Reapertura del asesinato de Ellacuría

Andreu Oliva: «Espero que el caso no se utilice políticamente»

Imagen de la exposición en homenaje a los mártires de la UCA
Imagen de la exposición en homenaje a los mártires de la UCA

Los señalados como posibles autores intelectuales de los asesinatos son el expresidente Alfredo Cristiani, los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes y Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, condenado en España

07.01.2022 | RD/Efe

La orden de reabrir el proceso penal por la masacre de 6 padres jesuitas —5 de ellos españoles— y 2 mujeres representa un «avance importante en la lucha por la Justicia» en El Salvador, dijo en una entrevista con Efe el sacerdote jesuita Andreu Oliva, quien espera de la Fiscalía un actuar «coherente» y que el caso «no se utilice políticamente».

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador ordenó que el proceso penal por la masacre se reabra tras admitir un amparo presentado por el fiscal general, Rodolfo Delgado.

El Constitucional, que también ha dado 10 días a la Sala de lo Penal para que «modifique» una resolución de 2020 en la que cerraba el caso, señaló en una resolución dada a conocer el miércoles que se «violó el derecho de acceso a la Justicia de las víctimas».

Inocente Montano, durante la primera sesión del juicio
Inocente Montano, durante la primera sesión del juicio Efe

«Una demanda de justicia y de verdad»

«La decisión la recibimos con agrado en el sentido de que se responde a una demanda de justicia y de verdad, que en el caso de la masacre de la UCA desde que tuvo lugar, tanto la Compañía de Jesús como la UCA y los familiares de las víctimas han reclamado», manifestó el también rector de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA).

Para Oliva la decisión de la Sala de lo Penal de cerrar el caso fue en «contra de la ley salvadoreña y contra el derecho a la verdad y a la Justicia que tiene el pueblo salvadoreño y las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos».

Señaló que con la decisión del Constitucional de ordenar reabrir el caso «lo que está ocurriendo es que se está dando la razón a lo que nosotros siempre hemos defendido, que había que conocer la verdad y había que aplicar la Justicia en este caso y en todos aquellos casos que han habido en El Salvador, especialmente los cometidos durante el conflicto armado y que siguen en la impunidad».

Ellacuria
Ellacuria

«Creo que es un avance importante en la lucha por la verdad y la justicia de parte de todos aquellos que estamos en contra de la impunidad y que creemos que la verdad y la justicia son fundamentales para construir un futuro de paz en el país», subrayó.

Apuntó que es una buena oportunidad para que la Fiscalía investigue y pruebe «la participación de los que están señalados en el caso como autores».

Los señalados como posibles autores intelectuales de los asesinatos son el expresidente Alfredo Cristiani, los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes y Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, condenado en España.

Mucho del trabajo, hecho por la Audiencia Nacional

El sacerdote jesuita aseguró que «mucho del trabajo (de investigación) está avanzado porque en la Audiencia Nacional española ya se ha hecho una investigación sobre el caso«.

La Audiencia Nacional española condenó en septiembre de 2020 a 133 años de cárcel al excoronel Inocente Montano por ser el responsable de planear y ordenar, junto a la cúpula castrense y el entonces presidente Cristiani, los asesinatos de cinco jesuitas españoles.

Oliva señaló que espera que «si la Fiscalía comenzó el proceso con la demanda de amparo, sea coherente y que también haga la investigación pertinente, sino sería algo totalmente contradictorio y que podría haber sido una búsqueda de una mejor imagen para el fiscal».

31 años sin los mártires de la UCA
31 años sin los mártires de la UCA

«Esperamos que si él (el fiscal) puso esa demanda será coherente y va a poner a trabajar bien a la Fiscalía para que se investigue el caso, de lo contrario lo que tendríamos es algo que no respondería a lo que espera el pueblo salvadoreño», acotó.

Señaló que si la Fiscalía no actúa con debido proceso «la sociedad civil, las organizaciones que velan por los derechos humanos y por el acceso a la justicia, la universidad, la Compañía de Jesús y los familiares van a señalar si se dan irregularidades en el proceso».

Para el sacerdote jesuita «si realmente se llega a determinar quiénes son los que organizaron y decidieron la masacre en la universidad y son condenados, según nuestras leyes, el mensaje que se estaría dando es que ya no hay más impunidad en El Salvador y que los crímenes de lesa humanidad y de guerra pueden ser juzgados».

Los mártires de la UCA

Giro inesperado en El Salvador: se reabre el caso los mártires de la UCA

La Sala de lo Constitucional del Tribuna Supremo invalida el sobreseimiento anterior y juzgará a los acusados por el asesinato de los seis jesuitas y sus dos colaboradorasLa resolución es tan relevante que el presidente Nayib Bukele, ha sentenciado que “no se tolerará la impunidad”

Giro inesperado. Para bien. Cuando prácticamente se daba por perdida la posibilidad de que la Justicia salvadoreña diera un paso al frente para abordar el asesinato de los mártires de la UCA. La Sala de lo Constitucional del Tribunal Supremo del país centroamericano ha avalado la reapertura del caso del asesinato en 1989 de seis religiosos jesuitas -cinco españoles encabezados por Ignacio Ellacuría-, una empleada doméstica y su hija en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.


En septiembre la Sala de lo Penal del Supremo cerró el expediente con el argumento de que los delitos habían prescrito. Dos de los tres votos de sus miembros confirmaron un sobreseimiento que ahora queda cuestionado. Sin embargo, ahora ha prosperado el recurso contra la resolución que declaraba la nulidad del proceso y deja todo en manos de la Sala del Constitucional. “Invalídese la resolución del 8 de septiembre de 2020 (…) por lo que las cosas vuelven al estado en que se encontraban antes de la emisión de dicha providencia”, dicta la resolución hecha pública el 5 de enero.

Obstaculización a las familias

En el nuevo dictamen se subraya que la Sala de lo Penal vulneró los derechos fundamentales de las víctimas, sus familiares y de la sociedad la cerrar el proceso. Incluso se lamenta de que esa decisión “devino en una obstaculización a los familiares de las víctimas y a la sociedad en general del acceso al órgano jurisdiccional para que este se pronunciara sobre su pretensión y, por ello, no han sido posibles la justicia ni la posterior reparación. integral”.

De esta manera, se abriría la puerta a que el ex presidente Alfredo Cristiani y otros altos cargos de las Fuerzas Armadas se sienten en el banquillo de los acusados, en lo que podría marcar un antes y un después en el camino hacia la reconciliación de El Salvador tras una guerra civil que trajo consigo 75.000 muertos. La ONU estima que el 80% de los asesinatos cometidos fueron a manos de las fuerzas armadas. De hecho, en el caso de los mártires de la UCA, también están encausados tres militares considerados como autores intelectuales de la masacre: Orlando Zepeda, Francisco Herrera Fuentes y Rafael Humberto Larios.

Conseguir justicia

La postura adoptada ahora por el Supremo es de tal relevancia que el propio presidente salvadoreño, Nayib Bukele, se posicionó cuando apenas trascendió. Así, el líder salvadoreño advirtió de que “no se tolerará la impunidad”: “Ahora se reabre la posibilidad de conseguir justicia”.

Bukele apreció además que “es importante que se sepa que de ahora en adelante no se tolerará ningún crimen por más alto (el cargo) de la persona que lo cometa”. “No es justo que una persona que se roba una gallina pase una década en la cárcel y las personas que estaban en altos puestos en el gobierno ordenen masacres y básicamente el crimen pase en impunidad total con la complicidad del sistema de justicia”, sentenció el mandatario.

Para el fiscal general Rodolfo Delgado, este recursos supone un aval clave: “Durante años, tanto voces nacionales como internacionales reclamaron justicia en el Caso Jesuitas”, ha expuesto en su cuenta de Twitter, al considerar que “la Sala de los Constitucional nos da la razón” y, por tanto, “el caso será reabierto”. “Vamos a perseguir a los responsables para lograr justicia entre estos viles asesinatos”, subraya Delgado

IGNACIO ELLACURÍA, TEÓLOGO Y MÁRTIR. 

Ignacio Ëllacuría

 Han sido pocos los hombres de Dios que han impactado mi vida, pero uno de ellos ha sido Ignacio Ellacuría. Tengo muy vivo en mi memoria la última vez que nos vimos. Hace más de treinta años en los pasillos del colegio La Salle de Santiago se cruzaron nuestras miradas y pude ver en su mirada tierna la mirada de un Santo que luchó sin temer, la mirada de un hombre que decidió seguir a Dios hasta dar la vida por los más desfavorecidos del Salvador. 

Una mirada limpia y tierna como la de Ignacio Ellacuría que no se olvide con el paso de los años sólo es posible si, en todo, primero mantenemos los ojos fijos en Jesús. Sólo en Cristo podemos vivir la radicalidad de nuestra vida cristiana, porque es Él quien nos da la fuerza para hacerlo; es Él quien nos acompaña a través de la misericordia del Corazón de Dios. 

Para algunos jerarcas aliados con la oligarquía y el poder político, el asesinato se debió a que los jesuitas se habían alejado de su misión pastoral y se habían implicado en la actividad política del lado de los guerrilleros revolucionarios. “¡Se lo tenían merecido!” 

Pero  Ignacio Ellacuría afirmaba que la causa de la guerra no era la agresión comunista, sino la enorme desigualdad social. Por tanto, la paz solo llegaría si cesaba la explotación de los pobres, que constituían el 70 % de los salvadoreños. Algunos obispos, como Marco René Revelo -auxiliar de Romero en el momento de su muerte­ o el salesiano Pedro Arnoldo Aparicio, rechazaban ese análisis porque, decían, justificaba a la guerrilla y fomentaba el odio. 

Con Pedro Arrupe como superior general, la Compañía de Jesús había actualizado su misión afirmando la unión inseparable de la fe y la justicia. El sacrificio de los jesuitas de la UCA confirmó un augurio de Arrupe formulado en 1975 en la Congregación General 32: «No trabajaremos en la promoción de la justicia sin pagar un precio». 

Jon Sobrino, compañero de las víctimas, que se libró de la muerte por encontrarse fuera de El Salvador, piensa de manera muy diferente: los mataron “porque analizaron la realidad y sus causas con objetividad. Dijeron la verdad del país con sus publicaciones y declaraciones públicas. Desenmascararon la mentira y practicaron la denuncia profética. Por ser conciencia crítica de una sociedad de pecado y conciencia creativa de una sociedad distinta, la utopía del reino de Dios entre los pobres. ¡Y eso no se perdona!”. 

Ellacuría lo mataron, responde Eduardo Galeano, “por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su “poder de profecía’”. 

Martirio, en la tradición de la palabra griega, significa testimonio. Y así podemos decir que para un cristiano el camino va por las huellas de este testimonio de Jesús para dar testimonio de Él. ¡Un testimonio que muchas veces termina con el sacrificio de la vida! 

El martirio no es objeto de una elección voluntarista, que se asemeja a un sacrificio humano. Sin embargo, el martirio debe seguir siendo una opción posible y concebible cuando se trata de permanecer fieles al Señor; puede convertirse en un signo de nuestro apego al Señor, cueste lo que cueste. Igual que el profeta Jeremías, Ignacio Ellacuría  es la figura del creyente que no busca primero satisfacer a las personas que le rodean, sino que se preocupa ante todo de su fidelidad a la radicalidad de la Palabra de Dios. 

Este es también el mensaje del Evangelio, donde Cristo compara su misión con un fuego que debe quemarlo todo. Todos los que se adhieren a esta misión son atrapados por este fuego. Y este fuego es tal que deja huellas indelebles; el mensaje de Jesús implica una elección radical. Este mensaje debe convertirse en nuestra nueva identidad, incluso más allá del vínculo de sangre. Es este fuego el que debe caracterizarnos en todo, y convertirse en nuestro signo de reconocimiento. 

La palabra «amor» ha sido tan utilizada que ya no dice mucho. Debemos, pues, comprender que el verdadero amor -en el fondo, el único amor verdadero- es aquel que se pone en acción, que está dispuesto a sacrificarse por el bien de los demás. Recordemos al mismo Jesús: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Así pues, el único criterio que puede dar sentido a nuestros sacrificios, incluso a la posibilidad del martirio, es este amor sin límites, que encuentra su fuente en el propio amor de Dios por nosotros. 

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos», dijo Jesús. Así que no es novedad que dar la vida por los demás te introduce en el Amor, que es eterno. 

Afirma el papa francisco: «El heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, es merecedor de aquella admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a aquellos que voluntariamente han aceptado el martirio de sangre o han ejercido en grado heroico las virtudes cristianas». «Son dignos de especial consideración y honor aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y han perseverado hasta la muerte en este propósito» añade 

¡Dar la vida por los demás es una heroicidad del amor. Es la mejor expresión de la lealtad al ser humano! 

Cristo, con su ejemplo y muerte en la cruz, nos dice: «no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos». (Juan 15, 13). Y cuando dice «amigos» se refiere a todos, porque para Él no hay enemigos. El dio la vida por nosotros. 

Amar al prójimo como a uno mismo no es nada fácil, porque requiere «dar la vida», darse a los demás, a todos. Y se nos exhorta a hacerlo como si nos lo diésemos a nosotros mismos. Ahí está la cuestión: porque darse para uno mismo no cuesta; darse a unos pocos tampoco; darse a «los tuyos, menos, pero darse a todos cuesta, porque no tratamos ni queremos a todos igual. 

Por tanto, ser cristiano, seguir a Cristo es «dar la vida» por los demás. Es llevar el mensaje de amor de Cristo a otros manifestando un «amor total». El amor es el verdadero mensaje. 

“La única manera de predicar la cruz al pueblo crucificado es convertirse en uno de los crucificados” Jon Sobrino 

Testimoniar a Cristo es la esencia de la Iglesia que, de otro modo, acabaría siendo sólo una estéril «universidad de la religión» impermeable a la acción del Espíritu Santo. 

La meditación sobre la fuerza del testimonio surgió del pasaje de los Hechos de los apóstoles (7, 51-8,1) que relata el martirio de Esteban. A sus perseguidores, que no creían, Esteban dijo: «Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos. Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo». Y precisamente estas palabras de una forma u otra, las había dicho Jesús, incluso literalmente: como eran vuestros padres así sois vosotros; ¿hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran?» 

Los Hechos de los apóstoles puntualizan que Esteban estaba lleno del Espíritu Santo. Y, en efecto, no se puede dar testimonio sin la presencia del Espíritu Santo en nosotros. En los momentos difíciles, cuando tenemos que elegir la senda justa, cuando tenemos que decir que “no” a tantas cosas que tal vez intentan seducirnos, está la oración al Espíritu Santo: es Él quien nos hace fuertes para caminar por la senda del testimonio. 

El catecismo de la Iglesia católica dice: El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia, los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cf Mt 18, 16): «Todos […] los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación» (AG 11). El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquía, Epístola ad Romanos, 4, 1). 

Hemos perdido a un gran siervo de Dios, pero nos quedan sus escritos, sus mensajes y reflexiones… Y a través de ellos podemos  descubrir las profundas verdades que nos deja este hombre ejemplar, pastor, siervo, profeta y visionario. Dios le dará la recompensa a tan digno ministro del Evangelio. 

Elba y Celina las dos mujeres mártires de la UCA 

Elba y Celina

Con los jesuitas murieron asesinadas dos mujeres: Julia Elba Ramos, 42 años, cocinera de una comunidad de jóvenes jesuitas, pobre, alegre e intuitiva, y trabajadora toda su vida. Y su hija Celina, 16 años, activa, estudiante y catequista; con su novio habían pensado comprometerse en diciembre de 1989. Se quedaron a dormir en la residencia de los jesuitas, pues allí se sentían más seguras. Pero la orden fue “no dejar testigos”. En las fotos se nota el intento de Julia Elba de defender a su hija con su propio cuerpo. 

Elba era muy humana porque sentía el dolor de los demás. Yo viví un tiempo en la casa de ella. Era una persona bien amistosa, sabía llevarse con los demás. Ella tenía 33 años y yo 19. Ella y yo teníamos muchas cosas en común; comenzamos a trabajar desde muy chiquitas. Ella había trabajado desde los 10 años en los cafetales. Era una mujer muy fuerte. Siempre me enseñó a que no me dejara, que no me acobardara ante los problemas. Fue una mujer sufrida pero fuerte. Me enseñó a ser una mujer de valía, que no dependiera de los otros si no de mí misma. 

Como Elba y Celina hay millones de mujeres en nuestro mundo. Son inmensas mayorías que perpetúan una historia de siglos: en la América conquistada y depredada por los españoles en el siglo XVI; en el África esclavizada ya en el siglo XVI y expoliada sistemáticamente por los europeos en el siglo XIX; en el planeta que más sufre hoy la globalización opresora bajo la égida de Estados Unidos. Mueren la muerte rápida de la violencia y de la represión, y sobre todo la muerte lenta de la pobreza y de la opresión. 

La muerte de las mayorías asesinadas, de las que formaban parte Elba y Celina, expresa la inocencia histórica, pues nada han hecho para merecer la muerte, y la indefensión, pues ni posibilidad física han tenido de evitarla. Esas mayorías son las que más cargan con un pecado que las ha ido aniquilando, poco a poco, en vida y definidamente en muerte. Son las que mejor expresan el ingente sufrimiento del mundo. Sin pretenderlo y sin saberlo, “completan en su carne lo que falta a la pasión de Cristo”. 

14.11.2021 | Jesús herrero Estefanía 

XXXII Aniversario Mártires de la UCA

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Mártires de la UCA

La comunidad jesuita de El Salvador conmemoró este sábado el 32 aniversario de la masacre de seis sacerdotes, cinco de ellos españoles, y dos mujeres en 1989 a manos de un comando del Ejército del país centroamericano. 

La conmemoración se realizó en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA), donde fueron ejecutados los religiosos en el marco de la guerra civil salvadoreña (1980-1992). 

Decenas de personas se congregaron para participar en una misa, un acto culturaly escuchar el mensaje delrector de la UCA, Andreu Oliva, quien destacó que el legado de los jesuitas sigue vigente. 

«En este tiempo de luto por la muerte de tantos seres queridos a causa de la pandemia, de confrontaciones, de decisiones políticas que nos alejan cada día más del rumbo democrático y nos conducen al autoritarismo y militarismo, los mártires de El Salvador siguen siendo fuente de inspiración«, dijo Oliva. 

Añadió que el legado de los jesuitas llama a «seguir al lado de los más pobres, de seguir siempre del lado de la verdad, de la justicia, paz y bien común». 

«Tenemos el compromiso deseguir desenmascarando la mentira y de ser luz en medio tanta tiniebla que vive nuestro pueblo. El legado de nuestros mártires sigue iluminando el caminar de este pueblo. Que su martirio injusto y cruel se convierta cada día en fuente de vida», añadió. 

La pandemia de la covid-19 llevó a suspender los actos en 2020 y este 2021 redujo considerablemente el número de asistentes a la conmemoración, que en años previos a la crisis sanitaria congregaba a cientos de salvadoreños en una vigilia. 

Este 32 aniversario se da en momentos en los que la causa penal se encuentra cerrada por decisión de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia, sin que se conozca si se han admitido los recursos que buscan hacer retroceder el fallo

Fue en septiembre de 2019 que la referida sala del Supremo emitió su fallo en respuesta a un recurso de casación de la defensa de los militares señalados de ser autores intelectuales

Esta decisión puso freno a la reapertura del proceso dictado en 2018, tras la anulación de una ley de amnistía de 1993, y que en 2019 también enfrentaba la amenaza de quedar en la impunidad por una ley de reconciliación nacional aprobada por el Congreso y vetada posteriormente por el presidente Nayib Bukele. 

El 16 de noviembre de 1989, cinco días después de que la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) lanzara la ofensiva «Hasta el tope» en la capital, un comando de elite del Ejército salvadoreño segó la vida de los jesuitas

Las víctimas fueron los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno y el salvadoreño Joaquín López, la trabajadora de la UCA Elba y su hija de 16 años, Celina Ramos

Ellacuría, entonces rector de la UCA, había denunciado las condiciones de explotación y miseria de la mayoría campesina del país, compromiso con en el que coincidió el arzobispo de San Salvador, san Óscar Arnulfo Romero. 

Por este crimen únicamente está encarcelado en El Salvador el coronel Guillermo Benavides, condenado a 30 años de prisión en 1991 por trasladar la orden de asesinar a los jesuitas y a quien se le ha negado el indulto y conmutación de la pena por ser un crimen de lesa humanidad

La Audiencia Nacional de España condenó en 2020 al exviceministro de Seguridad Pública de El Salvador, Inocente Montano, a 133 años y cuatro meses de prisión

En el 32º aniversario de la masacre de la UCA

El Salvador, Tierra Santa de mártires y de Evangelio: A los treinta y dos años del asesinato de los jesuitas 

Jardín de los Mártires

 Son ya treinta y dos los aniversarios que hemos compartido, desde aquel primer trágico 16 de noviembre. La matanza de la UCA tuvo el mismo responsable que tienen todos los pobres de la tierra: el poder y el dinero 

Los jesuitas y la UCA representaban una manera diferente de hacer teología y de hacer Iglesia. Su manera de leer la Biblia era lo que molestaba a los poderosos 

Lo más triste sin duda fue que la propia Iglesia, que supuestamente sigue a Jesús, no ha sido capaz de leer así el evangelio, y por eso condenó duramente ese modo de hacer teología 

Después de 32 años tenemos que seguir defendiendo lo que los jesuitas de la UCA defendieron, y Por eso la Iglesia no puede estar callada 
 Gracias Ignacio Ellacuría, gracias Nacho Martín Baró, gracias Segundo Montes, gracias Armando López Quintana, gracias Juan Ramón Moreno, gracias Julia Elba, gracias Celina 

15.11.2021 | Javier Sánchez González, capellán cárcel de Navalcarnero 

Celebramos un 16 de noviembre más, y con este son ya treinta y dos los aniversarios que hemos compartido, desde aquel primer trágico 16 de noviembre en la UCA, cuando una banda de sicarios, apoyados por el ejército salvadoreño y auspiciados por Estados Unidos, asesinaron a toda la comunidad de jesuitas, a la señora que los cuidaba y a su hija. Y como cada 16 de noviembre, no solo recordamos a estos hermanos nuestros, asesinados, sino que en el fondo recordamos a todos los mártires de El Salvador, y a esta querida Tierra Santa salvadoreña

Porque ciertamente, El Salvador es Tierra Santa, precisamente por ser tierra de mártires. Sus calles, sus montañas, sus casas y sobre todo su gente, son especiales; han sufrido de modo especial el peso de la injusticia y la humillación, pero a la vez han experimentado el gozo que supone vivir la vida, dándola en pro de algo mejor, buscando un bienestar mejor para cada uno. 

Todavía recuerdo cuando llegué a Arcatao, un pequeño pueblo cercano a Chalatenango , y al celebrar allí mi primera Eucaristía hablé de El Salvador como de “Tierra Santa”. Y fue un laico, responsable de una de las comunidades bíblicas del pueblo el que, con un rostro especial de emoción que jamás olvidaré me dijo: “Entonces yo vivo en la Tierra Santa, y hasta ahora no había sido consciente de ello. Gracias por decírmelo, y por sentirme especialmente orgulloso de vivir aquí”. Siempre diré que al escuchar esas palabras, yo también me llené de emoción porque “Chalate” (como cariñosamente conocen allí a Chalatenango), fue una zona especialmente machacada por el ejército durante la guerra. 

En Chalate rara es la casa y la familia que no tiene asesinados y mártires de la guerra; pero rara es también la casa, por muy pobre que sea, que no tiene una imagen del Monseñor Romero, y todos te cuentan que el Santo pasó por allí, que estuvo tomando “cafecito” en su casa, y que era “un obispo de los de abajo”. 

Si todo el Salvador es tierra de mártires, Tierra Santa, Chalate, al norte del país y fronteriza con el sur de Honduras, sin duda que mucho más. En sus calles, en sus “cantones” hay heridas profundas de la guerra, hay mucho sufrimiento pero también mucha vida, mucha esperanza y mucha fe en el Dios de la vida, en el Dios liberador que llevan en su corazón y en sus familias. El 16 de noviembre de 1989 las balas asesinas del ejército mataron a siete inocentes, pero no pudieron ni podrán matar ni la alegría del pueblo salvadoreño ni la lucha en favor de la justicia. 

Cuando cayó asesinado Rutilio Grande ( que ahora, el 22 de enero va a ser por fin beatificado), y después San Romero de América ( como desde el principio lo bautizó el otro gran santo de América latina, San Pedro Casaldáliga), nadie podía imaginar lo que después iba a suceder en aquellos doce años de guerra civil fraticidaSan Romero la predijo la víspera de su asesinato, y no se equivocó. En aquella guerra murieron miles de salvadoreños, simplemente por ser pobres y por querer defender una justicia social, por querer reivindicar pan para todos. 

En aquella mañana de noviembre, cuando Obdulio fue a la UCA, a la comunidad de los jesuitas, no podía suponer lo que después vería: los cuerpos de los jesuitas, de su mujer y de su hija, ensangrentados y tirados por el suelo, no podía imaginar que la crueldad del ejército y del poder establecido, podría llegar a tanto. Porque la matanza de la UCA tuvo el mismo responsable que tienen todos los pobres de la tierra: el poder y el dineroEl mismo poder que mató a Jesús de Nazaret y que sigue haciendo que millones de seres humanos sigan muriendo por la injusticia y por la opresión. 

Los jesuitas molestaban al poder establecido, lo que decían y hacían era peligroso, y por eso el poder los mató. Y eso no es hacer política de partidos, derecha e izquierda, porque la política de los jesuitas era la defensa del pobre y del marginado, como dice San Pedro Casaldáliga en su padrenuestro “padrenuestro del pobre y del marginado”.  

Aunque es evidente que hacían política, porque para comprometerse con los pobres hay que hacer política y hay que jugársela por ellos. Y esa política no puede hacerse desde el poder, no puede hacerse desde arriba, sino desde abajo. De ahí que los tacharan de comunistas, como también tacharon de eso mismo a Monseñor Romero, y como podrían tachar a Jesús de Nazaret. Porque todo el que defiende al débil, es tachado de lo mismo. 

Incluso la misma Iglesia, desde su poder, en ocasiones, siempre defiende al poder. Y por eso tuvo que venir desde un continente pobre y marginado, machacado y humillado durante siglos, un papa que ha tenido la valentía de canonizar al obispo que murió mientras celebraba la Eucaristía y que va a beatificar próximamente a Rutilio Grande

Ese mismo papa que es también tachado de comunista y de anticristo. Porque ciertamente, ante el poder nadie se puede resistir, aunque el amor y la causa del Reino es más fuerte que ese poder. “Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”, que decía Monseñor Romero, y ciertamente así es y será, porque su vida, su legado, su proyecto de fraternidad sigue vivo en cada rincón y en cada casa pobre, de cada campesino y campesina salvadoreña. 

La guerra salvadoreña tuvo un antes y un después de la matanza de la UCA, sus vidas truncadas, su sangre derramada en el jardín de la universidad, no fue en vano, sino que hizo posible que la guerra fuera llegando a su fin. La entrega de esta familia, como Jon Sobrino dijo nada más enterarse de lo sucedido, sin duda que conmocionó al mundo, y el poder del ejército tuvo que empezar a claudicar. 

En palabras del entonces presidente salvadoreño, Alfredo Cristiani, “no sabían nada de que iba a producirse la masacre”; y sin embargo, todo el mundo apunta a la complicidad del mismo expresidente salvadoreño, con la derecha y el ejército salvadoreño, apoyado por el otro gran ejército poderoso y anti-evangélico, el ejército americano. Y es que además, sobre el terreno, y desde un punto de vista práctico, era imposible que el ejército salvadoreño no pudiera enterarse de lo que pasó aquella noche, porque el cuartel general militar salvadoreño está situado justo enfrente de la UCA, separado por apenas una avenida. Y además, San Salvador, estaba en aquel momento en plena ofensiva del ejército. No podían saber nada de la masacre a no ser que fuera por una única razón: porque estaban ellos mismos implicados en la matanza, no solo como cómplices sino como autores materiales de ella.       La matanza de los jesuitas, como la de Rutilio, como la de Monseñor Romero, y como la de miles y miles de campesinos y campesinas fue decidida en el cuartel general salvadoreño y tele dirigida desde los propios Estados Unidos: fue llevada a cabo por una banda de sicarios a sueldo, a los que solo les importaba el dinero. 

Treinta y dos años después, seguimos celebrando este acontecimiento, con esperanza, con ilusión, pero a la vez con tristeza, y por qué no, también en ocasiones con rabia. Esperanza e ilusión porque no pudieron acabar con la vida de estos mártires, porque su vida sigue siendo germen de vida para todos; tristeza y rabia primero por su pérdida, y segundo porque los autores de la matanza continúan sin enfrentarse a la justicia, aunque es verdad que hace poco más de un año, el juicio se reabrió en la Audiencia Nacional española, y fue condenado uno de sus autores materiales. Quizás habría que haber condenado a todo el ejército salvadoreño y a todo el ejército yanqui, porque ambos fueron cómplices de lo sucedido. 

Los jesuitas y la UCA representaban una manera diferente de hacer teología y de hacer Iglesia. Ellos abogaban por una Iglesia de los pobres y para los pobres, arrancando su reflexión de la “Teología de la liberación”, en plena ebullición en aquellos momentos. Una Teología que parte del texto del libro del Exodo, que dice: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias…. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí. He visto también la opresión a que los egipcios los someten” (Ex 3,7. 9). 

Ese clamor, y esas voces afligidas por el martirio y la opresión en Egipto que oyó el mismo Dios y que hizo posible la liberación del pueblo, a través de Moisés, fue el mismo clamor que oyeron los jesuitas de la UCA y que también les hacía sentirse enviados, como Moisés, a liberar al pueblo salvadoreño. Pero el faraón, el ejército salvadoreño, continuaba masacrando al pueblo y haciendo que las calles, que las cunetas y que las casas se llenaran de sangre inocente. 

Esa manera de leer la Biblia, esa manera especial de entender el mensaje del Evangelio era lo que molestaba a los poderosos y por eso decidieron darles muerte, su único delito, la única causa de su asesinato fue su amor incontestable a los pobres. Los jesuitas cometieron ese delito: enamorarse profundamente de los pobres y decirles que Dios no consentía ni quería su pobreza, que la voluntad de Dios es que todos podamos ser felices y disfrutar de la riqueza por igual. Que Dios no quiere pobres y que está en contra de la pobreza y la opresión. 

En palabras de Monseñor Romero: “No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada. No puede ser de Dios. De Dios es la voluntad de que todos sus hijos sean felices” (Homilía 10 de septiembre de 1978). Dios abomina la pobreza cuando no es fruto del compartir con el hermano necesitado. Todos tenemos derecho a lo mismo. Los jesuitas de la UCA, Monseñor Romero, Rutilio Grande, las religiosas estadounidenses, y miles de campesinos, leyeron el evangelio en una clave distinta, y esa clave les llevó a la muerte o a la conquista de la vida definitiva. Su asesinato fue sin duda “crónica de una muerte anunciada”, como lo fue la del mártir Jesús de Nazaret. 

Y lo más triste sin duda fue que la propia Iglesia, que supuestamente sigue a Jesús, no ha sido capaz de leer así el evangelio, y por eso condenó duramente ese modo de hacer teología, quizás porque esa Iglesia era y es, en muchas ocasiones, cómplice de injusticias y de opresiones. Quizás porque esa Iglesia del poder y de los títulos y vanaglorias es la misma que no entiende a Jesús ni al Evangelio, y que se parece más al Sanedrín y a los sumos sacerdotes del tiempo. Una Iglesia, que como dice también Gaillot, “no sirve y por eso no sirve para nada”. 

Esa Iglesia es la que tampoco ha entendido a estos mártires hasta que un papa, nacido justamente en tierras de opresión y marginación, ha sido capaz de resucitar a todos estos mártires. Ciertamente, ellos no necesitaban ese reconocimiento porque ya lo tenían por parte del pueblo; el pueblo salvadoreño ya los ha hecho santos a todos, pero sí ha supuesto un buen aldabonazo para muchos sectores de Iglesia, el reconocimiento oficial de parte de la Iglesia institución. 

“Cuando doy pan a un pobre, dicen que soy un santo. Cuando pregunto por qué el pobre no tiene pan me llaman comunista”, que decía Monseñor Helder Cámara. Y eso es lo que hacían los jesuitas preguntar por qué en El Salvador no todos podían comer, preguntar por qué no todos tenían derecho a vivir con la misma dignidad. Esa pregunta y su actuar, les llevo al martirio, a derramar la sangre por el pueblo. Pero su familia, su pueblo, después de 32 años les sigue no solo recordando, sino teniendo presente en su corazón, en sus calles y en sus casas. 

Como cada año asistiremos a “la procesión de farolillos”, en su memoria, por todo el recinto de la universidad. Y seguiremos siendo muchos los que honraremos su vida y muerte entregada. “Han matado a mi familia”, que decía Jon Sobrino (que a pesar de ser uno de los elegidos para la matanza, se salvó de manera milagrosa porque no se encontraba esos días en la UCA); pero la familia de Jon y la familia de todos los que creemos en una Iglesia distinta al estilo del Reino, al estilo de Jesús de Nazaret, sigue presente y siga viva en cada casa y en cada corazón salvadoreño. Porque esa entrega no termina. 

Hoy después de treinta y dos años continua la injustica y la pobreza en este pequeño y martirizado país. Y por eso, los jesuitas, y su herencia siguen vivos. Tenemos que seguir haciendo la misma teología que ellos hicieron, la teología de la liberación no ha muerto, porque, como también dice Jon Sobrino “mientras haya pobres, no se puede dejar de hacer teología de la liberación”. Mientras haya pobres no podemos bajar la guardia, no podemos dejar de leer el Evangelio y la vida, en la misma clave del Exodo. Tenemos que seguir oyendo el clamor y los quejidos del pueblo. Y por desgracia, en El Salvador, hay todavía muchas personas que se siguen quejando, que siguen clamando justicia. 

Después de 32 años tenemos que seguir defendiendo lo que los jesuitas de la UCA defendieron, y además hacerlo en nombre del Dios de la vida, y de los pobres crucificados salvadoreños y salvadoreñas, que siguen martirizados por la opresión y la injusticia. Por eso la Iglesia no puede estar callada, tiene que seguir también gritando y luchando en su favor. Que la fuerza del Espíritu que resucitó a Jesús de Nazaret siga haciendo posible la resurrección en el pueblo de El Salvador, que la matanza de la UCA no quede impune, y solo dejará de estar impune si nosotros ahora, como Iglesia, cogemos su antorcha y seguimos sus pasos. 

Gracias Ignacio Ellacuría, gracias Nacho Martín Baró, gracias Segundo Montes, gracias Armando López Quintana, gracias Juan Ramón Moreno, gracias Julia Elba, gracias Celina, gracias por vuestro testimonio cristiano y humano de compromiso en favor de los pobres, gracias por vivir y morir desde tomaros en serio el Evangelio. El Dios de la vida os mantiene siempre vivos y a nuestro lado. El pueblo salvadoreño se une un año más a esta acción de gracias y la Iglesia de Jesús de Nazaret también. 

Gracias mártires salvadoreños, gracias Monseñor Romero, Rutilio Grande, religiosas americanas, campesinos y campesinas del pueblo. Dios en Jesús os sigue dando las gracias: “Te doy gracias Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla “( Mt 11, 25). Entre esos sencillos estáis vosotros y todos los que cada día hacen creíble con su testimonio el Evangelio y el Reino de Dios, porque el que Jesús vivió, lo asesinaron y resucitó, como lo hicieron con vosotros   

La exposición «Martirio» en la UCA de San Salvador

‘Martirio’ denuncia en la UCA la violencia del conflicto armado Una exposición homenajea a los jesuitas asesinados en El Salvador
El rector de la Universidad Centroamericana (UCA), Andreu Oliva, inauguró este miércoles la exposición «Martirio», que homenajea la vida y obra de los seis padres jesuitas, cinco de ellos españoles, asesinados en noviembre de 1989, durante el conflicto armado interno de El Salvador
Los jesuitas asesinados fueron los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno. También murieron junto a ellos los salvadoreños Joaquín López (sacerdote), la empleada doméstica de la universidad Julia Elba y su hija Celina Maricet Ramos
«Se acusaba a la universidad de organizar la subversión, de infiltrar a la iglesia el marxismo (…) acusaron a los jesuitas de ser los cabecillas intelectuales de la guerrilla», explica el rector de la UCA
14.11.2020 | RD/Efe
El rector de la Universidad Centroamericana (UCA), Andreu Oliva, inauguró este miércoles la exposición «Martirio», que homenajea la vida y obra de los seis padres jesuitas, cinco de ellos españoles, asesinados en noviembre de 1989, durante el conflicto armado interno de El Salvador.
La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en medio de la mayor ofensiva guerrillera registrada durante la guerra civil salvadoreña (1980-1992), un comando de soldados de elite mató a los religiosos en el campus de la Universidad Centroamericana.
Los jesuitas asesinados fueron los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno. También murieron junto a ellos los salvadoreños Joaquín López (sacerdote), la empleada doméstica de la universidad Julia Elba y su hija Celina Maricet Ramos.
«‘Martirio’ es una exposición que rinde homenaje a la vida de los mártires de la UCA, pero también hace un recorrido por la guerra civil salvadoreña a través del recuerdo y de la reflexión sobre la vida y obra de los mártires y el contexto en el que ellos trabajaron y fueron asesinados», manifestó Oliva.
Señaló que la exposición, conformada por archivos de notas de prensa, escritos de la época, fotografías de cada uno de los jesuitas y que cuenta con el apoyo del Centro Cultural de España, «muestra muy bien cómo el Estado salvadoreño y la ultraderecha política fueron tramando una constante estrategia de difamación y desprestigio de la universidad y de los jesuitas que estaban al frente de esta».
«Se acusaba a la universidad de organizar la subversión, de infiltrar a la iglesia el marxismo (…) acusaron a los jesuitas de ser los cabecillas intelectuales de la guerrilla y de reclutar a jóvenes universitarios para integrarlos a las filas guerrilleras», apuntó.
Los documentos y las fotografías expuestas son parte del Archivo Histórico del Conflicto Armado de la UCA, en el que se encuentran 30.000 documentos que dan cuenta del pasado reciente y de violaciones a derechos humanos durante el conflicto armado, como el asesinato de los jesuitas, explicó Óscar Meléndez, jefe de acervos históricos de la biblioteca de la UCA.
La exposición estará disponible hasta febrero del 2021 y está montada en el Centro de Formación Continua de la UCA, ubicada en un centro comercial de la localidad de Antiguo Cuscatlán.
La inauguración de «Martirio» se da a propósito del 31 aniversario de la matanza de los jesuitas, su empleada doméstica y la hija de esta. Los señalados de los asesinatos son el expresidente Alfredo Cristiani (1989-1994), los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes, Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, recientemente condenado en España.
Un cierre de caso inesperado
El pasado 29 de octubre, la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) ordenó el cierre del proceso penal por la masacre de los jesuitas, según lo confirmó a Efe el abogado español Arnau Baulenas. La Sala de lo Penal también ordenó «que no se investiguen a los señalados como autores intelectuales de la masacre».
Una decisión que «irrespeta lo resuelto por la Sala de lo Constitucional sobre la Ley de Amnistía» según Baulenas, coordinador del Equipo de Procesos de Justicia del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (Idhuca) y querellante en la causa.

Aniversario Mártires de la UCA

Aniversario del martirio de Ellacuría y los jesuitas de la UCA
Cardenal Czerny: «Este aniversario celebramos en un contexto que evidencia la desigualdad e injusticia que ya padecíamos»

El cardenal Michael Czerny, Subsecretario de la Sección Migrantes del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, envió un mensaje a los jesuitas de El Salvador en el aniversario de la masacre
Expresa su solidaridad y cercanía como también a la comunidad universitaria de la UCA y al pueblo salvadoreño
16.11.2020 | Manuel Cubías
(Vatican News).- Los jesuitas Ignacio Martín Baró, Ignacio Ellacuría, Juan Ramón Moreno, Amando López, Segundo Montes, Joaquín López y López y sus dos colaboradoras, Elba Julia Ramos y Celina Ramos fueron asesinados hace 31 años en el campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador por elementos del ejército salvadoreño y por decisión del alto mando militar. Por este crimen no ha sido juzgada ninguna persona en el país centroamericano.
El cardenal Michael Czerny participó hace un año en la celebración de los mártires de la UCA en el Salvador. En esta ocasión, puntualiza: “Celebramos el 31 aniversario de nuestros mártires en un contexto mundial y local muy diferente a los años anteriores”.
En primer lugar, contextualiza, este aniversario se celebra en medio de la crisis generada por el coronavirus “que nos ha obligado a cambiar muchas de nuestras prácticas sociales, económicas, educativas y religiosas, afectando sin duda a los más pobres y ha dejado en evidencia la desigualdad e injusticia que ya padecíamos”.
En segundo lugar, recordó el impacto del huracán Eta, que golpeó América Central, “donde viven millones de personas en zonas muy vulnerable a los desastres llamados “naturales”, pero que de hecho son causados o agravados por nuestra actividad humana irresponsable frente a la creación, como ha reiterado el Papa Francisco en Laudato Si´” quien tuvo presente a las víctimas en la oración del Ángelus el pasado domingo 8 de noviembre: “Recemos por las poblaciones de Centroamérica golpeadas por un violento huracán. Que el Señor acoja a los muertos, consuele a sus familias y sostenga a los más probados, así como a todos los que están haciendo todo lo posible por ayudarlos”.
En tercer lugar, afirmó que este año se realizó el juicio en España contra el coronel Inocente Montano, “uno de los altos jefes militares que ordenaron el asesinato de nuestros compañeros mártires, este militar fue condenado a 133 años de prisión por “asesinatos terroristas”. Esperemos que este paso en la justicia pueda también animar la reivindicación de las víctimas de El Mozote, con quienes los mártires se habrían solidarizado”.
Un último elemento que desarrolla la carta es la referencia a la recién publicada encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti. De ésta cita el texto que dice: “El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día.” (FT No. 11) y “la verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia, Las tres juntas son esenciales para construir la paz” (FT No. 227).
El cardenal Czerny considera que la encíclica Fratelli tutti nos da elementos para responder a ciertos desafíos actuales y dice: “El Santo Padre nos lanza el imperativo que también hicieron suyo nuestros mártires en su momento y que hoy festejamos: Sólo identificándose con los últimos llegaré a ser hermano y hermana de todos. En este aniversario, haciendo memoria de todos los hermanos y hermanas mártires, hagamos nuestra la oración con que concluye la encíclica Fratelli Tutti:
“Concede a los cristianos que vivamos el Evangelio y podamos reconocer a Cristo en cada ser humano, para verlo crucificado en las angustias de los abandonados y olvidados de este mundo y resucitado en cada hermano que se levanta.”
En la misiva, el cardenal se despide diciendo: “Queridos hermanos y hermanas todos, alegrémonos con nuestro Santo Padre Francisco, con San Oscar Romero, con el mártir P. Rutilio Grande, y con los mártires de la UCA en este nuevo aniversario de su sacrificio. Suyo en el Señor, en unión de oración y de solidaridad, como siempre”.

El juicio a Montano en España

«El juicio a Montano en España es por asesinato terrorista y no por crimen de guerra» José M. Tojeira sj: «Resulta indispensable que muchos casos de masacres contra campesinos puedan llegar a los tribunales de El Salvador»

«No era posible que sin autorización del Estado Mayor o del Alto Mando salvadoreño, cuarenta soldados entraran en la UCA a las dos de la mañana, a 700 metros del Estado Mayor, mataran a 8 personas, se quedaran posteriormente disparando durante 20 minutos, y finalizaran el operativo asesino y terrorista lanzando dos bengalas que iluminaran la zona en una noche en la que no había luz eléctrica»        «Una ley de amnistía primero, y el alegato de prescripción después, impidió en El Salvador darle continuidad judicial al informe de la Comisión de la Verdad»                                                                                              «Sería absurdo buscar justicia solo para ellos y olvidarse de aquellos por quienes ellos dieron la vida»

12.06.2020 | José M. Tojeira, sj.

Al fin el caso abierto en España contra el asesinato de los jesuitas y sus dos compañeras en El Salvador está llegando a su fase final. La noticia es buena, a pesar de que solamente una persona va a enfrentar la justicia. Desde el inicio de los procesos judiciales en El Salvador los jesuitas estábamos convencidos de que había autores intelectuales que quedaban ocultos. No era posible que sin autorización del Estado Mayor o del Alto Mando salvadoreño, cuarenta soldados entraran en la UCA a las dos de la mañana, a 700 metros del Estado Mayor, mataran a 8 personas, se quedaran posteriormente disparando durante 20 minutos, y finalizaran el operativo asesino y terrorista lanzando dos bengalas que iluminaran la zona en una noche en la que no había luz eléctrica.

Después de asesinar a los jesuitas y sus dos colaboradoras el nutrido fuego utilizó armas diferentes. Según la investigación del primer proceso judicial se disparó con fusiles AKA-47, M-16, M-60, y se lanzaron tres granadas y un cohete antitanque LAW contra el edificio en el que vivían los sacerdotes. Tras una larga y concienzuda investigación la Comisión de la Verdad, y antes un congresista norteamericano, Joseph Moakley, llegaron a la conclusión de que la orden de matar a Ellacuría y no dejar testigos la dio el entonces Jefe de Estado Mayor (hoy fallecido) y otros 4 militares más que le acompañaban. Entre ellos estaba el coronel Montano.

Una ley de amnistía primero, y el alegato de prescripción después, impidió en El Salvador darle continuidad judicial al informe de la Comisión de la Verdad a pesar del intento de reabrir el caso contra los autores intelectuales que hicimos en el año 2000, tras la recomendación de reapertura de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En ese sentido recibimos con esperanza, años después, la apertura del caso en España. Insistimos sin embargo en que el caso abierto en España debía enfocarse en apoyar la reapertura del caso en El Salvador, que es en donde resulta indispensable que muchos casos, en cuenta masacres de campesinos más graves que el crimen contra los jesuitas, puedan llegar a los tribunales. En este contexto la apertura del caso en España influyó positivamente en la Sala de lo Constitucional salvadoreña (Tribunal Constitucional) que declaró en 2016 inconstitucional la amnistía de 1993 en El Salvador y dejó claro que la prescripción no aplicaba en crímenes de lesa humanidad y de guerra. Seguir leyendo

Justicia para la UCA

11/06/2020 | Iosu Perales

Inocente Orlando Montano es todo menos inocente. El lunes día 8 de junio ha comenzado el juicio en Madrid contra el ex coronel y ex viceministro de Defensa de El Salvador, por su responsabilidad en los crímenes de la Universidad Centro Americana (UCA), donde fueron asesinados el 16 de diciembre de 1989 seis padres jesuitas y dos mujeres, Elba y su hija Celina. Y, ¿saben una cosa? Me duele que este juicio sea posible por la decisión de Estados Unidos que siempre estuvo del lado del ejército de la dictadura, de extraditar a España a Inocente Orlando Montano, toda vez que las autoridades salvadoreñas poco o nada hicieron por la extradición de los culpables reclamados por la justicia española. Eran 17 militares los extraditables, entre los cuales se encontraban los coroneles René Ponce y Guillermo Alfredo Benavides, dos de los máximos responsables, en confabulación con los también coroneles Rafael Bustillo, Juan Orlando Zepeda, Francisco Elena Fuentes, entre otros.

Inocente Orlando Montano fue entregado a España en agosto de 2017 tras dos años de espera en una prisión estadounidense. Desde entonces está en prisión por orden del juez Manuel García Castellón.

Es cierto que Benavides terminó siendo juzgado en El Salvador y fue condenado a treinta años de cárcel, siendo beneficiado por la amnistía decretada pocos meses después de firmada la paz el 16 de enero de 1992. La justicia española reclamó a Benavides por ser el jefe del operativo que ejecutó los crímenes. La Corte Suprema de justicia salvadoreña, en agosto de 2006, resolvió por unanimidad que el coronel Guillermo Alfredo Benavides no fuera extraditado a España, donde un juzgado inició su procesamiento por el crimen de los sacerdotes, pero también decidió que el coronel volviera a prisión para cumplir la condena de 30 años de cárcel que le había sido impuesta en 1992 y de la que se había librado gracias a la ley de amnistía de 1993.

Todo empezó con las acusaciones radiales contra Ignacio Ellacuría y sus compañeros en aquellos días de diciembre en los que la guerrilla del FMLN cercaba la capital. Desde la emisora radio Cuscatlán, el coronel Juan Orlando Zepeda, lanzaba acusaciones contra la UCA de ser el centro de operaciones de los terroristas del FMLN. El coronel Inocente Orlando Montano, viceministro de Seguridad Pública, dijo que los jesuitas estaban «plenamente identificados con movimientos subversivos». En este ambiente, en la noche del 15 de diciembre de 1989, el coronel René Ponce, en el marco de una reunión con otros cinco coroneles de la llamada Tandona, dio la orden de dar muerte a Ellacuría, sin dejar testigos, y para ello dispuso de la utilización del Batallón Atlacalt. Los conjurados asintieron.

Lo cierto es que los padres jesuitas eran hombres de paz. En sus diálogos con el gobierno y con los guerrilleros siempre insistieron en el fin de la violencia y en el inicio de un proceso de diálogo que desembocara en una negociación y la firma de la paz. Además, desde la asunción de la teología de la liberación, se identificaban con los sectores sociales más pobres y defendían la justicia social.

Lo que ocurrió después fue una farsa, se abrió un proceso judicial fraudulento y sin garantías jurídicas, orientado a proteger a los culpables.

Pero a finales de 2004, abogados salvadoreños y españoles, entre ellos Benjamín Cuellar del Instituto de DDHH de la UCA y sobre todo la abogada Almudena Bernabeu, valenciana, y que junto a otras cuatro mujeres forman el The Guernica Group que persigue judicialmente a dictadores, decidieron presentar una demanda en la Audiencia Nacional. Lo hicieron a finales de 2008. Para este esfuerzo se basaron en el Informe de la Comisión de la Verdad de la ONU, De la locura a la esperanza. El resultado lo podemos valorar hoy.

Lo realmente importante es que, con Inocente Orlando Montano, en el banquillo de acusados se sientan las Fuerzas Armadas de El Salvador como institución. Es una lástima que numerosos militares que intervinieron en aquel crimen no sean juzgados de manera directa. Pero queda el consuelo de que para que estos tipos, su propio país, El Salvador, es su cárcel, pues salir por sus fronteras podría suponer ser detenidos por la Interpol.

Las autoridades salvadoreñas que rechazaron la extradición de hasta 17 militares de alta y media graduación, lo hicieron esgrimiendo el pobre argumento de una soberanía nacional que nunca respetaron durante la guerra y afirmando tener un poder judicial fuerte, capaz de dictar justicia. De hecho, no lo hicieron, mostrando una vez más que casi todos los militares que conspiraron y participaron en los asesinatos, son intocables.

Hubo que esperar a julio de 2016 para que se derogara la ley de amnistía. Cuando se hizo, ya los conjurados, coroneles y algunos generales, y otros oficiales y suboficiales estaban a salvo por un juicio fraude y por el paso del tiempo. La amnistía ya había jugado su papel. Salvo en el caso de Benavides que años después de andar libre fue devuelto a la cárcel, como ya he citado. La votación en la Corte Suprema, para enviarlo a la cárcel fue de 11 votos contra 4.

El que se sienta en el banquillo, en Madrid, Inocente (ironías de la vida) Orlando Montano estaba preso en Estados Unidos y nunca ha mostrado arrepentimiento. Como miembro de la llamada Tandona, ha protegido al resto de asesinos. Por cierto, aunque en retiro, sigue siendo coronel del ejército y supongo que cobrando. Dice el juez García Castellón que Montano fue uno de los líderes de la Tandona, una asociación de veinte oficiales en puestos claves del Ejército y del Gobierno de El Salvador «temida por anteponer sus intereses y los de sus miembros a los intereses del gobierno o de la propia institución militar».

Han pasado ya 30 años y nunca pagarán por lo que hicieron. La justicia para ser justicia no puede dilatarse tanto. Este es un caso más que demuestra que hace falta una justicia universal.

Un detalle, el fiscal pide para Inocente Orlando Montano 150 años de prisión. Lo considera culpable, no inocente.