El Sínodo Iglesia Alemana

En marcha decidida el Synodale Weg de la Iglesia alemana

Redacción de Atrio

En una web hermana de aquí de ValenciaGrup Cristiá del Dissabte, se publica hoy una interesante información sobre algo muy importante: las propuestas ya aprobadas por la 3ª Asamblea del Camino Sinodal en Alemania, aprobadas incluso por la exigente mayoría de los dos tercios de los obispos participantes. No sé si esas propuestas irán a misa, pero si irán a la reunión definiva del Sinodo 2021-2023 convocado por Francisco. Hay partido! AD.

ALEMANIA: LA 3ª ASAMBLEA DEL CAMINO SINODAL HA SIDO UN ÉXITO. ¿REFORMAS A LA VISTA?

El Camino Sinodal de la Iglesia alemana empezó antes de que el papa Francisco convocase el proceso sinodal 2021-2023. Sin embargo se ha acomodado plenamente al calendario vaticano y, a pesar del parón por la pandemia, parece que tendrá el paquete de reformas aprobado según un reglamento bastante estricto para antes de otoño de 2023. Vale la pena seguir de cerca este proceso que puede ser importante para el resto de la Iglesia. Hoy presentamos esta crónica de la revista italiana Adista, nº 22/6, 19-2-2022.

La tercera asamblea del Camino Sinodal Alemán, celebrada en Fráncfort del 3 al 5 de febrero, fue juzgada unánimemente como “un gran éxito”: 215 participantes debatieron los temas candentes –desde una moral sexual moderna y transformada hasta una nueva valoración de la homosexualidad, desde la apertura de los ministerios sacramentales a las mujeres hasta la flexibilización de la obligación sacerdotal del celibato y una forma diferente de gestionar el poder– contenidos en 11 textos de acción, fruto del trabajo de los cuatro foros temáticos, que se presentará en Roma en 2023.

Un gran éxito es la definición que dio de la asamblea el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana y del Camino Sinodal, Mons. Georg Bätzing, en la rueda de prensa de clausura; las resoluciones actuales son sólo pasos intermedios, dijo, pero “no creamos principalmente textos, cambiamos las acciones concretas de la Iglesia”, dijo Bätzing, describiendo el ambiente como “lleno de confianza, sin miedo, marcado por una gran esperanza de que podemos cambiar la Iglesia”.

Y también la presidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) y del Camino Sinodal, Irme Stetter-Karp, que ya mira al futuro con impaciencia: “Espero que la cuarta asamblea sinodal adopte textos de acción con votos claros de los obispos”, dijo. El ritmo al que avanza el tema de las mujeres en la Iglesia católica es más lento de lo que muchas mujeres pueden soportar: “He vivido años en los que las mujeres han hecho posible la Iglesia a nivel local en las comunidades pero no han sido valoradas por nuestra Iglesia. No estoy dispuesta a seguir tolerando esto: el debate sobre el acceso a todos los cargos y ministerios me afecta, por tanto, muy personalmente”, dijo en la rueda de prensa posterior a la asamblea. “Los derechos humanos en la Iglesia sólo serán una realidad cuando haya justicia para todos los sexos, bendiciones para todos, participación de todos en las decisiones que afectan a todos”, dijo. Añadió que el Camino Sinodal había puesto en la agenda cambios que se esperaban desde hace décadas: “Hay que actuar aquí, nadie puede hacerlo por nosotros”.

¿Avanzar a toda velocidad con las reformas?

Con la tercera asamblea, las reformas parecen ser ahora más que una hipótesis. Los participantes aprobaron las primeras resoluciones vinculantes, aceptando dos textos básicos y un documento de acción en segunda lectura, y los enviaron a la fase de aplicación. La abrumadora mayoría de los miembros mostró su disposición a la reforma, lo que se reflejó en los resultados positivos de las votaciones, que suelen superar el 85%. En cuanto a la necesaria mayoría episcopal de dos tercios, condición incluida en los estatutos del Camino Sinodal por insistencia del Vaticano para “contener” las decisiones demasiado radicales, se consiguió en la votación, aunque con muy escasa ventaja. Hay que decir, sin embargo, que es probable que dos obispos conservadores, el cardenal de Colonia Rainer Maria Woelki, actualmente en un año sabático acordado con el Papa Francisco, y su obispo auxiliar Dominikus Schwaderlapp, vuelvan a estar entre los miembros sinodales en la próxima asamblea sinodal, por lo que la mayoría de dos tercios puede no alcanzarse en la cuarta asamblea que se celebrará en el próximo septiembre. Veintitrés votos en contra del episcopado son suficientes para bloquear las peticiones audaces, informó la agencia de noticias KNA. Sin embargo, la aprobación explícita de más de dos tercios de los obispos supondrá un “placet” difícil de ignorar desde Roma.

Las resoluciones aprobadas por la Asamblea del Sínodo tienen diferentes perspectivas de entrar en vigor, ya que muchos de los cambios deseados se refieren a prácticas sujetas a las normas eclesiásticas universales y simplemente no pueden tratarse de forma diferente en Alemania.

El papel de las mujeres

El texto sobre las mujeres en el ministerio sacramental afirma que “se iniciará un proceso transparente en la Iglesia católica, guiado por una comisión que continuará el trabajo del Camino Sinodal en Alemania de manera sostenible. Se creará una comisión para tratar exclusivamente la cuestión del ministerio sacramental de las personas de todo tipo. La excelencia científica y la solicitud espiritual en el sentido del anuncio del Evangelio cristiano deben ir de la mano”.

El texto se someterá de nuevo al foro de mujeres antes de ser presentado en una futura asamblea para su aprobación definitiva.

Elección de obispos

En cuanto a la elección de los obispos, la asamblea pidió un órgano de decisión de los laicos que, junto con el cabildo catedralicio de cada diócesis, presentara al Vaticano una lista de posibles candidatos a obispo. Los fieles deben poder participar en el nombramiento de los obispos, manteniendo los acuerdos existentes entre la Iglesia y el Estado. Que esto se inicie de inmediato depende de los respectivos cabildos catedralicios, que deberían comprometerse a limitar su propio poder y a implicar a los representantes de los laicos en la elaboración de la lista de candidatos a obispo y, en la medida de lo posible, en la elección del párroco; Bätzing prometió dar al cabildo de Limburgo un mandato inmediato para hacerlo. En cualquier caso, el tema figurará en el orden del día de la asamblea general de los obispos que se celebrará el mes próximo en Vierzehnheiligen.

Los 11 textos examinados por primera vez, y por tanto sometidos a nuevos debates, permanecen por el momento sin consecuencias concretas; se esperan decisiones vinculantes tras nuevas lecturas en las dos últimas asambleas sinodales, el próximo septiembre y en la primavera de 2023.

Entre ellas, la relativa a los derechos de los católicos LBGTQ, especialmente a la luz de la legislación laboral de la Iglesia, que deberá ser reformada para adaptarla a la legislación laboral antidiscriminatoria alemana; no requiere la aprobación del Vaticano. Probablemente el discurso más emotivo en este contexto fue el de Mara Klein, la única participante queer en la asamblea sinodal, que lamentó su incapacidad para trabajar en la Iglesia debido a su identidad de género. “Está en vuestras manos, queridos obispos. Puedes detener el dolor que me causa la actual legislación laboral”.

En cuanto a la “reevaluación magisterial de la homosexualidad”, el documento correspondiente fue aprobado por casi el noventa por ciento de los delegados. Gregor Podschun, presidente de la Federación de la Juventud Católica Alemana, organización que agrupa a 17 asociaciones juveniles católicas, dijo en la asamblea: “La Iglesia ha causado un gran sufrimiento a los homosexuales. Ahora estamos en un punto de inflexión y podemos cambiar esta situación. La Iglesia puede volver a acercarse a la gente.

Quién frena… y quién empuja

Según KNA, el obispo de Maguncia, Peter Kohlgraf, trató de frenar el entusiasmo y la impaciencia: “Yo sería un poco más cauto al respecto, porque la implicación de la Iglesia universal es siempre importante. Ya hay mucho que ganar si se abre la puerta al diálogo con la Iglesia universal. Tal vez sea demasiado optimista esperar que el resultado sea el gran avance para la situación actual, bastante desastrosa, de la Iglesia, pero estos son los primeros pasos”, añadió.

Y es precisamente la relación con el Vaticano el punto oscuro del Camino: dos años después del inicio del proceso sinodal, Roma aún no ha dado una señal clara de apoyo. Su más ferviente defensor, Mons. Bätzing, anunció que se había reunido con el Papa Francisco en enero y que estaba dialogando con Card. Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, con el fin de crear un grupo de discusión entre la secretaría del Sínodo y el comité ejecutivo del Camino Sinodal en Alemania.

El representante del Papa en Alemania, el nuncio Nikola Eterovic, dejó claro que se camina sobre hielo delgado. Al saludar a la asamblea, recordó que el Papa Francisco “es el punto de referencia y el centro de unidad para más de 1.300 millones de católicos en el mundo, de los cuales 22,6 millones viven en Alemania”, y que aunque a menudo habló de sinodalidad, advirtió contra “el parlamentarismo, el formalismo, el intelectualismo y el clericalismo”.

Sobre la cuestión del apoyo de Roma, Bätzing respondió en la rueda de prensa que “Roma no es la Iglesia universal” y que las reformas que se están debatiendo se presentarán en 2023 al Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad. El vicepresidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Franz-Josef Bode, de Osnabrück, uno de los más destacados defensores de los derechos de la mujer en la Iglesia y de la bendición de las parejas del mismo sexo, se mostró muy satisfecho: “Ahora tenemos la oportunidad única de presentar estas cuestiones al sínodo mundial”, dijo Bode tras la aprobación de los textos en la asamblea. “Debemos seguir nuestro camino con pragmatismo y sabiduría, con pasión y concreción al mismo tiempo, y avanzar”, subrayó. (ludovica eugenio)

EL SÍNODO Y EL CONCILIO DE JERUSALÉN

El amigo Santiago Villamayor encabeza su artículo sobre los falsos supuestos (los errores subyacentes) en el Documento Preparatorio del Sínodo con una cita sobre el llamado concilio de Jerusalén tomada del nº 23 de este documento (Atrio 28.01.22).

Creo que es un acierto de este documento, y de Santiago, el comparar la situación actual de la Iglesia con la situación planteada por Pablo y la comunidad de Jerusalén, que consideraba una infidelidad el incumplimiento de la Ley dada por Dios a Moisés.

Recomiendo a los interesados que lean los capítulos 10 y 15 del Libro de los Hechos de los Apóstoles y que se centren en el mensaje que Lucas quiere transmitirnos, aunque lo haya fabulado al estilo de la época como fabuló la venida del Espíritu en Pentecostés (que el evangelio de Juan narra con toda sencillez en Jn 20,22). Lo que Lucas presenta como visiones de ángeles que hablan podemos interpretarlo como ideas o imágenes que surgen en nuestra conciencia. Me arriesgaré a explicar este episodio en términos más actuales.

Pablo había experimentado que el peso de la Ley era el mayor inconveniente para que los paganos acogieran el mensaje salvador de Jesús, porque comprendió que este mensaje no se basaba en el esfuerzo humano de cumplir unas normas sino en la oferta gratuita del amor de Dios (que él formuló teológicamente como la fe en Jesús).

La Iglesia de Jerusalén, fiel al judaísmo, sentía que prescindir de la Ley de Moisés significaba romper la Alianza a la que Yahvé había condicionado la salvación. Hay que reconocer que no constaba claramente, ni a unos ni a otros, que Jesús hubiera renunciado a la Ley.

Sí constaba lo que había dicho que “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Esto puede resultar demasiado abstracto, pero Jesús lo concretó curando en sábado (aunque podría haber retrasado la curación para el día siguiente) y declarando  que no hay alimentos impuros sino que la impureza sale del corazón del hombre (Mc 7,14-23; Mt 15,10-20).

Sin embargo parece que Pedro no había entendido esta enseñanza tan explícita hasta que le ocurrió la visión citada en Hechos c.10, que le decía que comiera de aquellos animales (entonces recordó y reelaboró esta idea en su conciencia).

Marcos, el evangelio más radical, simboliza el rechazo del Templo y de la Ley en la parábola de la maldición de la higuera, que sería totalmente absurda si se toma al pie de la letra que Jesús maldijo a una higuera porque no le daba higos fuera de su tiempo (es muy ilustrativo comparar las versiones de Mc 11,12-5; 18,19; con Mt 21,18-21; y Lc 13,6-9). Sin embargo tanto Pedro como el apóstol Juan seguían subiendo al Templo “para la oración de media tarde” (Hechos 3,1).

En este conflicto entre Pablo y Santiago, entre las comunidades paganocristianas y judeocristianas, Lucas sitúa a Pedro como mediador. Pedro se siente impulsado por el Espíritu (por su conciencia iluminada por el Espíritu) a aceptar la llamada del centurión Cornelio, superando la prohibición de entrar en casa de una pagano; y al escucharlo reconoce “Ahora comprendo verdaderamente que Dios no es parcial, sino que acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea” (Hechos 10,34) y repite este testimonio en la asamblea de Jerusalén añadiendo “Pues ahora ¿por qué tentáis a Dios imponiendo al cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos sido capaces de soportar?” (Hechos 15,10).

Creo que estos textos, y otros que se podrían citar, nos muestran el difícil equilibrio en que se movió Jesús, y en el que se mueve hoy la Iglesia, entre la importancia del cumplimiento de unas normas tradicionales y la confianza en el amor gratuito e incondicional que Dios nos muestra, y que nos pide ejerzamos con nuestros hermanos.

Jesús no rechazó explícitamente la Ley de Moisés pero, prescindió de ella cuando le impedía actuar en beneficio de judíos o paganos y, según Marcos, murió repitiendo el salmo 22 (21) “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Para terminar esta comparación entre el Sínodo convocado por el Papa y el llamado concilio de Jerusalén, digamos que Santiago Villamayor se siente proféticamente movido como Pablo a reclamar una libertad ante las creencias y las leyes establecidas en la Iglesia; la curia clerical que acosa al Papa, interesadamente o de buena fe, ejerce el papel de Santiago que preside la comunidad de Jerusalén; y Francisco, como Pedro, trata de dar testimonio en favor de esta libertad proclamando una “Iglesia en salida” hacia toda la humanidad.

¿Cuál es nuestro papel? El Papa aconseja el discernimiento que cada uno debe ejercer para escuchar en su conciencia lo que el Espíritu le inspira a su comunidad y a él mismo, ya sea el mantenimiento de unas normas tradicionales o la superación de esas normas para acoger a otros hermanos, que buscan otros modos de comprender y vivir la Trascendencia.

Para Dios no hay acepción de personas, y Jesús puso como ejemplo al buen samaritano; y en la fe (confianza) de la mujer cananea (Mc 7,25-30) comprendió que la salvación (fraternidad) del Reino de Dios se extendía también a los paganos.     

La Iglesia no es el Reino, es un camino para extender el Proyecto de Jesús, el plan de Dios desde la creación, el Reino de la fraternidad universal

¿Marchar juntos?

El cuestionario propuesto para el Sínodo de la Sinodalidad consiste en los 10 puntos presentados en el Vademécum de la Secretaría General del Sínodo de Obispos. Leyéndolo, le viene a uno a la memoria lo que, según Mateo 18:20, decía Jesús: Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Según eso, ¿está Jesús en el Sínodo convocado? A primera vista parece que ni está ni se le espera. En el mencionado cuestionario no aparece ni una sola vez el nombre “Jesús”, o “Cristo”, o “el Señor”. Parece que no nos reunimos en su nombre. En cambio el término “Iglesia” aparece 16 veces, más otra en la que aparece con la expresión “Pueblo de Dios”, (como si no fuesen de Dios todos los pueblos).

Dije “a primera vista”, en el resto del Vademécum sí se menciona a Jesús de Nazaret y se ve que se le tiene como referente, pero en el conjunto del documento sigue teniendo más peso la atención que se dedica a la Iglesia que a Jesús y su mensaje. Menciona a Jesús 16 veces y a la Iglesia 682 veces. Parece que es un documento muy “eclesio-céntrico”, si se puede usar esa expresión. La Iglesia se preocupa mucho de su situación, de lo que le ocurre a ella misma. Al proyecto de Jesús casi no le nombra como “Reino de Dios” (3 menciones); prefiere referirse a él como la misión de la Iglesia (58 menciones). Ese término de misión resulta bastante ambiguo en este contexto pues no especifica su contenido; tan sólo una vez parece relacionarla con el “anuncio del Evangelio”, que también es bastante ambiguo, pues puede entenderse que la misión del anuncio del Evangelio queda cumplida con la predicación que se hace en los actos de culto.

Quede claro que no despreciamos o minusvaloramos las formas que la Iglesia habilitó para difundir el mensaje de Jesús de Nazaret: predicaciones, cursos de catecismo, enseñanza de religión en las escuelas, trabajo misionero… A fin de cuentas, lo que conocemos del Evangelio nos llegó por esas vías. No es tarea nuestra valorar la aportación de la Iglesia Católica y de otras iglesias cristianas a la construcción de Reino de los Cielos; ese juicio le corresponde a Dios. Lo que ocurre es que cuando se asume el mensaje evangélico ya nada es igual que antes; la llamada de Jesús a seguirle implica un compromiso de dedicación al establecimiento del Reino de Dios y su justicia. Vistas así las cosas, el problema no es si la Iglesia Católica y otras cristianas están perdiendo prestigio y clientela; el problema es constatar que los cristianos no estamos caminando en dirección a ese objetivo del Reino que Jesús quería instaurar. Las Iglesias no son un fin en sí mismas; son instrumentos para contribuir a la realización del proyecto de Jesús.

Y aquí viene lo de “caminar juntos”, que es lo que significa la palabra “sínodo”. Ese caminar tiene sentido sólo si se trata de ir hacia ese objetivo; pueden marchar juntos sólo los que van en la misma dirección y con el mismo destino. Entonces procede aclarar en qué consiste ese ideal que se persigue. Jesús definió el Reino de Cielos como una situación de fraternidad universal, que cada uno ame a los demás como a sí mismo. Esto excluye la opresión y la competencia: la opresión que genera el afán de dominio y la competencia mercantil que pone a los humanos en situación de buscar su propio provecho a costa de los demás. Y sobre la autoridad dijo que debería ser de servicio y no de dominio. Era consciente que su Reino no era como los de este mundo.

Y ¿qué ocurre hoy con relación a esa meta? El imperialismo actual no es menos opresivo que el de los romanos que Jesús conoció, y los actuales imperialismos gozan del apoyo de personas que se definen como cristianas. La desigualdad, las diferencias de clases y la explotación del hombre por el hombre no son hoy menores de lo que eran en la época de Jesús, y muchos que se dicen seguidores suyos están instalados en ese esquema social y procuran su perpetuación. La tiranía de las autoridades sobre los súbditos o gobernados sigue siendo una característica de las sociedades que conocemos, incluida nuestra Iglesia. La mitad femenina de la población mundial sigue estando postergada a los varones. Y sigue existiendo el rechazo a los inmigrantes, la discriminación de los diferentes… y muchos cristianos miran hacia otro lado, cuando no participan personal-mente en el abuso.

El problema es que tradicionalmente nuestra Iglesia fomentó ese tipo de actitudes anti-evangélicas. Hace pocas semanas se entrevistaba con el papa una ministra comunista del actual gobierno de coalición de izquierda de nuestro país. Desde el principal partido de la oposición de la derecha se calificó ese encuentro como “cumbre comunista”, dándole al término “comunista” el sentido peyorativo que le asigna la clase dominante y que desea que tenga para todos. Y el director de un diario de la derecha declaró que el Espíritu Santo se equivocó y los cardenales eligieron un candidato catastrófico. El director de otro diario de la misma tendencia política declaró: “Este Papa comunista es el anti-Papa, el representante del diablo en la Tierra”. Y hubo otras declaraciones similares de otros políticos de derechas. Es remarcable que todos ellos se definen como católicos y quizá fueron educados en colegios religiosos, y que si se atreven a expresarse así públicamente es porque saben que es, o puede ser, políticamente rentable, es decir, que existe en nuestro país una amplia masa de católicos que piensan que la misión de la Iglesia es combatir las ideas de la izquierda política a favor de la derecha, de la clase dominante.

Ese tipo de mentalidad no se genera repentinamente; fueron necesarios muchos siglos de tradición antisocial por parte de la jerarquía eclesial. Quienes se quejan de la actitud del actual papa es por que se acostumbraron a otros papas y otras jerarquías de la Iglesia que se posicionaron a favor de las clases dominantes y formaban parte de ellas. Quienes quieran avanzar hacia la realización del plan de Jesús, de un Reino distinto de los de este mundo, ¿pueden esperar que los acompañen aquellos que están bien instalados en los reinos de este mundo? El Evangelio nos habla de un joven rico que rehusó seguir a Jesús cuando comprendió lo que implicaba ese seguimiento. Es de temer que muchos catolicos, incluidos jerarcas eclesiásticos, que no sienten ningún deseo de emprender una marcha hacia una sociedad igualitaria, hacia un Reino distinto de los de este mundo, den la batalla, fuera y dentro de la Iglesia, para conservar esta sociedad de la desigualdad, del dominio de unos seres humanos sobre otros y de la discriminación de la mujer fuera y dentro de la Iglesia.

El análisis que aquí se hace sobre la temática sinodal se aleja deliberadamente del cuestionario que presenta el mencionado Vademécum. Si se entra por el cauce marcado por los 10 puntos de ese cuestionario, queda uno atrapado en el estudio de los problemas de la Iglesia tal como la Iglesia los percibe, y se abandona el estudio del principal problema, no de la Iglesia sino del mundo. El principal problema del mundo es que después de tanto tiempo aún no se implantó el Reino de Dios. No toda la culpa es de la Iglesia pero ésta tiene bastante responsabilidad en lo que ocurrió durante los últimos dos milenios.

La verdadera misión de la Iglesia es la de generar activistas plenamente volcados en hacer avanzar la sociedad hacia esa meta ideal. Lo que la Iglesia generó son: monjes, anacoretas, algún que otro místico, cruzados, inquisidores, un clero profesional encuadrado en una estructura jerárquica, una feligresía que piensa que el seguimiento de Jesús de Nazaret consiste en participar en los actos de culto, y lo peor del caso es haber servido durante mucho tiempo como aparato ideológico legitimador de los sistemas de dominación. Bueno, para ser justos hay que recordar que la Iglesia generó también misioneros, algunos tan dignos y encomiables como Ignacio Ellacurría, Segundo Montes, Gaspar García Laviana, las monjas estadounidenses asesinadas en El Salvador, los miles de catequistas salvadoreños asesinados, los maristas del Congo, Rutilio Grande, los teó-logos y teólogas de la liberación, la Madre Teresa de Calcuta y tantos otros y otras. Por eso decía antes que corresponde a Dios el juicio y la valoración global de personas e instituciones.

Lo que sí compete a nosotros es poner fin al acomodo de la Iglesia a los reinos de este mundo, promover, dentro y fuera de las iglesias, esas actitudes generosas de promoción social, de trabajo por hacer desaparecer la explotación y la injusticia, fomentar planes de colaboración humana en condiciones de igualdad, rechazando los clasismos y elitismos, predicando con el ejemplo para erradicar todo tipo de violencia, promover un sistema social justo e igualitario en el que la economía está al servicio de las personas y no a la inversa… en definitiva, volcarnos plenamente en hacer avanzar el proyecto de Jesús. Sólo a tal marcha se puede convocar a todo el mundo. Buscar sólo el Reino de Dios y su justicia y lo demás vendrá por añadidura.

Faustino Castaño, pertenece a los grupos de Redes Cristianas de Asturias

El laicado con la sinodalidad de fondo

Gabriel María Otalora 

El Concilio Vaticano II supuso un antes y un después para los laicos; sin embargo, no sé si es posible hablar de un único tipo de laico en la Iglesia. Existe un laicado tradicional configurado como una mayoría silenciosa, pasiva e inhibida a la vez, convencida de que no tiene mayores responsabilidades; convencimiento este alentado, durante mucho tiempo, por buena parte de la jerarquía eclesiástica. 

Existe también otro laicado, minoritario, pero cada vez más significativo que suspira por una implicación real y con una visión más integral del mandato evangélico. Son cristianos que intentan vivir su fe de forma adulta allí donde se encuentren procurando abrirse a las preguntas de la fe en su medio desde su voluntad para ser luz y fermento bajo el signo de la fraternidad. 

Pero tampoco es un laicado homogéneo, pues laicos comprometidos son también los que 
participan en los movimientos “neocon” y teocon”, los nuevos conservadores radicales que no descartan un choque de civilizaciones ante la necesidad de preservar al cultura occidental, con posiciones muy conservadoras donde la religión católica debiera jugar un papel de poder. Sin duda que hay admirar y copiar su celo y entusiasmo… pero poco más, ya que no parece que han interiorizado la gravedad del pecado estructural del materialismo en este caso capitalista, ni la peligrosa contradicción entre el mensaje y la práctica diaria que supone la perpetuación de una Iglesia poderosa y acomodaticia. 

En todo caso, el prototipo del laico actual es el de un cristiano desconcertado, inseguro y escéptico de su papel. Un laicado que añora la referencia de las virtudes teologales como los tres grifos de todas las demás virtudes: la fe (por inmadura), la esperanza (por descafeinada) y la caridad, que ya no es el principal signo por el que se nos reconoce a los cristianos. Como corresponde a un tiempo revuelto, los laicos no acabamos de encontrar nuestro sitio en una institución eclesial que se resiste a dejar atrás su lastre clericalista y, a la vez, mundano, en el sentido de mantener las cuotas de poder y de ostentación (Estado Vaticano, títulos y dignidades, carrera eclesiástica, etc.). 

Contradicciones e indiferencia que el Papa no deja de denunciar, por cierto. Parece como si a los dirigentes religiosos les preocupase más la obediencia a las normas que la fidelidad al mensaje con los hechos. La consecuencia práctica de este imperio de la ortodoxia es que unos pocos se han extralimitado en su función. Este afán por las normas más que por las personas ha tenido graves consecuencias incluso en la oración, marcada también por la rigidez de la ortodoxia del momento, que históricamente ha venido apostando por apuntalar una fe infantil más que por un crecimiento maduro y transformador del compromiso cristiano fruto de la experiencia de Dios. 

A esto habría que añadir el peso de la Tradición, confundida con frecuencia con 
costumbres mundanas y sociopolíticas con las que algunos han frenado cualquier avance liberador en la Iglesia. Y digo liberador en el sentido más evangélico del término, el que nos libera de nuestras cadenas a la manera de Pentecostés. Cuántas ataduras humanas de poder se han disfrazado de religiosidad parapetada tras “la Tradición”. Jesús fue muy claro aun en medio de la férrea tradición judía, aun más férrea que la nuestra. Respetó la tradición profética, los libros y los ritos sagrados, y hasta las normas existentes, pero lo supeditó todo al bien de las personas y a una relación más sincera con Dios, a quien presentó como un Padre cariñoso “lento a la cólera y rico en perdón” fijándose especialmente en los más necesitados, los preferentes del Evangelio, por cierto. 

Poco a poco, la organización de la Iglesia se ha convertido en algo más importante que la misión encomendada. “El sumo poder se ejerce bien cuando se dominan los vicios más que a los hermanos”, llegó a decir S. Gregorio Magno. “Quien debe presidir a todos, por todos debe ser elegido” (S. León Magno). “Lo que es de interés de todos, debe ser aprobado por todos”. (Derecho Romano). “Soy obispo para vosotros, pero ante todo soy cristiano con vosotros” (S. Agustín), etc. 

Todo empezó a estropearse con Constantino y cuando la Iglesia se organiza a la manera de los dirigentes de la sociedad civil (s. II-III), acaparando el clero todas las funciones de la Iglesia. Y con ello, la jerarquización, la carrera eclesiástica y los privilegios. El papel de la mujer desapareció, las religiosas quedaron “en tierra de nadie”. Los monjes del desierto y algunas nuevas órdenes fueron la primera denuncia de una Iglesia cada vez más unida al poder temporal. Las órdenes terceras fueron otro intento de purificar el mensaje, pero fueron obligadas en el Medioevo a tomar forma de orden religiosa (franciscanos, etc.). 

¿Dónde queda la función del pueblo sacerdotal, del laico, del Pueblo de Dios? La historia de la iglesia parece hecha por una minoría minoritaria. Individualismo, clericalismo, ortodoxia por encima de la praxis y tradición inmovilizadora, no dejan espacio al poder del Espíritu descuidando su compromiso en prácticas tan esencialmente evangélicas como la misericordia, la compasión, la humildad, la fraternidad o la importancia relativa de los bienes de este mundo (El problema del materialismo consumista nos ha pillado con el pie cambiado). 

Caminar dos mil años en la vida de la Iglesia ha traído desviaciones entre las cuales no es la menor asumir que la inmensa tarea pastoral depende casi únicamente del clérigo, o que el estado clerical suponía estar más cerca de la perfección cristiana, contradiciendo a los inicios de la tradición cristiana (donde la orden de las viudas, de las vírgenes, entre otras, eran órdenes laicales). 

Los laicos y laicas ha sido un categoría eclesial de segunda división que se nos ha definido más por lo que no somos (no-sacerdotes, no-religiosos y no-religiosas) que por lo que somos, sin ofrecer una identidad teológica a pesar de que todos somos iguales ante Dios con diferentes carismas. Hay que saltar hasta el Concilio Vaticano II para retomar el protagonismo del Pueblo de Dios en su sentido más amplio y sin seguidismos más que a la Palabra de Dios y al ejemplo de Cristo. Y ahora tenemos la gran oportunidad con la sinodalidad que impulsa Francisco. 

Como afirma Leonardo Boff, los laicos de hoy ya no aceptan una Iglesia autoritaria y triste, como si fuesen a su propio entierro. Pero están abiertos a Jesús, a su sueño divino y a los valores evangélicos porque la Iglesia existe para anunciar a la humanidad que Dios es amor; ésta es su razón de ser, su dicha y su identidad más profunda. Pocos conocen que existe un Día del Apostolado seglar (secular, de siglo, mundo…) que se celebra, qué casualidad, el día de Pentecostés, tal es la importancia real de esta fiesta en la Iglesia… 

En líneas generales, si preguntamos qué o quién es la Iglesia a alguien de fuera de ella, nos dirá que la Iglesia son el Papa y los obispos, los curas y los religiosos y religiosas. Ni siquiera Caritas. Sencillamente, para ellas los laicos no significan la Iglesia. 
El problema sigue siendo las funciones reales de los laicos, más ejecutores que “sujetos” de las decisiones. Pero tenemos derecho a esperar y a encontrar en la Iglesia institución lo que a todos nos gustaría: vivir más y mejor el gozo de la fe y el amor compartido que muestre al mundo la Buena Noticia, asociando Iglesia a liberación. Nuestra crisis resalta más cuando la realidad eclesial se percibe como que dificulta en ocasiones la comprensión y la acción en el complejo problema social, a la hora de aportar soluciones eficaces a los problemas actuales. Los “malos” no siempre están fuera de la Iglesia. 

Sin compromiso transformador a favor de un mundo más humano no hay Iglesia de Dios 
en la que nos reconozcan como Buena Noticia a la manera del Evangelio. Y no podemos 
ofrecer un mensaje creíble si nuestra imagen es la de una Iglesia encerrada en sus 
normas, ritos y cultos haciéndose fuerte en los templos. La consecuencia es la huída social porque ya no somos Noticia, estamos sin vigor salvador, alejados de un 
Pentecostés que tememos más que anhelamos. 

Voy acabando mi reflexión. Y lo hago recordando que los evangelios son los que marcan el papel del cristiano, sea laico, presbítero, obispo o Papa, hombre o mujer. Sin distinción en lo esencial. Y lo hacen desde la enseñanza y el ejemplo de Jesús a cada uno de nosotros, en su apuesta por el seguimiento de su mensaje. En este sentido, el teólogo católico Johann Baptist Metz, discípulo de Karl Rahner, afirmaba: “La primera mirada de de Jesús no se dirigía al pecado de los otros, sino a su sufrimiento”; y “el pecado era para Jesús negarse a tener compasión ante el sufrimiento de los otros”, cosa que el clericalismo centrado en sí mismo, al servicio de una institución poderosa, olvida frecuentemente, afirmo yo. 

La Iglesia, en fin, para ser creíble tiene que apoyarse en hechos, porque el hombre 
secularizado inmerso en la cultura de la imagen sólo entiende el lenguaje de los gestos coherentes. A nuestra Iglesia le vendría muy bien escuchar: “¿Habéis pescado algo después de estar trabajando toda la noche?”. Porque lo que es trabajar, se trabaja, pero la pregunta es si se hace en la dirección adecuada 

Entrevista a Cristina Inogés

Cristina Inogés: de la Iglesia sin consenso a la Iglesia sinodal 

La teóloga y miembro de la Comisión Metodológica de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos ha participado en una nueva edición de ‘Los jueves del ITVR’ 

Cristina Inogés

La teóloga Cristina Inogés Sanz, miembro de la Comisión Metodológica de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos –el cual lleva por tema ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’–, ha participado hoy en una nueva edición de los ‘Jueves del ITVR’, donde ha desgranado la raíz de este nuevo Sínodo y lo que supone para la Iglesia. 

Para ello, ha puesto de ejemplo el Sínodo sobre la vida consagrada celebrado en 1994. “Juan Pablo II, en el rezo del ángelus que siguió a la celebración de la eucaristía de apertura del mismo, habló de la vida consagrada como ‘una porción elegida del pueblo de Dios’”, ha señalado Inogés. “Han pasado 27 años desde la celebración de aquel Sínodo y 25 desde la publicación de Vita Consecrata, que es la exhortación fruto de ese Sínodo”, ha continuado, afirmando, además, que “25 o 27 años parecen muchos, pero en la Iglesia, acostumbrada a medir su tiempo en siglos, es nada. Absolutamente nada. Y, por eso llama la tención, lo que ha cambiado la forma de celebrar y vivir un Sínodo en tan poquísimo tiempo“. 

La primera diferencia: que aquel Sínodo “fue vertical”. Es decir, “todo venía decidido y hablado desde arriba y sí, se celebró un Sínodo, pero sin sinodalidad”. “¿Qué ha pasado en este tiempo?”, se ha preguntado Inogés. “Pues que la Iglesia se ha hundido. Benedicto XVI en un discurso empleó dos imágenes abrumadoras que fueron las de la Iglesia como ‘viña devastada por jabalíes’ y como ‘barca hundida’, pero nadie le hizo caso”. 

Asumir la sinodalidad 

“El Sínodo del 1994 es para una parte de la Iglesia donde todo se da sin consenso. No hay un diálogo fecundo”, ha explicado la teóloga. “El actual Sínodo es de y para toda la Iglesia, busca consenso, y es tan importante el tema que propone que, lo mismo que decimos que la ‘Iglesia es una, santa, católica y apostólica’, podemos decir que la ‘Iglesia es una, santa, católica y apostólica y sinodal’”, ha afirmado, convencida de que “es importantísimo asumir que la sinodalidad es parte constitutiva de la Iglesia” y no “un añadido de moda”.                   Asimismo, Inogés ha apuntado que “ese cierto aire de superioridad que se daba a esa ‘porción elegida del Pueblo de Dios’, como si las demás vocaciones laicales no fueran tan importantes en la Iglesia, tiene además que ver como uno de los temas básicos de ese Sínodo de 1994, es el tema de los votos y más concretamente, el voto de castidad“. Sin embargo, en el actual Sínodo, “no hay porción elegida del pueblo de Dios porque todos, todos, todos… La totalidad del pueblo de Dios, y aún esa parte del pueblo de Dios en la que nunca pensamos y a laque no echamos de menos, estamos llamados a participar para construir consensos”. 

Del mismo modo, Inogés ha concluido que “la diferencia entre un Sínodo y otro viene porque se ha hecho evidente que la Iglesia está institucionalmente fracturada, debido principalmente, a la crisis del abuso de poder que se ramifica en: abuso espiritual, abuso de conciencia, abuso sicológico, abuso laboral, y abuso sexual (entre otros) y este último en sus variantes de abuso sexual a niños, adultos vulnerables, y religiosas y no solamente en África”. Y, precisamente por todo esto, “es necesario este Sínodo. No un Sínodo más, sino este precisamente”. 

Las claves 

De esta manera, la teóloga ha procedido a dictar las claves fundamentales para este Sínodo y lo que ello implica para el futuro de esa Iglesia “católica, apostólica y sinodal”: 

  • Un cambio de actitud. “Para nosotros ese cambio de mentalidad va precedido de un deseo de conversión y de una conversión. Tanto a nivel personal como comunitario”, ha señalado. 
  • Escuchar de otra forma. O, en palabras de Rafael Luciani, “La Iglesia tiene que escuchar a todos, no solo a sí misma, a los de siempre”. “Con una escucha activa, con lo implica de ponerse en los zapatos de quién está hablando y entender su historia vital. Y escuchar a todos”, ha apuntado Inogés 
  • Romper inercias. “Tenemos que dejar de creernos el ombligo de la Iglesia, es decir, de nosotros mismos, del mundo”, ha afirmado, instando a “hablar con valentía porque nuestro silencio será un retroceder”. 
  • Preguntarse qué vida religiosa queremos.“Tenemos opciones. La cuestión es elegir el miedo que paraliza o la decisión de querer cambiar a mejor”. 
  • Ser o aparentar. Inogés ha animado a la vida religiosa a “volver a despertar y a recuperar su creatividad”. 
  • Generosidad. “Tenemos que recuperar la libertad de ser, porque desde esa libertad será posible hacer y actuar en libertad”, ha dicho. 
  • Equidad. “Hay un aspecto de la vivencia de la sinodalidad que se nos escapa algunas veces, y es la compasión. Y hay que vivirla sin explicarla mucho, sobre todo con aquellos que son más resistentes al cambio”, ha recordado Inogés. 
  • Alejados. La teóloga ha animado a “borrar distancias”. “Si me permitís en este punto, en el que soy particularmente sensible, en este Sínodo ya se ha dicho que no es un Sínodo para sacar documentos sino para hacerlo vida. Esto es muy importante. Y no significa que no se vaya a hace teología de y desde esta Sínodo. Significa que la teología que emane de este Sínodo, debe ser encarnada como toda buena teología, y en este caso, muy enraizada en los márgenes de la Iglesia e incluso fuera de esos márgenes”, ha explicado. 
  • Coherencia. “Hay que hablar sobre la realidad de las mujeres en la Iglesia, sí, por supuesto, pero, hay que actuar a favor de las mujeres”, ha dicho. “No como favor, o paternalismo, sino por coherencia evangélica”.                                               
  • Preguntarse ¿qué aportamos?. “Hay que tener mucho cuidado con los ‘desfondamientos’. Tener muy claro el presente no significa que lo vayamos a conseguir ya. El proceso de descubrir, de encajar, de aportar… lleva su tiempo. Aquí, el cuidado debe ser tomado como cuidado de atención y como cuidado con/para los otros”, ha apuntado Inogés.    

Consulta sinodal

 
¿Cómo se puede organizar la consulta sinodal en una parroquia? 

por Fernando Vidal  

La consulta sobre sinodalidad es en sí misma el comienzo de un nuevo camino para la mayoría de parroquias. Por distintas razones que el papa Francisco ha señalado, no es frecuente que haya costumbre de discernimiento comunitario con todo el Pueblo de Dios de las parroquias. Es un gran momento para aprender. 

En general, hay espacios incipientes para el discernimiento de toda la Iglesia local en una parroquia. Quizás se intenta que en los consejos pastorales estén presente una diversidad de voces y puede que una vez al año haya una asamblea de las personas que participan en los distintos grupos. Hay algunas relaciones estables con otras entidades del barrio, especialmente con el sector social a través de Cáritas. Con los católicos no practicantes y con personas no creyentes, los contactos suelen solo individuales y puntuales. Por lo tanto, este proceso de consulta es una excelente oportunidad para crear nuevos espacios de relación o mejorar los que están en estado incipiente o informal. 

Los manuales prácticos que se han elaborado sugieren que se celebren reuniones en los grupos ya formados, convocar una peregrinación, una actividad social o simplemente compartir una comida con los demás. La web oficial de la Santa Sede para el Sínodo propone también aplicar los excelentes y dinámicos materiales elaborados por la Diócesis de Palencia, con herramientas prácticas para niños, jóvenes, adultos, grupos y también para los animadores de la reflexión sinodal en las parroquias. Todo esto se puede descargar

Imaginando lo que es factible hacer en una parroquia normal, podrían existir, entre otras, las siguientes seis posibilidades que presentamos a modo de sugerencias. 

1. Cada semana una pregunta 

Hay un nivel de consulta general a los católicos que asisten a la eucaristía. Cada fin de semana, se puede hacer una pregunta breve en una cartulina que se reparta junto con bolígrafo o lápiz a todos los participantes en las misas durante un par de meses. Cada día una sola pregunta sencilla escogida entre las que incluye el documento del Sínodo. Incluso se pueden hacer tres preguntas que se entreguen aleatoriamente, de modo que cada fin de semana cada feligrés responde solamente una, pero se recogen respuestas para tres. 

2. Una encuesta 

Esa consulta se puede ampliar a todo el barrio mediante una encuesta. La encuesta se puede conseguir con encuestadores por la calle. Quedamos todos los parroquianos posibles un sábado por la mañana y se realizan encuestas por la calle. El cuestionario debe ser breve. Para que sean unos quince minutos de encuesta, hay que hacer, como mucho, diez preguntas abiertas o veinte preguntas en las que se den varias opciones para responder. 

Para que la encuesta recoja lo mejor posible a todo el barrio podemos procurar que el conjunto de respuestas tenga las siguientes proporciones: 1/5 deben ser respuestas de católicos practicantes, 2/5 de católicos no practicantes y otros 2/5 de otro tipo (no creyentes, sin religión, otras confesiones, etc.). Por sexo, mitad y mitad. Por edades, el 10% son niños y adolescentes menores de 15 años, el 25% de jóvenes (15-30 años), 40% de adultos (31-64 años) y otro 25% de 65 y más años. 

 Esas son las proporciones de toda España. Cada parroquia podría adaptarlo a su realidad demográfica. De este modo nos aproximaremos mejor a lo que piensa el conjunto. Seguramente no es estadísticamente representativa, pero nos acerca a la realidad. En todo caso, es una gran oportunidad para movilizar a la gente de la parroquia y escuchar amablemente a los vecinos (no entrar en debate con aquellos a quien se encuesta). 

Esa misma encuesta también se podría hacer un cuestionario en la web e ir consiguiendo gente que haga esas encuestas. Meteremos también ahí las encuestas que se hagan por la calle. Si falta de un grupo u otro, se va buscando gente para que se completen las proporciones. Es muy fácil confeccionar encuestas en Google y te da los resultados automáticamente

3. Grupos de conversación 

El Sínodo invita a una mirada que no solo sea interna a la Iglesia, sino a cómo caminamos con el conjunto de la comunidad humana. Para eso proponemos que se organicen “grupos de conversación” de seis personas dialogando durante una hora, en los que estén representados diferentes tipos de voces y organizaciones de nuestro territorio o barrio. A cada grupo se le plantearían cuatro o cinco preguntas abiertas para que dialogaran. Los siguientes grupos podrían representar el mapa de cada barrio:  

  1. Un grupo de adultos o mayores no creyentes. 
  1. Un grupo de católicos no practicantes, adultos o mayores. 
  1. Un grupo de jóvenes no practicantes o indiferentes. 
  1. Un grupo de responsables o activistas de organizaciones sociales, culturales, deportivas, etc. no confesionales del barrio. 
  1. Un grupo de creyentes de otras confesiones (musulmanes, hindúes, budistas, etc.) y otras denominaciones cristianas (Evangélicos, pentecostales, etc.). 
  1. Un grupo de educadores –creyentes o no– que viven en el barrio o enseñan en sus centros. 
  1. Un grupo de personas que inmigraron desde distintos continentes. 
  1. Un grupo de personas vulnerables a las que ayudan las distintas organizaciones o la parroquia. 

Obviamente, dependiendo de la situación de cada barrio y de la cantidad de gente capaz de organizar grupos, se pueden añadir otros perfiles o convocar más grupos. Es importante grabar las sesiones y luego hacer un resumen de lo dicho para poder pensarlo bien. Tendría que haber un equipo que se dedicara a organizar estos grupos, que uno o dos miembros de dicho equipo estuvieran presentes en cada grupo que se celebre e hiciera dos páginas de resumen de cada grupo. Los demás del equipo pueden escuchar las grabaciones y complementar el resumen. Ese resumen no juzga ni interpreta, sino que simplemente describe sintética y claramente lo que se dijo y cuáles fueron los consensos y divergencias que aparecieron. 

4. La asamblea parroquial 

La mejor opción es convocar a todos los que quieran participar de la parroquia, sea cual sea su grado de asistencia a la misma. Invitar a todos en las eucaristías, actividades y poner carteles. Si hay algún grupo descolgado de la parroquia, pero presente en el territorio, invitarlo también. De nuevo los materiales de la Diócesis de Palencia son una gran ayuda. Convocar una mañana de domingo. 

 Quizás para eso sea importante concentrar las eucaristías y dedicar una hora y media posteriormente a la reunión. Se podría hacer dos veces en todo el periodo de consulta. Tras una muy breve introducción de 10 minutos como máximo, organizar grupos infantiles, adolescentes y del resto (uniendo jóvenes y adultos). Habría que tener animadores grupales preparados para tantos grupos como haya, con los que haya habido una reunión preparatoria días antes. 

Lo más fácil es organizar la reunión en tres rondas. Plantear dos o tres preguntas a contestar en la primera ronda. En la segunda ronda, identificar cada uno qué aspectos le resuenan más –sin añadir nuevos aspectos-. En la tercera ronda identificar cuál sería la convergencia principal que hay entre todo lo escuchado. Tomar nota de todo y que cada animador haga una ficha por grupo. 

Si se logra hacer una segunda asamblea, se podría hacer un resumen (en una página) de lo que salió en la primera asamblea por grupos y trabajar de nuevo por grupos en tres rondas sobre esa página o bien introduciendo nuevas preguntas. 

5. Equipos, grupos y comunidades parroquiales 

Quizás es la consulta más fácil. Hay que poner mucho cuidado en no olvidar a ningún grupo o equipo (catequesis, comunidades, scouts, religiosos y religiosas que viven en el territorio parroquial, equipos de liturgia, Cáritas y otros grupos sociales católicas, etc.). Se pueden plantear en dos sesiones. El material de la Diócesis de Palencia está reamente muy bien para este nivel de consulta a grupos. 

6. Un grupo amplio de voces de grupos y equipos 

Además del trabajo de cada grupo y equipo, es importante constituir un grupo amplio donde estén presentes voces de todos los grupos, equipos y comunidades, con los que trabajar más a fondo todo el proceso, reflexionando lo recogido por todos los demás canales (grupos de conversación, encuesta, consultas en las eucaristías, etc.) y siguiendo todos los pasos que nos indican en las herramientas de la Diócesis de Palencia. Sería clave que ese grupo amplio contara con un guía espiritual que ayudara a seguir los pasos (y que se dedicara solamente a eso, sin intervenir más que para ayudar en el modo de proceder) 

Metodología de la etapa diocesana del Sínodo

Written by África de la Cruz Tomé 

Actualmente, los equipos sinodales diocesanos están diseñando los procedimientos y los materiales con los que se va a trabajar en las parroquias. Su objetivo es lograr una participación lo más amplia posible de toda la comunidad. Creyentes y no creyentes, practicantes e indiferentes, los de siempre y los de nunca, los de dentro y los de fuera. Lograr este objetivo es de máxima necesidad. El nivel de participación en este momento de consulta y escucha mutua y del Espíritu es de capital importancia. Por eso es un momento exigente y exige una planificación primorosa. Va de suyo que sin participación no hay sinodalidad posible. Para esta tarea, los equipos sinodales diocesanos cuentan con las directrices y materiales que la Secretaría General del Sínodo les ha facilitado. Pero ellos deben hacer las adaptaciones pertinentes a sus complementos circunstanciales. Los equipos diocesanos tienen que tener en mente que el diseño o metodología elegidos sirvan al propósito perseguido: facilitar el aprendizaje experiencial de una Iglesia sinodal. Aprendizaje activo, aprender a ser y a actuar de otro modo en la Iglesia actuando de otro modo. De la pasividad a la actividad, tomando iniciativas y responsabilidades. Aprender a ser y actuar sinodalmente “sinodeando”. 

Mientras llegan las propuestas y los materiales elaborados por los equipos diocesanos, nosotros podemos ir reflexionando sobre nuestras experiencias pasadas de participación y colaboración en nuestra parroquia y decidiendo el grado de implicación y asunción de responsabilidades que queremos asumir en este Sínodo. Para ayudarnos en estas tareas voy a presentar el resumen de la metodología propuesta por la Secretaría del Sínodo para esta fase del proceso sinodal. Para saber más podemos consultar en el Documento Preparatorio (página 31): La Sinodalidad en acción: Pistas para la consulta al pueblo de Dios y en el Vademecum (página 65) Metodología para el Proceso Sinodal Diocesano. Y para los que quieran saber todavía más pueden consultar en la página web de la Secretaria General del Sínodo (synod.va) la riqueza de materiales allí colgados. 

Pregunta fundamental de la consultaUna Iglesia sinodal, al anunciar el Evangelio, “camina junta”, ¿Cómo está sucediendo este “caminar juntos” hoy en su Iglesia local? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”. 

Al responder esta pregunta se nos invita a: Recordar nuestras experiencias de comunión, participación y misión compartida en nuestras parroquias y diócesis. Esta pregunta apela a la “sinodalidad vivida” en el pasado y apunta a nuestras propuestas de futuro. En segundo lugar, a releer estas experiencias en profundidad (analizando sus aspectos positivos y los negativos y lo aprendido con ellas). A partir de este análisis de lo vivido, escuchar lo que el Espíritu nos inspira para crecer, mejorar en sinodalidad parroquial y diocesana. En resumen: se trata de evaluar críticamente nuestra realidad actual y proponer caminos de mejora. 

A partir de la pregunta fundamental, el Vademecum, presenta diez temas o campos que ayudan a profundizar y concretar, un poco, la pregunta fundamentas de esta consulta sinodal. Sobre estos diez campos (no necesariamente sobre todos) los equipos diocesanos tienen que hacer preguntas cada vez más concretas y contextualizadas. Los Campos o temas ahora marcados son aspectos nucleares de nuestra vida comunitaria parroquial, diocesana y eclesial. Voy a hacer un pequeño comentario para “traducir” los títulos utilizados y clarificar un poco el contenido encerrado en ellos: 

1.- Compañeros de viaje. En la parroquia y en la sociedad, como seres sociales que somos por naturaleza, nos agrupamos, nos asociamos. No somos islas. En este tema se nos pide analizar y evaluar cómo son los grupos parroquiales, cómo funcionan y cómo podríamos mejorarlos. Categorías importantes de este análisis so: Inclusión-exclusión; Abiertos-cerrados. 

2.- Escucha. En esta fase de consulta para saber el pensar de los parroquianos, la escucha recíproca y al Espíritu es el primer paso. Todos tenemos algo que aprender de los otros y todos tenemos una experiencia que puede ser útil para los otros. La exigencia o criterio de medida de esta dimensión es: Escuchar con humildad en actitud de acogida universal y de respeto incondicional. A todos y siempre. 

3.- Hablar claro. Todos estamos invitados a participar en este Sínodo. Cuanto más amplia sea la participación mejor cumplirás este Sínodo su finalidad. Además de la cantidad aquí ahora hablamos de calidad de la participación. Todos tenemos algo valioso que aportar. El Espíritu habla a través de nosotros, de todos. Además de hablar claro, la calidad de la participación exige hablar con libertad, responsabilidad, verdad, valentía y caridad. 

4.-Celebración. El Sínodo es un proceso espiritual. Es el Espíritu de Dios el protagonista principal en todos los momentos de este Sínodo. La vida espiritual de la comunidad parroquial y diocesana se alimenta de la escucha de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y el compromiso social compartido. Celebrar es recordar la acción del Espíritu de Dios en la Historia y en nuestra vida personal y comunitaria. Recordar y Vivir. En este campo se nos pide revisar nuestra oración comunitaria y nuestra celebraciones litúrgicas. Reflexionar para revitalizar. 

5.- Compartir la responsabilidad de nuestra misión común. La misión de la Iglesia es evangelizar, hacer discípulos-seguidores de Jesús y continuadores de su proyecto: el Reinado de Dios en la tierra. Esta es la misión de todos los bautizados. A ella estamos convocados todos según nuestra vocación, capacidad y formación. En este punto tendremos que analizar las oportunidades de participación que hoy se dan y pensar en las que sería oportuno pedir. Si la misión es común la responsabilidad debe ser corresponsabilidad compartida. 

6.-El diálogo en la Iglesia y en la sociedad. El Papa Francisco nos pide, constantemente, apertura, diálogo, compartir, comunicar. Iglesia en salida y con transparencia, con humildad y sencillez. Diálogo ad intra y ad extra. Entre nosotros y con la gente de fuera, con la cultura, la política, los intelectuales, la Ciencia, los medios de comunicación, los alejados, las periferias. Nos pide construir puentes y derribar muros. Muros de incomunicación, repliegue y ausencia. 

7.- Ecumenismo. El diálogo entre cristianos bautizados de diferentes confesiones y el diálogo con creyentes de otros credos y religiones forma parte de la sinodalidad a la que en futuro caminamos. En el hoy debemos analizar el estado de la cuestión a nivel personal y comunitario. Con la esperanza de que de ese análisis puedan salir propuestas de mejora de las relaciones entre creyentes, mejores en la común-unión y espiritualidad. El mundo nos necesita. 

8.- Autoridad y participación. Una Iglesia sinodal es participativa y corresponsable. Este aserto es contradictorio con el ejercicio de la autoridad tal como lo sufrimos hoy en la Iglesia en todos sus estamentos. Frente al autoritarismo (aquí mando yo y tu obedeces o te marchas) los signos de los tiempos y las Ciencias Sociales van en la dirección contraria: la libertad de la persona, su autonomía y responsabilidad son los valores dominantes sobre los que se organiza la convivencia humana. El ejercicio de la autoridad compartida, el trabajo en equipo, el reparto de responsabilidades, la participación en el proceso de toma de decisiones, ejecución y rendimiento de cuentas son exigencias coherentes con los tiempos que nos toca vivir. En este tema y el siguiente la Iglesia, todos tenemos mucho que aprender, 

9.- Discernir y decidir. Todo lo dicho en el apartado anterior es pertinente a éste. Porque el discernir y decidir son tareas, entre otras, que visibilizan y concretizan el ejercicio de la autoridad y la participación. Discernir para decidir. Es muy importante la participación de todos en todos los momentos del proceso de decisión: Todos analizando, discerniendo, making y taking las decisiones. Porque sobre lo que a todos incumbe, todos tiene que decidir. En este campo, en un proceso sinodal, de escucha recíproca de todos y todos al Espíritu, hay que discernir entre todos lo que el Espíritu, a través de toda la comunidad, inspiras. El Espíritu no sopla en el aire, sopla en todos los corazones. 

10.- Formación en la Sinodalidad. La sinodalidad implica una conversión personal y estructural. La sinodalidad es un modo de ser y actuar. Todo cambio de mentalidad e institucional exige una actitud positiva al cambio, una formación específica y aprendizaje continuado. No se nos regala. La sinodalidad se aprende con motivación y entrenamiento. Por su naturaleza, exige un aprendizaje activo. Aprender a hacer haciendo. A ser sinodal se aprende ejercitando, actuando sinodalmente. Participar, desde el principio, en las actividades programadas para esta primer a etapa diocesana es una buena ocasión de aprender a ser más sinodales. 

Espero que estas aclaraciones sobre los diez campos o temas que desarrollan y concretizan un poco la Pregunta Fundamental nos ayuden a reflexionar sobre lo que se nos pide en este Sínodo y nos motiven a participar con entusiasmo y pasión en él. 

En la próxima “entrega” seleccionaré, entre las variadas propuestas de preguntas específicas para los diez temas señalados, algunos ejemplos que nos ayuden a saber qué podemos hacer nosotros en este momento del Sínodo sobre Sinodalidad. 

Nathalie Becquart habla sobre la sinodalidad 

 “Ayudemos a que se escuche la voz de los pobres en el Sínodo” 

“El espíritu de la sinodalidad sopla en todo el mundo”, reconoce la subsecretaria del Sínodo de los Obispos 
La religiosa reflexiona sobre sinodalidad en este amplía entrevista previa a la apertura del proceso sinodal 
Nathalie Becquart

Nathalie Becquart. Hasta el pasado 6 de febrero su nombre era desconocido para el gran público. En ese momento, el papa Francisco le sacó del anonimato. Una mujer –y religiosa– subsecretaria del Sínodo de los Obispos. La misionera de Cristo Jesús (javeriana) francesa es la encargada, junto al agustino español Luis Marín de San Martín, de cuidar del buen funcionamiento de este departamento vaticano bajo la guía del cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo desde el año pasado. 

Becquart es una vocación tardía. En 1992 se graduó en empresariales en la Escuela de Estudios superiores de Comercio (Francia). Sin embargo, tras un voluntariado en Líbano y dos años como consultora en marketing y comunicación, optó por la Vida Consagrada. Luego estudió teología en el Centre Sèvres, la facultad jesuita de París. Se formó en sociología en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. 

Su vocación no se entiende sin los jóvenes, a los que ha estado dedicada durante una década en la Conferencia Episcopal Francesa. Su pasión por los jóvenes la comparte con el mar, pues es regatista. De hecho, durante años ha organizado regatas y cruceros para estudiantes como medio para acercarles a Jesús de Nazaret, así como retiros en alta mar llamados Vida de mar, entrada en la oración. 

Aunque ella huye de todo protagonismo, la realidad es que esta religiosa de 52 años hará historia en octubre de 2023, pues se convertirá en la primera mujer –si no hay más sorpresas en estos dos años de camino sinodal– con derecho a voto en un Sínodo. Una entre las 660.000 religiosas del planeta… 

Con su nombramiento, Jorge Mario Bergoglio continuaba con su impulso femenino, insertando cada vez a más mujeres en puestos de responsabilidad en la Curia, como lo hizo con Francesca di Giovanni, subsecretaria en la Sección para las Relaciones con los Estados de Secretaría de Estado en 2020 o, más recientemente, con la salesiana Alessandra Smerilli, quien es secretaria interina del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. 

PREGUNTA.- ¿Cree que la Vida Religiosa, desde su esencia de apostar por la vida comunitaria, puede ofrecer una visión enriquecida de lo que es llevar la sinodalidad en la convivencia cotidiana y la toma de decisión en la Iglesia? 

RESPUESTA.- Sí, hace tiempo que estoy convencida de que la Vida Religiosa tiene un papel especial e importante en la promoción de la sinodalidad y en ayudar a toda la Iglesia a vivir esta necesaria conversión sinodal que es la llamada de Dios para la Iglesia del tercer milenio. 

En virtud de su larga experiencia de vida comunitaria, de discernimiento en común, de sus instancias de deliberación y decisión como los capítulos y los consejos, la Vida Religiosa tiene una experiencia muy concreta de este “caminar juntos” que es la sinodalidad vivida como proceso espiritual. Por eso, debe compartirlo hoy con toda la Iglesia y contribuir a la formación en el discernimiento personal y comunitario necesario para vivir la sinodalidad a todos los niveles. 

Además, como hemos subrayado especialmente en el Documento Preparatorio y en el Vademécum, la sinodalidad, que implica que todos sean escuchados e implicados, nos invita a prestar especial atención a los más pobres, a los más pequeños, a los que están en la periferia. Debe fomentar la participación de todos y, en particular, dar voz a los que no la tienen. Las directrices propuestas para la consulta sinodal nos invitan, por ejemplo, a preguntarnos “¿cuál es el lugar de la voz de las minorías, de los marginados, de los excluidos?”. 

Ahora bien, la Vida Religiosa, como sabemos, tiene en su ADN la presencia entre los más pobres. Y es bueno ver que hoy en día se desarrollan proyectos intercongregacionales para llegar y acompañar a las personas en dificultad de una manera creativa y profética. Por lo tanto, la Vida Religiosa también debe prestar especial atención a los más pobres en el proceso sinodal y ayudar a construir puentes para llegar a ellos, escucharlos y hacer que se escuche su voz. 

Caminar juntos 

P.- Usted, por ejemplo, ¿cómo va a preparar el Sínodo en su comunidad? ¿Y en su congregación? 

R.- Para celebrar nuestros 100 años de fundación, este verano mi congregación organizó un encuentro-peregrinación a Lourdes con todos los javerianos, nuestras familias, amigos… y en el programa hubo un momento para hablar de la sinodalidad. Además, la preparación de este gran encuentro se hizo de forma muy sinodal, implicando a todos los javerianos, pero también a otros, a los laicos asociados, a los jesuitas, a los jóvenes, etc. 

También hemos enviado ya el Documento Preparatorio y el Vademécum a todas las comunidades javerianas. Se anima a todos, al igual que a todas las personas consagradas, a implicarse especialmente en la fase diocesana de escucha y discernimiento con la que se abre este proceso sinodal el 17 de octubre. 

Nuestra superiora general, como representante de la CORREF (Conferencia de Religiosos de Francia), forma parte de un grupo de trabajo sobre la sinodalidad en el marco de una iniciativa muy interesante en Francia llamada Promesas de la Iglesia. Esta reúne a los responsables de una gran diversidad de organizaciones católicas (Cáritas, comunidades religiosas, movimientos de scouts y de acción católica, y otras comunidades) y en ella participan también dos obispos. 

Así que somos especialmente conscientes de la sinodalidad. Lo que espero para mi comunidad, como para otras comunidades religiosas, es que podamos participar en la consulta sinodal, hacer oír nuestra voz, y también vivir un proceso sinodal en intercongregacionalidad a diferentes niveles a través de los encuentros diocesanos de Vida Consagrada, y las conferencias nacionales y continentales de religiosos. 

También acoger para nosotros esta invitación del proceso sinodal centrada en una cuestión fundamental: “¿Cómo se realiza hoy, a diferentes niveles (desde el local al universal), este ‘caminar juntos’ que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo con la misión que se le ha confiado; y qué otros pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer como Iglesia sinodal?”. 

Al igual que las parroquias y otras comunidades cristianas, tenemos que releer lo que ya estamos viviendo en esta dinámica sinodal, pero también identificar y nombrar los lugares de conversión que hay que vivir, los pasos ulteriores que hay que dar. Sabemos que la Vida Consagrada no está exenta de derivas autoritarias y clericales que conducen a todo tipo de abusos. 

También tenemos que crecer y avanzar para poner en práctica esta escucha y participación de todos a todos los niveles. La cuestión del ejercicio de la autoridad y la corresponsabilidad también nos preocupa. 

P.- El cardenal Grech envió una carta a todas las comunidades contemplativas. ¿Cómo pueden ayudar en este proceso sinodal? 

R.- En primer lugar a través de la oración, todo sínodo comienza y termina con una celebración litúrgica, todo proceso sinodal es un proceso espiritual que debe estar enraizado en la oración, en la escucha de la palabra de Dios. Además, al comienzo de cada sínodo o concilio, se presenta solemnemente el Libro de la Palabra de Dios. 

Los monasterios son un pulmón espiritual privilegiado para la Iglesia, contamos con su oración para el Sínodo, con su intercesión para que todos estemos realmente a la escucha del Espíritu Santo. También pueden ayudar a muchos cristianos a descubrir más sobre cómo orar, cómo meditar la Palabra de Dios, cómo releer y discernir la presencia del Espíritu. Y como todos los bautizados, forman parte del Pueblo de Dios y están llamados a participar en la consulta sinodal, a ser actores de este proceso. 

La llamada de Dios para el tercer milenio 

P.- ¿Está la Iglesia universal preparada para la sinodalidad? 

R.- La Iglesia universal es muy diversa, cada Iglesia local tiene su propia historia, su propia cultura, su propia experiencia de sinodalidad, más o menos fuerte. La sinodalidad supone siempre un modo de proceder inculturado. Algunos países, como Francia, por ejemplo, han tenido muchos sínodos diocesanos y, por tanto, ya tienen una base sinodal bastante sólida, mientras que otros aún no la han experimentado. 

América Latina, con su experiencia de recepción del Concilio Vaticano II a través de las conferencias del CELAM (Puebla, Aparecida…) y hoy su preparación de la Asamblea Eclesial Latinoamericana, está ya en camino de repensar sus estructuras y su misión en términos de “clave sinodal” y está realizando un gran trabajo de formación en sinodalidad. En otros países, la noción de sinodalidad es todavía poco conocida y aplicada. Pero sean cuales sean los puntos de partida, no cabe duda de que existe una creciente conciencia de la llamada a convertirse en una Iglesia sinodal. 

Los recientes Sínodos sobre los jóvenes y la Amazonía han puesto de relieve especialmente el reto de la sinodalidad como forma de transmitir la fe hoy. Y la creciente conciencia de la crisis de los abusos en la Iglesia como un problema sistémico pone de relieve este desafío de la sinodalidad. En este sentido, la visión de la Iglesia sinodal puede verse como la salida del clericalismo que ha llevado a la posibilidad de tantos abusos. 

El papa Francisco lo expresa muy bien: “La sinodalidad es el modo de ser Iglesia hoy según la voluntad de Dios en una dinámica de escucha y discernimiento del Espíritu Santo”. El Documento Preparatorio, después de una lectura de los signos de los tiempos, que subraya algunos aspectos importantes del contexto histórico en el que vivimos, marcado por grandes cambios, subraya esta fuerte perspectiva en el n°9: “En este contexto, la sinodalidad constituye la vía real para la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu y gracias a la escucha de la Palabra”. 

Desde mayo, junto con el cardenal Mario Grech y Luis Marín de San Martín, hemos dialogado con todas las conferencias episcopales del mundo a través de encuentros de zoom organizados por lenguas y continentes, y puedo dar fe de que el espíritu de la sinodalidad sopla en todo el mundo. Si realmente creemos que la sinodalidad es la llamada de Dios para la Iglesia del tercer milenio, podemos creer que el Espíritu Santo guiará a toda la Iglesia por este camino, porque Dios siempre da la gracia de aquello a lo que llama. 

P.- La propuesta inédita hecha por el Vaticano de cara al próximo Sínodo de los Obispos, además de basarse en la escucha del pueblo de Dios, cambia el paradigma para que el Sínodo pase de ser un evento a ser un proceso. ¿En qué ha ayudado el Sínodo de la Amazonía? 

R.- Este cambio viene determinado por la nueva constitución sobre el Sínodo de los Obispos, Episcopalis Communio, publicada en septiembre de 2018, poco antes de la Asamblea General del Sínodo sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional (octubre 2018). Realmente introduce este cambio de la concepción anterior del sínodo como un evento que reunía a los obispos en Roma a la novedad del sínodo como un proceso de varias etapas que integra una primera fase de preparación, la fase de celebración en Roma, pero también la importantísima fase de ejecución (cf Episcopalis Communio §4). 

Así, “el proceso sinodal tiene no solo un punto de partida, sino también un punto de llegada en el Pueblo de Dios, sobre el que, a través de la reunión de la Asamblea de Pastores, deben derramarse los dones de gracia concedidos por el Espíritu Santo” (EC7). 

Los dos sínodos sobre la familia, con un cuestionario propuesto en todas las diócesis, ya habían buscado ampliar la consulta, luego la preparación del Sínodo sobre los jóvenes, además de un cuestionario multilingüe en línea dirigido directamente a los jóvenes de todo el mundo como complemento al proceso de consulta en las diócesis y otras realidades eclesiales, introdujo la novedad del presínodo sobre los jóvenes en Roma en marzo de 2018, cuyo Documento Final contribuyó en gran medida a la elaboración del Documento de Trabajo (Instrumentum laboris). 

A continuación, el Sínodo sobre la Amazonía desarrolló esta dinámica de reuniones presinodales registradas por Episcopalis Communio, organizando en particular numerosos encuentros de escucha con las poblaciones indígenas de la Amazonía. Así podemos ver cómo el proceso sinodal evoluciona y se enriquece de un sínodo a otro, porque estamos en una fase de “reaprendizaje” de la sinodalidad. 

El próximo Sínodo tiene el claro objetivo de continuar este proceso de aprendizaje de la sinodalidad proponiendo una experiencia concreta de sinodalidad que involucre toda la diversidad del pueblo de Dios. Por ello, la primera fase en las diócesis y conferencias episcopales es realmente fundamental. Tenemos que pensar que el 9 de octubre en Roma y el 17 de octubre en las diócesis ya estamos entrando en el Sínodo. Todo el proceso, desde el principio, forma parte ya, en cierto modo, del Sínodo. 

Sínodo 2023: vivencia en España

Así se desarrolla en España la fase diocesana del Sínodo de 2023 

En octubre de 2023 tendrá lugar en Roma la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos, una reunión convocada por el papa Francisco para abordar el tema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. 

Si bien este tipo de Asambleas Sinodales se han celebrado desde 1974 y son habituales, esta próxima de 2023 ha despertado una expectación inusitada en la Iglesia universal. ¿La razón? La petición expresa e insistente del papa Francisco para que la reflexión sinodal no sea solo una reunión de obispos con el Papa, sino que todos los miembros de la Iglesia: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, familias, centros educativos, institutos de vida consagrada, hombres, mujeres, adultos, jóvenes… en definitiva, todos los bautizados tengan voz y sean escuchados[LEER: Qué es el Sínodo de 2023, por qué es novedoso y cómo se va a desarrollar] 

Para ello, el Papa ha diseñado un proceso en tres fases que durará dos años en total: la primera será la fase diocesana (octubre 2021-abril 2022), después la fase continental (septiembre 2022-marzo 2023) y por último la fase celebrativa, que será la propia Asamblea sinodal (octubre de 2023). 

¿Cómo va a participar la Iglesia en España en el Sínodo de 2021-2023? 

1. Equipo sinodal de la CEE 

2. Primera reunión entre el equipo de la CEE y los responsables diocesanos 

3. Los responsables diocesanos 

4. El Sínodo en las parroquias y comunidades 

5. El Documento Preparatorio 

6. El papel de la CEE 

7. La apertura del Sínodo en las diócesis españolas 

8. Jornada de Apostolado Seglar 

9. Página web para seguir el Sínodo de 2023 en España 

10. Participantes españoles en el Sínodo de 2023 

11. Todas las noticias sobre el Sínodo 

1. El equipo sinodal de la CEE 

La Secretaría General del Sínodo ha previsto que cada Conferencia Episcopal cree un equipo de trabajo para apoyar las fases diocesana y continental. Sus funciones son coordinar los trabajos de las diócesis y servir de enlace entre estas y la Secretaría General del Sínodo. 

En España, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha constituido un equipo sinodal formado por ocho miembros: el director-coordinador (elegido por la Asamblea Plenaria de la CEE) y el resto de integrantes, designados por la Comisión Ejecutiva de la CEE según los criterios trazados por la Secretaría del Sínodo, que invita a una presencia de las diversas vocaciones de la Iglesia. 

Los integrantes del equipo sinodal de la CEE son: 

  • Vicente Jiménez Zamora, arzobispo emérito de Zaragoza, como coordinador del equipo sinodal. 
  • Luis Argüello, secretario general de la CEE y obispo auxiliar de Valladolid. 
  • Isaac Martín, laico de la Archidiócesis de Toledo. 
  • Olalla Rodríguez, laica de la Renovación Carismática Católica. 
  • Dolores García, presidenta del Foro de Laicos. 
  • Luis Manuel Romero, sacerdote, director del secretariado de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida (antes Apostolado Seglar). 
  • María José Tuñón, ACI, religiosa de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, directora del secretariado de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. 
  • Josetxo Vera, sacerdote y director del secretariado de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales. 

El equipo se reunió por primera vez el 16 de septiembre de 2021, y entre otras cosas, se abordó de qué manera se iba a ayudar a las diócesis españolas para la fase diocesana del Sínodo. 

La segunda reunión tuvo lugar el 5 de octubre, esta vez ya con los responsables sinodales en cada diócesis. 

2. Primera reunión entre el equipo de la CEE y los responsables diocesanos 

El equipo sinodal de la CEE y los responsables de la fase sinodal en cada una de las diócesis se reunieron el 5 de octubre. Era la primera vez que se ponían cara, justo antes de la apertura del Sínodo en Roma. 

En ella, el obispo Vicente Jiménez Zamora presentó la hoja de ruta del Sínodo: habló de este “kairós” de la Iglesia universal y también de la Iglesia española, una oportunidad que hay que acoger “desde la docilidad y la escucha del Espíritu Santo. Iniciamos un proceso, un camino, y la sinodalidad es el elemento que debe marcar el modo de ser en la Iglesia”. 

Jiménez insistió en que la consulta en esta fase tiene que ser verdadera, real y profunda, sin excluir a nadie e incluso incorporando a los que se sienten alejados de la Iglesia: “Lo importante no es responder a un cuestionario, sino tener experiencia de sinodalidad, de caminar juntos”. 

3. Los responsables diocesanos 

En España hay 69 diócesis más la Castrense (que no es una demarcación territorial, sino el Arzobispado que presta asistencia espiritual a los militares españoles allí donde estén). En todas ellas ya hay un responsable o equipo específico encargado de aterrizar los trabajos sinodales, si bien la comunicación y difusión de esta petición del Papa está siendo diversa. 

Cada responsable diocesano será el punto de referencia de las parroquias y otros grupos de la diócesis para iniciar los trabajos y para recoger sus contribuciones; será la persona de contacto principal del obispo en cuanto al proceso sinodal; y servirá de enlace entre su diócesis y el equipo de la CEE. 

Entre otras cosas, el responsable debe ofrecer formación y acompañamiento para facilitar la consulta, usando todos los recursos a su alcance: talleres, seminarios, webinars, vídeos, materiales e incluso apoyo personal. La finalidad es ayudar a parroquias y comunidades a que comprendan el significado de la sinodalidad y los objetivos del actual proceso sinodal. 

Al finalizar las consultas locales, el responsable diocesano supervisará la organización de la reunión presinodal diocesana, analizará y sintetizará todas las aportaciones recogidas y enviará su informe a la CEE. 

4. El Sínodo en las parroquias y comunidades 

Todas las parroquias están invitadas a participar en el proceso de consulta, organizando encuentros a nivel local, uniéndose a otras parroquias si lo consideran oportuno, fomentando un espíritu de fraternidad, corresponsabilidad y participación plena y activa. 

¿Quién puede participar en estos trabajos? Están invitados todos: sacerdotes, personas consagradas, laicos, hombres, mujeres, niños, jóvenes, solteros, matrimonios, familias, ancianos, personas de cualquier condición social y cualquier origen cultural, también los alejados de la fe, los creyentes de otras confesiones cristianas y de otras religiones, e incluso las personas que viven en la comunidad local pero que no tengan ninguna relación con la parroquia. 

Y no solo las parroquias. En este Sínodo pueden participar los movimientos, asociaciones, organismos y comunidades eclesiales que lo deseen, realizando sus propias consultas o trabajando con las parroquias si quieren. 

Las parroquias y comunidades pueden nombrar a su propia persona o equipo de contacto, pueden reunirse las veces que hagan falta, pueden tomar nota de las reuniones o grabarlas o facilitar el intercambio de ideas vía Internet, tienen que establecer el plazo y forma en que harán llegar sus conclusiones al responsable diocesano, y deben fomentar las reuniones a posteriori, para realizar un seguimiento de las aportaciones y discernir los siguiente pasos para integrar la sinodalidad a nivel local. 

Esta consulta terminará con una reunión presinodal, que será el momento culminante del discernimiento. 

5. El Documento Preparatorio 

La Secretaría General del Sínodo ha elaborado varios materiales que ha enviado a las Conferencias Episcopales para que las Iglesias particulares empiecen a trabajar el Sínodo. 

Por una parte, está el Documento Preparatorio, una herramienta para animar esta primera fase de escucha y consulta en las parroquias y comunidades. Por otra, el Vademécum, una especie de manual que ofrece apoyo práctico a los equipos diocesanos para preparar y reunir al Pueblo de Dios y que incluye oraciones, fuentes litúrgicas y bíblicas, ejemplos de ejercicios sinodales anteriores y un glosario de términos del proceso sinodal. 

Ambos textos han sido enviados a todas las diócesis, Conferencias Episcopales, dicasterios de la Curia romana, Unión de Superiores Generales, Unión de Superioras Mayores, otras uniones y federaciones de Vida Consagrada, movimientos de laicos y Universidades y Facultades de Teología. 

6. El papel de la CEE 

La Conferencia Episcopal Española (como todas las Conferencias Episcopales) ha designado al equipo sinodal que coordina el trabajo de las diócesis y que sirve de enlace con la Secretaría General del Sínodo. 

Cuando todas las diócesis españoles celebren sus asambleas presinodales, redacten y envíen sus conclusiones, el equipo sinodal liderado por Vicente Jiménez elaborará una síntesis que será presentada a los obispos. 

Los obispos españoles se reunirán en asamblea para conocer las aportaciones diocesanas. El equipo sinodal de la CEE redactará una síntesis y la enviará a Roma, antes de abril de 2022. Con las aportaciones de todas las Iglesias particulares, la Secretaría General del Sínodo elaborará el primer Instrumentum laboris antes de septiembre de 2022, que servirá para iniciar los trabajos en la Asamblea de octubre de 2023. [LEER: Por qué hay dos Instrumentum laboris del Sínodo de 2023] 

7. La apertura del Sínodo en las diócesis españolas 

El 17 de octubre de 2021, todos los obispos españoles (o los administradores diocesanos en las sedes vacantes) celebrarán una solemne apertura del Sínodo de 2023 en sus respectivas diócesis, como lo hizo el papa Francisco el 10 de octubre en el Vaticano. 

Ese será el comienzo de la fase diocesana del Sínodo de 2023, que durará desde octubre de 2021 hasta abril de 2022. 

8. Jornada de Apostolado Seglar 

Inmersos ya en la fase diocesana del Sínodo, los días 23 y 24 de octubre de 2021 se celebrarán en Madrid (con formato presencial y online) unas Jornadas de Apostolado Seglar tituladas ‘Pueblo de Dios en camino’. En ellas participarán los delegados diocesanos de Apostolado Seglar, los responsables de movimientos y asociaciones de laicos, y los responsables diocesanos del Sínodo de 2023. 

El objetivo de este encuentro es triple: reflexionar sobre la sinodalidad a la luz de la convocatoria del Sínodo de 2023, diseñar la hoja de ruta del apostolado seglar teniendo en cuenta el Sínodo de los Obispos y el Congreso Nacional de Laicos de febrero de 2020, y hacer experiencia de sinodalidad (comunión) entre las delegaciones, movimientos y asociaciones. 

El sábado 23, abrirán la Jornada el obispo Carlos Escribano, presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida y arzobispo de Zaragoza, y Luis Manuel Romero, director del Secretariado de dicha Comisión y miembro del equipo sinodal de la CEE

El invitado estrella de la Jornada de Apostolado Seglar es Luis Marín de San Martín, religioso agustino español y subsecretario del Sínodo de los Obispos. Será el encargado de impartir la primera ponencia, titulada ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’.                                                                                                                                                  Después se desarrollará el taller ‘Sinodalidad en acción’ y se presentará la hoja de ruta de la Iglesia en España hacia el Sínodo. 

El domingo 24 se valorarán los frutos del Congreso Nacional de Laicos que tuvo lugar en febrero de 2020 y habrá tiempo para dialogar en grupos. 

9. Página web para seguir el Sínodo 2023 en España 

La CEE ha puesto en marcha una página web dedicada a este Sínodo sobre la sinodalidad donde se ofrecen los materiales y recursos para la organización de la fase diocesana. 

El sitio está alojado en el dominio que se creó para el Congreso de Laicos de febrero de 2020, ‘Pueblo de Dios en salida’, organizado por la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida (antes llamada Apostolado Seglar). Desde entonces, esta página reúne las iniciativas que se realizan en el laicado español. 

Web de la CEE dedicada al Sínodo 2023 

10. Participantes españoles en el Sínodo de 2023 

En la Asamblea de 2023 participarán alrededor de 200-250 padres sinodales: la mayoría, obispos de todo el mundo, pero también religiosos, teólogos, expertos, los jefes de los dicasterios de la Curia romana… [LEER: Quién puede participar en un Sínodo]. Y además están las personas que, aunque no asistan a la Asamblea Sinodal, han sido fundamentales en su preparación. 

Estos son los españoles que, de alguna manera, participan en los trabajos del Sínodo de 2023: 

  • Secretaría General del Sínodo: Luis Marín de San Martín, OSA, subsecretario del Sínodo de los Obispos. 
  • Comisión TeológicaEloy Bueno de la Fuente (Teología Dogmática, Misionología, Filosofía), Santiago Madrigal, SJ (Teología Dogmática) y Carmen Peña García (Derecho Canónico). 
  • Comisión para la MetodologíaCristina Inogés Sanz
  • Inauguración en Roma: Cristina Inogés ofreció una meditación antes del discurso de Francisco en la sesión de reflexión previa a la celebración de apertura. 
  • CEE: Vicente Jiménez Zamora, obispo coordinador del equipo sinodal español. 
  • Padres sinodales en la Asamblea de octubre de 2023: pendiente de confirmar. 

11. Noticias 

Todas las noticias sobre el Sínodo 2021-2023 

Sinodalidad en la Iglesia

SINODALIDAD EN LA IGLESIA.  

Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares 

 
Documento preparatorio de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos  

Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión 

Es un documento amplio cuyo índice señalo: 

I. La llamada a caminar juntos 

II. Una Iglesia constitutivamente sinodal 

III. En la escucha de las Escrituras 

              Jesús, la multitud, los apóstoles 

              Una doble dinámica de conversión: Pedro y Cornelio (Hch 10) 

IV. La sinodalidad en acción: pistas para la consulta al Pueblo de Dios 

              La pregunta fundamental 

              Diversas articulaciones de la sinodalidad 

              Diez núcleos temáticos para profundizar 

              Para contribuir a la consultación 

Los días 9 y 10 de Octubre en Roma se iniciará en Roma y a partir del 17 de octubre y hasta el 22 de  Abril se llevará a cabo en todas las iglesias particulares del Mundo, para culminar en octubre de 2023 con la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de obispos. 

Se pretende implicar a toda la Iglesia(no sólo a obispos y sacerdotes) en este proceso sinodal para: 

2.- vivir un proceso eclesial participado e inclusivo, que ofrezca a cada uno – en particular a cuantos por diversas razones se encuentran en situaciones marginales – la oportunidad de expresarse y de ser escuchados para contribuir en la construcción del Pueblo de Dios;…/….                                                regenerar las relaciones entre los miembros de las comunidades cristianas, así como también entre las comunidades y los otros grupos sociales, por ejemplo, comunidades de creyentes de otras confesiones y religiones, organizaciones de la sociedad civil, movimientos populares, etc.; 

 15.- La perspectiva del “caminar juntos”, además, es todavía más amplia, y abraza a toda la humanidad, con que compartimos «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias» (GS, n. 1). 

La pregunta fundamental 

26.       La pregunta fundamental que guía esta consulta al Pueblo de Dios, come se ha recordado en la introducción, es la siguiente: 

En una Iglesia sinodal, que anuncia el Evangelio, todos “caminan juntos”: ¿cómo se realiza hoy este “caminar juntos” en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”?    

29.       La segunda perspectiva considera cómo el Pueblo de Dios camina junto a la entera familia humana. La mirada se concentrará así en el estado de las relaciones, el diálogo y las eventuales iniciativas comunes con los creyentes de otras religiones, con las personas alejadas de la fe, así como con ambientes y grupos sociales específicos, con sus instituciones (el mundo de la política, de la cultura, de la economía, de las finanzas, del trabajo, sindicatos y asociaciones empresarias, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil, movimientos populares, minorías de varios tipos, pobres y excluidos, etc.). 

30.-I. LOS COMPAÑEROS DE VIAJE 

En la Iglesia y en la sociedad estamos en el mismo camino uno al lado del otro. En la propia Iglesia local, ¿quiénes son los que “caminan juntos”? Cuando decimos “nuestra Iglesia”, ¿quiénes forman parte de ella? ¿quién nos pide caminar juntos? ¿Quiénes son los compañeros de viaje, considerando también los que están fuera del perímetro eclesial? ¿Qué personas o grupos son dejados al margen, expresamente o de hecho? 

II.   ESCUCHAR 

La escucha es el primer paso, pero exige tener una mente y un corazón abiertos, sin prejuicios. ¿Hacia quiénes se encuentra “en deuda de escucha” nuestra Iglesia particular? ¿Cómo son escuchados los laicos, en particular los jóvenes y las mujeres? ¿Cómo integramos las aportaciones de consagradas y consagrados? ¿Qué espacio tiene la voz de las minorías, de los descartados y de los excluidos? ¿Logramos identificar prejuicios y estereotipos que obstaculizan nuestra escucha? ¿Cómo escuchamos el contexto social y cultural en que vivimos? 

VIII. AUTORIDAD Y PARTICIPACIÓN 

Una Iglesia sinodal es una Iglesia participativa y corresponsable. ¿Cómo se identifican los objetivos que deben alcanzarse, el camino para lograrlos y los pasos que hay que dar? ¿Cómo se ejerce la autoridad dentro de nuestra Iglesia particular? ¿Cuáles son las modalidades de trabajo en equipo y de corresponsabilidad? ¿Cómo se promueven los ministerios laicales y la asunción de responsabilidad por parte de los fieles? ¿Cómo funcionan los organismos de sinodalidad a nivel de la Iglesia particular? ¿Son una experiencia fecunda? 

31.-Será igualmente valiosa la contribución de las otras realidades eclesiales a las que se enviará el Documento Preparatorio, como también de aquellos que deseen enviar directamente su propia aportación. Finalmente, será de fundamental importancia que encuentre espacio también la voz de los pobres y de los excluidos, no solamente de quien tiene algún rol o responsabilidad dentro de las Iglesias particulares. 

LAS LETRAS EN CURSIVA SON PALABRAS TEXTUALES DEL DOCUMENTO. LOS SUBRAYADOS SON MÍOS. 

Y es que con los subrayados quiero resaltar el espíritu con que Francisco promueve esta Asamblea Internacional eclesial: que llegue a todos, que participen todos, de abajo arriba, no de arriba abajo. 

Que participen los colectivos de pobres, los marginados y excluídos, las ONGS, los movimientos populares, los sindicatos, sectores del mundo del trabajo, no sólo los sectores más eclesiásticos. Que intervengan «Otras realidades eclesiales» que podrán incluso enviar directamente sus propias aportaciones. 

Y cuando hablamos de marginados y excluídos no debemos pensar sólo en colectivos sociales.  

También en la Iglesia hay muchos sectores excluídos y marginados que deben oir su voz y merecen ser escuchados y a los que nunca se les escucha ni se les presta atención. Pienso en el colectivo de curas casados (uno de cada cuatro curas en el mundo están casados), de mujeres presbíteras, de comunidades cristianas de base, teólogos y teólogas a los que no se les tiene en cuenta, parroquias de sectores populares , religiosas, jóvenes, mujeres…etc…etc… 

Su voz en la Iglesia debe ser escuchada y éste es un buen momento. 

Mucho me temo que, como ya alguien ha señalado, todo quede en un intento sincero del Papa Francisco por revitalizar la Iglesia, pero que la gran mayoría de obispos intenten hacerlo a su modo y manera, sin tener en cuenta estas consideraciones que señala el documento oficial de la Iglesia que estamos comentando y que trata de ser un revulsivo, para que haya un verdadero proceso democrático y participativo de todos, no sólo de los sectores eclesiásticos más allegados a cada obispo. Si éso fuera así, de nada habrá servido porque todo seguirá igual. 

Personalmente pienso que Redes Cristianas que aglutina a más de 200 colectivos de la Iglesia de base y renovadora, podría y debería recoger en un documento no superior a 10 folios, como pide el documento, las grandes  aspiraciones que desde hace ya muchos años venimos demandando, y que no voy ahora a enumerar para no extenderme, pero que creo están en la mente de todos. O incluso las que actualmente  demanden esos colectivos. Ese documento debe llegar a la secretaría general del Sínodo de la mejor manera que se vea. Pero nuestra voz debe ser escuchada. 

Y así colaboramos con Francisco de modo positivo, mientras otros muchos procurarán no hacerle mucho caso o ignorarlo, sencillamente porque no están de acuerdo con su línea renovadora y participativa y quieren seguir actuando como siempre, sin escuchar realmente a todo el mundo.