Chile: después del rechazo, ¿qué?

Inesperado y categórico triunfo del rechazo dejó fuera la propuesta constitucional de la Convención elegida por voto popular con paridad de género y participación de pueblos indígenasEste plebiscito era un paso en el proceso para redactar una nueva constitución que ahora debe continuar definiendo un nuevo camino

Gabriel Boric

Encuestas y expertos electorales anunciaban el triunfo del rechazo, aunque reconocían que el resultado sería estrecho. Por eso, el categórico 62% por sobre el 38% del apruebo sorprendió a todos, incluso a sus propios adherentes.


El plebiscito pedía a cada ciudadano definir si aprueba o rechaza la propuesta constitucional. Por la trascendencia del tema, el voto era obligatorio lo que provocó que se llegara a la cifra más alta de participación en la historia del país: más de 13 millones, en un padrón electoral de unos 15.200.000 de electores.

Acuerdo nacional por nueva Constitución

Este plebiscito es un punto de llegada del proceso originado en las multitudinarias manifestaciones sociales que tuvieron lugar a partir de octubre de 2019 en todo el país, las que provocaron que dirigentes políticos firmaran el “Acuerdo por la paz social y la nueva constitución”, en noviembre de ese año. En ese documento se comprometían a generar las leyes necesarias para realizar un plebiscito en el que la ciudadanía definiera si estaba de acuerdo, o no, en disponer de una nueva Constitución y el mecanismo a través del cual se haría.

La primera fecha para ese plebiscito fue postergada debido a la pandemia. Se realizó en octubre de 2020 y su resultado fue categórico: un 80% aprobó elaborar una nueva Constitución y hacerlo a través de una Convención Constitucional. Esta es la hoja de ruta vigente aún.

Con las disposiciones legales necesarias, en mayo de 2021 se realizó la elección de los 154 integrantes de la Convención, con paridad de género y escaños reservados para representantes de los pueblos originarios. Durante un año elaboraron el texto que ahora se presentó al país para ser aprobado o rechazado, en el llamado ‘plebiscito de salida’.

Una propuesta que interprete a todos

“Hoy ha hablado el pueblo de Chile y lo ha hecho de manera fuerte y clara”, afirmó el presidente Gabriel Boric al iniciar su discurso la noche del plebiscito. Señaló que el resultado del plebiscito tiene dos mensajes. “El primero, dijo Boric, es que (Chile) quiere y valora a su democracia. Que confía en ella para superar las diferencias y avanzar. Y eso lo confirma este proceso electoral que ha tenido la mayor convocatoria de ciudadanos y ciudadanas en las urnas en toda nuestra historia”.

Continuó: “El segundo mensaje del pueblo chileno es que no quedó satisfecho con la propuesta de Constitución que la Convención le presentó a Chile, y por ende ha decidido rechazarla de manera clara en las urnas. Esta decisión de los chilenos y chilenas exige a nuestras instituciones y actores políticos que trabajemos con más empeño, con más diálogo, con más respeto y cariño, hasta arribar a una propuesta que nos interprete a todos, que dé confianza, que nos una como país. Y allí, el maximalismo, la violencia y la intolerancia con quien piensa distinto deben quedar definitivamente a un lado”.

Agregó que “como Presidente de la República, recojo con mucha humildad este mensaje y lo hago propio”. Aunque esta propuesta ha sido rechazada, el proceso hacia una nueva Constitución sigue vigente. Por ello Boric, en su discurso, se comprometió “a poner todo de mi parte para construir, en conjunto con el Congreso y la sociedad civil, un nuevo itinerario constituyente que nos entregue un texto que, recogiendo los aprendizajes del proceso, logre interpretar a una amplia mayoría ciudadana”.

Obispos llaman a continuar trabajando

La tensión previa al plebiscito ya había puesto en el debate público alternativas para cualquiera de los dos escenarios posteriores.

En ese contexto, días antes del plebiscito, el Comité Permanente del Episcopado emitió una declaración llamando a trabajar en unidad, cualquiera sea el resultado.

Dijeron los obispos: “Todos somos conscientes que el proceso que hemos vivido en estos últimos años, y también la misma discusión constitucional, han dejado de manifiesto los graves desafíos que tenemos como nación, que se han expresado en demandas sociales, políticas y económicas. También hemos comprobado que el proceso vivido no ha logrado la cohesión y adhesión que muchos esperaban. La polarización de posturas políticas e ideológicas ha sido muy manifiesta. Ante esta realidad no cabe el abatimiento o la desesperanza porque Chile, como lo ha demostrado durante su historia, tiene vocación de paz y de unidad”.

Llaman a “continuar trabajando por el bien de Chile”, aceptando los resultados del plebiscito, evitando cualquier tipo de violencia “que, como sabemos, termina por afectar a los más necesitados y desvalidos de la sociedad”, dicen los obispos.

Para después del plebiscito, los obispos piden “una renovada generosidad y capacidad de diálogo, por lo que llamamos a todos, especialmente a los que actúan en la vida pública y en la política, a ampliar la mirada y pensar en común lo que nos pueda llevar a un Chile más justo, fraterno, menos desigual y con mejores oportunidades para todos sus habitantes”.

Ese es el desafío que enfrenta el país, ahora. Boric ha convocado a dirigentes políticos, sociales y académicos para llegar a acuerdos que definan el camino a seguir en la ruta hacia una nueva Constitución, como fue acordado en el plebiscito de octubre de 2020.

El Comité Permanente del Episcopado cierra su declaración con este llamado. “Mediante este mensaje queremos apelar al sentido ético y religioso que habita en el alma de la gran mayoría de los chilenos y chilenas, proponer sendas que nos lleven a terminar con la violencia bajo todas sus formas e invitar a ser factores de unidad y de paz. El amor a Dios, al prójimo y a la Patria, son las fuerzas que deben conducirnos por caminos que edifiquen la paz social y dejen atrás tensiones y conflictos, que deterioran la convivencia y la democracia, para dar paso a la concordia, la prosperidad y la unidad

Octavario unidad cristianos

18-25 Enero. Octavario por la unión de las Iglesias, un modelo sinodal (Francisco)

Pikaza: «Es bueno que las confesiones cristianas sean distintas, pero no para condenarse, sino para iluminarse mutuamente»

Unidad de los cristianos

Los cristianos celebran estos días (18-25 de enero) el octavario por la unión (=comunión) de las iglesias, y lo hacen este año 2022 en el contexto de la propuesta sinodal del Papa Francisco

Sínodo (Syn-hodein) significa caminar juntos, no ser todos lo mismo, sino ir andando y comunicándose (acompañándose) unos a los otros, en un plano de conocimiento y vida

Es bueno que las religiones y las confesiones cristianas sean distintas, pero no para enfrentarse y condenarse, sino para iluminarse y ayudarse mutuamente, enriqueciéndose así unas a las otras.

Por Xabier Pikaza

Partiendo de Jesús, un rechazado

    A fin de mantener sus privilegios y seguir dominando como hacían, los poderes establecidos, que controlaban las redes sacrales (sacerdotes) e imperiales (soldados) del siglo I d.C., mataron a Jesús, pensando que así deshacían su obra y acallaban su mensaje, pero no lo consiguieron, pues tenían poder, pero no palabra ni proyecto de vida compartida, no tenían caminos para acompañarse mutuamente.

Unos apelarona su templo, otros en sus legiones, y pactaron para matar a Jesús, pero no pudieron destruir su mensaje, ni su vida, sino todo lo contrario: Con su misma decisión de muerte hicieron posible que Jesús mostrara y desplegara radicalmente su proyecto, como nuevo comienzo de vida (grano de trigo que cae en la tierra…: Jn 12, 24).

Subió Jesús sin armas ni dinero a la ciudad de las promesas, que era entonces Jerusalén. De igual forma, los hombres religiosos de este tiempo pueden y deben ofrecer su tarea de humanidad (comunicación y paz) a pesar de las posibles amenazas de los poderes dominantes, al servicio de la comunión humana.

(1) En la línea de Jesús, para promover la comunión de los hombres, las iglesias no necesitan ejércitos más fuertes, sino todo lo contrario: deben renunciar a los ejércitos. Ellas han de promover la comunión, poniéndose al, de los pobres y excluidos de la tierra. Si no está al servicio de ellos no tiene sentido este octavario.

(3) Las iglesias tampoco necesitan un dinero especial, propio, pues aquello que se adquiere y mantiene con dinero debe defenderse con armas y dinero, y la unidad  que las iglesias han de promover a través de sus caminos (en forma sinodal) es comunión de “palabra” compartida.

La alternativa de las víctimas.

Jesús no fue un héroe, ni un superman, ni un santo asceta o moralista…, sino un hombre que vivió a favor de los demás, abriendo un cuerpo o comunión de humanidad compartida. Aquí se funda la propuesta de sinodalidad cristiana.

Más de una vez, las iglesias cristianas han buscado la paz y unidad de Jesús por la  fuerza (¡como si la fuerza hiciera la unión), pro con eso le han traicionado: han apelado a los poderes civiles para defenderse, han creado instituciones sacrales y sociales, con aparatos de poder administrativo y legal y de esa forma han terminado edificando muros, no abriendo caminos de diálogo, en forma de “sínodo”.   

            En contra de eso, la unidad de las iglesia se expresa y realiza caminando (avanzando) juntos, al servicio de los más excluidos de la comunión humana. Por eso, la comunicación entre los cristianos no necesita instituciones centralizadas de tipo impositivo (pues en ella todo es centro y todo periferia), ni pactos especiales con los poderes del sistema (que apelan siempre a las armas para defenderse). Ella necesita sólo comunidades caminantes, que son como bicicletas (perdónese el símil) pues sólo se mantienen firmes avanzando.

La paz es Palabra encarnada, no argumento.

La verdad de los cristianos es su oferta de palabra, caminando con aquellos que caminas a su lado; por eso, allí donde triunfara por imposición el cristianismo habría muerto La finalidad del cristianismo no su triunfo, ni la extensión de una iglesia que dice llamarse cristiana, sino que los hombres y mujeres puedan darse vida y compartirla en gratuidad, mientras avanza, siendo así Palabra encarnada y comunicada, de un modo directo, inmediato, sin la mediación impositiva de una ideología, de un capital, de un ejército.

La unidad de los cristianos es la comunión de por la palabra, el diálogo de cada iglesia con otras iglesias, buscando cada una el bien de las demás antes que el propio. Por eso, una iglesia que utilizara algún poder para imponer o expandir su pretendida verdad dejaría de ser cristiana. La verdad solo es «verdadera» allí donde no apela a su verdad, donde no toma ni impone ningún tipo de ventaja (cf. Mt 12, 18-21).Por eso, si los cristianos buscaran el triunfo de su iglesia como institución dejarían de ser evangélicos y la iglesia no sería ya cristiana.  

El Evangelio es testimonio de comunicación, no doctrina impuesta

La iglesia no tiene que dar lecciones a otros, ni resolver problemas en un plano de sistema, diciendo a políticos o economistas, a militares o jueces lo que ellos han hacer en sus respectivos campos. La iglesia debe limitarse a ser iglesia, en diálogo de paz con otros movimientos religiosos y humanos que también buscan la paz, escuchando y ofreciendo de manera esperanza su propuesta, es decir, su Buena Noticia.

La verdad de la iglesia no es un dogma separado, sino su misma vida, que ella ofrece y comparte con todos. No está para dar lecciones (doctrinas, teorías), sino para compartir caminos, entre los cristianos y con todos en el mundo.

 No hay primero fe cristiana, sin comunicación personal ni diálogo gratuito, y luego comunicación, porque el contenido de la fe es la misma comunicación, es decir, el amor mutuo entre los fieles y todos los hombres.

Por eso, una propuesta de unidad cristiana que fuera independiente de la vida, o que viniera después, como una consecuencia que brota de otros principios, no sería cristiana. Este es el contenido de la fe evangélica: que los hombres se amen, dándose la vida, en camino pascual de paz.

Jn 14,1-6.En la casa de mi Padre hay muchas moradas, esto es, muchos caminos

Muchos pensaban que sólo había una morada, una forma de ser y de vivir, impuesta desde arriba, por la fuerza, tanto en el judaísmo de la ley (algunos fariseos), como en el judaísmo sacerdotal (un templo). Algunos cristianos quisieron imponer ese modelo de morada única, pero el evangelio de Juan se opuso, y lo hizo apelando a la pregunta de Pedro que le había dicho que le había dicho: ¿Dónde vas? (Jn 13, 36).

            Pedro quiere saber dónde va Jesús, para tener la llave de la puerta y abrir sólo a los suyos (los de Pedro, no los de Jesús); y Jesús le respondió: “No te turbes, Pedro, no te turbes Papa, en la casa de mi Padre hay muchas moradas”. Dios es comunión, Dios es sínodo, no es sólo como tú lo piensas (Jn 14, 1-2).

            En esto interviene Tomás, el inteligente… (toda la tradición le presenta como más sabio que Pedro). Pues bien, este Tomás se atreve a seguir donde se ha parado Pedro… y le dice a Jesús: No sabemos dónde vas (¡hay muchas moradas!) ¿cómo podremos saber el camino? (Jn 14, 5). Y es entonces cuando Jesús le dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida… (Jn 14, 6).

Eso significa: vayas donde vayas ven conmigo…Si las “moradas del Padre” son muchas, muchos han de ser los caminos de Jesús… caminos diversos, pero todos de Jesús, todos hacia el Padre, todos en diálogo. Este es el programa del octavario por la comunión de las Iglesia.

            Tomás pregunta aquí también, y Jesús le responde: Muchas son las moradas, hay formas distintas de aplicar el evangelio, pero todas han de fundarse en la entrega de Jesús hasta la muerte, en el amor más hondo, en comunión de vida con él, como describió Santa Teresa en su libro de las Moradas. Hay formas distintas de aplicar la Buena Nueva, pero Jesús es el camino, la verdad y la vida, en él avanzamos, conocemos y somos. Su ciudad es una ciudad grande, como la Ciudad Biblia

 La gran iglesia, comunión de Iglesias

              En un mundo dominado por el miedo al destino, poblado de fuerzas astrales y poderes demoníacos, los seguidores de Jesús ofrecieron la confianza en Dios Padre y la certeza de su amor más íntimo (dirigido a cada uno de los hombres y mujeres) y más universal (abierto al conjunto de la humanidad, asumiendo y desbordando incluso los esquemas del orden social dominante, representado por un Imperio romano que quería extenderse a todo el mundo conocido).  

Dentro de una sociedad donde se habían perdido los antiguos criterios morales de la mayoría dominante de población y todo podía comprarse, venderse y cambiarse (cf. Ap 13-14; 18, 12-13), los cristianos se mostraban seguros de su vocación y dignidad, como hijos de Dios y portadores de una fraternidad sagrada que les unía a todos los hombres, sabiendo que en la casa del Padre han varias moradas (formas distintas de Iglesia), pero todas en la línea del camino de Jesús, que es la verdad, que es la vida (no en línea de imposición, sino de comunión).

Este es el ideal de la gran iglesia (=comunión de Iglesias; una iglesia de muchas moradas), una iglesia en forma de simbiosis, no de una fusión en la que todo se confunde, ni de una imposición en la que un grupo domina sobre otros.  Éstos son algunos de sus rasgos:

  (a) Hechos 2-4. Vida común: Ser capaces de con-vivir, compartiendo los bienes de la vida. La iglesia de Jerusalén, que se desarrolló en torno a Santiago,  esarrolló una intensa experiencia de vida común, que Lucas ha presentado como modelo para todas las iglesias: «Tenían los bienes en común; vendían sus posesiones y las repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hech 2, 44). Aquella era, sin duda, una comunidad escatológica, en la línea de otros grupos judíos de aquel tiempo; pero ella ponía de relieve una intensa experiencia de culminación mesiánica, lograda ya por Jesús.

            Se trataba de una comunidad «pobres» (es decir, generosos; no apegados a lo de cada uno, sino buscando cada uno el bien de los demás: «la multitud de los creyentes tenían un corazón y una mente, y ninguno llamaba propios a sus bienes, sino que los tenían en común…; y no había entre ellos nadie que fuera pobre, pues los que poseían campos o casas los vendían y ponían el producto de la venta a los pies de los apóstoles, que daban a cada uno lo que necesitaba» (Hech 4, 32-24).  

(b) Mateo 18. Organización común. El que no acepta la comunión queda fuera Iglesia. La iglesia de Mateo no es congregación de creyentes intachables, compañeros según ley cumplidores del derecho. Al contrario, ella es comunión de pobres (pequeños) perdonados, que se acogen y ayudan unos a los otros (cf. Mt 18, 1-14). Desde aquí surge el problema: ¿Puede mantenerse una comunidad desde el perdón? Ella es una iglesia abierta a todos, pero sólo si ellos saben aceptarse y perdonarse unos a otros (Mt 18, 15-17).

            En principio, la iglesia se abre a todos, pero si hay alguien  que no acepta su apertura ni perdona, si rechaza al grupo entero y si se niega a vivir en actitud de comunión hacia todos queda fuera de la unión comunitaria. Ésta es una iglesia donde hay  caminos distintos, varias moradas, como sabe el evangelio de Juan, pero caminos y moradas que no se excluyen ni condenan entre sí, sino que dialogan, se perdonan, se ayudan mutuamente.

 Caminando con Pablo.

  En perspectiva pascual, la experiencia del Espíritu, expandida a todo el mundo de forma misionera, desemboca en el surgimiento de un grupo de los fieles que se unen para siempre en comunión. Es evidente que, escribiendo el libro de Hechos, Lucas quiere presentarnos más que un hecho del pasado una imagen ideal de lo que debe ser la Iglesia del principio. En ella han venido a expresarse, sin embargo, algunos rasgos esenciales de la toca comunión cristiana:

 Todos los creyentes tendían a lo mismoy tenían todas las cosas en común (Hech 2,44). La multitud de los creyentes tenía un corazón y un alma sola;y nadie llamaba suyo aquello que tenía, sino que todo lo tenían en común (Hech 4,32).

 Conforme a la visión de conjunto del libro de los Hechos, esta nueva comunión es fruto y presencia del Espíritu de Cristo. Allí donde los fieles aguardaban quizá la destrucción del mundo, allí donde temían el gran juicio, ha llegado por Jesús la comunión de amor que ha de expresarse en un plano económico (bienes), afectivo (corazón) y vital (alma).

Más allá de la pura ley. La gracia de la comunión (Pablo)

              Hay formas distintas de vida, pero todas se vinculan en Cristo. Hay grupos diferentes, culturas, sexos… Pero ninguno por encima de los otros, pues todos pueden “comulgar” (reconocerse y ayudarse mutuamente en Cristo”.

  •  ya no hay más judío ni griego,
  • ya no hay más siervo ni libre,
  • ya no hay más varón ni hembra;
  • todos vosotros sois uno en el Cristo Jesús (Gal 3,28).

 Esta unidad universal en Cristo forma el principio y contenido de la nueva experiencia de libertad cristiana, fundada en el Espíritu (cf. Gal, 4,5-6). Así lo desarrolla Pablo en 1 Cor 12-14: «hay división de carismas, pero un mismo Espíritu; hay división de servicios, pero un mismo Señor; hay división de actuaciones, pero Dios es quien actúa todo en todos»  (1 Cor 12, 4-6).  

             Este es el milagro cristiano, esta  es la novedad del evangelio: que todos los hombres y mujeres de la tierra pueden compartir y comparten desde Dios, en Cristo, unos caminos de esperanza, una experiencia radical de amor. Unos y otros, hombres y mujeres se distinguen y separan de múltiples manera, pero todos se vinculan en lo mismo, porque el Espíritu es unión y así suscita la unidad de los creyentes separados (1 Cor 12,7-11):

  •  Como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros,
  • así también el Cristo.
  • Porque todos nosotros hemos sido bautizados
  • en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo,
  • ya seamos judíos o griegos, siervos o libres;
  • y todos hemos bebido un mismo Espíritu (1 Cor 12,12-14).

             Un tipo de judaísmo nacional formaba un cuerpo bien organizado y bien tratado, por la fuerza conformante de la ley y las costumbres sociales, culturales, religiosas. Pues bien, los cristianos (judíos mesiánicos) han superado ese nivel de comunión. Su iglesia incluye, como en nueva experiencia germinal, a judíos y gentiles, a esclavos y libres, a hombres y mujeres, pues les une un tipo más alto de personalidad,  la comunión en Cristo.

            Tienen caminos que pueden ser distintos, incluso moradas diferentes… pero hay algo más alto que les une:  Los creyentes han sido bautizados, es decir, han renacido por la fuerza de Jesús, en el Espíritu; por eso, como muertos a este mundo viejo han superado los antiguos niveles de lucha y opresión interhumana. Pero no han nacido en forma individual y separada, desligados los unos de los otros; han nacido como cuerpo, de manera que se encuentran vinculados en amor, en solidaridad y transparencia, los unos a los otros (1 Cor 12,14-30).

  • Esforzaos por guardar la unidad del Espíritu, en el vínculo de la paz.
  • * Hay un sólo cuerpo y un Espíritu,
  • como es una la esperanza de vuestra vocación,
  • a la que habéis sido llamados.
  • * Hay un Señor, una fe, un sólo bautismo.
  • * Hay un Dios que es Padre de todos (Ef 4, 3-6).

 La unidad de Dios Padre y la Unidad del Señor Jesus (expresada en fe y bautismo) se convierte por medio del Espíritu en unidad del cuerpo que es la iglesia, es decir, la comunión de las iglesias… con un mismo Señor Jesús con un mismo Espíritu Santo, con un mismo Bautismo, recreados en Cristo.

Una iglesia encarnada en muchas iglesias. El testimonio de Juan

             Ésta es la comunión en el amor, el amor que a todo vincula, por encima (a través de) las diferencias externas de las Iglesias:   

  • Para que todos sean Uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti,
  • para que también ellos sean uno
  • y el mundo conozca que tú me has enviado.
  • Para que sean uno, como nosotros somos uno,
  • yo en ellos y tú en mí,
  • para que sean perfectos en la unidad (Jn 17, 21-23).

 Esta unidad perfecta, realizada en forma de comunión interhumana, constituye el misterio y presencia del Espíritu, la comunión real de las iglesias. Crear esa unidad: esta es la vocación y tarea de la iglesia, en medio de una historia humana que sigue estando dividida.                                                                                                                                        Esta es la comunión que se expresa y despliega allí donde cada uno vive al servicio de los demás, de aquellos que caminan a su lada. Ésta es la comunión de las iglesias, que no empiezan buscando su bien propio, sino el bien de las otras iglesias, para crear de esa manera un “nosotros” más alto de unión con Dios, de unión entre los creyentes. Dios no es yo, ni es tú, somos nosotros, es la comunión, es la “persona compartida”, es el amor mutuo.

    Así se puede decir con una fórmula tradicional de la geología: Entre el nosotros de la unión intradivina del Espíritu entendido como amor subsistente del Padre y del Hijo, y el nosotros de la iglesia como campo de encuentro entre los humanos existe más que una relación de causalidad eficiente o de imitación platónica. El mismo nosotros de Dios viene a realizarse en el nosotros de la iglesia.

El problema se sitúa en perspectiva cristológica. El mismo Jesús que es amor de comunión con el Padre en el Espíritu se expresas en las iglesias como amor interhumano. Con esto llegamos al problema especulativo de fondo: la categorización ontológica del Espíritu en el misterio de la trinidad, su valor y su función como persona. Es este un tema que deberíamos y quizá debamos tratar por separado en una postal diferente; por ahora queremos limitarnos a trazar algunos de sus rasgos.

– En perspectiva bíblica el problema sigue abierto. El Espíritu es la fuerza de Dios y es el poder de la pascua de Jesús, el Cristo.  

– En perspectiva teológica, las iglesias no han desarrollado todavía una clara  visión del Espíritu Santo entendido como camino compartida, como morada de Dios (Dios) en el que existen y se fecundan diversas moradas.

– Ya en el final de nuestras reflexiones preguntamos, ¿será posible un cristianismo nuevo, capaz de expresar con más claridad (con la vida más que con teorías) la unidad de los diversos caminos de la Iglesia?

Personalmente pienso que sí.  Mañana seguiré avanzando en esa línea. En esa línea nos sitúa el modelo sinodal que está proponiendo el Papa Francisco: Un modelo de comunicación, en el que cada iglesia existe y despliega su verdad  compartiendo el camino don otras iglesias.                                                                                                                    El camino sinodal consiste en caminar juntos… ¿No podemos dar un paso más y decir: Caminar-juntos (synhodein) implicas ser-juntos (syn-einai). 

IV Encuentro del Círculo Podemos de Espiritualidad Progresista

El pasado sábado 22 de marzo celebramos el IV Encuentro del Círculo Podemos de Espiritualidad Progresista en el Pozo del Tío Raimundo con la presencia de Isabel Serra, candidata de Podemos a la Comunidad de Madrid. Traemos aquí un par de ponencias, una del fundador del círculo, José Antonio Vázquez Mosquera y otra de nuestra compañera, la teóloga Emma Martínez Ocaña.

Isabel Serra en el IV Encuentro del Círculo Podemos de Espiritualidad Progresista
Isabel Serra en el IV Encuentro del Círculo Podemos de Espiritualidad Progresista

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

Gracias, en especial a quienes más habéis trabajado en la preparación de este encuentro, y bienvenidas, gracias por estar aquí.

Creo que el tema de este encuentro es especialmente significativo en estos momentos y nos remite a los orígenes del nacimiento de nuestro círculo y de Podemos, el 15 M.

El filósofo Alain Badiou señala que los cambios políticos surgen de acontecimientos inesperados que sacan a la luz una verdad que humaniza la sociedad y dan lugar al nacimiento de un nuevo sujeto político colectivo que toma conciencia de esa verdad y es fiel a ella.

Creo que el 15 M es sin duda el acontecimiento que dio lugar a un nuevo sujeto político, en el sentido que describe Badiou, y que la verdad que allí se expreso fue la intuición de que la realidad, también la política y social, es relacional y pluralista, al tomar conciencia de que el individualismo, la privatización, la primacía de la razón instrumental… estaba en la base de la crisis y el malestar social que vivimos y que solo juntas podíamos encontrar el camino, nos necesitábamos para construir una sociedad humanizada y una democracia digna de ese nombre. El 15 M fue una experiencia de unidad en la diversidad y de la necesidad de que ese principio (y esa experiencia) presidiera nuestras relaciones y construyera nuestra sociedad.

Además, esa verdad que descubrimos en los verdaderos acontecimientos políticos emancipadores no se expresa primariamente en términos racionales, es una intuición que se capta antes con el corazón y que luego la razón discierne y ayuda a concretar y poner en acción. Como diría Raimon Panikkar hay un mito antes que un logos, el mito expresa una verdad captada por el corazón, en la que creemos antes de darnos cuenta de que creemos en ella.

La espiritualidad es precisamente esa capacidad humana de salir de mi encierro en mi propio yo, en mis razones e intereses, para abrirme al otro, a la realidad más allá de mi mismo que, a la vez, me constituye y fundamenta antes de que sea consciente de ello. La espiritualidad, se llamara así o no, es la dimensión que dio lugar a la experiencia de comunión en la diversidad que vivimos en el 15 M.

El mito antecede al logos, como el amor es anterior a la razón, el acontecimiento fundante anterior al sujeto político nuevo resultante.

Por eso, toda política emancipadora tiene siempre un fundamento en esa dimensión espiritual, se sea consciente de ello o no, pues nace del abrirse al otro, de descubrir al otro como “alter pars mei”, otro en relación constitutiva conmigo. Como explicaba Edith Stein la espiritualidad es precisamente esa capacidad humana de salir de sí, de abrirse a otro,  de transcender los propios intereses individualistas para descubrirse en conexión con la naturaleza, los otros y el misterio de lo real, poniéndose al servicio de los valores que descubre más allá de sus propias necesidades individuales.

La política emancipadora nace antes del “legein” (encuentro) que del “logos”, la razón. Nace antes de una experiencia ética y espiritual que de una reflexión racional.

Como dice Paul Ricoeur el “mito da que pensar”, la experiencia de encuentro con los otros, que se fundamente en la intuición espiritual de que somos en relación, será productiva, creará pensamiento, cultura y dará lugar a prácticas políticas y sociales nuevas. También a los partidos políticos que serán instrumentos de esa nueva verdad que primero se descubre a través de la experiencia y luego se convierte en discurso político.

Si nos quedamos solo en la espiritualidad y no ayudamos a construir esa intuición de que amor sostiene la realidad, a través de instrumentos políticos, económicos, sociales, culturales, científicos… la espiritualidad se convierte en espiritualismo alienante. Si nuestra acción política se olvida de su fundamento ético y espiritual, de su fundamento en el amor antes que en la razón, dejará de ser emancipadora y se convertirá en un instrumento más del sistema deshumanizador.

En el corazón de la espiritualidad y en el corazón de la política emancipadora está la experiencia de que todo es relación captada por el corazón- ese centro de la persona-, en el cual se descubre el anhelo de vivir de un modo nuevo la experiencia de la unidad en la pluralidad, anhelo que no podrá lograrse si nos olvidamos la necesidad de cultivar la espiritualidad y la política, a la vez.

Una espiritualidad meramente afectiva, que no valore la importancia de los conocimientos científicos y la razón, será una forma más de alienación, pues necesitamos la reflexión, los conocimientos técnicos y científicos para gestionar la política de forma eficaz. Y una política que sea mera gestión instrumental en manos de expertos, que rechace ser fecundada con la espiritualidad, con la ética, con el amor, con la participación del otro, es pura tiranía.

Uno de los fundamentos esenciales de la espiritualidad y la política emancipadoras será la valoración del diálogo como praxis esencial para construir la unidad y la pluralidad, la fraternidad, la democracia, la persona… Para Hannah Arendt la verdadera acción humanizadora es la acción política, entendida como esa convivencia y diálogo con los otros en el  ámbito de lo común y lo público. Defender el pluralismo en la sociedad y hacerse responsable del cuidado del otro es lo que realmente no hace libres.

El diálogo verdadero supone atreverse a confiar en el otro, en la realidad, en tu propio corazón y no solo en tu razón e intereses. Sin una experiencia de apertura gozosa, vivida o intuida, al otro y a la realidad que no soy yo, sin una experiencia que, lo sepa o no, es espiritual no hay diálogo verdadero. Y si hay esta experiencia, el diálogo que se buscará será un diálogo dialogal y no solo dialéctico, es decir un diálogo que reconoce el valor del punto de vista del otro y la limitación de la propia visión, a la vez, que puede ser crítico  y fiel a la propia verdad.  Un diálogo que no busca convencer sino buscar juntos la verdad.

El 15 M destacó por su insistencia en el diálogo y en el construir desde la diversidad la comunidad. Ser fieles a ese acontecimiento, y la verdad que en él se expresó, supondría dar especial peso a esta dimensión dialogal y participativa. Creo que el Círculo de Espiritualidad ha intentado practicar y valorar ese diálogo, con aciertos y dificultades. Y espero podamos seguir aprendiendo y practicando esa praxis dialogal esencial que está en la base de una política verdaderamente humanizadora y liberadora.

Ahora bien, quizá nos toca seguir construyendo en esta dirección dialogal, no ya solo entre nosotras, sino abriéndonos y comprometiéndonos personal y comunitariamente con  todos los movimientos en los que esa intuición pluralista se está expresando: el feminismo, la no violencia, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso, la colaboración personal en la emancipación de las personas excluidas… mucho queda por hacer y construir todavía en este sentido.

Creo que uno de los obstáculos para poder vivir en esta actitud de diálogo comprometido es lo que Roberto Esposito denomina el vivir desde el “principio de inmunidad” y no el de “comunidad”. La inmunidad es el deseo de evitar cualquier riesgo frente al que reconozco como diferente. Si el principio de seguridad, el deseo de inmunizarse contra todo peligro se extiende en exceso, la comunidad desaparece o se convierte en secta. El miedo es lo contrario del amor, el miedo al otro, al pobre, al diverso, al extranjero… Superar ese miedo mediante la exposición al otro diferente, colaborando con él en la construcción de la comunidad nos ayudará a evitar un exceso de inmunidad y a ser en constructores de comunidad y comunión.

Otra dificultad será el construir la identidad de un modo muy cerrado y no flexible, como señala Rancière, esto impide cambiar e incluir al otro, sentirle y sentirme con él.  La realización de la persona solo es posible a través del encuentro fecundante con el otro. Creer que es posible la felicidad desde el cultivo del individualismo y la privacidad es una locura.

Personalmente creo que debemos cultivar dos actitudes:

  • La actitud “heroica” o “responsable”, el valorar como verdaderamente humanizador el abrirse al esfuerzo personal para salir de nuestros puros intereses individuales y familiares y comprometerme en los intereses de “los otros”. Pongo como ejemplo la práctica del ayuno que se realiza en el movimiento de la noviolencia y el monacato, cultivar el ayuno para discernir las acciones desde un lugar no egoista y como acción solidaria. Un modo de salir de una ética hedonista y burguesa.
  • La actitud contemplativa: Es significativo que tanto en el movimiento Occupy Wall Street como en el 15 M, estuviese de un modo discreto la presencia de personas vinculadas a un modo nuevo, laico e interreligioso de vivir la espiritualidad monástica contemplativa. La actitud contemplativa supone, entre otras, cultivar la actitud de escucha, la meditación, la aceptación, el no juicio, paciencia, confianza, el perdón, el no apego.

Creo que el Círculo Podemos de Espiritualidad Progresista tiene como misión especial el mantener viva esa experiencia pluralista, experiencia de comunión en la diversidad, viva dentro de sí y dentro de Podemos. Los Círculos son lugares privilegiados para cultivar el diálogo y el espíritu pluralista del 15 M, que es el acontecimiento que ha fundado el sujeto político del que intentamos ser instrumento.

Como dice Badiou frente al acontecimiento nuevo, que trae una nueva experiencia de comunión y construcción de la comunidad, hay tres posibles reacciones:

  • La del sujeto fiel, que señala la verdad descubierta en el acontecimiento vivido y busca realizarla. Es curioso que pone como modelo de sujeto fiel al acontecimiento al apóstol (Badiou es comunista) San Pablo. San Pablo vivió el acontecimiento de la resurrección que supuso el descubrimiento de un humanismo universalista y predicó constantemente ese acontecimiento.
  • Otros se convierten en sujetos reaccionarios al acontecimiento, son aquellos que intentan olvidar la novedad que el acontecimiento supuso. Pueden incluso utilizar el acontecimiento para apuntalar el sistema al que se oponía o para crear partidos centrados ya no en la fidelidad al acontecimiento, sino al deseo de poder.
  • Por último están los sujetos oscuros, los que intentan acabar con toda la novedad y verdad del acontecimiento. Prefieren matar el amor a que algo cambie y puedan perder sus privilegios.

Podemos es el instrumento político que nació para ser fiel al acontecimiento del 15 M, entendido como una experiencia nueva de unidad en la pluralidad, que nació de una activación de nuestra dimensión espiritual, que nos llevó a abrirnos a los otros y salir de nuestro individualismo. Nuestro Círculo tendría pues como misión mantener viva esa experiencia de diálogo y pluralismo, dentro de él mismo y en Podemos, para ayudar a mantener nuestra fidelidad al acontecimiento del que nacimos, y evitar que pudiéramos caer en ser sujetos reaccionarios u oscuros a ese acontecimiento.

Si perdiéramos esto o nos dejáramos utilizar para otros fines que ya no pongan en el centro esta defensa del pluralismo y la diversidad en comunión perderíamos nuestra razón de ser y cuando la sal se vuelve sosa, ya sabemos lo que dice el evangelio.

La existencia de Podemos y de nuestro Círculo tienen sentido en esta fidelidad al espíritu del 15M, haciéndolo eficaz y concretándolo en políticas dentro de la sociedad y las instituciones, sin olvidar la importancia de ese mito, esa experiencia de amor que nos vió nacer y que debe perdurar en nuestras relaciones y organizaciones.

Cierro con unas reflexiones del Papa Francisco:

… conviene huir de «dos tentaciones frecuentes», la primera de ellas es la de promover «la diversidad sin unidad».

«Esto ocurre cuando buscamos destacarnos, cuando formamos bandos y partidos, cuando nos endurecemos en nuestros planteamientos excluyentes, cuando nos encerramos en nuestros particularismos, quizás considerándonos mejores o aquellos que siempre tienen razón. Son los así llamados ‘custodios de la verdad’. Entonces se escoge la parte, no el todo»…»Nos convertimos en unos ‘seguidores’ partidistas en lugar de hermanos y hermanas…

La segunda tentación a evitar es la de «la unidad sin diversidad», que fomenta «una homologación donde ya no hay libertad».

Frente a estas dos tentaciones hay un tercer camino, vivir la unidad «más allá de las preferencias personales» y «trabajar por la unidad entre todos», evitando  «las murmuraciones que siembran cizaña y las envidias que envenenan»…

«El perdón es el don por excelencia, es el amor más grande, el que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece. El perdón libera el corazón y le permite recomenzar: el perdón da esperanza… El perdón conduce a la armonía y a rechazar otras vías: esas precipitadas de quien juzga, las que no tienen salida propia del que cierra todas las puertas, las de sentido único de quien critica a los demás».

Muchas gracias.

IV encuentro Espiritualidad Progresista. Unidad en la diversidad
IV encuentro Espiritualidad Progresista. Unidad en la diversidad

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD, CONSTRUIR EL ARCO IRIS

 Emma Martínez Ocaña

Me gusta LA IMAGEN DE ARCO IRIS para expresar la unidad en la pluralidad por su fuerte valor simbólico.

Pluralidad de colores y además todos son imprescindibles, todos son igualmente importantes, ningún color tapa, invade o anula a los otros.

Unidad,

El arco iris une los colores entre sí,  hace de amalgama para que los colores no se despeguen, une un extremo de una orilla a la otra orilla. Muchas veces anuncia el final de la tormenta y es un símbolo de paz

Este símbolo que es muy bello es una realidad QUE NOS CUESTA HACERLA VERDAD en nuestra vida cotidiana, en nuestra sociedad, en nuestro mundo.

 La pluralidad hoy es un hecho incuestionable no sólo en el mundo sino en nuestros entornos cercanos, en nuestros barrios, ciudades, en nuestro país y esto es una buena noticiadespués de 40 años de ausencia de ella.

Sin duda celebramos que hoy vamos viviendo con bastante normalidad, la mayoría de las personas, la pluralidad política, étnica, ideológica, cultural, ética, religiosa, cosmovisiones, maneras de vivir y expresar nuestra sexualidad etc.

Es cierto que hay reductos de cerrazón mental, dogmatismos, fanatismos, xenofobia, aporofobia…pero no es una realidad mayoritaria, aunque nos asuste verla crecer.

Pero con conciencia crítica tenemos que preguntarnos esta pluralidad ¿la sabemos vivir como pluralidad armónica y complementaria en equidad y justicia?

¿Desde qué criterios de discernimiento lúcido acogemos e integramos o no, todas las pluralidades?

Yo creo que socialmente aún nos queda mucho camino por andar,  no sabemos vivirla  así, no sabemos integrarla adecuadamente, nos cuesta vivir  en armonía, como complementaria, como riqueza, desde el respeto y por tanto  mayoritariamente aun no es una pluralidad vivida en unidad y justicia.

 ¿CAUSAS de esta dificultad? Muy variadas y complejas.

 Personales, sociales, culturales, históricas, estructurales…

Voy a poner de relieve solamente ALGUNAS DE ELLAS para que en el diálogo podamos completar esta breve y parcial exposición.

IN-CONSCIENCIA DE NUESTRA PLURALIDAD EN DESIGUALDAD.

 

No sé hasta qué punto tenemos consciencia de que las pluralidades que vivimos (clases, culturas, razas, sexualidades, orientaciones sexuales, valores, creencias, culturas, ideologías, partidos, creencias… ) no son de hecho, ni probablemente las consideramos iguales y con los mismos derechos.

 

Esas pluralidades consciente o inconscientemente las tenemos clasificadas y jerarquizadas, las tenemos en desigual valoración y por tanto es fácil que no sea una pluralidad vivida en justicia.

 

 

¿Desde qué criterios hacemos nuestra valoración y por tanto nuestra aceptación y apoyo ?

 

(Es una pregunta me lanzo y os lanzo para contestarla en verdad)

 

Seamos honestos y autocríticos.

 

Desde lo que cada una de esas realidades:

 

  • ¿colabora en la búsqueda del Bien Común?
  • ¿defiende los derechos humanos y el respeto a los animales y a la tierra?
  • ¿trabaja en la construcción de una sociedad más justa?
  • ¿coopera para vivir una democracia más real y participativa?
  • ¿favorece el cuidado de la vida y de la tierra?
  • ¿lucha contra la xenofobia, el machismo, el racismo, el despilfarro, la injusta distribución de los bienes…?
  • ¿propone una economía y un modelo de vida alternativo?
  • ¿desde la consciencia operativa de que formamos una única familia: la humana, y una única comunidad: biótica y habitamos una única casa común?

 

O más bien desde lo que confirma y protege:

  • Mis derechos
  • Mis criterios, ideas y verdades
  • Mis espacios afectivos o de poder
  • Mis valores y creencias
  • Mis posesiones
  • O como mucho lo que protege y defiende mi pequeña o gran “tribu” (familia, amistades, grupo, partido, barrio, ciudad,  comunidad autónoma, país…)

 

Es decir lo que no amenaza “mi/ nuestra identidad” sexual, racial, referencial, ideológica, política, religiosa…

 

Sin esta consciencia previa de los criterios desde los que clasificamos y jerarquizamos la pluralidad  veo difícil poder hacer el camino de la unidad en una pluralidad justa, equitativa y armónica.

 

  • Desde esta constatación quiero invitarme e invitaros a descubrir  lo  que necesitamos DES-APRENDER en nuestra manera de mirar e interpretar la realidad plural que vivimos, porque esto condiciona nuestra manera de situarnos en ella.

 

DES-APRENDER  para SEGUIR APRENDIENDO la novedad que requiere vivir la unidad en la pluralidad.

 

Yo soy consciente de algunos de estos caminos de des-aprender, cada persona, grupo, colectivo…tendrá que descubrir los suyos:

 

  • Necesitamos desaprender y liberarnos de miedos.  Miedo a que lo plural nos amenace,  miedo a que los distintos nos pongan en cuestión, miedo a perdernos y/o diluirnos en lo distinto, miedo a que el escuchar otros modos de concebir la vida desestabilice los nuestros, a que los valores y creencias distintas de otros nos hagan perder nuestra identidad…para aprender a hacer frente al miedo y no dejar que sea él el que decida nuestras conductas.
  • Necesitamos desaprender miradas dualistas y patriarcales de la realidad que se expresa de muy diversas maneras:
  • machismos incrustados en lo más profundo de nuestro ser en hombres y mujeres, porque ha configurado nuestra estructura, nos impide vivir la igualdad en la diferencia, nos ha dividido, nos ha separado nos ha enfrentado para aprender a vivir como iguales en dignidad, derechos, oportunidades, lugares sociales y un largo etc…
  • arrogancias culturales  que nos hace creer que la cultura es nuestra cultura occidental grecorromana de los países ricos, despreciando o minusvalorando las otras culturas que parece que son menos, que tienen menos que aportarnos, menos que decirnos porque no lo expresan con nuestros parámetros culturales,  para caminar hacia una auténtica interculturalidad
  • supremacías falsas de raza, clase, género, culturas, títulos…para aprender que todas las personas somos iguales en dignidad y derechos al margen de toda consideración incluía la de tener papeles o dejar de tenerlos,
  • prepotencias y cerrazones mentales que nos hacen falsamente creer que nuestras verdades son las verdades, nuestras certezas son las certezas, nuestros valores y creencias son los valores y creencias… es decir desaprender y desactivar nuestro deseo de tener la razón, de con-vencer a los demás para aprender a ofrecer nuestras perspectivas con descentramiento, apertura mental y humildad
  • desaprender relaciones competitivas y de poder queriendo tener la razón, imponer nuestra verdad,  nuestra perspectiva como la adecuada… para aprender relaciones de cooperación, respeto, libertad
  • desaprender el mecanismo ganar-perder para aprender el mecanismo ganar-ganar, donde no se trata de con-vencer a nadie, sino de negociar para ganar el Bien Común, y para ello todas las personas o perspectivas tiene algo que perder (de lo suyo) y eso no es una traición sino una conquista
  • desaprender una perspectiva individualista, “tribal” para ir caminando hacia una consciencia holística que nos abra a la realidad humana, biótica, trascendente como una sola realidad
  • Necesitamos también desaprender que los humanos no  somos los únicos sujetos de derechos en la tierra para pasar de una mirada antropocéntrica a una mirada más biocéntrica y por tanto cuidadora de toda vida por insignificante que parezca y cuidar más donde están las víctimas y los desastres ambientales de este sistema injusto.

 

 

Además de la toma de consciencia de nuestras injustas desigualdades, de todo lo que tenemos que desaprender para aprender de nuevo otro modo de vivir, quiero añadir un tema que para mí es muy importante para construir la unidad en la pluralidad:

 

III- SABER HACER UN DIALOGO EMPÁTICO es MAS SER DIÁLOGO.

 (de esto ya habrán hablado mis colegas por tanto no voy a alargarme mucho)

 

Poder dialogar exige al menos que las personas que hablan tengan el mismo derecho a la palabra; sepan y puedan argumentar su pensamiento, se evite toda falta de respeto y agresión, no se falseen conscientemente las verdades,  se intente llegar a algo en común o al menos escuchar otras perspectivas.

 

Pero ese diálogo, aun siendo importante,  no siempre construye unidad para que así sea necesita además que este diálogo esté presidido por una ESCUCHA activa, tolerante, humilde y sobre todo empática. Una escucha que nos permita poder situarnos en la perspectiva de la persona o grupo con el que dialogamos para comprender su marco referencial, los desde dónde dice lo que dice, vive lo que vive sólo así podremos COMPRENDER su perspectiva. Y saber escuchar así es muy difícil es arte, técnica, talante

 

Quizás lo más difícil no sea la escucha empática, que ya lo es y el qué decimos sino el cómo ofrecemos (no imponemos) a los demás nuestras palabras, nuestra perspectivas, propuestas, valoraciones…

 

¡Qué importante sería! saber  ofrecer nuestra palabra desarmada de toda agresión, de todo intento de vencer y tener la razón, sino ofrecerla con el deseo de expresar nuestras razones; ofrecer nuestra palabra lo más descentrada posible de nuestros intereses particulares, para ayudar a buscar lo que nos une, sobre todo  el bien común o el objetivo a conseguir,  ofrecerla  con humildad creando condiciones de igualdadno situándonos por encima de los demás, como quien no tiene nada que aprender de los otros; en definitiva lo más despojada de nuestro ego para buscar no tanto que triunfe “lo mío” como lo “nuestro”.

 

LA PLURALIDAD DEL ARCO IRIS NO QUIERO QUE ME HAGA PERDER DE VISTA LA UNIDAD QUE ESOS COLORES FORMAN.

 

Por un lado está claro que el Arco Iris, une dos orillas separadas y además hay algo que  amalgama los colores entre sí algo que los une.

 

Aplicando el símbolo aquí y ahora en este momento de nuestro mundo, de nuestro país:

 

¿Tenemos claro que buscamos unir lo que está separado, lo que es otra orilla distinta a la nuestra?  O ¿solo buscamos unir lo que ya consideramos que son de los “nuestros”?

 

¿Qué es lo que nos podría unir a las pluralidades existentes? ¿A quiénes nos puede unir?

 

Hay algunas realidades que podrían unirnos, en nuestro país y en el mundo, a personas de buena voluntad que queremos:

 

  • humanizar nuestro mundo, nuestras sociedades y eso pasa por la defensa de los derechos humanos, no sólo los derechos básicos (alimento, casa, salud, educación…) sino el derecho a la libertad de elección y movimientos, el derecho a la cultura, a la belleza…todos esos derechos humanos firmados por muchos países pero no protegidos de hecho por ninguna instancia superior que obligue a su cumplimiento
  • salvar la tierra y a la humanidad en ella cuando estamos a punto de una carrera de destrucción sin retorno
  • afianzar la democracia real y participativa frente a las amenazas del fascismo
  • acabar con el escándalo del hambre en el mundo y la insoportable injusta distribuciónde los bienes
  • cooperar en el Bien Común, en vez de apoyar las privatizaciones que segregan y generan injusticia
  • trabajar por desterratoda discriminación por razones de raza, clase, sexualidad, orientación sexual, diferencias culturales, religiosas, ideológicas
  • buscar alternativas económicas que pongan en el centro a las personas y a la defensa de la biodiversidad del planeta
  • saber caminar hacia una sociedad menos consumista, materialista, militarista, machista…
  • trabajar nuestras personas, comunidades, grupos, colectivos… para pasar de una consciencia individualista o “tribal” a una nueva consciencia holística y planetaria

 

 

Esta enumeración, y otras que podríamos hacer, teóricamente podrían unirnos a muchas personas si fuésemos capaces, de verdad, de buscar el Bien Común y no sólo nuestro bien particular, familiar, de grupo, partido, clase…

 

Pero la mayoría de las veces estos grandes principios se concretan en propuestas, planes, programas muy diversos donde no sólo los qué sino los cómo hacer las cosas nos dividen, desunen y perdemos en esa desunión la fuerza para conseguir objetivos que están proclamados por Naciones Unidas, por diversos organismos internacionales y que no llegan a ser verdad porque cada país defiende sus intereses, cada partido los suyos, cada colectivo lo que les beneficia…

 

Entre nosotros muchas de estas realidades podrían ser comunes a muchos de los partidos políticos, movimientos ciudadanos, ONGs, mareas, colectivos…pero

 

¿por qué no somos capaces de confluir eficazmente para cambiar las cosas?

 

Aquí dejo la pregunta para el diálogo

 

Yo estoy segura que nos une más de lo que nos separa y sin embargo, sobre todo a los partidos de izquierda tradicionalmente, nos cuesta confluir,

  • ¿no tenemos interiorizado en las negociaciones el mecanismo ganar-ganar, que supone que en algo todos pierden algo y se gana mucho para la causa común?
  • ¿tememos perder nuestras identidades particulares, desaparecer o terminar diluyéndonos?
  • ¿vivimos como traición a nuestros ideales renunciar a algunas propuestas para confluir con otros? ¿cómo reconocer qué posturas más flexibles no son traición sino que son políticas, es decir capacidad de negociar para llegar a algo en común, capacidad de ceder para poder ganar? ¿con qué criterios y quien define qué es esencial, sin lo cual perderíamos la identidad y qué no lo es?

Lo que está cada vez más claro es una máxima que escuché a los indígenas en Bolivia: “ O nos unimos o nos hundimos”

Ojalá este encuentro nos ayude a todas las personas que estamos aquí a ir haciendo camino en esta urgente y necesaria confluencia de unidad en la diversidad.