SICSAL PERU

Cristianos de Perú recogen palabras de San Oscar Romero

Carlos Alejos

Estimado Antonio – Atrio
Te comparto este texto que me parece importante para publicar por la importancia de la voz de los laicos desde sus movimientos y comunidades cristianas ante la crisis violenta y sociopolítica en Perú. Gracias. Carlos Alejos.

SICSAL PERU. Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina «Óscar Romero»

En esta situación dura que nos ha tocado vivir política y socialmente en crisis dónde el desgobierno y la violencia imperan en nuestro país, los movimientos y comunidades cristianas laicas no sé han quedado en silencio y en fidelidad al evangelio y a la doctrina social de la iglesia y sobre todo a lo que decía monseñor Enrique Angelelli, mártir latinoamericano, de tener un oído al pueblo y el otro al evangelio y magisterio social ,presentaron los PRONUNCIAMIENTOS dónde se han manifestado Fratelli tutti frente a la dura realidad Peruana.

Los movimientos y comunidades qu han hecho público manifiestos son:

    • Signis Perú – Asociación Peruana de Comunicadores
    • MANTHOC-Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos
    • REDINJUV – Red Peruana Infanto Juvenil
    • Juventud Obrera Cristiana
    • INSPIR – plataforma de organizaciones y sindicatos de trabajadores jóvenes, mujeres y periodistas de la economía formal e informal
    • Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina «Óscar Romero» – SICSAL PERU
  • Solo un texto de esos muchos MANIFIESTOS:El Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina«Óscar Romero» – SICSAL PERU como organización que sigue el testimonio dejado por San Oscar Romero queremos pronunciarnos ante la situación de crisis política y social que nos ha tocado vivir en estos días de diciembre 2022.Nos preocupa y entristece la violencia ocurrida en Andahuaylas donde hubo el resultado de la muerte de Christian Alex Rojas Vásquez (19 años), Beckham Romario Quispe Garfias (18 años), D.A.Q. (15 años) y 4 personas más.Nos unimos a los gritos de muchas organizaciones sociales y eclesiales diciendo: NI UN MUERTO MÁS.Desde aquí recordemos lo que en la encíclica del papa Francisco, Fratelli Tuti se lee en el numeral 285: “En el nombre de la inocente alma humana que Dios ha prohibido matar, afirmando de que quien mata a una persona es como si hubiese matado a toda la humanidad y quien salva a una es como si hubiese salvado a la humanidad entera”.Queremos esta vez dejarnos guiar por la palabra dejada por San Oscar Romero que creemos de alguna manera ilumina la realidad que nos ha tocado vivir en nuestro país.Monseñor Romero ¿que nos diría ante las estructuras de injusticia social que se mantiene en nuestro país?
  • Tenemos que condenar esta estructura de pecado en que vivimos, esta podredumbre que presiona, lastimosamente, a muchos hombres a tomar opciones radicales y violentas. Los culpables son, precisamente, los que mantienen estas estructuras de injusticia social, que hacen perder la esperanza de que se puedan arreglar de otro modo, más que por la violencia. Ellos tienen que considerar que si queremos evitar estos caminos hacia la clandestinidad, hacia la violencia, hacia tantos desórdenes, tienen que empezar por quitar el gran desorden de su egoísmo y de su injusticia social (Homilía 13 de enero de 1980, VIII p. 156).
  • Monseñor Romero y ante la violencia que vivimos en estos días ¿que nos diría?
  • Existen, pues dos violencias. La que está oprimiendo de arriba, políticamente, económicamente, y la que reacciona contra esa violencia. «Los dos aspectos -continua el Vaticano diciendo- pueden ser difíciles de separar, y la injusticia puede ser recíproca». En las dos puede haber injusticia. Evidentemente, -son palabras del Vaticano- hay injusticia en la primera violencia». O sea, que aquí el documento de la Santa Sede llama injusta a esa situación de opresión, de represión, de querer tener más, de querer ser poderosos aún reprimiendo a los débiles. «Evidentemente en el primer caso vale, pero también con frecuencia en el segundo». Nunca voy a defender yo, ni nadie católico puede defender, la injusta violencia, aunque proceda del más oprimido. Siempre sera una injusticia si traspasa los límites de la ley de Dios (Homilía 13 de noviembre de 1977, I-II p. 316).

¿Cuál debe ser nuestra actitud ante la violencia monseñor?

  • A mí me da miedo, hermanos, cuando leyes represivas o actitudes violentas están quitando el escape legítimo de un pueblo que necesita manifestarse. ¿Qué sucede con la caldera que está hirviendo y no tiene válvulas de escape? Puede estallar. Todavía es tiempo de dar a la voz de nuestra gente la manifestación que ellos desean. Con tal de que haya, al mismo tiempo, la justicia que regula. Porque naturalmente, hermanos, cuando defendemos estas justas aspiraciones no estamos parcializándonos con reclamos terroristas. La Iglesia no está de acuerdo con la violencia de ninguna forma, ni la que brota como fruto de la represión ni la que reprime en formas tan bárbaras. Simplemente llama a entenderse, a dialogar, a la justicia, al amor (Homilía 19 de marzo de 1978, IV p. 79).

¿Y ante las víctimas de esta violencia que se le puede decir monseñor?

  • Queremos ser la voz de los que no tienen voz para gritar contra tanto atropello contra los derechos humanos. Que se haga justicia, que no se queden tantos crímenes manchando a la patria, al ejército. Que se reconozca quiénes son los criminales y que se dé justa indemnización a las familias que quedan desamparadas (Homilía 28 de agosto de 1977, I-II p. 192).

¿Qué papel deben jugar los medios de comunicación ante esta realidad de crisis?

  • Es lástima, hermanos, que en estas cosas tan graves de nuestro pueblo se quiera engañar al pueblo. Es lástima tener unos medios de comunicación tan vendidos a las condiciones. Es lástima no poder confiar en la noticia del periódico o de la televisión o de la radio porque todo está comprado, está amañado y no se dice la verdad (Homilía 2 de abril de 1978, IV pp 129-130).

Queremos hacer nuestro los muchos pronunciamientos de organizaciones sociales y eclesiales de nuestro país para que esta situación mejore y se respete la vida de las personas y la democracia integral.

Y para que se detenga todo tipo de violencia que engendra más violencia hacemos nuestra las últimas palabras de monseñor Romero en su última homilía dominical antes de ser martirizado:

Yo quisiera hacer un llamamiento muy especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: no matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: ¡cese la represión! (Homilía 23 de marzo de 1980, VIII p. 382).

La crisis de Colombia

El país suma dos semanas en medio de movilizaciones, represión y una inédita inestabilidad

La Conferencia Episcopal rechaza toda forma de violencia, pero sectores de la sociedad le exigen mayor contundencia frente a las masacres perpetradas por agentes del Estado

Abilio Peña, cosecretario del SICSAL, sostiene que el obispado castrense tiene el deber de indagar sobre los más de 500 desaparecidos

| Miguel Estupiñán, Bogotá

Que la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) haya participado, junto a la ONU, como garante en la primera reunión entre el Gobierno y el Comité Nacional del Paro da cuenta de la importancia que se le reconoce en labores de mediación. El evento tuvo lugar en la Casa de Nariño, sede de la presidencia, el pasado lunes y la institución eclesiástica fue representada por el director de Cáritas en el país, monseñor Héctor Fabio Henao.

Un día antes, el presidente de la república se había reunido con líderes religiosos en otro punto de Bogotá: Fragmentos, un museo de la memoria construido como fruto de los acuerdos de paz suscritos en 2016. Después de la reunión, monseñor Elkin Álvarez, secretario de la CEC, y el pastor Héctor Pardo, jefe de la iglesia evangélica Tabernáculo de la Fe, leyeron un mensaje en nombre de los líderes que concurrieron a la reunión. El texto contenía un llamado a la unidad y un reconocimiento de la legitimidad de las instituciones del Estado.

Cuando semanas atrás, en atención a la pandemia, el presidente Iván Duque había anunciado reformas fiscales y al sistema de salud, medidas que rápidamente fueron rechazadas por amplios sectores de la sociedad en el origen de lo que sería una ola de protestas que suma 15 días, el arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda, declaró: “en este momento en que tantas personas pasan hambre no necesitamos una reforma, sino una renovación desde el corazón, desde la conciencia”. Aquello fue una clara toma de distancia frente a los planes del Gobierno por parte de uno de los más representativos líderes del catolicismo colombiano.

Respuesta a la represión

Ante la represión desatada por sectores de la fuerza pública contra las movilizaciones, política que ha dejado a su paso más de 40 homicidios entre los manifestantes a manos de agentes del Estado, Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, ciudad-epicentro de la crisis, señaló hace algunos días: “Nos duele que las instrucciones sean disparar”, “nos arruga el alma la muerte de tantas personas”.

Desde su propia esquina, el obispado castrense se ha sumado a los mensajes en favor de la paz. Sin embargo, algunas imágenes difundidas a través de la cuenta de Twitter de la entidad han sido constantemente criticadas en redes sociales, por presentar a sacerdotes bendiciendo a miembros del Escuadrón Móvil Anti Disturbios. Mejor conocido por sus siglas, el ESMAD es responsable de tareas represivas en el contexto no solamente de las actuales protestas, sino también de movilizaciones contra el Gobierno de Iván Duque ya en noviembre de 2019, cuando el joven Dilan Cruz, de 20 años, murió por el disparo de un policía en pleno centro de la capital, mientras marchaba por el derecho a la educación. Hecho que fue registrado en video por varios manifestantes, pero permanece en la impunidad, a pesar de conocerse la identidad del agente.

La Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico, alianza de organizaciones étnico-territoriales y sectores del catolicismo en el occidente del país, le ha exigido a líderes de diferentes iglesias y religiones “una voz contundente” para rechazar la generalizada violencia estatal. Recientemente, el padre Jesús Albeiro Parra, vinculado a dicha entidad, encabezó una carta abierta a varias autoridades religiosas, entre ellas 15 obispos. El documento fue dado a conocer el pasado domingo, con el propósito de solicitarles: “condenar el abuso policial y exigir justicia; [mediar para] poner fin a la militarización; pedir la no judicialización de las personas que se mantienen en todos los puntos de encuentro de la protesta social y que claramente no están involucrados en saqueos o actos vandálicos; exigir la inclusión de jóvenes en los espacios de negociación en los territorios; y enviar mensajes a la feligresía en general sobre la necesidad de comprender las causas de la movilización y no estigmatizar a sus actores”.

La heterogeneidad del campo cristiano

El mensaje leído el pasado domingo por el secretario de la CEC y el jefe de la iglesia Tabernáculo de la Fe, después de la reunión entre varios líderes religiosos y el presidente Duque,  da la apariencia de una cierta homogeneidad en el campo cristiano frente a la situación de crisis que vive Colombia. Sin embargo, la historia detrás del evento es mucho más compleja.Según admitió el padre Jorge Bustamente, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal, el borrador de dicho comunicado fue elaborado por el Gobierno. Un hecho que ha criticado fuertemente en los últimos días una de las personas que asistió a la reunión. Yalile Caballero, representante de la Iglesia cristiana menonita de Colombia, sostiene que las palabras leídas por Álvarez y Pardo no contaron con el aval de todos los líderes religiosos presentes. Algo que respalda otro de los que concurrieron a la cita, el presbiteriano Luis Fernando Sanmiguel.

 Según Caballero, la estrategia del Ejecutivo ha sido proyectar “la pantalla” de acuerdos con la sociedad y sectores del cristianismo se han prestado para rodear al Gobierno y secundar el mensaje que Duque pretende imponer ante la opinión pública, en medio de la crisis. “La Iglesia sigue siendo manipulada”, plantea la líder menonita, criticando lo que, en sus palabras, es un espíritu de temor entre la dirigencia religiosa para decir las cosas “como son y cuando son”.

 Tomando distancia frente a las políticas de la presidencia, y de manera enfática, Caballero agrega: “La Iglesia cristiana menonita no está de acuerdo con la reforma ni con las promesas que ha hecho el gobierno de Iván Duque; tampoco con que nos utilicen de esa manera”. Su rechazo a la gestión del presidente frente a la pandemia coincide con el de otros sectores del cristianismo en Colombia, como la Mesa Ecuménica para la Paz. Esta es una organización que reúne a creyentes de diversas iglesias y que también critica la postal que dejó la reunión entre Duque y representantes del sector religioso.

“Dios y patria”

Para algunos analistas, la credibilidad del episcopado en materia de mediación se ha visto comprometida en estos días y no solamente por el papel de la CEC durante la reunión del pasado domingo. También por la pervivencia de una alianza entre Iglesia católica y Estado, representada en el obispado castrense.El Concordato de 1973 en su número XVII definió que la atención espiritual y pastoral de los miembros de las fuerzas armadas se ejercería por medio de una instancia eclesiástica “según normas y reglamentos dictados al efecto por la Santa Sede, de acuerdo con el Gobierno”. Si bien la Corte Constitucional declaró inconstitucional dicho numeral en 1993, décadas de pacto entre la cruz y la espada mantienen su inercia y hay quienes consideran que no está bien que en el organigrama del Ministerio de Defensa aparezca un obispo. El puesto fue ocupado en el pasado por Fabio Suescún, uno de los organizadores de la visita del Papa a Colombia, y hoy lo ocupa monseñor Víctor Manuel Ochoa, antiguo obispo de Cúcuta. El 12 de mayo, el prelado fue condecorado en el Capitolio Nacional en atención a sus gestiones en respuesta a los problemas de la frontera colombo-venezolana. En medio de la crisis, una fotografía de Ochoa junto a senadores de la coalición de Gobierno da cuenta de la histórica cercanía de sectores del episcopado con el uribismo, principal promotor de una respuesta militar y represiva frente a la movilización social.

Abilio Peña, co-secretario del Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina, una institución defensora de derechos humanos inspirada en la figura de san Óscar Arnulfo Romero, sostiene que, en lugar de ahondar las dinámicas de conflicto social, el obispado castrense podría desempeñar una función diplomática y humanitaria en favor de las familias de los cerca de 500 desaparecidos que ha producido en las últimas semanas la gestión del Gobierno frente a las protestas. Según el teólogo, dicha función fue desempañada por Jorge Mario Bergoglio en sus tiempos como provincial jesuita en Argentina.

“Como estamos en una situación de emergencia y de mucha gravedad; y el propio obispado castrense está en el seno de las fuerzas militares y de la policía, su deber moral sería indagar dónde están los desaparecidos”, sostiene Peña. “Es un obligación ética y evangélica del obispo y de los sacerdotes. Que se pongan en la tarea de exigirle a la policía, con la que están vinculados, que por razones  evangélicas, pastorales, por el derecho a la vida que tanto pregona la Iglesia, digan dónde están las personas desaparecidas; y que, si no lo quieren hacer público, busquen a los familiares para que puedan hacer la indagación”.

El cosecretario del SICSAL pone en relación la situación que vive Colombia con el famoso llamado que hizo Romero a las fuerzas armadas de su país, en vísperas de su asesinato. “Es un llamado que en público o en privado podría hacer el obispado castrense: en nombre de Dios y de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo, les suplico, les ruego, les orden: cese la represión. Antes había dicho san Romero que frente a una orden de un superior de matar existe la ley de Dios de no matar. Ese es el llamado a los sacerdotes, agentes de pastoral; al obispado castrense, para que intervenga para frenar el genocidio, para que puedan aparecer las personas desaparecidas; y, en esa misma línea, el llamado a su contribución para poder trabajar por la conversión de las personas que están asesinando a su propio pueblo desde el mismo Estado, desde el mismo Ejército, desde la misma policía, lo cual, sobre decir, va en contravía de la ley de Dios; un llamado contundente y necesario”.

El desafío de la fraternidad

“En un país donde la pobreza raya en el 42,5%, sin oportunidades de trabajo, de estudio, de paz; con un Gobierno cuyo propósito ha sido acabar con los acuerdos de paz y no hace nada para evitar el asesinato de tantos desmovilizados ni tampoco de tantos líderes y lideresas sociales que siguen luchando en sus territorios por una vida digna, no es de extrañar que cada vez más personas se unan a este protesta social y exijan un cambio de verdad y de fondo”, afirma Olga Consuelo Vélez.

La teóloga critica la narrativa del Gobierno que reduce las movilizaciones a brotes de vandalismo, para descalificarlas y, aun peor, para criminalizarlas. “No son vándalos ni infiltrados de grupos armados, son jóvenes que han comprendido la fuerza de levantar la voz para construir un futuro distinto”, dijo Vélez en una reciente columna, refiriéndose a los protagonistas de las marchas en campos y ciudades, principales víctimas de la represión. Para ella, así como para otras personas que por estos días rechazan desde el campo católico la violencia estructural en Colombia, es hora de escuchar la voz del papa Francisco, quien en Fratelli Tutti recordó que “cuando la sociedad abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad”. En dicha encíclica, el obispo de Roma ha señalado que “si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos”

Comunicado de ConVida20

Nació la Alianza Global ConVida20

En el día de ayer, 6 de julio en las Américas y Europa, 7 de julio en Asia, tuvo lugar el lanzamiento de la Alianza ConVida 20, nombre que contextualiza la lucha social que desean impulsar en el marco del Covid19. Se conectaron 57 personas representantes de unas 50 organizaciones de 16 países de América, Europa Oceanía.
Hizo la apertura del encuentro virtual el obispo mexicano de Saltillo, y copresidente de “SICSAL Oscar Romero”, Don Raúl Vera López, quien enfatizó en la necesidad de “articularnos como pueblos para buscar transformaciones, partiendo de las bases”; enfatizó que el objetivo de SICSAL no es tanto liderar la Alianza, sino poner a andar una red de redes para que, quienes participen,
determinen el rumbo a seguir.
Maricarmen Montes, de “Mujeres para el Diálogo”, también de México, habló de los objetivos de la Alianza: el utópico, ya sellado con el martirio de Monseñor Romero “debemos cambiar de raíz todo el sistema”. Al corto y mediano plazo se trata de “articularnos personas, organizaciones de todas las procedencias, para incidir, movilizar y producir análisis de cara a la construcción, desde la base de
los movimientos populares, de una sociedad que favorezca la vida humana y ecológica en medio de la pandemia y después de ella”.
Nueve temas, que se convertirán en comisiones de trabajo, son los que desarrollará Convida20, tal como los presentó Gerardo Duré, de Argentina: 1) Deuda externa, no pago o moratoria; 2) Renta básica universal, una exigencia de justicia laboral; 3) Patriarcado: mujeres, equidad y violencia de género; 4) Crisis climática; 5) Pueblos Indígenas y Afrodescendientes; 6) Migraciones: causas, efectos y derechos de las personas migrantes; 7) Construcción de paz, No Violencia y Antimilitarismo; 8) Cibertecnologías: poder mediático y geopolítica y, 9) Las cuatro “T” Tierra,
Techo, Trabajo y Trascendencia.
Ana María Lozano y Abilio Peña, de Colombia, señalaron que las nueve Comisiones de Trabajo pensarán acciones concretas de movilización, incidencia política, producción de análisis, publicación de artículos y comunicados. Se convocará a reuniones mensuales en las que, las Comisiones, irán desarrollando cada vez un tema; estas reuniones virtuales estarán abierta a quienes deseen participar. Varias organizaciones y redes presentes ya lideran diferentes temas, la idea es que
la alianza las apoye en ese liderazgo; por ejemplo, el Observatorio para el Cierre de la Escuela de las Américas (SOA WATCH), el Movimiento Católico Mundial por el Clima (MCMC), la Red Continental Cristiana por la Paz (RECONPAZ), entre otras.
Se buscarán encuentros con la Comisión Post Covid organizada por el Papa Francisco, también, con el Pacto Ecosocial del Sur y con Noam Chomsky quien hace parte de la Internacional Progresista.
En esta red de redes hemos invitado al Cardenal Alvaro Ramazzini, de Guatemala, colaborador cercano del papa Francisco, problemas técnicos le impidieron ingresar al foro de lanzamiento.
El encuentro ha sido el inicio de una alianza global, en la que las organizaciones y personas presentes mostramos interés en conformarla y acordamos un nuevo encuentro el 20 de julio para trabajar en las comisiones y consensuar los pasos a seguir.
Al final, la copresidenta de “SICSAL Oscar Romero”, Rvda. Emilie Smith, cerró con una cita del Popol Vuh, texto sagrado de los pueblos Mayas que da cuenta de la dimensión trascendente que atraviesa esta nueva apuesta:
“ ¡Oh tú, hermosura del día! ¡Tú Huracán, tú Corazón del Cielo y de la Tierra! ¡Tú dador de la riqueza, tú dador de las hijas y de los hijos! … que no encuentren desgracia ni infortunio, que no se introduzca el engañador ni detrás ni delante de ellos. Que no caigan, que no sean heridos. Que no caigan en la bajada ni en la subida del camino. Que no encuentren obstáculo ni detrás ni delante de ellos, ni cosa que los golpee… que sea buena la existencia de los que te dan el sustento y
el alimento en tu boca, en tu presencia” . . . Popol Vuh.

El coronavirus reabre de nuevo las venas de América Latina

Mientras Europa, muy castigada por el coronavirus, da por finalizado el confinamiento, en América Latina siguen creciendo los contagios sin que la curva de inflexión muestre señales de debilidad. A día de hoy, 23 de junio de 2020, entre América Latina y el Caribe se están registrando más de 2 millones de contagios, siendo Brasil, con más de un millón, seguido de Perú, Chile y México los países que cuentan con mayor número de afectados y personas fallecidas

Hacer frente a esta pandemia desconocida supone todo un reto, no solo para los Estados más ricos, sino, sobre todo, para países donde, a la precariedad de los sistemas sanitarios, se suman otros factores determinantes como la pobreza en las clases populares y la corrupción en los clanes directivos. La profunda división social que esto supone es causa de la constante inestabilidad política que complica aun más el panorama. ¿Cómo mantener el confinamiento de la población cuando sus alternativas pasan o por morir por el contagio del virus o por morir de hambre por el confinamiento?

En este contexto, la presencia de la pandemia ha encontrado a esta región más debilitada hoy día, si cabe, en contraste con el entusiasmo levantado en los últimos años por los llamados “países emergentes”. Frente a las buenas perspectivas socioeconómicas y políticas que se pronosticaban, la llegada de los halcones al Imperio —máxime con Donald Trump, aberrante exponente del capitalismo decadente— no han podido tolerar que su “patio trasero” consiga, de una vez por todas, su plena soberanía e independencia.

Las políticas expansionistas y extractivistas del Imperio norteamericano han bloqueado permanentemente todo intento de revolución en países como Cuba, Nicaragua o Bolivia. A través de “La Embajada” y de la CIA se han prodigado, una y otra vez, hostigamientos y golpes de Estado encubiertos para impedir y cambiar de signo los movimientos populares que vienen exigiendo, desde tiempo inmemorial, una política más justa y distributiva. En esta línea se enmarcan los derrocamientos, generalmente rocambolescos, de gobiernos legítimos y populares como en Honduras (Manuel Celaya), Paraguay (Fernando Lugo), Ecuador (Rafael Correa), Argentina (Cristina Fernández), Brasil (Lula da Silva y Dilma Rousset), Bolivia (Evo Morales), etc.

Debido a la imposición norteamericana de sus políticas neoliberales, todos los Estados latinoamericanos se encuentran actualmente sometidos a un endeudamiento inmoral y progresivo que, junto a las privatizaciones en favor de los fondos buitre y la presencia dominante de las multinacionales extranjeras, han convertido en Estados fallidos a varios de estos países. El narcotráfico y la delincuencia tienen cada vez mayor hegemonía. Por otra parte, la inseguridad y la violencia, el paro y el trabajo precario están obligando a emigrar a mucha gente. En Honduras, Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador y otros países de la región son casi diarios los asesinatos de líderes campesinos, defensores de los derechos humanos, destacadas militantes feministas, periodistas, etc. sin que, en la inmensa mayoría de los casos, se pueda llegar a juzgar a los asesinos. La contaminación ambiental y el cuidado de la Tierra apenas preocupa a estos gobernantes, impuestos y mantenidos en el poder por “la Secretaría de Estado”, sin ningún miramiento a las constantes reivindicaciones del pueblo.

Desde el punto de vista religioso, contra la militancia de las Comunidades Eclesiales de Base y la Teología de la Liberación han venido creciendo exponencialmente “los evangélicos”, estilo Bolsonaro, llegados directamente o promovidos por las oligarquías norteamericanas. Entre tanto, la jerarquía de la Iglesia católica, dirigida por un clero muy tradicional, sigue, salvo honrosas excepciones y comunidades de religiosas y religiosos, vinculada, como siempre ha estado, a las élites económicas y apoyando abiertamente a los partidos conservadores.

En la dialéctica economía-salud y bienestar de la gente, los gobiernos latinoamericanos prefieren apoyar la economía que suele estar siempre en pocas manos. Esta política selectiva explica el fenómeno de que el covid-19 se esté cebando sin piedad en las favelas, villas miseria y entre los pueblos indígenas de la Amazonía. Desde Redes Cristianas nos solidarizamos con la propuesta macroecuménica que están haciendo los movimientos cristianos de América Latina, integrados en el SICSAL, con vistas a conocer más a fondo, hacerle frente y programar conjuntamente el “después” de la pandemia.

 

Comunicado del SICSAL-Europa

 Estamos saliendo lentamente de la pandemia. El Covid19 ha trastornado muchos proyectos y ha dejado muchas muertes y sufrimiento, sobre todo de personas ancianas y personal sanitario. Nosotros, inspirados en el evangelio de Jesús y en su testigo San Romero de América, manifestamos que:

La vida es el don más sagrado que existe. El Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con América Latina, SICSAL, se suma a la Gran Alianza CON-VIDA20 en la defensa y promoción de los derechos humanos y en el cuidado y defensa de la madre Tierra.

La crisis del coronavirus está llevando a la humanidad a una profunda crisis económica, pero quienes más la van a sufrir son los pobres tanto en Europa como en los países de América Latina, África y sur de Asia. Esta crisis, señala el papa Francisco,  nos reta a “sacudir nuestras conciencias dormidas y permite una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita realizar un cambio, repensarse y regenerarse”. Seguir leyendo