Solidaridad con Ucrania

Abriendo corredores humanitarios: hay que salvar vidas, no hay tiempo que perder

Sor Lucía, con uno de los pequeños ucranianos llegados a España
Sor Lucía, con uno de los pequeños ucranianos llegados a España

«En 14 días atravesé tres veces Europa, en furgoneta, en avión y en autobús. El destino era siempre ir a las fronteras a buscar personas y a abrir corredores humanitarios. El dolor es infinito y no es posible explicar la impotencia que se vive en medio de una marea humana»

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Por Sor Lucía Caram

La invasión a Ucrania ha desencadenado una escalada de violencia y una guerra tan absurda como cruel, que se está cebando con la vida de miles de personas y con un País que no considera suya esta locura y que se ve sumido en una angustia infinita que parece no tener fin.

Una guerra que lleva años gestándose y que ya causó una emigración significativa de personas en estos últimos años. Ayer, una niña de 16 años lloraba desconsolada en nuestro autobús. Su mamá me dijo: “Su padre murió en el 2014 en la guerra y esta vez pudimos huir de los bombardeos de Járkov, donde una bomba estalló muy cerca nuestro. Desde entonces está en estado de pánico”

En 14 días atravesé tres veces Europa, en furgoneta, en avión y en autobús. El destino era siempre ir a las fronteras a buscar personas y a abrir corredores humanitarios. El dolor es infinito y no es posible explicar la impotencia que se vive en medio de una marea humana en la que las mujeres y sus niños, ancianos, minusválidos….¡personas! se han visto obligadas a abandonar su vida cotidiana viendo cómo, arrancados de los suyos, deben construir, entre la incertidumbre y el miedo, su presente y su futuro.

Sor Lucía, con uno de los pequeños
Sor Lucía, con uno de los pequeños

En mi Convento hemos ido acogiendo personas y familias a lo largo de estas semanas, y he podido comprobar que cuando ensanchamos el espacio de nuestras tiendas, el corazón se dilata y se respira Evangelio y se siente, se palpa y se toca la fuerza del Espíritu que nos hace imparables. Monjas y laicos, voluntarios y amigos, todos juntos, una piña, porque sabemos que no hay tiempo que perder.

En la frontera se tocan todos los límites humanos y es desgarrador el mirar atrás de los que huyen, porque atrás quedan sus personas amadas. Mirar adelante mordiéndose los labios y echándole ánimos al límite de las fuerzas, les permite avanzar porque llevan niños en sus brazos o caminando a su lado, y porque ellos tienen un futuro que construir, porque a su presente unas bombas asesinas se lo quieren borrar. 

Los campos de refugiados improvisados, cada vez están más abarrotados de personas, que si hace unos días querían huir a dónde fuera, ahora ven que al dolor de la guerra, las bombas y la huida, se suma el de los inescrupulosos que buscan montar sus negocios traficando con la vida de las personas en el asqueroso mundo de la explotación sexual, la venta de órganos y el abuso de poder incontrolado, y de los que deben protegerse porque les secuestran con promesas de bienestar y un destino feliz. Esta nueva situación les paraliza en los campos de refugiados y les hunde en un dolor que parece aliviarse con ríos de lágrimas amargas. Eso sí: las mujeres lloran en la oscuridad, cuando sus hijos no las ven, porque para ellos, ellas son su única fortaleza.

Las mujeres lloran en la oscuridad, cuando sus hijos no las ven, porque para ellos, ellas son su única fortaleza

Ahora a la gente le cuesta marchar, porque le cuesta confiar… Y es normal. Parece mentira que haya quienes pretenden vivir a costa del dolor ajeno, y no se inmuten ante este drama sin precedentes en nuestra historia reciente.

Sor Lucía, con algunos de los refugiados
Sor Lucía, con algunos de los refugiados

Escuchar las historias, caminar por los corredores de las fronteras, transitar por medio de los diversos campos de refugiados, en los que se ve mucha ayuda humanitaria y se echan en falta la coordinación y la presencia de las grandes entidades que suelen venderse como abanderadas de la solidaridad y de las catástrofes, pone toda la vida en jaque y saltan todas las alarmas.

La hora de la verdad

Esta es la hora de la verdad, en la que la solidaridad se ve de lejos y de cerca; en la que la suma de la sociedad civil – que es evidente que se ha organizado mucho antes que las administraciones y las grandes entidades- , da paso a unos corredores humanitarios, que hoy por hoy, han salvado muchas vidas con recursos que son siempre limitados. Uno echa en falta más agilidad en los gobiernos, que después de haber fracasado para conseguir la paz, hoy llegan tarde y mal, porque quieren una organización perfecta, que no hace más que aumentar el dolor y la incertidumbre de los que huyen y en su desesperación deben confiar y hacerlo a ciegas y sin garantías. 

Sólo pedimos un poco más de agilidad… Lo pedimos por la vida de los que sufren de forma desesperada. 

Tuve la suerte de contar en todos mis viajes con el asesoramiento y apoyo del equipo de la delegada del Gobierno en Cataluña, y de ver cómo se nos ayudaba a resolver los contratiempos y a mejorar unos y otros. Hoy, juntos intentamos explicar lo que vemos en el terreno, para mejorar en la acogida y en la detección de lo que ya parece más que evidente, que es el tráfico de personas.

Familias de migrantes ucranianos
Familias de migrantes ucranianos

Hoy se activa en las fronteras de la Junquera un control que es necesario para frenar a las mafias y garantizar la libertad y la seguridad de las personas. Ojalá llegue pronto a Fira de Barcelona el ágil funcionamiento de la acogida, que a día de hoy es bastante caótico, y que es el eslabón final de un calvario, que parece será largo y se habrá cobrado demasiadas víctimas.

Termino citando a dos argentinos que son una especie de “maestros del espíritu para la vida:

Francisco: “Es una absurda contradicción negociar la paz y al mismo tiempo promover o permitir el comercio de armas. Acabemos con ésta situación. Pidamos todos juntos por los responsables de las Naciones para que se comprometan con decisión a poner fin al negocio de las armas que causa tantas víctimas inocentes”

Y la incombustible “Mafalda” que nos recuerda una evidencia que es indiscutible: 

“Si los cobardes que deciden las guerras tuvieran que ir a pelearlas, viviríamos todos en paz”.

Me considero herida de guerra porque he visto el dolor de un pueblo que ha sido alcanzado por la violencia y su causa es la mía.

¿Se renueva la vida religiosa en clave laical y sinodal?

El convento de Santa Clara, indicador de nuevos caminos de las comunidades religiosas

Sor Lucía Caram, frente al convento de Santa Clara.
Sor Lucía Caram, frente al convento de Santa Clara.

Auspiciada por el papa Francisco, la iniciativa de las hermanas dominicas de Manresa de abandonar una regla incompatible con su labor social en favor de los necesitados plantea interrogantes en relación con el futuro de la vida religiosa

¿Será esta ‘refundación carismática’ de Santa Clara una experiencia que marcará el camino de otras comunidades en el futuro? ¿Morirá la vida contemplativa clásica? ¿Cómo abordará, en definitiva, la vida religiosa del siglo XXI el reto que implica la crisis de vocaciones en el mundo occidental? 

Josep Miquel Bausset: “El problema de la vida contemplativa lo encontramos cuando dejamos de vivir como discípulos de Jesús y nos convertimos en una caricatura de lo que habríamos de ser, como la higuera estéril que no daba fruto»

Gemma Morató: “No creo que muera nada con esta iniciativa de las hermanas de Santa Clara. Al contrario, es una innovación. Ojalá muchos conventos, monasterios, congregaciones e institutos fueran capaces de preguntarse qué les inspira el Espíritu hoy»

Por Jordi Pacheco

Ha sido una de las últimas noticias del año 2021 y una de las más insólitas en la Iglesia catalana y, particularmente, en su vida religiosa: a inicios de diciembre el Convento de Santa Clara, en Manresa, anunció que dejaba de ser de clausura y se desvinculaba jurídicamente de la Federación Dominica de la Immaculada para poder seguir llevando a cabo su labor en favor de los más vulnerables de la sociedad. 

Auspiciada por el papa Francisco, la iniciativa de las hermanas dominicas de Manresa de abandonar una regla incompatible con su labor social en favor de los necesitados —algo que vienen realizando desde hace más de una década bajo el liderazgo de sor Lucía Caram a través de la Fundación del Convento de Santa Clara— ha sido enfocada desde el punto de vista de la eventual fórmula jurídica que, durante los próximos cinco años, tendrá que encontrar la comunidad ante este cambio de paradigma. 

Sin embargo, el trasfondo del tema plantea interrogantes tal vez de mayor calado en relación con el futuro de la vida religiosa, ya sea en su faceta activa como contemplativa o de clausura: ¿Será esta ‘refundación carismática’ de Santa Clara una experiencia que marcará el camino de otras comunidades en el futuro? ¿Morirá la vida contemplativa clásica? ¿O más bien se renovará en clave sinodal y laical? ¿Cómo abordará, en definitiva, la vida religiosa del siglo XXI el reto que implica la crisis de vocaciones en el mundo occidental? 

Cuestión de calidad, no de cantidad

“Hablar del futuro requiere a mi modo de ver dos visiones, una espiritual que no debemos obviar, y que nos dice que el Señor sabe lo que pretende hacer con la vida religiosa, y otra, más terrenal que nos muestra que el futuro, especialmente en la vieja Europa, es de pocas vocaciones”, apunta Gemma Morató Sendra, monja de la Dominica de la Presentación, una congregación de vida apostólica con presencia en 37 países en todo el mundo. “Lo interesante, sin embargo, es analizar no el número sino la calidad de cómo se vive la respuesta dada un día al Dios que nos llamó”, remarca la religiosa.

Igualmente consciente de que la importancia de la vida contemplativa no se encuentra en el número de monjes y monjas, Josep Miquel Bausset opina que el ‘problema’ de siempre en los monasterios para afrontar el futuro no radica en la cantidad, cada vez menor, sino el hecho de “perder la dimensión mística, contemplativa y profética”. “El problema de la vida contemplativa —, asegura el monje de Montserrat— lo encontramos cuando dejamos de vivir como discípulos de Jesús y nos convertimos en una caricatura de lo que habríamos de ser, como la higuera estéril que no daba fruto (Lc 13:1-9). El problema es cuando somos insignificantes, como decía el papa Francisco, es decir, cuando no significamos nada, cuando nuestra vida no tiene ningún valor ni ningún significado, como cuando la sal pierde su sabor”.

Abadía de Montserrat.
Abadía de Montserrat. Dídac García Castañeda.

El futuro de religiosos y laicos

El cambio de rumbo adoptado por el convento de Santa Clara pone de relieve un trabajo sinodal en el que religiosas y laicos unen sus esfuerzos para alcanzar un mismo fin. Un cambio con perspectiva de futuro que impedirá que el convento sea objeto en el futuro de operaciones inmobiliarias que lo acaben convirtiendo, como advierte sor Lucía Caram, en un hotel de lujo. Lo que se intenta es que, con monjas o sin ellas, la misión sobreviva a sus fundadoras. 

“Entendemos que esta decisión es fruto de los nuevos carismas y de las nuevas formas que están surgiendo de hacer el bien y de dar a conocer el Evangelio”, decía hace unos días sor María Teresa de Jesús Gil Martínez, priora federal de la Federación Dominica de la Inmaculada, mostrando su conformidad con la decisión adoptada por sus hermanas de Manresa. 

“Cada carisma tiene su valor y para mí es la manera de que quien sea encuentre el zapato que le va bien ante la llamada de Dios. La vida contemplativa es un motor muy especial para el caminar de la Iglesia”, reconoce Gemma Morató preguntada por la pervivencia de la vida contemplativa clásica en el mundo actual. 

“No creo que muera nada con esta iniciativa de las hermanas de Santa Clara. Al contrario, es una innovación. Ojalá muchos conventos, monasterios, congregaciones e institutos fueran capaces de preguntarse qué les inspira el Espíritu hoy, siendo fieles a su fundación pero también dando respuesta a un mundo cambiado, marcado ahora por una pandemia que ha trastocado ya tantas cosas”, reflexiona Gemma Morató, convencida de que este tiempo sinodal “es una gran oportunidad para todos, pero para la vida consagrada es un reto que se debe afrontar y hay que pedir la palabra, romper con esquemas preconcebidos y arriesgar y mucho”.

Dominicas de Manresa, con el Papa

Atreverse a ser diferente

Tras su nombramiento como arzobispo de Tarragona en marzo de 2019, Joan Planellas se refirió en estos términos al futuro de la vida contemplativa: “Hay que atreverse a ser diferentes, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece, a dar testimonio de la belleza de la generosidad, del servicio, de la pureza, de la fortaleza, del perdón, de la fidelidad a la propia vocación”.

Exhortaciones como esta del prelado catalán son vistas por Josep Miquel Bausset como una oportunidad para que “los monjes y las monjas podamos salir de nosotros mismos, arriesgando nuestra vida por el Reino”. “Hemos de ser peregrinos y nómadas, no sedentarios. Hemos de ser hombres y mujeres que abran caminos nuevos, que no se conformen con hacer siempre lo mismo, porque siempre se ha hecho así. Hemos de vivir abiertos a las sorpresas del Espíritu, desinstalados, buscando siempre caminar hacia adelante, con esperanza y con determinación”, argumenta el monje benedictino.   

La revolución de la ternura

Las siete monjas de la comunidad de Santa Clara conviven algunos días de la semana con una quincena de laicos, con quienes han construido en una zona del convento un banco de alimentos y un albergue para gente sin techo, además de atender a personas con problemas de salud mental y organizar actividades para niños en la casa de la infancia. Más de una década después de su creación, la Fundación del Convento de Santa Clara dispone en la actualidad de ocho proyectos que no sólo sirven para paliar situaciones de emergencia sino también para ofrecer a las personas un punto de apoyo en medio de una sociedad marcada por el individualismo y la fragilidad del vínculo social. 

Aparte de la Plataforma de los Alimentos, la Residencia Rosa Oriol y los pisos de acogida, la fundación tiene el Proyecto Amburnia (experiencias en torno al huerto para alumnos de secundaria con dificultades para seguir la escolaridad); el Taller (espacio de costura para mujeres de diferentes culturas); el Espacio de duchas (instalaciones para garantizar la higiene personal adaptadas para personas solas y familias con menores a cargo); Salud visual para todos (revisiones oculares a precio módico en diferentes centros oftalmológicos) y el Huerto ecológico (un espacio común donde compartir conocimientos con gente muy diversa, salud y buenos alimentos).

“El papa Francisco nos decía que tenemos que mirar a los ojos de los más pobres, de los niños, de los que sufren y hacernos cargo de su dolor, de su sufrimiento, de su realidad. Es lo que llevamos muchísimo tiempo haciendo: mirando”, explicaba sor Lucía a principios de este mes de diciembre a través de su canal de Youtube. “No hemos querido apartar la mirada del sufrimiento de nuestros hermanos y esto nos ha llevado a vivir una situación de alegría, de pascua, de mucha esperanza. Nuestra comunidad tiene muchos proyectos y necesita ayuda para llevar a cabo esta gran revolución de la ternura, y sobre todo, de la compasión, que es la pasión compartida que vivió Jesús, quien pasó entre nosotros haciendo el bien, compadeciéndose de las multitudes y dando esperanza a los desesperados”, concluye la monja manresana.

Sor Lucía Caram defiende al Papa

Sor Lucía Caram: “A la derecha rancia no le mola pedir perdón” 

Inda

Con motivo del bicentenario de la declaración de la Independencia de México, el Papa Francisco envió un mensaje al Pueblo mexicano, que los críticos y detractores, “no han leído” y han manipulado para atacar al Santo Padre sin motivos ni razones 

Pedir perdón es evangélico. En la Conquista o en la evangelización, hubo luces y sombras… Se arrasó con una cultura y un pueblo; se diezmaron poblaciones, se impuso la cruz con la espada… Y también hubo un anuncio positivo del Evangelio por parte de los misioneros y los conquistadores que hicieron mucho y bien… y otros mucho y mal y viceversa. 

El Papa está reconociendo que en nombre de Dios, muchas veces hacemos las cosas bien, y otras abusamos del poder. Y lo hace respecto al pasado lejano, pero también recordando los errores de un pasado más reciente 

04.10.2021 Sor Lucía Caram 

La frívola superficialidad y la falta de “cultura de la lectura” o de la capacidad de escuchar se ha instalado en los taquilleros “populistas de la derecha española” que buscan titulares para poder vender sus paranoias. Con motivo del bicentenario de la declaración de la Independencia de México, el Papa Francisco envió un mensaje al Pueblo mexicano, que los críticos y detractores, “no han leído” y han manipulado para atacar al Santo Padre sin motivos ni razones. 

El Papa dice: “Deseo que este aniversario tan especial sea una ocasión propicia para fortalecer las raíces y reafirmar los valores que los construyen como nación (…) Para fortalecer las raíces es preciso hacer una relectura del pasado, teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del País (…) Esa mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos (…) Por eso, en diversas ocasiones, tanto mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”.  

Me permito citar a los “antecesores” y a las palabras a las que se refiere Francisco. 

Juan Pablo II reconoció y pidió perdón en 1992, desde República Dominicana, por “los abusos cometidos debido a la falta de amor de aquellas personas que no supieron ver en los indígenas hermanos e hijos del mismo Padre Dios”. También al convocar el Jubileo del año 2000 dijo: “Como Sucesor de Pedro, pido que en este año de misericordia la Iglesia, persuadida de la santidad que recibe de su Señor, se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos”. 

Benedicto XVI, hizo lo mismo en el año 2007 al regresar de Aparecida (Brasil), señalando que “el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano: no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales”. 

Y el mismo papa Francisco en Bolivia en el 2015, pidió “humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. 

En esa misma perspectiva del recuerdo del pasado, el Papa sabe que no se pueden ignorar las acciones que, en tiempos más recientes, se cometieron contra el sentimiento religioso cristiano de gran parte del Pueblo mexicano, provocando con ello un profundo sufrimiento. Francisco pone las luces largas, desde la realidad actual, pero también mira por el retrovisor. No hace una lectura superficial y envía un mensaje cargado de contenido, sentimiento y desafíos. 

Pedir perdón es evangélico 

Pedir perdón es evangélico —Cristiano—. En la Conquista o en la evangelización, hubo luces y sombras… Se arrasó con una cultura y un pueblo; se diezmaron poblaciones, se impuso la cruz con la espada… Y también hubo un anuncio positivo del Evangelio por parte de los misioneros y los conquistadores que hicieron mucho y bien… y otros mucho y mal y viceversa. 

El Papa está reconociendo que en nombre de Dios, muchas veces hacemos las cosas bien, y otras abusamos del poder. Y lo hace respecto al pasado lejano, pero también recordando los errores de un pasado más reciente: el pueblo mexicano fue herido de muerte por los abusos y los encubrimientos que llevan el nombre de Marcial Maciel y muchísimos otros nombres y movimientos que se llaman cristianos, pero han sido unos cretinos y traidores. 

Y pide perdón… porque sabe que “no evocamos los dolores del pasado para quedarnos ahí, sino para aprender de ellos y seguir dando pasos, vistas a sanar las heridas”. Ya lo sabemos: “Dolor de los pecados, propósito de enmienda…” 

Las bravucanadas de Inda 

Pero resulta que saltan de la Caverna el señor Inda que nos tiene acostumbrados a bravuconadas y se atrevió a decir que el Papa es “el representante del diablo en la tierra”. Y Ana Rosa y sus cortesanos le rieron las gracias y condimentaron el plató con improperios, diciendo que es un Papa comunista y terrorista. 

Y vuelve Inda, con otra boludez en La Sexta noche empecinándose en decirla más bestia: “El indigenismo es el nuevo comunismo» y continúa: “lo que tendría que hacer el Papa es callarse un poquito». 

Y luego viene aquel que perdió el bigote pero no la vergüenza: José María Aznar, que se jacta que él no va a engrosar la fila de los que piden perdón… y se atreve a hablar de la evangelización y de ridiculizar al Papa sin nombrarle. Y resulta que los obsecuentes presentes le aplauden; los mismo que después dicen que el PP es el partido de los Católicos. 

Y suma y sigue: La presidenta de la Comunidad de Madrid, y el Espinosa de los Monteros: ¡Todos contra el Papa! 

Está de moda atacar a quien les incomoda. Tal vez al único líder mundial que habla con autoridad y compromiso; aquel no tiene intereses creados y que se juega todas las cartas a la defensa de las persones y al mensaje del Evangelio. 

Una vez más resuenan con fuerza las palabras de Jesús en el Evangelio: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. A Pedro le dio las llaves, y Pedro es Francisco, y no pacta con la mediocridad, la mentira, la corrupción ni los populismos. 

Detractores: leed el mensaje y por favor: dejad de hacer el ridículo. Leed lo que dice Francisco: Y si tenéis un poco de decencia, pedid perdón, que eso no es de cobardes, es de sabios y de almas grandes.