desafío para la convivencia y para cualquier proyecto de desarrollo justo y solidario.

Frente a esta dura realidad social, la vida y muerte de Rutilio, así como su resurrección en la vida de muchos salvadoreños, manifestada en la alegría de su beatificación y la de sus compañeros, nos invita a recuperar la profecía y la propuesta de un desarrollo democrático y social coherente con la igual dignidad de toda persona. Hoy tenemos más recursos que en el pasado, conocemos mejor las experiencias de otros pueblos, hemos desarrollado una mayor conciencia de la realidad, leemos mejores estudios y documentos que nos dan luz sobre la vida personal y social, la Doctrina Social de la Iglesia abarca cada día más la complejidad de las situaciones actuales. Nos queda como desafío “revitalizar nuestro modo de ser católico” (Aparecida 13), llenándonos de pasión misionera y evangelizadora, abriendo nuestra conciencia al clamor de los pobres, convirtiéndonos en profetas y testigos de una sociedad diferente en la que la fraternidad supere toda tendencia a dividirnos, clasificarnos y ubicar en la vida al prójimo y al hermano como superiores o inferiores. Rutilio fue un ejemplo hace casi medio siglo de lo que era revitalizar la fe en una situación compleja e injusta. Permanece para nosotros como impulso y fuerza, como ánimo y luz del espíritu. Que la celebración de su beatificación que marcó el inicio de este año, nos conduzca a la planificación y construcción de un futuro más fraterno y más justo.

José Mª Tojeira

Beatificación de Rutilio y compañeros

Rutilio Grande: «Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué»

Rutilio Grande: "Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué"
Rutilio Grande: «Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué»

Rutilio Grande fue un jesuita salvadoreño, un profeta en su tiempo y contexto, que fiel a la Buena Noticia del Evangelio anunció como Jesús la liberación a la gente más sencilla, los campesinos salvadoreños que vivían una situación de opresión muy fuerte, en el inicio de una guerra civil.

La muerte de Rutilio fue un punto de inflexión en la vida de Romero, que le impulso a comprometer su vida con la comunidad a la que servía como pastor, hasta entregar su vida: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

No es fácil encontrar una correlación directa, pero parece clara la influencia de Rutilio y tantas otras personas que siguieron su estela, en la concreción de una de las preferencias apostólicas de los jesuitas para los próximos 10 años: “caminar con los excluidos”.

Hay algo de Rutilio y también de Romero que me impresiona enormemente. Ambos eran dos hombres frágiles, física y mentalmente, con periodos de oscuridad y fuerte fragilidad, y es desde esta realidad que Dios los llama. No porque fueran perfectos o con superpoderes, sino porque es a través de esa debilidad que el Señor los hizo “fuertes”.

En un mundo a veces agarrotado por el miedo y deseoso de construir muros, Rutilio nos invita a ser generosos y a tender puentes, nos anima a construir comunidad, a caminar juntos, a crear una mesa común, una mesa inclusiva, donde todos y todas tenemos nuestro lugar, donde nadie se queda fuera.

Por | Alberto Ares director del Servicio Jesuita a Refugiados – JRS Europe

¿Quién fue Rutilio Grande?

Rutilio Grande fue un jesuita salvadoreño, un profeta en su tiempo y contexto, que fiel a la Buena Noticia del Evangelio anunció como Jesús la liberación a la gente más sencilla, los campesinos salvadoreños que vivían una situación de opresión muy fuerte, en el inicio de una guerra civil. En el camino, acercó todas las nuevas enseñanzas de la Iglesia y las popularizó, construyendo comunidad, como una Iglesia cercana a los más desvalidos, denunciando las injusticias, formando a agentes pastorales y sentándose todos juntos a la mesa. Rutilio Grande García nació en El Paisnal el 5 de julio de 1928 y fue asesinado en Aguilares el 12 de marzo de 1977, a la edad de 48 años.       

Rutilio_Grande

¿Cuál fue su relación con Monseñor Romero?

Rutilio fue un gran amigo y colaborador de Mons. Romero. Hay un consenso claro en que la conversión de Romero hacia una Iglesia encarnada y cercana a los más pobres fue gracias al testimonio de su amigo Rutilio. La muerte de Rutilio, debido a su compromiso con los desheredados de El Salvador y la denuncia de las injusticias, fue un punto de inflexión en la vida de Romero, que le impulso a comprometer su vida con la comunidad a la que servía como pastor, hasta entregar su vida: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

mural-de-rutilio-y-romero (1)

¿Y la influencia en los mártires de la UCA y la Compañía de Jesús?

El Vaticano II tuvo una gran influencia en toda la Iglesia, y en especial en la Iglesia Latinoamericana donde desde Medellín se encarnó de una forma especial en el caminar junto a los más pobres. Esas enseñanzas que Rutilio y más tarde Romero hicieron suyas en su vida y ministerio, junto a la de tantas personas y comunidades, influyeron en toda la Iglesia Salvadoreña y nuestros compañeros en la UCA. Dicen las personas que conocieron de primera mano a los compañeros mártires, que un impacto importante de Rutilio y Romero, fue ver cómo los jesuitas comenzaban a acompañar y salir a las comunidades, y como la vida de las comunidades entraba de lleno en la Universidad.

Asimismo, no es fácil encontrar una correlación directa, pero parece clara la influencia de Rutilio y tantas otras personas que siguieron su estela, en la concreción de una de las preferencias apostólicas de los jesuitas para los próximos 10 años: “caminar con los excluidos”, es decir, caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia.    

RUTILIO-GRANDE-MURAL

¿Por qué es importante esta beatificación?

La beatificación de Rutilio, junto a Manuel Solórzano y Nelson Lemus, dos miembros de su comunidad, y la del P. Cosme Spessotto, nos anuncia a mi modo de ver dos cosas muy importantes. La primera es que la Iglesia propone como modelos de santidad a unas personas que entregaron su vida, como Jesús, al anunció de la Buena Noticia a los más pobres por amor. Un amor que los llevó a entregar su vida. Este hecho es de vital importancia para el pueblo salvadoreño y para todo el mundo, que ha vivido durante años oprimido y olvidado. Esta beatificación evidencia que Dios nunca abandona a su pueblo. En segundo lugar, nos invitan a seguir su ejemplo, a construir comunidad, a sentarnos juntos a la mesa, a proclamar la buena noticia, a sanar los corazones heridos y a anunciar la liberación.

Actual Rutilio

¿Cómo te interpela: personalmente y como jesuita?

Tengo que decir que Rutilio y Romero son dos figuras que animan y alientan mi vocación y me acercan a Jesús. De ellos he aprendido a creer y a animar la comunidad, a estar cerca de la gente sencilla que es portadora de la Buena Noticia, de la importancia de la formación, de proclamar la Palabra y de encarnarla como comunidad. Hay algo de Rutilio y también de Romero que me impresiona enormemente. Ambos eran dos hombres frágiles, física y mentalmente, con periodos de oscuridad y fuerte fragilidad, y es desde esta realidad que Dios los llama. No porque fueran perfectos o con superpoderes, sino porque es a través de esa debilidad que el Señor los hizo “fuertes”. A todos los que no somos perfectos nos consuela ver que el Señor llama y pone como ejemplo a Rutilio. Dios no nos quiere porque hagamos todo bien, sino que nos acoge y nos llama a pesar de nuestras debilidades y limitaciones, confía en nosotros, ayudándonos a partir de donde estamos a dar pasos adelante, a caminar a su lado.

get_img

¿Qué mensaje de esperanza podemos encontrar para nuestra realidad actual?

Rutilio pronunció una homilía que fue un hito determinante en su vida, pues su anuncio y denuncia lo llevó a la muerte. En este conocido Sermón de Apopa decía así: “Un mundo material para todos sin fronteras. Una mesa común con manteles largos para todos. Cada uno con su taburete. Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué.”

En un mundo a veces agarrotado por el miedo y deseoso de construir muros, Rutilio nos invita a ser generosos y a tender puentes. Asimismo, nos anima a construir comunidad, a caminar juntos, a crear una mesa común, con manteles largos que dotan de dignidad a los comensales, una mesa inclusiva, donde todos y todas tenemos nuestro lugar, donde nadie se queda fuera. Una invitación a vivir junto a los desheredados de este mundo, a formarnos, a ser profetas de nuestro tiempo, a zambullirnos en la Biblia y a hacerla carne en la comunidad.

La nube de testigos

Mártires salvadoreños beatificados

José M. Tojeira

Después de narrar la resistencia en la fe de los oyentes y seguidores de la Palabra, la carta a los Hebreos continúa en el capítulo 12 diciendo que nos rodea una nube de testigos que debe estimularnos en nuestros compromisos cristianos. Nada más actual que ese texto, ahora que hemos celebrado la beatificación de Cosme Spessotto, Rutilio Grande, Nelson y Manuel. Mons. José Luis Escobar, en su carta pastoral sobre el martirio, recordaba también en el contexto martirial salvadoreño la visión del apocalipsis de una gran multitud “vestidos con túnicas blancas y con palmas en la mano”. Las cuatro beatificaciones que celebramos son, con Mons Romero, la punta de lanza y el signo visible de una enorme cantidad de mártires salvadoreños, que desde muy diferentes actividades y servicios se identificaron en la muerte con el Señor, fieles a la Palabra hecha vida. La memoria de ellos, igual que la beatificación, es ya un signo de la resurrección de nuestros hermanos profetas del Evangelio y de la audacia de ser fieles hasta el final.

Esta historia martirial del pueblo salvadoreño nos llama y nos interpela a revisar nuestro caminar. En el Plan Pastoral de la Archidiócesis, vivir la dimensión martirial de nuestra Iglesia se presenta como una tarea necesaria para vivir en nuestro aquí y ahora el Evangelio. Cuando en un país como el nuestro continúan existiendo demasiados rostros que nos recuerdan el de Jesús crucificado, no podemos menos que repetir con el apóstol Pablo que el amor de Cristo nos apremia (2 Cor 5, 14) y nos exige renovar nuestra realidad. La pobreza, el hambre, la desigualdad, los ancianos sin pensión, desprotegidos y abandonados, los niños de la calle, los campesinos condenados a una subsistencia vulnerable, los trabajadores mal pagados y sujetos a la humillación de los poderosos, las niñas y adolescentes abusadas, nos recuerdan el rostro de Cristo ensangrentado. Los mártires sintieron esa realidad y trataron de enjugar lágrimas, infundir esperanzas, animar y recordar la suprema dignidad del ser humano como hijos e hijas de Dios. Y supieron vivir sin que la muerte fuera un freno a su esperanza y a su solidaridad.

Hoy, la nube de los innumerables testigos que nos ha legado nuestra historia relativamente reciente nos llama a la acción. El Concilio Vaticano II, al hablar de la Iglesia como pueblo mesiánico, nos indica que quienes tenemos a Cristo como cabeza debemos “dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra” (LG 9). Esa tarea de ampliar el Reino de Dios significa, en muchos sentidos transformar el mundo en que vivimos. Y esa transformación solo se puede lograr desde las labores más específicamente cristianas de personas convertidas al Evangelio, y desde la colaboración propositiva y crítica con todos los seres humanos de buena voluntad que desean un mundo más justo. Un mundo sin fuertes que opriman a los débiles, sin pobreza, sin que se pongan el poder del dinero, de las armas o de la manipulación ideológica por encima de la dignidad universal de la persona humana y de su derechos a vivir en fraternidad y en desarrollo pleno de sus capacidades. El mundo era complejo en tiempo de Jesús y continúa siendo hoy un lugar con demasiada indiferencia ante el dolor del pobre, del sencillo y del débil. Nuestros mártires recién beatificados fueron para los pobres sal y luz como Jesús, hasta convertirse con Él en ofrenda crucificada al Padre Dios. Su proceso de resurrección se ha unido ya al Espíritu que vivifica a la Iglesia. Y eso nos exige abrirnos a ese mismo Espíritu que llevó a Nelson, Manuel, Rutilio y Cosme a la entrega total, profética y amorosa. Ellos nos invitan hoy a expandir y afirmar en este mundo y en nuestro país ese Reino de Dios que es de vida plena, de verdad en la hermandad, y de paz con justicia y amor.    

El Salvador tiene ya cuatro nuevos beatos

4 nuevos beatos en El Salvador

En punto de las 17:00 horas (tiempo local) comenzó este sábado la misa de beatificación de los cuatro mártires de El Salvador: el sacerdote jesuita Rutilio Grande García, los laicos Manuel Solórzano y Nelson Lemus, y el fraile de origen italiano Cosme Spessotto, quienes murieron mártires en una época turbulenta, previa a la guerra civil en ese país centroamericano (1979-1992).


La celebración –presidida por el delegado del papa Francisco, el cardenal Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador- se llevó a cabo en la Plaza del Divino Salvador del Mundo, misma que el 23 de mayo de 2015 fue testigo de la beatificación de monseñor Óscar Romero, y en la que en esta ocasión se reunieron más de seis mil personas.

¡Ya son beatos!

Tras la petición -por parte de los obispos ordinarios de las diócesis a las que pertenecían los mártires- de que éstos fueran inscritos en el número de los beatos, el cardenal Rosa Chávez leyó en latín la respuesta del papa Francisco:

“Carta Apostólica: acogiendo el deseo de nuestros hermanos: José Luis Escobar Alas, arzobispo de San Salvador, y de Elías Samuel Bolaños Avelar, salesiano de Don Bosco, obispo de Zacatecoluca, así como de muchos otros hermanos en el episcopado y de muchos fieles. Después de haber recibido el parecer de la Congregación de las Causas de los Santos, con nuestra autoridad apostólica, concedemos que a los venerable siervos de Dios: Rutilio Grande García, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús; Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, laicos, así como a Cosme Spessotto, sacerdote profeso de la orden de los frailes menores, mártires, heroicos testigos del Reino de Dios -Reino de justicia-, el amor y la paz, hasta la efusión de la sangre, de ahora en adelante sean llamados beatos, y que sean celebrados cada año en los lugares, y según las reglas establecidas por el Derecho, respectivamente el 12 de marzo y el 10 de junio. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 20 de diciembre del año del Señor, 2021, noveno de nuestro pontificado, Francisco”.

Acto seguido, se desplegó la gigantografía de los nuevos beatos en la plaza del Divino Salvador, y el cardenal Rosa Chávez recibió las reliquias de los mártires en el altar. Posteriormente los obispos y los postuladores de las causas agradecieron al papa Francisco por haber atendido su petición.

Un día glorioso

En su homilía, el cardenal Rosa Chávez aseguró que el pueblo salvadoreño ve en los mártires que han sido inscritos en el libro de los beatos, una imagen de su propia historia, marcada por alegrías y esperanzas, pero también por tristezas y angustias.

Para el obispo auxiliar de San Salvador, el 22 de enero de 2022 pasará a la historia de ese país como un día glorioso “porque estamos recogiendo la cosecha, ¡y qué cosecha! ¿Quiénes estamos aquí? –se preguntó– somos una representación de todo el pueblo salvadoreño, y hemos venido de todos los rincones de la patria. Aquí hay humildes campesinos y campesinas que exultan de júbilo al ver que la Iglesia reconoce la santidad de quienes han dado su vida en su servicio“.

“Hemos llenado esta plaza y sus alrededores –continuó– quienes hemos vivido esta experiencia intensamente, los que han experimentado en carne propia el drama de la violencia institucionalizada, de la violencia del conflicto armado y la violencia de todos los días; los que hemos visto caer sin vida a personas muy amadas que no tenían nada que ver con el conflicto, y los que han escapado como un pájaro de la trampa del cazador”.

El cardenal salvadoreño recordó que la sangre derramada, unida a la de Cristo, es fuente de esperanza para el pueblo de El Salvador, porque en la persona de los mártires Dios ha reivindicado a todas las víctimas inocentes:

“Rutilio, Manuel, Nelson y Cosme dan nombre a todas las víctimas inocentes ofrecidas en el sacrílego altar de los ídolos del poder, del placer y del dinero. Esa sangre derramada es germen de reconciliación y de paz“, aseveró.

Un evento continental

En la celebración eucarística estuvieron presentes autoridades civiles, encabezadas por el presidente Nayib Armando Bukele Ortez, así como el nuncio apostólico en El Salvador, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosas de diferentes partes de América Latina, y algunos familiares de los cuatro mártires beatificados.

En el altar de la celebración destacó la imagen de Nuestra Señora Reina de La Paz y la del Divino Salvador del Mundo, así como una manta con la frase apocalíptica: “estos son los que vienen de la gran tribulación. Ellos han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero”, en referencia a los nuevos beatos.

La ceremonia se transmitió a través de las redes sociales del CELAM y de diferentes diócesis de América Latina y el Caribe, así como por varias televisoras y radiodifusoras locales.

El cardenal Rosa Chávez había adelantado a Vida Nueva que los medios de comunicación recibían con simpatía este hecho histórico, “quizá porque el país necesita buenas noticias y mucho oxígeno espiritual para purificar una atmósfera contaminada por la mentira, la violencia verbal y otras formas de polarización”