San José: en el umbral del misterio

La figura de San José no va a resaltar como otras en los evangelios. Apenas se le menciona en Mateo y Lucas, ya que tanto en Marcos como en Juan no aparece. En él nos podemos ver reflejados los hombres de todos los tiempos ante las distintas dificultades y pruebas que nos toca atravesar.

No le tocó nada fácil. Como nosotros, San José fue presa del asombro, la duda, la perplejidad y el temor propios de un hombre, en su caso, honrado y bueno. La encarnación del Verbo de Dios en el seno de María es algo que sobrepasa el entendimiento humano. San José es puesto frente al umbral del misterio.

A diferencia de Lucas, Mateo dará relevancia a las preguntas de San José. Preguntas que nos revelan su perplejidad ante la acción de Dios. Perplejidad que lo impulsará a rechazar a María. Según algunos estudiosos, su rechazo se fundamenta en el hecho de no querer interferir en los planes del Señor.

Queda sacudido hasta lo más profundo, puesto que no sabe el papel que le toca desempeñar ante tan compleja circunstancia: él no es el padre de tan extraordinario niño, el Hijo de Dios, que nacerá de su mujer, María; en tal sentido, le parecerá lo más prudente y honrado retirarse en silencio.

Dinamismo de la obediencia

San José, ante el anuncio del ángel, obedece: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer” (Mt 1, 20). El dinamismo de la obediencia de su fe le impulsa a aceptar una misión, efectivamente oscura, espesa, pero fundamental en los planes de Dios sobre la salvación de la humanidad. San José dará una respuesta incondicional de fe aceptando el designio divino sobre su propia persona. También desnuda su existencia en su sí al Señor como si se tratara de un complemento del sí de María: el sí de los esposos.

Dios confiará en San José una misión sublime: ser el padre legal del Niño que nacerá y acompañar y cuidar a María. Acepta el reto de caminar en la oscura claridad de la fe. Se abandona por completo a la Providencia. Al hacerlo, al abandonarse por completo a Dios, San José abrazará, sin tenerlo del todo claro, la gloriosa desnudez de la cruz, razón por la cual el Niño en el vientre de María viene al mundo. Por ello, el Papa Francisco reconoce en San José a un hombre fuerte y de silencio. Un hombre fuerte y de silencio: un hombre signo, ejemplo de vocación de servicio derramada en su paternidad espiritual que se prolongará sobre la Iglesia que Cristo fundará como Pueblo y su Cuerpo, del que Él será cabeza y nosotros sus miembros.

San José, lección viva de fe para el mundo de hoy

San José será encarnación de una fe madura, de una fe adulta. Su vida nos brinda un regalo a nuestra vida, sacudida muchas veces por tantas circunstancias difíciles, adversas, contrarias a nuestros deseos más humanos. La dura prueba que atravesó San José nos revela a los hombres de hoy la potencia de la fe. Contemplar a San José de Nazaret es comprender que la fe supondrá siempre un riesgo, una renuncia a toda seguridad palpable. La fe es noche oscura para el creyente. Implica un compromiso muy serio que condiciona toda nuestra vida, esculpiendo un estilo, un carácter y un modo de ser-estar en el mundo que marcan toda la persona.

En la experiencia de San José, tenemos claro que la fe es reto permanente a la plena disponibilidad ante Dios y en apertura a los hombres, en tal sentido, nuestra fe se transforma en una señal del misterio de Dios y de su amor desbordante. Vivir una fe auténtica, al estilo de San José, es asumir la vida en una actitud de conversión continua y progresiva. A solo pocos días de la Navidad, pidamos a San José que se muestre padre también de nosotros para que nos guíe en el camino de la vida. “Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal”. Feliz Navidad. Paz y Bien

  Por Valmore Muñoz Arteaga.

San José, modelo de fe, cuidado y acogida del Misterio

Mons. Ojea: “José se destaca notablemente por ser acogedor de la realidad”

«Jesús necesitaba un padre, padre es el que da seguridad, padre es el que cuida y en este caso especialmente José que va a representar para Jesús al Padre del cielo»

“Él se da cuenta por la fe que tiene que decir que sí, que tiene que abrazar esa realidad llena de amor por la cual Dios quiere hacer entrar a su hijo al mundo, y él es un instrumento que va a permitir también que Jesús entre en este mundo”

“José regálanos esa fe, esa confianza, que desde tu silencio hizo posible la aceptación de este misterio grande de que Jesús esté con nosotros, sin vos tampoco hubiera sido posible”

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Comentando el Evangelio de este cuarto domingo de Adviento Mons. Ojea nos hace ver que “el Evangelio nos presenta la anunciación a José. Jesús necesitaba un padre, padre es el que da seguridad, padre es el que cuida y en este caso especialmente José que va a representar para Jesús al Padre del cielo. Él es el primero que le habla a Jesús de su padre, representa para él su figura”.

Por la fé tiene que decir que sí

Según el presidente del episcopado argentino, “José se destaca notablemente por ser acogedor de la realidad, no puede explicarla porque no la entiende, pero no se queda ni en la ira, ni en la decepción, ni en la queja, sino que asume la vida como viene”. Según el obispo de San Isidro, “él se da cuenta por la fe que tiene que decir que sí, que tiene que abrazar esa realidad llena de amor por la cual Dios quiere hacer entrar a su hijo al mundo, y él es un instrumento que va a permitir también que Jesús entre en este mundo”.

“El verdadero padre es aquel que se acerca al movimiento de otro ser, no para retenerlo en el movimiento propio sino para ayudarlo a ser sí mismo”, según Mons. Ojea. Desde ahí señala que “esta es la educación en la libertad y eso es lo que José es para Jesús, va a respetar profundamente el misterio de su hijo y va a obedecer muchas veces sin entender. En este caso enamorado de María, le crea a ella, confía en ella y la acompaña. Luego va a tener que ir al exilio y va a aceptar ir al exilio, va a volver a Nazaret, va a acompañar a Jesús en su crecimiento, en su madurez y no va a entender tampoco el episodio del templo donde el hijo le dice que debe ocuparse de las cosas de su padre y no de las él”.

Finalmente, el prelado argentino pide: “José regálanos esa fe, esa confianza, que desde tu silencio hizo posible la aceptación de este misterio grande de que Jesús esté con nosotros, sin vos tampoco hubiera sido posible”.

San José (Patrono de la Iglesia universal)

San José
San José

Lo curioso de San José es que teniendo tan pocos datos sobre él, se puedan decir tantas cosas… porque el paso de San José por este mundo no fue precisamente para ocupar un puesto de relumbrón, sino para echarse a un lado, dejando el protagonismo a aquellos a quienes Dios le había encomendado su custodia y su protección

Por | Francisca Abad Martín

Normalmente cuando nos ponemos a escribir sobre la vida de los santos, solemos, por lo general, tener tantos datos sobre ellos que nuestro mayor problema es organizarlos cronológicamente, citar las obras que realizaron, los libros o tratados que escribieron, o los discursos que pronunciaron. Lo curioso de San José es que teniendo tan pocos datos sobre él, se puedan decir tantas cosas… porque el paso de San José por este mundo no fue precisamente para ocupar un puesto de relumbrón, sino para echarse a un lado, dejando el protagonismo a aquellos a quienes Dios le había encomendado su custodia y su protección.

Apenas se le cita en los Evangelios, solo Mateo y Lucas se limitan a mencionarle, como de pasada, dando una especie de pinceladas sueltas y solo cuando es estrictamente necesario. Siempre callado, siempre silencioso, pero precisamente en ese profundo silencio radica toda su grandeza; es como un abismo profundo, donde no alcanzas a ver el final; un mar sosegado y sereno, que sobrecoge por su inmensa grandeza y no es precisamente porque en su vida no hubiera dudas, vacilaciones o sobresaltos.

Dicen que el oro solo se purifica en el crisol, así en la vida de San José fueron duras las pruebas por las que tuvo que pasar: sus dudas sobre la integridad de María, que un ángel en sueños supo despejar, la angustia de tener que cobijarse en una humilde cueva, cuando Jesús estaba a punto de nacer, la incertidumbre de un viaje lleno de peligros, como emigrantes, a un país desconocido, por salvar la vida del Niño, la preocupación de encontrarle cuando se queda en el Templo de Jerusalén y sobre todo, la gran responsabilidad de ganar día a día el sustento en Nazaret con su humilde trabajo como artesano, para que a su familia no le faltara lo imprescindible para vivir.

San José, patrono de la Iglesia universal
San José, patrono de la Iglesia universal

Aunque a San José se le conoce popularmente como carpintero, es seguro que su trabajo implicaría no solo trabajar la madera, sino que abarcaría una serie de actividades relacionadas con la construcción, tales como albañilería, enlosado, pintura, etc. que serían realizadas por él y otros familiares, no solo en Nazaret, sino en otras aldeas y ciudades cercanas, como Caná, Séforis, etc., pues de la carpintería y solo en una aldea tan pequeña como Nazaret, no habrían podido sobrevivir. Probablemente se le definiría mejor como “artesano” cuya palabra tiene un sentido más amplio que el de simple carpintero.

No sabemos su lugar de nacimiento, ni sabemos nada sobre su infancia o juventud, solo que procedía del linaje de David, al igual que María, pero cuando realmente la vida de José adquiere rasgos cada vez más definidos, es desde el momento en que Dios le asigna una importante misión: ser custodio de la Familia Sagrada.

En el ocultamiento de su vida radica precisamente su mayor grandeza, una oscuridad fecunda en tesoros de humildad, de abnegación, de sacrificio, capaz de custodiar en silencio los más ricos tesoros que Dios le había confiado: Jesús y María.

Más de una vez, aserrando sus maderas, meditaría sobre la trascendencia de esa gran misión. ¡Qué gran responsabilidad, educar a quien estaba muy por encima de él! Sin embargo, aceptó humildemente esta misión. Ante los ojos del mundo Jesús era “el hijo del carpintero”. Su vida era tan sencilla y normal que nadie podía sospechar toda la grandeza que se ocultaba detrás. ¿Qué pasaría por su cabeza al tener que moverse en un archipiélago de misterios incomprensibles para él? 

Tampoco sabemos cuándo terminó su vida, los Evangelios no nos dicen nada al respecto, pero es de suponer que sucedería antes de la vida pública de Jesús, ya que después no se le vuelve a mencionar. ¡Dichosa su muerte en brazos de Jesús y de María! Por eso a San José se le da el apelativo de “Abogado de la buena muerte”. Nuestra gran Santa Teresa de Jesús le tenía grandísima devoción y le encomendaba todas sus obras.

Reflexión desde el contexto actual:

El mayor elogio que se puede hacer de San José es el que hace San Mateo en su Evangelio, cuando dice de él que “era un hombre justo”. No podemos tener mejor modelo, después de Jesús y María, porque “justo” es sinónimo de “santo integral”. Él ha sido y seguirá siendo, un gran modelo en todo y para todos.  Con su humildad, silencio y modestia nos habla calladamente de la forma más elocuente que un hombre puede hacerlo

El Papa con los presos

El Papa, sobre los presos: “Es justo que quien se ha equivocado pague por su error, pero también que pueda redimirse”

El Papa, con los presos
El Papa, con los presos

«Es necesaria una revolución de la ternura. Sin esta revolución de la ternura corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no  permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo»

«La ternura es la experiencia de sentirse amados y acogidos precisamente en nuestra pobreza y  en nuestra miseria, y por tanto transformados por el amor de Dios»

PorJosé Manuel Vidal

Caminando con su peculiar estilo bamboleante, entró el Papa Francisco en la amplia sala Pablo VI, para presidir la audiencia de los miércoles. En su ciclo sobre la catequesis dedicada a San José, aborda el aspecto de ‘San José, padre de la ternura” y en esta virtud y en la justicia educó a Jesús. Por eso, Francisco aseguró que “la ternura es algo más grande que la lógica del  mundo. Es una forma inesperada de hacer justicia” y que “sin esta ‘revolución de la ternura’ corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no  permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo”. Por eso, el Papa pide reinserción de los presos: “Es justo que quien  se ha equivocado pague por su error, pero también lo es que quien se ha equivocado pueda  redimirse”

En su saludo en italiano, el Papa recuerda a la población de las islas de Tonga, afectada por la erupción del volcán submarino y pide a Dios «alivio en su sufrimiento».

recuerda a los trabajadores de AirItaly y desea que su situación laboral «pueda encontrar una solución positiva, respetando los derechos de todos, especialmente de las familias». Y añade: «Es importante custodiar los derechos laborales de todos».

San José con el Niño

Catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Hoy quisiera profundizar en la figura de San José como padre en la ternura. 

En la Carta Apostólica Patris corde (8 de diciembre de 2020) pude reflexionar sobre este aspecto  de la personalidad de San José. De hecho, incluso si los Evangelios no nos dan particularidades sobre  cómo ejerció su paternidad, podemos estar seguros de que su ser hombre “justo” se tradujo también en la  educación dada a Jesús. «José vio a Jesús progresar día tras día “en sabiduría, en estatura y en gracia ante  Dios y los hombres” (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en  sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle  de comer” (cf. Os 11,3-4)» (Patris corde, 2). ¡Qué bonita definición de la Biblia!

Los Evangelios atestiguan que Jesús usó siempre la palabra “padre” para hablar de Dios y de su  amor. Muchas parábolas tienen como protagonista la figura de un padre. [1] Entre las más famosas está  seguramente la del Padre misericordioso, contada por el evangelista Lucas (cfr Lc 15,11-32).  Precisamente en esta parábola se subraya, además de la experiencia del pecado y del perdón, también la  forma en la que el perdón alcanza a la persona que se ha equivocado. El texto dice así: «Estando él  todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente» (v. 20). El  hijo se esperaba un castigo, una justicia que al máximo le habría podido dar el lugar de uno de los siervos,  pero se encuentra envuelto por el abrazo del padre.

La ternura es algo más grande que la lógica del  mundo. Es una forma inesperada de hacer justicia. Por eso no debemos olvidar nunca que Dios no se ha  asustado de nuestros pecados, de nuestros errores, de nuestras caídas, sino que se asusta por el cierre de  nuestro corazón, de nuestra falta de fe en su amor. Hay una gran ternura en la experiencia del amor de  Dios. Y es bonito pensar que el primero que transmite a Jesús esta realidad haya sido precisamente José.  De hecho, las cosas de Dios nos alcanzan siempre a través de la mediación de experiencias humanas. Hace un tiempo, un grupo de jóvenes que hacen teatro quedaron golpeados por esta palabra del padre misericordioso y montaron una obra de teatro. Hacer cuentas con Dios es algo bello, porque, cuando comenzamos a pedir perdón, El nos abraza.

Entonces podemos preguntarnos si nosotros mismos hemos experimentado esta ternura, y si a su  vez nos hemos convertido en testigos de ella. De hecho, la ternura no es en primer lugar una cuestión  emotiva o sentimental: es la experiencia de sentirse amados y acogidos precisamente en nuestra pobreza y  en nuestra miseria, y por tanto transformados por el amor de Dios. 

Dios no confía solo en nuestros talentos, sino también en nuestra debilidad redimida. Esto, por  ejemplo, lleva a San Pablo a decir que también hay un proyecto sobre su fragilidad. Así, de hecho, escribe  a la comunidad de Corinto: «Para que no me engreía con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un  aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea […]. Por este motivo tres veces rogué al Señor  que se alejase de mí. Pero él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la  flaqueza”» (2 Cor 12,7-9). El Señor nos ayuda a caminar con nuestras debilidades, porque nos lleva de la mano.

La experiencia de la ternura consiste en ver el poder de Dios pasar  precisamente a través de lo que nos hace más frágiles; siempre y cuando nos convirtamos de la mirada del  Maligno que «nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo», mientras que el Espíritu Santo  «la saca a la luz con ternura» (Patris corde, 2). Los enfermeros y enfermeras tocan las heridas de los enfermos con ternura. Así toca el Señor nuestras heridas también. «La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en  nosotros. […] Por esta razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el  sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura. Paradójicamente, incluso  el Maligno puede decirnos la verdad, pero, si lo hace, es para condenarnos. Sabemos, sin embargo, que la  Verdad que viene de Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona»  (Patris corde, 2).  Dios perdona siempre. Metan bien esto en la cabeza y en el corazón. Nosotros nos cansamos de pedir perdón; Él perdona siempre.

Nos hace bien entonces mirarnos en la paternidad de José y preguntarnos si permitimos al Señor  que nos ame con su ternura, transformando a cada uno de nosotros en hombres y mujeres capaces de amar  así. Es necesaria una revolución de la ternura. Sin esta “revolución de la ternura” corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no  permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo. Por esto, hoy quiero recordar  de forma particular a nuestros hermanos y a nuestras hermanas que están en la cárcel. Es justo que quien  se ha equivocado pague por su error, pero es igualmente justo que quien se ha equivocado pueda  redimirse del propio error. No puede haber condena sin una ventana de esperanza. Pensemos en los encarcelados y recemos por ellos.

Y concluimos con esta oración: 

San José, padre en la ternura, 

enséñanos a aceptar ser amados precisamente en lo que en nosotros es más débil. Haz que no pongamos ningún impedimento 

entre nuestra pobreza y la grandeza del amor de Dios. 

Suscita en nosotros el deseo de acercarnos al Sacramento de la Reconciliación, 

para ser perdonados y también capaces de amar con ternura 

a nuestros hermanos y a nuestras hermanas en su pobreza. 

Sé cercano a aquellos que se han equivocado y por esto pagan un precio; 

ayúdales a encontrar, junto a la justicia, también la ternura para poder volver a empezar. Y enséñales que la primera forma de volver a empezar 

es pedir perdón sinceramente. 

Amén. 

_________________ 

[1] Cfr Mt 15,13; 21,28-30; 22,2; Lc 15,11-32; Jn 5,19-23; 6,32-40; 14,2;15,1.8. 

Saludo en español

Queridos hermanos y hermanas: 

En esta catequesis reflexionamos sobre san José como padre en la ternura. Los evangelios no  dan detalles del modo en que José ejerció su paternidad, pero podemos intuir que el hecho de haber  sido un hombre “justo” influyó en la educación que le dio a Jesús, al que vio crecer «en sabiduría, en estatura y en gracia» (Lc 2,52). Por otra parte, Jesús usaba con frecuencia la palabra “padre” para hablar de Dios y de la ternura con que nos ama. Y es hermoso pensar que el primero en transmitir a  Jesús esta realidad haya sido José, que lo amó con corazón de padre.  

En la parábola del Padre misericordioso, Jesús hace referencia a la paternidad de Dios que,  sin detenerse en los errores de su hijo, lo acoge con ternura y alegría, con una actitud desbordante y  gratuita de amor y de perdón que supera toda lógica humana. Podemos preguntarnos si dejamos a  Dios que nos ame con esa misma ternura para que, llenos de su amor, seamos capaces de amar así a  los demás.  

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los invito a acercarse al Sacramento de  la Reconciliación para experimentar la misericordia y la ternura de Dios, que nos ayuda a superar nuestras caídas, a levantarnos y a aprender a amar según la medida de su Corazón paternal. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias. 

La oración del Papa a San José

San José, custodio y cuidador
San José custodio y cuidador

Por Leonardo Boff
El año 2019-2020 fue declarado por el Papa Francisco “año josefino”, es decir, un año dedicado a la devoción y a profundizar en la figura de San José. Ella es oportuna en este momento de la pandemia del coronavirus, despiadada con los más vulnerables que son los pobres y los destituidos de los cuidados necesarios. San José más que el Patrono de la Iglesia Universal es ante todo el patrono de la iglesia doméstica, de la gente trabajadora, de los anónimos, de los que viven sometidos al silencio social.
San José vino de este mundo, pero no nos dejó ninguna palabra. Habló por sus manos de trabajador. Solo tuvo sueños. Fue tierno esposo de María, padre proveedor de Jesús, protegió a su hijito amenazado de muerte por Herodes, se refugió en el extranjero, en Egipto, introdujo a Jesús en las tradiciones de la piedad judaica. Cumplió su misión y desapareció sin dejar rastro.
Es propio de la teología actualizar las reflexiones ya existentes, pero sobre todo profundizar el significado de San José para los días actuales, como he intentado hacer en un amplio libro: “San José, la personificación del Padre (Vozes 2005) y en varios artículos reproducidos en diferentes medios.
Me he propuesto llevar hasta las últimas consecuencias la reflexión sobre San José, pues esta osadía (permitida pues estamos siempre tratando con los misterios divinos) pertenece al oficio de la teología. Él nos debe ayudar a entender mejor al Dios adorado por los cristianos. Seguir leyendo

San José, patrono de la buena muerte

San José, custodio y cuidador
San José custodio y cuidador

Leonardo Boff
Un manto de tristeza y de desamparo se extiende sobre todo el planeta, especialmente sobre nuestro país. Somos víctimas de un gobierno cuyo jefe de Estado está dominado por una inequívoca pulsión de muerte que lo vuelve insensible a las casi trescientas mil víctimas de la Covid-19, e incapaz de palabras de solidaridad con los familiares y hasta con los auxiliares próximos fallecidos. Parece que hubiera sufrido una lobotomía, volviéndose indiferente al dolor y a la tragedia humana.
El día 19 de marzo se celebra en el mundo cristiano la fiesta de San José. Tuvieron que pasar cerca de 15 siglos para que la gran institución-Iglesia (Papa, obispos y sacerdotes) le concediesen algún valor y sentido. Ella no sabía qué hacer con San José, pues ella es una Iglesia de la palabra y él no dijo ninguna. Guardó siempre silencio y sólo tuvo sueños. Como los psicoanalistas nos enseñan, el sueño es también una forma de comunicación de las dimensiones de la profundidad humana, de los arquetipos más ancestrales donde anidan los “Grandes Sueños” (C.G.Jung), los miedos, las preocupaciones y esperanzas de la existencia humana. Sólo en 1870 fue proclamado Patrono de la Iglesia Universal, no por el Papa Pío IX sino por la Congregación de Ritos.
A decir verdad, él es más Seguir leyendo

Rehabilitar a San José

Rehabilitar a José, verdadero esposo y padre de familia



A María y José se les revela en sueños el misterio de la puerta de la vida
Ambos serán verdaderos esposos y progenitores, porque la virginidad simbólico-espiritual es compatible con la procreación corporal


Virginidad simbólica y procreación biológica compatibles
Al buscar para la postal por la red imágenes de José, esposo y padre de familia numerosa (cuyo primogénito es Jesús), los cientos de fotos que encuentro reproducen la figura asexuada y entrada en años de un José que más bien parece tío-abuelo de Jesús y mero fraternal acompañante protector de María y Jesús
| Juan Masiá sj


Leemos en el evangelio según Marcos que llegaron su madre y sus hermanos a la casa donde Jesús estaba conversando con la gente congregada a su alrededor. “Desde fuera lo mandaron llamar, y le dijeron: -Oye, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera. Él les contestó: -¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y paseando la mirada por los que estaban sentados en el corro dijo: -Aquí tenéis a mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios ése es hermano mío y hermana y madre” (Mc 3, 31-35).
No sabemos si aún vivía en esa fecha José o si María era ya viuda joven; pero si sabemos que a este matrimonio con familia numerosa se les felicita en los relatos evangélicos por ser una pareja cumplidora de la voluntad divina, al acoger la Palabra de Vida (simbólica virginal) y al engendrar cooperando con el Aliento de Vida (simbólica pro-creadora y co-creadora).
María, “plenamente agraciada” (Lc 1, 28) anhela que se cumpla en ella la fecundación anunciada (Lc 1, 38).
José es un “hombre justo” (Mt 1, 18) que parece tener reparo en compartir con el Espíritu la esponsalidad y paternidad, hasta que el mensajero divino le convence de que es voluntad divina su unión con María. Ambos serán verdaderos esposos y progenitores, porque la virginidad simbólico-espiritual es compatible con la procreación corporal.
El 19 de marzo, se leerá en la liturgia el evangelio de la Anunciación a José (Mt 1, 16-24). El 25 de marzo se leerá en la liturgia el evangelio de la Anunciación a María (Lc 1, 26-38).
En ambas Anunciaciones se transmite a los esposos el encargo de “poner el nombre” a la criatura que nacerá. A María: “le pondrás por nombre Jesús”, es decir, Salvador (Lc 1, 31). A José: “le pondrás por nombre Jesús”, es decir, Salvador (Mt 1, 21).
Al felicitar a mis amistades que celebran su onomástico –como José María o María José- me complace recordar que también ellos y ellas han dado a luz a sus hijos e hijas gracias a su unión esponsal y, a la vez, por obra y gracia del Espíritu, Aliento de Vida.
Pero siento que, al buscar para la postal por la red imágenes de José, esposo y padre de familia numerosa (cuyo primogénito es Jesús), los cientos de fotos que encuentro reproducen la figura asexuada y entrada en años de un José que más bien parece tío-abuelo de Jesús y mero fraternal acompañante protector de María. Así se desfigura el misterio de la Encarnación: la Sabiduría divina se hizo carne, naciendo de mujer, que concibió (acogió) en sus entrañas el fruto de la unión de los esposos bendecido por obra y gracia del Espíritu Santo.
“No se pierde la virginidad, sino se realiza al unirse, al concebir y al dar a luz, es decir, antes, en y después del parto. No rompe la virginidad de María, ni la mancha,, sino que la realiza, el hecho de que José entre con amor por esa puerta. No hace impura ni mancha a María el nacimiento de Jesús hiriendo físicamente y causando dolor en esa puerta de la vida en el cuerpo de María. La paternidad y maternidad carnal, biológica y humana de José y María no es incompatible con que ambos sean vírgenes que realizan y consuman su virginidad al engendrar a Jesús con el soplo del Espíritu de Vida que actúa desde dentro de ambos” (El que vive, Relecturas de Evangelio, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2017, p, 74, ver pp. 51-84).

Festividad de San José, custodio y cuidador de la Iglesia

Mural de la Iglesia de San José de El Paisnal  (El Salvador), donde preside la imagen de San José y el niño Jesús junto con San Oscar Romero y el Siervo de Dios Rutilio Grande y sus dos compañeros mártires, alrededor de la Mesa de la Creación y de laMesa de la Eucaristía («Una Mesa común para todos», que decía Rutilio)

Hoy es la Festividad de San José, custodio y cuidador de Jesús y de María, custodio de toda la Iglesia y de todos nosotros. Le vamos a pedir que nos proteja de la pandemia que nos rodea y nos tiene en cuarentena y aislamiento de los hermanos, y por la intercesión de San Oscar Romero y el Siervo de Dios Rutilio Grande y compañeros mártires,  nos ayude a superar esta difícil situación que estamos sufriendo y nos enseñe a ser custodios y cuidadores de los que nos rodean y necesitan de nosotros.

El Año de San José

Carta apostólica «Patris corde – Con el corazón de un padre» publicada hoyEl Papa anuncia el «Año de San José», con indulgencia plenaria especial

San José, custodio y cuidador
San José custodio y cuidador

El pontífice publicó además un decreto que establece una indulgencia plenaria especial para todos aquellos que celebren el aniversario “en las ocasiones y en la forma” indicada por la Penitenciaría Apostólica
La carta de Francisco recuerda el “papel central” de José “en la historia de la salvación”
En esta época de pandemia “nuestras vidas están tejidas y sostenidas por gente corriente -generalmente olvidada- que no aparece en los titulares de periódicos y revistas»
“El mundo -afirma Francisco- necesita a los padres, rechaza a los maestros, es decir, rechaza a quienes quieren utilizar la posesión del otro para llenar su propio vacío»
08.12.2020 | RD/Aica
“Rogar a San José” para obtener de él la gracia de la conversión, y celebrarlo como “patrono de la Iglesia universal” a 150 años después de la declaración de este título por Pío IX, es el principal motivo que impulsó al papa Francisco a publicar hoy, fecha precisa del 150 aniversario, una carta apostólica titulada “Patris corde” (corazón de un padre), enteramente dedicada al “padre adoptivo” de Jesús.
El pontífice publicó además un decreto que establece una indulgencia plenaria especial para todos aquellos que celebren el aniversario “en las ocasiones y en la forma” indicada por la Penitenciaría Apostólica.
El decreto sobre la indulgencia explica que Pío IX confirió a san José el título de “patrono de la Iglesia universal”, “movido por las circunstancias graves y lúgubres en las que una Iglesia se ve acosada por la hostilidad de los hombres”.
La carta de Francisco recuerda el “papel central” de José “en la historia de la salvación”, tanto es así que “después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio papal como José, su esposo”.
Y enumera: “El beato Pío IX lo declaró ‘Patrono de la Iglesia Católica’, el venerable Pío XII lo presentó como ‘patrono de los trabajadores’ y san Juan Pablo II como ‘Custodio del Redentor’. El pueblo lo invoca como ‘patrono de una muerte feliz’».
Una de las razones más urgentes que impulsaron al Santo padre a publicar la Carta es que su figura está “tan cerca de la condición humana de cada uno de nosotros”.
Señala que en esta época de pandemia “nuestras vidas están tejidas y sostenidas por gente corriente -generalmente olvidada- que no aparece en los titulares de periódicos y revistas, médicos, enfermeras y enfermeros, trabajadores de supermercados, limpiadores, cuidadores, transportistas, fuerzas policiales, voluntarios, sacerdotes, religiosos y muchos pero muchos otros que han entendido que nadie se salva solo”.
“Cuántas personas ejercen la paciencia e infunden esperanza cada día, cuidando de no sembrar el pánico sino la corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros hijos, con pequeños y cotidianos gestos, cómo afrontar y atravesar una crisis reajustando hábitos, mirando hacia arriba y estimulando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos”.
San José es el modelo por excelencia de este servicio discreto: “Todos pueden encontrar en San José, el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia cotidiana, discreto y oculto, intercesor, apoyo y guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos aquellos que aparentemente están ocultos o en la ‘segunda línea’ tienen un protagonismo inigualable en la historia de la salvación“.
A continuación, la Carta sigue varios capítulos dedicados a diversos aspectos de la figura del santo: “Padre amado”, “Padre en la ternura”, “Padre en la obediencia”, “Padre en la acogida”, “Padre con valor creativo”, “Padre trabajador“, ”Padre en la sombra“.
“El mundo -afirma Francisco- necesita a los padres, rechaza a los maestros, es decir, rechaza a quienes quieren utilizar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rechaza a quienes confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, enfrentamiento con opresión, caridad con bienestar, fuerza con destrucción”.
“Ser padre -especifica- significa introducir al niño a la experiencia de la vida, a la realidad. No lo retengas, no lo aprisiones, no lo poseas, sino hazlo capaz de opciones, de libertad, de partidas. Quizás por eso, junto con el apelativo de padre, la tradición también ha colocado el de “muy casto” a José. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario de la posesión”.
Finalmente, Francisco sugiere que se dirija una oración a San José:
Salve, guardián del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo;
en ti María puso su confianza;
contigo Cristo se hizo hombre.
Oh Beato José, muéstrate también como padre para nosotros
y condúcenos en el camino de la vida.
Obtén para nosotros gracia, misericordia y valor,
y defiéndenos de todo mal. Amén.+

Entrevista con Leonardo Boff

San José, la personalización del Padre celeste, es la presencia silenciosa de aquel que se hizo padre de Dios humanado. Entrevista especial con Leonardo Boff
João Vitor Santos, IHU (Instituto Humanitas Unisinos-RS)

Para el teólogo, San José es el santo de los anónimos, de los trabajadores y de aquellos que asumen su misión. Y va más allá: mantiene que la Trinidad está completa en la encarnación en la Sagrada Familia.
“Él es el santo de los anónimos, de los trabajadores que hablan con las manos, del silencio activo y de la discreción”. Así es como el teólogo Leonardo Boff define a José, el esposo de María, aquel que asume la paternidad terrena de Jesús. Así como el Papa Francisco, Boff llama la atención acerca del coraje de ese judío, un hombre que recibe a una mujer embarazada y toma para sí todas las responsabilidades paternas, por grandes que sean los desafíos.
Coraje y acogida que el Papa resalta y quiere animar en todos al instituir el año 2021 como el año de san José, a través de la Carta Apostólica Patris corde- Con corazón de Padre. “De él no tenemos ninguna palabra, solo sueños. Hoy, la humanidad está recogida, ocasión para pensar sobre el sentido de la vida y de nuestra relación con la Tierra. San José es el santo de la familia reunida, como actualmente las familias lo están en sus casas para protegerse de la contaminación de la covid-19”, dice Boff.
En la entrevista que sigue, concedida por email a IHU On-Line, el teólogo recupera al José histórico e indica en él elementos cruciales que nos den ánimo, “Necesitamos padres que acojan a los desamparados y que promuevan iniciativas en su calle y en su barrio para atender a quienes no pueden defenderse, como ocurrió ejemplarmente en el barrio Paraisópolis de São Paulo y en la favela da Maré de Río de Janeiro”, alerta. Y añade: “No existe solamente el regazo cálido de la madre. El padre es responsable del paso hacia el mundo de los otros, donde hay diferencias, tienen que respetarse ciertos límites y aprender a convivir pacíficamente. No es una tarea fácil, pero es imprescindible para no dejar marcas para siempre”.
Boff recupera la teología en torno a ese personaje del cual no tenemos ni una palabra en los registros canónicos. Es el llamado silencio, pero que no tiene nada de omisión. “En silencio es como vemos mejor, escuchamos la llamada del corazón y nacen visiones que dan sentido a la vida y nos alimentan la esperanza. No fue diferente con el padre trabajador José”, explica. Además, Boff dice que no podemos ignorar que Dios se hace humano y, en su interpretación, la Trinidad se personifica en la familia terrena de Cristo. “San José habla porque es el portador de este misterio abisal en el que el Padre habita. José es la persona que muestra, por su silencio, el misterio del Padre. Él acaba siendo la sombra del Padre, la propia personificación terrestre del Padre celeste”, sostiene.
Para él, sólo quien es divina es capaz de engendrar lo Divino. “Fue lo que ocurrió con María. Si ella no hubiera dicho “fiat”, hágase, el Hijo no habría sido concebido y nacido de ella. Esa parte divina de María es raramente asumida por las mujeres que siguen todavía rehenes de la cristología, de Cristo, olvidando que sin María no habría Cristo”, advierte. O sea, ya hemos asumido a Cristo como Dios encarnado, pero todavía nos falta asumir esta mirada sobre María. “¿Y San José, queda fuera?”, pregunta. “Mi tesis es que toda la Familia divina se autocomunicó al mundo”. Así se cierra el círculo: La Familia divina está para siempre en la familia humana que fue asumida por María, por Jesús y por José”.
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