¿Cómo deconstruir el discurso y las prácticas de odio?

Juan José Tamayo

Durante la campaña electoral de la Comunidad de Madrid se ha normalizado el discurso de odio, que se ha traducido en prácticas violentas hasta llegar a las amenazas de muerte. ¿Cómo responder a dichos discursos y tamañas prácticas de odio, que con frecuencia desembocan en violencia? ¿Tendremos que resignarnos y aceptar su normalización como un fenómeno instalado en la vida política y religiosa con el que tenemos que acostumbranos a convivir algo? En absoluto. No podemos cruzarnos de brazos y convertirlo en costumbre.

Es necesario responder. Ofrezco a continuación las siguientes propuestas por si fueren útiles para dicha respuesta:
1. No se pueden legitimar los discursos y las prácticas de odio con el silencio. No podemos callar ante los odiadores, ni dejarnos amedrentar por ellos, ni tener miedo a las represalias. Hay que eliminar toda aquiescencia y connivencia con el odio, ya que cualquier signo de aquiescencia constituye un refuerzo del mismo. Es necesario responder con el rechazo explícito. La defensa de la igual dignidad de todos los seres debe ser defendida sin miedo como imperativo categórico que no admite silencio, cobardía, excusa o excepción.

2. No se debe considerar el odio como algo natural e inevitable, porque no lo es. Se trata de algo que se incuba, se programa, se cultiva, se fomenta a través de los múltiples mecanismos que tienen quienes lo practican y los que los apoyan.

3. No se puede normalizar el odio, por muy dramáticas que sean las situaciones que pretendan justificarlo. No se debe permitir que el odio se torne costumbre y se instale en el imaginario social.

4., Hay que eliminar las causas que puedan provocarlo. ¿Cómo? A través de iniciativas sociales, de proyectos públicos, de transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales, educativas, etc. capaces de quitar toda base social al odio y a las personas odiadoras.

5. No responder al odio con más odio, porque, como en el caso de la respuesta violenta a las prácticas de violencia, genera una espiral imparable de violencia, la reacción discursiva y práctica de odio a los discursos y prácticas de odio, generará una espiral imparable del odio.

6. Analizar el contexto en que se produce el odio y las causas que lo provocan para ir al fondo de dichas actitudes y prácticas, y no quedarnos en la superficie.

7. Hacer un elogio comprometido de lo diferente y lo “impuro”, y reconocer a los otros y las otras no como alteridades negadas, sino como como iguales y diferentes.

8. Observar el odio antes de su estallido para prevenir sus mortíferas consecuencias. Lo que requiere análisis rigurosos de las situaciones y contextos en los que se produce.

9. Tener el valor de enfrentarnos a él como condición necesaria para defender la democracia, ya que el odio políticamente organizado constituye una de las mayores amenazas contra la democracia.

10. Adoptar una visión abierta de la sociedad, respetuosa del pluralismo a todos los niveles: político, religioso, social, cultural, étnico, etcétera.

11. Ejercer la capacidad de ironía y de duda, de la que carecen los generadores de odio, enfundados como están en certezas absolutas, identidades singularistas y seguridades ególatras, gestos airados y actitudes violentas. Frente al discurso del odio tendríamos que seguir la propuesta de Frida Kahlo:
“Reír me hizo invencible.
No como los que siempre ganan,
Sino como los que nunca se rinden”.

12. Construir comunidades no discriminatorias, sino integradoras donde quepamos todas y todos, también la naturaleza, practicando la eco-fraternidad-sororidad, la ciudadanía-mundo y la cui-dadanía (de cuidados), que nos obliga a todas y todos por igual.

13. Respetar y reconocer la dignidad y los derechos de la naturaleza, de la que formamos y somos parte, frente a la depredación de la que es objeto por parte del modelo de desarrollo científico-técnico de la modernidad.

14. No es suficiente con responder a los discursos y prácticas de odio con lenguaje y eslóganes simplistas como son los de quienes practican el odio. Es necesario contra-argumentar todo intento de legitimar y de normalizar el discurso y las prácticas de odio con prácticas y argumentos basados en la igual dignidad de todos los seres humanos.

15. Hemos de asumir el compromiso de luchar contra las formas cotidianas que conducen al desprecio, a la denigración, al rechazo, al odio, a la discriminación de las personas consideradas diferentes.

16. Es necesario activar y apoyar políticas que contribuyan a genera amor, cooperación, solidaridad, projimidad, amistad, cercanía, compasión, cuidado de las otras, de los otros, y desterrar políticas que fomenten odio, rechazo, enfrentamientos, etc.

17. No podemos eximirnos de responsabilidad alegando que el odio racial y xenofóbico es algo innato, natural, genético contra lo que no se puede hacer nada. Se trata de una construcción humana y lo mismo que lo hemos construido podemos y debemos deconstruirlo.

18. Hay que ayudar a las personas odiadoras a salir de tal estado y evitar que se convierta en crónico, ya que sería destructivo para las personas que odian y para las personas y colectivos a quienes se dirige el odio. No debemos considerar a los odiadores como personas irredentas e irrecuperables. No podemos dejarlos solos enfangados en su odio. ¿Cómo podemos ayudarlos? Haciéndoles ver lo infundado de los motivos por los que odian.

19. El odio no siempre está fuera de nosotros y nosotras. También nosotros podemos ser generadores y transmisores de odio. Por eso tenemos que realizar un acto de introspección, es decir, mirar a nuestro interior y revisar nuestras emociones, nuestras inclinaciones a la ira, al asco, al odio y a las microfobias anidadas en nuestros rincones mentales y sentimentales

20. Tenemos que huir de la uniformidad, de la imposición de las propias ideas y conductas y respetar el pluriverso, que requiere activar la cooperación, el respeto a las personas diferentes, las plurales identidades afectivo-sexuales, más allá de la heteronormatividad y la binariedad sexual, la diversidad religiosa, étnica, cultual, ideológica, afectivo-sexual y ética como riqueza de lo humano, la diferencia como derecho y el derecho a la diferencia. Es el mejor antídoto para desactivar los discursos y las prácticas de odio y fomentar la convivencia eco-fraterno-sororal.

21. Los sectores cristianos progresistas y comprometidos en la liberación no pueden recluirse en la esfera religiosa, ni limitarse a trabajar por la reforma de la estructura jerárquico-patriarcal de las instituciones eclesiásticas. Esa tarea es necesaria y urgente, pero también lo es y de manera más imperiosa, si cabe, intervenir en el debate cultural, político, social, económico público y romper la hegemonía que en este momento tienen los sectores religiosos integristas y fundamentalistas que dicen defender los valores cristianos cuando, en realidad, se encuentran en las antípodas de los valores originarios del cristianismo liberador.

22. Nuestra participación en el espacio público debe caracterizarse por la defensa de los valores morales igualitarios, ecológicos, fraterno-sororales, decoloniales, la práctica de la compasión con las personas que sufren en su propia carne la injusticia estructural y la violencia de género, y la lucha contra las desigualdades de todo tipo en el horizonte de la Utopía de Otro Mundo Posible.

23. En el debate cultural es necesario mostrar que las religiones no siempre son el opio y la alienación del pueblo, sino que pueden ser -y de hecho lo están siendo en los diferentes movimientos religiosos de base ubicados en el mundo de la marginación al servicio de la liberación de los sectores más vulnerables- fuente e impulso de liberación, Hay que mostrar que las religiones no tienen por qué ser generadoras de odio y de prácticas violentas, sino que proponen mensajes y prácticas de amor solidario , que debe traducirse políticamente en el compromiso por la construcción de una sociedad más justa, solidaria, intercultural, interétnica, interreligiosa, fraterno-sororal, inclusiva y eco-humana.

(Estas propuestas son una reelaboración y actualización de las desarrolladas en mi libro La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Editorial Icaria, Barcelona, 2021, 2ª edición).

La extrema derecha de Dios

La internacional cristo-neofascista al asalto del poder blandiendo la Biblia



Por JUAN JOSÉ TAMAYO
ECLESALIA, 02/11/20.- En América Latina, Estados Unidos y Europa estamos asistiendo a un avance de las organizaciones y partidos políticos de extrema derecha, que conforman un entramado perfectamente estructurado y coordinado a nivel global y están en conexión orgánica con grupos fundamentalistas cristianos, hasta conformar lo que Nazaret Castro llama “la Internacional neofascista” y yo califico de “Internacional Cristo-neofascista” y “Extrema derecha de Dios”.
Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta Internacional en España es la complicidad y total sintonía entre las organizaciones católicas españolas ultraconservadoras HazteOír,El Yunque, Infocatólica y otras, y el partido de extrema derecha Vox. Seguir leyendo

El Cristofascismo, nueva religión

Con la Transición se creyó erróneamente que el nacionalcatolicismo había desaparecido del mapa político
El Cristofascismo, nueva religión
«He creado el término “cristo-neofascismo” para calificar la actual alianza entre las organizaciones políticas y sociales de la extrema derecha, apoyadas por el ultraliberalismo, y los movimientos cristianos integristas, que cuentan con el apoyo de dirigentes eclesiásticos críticos con el Papa Francisco»
«Hoy en España nacionalcatolicismo y cristoneofascismo se dan la mano en los programas y las prácticas políticas de las organizaciones religiosas citadas, los grupos y los partidos políticos de la derecha y la extrema derecha en alianza y complicidad. Estamos retrocediendo varias décadas, por lo que es necesario pensar y activar estrategias pedagógicas adecuadas para revertir la situación»
30.03.2021 Juan José Tamayo Seguir leyendo

El liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las Religiones

Liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las religiones
«Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres –tampoco hoy-, que son las eternas olvidadas y las grandes perdedoras y a quienes no se les reconoce como sujetos morales, ni como sujetos religiosos y menos aún como sujetos teológicos»
«Cada vez es mayor el número de mujeres que se rebelan contra las religiones o mejor, contra los dirigentes religiosos, sin abandonar el espacio religioso. La rebelión tiene lugar tanto a nivel personal como colectivo, tanto en el interior de las religiones como en la sociedad»
07.03.2021 Juan José Tamayo Seguir leyendo

La utopía de liberación de Mons. Romero

San Romero de América: la utopía de la liberación
Juan José Tamayo
En el clima actual de integrismo cristiano latinoamericano en alianza con la estrecha derecha política es necesario recuperar la figura profética y de gran talla moral de Óscar A. Romero, arzobispo de San Salvador
Estamos conmemorando el 40 aniversario del asesinato de Óscar A. Romero, arzobispo de San Salvador (El Salvador), cuyo autor intelectual, como reconoció la ONU, fue el ex mayor del Ejército Roberto d’Abuisson, fundador del partido ARENA y de los escuadrones de la muerte. Poco después de su muerte, Pedro Casaldáliga, poeta, profeta y exbobispo del Mato Grosso (Brasil), recientemente fallecido, lo declaró “San Romero de América, pastor y mártir nuestro”. Pero tuvieron que pasar 38 años para que el Vaticano lo canonizara, y fue con el papa Francisco, quien venció la resistencia de un sector del episcopado salvadoreño opuesto a dicha canonización.
En el clima actual de integrismo cristiano latinoamericano en alianza con la estrecha derecha política, con el apoyo a veces de las autoridades religiosas, es necesario recuperar la figura profética y de gran talla moral de monseñor Romero y con ella la teología de la liberación, perseguida por Juan Pablo II y Benedicto XVI y reconocida por Francisco. Cuarenta años después de su asesinato sigue siendo faro que ilumina el presente y transmite esperanza para construir la utopía de “otro mundo posible”.
1. Romero es hoy símbolo luminoso de un cristianismo liberador, que asumió la opción ética y evangélica por las personas y colectivos empobrecidos de su país. Puso en práctica la afirmación de Paulo Freire: “No podemos aceptar la neutralidad de las iglesias ante la historia” y ejemplificó el ideal de José Martí: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”.
2. Contribuyó a crear un cristianismo no de masas, sino con conciencia crítica, defendió que fueran los propios salvadoreños los forjadores de su propia historia sin permitir que gente de fuera, especialmente Estados Unidos, les impusiera el destino a seguir, y pidió que la Iglesia colaborara en la construcción de la ciudadanía. Él mismo ejerció la ciudadanía crítica, activa y participativa.
3. Fue un excelente pedagogo que siguió el método del ver-juzgar-actuar y el de concientización de Paulo Freire que implica el paso de la conciencia ingenua e intransitiva a la conciencia transitiva y activa, de la conciencia mítica a la conciencia histórica y crítica, y de esta a la praxis transformadora.
4. Es un referente en la lucha por la justicia para creyentes de las diferentes religiones y no creyentes de las distintas ideologías. Igualmente lo fue para los políticos por su nueva manera de entender la relación crítica y dialéctica entre poder y ciudadanía, así como para los dirigentes religiosos por su correcta articulación entre espiritualidad y opción por las personas y los colectivos empobrecidos.
5. Ignacio Ellacuría dijo de él: “Con monseñor Romero, Dios ha pasado por El Salvador”. Yo me atrevería a decir que monseñor Romero es piedra angular en el edificio de la cultura de paz a construir en El Salvador, en América Latina y en el mundo. Una cultura de mártirespaz, que no se limita a la ausencia de guerra, sino que ha de estar acompañada de la justicia, conforme al ideal del salmista bíblico: “la justicia y la paz se besan”.
6. Monseñor Romero no se instaló cómodamente en el (des)orden establecido, ni consintió con el pecado estructural, ni hizo las paces con el Gobierno, como le pedía Juan Pablo II. Encarnó en su vida la utopía, no como un ideal irrealizable, sino conforme a los dos momentos que la caracterizan: a) denuncia de la negatividad de la historia, encarnada en los poderes que oprimían entonces a las mayorías populares: oligarquía, ejército, escuadrones de la muerte, gobierno nacional; b) propuesta de la alternativa de una sociedad salvadoreña no violenta, justa e igualitaria, y de una “Iglesia de la esperanza”.
La mejor expresión de la utopía de Romero fue la respuesta que dio a un periodista, unos días antes de ser asesinado: “Si me matan, resucitaré en el pueblo”. No estaba hablando del dogma de la resurrección de los muertos, ni de la vida eterna, sino de la resurrección del pueblo salvadoreño liberado de la violencia, la injusticia y la pobreza.
7. Romero se enfrentó al Imperio estadounidense a través de una carta dirigida al presidente Jimmy Carter, en la que se oponía a la ayuda económica y militar de Estados Unidos al Gobierno de El Salvador porque constituía una injerencia inaceptable en los destinos de su país y agudizaba la injusticia y la represión contra el pueblo. Al final la ayuda llegó y sucedió lo que Romero había anunciado: intervencionismo del Pentágono, mayor represión contra el pueblo y asesinatos de poblaciones enteras.
8. Constantes fueron sus llamadas a la reconciliación, pero no en abstracto, sino acompañadas del reparto de la tierra, que es de todos los salvadoreños. No justificó la violencia revolucionaria como respuesta a la violencia institucional del sistema, sino que apeló a la búsqueda de soluciones racionales negociadas. Exigió al Ejército, a la Guardia Nacional, a la Policía y a los soldados que dejaran de matar a sus conciudadanos en una llamada entre dramática y desesperada: “¡Cese la represión!”. Un día después fue asesinado. Era la crónica de una muerte anunciada.
Juan José Tamayo es profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de San Romero de América, mártir por la justicia (Editorial Tirant, 2015).

Proposición de Ley sobre eutanasia

«No hay razones religiosas, éticas, jurídicas o políticas para oponerse a la Proposición de Ley sobre Eutanasia»

19.02.2020 Juan José Tamayo

En junio de 2018 el PSOE presentó una Proposición de Ley en defensa de la Eutanasia, que generó la reacción contraria de los obispos españoles con el siguiente argumento: “La autonomía del hombre (sic) no es absoluta. Nadie es dueño de la vida, ni siquiera de la propia. Morir no es un derecho. No se puede ir haciendo derechos de laboratorio que no nazcan de la dignidad y la naturaleza humana”.

De nuevo ha vuelto a presentarse en el Congreso de los Diputados y las Diputadas de España una Proposición de Ley sobre Eutanasia apoyada por todos los partidos políticos excepto el Partido Popular, VOX y Navarra Suma. La reacción ante el anuncio de dicha ley ha provocado similar reacción por parte del secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, quien ha calificado la eutanasia como “un atajo que deshumaniza”. Pero, en un alarde de incontinencia y desmesura verbales, ha ido más allá al afirmar que la apelación a la demanda social  es “una coartada moral supuestamente democrática para legislar en contra de la vida”. 

Permítaseme intervenir en el debate con una reflexión serena y constructiva sobre el tema.

La muerte impone respeto, más aún, miedo y pavor. No es para menos, ya que, como afirma el filósofo de la esperanza Ernst Bloch, es la más fuerte y trágica anti-utopía, la mayor certeza, la manifestación privilegiada de la nada, la mayor desilusión, la aniquilación de toda dicha y la disolución de la comunidad. “Las mandíbulas de la muerte aniquilan todo”, concluye. A su vez, la regulación sobre la muerte plantea problemas de todo tipo.

Distintos colectivos presentaron un millón de firmas por una ley de eutanasia

Unos son de carácter religioso-fundamentalista. Son los que se oponen apelando a Dios es el señor de la vida y de la muerte, y el ser humano no tiene derecho a disponer de ella. La imagen de Dios que de esta argumentación se desprende es la de una divinidad feudal, que se considera dueño de vidas y haciendas. Otros problemas son de carácter moral: se argumenta que la eutanasia constituye el mayor atentado contra la vida de los seres humanos que debe ser condenado sin excepciones.

Otros argumentos en contra de la eutanasia son jurídicos: la vida es el bien más preciado a proteger en cualquiera situación. Hay todavía una cuarta dificultad de orden ascético-religioso para rechazar la regulación de la eutanasia en el caso de personas en situaciones de sufrimiento extremo: el sufrimiento es inherente a la vida humana y tiene carácter redentor.

La eutanasia se ha convertido también en un problema político y en un tema incómodo para el poder legislativo que con frecuencia se ve amordazado por concepciones religiosas, que dificultan su regulación o la restringen, incluso en sociedades secularizadas y Estados no confesionales, como son la mayoría de los países europeos.

Ahora bien, yo creo que las razones contrarias a la eutanasia se desvanecen al constatar que tanto pensadores creyentes de diferentes religiones como intelectuales no creyentes de diferentes tendencias ideológicas coinciden en el derecho a la misma y recurren a razones religiosas, morales y de conciencia para defenderla. Veamos tres ejemplos especialmente luminosos.

En su bello y esperanzador libro Una muerte feliz (Trotta, 2016), el teólogo católico Hans Küng expresa su deseo de morir consciente y despedirse digna y humanamente de sus seres queridos, morir sin nostalgia, ni dolor por la despedida, con completa conformidad, profunda satisfacción y paz interior. Y se pregunta: “Todos tenemos una responsabilidad sobre nuestra vida. ¿Por qué vamos a renunciar a ella en la etapa final?”.

El escritor agnóstico Juan Goytisolo firmó en 2014, a los 83 años, una declaración en la que apelaba a razones éticas de índole personal para justificar su decisión de recurrir a la eutanasia y no prolongar inútilmente sus días, y expresaba su  deseo de despedirse de la vida con dignidad. La eutanasia, afirmaba, es “la opción más justa conforme a mi conciencia y respeto a la vida de los demás”. Otra razón era que le parecía indecente malgastar sus limitados recursos en tratamientos médicos costosos en vez de destinarlos a completar los estudios de tres muchachos cuya educación había asumido

En su libro La eutanasia, una opción cristiana (Editorial GEU, 2010), muy elogiado por Hans Küng, Antonio Monclús, catedrático de pedagogía de la Universidad Complutense de Madrid, fallecido en 2016, defiende la eutanasia apoyándose en tres argumentos. El primero es la apelación a la conciencia como el espacio más insobornable del ser humano y la base de una ética personalista. El segundo es la consideración de la eutanasia como una opción cristiana, que demuestra con numerosos ejemplos de la historia de la Iglesia y con sólidos argumentos teológicos.

El tercero, que el cristianismo no es una religión dolorista, que se regodee en el sufrimiento. Es, más bien, una religión que lucha contra el sufrimiento y las causas que lo provocan, como se deduce de las propias de Jesús. “Misericordia quiero, no sacrificios”, en plena sintonía con la máxima de Epicuro: “Vana es la palabra del filósofo que no cura los sufrimientos humanos”. ¡Jesús de Nazaret y Epicuro tan cerca, el epicureísmo y el cristianismo en sintonía en lo que se refiere a la eliminación del sufrimiento!

En consecuencia, creo que no hay razones religiosas, éticas, jurídicas o políticas para oponerse a la Proposición de Ley sobre Eutanasia, que la mayoría de los grupos parlamentarios ha tomado en consideración en el Congreso de los Diputados y de las Diputadas

 

 

Entre la poesía, la mística y la revolución

Entre la poesía, la mística y la revolución Juan José Tamayo: «Ninguna causa que se jugara en la esfera local o internacional le era ajena, tampoco ninguna revolución»

«La noticia de su fallecimiento nos dejó sumidos en un profundo dolor, pero también en el recuerdo subversivo de su vida igualmente subversiva»

«Cantó a los revolucionarios latinoamericanos: Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador, Che Guevara, Gaspar Laviana; a los obispos mártires: San Romero de América (El Salvador), Enrique Angelelli (Argentina), a los teólogos de la liberación Gustavo Gutierrez, Leonardo Boff»

«Ofreció narrativas alternativas a los relatos oficiales, construyó espacios de convivencia y diálogo»

«La mejor expresión de su opción por las comunidades indígenas y afrodescendientes son sus dos bellísimas cantatas: la Misa de la Tierra sin Males, donde denuncia el genocidio, el etnocidio y el biocidio del proceso colonizador y sus formas actuales; la Misa de los Quilombos, en la que muestra la originalidad de la cultura afro y su gran potencialidad de acogida, al tiempo que denuncia el sistema de esclavitud»

08.08.2020 Juan José Tamayo

A las 3 de la tarde, hora española, me comunicaba mi amigo y colega el teólogo claretiano brasileño Mario Fernandes el fallecimiento de Dom Pedro Casaldáliga en la ciudad de Batatais, del Estado de Sâo Paulo. Enseguida lo comuniqué a nuestros amigos comunes. La noticia nos dejó sumidos en un profundo dolor, pero también en el recuerdo subversivo de su vida igualmente subversiva, como él mismo reconoce en uno de sus poemas:

“Me llaman./Me llamarán subversivo./ Y yo les diré: lo soy./ Por mi pueblo en lucha vivo./ Con mi pueblo en marcha voy./ Tengo fe de guerrillero/ y amor de revolución./ Y entre Evangelio y canción/ sufro y digo lo que quiero”. Una vida comprometida con las causas de liberación de los pueblos oprimidos que, según su humilde decir, “son más importantes que mi vida”.

Cataluña fue su patria, y Balsereny (Barcelona), el pueblo donde nació el 16 de febrero de 1928. Allí tenía sus raíces, su familia, sus amigos y amigas, las organizaciones solidarias con sus proyectos humanitarios y ecológicos. En 1968 su vida dio un giro copernicano: partió para Brasil y nunca más volvió a su tierra natal, ni siquiera con motivo del fallecimiento de su madre. Así lo prometió cuando se embarcó camino de América Latina y, fiel a su promesa, lo cumplió. Pero llevaba a Cataluña en el corazón y en la mente. Patria suya fue también Brasil, donde llegó como misionero y ejerció como obispo de la liberación durante más de tres décadas en la diócesis de Sâo Felix do Araguaia, en el Mato Grosso.

Durante varias décadas he mantenido una fluida comunicación epistolar con él. He leído sus textos. He seguido su itinerario vital e intelectual. He escuchado testimonios de amigos comunes. Le he enviado mis libros. En 2012 le dediqué mi Invitación a la utopía con estas palabras: “A Pedro Casaldàliga, profeta de la utopía-en-acción con la mirada puesta en Otro Mundo Posible”.

En este artículo voy a ofrecer, en catorce imágenes, algunas de las dimensiones más destacadas de su rica personalidad: la originalidad de su pensamiento, la ejemplaridad de su vida y las causas por las que luchó y que dieron sentido a su existencia.

  1. Poeta. Pedro cultivó la poesía desde su juventud. Es uno de los mejores poetas hispano-latinoamericanos junto con Ernesto Cardenal. No fue un simple versificador de Corte, ni contemporizador con el Sistema, ni legitimador del orden establecido, ni se queda en palabrería vacía, sino que provocó revoluciones. Cantó a los revolucionarios latinoamericanos: Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador, Che Guevara, Gaspar Laviana; a los obispos mártires: San Romero de América (El Salvador), Enrique Angelelli (Argentina), a los teólogos de la liberación Gustavo Gutierrez, Leonardo Boff.
  2. Revolucionario internacionalista. “Creo en la Internacional/ de las frentes levantadas,/ de la voz de igual a igual/ y las manos entrelazadas…/ y llamo al Orden del mal/ y al Progreso de mentira”. Ninguna causa que se jugara en la esfera local o internacional le era ajena, como tampoco lo era ninguna revolución: la cubana, la sandinista, la zapatista, la guatemalteca, la salvadoreña. A todas acompañó, visitando a sus líderes, poniéndose del lado de los pueblos en lucha y celebrando con ellos la liberación.
  3. Intelectual crítico. Casaldàliga no aceptaba la realidad tal como es, ni se instala cómodamente en ella, sino que se preguntaba cómo debe ser y busca su transformación a través de la praxis. Ofreció narrativas alternativas a los relatos oficiales, construyó espacios de convivencia y diálogo en vez de campos de batalla y argumenta en favor de los binomios paz y justicia, libertad e igualdad. Criticó al poder, a todos los poderes: religioso, eclesiástico, político, económico, a los poderes oscuros del Vaticano, al imperialismo, colonialismo, capitalismo, a todas las discriminaciones: étnica, de género, de clase, de etnia, de religión, de cultura… Pero no fue un iconoclasta sin más, sino que propuso alternativas.
  4. Ecologista. Pedro reclamaba el derecho de los pueblos originarios –verdaderos ecologistas- a su territorio y exigía el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra (Pacha Mama) que esos pueblos consideran sagrada y con quien forman una comunidad eco-humana.
  5. Defensor de las causas indígena y negra. Desde su llegada a Brasil abrazó ambas causas y fue objeto de persecución por ello, e incluso amenazado de muerte. La mejor expresión de su opción por las comunidades indígenas y afrodescendientes son sus dos bellísimas cantatas: la Misa de la Tierra sin Males, donde denuncia el genocidio, el etnocidio y el biocidio del proceso colonizador y sus formas actuales; la Misa de los Quilombos, en la que muestra la originalidad de la cultura afro y su gran potencialidad de acogida, al tiempo que denuncia el sistema de esclavitud de que fueron objeto los negros en Amerindia. Al proceso colonizador respondió con la lucha por descolonización de las mentes y los sentimientos, las creencias y las culturas, al tiempo que exigió el reconocimiento de los saberes y sabidurías de esos pueblos.

Pedro Casaldáliga, escribiendo a máquina

«Criticó al poder, a todos los poderes: religioso, eclesiástico, político, económico, a los poderes oscuros del Vaticano, al imperialismo, colonialismo, capitalismo, a todas las discriminaciones»

  1. Defensor de la causa de las mujeres. Entre sus prioridades se encontraba la dignificación de las mujeres campesinas, indígenas, negras, prostitutas, etc, sometidas a las múltiples opresiones del patriarcado, el colonialismo, el capitalismo y la religión dominante. En sus escritos y oraciones huyó siempre del lenguaje patriarcal y recurre al lenguaje inclusivo, llamando a Dios Padre y Madre.
  2. Opción por el diálogo intercultural, interreligioso e interético. Casaldàliga no impuso su fe a los otros, ni afirmó que su religión es la única verdadera. Nombró al Dios de todos los nombres. Puso en práctica el poema de Antonio Machado: “¿Tu verdad? No. La verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”.
  3. Obispo en rebelde fidelidad e insurrección evangélica. Estuvo siempre bajo sospecha del Vaticano –al menos durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XI- y de no pocos de sus colegas episcopales de América Latina y especialmente de Brasil, que lo denunciaron a Roma, y de España, donde antiguos compañeros y luego colegas en el episcopado le retiraron la amistad.
  4. Profeta. Siguiendo las huellas de los profetas de Israel/Palestina, de Jesús de Nazaret y de Bartolomé de Las Casas, Pedro despertó las conciencias adormecidas, revolucionó las mentes instaladas, denunció las injusticias del sistema y anunció Otro Mundo Posible en la historia.
  5. Místico. Encontró a Dios en los rostros de las personas y los colectivos empobrecidos y habló con él en el silencio meditativo. Vivió su experiencia religiosa no evadiéndose del mundo, sino en el corazón de la realidad. La espiritualidad fue la fuente de su compromiso socio-político y este da sentido histórico a la espiritualidad.
  6. Teólogo. Pensó la fe liberadoramente, vivió esperanzadamente la practica a través de la solidaridad, que él mismo llamaba “la ternura de los pueblos”, y se puso del lado de las teólogas y los teólogos de la liberación represaliados. Junto con Rubem Alves y  Ernesto Cardenal creó la teo-poética de la liberación.
  7. Misionero al servicio de la liberación. Casaldàliga no fue al Mato Grosso a convertir infieles, sino a llevar a cabo una evangelización liberadora con el Evangelio como buena noticia para los empobrecidos y pésima noticia para los causantes de la pobreza estructural.
  8. Obrero de la utopía en construcción. Practicó la esperanza como principio ínsito en la realidad y como virtud del optimismo militante en dirección a la utopía. En el discurso de recepción del doctorado honoris causa que le concedió el año 2000 la Universidad de Campinas (Brasil) proclamó su “pasión por la utopía. Una pasión escandalosamente desactivada, en esta hora de pragmatismo, de productividad, de mercantilismo total, de posmodernidad escarmentada” y se declaró obrero de la utopía en construcción y a rehabilitar críticamente a contratiempo. Utopía como lugar “donde quepamos todos”, como piden los zapatistas mayas. Su mensaje fue “de esperanza en esperanza caminamos esperanzándonos”.
  9. Espiritualidad contra-hegemónica. Propuso el reino de Dios como alternativa al Imperio, a cualquier Imperio, pasado presente o futuro: “Cristianamente hablando –afirmaba-, la consigna es muy clara (y muy exigente) y Jesús de Nazaret nos la ha dado…: Contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino. Ese Reino del Dios vivo, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia. Contra la ‘agenda’ del impero, la ‘agenda’ del Reino”.

La  “Oda a Reagan”, que recuerda la “Oda a Roosevelt” de Rubén Darío, comienza con la excomunión del presidente de los Estados Unidos: “Te excomulgan conmigo los poetas, los niños, los pobres de la tierra”. Y termina declarándole el último (grotesco) emperador: “Yo juro por la sangre de su Hijo,/ que otro Imperio mató/ y juro por la sangre de América Latina/ -preñada de auroras hoy- que tú serás el último (grotesco) emperador”.

Esa fue su espiritualidad: anti-imperial, contra-hegemónica, con la que, cual David contra Goliat, desnudó a los Imperios que por muy poderosos que parezcan y se crean tienen los pies de barro. Para quienes deis profundizar en la figura de Casaldáliga, en mi libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2020, 2ª ed., 198-202) dedico un capítulo a la “Teopoética de la liberación” de Pedro Casaldáliga: Poesía encarnada en la revolución” .

 

Del diálogo al anatema: el pontificado de Juan Pablo II y la teología

Por Juan José Tamayo,

El 18 de mayo se cumple el primer centenario del nacimiento de Karol Wojtila, que el 16 de octubre de 1978 fue elegido Papa como sucesor de Juan Pablo I, fallecido a los 32 días de acceder a la sede pontificia. La elección causó sorpresa al ser el primer papa no italiano desde hacía más de cuatro siglos, pero también cierta esperanza. Yo mismo escribí cuatro días después de la elección un artículo en el diario El País en el que expresaba mi confianza de que, dado su origen polaco, se produjera la ruptura de la romanidad y la descentralización de la Iglesia católica, así como el diálogo entre culturas e incluso una nueva relación más fluida y cooperativa entre marxismo y cristianismo.

Pero ninguna de mis expectativas se cumplió. Lo que comenzó con el pontificado del Papa polaco fue un período de involución eclesial que el teólogo alemán Karl Rahner llamó “larga invernada de la Iglesia”, duró más de un tercio de siglo, sumados los gobiernos de Juan Pablo II y de Benedicto XVI (1978-2013) y yo califico de era de hierro del catolicismo en plena modernidad. Seguir leyendo

La Buena Noticia del Dgo: Fiesta de la Ascensión

Seréis mis testigos

La hora de la Palabra

La fiesta de la Ascensión nos recuerda que terminada la presencia histórica de Jesús, vivimos el tiempo del Espíritu

El Señor asciende al cielo, pero no nos deja solos. Nos deja palabras y gestos que, ni los tiempos más difíciles, lograrán eclipsar. El nos dice: «Seréis mis testigos».   En medio de un mundo duro, injusto y violento, tenemos que trabajar por la paz y la justicia para hacer otro mundo más humano, donde podamos vivir todos con dignidad.

Es la hora de la madurez; es el tiempo de llevar a la práctica el mensaje de Jesús. ¡Es nuestro tiempo! Por eso «no podemos quedar mirando al cielo».

Testigos de la Palabra

 Rufino Velasco

uno de los mejores especialistas y testigos del Concilio Vaticano II

  • Recién cumplidos los noventa años nos ha dejado en silencio en plena cuarentena el 22 de abril el teólogo y poeta Rufino Velasco Martínez, persona entrañable, compañero noble, colega solidario y creyente sincero, con quien compartimos experiencias comunitarias en los sectores populares, luchas en favor de la justicia y de la libertad y reflexiones teológicas en el horizonte de la liberación. Fue uno de los mejores especialistas y testigos del Vaticano II, el Concilio de la Reforma eclesial que, a través de sus clases, encuentros de grupos cristianos, publicaciones y actividad pastoral, hizo realidad en la Iglesia, la sociedad y la teología españolas no sin dificultades y resistencias por parte de un sector de la jerarquía eclesiástica.

Colaboramos juntos en las revistas Misión Abierta, Éxodo y Utopía, donde escribió numerosos artículos que iluminaron el itinerario de muchos cristianos y cristianas en diferentes momentos de la historia reciente del cristianismo en España: la dictadura franquista, el Concilio Vaticano II, la transición política, la larga invernada eclesial con Juan Pablo II y Benedicto XVI y la nueva primavera de la “Iglesia en salida” con el papa Francisco.

La comunidad de Fernández de los Ríos con la que Rufino ha convivido durante más de 40 años (integrada por José Luis Sierra, Benjamín Forcano, Secundino Movilla y Evaristo Villar) contó siempre con el apoyo, el aliento y la complicidad del obispo, poeta y profeta Pedro Casaldáliga, compañero y amigo, que la acogió en su diócesis brasileña de Mato Grosso en situaciones de exilio eclesial. En él encontró esta comunidad el reconocimiento religioso y la ciudadanía eclesial, que otros colegas le negaron.

Aplicando a Rufino dos títulos de sendos libros de Casaldáliga se podría decir que vivió lúcidamente en “Tierra nuestra, libertad”, “en rebelde fidelidad” y “reconciliado consigo mismo, con la naturaleza, con los hermanos y hermanas, con la historia humana, con Dios Padre/Madre

Juan José Tamayo|Evaristo Villar

MONICIONES: 7º  PASCUA: ASCENSIÓN  A  20.

(Celebraciones en las casas)

Ambientación.
Hoy es la fiesta de la Ascensión del Señor. En el Credo decimos que Jesús “subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre”. Pero las cosas no ocurrieron exactamente así, porque Jesús no se fue a ningún sitio. Nos lo dijo él: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Pues eso: Jesús no se ha ido. Lo que pasa es que está con nosotros pero de otra manera. Ahora no lo vemos con los ojos de la cara.///La Ascensión también significa que los cristianos tuvieron que tomar las riendas de la iglesia de entonces. Con la presencia invisible de Jesús y con la ayuda de su Espíritu, fueron sacando adelante a la comunidad cristiana. Pues de eso vamos a hablar. Bienvenidos todos. Que os sintáis a gusto y que disfrutéis.
Comenzamos: En el nombre del P.
Saludo: Que el amor Dios y la fuerza de su Espíritu, estén con todos vosotros.

Perdón. -Para que te sintamos  presente entre nosotros. Señor,
-Para que el Espíritu nos de fuerza para cumplir con nuestras tareas: Cristo, ten …
-Para que el evangelio de Jesús guíe siempre nuestros pasos: Señor, ten piedad,

Oración de los fieles.
A Jesús que nos prometió que siempre estaría con nosotros, hoy le presentamos nuestras pobrezas y le decimos: Señor, cuida de nosotros con cariño.
-Por la iglesia de Dios, para que siempre prediquemos los valores del evangelio donde estemos. Oremos.
-Por todos los que estamos sufriendo la crisis del coronavirus, para que Dios nos ayude a vencer en esa lucha. Oremos.
-Por los que se han alejado de la fe, para que recuperen la alegría de sentirse hijos de Dios. Oremos.
-Por los pobres, los refugiados y todos los que sufren, para que sientan sobre ellos el cariño de Dios. Oremos.
-Por nuestro pueblo y por nuestra parroquia, para que aguardemos sin dormirnos la venida del Espíritu.  Oremos.
Señor Jesús: envía sobre nosotros tu Espíritu para que seamos buenas personas y para que trabajemos por un mundo nuevo. Tú que vives…

Bendición final: -Dios nuestro Padre que, por medio de su Hijo Jesús, nos ha abierto las puertas del evangelio, que hoy nos colme de sus bendiciones. Amén.
-Y ya que Jesús se manifestó resucitado a sus amigos cuando lo necesitaron, que a nosotros también nos conceda vivir siempre bajo su mirada cariñosa. Amén.
-Y así como nos sentimos contentos al celebrar la Ascensión de Jesús, que sintamos también que Él está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Amén.
-Y la bendición de Dios ….
Despedida. Hemos terminado esta misa. Recordamos que el Señor no se ha ido. Sigue siempre con nosotros. El próximo domingo es una fiesta muy grande: Pentecostés. Pues que paséis un buen día. Podéis ir  en paz.

PUNTOS-HOMILÍA-ASCENSIÓN DEL SEÑOR  A 20.

Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra@.
Los primeros cristianos vivieron con mucha alegría la etapa de las apariciones de Jesús. De buenas a primeras Jesús resucitado se les aparecía y se ponían contentísimos. San Lucas dice que Jesús, aprovechó en ese tiempo de las apariciones para hablarles del Reino de Dios. Es decir; del mundo nuevo. Pero esa etapa de las apariciones tenía que terminar y un día terminó. ¿Qué pasó entonces? ¿Cómo iban a funcionar los primeros cristianos? Pues el evangelio de hoy dice que hasta el último momento, “algunos vacilaban”. Es decir: que no tenían las cosas muy claras. Pues esa gente que no tenían las cosas muy claras eran la primera comunidad cristiana a la que Jesús le había prometido que no los iba a abandonar nunca. Les iba a enviar su Espíritu. Luego, sólo el evangelio de San Lucas dice que Jesús subió al cielo en las afueras de Jerusalén y que subió bendiciendo a sus amigos. Los otros evangelios no dicen nada de eso. El evangelio de San Mateo que es el que hemos leído ahora solo dice que Jesús desde un monte de Galilea envió a sus discípulos por el mundo a predicar las cosas bonitas que habían aprendido a su lado. Y para que no se sintieran solos o abrumados por esa misión tan difícil, Jesús termina diciéndoles: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».  Así termina el evangelio de San Mateo. Como si les dijera: “Tranquilos: que yo no me voy porque voy a estar siempre con vosotros aunque no me veáis con los ojos de la cara”. Pues eso es lo que celebramos ahora: que el Señor no se ha ido sino que está con nosotros aunque no lo veamos con los ojos de la cara. Ya sabéis que en la crisis del coronavirus mucha gente se ha sentido como desamparados de Dios. Pues no. Ese era un buen momento para recordar que Jesús sigue con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Y el sentir esa presencia cariñosa de Jesús es una experiencia muy bonita. Nos da fuerzas para seguir adelante en nuestras luchas. Y ¿qué tenemos que hacer ahora que todavía estamos perseguidos por ese virus? Pues tenemos que proponernos hacer otro mundo distinto del que teníamos: un mundo menos egoísta y más humano. Y ¿cómo se hace ese mundo nuevo? Pues ese mundo nuevo lo hemos visto un poquito cuando los sanitarios trabajaban hasta el agotamiento por los enfermos,  y lo hemos visto en multitud de gentes admirables que han vivido cuidando de los desvalidos, de los pobres, de los que sufrían. Fijaos: cuando nos esforzamos por ser buenas personas, cariñosos, cercanos a los que sufren …. ya estamos haciendo un mundo nuevo. Y ¿cómo podremos hacer esa tarea tan grande y tan bonita? Pues como siempre: nosotros ponemos lo poquito que tengamos y el Señor con su Espíritu se encargará de poner lo demás. Un día Jesús hizo una locura: poner a su iglesia en las manos de unos pobres hombres. Pues la iglesia no se hundió porque Jesús sigue con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Que no se nos olvide eso.

 

 

 

Encuentro de las mujeres con el resucitado

Por Juan José Tamayo

María Magdalena primera testigo del Resucitado

Las distintas tradiciones evangélicas coinciden en presentar a las mujeres como las primeras personas que se encontraron con el Resucitado. Los sinópticos narran esta experiencia con distintos matices a cuál más ricos. Según Mateo, cuando las mujeres visitan el sepulcro el primer día de la semana, un ángel les comunica que el Crucificado ha resucitado y les pide que vayan a anunciar la noticia a los discípulos (Mt 28,2-8). Inmediatamente después es Jesús Resucitado quien les sale al encuentro y les hace la misma petición: “No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28, 9-10). El matiz de Marcos es que el ángel manda a las mujeres que lo comuniquen “a sus discípulos y a Pedro” (Mc 16,7) Tradiciones divergentes coinciden en presentar a María Magdalena como la primera testigo del Resucitado. Parece tratarse de una tradición muy antigua. El “final de Marcos” (Mc 16, 9-20) -añadido tardío al evangelio- afirma que Jesús “se apareció primero a María Magdalena, de quien había echado siete demonios” (Mc 16,9). Es ella la que transmite la noticia a los discípulos que habían compartido su vida con él (Mc 16,10). La reacción de éstos ante el anuncio de María Magdalena es de incredulidad. El testimonio de las mujeres carecía de valor entonces. ¡Cuánto más en un asunto de tanta trascendencia!

El Evangelio de Juan también presenta la aparición de Jesús a María Magdalena como la primera. La principal discípula y seguidora de Jesús se convierte en la persona que se encuentra con el Resucitado antes que los propios discípulos varones. El primer dato a tener en cuenta en este relato es que, al hallar el sepulcro vacío, Pedro y Juan se retiran, mientras que María Magdalena, según un sermón francés del siglo XVIII descubierto por el poeta Rainer María Rilke en 1911, “busca por doquier a su único, al único objeto de su amor, al único e inalterable apoyo de su corazón exánime”1.

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