Lo que supone un cambio de época

Armando Matteo: “Tenemos que poner a dieta los procesos pastorales”

Subsecretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

El subsecretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe analiza en Vida Nueva lo que supone el cambio de época. Es autor de ‘Convertir a Peter Pan’, uno de los libros que el Papa regaló a los miembros de la Curia romana

En abril del año pasado, el papa Francisco nombró a Armando Matteo, hasta entonces profesor de Teología Fundamental en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, como nuevo subsecretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Autor de varios ensayos teológicos muy divulgativos, el Pontífice eligió una de sus obras, Convertir a Peter Pan, entre los libros que regaló a los miembros de la Curia romana la pasada Navidad. El gesto le pilló por sorpresa a Matteo, que aboga por profundizar en la conversión pastoral propuesta por el Pontífice.


PREGUNTA.- ¿Por qué cree que el Papa le eligió?

RESPUESTA.- Mantuvimos un encuentro a finales de marzo, alguna semana antes del nombramiento, y me pidió que le echara una mano viniendo a trabajar a Doctrina de la Fe. Me dijo que le habían llamado la atención algunos de mis textos, en los que analizaba cómo su magisterio ofrece un diagnóstico del momento que vive la humanidad. A mí me parece que hay varias categorías que el Papa ofrece y que son formidables, partiendo de la del cambio de época.

Nos encontramos ante una presencia humana distinta respecto a las generaciones precedentes. Francisco también nos dice que debe terminarse la pastoral basada en el modelo de humanidad anterior, marcado por una vida relativamente breve, la enfermedad, el sufrimiento y el poco gozo. Hay que acoger ese cambio sin desesperación. Y luego está la idea de la conversión pastoral: ¿por qué y para qué estamos aquí como Iglesia? Si de verdad queremos que la gente se encuentre con Jesús, hay muchos procesos pastorales heredados que ya no hacen falta: tenemos que ponernos a dieta.

P.- ¿Sabía que el Papa, en su discurso navideño, iba a regalar a los miembros de la Curia romana ‘Convertir a Peter Pan’?

R.- Fue una de sus sorpresas. El texto analiza el discurso de Francisco a la Curia en la Navidad de 2020 y relaciona sus tesis con estudios psicológicos y sociológicos de los que viene esa idea de Peter Pan. Como la calidad de vida ha mejorado tanto y tan rápido, se ha producido una suerte de encantamiento de los adultos. En muchos países vivimos ahora en la tierra de la abundancia, por lo que no queremos dejar de gozar y tener experiencias.

La economía se aprovecha de ello, y de ahí viene la idea de que el humano pleno siempre es el joven. Por eso debemos hacer de todo para no envejecer. El Papa pone en evidencia que debemos plantearnos qué tipo de Iglesia proponemos a ese hombre del bienestar. No podemos usar los mismos instrumentos de hace 50 años, porque ahora somos casi una especie distinta. La Iglesia ofrece a menudo respuestas a preguntas de generaciones precedentes, pero no a las de hoy.

Página en blanco

P.- ¿Y qué puede hacer Doctrina de la Fe para ayudar a que el cristianismo sepa responder a ese cambio de época?

R.- Esa es la página en blanco a la que nos enfrentamos. La Congregación tiene un doble papel: promover y defender la fe. Como el resto de la Curia romana, es un instrumento de servicio, tanto para el Santo Padre como para las Iglesias locales. Debe ser siempre un estímulo para la evangelización, para que nuestras comunidades sean lugares donde las personas puedan encontrarse con Jesús. Para eso sirve la Iglesia; si no, no sirve para nada.

En esta sociedad en la que vivimos y en la que el capitalismo nos explota para tener cada vez más dinero, lo que exacerba un individualismo malsano, el Papa nos propone la figura del samaritano, que nos salva porque somos humanos, aun a riesgo de perder eficiencia, tiempo y dinero. Es importante recordar que no solo gozamos al obtener eso a lo que aspiramos, sino también cuando ayudamos a los demás y participamos de su alegría. La Iglesia puede relanzar hoy este descubrimiento.

P.- ¿Y cómo debería ser la relación con los no creyentes, alejados, agnósticos e indiferentes?

R.- Con el cambio de época también ha cambiado el ateísmo. El de quien niega de manera consciente y directa el Evangelio permanece, pero se limita a una pequeña cuota de intelectuales y de algunas personas que tal vez hayan sufrido algún trauma personal. Lo que impera es la indiferencia, el alejamiento, pero sin estar ligado a ninguna cuestión teólogica ponderada.

Como dice el cardenal Ravasi, estamos ante el apateísmo, la suma de la apatía y el ateísmo. La prolongación de la esperanza de vida y la ola de bienestar ha hecho que nos olvidemos de la experiencia de fe, de la oración y de la trascendencia. El mundo antes no ofrecía tantas oportunidades y resultaba más fácil pensar en la trascendencia.

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