La novedad de María de Nazaret

María gestó en su seno a Jesús. ¿La mujer no puede «gestar» en la Iglesia?

Anunciación de Cerezo

«La mujer, que ni tan siquiera podía tocar la Biblia, acogerá dentro de sí la Palabra hecho niño, hecho carne»

«María abandona lo viejo, ‘lo cierto’, lo seguro, la tradición de los padres para abrirse a lo nuevo, a lo desconocido, al misterio. María abandona la ortodoxia, para poder ser plenamente libre y acoger la ‘herética’ propuesta de Gabriel»

«¿Esta carencia de clero se arregla trayendo curas de otras latitudes y todos de la misma ideología? El problema no es de curas, sino más profundo»

«Necesitamos ministerios eclesiales libres de clericalismo. La Iglesia nació sin clero»

Por Tomás Muro Ugalde

María acoge y nos ofrece la buena-noticia de Dios: Jesús.

 María recibe la visita del ángel Gabriel.

Ángel -del griego- significa: anuncio / noticia. Así la palabra eu – angel-ion quiere decir: buena (eu) noticia (angel-ion)

Gabriel significa: “la fuerza / fortaleza de Dios”.

La potencia, la fuerza de Dios visita a María y le anuncia que va a ser madre.

María acoge el anuncio de Dios: Hágase en mí.

    Pero esta aceptación no fue sencilla para María, porque la mujer no podía tomar ninguna decisión sin haberla consultado con su marido y haber obtenido su aprobación. María no informa a José, no pide ninguna autorización a su marido.

Sin embargo María acepta lo que Dios le dice: Hágase en mí, según tu Palabra, (Lc 1,38)

    La Virgen acoge la Palabra y llega así a comunicar vida a la humanidad. Será la madre del hijo de Dios.

    La mujer, que en el mundo judío del AT no podía acercarse al santuario, “contendrá” en su seno y en su vida a la Palabra de Dios, a Jesús.

La mujer, que ni tan siquiera podía tocar la Biblia, acogerá dentro de sí la Palabra hecho niño, hecho carne.

    La mujer, que no podía dirigirse al sacerdote y mucho menos tocarlo, será la madre del “Santo de los santos”.

    Según la vieja ley del AT, María no podía ser madre de Jesús, pero la Virgen responde a la llamada de la vida que se abre y que, para nacer, exige que no se quede en las cosas pasadas:

Ahora dice el Señor a su pueblo:

“Ya no recuerdes el ayer,

no pienses más en cosas del pasado.

Yo voy a hacer algo nuevo,

y verás que ahora mismo va a aparecer.

Voy a abrir un camino en el desierto

y ríos en la tierra estéril.

(Is 43,18-19).

    María abandona lo viejo, “lo cierto”, lo seguro, la tradición de los padres para abrirse a lo nuevo, a lo desconocido, al misterio. María abandona la ortodoxia, para poder ser plenamente libre y acoger la “herética” propuesta de Gabriel.

    Por eso la religión oficial del AT considera a María  como hereje.

Día del Seminario.

    Algún día será posible el ministerio eclesial sin clericalismo e incluyendo a la mujer.

    En las diócesis vascas celebramos hoy el día del seminario.

De todos es sabida la escasez de clero y de seminaristas en la Iglesia en general y en nuestra diócesis en particular.

Una “empresa” que se queda sin “mandos intermedios”, se lo piensa. Pero da la impresión de que en la Iglesia se piensa poco y en esta cuestión de los ministerios (servicios) se recuerda menos.

 ¿Qué nos dice la caja negra del hundimiento?

A lo mejor es que no hay seminaristas porque no hay cristianos.

Si no hay cristianos haríamos bien en preguntarnos por qué. ¿Qué ha pasado en nuestro pueblo en los últimos 150 años, y qué ha pasado también en Occidente y en la Iglesia?

 No se quiere volver la mirada a la historia y recorrer los caminos bíblicos, históricos, teológico-pastorales para abrir la reflexión hacia una diversidad de ministerios.

    Este momento –etapa- de sinodalidad en la que nos encontramos, ¿querrá –y podrá- repensar y recomponer esta cuestión?

¿Esta carencia de clero se arregla trayendo curas de otras latitudes y todos de la misma ideología? El problema no es de curas, sino más profundo, es una cuestión de fe y de abandono del Nuevo Testamento y del Concilio Vaticano II.

Primero habrá que pensar, y después potenciar otras formas y modelos de ministerios en la Iglesia.

  Hace unos días el papa Francisco decía a la Comisión teológica Internacional que seguir la tradición no es “enrocarse” en unos moldes del pasado, sino –como María- abrir nuevos cauces al cristianismo, a la Palabra.

Necesitamos ministerios eclesiales libres de clericalismo. La Iglesia nació sin clero.

Son posibles otros ministerios creados desde otros criterios, quizás carismáticos, presbíteros (“ancianos”) casados o no, mujeres diaconisas, etc.

    Si María acogió y gestó en su seno a Jesús, ¿cómo y por qué no la mujer no puede ser “gestora” (de gestar) en la Iglesia?

Necesidad de reforma en la Iglesia

¿»Nacemos por casualidad, vivimos por inercia y morimos por accidente» (Sartre).

O ponemos un principio y fundamento (S Ignacio)?

San Ignacio y su tiempo

San Ignacio vivió en el siglo XVI, siglo y tiempos recios como decía JI Tellechea en su biografía de San Ignacio. Es la época en la que comienza la modernidad (Galileo, Copérnico…) son los tiempos de Lutero, del Concilio de Trento, de San Ignacio. En la Iglesia existía una gran corrupción y se imponía una Reforma que no terminaba de llegar desde Roma.

Finalmente la Reforma se desencadena en el norte de Europa, en Alemania, promovida por Lutero, “padre” del protestantismo naciente contra el que reaccionará Roma con su Contrarreforma tridentina.

    Como fruto de la Contrarreforma (Trento) fueron surgiendo diversos movimientos e instituciones católicas con la buena finalidad de elevar un poco el nivel de una iglesia que se encontraba en una situación peor que decadente. Surgen varios movimientos sacerdotales: los jesuitas, el oratorio de sacerdotes de San Felipe de Neri (1515-1595), un poco más tarde los sacerdotes vicencianos (San Vicente de Paúl, 1576-1660), la Escuela sacerdotal francesa de San Sulpice del padre Olier ya en el siglo XVII, el movimiento sacerdotal promovido por el cardenal Bérulle (1575-1629), a su vez impulsado por San Francisco de Sales. Los jesuitas, fundados por san Ignacio (Compañía de Jesús) contribuirán también a esta reforma en la Iglesia.

Principio y fundamento

    S Ignacio contribuyó a su tiempo y a la historia de la Iglesia con los “Ejercicios Espirituales”. Sobre todo la primera meditación: principio y fundamento.

Francisco Javier y toda la espiritualidad ignaciana se cimentarán en esta Roca que es Dios.

El fundamento de la existencia es Dios.

    Hoy en día vivimos en la llamada postmodernidad: después de lo moderno, después de la modernidad. Cultualmente vivimos en una gran frivolidad, superficialidad.

Han caído lo que llamábamos “grandes relatos”: el Éxodo, la libertad, incluso la justicia, la religión, etc. Y en estos tiempos que vivimos lo que nos interesa es el “relato pequeño”. A mí dame un buen sueldo a fin de mes, unas buenas vacaciones y déjame de libertad, de justicia, de idealismos, de patria, de honradez, de Dios, etc…

Podríamos aplicarnos aquello que decía JP Sartre (1905-1980) en su novela “La Náusea”: «Nacemos por casualidad, vivimos por inercia y morimos por accidente. Somos una pasión inútil«.

Nos hemos quedado sin principio ni fundamento. No tenemos cimiento, roca en la que cimentar nuestra vida. En lenguaje coloquial podríamos decir que “no tenemos fundamento” ni en la vida ni en la muerte.

    Hace unos días decía el presidente Sánchez que su pretensión (la de su gobierno) era hacer la vida más fácil. Yo creo que se trata de hacer una vida más digna, más fundamentada, mejor anclada, con criterios idealistas sanos y fuertes. Una vida blanda no vale mucho la pena.

    La vida no es un pasatiempo. Nos hará bien fundamentarla.

También hoy la Iglesia necesita una gran reforma.

 El obispo de Roma: Francisco.

    Es evidente que la iglesia actual necesita una Reforma del peso y talante de la del siglo XVI.

El papa Francisco, jesuita, intenta como buenamente puede –y le dejan- llevar adelante otra reforma con la cuestión de la sinodalidad.

Francisco podrá hacer mucho o poco. El tiempo, la historia y el bloque de cardenales, obispos, laicos y movimientos religiosos contrarios a Francisco dirán. (Es penoso el documento sobre la sinodalidad que ha sacado la Conferencia episcopal española).

Pero los gestos y símbolos de Francisco, su Magisterio  son más evangélicos: los pobres, vivir en Santa Marta y no en las estancias pontificias, la reducción de protocolos litúrgicos y políticos, “menos doctrinarismo” y mayor acercamiento a los pobres, su preocupación continua por los emigrantes, su viaje a Canadá para pedir perdón a los indios y por la pederastia, la cuestión de los homosexuales, la empatía con la laicidad del Estado, la firme voluntad de cambio, de renovación y saneamiento de la Curia, de la Iglesia. Por otra parte, no hay homilía o discurso en el que no haya una palabra del Dios de misericordia.

    Según me parece, Francisco podrá lograr poco, por lo que, quizás, habremos de quedarnos en el buen espíritu y tono vital-eclesial del papa Francisco. En mi opinión no se conseguirá mucho, pero no perdamos la memoria de que las cosas fueron y pueden ser de otro modo.

    Hoy en día, como en tiempos de San Ignacio es necesaria una Reforma en la contrarreforma que surgió después del Concilio Vaticano II, un saneamiento a fondo de tantas cuestiones eclesiásticas que no tiene nada que ver con el Evangelio de Jesús.

Como san Ignacio habremos de volver al principio y fundamento que no es el mundo eclesiástico, sino Dios.

¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios? (Romanos 8)

«Dios es un «buen samaritano»

«Ser cristiano es ser buen samaritano: sentir compasión

Dios es un "buen samaritano"
Dios es un «buen samaritano»

«Jesús fue un hombre de misericordia, que siente compasión y lástima ante el sufrimiento humano»

«Muchas veces los ministros del Templo dejamos a la gente malherida. Un hereje (samaritano) es quien se compadece y pone los medios para sanar al maltrecho en la vida»

«¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna? Sentir lástima, compasión»

«Gracias a Dios que la Iglesia del papa Francisco recupera la lógica del buen samaritano, de lo viviente, del que sufre, de los refugiados»

Por Tomás Muro Ugalde

  1. 0 Compasión

Compasión significa “padecer-con”, “compadecerse”.

Al Evangelio de San Lucas se le conoce como el evangelio de la misericordia, de la bondad. Jesús en este evangelio siente compasión, siente lástima:

  • o Jesús siente lástima ante la viuda cuyo hijo ha muerto. (Lc 7,13).
  • o El Padre siente compasión ante su hijo perdido (hijo pródigo) (Lc 15,20).
  • o El samaritano siente compasión, recoge y ayuda a aquel hombre que había quedado medio muerto en el camino de la vida, (hemos escuchado hoy).

Jesús fue un hombre de misericordia, que siente compasión y lástima ante el sufrimiento humano: sea ante los enfermos físicos o psíquicos, sea ante los pobres y débiles, sea ante la muerte.

samaritano

Y Jesús es expresión –Palabra- de Dios. Jesús nos refleja quién y cómo es Dios: un Dios de misericordia y compasión. El Dios de Jesús es bueno. Haríamos bien en “cancelar del windows” que nos han enseñado la idea de un Dios justiciero y castigador. El Dios de Jesús es bueno, siente compasión de nosotros.

Sentir cercanía, compasión ante el dolor humano hace bien a todos y ese es el tono vital del cristianismo.

Ser cristiano es ser buen samaritano: sentir compasión.

  1. La religión.

Los sistemas religiosos viven en otros esquemas. El sacerdote (hombre de la ley religiosa) tenía motivos para no mancharse con la sangre del hombre malherido. La sangre le convertía en impuro.

 Lo mismo el levita (hombre del Templo y del culto), tenía que acudir a celebrar los ritos religiosos correspondientes.

 Por eso pasan de largo ante el hombre malherido, ante el sufrimiento humano. Tienen que cumplir con sus deberes religiosos. Su obligación religiosa se complicaba si atendían al herido.

Muchas veces los ministros del Templo dejamos a la gente malheridaUn hereje (samaritano) es quien se compadece y pone los medios para sanar al maltrecho en la vida.

Solo un hombre extranjero, medio pagano (samaritano), mal considerado por la ley y por el Templo, es quien siente lástima, se conmueve, interrumpe su viaje, su tiempo, su dinero y ayuda al que estaba abandonado en la carretera.

bonhoeffer
bonhoeffer
  1. Bonhoeffer (1906-1945; ahorcado por los nazis en 1945) estando encarcelado escribió un puñado de cartas clandestinas a un amigo suyo (E. Betghe). En una de estas cartas dice: Hemos llegado a un tiempo en el que hemos de vivir cristianismo sin religión. La Iglesia del Reich apoyaba e iba hacia el Imperio. La Iglesia testimonial de Bonhoeffer, Betghe, Tillich, etc. propugnaba un cristianismo de misericordia, de salvar vida de los judíos…

    La afirmación: un cristianismo sin religión, causa un cierto vértigo. Pero, tal vez, hemos olvidado lo que es la compasión y la misericordia y nos pasamos la vida discutiendo un dogma, un rito litúrgico, unos modos eclesiásticos y pasamos de largo, como el sacerdote y el levita, ante el sufrimiento humano.

    En la parábola del buen samaritano no aparece ni una sola palabra o gesto estrictamente religioso. No hay alusiones a la ley, al rito, al templo, a los sacrificios, al dogma, etc.

    El samaritano pasaba por allá y sintió lástima, se acercó y le vendó las heridas, lo llevó al “hospital”, lo cuidó, pagó la factura del hospital (dos denarios), se comprometió a volver y puso todo lo que pudo para ayudar al otro.

  1. ¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?

La parábola del Buen Samaritano comienza con la pregunta de un maestro de la ley: qué hay que hacer para tener Vida, vida definitiva, que dirá San Juan.

Si pensamos un poco a fondo es también nuestra cuestión y nuestro problema. ¿Qué hay que hacer en este pueblo y en esta civilización nuestra para tener vida, para poder vivir? Lo que está en juego es la Vida. ¿Cómo vivir bien?

El Buen Samaritano de V. Van Gogh
El Buen Samaritano de V. Van Gogh

¿Qué hay que hacer en la vida familiar, social, cultural, política, en la vida eclesial  para que podamos vivir, para tener vida?

¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?

Sentir lástima, compasión.

    ¿La vida nos vendrá de la economía, de la democracia, de la sinodalidad, etc…?

La vida nos vendrá de o por la compasión.

Jesús siente lástima, compasión.

    Es casi ilusorio pensar que Ucrania y Rusia sientan compasión. La pacificación de nuestro pueblo, víctimas de la violencia, etc…, encontrarán vida  en la compasión, en sentir lástima por lo sucedido.

    Los viejos conflictos familiares necesitan compasión y sentir lástima.

   Lo cristiano -y lo humano- está en la actitud del samaritano: sintió lástima.

   Quizás dentro y fuera de la Iglesia, en los ámbitos educativos, políticos y eclesiásticos se nos ha olvidado ya lo que es sentir lástima y misericordia.

Vivimos de otros criterios, de otros valores. Pero se nos ha olvidado lo fundamental: el perdón, la misericordia, sentir lástima, compasión. (Hace unos días Ortega expulsaba de Nicaragua a las misioneras de los pobres de la Madre Teresa de Calcuta).

Gracias a Dios que la Iglesia del papa Francisco recupera la lógica del buen samaritano, de lo viviente, del que sufre, de los refugiados, etc., y Francisco clausura un periodo en el que la religión, la moral y la política estaban enfermas de abstracción y dureza, más interesados en la condición téorica y fantasmal de la corrección dogmática que en el prójimo y el que sufre. La Iglesia de Francisco ha pasado de ser la “santa Inquisición” a ser un hospital de campaña donde se curan heridas.

Samaritano

La profundidad de Dios es que Él mismo, Dios es un buen samaritano que nos acompaña en la vida. La hondura de Dios es bondad, no rito, ley ni dogma.

Prójimo es el malherido y quien sintió lástima y practicó misericordia.

 Anda y haz  tú lo mismo.

Cuando sufre un hombre y llora sin consuelo.

Cuando espera y no se cansa de esperar.

Cuando amamos el sentir de los sencillos.

VA DIOS MISMO EN NUESTRO MISMO CAMINAR.

VA DIOS MISMO EN NUESTRO MISMO CAMINAR.

Oración de los fieles

+   Oramos por los que están caídos, medio muertos por las cunetas de la vida: drogadictos, depresivos, emigrantes, mujeres con malos tratos, encarcelados, pobres, sin techo…

Ayúdanos a ser buenos samaritanos:

anda y haz tú lo mismo.

+   Recordamos con afecto al papa Francisco. Ayúdale, Señor, a devolver a la Iglesia el rostro amable de la bondad.

    Ayúdanos a ser buenos samaritanos:

anda y haz tú lo mismo.

+   Oramos por quienes recibieron una mala y legalista educación religiosa y moral: que descubramos que Tú eres misericordia y buen samaritano.

    Ayúdanos a ser buenos samaritanos:

anda y haz tú lo mismo.

Prefacio y Plegaria Eucarística

 Te damos gracias, Padre, por Jesucristo,

hijo tuyo y hermano nuestro.

Él es el buen samaritano de la humanidad,

que se ha acercado a nosotros,

malheridos en la vida.

Samaritano

Tú nos revelas, Padre nuestro,

que aunque nos hemos quedado tirados fuera del camino,

Jesús camina con nosotros,

venda y unge nuestras heridas.

Gracias, Padre, porque no andamos solos por la vida

ni marchamos a la deriva y perdidos.

Tú eres presencia constante a nuestro lado.

Te damos gracias por quienes saben pararse

para ayudar a quien lo necesita.

Así nos sentimos reconfortados, con ánimo y fuertes.

Con alegría y unidos a la creación, te cantamos:

Kanta dezagun denok hau da egun alaia

Kristo piztu da eta kanta aleluia.

poztu famili, poztu gurasoak,

poztu biziak, poztu hildakoak.

Eres bueno de verdad, Señor,

porque has querido que Cristo, tu Hijo,

descienda hasta lo más profundo de los infiernos,

es decir, hasta lo más hondo del dolor,

de la soledad y del abandono.

Nos ha entregado todo, su vida, su esperanza, su Espíritu.

Jesús, la noche en que iba a ser entregado …

Llegando a la encrucijada, Tú proseguías, Señor;

Te dimos nuestra posada, techo, comida y calor.

Sentados como amigos a compartir el cenar,

Allí te conocimos al repartirnos el pan.

Que el Espíritu nos impulse

a salir de nuestras cerrazones,

a levantarnos de nuestros hundimientos y caídas

y a llegar hasta la casa paterna.

Acuérdate, Padre, de tu Iglesia,

y de todas las tradiciones cristianas,

de los cristianos perseguidos.

Oramos por las misiones.

Oramos por los que creen y por los que no tienen fe.

Despeja el horizonte

de todos los que se hallan desorientados en la vida

Gracias porque, como buen samaritano,

acoges a todos los que llegan a Ti malheridos de la vida.

Gracias Padre, Hijo y Espíritu. Amén.

La paz de la comunión interior

La comunidad eclesial vive la paz de la comunión en la fe, no del poder

Cristo por la paz
Cristo por la paz

«El poder, todo poder (incluido el eclesiástico) puede generar opresión, orden público “manu militari”, pero eso tampoco es paz»

«En el ámbito de la persona, la paz es la integración armónica de las diversas fuerzas y capacidades del ser humano. La paz personal, interior, proviene -en la medida de lo posible- de una sana integración de las diversas dimensiones humanas»

«La comunión eclesial no se produce por el sometimiento y dominación de los obispos y el clero, sino porque todos creemos –fe- en el mismo Señor JesuCristo»

Por Tomás Muro Ugalde

  1. Nostalgia de paz.

    Este año recordamos y evocamos la paz en plena guerra Rusia / Ucrania y otras guerras larvadas en Oriente Medio, en África, Latinoamérica, etc.

    Por otra parte añoramos la paz también en la Iglesia por las viejas rupturas históricas, por el enfrentamiento entre diversos sectores en el seno de la misma Iglesia católica.

    También sentimos nostalgia de paz en nuestras propias familias, en lo más íntimo de nuestra propia persona.

  1. Y qué es la paz.

    La paz os dejo, mi paz os doy…

    La paz no es la mera ausencia de guerra. La guerra conduce a la paz. La guerra no conduce a la victoria o a la derrota, pero ni una ni otra son paz.

    El poder, todo poder (incluido el eclesiástico) puede generar opresión, orden público “manu militari”, pero eso tampoco es paz.

    La mera resignación y aceptación estoica de una situación tampoco es paz. Pensar: “es lo que hay o lo que toca”, no es paz.

    No es fácil definir lo que sea la paz. Podríamos aproximarnos al concepto de paz si la entendemos como la integración de las dimensiones del ser humano que nos hace vivir en armonía interior y también hacia el exterior.

 En hebreo (en el mundo bíblico) para hablar y desear la paz emplean la palabra Shalom. Esta expresión hebrea significa estar sano, íntegro. Y con esta expresión se quiere desear la armonía personal y comunitaria que viene de la bendición de Dios.

Con este término, Shalomse desea la paz en todos los aspectos de la vida: la salud corporal, que la vida transcurra en paz, se trabaja en paz, se celebra en paz, se duerme en paz, se muere en paz.

 La paz no es ni proviene meramente de las instituciones políticas y militares. ¿Enviando armas a Ucrania se construye la paz? Para vivir en paz hace falta algo más y mejor que misiles y tanques. Y hace falta algún pensamiento más noble y sano (shalom) que la nación, la economía y el poder.

La paz no proviene de la economía, ni de la tecnología. Por mucho que progresen la técnica y la economía, no podrá haber en el mundo justicia ni paz en tanto los hombres no reconozcan la gran dignidad que hay en ellos como criaturas e hijos de Dios (Juan XXIII / Mater et Magistra, 215).

    Toda la tecnología y el bienestar social, etc. no dan síntomas de sensibilidad de paz y pacificación ante las pateras, los refugiados, ante el problema de Rusia y Ucrania, ante el Islam. La respuesta no está siendo precisamente de paz, sino más bien bélica.

 Ni tan siquiera la paz surgirá de la seguridad jurídico política de acuerdos y pactos que no cambian mentalidades y corazones. Las grandes instituciones: Bruselas, Estrasburgo, la onu, la otan, etc. pueden y tienen que llegar a acuerdos y pactos ecologistas, bélicos, quizás atómicos, étnicos, religiosos, etc., pero la paz brotará siempre de una conciencia más profunda, de un ethos, que hoy por hoy están muy ausente en nuestro mundo, al menos en nuestras sociedades occidentales y en nuestros planes de educación.

¿Tal vez las ideologías políticas, económicas y nacionales no son “sanas” en el sentido de shalom?

Pablo VI decía que la paz es necesaria para la madurez de la conciencia moderna, desde la evolución progresiva de los pueblos, desde la necesidad intrínseca de la civilización moderna (Jornada de la Paz, 1 de enero de 1975).

¡No pierdas la Paz, por lo que no es la Paz!
¡No pierdas la Paz, por lo que no es la Paz!
  1. La paz interior, personal.

    Conflictos, problemas, pecado profundo, crisis interiores los vamos a tener en la vida. Y ello nos va a quitar la paz interior con el peligro de que –según qué momento religioso nos pille- la cosa derive en angustia y escrúpulos patológicos.

En el ámbito de la persona, la paz es la integración armónica de las diversas fuerzas y capacidades del ser humano. La paz personal, interior, proviene -en la medida de lo posible- de una sana integración de las diversas dimensiones humanas: las diversas áreas de nuestra psicología, la afectividad, la salud y la enfermedad, el pecado, la dimensión religiosa, etc.

La falta de paz personal puede fomentar o derivar en miedo, angustia o en otras actitudes negativas: odios, venganzas, obsesiones.

    La persona cristiana adulta, -y adulta en la fe-, no pierde la confianza ni la paz cuando se encuentra con Dios en la profundidad de la vida. Cuando en su interior uno asume su propia debilidad, miseria o fracaso y lo pone en manos del Señor, eso produce una profunda paz, que el mundo no puede dar.

  1. Paz y comunión eclesial no es dominación

Para nosotros resuena: la paz os dejo, mi paz os doy.no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.

En la Iglesia se habla mucho de comunión eclesial, pero se realiza poco esa comunión.

En un parlamento conviven y trabajan diversas ideologías que llegan, más o menos, a consensos y acuerdos. Eso es bueno, está bien y se llama democracia. Pero la democracia no es comunión.

En la comunidad eclesial nos une la comunión en la misma fe en el Señor resucitado. La comunión está en la fe en el Señor, no en las órdenes y disciplina. La comunión eclesial no se produce por el sometimiento y dominación de los obispos y el clero, sino porque todos creemos –fe- en el mismo Señor JesuCristo.

La comunión no viene por la uniformidad de los ritos, de la liturgia, o de las formulaciones teológicas, etc., que pueden ser –son- muy diversas y No impongamos cargas que no son necesarias.

La comunión eclesial viene de la fe en el Señor Jesús.

La paz os dejo mi paz os doy

«La desconfianza y el miedo al mundo laical es enorme»

Una comunidad cristiana puede vivir sin curas, pero no sin Eucaristía

Comunidad
Comunidad

«Inspira gran confianza saber que el Señor es el Pastor que guía y apacienta nuestra vida»

«Solemos decir que estamos atravesando una gran crisis de “vocaciones”. Los seminarios y noviciados están casi vacíos: va disminuyendo el número de sacerdotes, de religiosos, frailes, monjes y monjas, etc…»

«El primer paso debiera ser primero confiar en los laicos y confiarles tareas con plena responsabilidad, cosa a la que todavía no hemos llegado ni en nuestras Parroquias ni en nuestras propias Diócesis. La desconfianza y el miedo al mundo laical es enorme»

«Está bien orar por las vocaciones, pero hay que dar pasos eficaces en el plano teológico y disciplinar, de lo contrario todo se queda en música celestial y en una deshonestidad cristiana»

PorTomás Muro Ugalde

  1. El Buen Pastor.

El IV domingo de Pascua es el del Buen Pastor: (el redil, el rebaño, las ovejas, la puerta) (Juan, 10). Yo soy el Buen Pastor.

Inspira gran confianza saber que el Señor es el Pastor que guía y apacienta nuestra vida.

    Este domingo del Buen Pastor es un momento propicio para pensar un poco en qué pueda consistir (y cómo) ser pastor de la comunidad

  1. Vocaciones nativas: ¿Día del clero nativo?.

Coincidiendo con este día del Buen Pastor, celebramos el día de las vocaciones nativas.

No deja de tener alguna ironía que hablemos de vocaciones nativas para denominar a las vocaciones del tercer mundo, en los países de misión.

Comunidades

Nativos somos todos: en algún sitio hemos nacido.

Pudiéramos decir que es una jornada para pensar un poco más que en las vocaciones, en los ministerios, en las tareas en la Iglesia. Los textos de hoy los podríamos tomar en esta perspectiva ministerial, eclesial. 

  1. Vocación: llamada.

    La palabra “vocación” significa llamada: llamamiento.

    Pero ¿quién es el que ¿llama y para qué?

    Nosotros entendemos como que Dios llama a una persona: un chico o una chica para que entren en un noviciado, en un seminario y, al cabo de unos años de formación, se ordenen de sacerdote o hagan los votos para determinada Congregación.

Solemos decir que estamos atravesando una gran crisis de “vocaciones”. Los seminarios y noviciados están casi vacíos: va disminuyendo el número de sacerdotes, de religiosos, frailes, monjes y monjas, etc…

La llamada en los primeros tiempos de la iglesia

    En la época del NT, en los primeros siglos de la vida eclesial no existió, no podía existir tal crisis de vocaciones y no porque fuesen mejores cristianos que nosotros, sino porque los criterios para estas cosas eran muy diferentes de los que nosotros conocemos y vivimos.

Sígueme
Sígueme

En los primeros siglos los criterios para constituir a una persona en un servicio eclesial (ministerio) eran:

  1. Quien llamaba era la comunidad eclesial, que pedía a determinadas personas aptas, prestaran un servicio a la vida de la comunidad.
  2. Tal llamada era para atender las diversas necesidades de la vida comunitaria: la Palabra, los enfermos, atender a los necesitados, el alimento (quizás hoy diríamos Cáritas), necesitados, la presidencia de la Eucaristía, (sacramentos), etc…

Propiamente en aquellos primeros momentos no existía clero[1], ni sacerdotalización, ni celibato…

  1. La ministerialidad no se agota en el diacono, presbítero, epískopos (obispo).

En la época del NT y en los primeros tiempos los servicios (ministerios) en la Iglesia los marcaba no la trilogía diácono, presbítero, obispo, sino que la ministerialidad era mucho más amplia y venía marcada por las necesidades de la comunidad, por las necesidades que tenían las comunidades. Y así había profetas, doctores, mujeres –quizás viudas- que atendían algunas necesidades, jóvenes, etc.

Esto quiere decir que los ministerios, las responsabilidades en las comunidades cristianas eran mucho más ágiles y mucho más amplias de lo que serán posteriormente.

Pablo o Pedro en Corinto, Roma, etc… crean unas comunidades cristianas entre gente muy sencilla, con los estibadores de los puertos, gente ruda, pobre, inculta,

San Pablo en Corinto, por ejemplo, no ordena ningún cura, pero alguien presidía la Eucaristía. (La Iglesia puede vivir sin curas, pero no puede vivir sin Eucaristía). Las comunidades leían algunas palabras o “textos” de Jesús provenientes de los apóstoles (después serán los evangelios), leían alguna carta o texto. Aquellas comunidades  ayudan a los enfermos, ancianos, etc…

Ni tan siquiera -en esta época inicial- se puede hablar de clero y laicos. Son unas pequeñas comunidades de creyentes que se ayudan a vivir la fe. Y el que presidía aquella comunidad, las necesidades, aquel presidía la Eucaristía, sin pensar en una ordenación.

Probablemente los ministerios eclesiales en aquella época neotestamentaria se parecen más a los laicos que prestan algún servicio a la comunidad cristiana: catequesis, confirmación, cáritas… más que a los curas actuales.

  1. posibilidades abiertas.

Este modo de ser y entender el ministerio eclesial en el NT abre grandes posibilidades en la vida de la Iglesia y de las comunidades, no solamente en países lejanos, sino también en los nuestros que somos «tierra de misión».

Muchas comunidades cristianas africanas y en otras latitudes, incluyendo ya las nuestras, no tienen un sacerdote. El catequista africano, generalmente un hombre sencillo, pobre e inculto, (pero creyente y testigo de la fe) es el que convoca la asamblea el domingo, quizás también los días de labor, lee y explica la Palabra lo mejor que sabe y puede, pero no pueden celebrar la Eucaristía (¿).

  1. Presidencia de la Eucaristía.

Con el evangelio en la mano, es infinitamente anterior la necesidad y el derecho a celebrar la Eucaristía, antes que el tener una figura sacerdotal. Son muchos los teólogos que han pensado y piensan que es más importante y anterior la celebración de la Eucaristía a tener un sacerdote «modo tridentino». Las comunidades de S Pablo no tuvieron sacerdotes de este estilo, pero con toda seguridad celebraron la Eucaristía, el Bautismo, la Palabra…

Comunidades

El criterio era que: quien pastoreaba –quien presidía- la comunidad, presidía la Eucaristía.

Pensemos en comunidades que se quedan o no tienen sacerdote:

  • ü Comunidades de personas enfermas: clínicas, hospitales. Desde la mentalidad de Pablo y del NT, Qué duda cabe que los Hermanos de San Juan de Dios (por ejemplo), que llevan adelante una clínica, un grupo de enfermos son los que podrían y deberían atender las necesidades humano-cristianas de esa comunidad Los Hermanos y Hermanas que atienden a esos enfermos son los que deberían administrar la Unción, celebrar la Eucaristía.[2]
  • ü Comunidades de ancianos: asilos. Quien atiende a esos ancianos, es quien también les acompaña en la fe, les conforta en la etapa final y les ofrece -celebra- el Pan de Vida.
  • ü Comunidades educativas: En la enseñanza-educación de niños, adolescentes, según la mentalidad del NT, los hermanos (Escolapios, la Salle, Salesianos, Marianistas, maristas, así como colegios regidos por religiosas, etc.) dedicados a la enseñanza. Religiosos y religiosas que están las «ocho horas» del día y siguen toda la evolución desde niños hasta la juventud, son quienes les habrían de explicar la Palabra y quienes de celebrar con ellos la Eucaristía, han de confirmarles en la fe.
  • ü Comunidades perseguidas: en la antigua Unión Soviética, en China: comunidades en las que no contaban con sacerdotes (estaban encarcelados o habían sido martirizados). En esa larga noche de persecución no podían celebrar la Eucaristía por una mera cuestión disciplinar. ¿No debería «alguien» debidamente designado, presidir la Eucaristía, el perdón, la unción de los enfermos…?
  • ü Comunidades cristianas nacientes en el corazón de Africa, jóvenes Iglesias a las que un modo de entender el ministerio les priva de celebrar la Eucaristía.
  • ü En los Hechos de los Apóstoles hay un momento en el que se presenta la necesidad de atender las mesas (el alimento) y las necesidades de las viudas de la comunidad. La comunidad elige a 7 personas, (HH 6,1-7). En nuestra diócesis (y en otras muchas) estamos en un momento de nombramiento de un nuevo obispo: ¿se consultará a los sacerdotes, al pueblo de Dios? La Tradición apostólica dice en el siglo III que “se ordene como obispo a aquel que haya sido elegido por todo el pueblo y que sea irreprochable”.[3] En el año 428 el papa Celestino I decía: “Ningún obispo contra la voluntad de su pueblo”.
  1. ¿Sinodalidad o volver al Nuevo Testamento?

Estas cosas fueron así en los primeros siglos de la vida de las comunidades cristianas y podrían seguir siendo así. Es cierto que hay que ser prudentes, que habría dificultades prácticas, que los pasos a dar habrían de ser respetuosos y quizás lentos, pero ello no significa que las cosas no pudieran y debieran cambiar. Al menos «no aprisionemos la Verdad». No apaguéis el Espíritu.

El primer paso debiera ser primero confiar en los laicos y confiarles tareas con plena responsabilidad, cosa a la que todavía no hemos llegado ni en nuestras Parroquias ni en nuestras propias Diócesis. La desconfianza y el miedo al mundo laical es enorme.

Está bien orar por las vocaciones, pero hay que dar pasos eficaces en el plano teológico y disciplinar, de lo contrario todo se queda en música celestial y en una deshonestidad cristiana.

Es cierto que vivimos una profunda crisis religiosa, pero no es sano ni cristiano el acentuar más la crisis con unos criterios de acceso al ministerio que dificultan todavía más las cosas. El concilio de Trento fue un gran concilio que elevó mucho el nivel moral, intelectual y disciplinar del clero, pero Trento no es ni la última, ni la única, ni la más importante Palabra del cristianismo. El evangelio, el Nuevo Testamento y, sobre todo Cristo, es el único y buen Pastor.

Que el Buen pastor siga dándonos la Vida eterna, tal y como hemos escuchado en el evangelio y Él guíe nuestras comunidades.

[1] Hace unos días decía el cardenal salesiano Cristóbal López, arzobispo de Rabat, decía en un encuentro celebrado en que: “la Iglesia en España funcionará mejor cuando haya 10.000 sacerdotes menos; si no, los cristianos laicos no tomarán la responsabilidad que les corresponde”. La reducción del número de fieles es un “signo” que hay que interpretar “positivamente”, asegura.

[2] Cf BOROBIO, D. Los ministerios en la comunidad cristiana, Barcelona, Centro Pastoral Litúrgica, Biblioteca Litúrgica n 10, 1999. En esta obra el autor sugiere la necesidad de crear unos ministros extraordinarios de la Eucaristía.

[3] JMR Tillard, El Obispo de Roma. Estudio sobre el papado,, Santander, Ed Sal Terrae, 1986, 95

Jesús no entró en Jerusalén en un carro de combate

Domingo de Ramos
Domingo de Ramos

 El domingo de Ramos es como el pórtico de la Semana Santa

Por Tomás Muro Ugalde

    En el torbellino de problemas y acontecimientos en los que estamos inmersos: la guerra Rusia – Ucrania, pandemia, incertidumbre social, corrupción, además de las cuestiones personales, la Semana Santa puede ser un tiempo de calma, de cierto silencio interior, de contemplación de Cristo crucificado y resucitado.

  1. Dos actitudes de Jesús

    Hemos escuchado la pasión del Señor según San Lucas. Y en esta tradición de Lucas, hay dos gestos, dos actitudes de Jesús que nos hacen bien a nuestro ser, a nuestra alma:

  1. Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso, (Lc 23,43).

    Lo último que hace Jesús entre nosotros es lo que ha hecho toda su vida: perdonar.

  • ü Nos pille como nos pille la vida y la muerte, tengamos la confianza en Jesucristo (te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso). Dios y Jesucristo no se cansan nunca de perdonar. La confianza en Dios Padre es el acto de fe más fundamental que podemos hacer y en el que podemos vivir.
  • ü hoy: no mañana, hoy, -ahora- estamos ya salvados. Es el hoy de San Lucas: hoy nos ha nacido un salvador, hoy se cumple la salvación que acabáis de escuchar, hoy ha entrado la salvación a esta casa. Hoy estarás conmigo en el Paraíso. Hoy estamos ya salvados: esa incógnita queda despejada por el Señor en la cruz. La salvación está ya en nuestra historia.

Gocemos, disfrutemos hoy ya de una historia que solamente termina bien. “Dios no se cansa de perdonar”.

  • ü El Paraíso es el símbolo de que esta historia nuestra (cuyo final no podemos, no sabemos describir) termina bien en Dios.

Padre en tus manos confío mi espíritu (mi vida)

    Hasta llegar a la cruz Jesús ha sufrido mucho; ha tenido sus dudas, tentaciones, angustias. Jesús pidió que: si es posible que pase de mí este cáliz.

    Durante toda su vida Jesús ha confiado en el Padre, pero es en la cruz donde proclama su confianza, su fe, en Dios Padre: Mi vida la pongo en tus manos.

    También nosotros hemos podido tener, quizás estamos viviendo y tenemos recorridos de sufrimientos, dudas, angustias, sufrimientos de todo tipo, enfermedades. No temamos. Nuestra vida está en manos de Dios Padre

En tus manos pongo mi vida

Bendecid, orad y amad a vuestros enemigos

El perdón no arregla el pasado, pero mejora el futuro

El perdón y la doctrina social de la Iglesia
El perdón y la doctrina social de la Iglesia

«La experiencia primordial y fundante del cristiano es la de ser amado por Dios. Dios es amor, (1Jn 4,8). Dios nos ama siempre y, sobre todo, en nuestra condición de pecadores y seres débiles»

«El amor, el amor al enemigo es el núcleo moral del cristianismo. En ocasiones amar significa perdonar al amigo y al enemigo»

«El primer sentimiento que brota en nosotros ante un grave agravio u ofensa es el odio, la venganza. Somos humanos. Pero hemos de aprender a dar salida sensata y razonable a nuestros impulsos y pulsiones»

«El amor incluso a los enemigos ha de llegar también a la justicia. Una justicia sin bondad fácilmente se convierte en venganza, en ajuste de cuenta»

«En ocasiones amar significa ser discretos y saber callarse en la vida. Bendecid, orad y amad a vuestros enemigos»

Por Tomás Muro Ugalde

El amor es la experiencia fundamental del cristiano

La experiencia primordial y fundante del cristiano es la de ser amado por Dios. Dios es amor, (1Jn 4,8). Dios nos ama siempre y, sobre todo, en nuestra condición de pecadores y seres débiles:

Dios nos ama cuando aún éramos pecadores, (Rom 5,8).

El Dios que se nos da a conocer en Jesús no es un Dios exigente o amenazante, sino que es un Dios de bondad.

Ni tan siquiera se trata de un amor recíproco, de amistad (filia), sino la cuestión es que Dios nos ha amado primero, (1Jn 4,10.16).

La experiencia cristiana más genuina es, pues, la del amor. Donde hay amor, hay cristianismo. Es lo que tantas veces hemos cantado en nuestra vida: Ubi charitas et amor, Deus ibi est: donde hay caridad y amor, allí está Dios

Somos cristianos cuando nos sentimos amados por Dios incluso -y sobre todo- cuando nos vemos hundidos en la vida.

Cuando no se tiene la experiencia de ser amado en la vida es muy difícil ser cristiano, sentirse bienaventurado en la vida (recordemos lo que escuchábamos el domingo pasado: sed bienaventurados, felices en la vida).

Uno puede ser un perfecto religioso cumplidor de la ley, aceptar militarmente el dogma, la dcotrina y la disciplina eclesiástica, pero ser cristiano es amar y ser amado.

Amor incluso al enemigo

El amor, el amor al enemigo es el núcleo moral del cristianismo. En ocasiones amar significa perdonar al amigo y al enemigo.

La primera pulsión ante el enemigo es el odio, la venganza.

Ante viejas cuestiones familiares, políticas, en el pueblo, etc., brotan sentimientos de “ajuste de cuentas”, de desprecios, de “cerrar puertas y relaciones”, represalias, etc.

Pero la venganza multiplica el mal, la enemistad, el odio y no soluciona nada, sino que encona las situaciones.

La enemistad y el odio se solucionan con el perdón, no con la venganza.

Poner razón en los sentimientos

El primer sentimiento que brota en nosotros ante un grave agravio u ofensa es el odio, la venganza. Somos humanos. Pero hemos de aprender a dar salida sensata y razonable a nuestros impulsos y pulsiones. Se trata de poner razón en nuestra pulsionalidadLa venganza más eficaz es el perdón.

Poner un poco de razón en los sentimientos de odio crean un clima de respeto, de comprensión, de aprender a vivir en respetuosa convivencia. En los viejos contenciosos familiares, político-sociales, etc., es sano e inteligente crear un clima de respeto, de comprensión, de aprender a vivir en sana y, cuando menos, educada convivencia.

Poner un poco de razón en el odio es inteligente, sano, humano y cristiano.

Saber dejar de lado viejas actitudes, problemas y ofensas indican una gran calidad personal, una profunda bondad, un alto nivel cristiano. Son una variante del perdón

Justicia y amor

El amor incluso a los enemigos ha de llegar también a la justicia. Una justicia sin bondad fácilmente se convierte en venganza, en ajuste de cuentas.

La justicia a gran y pequeña escala no puede mirar la realidad solamente desde la ley y el Derecho. Quienes han de administrar justicia no han de hacerlo no solamente la ley, sino también la convivencia, la bondad, el respeto y la magnanimidad.

Llegaremos la pacificación de nuestro pueblo cuando sepamos poner un poco de magnanimidad y corazón amplio en la justicia y cuando veamos las cosas desde lo que escuchábamos en el evangelio: desde el perdón y desde el tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

En la Iglesia también se han olvidados estas cosas y muchas veces se actúa y condena con justicia que suena más a represalia y a condenación que a misericordia.

No nos olvidemos que cuando Dios hace justicia, lo que hace es amarnos más.

Ser discretos en la vida

En ocasiones amar significa ser discretos y saber callarse en la vida. En cuestiones y defectos -pecados- personales, en cuestiones familiares, profesionales, de vecindad, de pueblo, etc… amar significa no ir por la vida aireando, aventando, los defectos y fracasos de los demás; y mucho menos calumniar.

No es libertad de expresión airear, publicar, radiar, televisar -muchas veces con intereses comerciales- las debilidades y fracasos humanos. En muchos contextos amar significa callar. ¿Quién no tiene fallos y pecado en la vida? No tiremos la primera piedra.

Bendecid y orad por quienes o maldicen / haced el bien / sed compasivos

Bendecid: decid bien.

Ante un problema grave, ante un pecado, ante una ofensa o un defecto de los demás, un fracaso enseguida le “damos al ventilador” para que se extienda lo más posible la cuestión.

Si queremos decir algo, digamos bienbendigamos y no echemos más leña al fuego. En ocasiones la mejor forma de hablar es callarse.

Y al mismo tiempo: orad y sed compasivos.

Es otra actitud hondamente cristiana: ser compasivos, no juzgar, no condenar. ¡Cuántas veces leemos en los evangelios que Jesús sintió lástima, tuvo compasión, incluso en alguna ocasión lloró!

Acojamos en nuestra vida el amor y el perdón del Señor. Con ese amor y perdón, también nosotros podremos amar y perdonar.

Ser cristiano se parece más a ser pobre que a ir a misa

Las Bienaventuranzas (Lc 6, 17. 20-26)

Por Tomás Muro Ugalde

La ética cristiana

El evangelista S Lucas nos propone hoy el estilo, el «cómo» ser y vivir desde Cristo: el comportamiento: es decir, la moral y la ética. Son las bienaventuranzas: “Dichosos” y, al mismo tiempo, como contrapunto de San Lucas, las “malaventuranzas.”ay de vosotro

 Tengamos en cuenta que en el estilo de vida, en el talante que tengamos en la vida, en el comportamiento se juega nuestra felicidad, nuestra serenidad en la vida. Jesús habla de felicidad: seréis dichosos, bienaventurados y felices…

No se puede vivir de cualquier manera, ni se puede ser feliz de cualquier modo, ni en la vida vale todo.

maldito – bendito

El profeta Jeremías y Jesús usan palabras fuertes para expresar cuál ha de ser el comportamiento humano ¡maldito quien confía en el orgullo del  hombre! ¡Ay de vosotros los ricos y los que estáis saciados, quienes confiáis en vuestra riqueza, en vuestro poder o en vuestra sabiduría!

Al mismo tiempo, Jesús propone un estilo de vida enormemente chocante para nuestra mentalidad. Tan chocante que, apenas nadie, sigue ese camino, que sin embargo es el que lleva a la felicidad. Bienaventurados los pobres, los que se esfuerzan y trabajan en la vida por la paz, porque realmente son dichosos y libres.

En los parlamentos, lo mismo da sea Vitoria que Madrid u otras instituciones, si alguien osara proponer estos criterios de vida, duraría veinte minutos como mucho.

Sin embargo los grandes problemas de la vida y las grandes tristezas las tenemos en casa: el problema del sentido de la vida, la pacificación del pueblo tras tantos años turbulentos de violencia, la depresión y el suicidio en aumento, Ucrania-Rusia-Usa-Otan…

¿Cómo llegar a vivir serenamente en paz y dichosos?

JesuCristo nos propone el camino de las bienaventuranzas, de la confianza en Dios y no en las cosas. Alguien decía aquello de que: Cuando se deja de creer en Dios enseguida se cree en cualquier cosa.

El filósofo alemán del siglo XX, M. Heidegger decía: solamente Dios puede salvarnos.

Jesús tiene una escala de valores diferente:

Jesús cree inicial y únicamente en Dios Padre. Bendito quien confía en el Señor (Jeremías). Desde Dios, Jesús vive, ama y entrega su vida por todos los hombres, no se reserva nada para sí: se vacía no solamente de cosas (pobreza material), sino incluso se vacía de su propia persona, que la entrega hasta la última gota de su sangre (pobreza personal).

Me parece que solamente quien cree en Dios puede ser libremente pobre y se es pobre libremente cuando creemos y confiamos en Dios

¿En qué o en quién ponemos nuestra confianza?

El salmo 20,9 dice:Unos confían en sus carros, y otros en caballos; mas nosotros confiamos en el SEÑOR.

    La riqueza, el poder, el dinero, el orgullo, deben de tener algún atractivo especial y fuerte porque los seres humanos seguimos poniendo nuestra fe, nuestra confianza y nuestra esperanza en ellos.

Para muchos de nosotros es más importante el dinero que Dios y que el hombre. Es más importante la raza, la patria que Dios y que el mismo hombre; para muchos de nosotros es más importante el estar arriba, ocupar cargos o dominar que Dios y el ser humano. Para muchos de nosotros son más importantes las cosas que los valores. Lo que cuenta es tener cosas.

No confundamos las cosas con los valores.

Los bienes, las cosas son lo que son y sirven para lo que sirven, pero los valores no se logran con tener.

Del tener no viene el ser. Es evidente que hoy en día, en los países que llamamos desarrollados, tenemos muchas más cosas de las que tenían nuestros mayores hace 70 o 100 años. Pero ¿somos más pacíficos, somos más felices-dichosos, somos más honrados, más libres de lo que fueron aquellos mayores?

El sentido de la vida, la esperanza, la felicidad, la paz, el perdón, la convivencia no son valores que se fabriquen en ninguna industria ni se venden en ningún supermercado.

En nuestra sociedad ¿alguien cree en la pobreza (no miseria, pero sí pobreza libremente elegida) como forma valiosa de vida, pobreza que nos hace libres? ¿Alguien cree en la humildad, en el “estar abajo” en actitud de servicio? (recordemos el debate político de estas últimas semanas). 

05. Tres breves conclusiones:

En primer lugar:

Nosotros hemos centrado todo el cristianismo en la práctica religiosa casi estrictamente sacramental. Eso puede que tenga algún interés, pero no es ni lo único, ni lo más importante, porque ser cristiano se parece más a ser pobre que a ir a misa, se parece más a ser servicial que sacral, a trabajar por los demás que a refugiarse en un castillo de espiritualidad del Templo.

Y en segundo lugar:

Posiblemente el estilo de vida en el ámbito socio.cultural.político que nos toca vivir, en el «aquí» occidental y en el «ahora» no genera valores: produce cosas, pero no valores. Este proyecto y sistema producen consumismo, sin.sentido, muerte, droga, paro, guerras y racismos, pero no felicidad ni personas.

pongamos la confianza en Dios

    Se trata de ser dichosos en la vida, de vivir en serenidad, a lo cual llegaremos poniendo nuestra confianza en Dios

Adviento, tiempo de esperanza

El hombre espera por naturaleza algo que no está en su naturaleza 

Adviento 

«En este nuevo año litúrgico nos acompañará el evangelio de San Lucas, que subraya la presencia de la salvación ya aquí y ahora» 

«Siempre que es media noche, comienza el nuevo día, aunque todavía quede mucha noche» 

«La esperanza es la “materia” de la que estamos hechos los seres humanos. Vivimos porque algo en nuestro interior nos convoca a un futuro pleno» 

Por Tomás Muro Ugalde 

  1. El final del mundo no coincide con el final del ser humano. 

Comenzamos hoy el año litúrgico con el tiempo de Adviento, con el primer domingo de Adviento. 

El Adviento es un tiempo –como toda la vida- de esperanza, de activar y fortalecer la esperanza. 

El evangelio de hoy nos ofrece una visión esperanzada del final de la historia humana y lo hace con un lenguaje apocalíptico, algo tremendista, pero no se trata de una descripción científica del fin del mundo. 

El tiempo y la historia humana terminan en la bondad de Dios. Y ello no es catastrófico sino salvífico y amable 

La Corona del Adviento
  1. se acerca, está ya presente nuestra liberación. 

En este nuevo año litúrgico nos acompañará el evangelio de San Lucas, que subraya la presencia de la salvación ya aquí y ahora. En el evangelio de San Lucas la salvación se ha hecho ya presente por medio de JesuCristo en nuestra historia: 

hoy estamos ya salvados: 

Lc 2, 11 Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 

Lc 4, 21 Al comienzo de su ministerio en la sinagoga: Hoy se cumple ante vosotros esta profecía». 

Lc 5, 26 Tras la curación del paralítico, todos quedaron atónitos y alababan a Dios llenos de temor, diciendo: Hoy hemos visto cosas extraordinarias 

Lc 19, 5.9   Jesús levantó los ojos y le dijo: 

– Zaqueo baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Jesús le dijo: 

Hoy ha llegado la salvación a esta casa. 

Lc 22, 34    Te aseguro, Pedro, que hoy mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces. 

Lc 23, 43    Jesús le dijo (al buen ladrón): 

Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso. 

Hoy, no mañana, los pobres, oprimidos, esclavos y pecadores; estamos salvados hoy

    La alegría futura se hace presente en el hoy de nuestra historia. 

  1. Habrá signos. 

    Siempre hay signos en la vida: siempre hay señales de angustia catastrófica: la incertidumbre de la pandemia que se alarga, los que mueren en pateras o en el río Bidasoa, algunas opciones políticas que causan vértigo, las guerras, además de los crónicos fracasos personales, la inseguridad propia de la salud, la decadencia por la edad, los conflictos familiares, laborales, eclesiásticos, etc. 

    Cuando empiecen a suceder estas cosas, se acerca vuestra liberación. 

Siempre que es media noche, comienza el nuevo día, aunque todavía quede mucha noche

  1. esperanza

La esperanza es la relación amable que establecemos con el futuro; me refiero -sobre todo- al futuro absoluto, una relación llena de sentido. 

    La esperanza es la “materia” de la que estamos hechos los seres humanos. Vivimos porque algo en nuestro interior nos convoca a un futuro pleno. 

    La esperanza es la confianza en que nuestra vida tiene horizonte. Creemos que estamos en buenas manos, porque estamos en manos de Dios. 

No podemos depositar toda nuestra esperanza y confianza en ninguna clase de institución humana: partidos políticos, Iglesias o gobiernos. Todos ellos pueden equivocarse y fallar. 

    Es útil tener buenos líderes, por supuesto. Pero, en última instancia, nosotros no podemos basar nuestra esperanza de futuro en ninguna clase de líderes humanos porque ninguno de nosotros, individualmente -o en conjunto-, tiene capacidad suficiente para salvar al ser humano. 

Nosotros confiamos y esperamos en Dios

Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor. (Salmo 120). 

Me pase lo que me pase (y nos va a pasar de todo), que no me pase sin Ti, Señor

  1. la esperanza es muy frágil. 

    La esperanza es una planta muy delicada, se puede secar pronto, a veces la esperanza es intermitente, aparece y desaparece en nuestro caminar. 

    Por eso mismo, porque es muy débil, como el sentido de la vida, hemos de cuidarla y cultivarla. 

    Escribía el poeta francés Charles Peguy: 

La Fe es la que se mantiene firme por los siglos de los siglos. 

La Caridad es la que se da por los siglos de los siglos. 

Pero mi pequeña esperanza es la que se levanta todas las mañanas. 

  1. vivir lúcidos. 

    No es razonable vivir aletargados, con la sedación como norma de vida. La esperanza no adormece, abre ventanas a los problemas. 

Orad 

    La oración es ver la vida desde o ante Dios y ello confiere una seriedad, lucidez y horizonte a la existencia. La oración es un modo de vivir lúcidos, atentos y confiados. La oración es un lugar en el que crece la esperanza. En la oración están presentes las miserias y las esperanzas humanas. 

    Comencemos el adviento con buen ánimo y esperanza, porque ha llegado el tiempo de la gracia, de la misericordia y del perdón de Dios: 

velad y orad 

Hoy la gran tribulación se llama pandemia


La apocalíptica emplea expresiones muy vivas y, a veces, algo extrañas: números (¿144.000 sellados? ¿666 es el antiCristo?, etc.) Emplea igualmente símbolos de animales: la bestia, la serpiente; también cataclismos, fuego, etc.
31.10.2020 Tomás Muro Ugalde
1. Todos los Santos y Todos los difuntos.
Celebramos estos días (1 y 2 de noviembre) la fiesta de Todos los Santos y de Todos los difuntos. Como buenos cristianos podemos pensar que todos vivimos y morimos en la misericordia de Dios. Por tanto podemos también pensar que estos dos días: los Santos y los difuntos, son la misma fiesta.
apocalíptica
La primera lectura de hoy está tomada del libro del Apocalipsis, (que significa revelación).
La apocalíptica La apocalíptica es un género literario, es un modo, un estilo de pensar y escribir que los autores de la Biblia utilizan con frecuencia.
Cuando un creyente judío quería expresar su fe en algo extraordinario, que había ocurrido o que va a ocurrir, pero que escapa a nuestra historia y por tanto no lo puede palpar, entonces recurre a este estilo apocalíptico, algo tremendista, catastrófico, pero en todo caso metafórico y lleno de símbolos. La apocalíptica es un lenguaje que describe, pero no define.
A la muerte de Jesús: los cielos se oscurecieron, se hizo de noche, los sepulcros se abrieron, etc. Eso es apocalíptica. Nunca ocurrieron tales hechos, pero sirven para subrayar el hecho trágico de la muerte de Jesús.
La apocalíptica es un lenguaje que remite a realidades que únicamente podemos expresar con imágenes, metáforas, símbolos.
De ahí que, la apocalíptica emplee expresiones muy vivas y, a veces, algo extrañas: números (¿144.000 sellados? ¿666 es el antiCristo?, etc.) Emplea igualmente símbolos de animales: la bestia, la serpiente; también cataclismos, fuego, etc.
La apocalíptica cree que la solución y la salida (salvación) de la humanidad y de la historia no está tanto en el esfuerzo humano, aún ayudado por Dios, sino que la salvación está en una acción directa de Dios que intervendrá en la historia para concluirla. Nos puede extrañar, pero piensa así.
Por eso, la apocalíptica (y otros muchos textos bíblicos) no se pueden leer al pie de la letra. Lo que cuenta no es lo que dicen, sino lo que quieren decir tales textos.
El Apocalipsis es un libro de fe, no de historia ni de ciencia.
1. ¿A qué viene todo esto?
La humanidad está -estamos- atravesando una situación de pandemia, podríamos decir que apocalíptica. Millones de infectados, miles de muertos y una situación sociológica de angustia, incertidumbre en el presente y ante el futuro.
¿Quiénes son y de dónde vienen? Estos son los que vienen de la gran tribulación de los mil problemas de la vida y, en estos momentos, de la pandemia.
Hoy la muchedumbre inmensa que nadie puede contar es la humanidad bajo la amenaza de la enfermedad.
Probablemente somos las primeras generaciones que transmitimos a los más jóvenes, lo que nosotros no recibimos, porque nuestros mayores no tenían: tecnología, informática, consumismo, etc., pero, al mismo tiempo no somos capaces de transmitir lo que sí nos dieron nuestros mayores: la fe, el sentido de la vida, la esperanza, el horizonte… (Y lo que nos entregaron, hace al ser humano feliz, bienaventurado, mientras que lo que hoy transmitimos, no tanto)
Los políticos, las medidas sanitarias de la ciencia, la Universidad, la misma Jerarquía eclesiástica se quedan muy de tejas abajo ante esta situacion apocalíptica. Todo y solo se toman medidas sanitarias, por otra parte muy necesarias y quiera Dios que los científicos vayan encontrando soluciones. Pero
La cuestión no se reduce a si los bares han de cerrar a las 9 o a las 12, o si se puede salir de la propia autonomía, o si nos podemos juntar 6 ó 16.
Nadie enseña sensatamente al pueblo que hemos sido lavados, purificados por la redención de JesuCristo. Transmitamos con sensatez que somos hijos de Dios, (2ª lectura). No somos capaces de pronunciar y vivir con confianza lo que dice el salmo 56,2: me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad.
Es más llevadera la vida y la pandemia, la calamidad a la sombra del Señor.
1. Ser bienaventurados.
Las bienaventuranzas son como una llamada a vivir en la paz del Señor
No es lo mismo placer que felicidad. Se puede tener placer y no ser lo más mínimo feliz. Y se puede vivir situaciones no placenteras y ser serenamente feliz, bienaventurado.
En la vida nos sobrevendrán enfermedades, injusticias, valles oscuros. Sepamos vivir en paz y bienaventuranza.
El ser humano es una sed infinita, una esperanza de plenitud, pero la plenitud no está en nuestras manos. Sin embargo la sed nos habla del agua, el hambre de algún alimento. ¿La esperanza infinita no nos estará hablando de Dios?
Nuestro corazón está inquieto y solamente descansará cuando te encuentre, decía san Agustín.
Es de gran ayuda interior en plena pandemia vivir como dice el salmo:
Me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad. (Salmo 56,2)