La compasión en un mundo injusto

Presentación de «La compasión en un mundo injusto», de Juan José Tamayo, en FragmentaEl principio-compasión. Ver la realidad desde las víctimas y sentirse afectado por ellas

El principio-compasión
El principio-compasión

«El libro ‘La compasión en un mundo injusto’, de Juan José Tamayo, es fruto de la pandemia, en muchos sentidos»

«En este contexto Tamayo ha intuido que la compasión ha de dejar de ser una virtud bajo sospecha para convertirse en algo esencial a la vida y a la convivencia humana»

«Su itinerario tiene tres momentos que corresponden al VER, JUZGAR y ACTUAR de la teología de la liberación latinoamericana, pero acentuando aquí que el ver no es una simple mirada sociológica sino un ver la realdad desde las víctimas»

«Examina ampliamente el tema de la compasión en las diversas religiones: Islam, hinduismo, budismo y religiones originarias de América latina y concluye que hay una gran convergencia en todas ellas»

«El libro es un asumir el Principio compasión como clave de lectura, interpretación, cuestionamiento y conversión transformadora tanto personal como colectiva. Es algo original, actual y necesario»

PorVíctor Codina

El libro‘La compasión en un mundo injusto’, de Juan José Tamayo, es fruto de la pandemia, en muchos sentidos. No solo porque el confinamiento en casa ofrecía tiempo para leer y escribir, sino sobre todo porque la pandemia ha desvelado la vulnerabilidad humana y la injusticia a nivel nacional y mundial

En este contexto Tamayo ha intuido que la compasión ha de dejar de ser una virtud bajo sospecha para convertirse en algo esencial a la vida y a la convivencia humana, común a todas las religiones y central en la fe cristiana, que cree en el amor entrañable de Dios mostrado en Jesús de Nazaret. La compasión no es simple sentimiento de conmiseración y lástima sino una empatía con las víctimas que lleva al compromiso con la justicia.

Así Tamayo completa de modo original el Principio esperanza de Ernst Bloch y el Principio misericordia de Jon Sobrino, con el Principio compasión. Este principio compasión da unidad y originalidad a toda la obra.

Su itinerario tiene tres momentos, que constituyen las tres partes del libro, pero cada una de estas tres partes es tan completa que en realidad podríamos decir que hay tres libros en uno.

Comienza por analizar el mundo estructuralmente injusto y desigual que vivimos, en sus diferentes manifestaciones.

Luego sigue una reflexión sobre la compasión como valor ínsito en el ser humano y opción de Dios, manifestado en Jesús de Nazaret. El Principio-compasión es necesario para que nuestra teología no se convierta en cómplice de los victimarios. Se examina la compasión en el judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo, budismo y religiones originaras de Amerindia. Es la parte nuclear y central del libro.

Finalmente se aborda la historificación de la compasión para que la compasión se convierta en lucha contra los grandes grupos económicos de poder, mostrando así que la compasión se traduce en solidaridad con las víctimas y un amor políticamente eficaz.

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Estos tres momentos del itinerario corresponden al VER, JUZGAR y ACTUAR de la teología de la liberaciónlatinoamericana, pero acentuando aquí que el ver no es una simple mirada sociológica sino un ver la realdad desde las víctimas, desde abajo y sentirse afectado por ella.

«Lo más original y extenso es la profundización del Principio-compasión en las tradiciones humanistas, religiosas y bíblicas»

I.En la primera parte Tamayo se aproxima al mundo injusto y desigual de hoy que se manifiesta, entre otras cosas, en la injusticia ecológica, la insolidaridad con inmigrantes y refugiados, la injusticia de género contra las mujeres, la necropolítica y el descarte de los marginados, la injusticia económica, cultural y cognitiva, la vuelta del fascismo y del cristo-fascismo (el nacional-catolicismo y el cristo´-fascismo en la España hoy) y finalmente la constatación de que la pandemia es selectiva, no ha afectado a todos igualmente.

II.En la segunda parte se analiza el Principio compasión que caracteriza al ser humano en su dimensión más profunda, aunque no siempre se traduce en una práctica compasiva y solidaria. La compasión está presente en las tradiciones humanistas y religiosas, aunque no siempre las personas, creyentes y no creyentes han mostrado empatía con los que sufren, con los crucificados de la historia. Este referente ético de las religiones constituye su principio teológico.

El ser humano no es solo homo sapiens; es también homo patiens, ser compasivo, no solo vale el “atrévete a pensar” sino también el “atrévete a sufrir con el que sufre y con la creación que sufre dolores de parto (Rm 8,22).

Tamayo observa que los diccionarios bíblicos hablan más de misericordia divina que de compasión. Sin embargo. el Dios bíblico aparece como compasivo ante el dolor humano, el sufrimiento y la opresión. La escritura usa los términos rahamin y hesed. Rahamin significa entrañas, vientre materno. Hesed es compadecerse tener cariño y compasión.

En el Éxodo Dios se compadece del sufrimiento del pueblo Ex 3, 7-12-Los sapienciales y salmos expresan la compasión de Dios (Sal 103)

Pero esta compasión está unida al Mispat (derecho) y sedaqa (justicia) que son atributos bíblicos de Dios que los profetas proclaman y denuncian a sus incumplidores; jefes, sacerdotes, y comerciantes que son injustos, aunque aparezcan como piadosos. Los profetas realizan un cambio de paradigma religioso: el ayuno es abrir prisiones injustas, la verdadera religión es hacer el bien, el sacrificio y holocausto es reconocer a Dios y ayudar al prójimo. Conocer a Dios es hacer justicia al prójimo (Jer 22,15-16).

La utopía profética es utopía de paz y comunidad ecohumana (Is 11, 6-8) La utopía bíblica es la de la vida, del sustento y de la vida cotidiana.

Todo esto se refuerza y profundiza en el Nuevo Testamento. Jesús de Nazaret se compadece del sufrimiento, cura a enfermos, incluso en sábado, pone la vida del pueblo por encima del sábado y la ley, afirma “misericordia quiero y no sacrificios”, expulsa a los vendedores del templo; las bienaventuranzas y el juicio final de Mt 25 son alegatos a favor de la compasión. Pero esta compasión de Jesús es conflictiva: las autoridades religiosas le llevarán a la cruz.

Jesús fue un indignado contra la religión oficial y sus teólogos, contra el poder religioso, económico y político, con la sociedad patriarcal y siente el abandono de Dios en la cruz.

El buen samaritano, muestra una ética de la compasión, se le conmueven las entrañas, ayuda y de su tiempo al que sufre. La iglesia ha de ser samaritana y compasiva.

Convergencia

Tamayo examina ampliamente el tema de la compasión en las diversas religiones: Islam, hinduismo, budismo y religiones originarias de América latina y concluye que hay una gran convergencia en todas ellas, expresada en principios como “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”, “no somos extraños para nadie, somos amigos de todos”, “yo soy yo si tú también eres”.

Sin embargo, durante mucho tiempo, la teología, incluso cristiana, aplicaba a Dios términos como omnipotente, motor inmóvil, causa sui, principio de todo, un Dios incapaz de sentir, amar, sufrir, insensible al dolor humano. Esta imagen es más cercana a los amigos de Job que a Jesús. A pesar de ello todas las religiones han tenido personas compasivas y el sufrimiento ha entrado en la teología. La teología no puede pasar de largo ante el sufrimiento, sería cinismo. Para Horkheimer, la teología es la esperanza de que la injusticia no sea lo último, la esperanza de que el asesino no triunfe sobre la víctima inocente.

III. La tercera parte mira a la praxis. La compasión no es solo individual, interpersonal e intersubjetiva, sino que la compasión debe historificarse para poder ser liberadora y encarnarse en instituciones sociales, ejerciendo una crítica, resistencia y solidaridad transformadora de las vidas dañadas, atender al anawim, al otro me pide ayuda (Levinas).

Tamayo critica los sistemas contrarios a la compasión y deja muy claro que no hay compasión sin justicia sin reconocimiento de la dignidad humana, sin igualdad y justicia de género, sin cuidado de la tierra, sin defensa de los derechos humanos, sin hospitalidad, sin considerar que el centro es la tierra, sin pluralismo cultural, étnico y religioso, sin espiritualidad liberadora. La práctica de justicia y implica participación en movimientos sociales, renuncia a nuestra arrogancia y superioridad, asumir nuestra ambigüedad, etc.

Dentro de la parte de la historificación de la compasión, Tamayo incluye la reflexión de algunos autores sobre la compasión. Metz, en su teología política critica la reducción de la razón a una ilustración privatizante que no escucha la voz de las víctimas y propone una memoria subversiva de las víctimas, lejos de una teología de la gloria y de todo triunfalismo. Defiende un ecumenismo de la compasión con empatía hacia el sufrimiento ajeno. Cita a Schopenauer para quien la compasión es el fundamento de la ética; para Levinas, la responsabilididad por el otro es la filosofía primera. Para Joan Carles Mélich, el ser humano es doliente, quaerente y deseante, debe vivir bajo la dimensión patética de la existencia: lo contingente, corpóreo, provisional, situacional, frágil, circunstancial, no lo absoluto ni lo categórico. La ética comienza cuando los demás entran en esfena, cuando nos ponernos al lado de las personas sobrantes, desechos de la sociedad. La ética es una relación compasiva, una respuesta al dolor del otro, es transgresora del orden social establecido. Hay que ver al mundo no desde la razón pura sino desde la razón desvalida, una razón encarnada en la historia, trágica, no separada del tiempo ni del cuerpo, que sospecha del mito del progreso. Frente a la razón ilustrada está la razón desvalida, frente al bien, la bondad, frente al deber cumplido, la vergüenza.

Metz propone una mística de ojos abiertos, con un corazón solidario y un amor políticamente eficaz. La mística no es algo pre-lógico, antirracional, sino una experiencia antropológica fundamental (Zambrana), forma parte de la historia, para ir más allá, crea personas de incansable entrega a los demás, aunque resulten extrañas y sospechosas como Eckhart y Juan de la Cruz, recuerda Tamayo

Hay una relación intrínseca entre mística y política, Dios es justicia (Jeremías 23,6), la justicia es tema no sólo político sino teológico, Dios hace justicia a las víctimas. El cristianismo ha sido más sensible al pecado que al dolor de las víctimas (Metz), en cambio Jesús fue liberador y compasivo

Conclusión

El libro de Tamayo no es solo una toma de conciencia de nuestra realidad injusta y discriminatoria, ni solo un diálogo con las tradiciones religiosas y las éticas contemporánea, sino un asumir el Principio compasión como clave de lectura, interpretación, cuestionamiento y conversión transformadora tanto personal como colectiva. Es algo original, actual y necesario. Le agradecemos a Tamayo este esfuerzo.

Personalmente, luego de vivir casi 40 años en Bolivia, he sintonizado mucho con este Principio-compasión de Tamayo.

Un cambio de paradigma eclesial


[Por: Víctor Codina, SJ]
 
 
Thomas S. Kuhn (1922-1996), físico, historiador y filósofo de la ciencia, fue quien fundamentó y popularizó el tema del cambio de paradigma (CdP) en el mundo científico. Pero su intuición puede aplicarse a otros ámbitos.
 
Paradigma es un esquema de la realidad, reconocido por la comunidad como marco de referencia que incorpora conocimientos, valores y concepciones simbólicas que permiten situar y resolver los nuevos problemas.
 
Cuando el paradigma es universalmente aceptado tenemos un tiempo normal y permite la solución de los nuevos problemas desde el paradigma habitual.
 
Sin embargo, a veces surgen nuevas cuestiones que ya no permiten ser solucionadas desde el paradigma habitual, son anomalías que cuestionan el paradigma habitual.
 
Se genera entonces un tiempo de incertidumbre, de crisis y de conflicto que provoca un cambio de paradigma. Surge entonces un nuevo paradigma que, a pesar de las resistencias de ser aceptado por los defensores del paradigma anterior, luego de un tiempo de transición, acaba siendo asumido por la comunidad. 
 
Indudablemente este modelo de Kuhn sobre los cambios científicos no puede ser aplicado a la Iglesia sin correcciones. Tenemos un criterio último para juzgar la vedad de un paradigma que es la revelación Palabra de Dios y la fe cristiana de la gran Tradición eclesial.
 
Pero esto supuesto, hay mucha semejanza entre el CdP científico y el eclesial, tanto en los momentos de crisis como en la búsqueda de nuevos paradigmas y las tensiones eclesiales ante la novedad de un CdP. Podemos, pues aplicar este esquema de CdP no de forma matemática, pero sí analógica, a los cambios eclesiales y teológicos de hoy.
 
La historia de los concilios de la Iglesia, desde la Asamblea apostólica de Jerusalén (Hch 15) hasta el Concilio Vaticano II, son ejemplos de la necesidad de la Iglesia de un CdP para poder expresar la fe de modo que responda a los nuevos contextos históricos y culturales.
 
Los cristianos creemos que este proceso eclesial está siempre guiado por la acción dinámica del Espíritu que nos va guiando hacia la verdad plena (Jn 16,13).
 
El Vaticano II, un nuevo paradigma
 
Tanto en la convocación del Vaticano II por Juan XXIII en 1959, como en su discurso inaugural en 1962, aparece el deseo de que la Iglesia, iluminada por el Espíritu, pueda anunciar el Evangelio al mundo moderno, no como profetas de calamidades que ven inminente el fin de los tiempos, sino con fe en la Providencia de Dios que guía la historia. Más que reprimir y condenar errores, la Iglesia hoy desea mostrar la luz de la verdad de forma paciente y benigna. Prefiere usar la medicina de la misericordia más que condenar con severidad los errores. Juan XXIII distingue el depósito de la fe, de la forma como se expresa, ateniendo a una actitud prevalentemente pastoral. Se intuye ya un CdP.
 
El esquema que se había preparado sobre la Iglesia, es rechazado por los obispos del Vaticano II por creerlo clerical, juridicista y triunfalista. Se propone una Iglesia Pueblo de Dios, sacramento de salvación, en camino hacia la escatología. Se habla de la prioridad de la Palabra en la vida de la Iglesia, del sacerdocio común de todos los bautizados, de la vocación universal a la santidad, del diálogo ecuménico, de la posibilidad de salvación fuera de la Iglesia católica, del diálogo inter-religioso, de la libertad religiosa y la libertad de conciencia personal. Se reconoce la acción del Espíritu en la Iglesia, dador de dones jerárquicos y carismáticos. Este Espíritu actúa en la historia de la humanidad y se manifiesta a través de los deseos profundos del pueblo: son los llamados signos de los tiempos que hay que escuchar y discernir (Gaudium et spes 4;11;44).
 
Las anomalías del paradigma de Cristiandad anterior que desde hacía siglos se cuestionaban (fuera de la Iglesia no hay salvación, Iglesia clerical donde los laicos son sujetos pasivos, la vocación a la perfección solo para algunos, sin carismas, liturgia exclusivamente en latín, visión negativa de otras Iglesias cristianas y de las religiones, Iglesia unida al Estado, Iglesia piramidal, etc) se resuelven con un nuevo paradigma ecuménico, de diálogo con el mundo moderno,  Iglesia Pueblo de Dios, todo él llamado a la santidad, etc. Hay una vuelta a las fuentes (resourcément) y una puesta al día (aggiornamento).
 
El Postconcilo
 
Como en todo cambio de paradigma, también en el postconcilio hubo resistencias al nuevo paradigma. Su símbolo es el obispo Marcel Lefèvbre para quien el Vaticano II era neo-protestante y neo-modernista. Juan Pablo II acabó excomulgando a Lefèvbre cuando este comenzó a ordenar obispos al margen de Roma. 
 
Pero incluso los que asumían el nuevo paradigma tenían miedo de sus consecuencias. Pablo VI hizo añadir a Lumen Gentium una Nota previa que frenaba la colegialidad episcopal; en su encíclica Humanae vitae, sobre el control dela natalidad, no se atrevió a situar el amor como el centro de la vida conyugal. En tiempo de Juan Pablo II se consideró peligrosa la expresión Iglesia “Pueblo de Dios” y se prefirió la tradicional de “Cuerpo de Cristo”; la Congregación de la fe dirigida por Ratzinger frenó la importancia de las conferencias episcopales y criticó la teología de la liberación. Se intentó resaltar más la continuidad del Vaticano II con la tradición anterior (el antiguo paradigma) que su novedad. El teólogo Juan Luís Segundo escribió una carta a Ratzinger en la que le decía que su crítica a la teología de la liberación en el fondo era un ataque al Vaticano II que había hablado de los signos de los tiempos y de la dimensión histórica de la salvación.
 
La gran mayoría de fieles cristianos aceptó el CdP con mucha alegría y lo asumió, sacando sus consecuencias. La Iglesia Latinoamericana reunida en Medellín en 1968 recibió el Vaticano II desde un continente pobre e injustamente marginado y escuchó en la voz de los pobres la voz del Espíritu. De allí surgió la opción por los pobres, la necesaria denuncia de las estructuras injustas, la lucha por la justicia y la importancia simbólica del Éxodo, un tema que el Vaticano II, liderado por obispos y teólogos del mundo centroeuropeo había preterido. 
 
¿Un nuevo paradigma eclesial?
 
La Iglesia, sobre todo con Francisco, ha ido sacando otras consecuencias del nuevo paradigma del Vaticano II: la apertura a la ecología (Laudato sí), a la fraternidad universal (Fratelli tutti), al amor conyugal como centro del matrimonio que convive con la imperfección, la disculpa y los límites del ser amado (Amoris laetitia); crítica al sistema económico que mata y a la globalización de la indiferencia ante emigrantes y descartados. Francisco propone una Iglesia en salida hacia la periferia, hospital de campaña, que huela a oveja, no aduana sino madre misericordiosa, que callejea la fe; se resalta la importancia de la piedad y espiritualidad popular, la Iglesia es una pirámide invertida, el clericalismo es la lepra de la Iglesia, hay que respetar las culturas en una Iglesia poliedro. 
 
El concepto de sínodo y la sinodalidad eclesial, se convierten en el nuevo estilo de Iglesia para el siglo XXI. La sinodalidad es la actitud de una Iglesia en camino que escucha a todos, porque lo que afecta a todos debe ser compartido por todos; el pueblo de Dios tiene la unción del Espíritu y no puede equivocarse en su fe (Lumen gentium 12).
 
Francisco ha sido objeto de ataques furibundos: hereje, comunista, no sabe teología, está deshaciendo la Iglesia, etc. En realidad, Francisco no ha hecho más que deducir algunas consecuencias del CdP del Vaticano II, leído a la luz de los signos de los tiempos de hoy. 
 
Pero quedan todavía asignaturas pendientes del CdP del Vaticano II: el rol de la mujer en la Iglesia y la posibilidad de acceder al ministerio ordenado, la no obligatoriedad del celibato presbiteral, una postura abierta y dialogante con los miembros del LGTBIQ, consultar a la comunidad la elección de nuevos pastores, potenciar las Iglesias locales, reformar la curia, desligar al obispo de Roma de la presidencia del Estado Vaticano, etc.
 
Más que hablar de un nuevo CdP, habría que tomar en serio las exigencias del Vaticano II, auscultar al Espíritu del Señor en los signos de los tiempos, desde una Iglesia sinodal, en comunión y en camino. La sinodalidad comienza desde la periferia, pues el Espíritu del Señor actúa desde abajo. ¿No había afirmado ya Juan XXIII que la Iglesia de los pobres tenía que ser el rostro de la Iglesia del Vaticano II?
 

…Y ha impulsado una incipiente primavera eclesial

Victor Codina: «El misterio Bergoglio se agranda después de 8 años de pontificado, pues ha revertido el invierno eclesial»
«Que un porteño venido del fin del mundo, en serios conflictos políticos con la dictadura argentina y con su orden religiosa, sea elegido obispo de Roma para suceder al dimitido Benedicto XVI, es un misterio»
«Francisco ha intentado proseguir el impulso del Vaticano II, frenado en tiempo de sus dos inmediatos sucesores. Sus opositores son los que nunca han aceptado el Vaticano II»
«Esta postura profética ha provocado las críticas de muchos sectores políticos y económicos de los países ricos y de las multinacionales, que le acusan de ingenuo, ignorante, utópico y comunista. Se añaden también las críticas de los sectores eclesiales, muchas veces en connivencia con los sectores políticos»
«Tanto el misterio Roncalli como el misterio Bergoglio son inexplicables sin una fe en el Misterio del Espíritu del Señor que actúa desde abajo, se derrama sobre la Iglesia y el mundo y dirige la historia y la creación»
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«Soñemos juntos»,un faro en la tormenta (I)

 • por Victor Codina •

 El 27 de marzo de 2020, cuando el papa, ante la plaza de San Pedro vacía, anocheciendo y con lluvia, dijo que no tuviéramos miedo de la pandemia y dio la bendición urbi et orbi, Francisco apareció no solo como obispo de Roma sino como un faro de luz para todo el mundo en plena tormenta.
El Dr. Austen Ivereigh, escritor y periodista británico, autor de dos biografías del papa Francisco (El gran reformador, 2015 y Wounded Shepherd, 2019) aprovechó el confinamiento papal para una serie de entrevistas y conversaciones que ahora se publican como libro de Francisco: Soñemos juntos. El camino a un futuro mejor. Conversaciones con Austen Ivereigh (Barcelona, diciembre 2020).
Francisco ve este momento como la hora de la verdad, un momento en que se sacuden nuestras categorías y estilos de vida, una crisis ante la cual la pregunta es si saldremos mejores, donde hay peligro de replegarnos para mantener nuestro statu quo. Pero, como dice Hölderlin, “donde hay peligro, crece también lo que nos salva”, es el momento para soñar en grande, para comprometernos en lo pequeño, para crear algo nuevo, aceptar el desborde de la misericordia de Dios que se derrama rompiendo fronteras tradicionales. Atrevámonos a soñar juntos.
El libro se articula bajo tres momentos: ver, elegir, actuar.
1. Tiempo para ver
En el Ver, Francisco acude a la periferia, convencido de que el mundo se ve más claro desde la periferia, desde los lugares de pecado y exclusión, desde el sufrimiento, la enfermedad y la soledad, y todo ello no en abstracto sino en concreto, pasando del adjetivo al sustantivo: desde los pobres rohinyás en Bangladesh, desde los uigures y los yazidies, desde los refugiados de Lesbos, desde los niños sin educación de África, desde los que mueren de hambre en Yemen, desde los descartados, desde los médicos y sanitarios, sacerdotes y religiosas que murieron por ayudar a los enfermos del coronavirus.
La crisis ha puesto al descubierto la cultura del descarte, quienes no tenían vivienda ni agua para pasar el distanciamiento social obligatorio, los que viven hacinados en las ciudades, en centros de retención de migrantes, en campos de refugiados, donde la gente puede pasar años, sin higiene, alimentación y vida digna.
Hemos de buscar maneras para que estos descartados se conviertan en actores de un futuro nuevo. Pero este cambio tiene grandes obstáculos: el virus de la indiferencia que es peor que la pandemia, que nos hace mirar hacia otro lado, como la expresión italiana “che me ne frega”, la expresión argentina ¿y a mi qué?, es decir, ¿qué me importa?
Dios no es indiferente, esta indiferencia bloquea al Espíritu que nos impulsa a un desborde para discernir lo que Dios quiere de nosotros, para descartar la cultura del abuso, sea sexual, económico, racial o clerical y fomentar una cultura del cuidado.
Hay que trabajar por un mundo sano. Francisco comenta cómo fue creciendo su conciencia ecológica: en su trabajo en el comité de redacción de la conferencia de Aparecida, 2007, se sentía molesto por la insistencia de los brasileños en el tema de la Amazonía; más tarde le ayudó el influjo del patriarca Bartolomé de Constantinopla en el tema ecológico; luego convocó a científicos y teólogos sobre ecología lo que culminó en su encíclica Laudato si’ y finalmente convocó el Sínodo de la Amazonía en 2019.
Al grito de los pobres se une al grito de la tierra, hemos de superar el paradigma tecnocrático que nos hace abusar de la naturaleza en beneficio propio, como si fuésemos sus dueños, con un individualismo que provoca la desertificación de la tierra y el cambio climático, olvidando que la creación y la tierra es un don de Dios para todos, que hemos de cuidarla y protegerla: necesitamos una conversión hacia una ecología integral que es mucho más que cuidar de la naturaleza, es cuidar de la creación y de todos nosotros como criaturas de un Dios que nos ama.
La situación COVID de la pandemia y la cuarentena, en medio de su dificultad y dolor, nos puede ayudar a una reflexión sobre nuestra vida, sobre nuestro pasado y futuro, nuestros ídolos y nuestros momentos de crisis. Hay que pararse, parate, revisar nuestra vida, vivir la pandemia en un clima de paciencia y humor.
Francisco narra tres situaciones COVID de su propia vida:
• La COVID de su enfermedad del pulmón a los 21 años, cuando siendo seminarista de Buenos Aires, el 13 de agosto de 1957 le llevaron al hospital y le quitaron el lóbulo superior derecho de uno de sus pulmones; él creía que iba a morir, las enfermeras le cuidaron y salvaron; fue un tiempo de reflexión y allí maduró su decisión de entrar en la Compañía de Jesús.
• La COVID del destierro, en 1986, cuando fue a Alemania para una tesis doctoral sobre Guardini, que no acabó: se sentía como un sapo en un pozo. Iba de paseo cerca del aeropuerto de Frankfurt a ver volar aviones…
• La COVID de una transformación radical fue cuando de 1990 a 1992, después de haber sido Maestro de novicios, Provincial y Rector de los jesuitas, fue destinado a Córdoba. Se había instalado en ese modo de vivir, “me pasaron la boleta y tenían razón”. Fue un tiempo de purificación, oración y leyó la Historia de los Papas de Ludwig Pastor, que ahora le ha ayudado mucho.
En conclusión, para realizar esta conversión que nos brinda la COVID, para superar nuestra globalización de la indiferencia, la hiperinflación del individuo y aprender a contar con los demás, es necesario tomar decisiones, elegir.
2. Tiempo para elegir
El segundo paso, luego de haber visto la realidad, es discernir y elegir, pero para ello necesitamos, además de capacidad y reflexión, el tener un sólido conjunto de criterios que nos guíen para así poder leer los signos de los tiempos. Y en tiempos de prueba, como dicen los gauchos y los cowboys “no cambies el caballo en medio del río”, es decir hemos de ser fieles en lo que importa aun en tiempos de crisis: recuperar el valor de la vida, la naturaleza, la dignidad de la persona, el trabajo y los vínculos.
Hay que recuperar las bienaventuranzas que la Iglesia ha concretado y formulado en una serie de principios básicos: la opción por los pobres, el bien común, el destino universal de todos los bienes, la solidaridad y la subsidiaridad.
Estos principios los hemos de aplicar a la realidad en un ambiente de reflexión y oración, estar atentos al Espíritu y practicar el discernimiento de espíritus.
La COVID-19 ha acelerado un cambio de época que ya estaba en proceso, no podemos volver atrás, todo intento de restauración lleva a un callejón sin salida. Hemos de buscar la verdad, aun sabiendo que todo pensamiento es incompleto y está abierto a un desarrollo ulterior (Guardini). Hay que excluir tanto los moralismos que tienen recetas para todo, como el relativismo que duda de todo. Verdades que al principio nos parecen contradictorias, poco a poco se van abriendo a una verdad mayor (Newman). No poseemos la verdad, es la verdad la que nos posee y nos atrae desde la belleza y la bondad.
El discernimiento es tan antiguo como la Iglesia, el Espíritu es el que nos guía a la verdad (Juan 16,13) y nos muestra cosas nuevas a través de los signos de los tiempos: hemos de preguntarnos por lo que nos humaniza y nos deshumaniza.
Signo de los tiempos es evitar el aislamiento y exclusión de los ancianos, fomentar el encuentro entre ancianos y jóvenes, para soñar juntos (Joel 2,28); signo de los tiempos es proteger y regenerar la tierra, no considerar como objetivo el crecimiento económico a cualquier precio; signo de los tiempos es sentirnos parte de la creación, no sentirnos sus dueños, buscar una economía que atienda las necesidades de todos y respete la tierra; signo de los tiempos es el protagonismo de las mujeres, siempre fieles y abiertas a una nueva posibilidad, muy sensibles al medio ambiente y al cuidado de las personas y de la economía; otro signo de los tiempos es elegir la fraternidad por encima del individualismo, la unión de ánimos, como aparece en Fratelli tutti.
En este proceso de discernimiento, Dios no se impone, sino que nos propone, nos anima por dentro, nos consuela, nos da esperanzas, no despierta ilusiones deslumbrantes ni falsos mesianismos, no nos quita el miedo del futuro ni la tristeza del pasado, no nos aísla del cuerpo eclesial, ni nos hace creer ser los únicos poseedores de la verdad, ni conduce al autoritarismo y rigidez que terminan en escándalos. La Iglesia débil y pecadora, es instrumento de la misericordia porque ella misma necesita misericordia, no la condenemos, cuidémosla como a nuestra madre. En vez de acusar a los demás por sus faltas y limitaciones, hemos de ver nuestras propias faltas, acudir a Dios y pedir ayuda para seguir: lo que nos une a todos es nuestra vulnerabilidad compartida, nuestra mutua dependencia de Dios y de los demás.
Aquí Francisco aborda un tema importante que es cómo actuar en contexto de polarización, social, política o eclesial, una situación que conduce a la parálisis, a la ausencia de diálogo, a la división y al desacuerdo.
Siguiendo a Guardini entiende que contradicciones aparentes pueden resolverse a través del discernimiento. Muchas veces vemos como contradicciones lo que en realidad son solo contraposiciones que, aunque sean contrarias, interactúan en una tensión creativa superior. Ante las contradicciones hay que elegir entre lo correcto y lo incorrecto, en cambio ante las contraposiciones hay que buscar en diálogo una verdad superior que englobe lo positivo de ambas partes. Este resultado que va más allá de los límites de cada parte, hace surgir algo nuevo.
Francisco lo llama desborde y lo reconoce como don de Dios y acción del Espíritu, como aparece en las Escrituras: es el amor de Dios que se desborda para perdonarnos, es el padre que abraza al hijo pródigo, es la pesca sobreabundante después de una noche infructuosa, es Jesús lavando los pies a sus discípulos antes de morir.
Este desborde sucede sobre todo en las encrucijadas de la vida, en momentos de humildad, de fragilidad y apertura, cuando el océano del amor de Dios desborda las puertas de nuestra autosuficiencia y permite una nueva imaginación posible.
La preocupación de Francisco como papa ha sido promover este desborde dentro de la Iglesia, renovando la antigua práctica de la sinodalidad, como un servicio a la humanidad trabada a menudo en desacuerdos paralizantes.
Sinodalidad, viene de “sínodo” que significa caminar juntos, es reconocer y valorar las diferencias en un plano superior donde cada parte pueda mantener lo mejor de sí misma, crear una sinfonía que articule las particularidades de cada uno. La Iglesia desde el comienzo se abrió a la sinodalidad, se abrió a cristianos no judíos sin imponerles las prácticas judías (Hechos 15,28), se enriqueció con las culturas de los pueblos donde se arraigó.
Este enfoque sinodal es muy necesario para nuestro mundo de hoy, poder caminar juntos sin aniquilar a nadie, construir un pueblo no con armas sino con la tensión de caminar juntos, reconciliar las diferencias.
La experiencia de la Iglesia en los tres últimos sínodos (de los jóvenes, de la familia y de la Amazonía) ha mostrado la importancia de la sinodalidad para superar conflictos. Para ello hay que escuchar al pueblo, que tiene la unción del Espíritu Santo y no puede equivocarse cuando cree, hay que aceptar que lo que afecta a todos ha de ser tratado por todos, no confundir la verdadera tradición eclesial con otras normas y prácticas eclesiales. Hay que escuchar al Espíritu, es necesaria una conversión de todos, sin imponer nuestras ideas a los demás, desenmascarar las agendas y las ideologías encubiertas, no caer en batallas políticas como en un parlamento, donde un grupo vence a otro.
Los medios de comunicación se han centrado en los dos últimos sínodos en puntos conflictivos secundarios, pero de gran impacto mediático (la comunión de los divorciados vueltos a casar, la ordenación de hombres casados), sin percibir la problemática general, sin captar los signos de los tiempos. Es necesario aprender de la antiquísima experiencia sinodal de la Iglesia:
• Tener una escucha respetuosa mutua, libre de ideologías, cuyo objetivo no es llegar a un acuerdo diplomático entre posturas encontradas, sino caminar juntos para buscar la voluntad de Dios y recibir la novedad que el Espíritu quiere revelarnos.
• A veces la novedad será resolver las cuestiones polémicas por desborde, un derrame que nos haga cambiar nuestra mirada y rigidez y buscar en lugares nuevos. Dios es un Señor de sorpresas que siempre va delante nuestro.
• Este es un proceso paciente que no nos resulta fácil, pero que quizá en la pandemia aprendimos a manejarlo mejor
El tiempo pertenece al Señor, confiamos en él para descubrirlo mediante el discernimiento y así realizar el sueño de Dios para nosotros.

El misterio de Casaldáliga

Por Victor Codina

La muerte del obispo Pedro Casaldáliga ha impactado mucho. ¿Cómo un joven de un pueblo catalán, que ingresó en los Cordimarianos en tiempos de la España franquista y la Iglesia preconciliar, al ir al Brasil se convirtió en un Santo Padre de la Iglesia de los pobres?
¿De dónde sacó fuerzas para trabajar pastoralmente en Sao Felix de AraguaIa con indígenas, defender a los posseiros contra latifundistas, impulsar organizaciones cívicas y eclesiales en Brasil y América latina, criticar al Norte y decirle a Pedro que deje la curia? ¿Cómo tuvo libertad profética para maldecir las propiedades privadas que esclavizan la tierra y a los seres humanos? ¿Quién le hizo resistir las amenazas de muerte de los poderosos y las críticas de sus hermanos de báculo?

¿Cómo pudo sobrellevar la pobreza, largos viajes y las limitaciones finales del Parkinson? ¿De dónde nació su seguridad de que caminamos hacia la Esperanza con mayúscula? No fue mero planificador pastoral, sociólogo, economista o revolucionario político. ¿Cuál fue la raíz última de su vida?
Sus poesías nos ofrecen la clave, nos abren al Misterio, que es Jesús de Nazaret, versión de Dios en pequeñez humana. Para él, Jesús es su fuerza y su fracaso, su herencia y su pobreza, su muerte y su vida. Es el Jesús de Belén, de los pastores, de las bienaventuranzas, de los pobres y pequeños, asesinado por el Templo y por el Imperio, pero cuyo sepulcro vacío, anuncia la Pascua. Para Pedro, solo hay dos absolutos, Dios y el hambre; donde hay pan, allí está Dios.

A Pedro le impactaba el capítulo 21 del evangelio de Juan: la pesca en el lago Tiberíades luego del fracaso de la noche, mientras en la orilla Alguien le invita a almorzar y pregunta a Pedro si le ama:
“Jesús de Nazaret, hijo y hermano, / viviente en Dios y pan en nuestra mano,/ camino y compañero de jornada,/ Libertador total de nuestra vida/ que vienes junto al mar, con la alborada,/ las brasas y las llagas encendidas”.
Ahora Pedro yace enterrado junto al río Araguaia. Junto a la orilla, hay Alguien que le espera con los brazos abiertos para compartir el pan. El misterio de la vida de Casaldáliga se nos desvela: los pobres le enseñaron a leer el Evangelio. Gracias, Pedro, porque tu vida evangélica, hace más creíble y real nuestra fe.

.Sí se puede: la nota más evangélica de todas: la opción por los pobres
Pedro Casaldáliga, poeta, místico, profeta
Pudiera quedar flotando la idea de que la vacuna patentizada por Jesús de Nazaret, fuera una añoranza de extraterrestres o terrícolas, ajenos a la dureza de la vida cotididiana.
La inmersión en el pozo del virus neoliberal ha calado tanto y tan adentro que se da como innegociable. Nadie parece escapar a la gigantesca tenaza del sistema neoliberal.
Lo cierto es que el planeta tierra está que revienta porque este peligroso virus ha rebasado todos los límites y amenaza con resquebrajar la nave misma del planeta tierra. Surge la conciencia de que el virus-sistema neoliberal puede acabar con la vida de unos y otros, de todos.

Sería un signo de esperanza dar un giro radical a un sistema fallido. Es lo primero y lo menos que debe ocurrir: que suenen la alarma de los profetas: en la Iglesia, en los Estados, en el Comercio mundial, en la Política. No hay esperanza, no hay futuro, ni hay vida si no hay cambio de rumbo, abrazado y compartido por todos.

CASALDALIGA: La grandeza de su testimonio, hace creibles sus palabras
• En la Iglesia – (28 de Febrero de 1986)
Querido hermano Juan Pablo: Sin “conformarse a este mundo”, la Iglesia de Jesús, para ser fiel al evangelio del Reino, debe estar atenta “a los signos de los Tiempos” y de los Lugares y anunciarla Palabra, en un tono cultural o histórico y con un testimonio de vida y de práctica tales, que los hombres y mujeres de cada tiempo y lugar puedan entender esta Palabra y se vean estimulados a aceptarla.

“En lo que se refiere al campo social concretamente, no podemos decir con mucha verdad que ya hemos hecho la opción por los pobres. En un primer lugar, porque no compartimos en nuestras vidas y en nuestras instituciones la pobreza real que ellos experimentan. Y, en segundo lugar, porque no actuamos, frente a la “riqueza de la iniquidad”, con aquella libertad y firmeza adoptadas por el Señor. La opción por los pobres, que no excluirá nunca a la persona de los ricos –ya que la salvación es ofrecida a todos y a todos se debe el ministerio de la Iglesia- sí excluye el modo de vida de los ricos, “insulto a la miseria de los pobres”, y su sistema de acumulación y privilegio, que necesariamente expolia y margina a la inmensa mayoría de la familia humana, a pueblos y continentes enteros”.

“No hice la visita ad limina, incluso después de recibir, como otros, una invitación de la Congregación para los obispos que nos recordaba esta práctica. Yo quería y quiero ayudar a la Sede Apostólica a revisar la forma de esa visita. Oigo críticas de parte de muchos obispos que la hacen, pues aún reconociendo que ella propicia un contacto con los Dicasterios romanos y un encuentro cordial con el Papa, se revela incapaz de producir un verdadero intercambio de colegialidad apostólica de los Pastores de las Iglesias Particulares con el Pastor de la Iglesia universal. Se realiza un gran gasto, es establecen contactos, se cumple una tradición. ¿Se cumple sin embargo la Tradición de “videre Petrum” y de ayudarle a Pedro a ver toda la Iglesia? ¿No tendría hoy la Iglesia otros modos más eficaces de intercambiar, de establecer contactos, de evaluar, de expresar la comunión de los Pastores y de sus Iglesias con la Iglesia Universal y más concretamente con el obispo de Roma?”

“El Papa tiene necesidad de un cuerpo de auxiliares, como también lo necesitan todos los obispos de la Iglesia, aunque debiera ser siempre más sencillo y participativo. Sin embargo, hermano Juan Pablo, para muchos de nosotros, ciertas estructuras de la Curia no responden al testimonio de simplicidad evangélica y de comunión fraterna que el Señor y el mundo reclaman de nosotros; ni traducen en sus actitudes, a veces centralizadoras e impositivas, una catolicidad verdaderamente universal, ni respetan siempre las exigencias de una corresponsabilidad adulta; ni siquiera, a veces, los derechos básicos de la persona humana o de los diferentes pueblos. Ni faltan, con frecuencia, en sectores de la Curia romana, prejuicios, atención unilateral a las informaciones, o incluso posturas, más o menos inconscientes, de etnocentrismo cultural europeo frente a América Latina, a Africa y a Asia”.

  • En las relaciones internacionales: Primer Mundo / Tercer Mundo (Agosto 1990)
    “Siempre digo cambiando lo de Ortega y Gasset, que yo soy yo y mis causas, y mis causas valen más que mi vida”. Causas mías, y no sólo mías, son: la tierra, el agua, la ecología, las naciones indígenas, el pueblo negro, la solidaridad, la verdadera integración continental, la erradicación de toda marginación, de todo imperialismo, de todo colonialismo, el diálogo interreligioso e intercultural, la superación de ese estado de esquizofrenia humano, que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo ( y un cuarto mundo también), cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hijos del Dios de la vida”.

“Lo que pretendemos asumiendo estas causas es humanizar la humanidad practicando la projimidad… La ciencia, la técnica, el progreso solamente son dignos de nuestros pensamientos y de nuestras manos , si nos humanizan más. Y esto nos compromete a transformar el mundo juntos… Como ahora nos encontramos todos con todos, debemos optar por chocar unos contra otros, en la intolerancia y la agresión, o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad. Hago mías las palabras de Baltasar Porcel: Las naciones son contenido, no fronteras. Es hora, pues, de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor y de practicar la religión como justicia, servicio y compañía. Un Dios que separa la humanidad es un ídolo mortífero”.

“No podíamos celebrar la eucaristía a la sombra de los señores”. “Los pobres son la niña de mis ojos. A mí siempre se me ha quebrado el corazón ver la pobreza de cerca. Me he llevado bien con la gente excluida. Soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Por otra parte, nunca me he olvidado de que nací en una familia pobre. Me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo vivir con tres camisas, por qué voy a necesitar diez en el armario. Los pobres de mi Prelatura viven con dos, de quita y pon.

“Si alguna razón hubiera de mencionar como base de esta mi lucha, esa es mi pasión por la utopía. Una pasión escandalosamente inactual en esta hora de pragmatismos, de productividad, de mercantilismo total, de postmodernidad desesperanzada. Pero, en otros términos, es la pasión de la Esperanza; es, en términos cristianos, la pasión por el Reino, que es pasión de Dios y dee su Cristo. Una pasión que, en primera y última instancia, coincide con la mejor pasión de la Humanidad misma, cuando quiere ser plenamente humana, auténticamente viva y definitivamente feliz… No pido la globalización neoliberal homicida, suicida; sino la mundialización de la solidaridad para la construcción (progresiva ciertamente y hasta dialéctica) de esa igualdad en la dignidad , en los derechos y en las responsabilidades de las personas y de sus pueblos, , que harán de la Humanidad una, aunque plural en sus alteridades”.

Convéncete, me decía Casáldaliga en una entrevista: “Sólo en la medida  en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo. Para mí, esto es dogma de fe. Si el Primer Mundo no se suicida como Primer Mundo, no puede existir “humanamente” el Tercer Mundo. Mientras haya un Primer Mundo habrá privilegio, exclusión, dominación, lujo y marginación. Si vosotros en el Primer Mundo no resolvéis ser un mundo humano, nosotros no podremos serlo. Porque hay un solo mundo.La liberación supone la conciencia y la posesión de la propia identidad.”

“Estoy convencido de que no se puede ser revolucionario ni profeta, ni libre sin ser pobre. Siendo pobre me siento libre de todo y para todo. Mi lema fue: ser libre para ser pobre. Si sientes la pobreza como una cuestión de justicia y decencia humana, necesariamente sentirás compasión, mostrarás amor y te rebelarás con indignación.
“Quien cree en Dios, debe creer en la dignidad del hombre. Quien ama al Padre, debe servir a los hermanos. El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la justicia con la boca callada. Jesús dice en el Evangelio que El nos juzgará el último día por lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más pobres y pequeños”.

  • Su profecía
    Hablar de Pedro como profeta es un buen camino para comprender su personalidad cristiana.
    La sociedad que se queda sin profetas, se queda a ciegas. Lo que pasa es que los profetas no abundan, seguramente porque los profetas ofrecen una visión de la realidad que los demás no tenemos o no queremos tener.

El profeta es un vidente realista, que percibe la realidad de Dios mayormente a través de los hechos de la vida, de las personas que nos rodean, de los acontecimientos que nos acompañan. Es una persona libre y valiente: no se casa con nadie y canta la verdad allí donde haga falta y ante quien sea. Y por esta razón entra en conflicto con toda clase de poder: monarquías, regímenes políticos, castas sacerdotales, multinacionales, etc. Y el profeta actúa con la palabra hablada y escrita y con acciones simbólicas.
“Dios es la razón mayor o mejor, la pasión de mi vida, es una realidad ineludible, una presencia cierta, aunque libre y soberana. Una presencia nunca desvelada, remitida cada vez más al futuro total de la esperanza mayor, pero siempre operante y repentinamente aparecida e invocada”

“Preguntarme si haría lo que hago si Dios no existiera, es como preguntarme qué haría yo si yo no existiera o si yo no fuera persona y cristiano. Sé que otros sin Dios a las claras, hacen más y lo dan todo, y se dan. Yo creo siempre que Dios está con ellos”.
“He tenido do un explícito encuentro con Dios, en Jesucristo, dentro de la comunidad de fe, que es su Iglesia. Y ese es un misterio que me abruma, y que me obliga a creer que Dios es mayor que nuestro corazón y nuestros dogmas y nuestra comunidad”.
Fue esta su fe la que le llevó a cantar cuando la muerte del Che Guevara:

Descansa en paz.
Y aguarda ya seguro
con el pecho curado
del asma del cansancio;
limpio de odio el mirar agonizante;
sin más armas, amigo,
que la espada desnuda de tu muerte.

Ni los “buenos” -de un lado-
ni los “malos” –del otro-
entenderán mi canto.
Dirán que soy poeta simplemente.
Pensarán que la moda me ha podido.
Recordarán que soy un cura “nuevo”.

¡Me importa todo igual!
Somos amigos
y hablo contigo ahora
a través de la muerte que nos une;
alargándote un ramo de esperanza,
¡todo un bosque florido
de iberoamericanos jacarandás perennes,
querido Che Guevara!

  • Libertad, pobreza y profecía, las insignias de Pedro Casaldáliga.

. Primero, atender al hombre
Cuenta Pedro que, navegando una vez por el río de las Mortes, tuvo que atender un hombre moribundo. La comunidad le pidió que celebrara una misa. No había pan ni vino. No traía nada para decir misa:
“Yo venía más preocupado por atender al hombre. Allí había una pequeña taberna. Cogí unas galletas y un poco de pinga y celebré la misa. Me pareció que era una buena misa. El pueblo me pedía misa y yo era sacerdote, la Pascua de Cristo bien se puede celebrar con vino de las viñas de Italia o de las de España , pero si no había vino, ¿por qué no se podía celebrar con alcohol de caña de azucar”.

. La excomunión de Haciendas
Otra vez, cuenta que llegó a un acto extremo:
“He maldecido una estructura de acumulación, de capitalización, de exclusión y de dominación. He llegado incluso al extremo de excomulgar dos haciendas. La Piraguacu y la Frenova., porque tenían pistoleros que mataban a los peones, les cortaban las y las llevaban a la hacienda para demostrar su muerte. Una vez enterré a uno de esos peones asesinados, cogí un puñado de tierra de su sepulcro, lo puse sobre el altar y excomulgué estas haciendas. Pero fue un acto contra las haciendas, no contra las personas”.

. El Evangelio a favor de los pobres, en contra de los ricos
Donde Pedro no da lugar a componendas es en el tema de ricos y pobres:
“Nosotros hemos dicho muchas veces que aquí o estás en un bando o en un bando o en el otro. Yo digo siempre que el Evangelio es para los ricos y para los pobres. Es para todos pero está a favor de los pobres y también está a favor de los ricos, pero contra su riqueza, contra sus privilegios, contra la posibilidad que tiene de explotar, dominara y excluir. Yo puedo relacionarme con los ricos, siempre que les diga las verdades y no me deje llevar… No es que no pueda ir un día a merendar a casa de un rico, pero si voy cada semanas y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ye me he vendido y he negado mi opción por los pobres”.

. A favor de la propiedad privada, no privadora
“Una vez tuve la ocasión de intervenir en un proceso público que se hace en la Asamblea Nacional, donde se trataba de una problemática de la tierra. Y, entonces, algunos de los senadores y diputados más conservadores, incluso varios de ellos muy católicos y practicantes, me dijeron: monseñor, usted está en contra de la propiedad privada. Les dije: no, si usted tiene una camisa y todo el mundo puede tener una camisa, estoy a favor de la propiedad privada de cada camisa . Ahora, si usted tiene 50 camisas y las demás personas no tiene ninguna camisa, entonces la propiedad privada es privadora”.

.Consumismo:
“ En estos tiempos de tanto consumismo , creo que la Iglesia de Jesús , y sobre todo los que somos o deberíamos ser más responsables dentro de la Iglesia, tenemos que ofrecer un testimonio de anticonsumismo. El proyecto del mercado , al fin y al cabo, es el consumismo… Lo que me hace no es lo que tengo, sino lo que soy, lo que amo, las razones de mi vida… Es lo que doy lo que me hace, no lo que tengo. Pero sin tengo mucho y doy poco, tengo menos porque soy menos”.

  • . La teología de la liberación
    Una vez le hice esta pregunta:¿Qué queda de la teología de la liberación? Sagradamente indignado me contestó:
    “Estoy harto de oír la pregunta. Me la han preguntado por activa y pasiva, compañeros, obispos, periodistas…. Que no me sigan nombrando, por vergüenza al menos, las barbaridades -verdaderas calumnias- que colgaron de la teología de la liberación y sus teólogos. Nosotros: teólogos de la liberación, obispos que los acompañamos e Iglesias que se benefician de sus doctrinas, no hemos optado por Marx sino por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo , por su Reino y sus pobres.

Nuestro Dios quiere la liberación de toda esclavitud, de todo pecado y de la muerte. Analizar la trágica situación de los dos tercios de la humanidad, señalarla como contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticos para transformar esa situación son pasos obligados de la teología de la liberación. A los enemigos del pueblo es a los que no gusta la teología de la liberación. ¡Celebrarían tanto que los cristianos pensasen sólo en el Cielo…despreciando la Tierra. Cuando nosotros queremos ganar el Cielo, conquistando la Tierra. Hijos libres de Dios Padre y hermanos verdaderos “.

No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar anda.
Solamente el Evangelio, como una faca afilada,
y el llanto y la risa en la mirada,
y la mano extendida y apretada,
y la vida, a caballo, dada.
Y este sol, y estos ríos, y esta tierra comprada,
para testigos de la revolución ya estallada.
¡Y mais nada!

Su radicalidad le llevó a decir:
“El teólogo Karl Rhaner escribía : En el siglo XXI un cristiano, o será místico o no será cristiano. Que conste que yo considero a Rhaner como el mayor teólogo del siglo XX. Sin embargo, creo, con la más estremecida convicción evangélica, que hoy, ya en el siglo XXI, un cristiano o cristiana, o es pobre y/o aliado o aliada visceralmente de los pobres, o no es cristiano, no es cristiana. Ninguna de las famosas notas de la Iglesia se mantiene en pie si se olvida esta nota fundamental, la más evangélica de todas: la opción por los pobres”.

 Pedro Casaldáliga en la vanguardia de la justicia y la caridad                                                              -Federico Mayor Zaragoza
“Para conseguir estas transformaciones audaces de la Sociedad y de la Iglesia, es imprescindible poseer la apertura a los cambios del mundo , su compromiso con la justicia y con las más marginados, su sensibilidad genética para dialogar. La vida vale en la medida en que se entrega a los demás…En otros momentos, las ofrendas a la Divinidad, pudieron ser edificios, monumentos, oro, perlas, riquísimos encajes y bordados; hoy serían acercarse a la palabra de Jesús y situarse como Pedro Casaldáliga en la vanguardia de la justicia y la caridad: “ Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia, vestida solamente de evangelio y sandalias.”

-Leonardo Boff
“Cuando los tiempos actuales perturbados hubieren pasado, cuando las desconfianzas y mezquindades hubieren sido engullidos por lo vorágine del tiempo, cuando miremos para atrás y consideremos los últimos decenios del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, identificaremos una estrella en el cielo de nuestra fe, rutilante, después de haber parado nubes, soportando oscuridades y venciendo tempestades: es la figura simple, pobre, humilde, espiritual y santa de un obispo que, extranjero, se hace compatriota, distante se hace prójimo y prójimo se hace hermano de todos, hermano universal: Don Pedro Casaldáliga

 

Una buena noticia

[Por: Víctor Codina, SJ]

Recibimos cada día tantas malas noticias, sobre todo a raíz del Covid 19, que las buenas noticias nos resbalan, más aún si son acerca de la Iglesia.

La actual pandemia ha eclipsado acontecimientos anteriores, como el Sínodo de la Amazonía celebrado en Roma en octubre del 2019. Ahora solo se habla de la Amazonía dentro del capítulo de las víctimas del coronavirus, con fotos como la de un niño yanomami que juega con una mascarilla…

La buena noticia es que se ha constituido la Conferencia Eclesial de la Amazonía. Hay que explicarlo un poco para comprender su novedad y su importancia.

El Sínodo de la Amazonía cuyo lema fueAmazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral quiso promover una Iglesia con rostro amazónico, una Iglesia que pudiera responder a las necesidades e inquietudes de los pueblos amazónicos, buscar la mejor manera de defender su vida amenazada y de anunciar el evangelio de salvación de forma inculturada, en diálogo con su cultura, espiritualidad e identidad histórica, una identidad que va más allá de las diferentes fronteras políticas y geográficas de los pueblos.

En el Documento final del Sínodo se pide una Iglesia samaritana, profética, misionera, defensora de la vida en todas sus dimensiones, que busque nuevos caminos de evangelización y de inserción pastoral (DF 107-114).

Una de las propuestas aprobadas del Documento final fue la constitución de un Organismo Episcopal para la Región Amazónica (DF 115) que pueda discernir y llevar a término las decisiones sinodales.

El 29 de junio del 2020, el Papa ha constituido oficialmente no un Organismo Episcopal, ni una Conferencia Episcopal Amazónica, sino la Conferencia Eclesial de la Amazonía. Es el primer fruto eclesial  del Sínodo.

Esta Conferencia Eclesial de la Amazonía es consecuencia de un largo proceso de acercamiento, de escucha del clamor de los pueblos y de la tierra, de la sangre de muchos mártires y del testimonio de misioneros, de mujeres y de laicos.

La novedad es que no se trata de una Conferencia Episcopal, sino de una Conferencia Eclesial Amazónica, en colaboración con el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), pero con autonomía propia.

Bajo la presidencia del Cardenal Claudio Hummes forman parte de esta Conferencia Eclesial no solo obispos representantes de las 7 Conferencias episcopales de países amazónicos, representantes de la REPAM (Red Eclesial Amazónica) y de Caritas, sino también miembros laicos de la Iglesia de la Amazonía: Liliana Franco presidenta de la CLAR  (Conferencia latinoamericana de religiosas y religiosos) en representación de la vida consagrada y lo que es más significativo, tres miebros de los pueblos originarios amazónicos: Patricia Gualinga, la Hermana Laura Vicuña y Delio Siticonantzi. La voz de la periferia llega al centro, como ya aconteció en el Sínodo. Seguir leyendo

La Ruaj de Dios sobre el caos

Víctor Codina,sj.: «El Espíritu nos impulsa a edificar un mundo diferente, que invierta en educación, salud y vacunas, no en armas, que no cierre fronteras ni puertos a los inmigrantes»

La definición de la RAE relativa al ‘caos’ nos remite al Génesis: «La tierra era caos y confusión (tohu waboho) y oscuridad por encima del abismo y un viento (en hebreo, femenino, la ruah) de Dios aleteaba por encima las aguas» (Génesis 1, 2)

La tradición eclesial ha interpretado este viento de Dios como una referencia al Espíritu Santo que con su aliento fecunda y da vida a toda la creación

Los cristianos creemos que este Espíritu que actúa especialmente en momentos de confusión y desde el clamor del abismo, es el que está también presente en la actual situación de caos mundial

Pero sería un error pensar que todo va a cambiar milagrosamente por la sola presencia del Espíritu. Hemos de ayudar al Espíritu que siempre actúa a través nuestro, somos nosotros quienes con su fuerza interior, nos hemos de convertir y cambiar nuestro estilo de vida

22.06.2020 | Víctor Codina,sj.

Si buscáramos una palabra que resumiera todo lo que estamos viviendo en estos meses de pandemia, algo imprevisto que de repente ha sacudido de raíz la vida, la salud, la economía, el trabajo, las instituciones y las costumbres de toda la humanidad y nos ha hecho sentir vulnerables, sin que tengamos todavía una solución definitiva ni un futuro claro, tal vez la palabra más adecuada sería “caos”.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el caos de una forma un tanto sorprendente:“Estado de confusión en que se hallaban las cosas al momento de la creación, antes que Dios las colocase en el orden que después tuvieron. Confusión, desorden”.

Evidentemente esta definición de caos alude al comienzo del libro del Génesis: “La tierra era caos y confusión (tohu waboho) y oscuridad por encima del abismo y un viento (en hebreo, femenino, la ruah) de Dios aleteaba por encima las aguas” (Génesis 1, 2).

La tradición eclesial ha interpretado este viento de Dios como una referencia al Espíritu Santo que con su aliento fecunda y da vida a toda la creación. En este sentido, el Espíritu, creador y dador de vida, es lo más opuesto al caos.

Es característica de este Espíritu bíblico el hacerse presente precisamente en momentos de caos, de dolor y adversidad, en los momentos oscuros y trágicos de la historia personal y social, cuando sube al cielo, desde el abismo, el clamor de los afligidos. Seguir leyendo

«No volver a edificar la Iglesia de antes»

Víctor Codina: «Cuando acabe la pandemia, no volvamos a restaurar la Iglesia sacramentalista del pasado»

Iglesia doméstica

«Se ha promovido una Iglesia doméstica, en la que los laicos son protagonistas»

«Quizás muchos crean que este cierre de las iglesias ha sido solo un paréntesis pastoral»

«Iglesia evangelizadora es la que hace lo que hizo Jesús: anunciar la buena nueva del Reino de Dios, predicar, curar enfermos, comer con pecadores, dar de comer a hambrientos, liberar»

«No volvamos a edificar la iglesia de antes»

07.05.2020 | Víctor Codina sj

Unas de las consecuencias de la pandemia ha sido el cierre de todos los lugares de culto, de todas las iglesias y templos. También las bendiciones Urbi et Orbi de Francisco fueron ante una Plaza y una basílica de San Pedro vacías. Muchos auguraban una cuaresma y una Semana Santa muy pobre, sin celebraciones litúrgicas, sin Viacrucis, ni pasos de procesiones.

Y sin embargo, ha sido una Semana Santa sumamente profunda y rica, no solo por participar mediáticamente de las ceremonias, sino por algo más hondo: vivir de cerca la pasión del Señor en la pasión y el sufrimiento de los enfermos, lectura del evangelio y oración en familia, experimentar la ayuda a gente mayor solitaria y la colaboración a vecinos, aplausos a médicos, sanitarios, transportistas, trabajadores de farmacias y supermercados, a voluntarios que reparten comidas, etc.

Los protagonistas de esta Semana Santa no han sido los curas, ni siquiera sus transmisiones mediáticas, sino las familias, laicos y laicas, los y las jóvenes. Se ha promovido una Iglesia doméstica, en la que los laicos son protagonistas, donde han sido siempre los papás, no el párroco, quienes han enseñado a rezar a sus niños antes de ir a dormir. Donde hay dos o tres reunidos en nombre del Señor, Él está en medio de ellos.

Quizás muchos crean que este cierre de las iglesias ha sido solo un paréntesis pastoral y que pronto se volverá a la situación de antes. Otros, como el sociólogo y teólogo Tomás Halik, de Praga, afirman claramente que este es un tiempo favorable y de gracia, un kairós, un signo de los tiempos, Dios nos quiere revelar algo. Seguir leyendo