España estrena película sobre mártires de la UCA

Imagen retomada de RTVE | Escena de “Llegaron de noche”.


La película “Llegaron de noche” relata el asesinato de seis sacerdotes jesuitas, cinco de ellos de origen español, y sus dos colaboradoras. Será estrenada en España este 25 de marzo.

La producción está basada en la historia real de la única testigo del crimen, Lucía Barrera de Cerna, quien trabajaba como empleada de limpieza en la UCA. Entre la noche del 15 de noviembre y la madrugada del 16 de noviembre de 1989, Lucía vio a agentes del Ejército que ingresaron a las habitaciones de los jesuitas y sus colaboradoras. La película muestra que su testimonio será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia.

El director español, nacido en El Salvador, Imanol Uribe, manifestó que “Llegaron de noche” fue una película complicada, que le llevó cinco años de su vida. Iniciaron un minucioso proceso de documentación previo, para abordar esta historia real, pero surgieron bastantes problemas con la producción al principio del rodaje, a eso añadió las adversidades por la pandemia.

Con esta producción, España vuelve a poner en el escenario público el asesinato de los seis sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras.

En 2020, la Audiencia Nacional de España condenó a más de 133 años de cárcel al coronel Inocente Orlando Montano, como uno de los implicados en el asesinato cometido por las Fuerzas Armadas salvadoreñas.

El Salvador negó la extradición de 13 militares acusados de participar en el crimen, para que fueran juzgados en España. A la fecha, el caso continúa en la impunidad.

Los mártires de la UCA al cine

‘Llegaron de noche’: el cine resucita a los mártires de la UCA

Vida Nueva charla con el director de la película, Imanol Uribe, y con el guionista, Daniel Cebrián

Llegaron de noche

Dice Jesús en el evangelio que “nada hay oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de saberse y ponerse al descubierto” (Lc 8, 17). Aferrados a esa promesa divina, la Compañía de Jesús y el pueblo salvadoreño llevan más de tres décadas aguardando a que la justicia humana llegue hasta al final y arroje luz sobre uno de los episodios más trágicos en la historia de la orden fundada por Ignacio de Loyola y del pequeño país centroamericano, sumido por entonces en una fratricida guerra civil de doce años (1980-1992) que se cobraría 75.000 vidas y dejaría un número indeterminado de desaparecidos.


Se trata del asesinato, en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, de seis jesuitas –los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y el salvadoreño Joaquín López–, la cocinera de la comunidad, Julia Elba Ramos, y su hija Celina Ramos, en el campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador donde los religiosos residían e impartían clases.

El 5 de enero de 2022, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador –que en 2020 dictó el cierre del proceso penal y “que no se investigue a los señalados como autores intelectuales de la masacre”– ordenaba que se reabriera el caso. Y el 11 de marzo, hace apenas un par de semanas, el titular del Juzgado Tercero de Paz de San Salvador, José Campos, emitía una orden de busca y captura contra el ex presidente Alfredo Cristiani (1989-1994), decretando su detención tras no comparecer en el juicio.

Caprichos (o no) del destino, lo cierto es que ahora, coincidiendo con estas esperanzadoras noticias, un poderoso vehículo de concienciación como el cine viene a sumarse a ese empeño por saber la verdad y rescatarla de las tinieblas de la impunidad. Lleva por título ‘Llegaron de noche’ –como los asesinos en aquella fatídica fecha– y desembarca en las salas el 25 de marzo, previo paso por el Festival de Málaga.

Al frente del proyecto figura el director Imanol Uribe, un vasco nacido en San Salvador que –aunque con 20 años menos– admite haber llevado “vidas paralelas” con Ignacio Ellacuría, aquel jesuita nacido en Portugalete que acabaría viviendo y muriendo en El Salvador. En distendida charla con Vida Nueva en la sede de la ONG jesuita Entreculturas, y acompañado por el guionista de su último trabajo, Daniel Cebrián, relata cómo pasó “por los sitios que él pasó”.

Y, aun cuando asume tener “una memoria espantosa”, recorre mentalmente su periplo educativo, vinculado siempre a la Compañía de Jesús: el Externado San José en El Salvador, los jesuitas de Indautxu en Bilbao, los jesuitas de Tudela, “donde también estuvo Ignacio Ellacuría”. Incluso, llegó a conocerle personalmente “en una charla que dio en Salamanca”.

Hechos que marcan

Ahora bien, más allá de ese pasado jesuita, Uribe reconoce que “el gusanillo del interés por su figura siempre ha estado ahí”. Como a tanta gente de su generación, le impactó “muchísimo” la matanza de El Salvador, “al nivel del asesinato de Carrero Blanco, de Kennedy o del 11-S: son hechos que marcan”. Y a Ellacuría –subraya– “le admiraba”. Todo ello “se conjura” como germen de su nueva película después de leer la novela Noviembre, de Jorge Galán.

En ella se habla de los jesuitas, de monseñor Romero… pero fue Lucía Barrera de Cerna, empleada de limpieza en la UCA y único testigo de la matanza que decidió declarar, quien reclamó su atención. “Solo se cuenta un poquito su vida”, desvela. Suficiente para que el veterano cineasta encontrara en ese personaje “el desencadenante desde el que hincarle el diente a la historia”: contaría lo vivido por esta mujer y, de paso, hablaría de la muerte de los jesuitas. “Como vehículo narrativo, me fascinaba la historia increíble de Lucía y su defensa de la verdad”, confiesa.

“Lo que es interesante es la historia de Lucía, su conflicto: tiene que optar entre contar la verdad o que la dejen vivir. Y opta por contar la verdad, aunque no la vayan a dejar vivir. Imanol lo vio enseguida; yo tardé en verlo más, pero había que justificar el sueldo”, secunda entre risas Cebrián, que ya ha colaborado con Uribe en anteriores producciones.

Enriquecedoras entrevistas

A partir de ese momento, como guionista, emprendió “una fase de documentación periodística” en la que leyó todo lo que pudo acerca de aquellos acontecimientos. Al principio, hablaron mucho con Jorge Galán, incluso pensaron en comprarle los derechos de su novela, pero “yo sabía ya demasiadas cosas como para hacer la película y, al final, todo terminó donde había empezado Imanol”.

Conocerían luego al padre José María Tojeira (encarnado en la cinta por Carmelo Gómez), provincial de los jesuitas en Centroamérica de 1988 a 1995, que “fue muy generoso con nosotros: grabamos bastantes horas de conversaciones con él en la UCA y ha colaborado desde el primer momento”, recuerda agradecido Uribe. Y a Lucía (Juana Acosta), que resultó “esencial”, y a su marido (Juan Carlos Martínez).

Y es que, tras entrevistarse con este matrimonio salvadoreño, “solo queríamos contar ya la historia de Lucía, que era la idea original de Imanol desde nuestra primera conversación”. De hecho, inicialmente iba a llamarse La mirada de Lucía, pero la premonición de Ellacuría sobre la autoría de su propia muerte (aquí puesta en boca del actor que se mete en su piel, Karra Elejalde) les brindó el título definitivo: “Si me matan de día sabrán que ha sido la guerrilla, pero si llegan de noche serán los militares los que me maten”.

Entrelazar la realidad

Así que, después de encontrarse con unos y con otros, “no hubo que inventarse nada, sino entrelazar la realidad que había”, asegura Uribe. A lo sumo, “fundir” en algún personaje acciones o diálogos de otros. Como es el caso del propio padre Tojeira, que “tuvo mucho protagonismo –apostilla Cebrián–, aunque había más sacerdotes jesuitas adscritos a la universidad que estaban por allí”. “El resto –reitera Uribe– ha sido articular y guionizar la historia, porque la realidad estaba ahí”. Y ese “resto”, fundamentalmente, es la historia de Lucía.

Ella es “la puerta de entrada”, según Cebrián, porque “¡es tan absurda la muerte de los padres!… que hacer una película sobre eso tiene poco interés, más allá de la tragedia que supone”. “Sería contar una historia que todos conocen”, asiente Uribe. “Es una atrocidad sin sentido desde el punto de vista humano –prosigue Cebrián–, a nadie le puede parecer bien aquello, no hay un conflicto. Cuando lees todo en su contexto, es muy fácil seguir la línea que conduce de finales de 1989 al fin del conflicto: aquella matanza aceleró la paz, no el triunfo de la guerrilla; al menos, la capitulación del Gobierno en muchos aspectos”.

Ante la apertura caso masacre UCA

El rector, ante la reapertura del caso de la masacre en la UCA: «no ofrece las debidas garantías»Andreu Oliva, rector de la UCA, advierte: «Que no se juegue con los anhelos de las víctimas y con su sufrimiento»

Padre Andreu Oliva
Padre Andreu Oliva

El Padre Andreu Oliva, rector de la Universidad, hizo pública la postura institucional ante la reapertura del caso de la masacre en la UCA

En el actual proceso emprendido por la Fiscalía, «existe de parte de algunas de las autoridades públicas un interés en apartar a la UCA y en sembrar dudas de que la Universidad sea una de las víctimas o parte ofendida»

Ciertas irregularidades hacen temer que el proceso no ofrecerá las garantías de objetividad e independencia requeridas para encontrar la verdad, hacer justicia, reparar el daño causado y propiciar la reconciliación

“Como Universidad exigimos que el caso no sea instrumentalizado con fines políticos o particulares.  Y demandamos a que se respete el debido proceso, los derechos y garantías de todas las partes involucradas»

Por | Margarita Moreno/ UCA

En conferencia de prensa, realizada el 14 de marzo en el Auditorio “Segundo Montes, S.J.”, el P. Andreu Oliva, rector, hizo pública la postura institucional ante la reapertura del caso de la masacre en la UCA.

Oliva inició explicando que este nuevo proceso judicial se da en el marco del desmantelamiento del Estado derecho y de una campaña de acoso contra la Universidad: “Se nos acusa sin fundamento de no estar interesados en la justicia, de proteger a algunos de los implicados en este proceso judicial e incluso de no estar del lado de las víctimas”.

Mártires UCA
Mártires UCA

Ante esto, aseguró, la mejor credencial es la historia de la Universidad y su compromiso con la verdad y la justicia, sobre todo con los casos de violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado. Compromiso que se materializa en la labor del Idhuca: más de ochenta casos ligados a la guerra civil (de masacres, torturas y desapariciones forzadas) han sido investigados y documentados por el Instituto; setenta de ellos han sido presentados a la Fiscalía General de la República para su esclarecimiento, pero hasta la fecha no se reportan avances.

Con respecto a la reapertura del caso, el rector señaló que el proceso judicial inició en el año 2000, a petición de los familiares de los jesuitas asesinados, acompañados por la Universidad. Posteriormente, en 2017, luego de la anulación de la ley de amnistía, se solicitó la reapertura, pero el caso fue sobreseído de forma fraudulenta por la Sala de lo Penal.

En el actual proceso emprendido por la Fiscalía, “existe de parte de algunas de las autoridades públicas un interés en apartar a la UCA y en sembrar dudas de que la Universidad sea una de las víctimas o parte ofendida”, aseguró el rector, pese a que en 1999 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos definió a los familiares de Elba y Celina y de los padres jesuitas, a la comunidad universitaria y a la Compañía de Jesús como víctimas de la masacre.

Caso UCA

De hecho, en su requerimiento, la Fiscalía afirma desconocer el domicilio de las víctimas y de los ofendidos. Esto, explicó el rector, “deja claro que no hay un reconocimiento a la Universidad de su carácter de víctima y que tampoco se reconoce a los familiares de los jesuitas asesinados ni a la Compañía de Jesús como tales”.

Estas y otras irregularidades hacen temer que el proceso no ofrecerá las garantías de objetividad e independencia requeridas para encontrar la verdad, hacer justicia, reparar el daño causado y propiciar la reconciliación. Por esto, por el momento, la UCA no participará como querellante.

“Como Universidad exigimosque el caso no sea instrumentalizado con fines políticos o particulares, y que no se juegue con los anhelos de las víctimas y con su sufrimiento. Y demandamos a que se respete el debido proceso, los derechos y garantías de todas las partes involucradas”, dijo Oliva.

Asimismo, la UCA rechaza “cualquier tipo de presión de actores externos, ya sea sobre los imputados, las víctimas o los funcionarios judiciales” y aboga porque el proceso se desarrolle “sin ningún tipo de interferencia indebida”

Cristiani, en búsqueda y captura

El expresidente salvadoreño Alfredo Cristiani, en busca y captura tras no presentarse en el juicio por los mártires de la UCA

marcha en El Salvador en memoria de Ignacio Ellacuría y jesuitas asesinados 1989 mártires de la UCA 2017
Mártires de la UCA

Una corte de paz ha iniciado un proceso contra el dirigente acusado de ser uno de los autores intelectuales de la Universidad Centroamericana

Finalmente, el pasado viernes, 11 de marzo, una corte de paz de El Salvador ordenó la busca y captura de Alfredo Cristiani, presidente del país centroamericano de 1989 a 1994, cuando se produjo la matanza de los jesuitas Ignacio Ellacuría y 5 compañero, junto a la cocinera de la comunidad y su hija en 1989. Cristiani se ha dado a la fuga aunque rechaza cualquier acusación.


La orden judicial se produce tras la ausencia de Cristiani –o cualquier representante suyo– en el proceso iniciado este jueves en un tribunal de Paz. “No me queda más que decretar la detención”, sentenció el juez según recoge la agencia Efe. “La verdad es que nunca supe de los planes que tenían para cometer esos asesinatos. Nunca me informaron ni me pidieron autorización porque sabían que jamás hubiera autorizado que se hiciera daño al padre Ellacuría o a sus hermanos”, ha destacado en un comunicado recogido por la misma agencia.

Escasas condenas

En paradero desconocido, el entonces presidente siempre ha sido considerado uno de los autores intelectuales –junto a 12 dirigentes más– de la matanza en la universidad jesuita, aunque hasta ahora los acuerdos de paz o los supuestos juicos no lo habían refrendado claramente. Solo la declaración de inconstitucionalidad, en 2016, de la ley de amnistía de 1993, ha permitido que el proceso llegue de nuevo a los tribunales –algo que se ha producido tras muchos reveses y obstáculos–. Hasta ahora, solo están en la cárcel el coronel Guillermo Benavides, desde 1991, y el ex viceministro de Seguridad, Inocente Montano, gracias a un juicio desarrollado en la Audiencia Nacional de España, por la nacionalidad española de 5 de los jesuitas asesinados.

Cristiani denuncia en su comunicado que “el fiscal general (Rodolfo Delgado) de mala fe y con claro desprecio de la verdad me ha acusado públicamente de omisión y de encubrimiento”. Para él, “el asesinato de los padres jesuitas, de Elba y Celina fue un acto espantoso, fue una acto salvaje. Las víctimas de estas y muchas otras atrocidades tienen derecho a la justicia y el pueblo salvadoreño tiene derecho a saber la verdad, pero la acusación del fiscal general no busca ni justicia ni verdad, busca perjudicar a quien consideran un opositor político inconveniente”. Nuevamente, se retrasa el cierre de esta herida en la historia judicial de El Salvador.

Reapertura del asesinato de Ellacuría

Andreu Oliva: «Espero que el caso no se utilice políticamente»

Imagen de la exposición en homenaje a los mártires de la UCA
Imagen de la exposición en homenaje a los mártires de la UCA

Los señalados como posibles autores intelectuales de los asesinatos son el expresidente Alfredo Cristiani, los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes y Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, condenado en España

07.01.2022 | RD/Efe

La orden de reabrir el proceso penal por la masacre de 6 padres jesuitas —5 de ellos españoles— y 2 mujeres representa un «avance importante en la lucha por la Justicia» en El Salvador, dijo en una entrevista con Efe el sacerdote jesuita Andreu Oliva, quien espera de la Fiscalía un actuar «coherente» y que el caso «no se utilice políticamente».

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador ordenó que el proceso penal por la masacre se reabra tras admitir un amparo presentado por el fiscal general, Rodolfo Delgado.

El Constitucional, que también ha dado 10 días a la Sala de lo Penal para que «modifique» una resolución de 2020 en la que cerraba el caso, señaló en una resolución dada a conocer el miércoles que se «violó el derecho de acceso a la Justicia de las víctimas».

Inocente Montano, durante la primera sesión del juicio
Inocente Montano, durante la primera sesión del juicio Efe

«Una demanda de justicia y de verdad»

«La decisión la recibimos con agrado en el sentido de que se responde a una demanda de justicia y de verdad, que en el caso de la masacre de la UCA desde que tuvo lugar, tanto la Compañía de Jesús como la UCA y los familiares de las víctimas han reclamado», manifestó el también rector de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA).

Para Oliva la decisión de la Sala de lo Penal de cerrar el caso fue en «contra de la ley salvadoreña y contra el derecho a la verdad y a la Justicia que tiene el pueblo salvadoreño y las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos».

Señaló que con la decisión del Constitucional de ordenar reabrir el caso «lo que está ocurriendo es que se está dando la razón a lo que nosotros siempre hemos defendido, que había que conocer la verdad y había que aplicar la Justicia en este caso y en todos aquellos casos que han habido en El Salvador, especialmente los cometidos durante el conflicto armado y que siguen en la impunidad».

Ellacuria
Ellacuria

«Creo que es un avance importante en la lucha por la verdad y la justicia de parte de todos aquellos que estamos en contra de la impunidad y que creemos que la verdad y la justicia son fundamentales para construir un futuro de paz en el país», subrayó.

Apuntó que es una buena oportunidad para que la Fiscalía investigue y pruebe «la participación de los que están señalados en el caso como autores».

Los señalados como posibles autores intelectuales de los asesinatos son el expresidente Alfredo Cristiani, los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes y Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, condenado en España.

Mucho del trabajo, hecho por la Audiencia Nacional

El sacerdote jesuita aseguró que «mucho del trabajo (de investigación) está avanzado porque en la Audiencia Nacional española ya se ha hecho una investigación sobre el caso«.

La Audiencia Nacional española condenó en septiembre de 2020 a 133 años de cárcel al excoronel Inocente Montano por ser el responsable de planear y ordenar, junto a la cúpula castrense y el entonces presidente Cristiani, los asesinatos de cinco jesuitas españoles.

Oliva señaló que espera que «si la Fiscalía comenzó el proceso con la demanda de amparo, sea coherente y que también haga la investigación pertinente, sino sería algo totalmente contradictorio y que podría haber sido una búsqueda de una mejor imagen para el fiscal».

31 años sin los mártires de la UCA
31 años sin los mártires de la UCA

«Esperamos que si él (el fiscal) puso esa demanda será coherente y va a poner a trabajar bien a la Fiscalía para que se investigue el caso, de lo contrario lo que tendríamos es algo que no respondería a lo que espera el pueblo salvadoreño», acotó.

Señaló que si la Fiscalía no actúa con debido proceso «la sociedad civil, las organizaciones que velan por los derechos humanos y por el acceso a la justicia, la universidad, la Compañía de Jesús y los familiares van a señalar si se dan irregularidades en el proceso».

Para el sacerdote jesuita «si realmente se llega a determinar quiénes son los que organizaron y decidieron la masacre en la universidad y son condenados, según nuestras leyes, el mensaje que se estaría dando es que ya no hay más impunidad en El Salvador y que los crímenes de lesa humanidad y de guerra pueden ser juzgados».

Los mártires de la UCA

Giro inesperado en El Salvador: se reabre el caso los mártires de la UCA

La Sala de lo Constitucional del Tribuna Supremo invalida el sobreseimiento anterior y juzgará a los acusados por el asesinato de los seis jesuitas y sus dos colaboradorasLa resolución es tan relevante que el presidente Nayib Bukele, ha sentenciado que “no se tolerará la impunidad”

Giro inesperado. Para bien. Cuando prácticamente se daba por perdida la posibilidad de que la Justicia salvadoreña diera un paso al frente para abordar el asesinato de los mártires de la UCA. La Sala de lo Constitucional del Tribunal Supremo del país centroamericano ha avalado la reapertura del caso del asesinato en 1989 de seis religiosos jesuitas -cinco españoles encabezados por Ignacio Ellacuría-, una empleada doméstica y su hija en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.


En septiembre la Sala de lo Penal del Supremo cerró el expediente con el argumento de que los delitos habían prescrito. Dos de los tres votos de sus miembros confirmaron un sobreseimiento que ahora queda cuestionado. Sin embargo, ahora ha prosperado el recurso contra la resolución que declaraba la nulidad del proceso y deja todo en manos de la Sala del Constitucional. “Invalídese la resolución del 8 de septiembre de 2020 (…) por lo que las cosas vuelven al estado en que se encontraban antes de la emisión de dicha providencia”, dicta la resolución hecha pública el 5 de enero.

Obstaculización a las familias

En el nuevo dictamen se subraya que la Sala de lo Penal vulneró los derechos fundamentales de las víctimas, sus familiares y de la sociedad la cerrar el proceso. Incluso se lamenta de que esa decisión “devino en una obstaculización a los familiares de las víctimas y a la sociedad en general del acceso al órgano jurisdiccional para que este se pronunciara sobre su pretensión y, por ello, no han sido posibles la justicia ni la posterior reparación. integral”.

De esta manera, se abriría la puerta a que el ex presidente Alfredo Cristiani y otros altos cargos de las Fuerzas Armadas se sienten en el banquillo de los acusados, en lo que podría marcar un antes y un después en el camino hacia la reconciliación de El Salvador tras una guerra civil que trajo consigo 75.000 muertos. La ONU estima que el 80% de los asesinatos cometidos fueron a manos de las fuerzas armadas. De hecho, en el caso de los mártires de la UCA, también están encausados tres militares considerados como autores intelectuales de la masacre: Orlando Zepeda, Francisco Herrera Fuentes y Rafael Humberto Larios.

Conseguir justicia

La postura adoptada ahora por el Supremo es de tal relevancia que el propio presidente salvadoreño, Nayib Bukele, se posicionó cuando apenas trascendió. Así, el líder salvadoreño advirtió de que “no se tolerará la impunidad”: “Ahora se reabre la posibilidad de conseguir justicia”.

Bukele apreció además que “es importante que se sepa que de ahora en adelante no se tolerará ningún crimen por más alto (el cargo) de la persona que lo cometa”. “No es justo que una persona que se roba una gallina pase una década en la cárcel y las personas que estaban en altos puestos en el gobierno ordenen masacres y básicamente el crimen pase en impunidad total con la complicidad del sistema de justicia”, sentenció el mandatario.

Para el fiscal general Rodolfo Delgado, este recursos supone un aval clave: “Durante años, tanto voces nacionales como internacionales reclamaron justicia en el Caso Jesuitas”, ha expuesto en su cuenta de Twitter, al considerar que “la Sala de los Constitucional nos da la razón” y, por tanto, “el caso será reabierto”. “Vamos a perseguir a los responsables para lograr justicia entre estos viles asesinatos”, subraya Delgado

IGNACIO ELLACURÍA, TEÓLOGO Y MÁRTIR. 

Ignacio Ëllacuría

 Han sido pocos los hombres de Dios que han impactado mi vida, pero uno de ellos ha sido Ignacio Ellacuría. Tengo muy vivo en mi memoria la última vez que nos vimos. Hace más de treinta años en los pasillos del colegio La Salle de Santiago se cruzaron nuestras miradas y pude ver en su mirada tierna la mirada de un Santo que luchó sin temer, la mirada de un hombre que decidió seguir a Dios hasta dar la vida por los más desfavorecidos del Salvador. 

Una mirada limpia y tierna como la de Ignacio Ellacuría que no se olvide con el paso de los años sólo es posible si, en todo, primero mantenemos los ojos fijos en Jesús. Sólo en Cristo podemos vivir la radicalidad de nuestra vida cristiana, porque es Él quien nos da la fuerza para hacerlo; es Él quien nos acompaña a través de la misericordia del Corazón de Dios. 

Para algunos jerarcas aliados con la oligarquía y el poder político, el asesinato se debió a que los jesuitas se habían alejado de su misión pastoral y se habían implicado en la actividad política del lado de los guerrilleros revolucionarios. “¡Se lo tenían merecido!” 

Pero  Ignacio Ellacuría afirmaba que la causa de la guerra no era la agresión comunista, sino la enorme desigualdad social. Por tanto, la paz solo llegaría si cesaba la explotación de los pobres, que constituían el 70 % de los salvadoreños. Algunos obispos, como Marco René Revelo -auxiliar de Romero en el momento de su muerte­ o el salesiano Pedro Arnoldo Aparicio, rechazaban ese análisis porque, decían, justificaba a la guerrilla y fomentaba el odio. 

Con Pedro Arrupe como superior general, la Compañía de Jesús había actualizado su misión afirmando la unión inseparable de la fe y la justicia. El sacrificio de los jesuitas de la UCA confirmó un augurio de Arrupe formulado en 1975 en la Congregación General 32: «No trabajaremos en la promoción de la justicia sin pagar un precio». 

Jon Sobrino, compañero de las víctimas, que se libró de la muerte por encontrarse fuera de El Salvador, piensa de manera muy diferente: los mataron “porque analizaron la realidad y sus causas con objetividad. Dijeron la verdad del país con sus publicaciones y declaraciones públicas. Desenmascararon la mentira y practicaron la denuncia profética. Por ser conciencia crítica de una sociedad de pecado y conciencia creativa de una sociedad distinta, la utopía del reino de Dios entre los pobres. ¡Y eso no se perdona!”. 

Ellacuría lo mataron, responde Eduardo Galeano, “por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su “poder de profecía’”. 

Martirio, en la tradición de la palabra griega, significa testimonio. Y así podemos decir que para un cristiano el camino va por las huellas de este testimonio de Jesús para dar testimonio de Él. ¡Un testimonio que muchas veces termina con el sacrificio de la vida! 

El martirio no es objeto de una elección voluntarista, que se asemeja a un sacrificio humano. Sin embargo, el martirio debe seguir siendo una opción posible y concebible cuando se trata de permanecer fieles al Señor; puede convertirse en un signo de nuestro apego al Señor, cueste lo que cueste. Igual que el profeta Jeremías, Ignacio Ellacuría  es la figura del creyente que no busca primero satisfacer a las personas que le rodean, sino que se preocupa ante todo de su fidelidad a la radicalidad de la Palabra de Dios. 

Este es también el mensaje del Evangelio, donde Cristo compara su misión con un fuego que debe quemarlo todo. Todos los que se adhieren a esta misión son atrapados por este fuego. Y este fuego es tal que deja huellas indelebles; el mensaje de Jesús implica una elección radical. Este mensaje debe convertirse en nuestra nueva identidad, incluso más allá del vínculo de sangre. Es este fuego el que debe caracterizarnos en todo, y convertirse en nuestro signo de reconocimiento. 

La palabra «amor» ha sido tan utilizada que ya no dice mucho. Debemos, pues, comprender que el verdadero amor -en el fondo, el único amor verdadero- es aquel que se pone en acción, que está dispuesto a sacrificarse por el bien de los demás. Recordemos al mismo Jesús: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Así pues, el único criterio que puede dar sentido a nuestros sacrificios, incluso a la posibilidad del martirio, es este amor sin límites, que encuentra su fuente en el propio amor de Dios por nosotros. 

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos», dijo Jesús. Así que no es novedad que dar la vida por los demás te introduce en el Amor, que es eterno. 

Afirma el papa francisco: «El heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, es merecedor de aquella admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a aquellos que voluntariamente han aceptado el martirio de sangre o han ejercido en grado heroico las virtudes cristianas». «Son dignos de especial consideración y honor aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y han perseverado hasta la muerte en este propósito» añade 

¡Dar la vida por los demás es una heroicidad del amor. Es la mejor expresión de la lealtad al ser humano! 

Cristo, con su ejemplo y muerte en la cruz, nos dice: «no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos». (Juan 15, 13). Y cuando dice «amigos» se refiere a todos, porque para Él no hay enemigos. El dio la vida por nosotros. 

Amar al prójimo como a uno mismo no es nada fácil, porque requiere «dar la vida», darse a los demás, a todos. Y se nos exhorta a hacerlo como si nos lo diésemos a nosotros mismos. Ahí está la cuestión: porque darse para uno mismo no cuesta; darse a unos pocos tampoco; darse a «los tuyos, menos, pero darse a todos cuesta, porque no tratamos ni queremos a todos igual. 

Por tanto, ser cristiano, seguir a Cristo es «dar la vida» por los demás. Es llevar el mensaje de amor de Cristo a otros manifestando un «amor total». El amor es el verdadero mensaje. 

“La única manera de predicar la cruz al pueblo crucificado es convertirse en uno de los crucificados” Jon Sobrino 

Testimoniar a Cristo es la esencia de la Iglesia que, de otro modo, acabaría siendo sólo una estéril «universidad de la religión» impermeable a la acción del Espíritu Santo. 

La meditación sobre la fuerza del testimonio surgió del pasaje de los Hechos de los apóstoles (7, 51-8,1) que relata el martirio de Esteban. A sus perseguidores, que no creían, Esteban dijo: «Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos. Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo». Y precisamente estas palabras de una forma u otra, las había dicho Jesús, incluso literalmente: como eran vuestros padres así sois vosotros; ¿hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran?» 

Los Hechos de los apóstoles puntualizan que Esteban estaba lleno del Espíritu Santo. Y, en efecto, no se puede dar testimonio sin la presencia del Espíritu Santo en nosotros. En los momentos difíciles, cuando tenemos que elegir la senda justa, cuando tenemos que decir que “no” a tantas cosas que tal vez intentan seducirnos, está la oración al Espíritu Santo: es Él quien nos hace fuertes para caminar por la senda del testimonio. 

El catecismo de la Iglesia católica dice: El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia, los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cf Mt 18, 16): «Todos […] los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación» (AG 11). El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquía, Epístola ad Romanos, 4, 1). 

Hemos perdido a un gran siervo de Dios, pero nos quedan sus escritos, sus mensajes y reflexiones… Y a través de ellos podemos  descubrir las profundas verdades que nos deja este hombre ejemplar, pastor, siervo, profeta y visionario. Dios le dará la recompensa a tan digno ministro del Evangelio. 

Elba y Celina las dos mujeres mártires de la UCA 

Elba y Celina

Con los jesuitas murieron asesinadas dos mujeres: Julia Elba Ramos, 42 años, cocinera de una comunidad de jóvenes jesuitas, pobre, alegre e intuitiva, y trabajadora toda su vida. Y su hija Celina, 16 años, activa, estudiante y catequista; con su novio habían pensado comprometerse en diciembre de 1989. Se quedaron a dormir en la residencia de los jesuitas, pues allí se sentían más seguras. Pero la orden fue “no dejar testigos”. En las fotos se nota el intento de Julia Elba de defender a su hija con su propio cuerpo. 

Elba era muy humana porque sentía el dolor de los demás. Yo viví un tiempo en la casa de ella. Era una persona bien amistosa, sabía llevarse con los demás. Ella tenía 33 años y yo 19. Ella y yo teníamos muchas cosas en común; comenzamos a trabajar desde muy chiquitas. Ella había trabajado desde los 10 años en los cafetales. Era una mujer muy fuerte. Siempre me enseñó a que no me dejara, que no me acobardara ante los problemas. Fue una mujer sufrida pero fuerte. Me enseñó a ser una mujer de valía, que no dependiera de los otros si no de mí misma. 

Como Elba y Celina hay millones de mujeres en nuestro mundo. Son inmensas mayorías que perpetúan una historia de siglos: en la América conquistada y depredada por los españoles en el siglo XVI; en el África esclavizada ya en el siglo XVI y expoliada sistemáticamente por los europeos en el siglo XIX; en el planeta que más sufre hoy la globalización opresora bajo la égida de Estados Unidos. Mueren la muerte rápida de la violencia y de la represión, y sobre todo la muerte lenta de la pobreza y de la opresión. 

La muerte de las mayorías asesinadas, de las que formaban parte Elba y Celina, expresa la inocencia histórica, pues nada han hecho para merecer la muerte, y la indefensión, pues ni posibilidad física han tenido de evitarla. Esas mayorías son las que más cargan con un pecado que las ha ido aniquilando, poco a poco, en vida y definidamente en muerte. Son las que mejor expresan el ingente sufrimiento del mundo. Sin pretenderlo y sin saberlo, “completan en su carne lo que falta a la pasión de Cristo”. 

14.11.2021 | Jesús herrero Estefanía 

XXXII Aniversario Mártires de la UCA

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Mártires de la UCA

La comunidad jesuita de El Salvador conmemoró este sábado el 32 aniversario de la masacre de seis sacerdotes, cinco de ellos españoles, y dos mujeres en 1989 a manos de un comando del Ejército del país centroamericano. 

La conmemoración se realizó en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA), donde fueron ejecutados los religiosos en el marco de la guerra civil salvadoreña (1980-1992). 

Decenas de personas se congregaron para participar en una misa, un acto culturaly escuchar el mensaje delrector de la UCA, Andreu Oliva, quien destacó que el legado de los jesuitas sigue vigente. 

«En este tiempo de luto por la muerte de tantos seres queridos a causa de la pandemia, de confrontaciones, de decisiones políticas que nos alejan cada día más del rumbo democrático y nos conducen al autoritarismo y militarismo, los mártires de El Salvador siguen siendo fuente de inspiración«, dijo Oliva. 

Añadió que el legado de los jesuitas llama a «seguir al lado de los más pobres, de seguir siempre del lado de la verdad, de la justicia, paz y bien común». 

«Tenemos el compromiso deseguir desenmascarando la mentira y de ser luz en medio tanta tiniebla que vive nuestro pueblo. El legado de nuestros mártires sigue iluminando el caminar de este pueblo. Que su martirio injusto y cruel se convierta cada día en fuente de vida», añadió. 

La pandemia de la covid-19 llevó a suspender los actos en 2020 y este 2021 redujo considerablemente el número de asistentes a la conmemoración, que en años previos a la crisis sanitaria congregaba a cientos de salvadoreños en una vigilia. 

Este 32 aniversario se da en momentos en los que la causa penal se encuentra cerrada por decisión de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia, sin que se conozca si se han admitido los recursos que buscan hacer retroceder el fallo

Fue en septiembre de 2019 que la referida sala del Supremo emitió su fallo en respuesta a un recurso de casación de la defensa de los militares señalados de ser autores intelectuales

Esta decisión puso freno a la reapertura del proceso dictado en 2018, tras la anulación de una ley de amnistía de 1993, y que en 2019 también enfrentaba la amenaza de quedar en la impunidad por una ley de reconciliación nacional aprobada por el Congreso y vetada posteriormente por el presidente Nayib Bukele. 

El 16 de noviembre de 1989, cinco días después de que la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) lanzara la ofensiva «Hasta el tope» en la capital, un comando de elite del Ejército salvadoreño segó la vida de los jesuitas

Las víctimas fueron los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno y el salvadoreño Joaquín López, la trabajadora de la UCA Elba y su hija de 16 años, Celina Ramos

Ellacuría, entonces rector de la UCA, había denunciado las condiciones de explotación y miseria de la mayoría campesina del país, compromiso con en el que coincidió el arzobispo de San Salvador, san Óscar Arnulfo Romero. 

Por este crimen únicamente está encarcelado en El Salvador el coronel Guillermo Benavides, condenado a 30 años de prisión en 1991 por trasladar la orden de asesinar a los jesuitas y a quien se le ha negado el indulto y conmutación de la pena por ser un crimen de lesa humanidad

La Audiencia Nacional de España condenó en 2020 al exviceministro de Seguridad Pública de El Salvador, Inocente Montano, a 133 años y cuatro meses de prisión

En el 32º aniversario de la masacre de la UCA

El Salvador, Tierra Santa de mártires y de Evangelio: A los treinta y dos años del asesinato de los jesuitas 

Jardín de los Mártires

 Son ya treinta y dos los aniversarios que hemos compartido, desde aquel primer trágico 16 de noviembre. La matanza de la UCA tuvo el mismo responsable que tienen todos los pobres de la tierra: el poder y el dinero 

Los jesuitas y la UCA representaban una manera diferente de hacer teología y de hacer Iglesia. Su manera de leer la Biblia era lo que molestaba a los poderosos 

Lo más triste sin duda fue que la propia Iglesia, que supuestamente sigue a Jesús, no ha sido capaz de leer así el evangelio, y por eso condenó duramente ese modo de hacer teología 

Después de 32 años tenemos que seguir defendiendo lo que los jesuitas de la UCA defendieron, y Por eso la Iglesia no puede estar callada 
 Gracias Ignacio Ellacuría, gracias Nacho Martín Baró, gracias Segundo Montes, gracias Armando López Quintana, gracias Juan Ramón Moreno, gracias Julia Elba, gracias Celina 

15.11.2021 | Javier Sánchez González, capellán cárcel de Navalcarnero 

Celebramos un 16 de noviembre más, y con este son ya treinta y dos los aniversarios que hemos compartido, desde aquel primer trágico 16 de noviembre en la UCA, cuando una banda de sicarios, apoyados por el ejército salvadoreño y auspiciados por Estados Unidos, asesinaron a toda la comunidad de jesuitas, a la señora que los cuidaba y a su hija. Y como cada 16 de noviembre, no solo recordamos a estos hermanos nuestros, asesinados, sino que en el fondo recordamos a todos los mártires de El Salvador, y a esta querida Tierra Santa salvadoreña

Porque ciertamente, El Salvador es Tierra Santa, precisamente por ser tierra de mártires. Sus calles, sus montañas, sus casas y sobre todo su gente, son especiales; han sufrido de modo especial el peso de la injusticia y la humillación, pero a la vez han experimentado el gozo que supone vivir la vida, dándola en pro de algo mejor, buscando un bienestar mejor para cada uno. 

Todavía recuerdo cuando llegué a Arcatao, un pequeño pueblo cercano a Chalatenango , y al celebrar allí mi primera Eucaristía hablé de El Salvador como de “Tierra Santa”. Y fue un laico, responsable de una de las comunidades bíblicas del pueblo el que, con un rostro especial de emoción que jamás olvidaré me dijo: “Entonces yo vivo en la Tierra Santa, y hasta ahora no había sido consciente de ello. Gracias por decírmelo, y por sentirme especialmente orgulloso de vivir aquí”. Siempre diré que al escuchar esas palabras, yo también me llené de emoción porque “Chalate” (como cariñosamente conocen allí a Chalatenango), fue una zona especialmente machacada por el ejército durante la guerra. 

En Chalate rara es la casa y la familia que no tiene asesinados y mártires de la guerra; pero rara es también la casa, por muy pobre que sea, que no tiene una imagen del Monseñor Romero, y todos te cuentan que el Santo pasó por allí, que estuvo tomando “cafecito” en su casa, y que era “un obispo de los de abajo”. 

Si todo el Salvador es tierra de mártires, Tierra Santa, Chalate, al norte del país y fronteriza con el sur de Honduras, sin duda que mucho más. En sus calles, en sus “cantones” hay heridas profundas de la guerra, hay mucho sufrimiento pero también mucha vida, mucha esperanza y mucha fe en el Dios de la vida, en el Dios liberador que llevan en su corazón y en sus familias. El 16 de noviembre de 1989 las balas asesinas del ejército mataron a siete inocentes, pero no pudieron ni podrán matar ni la alegría del pueblo salvadoreño ni la lucha en favor de la justicia. 

Cuando cayó asesinado Rutilio Grande ( que ahora, el 22 de enero va a ser por fin beatificado), y después San Romero de América ( como desde el principio lo bautizó el otro gran santo de América latina, San Pedro Casaldáliga), nadie podía imaginar lo que después iba a suceder en aquellos doce años de guerra civil fraticidaSan Romero la predijo la víspera de su asesinato, y no se equivocó. En aquella guerra murieron miles de salvadoreños, simplemente por ser pobres y por querer defender una justicia social, por querer reivindicar pan para todos. 

En aquella mañana de noviembre, cuando Obdulio fue a la UCA, a la comunidad de los jesuitas, no podía suponer lo que después vería: los cuerpos de los jesuitas, de su mujer y de su hija, ensangrentados y tirados por el suelo, no podía imaginar que la crueldad del ejército y del poder establecido, podría llegar a tanto. Porque la matanza de la UCA tuvo el mismo responsable que tienen todos los pobres de la tierra: el poder y el dineroEl mismo poder que mató a Jesús de Nazaret y que sigue haciendo que millones de seres humanos sigan muriendo por la injusticia y por la opresión. 

Los jesuitas molestaban al poder establecido, lo que decían y hacían era peligroso, y por eso el poder los mató. Y eso no es hacer política de partidos, derecha e izquierda, porque la política de los jesuitas era la defensa del pobre y del marginado, como dice San Pedro Casaldáliga en su padrenuestro “padrenuestro del pobre y del marginado”.  

Aunque es evidente que hacían política, porque para comprometerse con los pobres hay que hacer política y hay que jugársela por ellos. Y esa política no puede hacerse desde el poder, no puede hacerse desde arriba, sino desde abajo. De ahí que los tacharan de comunistas, como también tacharon de eso mismo a Monseñor Romero, y como podrían tachar a Jesús de Nazaret. Porque todo el que defiende al débil, es tachado de lo mismo. 

Incluso la misma Iglesia, desde su poder, en ocasiones, siempre defiende al poder. Y por eso tuvo que venir desde un continente pobre y marginado, machacado y humillado durante siglos, un papa que ha tenido la valentía de canonizar al obispo que murió mientras celebraba la Eucaristía y que va a beatificar próximamente a Rutilio Grande

Ese mismo papa que es también tachado de comunista y de anticristo. Porque ciertamente, ante el poder nadie se puede resistir, aunque el amor y la causa del Reino es más fuerte que ese poder. “Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”, que decía Monseñor Romero, y ciertamente así es y será, porque su vida, su legado, su proyecto de fraternidad sigue vivo en cada rincón y en cada casa pobre, de cada campesino y campesina salvadoreña. 

La guerra salvadoreña tuvo un antes y un después de la matanza de la UCA, sus vidas truncadas, su sangre derramada en el jardín de la universidad, no fue en vano, sino que hizo posible que la guerra fuera llegando a su fin. La entrega de esta familia, como Jon Sobrino dijo nada más enterarse de lo sucedido, sin duda que conmocionó al mundo, y el poder del ejército tuvo que empezar a claudicar. 

En palabras del entonces presidente salvadoreño, Alfredo Cristiani, “no sabían nada de que iba a producirse la masacre”; y sin embargo, todo el mundo apunta a la complicidad del mismo expresidente salvadoreño, con la derecha y el ejército salvadoreño, apoyado por el otro gran ejército poderoso y anti-evangélico, el ejército americano. Y es que además, sobre el terreno, y desde un punto de vista práctico, era imposible que el ejército salvadoreño no pudiera enterarse de lo que pasó aquella noche, porque el cuartel general militar salvadoreño está situado justo enfrente de la UCA, separado por apenas una avenida. Y además, San Salvador, estaba en aquel momento en plena ofensiva del ejército. No podían saber nada de la masacre a no ser que fuera por una única razón: porque estaban ellos mismos implicados en la matanza, no solo como cómplices sino como autores materiales de ella.       La matanza de los jesuitas, como la de Rutilio, como la de Monseñor Romero, y como la de miles y miles de campesinos y campesinas fue decidida en el cuartel general salvadoreño y tele dirigida desde los propios Estados Unidos: fue llevada a cabo por una banda de sicarios a sueldo, a los que solo les importaba el dinero. 

Treinta y dos años después, seguimos celebrando este acontecimiento, con esperanza, con ilusión, pero a la vez con tristeza, y por qué no, también en ocasiones con rabia. Esperanza e ilusión porque no pudieron acabar con la vida de estos mártires, porque su vida sigue siendo germen de vida para todos; tristeza y rabia primero por su pérdida, y segundo porque los autores de la matanza continúan sin enfrentarse a la justicia, aunque es verdad que hace poco más de un año, el juicio se reabrió en la Audiencia Nacional española, y fue condenado uno de sus autores materiales. Quizás habría que haber condenado a todo el ejército salvadoreño y a todo el ejército yanqui, porque ambos fueron cómplices de lo sucedido. 

Los jesuitas y la UCA representaban una manera diferente de hacer teología y de hacer Iglesia. Ellos abogaban por una Iglesia de los pobres y para los pobres, arrancando su reflexión de la “Teología de la liberación”, en plena ebullición en aquellos momentos. Una Teología que parte del texto del libro del Exodo, que dice: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias…. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí. He visto también la opresión a que los egipcios los someten” (Ex 3,7. 9). 

Ese clamor, y esas voces afligidas por el martirio y la opresión en Egipto que oyó el mismo Dios y que hizo posible la liberación del pueblo, a través de Moisés, fue el mismo clamor que oyeron los jesuitas de la UCA y que también les hacía sentirse enviados, como Moisés, a liberar al pueblo salvadoreño. Pero el faraón, el ejército salvadoreño, continuaba masacrando al pueblo y haciendo que las calles, que las cunetas y que las casas se llenaran de sangre inocente. 

Esa manera de leer la Biblia, esa manera especial de entender el mensaje del Evangelio era lo que molestaba a los poderosos y por eso decidieron darles muerte, su único delito, la única causa de su asesinato fue su amor incontestable a los pobres. Los jesuitas cometieron ese delito: enamorarse profundamente de los pobres y decirles que Dios no consentía ni quería su pobreza, que la voluntad de Dios es que todos podamos ser felices y disfrutar de la riqueza por igual. Que Dios no quiere pobres y que está en contra de la pobreza y la opresión. 

En palabras de Monseñor Romero: “No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada. No puede ser de Dios. De Dios es la voluntad de que todos sus hijos sean felices” (Homilía 10 de septiembre de 1978). Dios abomina la pobreza cuando no es fruto del compartir con el hermano necesitado. Todos tenemos derecho a lo mismo. Los jesuitas de la UCA, Monseñor Romero, Rutilio Grande, las religiosas estadounidenses, y miles de campesinos, leyeron el evangelio en una clave distinta, y esa clave les llevó a la muerte o a la conquista de la vida definitiva. Su asesinato fue sin duda “crónica de una muerte anunciada”, como lo fue la del mártir Jesús de Nazaret. 

Y lo más triste sin duda fue que la propia Iglesia, que supuestamente sigue a Jesús, no ha sido capaz de leer así el evangelio, y por eso condenó duramente ese modo de hacer teología, quizás porque esa Iglesia era y es, en muchas ocasiones, cómplice de injusticias y de opresiones. Quizás porque esa Iglesia del poder y de los títulos y vanaglorias es la misma que no entiende a Jesús ni al Evangelio, y que se parece más al Sanedrín y a los sumos sacerdotes del tiempo. Una Iglesia, que como dice también Gaillot, “no sirve y por eso no sirve para nada”. 

Esa Iglesia es la que tampoco ha entendido a estos mártires hasta que un papa, nacido justamente en tierras de opresión y marginación, ha sido capaz de resucitar a todos estos mártires. Ciertamente, ellos no necesitaban ese reconocimiento porque ya lo tenían por parte del pueblo; el pueblo salvadoreño ya los ha hecho santos a todos, pero sí ha supuesto un buen aldabonazo para muchos sectores de Iglesia, el reconocimiento oficial de parte de la Iglesia institución. 

“Cuando doy pan a un pobre, dicen que soy un santo. Cuando pregunto por qué el pobre no tiene pan me llaman comunista”, que decía Monseñor Helder Cámara. Y eso es lo que hacían los jesuitas preguntar por qué en El Salvador no todos podían comer, preguntar por qué no todos tenían derecho a vivir con la misma dignidad. Esa pregunta y su actuar, les llevo al martirio, a derramar la sangre por el pueblo. Pero su familia, su pueblo, después de 32 años les sigue no solo recordando, sino teniendo presente en su corazón, en sus calles y en sus casas. 

Como cada año asistiremos a “la procesión de farolillos”, en su memoria, por todo el recinto de la universidad. Y seguiremos siendo muchos los que honraremos su vida y muerte entregada. “Han matado a mi familia”, que decía Jon Sobrino (que a pesar de ser uno de los elegidos para la matanza, se salvó de manera milagrosa porque no se encontraba esos días en la UCA); pero la familia de Jon y la familia de todos los que creemos en una Iglesia distinta al estilo del Reino, al estilo de Jesús de Nazaret, sigue presente y siga viva en cada casa y en cada corazón salvadoreño. Porque esa entrega no termina. 

Hoy después de treinta y dos años continua la injustica y la pobreza en este pequeño y martirizado país. Y por eso, los jesuitas, y su herencia siguen vivos. Tenemos que seguir haciendo la misma teología que ellos hicieron, la teología de la liberación no ha muerto, porque, como también dice Jon Sobrino “mientras haya pobres, no se puede dejar de hacer teología de la liberación”. Mientras haya pobres no podemos bajar la guardia, no podemos dejar de leer el Evangelio y la vida, en la misma clave del Exodo. Tenemos que seguir oyendo el clamor y los quejidos del pueblo. Y por desgracia, en El Salvador, hay todavía muchas personas que se siguen quejando, que siguen clamando justicia. 

Después de 32 años tenemos que seguir defendiendo lo que los jesuitas de la UCA defendieron, y además hacerlo en nombre del Dios de la vida, y de los pobres crucificados salvadoreños y salvadoreñas, que siguen martirizados por la opresión y la injusticia. Por eso la Iglesia no puede estar callada, tiene que seguir también gritando y luchando en su favor. Que la fuerza del Espíritu que resucitó a Jesús de Nazaret siga haciendo posible la resurrección en el pueblo de El Salvador, que la matanza de la UCA no quede impune, y solo dejará de estar impune si nosotros ahora, como Iglesia, cogemos su antorcha y seguimos sus pasos. 

Gracias Ignacio Ellacuría, gracias Nacho Martín Baró, gracias Segundo Montes, gracias Armando López Quintana, gracias Juan Ramón Moreno, gracias Julia Elba, gracias Celina, gracias por vuestro testimonio cristiano y humano de compromiso en favor de los pobres, gracias por vivir y morir desde tomaros en serio el Evangelio. El Dios de la vida os mantiene siempre vivos y a nuestro lado. El pueblo salvadoreño se une un año más a esta acción de gracias y la Iglesia de Jesús de Nazaret también. 

Gracias mártires salvadoreños, gracias Monseñor Romero, Rutilio Grande, religiosas americanas, campesinos y campesinas del pueblo. Dios en Jesús os sigue dando las gracias: “Te doy gracias Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla “( Mt 11, 25). Entre esos sencillos estáis vosotros y todos los que cada día hacen creíble con su testimonio el Evangelio y el Reino de Dios, porque el que Jesús vivió, lo asesinaron y resucitó, como lo hicieron con vosotros