¿Adelantarse o ir juntos?

por José Francisco Gómez Hinojosa


En mi reciente libro ‘¿Tiene futuro la Iglesia Católica?’, escribí: “Esta discriminación -de las mujeres en los puestos de decisión y en su veto para ejercer el sacerdocio- sabemos que será superada en el futuro, como otras que ha venido corrigiendo la Iglesia Católica a lo largo de su historia. Pero: ¿por qué esperar años o siglos para dar ese paso?”.

Pues porque nuestra querida Iglesia tiene miedo a adelantarse, y ha apostado siempre por la prudencia en vez del arrojo. La Congregación para la Doctrina de la Fe, por ejemplo, se siente con la obligación de guardar, conservar, el tesoro de los dogmas, de ahí que se conciba más como un freno que como un acelerador.

Es cierto que la prisa es mala consejera, y anticiparse no ayuda a vivir plenamente las diferentes etapas que necesitamos recorrer. La rapidez impide saborear lo que se está viviendo, y quien se acelera corre el riesgo de trastabillar.

Pero detenerse de manera constante, pausar los procesos en forma innecesaria, pensar que mientras más despacio se camina más se previene de riesgosas sorpresas, impide el responder con atingencia a los retos que la vida nos plantea.

El Concilio Vaticano II, por ejemplo, representó un notable impulso para acabar con un letargo que tenía postrada a la Iglesia, incapaz de responder a las exigencias de su tiempo. Es fecha que no se alcanza a cumplir con todas sus propuestas a causa de quienes las consideraron demasiado aventuradas.

Ese evento, quizá el más significativo del Siglo XX -y no sólo para la Iglesia Católica-, también nos enseñó que el mundo no puede ser un enemigo, sino un compañero de viaje.

Pues ese acompañante de camino ha ido abriendo cada vez más puertas a la participación de las mujeres. En terrenos como el económico y el político, el de la educación y la cultura, en los deportes y los espectáculos, las damas están cada vez más presentes en órganos directivos.

¿Y en la Iglesia Católica por qué no? Ya vendrán tiempos y circunstancias diferentes -me dicen calmando mis ansias de cambio, curiosamente, colegas mucho más jóvenes que yo-, hay que esperar a que se den las condiciones adecuadas, todavía hay muchas resistencias, y un machista etcétera…

Es cierto que la doctrina eclesiástica no debe adaptarse a cualquier modificación que la sociedad proponga. Pero también lo es que no tiene por qué rechazar esas propuestas sin más. Continuidad y adaptación es la clave: la primera se refiere a principios innegociables, la segunda a los ajustes que se pueden hacer sin transgredir dogmas de fe. No se trata, entonces, de adelantarse sin freno, sino de ir juntos.

Pero esperaremos, y sentados, porque si con Francisco de Roma estas mutaciones no se han podido dar en su totalidad, sólo Dios sabe qué pasará con futuros Papas.

Pro-vocación

Y volviendo al tema del Concilio. Gran consternación causó lo dicho por el cardenal Walter Kasper -cuyo libro, ‘La Misericordia’, fue recomendado por el papa Francisco a inicios de su pontificado-, quien acaba de declarar: “La Iglesia Católica sólo podrá tener futuro si continúa el camino emprendido por el Vaticano II… algo que el camino sinodal (alemán) no ha hecho”. Llama la atención pues Kasper es un firme impulsor de las reformas emprendidas por Francisco. Vuelvo a afirmar que quien pregunta se aguanta, y el Sínodo de la Sinodalidad es un ejercicio de escucha, aunque no nos guste lo que nos digan.

Decálogo sinodal  

  escrito por  Victor Codina

 En forma de decálogo, una sencilla introducción al sínodo y a la sinodalidad eclesial.

Sínodo, etimológicamente, significa camino conjunto o comunidad en camino; implica dos dimensiones, la comunitaria y la dinámica.

Aplicado a la Iglesia significa el “nosotros eclesial”, la comunidad de Jesús que camina hacia el Reino de Dios.

Su fundamento teológico es trinitario, la Iglesia significa y es sacramento de la comunión trinitaria, que por la fuerza del Espíritu de Jesús camina hacia el Reino de Dios

En el Nuevo Testamento encontramos algunos ejemplos de sinodalidad, como la vida de la primera comunidad de Jerusalén (Hechos de los Apóstoles 2, 42-47) y el Concilio de Jerusalén: “el Espíritu Santo y nosotros hemos decidido” (Hechos de los Apóstoles 15,28).

Esta dimensión comunitaria en la que todos participan en aquello que afecta a todos, se perdió en la época de Cristiandad. El Concilio Vaticano II (1962-1965) la recuperó al presentar la Iglesia como Pueblo de Dios (Lumen Gentium II), donde todos hemos recibido el bautismo de Jesús y la unción del Espíritu, todos poseemos el sentido de la fe por la que el Pueblo de Dios es infalible en su creencia (Lumen Gentium 12).

El papa Francisco ha asumido estas orientaciones del Vaticano II y propone la sinodalidad como el estilo peculiar para la Iglesia del tercer milenio y convoca un Sínodo para 2023-2024 sobre la sinodalidad, “Iglesia: comunión, participación y misión”, con una participación previa en las Iglesias locales (diocesanas, nacionales y continentales).

La finalidad del Sínodo no es producir documentos, sino hacer que germinen sueños, profecías, esperanzas e ilusiones, curar heridas, tejer relaciones, aprender unos de otros, crear un imaginario positivo que ilumine la mente, enardezca el corazón y fortalezca las manos.

Esto supone una gran conversión eclesial, se trata de una gran reforma de la Iglesia, edificar una pirámide invertida, significa superar todo clericalismo y elitismo jerárquico, religioso, espiritual y cultural.

No desaparecen los diversos carismas eclesiales, jerárquicos y no jerárquicos, don del Espíritu (Lumen gentium 4), sino que se sitúan en diálogo y comunión eclesial, pues lo que nos une a todos es más que las diferencias eclesiales y carismáticas.

La dificultad mayor es doble:

Que clérigos y vida religiosa dejemos el protagonismo y prepotencia que hemos tenido a menudo e imitemos a Jesús que lavó los pies a los discípulos.

Que el laicado abandone la pasividad y que todos y todas asuman el rol que les corresponde como bautizados en la misión de la Iglesia e imiten a los discípulos, hombres y mujeres, que seguían a Jesús por los caminos de Galilea.

La sinodalidad es un proceso, no se limita a preparar el Sínodo 2023-2024, sino que supone iniciar un dinamismo de diálogo y participación que incluya a comunidades, movimientos e instituciones eclesiales, seminarios, etc. en los diferentes ámbitos: evangelización, formación, catequesis, liturgia, pastoral , juventud, gobierno, administración económica, obras sociales, diálogo con otras culturas y religiones, escuchar la voz de los excluidos y descartados sociales y eclesiales, ser hospital de campaña que acoge a todos, etc. Cuanto antes se comience este proceso, tanto mejor.

El gran cambio del Sínodo

Cristina Inogés: “El gran cambio del Sínodo llegará por pequeños y personales cambios cotidianos”

La teóloga ha participado hoy en la apertura del curso de Cristianisme i Justícia

¿Hay excluidos dentro de la Iglesia? Para la teóloga Cristina Inogés, miembro de la Comisión Teológica del Sínodo, “por supuesto que sí”, ya que “no todos los excluidos están sistemáticamente en el margen, la periferia, o la frontera”. Así lo ha expresado hoy en la apertura del curso de Cristianisme i Justícia, en la que ha participado con la ponencia ‘Excluidos en la Iglesia ¿qué podemos decir desde el Sínodo?’.


“Dentro de la Iglesia hay personas excluidas por su forma de pensar, por su forma de vivir su espiritualidad, por su posicionamiento ante ciertas realidades pastorales…”, ha explicado Inogés. “Uniendo todo esto, obtenemos el perfil de personas que nos ponen en ‘modo cuestionamiento’”, ha señalado.

Asimismo, la teóloga ha apuntado que se trata de personas “que están sometidas a un grado de indiferencia tremendo”. “Tienen visibilidad porque hoy las redes sociales –bien tratadas- nos dan muchas posibilidades, pero no deja de haber una indiferencia institucional que es una forma de silenciarlas porque, todavía falta nos falta algo de autonomía (por lo menos a algunas personas) como para hacer opciones personales”, ha añadido.

Ahora, con el Sínodo –el cual acaba de ampliar su proceso hasta 2024– “por primera vez, todo el pueblo de Dios, y aún a quienes no los consideramos miembros del mismo, hemos sido convocados para que nuestra reflexión, nuestras ideas se escuchen”. En este sentido, “ya no habla Roma solamente, sino que hablamos todos”.

Aportaciones de los excluidos

“Hasta ahora, podíamos descargar mucha responsabilidad en las conferencias episcopales porque su voz se entendía como la voz de la Iglesia”, ha aseverado la teóloga. “Pero ahora ya no, las conferencias episcopales tendrán sus papel, pero nada va a llegarnos solo desde arriba. Seremos todos a hablar y a aportar”, ha aseverado.

Sin embargo, Inogés ha advertido que “no podemos caer en el error de convertirnos ‘en los de arriba de los excluidos’, es decir, en ser nosotros quienes hablemos e interpretemos lo que ellos tengan que decirnos, porque lo bueno, entre otras cosas de este Sínodo, es que hay una pregunta que lo envuelve todo y que no está formulada explícitamente: Iglesia, ¿qué estas dispuesta a escuchar de ti misma?”. “Nosotros tenemos que ser cauce”, ha apuntado, “vía para que la voz, el sentir, y las propuestas de quienes están marginados tengan la posibilidad real de poder hablar”.

Además, Inogés ha subrayado que, durante la fase diocesana, “se ha demostrado que la voz de esos que tan ‘alegremente’ llamamos alejados han hecho aportaciones valiosísimas porque, su aparente distancia, les permite ver con más claridad”.

Una forma de vida

“Por tanto”, ha incidido, “al decir ‘desde el Sínodo’, y referirnos a los excluidos, más que cuestionarnos qué podemos decir, deberíamos preguntarnos qué podemos aprender, cómo cambiar nuestras actitudes, cómo aprender a escuchar, y, sobre todo, cómo aprender a ser más humildes y evangélicos en nuestra vida cotidiana. Porque el gran cambio llegará por pequeños y personales cambios cotidianos que fomentarán cambios comunitarios”.

De esta manera, “las soluciones deberán venir de un proceso de conversión muy fuerte, diría que radical, porque solo así seremos capaces de reflexionar con la mente y con el corazón”. Y es que, para Inogés, “no se trata de buscar fórmulas empresariales para ser efectivos y alcanzar nichos de mercado que ahora no tocamos ni de lejos”, sino de “hacer realidad la forma de vida de Jesús de Nazaret que, como dije en la meditación de apertura del Sínodo, no nos dejó una estructura de Iglesia diseñada, sino una forma de vida”.

“Todos somos Iglesia”, ha recordado Inogés, “también de alguna manera quienes ahora nos miran desde los límites creados por nosotros, es responsabilidad nuestra poner a trabajar la vocación personal que cada uno recibió en su bautismo, porque la tenemos”. De hecho, sólo desde ahí “seremos capaces, no de dar soluciones, sino de hacernos las preguntas necesarias para reflexionar sobre la actitud mantenida hasta ahora con los excluidos y decidir si debe o no cambiar”

«Laboratorio práctico de sinodalidad»

América Latina y el Caribe se convierte en “laboratorio práctico de sinodalidad”

La directiva del Celam ha presentado el documento conclusivo de la Asamblea Eclesial al papa Francisco

“Laboratorio práctico de sinodalidad”. Así ha calificado Francisco el documento conclusivo de la Asamblea Eclesial, que la directiva del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) le presentó este 31 de octubre a casi cumplirse un año de este evento continental.

En un ambiente “franco y fraterno” se desarrolló este encuentro toda vez que el Papa ha sugerido que presenten este documento al cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo.

Luego los prelados celebraron una rueda de prensa en la que brindaron detalles sobre lo que significa este documento, que según Jorge Lozano, secretario general del Celam, presenta dimensiones pastorales para el caminar eclesial y fue preparado por un equipo de reflexión teológica de “diversas vocaciones”.

El prelado anunció que entrarán en una fase de apropiación de este documento de tal forma “estas orientaciones puedan ir entrando capilarmente en nuestras comunidades” y aclaró que “este no es un documento del magisterio episcopal de América Latina, ni la reflexión de un grupo de amigos, ni es tampoco la conclusión de un congreso sobre algún tema”. Podrán descargarlo en www.asambleaeclesial.lat

Levantando barreras

Miguel Cabrejos, presidente del Celam, ha explicado que “lo inédito de la Primera Asamblea Eclesial está en haber levantado, con valentía y de manera profética una barrera, porque en adelante, progresivamente, no será posible evitar la participación del Pueblo de Dios en las diversas decisiones de la Iglesia”.

Asegura que “la Iglesia no debe cansarse, ha de construir puentes, derribar muros, integrar la diversidad, promover la cultura del encuentro y el diálogo, educar en el perdón y la reconciliación, el sentido de la justicia, el repudio de la violencia y el coraje de la paz”.

En esta nueva etapa de la Asamblea Eclesial, que entra en sintonía con el actual proceso sinodal, es partidario de “mejorar la comunicación mediante el lenguaje empático sin perder profundidad y más allá del espacio eclesial, porque “hay que habitar el continente digital”.

Desborde creativo

“La sensación que tengo es que estamos saliendo de un letargo prolongado, de zonas de parálisis y confort y que animados por el Evangelio y el magisterio del Papa Francisco”. Inició su intervención con un videomensaje Gloria Liliana Franco, residenta de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR).

La religiosa colombiana indicó que “los religiosos y religiosas del Continente, le apostamos a una Iglesia en perspectiva misionera, a la salida como la condición para la fecundidad apostólica. Visitar distintos areópagos, hacer espacio a todos, ensanchar la mesa”.

“Hablar con lenguajes creíbles y desde un auténtico testimonio. Hoy más que nunca sentimos que evangelizar exige humanizar, que en Jesús se expresa la plenitud de lo humano y que no podemos pensar en una evangelización en compartimentos separados, la clave es unir fe y vida”, agregó.

Para Franco “en escucha a los clamores de la Iglesia del Continente, que resonaron en la Asamblea Eclesial de América, abrazamos nuestra identidad de discípulos misioneros y entendemos que es necesario convertirnos, ordenar el corazón, apostar por nuevos modos relacionales que den más primacía a lo humano y que estén desprovistos de intereses mezquinos, utilitarios, manipuladores”.

De algo sí está segura: “El desborde creativo de nuestra Iglesia, no será posible sin la participación de las mujeres, los laicos y los jóvenes”, por ende, “es necesario escuchar la voz de todos los sujetos emergentes, silenciados históricamente”.

Apertura Asamblea plenaria de Obispos españoles

Omella tiene un plan para España: pacto de rentas familiares, políticas activas de vivienda, conciliación laboral femenina y acogida ordenada de migrantes

Por JOSÉ BELTRÁN

El presidente de la Conferencia Episcopal abre la Asamblea Plenaria con su discurso social más comprometido y aterrizado proponiendo “consensos” a la clase política

El arzobispo de Barcelona arremete contra la ley trans porque “no tiene fundamento médico ni científico”

El purpurado refrenda el proceso sinodal abierto por el Papa y avisa a los obispos: “No cabe la pasividad ni la resignación”

El cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, quiere que la Iglesia española no sea un obstáculo para la clase política o un grupúsculo que funcione al margen del convulso contexto socioeconómico que habla de una crisis generalizada. Al menos, así lo dejó caer durante su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de otoño que está llamada a elegir al nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal Española, para sustituir a Luis Argüello, que deja el cargo tras ser nombrado arzobispo de Valladolid el pasado junio.

El presidente del Episcopado se sirvió de esta intervención ­­para visibilizar que la Iglesia “quiere cooperar activa e intensamente con las administraciones públicas, los agentes sociales y la sociedad civil en su conjunto”. Sobre todo, al constatar que “las respuestas políticas se atascan y no fluyen para encontrar soluciones a los graves problemas sociales”. Frente al “divide y vencerás”, el cardenal propuso una “fraternidad” eminentemente práctica. “Queremos mirar el mundo desde los ojos del que sufre, del que se queda al margen, del que experimenta la soledad, del que no llega a final de mes, del que no puede recibir la asistencia que necesita, del que padece alguna enfermedad…”, entonó con los datos de Cáritas en una mano y la entrega de tantas comunidades eclesiales en la otra.

La familia como centro

Lejos de quedarse en una formulación abstracta, lo aterrizó en un plan de acción que pasa por reivindicar la familia como “gran fuente de estabilidad social”, proponiendo una “promoción activa de la conciliación laboral”, especialmente de las mujeres. A la par, reclamó una “política activa de vivienda” para que los jóvenes puedan emanciparse y condenó “el drama del paro” y “la precariedad laboral”. Al hilo de esta cuestión reclamó “un gran pacto de rentas que permita a las familias superar con cierta dignidad este tiempo de travesía por el desierto”.

En este paquete de medidas, también planteó “unas políticas de acogida ordenada de inmigrantes para que puedan integrarse dignamente en nuestra sociedad” con el fin de “protegerlos de los abusos y de la impiedad de las mafias”.

Auxilio a los dependientes

“Tampoco podemos permitir que las políticas sociales, para atender debidamente a las personas dependientes o en situaciones de necesidad, se queden en discursos de buenas intenciones y no se ejecuten proyectos concretos”, exigió el purpurado, que constató, con informe de Cáritas en mano, que “los procesos y trámites de las peticiones de ayuda se demoran y eternizan”.

No se olvidó de las carencias del sistema nacional de salud, deteniéndose en que “más de 80.000 personas fallecen cada año en nuestro país sin recibir la atención paliativa que precisan”. Además, puso en primer plano la soledad de los ancianos para remarcar que “una sociedad que no cuida a los más frágiles es una sociedad que está en vías de extinción”.

Avanzadilla eclesial

Además, sacó pecho de las iniciativas que ya ha puesto en marcha la Iglesia para salir al rescate de los más vulnerables y mostrar que “otro mundo es posible”. De esta manera, elogió la labor de la pastoral de migraciones para “recuperar la población en la España vaciada” y recordó cómo se está apostando por “una economía con alma”.

Con la mirada puesta en los niños y jóvenes, se detuvo en “la crisis de identidad provocada por las ideologías de género”. Sobre la ley trans, denunció que no ayuda “a educar a los adolescentes y jóvenes en la belleza y en el sentido de la sexualidad y que, además, no potencia la responsabilidad de sus actos ni la valoración madura y sosegada sobre las consecuencias”. En relación con la ley del aborto, condenó que “se refuerza el derecho del fuerte sobre el débil”.

Legislaciones ideológicas

Todo ello, le llevó a afirmar que “se intentan sacar adelante por la vía rápida una serie de leyes de profundo calado ideológico, sin ser debatidas con sosiego, sin escuchar el parecer de las diferentes instancias científicas y éticas de nuestra sociedad”. “La llamada autodeterminación de género, auténtica piedra angular de esta norma no tiene fundamento médico ni científico”, sostiene Omella.

Ese mismo tirón de orejas lo amplió para compartir que “la crispación política no ayuda a resolver los problemas ni a ofrecer serenidad a la ciudadanía. Necesitamos, pues, hallar la confianza necesaria y el empuje anímico para salir de esta situación”. ” Es la hora de los hombres y mujeres de Estado que miran a largo plazo, de los que se atreven a tomar decisiones importantes para asegurar el bien y la prosperidad para las próximas generaciones y no el rédito partidista inmediato”, suscribió.

Pero, lejos de concentrarse en lanzar dardos a Moncloa o a la Carrera de San Jerónimo, el purpurado quiso “agradecer de corazón la labor de los políticos de cualquier signo que trabajan por el bien común”. Y como viene siendo habitual en sus más recientes intervenciones públicas, se sacó de la manga las bienaventuranzas del político que elaboró el cardenal vietnamita encarcelado Van Thuan.

“No nos dejemos abatir”

Frente al tono algo agridulce de su discurso de primavera, en esta ocasión Omella arrancó recordando que nunca se han dado tiempos “verdaderamente fáciles” por lo que animó a los pastores a buscar “una oportunidad de profundizar en la fe, de mejorar nuestra vida cristiana, de ir a lo esencial”. “No nos dejemos abatir”, recomendó a los católicos, convencido de que “los nuevos desafíos pueden ser oportunidades de crecimiento”. Es más, advirtió del “riesgo todavía más peligroso” de que “reaccionemos espontáneamente con una actitud de autodefensa, sin detenernos con fe, con calma, con sensatez evangélica”.

En clave interna, el presidente de los obispos defendió el camino sinodal promovido por Francisco “a la luz del Concilio Vaticano II” hacia “una Iglesia más participativa, misionera y en comunión”. “El papa Francisco ha introducido la novedad de comenzar el trabajo desde abajo, garantizando que nadie quede sin ser escuchado”, valoró el purpurado, que recordó que ante este proceso “no cabe la pasividad ni la resignación”.

“No podemos caer en la ingenuidad de pensar que estos problemas se solucionan con simples retoques organizativos”, comentó el arzobispo de Barcelona que llamó a los obispos presentes a no dejarse llevar por los extremos: “El progresismo que se adapta al mundo y el tradicionalismo o involucionismo que añora un mundo pasado”.

La elección de secretario y portavoz de la CEE

¿Y si por fin fuera la hora de los laicos en España?

¿Y si por fin fuera la  hora de los laicos en España?
¿Y si por fin fuera la hora de los laicos en España?

Esta semana asistimos a una de las elecciones más relevantes para la vida de la Casa de la Iglesia: la elección del secretario general (y portavoz) de la Conferencia Episcopal. Oficiosamente, la ‘voz’ de la Iglesia española, aun cuando dicha voz cada vez resulta más ‘sorda’, más irrelevante, más vacía

Y es que los obispos no saben y, lo que es peor, no quieren comunicar. Los medios les dan pavor, especialmente los que no controlan, pero también los que pasan por sus manos (no son de recibo algunos programas estrella de la emisora episcopal, por ejemplo). Pero tampoco quieren soltar el control de la información que se envía, no solo a la sociedad, sino también al Pueblo Santo de Dios

¿Por qué no confiar, en esta ocasión, y para que sirva de precedente, en profesionales laicos, especialistas en comunicación y dirección de empresas? ¿Por qué la Secretaría General y la Portavocía tienen que estar en manos de obispos o, como mucho, de eclesiásticos llamados a serlo?

22.11.2022

Se nos llena la boca de decirlo, y los oídos de escucharlo. «Es la hora de los laicos«. Pero, en la práctica, la Iglesia española es una de las más clericalizadas de Europa y, casi nos atrevemos a decir, del mundo. Incluso, los laicos (y laicas) en puestos de responsabilidad adolecen, en su mayoría, de ese clericalismo que tanto denuncia el no siempre bien querido (en nuestro país) Francisco

En estas estamos, cuando esta semana asistimos a una de las elecciones más relevantes para la vida de la Casa de la Iglesia: la elección del secretario general (y portavoz) de la Conferencia Episcopal. Oficiosamente, la ‘voz’ de la Iglesia española, aun cuando dicha voz cada vez resulta más ‘sorda’, más irrelevante, más vacía.

Se lo han ganado a pulso (los obispos, no el conjunto de la Iglesia): durante años, se han dedicado a auspiciar debates que nadie deseaba, a sacar a la calle a sus adeptos más radicales para protestar contra el matrimonio igualitario o Educación para la Ciudadanía (sólo el actual presidente, Juan José Omella, acudió durante aquellos años a una manifestación contra la pobreza). La imagen de una veintena de mitrados en la calle, junto a HazteOir o los que hoy conforman el principal partido de la ultraderecha española, Vox, tardará en evaporarse de una sociedad que contempló cómo la Conferencia Episcopal se convertía en el principal opositor del Gobierno entonces liderado por José Luis Rodríguez Zapatero.

Asistentes a la misa de Colón
Asistentes a la misa de Colón

Las misas en Colón y la plaza de Lima no hicieron sino confirmar una deriva que, hoy, continúa con sonoros escándalos muy mal resueltos mediáticamente, desde el drama de la pederastia a la exhumación de Franco, pasando por los silencios (calculados, muy mal calculados) a la hora de informar a la opinión pública (como muestra, dos botones recientes: el último plan pastoral de la CEE -el documento más importante, que marca la política de la Casa de la Iglesia en los próximos cuatro años- se colgó en la web un día de finales de julio, y no se informó del mismo hasta que, un día después, RD lo desveló; igual ocurrió con la web de ‘transparencia’ ante los abusos, que sólo se publicitó cuando, de nuevo, esta web le dio luz).

Y es que los obispos no saben y, lo que es peor, no quieren comunicar. Los medios les dan pavor, especialmente los que no controlan, pero también los que pasan por sus manos (no son de recibo algunos programas estrella de la emisora episcopal, por ejemplo). Pero tampoco quieren soltar el control de la información que se envía, no solo a la sociedad, sino también al Pueblo Santo de Dios.

La Asamblea Plenaria es el órgano que elige al secretario general de los obispos
La Asamblea Plenaria es el órgano que elige al secretario general de los obispos

Esta es una ocasión que, nos tememos, volverá a desperdiciarse. Esta semana, los obispos eligen secretario general y portavoz de la CEE. No es la voz de la Iglesia, pero para la opinión pública, seguramente, no habrá otra. ¿Por qué no confiar, en esta ocasión, y para que sirva de precedente, en profesionales laicos, especialistas en comunicación y dirección de empresas? ¿Por qué la Secretaría General y la Portavocía tienen que estar en manos de obispos o, como mucho, de eclesiásticos llamados a serlo? Siempre ha sido así, y no es precisamente el Episcopado español un especialista en renovaciones, pero la situación clama al cielo.

En un momento en que la sinodalidad se tiene que implantar, como razón de ser, en el trabajo cotidiano de la Iglesia, desperdiciar la oportunidad de que un laico (o mejor, una mujer), pueda ser responsable de la organización interna de los obispos españoles es un paso más en el camino hacia la absoluta irrelevancia. Sabemos que, a buen seguro, nuestro clamor caerá en saco roto, pero no por ello debemos de dejar de hacernos eco de lo que muchos hombres y mujeres de Iglesia, en público y en privado, constatan: ha llegado el tiempo de que la mayoría católica tome el mando, y la palabra, y participe, realmente, en la toma de decisiones en la Iglesia de nuestro país.

Congreso de Laicos de Valencia
Congreso de Laicos de Valencia

La Secretaria General y la Portavocía son solo el primer paso. Y, ni en eso, la Iglesia española sería pionera. Francia, Suiza, Bélgica, Alemania…. cada vez son más los episcopados que dan un paso para la normalidad, para entender que, sin los laicos, sin las mujeres, sin la vida religiosa, los obispos no serían más que unos señores oscuros sin ejército al que ordenar ir a la guerra.

Sean valientes, señores obispos, y ya que son ustedes los únicos que pueden hacerlo (¿cuándo habrá un organismo realmente representativo de la Iglesia española, y no únicamente de la casta jerárquica clerical?), opten por profesionales para gestionar, y comunicar, lo que hace, y vive, una Iglesia que no debe conformarse con encerrarse en los cuarteles de invierno de las ‘verdades inmutables’ de Juan Pablo II, y que todavía tiene, con el Evangelio de la mano, una función indispensable que construir en una sociedad que, lamentablemente, cada vez espera menos de los obispos. Se lo han ganado a pulso. ¿Están a tiempo de cambiar?

arse con encerrarse en los cuarteles de invierno de las ‘verdades inmutables’ de Juan Pablo II, y que todavía tiene, con el Evangelio de la mano, una función indispensable que construir en una sociedad que, lamentablemente, cada vez espera menos de los obispos. Se lo han ganado a pulso. ¿Están a tiempo de cambiar?

Etapa Continental del Sínodo

En camino a la Etapa Continental del proceso sinodal

En camino a la Etapa Continental del proceso sinodal

Esperemos que esta fase continental lleve a los participantes a ¡Escuchar! y a buscar respuestas efectivas. De no hacerlo, una vez más la Iglesia va a quedar muy rezagada y, simplemente, el Pueblo de Dios, no esperará más respuestas, sino que vivirá su fe -como ya lo están haciendo muchos- de manera sincera, pero sin pertenencia eclesial

Tal vez el punto que sigue mostrando su irreversibilidad es la urgencia de “repensar la participación de las mujeres”: hay una creciente conciencia sobre la participación plena de las mujeres en la vida de la Iglesia porque ellas son las que más viven la pertenencia eclesial y, sin embargo, son los varones los que toman las decisiones

Lo primero que salta a la vista es la premura del tiempo. ¿Cómo movilizar una reflexión sinodal continental en cinco meses cuando ha sido tan difícil lograr involucrar al pueblo de Dios en todo un año de trabajo local?

Por Consuelo Vélez

Documento Asamblea Eclesial: Evangelización inculturada, formación para superar el clericalismo y mujeres protagonistas
Documento Asamblea Eclesial: Evangelización inculturada, formación para superar el clericalismo y mujeres protagonistas

Con fecha 24 de octubre se publicó el Documento de la Etapa Continental (DEC) del proceso sinodal. Con este documento que consta de 109 numerales y 4 partes (La experiencia del proceso sinodal, A la escucha de las Escrituras, Hacia una Iglesia sinodal misionera y Próximos pasos) se da comienzo a la segunda fase que tendrá dos momentos: elaboración de documentos continentales hasta el 31 de marzo de 2023 y elaboración del Instrumentum laboris hasta junio de 2023. Este documento de trabajo se llevaría a la primera asamblea sinodal en octubre 2023. El título del DEC “Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54, 2) marca una intencionalidad fundamental: la Iglesia necesita convertirse en un espacio capaz de vivir la comunión, la participación y la misión a la que está llamada (n.10). También necesita ser una Iglesia menos de mantenimiento y conservación y más una Iglesia misionera (n. 99)

Lo primero que salta a la vista es la premura del tiempo¿Cómo movilizar una reflexión sinodal continental en cinco meses cuando ha sido tan difícil lograr involucrar al pueblo de Dios en todo un año de trabajo local? El DEC trata de facilitar el proceso recordando el método de conversación espiritual usado en la primera fase: (1) que cada participante tome la palabra (2) la resonancia de la escucha a los demás y (3) el discernimiento (n. 109). También el DEC señala las tres preguntas que, una vez trabajadas en las Iglesias locales, se han de considerar en los encuentros continentales: (1) ¿Qué resuena más fuertemente de las experiencias y realidades concretas de la Iglesia en el continente? (2) ¿Qué tensiones o divergencias sustanciales surgen desde la perspectiva del continente y que han de abordarse en las próximas fases del proceso? (3) ¿Cuáles son las prioridades, los temas recurrentes y las llamadas a la acción que han de ser discutidas? (n.106)

Desde el inicio se advierte que este documento no es un documento conclusivo, ni un documento del magisterio, ni un informe de una encuesta sociológica, ni ofrece las indicaciones para el camino a seguir. Pretende ser un documento fruto de haber escuchado la voz del Espíritu por parte del Pueblo de Dios, permitiendo que surja su sensus fidei y está orientado al servicio de la misión de la Iglesia (n. 8). Retoma algunas citas textuales de las síntesis de algunas conferencias episcopales, otras veces dice que alguna petición fue reiterada por muchas conferencias y otras que fue una petición más aislada.

Veamos algunos de los logros y desafíos que el documento señala. Entre los logros reconoce que la primera fase de escucha alimentó el deseo de una Iglesia cada vez más sinodal (n. 3), despertó en los fieles laicos, la idea y el deseo de implicarse en la vida de la Iglesia (n. 15), fortaleció el sentimiento de pertenencia y la toma de conciencia, a nivel práctico, de que la Iglesia no son sólo los sacerdotes y los obispos (n. 16). Además, se valoró el método de la conversación espiritual que permitió mirar la vida de la Iglesia y llamar por su nombre tanto a las luces como a las sombras (n. 17). Una idea teológica fundamental que, se repite varias veces, es la afirmación de la dignidad común de todos los bautizados, auténtico pilar de la Iglesia sinodal y fundamento teológico de esa unidad (n. 9; 22), reconociendo que aún falta desarrollar más esta teología bautismal (n. 66).

Los frutos de la fase de escucha, el documento los expresó mediante cinco tensiones creativas: (1) La escucha, (2) El impulso hacia la misión, (3) La misión ha de asumirse con la participación y corresponsabilidad de todos los bautizados, (4) La construcción de estructuras e instituciones que hagan posible la vivencia de la comunión, la participación y la misión, (5) La liturgia, especialmente la liturgia eucarística en la que de hecho se vive la comunión, la participación y la misión (n. 11).

Entre las dificultades que se anotan está la resistencia que mostraron algunos sectores de la jerarquía y del laicado, el escepticismo frente a la posibilidad de que la iglesia cambie (n.18.19), el escándalo por los abusos cometidos por parte del clero (n. 20) y los conflictos armados y políticos de diferentes países que hacen muy difícil la vida de sus gentes, incluida la de los cristianos (n. 21)

Los desafíos que se plantearon fueron muchos por lo que no es fácil resumirlos, más cuando se expresaron de diversas maneras a lo largo del documento. Destaquemos algunos: la dificultad de escuchar profundamente y aceptar ser transformado por esa escucha. Constatar los obstáculos estructurales que lo impiden como, por ejemplo, las estructuras jerárquicas que favorecen las tendencias autocráticas (n. 33). La ausencia de los jóvenes en el proceso sinodal y su ausencia, cada vez mayor, en la vida de la Iglesia (n.35). La falta de estructuras y formas adecuadas para acompañar a las personas con discapacidad (n. 36). La defensa de la vida frágil y amenazada en todas sus etapas (n. 37). La falta de una respuesta adecuada a los divorciados vueltos a casar, a los padres y madres solteros, a los que viven un matrimonio polígamo, a las personas LGTBQ y a los que han dejado el ministerio ordenado para casarse (n. 39). Muchos en la Iglesia se sienten excluidos: los pobres de las periferias, los ancianos solos, los pueblos indígenas, los emigrantes, los niños de la calle, los alcohólicos y drogadictos, los que han caído en manos de la delincuencia, las personas que ejercen la prostitución como única manera de sobrevivencia, las víctimas de trata de personas, los supervivientes de abusos, los presos y muchos otros por razones de raza, etnia, género, cultura y sexualidad (n. 40). Sobre algunos temas como el aborto, la anticoncepción, la ordenación de mujeres, los sacerdotes casados, el celibato, el divorcio, las segundas nupcias, la homosexualidad y las personas LGBTQIA+ se pide una respuesta por parte de la Iglesia (n. 51). La liturgia que ocupa un lugar central en la vida cristiana ha de manifestar la dimensión sinodal fomentando una participación más activa de todos los miembros y favoreciendo las diferencias (n. 91.93) pero queda una preocupación por la añoranza del rito prevaticano (n. 38-92): no hay duda que la “involución eclesial” vivida en los anteriores pontificados ha dejado hondas secuelas de retroceso que en el documento se expresan como falta de inclusión de esa perspectiva. Es un serio interrogante.

También el DEC se refiere a una Iglesia que se deje interpelar por los retos del mundo actual y responda a ellos con transformaciones concretas (n. 42.43. 44). Que escuche el grito de los pobres y el clamor de la tierra que, en este momento, ya no son opcionales (n. 45). Que participe en la construcción de la paz y la reconciliación, el debate público y el compromiso con la justicia, como parte de su misión (n. 46). Que sea promotora del diálogo ecuménico e interreligioso porque no hay sinodalidad completa si no hay diálogo entre los cristianos (n. 22. 47.48.49) y también del diálogo intercultural capaz de apreciar las diferencias culturales para entenderlas como un factor de crecimiento. En este aspecto ocupan un lugar central los pueblos indígenas a quienes habría que pedirles perdón por haber sido cómplices de su opresión, pero también asumiendo la responsabilidad de articular sus creencias con las enseñanzas de la Iglesia en un proceso de discernimiento y acción creativa (n. 53.54.55.56). Una iglesia que deje de construirse en torno al ministerio ordenado y se convierta en una Iglesia toda ella ministerial (n. 67).

Otros aspectos de los que se ha hablado bastante, son la necesidad de liberar a la Iglesia del clericalismo (n. 58), predicar homilías centradas en la Palabra de Dios y con un lenguaje que el Pueblo de Dios entienda (n. 93.95), renovar las estructuras eclesiales para que sean sinodales -y para esto es indispensable revisar el Derecho Canónico y una formación en la sinodalidad- (n. 72-82-83), cultivar la espiritualidad de la sinodalidad (n. 84), ser una institución transparente en todos sus procesos y contar con personas competentes profesionalmente para el desarrollo de algunas funciones económicas y de gobierno (n.79).

Pero tal vez el punto que sigue mostrando su irreversibilidad es la urgencia de “repensar la participación de las mujeres”: hay una creciente conciencia sobre la participación plena de las mujeres en la vida de la Iglesia porque ellas son las que más viven la pertenencia eclesial y, sin embargo, son los varones los que toman las decisiones. También se denuncia que en el lenguaje de la Iglesia el sexismo está muy extendido, las mujeres son excluidas de funciones importantes en la vida de la Iglesia, no reciben un salario justo por las tareas que realizan y las religiosas suelen ser consideradas mano de obra barata (n. 60-63). Casi todas las síntesis plantean la cuestión de la participación plena e igualitaria de las mujeres, pero no todas responden de la misma manera y piden el discernimiento sobre cuestiones específicas: el papel activo de las mujeres en las estructuras de gobierno de los organismos eclesiásticos, la posibilidad de que las mujeres prediquen en los ambientes parroquiales y el diaconado femenino. Sobre la ordenación de las mujeres algunas síntesis la reclaman y otras la consideran una cuestión cerrada (n. 64).

Todo lo que hemos presentado del DEC no es desconocidoDe todos esos temas hemos hablado, cuestionado, reflexionado. Muchas veces hemos dicho que no entendemos por qué cuesta tanto trabajo dar pasos para dar respuestas efectivas. No sé si es suficiente hablar de que hay resistencia al proceso sinodal. Hay resistencias a escuchar los signos de los tiempos, a través de los cuales habla el Espíritu.Esperemos que esta fase continental lleve a los participantes a ¡Escuchar! y a buscar respuestas efectivas. De no hacerlo, una vez más la Iglesia va a quedar muy rezagada y, simplemente, el Pueblo de Dios, no esperará más respuestas, sino que vivirá su fe -como ya lo están haciendo muchos- de manera sincera, pero sin pertenencia eclesial. Y, muy posiblemente el Espíritu va a estar de ese lado porque el “ensanchar la tienda” también puede darse en otros contextos si, en los lugares donde debería estar, no logran transformarse para que entre ese “aire fresco” que tanta falta hace.

Situación actual de la Iglesia en España


Del ‘Totus Tuus’ de Juan Pablo II a atacar a Francisco: una Iglesia española más ultra a 40 años de la primera visita de un papa

Por Jesús Bastante

Fue la primera visita de un Papa a España en la historia. Desde entonces, ha habido varias más –el propio Juan Pablo II viajó otras cuatro veces a nuestro país, y Benedicto XVI, dos– a lo que Karol Wojtyla llamó “Tierra de María”. Han pasado, desde el 31 de octubre de 1982, 40 años. Pero también un tsunami de radicalización ideológica de los grupos ultracatólicos bendecidos y apoyados por el Papa polaco: kikos, Opus Dei, Legionarios de Cristo o propagandistas. Y, a la vez, una creciente secularización del país, con datos de quienes se confiesan católicos o practicantes que no dejan de caer. “España ha dejado de ser católica”, dijo Manuel Azaña en 1931 y su proclamación ha resultado finalmente un vaticinio.

España fue dejando de ser católica de a poco. En el camino, la Iglesia dentro de las fronteras se escoró hacia una posición maximalista y conservadora que la vinculó estrechamente a las ideas de la derecha más ultra. Poco queda en España de la herencia del cardenal Tarancón, defenestrado por el propio Juan Pablo II pocos meses después de visitar nuestro país. En estas cuatro décadas, los obispos han aguado las esperanzas de quienes, tras el Concilio Vaticano II, confiaban en aquel episcopado capaz de enfrentarse al régimen y defender la salida democrática.

Hoy, pese a las múltiples invitaciones recibidas, nadie espera a Francisco en España. Al menos, no los ‘suyos’, que son clara minoría en nuestro país. «Juan Pablo II, te quiere todo el mundo», clamaban los fieles en 1982 al paso de Wojtyla. Hoy no podría decirse lo mismo: no todos quieren a Bergoglio. Al menos, no todos los católicos.

La renuncia que Tarancón nunca presentó, pero le fue sorpresivamente aceptada en Vaticano, fue el primer paso para el nombramiento de una línea de obispos netamente conservadores que, capitaneados primero por el cardenal Suquía y, posteriormente, por Antonio María Rouco Varela, iniciaron el camino de la Iglesia española que la convertiría en una de las más conservadoras de toda Europa. Todo con la inestimable ayuda de la Obra y los nuevos movimientos eclesiales, que buscaban competir en relevancia con órdenes históricas también nacidas en España, como los jesuitas. «España evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; esta es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra», diría Menéndez Pelayo en un lema que hizo suyo Franco tras la «santa Cruzada» de 1936-39.

El plan estaba trazado de antemano: el Opus Dei y sectores de la democracia cristiana (que por entonces todavía existía en España) se volcaron en la organización de un viaje que iba a darse un año antes y que se pospuso por el atentado contra Wojtyla el 13 de mayo de 1981. Los seguidores de Escrivá de Balaguer idearon el logo del viaje: Totus tuus (Soy todo tuyo), toda una declaración de intenciones de una Iglesia que se puso en manos del Papa polaco en su tarea de demolición de las «veleidades progresistas» del clero obrero y los misioneros españoles, que exportaban sus ideas a Latinoamérica en forma de una Teología de la Liberación. Al mismo tiempo que se condenaba duramente a los curas rojos bajo la tutela de Wojtyla y de su sucesor, Ratzinger, lo que sí exportó el clero español al Nuevo Continente fue a decenas de curas y religiosos acusados de abusos, en una política de silenciamiento de la pederastia que aún hoy lastra el trabajo de la Iglesia.

El Papa polaco no defraudó a sus fieles: en los 50 discursos que pronunció a lo largo de diez días en España –es el viaje más largo de un pontífice al país, y sin duda el más intenso– Wojtyla arremetió contra el divorcio, el aborto, los preservativos e impulsó una moral tradicional que durante décadas siguió marcando el paso de la doctrina episcopal.                                                 Con una cuidada puesta en escena, más propia de un gira de una estrella de rock que de un Papa (20 millones de personas siguieron el viaje por TVE, y varios cientos de miles llenaron todos y cada uno de sus actos), Juan Pablo II trazó una hoja de ruta con una fórmula exitosa: doctrina dura, cara amable.

Los diez días que duró el viaje –en los que el pontífice visitó Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Ávila, Toledo, Zaragoza o Santiago de Compostela– se declararon día festivo en los colegios y cientos de miles de personas salieron a las calles con las banderitas de España y el Vaticano. Nadie se preguntaba, entonces, quién financiaba el viaje: se daba por supuesto que el Estado. Hasta Seat fabricó para Wojytla el papamóvil, que desde entonces se ha convertido en elemento indispensable de cualquier viaje papal.

Hoy, en cambio, instituciones como la ACdP y el CEU organizan congresos donde, con la excusa de homenajear al anterior Papa, Benedicto XVI, se jalea la oposición al actual pontífice, con prelados como Munilla, Reig, el imprescindible Rouco Varela y el cardenal Müller, considerado el mayor opositor interno a Bergoglio y que, para más inri, visitó el pasado martes el Valle de Cuelgamuros, oficiando misa con los benedictinos de Santiago Cantera. Incluso entre los prelados más afines a Francisco (como los cardenales Omella y Osoro, presidente y vicepresidente, respectivamente, de la Conferencia Episcopal) no se encuentran lo suficientemente arropados como para implementar los cambios que, desde hace casi una década, impulsa Francisco desde el Vaticano. Una España cada vez menos católica que ya no quiere, al menos tanto, al Papa.

El historiador Juan Mari Laboa se pregunta en RD, «cuarenta años después, ¿qué queda de Juan Pablo II? ¿Qué queda de Felipe González? ¿Qué queda de Julián Marías? ¿Qué queda de Tarancón? ¿Qué queda de la HOAC?… Hay más creyentes en España de los que parece, confusos como todos los demás, capaces de agarrarse a cualquier movimiento. Y eso nos tiene a todos absolutamente desconcertados».

Ciertamente, con los números en la mano, queda muy poco de la Iglesia que dio un baño de masas a un joven Juan Pablo II. Una España que, tres días antes, había dado la mayor victoria en la historia de la democracia al PSOE de Felipe González, que venía de organizar un Mundial y que acababa de superar un intento de golpe de Estado.

Entonces, el 90,2% de los españoles se declaraba católico, y una amplia mayoría iba a misa todos los domingos y fiestas de guardar. Hoy, el CIS nos muestra que no llegan a seis de cada diez, de los que dos tercios no va “nunca o casi nunca” a la Iglesia. Creyentes sin Iglesia.

En 1982, el 58% de los hogares españoles tenían un crucifijo colgado en su salón. Hoy, encontrarlos es una rara excepción. Entonces, el divorcio seguía siendo fuente de conflictos en España (el 98,3% de los matrimonios eran por la Iglesia), no existía derecho al aborto (se aprobó, con restricciones, en 1985) e incluso se consideraba “totalmente inmoral” las relaciones prematrimoniales, o los matrimonios sin hijos.

La realidad hoy es totalmente distinta. También en el interior de la institución, inmersa en una histórica crisis de vocaciones al sacerdocio o la vida religiosa, con las cifras de bautizos, bodas, comuniones y confirmaciones desplomándose, y con la popularidad por los suelos por escándalos como el de la pederastia clerical, las inmatriculaciones o la oposición a cualquier evolución social en lo que el mismo Juan Pablo II llamó «principios irrenunciables» (defensa de la vida, matrimonio hombre-mujer, privilegios de la Iglesia). En Roma, por primera vez en la historia, un Papa jesuita, venido de Argentina, y con ideas de reforma de la Iglesia que, al menos en la española, no han calado. Tal vez porque, cuarenta años después, los obispos españoles siguen mirando más a Wojtyla que a Bergoglio.

UN CONCILIO EN EL FREEZER

¿Qué se puede esperar de un Sínodo?

col serna

Todos sabemos que no hay nada, eclesiásticamente hablando, que tenga tanta densidad y peso como un concilio en comunión con el Obispo de Roma. No necesariamente con la presencia de este (no estuvo este obispo ni en Nicea ni en Constantinopla, que, además, fueron convocados por el Emperador, pero fueron acompañados desde y por Roma dándoles entidad eclesial). Un Papa no puede, por ejemplo, anular ese tal Concilio. Aunque no sea de su agrado.

Ahora bien… si bien no puede anularlo, puede freezarlo. ¡Y vaya que somos testigos de este invierno! Como “san” Juan Pablo y una de sus dos manos derechas, Josef Ratzinger sabían bien que anularlo no estaba dentro de sus “poderes”, pues hicieron un Sínodo extraordinario para “dar la correcta interpretación”. Es más, siendo que cada obispo tendría en el Sínodo un tiempo acotado de intervención el cardenal Prefecto hizo una extensísima intervención escrita publicando su “Informe sobre la fe”. ¡quien quiera oír…! Más adelante aún, para enfriar todavía más, dio la “correcta interpretación” del subsistit in en su Dominus Iesus explicando por qué la Lumen Gentium 8 no dice lo que dice.

Para más INRI, se permitió “volver” a la misa en latín y el misal de Pio V, se bombardeó el ecumenismo bajo la línea de flotación, se pretendió limitar al máximo los estudios bíblicos alentando una lectura “espiritual”, y hasta pudimos ver al Santo Padre con un graciosísimo sombrero que recordaba a Papa Nöel. No se anuló ni derogó el Concilio, simplemente se lo freezó. Y cientos de obispos felices por ello porque volvían a quedar en la cima de la pirámide de la que la Iglesia “pueblo de Dios” los había ubicado en otro lugar circular. Y, ya que de “pueblo de Dios” hablamos, esta imagen central pasaba a ser una más de las muchas (la principal pasó a ser la de “cuerpo”, que permitía “cabeza”) y, además, al decir del Cardenal, propia del Antiguo Testamento, y demasiado sociologizada en nuestros tiempos. La teología también al freezer. Y, de paso, unos cuántos teólogos y teólogas también.

El Concilio Vaticano II pasó a ser algo más propio de estudios de Historia de la Iglesia que de vida de un Pueblo conducido por el Espíritu Santo.

Y, acá mi pregunta final… si de eso son capaces nada menos que con un Concilio… ¿cuánto más podrán hacer con un Sínodo?

Presentación del Documento para la etapa continental del sínodo

El papel de las mujeres, un clamor que comparten ‘todos’ los informes del Sínodo

El Secretario General del Sínodo presentó el Documento para la etapa continental del camino sinodal en la Oficina de Prensa del Vaticano

Con él, entre los ponentes, el teólogo Coda, el jesuita Costa y la experta Anna Rowlands; también se conectó desde Japón el cardenal Hollerich

Sobre la cuestión de un mayor espacio para las mujeres: «Su presencia no debe ser la guinda del pastel, sino que debe ser constitutiva»

Por | Salvatore Cernuzio

(Vatican News).-«No estamos impulsando ninguna agenda. Era nuestra responsabilidad devolver al pueblo de Dios lo que se nos había dado. Mi colega, el cardenal Hollerich, dijo una vez: tenemos carta blanca, no hay nada escrito en ella. Nuestro deber es acompañar a la Iglesia hasta el momento del Sínodo de los Obispos. Pero si queremos cumplir nuestra misión, debemos escuchar. Y escuchar a todos sin excluir a nadie».

El proceso que acaba de concluir y las perspectivas de futuro, el cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo, las enmarca en estas pocas líneas en respuesta a los periodistas reunidos en la Sala de Prensa del Vaticano para la presentación del Documento para la «etapa continental», la segunda fase del camino iniciado por el Papa en octubre de 2021 que concluirá con la asamblea de obispos en el Vaticano en 2023 y 2024.

Renovación profunda 

Un documento que es «fruto de una sinodalidad vivida» por parte de las Iglesias de los cinco continentes y de «mucho trabajo» por parte de la Secretaría General del Sínodo, las comisiones y el grupo de expertos que se reunieron durante quince días en Frascati para redactar el texto. El concepto de «restitución» ha guiado su trabajo, ha subrayado Grech, para disipar cualquier duda de que haya habido añadidos o que se haya dado más espacio a un tema que a otro: «El Documento es una restitución fiel de las síntesis» enviadas por las distintas diócesis durante la fase consultiva. «El trabajo del grupo de expertos se caracterizó por la honestidad intelectual: no hay reflexiones teóricas sobre la sinodalidad, sino que se retoma la voz de las Iglesias.

Para todos nosotros fue una sorpresa escuchar cómo, a pesar de la diferencia de sensibilidades, el Santo Pueblo de Dios converge en el llamado a una profunda renovación de la Iglesia».

«El trabajo del grupo de expertos se caracterizó por la honestidad intelectual: no hay reflexiones teóricas sobre la sinodalidad, sino que se retoma la voz de las Iglesias»

Hambre de nueva confianza en la Iglesia

La respuesta fue amplia y participativa, destacaron los ponentes en la Oficina de Prensa del Vaticano: además de Grech, también el teólogo Piero Coda, el jesuita Giacomo Costa, la experta Anna Rowlands, y conectado a distancia desde Japón el cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general del Sínodo. A excepción de dos conferencias episcopales que no participaron en el proceso sinodal -«no sé por qué, creo que hay razones objetivas», dijo Grech-, todos los episcopados del mundo, algunos tras una resistencia o dificultades iniciales, enviaron sus respuestas. Y lo que se desprende de estas reacciones es que en todas las latitudes del mundo hay «hambre» de una nueva confianza en la Iglesia, en su capacidad de anunciar el Evangelio a «un mundo profundamente necesitado».

Abusos, tensiones, exclusiones

Rowlands: «Los informes dicen que hay aspectos de nuestras relaciones, de nuestra capacidad de auténtica unidad en la diversidad» que impiden «caminar juntos»

Sin embargo, las tensiones y las situaciones internas ponen a prueba la propia misión de la Iglesia. En primer lugar, el escándalo de los abusos por parte del clero, tal y como destaca el Documento y reitera hoy Rowlands, profesor de pensamiento y práctica social católica en la Universidad de Durham (Inglaterra).

En el texto de 45 páginas, en el que se recogen voces de Iglesias de EE.UU., Bolivia, Lesoto, Tierra Santa y muchas otras, se habla también de exclusión, clericalismo, discriminación y falta de escucha mutua. «Los informes dicen que hay aspectos de nuestras relaciones, de nuestra capacidad de auténtica unidad en la diversidad» que impiden «caminar juntos», dijo el profesor. Difícilmente podremos recuperar la confianza y la credibilidad «si no logramos ser nosotros mismos hermanos y hermanas, para sanar nuestras divisiones y sospechas mutuas».

Ampliar el espacio de la ‘tienda’

Lo que se necesita es ampliar el espacio de la «tienda», una imagen bíblica que recuerda el mandato del Señor al pueblo de Israel en el libro de Isaías, un concepto guía en la redacción del Documento para la etapa continental. Desde esta tienda muchas personas dicen sentirse excluidas, como leemos en el Documento, que también enumera algunas categorías de grupos y personas que hoy se sienten «exiliados» o «discriminados»: los jóvenes, las personas con discapacidad, los pobres, los divorciados vueltos a casar, los padres solteros, los miembros de la comunidad LGBT. Y sobre todo las mujeres, que «no exigen roles de poder» sino un reconocimiento de su propia presencia, en la sociedad y en la comunidad cristiana.

«Muchas personas dicen sentirse excluidas: Los jóvenes, las personas con discapacidad, los pobres, los divorciados vueltos a casar, los padres solteros, los miembros de la comunidad LGBT. Y sobre todo las mujeres»

Hollerich: quien excluye a otro tiene un problema con Dios

¿Existen límites en cuanto a quién puede entrar en esta «tienda»? ¿Hay quienes, incluso entre los católicos, quieren que esta tienda no se expanda? Estas fueron algunas de las preguntas planteadas al cardenal Hollerich en la conferencia. El arzobispo de Luxemburgo respondió:

«Habrá grupos sentados en la carpa que no están muy contentos de que algunos estén en un rincón. Sin embargo, todos están invitados a este espacio: «Todas las personas creadas y amadas por Dios. Todos… Nuestro amor no es tan grande como el de Dios. Así que creamos segregaciones».

Hollerich: «Mientras no haya forma de avanzar juntos, nadie puede estar cómodo, ni siquiera los que están dentro»

Recordemos, sin embargo, añadió el Cardenal, que «debemos mirar a cada persona como una persona amada por Dios… Cristo murió por cada persona en la cruz, así que si no soy capaz de dar espacio a esta persona en la tienda, tengo un problema con Dios».

«No se trata de poner y quitar», se hizo eco el padre Costa: «Son tantos los que se sienten exiliados en la Iglesia: desde los que querrían celebrar la misa con el rito preconciliar hasta los homosexuales. Mientras no haya forma de avanzar juntos, nadie puede estar cómodo, ni siquiera los que están dentro. Uno de los frutos de caminar juntos es darse cuenta de cómo crecer como Iglesia sinodal», añadió el jesuita.

Mayor presencia de mujeres, atractivo común

Entre una mención a la preocupación por la casa común, especialmente de «las comunidades que están acabando bajo el agua», y las críticas por la elección de utilizar una palabra como «discernimiento», definida por los periodistas de la sala como difícil de entender, el tema de las mujeres fue central en la rueda de prensa. De su papel y vocación, de su deseo de verse reconocidos y valorados. En el Documento, surge un llamamiento que se comparte en los distintos países. Sorprendentemente, los ponentes señalaron que estas cuestiones «se han planteado en todos los informes, es un tema común».

«El llamamiento es para que la Iglesia garantice que la mitad de la humanidad sea respetada y valorada»

La perspectiva es la de una «gran conversión», dijo Costa, subrayando «el deseo de las mujeres de tener a la Iglesia como aliada para poder llevar a cabo un reconocimiento de la dignidad en un sentido mucho más amplio en todas las sociedades en las que viven». El llamamiento es para que la Iglesia garantice «que la mitad de la humanidad sea respetada y valorada».