La formación en los seminarios

La pregunta de Cristina Inogés: “¿Por qué los seminarios siguen formando en un modelo ministerial agotado?”

Por RUBÉN CRUZ

“Hay que introducir la Inteligencia Emocional en la formación de los futuros sacerdotes”, señala la teóloga española en el Congreso Internacional sobre la Problemática de los Seminarios Católicos, que se celebra en Braga

“¿No falta algo en el diseño de la formación de los futuros sacerdotes? ¿No se les sigue formando en un modelo de ministerio que está absolutamente agotado para la Iglesia, para la sociedad y para ellos mismos?”. Estas son solo algunas de las preguntas que la teóloga española Cristina Inogés se ha hecho hoy en el Congreso Internacional sobre la Problemática de los Seminarios Católicos, bajo el lema ‘Levanta tus ojos y mira’, que se celebra en Braga (Portugal) del 16 al 19 de noviembre con motivo del 450º aniversario del seminario diocesano.

Pero no se han quedado ahí sus cuestionamientos: “¿Perpetuamos el modelo de futuro sacerdote que hace aguas por diferentes vías, o planteamos un modelo nuevo, más abierto y con un entorno formativo más acorde con la realidad eclesial y social, cultural y, sobre todo humana, que se va a encontrar y en la que va a vivir?”.

Tras aludir a la crisis de los abusos en la Iglesia, ha pedido “modificar profundamente la formación de los futuros sacerdotes e introducir en ella dos elementos hasta ahora –solo tenidos en cuenta en poquísimos seminarios– más o menos inexistentes y urgentísimos: la formación psico-afectivo-sexual y la Inteligencia Emocional”.

Formación en clave sinodal

Durante su ponencia, titulada ‘¿Seguir formando en un modelo ministerial agotado?’, ha señalado que los seminarios “no deberían escapar a la reflexión que el proceso sinodal nos propone vivir”. “Por su estructura eclesiástica más que eclesial, están llamados a vivir una profunda transformación en sus estructuras, medios, métodos y enseñanzas para asegurarse que, quienes allí se forman para ejercer el ministerio, salgan preparados para ser sacerdotes del siglo XXI, en la Iglesia y en la sociedad del siglo XXI, y no copias de un modelo ministerial que pudo funcionar en su momento, pero que lleva ya mucho tiempo mostrando que está agotado”, ha remarcado.

Según la teóloga -miembro de la Comisión Metodológica del Sínodo de la Sinodalidad-, “esta forma de Iglesia que conocemos ahora hace aguas por todas partes y mantener una forma de ministerio agotado solo servirá para que la agonía sea más lenta y dolorosa”. Por eso, sostiene que “la convocatoria de este Sínodo no ha sido una ocurrencia de Francisco, un capricho, o una decisión para limpiar la fachada de la Iglesia. Se trata de la necesidad urgente de empezar a cambiar de la Iglesia de los ordenados a la Iglesia de los bautizados; de la Iglesia del yo, a la Iglesia del nosotros”.

En este sentido, ha indicado que, “si el futuro clero no se prepara, ni es preparado en clave sinodal, más vale que disfrutemos de este momento, aunque no sea muy bueno porque, de aquí a cinco o diez años, los problemas que tenemos ahora se habrán multiplicado exponencialmente y será, prácticamente imposible, hallar soluciones pastorales que no sean radicales”. Y, estas, “en el caso de que pudieran servir”, ha puntualizado.

“El desastre actual se gestó hace mucho tiempo”

Haciendo un repaso histórico, Inogés ha señalado que “el desastre actual se gestó hace mucho tiempo”. “Desde la Baja Edad Media, el clericalismo se convirtió en el gran aliado de la institución y en el gran enemigo de la Iglesia. Ese clero clericalizado, dueño y señor de la institución, pervirtió lo que curiosamente más valoraba, la figura sacerdotal, convirtiéndola en una caricatura grotesca, autoritaria, carente de toda humanidad a favor de esa institución. Y, así, el clericalismo se convirtió en el cáncer de la Iglesia. Lenta, pero insistentemente, se extendió en una metástasis imparable”, ha explicado.

Señalando las carencias en la formación de los seminaristas y, por ende, en la formación permanente del clero y de los obispos, ha insistido en que “seguimos inmersos en la gran teología que no evoluciona, ni cambia su manera de expresarse, cuando sus receptores son muy diferentes en cada generación que se sucede”. Por ejemplo, “la gran teología no aborda, porque le da mucho miedo, nada que tenga que ver con el género, porque, en la Iglesia se suele confundir género con ideología de género”, ha dicho, para luego advertir que “todavía nos movemos mucho en esa poderosa razón del ‘siempre se ha hecho así’”.

La teología femenina en los seminarios

También deberá cambiar y corregirse “la ausencia de teología femenina en las bibliotecas de los seminarios, así como en las bibliografías de las asignaturas impartidas, donde tampoco se suelen ver obras de teólogos que vayan abriendo otras vías de reflexión, porque la teología en Europa todavía cree que nada tiene que aprender de otras”, ha afirmado. “La decisión de apartar esas voces de la formación, la decisión de controlar qué leen o no los futuros sacerdotes es ya en sí misma una sutil forma de abuso de poder que silenciosa, pero insistentemente va enraizando en las personas”, ha añadido.

Asimismo, ha continuado: “En los seminarios se forma a los candidatos al sacerdocio privados de la presencia de más de la mitad de la humanidad que somos las mujeres. Y se les forma para un ministerio en el que se van a ver rodeados de mujeres dado que somos más del 80% de los miembros de la Iglesia. ¿No hay alguna incoherencia en esa ausencia?”. Y todo esto, “cuando están llamados a vivir su ministerio en una sociedad que habla con toda naturalidad, y es algo muy interesante a tener en cuenta, de las nuevas masculinidades que profundizan en aspectos muy positivos y que se oponen a un único modelo masculino rígido y bastante insensible”, ha advertido.

Según Inogés, esto, “en lugar de hacernos fruncir el ceño y pensar que son tonterías de la deriva de una sociedad narcisista, podría hacernos pensar en el modelo de vida de Jesús de Nazaret, que manifestó con su comportamiento modelos diversos de masculinidad en su muy cerrada sociedad”. Por ejemplo, “llorar abiertamente ante la tumba de Lázaro (Jn 11, 28-35), acariciar a niños (Mt 19, 13-15), hablar en público con mujeres (Jn 4, 5-43; Mt 15,21-28; Jn 11,19-27) o dejarse acariciar por la mujer que le ungió los pies con perfume (Lc 7, 36-48)”, ha subrayado.

¿Es hora de repensar los seminarios?

Necesitamos que los seminarios sean lugares que capaciten a las nuevas generaciones de clérigos para que sean líderes en el servicio y que puedan pastorear, no gobernar, a los fieles.

Fuente:   La Croix International

Por Gideon Goosen

La Iglesia Católica en Australia ha llegado a un punto crítico en su viaje, necesitando una regeneración total de la iglesia.

Los hallazgos de abuso sexual de niños en la Iglesia han sido el principal catalizador, documentado en el Informe Final de la Comisión Real de Respuestas Institucionales al Abuso Sexual Infantil.

El Informe Final identificó el clericalismo como un factor contribuyente de manera significativa al abuso en las instituciones religiosas de toda Australia.

El clericalismo tiene sus raíces en una creencia teológica de que el clero es diferente a los laicos, habiendo sufrido un «cambio ontológico» en la ordenación (un cambio en la naturaleza misma de su ser al recibir las Órdenes Sagradas) y alimenta la noción de que el clero no puede ser desafiado. Y según el informe, la cultura del clericalismo está en aumento en los seminarios en Australia.

Según el informe, “el clericalismo es la idealización del sacerdocio y, por extensión, la idealización de la Iglesia Católica. El clericalismo está vinculado a un sentido de rectitud, superioridad y exclusión, y abuso de poder». Una persona que sufre de clericalismo se ve a sí misma como especial, superior a los demás y digna de mayor respeto.

Esto podría llevar a la arrogancia y al menosprecio de los demás. Los laicos también pueden ser culpables de clericalismo si apoyan esta actitud.

La formación inicial de los pastores (prefiero usar el término «pastor» sobre «sacerdote» para enfatizar la naturaleza pastoral de este papel) ocurre en entornos segregados «clericalistas», que según el informe, es probable que tengan un efecto perjudicial en la madurez psicosexual de los candidatos y, a su vez, «aumenten el riesgo de abuso sexual infantil».

No es de extrañar entonces que entre las recomendaciones clave de la Comisión Real, se mencionara específicamente el tema de la formación de los sacerdotes diocesanos en los seminarios como necesitados de reforma.

Según el informe final, «todos los institutos religiosos católicos en Australia deben revisar sus normas particulares y documentos de orientación relacionados con la formación de sacerdotes».

Jesús nunca envió a sus discípulos a un seminario

Es fundamental que el Consejo Plenario aborde los problemas del clericalismo durante la formación pastoral. Afortunadamente, los líderes de la iglesia están, hasta cierto punto, de acuerdo en la necesidad de una reforma.

Hablando de los cambios culturales y estructurales que el Consejo Plenario podría activar en la iglesia, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Australia, el arzobispo Mark Coleridge, dijo que «este no es el momento para que la Iglesia coloque letreros en los que se diga ‘negocios como siempre’”.

Reformar los «ambientes clericalistas» requiere ver todos los aspectos de la formación con un ojo crítico.

Parece lógico que cuando un grupo de personas es llevado a un lugar exclusivo y se le presta especial atención en clases pequeñas y en los que se cuida la comida y el alojamiento, pueden aparecer sentimientos de separación.

Lo mismo vale para los jóvenes a quienes se les permite usar sotanas y clerygman antes de la ordenación. La estimación de sí mismos como «otros» es perfectamente comprensible.

La pregunta lógica que sigue es la siguiente: si estamos tratando de eliminar el clericalismo de nuestra iglesia y de los programas de capacitación para futuros pastores, ¿por qué persistimos en tener seminarios que se adhieran a un modelo que ha producido resultados problemáticos?

La iglesia debe explorar otras formas de preparar a las personas para la tarea de ser el pastor de la parroquia.

Después de todo, Jesús nunca envió a sus discípulos a un seminario. Jesús los inició en los valores del reino, no en un edificio, sino «en el camino».

En los primeros dos siglos, no está claro cómo se elegía a las personas para presidir la Eucaristía. Una vez fundadas las órdenes religiosas, empezando por San Benito, los monasterios tenían sus propios criterios.

Aquellos que no vivían en un monasterio, es decir, los candidatos diocesanos, seguían varios caminos hacia la ordenación, dependiendo del obispo local.

Vale la pena señalar que en la historia de la iglesia, los seminarios son un desarrollo relativamente reciente.

Fue el Concilio de Trento (1545-63) el que decidió un estricto proceso de años de estudio en un lugar aislado, para garantizar que los pastores estuvieran debidamente capacitados.

Los estudiantes fueron separados de sus familias y comunidades y colocados en un invernadero de espiritualidad y estudio teológico.

No alguien por encima de la comunidad, sino más bien uno de la comunidad

¿Por qué fue atractivo este modelo de preparación?

Proporcionó alfabetización y una educación sólida para los candidatos y un lugar donde, independientemente de sus antecedentes, los hombres jóvenes podían estudiar con acceso a las instalaciones. Proporcionó comida y alojamiento para que la capacitación pudiera ser guiada, continua y supervisada.

El sistema de seminarios ha producido algunos individuos excelentes como San Juan Vianney, cuyo buen ejemplo condujo a la transformación radical de la comunidad a la que servía.

Y, sin embargo, el clericalismo que se permitió crecer dentro de la Iglesia a lo largo de los siglos ha relativizado posiblemente muchos aspectos positivos de la capacitación y la práctica del ministerio ordenado.

Y esto no se aplica exclusivamente a aquellos que se forman en los seminarios para convertirse en sacerdotes diocesanos. El Informe Final de la Comisión Real critica tanto a «sacerdotes como a religiosos» con respecto a su formación.

Sin embargo, los miembros de órdenes religiosas y monásticas como los benedictinos y los cistercienses se distinguen en el sentido de que son miembros de una comunidad familiar que los apoya y guía; algunos están ordenados pero no todos.

Los candidatos diocesanos generalmente no tienen el mismo apoyo familiar.

Cuando los miembros de las órdenes religiosas están menos enfocados a la ordenación, disminuye la amenaza tanto del arribismo, o el deseo de escalar rangos dentro de la Iglesia, como del clericalismo que puede ser importante en los seminarios diocesanos.

Al permitir el clericalismo, este sistema actual de formación en seminarios contribuyó, aunque indirectamente, al impactante abuso sexual de menores expuesto por investigaciones en todo el mundo.

Si nos tomamos en serio librar a la iglesia del clericalismo, no podemos continuar con el modelo de seminario como siempre ha sido.

Algunos comentaristas que han enseñado en seminarios en los Estados Unidos, incluidos los ex profesores de seminario Colt Anderson y Christopher Bellitto, reconocen las debilidades del modelo tradicional, diciendo que, a pesar de ser atendidos y asistidos por buenas personas, «los seminarios han desempeñado un papel importante en la crisis actual de la iglesia», al inculturar a los estudiantes en el clericalismo.

«Los seminaristas reciben un mensaje consistente: su papel es gobernar sobre los laicos y los religiosos como resultado de su cambio ontológico en la ordenación, no como resultado de su virtud, conocimiento o comportamiento modelo. Están siendo entrenados para ser jefes autocráticos, no líderes en el servicio».

Necesitamos que los seminarios sean lugares que capaciten a las nuevas generaciones de clérigos para que sean líderes en el servicio y que puedan pastorear, no gobernar, a los fieles.

La prohibición más importante para superar el clericalismo es evitar aislar físicamente a las personas que desean unirse al clero. Los seminaristas deben pasar más tiempo viviendo en sus parroquias durante la formación.

Teóricamente, los seminaristas podrían seguir viviendo en casa, lo que permitiría al candidato mantener lazos con sus contemporáneos, mientras se involucran en la vida práctica de la parroquia.

En el período previo a la Plenaria, debemos considerar estilos alternativos de preparación a la ordenación donde los seminaristas tengan una mayor interacción e integración con sus parroquias y colegas no seminaristas.

El documento final para el Sínodo de los Jóvenes de 2018, por ejemplo, propone que haya cursos de formación conjuntos para «jóvenes laicos, jóvenes religiosos y seminaristas». Esto va de la mano con la iglesia del Papa Francisco cuando propone un conjunto más integrado de roles y responsabilidades tanto para los laicos como para los clérigos.

El ecumenismo receptivo también tiene un papel que desempeñar. ¿Qué estilos de preparación practican otras denominaciones y qué podemos aprender de ellos?

Para contrarrestar el clericalismo, es importante que la preparación de un individuo se lleve a cabo en una parroquia, en una comunidad con múltiples ministerios; no se le debe dar la impresión de que es alguien especial y por encima de la comunidad, sino más bien uno de la comunidad.

Gideon Goosen es un teólogo y autor con sede en Sydney. Su último libro es Clericalism: Stories from the Pews, Coventry Press, 2020

Entrevista al rector del Seminario de Manaos

Zenildo Lima: «La misión es el mayor paradigma vocacional que tenemos»

Padre Zenildo Lima

«Cuanto más promovamos una pastoral vocacional centrada en la misión, más tendremos, de hecho, vocaciones que correspondan a la misión que la Iglesia realiza aquí, en un lugar como nuestra región amazónica»

«El ministerio del obispo es un ministerio extremadamente solitario, el ministerio del sacerdote es un ministerio extremadamente solitario, y los laicos, que son más ministeriales, que son más comunitarios, acaban aguantando mejor que nosotros»

«Entiendo hoy el ministerio como una realidad mucho más abierta, mucho más dirigida a otras personas que aquellas categorías que pensaba hace 25 años»

«La comunidad forma, la Iglesia local forma, las relaciones que se establecen, incluso fuera de este nido del seminario, también forman. Es necesario que el seminario sea más dialogante, que la formación sacerdotal sea más sinodal, para que tengamos más sacerdotes sinodales»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

El Seminario San José de Manaos forma a los seminaristas de las nueve Iglesias particulares que forman parte del Regional Norte 1 de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), en la Amazonía brasileña. Su rector es el padre Zenildo Lima, que el 4 de agosto, en la fiesta de San Juan María Vianney, cumple 25 años como sacerdote.

Entiende el ministerio en función de la misión, desde la apertura, desde una perspectiva de encuentro, en una Iglesia que habla y sabe escuchar, a partir de sus dinamismos internos, una Iglesia dialógica, sinodal.

Los seminaristas de hoy forman parte de una juventud «mucho más masacrada desde el punto de vista humano, en sus esperanzas y en sus sueños», pero también «en su vida interior, en sus perspectivas, en sus esperanzas y en sus sueños que la juventud de nuestro tiempo», dice el rector del Seminario de San José.

En una Iglesia sinodal, los sacerdotes, para serlo, tienen que involucrarse en los procesos sinodales, algo que, según el padre Zenildo Lima, no ocurre en el seminario, donde los jóvenes viven restringidos al ámbito del seminario, sin tener en cuenta «otros temas que también forman parte del proceso formativo directamente».

El rector del Seminario San José habla de la necesidad de «orientar una pastoral vocacional en la perspectiva de la misión, y en consecuencia el compromiso ministerial, el compromiso de eclesialidad, de servicio a la misión, menos basado en una realización personal, subjetivista del individuo, con lo que tendremos una pastoral vocacional más eficaz».Después de 25 años como sacerdote, ¿cuál es su lectura?

Estoy pensando mucho en esto estos días, porque estoy releyendo cuál era mi idea de ministerio hace 25 años y cuál es mi idea de ministerio hoy. Y este concepto está siendo iluminado por el que será el Evangelio de esta Misa que celebraremos para conmemorar el 25 aniversario: Jesús que se abre a los nuevos horizontes de la misión.

En síntesis, se podría decir desde una relectura, que entiendo hoy el ministerio como una realidad mucho más abierta, mucho más dirigida a otras personas que aquellas categorías que pensaba hace 25 años.

Pensaba en ser sacerdote para la Arquidiócesis de Manaos, para las comunidades de la Arquidiócesis de Manaos y para los católicos de esa comunidad. Hoy, entiendo el ministerio para la Iglesia que está en la Amazonía, para la categoría de personas que no están necesariamente en las comunidades eclesiales. Tiene un alcance, una apertura.

¿Cómo ser sacerdote hoy en una realidad que hace 25 años estaba presente en la vida de la Iglesia, pero digamos que estaba congelada, y que hoy marca la vida de la Iglesia, que es una Iglesia sinodal?

Esta pregunta se parece mucho a la homilía que el obispo pronunció el domingo de nuestra ordenación. Preguntaba sobre la actualidad del ministerio del sacerdote. Nos acercábamos al año 2000, era el 96, cuál es la actualidad del ministerio del sacerdote para tiempos tan diferentes. Y me di cuenta de que, si pensamos que nuestra perspectiva es de confrontación, cada vez más la realidad parece desafiante para el ministerio del sacerdote. Si la perspectiva es de encuentro, cada vez más, es interpoladora para el ministerio del sacerdote.

En este sentido, la Iglesia sinodal es una Iglesia mucho más de encuentro que de confrontación, es una Iglesia que habla, a partir de sí misma, sabe escuchar sus dinámicas internas. Pero también es una Iglesia dialogante, que dialoga con esta realidad, que desafía, pero no amenaza. Lo que es válido para la Iglesia es válido para el ministerio, una Iglesia sinodal, una Iglesia que deja de ser una Iglesia de confrontación, en el sentido de enfrentarse, de afrontar todo lo que la realidad está trayendo, para ser una Iglesia de encuentro.

Ahora bien, esta experiencia de encuentro exigirá otros tipos de confrontación, pero no los que amenazan la institucionalidad de la Iglesia, ni los que amenazan la institucionalidad del ministerio, la confrontación en relación con toda la realidad que amenaza la vida. De nuevo en esta línea de amplitud, la sinodalidad es hoy un signo de encuentro, encuentro dentro de la realidad de la dinámica de la Iglesia, encuentro de la Iglesia con el mundo, Gaudium et Spes.Durante 25 años la Iglesia le ha confiado diferentes servicios, ya ha sido párroco, secretario ejecutivo del Regional Norte 1 de la CNBB, y ahora es rector del seminario. Antes de ser sacerdote fue seminarista y hoy acompaña la vida de los seminaristas. ¿Cuál es la diferencia entre los seminaristas de hoy y los de hace 25 años, entre la formación sacerdotal de hoy y la que usted vivió hace 25 años?

Es una diferencia que va en la línea de la diferencia entre los jóvenes de hace 25 años y los jóvenes de hoy, el contexto de hace 25 años y el contexto de hoy. No nos es posible hacer ningún tipo de analogía o comparación de valores, lo que se nos exige es más bien una capacidad de lectura. Hace 25 años vivíamos en un contexto con una serie de exigencias para nuestra generación. Teníamos que entrar en situaciones de mayor confrontación, teníamos una realidad social bastante dura, hablo de 1989, que fue el año en que entré en el seminario.

Hoy tenemos una juventud que se enfrenta a otros dramas. En nuestra época había una latencia muy grande de los retos sociales, de la coyuntura que nos rodeaba. Hoy veo que la juventud es masacrada desde el punto de vista humano, desde el punto de vista de sus esperanzas y sueños. Estamos tentados de percibir en la generación actual de seminaristas una mayor fragilidad que la nuestra, pero creo que sería precipitado hacer tal afirmación.

Quizás pueda decir que es una juventud más masacrada en su vida interior, en sus perspectivas, en sus esperanzas, en sus sueños que la juventud de nuestro tiempo. Por lo tanto, la formación sacerdotal tiene que tener en cuenta esto. Una de las dificultades que tuve al inicio de este servicio como rector del seminario fue porque todas mis referencias eran de mi propio proceso formativo, que no tiene casi nada que ver con los procesos actuales. Hoy en día, nos enfrentamos a una juventud diferente, que requiere un tipo de atención diferente.

Lo más arriesgado, o este es el discernimiento que trato de hacer, es que esto no implica que disminuyamos las expectativas del ministerio ordenado para que sea un ministerio más light, sigue siendo un ministerio muy exigente. Y tal vez esto implique que acabemos exigiendo demasiado a los jóvenes de hoy.En el Seminario Arquidiocesano de San José de Manaos se forman sacerdotes para las nueve iglesias del Regional Norte 1 de la CNBB. ¿Cómo formar hoy sacerdotes con talante sinodal para la Iglesia en la Amazonía?

Escribí un artículo sobre esto, que la formación tiene que ser radicalmente sinodal. Para formar un sacerdote sinodal, es necesario que se involucre en procesos sinodales, y nos guste o no, la estructura de nuestro seminario sigue siendo poco sinodal, demasiado pensada y demasiado externalizada. Retiramos a los jóvenes de las convivencias dialógicas, me refiero a la familia, a otras realidades, a las comunidades eclesiales, y restringimos mucho al joven a este entorno del seminario.

Es necesario entender que otras personas y otros sujetos también forman parte del proceso formativo directamente. La comunidad forma, la Iglesia local forma, las relaciones que se establecen, incluso fuera de este nido del seminario, también forman. Es necesario que el seminario sea más dialogante, que la formación sacerdotal sea más sinodal, para que tengamos más sacerdotes sinodales. Si no, vamos a proponer una idea de sinodalidad para el sacerdote dentro de una estructura poco sinodal, que sigue siendo el seminario diocesano.

En la Iglesia amazónica, una realidad muy presente son las distancias y, en consecuencia, la soledad de los sacerdotes, especialmente en el interior de la Amazonía. San Juan María Vianney vivió esta soledad y estas luchas internas en una realidad diferente pero similar. ¿Cómo podemos ayudar hoy, desde la formación inicial pero también desde la formación permanente del clero, a afrontar esta realidad que viven los sacerdotes de la Amazonía en muchos ambientes?

Aquí tenemos dos formas de enfocar esta cuestión de la soledad. Una es la realidad geográfica de la región; la soledad es una realidad desnuda, cruda y directa para los que viven en comunidades lejanas, para los que viven en ciudades pequeñas. Estos jóvenes se forman en esta metrópoli, y durante siete años viven aquí una dinámica muy intensa de movilidad y encuentro, para luego regresar a sus comunidades y vivir situaciones de aislamiento. Esto es un hecho, el que la propia realidad nos impone.

Pero también hay otras dinámicas que nos empujan a la soledad, el modelo en el que aprendemos a vivir o a no vivir con nuestras relaciones, el modelo en el que elegimos establecer vínculos, lazos con las personas. La soledad también se convierte en un problema para los sacerdotes que se encuentran en esta capital de más de dos millones de habitantes. Tenemos que crear estructuras más ligeras, formas más ligeras de convivencia sacerdotal.

El desafío de la formación permanente que está surgiendo en los últimos tiempos, sobre todo por lo que hemos visto en la Iglesia de Brasil, con la cuestión de los suicidios de sacerdotes, nos está exigiendo, de manera muy intensa, la capacidad de establecer relaciones de amistad, de cercanía. Dentro de lo que podríamos hablar de formas de convivencia sacerdotal más informales, pero no menos consistentes.

Otra forma es también tener una estructura de Iglesia más ministerial. Mientras nuestra ministerialidad esté muy verticalizada, esto también tiende a empujar hacia bloques de soledad. El ministerio del obispo es un ministerio extremadamente solitario, el ministerio del sacerdote es un ministerio extremadamente solitario, y los laicos, que son más ministeriales, que son más comunitarios, acaban aguantando mejor que nosotros. Así que somos nosotros los que tenemos que aprender de ellos a entrar en una dinámica de Iglesia ministerial, más horizontal y menos vertical.En Brasil, el mes de agosto es el mes vocacional. Para alguien que lo ha vivido y disfrutado, evidentemente con momentos de crisis, que los habrá habido, ¿cómo anima a los jóvenes de hoy, o a la Iglesia en general, a vivir la vocación y en concreto a ser capaces de dar una respuesta a la vocación sacerdotal dentro de la Iglesia?

Siempre he creído, teniendo en cuenta todos los aspectos subjetivos de la cuestión vocacional, de la libertad del sujeto, Pastores dabo vobis habla de encuentro y libertad, de Dios que llama y el sujeto responde, pero la misión es el mayor paradigma vocacional que tenemos. Cuanto más basemos la pastoral vocacional en la perspectiva de la misión, y por consiguiente el compromiso ministerial, el compromiso de eclesialidad, de servicio a la misión, menos basado en esta realización personal, subjetivista, del individuo, más tendremos una pastoral vocacional más eficaz.

Me asusta, me preocupa un poco, una avalancha vocacional muy entusiasta por un modelo ministerial muy subjetivo o subjetivista, por un modelo ministerial muy centrado en la persona. Creo que cuanto más promovamos una pastoral vocacional centrada en la misión, más tendremos, de hecho, vocaciones que correspondan a la misión que la Iglesia realiza aquí, en un lugar como nuestra región amazónica