La «segunda traición histórica» de España con el Sahara

Argelia califica de «segunda traición histórica» el cambio de postura de España sobre el Sáhara Occidental y llama a consultas a su embajador en Madrid

ROSA MENESES

El cambio de postura de España sobre el Sáhara ha provocado este sábado una contundente respuesta por parte de Argelia, que ha decidido llamar a consultas a su embajador en Madrid. A falta de un pronunciamiento oficial, fuentes citadas por la prensa de Argelia, expresaban ya el malestar en el país calificando el pronunciamiento del Gobierno de Pedro Sánchez como «una segunda traición histórica» al pueblo saharaui. El portal digital ‘TSA’ cita a una «fuente argelina próxima al dosier» para calificar el reposicionamiento de «segunda traición histórica de Madrid al pueblo saharaui después del funesto acuerdo de 1975», en referencia al llamado Acuerdo Tripartito de Madrid en el que el Gobierno franquista entregó su colonia a Marruecos y Mauritania. Tras recordar la crisis diplomática y migratoria entre ambas orillas, un diplomático argelino señala que «finalmente Marruecos ha obtenido lo que quería de España». En los medios de Argel se habla ya de «giro radical» y de «sorpresa general» aunque algunos periódicos pasan de puntillas sobre el asunto. Mientras, Marruecos celebra como «hito histórico» el espaldarazo del Gobierno de Pedro Sánchez a su propuesta de integrar el Sáhara Occidental como una autonomía dentro del reino, abandonando la vía del referéndum de autodeterminación que defiende el Frente Polisario y que constituye desde hace décadas en una de las alternativas contempladas por Naciones Unidas para solucionar el conflicto. Los medios de comunicación del país vecino dedican su espacio a comentar el cambio de postura de España y ponen el foco ahora en Francia, al instarla a tomar una posición más decidida y abandonar su «inmovilismo». «Los términos con los que este país se ha comprometido con esta solución sitúan ahora a España por encima de todos los países europeos en el apoyo a la integridad territorial de Marruecos», considera Amine Kadiri, analista del digital ‘Le360’, próximo al palacio real. Tal es así, que desde este altavoz se emplaza al Elíseo a pronunciarse. «La posición de España, ahora la más avanzada de Europa sobre la marroquización del Sáhara, también pone el foco en nuestro tradicional aliado, Francia, que todavía habla del plan autonómico como una base entre otras, posición que no ha cambiado ni un ápice desde 2007», señala. La clave está en el artículo determinado que Moncloa ha puesto delante de la propuesta de autonomía, al considerarla como «la base más seria, realista y creíble para la resolución del diferendo». Y esto es lo que se esgrime para urgir al presidente galo, Emmanuel Macron, a dar un paso adelante y dejar de hablar de la autonomía como «una» solución para empezar a considerarla «la» solución. «Socio histórico, supuestamente el más avanzado con Marruecos, Francia está sin embargo satisfecha con su inmovilidad en relación con la integridad del reino. Al quedarse quieta, Francia parece bastante pasiva en comparación con Alemania y España», declara el citado artículo. «La evolución de España en este tema es tan importante como el reconocimiento estadounidense de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. España es el actor histórico del dossier y el bastión del Polisario, es también el referente para América Latina y muchos otros países sobre la cuestión del Sáhara», comenta una fuente diplomática marroquí en el medio digital. Marruecos no ocultó su frustración cuando Francia no siguió a pies juntillas el tuit en el que el entonces presidente de EEUU, Donald Trump, reconocía unilateralmente la soberanía de Marruecos sobre la ex colonia española y sólo se limitó a manifestar su apoyo a una «solución política justa, duradera, y aceptada por las dos partes» en relación al Sáhara Occidental y consideró que el plan de autonomía marroquí era «una base de discusión seria y creíble» sobre la que trabajar. En el plano oficial, el partido que lidera el Gobierno en Rabat se felicitó por «las posturas positivas» que expresa la carta de Sánchez al monarca Mohamed VI difundida el viernes. En un comunicado que ha recogido la agencia Efe, el partido del primer ministro, Aziz Ajanuch, Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), instó a hacer «una inversión positiva de las oportunidades y la cooperación estratégica» entre España y Marruecos. Por su parte, en un nuevo comunicado hecho público este sábado, el Frente Polisario reitera que la postura expresada por Sánchez «está absolutamente en contradicción con la legalidad internacional» y la califica de «desviación peligrosa» de los principios de Naciones Unidas.

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El enviado de la ONU llega al Sáhara

El nuevo enviado especial de la ONU llega al Sáhara para abordar un conflicto cada vez más presente en la geopolítica mundial

Con un conflicto bélico sobre la mesa, una región inflamada y una confrontación geopolítica cada vez más activa en el Magreb, De Mistura inicia su labor con el difícil objetivo de poner fin a un conflicto que se alarga desde hace décadas

Staffan de Mistura Sáhara
De Mistura, enviado especial del secretario general de la ONU Antonio Gutérres para el Sáhara Occidental, llega a Tinduf en un avión español. 

SATO DÍAZ@JDSATO

Este sábado, previa parada en Rabat, aterrizaba el diplomático italiano Staffan de Mistura en el aeropuerto argelino de Tinduf, rodeado de desierto. Completa así la primera visita a las dos partes en conflicto (Marruecos y Frente Polisario) como enviado especial para el Sáhara Occidental del secretario general de la ONU Antonio Gutérres. La cuestión saharaui se prolonga durante demasiadas décadas, pero en esta ocasión el conflicto se encuentra en el centro de los intereses geopolíticos a nivel mundial. De Mistura buscará un acuerdo que frene el enfrentamiento armado y una solución para la última colonia de África. Ninguno de sus cuatro antecesores en el cargo lo consiguieron.

Este nuevo capítulo del conflicto se produce con una serie de nuevos elementos encima de una mesa carcomida por el tiempo. Nuevas circunstancias que, en los últimos meses, han sacudido una historia que parecía relegada al olvido. Como telón de fondo, el basto terreno del Sáhara Occidental, un territorio no autónomo pendiente de descolonización cuya potencia administradora legal es el Estado español y sobre el que el régimen marroquí mantiene una ocupación militar desde el año 1975. La riqueza del territorio en fosfatos y en pesca, y la especulación con la presencia de minerales raros, hidrocarburos o petróleo, hacen de este desierto un anhelo para importantes potencias y empresas.

La región está enturbiada. La relación entre las dos grandes potencias norteafricanas, Argelia y Marruecos, pasa por un momento muy delicado. El pasado verano, el gigante argelino rompía las relaciones diplomáticas con su hermano menor marroquí, y le clausuraba también el espacio aéreo. En octubre, Argel cerraba el gaseoducto que suministraba al país marroquí de este recurso energético, el gas natural, abriéndole una nueva crisis, la energética, a Mohamed VI ante su población, muy descontenta por las calamidades económicas que atraviesa agudizadas por la pandemia. Todo esto ocurre mientras ambos Estados engrosan sus presupuestos militares, y exacerban un nacionalismo que se construye contra el otro para obviar problemas internos en cada cada lado de una frontera militarizada. 

Argelia destinaba 7.900 millones de euros a gasto militar en el 2020, el mayor presupuesto para esta partida de cualquier país africano. Marruecos aumentó para el 2022 su presupuesto militar en un 6%. La escalada militar es pronunciada, y más en una región patas arriba. Actualmente, Marruecos destina a esta partida el 4% del PIB del país, frente a Argelia que destina el 6%, según el portal suizo SwissInfo. En armamento convencional, Argelia goza de una cierta ventaja sobre Marruecos; sin embargo, en ciberseguridad los marroquíes llevan la delantera. Un ejemplo de ello fue el espionaje realizado desde Marruecos a miles de teléfonos argelinos en el caso Pegasus, usando tecnología israelí. También sirvió para espiar a periodistas, como en el caso del español Ignacio Cembrero.

Las dinámicas de Oriente Medio en el Magreb

La geopolítica que rodea al conflicto del Sáhara se ha hecho mucho más compleja en los últimos meses. Cabe recordar que el proceso de paz entre Marruecos y el Polisario se rompió en noviembre del 2020. Marruecos violó el alto el fuego disparando a unos civiles saharauis que se manifestaban en la región de Guerguerat, fronteriza con Mauritania; Brahim Ghali, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y secretario general del Polisario, declaraba la vuelta a guerra. Desde entonces, el conflicto armado se mantiene de baja intensidad. Argelia vio con buenos ojos cómo sus hermanos polisarios abrían un nuevo frente a su acérrimo enemigo marroquí.

Pocas semanas después, el 20 de diciembre de aquel 2020, Donald Trump se despedía de la política internacional anunciando, a golpe de tuit, el reconocimiento por parte de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, contrariando el Derecho Internacional, contrariando la multilateralidad en las relaciones internacionales, volviendo a burlarse de las propias Naciones Unidas. Mediante una jugada a tres bandas, Israel y Marruecos iniciarían un acercamiento mutuo al calor del expresidente ultra norteamericano.

Desde entonces, la Administración Biden no ha secundado lo que inició Trump y no ha corroborado la soberanía marroquí sobre el Sáhara, así como no ha abierto un consulado americano en Dajla, ciudad saharaui, tal y como deseaba Mohamed VI. Sin embargo, desde Washington DC sí que se han hecho declaraciones en favor del plan de autonomía marroquí para integrar al Sáhara en su reino, así como han progresado los acuerdos comerciales y militares entre EEUU y Marruecos. La autonomía era la postura defendida por Marruecos en el proceso de paz y en anteriores negociaciones para resolver el conflicto; la otra postura, la del Polisario, basada en el Derecho Internacional ante un proceso de descolonización, es la autodeterminación: un referéndum que ponga sobre la mesa distintas opciones para que sea la población la que decida. 

Las relaciones de Rabat se han estrechado con Israel, que goza al abrirse paso en el mundo árabe, legitimando su existencia. Esto produce una enorme contradicción entre la población marroquí, unida de sentimiento y religión a la palestina. El pasado 24 de noviembre, el ministro de Defensa israelí Benny Gantz firmaba en Rabat un amplio acuerdo de cooperación militar bilateral. Una forma de extensión de los Acuerdos de Abraham (pactos entre países árabes e Israel, alineándose contra Irán, iniciados por Emiratos Árabes Unidos) que en el 2020 secundaban Israel y Marruecos. Los israelíes abrirían su embajada en Rabat. Paralelamente, la empresa israelí Ratio Petroleum anunciaba el pasado octubre un plan para buscar crudo en aguas del Sáhara Occidental, muy cerca de las Islas Canarias. 

En este contexto, Argelia ha optado por profundizar sus relaciones con Palestina. La solidaridad argelina con el pueblo palestino es histórica, pero aprovecha la coyuntura para profundizar en las contradicciones de su vecino, Marruecos, el aliado de Israel. La labor diplomática argelina para conseguir reconocimiento internacional a la causa palestina y lograr un entendimiento entre sus dos facciones, Al Fatah y Hamás, se ha acelerado. Buscan escenificar dicho acuerdo por la unidad apareciendo como anfitriones. De igual manera, los argelinos subrayan su antagonismo histórico con Israel en políticas cotidianas, como negándose a que este Estado tenga estatus de observador en la Unión Africana. Esto facilita un entendimiento argelino con Irán, frente común a Tel Aviv.   

Ecos de Guerra Fría

Si los alineamientos entre Israel y Marruecos, por un lado, y Argelia y Palestina por otro nos hacen vislumbrar tensiones propias de Oriente Medio en el Magreb, en los últimos meses también podemos intuir viejas inercias de la Guerra Fría en la región vecina del sur. Las relaciones de Marruecos con Estados Unidos han quedado evidenciadas. La Administración Biden no da el paso de reconocer que el Sáhara es parte de Marruecos, como hizo Trump, y deja la resolución del conflicto en el terreno de las Naciones Unidas, pero el acercamiento militar y comercial es evidente. 

La carrera armamentística y militar en el Magreb necesita de proveedores. Si Rabat compra a Estados Unidos e Israel (y Europa), Argelia hace lo propio con Rusia. No es ninguna novedad el intercambio militar y comercial entre Moscú y Argel. La disputa recuerda a luchas por la hegemonía mundial del siglo pasado. 

Pero nada de lo que ocurra en el mapa geopolítico del S.XXI es ajeno a China, una potencia con gran implantación económica en la región norteafricana. Sobre todo en Argelia, donde viven centenares de miles de ciudadanos chinos dedicados a diferentes tareas, como la explotación de yacimientos de hierro y otros minerales, la construcción de infraestructuras argelinas o la exportación de materiales del Lejano Oriente hasta Argelia.

La economía china ansía estar presente en todo el mundo. Es por ello que Marruecos se ha convertido en un nuevo enclave por el que pasará la estratégica Nueva Ruta de la Seda. Se espera, también, que China dote a Marruecos de gas licuado (desde que Argelia cerrara el gaseoducto, la escasez de gas se ha convertido en un problema de gran magnitud para Rabat y ha de comprarlo en el mercado internacional a altos precios).

Otro de los proyectos, según informa El País, que podría relanzarse con esta nueva línea de cooperación entre China y Marruecos es la Ciudad Mohamed VI Tanger Tech, un gran puerto logístico al otro lado del Estrecho de Gibraltar que competiría directamente con España y Algeciras. Hasta ahora, tras varios años de la aprobación del proyecto, este ha resultado un fiasco. Muchas propaganda y poca chicha.

¿Y la Unión Europea?

La relación entre Marruecos y la Unión Europea también ha vivido altibajos en los últimos meses. Se tensó el pasado mes de mayo, cuando el régimen alauí facilitó la llegada de unas 10.000 personas de nacionalidad marroquí a nado a Ceuta, lo que fue supuso una enorme crisis en las fronteras españolas y, por tanto, europeas. Otro momento delicado tuvo lugar a finales del pasado mes de septiembre. El Tribunal General de la Unión Europea hacía pública la sentencia que anulaba los acuerdos comerciales entre Marruecos y la Unión Europea que incluían los recursos del Sáhara Occidental.  

Sin embargo, la legalidad y el derecho no cotizan al alza en el mundo actual. La sentencia reconocía que Marruecos no tiene soberanía sobre el territorio ni los recursos del Sáhara Occidental y que, por tanto, no podía comerciar con ellos. Al mismo tiempo, reiteraba que el Frente Polisario es el único representante del pueblo saharaui. Unas semanas después, ya en el mes de diciembre, el Consejo de la UE, empujado por España y Francia, decidía recurrir la sentencia. El Tribunal de Justicia de la UE, la instancia superior, tendrá que volverse a pronunciar.

Sin embargo, Marruecos no consiguió que ningún país europeo secundara la declaración de Trump, tal y como era su objetivo. Mohamed VI y su Gobierno, viendo que contaron con el favor de la superpotencia americana, creyeron que podrían producir una oleada de suscripciones al pronunciamiento. Eso no pasó. Ni Francia, ni España, ni Alemania, ni la UE han cambiado su posición. Sigue siendo el conflicto saharaui, para las potencias europeas, un conflicto a resolver en el marco de Naciones Unidas.

España ha intentado por todos los medios reestablecer las relaciones bilaterales con Marruecos, que llamó a consultas la pasada primavera a su embajadora por el caso Ghali y esta todavía no ha regresado a la embajada de la calle Serrano de Madrid. Pedro Sánchez llegó a aceptar, incluso, acabar con Arancha González Laya como ministra de Exteriores y sustituirla por José Manuel Albares, más obediente con Rabat, con el objetivo de gustar a Mohamed VI. Ni así. Siguen habiendo desencuentros migratorios, Marruecos ha construido unilateralmente una piscifactoría en aguas españolas del mar de Alborán, tal y como informó el propio Ignacio Cembrero en El Confidencial, desde Marruecos se han criticado las medidas anticovid españolas y… no ha regresado ningún embajador a su plaza de Madrid.

Con un conflicto bélico sobre la mesa (todos los días se emiten partes de guerra por parte del Frente Polisario), con una región inflamada (por la escalada de la tensión entre Marruecos y Argelia) y con una geopolítica cada vez más activa en el Magreb (nuevo terreno de juego de las tensiones propias de Oriente Medio o la Guerra Fría), De Mistura inicia su labor como enviado especial del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental. Entre las partes hay poco optimismo de que su presencia sirva para algo.

El problema del Sáhara

El Sáhara y la madre de todas las crueldades 

ANA PARDO DE VERA 

Paramilitares marroquíes violan a la activista saharaui Sultana Jaya ante el silencio de la comunidad internacional 

El nuevo episodio de violencia de Marruecos contra activistas saharauis -debería decir contra activistas, en general- lo han contado en Público con hechos e imágenes las periodistas Beatriz Asuar y Amanda GarcíaViolaciones, amenazas, vigilancia extrema, tortura física y psicológica… contra Sultana Jaya, su familia, amigos y toda persona que intente ayudarlas. El motivo de esta tortura es la lucha de Jaya por los derechos humanos de los saharauis y contra la explotación de los recursos naturales que Marruecos hace en la antigua colonia española, a la que todos nuestros gobiernos han abandonado a su suerte. 

Para Montaigne, «la cobardía es la madre de todas las crueldades». Sí, ya hemos tratado aquí muchas veces y por diversos temas las penalidades que provoca a largo plazo la indiferencia antes ataques injustificados, como el de Marruecos contra cualquier intento que hagan los saharauis solo de pedir su libertad, no digamos de intentar conquistarla. La dictadura (DICTADURA) marroquí lanzó a sus propios niños al mar en masa para que nadaran hasta Ceuta y decretar con carne tierna una crisis con España por haber acogido a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario con pasaporte español, en un hospital de La Rioja. Todavía hay un proceso judicial abierto contra la exministra de Exteriores, Arancha González Laya, en un claro ejercicio de injerencia del poder judicial en el Ejecutivo por parte del Juzgado de Instrucción número 7 de Zaragoza. La historia la conocen ustedes bien. 

Ahora, pese a los intentos de Mohamed VI por silenciar el conflicto, el Frente Polisario batalla desde hace un año contra Marruecos en un intento del Sáhara por visibilizar su frustración ante la última resolución de la ONU, que ignora el referéndum de autodeterminación para la excolonia española y prefiere hablar de una solución «realista». Lo resume muy bien Carlos Palomino en un análisis de la situación en El Orden Mundial (EOM)

La represión de los invasores contra los saharauis se ha recrudecido, precisamente, porque en redes sociales, medios independientes y plataformas alternativas, las justas reivindicaciones del Sahara están cogiendo fuerza, potenciadas además, por la decisión de su principal valedor, Argelia, de cerrar el gasoducto que va a Europa pasando por Marruecos. Una decisión que a la indiferente o cobarde España le ha explotado en la cara en plena crisis energética. No será la última. 

Marruecos tiene secuestradas a España y a Europa (no se atreven ni a llamarla dictadura en público) con el tema de los migrantes y la seguridad contra el terrorismo islamista, ejerciendo como ejerce el vecino africano de sicario de la UE y de nuestro país. Pero las vergüenzas al aire de ambas administraciones empiezan a sonrojar a demasiados votantes progresistas del actual Gobierno de coalición ante una situación bien conocida y agravada conforme pasa el tiempo por el enfrentamiento armado y desigual entre el ejército y paramilitares marroquíes y el Frente Polisario, así como por las brutales violaciones de derechos humanos contra los saharauis y cualquier ciudadano/a residente en Marruecos que se atreva a denunciarlas, como algunos periodistas. 

Estos días los informativos y la prensa abren sus portadas con el chantaje de la dictadura (también) de Bielorruisa a Polonia usando a migrantes y refugiados como munición. El mismo modus operandi de Marruecos en distintas circunstancias: vidas humanas convertidas en balas para las guerras modernas. En una de las tertulias de Ágora 25 en la Ser, que dirige Aimar Bretos, uno de los contertulios, el exvicepresidente Pablo Iglesias, recordó a los otros dos, la exvicepresidenta Carmen Calvo y el exministro y eurodiputado José Manuel García Margallo, que Bielorrusia es tan dictadura como Marruecos y su estrategia de presión a Polonia y a la UE es la misma que la que Mohamed VI empleó contra el Gobierno de España en Ceuta. Calvo intento desmentirle enseguida diciendo que no era lo mismo y que estas cosas de Marruecos son mucho más «complejas», pero aún no sabemos si se refería a las tragaderas con el sátrapa alauita que tiene que tener el Ejecutivo al que perteneció o al papelón de Josep Borrell, del mismo PSOE que Calvo, como alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. 

Organizaciones de todo el mundo, como Amnistía Internacional, nos señalan día sí, día también por nuestro papel en el abandono del Sáhara y la complicidad del indiferente con Marruecos. España debe abanderar ya la petición de un referéndum seguro en el Sáhara a la comunidad internacional, ONU y/o UE, antes de que el conflicto armado se recrudezca y para impedir más violaciones de derechos humanos. La crueldad de los cobardes es hoy demasiado evidente, escuchen por favor a Sultana. 

Por la descolonización del Sáhara Occidental

La responsabilidad de España, presente en la manifestación saharaui 

Piden a España que, como potencia responsable, proceda a la descolonización del Sáhara Occidental. 

Los jóvenes se muestran dispuestos a seguir el camino de sus mayores 

La responsabilidad de España en la situación que se vive en el Sáhara  Occidental y su obligación para que se llegue a una solución al conflicto que enfrenta al Frente Polisario con Marruecos ha centrado la masiva manifestación pro saharaui celebrada en Madrid. 

La manifestación se celebra todos los años coincidiendo con el aniversario de la firma del acuerdo tripartito de Madrid, por el que España entregó la que había sido su provincia 53 a Marruecos y a Mauritania.  El 46 aniversario de la salida de España coincide en esta ocasión con un año de la reanudación de la guerra en el Sáhara Occidental, al romper Marruecos el alto el fuego que se mantenía desde septiembre de 1991. 

Varios miles de personas llegadas de distintos puntos de España, entre saharauis y simpatizantes de su causa, han ido desde la plaza de España, por la Gran Vía, hasta la Puerta del Sol, tras una gran pancarta con el lema “No a los acuerdos tripartitos de Madrid”  y “Stop a la vulneración de los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental”. 

Tras la pancarta, entre otros, Luke Uribe-Echebarria, senador del Partido Nacionalista Vasco; Enrique Santiago, el secretario general del PCE, diputado y secretario de Estado para la Agenda 2030; Jon Rodríguez Forrest, responsable de la Comisión de Relaciones Internacionales de Izquierda Unida para Oriente Medio y el Norte de África; Xavier Serra , presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara, organización convocante de la manifestación, y Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario para España. 

La traición a las promesas hechas al pueblo saharaui por parte de España ha sido destacada en el manifiesto leído por el atleta navarro Joseba Alzueta, que ha recorrido 460 km para llegar a Madrid desde Pamplona y  pedir que se ponga fin a la vulneración de los DDHH en el Sáhara Occidental. 

En el manifiesto se señala la “perseverante y heroica resistencia del pueblo saharaui” contra la ocupación ilegal de su país por Marruecos, y se destaca la responsabilidad de España según el derecho Internacional: los Acuerdos de Madrid son nulos “ya que no cabe legalmente ceder de forma unilateral la soberanía de un territorio pendiente de descolonizar, sin el consentimiento de sus habitantes”, por lo que “el Estado español sigue siendo la potencia responsable de la Descolonización del territorio según Naciones Unidas”. 

En las diversas intervenciones se ha expresado la solidaridad con los presos políticos saharauis y los activistas perseguidos en el Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí, destacando el caso de Sultana Jaya y su familia, que llevan un año de confinamiento y agresiones en su casa, en la ciudad de Bojador. 

También ha habido palabras de reconocimiento y agradecimiento por parte de los intervinientes para la actriz Pilar Bardem y el coronel Javier Perote, grandes exponentes del movimiento solidario español, que fallecieron en julio y septiembre de este año, respectivamente. 

Dos jóvenes, una mujer y un hombre, han mostrado su disposición a seguir el camino de sus predecesores y han hecho un llamamiento para responsabilizarse de lo que está ocurriendo con su pueblo: “nuestros mayores nos necesitan, ellos llevan luchando por todos nosotros, entregándose en cuerpo y alma para darnos una vida digna. Es nuestra responsabilidad que sigamos con esta lucha para que todo el esfuerzo de nuestros abuelos y padres no haya sido en vano”. 

“Queremos recordar a algunos medios de (des)información, que el Frente Polisario es reconocido como tal por la ONU y otros muchos organismos internacionales y países, entre los cuales se encuentra España. Es por ello por lo que exigimos un periodismo objetivo y de calidad, alejado de bulos teñidos de intereses económicos y políticos, como los que hemos visto, sobre todo, en estos últimos meses”, han afirmado. 

Abdulah Arabi, el delegado saharaui, ha  recordado al Gobierno español su responsabilidad en la descolonización del Sáhara Occidental y ha calificado de “decepcionante” la posición de los respectivos ejecutivos españoles desde 1975 hasta la actualidad. 

Tras afirmar que “hay una deuda pendiente con el pueblo saharaui ya que los Acuerdos Tripartitos son ilegales, por lo que a ojos del Derecho Internacional España sigue siendo potencia administradora del territorio”, ha pedido al Gobierno de Pedro Sánchez una posición más activa en la resolución del conflicto y “valentía” para cerrar una “página vergonzosa para la historia del país”. 

A esto ha añadido que “el derecho a la autodeterminación no es negociable” y que “el pueblo saharaui y su legítimo responsable, el Frente Polisario, adoptarán todas las medidas que sean necesarias para garantizarlo

Sahara Occidental: la última descolonización

Por Albert Giralt

Entre la verdad y la mentira solo hay cuatro dedos de distancia: los que separan tu ojo de tu oído. Porque lo que te contaron puede que no sea cierto, pero nadie podrá negarte lo que has visto con tus propios ojos.
Proverbio saharaui


Breve introducción al conflicto
El año 1961, las Naciones Unidas crearon el Comité Especial de Descolonización o Comité Especial de los 24, con el objetivo de monitorizar cómo se estaba aplicando la resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuyo fin era impulsar el proceso de descolonización de los territorios no autónomos que aún se hallaban bajo la administración de potencias coloniales. Uno de estos territorios era el del Sáhara Occidental que, en ese momento, aún era un territorio colonial bajo la administración de España.
El Sáhara Occidental es un territorio situado en el noroeste del continente africano, que limita por el este con Argelia, por el oeste con el océano Atlántico, por el norte con Marruecos y por el sur con Mauritania. Este territorio se convirtió en colonia de España en 1884, después de la Conferencia de Berlín, en la que los estados europeos se repartieron las colonias africanas y se definieron las fronteras. En 1958, para intentar evitar el proceso de descolonización, España declaró el Sáhara español como provincia. Pese a ello, las Naciones Unidas incluyeron al Sáhara Occidental en la lista de territorios no autónomos y, por tanto, que debían pasar por un proceso de descolonización. En aquel momento, Hassan II, rey de Marruecos, intentó aprovechar la situación y reclamar ante la ONU la anexión del Sáhara Occidental a su territorio. Seguir leyendo