Beatificación de Rutilio y compañeros

Rutilio Grande: «Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué»

Rutilio Grande: "Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué"
Rutilio Grande: «Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué»

Rutilio Grande fue un jesuita salvadoreño, un profeta en su tiempo y contexto, que fiel a la Buena Noticia del Evangelio anunció como Jesús la liberación a la gente más sencilla, los campesinos salvadoreños que vivían una situación de opresión muy fuerte, en el inicio de una guerra civil.

La muerte de Rutilio fue un punto de inflexión en la vida de Romero, que le impulso a comprometer su vida con la comunidad a la que servía como pastor, hasta entregar su vida: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

No es fácil encontrar una correlación directa, pero parece clara la influencia de Rutilio y tantas otras personas que siguieron su estela, en la concreción de una de las preferencias apostólicas de los jesuitas para los próximos 10 años: “caminar con los excluidos”.

Hay algo de Rutilio y también de Romero que me impresiona enormemente. Ambos eran dos hombres frágiles, física y mentalmente, con periodos de oscuridad y fuerte fragilidad, y es desde esta realidad que Dios los llama. No porque fueran perfectos o con superpoderes, sino porque es a través de esa debilidad que el Señor los hizo “fuertes”.

En un mundo a veces agarrotado por el miedo y deseoso de construir muros, Rutilio nos invita a ser generosos y a tender puentes, nos anima a construir comunidad, a caminar juntos, a crear una mesa común, una mesa inclusiva, donde todos y todas tenemos nuestro lugar, donde nadie se queda fuera.

Por | Alberto Ares director del Servicio Jesuita a Refugiados – JRS Europe

¿Quién fue Rutilio Grande?

Rutilio Grande fue un jesuita salvadoreño, un profeta en su tiempo y contexto, que fiel a la Buena Noticia del Evangelio anunció como Jesús la liberación a la gente más sencilla, los campesinos salvadoreños que vivían una situación de opresión muy fuerte, en el inicio de una guerra civil. En el camino, acercó todas las nuevas enseñanzas de la Iglesia y las popularizó, construyendo comunidad, como una Iglesia cercana a los más desvalidos, denunciando las injusticias, formando a agentes pastorales y sentándose todos juntos a la mesa. Rutilio Grande García nació en El Paisnal el 5 de julio de 1928 y fue asesinado en Aguilares el 12 de marzo de 1977, a la edad de 48 años.       

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¿Cuál fue su relación con Monseñor Romero?

Rutilio fue un gran amigo y colaborador de Mons. Romero. Hay un consenso claro en que la conversión de Romero hacia una Iglesia encarnada y cercana a los más pobres fue gracias al testimonio de su amigo Rutilio. La muerte de Rutilio, debido a su compromiso con los desheredados de El Salvador y la denuncia de las injusticias, fue un punto de inflexión en la vida de Romero, que le impulso a comprometer su vida con la comunidad a la que servía como pastor, hasta entregar su vida: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

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¿Y la influencia en los mártires de la UCA y la Compañía de Jesús?

El Vaticano II tuvo una gran influencia en toda la Iglesia, y en especial en la Iglesia Latinoamericana donde desde Medellín se encarnó de una forma especial en el caminar junto a los más pobres. Esas enseñanzas que Rutilio y más tarde Romero hicieron suyas en su vida y ministerio, junto a la de tantas personas y comunidades, influyeron en toda la Iglesia Salvadoreña y nuestros compañeros en la UCA. Dicen las personas que conocieron de primera mano a los compañeros mártires, que un impacto importante de Rutilio y Romero, fue ver cómo los jesuitas comenzaban a acompañar y salir a las comunidades, y como la vida de las comunidades entraba de lleno en la Universidad.

Asimismo, no es fácil encontrar una correlación directa, pero parece clara la influencia de Rutilio y tantas otras personas que siguieron su estela, en la concreción de una de las preferencias apostólicas de los jesuitas para los próximos 10 años: “caminar con los excluidos”, es decir, caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia.    

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¿Por qué es importante esta beatificación?

La beatificación de Rutilio, junto a Manuel Solórzano y Nelson Lemus, dos miembros de su comunidad, y la del P. Cosme Spessotto, nos anuncia a mi modo de ver dos cosas muy importantes. La primera es que la Iglesia propone como modelos de santidad a unas personas que entregaron su vida, como Jesús, al anunció de la Buena Noticia a los más pobres por amor. Un amor que los llevó a entregar su vida. Este hecho es de vital importancia para el pueblo salvadoreño y para todo el mundo, que ha vivido durante años oprimido y olvidado. Esta beatificación evidencia que Dios nunca abandona a su pueblo. En segundo lugar, nos invitan a seguir su ejemplo, a construir comunidad, a sentarnos juntos a la mesa, a proclamar la buena noticia, a sanar los corazones heridos y a anunciar la liberación.

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¿Cómo te interpela: personalmente y como jesuita?

Tengo que decir que Rutilio y Romero son dos figuras que animan y alientan mi vocación y me acercan a Jesús. De ellos he aprendido a creer y a animar la comunidad, a estar cerca de la gente sencilla que es portadora de la Buena Noticia, de la importancia de la formación, de proclamar la Palabra y de encarnarla como comunidad. Hay algo de Rutilio y también de Romero que me impresiona enormemente. Ambos eran dos hombres frágiles, física y mentalmente, con periodos de oscuridad y fuerte fragilidad, y es desde esta realidad que Dios los llama. No porque fueran perfectos o con superpoderes, sino porque es a través de esa debilidad que el Señor los hizo “fuertes”. A todos los que no somos perfectos nos consuela ver que el Señor llama y pone como ejemplo a Rutilio. Dios no nos quiere porque hagamos todo bien, sino que nos acoge y nos llama a pesar de nuestras debilidades y limitaciones, confía en nosotros, ayudándonos a partir de donde estamos a dar pasos adelante, a caminar a su lado.

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¿Qué mensaje de esperanza podemos encontrar para nuestra realidad actual?

Rutilio pronunció una homilía que fue un hito determinante en su vida, pues su anuncio y denuncia lo llevó a la muerte. En este conocido Sermón de Apopa decía así: “Un mundo material para todos sin fronteras. Una mesa común con manteles largos para todos. Cada uno con su taburete. Que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué.”

En un mundo a veces agarrotado por el miedo y deseoso de construir muros, Rutilio nos invita a ser generosos y a tender puentes. Asimismo, nos anima a construir comunidad, a caminar juntos, a crear una mesa común, con manteles largos que dotan de dignidad a los comensales, una mesa inclusiva, donde todos y todas tenemos nuestro lugar, donde nadie se queda fuera. Una invitación a vivir junto a los desheredados de este mundo, a formarnos, a ser profetas de nuestro tiempo, a zambullirnos en la Biblia y a hacerla carne en la comunidad.

La nube de testigos

Mártires salvadoreños beatificados

José M. Tojeira

Después de narrar la resistencia en la fe de los oyentes y seguidores de la Palabra, la carta a los Hebreos continúa en el capítulo 12 diciendo que nos rodea una nube de testigos que debe estimularnos en nuestros compromisos cristianos. Nada más actual que ese texto, ahora que hemos celebrado la beatificación de Cosme Spessotto, Rutilio Grande, Nelson y Manuel. Mons. José Luis Escobar, en su carta pastoral sobre el martirio, recordaba también en el contexto martirial salvadoreño la visión del apocalipsis de una gran multitud “vestidos con túnicas blancas y con palmas en la mano”. Las cuatro beatificaciones que celebramos son, con Mons Romero, la punta de lanza y el signo visible de una enorme cantidad de mártires salvadoreños, que desde muy diferentes actividades y servicios se identificaron en la muerte con el Señor, fieles a la Palabra hecha vida. La memoria de ellos, igual que la beatificación, es ya un signo de la resurrección de nuestros hermanos profetas del Evangelio y de la audacia de ser fieles hasta el final.

Esta historia martirial del pueblo salvadoreño nos llama y nos interpela a revisar nuestro caminar. En el Plan Pastoral de la Archidiócesis, vivir la dimensión martirial de nuestra Iglesia se presenta como una tarea necesaria para vivir en nuestro aquí y ahora el Evangelio. Cuando en un país como el nuestro continúan existiendo demasiados rostros que nos recuerdan el de Jesús crucificado, no podemos menos que repetir con el apóstol Pablo que el amor de Cristo nos apremia (2 Cor 5, 14) y nos exige renovar nuestra realidad. La pobreza, el hambre, la desigualdad, los ancianos sin pensión, desprotegidos y abandonados, los niños de la calle, los campesinos condenados a una subsistencia vulnerable, los trabajadores mal pagados y sujetos a la humillación de los poderosos, las niñas y adolescentes abusadas, nos recuerdan el rostro de Cristo ensangrentado. Los mártires sintieron esa realidad y trataron de enjugar lágrimas, infundir esperanzas, animar y recordar la suprema dignidad del ser humano como hijos e hijas de Dios. Y supieron vivir sin que la muerte fuera un freno a su esperanza y a su solidaridad.

Hoy, la nube de los innumerables testigos que nos ha legado nuestra historia relativamente reciente nos llama a la acción. El Concilio Vaticano II, al hablar de la Iglesia como pueblo mesiánico, nos indica que quienes tenemos a Cristo como cabeza debemos “dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra” (LG 9). Esa tarea de ampliar el Reino de Dios significa, en muchos sentidos transformar el mundo en que vivimos. Y esa transformación solo se puede lograr desde las labores más específicamente cristianas de personas convertidas al Evangelio, y desde la colaboración propositiva y crítica con todos los seres humanos de buena voluntad que desean un mundo más justo. Un mundo sin fuertes que opriman a los débiles, sin pobreza, sin que se pongan el poder del dinero, de las armas o de la manipulación ideológica por encima de la dignidad universal de la persona humana y de su derechos a vivir en fraternidad y en desarrollo pleno de sus capacidades. El mundo era complejo en tiempo de Jesús y continúa siendo hoy un lugar con demasiada indiferencia ante el dolor del pobre, del sencillo y del débil. Nuestros mártires recién beatificados fueron para los pobres sal y luz como Jesús, hasta convertirse con Él en ofrenda crucificada al Padre Dios. Su proceso de resurrección se ha unido ya al Espíritu que vivifica a la Iglesia. Y eso nos exige abrirnos a ese mismo Espíritu que llevó a Nelson, Manuel, Rutilio y Cosme a la entrega total, profética y amorosa. Ellos nos invitan hoy a expandir y afirmar en este mundo y en nuestro país ese Reino de Dios que es de vida plena, de verdad en la hermandad, y de paz con justicia y amor.    

El Salvador tiene ya cuatro nuevos beatos

4 nuevos beatos en El Salvador

En punto de las 17:00 horas (tiempo local) comenzó este sábado la misa de beatificación de los cuatro mártires de El Salvador: el sacerdote jesuita Rutilio Grande García, los laicos Manuel Solórzano y Nelson Lemus, y el fraile de origen italiano Cosme Spessotto, quienes murieron mártires en una época turbulenta, previa a la guerra civil en ese país centroamericano (1979-1992).


La celebración –presidida por el delegado del papa Francisco, el cardenal Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador- se llevó a cabo en la Plaza del Divino Salvador del Mundo, misma que el 23 de mayo de 2015 fue testigo de la beatificación de monseñor Óscar Romero, y en la que en esta ocasión se reunieron más de seis mil personas.

¡Ya son beatos!

Tras la petición -por parte de los obispos ordinarios de las diócesis a las que pertenecían los mártires- de que éstos fueran inscritos en el número de los beatos, el cardenal Rosa Chávez leyó en latín la respuesta del papa Francisco:

“Carta Apostólica: acogiendo el deseo de nuestros hermanos: José Luis Escobar Alas, arzobispo de San Salvador, y de Elías Samuel Bolaños Avelar, salesiano de Don Bosco, obispo de Zacatecoluca, así como de muchos otros hermanos en el episcopado y de muchos fieles. Después de haber recibido el parecer de la Congregación de las Causas de los Santos, con nuestra autoridad apostólica, concedemos que a los venerable siervos de Dios: Rutilio Grande García, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús; Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, laicos, así como a Cosme Spessotto, sacerdote profeso de la orden de los frailes menores, mártires, heroicos testigos del Reino de Dios -Reino de justicia-, el amor y la paz, hasta la efusión de la sangre, de ahora en adelante sean llamados beatos, y que sean celebrados cada año en los lugares, y según las reglas establecidas por el Derecho, respectivamente el 12 de marzo y el 10 de junio. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 20 de diciembre del año del Señor, 2021, noveno de nuestro pontificado, Francisco”.

Acto seguido, se desplegó la gigantografía de los nuevos beatos en la plaza del Divino Salvador, y el cardenal Rosa Chávez recibió las reliquias de los mártires en el altar. Posteriormente los obispos y los postuladores de las causas agradecieron al papa Francisco por haber atendido su petición.

Un día glorioso

En su homilía, el cardenal Rosa Chávez aseguró que el pueblo salvadoreño ve en los mártires que han sido inscritos en el libro de los beatos, una imagen de su propia historia, marcada por alegrías y esperanzas, pero también por tristezas y angustias.

Para el obispo auxiliar de San Salvador, el 22 de enero de 2022 pasará a la historia de ese país como un día glorioso “porque estamos recogiendo la cosecha, ¡y qué cosecha! ¿Quiénes estamos aquí? –se preguntó– somos una representación de todo el pueblo salvadoreño, y hemos venido de todos los rincones de la patria. Aquí hay humildes campesinos y campesinas que exultan de júbilo al ver que la Iglesia reconoce la santidad de quienes han dado su vida en su servicio“.

“Hemos llenado esta plaza y sus alrededores –continuó– quienes hemos vivido esta experiencia intensamente, los que han experimentado en carne propia el drama de la violencia institucionalizada, de la violencia del conflicto armado y la violencia de todos los días; los que hemos visto caer sin vida a personas muy amadas que no tenían nada que ver con el conflicto, y los que han escapado como un pájaro de la trampa del cazador”.

El cardenal salvadoreño recordó que la sangre derramada, unida a la de Cristo, es fuente de esperanza para el pueblo de El Salvador, porque en la persona de los mártires Dios ha reivindicado a todas las víctimas inocentes:

“Rutilio, Manuel, Nelson y Cosme dan nombre a todas las víctimas inocentes ofrecidas en el sacrílego altar de los ídolos del poder, del placer y del dinero. Esa sangre derramada es germen de reconciliación y de paz“, aseveró.

Un evento continental

En la celebración eucarística estuvieron presentes autoridades civiles, encabezadas por el presidente Nayib Armando Bukele Ortez, así como el nuncio apostólico en El Salvador, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosas de diferentes partes de América Latina, y algunos familiares de los cuatro mártires beatificados.

En el altar de la celebración destacó la imagen de Nuestra Señora Reina de La Paz y la del Divino Salvador del Mundo, así como una manta con la frase apocalíptica: “estos son los que vienen de la gran tribulación. Ellos han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero”, en referencia a los nuevos beatos.

La ceremonia se transmitió a través de las redes sociales del CELAM y de diferentes diócesis de América Latina y el Caribe, así como por varias televisoras y radiodifusoras locales.

El cardenal Rosa Chávez había adelantado a Vida Nueva que los medios de comunicación recibían con simpatía este hecho histórico, “quizá porque el país necesita buenas noticias y mucho oxígeno espiritual para purificar una atmósfera contaminada por la mentira, la violencia verbal y otras formas de polarización”

El legado de los mártires a la Iglesia de A.L.

La vida religiosa se une al gozo por beatificación de los cuatro mártires de El Salvador

La CLAR destacó el legado que Rutilio, Cosme, Manuel y Nelson dejaron a la Iglesia en América Latina y El Caribe, el cual interpela de manera especial a la vida religiosa

Mural de Romero y Rutilio

La Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) manifestó su gozo por la beatificación de Rutilio Grande García, Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Lemus, que tendrá lugar la tarde de este 22 de enero en El Salvador.


En un comunicado dirigido a religiosas y religiosos del continente, el organismo internacional aseguró que los llamados cuatro mártires de El Salvador animan a ver con esperanza la vida religiosa, “mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio, recuperando nuestra vocación martirial al servicio de la vida abundante”.

El legado de los mártires

El organismo de derecho pontificio –actualmente encabezado por la religiosa Gloria Liliana Franco– explicó que Rutilio, Cosme, Manuel y Nelson entregaron su vida a la gente más humilde, en una época turbulenta en El Salvador, previa a la guerra civil que azotó el país durante 12 años y que dejó más de 80 mil muertos.

Para la CLAR, el legado que dejaron los nuevos próximos beatos es la obligación de denunciar el dolor de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y de las injusticias.

Nos obligan a escuchar el grito de la destrucción de la casa común y la cultura del descarte que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”, señaló.

Estos mártires también “nos dan lecciones para afrontar el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población”, señala la CLAR.

Y continúa: “Nos hacen detener y reaccionar ante todo lo que se constituye en obstáculo para la sinodalidad a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial de las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia”.

La beatificación interpela a la vida religiosa

Aseguró la CLAR que esta tarde se convertirán en beatos cuatro rostros concretos, quienes, junto a los numerosos religiosas y religiosos de diversas congregaciones en toda América Latina y el Caribe, y también de laicos comprometidos con la vida y con el Evangelio, “han derramado su sangre martirial por el Reino de Dios y su justicia. Han sido místicos, profetas y mártires”.

Y es que, la vida religiosa martirial de América Latina se inscribe dentro de todo el numeroso martirologio de América Latina y el Caribe, que abarca a obispos como Óscar Romero y Enrique Ángel Angelelli, pero también a sacerdotes, catequistas, agentes de pastoral, líderes campesinos, indígenas, mujeres, niños, ancianos, jóvenes, poblaciones enteras que fueron masacradas.

El ejemplo de estos hermanos y de tantas hermanas mártires que han ofrendado su vida por el Reino de Dios en América Latina y el Caribe “son una interpelación para toda la vida religiosa y para toda la Iglesia (…) Hay que seguir soñando con ellas/os y como ellas/os, hay que aprender de ellas/os a gastar la vida por los demás. Como Jesús y por las mismas razones que Jesús”, concluyó el organismo.

El Secretario del Celam en la beatificación

Mons. Jorge Lozano: Rutilio Grande, el jesuita cuyo martirio marcó a fuego la vida de monseñor Óscar Romero, ya es beato

Mons. Jorge Lozano
Mons. Jorge Lozano

Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio

Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle

No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas

Por | Paola Calderón – ADN Celam

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El Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano Monseñor Jorge Eduardo Lozano nos ofrece su reflexión después de vivir la ceremonia de beatificación de 4 mártires en El Salvador: Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Lemos y Cosme Spessotto, un reconocimiento a la Iglesia que vivió el martirio porque tuvo claro con quien estaba comprometida y a quienes debía defender.

Este es el testimonio de Mons. Jorge Eduardo Lozano, Arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina), y Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

Beatificaron en El Salvador a dos laicos y dos religiosos asesinados en los años 70/80. Desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se reeditaron formas de violencia contra la fe.

Cuando escuchamos la palabra “mártires” recordamos a quienes eran arrojados a los leones, decapitados o quemados durante los primeros siglos del cristianismo. Pero desde la segunda mitad del siglo XX, en América Latina, se han vuelto a editar nuevas formas de violencia contra la fe. El modus operandi es diverso. Los mártires de este tiempo son secuestrados, torturados, asesinados. Con acusaciones falsas son manchados para desalentar y boicotear su servicio.

La palabra “mártir” es de origen griego y se traduce como “testigo”, designa a aquella persona que vio o escuchó —también en tiempo presente— y puede dar fe de ese acontecimiento. No se es testigo de abstracciones o ideas sino de acontecimientos concretos.

El Salvador: una Iglesia martirial

El sábado 22 de enero fueron beatificados 4 mártires en El Salvador, el país del Santo Obispo Monseñor Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980. Pero no fueron solamente 4: es el reconocimiento de una Iglesia Martirial. También de modo contemporáneo se produce una persecución a los cristianos como en los primeros siglos. Me contaban que a partir de estas persecuciones violentas unos cuantos abandonaron la Iglesia Católica porque es peligroso pertenecer a ella y adhirieron a otras confesiones religiosas. Para quienes ejercen poderes autoritarios y defienden intereses espurios, es aceptada una Iglesia que sirva, pero sin cuestionar. Que organice comedores y merenderos, pero que no pregunte acerca de las causas del hambre; que se dedique a la recuperación de adictos, pero que no denuncie el avance sostenido e impune del narcotráfico; que predique de la justicia divina al final de los tiempos, pero que no se comprometa con ella ahora; que sea “hospital de campaña”, pero que no cuestione la guerra.

Al sistema económico vinculado al poder de la avaricia le interesa una Iglesia encerrada en los Templos y las sacristías, pero no en la calle. Hay una clara oposición a la dimensión social de la fe que mueve a crear un mundo nuevo desde el presente. Para los cristianos, atender a los pobres es tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo marginado y oprimido, excluido y confinado a vivir en condiciones infrahumanas. No es filantropía o lástima, sino un acto profundamente espiritual, religioso, de culto. Quienes combaten el compromiso social tienen una mirada corta de la fe, y la entienden como instrumento para adormecer conciencias y serenar los ánimos.

En El Salvador fueron muchos los asesinados-mártires. Desde tiempos de monseñor Romero hasta hoy fueron asesinados otro obispo, 20 sacerdotes, 3 religiosas, cientos de catequistas, agentes pastorales, miembros de las comunidades. Conocidos unos, y otros de quienes sólo familiarmente se guarda memoria. Al beatificar a 4 no se restringe un número, sino que se reconoce a muchos. Entre los más recordados en El Salvador están los 6 sacerdotes jesuitas y dos mujeres asesinados en 1989 en la UCA (Universidad Centroamericana).

¿Quiénes son estos nuevos beatos mártires?

Tres de ellos fueron asesinados el 12 de marzo de 1977. El padre Rutilio Grande (48 años de edad, sacerdote jesuita, párroco del lugar), Manuel Solórzano (72 años, acompañaba al padre Rutilio a las Fiestas Patronales, las misas, bendiciones, a lo cual sumaba la tarea de sacristán. Un tiempo antes le habían dicho “cuídate de andar tanto con el padre Rutilio…”) y Nelson Lemos (15 años, monaguillo habitual en las diversas celebraciones). Los emboscaron y asesinaron en una ruta cuando se dirigían a celebrar misa de la novena de San José en una de las comunidades. Los tres fueron sepultados juntos de manera sencilla delante del altar del Templo de San José, lugar al que se dirigían.

El padre Rutilio fue un gran amigo de los pobres. En ellos veía a Jesús, como nos narra la parábola evangélica (Mt 25, 34-40); con ellos dialogaba, rezaba, los acompañaba en sus anhelos de liberación y de paz en un contexto muy duro de violencia ejercida por la dictadura militar en su país.

Fue formador en el Seminario, muy querido y recordado por todos los sacerdotes de los países vecinos; educador en el Externado San José y desde hacía unos cinco años párroco en comunidades campesinas en Aguilares y El Paisnal. Esta última experiencia de encuentro y servicio a los indigentes marcó su ministerio en cercanía con los más olvidados y excluidos. No sólo predicaba a los campesinos oprimidos sino que también aprendió de ellos la paciencia, la laboriosidad, el rechazo de las injusticias.

Asumió con decisión la opción por los pobres cuyas raíces están en una espiritualidad encarnada, la Palabra de Dios, el Concilio Vaticano II y su aplicación práctica expresada en el documento conclusivo de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín del año 1968. Su vida y su palabra manifestaron la dimensión profética de la fe. No era espiritualista y desencarnado, sino bien afirmado en su contexto concreto.

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En su tarea pastoral promovió la participación de los laicos, hombres y mujeres. Una de sus enseñanzas: “Amigos. Volvamos al Evangelio, volvamos al pobre pueblo. Allí se nos aclara cuando se mira turbio el horizonte de nuestro camino pastoral”

Unas cuantas veces lo habían amenazado de muerte queriendo amordazar su predicación. Pero él estaba convencido de que “en el cristianismo hay que estar dispuestos a dar la propia vida en servicio por un orden justo, por salvar a los demás, por los valores del Evangelio”. También afirmó que “el cristiano no tiene enemigos, sino hermanos y por más que sean hermanos Caínes que venden a Cristo, no los odiamos”. Apasionado por Jesús atestiguó que “Cristo está vivo entre nosotros, no nos congrega un muerto”.

Uno de sus biógrafos, Rodolfo Cardenal, recordó que el padre Rutilio Grande decía: “La sociedad tiene que ser como una mesa grande, con manteles largos para todos, donde para todos hubiera qué comer, y un lugar donde sentarse. Esta es una metáfora del Reino de los cielos, en ese sentido tiene mucho que decir en una sociedad golpeada por la desigualdad”. ¡Qué gran actualidad en el contexto de la pandemia que pone delante tantas inequidades e injusticias!

Tenía gran amistad con el Santo obispo Óscar Romero, quien vivió con profundo dolor estos asesinatos, tanto que marcaron un cambio de rumbo definitivo de su tarea pastoral y la defensa de los desfavorecidos. Ambos son importantes referencias para la Iglesia en El Salvador y en todo el continente de América Latina y el Caribe.

Como signo de protesta por estos asesinatos, monseñor Romero determinó suspender todas las misas de ese domingo y concentrarse en una única celebración exequial en la Catedral, de la cual participaron 150 sacerdotes y más de 100.000 feligreses.

En esa misa por la muerte de los tres, monseñor Romero dijo en su predicación: “El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo (…) Un sacerdote con sus campesinos, caminó con su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos”. (14 de marzo de 1977)

En la misma ceremonia fue beatificado el fraile franciscano padre Cosme Spessotto, OFM, asesinado también en El Salvador el 14 de junio de 1980 (a sus 57 años), pocos meses después del martirio de monseñor Romero. Nació al norte de Italia el 28 de enero de 1923. Su nombre de nacimiento fue Santí (que significa Santos), y al recibir el hábito franciscano asumió como nombre “Cosme”, por ser uno de los primeros mártires del cristianismo.

Denunció con firmeza las injusticias, asistía a las víctimas de la guerra civil, daba sepultura a los cadáveres que nadie reclamaba o reconocía. Varias veces le habían amenazado con anónimos, pero él no se dejó amedrentar. Cerca de las 19 horas, mientras rezaba antes de comenzar la misa, lo balearon delante del altar del templo de San Juan Nonualco.

En su testamento espiritual había escrito poco tiempo antes: “Presiento que, de un momento a otro, personas fanáticas me pueden quitar la vida. (…) Morir mártir será una gracia que no merezco. Lavar con la sangre, vertida por Cristo, todos mis pecados, defectos y debilidades de la vida pasada, sería un don gratuito del Señor. De antemano perdono y pido al Señor la conversión de los autores de mi muerte”.

El contexto político del momento en El Salvador estaba presagiando la guerra civil de 12 años que trajo la consecuencia de 75.000 muertos, pobreza, injusticia, dolor, odios y rencores.

Mensaje del enviado del Papa Francisco a la cuádruple beatificación

Monseñor Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de la arquidiócesis de El Salvador y primer cardenal salvadoreño, en su homilía durante la ceremonia de beatificación reavivó la gloria de la cosecha de la vida entregada de los mártires, “la alegría y el júbilo de los humildes campesinos porque la Iglesia reconoce a quienes dieron su vida”, valoró la firma de los acuerdos de paz que pusieron fin a “esa guerra fraticida” que duró 12 años, instó a los jóvenes a seguir la “antorcha de los mártires”, destacó que El Salvador es el único país del mundo que lleva el nombre de Jesucristo, y que “nunca la violencia será el camino para encontrar la paz”.

Como comenzaba diciendo, la persecución y el martirio marcaron los inicios del cristianismo. En el año 197, Tertuliano escribió “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Veinte siglos después, en nuestro tiempo, sigue habiendo hombres y mujeres que son perseguidos y asesinados por odio a la fe. Catequistas, agentes pastorales militantes de derechos humanos, defensores de los pueblos indígenas, miembros de organizaciones ambientales, hermanas y hermanos que se comprometen en la liberación de las víctimas del narcotráfico y la trata de personas…

La beatificación de los cuatro mártires nos los asegura como intercesores ante el Padre, a la vez que nos muestra la radicalidad evangélica de sus vidas entregadas. Hoy seguimos estando llamados a estar cerca de los hambrientos y oprimidos del Continente, a caminar con ellos. Nos dejan un gran ejemplo a seguir. Es posible ser “Iglesia pobre para los pobres”, en salida, Samaritana, cercana, que escucha y hace propio el clamor de los pobres.

Pedimos a Dios que sean semillas de nuevos cristianos; y a los que ya lo somos, nos conceda ser apasionados por Jesús y por su pueblo.

Rutilio Grande, el cura que cambió a su obispo

Lugar del asesinato de Rutilio y de sus dos compañeros
Lugar del asesinato de Rutilio y de sus dos compañeros

La grandeza de Rutilio se explica porque fue un cura que se empeñó en “superar la idea de un sacerdote patriarcal, supervisor de una religión expresada en cultos y prácticas rutinarias”. Y sustituir eso por “una comunidad de hermanos comprometidos en la construcción de un mundo nuevo, sin opresores ni oprimidos”

Una de las consecuencias más gratificantes y duraderas, que produjeron aquellas muertes, fue la influencia que los tres mártires han tenido en aquel país, concretamente en la zona de la ciudad de Aguilares

Por | Margarita Orozco

El próximo sábado, día 22, será beatificado el jesuita Rutilio Grande. El acto se celebrará en San Salvador, capital de El Salvador. La grandeza de Rutilio se explica porque fue un cura que se empeñó en “superar la idea de un sacerdote patriarcal, supervisor de una religión expresada en cultos y prácticas rutinarias”. Y sustituir eso por “una comunidad de hermanos comprometidos en la construcción de un mundo nuevo, sin opresores ni oprimidos”. Este proyecto fue tan genial, que llegó a cambiar a Monseñor Romero, un santo de caridad y limosna a los pobres, que se transformó en santo de cambio social en igualdad para todos.

Pues bien, estas ideas, llevadas a la práctica diaria de la vida, fue lo que le costó la vida misma, primero al propio Rutilio y dos hombres más; Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus. En segundo lugar, a Mons. Romero que se enfrentó a las desigualdades e injusticias que eran la causa de tanto sufrimiento en El Salvador.

Una de las consecuencias más gratificantes y duraderas, que produjeron aquellas muertes, fue la influencia que los tres mártires han tenido en aquel país, concretamente en la zona de la ciudad de Aguilares. En esta ciudad, fue párroco Rutilio, que vivía en El Paisnal, desde donde atendía a 58 comunidades, 12 cantones y 3 barrios.

El Paisnal, donde nació Rutilio Grande
El Paisnal, donde nació Rutilio Grande

Por todo esto, podemos y debemos dar gracias a Dios porque tenemos un papa, el actual P. Jorge Mario Bergoglio (papa Francisco), que le está dando un giro a la Iglesia, que se concreta en casos como el de Rutilio Grande y sus dos compañeros.

Concretando más, puedo y debo decir que yo he vivido numerosas temporadas, en la casa donde Rutilio vivió y llevó adelante todo su trabajo. Yo he tenido la suerte de ir a el Salvador durante más de 25 años. Y allí, a poco más de un quilómetro, he acompañado eficazmente, a una comunidad, radicada a poco más de un kilómetro de El Paisnal.

Es la comunidad Dimas Rodríguez. Que se estrenó en una palpable pobreza y hoy tiene estudiantes universitarios y algunos ya titulados. Es de agradecer la ayuda que nos han prestado no pocos granadinos y hasta nuestra Universidad de Granada. Tenemos sobrados motivos para dar gracias a la vida y a todos los que han compartido nuestra ilusión.

La CLAR en la beatificación de los mártires

La vida religiosa se une al gozo por beatificación de los cuatro mártires de El Salvador

Mural de Romero y Rutilio
Mural conmemorativo en El Paisnal

La CLAR destacó el legado que Rutilio, Cosme, Manuel y Nelson dejaron a la Iglesia en América Latina y El Caribe, el cual interpela de manera especial a la vida religiosa

La Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) manifestó su gozo por la beatificación de Rutilio Grande García, Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Lemus, que tendrá lugar la tarde de este 22 de enero en El Salvador.


En un comunicado dirigido a religiosas y religiosos del continente, el organismo internacional aseguró que los llamados cuatro mártires de El Salvador animan a ver con esperanza la vida religiosa, “mujeres y hombres que viviendo contracorriente dan testimonio de la buena nueva del Evangelio, recuperando nuestra vocación martirial al servicio de la vida abundante”.

El legado de los mártires

El organismo de derecho pontificio –actualmente encabezado por la religiosa Gloria Liliana Franco– explicó que Rutilio, Cosme, Manuel y Nelson entregaron su vida a la gente más humilde, en una época turbulenta en El Salvador, previa a la guerra civil que azotó el país durante 12 años y que dejó más de 80 mil muertos.

Para la CLAR, el legado que dejaron los nuevos próximos beatos es la obligación de denunciar el dolor de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y de las injusticias.

Nos obligan a escuchar el grito de la destrucción de la casa común y la cultura del descarte que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”, señaló.

Estos mártires también “nos dan lecciones para afrontar el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población”, señala la CLAR.

Y continúa: “Nos hacen detener y reaccionar ante todo lo que se constituye en obstáculo para la sinodalidad a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial de las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia”.

La beatificación interpela a la vida religiosa

Aseguró la CLAR que esta tarde se convertirán en beatos cuatro rostros concretos, quienes, junto a los numerosos religiosas y religiosos de diversas congregaciones en toda América Latina y el Caribe, y también de laicos comprometidos con la vida y con el Evangelio, “han derramado su sangre martirial por el Reino de Dios y su justicia. Han sido místicos, profetas y mártires”.

Y es que, la vida religiosa martirial de América Latina se inscribe dentro de todo el numeroso martirologio de América Latina y el Caribe, que abarca a obispos como Óscar Romero y Enrique Ángel Angelelli, pero también a sacerdotes, catequistas, agentes de pastoral, líderes campesinos, indígenas, mujeres, niños, ancianos, jóvenes, poblaciones enteras que fueron masacradas.

El ejemplo de estos hermanos y de tantas hermanas mártires que han ofrendado su vida por el Reino de Dios en América Latina y el Caribe “son una interpelación para toda la vida religiosa y para toda la Iglesia (…) Hay que seguir soñando con ellas/os y como ellas/os, hay que aprender de ellas/os a gastar la vida por los demás. Como Jesús y por las mismas razones que Jesús”, concluyó el organismo

La beatificación de los mártires salvadoreños

Rutilio, Spessotto, Lemus y Solórzano, mártires de la justicia y el Evangelio en El Salvador, ya son beatos

Rutilio, Spessotto, Lemus y Solórzano, mártires de la justicia y el Evangelio en El Salvador, ya son beatos
Rutilio, Spessotto, Lemus y Solórzano, mártires de la justicia y el Evangelio en El Salvador, ya son beatos EDH/Moisés Rivera

Spessotto, Romero y Grande fueron asesinados por «odio a la fe», según rezan cada uno de los decretos del Vaticano, y son recordados por su defensa hacia los pobres salvadoreños -fuertemente golpeados por el conflicto armado interno que dejó más de 75.000 muertos y entre 8.000 y 10.000 desaparecidos

«Rutilio, Manuel, Nelson y Cosme, dan nombre a todas las víctimas inocentes ofrecidas en el sacrílego altar de los ídolos del poder, del placer y del dinero. La sangre derramada por nuestros mártires asociada a la del sacrificio de Cristo en la cruz es germen de reconciliación y de paz”

Al menos 500 religiosos, entre curas, monjes y laicos, fueron asesinados antes y durante la guerra interna salvadoreña

«El hecho de que oficialmente la Iglesia los acepte como mártires es que su vida fue correcta, se arriesgaron por ayudar a los pobres y fueron fieles a una llamada (de servicio) que les costó la vida» recordó Rosa Chávez

23.01.2022

Rutilio Grande, Cosme Spessotto y los laicos Nelson Lemus y Manuel Solórzano se convirtieron este sábado en los nuevos mártires de la iglesia Católica de El Salvador tras ser elevados a los altares pasados más de 40 años de sus asesinatos en el contexto de la guerra civil (1980-1992).

«Con nuestra autoridad apostólica concedemos que los venerables siervos de Dios Rutilio Grande, Manuel Solórzona y Nelson Lemus, así como Cosme Spessotto, mártires, heroicos testigos del reino de Dios y el reino de justicia (…) de ahora en adelante sean llamados beatos», proclamó el padre Rodolfo Cardenal al leer la carta apostólica envida por el papa Francisco.

La carta también establece que los mártires -considerados ahora así por la iglesia Católica- «sean celebrados cada año en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, respectivamente el 12 de marzo y el 10 de junio».

El acto se celebró en un templete con techo de palmas como símbolo de sencillez, en la plaza Divino Salvador del Mundo y acudieron unos seis mil fieles, incluidos sacerdotes y religiosas, muchos llegados del extranjero. En los costados del templete fueron colocadas estampas de los beatos y del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 y canonizado el 14 de octubre de 2018.

En una tarde soleada y con cánticos, cientos de personas vibraron el sábado durante la ceremonia de beatificación de los dos sacerdotes defensores de campesinos y trabajadores, y los dos laicos cuyas muertes impactaron en medio de una cruenta guerra civil de doce años.

«Se arriesgaron por ayudar a los pobres»

«El hecho de que oficialmente la Iglesia los acepte como mártires es que su vida fue correcta, se arriesgaron por ayudar a los pobres y fueron fieles a una llamada (de servicio) que les costó la vida», dijo Rosa Chávez.

En plena Guerra Fría, cuando El Salvador vivía una agitación social reprimida por los militares, Grande mantuvo «una palabra enérgica y cuestionante» y Spessotto tuvo el valor de «enterrar» a los muertos que los militares dejaban como escarmiento en las calles, recuerda el cardenal.

En plena Guerra Fría, cuando El Salvador vivía una agitación social reprimida por los militares, Grande mantuvo «una palabra enérgica y cuestionante» y Spessotto tuvo el valor de «enterrar» a los muertos que los militares dejaban como escarmiento en las calles

«Rutilio, Manuel, Nelson y Cosme, dan nombre a todas las víctimas inocentes ofrecidas en el sacrílego altar de los ídolos del poder, del placer y del dinero. La sangre derramada por nuestros mártires asociada a la del sacrificio de Cristo en la cruz es germen de reconciliación y de paz”, dijo Rosa Chávez.

(Casi) todos los mártires

Fieles católicos de todo el país, muchos de ellos provenientes de la zona de Aguilares y San Juan Nonualco, acudieron a la ceremonia, sostenían imágenes de Grande, Spessotto y los dos laicos, y portaban banderas blancas y amarillas del Vaticano.

El Salvador tuvo a su primer beato en el 2015 cuando monseñor Óscar Arnulfo Romero -posteriormente canonizado en 2018-, asesinado por un francotirador de los escuadrones de la muerte de la extrema derecha en 1980 mientas oficiaba una misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer, fue beatificado.

Spessotto, Romero y Grande fueron asesinados por «odio a la fe», según rezan cada uno de los decretos del Vaticano, y son recordados por su defensa hacia los pobres salvadoreños -fuertemente golpeados por el conflicto armado interno que dejó más de 75.000 muertos y entre 8.000 y 10.000 desaparecidos.

Sin justicia para sus asesinos

Cada uno -a su manera- denunciaba los ataques de los cuerpos de seguridad contra la población civil y otras violaciones a los derechos humanos. Los asesinatos del padre jesuita Grande, Nelson y Manuel, fueron perpetrados en marzo de 1977, cumplen 45 años en este 2022 sin que los autores del hecho se hayan enfrentado a la justicia salvadoreña.

Mientras, en junio del año en curso se conmemoran 42 años del asesinato del religioso italiano Spessotto, quien nació el 28 de enero de 1923 en Mansuè (Treviso), fue enviado a Centroamérica como misionero en 1950 y asignado al municipio de San Juan Nonualco, en el central departamento de La Paz.

Al menos 500 religiosos, entre curas, monjes y laicos, fueron asesinados antes y durante la guerra interna salvadoreña.

Entre las víctimas religiosas también están los seis padres jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA), cinco de ellos españoles; tres monjas estadounidenses de la orden Maryknoll; y varios catequistas de las Comunidades Eclesiales de Base.

La guerra salvadoreña enfrentó al Ejército, y a la entonces guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ahora partido político de oposición

Romero y Rutilio

Arturo Sosa, sj.: «Rutilio Grande fue un jesuita de dimensiones humanas y religiosas  insospechadas»

Romero y Rutilio
Romero y Rutilio

Pascual Cebollada, postulador de la causa: «Su compromiso con la oración  y con la cercanía a Jesús pobre y humilde – algo a lo que todos los jesuitas están  llamados – lo ha convertido en un ejemplo del que todos podemos aprender»

El sacerdote jesuita P. Rutilio Grande de El Salvador será beatificado, el sábado 22 de enero  en San Salvador, junto con dos compañeros laicos y el franciscano P. Cosme Spessotto

«Todos  fueron víctimas de asesinatos a manos de los escuadrones de la muerte, durante los años de  terror en El Salvador, y fueron mártires de la fe y la justicia», recuerda la Compañía en un comunicado

Por Jesús Bastante

La Compañía de Jesús se vuelca en la beatificación del padre Rutilio Grande quien, junto a dos compañeros laicos y el franciscano Cosme Spesotto, será beatificado este sábado en el Salvador. Los jesuitas, que emitirán la celebración a través de sus redes sociales, han querido recordar la figura del sacerdote, una de las ‘piedras vivas’ de la Compañía que aguardan su entrada a los altares, como los jesuitas de la UCA (también mártires en El Salvador), o Pedro Arrupe.

«Todos  fueron víctimas de asesinatos a manos de los escuadrones de la muerte, durante los años de  terror en El Salvador, y fueron mártires de la fe y la justicia», recuerda la Compañía en un comunicado. «El P. Rutilio Grande y sus dos compañeros murieron el 12 de marzo de 1977. Fueron abatidos  por pistoleros que actuaban para el gobierno de entonces».

El actual general de la Compañía, Arturo Sosa, sj., ha emitido un vídeo comunicado en el que reivindica la figura de Rutilio como la de «un jesuita de dimensiones humanas y religiosas  insospechadas».

Consejero, compañero comprensivo y amable

«Él supo ser consejero, compañero comprensivo y amable, al mismo  tiempo firme y serio en lo que se refería a la vida cristiana y al ejercicio responsable del  ministerio presbiteral», recuerda el general jesuita, quien apunta que «la población campesina, de la que él mismo era parte y a la que  sirvió con dedicación en su servicio pastoral, halló en él un religioso cercano, abnegado  y cariñoso, ordenado presbítero para compartir la vida con la comunidad de los  seguidores de Jesús que dan testimonio de la Buena Noticia».https://www.youtube.com/embed/-Qwn02EtKkQ

La ceremonia de beatificación estará presidida por el cardenal Gregorio Rosa Chávez, y en la misma participará el español. Pascual Cebollada, Postulador de la Causa y del resto de causas de la Compañía de Jesús, entre ellas, la de Arrupe. Para Cebollada, «ha sido un consuelo leer la vida de Rutilio, ver cómo este jesuita estaba tan  comprometido con los impotentes y los indefensos».

Sin Rutilio no habría habido Romero

«También aprecié su humanidad y  pude identificarme con él en muchos aspectos de su vida. Su compromiso con la oración  y con la cercanía a Jesús pobre y humilde – algo a lo que todos los jesuitas están  llamados – lo ha convertido en un ejemplo del que todos podemos aprender», sostiene el jesuita.

El P. Rutilio Grande nació el 5 de julio de 1928, ingresó en los jesuitas en 1945 y fue ordenado  en el año 1959. Él fue el primer sacerdote asesinado en la guerra civil de El Salvador. Su  asesinato tuvo un enorme impacto en Monseñor Óscar Romero, el entonces arzobispo de San  Salvador, que cada vez hablaba más claro sobre la guerra, que finalmente también fue asesinado y que fue beatificado, y canonizado, por el Papa Francisco.

La beatificación de Rutilio y compañeros

Este 22 de enero será beatificado en El Salvador, el padre Rutilio Grande S.J.

Rutilio Grande: Anunciar el Evangelio que dignifica a los pobres

Este 22 de enero serán beatificados en El Salvador, el padre Rutilio Grande S.J. junto con los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, asesinados el 12 de marzo de 1977 y fray Cosme Spessotto O.F.M. asesinado el 14 de junio de 1980. Se señala como autores a grupos paramilitares.

Por Manuel Cubías – Vatican News

El 12 de marzo de 1977, hacia las cinco de la tarde, el Padre Rutilio Grande junto con Manuel Solórzano (72 años) y el joven Nelson Rutilio Lemus (15), se dirigía en su vehículo “zafari” hacia El Paisnal, población situada a unos 40 kilómetros de la capital, para celebrar el último día de la novena en honor a San José, patrono de la comunidad.

En El Paisnal, el templo lucía preparado para la fiesta. Los asistentes abarrotaron el lugar. Mientras, el padre “Tilo”, como lo llamaban los campesinos, fue emboscado por un grupo de hombres armados quienes dispararon contra el “zafari” y sus pasajeros. El auto volcó y en su interior quedaron tres cuerpos sin vida. El reporte forense afirma que el padre Grande recibió doce balazos.

Quienes esperaban al sacerdote para celebrar la eucaristía, al conocer la noticia, se trasladaron al lugar de la emboscada. Un grupo de agentes de la ahora extinta Guardia Nacional no dejaron que nadie se acercara a los cuerpos.Entrevista al Padre Rodolfo Cardenal

Este 22 de enero será beatificado en El Salvador, el padre Rutilio Grande S.J.

Una Iglesia perseguida por defender a los más pobres

A partir de 1970, la sociedad salvadoreña, caracterizada por sufrir enormes desigualdades, comienza a dar pasos hacia una mayor organización campesina que exigía sus derechos. El gobierno de turno responde con un proyecto de transformación agraria que buscaba redistribuir la tierra. Estos años se van a caracterizar por la confrontación entre los distintos grupos de poder y las organizaciones campesinas y sindicales. La represión por parte del gobierno fue creciendo hasta el estallido de la guerra civil en 1980.

El autor del libro “Vida, pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande” (2016), Rodolfo Cardenal S.J. recuerda la preocupación del padre Grande por el respeto a la vida y a los derechos de los campesinos en un contexto de creciente violencia y en el cual el gobierno de turno acusa a la Iglesia de “soliviantar a los campesinos y a la gente pobre; eso es falso, lo que realmente hicieron fue darle voz a la gente para que expresaran sus reclamos y para que lucharan por sus derechos”.

Hasta el final de la guerra civil en 1992, habían sido asesinados más de 20 sacerdotes, el arzobispo, Monseñor Óscar Romero, cuatro religiosas y cientos de catequistas y celebradores de la palabra.

En este contexto cabe recordar el ideal de fraternidad de Rutilio Grande para la Iglesia y el mundo: “Manteles largos, mesa común para todos, taburetes para todos. ¡Y Cristo en medio! Él, que no quitó la vida a nadie, sino que la ofreció por la más noble causa (…) La construcción del Reino, que es la fraternidad de una mesa compartida, la Eucaristía” (homilía del 13 de febrero de 1977 en Apopa).

Libro sobre Rutilio Grande

Libro sobre Rutilio Grande

Una Iglesia cercana, misionera y en salida

El padre Grande había adoptado un enfoque innovador en la formación de los seminaristas. De igual manera, cuando fue asignado a la parroquia de Aguilares invirtió sus energías y esfuerzos en nuevos enfoques para la formación de los hombres y mujeres laicos.

A veces decía: «Ahora no vamos a esperar a los misioneros de fuera. Más bien, debemos ser nuestros propios misioneros». En este empeño, el padre Grande y sus compañeros jesuitas empezaron a visitar a la gente tanto en las comunidades rurales como en las poblaciones urbanas. La cercanía con los campesinos y a sus sufrimientos sería uno de los principales énfasis del trabajo pastoral.

Con el tiempo, su enfoque personal atrajo a la gente a la celebración de la Eucaristía, los sacramentos y el estudio bíblico, lo que dio lugar a una vibrante comunidad de cristianos que participaban activamente en la vida de la parroquia.

Los cuatro mártires de la Iglesia salvadoreña
Los cuatro mártires de la Iglesia salvadoreña

Los cuatro beatos: luz para un pueblo en búsqueda

Rodolfo Cardenal afirma que la beatificación de los cuatro mártires sitúa a la Iglesia salvadoreña y latinoamericana en la senda de la Iglesia martirial. “Rutilio Grande está asociado a monseñor Romero. Monseñor Romero no se entiende sin Rutilio Grande. Él y otros sacerdotes trabajaron, prepararon el camino pastoral que después monseñor Romero recorrió y avanzó”, afirmó Cardenal.

Por otro lado, Rutilio Grande y los otros tres mártires son “un reclamo de verdad y de justicia en un país donde la mentira es estructural, donde hay impunidad y los crímenes de guerra no han sido investigados ni juzgados”, subrayó el historiador Rodolfo Cardenal.

El aporte más importante de estos mártires afirma Cardenal, es haber estado al lado de los pobres en un momento conflictivo y difícil. “Es lo que el Papa Francisco llama ahora la Iglesia en salida, el ir a las fronteras. Ellos fueron a las fronteras”. Este es el sueño del padre Grande, “él quería que la creación fuera compartida por toda la humanidad, que nadie declarara como propio algo que era común a todos (…) promovió la creación de comunidades donde todos tuvieran su espacio”.

Rodolfo Cardenal insiste en que su aporte y experiencia pastoral fue bien importante, así como la idea de consolidar una “pastoral de conjunto” que subraya el ejercicio de un trabajo pastoral en equipo, lo que “el Papa Francisco llama el camino sinodal”. Fue un hombre, añadió, que luchó por una sociedad donde los seres humanos pudieran vivir a plenitud.

La Iglesia salvadoreña se prepara para la celebración de estos cuatro mártires y anhela que se conozca la verdad y  se haga justicia