LEONARDO BOFF: OCHENTA Y TRES AÑOS EN CAMINO

Leonardo Boff

Por JUAN JOSÉ TAMAYO Autor de Leonardo Boff. Ecología, mística y liberación (Desclée de Brower, Bilbao, 1999)

            Querido Leonardo

No quiero faltar a tu fiesta del 83 cumpleaños el día 14 de diciembre. Lo recuerdo cada año y este he decidido escribirte una carta en la que quiero expresarte mi amistad y mi reconocimiento en este largo caminar ya octogenario. Antes de la pandemia nos encontramos varias veces en Ciudad de México, Puebla de los Ángeles y Monterrey. Llevamos todo este tiempo de lacovid-19 sin vernos. Hoy quiero compensar la distancia física en tan significativo efemérides con este mensaje solidario en plena sintonía. contigo haciendo un ejercicio de “razón anamnética” de tu vida y pensamiento. 

Durante los ochenta y tres años de vida has hecho un fecundo itinerario que se bifurca en múltiples sendas: la experiencia religiosa, la teología, la ecología, la política, la academia, el púlpito, la cátedra, la foresta, la ciudad, los foros sociales, los foros mundiales de teología y liberación, los congresos de Amerindia, el acompañamiento a las comunidades eclesiales de base, al MST, etc. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, decía Antonio Machado. Tú has hecho camino al andar dejando huella por donde has pasado y sigues pasando. Y siempre desde el pensamiento crítico y heterodoxo, desde la experiencia de la ternura, del corazón, desde el amor a la Pacha Mama y desde el seguimiento de Jesús de Nazaret, el Cristo Liberador, sobre el que escribiste la primera cristología latinoamericana históricamente significativa en 1972. Luego vendrían otras de colegas y amigos, entre ellas las de Juan Luis Segundo y Jon Sobrino.

“Lo mejor de la religión -escribía Bloch en el frontispicio de su libro El ateísmo en el cristianismo– es que crea herejes”.Creo que tú eres un excelente ejemplo de este aforismo, cambiando quizá “hereje” por “heterodoxo”. Ahí radica tu creatividad en todos los campos de tu ser, del saber y del quehacer humano en los que has trabajado y sigues trabajando sin descanso. Tu vida y tu pensamiento demuestran que eres un intelectual que rompe esquemas (y algunos cráneos endurecidos de colegas, obispos y algún inquisidor, otrora mecenas tuyo), abres nuevos horizontes y propones alternativas donde parece que no hay salida o se cree que la salida es una sola. Te reconozco como uno de los teólogos más innovadores de la teología latinoamericana, que propones una ética centrada en las “virtudes para otro mundo posible”, en la construcción de una fraternidad sororal eco-humana y de una teología del cautiverio y de la liberación. 

            En tu quehacer teológico has sabido compaginar ejemplarmente, durante cinco décadas, el rigor metodológico y la denuncia profética, otra manera de hacer teología y el compromiso político con los pobres de la tierra y con la naturaleza oprimida, cuyos gritos has sabido escuchar y a los que has querido responder desde la razón cordial. El rigor metodológico lo demuestras con el recurso a la doble mediación de la teología de la liberación: socio-analítica y hermenéutica, que se aprecia en todas las páginas de tus libros y en los artículos con los que nos sorprendes a menudo por ser reflexiones a pie de página llenas de profundidad y de sabiduría vital.

Utilizas la mediación de las ciencias humanas y sociales para un mejor conocimiento de la realidad, para descubrir los mecanismos de opresión que atentan contra la vida de los pobres y de la naturaleza y para liberar a la teología de su -quizá falsa-, neutralidad social, de su -supuesta- neutralidad política y de su -sólo aparente- indiferencia ética.

Recurres a la hermenéutica, necesaria para el estudio y la interpretación de los textos fundantes del cristianismo y para no caer en el fundamentalismo, una de las manifestaciones más perversas de las religiones que, siguiendo el refrán latino corruptio optimi pessima, convierten el vino espumoso de los orígenes en vinagre imbebible. A través de la hermenéutica analizas el pre-texto y el con-texto de dichos textos, descubres su sentido primigenio emancipador y preguntas por su significación y sentido hoy a la luz de los nuevos desafíos y de las nuevas preguntas que nos plantea la dura realidad. Una realidad que hemos construido nosotros y nosotras, en la que no podemos instalarnos cómoda y acríticamente, sino que estamos llamados a de-construirla para re-construirla de manera creativa e inclusiva. Un mundo en el que quepan todos los mundo. Desmentimos el viejo adagio conformista del pensamiento conservador: “las cosas son como son y no pueden ser de otra manera” y compartimos la afirmación del filósofo de la esperanza y de la utopía, Ernst Bloch, que inspiró buena parte de nuestra teología: “Si los hechos no coinciden con el pensamiento, peor para los hechos”.

Eres considerado, y con razón, uno de los principales cultivadores de la teología de la liberación (TL). A ella accediste a partir del impacto que te produjo el gran basurero que formaban las favelas de Petrópolis, donde llevaste a cabo un intenso trabajo socio-pastoral desde comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Tu reflexión teológica en clave liberadora nació, asimismo, de la necesidad de dar respuesta a las preguntas que te planteó un grupo de sacerdotes comprometidos con el mundo indígena de la selva amazónica hace ahora cinco décadas:

-¿Cómo anunciar la muerte y la resurrección de Jesús a indígenas que están siendo exterminados y muriendo por las enfermedades de los blancos?

– ¿Cómo anunciar la buena noticia de la salvación a las poblaciones explotadas?

– ¿Cómo hablar de Dios inteligiblemente, y no de manera cínica, a personas indígenas que viven la experiencia de lo sagrado en contacto con la naturaleza?

Las experiencias vividas en el mundo de la pobreza extrema y de la marginación cultural, por una parte, y la necesidad de responder a las preguntas que surgían de ahí, por otra, te llevaron a dedicarte por entero, profesional y vitalmente, a fundamentar la nueva metodología de la teología de la liberación, que comenzaste haciendo en tiempos del cautiverio, vivido durante la dictadura brasileña y los regímenes militares del continente latinoamericano.

La teología apenas ha mostrado interés por la ecología, desde Francisco de Asís hasta nuestros días. Tú ha llenado ese vacío llevando a cabo una reflexión teológica en perspectiva ecológica, que cuestiona la supuesta – ¡y falsa!- fuerza emancipadora del paradigma científico-técnico de la modernidad. Un paradigma selectivo, centrado en el ser humano, que ni es universalizable ni integral, ¡ni siquiera humano!

Como alternativa propones un nuevo paradigma en el que el ser humano no compita con la naturaleza, sino que esté en diálogo y comunicación simétricos con ella, con relaciones de sujeto a sujeto, y no de sujeto a objeto. El ser humano y la naturaleza conforman un entramado de relaciones multidireccionales caracterizadas por la interdependencia y no por la autosuficiencia, por la fragilidad del mundo y la vulnerabilidad humana, y no por la omnipotencia, la insolencia y la arrogancia. Se establece, entonces, un pacto entre todos los seres del cosmos regido por la solidaridad cósmica, la fraternidad-sororidad sin fronteras, ni gremialismos o tribalismos y el cuidado, virtud de la ética eco-humana. Es “la opción Tierra”, título de uno de sus libros más bellos.

Muchos somos los discípulos que seguimos tus lecciones de ecología integral, entre ellos el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común, de 2015, que se inspira en tus textos y en tu testimonio de amor a la tierra y se inicia con el Cántico de las criaturas: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba… Esta hermana llama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”. Encíclica que se hace eco de tus críticas al antropocentrismo, incluido el antropocentrismo cristiano.  

“La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón” escribe Ernst Bloch en su magna obra El principio esperanza, que leíste en alemán durante tus estudios en Munich y citas con frecuencia. Razón y esperanza o, mejor, optimismo militante, docta spes, es lo que mejor define tu vida, tu personalidad, tu obra. A tus 83 años sigues practicando la “esperanza contra toda (des)esperanza”.

Termino ya. No quiero alargar más esta epístola, que solo quiere una expresión de amistad y una manifestación de agradecimiento. A veces has sido acusado de utópico, acusación que comparto contigo. No se dan cuenta nuestros acusadores de que esa acusación, más que un insulto, es un elogio. Como en el poema de Eduardo Galeano, la utopía te sirve para caminar, que no es poco teniendo las piernas tan quebradas, razón por la cual, como dije en tu presentación en el Congreso de Amerindia de 2017 en la Ciudad de México, no puedes ni quieres arrodillarte ante el poder, cualquiera fuera este, incluido el del Vaticano. ¡Todo un milagro! El milagro de la esperanza y la utopía. Ad multos annos, Leonardo.

Tu amigo en la tribulación y la esperanza,

Juan José Tamayo teólogo español de la liberación

La compasión en un mundo injusto

Presentación de «La compasión en un mundo injusto», de Juan José Tamayo, en FragmentaEl principio-compasión. Ver la realidad desde las víctimas y sentirse afectado por ellas

El principio-compasión
El principio-compasión

«El libro ‘La compasión en un mundo injusto’, de Juan José Tamayo, es fruto de la pandemia, en muchos sentidos»

«En este contexto Tamayo ha intuido que la compasión ha de dejar de ser una virtud bajo sospecha para convertirse en algo esencial a la vida y a la convivencia humana»

«Su itinerario tiene tres momentos que corresponden al VER, JUZGAR y ACTUAR de la teología de la liberación latinoamericana, pero acentuando aquí que el ver no es una simple mirada sociológica sino un ver la realdad desde las víctimas»

«Examina ampliamente el tema de la compasión en las diversas religiones: Islam, hinduismo, budismo y religiones originarias de América latina y concluye que hay una gran convergencia en todas ellas»

«El libro es un asumir el Principio compasión como clave de lectura, interpretación, cuestionamiento y conversión transformadora tanto personal como colectiva. Es algo original, actual y necesario»

PorVíctor Codina

El libro‘La compasión en un mundo injusto’, de Juan José Tamayo, es fruto de la pandemia, en muchos sentidos. No solo porque el confinamiento en casa ofrecía tiempo para leer y escribir, sino sobre todo porque la pandemia ha desvelado la vulnerabilidad humana y la injusticia a nivel nacional y mundial

En este contexto Tamayo ha intuido que la compasión ha de dejar de ser una virtud bajo sospecha para convertirse en algo esencial a la vida y a la convivencia humana, común a todas las religiones y central en la fe cristiana, que cree en el amor entrañable de Dios mostrado en Jesús de Nazaret. La compasión no es simple sentimiento de conmiseración y lástima sino una empatía con las víctimas que lleva al compromiso con la justicia.

Así Tamayo completa de modo original el Principio esperanza de Ernst Bloch y el Principio misericordia de Jon Sobrino, con el Principio compasión. Este principio compasión da unidad y originalidad a toda la obra.

Su itinerario tiene tres momentos, que constituyen las tres partes del libro, pero cada una de estas tres partes es tan completa que en realidad podríamos decir que hay tres libros en uno.

Comienza por analizar el mundo estructuralmente injusto y desigual que vivimos, en sus diferentes manifestaciones.

Luego sigue una reflexión sobre la compasión como valor ínsito en el ser humano y opción de Dios, manifestado en Jesús de Nazaret. El Principio-compasión es necesario para que nuestra teología no se convierta en cómplice de los victimarios. Se examina la compasión en el judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo, budismo y religiones originaras de Amerindia. Es la parte nuclear y central del libro.

Finalmente se aborda la historificación de la compasión para que la compasión se convierta en lucha contra los grandes grupos económicos de poder, mostrando así que la compasión se traduce en solidaridad con las víctimas y un amor políticamente eficaz.

zapatos
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Estos tres momentos del itinerario corresponden al VER, JUZGAR y ACTUAR de la teología de la liberaciónlatinoamericana, pero acentuando aquí que el ver no es una simple mirada sociológica sino un ver la realdad desde las víctimas, desde abajo y sentirse afectado por ella.

«Lo más original y extenso es la profundización del Principio-compasión en las tradiciones humanistas, religiosas y bíblicas»

I.En la primera parte Tamayo se aproxima al mundo injusto y desigual de hoy que se manifiesta, entre otras cosas, en la injusticia ecológica, la insolidaridad con inmigrantes y refugiados, la injusticia de género contra las mujeres, la necropolítica y el descarte de los marginados, la injusticia económica, cultural y cognitiva, la vuelta del fascismo y del cristo-fascismo (el nacional-catolicismo y el cristo´-fascismo en la España hoy) y finalmente la constatación de que la pandemia es selectiva, no ha afectado a todos igualmente.

II.En la segunda parte se analiza el Principio compasión que caracteriza al ser humano en su dimensión más profunda, aunque no siempre se traduce en una práctica compasiva y solidaria. La compasión está presente en las tradiciones humanistas y religiosas, aunque no siempre las personas, creyentes y no creyentes han mostrado empatía con los que sufren, con los crucificados de la historia. Este referente ético de las religiones constituye su principio teológico.

El ser humano no es solo homo sapiens; es también homo patiens, ser compasivo, no solo vale el “atrévete a pensar” sino también el “atrévete a sufrir con el que sufre y con la creación que sufre dolores de parto (Rm 8,22).

Tamayo observa que los diccionarios bíblicos hablan más de misericordia divina que de compasión. Sin embargo. el Dios bíblico aparece como compasivo ante el dolor humano, el sufrimiento y la opresión. La escritura usa los términos rahamin y hesed. Rahamin significa entrañas, vientre materno. Hesed es compadecerse tener cariño y compasión.

En el Éxodo Dios se compadece del sufrimiento del pueblo Ex 3, 7-12-Los sapienciales y salmos expresan la compasión de Dios (Sal 103)

Pero esta compasión está unida al Mispat (derecho) y sedaqa (justicia) que son atributos bíblicos de Dios que los profetas proclaman y denuncian a sus incumplidores; jefes, sacerdotes, y comerciantes que son injustos, aunque aparezcan como piadosos. Los profetas realizan un cambio de paradigma religioso: el ayuno es abrir prisiones injustas, la verdadera religión es hacer el bien, el sacrificio y holocausto es reconocer a Dios y ayudar al prójimo. Conocer a Dios es hacer justicia al prójimo (Jer 22,15-16).

La utopía profética es utopía de paz y comunidad ecohumana (Is 11, 6-8) La utopía bíblica es la de la vida, del sustento y de la vida cotidiana.

Todo esto se refuerza y profundiza en el Nuevo Testamento. Jesús de Nazaret se compadece del sufrimiento, cura a enfermos, incluso en sábado, pone la vida del pueblo por encima del sábado y la ley, afirma “misericordia quiero y no sacrificios”, expulsa a los vendedores del templo; las bienaventuranzas y el juicio final de Mt 25 son alegatos a favor de la compasión. Pero esta compasión de Jesús es conflictiva: las autoridades religiosas le llevarán a la cruz.

Jesús fue un indignado contra la religión oficial y sus teólogos, contra el poder religioso, económico y político, con la sociedad patriarcal y siente el abandono de Dios en la cruz.

El buen samaritano, muestra una ética de la compasión, se le conmueven las entrañas, ayuda y de su tiempo al que sufre. La iglesia ha de ser samaritana y compasiva.

Convergencia

Tamayo examina ampliamente el tema de la compasión en las diversas religiones: Islam, hinduismo, budismo y religiones originarias de América latina y concluye que hay una gran convergencia en todas ellas, expresada en principios como “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”, “no somos extraños para nadie, somos amigos de todos”, “yo soy yo si tú también eres”.

Sin embargo, durante mucho tiempo, la teología, incluso cristiana, aplicaba a Dios términos como omnipotente, motor inmóvil, causa sui, principio de todo, un Dios incapaz de sentir, amar, sufrir, insensible al dolor humano. Esta imagen es más cercana a los amigos de Job que a Jesús. A pesar de ello todas las religiones han tenido personas compasivas y el sufrimiento ha entrado en la teología. La teología no puede pasar de largo ante el sufrimiento, sería cinismo. Para Horkheimer, la teología es la esperanza de que la injusticia no sea lo último, la esperanza de que el asesino no triunfe sobre la víctima inocente.

III. La tercera parte mira a la praxis. La compasión no es solo individual, interpersonal e intersubjetiva, sino que la compasión debe historificarse para poder ser liberadora y encarnarse en instituciones sociales, ejerciendo una crítica, resistencia y solidaridad transformadora de las vidas dañadas, atender al anawim, al otro me pide ayuda (Levinas).

Tamayo critica los sistemas contrarios a la compasión y deja muy claro que no hay compasión sin justicia sin reconocimiento de la dignidad humana, sin igualdad y justicia de género, sin cuidado de la tierra, sin defensa de los derechos humanos, sin hospitalidad, sin considerar que el centro es la tierra, sin pluralismo cultural, étnico y religioso, sin espiritualidad liberadora. La práctica de justicia y implica participación en movimientos sociales, renuncia a nuestra arrogancia y superioridad, asumir nuestra ambigüedad, etc.

Dentro de la parte de la historificación de la compasión, Tamayo incluye la reflexión de algunos autores sobre la compasión. Metz, en su teología política critica la reducción de la razón a una ilustración privatizante que no escucha la voz de las víctimas y propone una memoria subversiva de las víctimas, lejos de una teología de la gloria y de todo triunfalismo. Defiende un ecumenismo de la compasión con empatía hacia el sufrimiento ajeno. Cita a Schopenauer para quien la compasión es el fundamento de la ética; para Levinas, la responsabilididad por el otro es la filosofía primera. Para Joan Carles Mélich, el ser humano es doliente, quaerente y deseante, debe vivir bajo la dimensión patética de la existencia: lo contingente, corpóreo, provisional, situacional, frágil, circunstancial, no lo absoluto ni lo categórico. La ética comienza cuando los demás entran en esfena, cuando nos ponernos al lado de las personas sobrantes, desechos de la sociedad. La ética es una relación compasiva, una respuesta al dolor del otro, es transgresora del orden social establecido. Hay que ver al mundo no desde la razón pura sino desde la razón desvalida, una razón encarnada en la historia, trágica, no separada del tiempo ni del cuerpo, que sospecha del mito del progreso. Frente a la razón ilustrada está la razón desvalida, frente al bien, la bondad, frente al deber cumplido, la vergüenza.

Metz propone una mística de ojos abiertos, con un corazón solidario y un amor políticamente eficaz. La mística no es algo pre-lógico, antirracional, sino una experiencia antropológica fundamental (Zambrana), forma parte de la historia, para ir más allá, crea personas de incansable entrega a los demás, aunque resulten extrañas y sospechosas como Eckhart y Juan de la Cruz, recuerda Tamayo

Hay una relación intrínseca entre mística y política, Dios es justicia (Jeremías 23,6), la justicia es tema no sólo político sino teológico, Dios hace justicia a las víctimas. El cristianismo ha sido más sensible al pecado que al dolor de las víctimas (Metz), en cambio Jesús fue liberador y compasivo

Conclusión

El libro de Tamayo no es solo una toma de conciencia de nuestra realidad injusta y discriminatoria, ni solo un diálogo con las tradiciones religiosas y las éticas contemporánea, sino un asumir el Principio compasión como clave de lectura, interpretación, cuestionamiento y conversión transformadora tanto personal como colectiva. Es algo original, actual y necesario. Le agradecemos a Tamayo este esfuerzo.

Personalmente, luego de vivir casi 40 años en Bolivia, he sintonizado mucho con este Principio-compasión de Tamayo.

Propuestas para un cristianismo liberador

Propuestas para reconstruir las izquierdas y reubicar el cristianismo liberador

Los Diez Mandamientos de la nueva izquierda, según Tamayo

«Las cartas van dirigidas a diferentes colectivos que conforman la izquierda plural hoy: partidos políticos y movimientos sociales que luchan contra el capitalismo, el colonialismo, el racismo, el sexismo, la homofobia, así como a la ciudadanía no organizada que comparte los objetivos y aspiraciones de dichos partidos y movimientos»

«Estos diez mandamientos se resumen en dos: primero, la opción de las izquierdas no está entre la política de lo posible y la de lo imposible, sino “en saber estar siempre a la izquierda de lo posible”; segundo, la opción de las izquierdas no está entre democracia y revolución, sino en “democratizar la revolución y revolucionar la democracia”, como el mismo Boaventura afirma»

Por Juan José Tamayo

En septiembre de 2017 fui invitado por el Ministerio de Educación de El Salvador a participar en el Encuentro Internacional sobre Cultura de Paz en El Salvador: educación, memoria y justicia transicional” con una conferencia sobre “Monseñor Romero; Hacia una cultura de Paz. Ese año coincidían dos efemérides de especial relevancia en el país: los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz y el centenario del natalicio de monseñor Romero.

Durante mi estancia en San Salvador, la dirigencia de Frente Farabundo Martí de liberación Nacional, que en ese momento ostentaba la Presidencia de la República de El Salvador en la persona de Salvador Sánchez Cerán, me invitó a un coloquio sobre la reconstrucción de la izquierda, que contó con un debate enriquecedor. En dicho coloquio hice una reflexión sobre el tema teniendo como referencia las “Catorce cartas a las izquierdas”, del prestigioso científico social portugués Boaventura de Sousa Santos, que recoge en su libro La difícil democracia (Akal, Madrid, 2017). Ofrezco a continuación una síntesis de mi exposición cuatro años después, que creo posee la misma vigencia, o quizá mayor, que entonces.

El presente decálogo constituye una lectura personal de las “Catorce cartas a las izquierdas”, del prestigioso científico social portugués Boaventura de Sousa Santos, que recoge en su libro La difícil democracia (Akal, Madrid, 2017). El género literario epistolar utilizado demuestra la modestia con la que el autor hace sus propuestas: no son tesis, sino “cartas”, no imposiciones, sino invitaciones o, mejor, incitaciones, e incluso, provocaciones para el debate entre las izquierdas. Las cartas van dirigidas a diferentes colectivos que conforman la izquierda plural hoy: partidos políticos y movimientos sociales que luchan contra el capitalismo, el colonialismo, el racismo, el sexismo, la homofobia, así como a la ciudadanía no organizada que comparte los objetivos y aspiraciones de dichos partidos y movimientos.Son una llamada a reconstruir las izquierdas para evitar la barbarie que se avecina y constituyen una interpelación para que las izquierdas se reinventen en las actuales condiciones partiendo de una rigurosa lectura del cambio de paradigma que se está produciendo y al que deben contribuir política e ideológicamente.

He aquí las líneas fundamentales, que reformulo en el siguiente decálogo.

1. Urgencia de la reflexión. Las izquierdas no suelen estar prestas para la reflexión ni cuando gobiernan ni cuando están en la oposición. Siempre tienen otras urgencias antes que la de reflexionar. Y eso es un suicidio, porque sin reflexión se impone la repetición cansina de slogans intemporales que no hacen avanzar la historia hacia la emancipación, sino que la someten a la dictadura de lo dado. Frente a la instalación en lo dado, que se limita a dar respuestas del pasado a preguntas del presente sin creatividad alguna, las izquierdas deberían seguir la propuesta de Bloch: “Si la teoría no coincide con los hechos, peor para los hechos”.

2. Los Estados nacionales son pos-soberanos: han perdido la soberanía y han transferido no pocas de sus prerrogativas a los poderes financieros.  Esa es precisamente la pretensión del neoliberalismo: desorganizar el Estados siguiendo una serie de transiciones regresivas: de la responsabilidad colectiva a la individual; de la acción basada en la tributación a la acción con base en el crédito que genera la asfixia financiera del Estado; del reconocimiento de la existencia de bienes públicos a cuidar por el Estado a la idea de que las intervenciones del Estado en áreas potencialmente rentables reducen ilegítimamente las posibilidades del beneficio privado.; de la primacía del Estado a la del mercado; de los derechos sociales a la filantropía.3. Las izquierdas del Norte global empezaron siendo colonialistas y algunas siguen siéndolo hoy, suscribieron el “pacto colonial”, aceptaron acríticamente que las independencias de las colonias terminarían con el colonialismo y minusvaloraron el neocolonialismo y el colonialismo interno. Es hora de cambiar de rumbo. El desafío que tienen delante es participar activamente en las luchas anticoloniales de nuevo tipo.

4. Las izquierdas deben refundar la democracia más allá del neoliberalismo y enfrentarse a la antidemocracia, compaginar democracia representativa y democracia participativa y directa, y articular estas democracias con la democracia comunitaria de las comunidades indígenas y campesinas africanas, asiáticas y latinoamericanas. Han de legitimar otras formas de democracia como la demo-diversidad, ampliar los campos de deliberación democráticas en la familia, la calle, la escuela, la universidad, la fábrica, los conocimientos y saberes, y los medios de comunicación social. Están llamadas a promover la reforma democrática de la ONU y de las agencias internacionales, defender una democracia anticapitalista ante un capitalismo cada vez más antidemocrático y salvaje. En caso de tener que optar entre capitalismo y democracia, hacer prevalecer la democracia real.

En afortunada expresión de Boaventura, es necesario democratizar la democracia, asediada por la dictadura del mercado y secuestrada por poderes antidemocráticos, poner la justicia al servicio de la democracia y de la ciudadanía, y en el caso de nuestro continente, ¡democratizar Europa! Una democracia real y radical que sea al mismo tiempo posliberal, anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal, ecológica, etc.5. Es prioritario, incluso un imperativo irrenunciable, des-mercantilizar. Producimos y utilizamos mercancías, pero ni nosotros ni los otros somos mercancías, como tampoco lo es la naturaleza. Por eso nuestra relación con los otros y con la naturaleza tiene que ser fraterno-sororal y eco-humana, no mercantil. Los seres humanos somos ciudadanos antes que consumidores y emprendedores. No todo es venal, no todo se compra y se vende. Hay bienes que son públicos y comunes con los que no se puede mercantilizar, mercadear: la naturaleza, el agua, la salud, la cultura, la educación.  

6. Des-colonizar es otra de las tareas urgentes de las izquierdas. Lo que significa erradicar de las relaciones sociales toda forma de dominación basada en la dialéctica superioridad-inferioridad de algunos seres humanos: mujeres, negros, indígenas, etc. La tarea de la descolonización le afecta especialmente a Europa, centro del colonialismo moderno. Su complejo de superioridad en todos los órdenes: religioso, cultural, político, científico-técnico, epistemológico, etc., le llevó a creer que tenía una misión colonizadora, e incluso redentora, del mundo y la incapacitó para descubrir los valores de otras culturas no europeas. Si Europa quiere reconciliarse con el mundo y consigo misma resulta necesaria, decisiva y urgente su descolonización. Para ello tiene que vencer su arrogancia multisecular.7. Existe una disyunción, que Boaventura califica de perturbadora, entre las izquierdas latinoamericanas y las europeas. Las europeas parecen coincidir en la necesidad del crecimiento como respuesta a las patologías que sufre Europa, como solución al problema del desempleo y como mejora de las condiciones de vida de quienes la tienen más amenazadas. Las izquierdas latinoamericanas se debaten en torno al modelo de desarrollo y crecimiento y en concreto en torno al extractivismo. Dos son las posturas: la que se muestra a favor como medio para reducir la pobreza y la que se declara contraria por considerarlo la fase más reciente del colonialismo. Para Boaventura, el neo-extractivismo constituye la continuidad más directa del colonialismo histórico, ya que supone:

. la expulsión de campesinos e indígenas de sus tierras y territorios (negación del derecho al territorio);

. el asesinato múltiple e impune de líderes y lideresas sociales a manos de sicarios contratados por los empresarios;

. la expansión de la frontera agrícola sin asumir responsabilidad alguna en el deterioro y destrucción ambiental.

. el envenenamiento de poblaciones campesinas por la pulverización aérea de herbicidas e insecticidas.  

8. Las izquierdas deben construir una alternativa de poder, y no solo una alternancia en el poder.  La política de izquierdas debe ser simultánea y conjuntamente anticapitalista, antiimperialista, contrahegemónica, antirracista, anticolonial, antipatriarcal y antihomófoba.9. La pluralidad de las izquierdas es un valor a fomentar y a defender, pero hay que evitar la fragmentación. Por lo mismo es necesario reconocer la diferencia como derecho, pero intentando maximizar las convergencias y minimizar las divergencias.

10. Los partidos y gobiernos progresistas o de izquierda abandonaron con relativa frecuencia la defensa de los derechos humanos más básicos en nombre del desarrollo. Boaventura mira el mundo con los ojos de la Blimunda de la novela Memorial del convento, de Saramago, que veían en la oscuridad, y constata que:

– la mayoría de los seres humanos no son sujetos de derechos humanos, sino objetos de discursos de derechos humanos.

– hay mucho sufrimiento humano injusto no considerado violación de derechos humanos.

– se invoca la defensa de los derechos humanos para justificar la invasión de países, saqueo de sus riquezas Y muertes de víctimas inocentes consideradas efectos colaterales.

A la vista de estas situaciones, Boaventura se pregunta: “¿La primacía del lenguaje de los derechos humanos es el producto de una victoria histórica o de una derrota histórica? ¿La invocación de los derechos humanos es una herramienta eficaz en la lucha contra la indignidad a la que están sujetos tantos grupos sociales, o se trata, más bien, de un obstáculo que des-radicaliza y trivializa la opresión en que se traduce la indignidad y suaviza la mala conciencia de los opresores?” (p. 337). Yo me inclino por la segunda parte de la disyuntiva. Los hechos están a la vista lo demuestran.

Estos diez mandamientos se resumen en dos: primero, la opción de las izquierdas no está entre la política de lo posible y la de lo imposible, sino “en saber estar siempre a la izquierda de lo posible”; segundo, la opción de las izquierdas no está entre democracia y revolución, sino en “democratizar la revolución y revolucionar la democracia”, como el mismo Boaventura afirma.

Espero que estas reflexiones contribuyan a repensar la relación del cristianismo liberador en el Sur Global y sus correspondientes teologías de la liberación con las izquierdas alternativas en el actual momento histórico caracterizado por la complejidad y la incertidumbre en todos los campos del saber y del quehacer humano. Dos guías excelentes para reformular, repensar y practicar esta relación son Sobre izquierda alternativa y cristianismo emancipador, de Francisco Fernández Buey en una edición de Rafael Díaz-Salazar (Trotta, Madrid, 2021), y Cristianismo de liberación. Perspectivas marxistas y ecosocialistas, de Michael Löwy (El Viejo Topo, Barcelona, 2019) Fernández Buey sigue el hilo rojo, herético, utópico y subversivo de las religiones, y muy especialmente del cristianismo, como inspiradoras de no pocas de las luchas por la justicia y la igualdad, como ya hiciera el filósofo de la esperanza Ernst Bloch, y reconoce el importante papel jugado por el cristianismo emancipador en la construcción de una izquierda alternativa ecosocialista, que compagine el rojo, el verde y el violeta. Ejemplifica dicho papel en tres figuras relevantes de distintos momentos históricos:Bartolomé de Las Casas, Simone Weil y José María Valverde.

Michael Löwy destaca la correcta ubicación del cristianismo de liberación en los movimientos populares de América Latina y de sus luchas ecosocialistas, y de la teología de la liberación en el horizonte de la teoría crítica del capitalismo. Los cristianos y las cristianas de liberación comparten con los movimientos populares el análisis de la realidad desde “punto de vista de los vencidos”, como afirmara Walter Benjamin. Löwyreconoce la relevancia histórica de dicho cristianismo en la resistencia al neoliberalismo, al poder ideológico del sistema y a la religión del mercado. “Su perspectiva -afirma- no es el desarrollo, sino la liberación, rompiendo con las estrecheces opresivas del sistema dominante”.

¿Tiene salvación la Iglesia Católica?

Este libro de Hans Küng está escrito a modo de un riguroso y detallado informe sobre la situación clínica de la Iglesia católica con sus síntomas, patogénesis y etiología (causas de la enfermedad), diagnóstico, operaciones, terapia, medicamentos, plan de salvamiento y periodo de convalecencia»
«Küng descubre la existencia de dos modelos de Iglesia: el centralista, monárquico y autoritario, cuya romanización alcanza su cima con Inocencio III (1198-1216) y el comunitario de las iglesias locales, federadas fuera del ámbito de Roma»
«Küng no pierde la esperanza de que sobrevivirá, pero no a cualquier precio, sino a condición de que se someta a una terapia ecuménica profunda»
 | Juan José Tamayo teólogo Seguir leyendo

Derechos humanos e Iglesia Católica

“La cultura de los derechos humanos está ausente de la organización eclesiástica, que se configura con una estructura estamental (clérigos y laicos, Iglesia docente e Iglesia discente, jerarquía y pueblo de Dios), funciona al modo jerárquico piramidal (pastores-rebaño) y rechaza la democratización alegando que es de institución divina y que tiene fines espirituales. Lo que choca, de entrada, con el título de Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano que ostenta el Papa.
Por eso, la transgresión de los derechos humanos en la iglesia católica no es una patología más, sino una práctica estructural, inherente al paradigma eclesiástico que no se corresponde con la intención del fundador ni con los orígenes del cristianismo. Seguir leyendo

¿Cómo deconstruir el discurso y las prácticas de odio?

Juan José Tamayo

Durante la campaña electoral de la Comunidad de Madrid se ha normalizado el discurso de odio, que se ha traducido en prácticas violentas hasta llegar a las amenazas de muerte. ¿Cómo responder a dichos discursos y tamañas prácticas de odio, que con frecuencia desembocan en violencia? ¿Tendremos que resignarnos y aceptar su normalización como un fenómeno instalado en la vida política y religiosa con el que tenemos que acostumbranos a convivir algo? En absoluto. No podemos cruzarnos de brazos y convertirlo en costumbre.

Es necesario responder. Ofrezco a continuación las siguientes propuestas por si fueren útiles para dicha respuesta:
1. No se pueden legitimar los discursos y las prácticas de odio con el silencio. No podemos callar ante los odiadores, ni dejarnos amedrentar por ellos, ni tener miedo a las represalias. Hay que eliminar toda aquiescencia y connivencia con el odio, ya que cualquier signo de aquiescencia constituye un refuerzo del mismo. Es necesario responder con el rechazo explícito. La defensa de la igual dignidad de todos los seres debe ser defendida sin miedo como imperativo categórico que no admite silencio, cobardía, excusa o excepción.

2. No se debe considerar el odio como algo natural e inevitable, porque no lo es. Se trata de algo que se incuba, se programa, se cultiva, se fomenta a través de los múltiples mecanismos que tienen quienes lo practican y los que los apoyan.

3. No se puede normalizar el odio, por muy dramáticas que sean las situaciones que pretendan justificarlo. No se debe permitir que el odio se torne costumbre y se instale en el imaginario social.

4., Hay que eliminar las causas que puedan provocarlo. ¿Cómo? A través de iniciativas sociales, de proyectos públicos, de transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales, educativas, etc. capaces de quitar toda base social al odio y a las personas odiadoras.

5. No responder al odio con más odio, porque, como en el caso de la respuesta violenta a las prácticas de violencia, genera una espiral imparable de violencia, la reacción discursiva y práctica de odio a los discursos y prácticas de odio, generará una espiral imparable del odio.

6. Analizar el contexto en que se produce el odio y las causas que lo provocan para ir al fondo de dichas actitudes y prácticas, y no quedarnos en la superficie.

7. Hacer un elogio comprometido de lo diferente y lo “impuro”, y reconocer a los otros y las otras no como alteridades negadas, sino como como iguales y diferentes.

8. Observar el odio antes de su estallido para prevenir sus mortíferas consecuencias. Lo que requiere análisis rigurosos de las situaciones y contextos en los que se produce.

9. Tener el valor de enfrentarnos a él como condición necesaria para defender la democracia, ya que el odio políticamente organizado constituye una de las mayores amenazas contra la democracia.

10. Adoptar una visión abierta de la sociedad, respetuosa del pluralismo a todos los niveles: político, religioso, social, cultural, étnico, etcétera.

11. Ejercer la capacidad de ironía y de duda, de la que carecen los generadores de odio, enfundados como están en certezas absolutas, identidades singularistas y seguridades ególatras, gestos airados y actitudes violentas. Frente al discurso del odio tendríamos que seguir la propuesta de Frida Kahlo:
“Reír me hizo invencible.
No como los que siempre ganan,
Sino como los que nunca se rinden”.

12. Construir comunidades no discriminatorias, sino integradoras donde quepamos todas y todos, también la naturaleza, practicando la eco-fraternidad-sororidad, la ciudadanía-mundo y la cui-dadanía (de cuidados), que nos obliga a todas y todos por igual.

13. Respetar y reconocer la dignidad y los derechos de la naturaleza, de la que formamos y somos parte, frente a la depredación de la que es objeto por parte del modelo de desarrollo científico-técnico de la modernidad.

14. No es suficiente con responder a los discursos y prácticas de odio con lenguaje y eslóganes simplistas como son los de quienes practican el odio. Es necesario contra-argumentar todo intento de legitimar y de normalizar el discurso y las prácticas de odio con prácticas y argumentos basados en la igual dignidad de todos los seres humanos.

15. Hemos de asumir el compromiso de luchar contra las formas cotidianas que conducen al desprecio, a la denigración, al rechazo, al odio, a la discriminación de las personas consideradas diferentes.

16. Es necesario activar y apoyar políticas que contribuyan a genera amor, cooperación, solidaridad, projimidad, amistad, cercanía, compasión, cuidado de las otras, de los otros, y desterrar políticas que fomenten odio, rechazo, enfrentamientos, etc.

17. No podemos eximirnos de responsabilidad alegando que el odio racial y xenofóbico es algo innato, natural, genético contra lo que no se puede hacer nada. Se trata de una construcción humana y lo mismo que lo hemos construido podemos y debemos deconstruirlo.

18. Hay que ayudar a las personas odiadoras a salir de tal estado y evitar que se convierta en crónico, ya que sería destructivo para las personas que odian y para las personas y colectivos a quienes se dirige el odio. No debemos considerar a los odiadores como personas irredentas e irrecuperables. No podemos dejarlos solos enfangados en su odio. ¿Cómo podemos ayudarlos? Haciéndoles ver lo infundado de los motivos por los que odian.

19. El odio no siempre está fuera de nosotros y nosotras. También nosotros podemos ser generadores y transmisores de odio. Por eso tenemos que realizar un acto de introspección, es decir, mirar a nuestro interior y revisar nuestras emociones, nuestras inclinaciones a la ira, al asco, al odio y a las microfobias anidadas en nuestros rincones mentales y sentimentales

20. Tenemos que huir de la uniformidad, de la imposición de las propias ideas y conductas y respetar el pluriverso, que requiere activar la cooperación, el respeto a las personas diferentes, las plurales identidades afectivo-sexuales, más allá de la heteronormatividad y la binariedad sexual, la diversidad religiosa, étnica, cultual, ideológica, afectivo-sexual y ética como riqueza de lo humano, la diferencia como derecho y el derecho a la diferencia. Es el mejor antídoto para desactivar los discursos y las prácticas de odio y fomentar la convivencia eco-fraterno-sororal.

21. Los sectores cristianos progresistas y comprometidos en la liberación no pueden recluirse en la esfera religiosa, ni limitarse a trabajar por la reforma de la estructura jerárquico-patriarcal de las instituciones eclesiásticas. Esa tarea es necesaria y urgente, pero también lo es y de manera más imperiosa, si cabe, intervenir en el debate cultural, político, social, económico público y romper la hegemonía que en este momento tienen los sectores religiosos integristas y fundamentalistas que dicen defender los valores cristianos cuando, en realidad, se encuentran en las antípodas de los valores originarios del cristianismo liberador.

22. Nuestra participación en el espacio público debe caracterizarse por la defensa de los valores morales igualitarios, ecológicos, fraterno-sororales, decoloniales, la práctica de la compasión con las personas que sufren en su propia carne la injusticia estructural y la violencia de género, y la lucha contra las desigualdades de todo tipo en el horizonte de la Utopía de Otro Mundo Posible.

23. En el debate cultural es necesario mostrar que las religiones no siempre son el opio y la alienación del pueblo, sino que pueden ser -y de hecho lo están siendo en los diferentes movimientos religiosos de base ubicados en el mundo de la marginación al servicio de la liberación de los sectores más vulnerables- fuente e impulso de liberación, Hay que mostrar que las religiones no tienen por qué ser generadoras de odio y de prácticas violentas, sino que proponen mensajes y prácticas de amor solidario , que debe traducirse políticamente en el compromiso por la construcción de una sociedad más justa, solidaria, intercultural, interétnica, interreligiosa, fraterno-sororal, inclusiva y eco-humana.

(Estas propuestas son una reelaboración y actualización de las desarrolladas en mi libro La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Editorial Icaria, Barcelona, 2021, 2ª edición).

La extrema derecha de Dios

La internacional cristo-neofascista al asalto del poder blandiendo la Biblia



Por JUAN JOSÉ TAMAYO
ECLESALIA, 02/11/20.- En América Latina, Estados Unidos y Europa estamos asistiendo a un avance de las organizaciones y partidos políticos de extrema derecha, que conforman un entramado perfectamente estructurado y coordinado a nivel global y están en conexión orgánica con grupos fundamentalistas cristianos, hasta conformar lo que Nazaret Castro llama “la Internacional neofascista” y yo califico de “Internacional Cristo-neofascista” y “Extrema derecha de Dios”.
Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta Internacional en España es la complicidad y total sintonía entre las organizaciones católicas españolas ultraconservadoras HazteOír,El Yunque, Infocatólica y otras, y el partido de extrema derecha Vox. Seguir leyendo

El Cristofascismo, nueva religión

Con la Transición se creyó erróneamente que el nacionalcatolicismo había desaparecido del mapa político
El Cristofascismo, nueva religión
«He creado el término “cristo-neofascismo” para calificar la actual alianza entre las organizaciones políticas y sociales de la extrema derecha, apoyadas por el ultraliberalismo, y los movimientos cristianos integristas, que cuentan con el apoyo de dirigentes eclesiásticos críticos con el Papa Francisco»
«Hoy en España nacionalcatolicismo y cristoneofascismo se dan la mano en los programas y las prácticas políticas de las organizaciones religiosas citadas, los grupos y los partidos políticos de la derecha y la extrema derecha en alianza y complicidad. Estamos retrocediendo varias décadas, por lo que es necesario pensar y activar estrategias pedagógicas adecuadas para revertir la situación»
30.03.2021 Juan José Tamayo Seguir leyendo

El liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las Religiones

Liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las religiones
«Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres –tampoco hoy-, que son las eternas olvidadas y las grandes perdedoras y a quienes no se les reconoce como sujetos morales, ni como sujetos religiosos y menos aún como sujetos teológicos»
«Cada vez es mayor el número de mujeres que se rebelan contra las religiones o mejor, contra los dirigentes religiosos, sin abandonar el espacio religioso. La rebelión tiene lugar tanto a nivel personal como colectivo, tanto en el interior de las religiones como en la sociedad»
07.03.2021 Juan José Tamayo Seguir leyendo

La utopía de liberación de Mons. Romero

San Romero de América: la utopía de la liberación
Juan José Tamayo
En el clima actual de integrismo cristiano latinoamericano en alianza con la estrecha derecha política es necesario recuperar la figura profética y de gran talla moral de Óscar A. Romero, arzobispo de San Salvador
Estamos conmemorando el 40 aniversario del asesinato de Óscar A. Romero, arzobispo de San Salvador (El Salvador), cuyo autor intelectual, como reconoció la ONU, fue el ex mayor del Ejército Roberto d’Abuisson, fundador del partido ARENA y de los escuadrones de la muerte. Poco después de su muerte, Pedro Casaldáliga, poeta, profeta y exbobispo del Mato Grosso (Brasil), recientemente fallecido, lo declaró “San Romero de América, pastor y mártir nuestro”. Pero tuvieron que pasar 38 años para que el Vaticano lo canonizara, y fue con el papa Francisco, quien venció la resistencia de un sector del episcopado salvadoreño opuesto a dicha canonización.
En el clima actual de integrismo cristiano latinoamericano en alianza con la estrecha derecha política, con el apoyo a veces de las autoridades religiosas, es necesario recuperar la figura profética y de gran talla moral de monseñor Romero y con ella la teología de la liberación, perseguida por Juan Pablo II y Benedicto XVI y reconocida por Francisco. Cuarenta años después de su asesinato sigue siendo faro que ilumina el presente y transmite esperanza para construir la utopía de “otro mundo posible”.
1. Romero es hoy símbolo luminoso de un cristianismo liberador, que asumió la opción ética y evangélica por las personas y colectivos empobrecidos de su país. Puso en práctica la afirmación de Paulo Freire: “No podemos aceptar la neutralidad de las iglesias ante la historia” y ejemplificó el ideal de José Martí: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”.
2. Contribuyó a crear un cristianismo no de masas, sino con conciencia crítica, defendió que fueran los propios salvadoreños los forjadores de su propia historia sin permitir que gente de fuera, especialmente Estados Unidos, les impusiera el destino a seguir, y pidió que la Iglesia colaborara en la construcción de la ciudadanía. Él mismo ejerció la ciudadanía crítica, activa y participativa.
3. Fue un excelente pedagogo que siguió el método del ver-juzgar-actuar y el de concientización de Paulo Freire que implica el paso de la conciencia ingenua e intransitiva a la conciencia transitiva y activa, de la conciencia mítica a la conciencia histórica y crítica, y de esta a la praxis transformadora.
4. Es un referente en la lucha por la justicia para creyentes de las diferentes religiones y no creyentes de las distintas ideologías. Igualmente lo fue para los políticos por su nueva manera de entender la relación crítica y dialéctica entre poder y ciudadanía, así como para los dirigentes religiosos por su correcta articulación entre espiritualidad y opción por las personas y los colectivos empobrecidos.
5. Ignacio Ellacuría dijo de él: “Con monseñor Romero, Dios ha pasado por El Salvador”. Yo me atrevería a decir que monseñor Romero es piedra angular en el edificio de la cultura de paz a construir en El Salvador, en América Latina y en el mundo. Una cultura de mártirespaz, que no se limita a la ausencia de guerra, sino que ha de estar acompañada de la justicia, conforme al ideal del salmista bíblico: “la justicia y la paz se besan”.
6. Monseñor Romero no se instaló cómodamente en el (des)orden establecido, ni consintió con el pecado estructural, ni hizo las paces con el Gobierno, como le pedía Juan Pablo II. Encarnó en su vida la utopía, no como un ideal irrealizable, sino conforme a los dos momentos que la caracterizan: a) denuncia de la negatividad de la historia, encarnada en los poderes que oprimían entonces a las mayorías populares: oligarquía, ejército, escuadrones de la muerte, gobierno nacional; b) propuesta de la alternativa de una sociedad salvadoreña no violenta, justa e igualitaria, y de una “Iglesia de la esperanza”.
La mejor expresión de la utopía de Romero fue la respuesta que dio a un periodista, unos días antes de ser asesinado: “Si me matan, resucitaré en el pueblo”. No estaba hablando del dogma de la resurrección de los muertos, ni de la vida eterna, sino de la resurrección del pueblo salvadoreño liberado de la violencia, la injusticia y la pobreza.
7. Romero se enfrentó al Imperio estadounidense a través de una carta dirigida al presidente Jimmy Carter, en la que se oponía a la ayuda económica y militar de Estados Unidos al Gobierno de El Salvador porque constituía una injerencia inaceptable en los destinos de su país y agudizaba la injusticia y la represión contra el pueblo. Al final la ayuda llegó y sucedió lo que Romero había anunciado: intervencionismo del Pentágono, mayor represión contra el pueblo y asesinatos de poblaciones enteras.
8. Constantes fueron sus llamadas a la reconciliación, pero no en abstracto, sino acompañadas del reparto de la tierra, que es de todos los salvadoreños. No justificó la violencia revolucionaria como respuesta a la violencia institucional del sistema, sino que apeló a la búsqueda de soluciones racionales negociadas. Exigió al Ejército, a la Guardia Nacional, a la Policía y a los soldados que dejaran de matar a sus conciudadanos en una llamada entre dramática y desesperada: “¡Cese la represión!”. Un día después fue asesinado. Era la crónica de una muerte anunciada.
Juan José Tamayo es profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de San Romero de América, mártir por la justicia (Editorial Tirant, 2015).