El éxito del Sínodo en cuatro palabras

Cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo

El éxito del Sínodo, en cuatro palabras: «Escucha, conversión, comunión y oración»

Grech pide a los monasterios de todo el mundo que se impliquen a fondo en el proceso sinodal

El Secretario General del Sínodo de los Obispos ha enviado una carta a los monasterios de vida contemplativa en el marco del «camino sinodal» de tres años que se abrirá en las iglesias particulares, a partir de octubre de 2021 en preparación del próximo Sínodo sobre la Sinodalidad que se celebrará en Roma, en octubre de 2023

«En esta fase del proceso sinodal, no os pido que recéis en lugar de los demás hermanos y hermanas, sino que estéis atentos a la dimensión espiritual del camino que emprenderemos, para poder discernir la acción de Dios en la vida de la Iglesia universal y de cada una de las Iglesias particulares»

«Sois custodios y testigos de realidades fundamentales para el proceso sinodal que el Santo Padre nos invita a realizar»

28.08.2021

El cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo de los Obispos, ha enviado una carta a los monasterios de vida contemplativa en el marco del «camino sinodal» de tres años que se abrirá en las iglesias particulares, a partir de octubre de 2021 en preparación del próximo Sínodo sobre la Sinodalidad que se celebrará en Roma, en octubre de 2023.

En su mensaje, el cardenal destaca las recurrentes palabras del Santo Padre Francisco a lo largo de su Magisterio, sobre la necesidad y la belleza de «caminar juntos», iniciando un proceso sinodal que involucre «todos los niveles de la vida de la Iglesia» (Documento sobre el proceso sinodal, 3), ya que «el camino de la sinodalidad es lo que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio» (Discurso del Santo Padre Francisco en conmemoración del 500 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015).

Dirigiéndose a los hermanos y hermanas dedicados a la vida contemplativa, el purpurado subraya que su preciosa vocación enriquece toda la comunidad eclesial: «Sois custodios y testigos de realidades fundamentales para el proceso sinodal que el Santo Padre nos invita a realizar».

Asimismo, el Secretario General del Sínodo indica tres palabras centrales en la vida monástica y contemplativa, que ayudan en la vida de la Iglesia y en el compartir con los demás: escucha, conversión y comunión.

La escucha

En primer lugar, el cardenal Grech habla sobre la importancia de la escucha, un punto en el que el Papa ha hecho hincapié recordando que «una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, consciente de que escuchar es más que oír».

El purpurado puntualiza que la vida monástica y contemplativa ha puesto siempre al centro la experiencia de la escucha, hasta el punto de que a menudo las reglas monásticas de las distintas tradiciones, «no son más que recopilaciones de expresiones bíblicas y evangélicas», para afirmar que la vida monástica y contemplativa es una «encarnación de la Palabra de Dios escuchada«, meditada e interiorizada.

Algo que también encontramos presente al comienzo de la Regla de San Benito, el padre del monacato occidental: «¡Escucha, hijo!». (RB, Prólogo).

Por tanto, esta invitación a la escucha impregna toda vuestra vida -añade Grech- empezando por la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras y terminando por la escucha de los hermanos y hermanas de la comunidad, y de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. 

La conversión

La segunda palabra central en la vida de los monasterios propuesta por el cardenal es la conversión:

«Un verdadero camino sinodal no puede prescindir de la voluntad de dejarse convertir por la escucha de la Palabra y de la acción del Espíritu Santo en nuestra vida», explica Grech, afirmando que la vida monástica y contemplativa recuerda a toda la Iglesia que la invitación a la conversión está en el corazón del mismo anuncio de Jesús, que recorría las aldeas de Galilea diciendo: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt. 4,17).

Además, el Secretario General del Sínodo resalta que la experiencia espiritual de quienes eligen la vida contemplativa como vocación, tiene mucho que aportar:

“En vuestra experiencia de vida comunitaria, vosotros sois expertos en un estado de conversión, tanto en los aspectos positivos como en las dificultades que no deben desanimar, sino que han de vivirse con verdadero espíritu de fe y esperanza”

La comunión

La tercera palabra propuesta por el cardenal es «comunión»:

“La comunión eclesial es el sello de discernimiento y verificación del camino sinodal. Con vuestra vida comunitaria, dais testimonio de la verdad de esta afirmación que podemos extraer de la historia de Emaús. De hecho, en la vida comunitaria, propia de la vida religiosa, se experimenta cómo la comunión, que no coincide con la uniformidad, es efectivamente el criterio para verificar un auténtico camino compartido en una perspectiva de fe”

«Sean ministros de la oración»

Y mientras nos acercamos a la apertura del proceso sinodal en octubre próximo, el purpurado alienta a los religiosos contemplativos a considerar una cuarta palabra que pertenece a las «cuerdas más profundas» de su vocación: la oración.

“En esta fase del proceso sinodal, no os pido que recéis en lugar de los demás hermanos y hermanas, sino que estéis atentos a la dimensión espiritual del camino que emprenderemos, para poder discernir la acción de Dios en la vida de la Iglesia universal y de cada una de las Iglesias particulares. Sed para todos, como los levitas y sacerdotes del Salmo, «ministros de la oración» que recuerdan a todos en la alabanza y la intercesión que sin comunión con Dios no puede haber comunión entre nosotros”

El cardenal Grech finaliza su carta pidiendo a los monasterios que sean custodios para todos «del pulmón de la oración» (EG, 262).

«Seguramente no faltará vuestra contribución en otros aspectos de los diversos momentos de nuestro camino sinodal, pero vuestra vocación nos ayuda, aunque sea sólo con su presencia, a ser una Iglesia que escucha la Palabra, capaz de dejar que el Espíritu convierta su corazón, que persevera en la comunión y en la oración»,concluye.

Entrevista a Rafael Luciani

Rafael Luciani: «Sólo una Iglesia que asuma al laicado como sujeto, y especialmente a las mujeres, será creíble»

Rafael Luciani es uno de los tres teólogos latinoamericanos, integrante del equipo que asesorará a Roma en el Sínodo de la Sinodalidad a iniciarse en octubre de 2021 hasta 2023

En esta entrevista, asegura que «Es hora que el laicado sea reconocido como sujeto auténtico, pero esto supondrá ver a la Iglesia desde el bautismo y el sacerdocio común que nos iguala en derechos y deberes»

Y que «este próximo Sínodo será fundamental para avanzar más o no en las reformas que actualmente necesita la Iglesia. También lo será la próxima reforma de la curia»

«No saldremos del clericalismo mientras no se reformen instituciones como el seminario y la parroquia»

«Es indispensable que repensemos a la Iglesia, y todas sus instituciones, a la luz de una gran confluencia de ministerios, carismas, dones y servicios unidos por la corresponsabilidad bautismal, y no sólo en torno al ministerio ordenado»

(ADN Celam).- El venezolano Rafael Luciani es uno de los tres teólogos latinoamericanos, integrante del equipo que asesorará a Roma en el Sínodo de la Sinodalidad a iniciarse en octubre de 2021 hasta 2023.

En conversación con ADN Celam aseguró que “llegó la hora de los laicos y las laicas, y también de las religiosas que muchas veces no se les reconoce la inmensa labor que hacen”.

Lamenta que “a los laicos se nos ha visto como ejecutores de planes pastorales, pero muy poco se nos toma en cuenta para la gobernanza de la vida eclesial o para participar en los procesos de discernimiento y elaboración de las decisiones en la Iglesia”.

Por tanto “Es hora que el laicado sea reconocido como sujeto auténtico, pero esto supondrá ver a la Iglesia desde el bautismo y el sacerdocio común que nos iguala en derechos y deberes, y no sólo en deberes como se suele decir”.– ¿Cómo recibe este nombramiento como integrante del comité de teólogos del Sínodo sobre sinodalidad?

“Me parece que estamos viviendo un momento eclesial que será determinante para completar lo más importante de la actual fase de recepción del Concilio en relación con la eclesiología del pontificado.

Por ello, considero que este próximo Sínodo será fundamental para avanzar más o no en las reformas que actualmente necesita la Iglesia. También lo será la próxima reforma de la curia.

En este contexto, valoro mi participación en la comisión teológica como un servicio que asumo como parte de mi vocación cristiana porque quiero contribuir, como laico y venezolano, a que la Iglesia profundice el proceso de reformas que ha abierto el Papa Francisco para superar el modelo clerical que no logra salir aún de las mentalidades y las estructuras de la Iglesia”.

– ¿Qué considera que hay que reformar para salir del clericalismo?

“No saldremos del clericalismo mientras no se reformen instituciones como el seminario y la parroquia. Sin embargo, esto sólo será posible si se logra reformar el ministerio ordenado, porque el clericalismo es un problema de la mala comprensión y ejercicio del poder eclesial, y eso se forma en el seminario y se fortalece en las parroquias.El Papa ha hablado mucho de esto. Se ha referido al “complejo del elegido” o a “la patología del poder eclesial” vinculado a una mala comprensión de la ordenación sacerdotal.

Es indispensable que repensemos a la Iglesia, y todas sus instituciones, a la luz de una gran confluencia de ministerios, carismas, dones y servicios unidos por la corresponsabilidad bautismal, y no sólo en torno al ministerio ordenado.

Sólo una Iglesia que asuma al laicado como sujeto, y especialmente a las mujeres, podrá avanzar en reformas auténticas y rescatar su credibilidad. Al final, estamos llamados a responder a los signos de los tiempos de hoy que claman y demandan cambios profundos en el modelo institucional actual”.– ¿Cuál será su mayor aporte a este comité de trabajo?

“En mi compartir con comunidades de vida cristiana me doy cuenta de la realidad de una Iglesia que le cuesta, cada vez más, conectar con los nuevos signos de los tiempos que se avizoran luego de la pandemia. Vivimos un cambio de época y una transición del modelo institucional clerical reinante. Pero esto aún no se asimila porque estamos viviendo cambios muy rápidos y profundos.

Por ejemplo, he encontrado una presencia ambiental del cristianismo en comunidades de vida cristiana leyendo y orando con la Palabra juntos. Ahí te das cuenta que existe una sinodalidad ambiental en el modo como se vive la fe.

Pero cuando entras en la parroquia o en un movimiento eclesial, encuentras otro mundo, otro lenguaje, uno que ha perdido conexión y transcendencia con la cotidianidad y con la mayoría del laicado en la Iglesia, especialmente de los jóvenes.

El proceso sinodal que se inicia este año y que desembocará en la Asamblea del 2023, será un acontecimiento que permitirá pensar el lugar y la forma de la Iglesia en estos nuevos tiempos. Pero los cambios no pueden venir de arriba. Hay que involucrar a todos y todas en la Iglesia porque esa es la base de la teología del bautismo.

Por eso, la gran novedad de este Sínodo está en el modo cómo se realizará, siguiendo un modo de proceder que parte de la base y va construyendo recogiendo el sentir de los fieles partiendo de las comunidades y siguiendo con las parroquias, las diócesis, las conferencias episcopales, los continentes y finalmente Roma. En ese orden. Es la primera vez que se hace esto en un Sínodo.

– Tras la reciente aprobación ‘ad experimentum’ de la renovación y reestructuración del Celam, con un fuerte énfasis sinodal, ¿usted, laico, cómo ve este paso al frente de los hermanos obispos?

“Yo participé en el proceso de reestructuración del Celam desde la primera reunión que se convocó. Luego se fueron integrando otras personas, incluso otros laicos y laicas, y pude apreciar cómo a lo largo del camino que se fue haciendo se iban incorporando nuevas ideas, propuestas y personas que enriquecieron lo que se quería hacer.

No se partió de un documento pre-elaborado o hecho por agentes externos, sino que se fue construyendo a lo largo de las muchas reuniones, primero presenciales y luego virtuales.

Ahí pude apreciar y valorar los cambios que se fueron incorporando a partir de discusiones, discernimientos y decisiones que se iban tomando en conjunto. Las autoridades participaron de todo el proceso y sus propios puntos de vista iniciales fueron cambiando en la interacción con todos y todas a lo largo del proceso.

Yo pude contribuir, de modo específico, coordinando y redactando la sección sobre la sinodalidad en el documento final. Puedo decir que no hubo censura ni filtros, y que todo lo que escribí quedó como lo entregué”.

– Nathalie Becquard ha afirmado que la sinodalidad en teoría es fácil, no en la práctica, ¿qué será necesario para que la sinodalidad en efecto aterrice?

“Llevo tiempo trabajando con Nathalie. Es una persona maravillosa con quien tengo una amistad maravillosa. Ella tiene mucha claridad en el tema y sabe la importancia que tiene el buscar y consolidar best practices si queremos hacer reformas eficaces.Nathalie es otro ejemplo de un aprendizaje por la vía de la práctica. Ella ha abierto la puerta, junto a las otras mujeres sub-secretarias que trabajan en el Vaticano, a que el ejercicio de la jurisdicción no esté ligado al poder del orden, como lo establece, hasta ahora, la práctica regular y regulada por el Código de Derecho Canónico.

Por una parte, cuando hablamos de sinodalidad nos enfrentamos a un problema teórico porque una gran mayoría en la Iglesia no sabe lo que es, aunque haya escuchado hablar de participación, corresponsabilidad, laicado, accountability o ministerios.

Hay mucho temor ante lo que pueda implicar en relación a posibles reformas en la Iglesia. Pero también está otra dimensión, la práctica o experiencial, por la que todas esas palabras anteriormente dichas adquieren un nuevo significado ya que dan paso a procesos de conversión entre los sujetos y las estructuras en la Iglesia.

Por ejemplo, no es lo mismo que un documento eclesial lo escriban o asesoren dos o tres hombres, a que lo haga un equipo de hombres y mujeres. La experiencia y la interacción varían al tener que sentarnos, escucharnos, discernir y buscar consensos entre puntos de vista no siempre complementarios y experiencias de vida totalmente diversas.

Esta sería una práctica de la sinodalidad que nos ayudaría a comprender nociones como participación y corresponsabilidad, e incluso a cambiar puntos de vista iniciales por otros que surgirán de esa misma interacción entre hombres y mujeres que trabajen juntos en todos los niveles de la institución eclesial.

«El infarto teológico» de la sinodalidad

«El teológico o dogmático pasa por superar la actual dependencia clericalista y paternalista -propia de una teología y eclesiología jerárquicas- en beneficio de otra en la que sea realmente posible una participación conjunta y corresponsable de todos los bautizados en la triple función de la celebración, de la enseñanza y, sobre todo, del gobierno»

«Además del teológico y dogmático, hay otro asunto de orden jurídico y organizativo (canónico) que también me parece urgente abordar: imaginar y debatir posibles modalidades de “Sínodos de todo el pueblo de Dios” en el que estén presentes no solo representantes de los obispos, sino también de los presbíteros y diáconos, así como de los religiosos y religiosas y, por supuesto, de los laicos y laicas»

«Hoy por hoy, no veo otra manera de prevenir el “infarto teológico y dogmático” que ronda a la sinodalidad. O, si se prefiere, el “cortocircuito” entre fundamento cristológico y sometimiento laical al ministerio ordenado»

«Francisco, a diferencia de sus predecesores, ha ido bastante más lejos. Y ha ido porque ha fijado consultar, antes de cada Sínodo de obispos, al pueblo de Dios»

 | Jesús Martínez Gordo teólogo

Según Antonio Piñero (“La primacía eclesial de Pedro”, Religión Digital, 23.VII.2021), en la introducción que Xabier Pikaza hace del libro de E. Trocmé (“La infancia del cristianismo”, Trotta, Madrid, 2021), la figura de Pedro en Mateo aparece, tras el fracaso judío de la Primera Gran Guerra contra Roma el año 70, “como centro de referencia de todas las iglesias” ya que “proyecta una iglesia universal, unida en torno” a su figura. Tras indicar que ve “algunos problemas en estas palabras-resumen de Pikaza”, analiza otros pasajes neotestamentarios para concluir que no le “queda nada clara” dicha centralidad de Pedro. “Tiene que haber otra explicación”.

No soy exégeta. Por eso, no puedo entrar en este debate entre especialistas que, sin embargo, sigo, desde hace tiempo, con particular interés. Pero, leyendo esta crítica me he acordado de lo que, hace ya un tiempo, dijo al respecto Y. – M. Congar y que he recogido antes de ahora. Creo que merece la pena volver a recordarlo porque ayuda a contextualizar y entender la cuestión del primado de Pedro; una clarificación que, en mi opinión, no se va a alcanzar (si alguna vez hay acuerdo al respecto) por argumentos estrictamente exegéticos, por importantes que sean.Pero sucede que al recordarlo me he percatado de que ya estamos inmersos, al menos teológicamente, en un tiempo de preparación sinodal sobre el “caminar juntos”; una tarea que también se encuentra íntimamente relacionada con la comprensión y ejercicio del primado de Pedro y, por supuesto, con lo que Francisco felizmente llama “la conversión del papado”. E, igualmente, con la corresponsabilidad de todos los bautizados no solo en la evangelización y celebración, sino también y, sobre todo, en el gobierno y magisterio de la Iglesia.

Y esto último es algo que no encuentro, hoy por hoy, presente en las aportaciones teológicas que vengo leyendo en la fase previa al inicio del proceso sinodal que se abrirá el próximo octubre de 2021 y que, llevando a celebrar sínodos en las iglesias locales y en otras realidades particulares (octubre 2021-abril 2022), desembocará en una fase continental (septiembre 2022-marzo 2023) y en la llamada “fase de la Iglesia universal” (octubre de 2023).

Las dos interpretaciones del primado de Pedro

El 20 de marzo de 1955, Y. – M. Congar se quejaba amargamente en su diario del trato que le estaba dando el Santo Oficio: “quieren reducir a la nada a un hombre que no es su lacayo” (“Diario de un teólogo (1944-1956)”, Madrid 2004, pp. 404-405). Y explicaba que la causa de tales padecimientos se encontraba en su decantamiento a favor de una de las dos interpretaciones enfrentadas de Mateo 16, 19: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los Cielos”.

Para los Santos Padres, sostenía el teólogo francés, lo que se funda en Pedro es la Iglesia. Por eso, los poderes conferidos a Pedro pasan de él a la Iglesia. Este es el contenido y sentido fundamentales del pasaje, en cuyo marco, proseguía Y. – M. Congar, algunos de los Padres (sobre todo, occidentales) admitían la existencia de una primacía canónica -es decir, sólo jurídica- del obispo de Roma dentro de la Iglesia.

Sin embargo, la comprensión patrística de este pasaje evangélico empieza a ser alterada -a partir, tal vez, del siglo II- cuando Roma cree ver en Mateo 16,19 su propia institución. Según esta interpretación, los poderes de Cristo no pasan de Pedro a la Iglesia, sino de Pedro a la sede romana. La consecuencia de semejante exégesis es clara: la Iglesia “no se forma solamente a partir de Cristo, vía Pedro, sino a partir del Papa”. Ello quiere decir que la consistencia y vida de la Iglesia descansan -al estar construidas sobre Pedro- en el Papa y en sus sucesores, cabeza de la comunidad cristiana y, por esto, residencia de la plena potestad (“plenitudo potestatis”).

Toda la historia de la eclesiología es, proseguía el teólogo dominico, la permanente actualización de un conflicto (unas veces, latente y pacífico y otras, vivo y sin tapujos) entre estas dos concepciones del papado y del gobierno eclesial: la que sostiene que el poder de Cristo alcanza a toda la Iglesia vía Pedro y la que defiende que el poder de Cristo pasa a Pedro y de Pedro a Roma. Es un conflicto que llega hasta nuestros días y que no ha finalizado, a pesar de los esfuerzos desplegados por la misma Roma para extender su interpretación al resto de la Iglesia.Afortunadamente, se dan excepciones notables que indican que Roma no ha logrado su objetivo y que, sobre todo, muestran la persistencia de la comprensión patrística del primado de Pedro, y, por ello, también del gobierno eclesial.

Por ejemplo, la Iglesia en Oriente ha mantenido la posición de los Santos Padres (cierto que despojándola de lo más positivo que tenía). También la Iglesia de África (desaparecida por causa del Islam) ha permanecido fiel a la interpretación patrística de Mt 16, 19. E, igualmente, las comunidades que se unieron a la Reforma. Incluso, en la misma Iglesia Católica nunca ha dejado de existir una cierta resistencia a dicha comprensión romana.

“Nuestra tarea (mi tarea) consiste -sentenciaba el teólogo dominico- en hacer que esta verdad no quede sofocada”. Por eso, “es necesario que, cuando llegue un Papa razonable o cuando aparezca el Pastor Soberano, encuentre todavía a la Iglesia en clamor, como dice Pascal”. Y proseguía, casi proféticamente, al paso que van las cosas, “se puede prever cuál será la próxima etapa de la eclesiología papista”: “consistirá en afirmar que las congregaciones romanas forman parte del magisterio ordinario; que son la parte superior de este magisterio, el cual, por su parte, reside en el gobierno pontificio”.

Implementación y frenazo de la colegialidad episcopal

Afortunadamente, el Concilio Vaticano II superó la tesis, insostenible, de que los obispos recibían su jurisdicción (“iure divino”) directamente del Papa, tal y como la ratificó Pío XII en su día (Encíclica “Ad signarum gentes”, 1954).La constitución Dogmática “Lumen Gentium” recupera el fundamento cristológico del episcopado (los obispos son “vicarios y delegados de Cristo”, no del Papa), así como la colegialidad en el gobierno eclesial e invalida la separación entre el “poder de orden” y el “poder de jurisdicción” al recordar que la autoridad de los obispos no es concedida por el Papa, sino derivada del sacramento del Orden.

Pablo VI reconoce, mediante la carta apostólica “De episcoporum muneribus” (1966), que la autoridad de los obispos es “propia, ordinaria e inmediata” en sus iglesias locales. Además,  erige, mediante el “Motu Proprio” “Apostolica sollicitudo” (1965) el Sínodo de obispos para ayudar al papado en su solicitud por la iglesia universal e instituye las Conferencias Episcopales, dotándolas de cierta capacidad jurídica y magisterial. Son decisiones que le acreditan -recurriendo a la expresión propuesta por Y. – M. Congar- como un “Papa bastante razonable”.

Pero hay otras que lo cuestionan: la “reserva” a la sede primada de toda una serie de cuestiones teológicas y pastorales de enorme calado y actualidad (entre ellas, la posibilidad de ordenación de las mujeres); el sometimiento del Sínodo de obispos a la autoridad “directa e inmediata” del Romano Pontífice y sus enormes dificultades para imaginar (y articular) un gobierno realmente colegial con la colaboración de las Conferencias Episcopales o, cuando menos, de sus presidentes.

El pontificado de Juan Pablo II es, comparativamente, “bastante menos razonable” que el de Pablo VI. Es cierto que pide ayuda en la encíclica “Ut unum sint” (1995) para repensar el ejercicio del primado y la forma de gobernar la Iglesia. También lo es que, incluso, abre el debate sobre la oportunidad o no de regresar al modelo de los patriarcados, vigente en el primer milenio; un debate que la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por J. Ratzinger, intenta cerrar rápidamente convocando un seminario “ad hoc” con expertos contrarios a tal posibilidad.Sin embargo, el suyo es un papado en el que se regresa, de hecho, a la separación preconciliar entre el “poder de orden” y el “poder de jurisdicción”; se refuerza el papel de la Curia vaticana en el gobierno eclesial -al precio de la sacramentalidad y de la colegialidad episcopal- (“Pastor Bonus”, 1988) y se reduce -hasta casi desaparecer- la capacidad legislativa y magisterial de las Conferencias Episcopales (“Apostolos suos”, 2004).

El “boom” de la sinodalidad ¿sin corresponsabilidad bautismal?

Francisco, a diferencia de sus predecesores, ha ido bastante más lejos. Y ha ido porque ha fijado consultar, antes de cada Sínodo de obispos, al pueblo de Dios. Es más, ha urgido a determinadas Conferencias Episcopales (por ejemplo, la italiana) a abrir procesos sinodales. Y, sobre todo, ha revisado el estatuto de los sínodos de obispos ((“Episcopalis Communio”, 2018) abriendo la posibilidad de celebrar Sínodos Extraordinarios (1 & 2.3) o Especiales y deliberativos (Ibid., 18 & 2). Todo un reseñable avance. Pero, sobre todo, convocando un singular proceso sinodal que culminará con la celebración de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los obispos en octubre de 2023.

Sin embargo, no veo que -acompañando estas decisiones- se estén abordando -al menos, en la comunidad teológica- dos asuntos que me parecen capitales: uno, de orden teológico y dogmático y otro, jurídico y organizativo. Veremos si aparecen en el “Documento preparatorio” que, acompañado de un Cuestionario y un “Vademécum” con propuestas para realizar la consulta en cada diócesis, tiene que enviar la Secretaría General del Sínodo, como muy tarde, en abril de 2021.El teológico o dogmático pasa por superar la actual dependencia clericalista y paternalista -propia de una teología y eclesiología jerárquicas- en beneficio de otra en la que sea realmente posible una participación conjunta y corresponsable de todos los bautizados en la triple función de la celebración, de la enseñanza y, sobre todo, del gobierno. Por tanto, insisto en ello, no solo de la celebración o de la enseñanza -como se ha venido promoviendo, por cierto, de manera muy modesta, hasta el presente- sino también en la dirección de la Iglesia gracias a la participación de todos los bautizados en el sacerdocio de Cristo (LG 10), no en el del ministerio ordenado.

Quien se tome la molestia de repasar el capítulo cuarto de la Constitución Dogmática “Lumen Gentium”, dedicado a los laicos, podrá comprobar cómo su participación en el sacerdocio común y en la función profética es tratada en sí misma y por sí misma (LG 34 y 35). Y cómo su intervención en el servicio del gobierno es abordada en términos de obediencia a la jerarquía (LG 36 y 37). E, igualmente, podrá comprobar cómo se recomienda a los pastores promover, en el cuadro de esta obediencia, la responsabilidad de los bautizados porque la dirección de la Iglesia es un asunto de los pastores con “la ayuda de la experiencia de los laicos” (LG 37). A esta referencia, en términos de “colaboración” o “participación” del ministerio ordenado -y no del sacerdocio de Cristo por el bautismo- sucede un lamentable comentario sobre el “amor paternal” con el que los pastores han de atender y tratar a los laicos: un discurso paternalista que no se encuentra en los números anteriores. En la misma onda teológica se mueve el Decreto “Apostolicam actuositatem” en su número 10.

Es evidente, me he dicho más de una vez, que un Sínodo sobre la sinodalidad y en contra del clericalismo que no aborde este “infarto teológico y dogmático” o, al menos cortocircuito, entre los números 10 y 36-37 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia tiene todos los boletos para acabar generando una enorme frustración. Y más, si las expectativas son tan altas como las que se pueden percibir en muchos ámbitos de la Iglesia.

Pero he indicado que, además del teológico y dogmático, hay otro asunto de orden jurídico y organizativo (canónico) que también me parece urgente abordar: imaginar y debatir posibles modalidades de “Sínodos de todo el pueblo de Dios” en el que estén presentes no solo representantes de los obispos, sino también de los presbíteros y diáconos, así como de los religiosos y religiosas y, por supuesto, de los laicos y laicas. La recuperación de los Sínodos de obispos por Pablo VI fue un paso importante, pero creo que ha llegado la hora de recuperar, igualmente, una sinodalidad que recoja el sentir -al menos, el mayoritario- de todo el pueblo de Dios; no solo el de los obispos. El Sínodo de 2023 es una magnífica ocasión para tratar este asunto y formular propuestas que lo hagan posible.He aquí la segunda cuestión que me parece capital y que, si se abordara, permitiría calificar el pontificado de Francisco, después de diecisiete siglos de clericalismo, como “excepcionalmente razonable”; o, en términos académicos, merecedor de una matrícula de honor.

Las utopías de hoy, evidencias de mañana

Supongo (aunque no falten quienes digan que es mucho suponer) que abordando estas dos cuestiones, además de recuperar la dignidad cristológica de todos los bautizados, poner al laicado en el sitio que le corresponde y empezar a dejar en la cuneta de la historia el autoritarismo, estaríamos recreando -de manera, a la vez, imaginativa y tradicional- la fundación de la Iglesia y de sus poderes, tal y como sostenía Y. – M. Congar, en sintonía con la interpretación de los Santos Padres. Y supongo que podríamos asistir a una renovada comprensión del primado de Pedro y, en particular, de su responsabilidad por la unidad de la fe y la comunión eclesial, sin que desmerezca el debate al respecto entre los exégetas.

Hoy por hoy, no veo otra manera de prevenir el “infarto teológico y dogmático” que ronda a la sinodalidad. O, si se prefiere, el “cortocircuito” entre fundamento cristológico y sometimiento laical al ministerio ordenado (aunque pretenda ser suavizado recurriendo a términos tales como “colaboración” o “cooperación”) que, presente en Lumen Gentium 36-37, es la raíz del clericalismo.

Aunque todo esto pueda quedar en agua de borrajas, creo que somos bastantes las personas conscientes de que, de la misma manera que los pragmatismos actuales son los pecados de un futuro no muy lejano, las utopías de hoy son las evidencias de mañana. Y creo que también somos muchas las que, en caso de que esto no salga adelante, seguiremos “participando” del consuelo que le quedaba a Y. – M. Congar: que cuando llegue el “Pastor Soberano” nos encuentre “clamando” por una sinodalidad fundada en la corresponsabilidad bautismal. Y formulando propuestas que, por imposibles que puedan parecer, la hagan creíble.

El camino sinodal


por Rafael Narbona
Todas las reformas que han surgido en el seno de la Iglesia católica han sufrido el rechazo y la incomprensión de la jerarquía eclesiástica, siempre reacia a los cambios. Inocencio III contempló con recelo a san Francisco de Asís la primera vez que se entrevistó con él, sugiriéndole despectivo que tal vez debería predicar ante los cerdos, pues su atuendo era tan miserable que parecía apropiado para una porqueriza y no para una audiencia papal. Santa Teresa de Jesús no llegó a ser procesada por el Santo Oficio, pero ‘El Libro de la Vida’ permaneció en manos de los inquisidores hasta su muerte, sujeto a exámenes que rastreaban posibles herejías. San Juan de la Cruz fue encarcelado en Toledo por los Calzados, soportando toda clase de privaciones y vejaciones. Su celda no era un calabozo convencional, sino una antigua letrina. Las penurias no le impidieron comenzar el ‘Cántico espiritual’, una de las cimas de la mística española del XVI. El filósofo y jesuita Teilhard de Chardin publicó póstumamente gran parte de su obra para evitar represalias. Se le acusó de posiciones heréticas (cuestionó el pecado original, aprobó los métodos anticonceptivos y señaló que el fin del matrimonio no es la procreación, sino el enriquecimiento espiritual de los esposos), pero –como reconoció Benedicto XVI– su liturgia cósmica, que convertía el universo en una hostia viviente, inspiró ‘Gaudium et spes’, la única constitución pastoral del Concilio Vaticano II. El 20 de julio de 1981 L’Osservatore Romano afirmó que Teilhard de Chardin fue “un hombre poseído por Cristo en lo más profundo de su alma. Estaba preocupado por honrar tanto la fe como la razón, y anticipó la respuesta al llamamiento de Juan Pablo II: ‘No tengáis miedo, abrid, abrid de par en par las puertas de los inmensos ámbitos de la cultura, la civilización y el progreso a Cristo’”. Seguir leyendo

El CELAM perfila sus próximos pasos en perspectiva sinodal

[Por: Óscar Elizalde Prada | ADN Celam]
Con una celebración eucarística presidida por Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte en la capilla de la Casa Lago de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) dio inicio este miércoles 14 de julio, en la Ciudad de México, a la reunión de la Presidencia con los Centros Pastorales que se desarrollará hasta el próximo viernes 16 de julio.

Integración, discernimiento y evaluación

En su homilía Monseñor Cabrejos destacó la importancia de este encuentro tras la aprobación de la nueva estructura pastoral del Celam por la 38ª. Asamblea General Ordinaria, el pasado mes de mayo, como un espacio propicio para el encuentro, la integración, el discernimiento de los pasos el Celam deberá dar en perspectiva de sinodalidad, y la evaluación de los itinerarios que el organismo episcopal viene transitando para responder al mandato de los obispos en la Asamblea de Tegucigalpa (mayo de 2019).

Las palabras que el Santo Padre ha dirigido al Celam –en respuesta a la misiva que le envió la Presidencia, al concluir la 38ª. Asamblea General– son fuente de inspiración para las jornadas de oración, trabajo y reflexión que se desarrollan en estos días: “No olviden que las palabras que guían vuestro proceso de sinodalidad, ‘memoria’ y ‘desafíos’, tinene un denominador común: la ‘escucha’”, ha dicho el Papa Francisco al Celam, al tiempo que anima a los a que “no dejemos de escuchar lo que el Espíritu Santo nos sugiere a nosotros, pastores, poniendo un oído en la historia de nuestros pueblos, atentos a las raíces que los sustentan, y otro e el presente, escuchando los gritos de nuestros hermanos y hermanas”.

Grupo discerniente

Esta invitación del Obispo de Roma ha permeado los momentos de oración, reflexión y discernimiento comunitario que orienta el jesuita mexicano José Luis Serra, quien ha propuesto un itinerario teórico-práctico a la luz del método ignaciano de discernimiento, con el fin de ayudar a los participantes a constituirse como grupo discerniente.

La reunión se realiza en modalidad presencial y virtual, al mismo tiempo, con la presencia activa de la Presidencia del Celam, de la Secretaría General y de los Centros Pastorales, representados por los Obispos Coordinadores de los Consejos y los Directores de cada Centro: el Centro de Gestión del Conocimiento, el Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral, Centro de Formación CEBITEPAL y el Centro para la Comunicación.

Publicado en: https://prensacelam.org/2021/07/15/el-celam-perfila-sus-proximos-pasos-en-perspectiva-de-sinodalidad/

Dos mujeres españolas en el Sínodo Eclesial

Carmen Peña y Cristina Inogés serán las dos mujeres españolas presentes en el Sínodo

Cristina Inogés

La profesora de Derecho Canónico de Comillas, Carmen Peña García, formará parte de la Comisión Teológica, que estará coordinada por el agustino Luis Marín de San Martín, y en la que en representación de nuestro país estarán Eloy Bueno de la Fuente y Santiago Madrigal
Cristina Inogés Sanz, por su parte, formará parte de la Comisión Metodológica, coordinada por Nathalie Becquart
19.07.2021 Jesús Bastante
Que las cosas están cambiando en la Iglesia da buena muestra el hecho de que las mujeres, poco a poco, dejan de ser ‘extrañas’ en una institución tradicionalmente copada por hombres (obispos, por más señas). El Francisco ha querido acabar con eso y, de hecho, son dos las españolas que formarán parte de las comisiones que preparan el Sínodo que arrancará en octubre de este año en Roma, en presencia del Papa.
¿Quiénes son? Cristina Inogés y Carmen Peña. La profesora de Derecho Canónico de Comillas, Carmen Peña García, formará parte de la Comisión Teológica, que estará coordinada por el agustino Luis Marín de San Martín, y en la que en representación de nuestro país estarán Eloy Bueno de la Fuente y Santiago Madrigal. Cristina Inogés Sanz, por su parte, formará parte de la Comisión Metodológica, coordinada por Nathalie Becquart.


Carmen Peña García
Breves biografías
Cristina Inogés, laica católica, teóloga por la Facultad de Teología Protestante de Madrid SEUT. Durante diez años (2004-2014), colaboró con la Facultad de Teología de Gotinga (Alemania), participando en las publicaciones ‘online’. Actualmente colabora en ‘Lecturas diarias’, de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (Argentina), según la biografía de PPC. Ella se define como «teóloga de espíritu beguino y ecuménico» en sus redes sociales.
Carmen Peña García, por su parte, es Doctora en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia Comillas, en cuya Facultad estudió también la Licenciatura en Derecho Canónico, licenciándose en 1995. Es también Licenciada y Doctora en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, Licenciada en Estudios Eclesiásticos por la Universidad Pontificia de Salamanca, y en Teología Dogmática y Fundamental por la Universidad P. Comillas. En 2014 participó, en calidad de Experta, en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, celebrada en el Vaticano, y en octubre de 2018 fue nombrada Consultora del Dicasterio de Laicos, Familia y Vida del Vaticano, explica la web de Comillas.

El Sínodo de la sinodalidad echa a andar…

El Sínodo de la Sinodalidad echa a andar con tres comisiones en las que participan cuatro españoles
Cristina Inogés será parte de la Comisión Metodológica junto a cinco laicos, una religiosa y dos religiosos
Carmen Peña, Eloy Bueno y Santiago Madrigal se suman a la Comisión Teológica, formada por 25 personas
La Comisión Asesora está copada por cuatro italianos a los que acompaña una laica alemana

El Sínodo de los Obispos comienza a armar su XVI Asamblea General Ordinaria con el tema ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’. Prevista inicialmente para octubre de 2022 y pospuesta a 2023, la Secretaría General ha propuesto una modalidad inédita que se articulará en tres fases, entre octubre de 2021 y octubre de 2023: fase diocesana, fase continental y fase de la Iglesia Universal. Para echar a andar, han nombrado una Comisión Teológica, una Comisión Metodológica y una Comisión Asesora. Seguir leyendo

No hay sinodalidad sin espiritualidad

“Es realmente un proceso de escucha del Espíritu Santo”, ha dicho la subsecretaria del Sínodo de los Obispos

“Lo fundamental y realmente seguro es que no hay sinodalidad sin espiritualidad, ya que la sinodalidad pone en el centro el hecho de caminar junto a Cristo, y escuchar al Espíritu Santo”. Convencida de que esto es así lo ha declarado a Vatican News Nathalie Becquart, religiosa javeriana y subsecretaria del Sínodo de los Obispos.
“Esta dimensión espiritual es realmente una dimensión esencial de la sinodalidad, en la que debemos seguir profundizando”, ha subrayado. Y es que los preparativos para el Sínodo sobre la Sinodalidad ya se han puesto en marcha. Se celebrará en Roma en octubre de 2023, pero sus reflexiones ya han dado comienzo. Entre ellas, la que versa sobre la espiritualidad. Seguir leyendo

Un Sínodo para repensar las estructuras de la Iglesia

[Por: Luis Miguel Modino | ADN Celam]
El Sínodo sobre la sinodalidad se presenta como “una experiencia única para toda la Iglesia”, según Agenor Brighenti. El teólogo brasileño ha sido nombrado recientemente miembro de la comisión teológica del Sínodo, un servicio que dice acoger con gran alegría.

Pasos importantes en la implementación de la sinodalidad

El ejercicio de la sinodalidad ha sido una dificultad en la Iglesia postconciliar. De hecho, “el gran reto es situar la colegialidad episcopal en el corazón de la sinodalidad eclesial”. En ese sentido, “el Papa Francisco, está dando pasos muy decisivos y consecuentes en la implementación de esta sinodalidad”, según Agenor, que forma parte del equipo teológico del Celam. En la entrevista, reflexiona sobre los pasos dados y las dificultades enfrentadas en la experiencia de la sinodalidad en América Latina. Seguir leyendo

Entrevista a Nathalie Becquart

Entrevista exclusiva con la primera mujer que votará en un Sínodo de Obispos

Nathalie Becquart: «En la Iglesia clerical que heredamos, las mujeres no son escuchadas. Esto debe cambiar»

«La cuestión de la mujer, o más exactamente el nuevo equilibrio de género en la sociedad y en la Iglesia, es un signo de los tiempos. Como dijo el cardenal Mario Grech, ‘se ha abierto una puerta’ y podemos pensar que se seguirá abriendo»

«La historia ha hecho que la responsabilidad en la Iglesia se asocie durante siglos a la ordenación, reservada a los hombres. En la Iglesia clerical que heredamos, las mujeres se sienten a menudo olvidadas porque no son escuchadas ni tenidas realmente en cuenta por muchos clérigos. Esto debe cambiar»

«Quedan pasos por dar para saber cómo ser esta Iglesia sinodal en todos los lugares, una Iglesia inclusiva en la que hombres y mujeres caminen juntos a la escucha del Espíritu en el respeto mutuo, la igualdad y la escucha recíproca. No es posible ignorar a la mitad de la humanidad»

«La apertura del acolitado y del lectorado a las mujeres refleja esta opción de una posible creatividad para establecer nuevos ministerios abiertos a las mujeres, a los laicos dentro de una Iglesia totalmente ministerial»

«Para salir del clericalismo, identificado como un mal que puede facilitar el abuso de poder y el abuso sexual, la Iglesia debe implementar la sinodalidad en todos los niveles»

«Estamos en un momento clave de la historia, complejo pero apasionante. Y creo que es difícil tener ideas muy fijas. Estamos llamados a estar en continuo discernimiento, porque la sinodalidad es el estilo de discernimiento, es un camino abierto, no conocido de antemano»

«Francisco fue elegido para acompañar la necesaria reforma de la Iglesia. Esto implica tanto la conversión de las mentalidades -y Francisco hace gran hincapié en la conversión espiritual y pastoral- como la reforma de las estructuras»

«Todo cambio provoca resistencia al cambio, por lo que no debe sorprendernos. En este cambio de mundo que estamos viviendo, la Iglesia, para ser fiel a su misión de anunciar el Evangelio a todos, también debe cambiar. Esto puede ser aterrador»

«Sueño que la barca de la Iglesia abrirá sus velas de par en par al soplo del Espíritu, al soplo del Concilio Vaticano II, para avanzar cada vez más mar adentro al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo»

08.04.2021 Jesús Bastante

Será la primera mujer en la historia en votar en un Sínodo de Obispos, un hito en una Iglesia todavía demasiado patriarcal y que, de la mano del Papa Francisco, va dando pasos lentos, pero firmes, en pos de la igualdad. La religiosa francesa Nathalie Becquart, nueva subsecretaria del Sínodo, habla en esta entrevista exclusiva para RD de los retos de la Iglesia sinodal, y de la lucha por la corresponsabilidad de todos en esta Iglesia del «poliedro» que busca el Papa Francisco, a pesar de que acaba de dar positivo por coronavirus.

«Sueño que la barca de la Iglesia abrirá sus velas de par en par al soplo del Espíritu, al soplo del Concilio Vaticano II, para avanzar cada vez más mar adentro al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo», señala Becquart, quien reclama que la cuestión de la mujer «es un signo de los tiempos» y que decisiones como la de su nombramiento suponen «abrir una puerta» que «se seguirá abriendo».

«No es posible ignorar a la mitad de la humanidad», constata la religiosa, quien reclama «establecer nuevos ministerios abiertos a las mujeres, a los laicos dentro de una Iglesia totalmente ministerial». «Para salir del clericalismo, identificado como un mal que puede facilitar el abuso de poder y el abuso sexual, la Iglesia debe implementar la sinodalidad en todos los niveles«, sugiere, admitiendo que «estamos en un momento clave de la historia, complejo pero apasionante. Y creo que es difícil tener ideas muy fijas. Estamos llamados a estar en continuo discernimiento, porque la sinodalidad es el estilo de discernimiento, es un camino abierto, no conocido de antemano»

¿Cómo se enteró de su nombramiento? ¿Qué significa para usted?

Me enteré de mi nombramiento por una llamada telefónica del Sustituto de la Secretaría de Estado, Edgar Peña Parra. Fue una gran sorpresa, nunca me lo habría imaginado. En mi opinión, la decisión del Papa se inscribe en la presencia y la escucha del Sensus Fidei. Junto con Luis San Martín, religioso, y monseñor Grech, obispo, simbolizamos los carismas de la Iglesia sinodal. Este nombramiento significa mucho para las mujeres: han sido muchas las que me han expresado su alegría por ver reforzado el lugar de las mujeres en la Iglesia. Pero, en términos más generales, el hecho de ser un no-clérigo, un laico, me vincula de manera especial con todos los laicos. Oigo en particular una llamada a vivir esta misión estando profundamente atentos al Pueblo de Dios, en comunión con todos los bautizados, especialmente los más pobres y los que más sufren.

Oigo en particular una llamada a vivir esta misión estando profundamente atentos al Pueblo de Dios, en comunión con todos los bautizados, especialmente los más pobres y los que más sufren

¿Pudo hablar con el Papa Francisco? ¿Qué le ha pedido?

Por el momento, no me he reunido con el Papa Francisco, pero espero que podamos encontrarnos pronto con el cardenal Mario Grech y el obispo Luis Marín de San Martín.Será la primera mujer que vote en un sínodo. ¿Es sólo un gesto o es una puerta abierta a una mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones en la Iglesia?

Este gesto forma parte de un movimiento que hunde sus raíces en el Concilio Vaticano II, que abrió sus puertas a las mujeres laicas como auditoras. Los últimos Sínodos han acogido a un número creciente de mujeres como auditoras y expertas, que desempeñaron un papel importante en el Sínodo de los Jóvenes y en el Sínodo sobre la Amazonia. Estos dos últimos sínodos también han puesto de relieve el reto de implicar más a las mujeres en los procesos de toma de decisiones de la Iglesia y darles responsabilidades, algo que ya ocurre en muchas iglesias locales. En cierto modo, este nombramiento, que conlleva el derecho de voto en el sínodo por primera vez, hace visible una evolución en curso. La cuestión de la mujer, o más exactamente el nuevo equilibrio de género en la sociedad y en la Iglesia, es un signo de los tiempos. Como dijo el cardenal Mario Grech en su entrevista, «se ha abierto una puerta» y podemos pensar que se seguirá abriendo.

Las mujeres están en los Evangelios -Jesús no temía encontrarse con mujeres- y desempeñan papeles importantes en la Iglesia primitiva. Pero la historia ha hecho que la responsabilidad en la Iglesia se asocie durante siglos a la ordenación, reservada a los hombres

¿Siguen siendo las mujeres las olvidadas en la Iglesia?

No creo que podamos decir eso. Las mujeres están en muchos lugares muy presentes en la Iglesia, y constituyen la mayoría de las asambleas dominicales. Están en los Evangelios -Jesús no temía encontrarse con mujeres- y desempeñan papeles importantes en la Iglesia primitiva. Pero la historia ha hecho que la responsabilidad en la Iglesia se asocie durante siglos a la ordenación, reservada a los hombres. En la Iglesia clerical que heredamos, las mujeres se sienten a menudo olvidadas porque no son escuchadas ni tenidas realmente en cuenta por muchos clérigos. Esto debe cambiar y el Papa Francisco pide claramente una presencia más incisiva de las mujeres, que tienen que dar su contribución, compartiendo los carismas que han recibido para el servicio de todos. Con el nombramiento de mujeres en puestos clave de la Curia pretende mostrar este camino.Quedan pasos por dar para saber cómo ser esta Iglesia sinodal en todos los lugares, una Iglesia inclusiva en la que hombres y mujeres caminen juntos a la escucha del Espíritu en el respeto mutuo, la igualdad y la escucha recíproca. No es posible ignorar a la mitad de la humanidad. Pero también podemos subrayar todo lo que ya está ocurriendo en muchas iglesias locales, que están dando cada vez más responsabilidades a las mujeres. Lo que me llama la atención hoy, y lo que ha cambiado, es que la cuestión de la mujer en la sociedad y en la Iglesia ya no la llevan sólo las mujeres sino, cada vez más, los hombres, y en particular muchos sacerdotes y obispos que aspiran a vivir esta corresponsabilidad con las mujeres.

¿Se puede disociar este debate del debate sobre el sacramento? Al mismo tiempo que su nombramiento, el Papa ha abierto también el acolitado y el lectorado a las mujeres. ¿Podría ser este el primer paso hacia la cuestión de las diaconisas o el sacerdocio femenino?

La propuesta elegida por el Papa Francisco es claramente desconectar el ejercicio de la autoridad de la ordenación. De hecho, en los últimos años ha nombrado a mujeres y hombres laicos para puestos que tradicionalmente eran ocupados por clérigos. Hay un desarrollo de la corresponsabilidad de todos los bautizados en el gobierno eclesial, que no está necesariamente ligado a la ordenación. La apertura del acolitado y del lectorado a las mujeres refleja esta opción de una posible creatividad para establecer nuevos ministerios abiertos a las mujeres, a los laicos dentro de una Iglesia totalmente ministerial.

La cuestión primordial no es la de la ordenación, sino ¿qué ministerios necesita hoy la Iglesia para cumplir su misión de evangelización al servicio de todos? Para salir del clericalismo identificado como un mal que puede facilitar el abuso de poder y el abuso sexual, la Iglesia debe implementar la sinodalidad en todos los niveles. Es decir, esa visión de la Iglesia en la que, según el Documento de la Comisión Teológica Internacional sobre «La sinodalidad en la vida y la misión de la Iglesia»: «Toda la comunidad, en la libre y rica diversidad de sus miembros, está llamada a orar, escuchar, analizar, dialogar y aconsejar para que se tomen decisiones pastorales» (ITC, §68).Esto requiere que los pastores se consideren parte de la comunidad a la que están llamados a servir. Es decir, el pastor no existe sin la comunidad y la comunidad sin el pastor. Esta visión relacional, basada en la reciprocidad y la interdependencia implica un nuevo estilo de liderazgo más colegiado que enfatiza la escucha, la participación de todos y el discernimiento en común, buscando involucrar a los laicos en el proceso de toma de decisiones. Se trata de poner en práctica el principio de subsidiariedad propugnado por la Doctrina Social de la Iglesia, cercano al clásico principio recogido por Bonifacio VIII: «Lo que afecta a todos debe ser tratado y aprobado por todos». 

Se trata de poner en práctica el principio de subsidiariedad propugnado por la Doctrina Social de la Iglesia, cercano al clásico principio recogido por Bonifacio VIII: «Lo que afecta a todos debe ser tratado y aprobado por todos»

¿Cómo se posiciona usted respecto a estos temas?

Por mi parte, estoy convencida de que es redescubriendo la prioridad de la misión, desplegando esta sinodalidad misionera -que se articula con una postura de diálogo con el mundo y de servicio al bien común de la sociedad en un espíritu de «comunión misionera»- como la Iglesia discernirá nuevas formas de ejercer el servicio de la autoridad y del ministerio. El Espíritu Santo está actuando, guiando siempre en la novedad y en la continuidad. Estamos en un momento clave de la historia, complejo pero apasionante. Y creo que es difícil tener ideas muy fijas. Estamos llamados a estar en continuo discernimiento, porque la sinodalidad es el estilo de discernimiento, es un camino abierto, no conocido de antemano. Tengo una gran confianza en el discernimiento eclesial que se realiza teniendo en cuenta el Magisterio oficial, el «magisterio» de los teólogos y el Sensus Fidei, que interactúan en un movimiento circular.


Están preparando un Sínodo sobre la sinodalidad. ¿Cuáles cree que deberían ser las claves de este proceso?

La Constitución Episcopalis Communi, promulgada en septiembre de 2018 justo antes de la celebración del Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes en octubre de 2018, nos da claramente la hoja de ruta y las claves de este proceso. Se trata de pensar y vivir el sínodo como un proceso que se desarrolla en el tiempo en tres fases: la fase preparatoria, la fase de celebración (la reunión de los obispos en Roma) y la fase de recepción en las Iglesias locales . Es cierto que Episcopalis Communio pone un fuerte énfasis en la fase preparatoria que implica una amplia consulta al Pueblo de Dios en las Iglesias locales. Así, se indica en el punto 6 que «El Sínodo de los Obispos debe convertirse también, cada vez más, en un instrumento privilegiado de escucha del Pueblo de Dios».Sinodalidad El reto es, pues, poner en práctica esta escucha desarrollando diversos modos de consulta en las diócesis, implicando en este proceso a todos los grupos eclesiales (parroquias, comunidades, movimientos, universidades católicas….) sin olvidar la escucha fundamental de los que no están en la Iglesia. La clave del proceso sinodal es permitir que el mayor número posible de personas experimente procesos sinodales que les permitan ser actores y hacer oír su voz.

La clave del proceso sinodal es permitir que el mayor número posible de personas experimente procesos sinodales que les permitan ser actores y hacer oír su voz

¿Cuál cree que será la contribución del pontificado de Francisco a la historia de la Iglesia?

El pontificado del Papa Francisco nos ha llevado a una nueva etapa de recepción del Concilio Vaticano II, que hace hincapié en la sinodalidad. Esto se articula con una eclesiología del Pueblo de Dios. Es demasiado pronto para decir cuál será la contribución del pontificado del Papa Francisco a la historia de la Iglesia, pero podemos ver claramente en la Evangelii Gaudium, que es en cierto modo su exhortación programática, que su pontificado apunta a la transformación misionera de la Iglesia.

Francisco fue elegido para acompañar la necesaria reforma de la Iglesia. Esto implica tanto la conversión de las mentalidades -y Francisco hace gran hincapié en la conversión espiritual y pastoral- como la reforma de las estructuras. Su pontificado tiene lugar en un momento de crisis para la sociedad y para la Iglesia. Francisco trae una palabra de esperanza, busca pensar y construir un futuro para todos. Esto es evidente en el trabajo actual de la comisión COVID y sus reflexiones sobre la pandemia.

Francisco trae una palabra de esperanza, busca pensar y construir un futuro para todos. Esto es evidente en el trabajo actual de la comisión COVID y sus reflexiones sobre la pandemia

¿Es consciente de las críticas que muchas decisiones o actitudes del Papa están despertando en algunos sectores de la Iglesia? ¿Cree que hay riesgo de cisma?

Sí, es un fenómeno que vemos en todas las instituciones. Todo cambio provoca resistencia al cambio, por lo que no debe sorprendernos. En este cambio de mundo que estamos viviendo, la Iglesia, para ser fiel a su misión de anunciar el Evangelio a todos, también debe cambiar. Esto puede ser aterrador. Es normal tener percepciones diferentes, el reto es reconocer que nadie tiene la verdad por sí solo, la verdad hay que buscarla juntos humildemente en la confianza, la escucha mutua y la oración.

Desde el principio la Iglesia ha sido plural, desde el principio tenemos 4 evangelios para contar la misma experiencia con diferentes tonos porque son vividos y expresados por diferentes comunidades

Desde el principio la Iglesia ha sido plural, desde el principio tenemos 4 evangelios para contar la misma experiencia con diferentes tonos porque son vividos y expresados por diferentes comunidades. Como dice el Papa Francisco, la unidad de la Iglesia debe vivirse según la figura del poliedro -y no la de la esfera- teniendo en cuenta las diferencias de cultura, de sensibilidad. No creo que haya un riesgo real de cisma, que me parece que se pone de manifiesto por una determinada operación mediática que acentúa las oposiciones. Tengo fe en el Espíritu Santo que trabaja para tejer la comunión más allá de las diferencias y oposiciones.¿Podemos lograr una Iglesia en la que todos nos sintamos socios? ¿Puede la Iglesia ser una democracia?

Sí, la visión de la Iglesia sinodal implica que todos son actores, protagonistas, discípulos misioneros y, por tanto, socios en la misión de la Iglesia al servicio del mundo. La Iglesia es una realidad humano-divina, fundada y enraizada en el misterio trinitario. No es directamente comparable a ninguna institución humana y, por tanto, no puede ser una democracia en el sentido político.

Al mismo tiempo, toda la historia de la Iglesia nos enseña que la Iglesia está siempre inculturada, influenciada por los contextos histórico-social-políticos en los que se desarrolla. Está dirigida por el Espíritu Santo y, al mismo tiempo, formada por hombres y mujeres muy de su tiempo. La sinodalidad, dimensión constitutiva de la Iglesia, es en cierto modo la visión dinámica de la Iglesia en la historia, una visión que toma en serio la encarnación, la inculturación necesaria.

El desafío actual es discernir cómo ser una iglesia de estilo misionero en las culturas globalizadas de hoy y en una forma de cultura digital posmoderna que pone al individuo en el centro. Existe necesariamente una interacción entre la sinodalidad y la democracia porque la Iglesia está siempre en una relación recíproca con el mundo, con las sociedades. Por lo tanto, puede aprender e inspirarse en los procesos democráticos participativos y, al mismo tiempo, no puede transponerlos tal cual de la esfera política mediante un «copiar y pegar». Es todo un trabajo de discernimiento.

Existe necesariamente una interacción entre la sinodalidad y la democracia porque la Iglesia está siempre en una relación recíproca con el mundo, con las sociedades

¿Con qué iglesia sueña Nathalie Becquart?

Durante el Pre-Sínodo de los Jóvenes en marzo de 2018 y el Sínodo de los Jóvenes en octubre de 2018, experimenté «la Iglesia como la soñamos», una Iglesia relacional, fraternal e inclusiva. Una Iglesia en movimiento, una Iglesia de encuentro y fraternidad en la que todos participan, aportan su voz y se escuchan. Estas experiencias de comunión en la diversidad, fuentes de gran alegría, me han marcado y transformado profundamente. Me hizo sentir aún más profundamente insertado en el cuerpo eclesial. Así he experimentado aún más profundamente el misterio de la Iglesia enraizado en el misterio trinitario, el misterio de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Templo del Espíritu.Sueño con que todos en la Iglesia puedan vivir este tipo de experiencia que llamamos «Camino de Emaús» durante el Sínodo de los Jóvenes – porque realmente sentimos que Cristo caminaba con nosotros – o el Nuevo Pentecostés. Sueño que la barca de la Iglesia abrirá sus velas de par en par al soplo del Espíritu, al soplo del Concilio Vaticano II, para avanzar cada vez más mar adentro al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo