El legado de Rutilio (15)

La tumba de Rutilio es una gloria de la Iglesia

 

Una semana antes del primer aniversario, el 5 de marzo de 1978, Mons. Romero visitó El Paisnal para celebrar la eucaristía junto a la tumba de los mártires. Adelantó la conmemoración una semana para evitar malentendidos, ya que aquel domingo 12 de marzo había elecciones de diputados y alcaldes.

“Hemos venido… a la tumba que es cuna también del P. Grande”, explicó Mons. Romero, por varios motivos, porque “sabemos que en él palpita el espíritu del Señor”, porque su “memoria es esperanza para nuestro pueblo”, y para recoger “su ejemplo de entereza, de valor, para que esa voz que quisieron acallar con la violencia no muera, sino que siga siendo el grito de Jesucristo: no temáis a los que solo pueden matar el cuerpo, pero dejan vibrando la palabra y el mensaje del eterno Evangelio”.

El sacerdocio de Rutilio, según Mons. Romero, estaba marcado por dos unciones, la del crisma, el día de su ordenación, y la sangre derramada en el martirio.

“El sacerdote que que aquí recogió su vocación y que fue ungido no solamente con el óleo santo que nos ha ungido a todos los nosotros misnistros del altar, sino que ahora lo veneramos ungido con el aceite del martirio, con su propia sangre, como me pareció aque4lla noche cuando lo vi en la iglesia de Aguilares, tendido, muerto, como el sacerdote se postra en el suelo para ser también ungido, para ser inmortalmente sacerdote se postra en el suelo, para ser allá un mártir, y su misa comenzaba a celebrarse ya en su cielo. Pero había vivido aquí y lo sentíamos tan nuestro”.

Así pues, “tenemos en El Paisnal un jesuita mártir, su tumba es gloria de la Compañía de Jesús y es gloria de la Iglesia”

No obstante, Rutilio, según el parecer de Mons. Romero, había sido arrebatado antes de tiempo, porque “sentimos que debía de peregrinar todavía con nosotros… debía de seguir peregrinandoy haciendo tanto bien; estaba fuerte, estaba joven, podía hacer mucho”, pero “lo Mtó algo que no debía matarlo, el crimen”, por denunciar las obras de la maldad de “los hijos de las tinieblas”.

“Y que duro es revelar, ponerlas en evidencia, predicar que eso es injusticia, predicar los desórdenes, los atropellos, los abusos. Y porque tuvo el valor de desenmascarar tantas cosas, ya se le buscaba para matarle y se le mató”

Había quien el día de su asesinato, se había reído, porque, según él, “Ya comprobamos que el pellejo de los curas es susceptible de balas”. “Rutilio como hombre hubiera muerto hace un año, pero como cristiano no puede morir. Lo ha iluminado a luz inmortal de Cristo” Su predicación no ha sido silenciada.

“Lo que no se esperaban es que la muerte de un cura suscita tempestades, suscita primaveras, como la que ha vivido El Salvador cristiano desde hace un año. Lo que no sabían es que ellos ponían en el surco una semilla que reventaría en grandes cosechas, como decía Cristo: el grano de trigo muere no para quedarse sepultado. No han triunfado sobre él. La cosecha de la persecución ¡cómo ha sido abundante!

Esta abundancia de la cosecha arquidiocesana llevó a Mons. Romero a dar gracias por la vida de Rutilio y sus compañeros y por todos los que con él habían trabajado en la predicación del Evangelio del Reino en la parroquia de Aguilares.

Ojalá, hermanos, que este aniversario nos recuerde el gran compromiso con Cristo que tenemos todos los Bautizados, no solo el P. Grande, y que su ausencia sea un estímulo para seguir siendo fieles a la doctrina de Cristo que creemos y que llevamos por el bautismo

El legado de Rutilio (14)

La unidad alrededor del obispo: la Misa única

La muerte de Rutilio y sus compañeros aglutinó al clero de la archidiócesis alrededor de su pastor. Ocurrió lo impensable hacía solo unas semanas, cuando se conoció el nombramiento de Mons Romero. A pesar de las reservas y los rechazos, el clero se había “apiñado”, según expresión de Mons. Romero, alrededor de su pastor.

Después de los funerales, Mons. Romero y el clero se reunieron en varias ocasiones para pensar cómo enfocar la pastoral después de los asesinatos y en medio de la persecución contra oa Iglesia. El deseo compartido de mantener vivo el mensaje del martirio de Rutilio y sus compañeros dio origen a una novedosa experiencia de unidad eclesial para la arquidiócesis, la cual se prolongó en los siguientes tres años del ministerio episcopal de Mons. Romero, hasta marzo de 1980.

Mons Romero convocó al clero, el martes 15 de marzo, para discutir cuál debía ser la reacción de la Arquidiócesis ante la persecución y el asesinato de Rutilio y sus compañeros. La respuesta a la convocatoria fue masiva. No solo asistió la mayoría del clero de la arquidiócesis, sino también muchas religiosas, otros sacerdotes de la diócesis de Santa Ana, los seminaristas y varios laicos.

La asamblea reconoció de manera unánime la persecución contra la Iglesia y contra otros organismos que luchaban por la justicia social, por parte de los grupos que detentaban el poder económico y político. La asmblea coincidió también en que el motivo de la persecución era la fidelidad al Concilio Vaticano II y a Medellín y, sobre todo, la denuncia de la injusticia y la proclamación del Reino de Dios. Por lo tanto, la persecución era consecuencia de la opción por los pobres. Ante ello la asamblea reafirmó su deseo de unidad. Hacia dentro, la unidad del clero con el obispo y del pueblo de Dios con sus pastores y hacia uera, en la misión, en la promoción de la justicia y en la denuncia de las situaciones injustas. Se propuso el tener una misa única en toda la arquidiócesis el domingo 20 de marzo, pidiendo difundir las homilías más elocuentes de Rutilio, así como programas radiales sobre su persona y su vida, una biografía de Rutilio y poner algún gesto externo para recordar su figura.

Tanto el Nuncio como la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) se opusieron rotundamente por todos los medios posibles a la misa única, pero Mons. Romero dijo que él ya había tomado la decisión junto con el presbiterio que la ratificó. El asumía por tanto toda la responsabilidad, pues sabía que actuaba correctamente. Añadió que los únicos que adversaban la misa única eran los católicos de las clases adineradas que, por lo general, no sentían con la Iglesia, mucho menos con la Iglesia postconciliar y la de Medellín.

A las diez, tal como estaba programado, comenzó la Eucaristía presidida por Mons. Romero y concelebrada por unos 150 sacerdotes. En su homilía impartió una catequesis sobre la eucaristía y enfatizó la unidad eclesial, confirmó al clero en su misión pastoral y concluyó con el significado eclesial de la misa única de este día, cuya finalidad era aprender a valorarla.

“Queremos, con esto, darle todo el valor que tiene la misa de todas nuestras parroquias, de todas nuestras capellanías…la misa está recuperando, en este momento, todo su valor porque quizás, por multiplicarla tanto, la estamos considerando simplemente, muchas veces como un adorno y no con la grandeza que en este momento está recobrando”

Enseguida agradeció al clero su compromiso con el anuncio del reino de Dios y su disposición para construir la unidad de la Iglesia.

“Yo quiero agadecer aquí, en público, ante la faz de la arquidióceis, la unidad que hoy apiña, en torno al único Evangelio, a todos estos queridos sacerdotes. Muchos de ellos corren el peligro, hasta la máxima inmolación del P. Grande. Gracias”

Mons. Romero había comenzado su homilía “dándoles la bienvenida”; y ahora, al llegar al final, expresó su satisfacción: “me alegro de haberles explicado con palabra humilde lo que significa una misa”.

“Y ojalá que aquellos que no tenían fe en ella, sean de aquí en adelante seguidores de ese Cristo que se hace presente en la misa de cada domingo, en la misa de cada circunstancia humana. Muchas gracias por ayudarme a dar este signo que la Iglesia quería dar”

La muerte de Rutilio y sus compañeros aglutinó al clero de la archidiócesis alrededor de su pastor. Ocurrió lo impensable hacía solo unas semanas, cuando se conoció el nombramiento de Mons Romero. A pesar de las reservas y los rechazos, el clero se había “apiñado”, según expresión de Mons. Romero, alrededor de su pastor.

Después de los funerales, Mons. Romero y el clero se reunieron en varias ocasiones para pensar cómo enfocar la pastoral después de los asesinatos y en medio de la persecución contra oa Iglesia. El deseo compartido de mantener vivo el mensaje del martirio de Rutilio y sus compañeros dio origen a una novedosa experiencia de unidad eclesial para la arquidiócesis, la cual se prolongó en los siguientes tres años del ministerio episcopal de Mons. Romero, hasta marzo de 1980.

Mons Romero convocó al clero, el martes 15 de marzo, para discutir cuál debía ser la reacción de la Arquidiócesis ante la persecución y el asesinato de Rutilio y sus compañeros. La respuesta a la convocatoria fue masiva. No solo asistió la mayoría del clero de la arquidiócesis, sino también muchas religiosas, otros sacerdotes de la diócesis de Santa Ana, los seminaristas y varios laicos.

La asamblea reconoció de manera unánime la persecución contra la Iglesia y contra otros organismos que luchaban por la justicia social, por parte de los grupos que detentaban el poder económico y político. La asmblea coincidió también en que el motivo de la persecución era la fidelidad al Concilio Vaticano II y a Medellín y, sobre todo, la denuncia de la injusticia y la proclamación del Reino de Dios. Por lo tanto, la persecución era consecuencia de la opción por los pobres. Ante ello la asamblea reafirmó su deseo de unidad. Hacia dentro, la unidad del clero con el obispo y del pueblo de Dios con sus pastores y hacia uera, en la misión, en la promoción de la justicia y en la denuncia de las situaciones injustas. Se propuso el tener una misa única en toda la arquidiócesis el domingo 20 de marzo, pidiendo difundir las homilías más elocuentes de Rutilio, así como programas radiales sobre su persona y su vida, una biografía de Rutilio y poner algún gesto externo para recordar su figura.

Tanto el Nuncio como la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) se opusieron rotundamente por todos los medios posibles a la misa única, pero Mons. Romero dijo que él ya había tomado la decisión junto con el presbiterio que la ratificó. El asumía por tanto toda la responsabilidad, pues sabía que actuaba correctamente. Añadió que los únicos que adversaban la misa única eran los católicos de las clases adineradas que, por lo general, no sentían con la Iglesia, mucho menos con la Iglesia postconciliar y la de Medellín.

A las diez, tal como estaba programado, comenzó la Eucaristía presidida por Mons. Romero y concelebrada por unos 150 sacerdotes. En su homilía impartió una catequesis sobre la eucaristía y enfatizó la unidad eclesial, confirmó al clero en su misión pastoral y concluyó con el significado eclesial de la misa única de este día, cuya finalidad era aprender a valorarla.

“Queremos, con esto, darle todo el valor que tiene la misa de todas nuestras parroquias, de todas nuestras capellanías…la misa está recuperando, en este momento, todo su valor porque quizás, por multiplicarla tanto, la estamos considerando simplemente, muchas veces como un adorno y no con la grandeza que en este momento está recobrando”

Enseguida agradeció al clero su compromiso con el anuncio del reino de Dios y su disposición para construir la unidad de la Iglesia.

“Yo quiero agadecer aquí, en público, ante la faz de la arquidióceis, la unidad que hoy apiña, en torno al único Evangelio, a todos estos queridos sacerdotes. Muchos de ellos corren el peligro, hasta la máxima inmolación del P. Grande. Gracias”

Mons. Romero había comenzado su homilía “dándoles la bienvenida”; y ahora, al llegar al final, expresó su satisfacción: “me alegro de haberles explicado con palabra humilde lo que significa una misa”.

“Y ojalá que aquellos que no tenían fe en ella, sean de aquí en adelante seguidores de ese Cristo que se hace presente en la misa de cada domingo, en la misa de cada circunstancia humana. Muchas gracias por ayudarme a dar este signo que la Iglesia quería dar”

El legado de Rutilio (12)

El asesinato de Rutilio y compañeros

 Las Tres Cruces (lugar del asesinato)

El primer día de la novena de San José, el 11 de marzo, estuvo cargado de oscuros presentimientos por los insistentes rumores de amenazas contra Rutilio. Los vecinos del pueblo llevaron a la casa cural de Aguilares los rumores que escuchaban en el mercado y en la calle. Rutilio no daba crédito a los rumores, sin embargo bien sabía que podían matarlo.Así se lo confió en varias ocasiones al P. Jaime Vega-Fajardo, con quien había coincidido en la comunidad del Colegio Externado. Según el testimonio de Vega-Fajardo, Rutilio le hablaba con frecuencia de ello.

Repetidas veces me dijo que él podía acabar ametrallado, que por aquellos andurriales en cualquier momento lo podían matar…

En efecto, desde ese conocimiento íntimo, Vera-Fajardo dejó el siguiente testimonio sobre las causas de su muerte:

Para mi, Rutilio ha muerto por predicar el Evangelio verdadero valientemente; no se le pudo mezclar en política, no tenía enemigos fuea de los que se tienen cuando se predica el Evangelio; era equilibrado, enemigo de la violencia, dedicado a los demás, excelente desde el punto de vista religioso, preocupado con la evangelización…la Evangelii Nuntiandi le había impactado poderosamente y me comentó en repetidas veces el tesoro que había encerrado en esa carta del Papa…

La primera Misa del novenario de San José, el 11 de marzo, fue la última que Rutilio celebró en El Paisnal. En la homilía, exhortó a tener fe y a no desfallecer, les recordó que la Biblia no esra para tenerla guardada “en el cofre”, sino para leerla y estudiarla, y les recomendó cuidarse mucho y cuidar a San José. La impresión general que causaron sus palabras, según una persona presente, era la de una despedida.

Un poco antes de las cinco de la tarde, Rutilio acompañado de su fiel guardián Manuel Solórzano, un anciano de 72 años, se dirigió a El Paisnal para celebrar la novena de San José. A la salida de Aguilares recogieron a Nelson Rutilio Lemus, de 15 años, que ese día había ido a Aguilares a llevar una carga de leña a su madrina. Un poco más adelante, junto a la vía del tren, Rutilio se detuvo a recoger a otros tres niños que también se dirigían a El Paisnal y que se sentaron en los asientos posteriores.

Pasado el cantón Los Mangos, los niños aseguran haber visto a varios hombres armados apostados a orillas del cañal, dos o tres a cada lado de la carretera. Uno de ellos era Benito Estrada. También había otro vehículo detrás de ellos, un picop que les había seguido desde Aguilares.

En el momento que Benito Estrada dio la señal, una lluvia de balas ametrallaba el vehículo, que salió de la calle volcado sobre el lado izquierdo con el motor encendido y las ruedas girando. Sin volverse a mirar hacia atrás, Rutilio dijo en voz baja: “Debemos hacer lo que Dios quiere”…Manuel intentó proteger al P. Rutilio pues su cuerpo estaba encima de él, Nelsan había reciibido un tiro en la frente y Rutilio doce disparos, casi todos de muerte. Los tres niños de atrás daban gritos aterrorizados. Benito Estrada les ordenó salir amenazándoles de muerte y ellos salieron corriendo hasta El Paisnal. Uno de ellos al llegar a casa sofocado y sin aliento gritó: “Mamá, mamá, tío Benito ha matado al P. Tilo. El fue el que señaló y disparó también…nosotros hemos corrido porque nos conoció y nos quería matar”.

Algunos fueron a Aguilares a avisar a la parroquia y al juzgado. En la casa solo estaba Carranza, pues Marcelino se encontraba en un cantón de El Paisnal. Se había cansado de esperar a Rutilio y se había ido adelante, así se libró de que le mataran también.

Los cadáveres fueron llevados a la parroquia donde fueron colocados en el corredor de la casa cural. Al llegar el P. César Jerez, dio órdenes que fueran colocados en el templo, tal como estaban, para que la gente constatara cómo habían sido asesinados y para después tener la Misa de cuerpos presentes…

Al conocer la sucedido la radio YSAX del Arzobispado difundió la noticia que se corrió rápidamente por todo el valle, cantones y pueblos cercanos que fueron llegando a Aguilares…llenando el templo y lugares aledaños.

Mientras una docena de sacerdotes se revestía para comenzar la Misa llegó Mons. Romero, quien aceptó presidir la Eucaristía junto con Mons. Rivera. En la homilía el P. Jerez habló de la misión del jesuíta, tal como la había definido la éltima Congegación General de la Compañía de Jesús: servir la fe y promover la justicia. Rutilio había sido fiel a esa misión y por eso lo habían matado. Había caído junto a un campesino anciano, que había nacido y vivido bajo un régimen de opresión e injusticia, y junto a un joven campesino, que había esperado una vida mejor. Los tres habían muerto por causa de la fe. Los habían matado cuando se dirigían a celebrar la Eucaristía.

Después tomó la palabra Mons. Romero. La Misa , muy larga y sentida, duró cerca de dos horas,hasta la media noche

El legado de Rutilio (11)

El sermón de Apopa: “En El Salvador es delito ser cristiano”

 

Las elecciones del 20 de febrero dieron como resultado para presidente de la República a favor del general Romero. La oposición gritó fraude y organizó una manifestación de protesta, manifestación que fue disuelta con el saldo de muchos muertos . El gobierno declaró el estado de sitio. Durante esos meses el gobierno inició una campaña contra algunos sacerdotes. Dos jóvenes estudiantes exjesuitas fueron expulsados. Uno de ellos había tabajado en Aguilares. Posteriormente tres sacerdotes fueron expulsados: Mario Bernal, colombiano y párroco de Apopa; Guillermo Denaux, belga y Bernardo Survil, norteamericano. Seis sacerdotes que estaban trabajando en El Salvador y se encontraban fuera del país por períodos cortos no pudieron regresar porque las autoridades migratorias les negaron el permiso.

Con ocasión de la expulsión del párroco de Apopa, Mario Bernal, Rutilio con otros sacerdotes de la Vicaría, se reunieron en Apopa el 13 de febrero para celebrar una manifestación de fe y la Eucaristía, “el símbolo más grande, el símbolo de una mesa compartida con taburete para cada uno y con manteles largos para todos”.

Rutilio tomó la palabra para reflexionar sobre la expulsión del P. Bernal.

Rutilio proclamó de nuevo que todos tenemos un Padre común y, en consecuencia, todos somos hermanos, pero existen “Caines”: …”Caín es un aborto del plan de Dios…y existen grupos de Caines… aquí en el país…Caínes que invocan a Dios, que es lo peor”…

Dios en su plan nos entregó un mundo material y sin fronteras, “así lo dice el Génesis. No es cuestión que lo diga yo. Los Caínes reclaman: Yo compré la mitad de El Salvador con mi dinero, luego tengo derecho. No hay derecho para discutir! Es un derecho comprado, porque tengo derecho a comprar la mitad de El Salvador. ¡Es una negación de Dios. No hay ningún deecho que valga ante las mayorías! Luego el mundo material es para todos sin fronteras. Luego, una mesa común con manteles largos para todos, como esta Eucaristía. Cada uno con su taburete. Y que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué…El código del Reino de Dios es el amor, palabra clave que resume todos los códigos éticos de la humanidad, que rompe y echa abajo toda clase de barreras, prejuicios, y ha de superar el odio mismo”.

Nosotros no estamos aquí por odio, incluso a esos Caínes los amamos… el cristiano no tiene enemigos. Aún los que son Caínes no son nuestros enemigos, son nuestros hermanos…Por tanto todo se resume en una palabra, amor contra el anti-amor, contra el pecado, la injusticia, la dominación de los hombres y la destrucción de la humanidad”..

El ministerio sacerdotal no tiene sentido sino es en función del pueblo, “ministros” viene de ministrar, que quiere decir, servidores del pueblo de Dios. Somos continuadores de la misión de Jesús quien no se detuvo nunca en el camino, su palabra era y es acción. Somos profetas y debemos anunciar y hacer posible el Reino de Dios en este mundo. Es necesario encarnar los valores del Evangelio en las realidades de este país para transformarlo eficazmente. Como profetas nos enfrentamos con la palabra de Dios en la mano “el mensaje de Dios es como el termómetro y el péndulo para medir las realidades humanas… en las que estamos involucrados distintos grupos que componen el país”.

La Iglesia no podía callarse ante la expulsión del P. Bernal, porque éste había sido un acontecimiento eclesial. Por eso estaban allí, para hacer una protesta oficial como Iglesia.

El problema radical no era la nacionalidad del P. Mario, sino que la cuestión fundamental era ser cristiano y sacerdote hoy en día, “en nuestro país y en el continente, que está sufriendo la hora del martirio”. Se tataba de ser o no ser fiel a la misión de Jesús hoy y aquí. Pero siempre permanece en pie la cuestión fundamental: …”es peligroso ser cristiano en nuestro medio!…Prácticamente es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro medio!…porque precisamente el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el que la mera proclamacion del Evangelio es subversiva. Y así tiene que ser, no puede ser de otra manera!…los dos polos exigentes: La Palabra de Dios, el de siempre, el de las grandes mayorías…”

Por esta radicalidad evangélica, “mucho me temo, mis queridos hermanos y amigos que, muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán entrar por nuestras fronteras. Nos llegarían las pastas nada más, porque todas sus páginas son subversivas, contra el pecado, naturalmente…Yo me temo que si Jesús de Nazaret entrara por las fronteras, allá por Chalatenango, no lo dejarían pasar. Por allí, por Apopa, lo detendrían…se lo llevarían a muchas juntas supremas por inconstitucional y subversivo”… Lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, de enredador con ideas exóticas y extrañas, contrarias a la Democracia, es decir, contrarias a la minoría. Ideas contrarias a Dios, porque es un Clan de Caínes…lo volverían a crucificar. Y ojalá que me libre Dios a mí, que también estaría en la cola de crucificadores!…Preferimos un Cristo de los meros enterradores y sepultureros…un Cristo mudo y sin boca para pasearlo en andas por las calles. Un Cristo con un bozal en la boca. Un Cristo fabricado a nuestro antojo y según nuestros mezquinos intereses”..

“Ninguna minoría privilegiada tiene cristianamente razón de ser en sí misma, sino en función de las grandes mayorías que conforman el pueblo salvadoreño…Ay de ustedes, hipócritas! que del diente al labio se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia y maldad! Caínes que crucifican al Señor, cuando camina con el nombre de Manuel, con el nombre de Luis, con el nombre del humilde trabajador del campo”

Padre Mario: Estas comunidades, las de Apopa, las del cinturón de comunidades cristianas de la Vicaría que nos rodean, y los hermanos que han venido de otras partes de nuestro país, de la Iglesia local, vamos a celebrar esta Eucaristía, que es el ideal que sustentamos.

 Manteles largos, mesa común para todos , taburetes para todos. ¡Y Criusto en medio! El, que no quitó la vida a nadie, sino que la ofreció por la más noble causa. Esto es lo que El dijo: ¡Levanten la copa en el brindis del amor por mi! Recordando mi memoria, comprometiéndose en la construcción del Reino, que es la fraternidad de una mesa compartida, la Eucaristía.

El legado de Rutilio (10)

La parroquia y la organización popular

Las misiones dejaron profundamente gravadas tres ideas: la exigía la lucha contra la injusticia, el amor al prójimo se concretaba en la lucha por el hermano oprimido y todos tenían el derecho y el deber de aspirar a una vida digna. Sin embargo el equipo no estimó corectamente, ni podía hacerlo, la proyección social y política de la evangelización, ni la magnitud de la crisis económica y política del país.

La profundización de las ideas sembradas por las misiones, los cursos y cursillos hizo surgir una nueva forma de pensar y de actuar, o como decían los mismos campesinos, “ahora nos hemos designorado”. En efecto, la explotación y la opresión experimentadas, pero no explicadas ni ocmprendidas suficientemente, fueron sometidas al análisis y a la reflexión crítica.Las comunidades concluyeron que su situación era injusta y, por lo tanto, no querida por Dios. Entonces los campesinos tomaron la palabra por primera vez para reclamar sus derechos y para expresar sus aspiraciones, y decidieron luchar para cambiar la situación.

Desde mediados de 1973 hasta su muerte, Rutilio vivió con un desgarramiento interior profundo entre la pureza de sus ideales y la dura realidad. Por un lado, quiso realizar estríctamente su labor de líder religioso en medio de su pueblo sin comprometerse directamente en actividades de la organización campesina. Pero por el otro lado, ese mismo vivir en medio del ppueblo le llevó algunas veces a verse comprometido en situaciones con repercusiones políticas en el sentido amplio del término. Situaciones en las que lo político resultaba  el deber insoslayable del compromiso cristiano de sus feligreses. Sitaciones ambiguas, pero de las que en conciencia, no podía ausentarse dada su opción previa y fundamental de anunciar el Reino de Dios en medio de ese pueblo.

Su fidelidad sin reservas le llevó a serios conflictos externos e internos. Algunas veces tuvo dolorosas diferencias con los miembros de las organizaciones, que, a lavez, eran también miembros de las comunidades cristianas.

En los primeros meses de 1974, la ornización campesina Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) fundó bases en las comunidades cristianas de la parroquia. Dicha organización, al menos de nombre, ya existía en la parroquia antes de que llegaran Rutilio y su grupo. El equipo misionero no fue el fundador de tales bases. Tampoco impidió su crecimiento. Solo procuró que diversas organizaciones no se pelearan las comunidades. La organización era un derecho del campesino y una obligación el organizarse. En cierto sentido FECCAS recogió los frutos que la evangelización había madurado.

En la Navidad de 1975, el 21 de diciembre, FECCAS realizó su primera manifestación política en Aguilares. Para entonces ya tenían alcance nacional. Algunos dirigentes, que también eran Delegados de la Palabra, pidieron a Rutilio celebrar una Misa para dar inicio a la manifestación. Rutilio y su equipo no accedieron a la petición, pero para no causar malestar entre su mejor gente, decidieron celebrar una “Navidad Campesina” en la hora de la Misa normal de la parroquia. La organización podría luego salir del templo y tener su manifestación con tal de no entrar en el templo con carteles ni lanzar gritos en las puertas.

En su homilía Rutilio advirtió: “No podemos casarnos con agrupaciones políticas de ninguna clase, pero no podemos permanecer indiferentes ante la política del bien común de las grandes mayorías del pueblo…de eso no podemos desentendernos ni hoy ni nunca”.

Pronto la Presidencia de la República se quejó al Arzobispo acusando a Rutilio y al equipo. Rutilio informó al Arzobispo que FECCAS, por tratarse de una organización gremial no partidista, entraba en el ámbito de las organizaciones intermedias, las cuales tenían un derecho humano innegable y estaban apoyadas por ls documentos papales, por los de Medellín y por las cartas pastorales del mismo Arzobispo. “Sé que no puedo oponerme a ellos como pastor, sino al contrario, tratar de iluminarlos como cristianos a partir de la fe, `para que sus actuaciones se adecúen a los valores del Evangelio”.

Rutilio creyó que en aquel momento esa era la mayor responsabilidad de la parroquia ante un buen número de cristianos de las comunidades…”quienes en virtud del dinamismo de conversión y crecimiento en la fe, pasan a convertirse normalmente en agentes de cambio, como lo quiere la Iglesia misma, en orden a las conquistas tan fundamentales a niverl del campesino como es la sindicalización, la defensa de los derechos laborales…” Después Rutilio tuvo que dar las mismas explicaciones en la Nunciatura, donde el Presidente también había pedido una aclaración.

Ante los campesinos, Rutilio y su equipo dejaron bien clara la diferencia entre la misión parroquial, la comunidad y la organización campesina. Una comunidad cristiana, en cuanto célula institucional de la Iglesia, no se identificaba con ninguna agrupación política, aunque de ella recibiera su impulso o inspiración. La misión parroquial no se identificaba en modo alguno con los objetivos y fines de una organización determinada, incluso con aquellas que se confesabqan cristianas.

La tesis fundamental de Rutilio era que la evangelización era algo más amplio que un determinado proyecto político. La misión parroquial no pretendía ninguna clase de poder, aunque en su acción pastoral incluyera a diversos grupos que legítimamente lo pretendían en plan de servicio y búsqueda de los mejores proyectos históricos realizables…La fuerza moral de la parroquia era el Evangelio y, al mismo tiempo, ésa era su mayor debilidad.

El legado de Rutilio (9)

 

La Misión en Aguilares: 2ª Etapa

Para la 2ª Etapa el equipo propuso tres grandes líneas de acción: la primera sería la codificación y la transformación de la pastoral tradicional del sacramento y culto, sin suprimir ni ahogar los valores implícitos, pero insistiendo en una mayor responsabilidad y participación en la vida sacramental. El método sería co-creativo entre la parroquia y las comunidades evitando actitudes paternalistas y también evitando el clericalismo. Se trataría de hallar una solución al problema del mantenimiento económico de los sacerdotes. Se desligaría el aspecto económico de la administración de los sacramentos.

La segunda línea de acción tendería al crecimiento de las comunidades vivas, no tanto cuantitativa sino cualitativamente. En orden a lograr esto se prestaría especial atención a los Delegados de las comunidades insistiendo en la formación y diversificación de las funciones.

La tercera línea sería la promoción de nuevos centros en la ciudad de Aguilares, pero sin caer en el activismo desesperado ni empleando personas ajenas a la comunidad.

Los Delegados constituyeron la plataforma operativa que dinamizó e hizo crecer a las comunidades. El equipo pretendió la sustitución y desplazamiento de funciones dejando a los delegados lo que hasta el momento había sido propio del sacerdote o colaborador. Fue la etapa de los cursos y cursillos.

El nervio fundamental de estos cursos era la Palabra de Dios. Se daba un doble movimiento, de la realidad concreta a la Palabra de Dios y desde ésta nuevamente a la realidad.

Al diversificarse las funciones y servicios de los Delegados se loes fue convocando periódicamente para instruirlos en sus nuevas responsabilidades. El objetivo de estos cursos más específicos fue el compartir experiencias, resolver problemas y dar formación. Las funciones atribuidas a los Delegados fueron las siguientes: iniciación al bautismo, catequesis infantil, encargados de jóvenes, coordinadores y secretarios de reuniones, equipos volantes, preparación al matrimonio, etc

También se dieron cursos para la base buscando una mayor participación de las comunidades. Los temas tratados a esos niveles más amplios fueron: alfabetización, relación hombre-tierra, cooperativismo y formación permanente en general.

Esta segunda etapa estuvo jalonada por celebraciones de suma importancia dentro del acontecer parroquial. La primera fue la celebración de las bodas de oro sacerdotales del Arzobispo Mons. Luis Chavez. En esa ceremonia el Arzobispo confirmó a los Delegados en su misión apostólica. Rutilio presentó a las representaciones de los Delegados de la Palabra de las comunidades del campo y de la ciudad como el mejor homenaje al Arzobispo en la Eucaristía pidiéndole que les confirmara en su misión:   “y lo hacen en medio de esta Eucaristía compartida, porque en sus luchas por sembrar el Evangelio, ellos anhelan juntamente con nosotros un mundo más humano y más justo en el que todos los salvadoreños podamos compartir los bienes, sentados a a la mesa común de la creación, tal como haremos en esta mesa de la Eucaristía”…

Después el Arzobispo tomó la profesión de fe a los Delegados y la aceptación de sus compromisos. A continuación les confirmó en sus funciones comunitarias y los bendijo.

Otra celebración clave tuvo lugar el 15 de agosto de 1976, con ocasión del Tercer Festival del Maíz. El maíz fue el tema símbolo de lo campesino, de su vida y ahora de su celebración. Desde la base salieron las determinaciones y criterios para hacer de la fiesta algo original y diferente. Los criterios fundamentales del festival fueron: todo sería comunitario, nada individual; el dinero no sería determinante y sería una fiesta de denuncia y esperanza. Cada comunidad trajo una carga de elotes para hacer el atole. La preparación y distribución era comunitaria. Cada comunidad presentaba el mejor elote, el mejor adorno de maíz, la mejor canción cantando al trabajo y a la cosecha del maíz.  También presentaba a su madrina considerando los servicios y trabajos por la comunidad. Ella fueron las responsables de todo el trabajo femenino de la fiesta y ellas presentaron al público los aportes de las diversas comunidades al festival.

El punto central de aquel festival fue la homilía de Rutilio donde hizo denuncias y anuncios de gran trascendencia para la vida de la parroquia.

En una primera parte proclamó el magníficat como algo explosivo por las denuncias y anuncios que contenía: El Magníficat denunciaba a aquellos que no tenían temor de Dios, “…porque hay gente por ahí muy de gran colmillo, que no le tienen temor a Dios…y cuáles son esos que no le tienen temor a Dios? Los que han denunciado nuestro Padre y Hermano, los que se levantan por la mañana persignándose: en el nombre del café, en el nombre del café, en el nombre del café…en el nombre de la caña, en el nombre de la caña, en el nombre de la caña; lo he dicho otras veces, pero hay que repetirlo hasta la saciedad. Dios con su brazo había destrepado a los poderosos y a los autosuficientes, y a los humildes los “trepó”, a los que tenían hambre los llenó de bienes, “y a los ricos perversos que no quieren atol para todos, sino para ellos nada más, que quieren el gran guacalón para ellos, pero no quieren compartirlo con los hermanos en esta eucaristía de la fraternidad”…

En la segunda parte, Rutilio denunció los peligros de las organizaciones campesinas y les recordó sus compromisos cristianos. Felicitó a los campesinos porque el Evangelio estaba estrechamente unido a sus vidas; los campesinos habían “bajado” el Evangelio y esto era motivo de alegría y de mutuas felicitaciones. Y volvió a un tema muy querido para él: la Eucaristía como quinta esencia de la fe comprometida, como un servicio al mundo.

Finalmente Rutilio anunció que el equipo misionero estaba a punto de hacer un paro en su trabajo para evaluar lo realizado desde el inicio del proceso.

El equipo misionero había optado por iniciar su experiencia a partir de la fe, pero conscientes de que en cuanto meta última debían buscar la liberación del hombre total, la cual tendría que pasar bien que mal por las mediaciones, en concreto por la politización. Como equipo sacerdotal quisieron encontrar una alternativa válida entre el sacramentalizador y el politizador. Trataron de resolver la crisis de identidad personal entre la amplia gama de alternativas dejadas entre los dos extremos. Jesucristo había sido un líder religioso, y precisamente ahí estaba su especificidad, pero con los ojos bien abiertos a las realidades de su tiempo, a las cuales enfocó desde la perspectiva religiosa.

La especificidad de la misión sacerdotal radicaba en la promoción de la fe en medio del pueblo, en el anuncio del plan y juicio de Dios sobre la realidad. El sacerdote, en conciencia, estaba obligado a conocer profundamente su propia realidad. La misión sacerdotal, por tanto, tenía una clara vertiente en lo temporal y en lo político.

Así pues, el equipo proclamó que ni pretendía quitar al pueblo el Evangelio, dejándole solo la Cuma, ni adormecerlo en su religiosidad al abrigo y en nombre del mismo Evangelio. Como equipo dijeron buscar “poner levadura en la masa, no dar el pan”.

Los campesinos, al descubrir que Dios era el Padre de todos, que todos los hombres eran hermanos y que los hermanos no podían vivir en desigualdad, y darse cuenta de construir la igualdad –no esperarla pasivamente- era construir el Reino de Dios y que ello estaba en relación directa con el mundo de opresión y explotación de sus relaciones de vida y trabajo, espontáneamente comenzaron a demandar reivindicaciones salariales en las haciendas vecinas.

El legado de Rutilio (8)

La Misión en Aguilares: 1ª Etapa

El P. Rutilio Grande, primer sacerdote asesinado en El Salvador.En estos días se ha abierto en Roma el proceso de beatificación.

  

Para organizar la Misión, la Parroquia se dividió en sectores: 10 en la ciudad y 15 en el campo, haciendo una invitación general de la Misión a toda la Parroquia 

La Misión duraría 15 días durante los cuales el misionero y sus colaboradores permanecerían en su zona conviviendo con la gente del sector. 

Un día de Misión comprendía visitas familiares a domicilio; después levantaban una ficha antropológica cuyos temas utilizaban luego como temas generadores, que serían descodificados a partir de textos del Evangelio. 

En las primeras horas de la tarde se tenían reuniones con los niños y más tarde con los adultos. El objetivo de estas reuniones era procurar dejar en la gente un esquema rudimentario para que ellos continuaran con la celebración de la Palabra de Dios. 

Así se logró desde el principio un inicio de autoevangelización, un inicio de comunidad y un inicio de auto-selección de Delegados de la Palabra. 

La parte central de la sesión de adultos consistía en una repetida lectura por diversos lectores de un texto del Evangelio. Entre las lecturas se hacían preguntas, sugerencias y anotaciones. Luego se invitaba a la gente a dividirse en grupos de 8 ó 10 personas para dialogar sobre el texto. Se nombraba un lector, un animador del grupo y un relator para comunicar en la reunión plenaria los resultados del grupo. 

 En la reunión plenaria, el sacerdote o un colaborador fijaba por escrito en un papelógrafo y sintetizaba lo que comunicaban los relatores, devolviendo a los participantes en forma de cuestionamiento los puntos más significativos para profundizarlos en el diálogo. 

Posteriormente, ya noche, el equipo evaluaba el día y planificaba lo del día siguiente.                       Uno de los puntos vitales de estas reuniones fue la auto-selección de los líderes, pues de ello dependía la realización de una Iglesia integrada por ellos mismos. El proceso misional tendía a integrar y desarrollar las tres dimensiones de evangelización, comunidad y liderazgo. El equipo asumió que el primer empujón le correspondía al sacerdote, pero una vez estimulado el movimiento, los agentes de pastoral y las mismas comunidades debían continuarlo quedando el sacerdote como acompañante y animador en el crecimiento de la fe. La penúltima noche se hacía la elección de los Delegados, sugeridos por la comunidad. Los nombrados expresaban su disponibilidad explicando los pro y los contra según lo cual la Comunidad les daba su voto. 

Los Delegados tenían la función de servir de eslabón entre la Comunidad y la Parroquia. Con los nuevos Delegados se tenía una reunión para instruirles sobre sus nuevas obligaciones, proporcionarles criterios y esquemas mínimos para animar y organizar sus reuniones. 

En la última celebración se tenían los bautizos y matrimonios dentro de una ceremonia sugestiva en la cual se enfatizaba el compromiso del bautismo. Se les dejaba ejemplares del Nuevo Testamento y se les confirmaba para continuar en la Misión. 

El período posterior a la Misión se caracterizó por el acompañamiento a las comunidades. Un sacerdote asumió la responsabilidad de las comunidades del campo y otro las de la ciudad de Aguilares. La tarea de ellos era la de visitar periódicamente las diversas comunidades, asistiendo a sus reuniones, disipando las dudas que hubiera y evaluando la vida comunitaria. 

Aquí ayudaron mucho los colaboradores foráneos, unos 20, que jugaron un papel insustituible en el arranque de las comunidades.Este grupo de colaboradores estaba integrado por estudiantes jesuitas, universitarios y seminaristas. Esta colaboración se consideró temporal y supletoria. 

El 10 de junio de 1973, Fiesta de Pentecostés, marcó el nacimiento de la Comunidad cristiana y el fin de la primera etapa de la Misión. 

Este nacimiento se celebró con una gran concentración en Aguilares para pedir y celebrar el espíritu nuevo. Se recibieron las diversas delegaciones de las comunidades con sus carteles que traían textos alusivos del Evangelio. Después se tuvo la Eucaristía animada por los conjuntos musicales de las diversas comunidades. Fue algo masivo, creativo e insospechado, que asombró a los habitantes de la ciudad.. 

La homilía la tuvo Rutilio, en la que dio ánimos y disipó las dudas más comunes, respondiendo a las acusaciones de protestantismo, de olvidar lo espiritual, de comunismo, de política, etc. 

A continuación se proclamaron los principios del equipo misionero, dedicado a anunciar el Evangelio limpia y simplemente, sin otros intereses personales. También dejaron bien claro que no se administrarían los sacramentos si no estaban suficientemente preparados. Y aclararon que no tenían nada que ver con agrupaciones políticas de ninguna clase. La política del equipo sería anunciar el Evangelio, el cual abarcaba todas las actividades del hombre destinado por Dios a transformar el mundo. Por tanto denunciarían toda clase de injusticias y atropellos contra la persona humana, vinieran de donde vinieran. Después de la Misa se tuvo una fiesta popular de carácter cultural y religioso. De aquí nacería la Fiesta del Maíz. 

 Los resultados de aquella primera etapa misional eran palpables. Los campesinos habían descubierto el Evangelio y se les había abierto el apetito por la palabra, la cual comentaban haciendo aplicaciones a su modo. Pronto llegaron a unir el Evangelio con su propia situación de miseria e injusticia. Comenzaron a emerger de su conciencia mágica, dándose cuenta de que la voluntad de Dios no era mantener las cosas como estaban. Tomaron confianza en sí mismos perdiendo complejos bastante generalizados de vergüenza e incapacidad y descubrieron que tenían una palabra y podían opinar. Fueron capaces de discernir lo prioritario de lo secundario en su religiosidad. Tomaron conciencia de que sus males radicaban en su desunión y comenzaron a adquirir sentido de lo comunitario. Comenzaron a reunirse y a movilizarse buscando qué podían hacer para realizar el plan de Dios aquí y ahora. 

Al final de la 1ª Etapa se organizaron 10 comunidades urbanas y 27 rurales con un total aproximado de 300 animadores, quienes dirigían rotativamente las celebraciones. 

El equipo tuvo un período de reflexión para codificar, globalizar y evaluar las experiencias de la primera etapa. A partir de allí decidió trabajar en la línea del acompañamiento y profundización del Evangelio en las Comunidades y en la preparación cualitativa de los Delegados y animadores. 

  

El legado de Rutilio (7)

La parroquia de Aguilares y el plan de una Misión popular

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Cuando Rutilio regresó del IPLA, a mediados de 1972, comenzó la manera de dar forma y realización a su opción primaria y fundamental. La meta sería la evangelización con vistas a recrear una Iglesia de comunidades vivas de hombres nuevos, agentes de pastoral y conscientes de su vocación humana a convertirse en gestores de su propio destino que, en definitiva, los llevaría al cambio de la realidad.

Para la realización de esta meta primero debía producirse la concientización del equipo por medio de una sensibilización del equipo por medio de una sensibilización y toma de conciencia del mundo circundante en orden a lograr una encarnación e identificación con los problemas de la zona. No instrumentalizarían o domesticarían la religiosidad popular, sino que les animarían a ser co-creadores de una comunidad dinámica, profética y descentralizada. Un objetivo importante era detectar agentes de cambio que se convirtieran en agentes y multiplicadores de pastoral.

El método sería personalizante, dialogal, creativo, crítico y fundamentado en la pauta ver-juzgar-actuar. A partir de la acción misma se reflexionaría desde el Evangelio. En todo este planteamiento se hace evidente la influencia de Paulo Freire y su educación popular. Rutilio tuvo siempre bien claro que se trataba de hacer que el hombre oprimido pronunciara su palabra responsabilizándose y comprometiéndose en el proceso histórico de su re-creación y la de sus comunidades.

Un aspecto importante de aquellas reflexiones fue la elección de la zona de trabajo. Y después de pensarlo mucho, el equipo optó por hacerse cargo de la Parroquia del Señor de las Misericordias de Aguilares, que entonces estaba vacante y se lo había propuesto Mons. Chávez.

Aguilares es un pueblo único, porque reúne en sí todas las contradicciones e injusticias del país. La parroquia tiene aproximadamente 30.000 habitantes. La producción es predominantemente caña de azúcar cultivada en grandes latifundios. En la zona dominan tres grandes ingenios.

Cuando el equipo se hizo cargo de la parroquia, el pais estaba entrando en una de sus fases más difíciles. Rutilio y su equipo entraron en esa área explosiva y conflictiva justamente en el momento en que en la sociedad salvadoreña las contradicciones se estaban volviendo más agudas. La realidad nacional formó parte integral del esquema de trabajo y lo que sucedía en Aguilares tenía fácilmente impacto nacional dado el carácter del lugar y el tamaño del país. Esta situación fue la que despertó y desarrolló la creatividad pastoral de Rutilio y su equipo misionero.

El equipo decidió comenzar a trabajar desde el aspecto religioso del pueblo y para ello planificó una serie de misiones que caracterizaron este primer período. Rutilio, que respetaba la religiosidad popular, fue muy claro: el quipo partiría de la experiencia religiosa, no de una visión estructural y sociológica, como proponían otros. Rutilio no quería imponer métodos extranjeros, válidos quizás en otros países o para poblaciones más urbanizadas, pero de dudosa eficacia en el campo salvadoreño.

El equipo usó el término “misión” por su profundo significado evangélico, pero en la práctica no tenía nada en común con las misiones tradicionales. El objetivo de las misiones era realizar una comunidad de hermanos comprometidos en la construcción de un mundo nuevo, in opresores ni oprimidos, según el plan de Dios. Se pretendía bajar el Evangelio a la tierra. “No sean cohetones”, les decía Rutilio, aludiendo a los cohetes que solo se remontan al cielo, su mensaje era: “Dios no está en las nubes acostado en una hamaca, Dios actúa y desea que ustedes construyan su Reino aquí en la tierra”.

El legado de Rutilio (5)

 

Fiesta del Divino Salvador del Mundo

 En medio de aquella polémica sobre la misión de la Iglesia y la manera más adecuada de llevar una pastoral comprometida con los obreros y campesinos, Rutilio tuvo otra actuación pública a nivel eclesial en la Fiesta Patronal del Divino Salvador del Mundo, en la cual de nuevo y claramente expresó sus ideas delante de la Jerarquía eclesiástica, el Gobierno de la República y el pueblo. Rutilio era el maestro de ceremonias y también el encargado de hacer la homilía: Rutilio se preguntó por la situación del hombre salvadoreño. ¿Está transfigurado el hombre salvadoreño? ¿está transfigurada la inmensa mayoría del pueblo salvadoreño, nuestro campesinado? ¿Está transfigurada esa minoría que tiene en sus manos los medios económicos, el poder de decisión, el control de la prensa y de todos los medios de comunicación?

Rutilio contestó con dolorosas confesiones: muchos bautizados en nuestro país no han comulgado todavía con los postulados del Evangelio, los cuales exigen una transfiguración total: sus mentes y sus corazones no han sido transfigurados. Han construido un dique de egoísmo al Mensaje de Jesús Salvador.

Las mayorías, los campesinos, tampoco estaban transfigurados. Citando a Pablo VI en la Populorum Progressio, dijo que los campesinos iban adquiriendo conciencia de su miseria no merecida, a lo cual se añadía el “escándalo de las disparidades hirientes” no solamente en el goce de los bienes, sino todavía más en el ejercicio del poder.

¿Por qué esta necesidad de transfiguración personal y social?, preguntó Rutilio. Porque el bautismo es un compromiso sagrado y exigente. Ser bautizado es estar de lleno centrado en los cauces del Evangelio de Jesús hasta sus últimas consecuencias. En definitiva, es entrar en un proceso de cambio de actitud frente a la vida, el mundo, los valores y Dios.

El slogan de Jesús había sido: “cambien de actitud”. La palabra de Dios es lo que da sentido, vigor, dinamismo a toda existencia cristiana, situándola en medio de los acontecimientos de la vida con la “brújula de la Palabra de Dios en nuestra inteligencia y en nuestro corazón”. Y aquí esta precisamente la capacidad de hacer una revolución netamente cristiana purificando dicha palabra de todo sentido abusivo, peyorativo y exclusivo, especificó Rutilio, para que no se le malinterpretara. Una revolución cristiana basada en las esencias del Evangelio, cuya médula es el amor y que no excluía a nadie.

Jesús fue el libertador que se identificó y fue a la muerte por nosotros. Dijo y vivió siempre de acuerdo a la verdad. Es el prototipo del líder auténtico: detectó la problemática de la humanidad, se metió de lleno en ella por la encarnación y aceptó el último reto, la muerte. Y al expirar, mientras inclinaba su cabeza, muribundo, exclamó, en un triunfo de transfiguración: “Todo está consumado”. Y en ese momento, todas las miradas de todos los hombres de todos los tiempos quedaron fijas en él. Su muerte fue un paso para la transfiguración total de la resurrección. Transfiguración y resurrección son equivalentes en la teología del Evangelio y constituyen el acontecimiento que siempre congrega en el altar en torno a la Eucaristía.

De este modo Cristo se convirtió en nuestro liberador. El es el liberador de todo hombre, del hombre integral. “Esta transfiguración del hombre, conquistada, pregonada y exigida por Cristo a sus seguidores tiene su punto de partida en el Bautismo, compromiso sagrado de cada bautizado con Cristo resucitado. Esta transfiguración no puede quedarse en los límites de la realidad personal, sino que, necesariamente, tiene que explotar en el seno de la familia, ha de salir a las plazas públicas, a la empresa, a la política, al encuentro con todos los hombres”…

En esta tarea de lograr la transfiguración total, íntegra y verdadera, de todos y de cada uno, concluyó Rutilio, puede estar seguro el Señor Presidente de contar con el apoyo del clero salvadoreño, porque ésta es la línea evangélica, la del magisterio eclesiástico y la de los obispos. “En esto coinciden nuestros más caros y entrañables ideales, como bautizados y como ciudadanos”. La Iglesia, dentro de su esfera y el gobierno dentro de la suya, con mutuo respeto dentro de sus legítimos ámbitos, han de colaborar eficazmente, audazmente y urgentemente a fin de propiciar leyes justas, honestas y convenientes para transformar al pueblo salvadoreño.

Solamente entonces podremos llamarnos a plenitud y con orgullo “hijos de esta patria nuestra”. Y solamente entonces, Cristo Salvador Transfigurado, será realmente nuestro patrono…Solamente entonces, todos los hijos de esta patria del Divino Salvador, rubricaremos nuevamente y con verdad plena, según lo proclamamos en el himno nacional, la tercera palabra que ondea al viento en nuestra bandera: Libertad, plena, completa y definitiva pata todos los hijos de Dios, los salvadoreños”…