Entrevista a Mons. Angel Macín, obispo de Reconquista

Ángel Macín: “El clericalismo parece ser uno de los grandes obstáculos para una conversión pastoral auténtica”

Angel José Macín

El obispo reconoció que la experiencia sinodal, aunque genera temores y resistencias, con sus momentos de escucha, de discernimiento y decisión, se constituye en un pilar fundamental para la Iglesia local

La Iglesia argentina presentó el resultado final de la etapa de escucha en el marco del proceso sinodal que culminará con el Sínodo de Sinodalidad del año próximo, convocado por el papa Francisco, y que trabajará sobre estos aportes presentados por las distintas Conferencias Episcopales.

Vida Nueva conversó con uno de los miembros de la comisión de animación del proceso sinodal de la Conferencia Episcopal Argentina, Ángel José Macín, obispo de Reconquista, para conocer las impresiones y expectativas frente a este “caminar juntos” que proponen desde las diócesis del país.

Pregunta: ¿Qué puntos le llamaron la atención del resultado de este proceso de escucha?

Respuesta: Sin dudarlo, aquello que más me llamó la atención en este proceso fue el redescubrimiento de esta actitud antropológica y teológica fundamental: la escucha. La escucha es una experiencia fundante en las relaciones. A nivel teológico y pastoral, es la acción primera, que orienta cualquier proyecto. En estos meses de camino sinodal, la valoración de la escucha se percibe en las comunidades, en los delegados diocesanos, en los peritos que trabajaron en la síntesis, en mis hermanos obispos…

Junto a la escucha, es asombroso el desarrollo de la cuestión del discernimiento. Todos somos conscientes que, a nivel comunitario, tenemos que aprender mucho en este punto. El discernimiento es escuchar lo que Dios quiere decirnos, a través de los demás y de los signos de los tiempos. Es mucho más que consenso.

No quisiera dejar de subrayar el entusiasmo que, poco a poco, se fue suscitando en diferentes sectores del Pueblo de Dios con el camino sinodal.

La apertura a todos

P: ¿Qué cambios piden las comunidades para lograr una conversión pastoral?

R: En continuidad con lo expuesto en la respuesta anterior, los distintos sectores reconocen y piden la necesidad de apertura a todos, dentro y fuera de la Iglesia, por decirlo de algún modo. Una apertura que se debe vivir sin excepciones, y que nos lleve a tender puentes para encontrarnos y dialogar.

Otro aspecto que salió con mucha fuerza es la urgencia de un acercamiento y una mayor interacción entre ministros ordenados y laicos. Esto, que es bastante claro en la teoría, cuesta mucho en la práctica. Para expresarlo con el lenguaje sinodal, el clericalismo parece ser uno de los grandes obstáculos para una conversión pastoral auténtica. Será muy importante discernir este tema. Es preciso reconocer las raíces más hondas de este flagelo, que va a contramano del espíritu de comunión misionera.

P: Después de estas experiencias diocesanas, ¿cuáles cree que son los pilares con los que cuenta la Iglesia argentina para seguir con el camino sinodal?

R: Entiendo que la experiencia sinodal, aunque al principio genera temores y resistencias, con sus momentos de escucha, de discernimiento, de decisión audaz y valiente, se constituye en un pilar fundamental para la Iglesia en Argentina. Dicho de otra manera, en mi mirada hay muchas diócesis que le fueron tomando el “gusto” al camino sinodal, sobre todo el laicado, y como señala Víctor Codina en una entrevista, el protagonismo de las mujeres es la gran novedad de este proceso. Este es un pilar fundamental para valorar mucho.

Otro pilar es la interconexión que se ha logrado entre los delegados de las diferentes diócesis. Pienso que este fue un espacio generado por el Espíritu. Por eso, no lo debiéramos descuidar. Ayuda mucho el ánimo reciproco que los delegados se transmiten entre sí. Este vínculo excede las reuniones. Me consta que delegados de las regiones siguen en contacto, compartiendo aciertos y dudas.

Tema áspero: el clericalismo

P: ¿Cuáles cree que son los temas más difíciles para ser abordados y a cuáles cree que habrá que prestar más atención pastoral?

R: No es una pregunta de respuesta fácil. Como creo haberlo adelantado, uno de los puntos más ásperos parece ser el clericalismo, que salió en la gran mayoría de las diócesis, y por lo expresado en algunos encuentros continentales, también en otros países e incluso en otros continentes. Una perito, la Dra. Carolina Bacher Martínez, hacia el final del proceso de síntesis, me manifestaba su preocupación por el asunto, señalando que “solo el cincuenta por ciento de las diócesis convocó a los presbíteros en particular. Eso se percibe porque sus temáticas específicas  no entran en la reflexión de los informes”; y agregaba: “No refiero a su opinión sobre la pastoral, sino como se perciben ellos mismos, sus tristezas y esperanzas. En este marco, reciben la reflexión sobre el clericalismo…de todos lados… Parece haber una resistencia de este grupo al proceso sinodal. Por lo tanto, de cómo se diagnostique esta situación, serán atinados los pasos a dar”. Me parece una advertencia clave y llena de sabiduría.

Otro tema difícil a abordar, pero urgente, es la escucha, la cercanía y el acompañamiento a situaciones diferentes. El proceso sinodal no podría alcanzar la hondura que necesita si no asume con decisión salir al encuentro de hermanas y hermanos cuya condición es diferente y se sienten excluidos.

A propósito de la participación importante de las mujeres, estimo que la discusión sobre una mayor presencia de las mujeres en los espacios de decisión nos va a reclamar mucha oración y diálogo.

P: ¿Cómo visualiza el camino de la Iglesia local después del Sínodo de la Sinodalidad impulsada por el papa Francisco?

R: La convocatoria a este sínodo sobre la Sinodalidad es una convocatoria acertada y oportuna del Papa Francisco, en esta coyuntura histórica. Algunas Iglesias Particulares ya están viviendo procesos sinodales. Pero la clave para todas las diócesis del país, y la Iglesia en general, es continuar en las bases el proceso sinodal. Sin este arraigo del espíritu sinodal en las Iglesias locales, el Sínodo corre el riesgo de ser un evento más. Por lo tanto, todos tenemos que convencernos que tenemos que ir por “más sinodalidad” en nuestras pequeñas comunidades, capillas, parroquias. Es la única forma que el Espíritu pueda “hacer nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,5).

Querido Papa Francisco: De hecho, eres culpable!

Eres culpable de ser un hombre y no ser un ángel!

Eres culpable porque tienes la humildad de aceptar que te equivocas y pedir perdón. Pedir perdón por ti y por nosotros. Y eso para muchos es inadmisible.

Eres culpable porque quien deseaban que fuera un juez es un laico y eres un ejemplo y testimonio de misericordia.

Eres culpable porque abandonaste la tradición de vivir en palacios y elegir vivir en los medios de la gente.

Culpable porque dejaste la sede de San Juan de Letrán y elegiste la pobreza de las prisiones, los orfanatos, los asilos y las casas de recuperación de artículos.

Si eres culpable!

Dejaste de besar los pies » perfumados » de las eminencias y besas los pies » sucios » de convictos, mujeres, enfermos, de otras confesiones religiosas, de » diferentes «!

Eres condenado porque abriste las puertas a los » y porque ante temas dolorosos y pendientes respondes simplemente: » quién soy yo para juzgar?».

Eres condenado porque asumes tu fragilidad, pidiendo que recen por ti, cuando muchos exigen que seas dogmático, intolerante y rubricista.

Papa Francisco es culpable por tantos y tantos corazones llamados » infieles «, » excomulgados » e » impuros » han redescubierto la cara hermosa de Cristo ternura y misericordia.

Eres culpable porque » llamas las cosas por los nombres » y no te alteras de recordar a los obispos que no sean pastores de aeropuerto,

sino gente con «olor a oveja».

Culpable porque rompiste las páginas de la intolerancia, de los moralidad estériles y despiadados y nos ofreciste la belleza de la compasión, de la ternura

Eres culpable porque nos abrió no tanto los ojos, la inteligencia y la razón, pero sobre todo el corazón.

Eres culpable por querer llevar la cruz de la iglesia en vez de desviar la mirada, ser indiferente al dolor y a las lágrimas de los hombres de nuestro tiempo.

Eres culpable porque no soportas los atroces crímenes hechos en nombre de Dios y aquellos que hablan de Dios pero viven en su contra.

Culpable porque buscas la verdad y la justicia,

abrazadas por la misericordia, en lugar de silenciar, ocultar, minimizar o ignorar.

Eres culpable porque dejaste de querer una iglesia de privilegios y bombo, de glorias y puede mundanos y nos enseñas la fuerza del servicio, la riqueza del lava y la grandeza de la simplicidad.

Papa Francisco deja que te culpen de estos «crímenes». sabes que a tu lado son incontables eres hombres y mujeres que, como tú, no son ángeles, son frágiles, pecadores, esperando que Cristo nos mire a nosotros y a nosotros.

Sabes que contigo hay una gran procesión de corazones que por ti rezan cada instante, por ti darían su propia vida, te siguen como ovejas que confían en el pastor.

Fue Cristo quien te puso al timón de esta barca » que es la iglesia.

Es Cristo quien te dará las fuerzas para continuar ese camino de «culpabilidad» que tan bien hizo al mundo y a la iglesia.

Querido Papa Francisco gracias por ser culpable por la belleza de la iglesia soñada por Jesús.

RadioLuz-El Salvador

La versión sacerdotal de la Iglesia Católica

Agotamiento de la versión sacerdotal de la Iglesia Católica

Jorge Costadoat S.J.

En quince años la pertenencia a su Iglesia de los católicos en Chile ha
caído alrededor de un 30%.
Este colapso tiene que ver con muchos factores. Uno de ellos es la distancia
entre el sacerdote (sacer, en latín, sacro, separado de lo profano) y el resto del
Pueblo de Dios. Cuánto han incido en esta crisis los abusos que lamentamos
esta última década, suponemos que mucho. Pero, aparte de estos, el
distanciamiento tiene causas más profundas.

Un factor decisivo en este distanciamiento es la estructuración sacerdotal de la
Iglesia. Se dice que el problema es el clericalismo. Pero este es un déficit
moral. Hay presbíteros clericales y otros que no lo son.

El asunto de fondo es que la participación y la comprensión de los fenómenos que nutren la enseñanza y la toma de decisiones en la Iglesia es prerrogativa prácticamente
exclusiva de los sacerdotes. La estructura que hace posible todo esto, a saber,
el cristianismo sacerdotal, en sentido estricto no es un pecado. Pero genera
clericalismo y un sinfín de otros problemas. Ha habido otras versiones de
cristianismo a lo largo de la historia. Por ejemplo, el monaquismo. Hoy
muchas de las familias protestantes y, sin ir muy lejos, los bailes religiosos del
norte de Chile no se estructuran a partir de sacerdotes. La versión sacerdotal
del catolicismo, por el contrario, se ha vuelto muy problemática.

Una reforma de este modo de organización del mando en la Iglesia parece
muy difícil de imaginar en el futuro inmediato. El problema comienza en
los seminarios que forman a los ministros. El Concilio de Trento quiso regular
su formación. Creó seminarios en los cuales los jóvenes eran extraídos y
protegidos del mundo. Exigió de ellos un desarraigo (dejar a sus familia y
cultura) y los devolvió al mundo como agentes de una institución dedicada a
una misión sacralizadora (sacer, sacro, separado). Se los aculturó y, al menos
desde el Vaticano I, se los romanizó.

Entre cuatro paredes, en un régimen cerrado y autosuficiente (“institución total”) los formó como personas que debían llegar a ser consideradas perfectas (“estado de perfección”) y representantes de lo sagrado. La formación se organizó fundamentalmente en función de la celebración de la Santa Eucaristía. Ellos habrían de administrar la separación de lo sagrado y lo profano; los sacerdotes de un lado y el laicado del otro. Los seminarios actuales son en muchos aspectos distintos de los
seminarios tridentinos, pero en lo fundamental aún hacen de la separación el
factor articulador. La formación católica de los laicos/as, por otra parte, es
muy deficitaria. La catequesis no da para formar cristianos/as que se sepan
parte de una comunidad y que puedan participar en ella como adultos. Salvo
excepciones, la mayoría de los católicos/as no son parte de nada.

El caso es que precisamente esta separación lleva a la jerarquía católica, y a
los presbíteros en particular, a oponer Iglesia y mundo como dos magnitudes,
si no antagónicas, yuxtapuestas. Pero, ¿acaso la Iglesia no forma parte del
mundo”? Sí lo es, en ambos sentidos de la palabra. Para la fe católica toda
realidad es creada y, por tanto, buena. La Iglesia es tan creatura como
cualquier otra institución.

También se dice que una realidad humana es mundana en tanto falible y pecadora. Las piedras no pecan. Pero instituciones humanas, en cuanto obras de seres libres e imputables, pueden favorecer la comisión de pecados y, por tanto, son revisables y, para cumplir su función evangelizadora, deben reformarse de un modo parecido a como las personas han de convertirse. Si es necesario precisar el concepto, la Iglesia es aquella
sección del mundo que ha creído en Jesucristo y lo trasmite a lo largo de los
siglos, dando testimonio de él unas veces y un anti-testimonio otras.

Pues bien, la distinción Iglesia-mundo, cuando distribuye el bien y la verdad
del lado de la Iglesia y el mal y la ignorancia del lado del mundo, entorpece
gravemente anunciar el Evangelio a los contemporáneos. Una Iglesia que
niega su propia realidad no anuncia el Evangelio. ¿Cómo pudiera serlo sin la
mediación de todos los bautizados/as, sin exclusión? ¿Cómo pueden ser buena
noticia para el común de los cristianos/as unas enseñanzas que no provienen
ulteriormente de la experiencia de vida de ellos mismos? Los presbíteros en
los seminarios son formados para educar, pero no para aprender de los demás
cristianos.

En el postconcilio esta situación tiene como ícono Humanae vitae que
prohibió el recurso a medios artificiales de fecundidad y, además, demandó
que todas las relaciones sexuales entre los esposos estuvieran abiertas a la
procreación. Nadie puede decir hoy que esta encíclica haya sido recibida por
el Pueblo de Dios. No la ha aceptado el laicado. Más bien, la ha rechazado
ampliamente. El documento pontificio lamentablemente ha provocado la fuga
de muchas mujeres de su Iglesia. Otras han permanecido en ella, pero a costa
de enormes angustias. Las nuevas generaciones la desconocen. Este fracaso
magisterial no se subsana entregando a los esposos la interpretación de la
encíclica. Esta, además, constituye un candado doctrinal que impide a los

agentes pastorales orientar a los jóvenes y a las personas homosexuales, y de
otras formas de ser pareja.

Tampoco el Vaticano II, concilio extraordinariamente renovador, hizo las
innovaciones doctrinales suficientes para desmontar la versión sacerdotal de la
Iglesia. El Concilio impulsó reformas mayores. Niveló la relación entre los
ministros y los fieles al considerar el bautismo como común denominador;
puso a la jerarquía eclesiástica al servicio del Pueblo de Dios; reconoció al
amor como principio de redención absoluto para todos los seres humanos;
impulsó un diálogo Iglesia-mundo, pudiendo y debiendo aprender ella de este,
y no solo enseñarle.

Pero, por otra parte, el Vaticano II puso estas innovaciones en manos de los mismos sacerdotes, los celebrantes de la Eucaristía considerada la cumbre y la fuente de la vida de la Iglesia, es decir, los varones que han continuado separando y creyendo administrar lo sagrado y lo profano. Los decretos conciliares sobre el sacerdocio (Presbiterorum
ordinis) y su formación (Optatam totius) han constituido un progreso pero, al
no ir lo bastante lejos en la superación de aquella separación, la reforma
impulsada ha quedado a medio camino, lo cual, a la vez, ha facilitado
regresiones muy lamentables como lo ha sido una re-sacralización de los
ministros y nuevos alejamientos en su relación con los y las católicas.
En el período pos-conciliar los seminarios han procurado acercar a los
seminaristas al mundo real.

Lo han hecho como un asunto espiritual y pastoral, pero ignorándose que la espiritualidad y la pastoralidad cristianas auténticas solo pueden darse allí donde hay un diálogo, una interacción y una participación efectivas de todos los bautizados/a en la
tarea de anunciar el Evangelio. En la Iglesia Católica no hay cauces para
algo así. Todo queda entregado a la buena voluntad de los presbíteros.
La misma modernización de la formación de los seminaristas
–incorporación de ciencias como la psicología y la sociología- no ha
bastado. Si los seminarios de impronta tridentina que ejecutan la
separación Iglesia-mundo no son desmontados, los laicos/as seguirán
siendo víctimas de su propia Iglesia.

Pero no solo estos, también los mismos seminaristas tempranamente
comienzan a sufrir psíquicamente esta distancia operada entre Dios y su
creación. La separación Iglesia-mundo, que los inicia en el camino al
sacerdocio, los divide interiormente, los daña y enrarece el cumplimiento de
su misión. El régimen formativo genera personas que, por una parte deben
representar la perfección evangélica, una suerte de participación en la
infalibilidad, y, por lo mismo, se ven forzados a ocultar sus imperfecciones.

No debiera extrañar que pueda pensarse que esta escisión sea una causa
importante de los encubrimientos de los abusos sexuales, de poder y de
conciencia del clero. Pero, dejados estos aparte, una persona bipolarizada por
la formación recibida solo malamente podrá orientar la vida cristiana de los
demás. Bastante más ayudaría a los seminaristas una conciencia de falibilidad
y una experiencia de la misericordia. Así podrían hablar de la salvación como
una realidad experimentada en primera persona.

En suma, solo podrá haber una reforma de la Iglesia cuando se superen las
separaciones señaladas. De momento, el común de los católicos, y las mujeres
más que nadie, no tienen ninguna participación en la generación de las
decisiones más importantes de su Iglesia. Estas son obra de un estamento
sacerdotal que se elige a sí mismo y no se siente obligado a dar cuenta
(accountability) a nadie del desempeño de sus funciones. Los obispos y
sacerdotes son los “elegidos” por Dios, pero como si Dios no pudiera elegirlos
a través de las comunidades.

Así las cosas, la Iglesia no está a la altura de los tiempos y, porque la
Encarnación pide hacerse a los tiempos, a los tiempos de la autonomía de la
razón y a las demandas de dignidad de los seres humanos, muy difícilmente
puede ser testimonio de Jesucristo.

La Iglesia está en Sínodo

Al menos 100 de las 114 Conferencias Episcopales del planeta han enviado a Roma sus síntesis sinodales

El relator del proceso, Jean-Claude Hollerich, evalúa la consulta local lanzada por el Papa: “¡Esta increíble cifra nos dice que sí, la Iglesia está en Sínodo!”

El secretario general del Sínodo, el cardenal Mario Grech, garantiza que los resúmenes de los Episcopados no son “la tumba de la profecía”

El subsecretario español Luis Marín augura que el proceso tiene ya “una fuerza enorme, verdaderamente revolucionaria”

El cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, ha definido como “impresionante” la implicación de los diferentes grupos y realidades eclesiales en la primera fase de consulta sinodal que se ha cerrado justo antes del verano.

Con esta impresión inicial, detalló que el 98% de las 114 Conferencias Episcopales del planeta cuentan con una persona de contacto o un equipo sinodal y que, hasta hoy, ya han recibido 100 síntesis. “Y siguen llegando. ¡Esta increíble cifra nos dice que sí, la Iglesia está en Sínodo!”, compartió sin debelar cuales son los Episcopados más rezagados o ‘negacionistas’ del proceso.

Radiografía global

Es una de las conclusiones que los máximos responsables del Sínodo de la Sinodalidad han expuesto hoy en una rueda de prensa con motivo de repasar los pasos dados en la consulta mundial lanzada por Roma a todas las diócesis del planeta que ahora se encamina hacia una fase continental que analizará todas las propuestas lanzadas desde los diferentes países. Y todo, encaminado a octubre de 2023, cuando en principio está previsto que toda esta radiografía eclesial se exponga en una gran cumbre en Roma bajo la presidencia del Papa Francisco.

Hollerich puso en valor, tanto las reflexiones enviadas por las Iglesias católicas orientales, así como a través de los diferentes ‘Ministerios’ vaticanos, desde la Secretaría de Estado mano a mano con los nuncios al Dicasterio de los Laicos, pero también a través de la Unión de Superiores Generales y la Unión Internacional de Superioras Generales. “Las comunidades de vida consagrada tienen un patrimonio ‘sinodal’ que ofrecer a toda la Iglesia, y el proceso sinodal se lo ha recordado y nos lo ha recordado”, subrayó.

Diálogo sin precedentes

Todo esto le llevó a asegurar que “estamos ante un diálogo eclesial sin precedentes en la historia de la Iglesia, no sólo por la cantidad de respuestas recibidas o el número de personas implicadas (que para algunos que quieren confiar únicamente en números – que solo puede ser aproximado – puede parecer limitado) sino también por la calidad de la participación”.

“Contrariamente a lo que pudiera pensarse, muchas de las aportaciones enviadas no son meros pliegos de pretensiones, sino verdaderos trabajos de escucha y discernimiento”, apuntó el cardenal, que subrayó a continuación: “¡Quiero asegurarles que leeremos atentamente sus contribuciones y las tomaremos en serio!”.

No se trata de forzar

De la misma manera, volvió a recordar que el Sínodo “no es un parlamento donde se vota y se decide por mayoría y donde hay una izquierda y una derecha”. “No se trata de forzar”, alertó, quizá con el pensamiento puesto en el Camino Sinodal alemán. Además, Hollerich aseguró que “no estamos preocupados” porque el Sínodo pueda ser mediatizado por las cuestiones polémicas que pueden rodearlo, aunque reconoció que “las tentaciones” están ahí.

Con una dosis de realismo sobre la colaboración de algunos obispos en el proceso realizado, el secretario general de la Secretaría General del Sínodo, el cardenal Mario Grech, reconoció que “no nos hacemos ilusiones de que el principio de la consulta se haya aplicado con el mismo cuidado en todas las Iglesias”. “Estamos al comienzo de un camino eclesial que exige paciencia, exige una conciencia de que todos están llamados a participar, cada uno según su condición y función”, añadió. En este sentido, preguntado por las suspicacias generadas por el Camino Sinodal alemán, se limitó a

Sacramento de unidad

De hecho, se hizo de algunas de las críticas recibidas sobre el resumen realizado por los Episcopados a partir de las reflexiones de las parroquias y grupos locales. “Más de uno argumenta que los resúmenes de las Conferencias Episcopales serán la tumba de la profecía”, aseveró. Desde ahí, apuntó que “es hora de superar esta sospecha, esta reserva que ciertamente tiene sus razones históricas, pero que contrasta con la naturaleza de la Iglesia, que es “un” sacramento de unidad, es decir, un pueblo santo reunido y ordenado bajo la guía de los obispos”.

En este sentido, Grech lanzó un encargo a los prelados, a quienes les instó a no dar por zanjado el trabajo, sino a guiarse por el “principio de circularidad”, por el cual, tanto la síntesis nacional como continental han de ser trabajadas de nuevo por las diócesis. “Cada obispo está obligado a poner el documento en conocimiento de su Iglesia y leerlo atentamente al menos en los órganos participantes y redactar las observaciones con el equipo sinodal para ser enviadas a la Conferencia Episcopal o al Secretariado de la Asamblea Continental”, subrayó el purpurado en un proceso en el que se busca una “lectura crítica” que sea “capaz de activar la dinámica sinodal a través de la circularidad entre los sujetos y niveles de vida eclesial”.

Proceso irreversible

Para el subsecretario de la Secretaría del Sínodo, Luis Marín, la aventura sinodal hasta ahora es “decidida y claramente positiva”. Es más, sentenció que “no cabe duda de que, desde el Espíritu Santo, el proceso adquiere una fuerza enorme, verdaderamente revolucionaria”.

“Creo que estamos en un proceso irreversible, con distintas velocidades, lleno de matices y necesario de clarificaciones, pero sin vuelta atrás”, sentenció el agustino español, con el convencimiento de que “poco a poco, va calando, se va purificando y va renovando y reformando la Iglesia”.

Con la premisa de que se trata de un “proceso espiritual, en y del Espíritu Santo” que “tiene como eje el amor verdadero: hacia Dios, hacia la Iglesia, hacia la humanidad”, Marín considera que el camino de la sinodalidad abierto “evita el peligro tanto del ‘espiritualismo’ como del ‘sociologismo’”. “No se trata, prioritariamente, de cambio de estructuras (vendrá como consecuencia), minuciosas programaciones, profundas reflexiones académicas y mucho menos de reparto del poder o de marketing para la promoción personal o grupal”, alertó el religioso.

Descorrer cerrojos

Por eso, apuesta por conjugar como Iglesia a partir de ahora los verbos “salir”, “arriesgar”, “testimoniar” y “transformar”, que pasa por “escuchar a todos” en un “proceso integrador” y “dinámico” que implica “descorrer los cerrojos”. “No deben asustarnos las diferentes velocidades ni producirnos ansias el logro de resultados inmediatos”, apuntó, desde el deseo de “asumir un nuevo modo de ser Iglesia más coherente”. “Constraste y diversidad significa riqueza, esto no puede ser un proceso fotocopia, eso no es una familia y la Iglesia es una familia”, expuso con rotundidad.

Por su parte, la subsecretaría de la Secretaría del Sínodo, Nathalie Becquart, compartió “la impresionante movilización en todo el mundo para responder al llamado del Papa Francisco a participar en el Sínodo”. Así, puso en valor especialmente las aportaciones realizadas por países que atraviesan “múltiples crisis” como Nicaragua, Ucrania, Haití, Myanmar, Líbano, la República Centroafricana…

Estilo franco

Aterrizando en las cuestiones expuestas por los católicos, la religiosa francesa valoró “su estilo tan franco que no duda en nombrar no sólo las buenas experiencias de ‘caminar juntos’ que ya se están viviendo sino también en denunciar sin lenguaje de madera los obstáculos y las dificultades reales”.

Becquart no dudó en citar la síntesis enviada por la Conferencia Episcopal Española, para subrayar cómo, el trabajo realizado a lo largo de este primer año de consultas y encuentros “ya está dando sus frutos sobre el terreno y continuará”.

Acompañar de cerca

Con la vista puesta en la nueva etapa sinodal que se inicia, el padre Giacomo Costa, consultor de la Secretaría General del Sínodo y jefe del grupo de trabajo para la elaboración del Documento para la fase continental, aseguró que buscan “acompañar de cerca a cada continente no para imponer un modelo igual para todos, que no podría existir, sino para que cada uno encuentre el camino adecuado a sus circunstancias para crear una oportunidad de intercambio y comparación”.

En la rueda de prensa también tomó la palabra Susan Pascoe, miembro de la Comisión Metodológica de esta fase continental, que habló de la experiencia sinodal en Oceanía. En concreto, hizo referencia a las dificultades logísticas a las que se enfrentan para abordar un documento común, como el número escaso de vuelos, los costes de los viajes, los problemas para las conexiones digitales, las limitaciones del coronavirus… Aun así, valoró que “ya hay un impulso para una forma más sinodal de ser Iglesia”.

El proceso sinodal en Argentina

La Iglesia argentina presentó el documento final sobre el camino de escucha

Se trata de la síntesis elaborada a partir de las búsquedas y anhelos de las distintas identidades y culturas que conforman las distintas realidades del país

En respuesta al llamado del papa Francisco, la Iglesia local encaró la primera etapa del proceso sinodal para atender a los pedidos y esperanzas de la gente. Ahora, presenta las conclusiones de este trabajo que incluyó más del 95% de comunidades que asumieron esta responsabilidad a lo largo del país.

Tomando como meta el Sínodo sobre la Sinodalidad 2023, un equipo ampliado coordinado por la comisión de animación de la Conferencia Episcopal Argentina (Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza, Daniel Fernández, obispo de Jujuy, y Ángel José Macín, obispo de Reconquista) recibieron y sintetizaron el proceso de escucha de las distintas diócesis.

El documento

Los expertos realizaron un discernimiento con las contribuciones recibidas de las distintas comunidades. El documento está compuesto por 4 ejes centrales y la conclusión final.

Los temas abordados son:

Llamado a escuchar y aprender a dialogar

Se resalta la necesidad de una actitud de escucha, con el corazón y la mente abiertos, una escucha humanizadora. Proponen salir al encuentro y disponerse a aprender del otro porque escucha y discernimiento van unidos.

Destacaron que “La escucha se concreta, sobre todo, cuando se atiende a las voces que incomodan“.

La articulación de objetivos y tareas es un desafío que la Iglesia debe afrontar. Aún prevalece en las comunidades un esquema de comunicación piramidal, y es el Espíritu el que mueve a trabajar por una comunicación que favorezca la comunión y que ayude a «reconocer nuestros conflictos comunitarios e iniciar un proceso de reconciliación».

Iglesia que camina unida

Se indica que el camino de la Iglesia es hacia el diálogo, la participación y la corresponsabilidad. Además, la sinodalidad implica receptividad al cambio, formación y aprendizaje continuo para llegar a una Iglesia en salida.

En el documento el proceso sinodal muestra una Iglesia que toma diferentes rostros y es una invitación a pensar la sinodalidad desde diversos modos eclesiales.

“Camina” y “estar en camino” marcaron los informes regionales.

Se valoró el sacramento del bautismo y la parroquia como lugar privilegiado de encuentro, comunión y misión, y como el ámbito para la formación y la práctica de la sinodalidad.

Se subrayó que uno los principales obstáculos para la sinodalidad es la cultura clericalista. Asimismo, se habló de violencia institucional, de género, abusos de poder, abusos sexuales, como males vigentes que afectan también a la Iglesia.

Otro punto recalca la necesidad de crecer en el respeto hacia otras expresiones religiosas, en la valorización de los distintos liderazgos, y de ofrecer nuevos espacios para los jóvenes y para las mujeres que reclaman una mayor participación en la toma de decisiones.

Misión y diálogo con el mundo

“Queremos crecer dentro de nuestras comunidades en el deseo de salir, abrirnos e ir al encuentro de los dolores y heridas que observamos”, especifica en este punto la síntesis.

Por otra parte, se especificó que un signo de sinodalidad es la apertura ante los cambios sociales, al deseo de construir puentes y descubrir redes que unan a las periferias humanas y existenciales.

Distinguieron que duele el hostigamiento hacia la Iglesia, lo que explica que cueste el diálogo con otros sectores. “Debemos salir en busca de todos los hermanos y hermanas y no sólo esperar que se acerquen. Ámbitos como la política, la economía y la sociedad son propicios para que la Iglesia llegue con su acompañamiento misionero.

Se proponen tener presencia eclesial en las periferias, y rediseñar las estructuras diocesanas, promover y fortalecer la escucha mutua con referentes sociales.

La promoción humana deberá ser el motor para ayudar a los hermanos más vulnerables y pobres.

Celebración compartida como expresión sinodal de fe

La idea principal es “caminar juntos”. Aspiran a generar espacios de encuentro con la Palabra y adoración Eucarística, promover el ministerio de la música, la preparación de laicos para la celebración de la Palabra, y Ministros Extraordinarios de la Comunión, especialmente en las zonas rurales.

Un punto importante de este camino conjunto es asumir los valores evangélicos que se manifiestan en la piedad popular.

Conclusiones

En este apartado final señalaron que los temas más importantes son: la escucha, el diálogo y la inclusión, reclamos para vivir dentro y fuera de la Iglesia.

Otro tema fundamental es el clericalismo. El manejo del poder en la Iglesia es una cuestión que amerita estudio, conversión y cambio en la cultura.

Un tercer asunto fuerte, relacionado con el poder y la corresponsabilidad, es el protagonismo de las mujeres en la Iglesia: se trata de una cuestión de justicia y es también un reclamo fuerte.

Un cuarto tema es el de las celebraciones: se espera que sean más festivas, significativas e inculturadas, retomando santos, devociones, símbolos y expresiones de las distintas regiones de nuestro país.

Formación, jóvenes y espiritualidad sinodal son puntos que animan a la renovación para vivir una Iglesia más parecida a la propuesta de Jesús.

Soñamos con una Iglesia más sinodal, más misionera, que pueda solucionar la falta de escucha y de participación, caminando juntosexpresaron en el documento.

«Más sinodalidad, menos discriminación»

Mujeres, LGBTQ y divorciados: Los católicos suizos quieren que la Iglesia permita su ordenación sacerdotal

Reunión de pastores y fieles en su camino sinodal suizo
Reunión de pastores y fieles en su camino sinodal suizo

Cualquiera que espere exigencias duras se sentirá decepcionado al leer el informe final de Suiza. El tono es práctico, los deseos están bien medidos, pero muy claros

No hubo mucha participación en este proceso a pesar del despliegue mediático. Parte de la subestimación suiza consiste también en dejar claro el escaso interés que suscitó el proceso sinodal

 | RD/Agencias

Quienes tenían esperanzas de que el Camino Sinodal alemán prendiese en la Iglesia suiza, se sentirán decepcionados. No existe una vía sinodal suiza, pero alguna de las conclusiones que salen de esta fase de escucha diocesana de cara al Sínodo de 2023 en Roma, repiten pautas ya conocidas e igualmente revolucionarias.

Así, según recoge el portal oficial de la Iglesia suiza, «el informe final quiere una iglesia sinodal que reconozca la dignidad y la vocación real, sacerdotal y profética de los bautizados. En otras palabras, el bautismo es lo que cuenta. Y: las mujeres, los divorciados y los homosexuales también deberían poder ser ordenados».

Felix Gmür, presidente de la Conferencia Episcopal Suiza, ya había pedido que se evitara la palabra «exigencias» en las conclusiones de esta fase sinodal, habida cuenta de que han causado ya problemas en otras iglesias, como el choque entre la alemana y el Vaticano. Por eso, el tono ha sido comedido.

Mujeres e Iglesia suiza
Mujeres e Iglesia suiza

El informe final hace hincapié en dos puntos, según recoge la agencia de prensa eclesial suiza. «En primer lugar, ya no se debe excluir a las personas, por ejemplo, a las mujeres, los divorciados y las personas queer. Por otro lado, el informe final critica el clericalismo que todavía existe en algunos lugares. En este contexto, la sinodalidad sólo puede tener éxito ‘si se supera el clericalismo y se desarrolla cada vez más una comprensión del sacerdocio como elemento que promueve la vida de una iglesia más sinodal'».

Para el 77%, la Iglesia excluye a las mujeres

Se pidió a los fieles que se reunieran en grupos de y respondieran a 27 preguntas. Los resultados de las tres diócesis de habla alemana fueron claros. El 77% de los sinodales de la diócesis de Basilea opinan que la Iglesia excluye a las mujeres. Las demás diócesis eligieron sus propios caminos y se apoyaron principalmente en los grupos de diálogo de las parroquias. Pero aquí también se obtuvieron resultados similares.

Otra constatación que deja esta fase de escucha es que en Suiza hay más bien poco interés por el proceso sinodal puesto en marcha por el papa Francisco, ciñéndose casi exclusivamente a quienes están implicados en la parroquia o se siente cercanos a la Iglesia, de tal forma que, resumidos en cifras, se quedarían los participantes en menos del 1% de todos los católicos suizos.

Hay que recuperar el protagonismo de la Comunidad Cristiana

Democratizar la Iglesia, camino para hacerla más comunión (2)

PorRufo González

La degeneración eclesial se ha ido evidenciando también en el protagonismo del clero. Los bautizados, la mayoría en nuestros países sin consentimiento personal, se han ido desvinculado poco a poco de la comunidad cristiana. La Iglesia se ha identificado con el clero y grupos sujetos directamente a él. Con excepciones personales, los bautizados, por el hecho de estar bautizados, no se sienten parte activa de la Iglesia, ni siquiera “Iglesia”.

Mientras siga el sistema de monarquía absoluta, con los tres escalones -papa, obispo, párroco- como únicos poderes decisivos, no es posible recrear las comunidades cristianas que surgieron del movimiento de Jesús. La Iglesia está en contradicción constante. Papa infalible y todopoderoso cediendo a la presión de unos y otros. Es la condición de todo poder absoluto, y más, concentrado en una sola persona. Acude a rodearse de leyes, ritos, instituciones, cargos, dinero… para imponerse. Instituciones organizadas digitalmente, sin control comunitario, vitalicias, fuentes de abusos y prepotencia. Se realiza la vivencia que Jesús critica: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros” (Mc 10,42-43a). No basta que el Papa sea persona sencilla, sobria, dialogante. El modelo de pirámide clerical implica la tiranía y la opresión. Se habla contra el clericalismo, pero no se cambia el código que lo ampara e impone. La comunidad evangélica se hace imposible.

El Evangelio no quita a las comunidades la libertad de elegir a quienes mejor puedan desempeñar las diversas funciones comunitarias. Lo entendieron y lo practicaron los primeros cristianos (He 6, 3; 15, 22ss). El Código clerical lo impide. La vida de una comunidad evangélica no puede depender de un dirigente cuasi vitalicio, inamovible, que no se reúne, ni dialoga, ni razona ni toma decisiones con la comunidad si no quiere. Es el caso -entre muchos- de la parroquia de un amigo. Tras muchos años trabajando con los sacerdotes, participando en los Consejos parroquiales y en diversas tareas, en 2004 llega un párroco nuevo y decide no contar con Consejo alguno. Ante su protesta, le prohíbe participar en toda actividad parroquial, excepto asistir al culto. Pueden leer su comentario en mi Blog (RD: “Atrévete a orar”. 20.02.2016): “Hablas de los Consejos Parroquiales. ¡¡¡Qué pena!! Llevo 38 años como feligrés… A partir del año 1978, tuvimos Consejo Parroquial presidido y orientado por los diversos párrocos… Bien conocida es la activa participación de los seglares en las diversas áreas de la pastoral. Y conocido también el efecto destructor del párroco nombrado en 2004. En un año, su falta de visión pastoral, su autosuficiencia y jactancia, unidas a su autoritarismo, han dado al traste con los Consejos. Y la parroquia ha quedado como un “supermercado de sacramentos”. Llegó a decir en uno de los últimos Consejos: “La parroquia es una empresa y yo soy el jefe”… Es lo que ocurre cuando en una parroquia falta la “comunión” entre sacerdotes y seglares. Sería un “gesto sorprendente” que los nuevos párrocos -nombrados para sustituirle, más jóvenes- restauraran los Consejos de la parroquia. Pero lo dudo… En dos años  no han movido ni un dedo. Ellos… a lo suyo: “SU” parroquia”.

“El Espíritu, que sopla donde quiere” (Jn 3, 8), no deja de suscitar comunidades, dignas del movimiento de Jesús. Comunidades de Base (Documento de Aparecida, n. 178-189), Comunidades Populares, Comunidades pequeñas dentro o fuera de la parroquia… Las diócesis y otros grupos piden al Sínodo sobre la sinodalidad reformas cuyo denominador común es recuperar el protagonismo de la comunidad.

Creo mayoritarias, y aceptables evangélica y culturalmente hoy, estas afirmaciones:

  1. El modelo actual de organización eclesial (clero-pueblo), procedente del medioevo, no es aceptado hoy como evangélico. Más aún: se le valora negativamente en orden a la implantación del reino de Dios (fraternidad universal), que proponía Jesús. El clero se ha convertido en obstáculo para el anuncio creíble del Evangelio.
  2. Hoy no se acepta la exclusiva de los sacerdotes en la enseñanza y en las decisiones de la Iglesia. Los bautizados exigen participar en la generación de doctrinas no evangélicas y decisiones importantes de su comunidad, respetando, por supuesto, el Evangelio y la Tradición conforme con el Evangelio. Ahí está el caso de la encíclica “Humanae vitae”: no ha sido recibida por gran parte de la Iglesia. Es una doctrina impuesta por parte del clero. Perjudica, sin duda, la extensión del mensaje de Jesús a muchísima gente.
  3. Igualmente se rechaza el estamento clerical que se elige a sí mismo, y no quiere dar cuenta de su gestión a la comunidad. Obispos y presbíteros se creen “elegidos” por el Espíritu Santo, como si el Espíritu de Dios no pudiera elegirlos a través de la comunidad.
  4. La Iglesia, asamblea del Pueblo de Dios, se realiza en comunidades de creyentes que viven en comunidad de hermanos. Cada vez se ve más imposible la fraternidad con leyes, instituciones, tradiciones… impuestas en una época determinada, y que hoy se ve claro que no proceden del Evangelio: Estado Vaticano, Curias que imponen leyes sin consenso eclesial, Clero como grupo dominante, separado y privilegiado con distinciones titulares y ornamentales… Hoy los católicos piden cambio estructural, que restablezca el original protagonismo de la comunidad.
  5. La Encarnación, exigencia básica del mensaje cristiano, pide aceptar toda cultura que no contradiga el Evangelio: autonomía de la razón en su campo, dignidad de los seres humanos con derechos y deberes “universales e inviolables”, libertad religiosa y civil… Sin respeto a esta cultura no podemos ser testimonio aceptable de Jesucristo.
  6. La experiencia enseña que la transformación de la Iglesia en comunidades vivas sólo viene desde comunidades adultas, capaces de reunirse libremente, unirse, dialogar con argumentos y tomar decisiones corresponsables. Clero dominante y pueblo infantilizado, acostumbrado a oír, callar y obedecer, a recibir servicios religiosos, a pagarlos… es una degeneración eclesial, cada vez más intolerable. Piénsese en el rechazo cada vez más acusado de los servicios religiosos. Estos días se conocía la situación en Barcelona: “los bautizos no llegan al 35% , los matrimonios por la Iglesia el 11%, funerales católicos el 31%. Imagínense qué números nos deparará el futuro, cuando… sean mayoritarias las generaciones que han crecido en la ignorancia y la indiferencia religiosa” (Oriol Trillas: El auge de los funerales laicos. Agosto 19/2022. Redes Cristianas).
  7. Ya existen en la Iglesia comunidades adultas. No se les puede ignorar y menos perseguirlas. Hay que impulsarlas. Son grupos de dimensiones adecuadas para conocerse, vivir en igualdad fraterna, en corresponsabilidad. Por su madurez pueden vivir la cultura actual, decir su fe en lenguaje comprensible y dar respuesta a sus necesidades. Deben ser libres en la libertad de los hijos de Dio y creativas desde la fe.
  8. Es conforme con el Evangelio aceptar que estas comunidades puedan elegir a las personas para las diversas tareas o ministerios, sin distinción de sexo ni de estado. Se supone discernimiento que tiene en cuenta “personas de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría” (He 6,3). Reunidos, dialogando, compartiendo la Palabra y la misión de Jesús, se revela el Espíritu y manifiesta la voluntad divina. Eso sucedía en el principio (He 6, 3; 15, 22ss) y puede suceder hoy.

Por una Iglesia «sin dogmatismos ni moralismos»

«Seamos todos discípulos, todos esenciales (…). No sólo los obispos, los sacerdotes y los consagrados, todos los bautizados»

El Papa, en la catedral de Nur-Sultán

«Ninguno es extranjero en la Iglesia, ¡somos un solo Pueblo santo de Dios enriquecido por muchos pueblos! Y la fuerza de nuestro pueblo sacerdotal y santo está justamente en hacer de la diversidad una riqueza compartiendo lo que somos y lo que tenemos: nuestra pequeñez se multiplica si la compartimos»

No se trata de mirar hacia atrás con nostalgia, quedándonos estancados en las cosas del pasado y dejándonos paralizar en el inmovilismo»

«La fe se transmite con la vida, con el testimonio de quien ha llevado el fuego del Evangelio en medio de las situaciones para iluminarlas»

«Ser pequeños nos recuerda que no somos autosuficientes, que necesitamos de Dios, pero también de los demás, de todos y cada uno: de las hermanas y hermanos de otras confesiones, de quien profesa un credo religioso diferente al nuestro, de todos los hombres y mujeres de buena voluntad»

«Soñemos y, con la gracia de Dios, edifiquemos una Iglesia que esté más llena de la alegría del Resucitado, que rechace los miedos y las quejas, que no se deje endurecer por dogmatismos ni moralismos»

A los obispos y sacerdotes:  «Nuestra misión no es ser administradores de lo sagrado o gendarmes preocupados por hacer que se respeten las normas religiosas, sino pastores cercanos a la gente, imágenes vivas del corazón compasivo de Cristo»

Por Jesús Bastante

Como en todos sus viajes apostólicos, Francisco siempre saca un rato para dos encuentros fundamentales. El primero, más familiar, un diálogo con las comunidades jesuitas de la zona. En segundo término, una reunión-testimonio con la Iglesia local. Y en Kazajistán no fue una excepción. Pese a que los católicos del país son franca minoría, el Papa no faltó a su cita, en la pequeña catedral de Nursultán, con obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y agentes de pastoral.

En un ambiente familiar, cercano, un Papa que no está afrontando un viaje especialmente cargado de actos, y que este mediodía saldrá de regreso a Roma, volvió a proclamar los sueños de una Iglesia sinodal, alegre, participativa, alejada del clericalismo y los moralismos dogmáticos. «Soñemos y, con la gracia de Dios, edifiquemos una Iglesia que esté más llena de la alegría del Resucitado, que rechace los miedos y las quejas, que no se deje endurecer por dogmatismos ni moralismos», dijo Francisco.

El Papa escuchó varios testimonios (un sacerdote, una religiosa, una mujer casada con un clérigo, y que agradeció a Francisco su intervención en la guerra de Ucrania -ella es de allí- y un padre de familia). Tras la presentación del obispo español (y presidente de los obispos de Asia Central), José Luis Mumbiela, quien en un perfecto kazajo reconoció que «la mayor parte de nosotros somos extranjeros», el Papa destacó que «la belleza de la Iglesia es ésta, que somos una sola familia, en la cual nadie es extranjero».

«Nadie es extranjero en la Iglesia»

«Lo repito: ninguno es extranjero en la Iglesia, ¡somos un solo Pueblo santo de Dios enriquecido por muchos pueblos! Y la fuerza de nuestro pueblo sacerdotal y santo está justamente en hacer de la diversidad una riqueza compartiendo lo que somos y lo que tenemos: nuestra pequeñez se multiplica si la compartimos», aclaró Francisco.

Y es que «el misterio de Dios» pertenece a todos, «no sólo al pueblo elegido o a una élite de personas religiosas, sino a todos», pues todo forma parte de la «herencia y la promesa» de Dios. «Por un lado, una Iglesia hereda siempre una historia, siempre es hija de un primer anuncio del Evangelio», apuntó. «Sí, somos destinatarios de la gloria prometida, que anima nuestro camino con esa esperanza. Herencia y promesa: la herencia del pasado es nuestra memoria, la promesa del Evangelio es el futuro de Dios que nos sale al encuentro».

Memoria y futuro

Y a eso dedicó su discurso, a «una Iglesia que camina en la historia entre memoria y futuro». La memoria, en primer lugar, la rica historia que los precede, también en Kazajistán. «Hay una herencia cristiana, ecuménica, que ha de ser honrada y custodiada, una transmisión de la fe que ha visto protagonistas y también tanta gente sencilla, tantos abuelos y abuelas, padres y madres», y todos aquellos que «nos anunciaron la fe».

Pero, ojo, advirtió el Papa: «No se trata de mirar hacia atrás con nostalgia, quedándonos estancados en las cosas del pasado y dejándonos paralizar en el inmovilismo». «Esta es la tentación del “retroceso”», incidió. En cambio, la mirada cristiana «cuando vuelve hacia atrás para hacer memoria, lo que quiere es abrirnos al asombro ante el misterio de Dios».

«Esta es la memoria viva de Jesús (…). Es nuestro tesoro«, explicó Francisco. «Por eso, sin memoria no hay asombro. Si perdemos la memoria viva, entonces la fe, las devociones y las actividades pastorales corren el riesgo de debilitarse, de ser como llamaradas, que se encienden rápidamente, pero se apagan enseguida. Cuando extraviamos la memoria, se agota la alegría. Desaparece la gratitud a Dios y a los hermanos, porque se cae en la tentación de pensar que todo depende de nosotros», insistió.

La fe se transmite con la vida

Profundizando en esta herencia, prosiguió Bergoglio, veremos «que la fe no ha sido transmitida de generación en generación como un conjunto de cosas que hay que entender y hacer, como un código fijado de una vez para siempre. No, la fe se transmite con la vida, con el testimonio de quien ha llevado el fuego del Evangelio en medio de las situaciones para iluminarlas».

«Haciendo memoria, entonces, aprendemos que la fe crece con el testimonio. El resto viene después», explicó. «Esta es una llamada para todos y quisiera reafirmarlo a todos, fieles laicos, obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas que trabajan de diferentes maneras en la vida pastoral de las comunidades. No nos cansemos de dar testimonio de la esencia de la salvación, de la novedad de Jesús, de la novedad que es Jesús».

Porque «no se comunica con la sola repetición de las cosas de siempre, sino transmitiendo la novedad del Evangelio. De este modo, la fe permanece viva y tiene futuro».

Pequeñez y humildad

Esa es la segunda palabra, futuro. «Estamos llamados a acoger hoy la renovación que el Resucitado lleva a cabo en la vida», porque «a pesar de nuestras debilidades, Él no se cansa de estar con nosotros, de construir a nuestro lado el futuro de la Iglesia que es suya y nuestra».

En los rincones de gran tradición cristiana, pero también en un país como Kazajistán, donde «podríamos llegar a sentirnos “pequeños” e incapaces». Pero «la pequeñez nos entrega humildemente al poder de Dios y nos lleva a no cimentar la acción eclesial en nuestras propias capacidades».

«¡Esta es una gracia! Lo repito: hay una gracia escondida al ser una Iglesia pequeña, un pequeño rebaño, en lugar de exhibir nuestras fortalezas, nuestros números, nuestras estructuras y cualquier otra forma de prestigio humano, nos dejamos guiar por el Señor y nos acercamos con humildad a las personas», incidió el Papa. «Ricos en nada y pobres de todo, caminamos con sencillez, cercanos a las hermanas y a los hermanos de nuestro pueblo, llevando la alegría del Evangelio a las situaciones de la vida», como la levadura en la masa. Y con los otros.

No somos autosuficientes

Porque «ser pequeños nos recuerda que no somos autosuficientes, que necesitamos de Dios, pero también de los demás, de todos y cada uno: de las hermanas y hermanos de otras confesiones, de quien profesa un credo religioso diferente al nuestro, de todos los hombres y mujeres de buena voluntad».

«Nos damos cuenta, con un espíritu de humildad, que sólo juntos, en el diálogo y en la aceptación recíproca, podemos hacer algo verdaderamente bueno por todos», insistió, pidiendo a la Iglesia de Kazajistán «no ser un grupo que se deja arrastrar por las cosas de siempre, o que se encierra en su caparazón porque se siente pequeña, sino una comunidad abierta al futuro de Dios, encendida por el fuego del Espíritu: viva, llena de esperanza, disponible a su novedad y a los signos de los tiempos».

Y que «se realiza cada vez que vivimos la fraternidad entre nosotros, que atendemos a los pobres y a quienes están heridos por la vida, cada vez que en las relaciones humanas y sociales damos testimonio de la justicia y de la verdad, diciendo “no” a la corrupción y a la falsedad».

Gimnasios de la verdad y la apertura

Así, el Papa pidió «que las comunidades cristianas, en particular el seminario, sean “escuelas de sinceridad”; no ambientes rígidos y formales, sino gimnasios de la verdad, de la apertura y del intercambio». «Y que en nuestras comunidades —recordémoslo— seamos todos discípulos del Señor: todos discípulos, todos esenciales, todos de igual dignidad. No sólo los obispos, los sacerdotes y los consagrados, sino todos los bautizados han sido sumergidos en la vida de Cristo y en Él —como nos recordaba san Pablo— están llamados a recibir la herencia y a acoger la promesa del Evangelio».

«De manera que se ha de brindar un espacio a los laicos. Les hará bien, para que las comunidades no se hagan rígidas y no se clericalicen», insistió, apostando, de nuevo, por «una Iglesia sinodal, en camino hacia el futuro del Espíritu», que «es una Iglesia participativa y corresponsable».

«Es una Iglesia capaz de salir al encuentro del mundo porque está entrenada en la comunión», como subrayaron en sus testimonios tanto el sacerdote como las religiosas o el padre de familia. «En la Iglesia, en contacto con el Evangelio, aprendemos a pasar del egoísmo al amor incondicional».

Soñar una Iglesia alegre

Por ello, culminó, es tan importante que «seamos hombres y mujeres de comunión y de paz, que siembran el bien allí donde se encuentren». Con apertura, alegría e intercambio. «Soñemos y, con la gracia de Dios, edifiquemos una Iglesia que esté más llena de la alegría del Resucitado, que rechace los miedos y las quejas, que no se deje endurecer por dogmatismos ni moralismos».

Dirigiéndose finalmente a los obispos y sacerdotes, les recordó que «nuestra misión no es ser administradores de lo sagrado o gendarmes preocupados por hacer que se respeten las normas religiosas, sino pastores cercanos a la gente, imágenes vivas del corazón compasivo de Cristo».

La Iglesia Alemana

La Iglesia alemana pide formalmente al Papa el sacerdocio para la mujer y dejar de considerar pecado la homosexualidad

Por Jesús Bastante 

La Iglesia alemana pide formalmente al Papa el sacerdocio para la mujer y dejar de considerar pecado la homosexualidad© Proporcionado por eldiario.es

“Ninguno de nosotros quiere sustituir al papa, anular el derecho canónico o reescribir el dogma de la Iglesia. Lo que queremos es hacer preguntas, debatir, hacer avanzar la discusión”. El cardenal Marx, uno de los purpurados de la mayor confianza del Papa, resumía el paso adelante –para los ultraconservadores, un cisma en toda regla– dado por el Camino Sinodal alemán (Synodaler Weg) para modificar algunos aspectos clave de la doctrina eclesiástica en temas como la moral sexual, la homosexualidad o el acceso de gays y mujeres al sacerdocio.

El camino sinodal es una especie de asamblea en la que se discuten cuestiones teológicas y organizativas de la Iglesia, y está formada por religiosos y laicos. Las propuestas fueron aprobadas por amplísima mayoría por el conjunto de asambleístas. Sin embargo, en el caso de la reforma en la moral sexual –para dejar de definir como pecado la práctica homosexual, las relaciones prematrimoniales o reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo o a los divorciados vueltos a casar– las iniciativas fueron bloqueadas por una minoría de obispos (se necesitaban más de dos tercios de todos los estamentos y, mientras el conjunto de la asamblea aprobaba el texto con un 82% de apoyos, entre los obispos solo se llegó al 61%). No obstante, tras una profunda discusión, se decidió enviar el texto a Roma. Aún más: explicárselo al Papa, con quien se encontrará la cúpula de la Conferencia Episcopal del país en noviembre.

Tanto en Alemania como en el Vaticano (y en los think tanks ultracatólicos de Europa y Norteamérica) se es consciente del peso de la posición alemana a la hora de exportar propuestas al resto de la Iglesia. “Nadie hará caso a las propuestas españolas, pero Alemania siempre ha sido, y sigue siendo, un motor teológico y de reformas imprescindible”, admite a elDiario.es un miembro de la comisión vaticana que está recibiendo las propuestas provenientes de todo el mundo. En octubre arrancará la discusión continental, y el año que viene tendrá lugar un sínodo mundial, del que podrían salir reformas que, para algunos, supondrían un avance histórico y, para otros, una ruptura similar a la que, ahora hace medio milenio, provocó otro alemán, Martín Lutero.

¿Qué propone la Iglesia alemana? Solicitar al Papa una revisión de la doctrina que abra la posibilidad del sacerdocio para la mujer, estudiar la modificación de los cánones del Catecismo que condenan la homosexualidad o levantar la prohibición de la ordenación sacerdotal de hombres homosexuales.

La aprobación del texto que pide el cambio en el Catecismo contó con el 92% de apoyos, y un 71% (más de dos tercios) entre los obispos, algo impensable en países como España, donde ningún prelado (y muy pocos de los católicos que participan en la vida diaria de la Iglesia) defendería dejar de considerar las prácticas homosexuales como un pecado.

«Dado que la orientación homosexual pertenece al ser humano tal y como ha sido creado por Dios, no debe ser juzgada éticamente de forma diferente, en principio, a la orientación heterosexual», se lee en el texto aprobado, que sostiene que la homosexualidad “también realizada en actos sexuales no es un pecado que separe de Dios”. Y, al no ser un pecado, un homosexual podría, perfectamente, ser sacerdote.

En cuanto a la mujer, la unanimidad parece casi asombrosa: el 92% de todos los compromisarios, y el 81% de los obispos, aprobaron solicitar que las mujeres puedan también ser admitidas al sacerdocio. El único cambio en el documento original fue cambiar el tono: el primer texto hablaba de «exigir», mientras que en el enmendado aparece el término «solicitar». En todo caso, es la primera vez en la historia que una conferencia episcopal pide formalmente al Vaticano revisar la doctrina del sacerdocio para incluir a las mujeres.

El documento aprobado denuncia que «no es la participación de las mujeres en todos los ministerios y cargos de la Iglesia lo que requiere justificación, sino la exclusión de las mujeres del ministerio sacramental», y lo argumenta: “No existe ninguna línea de tradición ininterrumpida» en la historia de la Iglesia para excluir a las mujeres del ministerio.

“Aparecida, 15 años después, a la luz del Magisterio del Papa Francisco”

Mons. Cabrejos: Aparecida, “recuperación del sentimiento de una Iglesia con características propias”

Monseñor Miguel Cabrejos
Monseñor Miguel Cabrejos

“Una oportunidad para revisar sus propuestas, ver los avances, honrar las deudas y reconocer los nuevos desafíos que han surgido en los años siguientes y demandan nuestra atención hoy”

El presidente del Celam ha apuntado cosas nuevas que Aparecida no vislumbró y hoy tenemos en nuestro horizonte

“Releer el documento conclusivo de esa Conferencia General del Episcopado, porque aún tiene mucho que entregarnos y que debemos asimilar”

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

La Iglesia de América Latina y el Caribe reflexiona de 12 a 14 de septiembre a la luz del Documento de Aparecida, fruto de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe. Teniendo como tema “Aparecida, 15 años después, a la luz del Magisterio del Papa Francisco”, se debate sobre las perspectivas de futuro que surgieron de un momento que ha marcado la vida de la Iglesia, sobre todo a partir del pontificado de quien fue su relator general, el cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco.

Aparecida

Revisar Aparecida y reconocer los nuevos desafíos

Entre los ponentes ha estado el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), que ve el congreso como “una oportunidad para revisar sus propuestas, ver los avances, honrar las deudas y reconocer los nuevos desafíos que han surgido en los años siguientes y demandan nuestra atención hoy”.

Un documento que no fue fácil de elaborar, como recuerda Mons. Cabrejos, que se debía elaborar en una Conferencia vivida en un tiempo de crisis nacida en la década de 1960, marcada por el “estado de bienestar social”, que dejó para atrás “las utopías colectivas”. Un tiempo marcado en América Latina y el Caribe por el aumento de “la violencia, el desempleo, la pobreza. Junto con la desigualdad, la corrupción y el narcotráfico”.

Aportes de Aparecida

En esa tesitura, el presidente del Celam recuerda los aportes de Aparecida, considerando el primero de ellos “la recuperación del sentimiento de una Iglesia con características propias, que desde esa originalidad es capaz de aportar a la Iglesia universal”, marcada por el “caminar con los pobres y las personas vulnerables y cuidar la naturaleza, nuestra casa común”. Junto con ello, la conversión pastoral, ser una Iglesia en salida, alegre, con un “carácter samaritano, solidario, cercano, acogedor, de compañía en el camino y de abogada de los pobres”, que acompaña “a los pueblos en los desafíos sociales y ambientales, que incluyen la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, pasando por el cuidado de la tierra”.

El arzobispo de Trujillo también ha hablado de las “deudas con Aparecida”. Entre ellas cita la misión y el estado de Misión”, para lo que ve necesario “recuperar el ardor misionero con identidad discipular”, una fe inculturada, ir al encuentro como amigos y huéspedes, no como colonizadores, estar al lado del que sufre, promover el diálogo, evangelizar en el espacio digital y la cultura. Junto con ello, profundizar en la conversión pastoral, asumir nuevos espacios como Iglesia, nuevas estructuras, vivir en unidad, superar el clericalismo, fomentando el discipulado misionero, apostar por el cuidado de la casa común y la formación de los discípulos misioneros.

Mons. Cabrejos
Mons Cabrejos

Nuevas realidades a tener en cuenta

El presidente del Celam ha apuntado cosas nuevas que Aparecida no vislumbró y hoy tenemos en nuestro horizonte. Algo que parte de un cambio antropológico en el ser humano y que se concreta en la sinodalidad, que supone un corresponsabilizarse de la vida eclesial, la participación y protagonismo de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, las consecuencias de los abusos eclesiales de poder, de conciencia y sexuales, la acogida a la diversidad, el reconocimiento de la cultura y sabiduría de los pueblos originarios y afrodescendientes, de los movimientos populares, la práctica de la caridad a través de la política y la economía, los desafíos que nacen de la ciencia y la tecnología, el diálogo ecuménico e interreligioso, entre otras muchas cuestiones.

Finalmente, el presidente del Celam recuerda la invitación del Papa Francisco a “releer el documento conclusivo de esa Conferencia General del Episcopado, porque aún tiene mucho que entregarnos y que debemos asimilar”, destacando la importancia de un congreso que puede ayudar en la “profundización y proyección de este magisterio para un mejor servicio al Pueblo de Dios”.

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