El caos de la pandemia esconde un nuevo orden en la Tierra

Nuestra misión es garantizar la vida, la Madre Tierra y a nosotros mismos, crear la Casa Común dentro de la cual todos podamos vivir en justicia, paz y alegría.

Por Leonardo Boff

Raramente en la ya larga historia de la vida ha ocurrido una situación de caos planetario como en los días actuales. Estábamos acostumbrados a regularidades y a órdenes sistémicas aunque en los últimos decenios hemos experimentado también con creciente frecuencia irregularidades como tsunamis, huracanes, terremotos y eventos extremos de calor y de frío. Tales fenómenos han llevado a los científicos a pensar e intentar comprender cómo dentro del orden dado podían ocurrir situaciones caóticas.

De ahí surgió toda una ciencia, la del caos, tan importante como las otras, hasta el punto de que algunos han llegado a decir que el siglo XX será recordado por la teoría de la relatividad de Einstein, por la mecánica cuántica de Heisenberg/Bohr y por la teoría del caos de Lorenz/Prigogine.

La esencia de la teoría del caos reside en que un cambio muy pequeño en las condiciones iniciales de una situación lleva a efectos imprevisibles. Se pone de ejemplo el “efecto mariposa”. Pequeñas modificaciones iniciales, aleatorias, como el aleteo de las alas de una mariposa en Brasil pueden provocar modificaciones atmosféricas hasta culminar en una tempestad en Nueva York. El presupuesto teórico es que todas las cosas están interligadas y van asumiendo elementos nuevos, creando complejidades en el curso de su existencia (en este caso, calor, humedad, vientos, energías terrestres y cósmicas) de forma que la situación final es totalmente diferente de la inicial.

El caos está en todas partes, en el universo, en la sociedad y en cada persona. Es decir, los órdenes no son lineales y estáticos. Son dinámicos, buscando siempre un equilibrio que los mantiene actuantes. 

El universo se originó de un tremendo caos inicial (big bang). La evolución se hizo y se hace a lo largo de muchos milenios para poner orden en este caos. 

Mas aquí surge una novedad: el caos nunca es sólo caótico, él guarda dentro de sí, en gestación, un nuevo orden. Lógicamente él tiene su momento destructivo, caótico, sin el cual el orden nuevo no podría irrumpir. El caos es generativo de este nuevo orden.

Quien analizó con detalle este fenómeno fue el gran científico ruso/belga Ilya Prigogine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977. Estudió particularmente las condiciones que permiten la aparición de la vida. Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto y siempre que haya una situación de caos (por tanto fuera del orden y lejos del equilibrio) y exista una no-linealidad, la conectividad entre las partes genera un nuevo orden, que sería la vida (cf. Order out of Chaos,1984).

Ese proceso conoce bifurcaciones y fluctuaciones. Por eso el orden nunca es dado a priori. Depende de varios factores que llevan en una u otra dirección, de aquí la inmensa biodiversidad.

Hacemos toda esta reflexión sumarísima para que nos ayude a entender mejor el actual caos pandémico. Vivimos innegablemente en una situación de caos completo, caos destructivo de millones de vidas humanas. Nadie puede decir cuándo terminará ni hacia dónde vamos. Él conoce múltiples variantes, es su triunfo sobre nuestras células. Es innegablemente caótico y está aterrorizando a toda la humanidad.

Nos plantea cuestiones fundamentales: ¿qué hemos hecho con la naturaleza para que ella nos castigue con un virus tan letal? ¿Dónde nos equivocamos? ¿Qué cambios debemos hacer en relación a la naturaleza para impedir que ella nos envíe una verdadera gama de otros virus?

Sabemos que hay oculto dentro de él un orden más alto y mejor. Lo peor que podría sucedernos es la continuidad o volver al pasado que originó el caos. Tenemos que usar nuestra fantasía creadora y sobre todo forjar, a través de una práctica histórica, un orden más amigo de la vida, tierno, fraterno y justo. 

Sería el caos generativo. Tenemos que entender el contexto de donde vino el coronavirus. Él es una expresión del antropoceno, es decir, de la sistemática agresión del ser humano a la naturaleza y a Gaia, la Madre Tierra. Es la consecuencia de haber tratado a la Tierra como una mera reserva inerte de recursos a nuestra disposición y no como un superorganismo vivo que merece cuidado y respeto.

A partir de la revolución industrial la hemos explotado tanto que ella no consigue ya regenerarse y ofrecernos todos los bienes y servicios vitales. Tenemos que inaugurar una relación de sinergia y sostenibilidad para con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella, responsables de su perpetuidad, y no sus dueños y señores. Si no realizamos esta conversión ecológica podremos conocer catástrofes inimaginables.

En el caso brasilero, lo primero que tenemos que hacer es preservar la inmensa riqueza ecológica que heredamos de la naturaleza, en términos de selvas húmedas, abundancia de agua, suelos fértiles y de una inmensa biodiversidad.

Después tenemos que superar la marginalización, el odio cobarde que tributamos a los pobres. El desprecio y las humillaciones hechas cruelmente contra las personas esclavizadas ha pasado a estos empobrecidos. Tal inhumanidad ha dejado marcas profundas en la población. 

No en último lugar tenemos que liquidar el perverso legado de la Casa Grande traducido por el rentismo y por unos cuantos millonarios que controlan gran parte de nuestras finanzas. Hacen fortunas con la pandemia, sin empatía con los familiares que han perdido a más de medio millón de seres queridos. Ellos son el sustentáculo del actual gobierno necrófilo, cuyo presidente se ha hecho aliado del virus. 

Estos puntos son el mayor obstáculo para la superación del caos instalado en Brasil.

Tenemos que formar un frente amplio de fuerzas progresistas y enemigas de la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, oculto en el caos actual, pero que quiere nacer. Tenemos que consumar ese parto aunque sea doloroso. De lo contrario, continuaremos rehenes y víctimas de aquellos que siempre pensaron corporativamente sólo en sí mismos, de espaldas al pueblo, que devastaron la naturaleza con su agronegocio y refuerzan la irrupción del coronavirus entre nosotros.

Debemos inspirarnos en el universo, nacido del caos primordial, pero que, al evolucionar, fue creando órdenes nuevos y más complejos cada vez hasta generar la especie humana. Nuestra misión es garantizar la vida, la Madre Tierra y a nosotros mismos, crear la Casa Común dentro de la cual todos podamos vivir en justicia, paz y alegría. Este modelo deberá salir de las entrañas del actual caos y establecer las bases de un nuevo comienzo para la humanidad.

Convivencia y armonía con la creación

Monseñor Duffé, en su despedida: “Convivencia y armonía con la Creación, brújula y reto para el mundo actual”

En un contexto mundial frenético e inquieto debemos recuperar nuestro “sentido del ritmo y del límite”

Tiempos modernos que define como marcados por el “gran reto de la convivencia, el reconocimiento y la aceptación mutua” 

La salud, la ecología y las cuestiones sociales están profundamente vinculadas y conducen a lo que Francisco pidió, a saber, un “redescubrimiento de la creación”

“Somos una Iglesia -dice- en medio de un mundo ansioso, a veces incluso angustiado. Somos una Iglesia llamada a ofrecer presencia, atención, misericordia y cuidado a las personas. Y este es el sentido de esta reforma”

Por| Hélène Destombes y Gabriella Ceraso

(Vatican News).- Al final de su mandato, el secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, monseñor Bruno-Marie Duffé repasa los puntos más destacados de sus cuatro años de trabajo y lanza una invitación a desarrollar nuevas formas de relación para dar espacio a la esperanza: en un contexto mundial frenético e inquieto debemos recuperar nuestro “sentido del ritmo y del límite”.

A partir de julio, monseñor Bruno-Marie Duffé, sacerdote de la diócesis de Lyon, termina su mandato como secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, dirigido por el cardenal Peter Turkson. Un encargo que comenzó en junio de 2017 con el nombramiento papal y marcado por etapas importantes como el viaje como enviado a Brasil en 2019 a Brumadinho, tras el derrumbe en la mina de hierro que causó la muerte de más de 270 personas.Proximidad y reciprocidad: palabras clave en el repaso de estos años de Monseñor Duffé, en la entrevista que concedió a la redacción francesa de Vatican News, deteniéndose en unos tiempos modernos que define como marcados por el “gran reto de la convivencia, el reconocimiento y la aceptación mutua” que nos sitúa en el filo, a caballo entre “la violencia y la ruptura” o “el diálogo y el estímulo mutuo”.

Convivencia y acogida: los grandes retos de los tiempos modernos

Una gran parte de su trabajo en los últimos años se ha centrado en el problema “sanitario”, esencialmente a causa de la pandemia y la consiguiente decisión del Papa de crear una Comisión COVID-19. Monseñor Duffé señala que esta experiencia ha mostrado cada vez más claramente cómo la salud, la ecología y las cuestiones sociales están profundamente vinculadas y conducen a lo que Francisco pidió, a saber, un “redescubrimiento de la creación”. Y todos los actores, todos los ámbitos, todas las religiones, son importantes en este sentido: todos pueden contribuir a “construir, reconstruir y desplegar un nuevo modo de relaciones entre nosotros y un nuevo modo de diálogo entre todos” en armonía con la Creación.

Pero, ¿cómo aplicarlo y por dónde empezar? Mons. Duffé, citando también su experiencia en América Latina, subraya el concepto de “memoria”, de “revisar nuestra memoria”. En nuestra memoria colectiva y personal, dice, “tenemos un cierto número de elementos que pueden ayudarnos a pensar en este nuevo modelo. No se trata de volver al pasado”, explica, “sino de revisar los valores y las referencias que tenemos”, empezando por recuperar el sentido del “límite” y del “ritmo” en una época que Monseñor Duffé considera frenética”. Uno de los retos actuales es precisamente este: “La memoria, la esperanza, la solidaridad concreta”, dice, “son como una brújula que podríamos ofrecer a todos”.La reforma del Vaticano: no sólo las normas sino la identidad de la Iglesia

Por último, una reflexión sobre la reforma iniciada por el Papa, que, lejos de ser puramente estructural o administrativa o incluso normativa, debe entenderse en términos de “dinámica de la misión y de la presencia de la Iglesia en el mundo contemporáneo”. La imagen que adopta el prelado es la del Pontífice abriendo “caminos y perspectivas” para que todos los bautizados puedan ser actores de la misión. “Somos una Iglesia -dice- en medio de un mundo ansioso, a veces incluso angustiado. Somos una Iglesia llamada a ofrecer presencia, atención, misericordia y cuidado a las personas. Y este es el sentido de esta reforma”

El tiempo de la Creación

“Nóstos”; el camino de regreso al hogar 

Comienza el Tiempo de la Creación, de nuevo la Iglesia se suma a esta celebración que se prolonga durante un mes. Para oír el lamento de los más pobres y el planeta, una oportunidad que no podemos desperdiciar. 

01.09.2021 | Antonio A Garrido Salcedo 

La Odisea de Homero, marca junto con la Ilíada el punto de origen de la literatura occidental. Un trayecto por el mar Mediterráneo donde Ulises, el héroe de Troya, se sobrepone durante diez años a diferentes retos para poder llegar a Ítaca, su hogar. 

Este anhelo del ser humano, se ha repetido una  y otra vez a lo largo de la historia; la búsqueda interior de cada individuo de reencontrarse a sí mismo y tener un lugar donde establecerse,  un hogar, el concepto griego del “nóstos”. Tenemos múltiples ejemplos de todo tipo: la tierra prometida del pueblo de Israel con su peregrinación a través del desierto, la fortaleza del Wahalla refugio de los dioses nórdicos o Dorothy buscando Kansas tras visitar el mágico mundo de OZ. 

Todos emprenden este tortuoso camino hacia su hogar, la idea del “Oikos” griego, que engloba tanto el lugar que uno habita, como su familia. Término del que además derivan múltiples conceptos como: ecuménico, economía o ecología. 

¿Una casa para todos? Renovando el oikos de Dios” es el lema escogido para la celebración del Tiempo de la Creación, ante nosotros se abre un nuevo periodo de escucha y reflexión. Una oportunidad para observar y entender las múltiples interrelaciones que existen en el mundo de hoy, donde el hombre se erige como custodio y protector, con todo lo que ello conlleva. Sin olvidar nunca que tiene su origen en el amor de un Dios Padre y Creador. 

Renovar este oikos, solo puede ser posible con los valores del Reino, el bien, la libertad, la verdad y la justicia. Esta plenitud se debe manifestar primero en las relaciones que tenemos con los demás miembros de nuestra comunidad, como punto de origen. Sin ello, será imposible ir más allá para comprender la vinculación que une a toda la Humanidad 

Lo ha señalado recientemente el Papa Francisco, la Laudato Si´ no solo responde a un mensaje verde, es una encíclica social, sobre la que urge un proceso de catequesis. Puesto que todo está conectado, y la más nimia acción de nuestro comportamiento conlleva una consecuencia para toda la sociedad. En un mundo cada vez más globalizado e interconectado es primordial reforzar los lazos de fraternidad y solidaridad que nos unen. 

Debemos por tanto, profundizar en la oikofilia, ese amor al hogar, esos lazos que nos unen con el lugar en el que vivimos y las personas que lo habitan, que queremos preservar y legar a las generaciones posteriores. Ese lugar en el que dejamos el “yo” a un lado, para empezar a ser el “nosotros”, y que nos impulsa a todos a seguir adelante pese a todos los avatares. 

Que este Tiempo de la Creación sirva para comenzar nuestro propio “nóstos”, con verdaderas acciones desde una profunda reflexión, y de este modo poder aportar nuestro grano de arena en la defensa de nuestra Casa Común 

Entrevista a Eduardo Gudynas

Buen Vivir para superar los límites del desarrollo

Por Thea Riofrancos | Otro mundo es posible

Fuentes: Jacobin [Ilustración: Lorena Ruiz]

Quizás uno de los puntos del balance crítico del ciclo progresista sobre el que más consenso existe sea su contradicción entre el impulso de políticas que apuntan a la recuperación de la soberanía y el modelo económico centrado en el extractivismo y la exportación de materias primas que les subyace.

Pese a los avances en materia de redistribución de la renta, la base productiva sobre la que los gobiernos progresistas han asentado sus políticas coarta la posibilidad de avanzar en transformaciones de raíz. Sobre estos y otros temas conversamos con Sabrina Fernandes, Eduardo Gudynas, Michael Löwy y René Ramírez Gallegos.

Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES). Su último libro es Transiciones. Post extractivismo y alternativas al extractivismo en Perú.


TR

Los gobiernos progresistas de las últimas décadas han hecho algunos importantes avances en materia de «políticas soberanistas»: de la banca, del gasto público, de la política externa, etc. Sin embargo, en materia socioambiental han sido cuestionados desde variados ángulos. 

Tal vez el asunto más espinoso es qué tipo de soberanía han podido —o pretendido— promover con un modelo económico centrado en la extracción y exportación de materias primas, es decir, en una base productiva que, como se ha señalado, conduce más a la profundización de la dependencia que a una ampliación de la soberanía. ¿Cuál es su lectura del tipo de desarrollo emprendido durante el llamado «ciclo progresista»?

EG

La evaluación de las estrategias de desarrollo del progresismo está demostrando no ser sencilla. Al interior de los países se las reclama pero, al mismo tiempo, hay muchos protagonistas de ese ciclo que las entorpecen, sea por su sincera convicción de haber hecho lo correcto como por la intención de ocultar errores. Las  recientes campañas electorales (por ejemplo, en Bolivia y Ecuador) las condicionaron aún más, debido a que las energías estaban puestas en volver a ganar el gobierno. Pero sobre ello se superpone un entramado de opiniones y analistas transnacionalizados —tanto dentro de América Latina como desde fuera— que abusaron de simplificaciones y eslóganes.

Por ejemplo, ustedes me dicen que los progresismos lograron «políticas soberanistas» en la banca y otros sectores. Ese tipo de dichos son muy comunes, en especial en el Norte Global. Pero eso está equivocado. En realidad, bajo los progresismos la banca privada vivió un paraíso: aumentó su cobertura sobre la población y se diversificó la financiarización. Esto ocurrió bajo gobiernos como el de Correa en Ecuador, el de Lula da Silva en Brasil o el del Frente Amplio en Uruguay, entre otros. Así se explica la bancarización obligatoria en Uruguay o la expansión de la financiarización a sectores como el consumo popular, la educación o la salud en Brasil. 

Es una simplificación partir de una oposición como si todo lo que se hizo en distintos sectores (educación, salud, vivienda o integración) hubiera sido soberanista y maravilloso y todo lo negativo estuviese en los extractivismos y sus impactos.

En realidad, los progresismos estuvieron repletos de claroscuros. Tuvieron avances, estancamientos y retrocesos dentro de cada sector. Hay que celebrar que redujeran la pobreza y marginalidad, por ejemplo, porque eso dio un alivió a millones de familias, pero hay que saber reconocer también las limitaciones que tuvieron en su marcada dependencia de las ayudas monetarias condicionadas a los más pobres o del crédito para el consumo popular. 

También hay que felicitar sus inversiones en infraestructura, que en Ecuador, por caso, son evidentes en las carreteras y puentes. Pero a la vez hay que comprender que mucho dinero se perdió dentro de los laberintos estatales, sea por medios lícitos pero ineficientes como también por la corrupción.

Esas contradicciones se deben a que los progresismos —en términos generales y muy esquemáticos— se enfocaron en una variedad de capitalismo que buscó capturar una mayor proporción de excedente para intentar una redistribución económica. Pero lo hicieron apelando a prácticas concretas que, como los extractivismos y el consumo de masas, requerían su subordinación al capital. Ello ocurrió por varias vías: blindaron al sector financiero, profundizaron la exportación de materias primas, captaron la inversión extranjera y se adhirieron plenamente a la institucionalidad global (como la Organización Mundial del Comercio).

Eso funcionó por medio de equilibrios en los que el Estado progresista buscaba regular al capital y a la vez no podía dejar de ceder ante él. Esos equilibrios eran inestables pero mientras los precios de las materias primas fuesen altos, el excedente apropiado podía sostener las medidas de compensación y amortiguación. Pero cuando cayeron los precios de los commodities, ese esquema ya no fue posible. Y ello ocurrió al mismo tiempo en que la capacidad de renovación política del progresismo se agotó.

TR

Más allá de la coyuntura política, todas las economías latinoamericanas siguen compartiendo ciertas características centrales: los sectores económicos predominantes se basan en la extracción de recursos, la agricultura de monocultivo y la manufactura de bajos salarios; en términos de empleo, la región está marcada por un gran sector informal, así como por la práctica arraigada de precarización y tercerización, lo que resulta en una clase obrera que trabaja en la precariedad extrema sin una red de seguridad social; y en cuanto a su inserción en el sistema mundial, la región se encuentra en un lugar de dependencia caracterizado por las exportaciones de bajo valor agregado, la plena integración a los mercados globales y altos niveles de deuda soberana. 

¿Qué ha revelado la pandemia y la crisis económica respecto al modelo de acumulación de la región? ¿Qué enfoque debe orientar la recuperación latinoamericana y a qué escala debe concebirse e implementarse?

EG

Desde el Centro Latino Americano de Ecología Social venimos siguiendo la crisis por la pandemia en todo el continente. Lo que observamos es que la crisis actual se superpone sobre varias crisis que ya estaban en marcha en 2019 y antes. A su vez, si bien hay semejanzas, también las diferencias entre los países son muy importantes.

No es lo mismo lo que ocurre, por ejemplo, en Brasil que en Chile, o en México que en Colombia. Tras esa advertencia, puede decirse que se observan distintos grados de colapso, derrumbe o miserias en la política y en el papel de los gobiernos. En unos casos eso es extremo, como se observa con la inacción y autoritarismo de Jair Bolsonaro en Brasil. Pero otras situaciones son también dramáticas, como la que se vive en Perú, donde mientras avanzaban los contagios se derrumbaba la política de partidos.

En esa desesperación, los gobiernos otra vez buscan que los extractivismos sean la solución para paliar la crisis económica. Todos los países de América del Sur, sin excepción, intentan aumentar sus exportaciones de materias primas y simultáneamente sumar nuevos sectores (como la minería de litio o la expansión de los monocultivos transgénicos). 

Entiendo que no es inminente una salida de la condición pandémica. Esta no es una crisis de un par de años, sino que dado el colapso del sistema sanitario y la inequidad en el acceso a las vacunas, el coronavirus es la nueva normalidad. Estaremos con economías deprimidas, subas y bajas en contagios y muertes, ciudades bajo control policial y un aumento escandaloso de la pobreza y el desempleo durante un tiempo largo.

El dato, a mi modo de ver, es que bajo este contexto está cristalizando una transformación política que ya estaba prefigurada (por ejemplo bajo el conservadurismo de Uribe y Duque en Colombia, el fujimorismo en Perú y, en grado extremo, Bolsonaro y la ultraderecha brasileña). Se trata de una verdadera necropolítica, la política del dejar morir. Es diferenciar entre vidas rescatables y otras desechables —como las de pobres, negros, campesinos o indígenas— a los que el Estado y la sociedad ya no les proveen de soluciones, y esto pasa a ser aceptado por las mayorías. El miedo al virus ha hecho retroceder a la política a una situación en la que se resigna ante la muerte (ya no se defiende ante ella) y la acepta en la cotidianidad.

TR

Más allá del momento de la recuperación, ¿cuál es el horizonte político de la izquierda? Si entendemos la pandemia del COVID-19 como la primera gran crisis ecológica a escala mundial, ¿será que llegó la hora de un paradigma que aborde de manera más explícita los problemas —entrelazados— de la extracción de recursos, el daño ecológico y el cambio climático? 

En otras palabras, ¿es hora de avanzar del «socialismo del siglo XXI» hacia la discusión sobre el ecosocialismo, sobre un nuevo pacto ecosocial, una economía democrática verde o alguna otra formulación? ¿Cómo definen su visión de una alternativa radical al modelo económico imperante, y cómo creen que se podrían articular las conexiones fundamentales entre la economía y la naturaleza?

EG

Para responder esa cuestión entiendo que es necesario diferenciar entre izquierda y progresismo. Los agrupamientos políticos y los gobiernos asociados a las imágenes de Lula da Silva o Evo Morales comenzaron con un empuje de izquierda pero una vez en el palacio de gobierno, y con el paso del tiempo, se transformaron en progresistas. A mi juicio, progresismo e izquierda son dos proyectos políticos distintos. 

Es evidente que uno de los factores que explican la divergencia entre aquella izquierda inicial y los progresismos siguientes fueron los modos de apropiación de los recursos naturales y los entendimientos sobre el desarrollo. El progresismo invoca distintas razones, desde la necesidad de combatir la pobreza a la espera de una revolución mundial, pero acepta esa destrucción ambiental.  

En cambio, una nueva izquierda para el siglo XXI y enfocada en América Latina debe defender la naturaleza. Aquí se debe subrayar esa condición de «nueva», porque la renovación debe estar en no repetir errores de la izquierda clásica latinoamericana del siglo XX (como su aversión a las cuestiones ecológicas) y en cambio rescatar sus aciertos, como insistir en romper con ser proveedores de materias primas.

Del mismo modo, esta nueva izquierda debe dejar atrás la condición patriarcal, y eso significa rechazar los machismos progresistas de hoy como los comités de jefes varones de la izquierda del siglo pasado. Situaciones análogas se repiten en otras dimensiones, como por ejemplo la interculturalidad y el papel de los pueblos originarios, la globalización y más. 

Pero entre ellas quiero subrayar el asunto de los derechos humanos y la democracia. Es que parte de ese diagnóstico sobre los progresismos que sigue pendiente radica en su real desempeño en fortalecer la democracia y asegurar la salvaguardia de los derechos. Los últimos años de los progresismos significaron retrocesos en algunos aspectos que no pueden ser ocultados: tienen que servir como lección para nuestra nueva izquierda.

Es también una izquierda anclada en América Latina, y por lo tanto propia de sus contextos históricos, sociales y ecológicos. Esto es algo que dicen muchos, pero el problema es que no son pocos los que finalmente terminan repitiendo recetas del Norte para imponerlas a nuestros esfuerzos de renovación de nuestra izquierda criolla.

Uno de los aportes fundamentales de esta nueva izquierda latinoamericana fue proveer otro modo de entender el valor. Ese era un aspecto central en el debate andino, que nutrió las diferentes concepciones del Buen Vivir y a su vez se concretó en los derechos de la naturaleza en la nueva constitución de Ecuador. 

En cambio, en las tradiciones occidentales se comparte una teoría del valor donde solo los seres humanos son sujetos y agentes de valoración. Son antropocéntricas, y eso es evidente en conservadores y liberales pero también está presente en el socialismo, ya que es el trabajo del humano el que otorga valor a la naturaleza. El ecosocialismo es parte de esa tradición —y sin dudas expresa mayores avances en una responsabilidad ecológica— pero carece, entre otras cuestiones, de una teoría del valor alternativa a esta visión predominante de la modernidad.

El Buen Vivir postula un cambio radical y por ello se lo ha planteado como una alternativa tanto al capitalismo como al socialismo. Desde el Buen Vivir son intolerables los extractivismos y la pobreza porque violan los valores intrínsecos tanto de la naturaleza como de los humanos. Como el ecosocialismo admite una valoración instrumental, siempre podrá haber extractivismo, y eso es justamente lo que ocurrió con Correa o Morales. En la teoría hay una limitación: el ecosocialismo puede apelar al Estado pero termina implementando el desarrollo (aunque una variedad distinta). En la práctica, como para una redistribución económica que asegure equidad se necesita del crecimiento económico, termina en alguna forma de keynesianismo verde. 

Decirse postsocialista no significa rechazar el aporte de la tradición socialista, ya que el Buen Vivir con toda comodidad hace suyo buen parte de su legado en el campo de la justicia social. Lo que se está diciendo es que esa versión del Norte del ecosocialismo ya no es suficiente para constituirse en una alternativa. La alternativa latinoamericana va más allá de ella, y confirma que es una ruptura con el capitalismo que se hace moviéndose hacia la izquierda.

Comparto esto porque entiendo que una de las cuestiones centrales en la renovación de la izquierda está en generar una nueva teoría del valor, y ésta no puede ser una repetición de la originada en Europa hace dos siglos atrás, porque ahora disponemos de la nuestra propia. Los progresismos y la academia, especialmente la del Norte, tiene que respetar y tolerar estos ensayos.

TR

Por último, ante la posibilidad de un nuevo superciclo de commodities y con el retorno de varios gobiernos progresistas, ¿qué consejo ofrecerían a los gobiernos de izquierda o centroizquierda —tanto actuales como futuros— de la región? ¿Cómo deberían orientarse en un contexto de crisis multidimensional, en el que otro auge de los commodities puede traer consigo una mayor presión para expandir la frontera agrícola y extractiva? ¿Cómo podrían cambiar sus economías nacionales para hacer una transición hacia la energía renovable, una mayor protección social, una agricultura regenerativa y otras alternativas económicas al extractivismo? ¿Se podría financiar una transición de este tipo? ¿Es posible forjar un camino en este sentido sin la coordinación de los gobiernos de todo el Sur Global para poner fin al régimen de deuda y austeridad impuesto por las instituciones financieras?

EG

A este momento, los dos agrupamientos progresistas que han retornado al gobierno (en Argentina y Bolivia) están repitiendo las estrategias extractivistas; y como estas son resistidas por las comunidades locales, se repiten los conflictos. El gobierno de Alberto Fernández ha blindado y subsidiado la explotación de hidrocarburos en el sur del país, incluyendo el fracking; la administración Luis Arce está debilitando el sistema de áreas de protección ecológica para permitir el ingreso de petroleras, mineras, hidroeléctricas y sojeras. Así es que el debate entre izquierda y progresismo volvió a la primera plana. Los procesos electorales en Bolivia, Ecuador y Perú incentivaron todavía más las polémicas.

Para quienes estamos aquí en el Sur quedaron en evidencia las limitaciones de las opiniones apresuradas desde una exterioridad, donde el ejemplo más impactante fueron los dichos del politólogo español Juan Carlos Monedero que, desde Quito, mirando televisión, diagnosticaba quién era indio y quién no lo era al momento de las elecciones en Ecuador. Señalo esto para insistir en el punto de arriba: la renovación y construcción de una izquierda latinoamericana tiene que ser propia. Sin duda debe dialogar, intercambiar y aprender de otras experiencias; tampoco puede negar sus nexos históricos. Pero no puede aceptar que desde Madrid, Londres o New York se indique quién es indígena o no, quién es de izquierda o no, quien es leal o es traidor.

Como segundo punto, esa izquierda debe ser verde en el sentido ecológico, feminista en tanto rompe con el patriarcado, intercultural como expresión de incorporar saberes y sentires indígenas y estar comprometida con la justicia social y ecológica. Y desde allí inspirarse en el socialismo. Me la imagino como una izquierda abierta, que cobije a diferentes personas y posturas que coincidan en esos compromisos pero que puedan recorrerlos de distinto modo. 

No puede volver a ser caudillista, ensimismada en tener un líder supuestamente infalible que mande paternalmente. Debe, por el contrario, procurar extender y profundizar una participación y deliberación que descansen en gestiones colectivas y rotativas.

Debe volver a recuperar su defensa de los derechos humanos, lo que fue una de las grandes lecciones que dejaron los años oscuros de las dictaduras militares. Debe asegurar todos los derechos, desde el acceso a la información hasta la vida, y para todos: sin exclusión, sin caer en la necropolítica. Y por ello debe proteger con todas sus energías a los más excluidos.

Si gobierna, debe ser una izquierda eficiente, con funcionarios más capaces y más trabajadores; no nos engañemos, la herencia del progresismo gobernante en sectores como educación y vivienda fue muy pobre.

Esta izquierda debe implicar cambios sustanciales no solamente en los saberes, en la racionalidad bajo la cual se puede organizar una economía, sino también en las sensibilidades y afectividades. Debe forjar otros vínculos tanto con las personas como con la naturaleza. 

Su programa debe enfocarse en las alternativas al desarrollo. Y digo «alternativa» no aleatoriamente, sino porque es un concepto con un significado doble: ofrece opciones distintas pero a la vez asegura las capacidades para poder elegir libremente, y por ello se entiende democrática. Una alternativa más allá de cualquier variedad de desarrollo, porque todas dependen del crecimiento y todas imponen una dualidad sociedad-naturaleza. De ese modo podrá constituirse en una alternativa poscapitalista y postsocialista.

Ya hemos intentado todas las variedades de desarrollo; hay unas mejores que otras, pero los problemas de fondo no se resuelven en ninguna de ellas. El planeta ya no resiste más experimentos, debemos atravesar los límites del desarrollo. Y eso es lo que se propone el Buen Vivir.

Fuente: https://jacobinlat.com/2021/08/01/buen-vivir-para-superar-los-limites-del-desarrollo/

El tiempo de la creación

TRINIDAD RUIZ TÉLLEZ / JOSÉ MORENO LOSADA 

El Tiempo de la Creación es un tiempo litúrgico y pastoral durante el que los 2.200 millones de cristianos del mundo (1.300 millones de católicos) están invitados a la reflexión y la acción. Se celebra anualmente del 1 de septiembre al 4 de octubre. En este período, las comunidades cristianas de todo el planeta se unen en la renovación de su fe en Dios creador, en la oración compartida y en una especial implicación en diversas tareas en defensa de la casa común
 

Está dirigido por una red ecuménica que se inspira en el llamamiento de la encíclica ‘Laudato si’’ (2015), del papa Francisco, para un nuevo diálogo sobre cómo estamos dando forma al futuro de nuestro planeta y el requerimiento de una nueva solidaridad, que apoye a las personas más vulnerables y les permita vivir en dignidad. Esta red ecuménica funciona operativamente a través de la web www.seasonofcreation.org y está dirigida por un comité directivo conformado por: el Consejo Mundial de Iglesias, el de las Iglesias Reformadas, el Dicasterio vaticano para la Promoción Integral del Desarrollo Humano, el Dicasterio para la Comunicación, el Movimiento Laudato si’, Actalliance, la Alianza Evangélica Mundial-A Rocha, la Federación Luterana Mundial, la Red Ambiental Cristiana Europea, la Red Ambiental de la Comunión Anglicana, la Red de Cuidado de la Creación de Lausana y Christian Aid. Tiene, además, un comité asesor, a través del cual se organizan y coordinan las propuestas y acciones, cada año bajo un lema y tema común. 

El planteamiento de la ecología integral y de la corriente del Tiempo de la Creación no es cuestión de una moda, sino que hunde sus raíces en las claves fundamentales del pensar y del sentir cristiano. Nos movemos en la teología de la creación conectada con la encarnación, así como con la resurrección y la esperanza de un mundo nuevo, en la perspectiva escatológica. 

Se trata de la conexión fundamental entre el alfa y el omega de todo lo creado. Hemos de profundizar en este misterio de Evangelio para hoy. Presentamos las líneas fundamentales de este mensaje y subrayamos las claves que consideramos esenciales para dar razón del momento y de la necesidad de atender esta dimensión holística de la creación

Breve recorrido histórico 

Pero antes, para contextualizar bien la misión/visión evangelizadora del Tiempo de la Creación, hagamos un breve recorrido histórico para conocer de dónde surge esta iniciativa pastoral, marcando como hitos las fechas más significativas y apoyándonos en documentos o datos concretos. 

En 1989, el patriarca ecuménico Dimitrios, de la Iglesia Ortodoxa Oriental, proclama como Día de Oración por la Creación el 1 de septiembre. A partir de 2001, otras iglesias cristianas europeas comenzaron también a celebrar esa misma fecha como una jornada especial de plegaria por la creación. Dos años más tarde, en 2003, la Asamblea de Obispos Católicos de Filipinas invita a unirse a las celebraciones de septiembre del Día de Oración por la Creación. 

En 2007, durante la III Asamblea Ecuménica Europa que tuvo lugar en la ciudad rumana de Sibiu, se propuso por primera vez establecer un Tiempo de la Creación con una duración de cinco semanas entre el 1 de septiembre (por ser el día de la memoria ortodoxa de la divina creación) y el 4 de octubre (por ser el día de la memoria de san Francisco de Asís en la Iglesia católica y en algunas otras tradiciones occidentales). Un año más tarde, en 2008, el Consejo Mundial de Iglesias celebrado en Ginebra animó vivamente a los participantes a unirse a las jornadas de oración convocadas. 

Laudato si’ 

Ya en el año 2015, el papa Francisco publica su encíclica Laudato si’ en el mes de mayo, y da a conocer su deseo de que, el 1 de septiembre, se instituya oficialmente en la Iglesia católica como Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Encarga entonces al cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo ‘Justicia y Paz’, y al cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, la tarea específica de su difusión y dinamización. 

Al año siguiente, 2016, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Creación –titulado ‘Usemos misericordia con nuestra casa común’–, el Papa pone como referentes al patriarca Bartolomé y a su predecesor Demetrio –“que durante muchos años se han pronunciado constantemente contra el pecado de causar daños a la creación, poniendo la atención sobre la crisis moral y espiritual que está en la base de los problemas ambientales y de la degradación”–, desgrana el pecado ecológico, anima a la conversión ecológica y propone como obra de misericordia adicional a las siete corporales y siete espirituales, una octava: el cuidado de la casa común

Al año siguiente, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de Oración por la Creación, se publica ya un mensaje conjunto del papa Francisco y del patriarca ecuménico Bartolomé. Con este mensaje compartido se visibiliza la voluntad de trabajo cooperativo en la línea de la ecología integral, y se realiza al unísono un “llamamiento urgente a quienes ocupan puestos de responsabilidad social y económica, así como política y cultural, para que escuchen el grito de la tierra y atiendan las necesidades de los marginados, pero, sobre todo, para que respondan a la súplica de millones de personas y apoyen el consenso del mundo por el cuidado de la creación herida”. Y afirman finalmente: “Estamos convencidos de que no puede haber una solución sincera y duradera al desafío de la crisis ecológica y del cambio climático si no se da una respuesta concordada y colectiva, si la responsabilidad no es compartida y responsable, si no damos prioridad a la solidaridad y al servicio”. 

Acceso al agua 

El 1 de septiembre de 2018, el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por la Creación trata específicamente sobre la problemática del acceso al agua y subraya las interrelaciones entre todo, de manera que “no hay ecología sin una adecuada antropología” (Laudato si’, 118). En ese año ya hay un recorrido de funcionamiento de la plataforma para actuaciones en el Tiempo de la Creación y, gracias a la ayuda de diferentes miembros del comité asesor, se comparte por internet una guía para su celebración, en varios idiomas y adaptada a diversas realidades ecuménicas –católica, protestante, anglicana, ortodoxa y luterana–, con el lema ‘Caminando juntos’

El 1 de septiembre de 2019, el Papa vuelve a hacer referencia explícita al Tiempo de la Creación, como “una ocasión para sentirnos aún más unidos con los hermanos y hermanas de las diferentes denominaciones cristianas, […] de modo particular, con los fieles ortodoxos, que llevan treinta años celebrando esta Jornada”. El lema elegido para trabajar ese año es ‘La red de la vida’, y el propio Francisco escribe al respecto: “Sintámonos también en profunda armonía con los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados juntos a promover, en el contexto de la crisis ecológica que afecta a todos, la protección de ‘la red de la vida’ de la que formamos parte”. 

Aniversario en pandemia 

El año 2020, pese a la pandemia, llegaron a celebrarse más de 1.300 eventos del Tiempo de la Creación en los diferentes continentes, con la participación –presencial y ‘online’– de cientos de miles de cristianos. El lema elegido esta vez fue ‘Jubileo de la Tierra’ y la celebración coincidía, además, con el quinto aniversario de la encíclica Laudato si’, por lo que el Papa –aprovechando la Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación del 1 de septiembre– pidió en su mensaje “planes operativos a largo plazo para lograr una ecología integral en las familias, parroquias, diócesis, órdenes religiosas, escuelas, universidades, atención médica, empresas, granjas y en muchas otras áreas”. 

En enero de este año, después de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, los líderes cristianos dieron a conocer el lema del Tiempo de la Creación para 2021: ‘¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios’, reforzando así el carácter ecuménico del mismo. Ya en la clausura oficial del quinto aniversario de la encíclica Laudato si’ (mayo de 2021), desde el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, su entonces secretario, monseñor Bruno-Marie Duffé, animó “a los obispos y a los organismos eclesiales a hacer declaraciones para sensibilizar sobre el Tiempo de la Creación”. (…) 

Las macrogranjas en la España vaciada

Macrogranjas en la España despoblada: cambiar el paradigma (II)

por Enrique Lluch Frechina 


  

Si la semana pasada veíamos como las macrogranjas ajustan perfectamente en el paradigma economicista que predomina en nuestra sociedad y que sus ventajas son casi imbatibles desde este punto de vista, esta semana vamos a ver las desventajas que tienen observándolas desde un paradigma económico humanista y sostenible como es el de lo suficiente.

  • La primera es que, a pesar de que si lo analizamos desde un punto de vista relativo, es decir, por tonelada o kilo de producción, puede tener un impacto medioambiental menor que las explotaciones tradicionales, como estas granjas tienen miles de animales en un espacio reducido, el impacto unitario inferior se convierte en un impacto agregado enorme. En lugar de residuos y contaminación a pequeña escala repartidos por todo el territorio, se concentra todo en un solo lugar, lo que tiene una repercusión medioambiental enorme. Como se producen más animales, la contaminación final también es mayor.
  • La segunda es que el empleo creado se concentra también en un solo lugar y es mucho menor que si se realizara la misma producción en pequeñas granjas (ese es uno de los motivos por los que son más rentables, porque emplean en global a menos personas).
  • La tercera es que, aunque parece que las macrogranjas se autofinancian, realmente pueden funcionar si el sector público realiza una gran inversión para facilitar las infraestructuras necesarias para desarrollar su actividad. Esta inversión también se concentra en un solo lugar en lugar de repartirse por el territorio y el sector público ayuda a estas grandes empresas a generar sus ganancias.
  • La cuarta tiene que ver con las exportaciones y con el transporte necesario para que funcionen. El hecho de que necesiten insumos a gran escala y que se venda la producción en otros países conlleva unos movimientos de mercancías a gran escala, tanto nacionales como internacionales que producen mayor contaminación y precisan de infraestructuras más grandes.

Explotaciones de un tamaño más pequeño

La alternativa desde un paradigma que en lugar de buscar más producción quiere que todos tengan al menos lo suficiente hoy y en el futuro, apuesta por explotaciones de un tamaño más pequeño, más repartidas en el territorio, con un impacto medioambiental menor y que utilicen los insumos de lo que se produce alrededor.

Esto puede traer una producción menor y posiblemente unos precios más altos, pero articula el territorio, precisa de unas infraestructuras menos espectaculares pero más repartidas y crea mucho más empleo ya que precisa de más trabajadores por tonelada producida. La próxima semana hablaré de cómo puede darse este modelo para potenciar una economía regional que busque lo suficiente para hoy y para el futuro e intente garantizar unas mejores condiciones sociales

La tierra: hogar de todos los seres vivos

[Por: Marcelo Barros]


Cada año, del 1º de septiembre al 4 de octubre, Iglesias y organizaciones ecuménicas de todo el mundo se unen para celebrar el “tiempo de la creación“. Desde 2015, en ese periodo, las personas que viven alguna búsqueda espiritual son invitadas a unirse en el cuidado de la Tierra y de la naturaleza que nos rodea. Esa iniciativa ecuménica cuenta con el apoyo de diversas organizaciones cristianas, como el Consejo Mundial de Iglesias, Christian Aid, Federación Luterana Mundial, Red Medioambiental de la Comunión Anglicana, Movimiento Católico Mundial por el Clima y el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral del Vaticano. Esos organismos forman parte del comité del Tiempo de la Creación. San 

Para 2021, la comisión que coordina esta iniciativa propone como tema: “Una casa para todos y todas. Renovando el oikos de Dios”. 

De hecho, los poderosos del mundo organizan la sociedad de tal forma que cada vez más la tierra parece ser el hogar de una pequeña élite que disfruta de todos los bienes de la tierra, à costa de la marginación y sufrimiento de miles de millones de personas. Este sistema económico destruye la tierra y provoca desastres climáticos que los científicos esperaban para la próxima década y ya están presentes, ahora, en todo el mundo. 

Mirar a la Tierra como el hogar de todos los seres vivos es aún más oportuno este año, cuando la ONU celebrará en octubre otra cumbre internacional sobre la Diversidad (COP 15) y en noviembre sobre el clima (COP 26). Cada vez más la sociedad civil internacional y movimientos sociales toman conciencia que los cambiamientos estructurales necesarios no podrán venir de gobiernos que sirven de intendentes y administradores del mundo a servicio de las corporaciones económicas multinacionales. El asunto dice respecto à la vida de toda la humanidad y no puede ser dejada en las manos de diplomáticos y científicos. Todos/as tenemos responsabilidad y deber ético de proteger la continuidad de la vida en el planeta Tierra. 

El papa y los líderes de Iglesias proponen como primera tarea la oración por la madre Tierra. Sin embargo, parece que jugamos con Dios si le pedimos que proteja la naturaleza y seguimos conniventes con el modelo económico que provoca destrucción y incluso nos beneficiamos del modelo de sociedad que teóricamente criticamos. Podemos orar, pero, para que nuestra oración sea sincera,  es hora de actuar.

Macrogranjas en la España despoblada

Macrogranjas en la España despoblada: consecuencia del paradigma economicista (I)

por Enrique Lluch Frechina 


El otro día me llegaba un email de una plataforma que se denomina “futuro limpio campiña segoviana” en el que me hablaban de una campaña que están moviendo para intentar frenar algunas macrogranjas que se están proyectando en la provincia de Segovia.

El tema de las macrogranjas es polémico porque algunos piensan que una solución adecuada para la España despoblada, mientras que otros opinan que no solo van a destruir empleo en lugar de crearlo sino que van a tener unos elevados problemas medioambientales en zonas poco pobladas y poco contaminadas en este momento. Para analizar esta cuestión con algo más de detalle voy a hablar sobre ellas durante tres semanas. En esta veremos como las macrogranjas son una consecuencias lógica del modelo economicista en el que nos movemos.

Esto es así porque una macrogranja consigue unos rendimientos mucho más elevados que las pequeñas explotaciones. Además, puede producir la carne por un precio más bajo, logra reducir el consumo de agua y de otros suministros por cada kilo producido, permite crear unos empleos fijos en zonas en los que antes no había, incrementa mucho la producción de carne logrando unos precios competitivos lo que lleva a que puedan incrementarse las exportaciones de este producto a otros países.

Por ello las macrogranjas dan un rendimiento elevado a quienes invierten en ellas. A pesar de los elevados requisitos medioambientales que tienen que cumplir, los ahorros en costes en otras partidas permiten mantener un elevado beneficio. Además, los costes que conllevan las insfraestructuras de transporte y telecomunicaciones necesarias para su funcionamiento, suelen correr a cargo del erario público.

Ventajas

Desde la lógica economicista, las macrogranjas parecen aportar todas las ventajas: incremento de la producción nacional, de las exportaciones, reducción del coste por kilo de producción que proviene de un menor uso de insumos por unidad, disminución de emisiones contaminantes por tonelada producida, generación de puestos de trabajo fijos, mejora de las infraestructuras que pueden beneficiar también a las poblaciones más cercanas a la macrogranja y cierta reducción de precios del producto final.

Una mirada economicista no presenta dudas ante las macrogranjas, todo son ventajas, la economía nacional se beneficia de ellas. Sin embargo, cuando miramos la misma realidad desde otro paradigma las conclusiones son diferentes. El próximo lunes cambiaremos la mirada para hablar de las macrogranjas desde otro paradigma económico.

Marcos teóricos para entender la crisis actual

“Otro dato es la Sobrecarga de la Tierra (The Earth’s overshoot), es decir, el agotamiento de los bienes y servicios necesarios para el mantenimiento de la vida humana y terrestre”

“Están también las “9 fronteras planetarias para el desarrollo” que no deben ser superadas  (climas, agua, suelo, biodiversidad, disminución de la capa de ozono, acidificación de los océanos, entre otras)”

“El escenario es dramático para el sistema-vida y el sistema-Tierra, agravado por la gran ausencia de conciencia colectiva acerca de las amenazas reales que pesan sobre la humanidad en la mayoría de las personas y en los jefes de Estado”

 Leonardo Boff

Toda la realidad histórico-social, por bien que se presente o por hundida en una situación de caos, demanda un marco teórico (conjunto de conceptos) para poder ser entendida, sea para enfrentar las amenazas que puede representar sea para celebrar un nuevo orden que puede surgir con sus promesas.

El primer marco teórico sigue la ciencia tal como ha venido siendo comúnmente practicada y cuyo método se inauguró en el siglo XVIII con los padres fundadores del paradigma científico moderno. Adquirió su más clara expresión con los resultados del IPCC que hace el seguimiento del calentamiento actual y de la salud de la Tierra. Se orienta por el principio del orden.

Los hechos sobre los cuales reflexiona son, por ejemplo, la irrupción de la Covid-19 mostrando  la reacción de la Tierra contra las agresiones hechas por los seres humanos en la era geológica del antropoceno. 

El otro dato es el crecimiento del calentamiento global cuyo C02, como sabemos, permanece en la atmósfera más de cien años. Dada la voracidad industrialista está llegando a un límite peligroso. Hasta 2030 debe ser reducido drásticamente, en caso contrario conoceremos una dramática transformación del equilibrio de la Tierra, que amenazaría gravemente la biosfera y generaría millones de emigrados en el mundo.

Otro dato es la Sobrecarga de la Tierra (The Earth’s overshoot), es decir, el agotamiento de los bienes y servicios necesarios para el mantenimiento de la vida humana yterrestre. Se está volviendo cada vez más grave como revela el último análisis, verificado el 20 de septiembre de 2020. De continuar el nivel de consumo actual, que exige una Tierra y media, puede llevarnos a altos índices de iniquidad social, especialmente entre los pobres. 

Están también las “9 fronteras planetarias para el desarrollo” que no deben ser superadas  (climas, agua, suelo, biodiversidad, disminución de la capa de ozono, acidificación de los océanos, entre otras). Cuatro se encuentran en alto grado de degradación. A partir de la quinta puede ocurrir unefecto dominó, pues todos los factores son sistémicos y se articulan entre sí. Ahí podría ocurrir el colapso de nuestracivilización.

Resultado final: el escenario es dramático para el sistema-vida y el sistema-Tierra, agravado por la gran ausencia de conciencia colectiva acerca de las amenazas reales que pesan sobre la humanidad en la mayoría de las personas y en los jefes de Estado. El peligro es que engrosemos el cortejo de aquellos que se dirigen hacia su propia sepultura (S.Bauman). Esa lectura lleva al pesimismo y desinterés de las personas por el factor ecológico.

El segundo marco parte de la nueva cosmogénesis, de las ciencias de vida y de la Tierra.  La categoría central no es elorden sino el caos. Aquí se utilizan las conquistas provenientes de la teoría del caos que nos proporciona una lectura más positiva y promisoria. Junto con la teoría de la relatividad de Einstein, de la mecánica cuántica de Heisenberg/Bohr y de la teoría del Caos de Lorenz/Prigogine se ha fundado un nuevo paradigma científico que interpreta de otra forma la realidad histórico-social. Todo en el universo viene de un inconmensurable caos (big-bang). Su explosión hace 13,7 miles de millones de años proyectó materia, energía e informaciones en todas las direcciones. La evolución se hace como una forma de poner orden en este caos. Así surgieron las grandes estrellas rojas. 

De su explosión, los materiales formados dentro de ellas fueron lanzados por todos los espacios creando las galaxias, los agujeros negros, las estrellas, nuestro sol y la Tierra y todo lo que ella contiene. Ese caos es singular: posee una dimensión destructiva (caótica) y otra constructiva (generativa). Como ha sido mostrado por Bohm, Lorenz y Prigogine, en el interior de este casos se forma siempre un nuevo orden que emerge dominante en lamedida en que disminuye (sin nunca desaparecer totalmente) la destructividad del caos. Triunfa un nuevo orden, más caos irrumpe en todos los seres, también en nosotros los humanos siempre que un orden dado ya no aborda los problemas creados. Así nosotros los humanos somos caóticos y cosméticos (ordenados), sapientes y dementes, portadores de amor y empatía y simultáneamente de odio y de exclusión. Somos la convivencia de estos contrarios.

En este momento con presencia dramática del coronavirus estamos en el corazón de un poderoso caos, que afecta a todo el planeta y a cada uno de los seres humanos. Pero él nos hace descubrir a la Tierra como un todo y que somos también Tierra, parte consciente de ella y no sus dueños y señores. El virus ha invalidado los soberanismos tradicionales, pues el virus no respeta los límites de las naciones, nos ha hecho descubrir que nuestra esencia humana está hecha de colaboración/solidaridad  y de la ética del cuidado de unos hacia otros y para con lanaturaleza. Nos ha mostrado la urgencia de construir la Tierra como matria/patria común, como la Gran Casa dentro de la cual vivimos, la naturaleza incluida. 

La pandemia ha hecho surgir la necesidad de un pacto social planetario para que vivamos como especie en paz y con un mínimo de tensiones. Será una civilización centrada en el valor supremo de la vida, y la economía y la política deben ponerse al servicio de la perpetuación de todo tipo de vida, especialmente de la nuestra. La conclusión que derivamos de este tipo de interpretación es que un orden viejo ha entrado en caos irreversible pero que dentro de él se está gestando (no sin sufrimiento) un nuevo orden, podemosdecir, una forma nueva de habitar la Tierra en sinergia con la naturaleza, con fraternidad y amor social. Esto no ocurre en un abrir y cerrar de ojos, pues el caos posee  una larga historia y una lenta agonía. Pero él no prometeninguna esperanza, solo más de lo mismo, imposible de ser repetido, pues el nuevo orden tendrá más fuerza de convicción y de asumir la hegemonía en la conducción de la historia.

Resumen de la situación: no vamos en dirección a nuestra propia sepultura sino en dirección a un nuevo tipo de mundo. El sueño de los Foros Sociales Mundiales se realizará no solo como un nuevo mundo posible, sino como unnuevo mundo necesario. Dentro de él estarán los distintos mundos culturales, chino, indio, andino, africano ybrasilero con sus valores y tradiciones, mostrando la diversidad de formas de ser humano.

¿Por dónde empezar? El Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti dice: debemos empezar desde abajo (pues de arriba viene siempre más de lo mismo o peor), con cada uno, con cada localidad, con cada país hasta el último rincón del planeta. Todo empezará en el territorio (biorregionalismo), no como viene siendo delimitado artificialmente por la geografía política de los municipios, sino por las formas con que la naturaleza configuró elterritorio con sus montañas, sus ríos, sus selvas, sus suelos, sus paisajes y principalmente con la población que durante decenios o siglos ha habitado ese lugar. 

Todo será integrado en pequeñas y medianas empresas de producción, empezando con la agroecología, con un nuevo tipo de democracia socio-ecológica, reconociendo los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra, con la participación de todos, y con políticas de disminución almáximo de la pobreza y con la integración pacífica de todos. Las tradiciones culturales, las fiestas profanas yreligiosas, la veneración de los artistas, de los políticos ejemplares, de sus santos, santas y sabios formarán elterritorio en el cual, verdaderamente, se puede llevar a cabo una real sostenibilidad.

Podríamos representar a la Tierra como un inmenso tapete urdido de territorios autónomos e interligados constituyendo la nueva era de la Casa Común, de la Madre Tierra, Madre de todas las luchas y de todas las victorias, cuidada, amada y habitada por pueblos que se sienten hermanos y hermanas porque todos son hijos e hijas de la Magna Mater, o mejor, son la propia Tierra que siente, piensa, ama, cuida y venera. Estaremos juntos en la alegre celebración del Misterio del mundo y del milagro de nuestra propia existencia, compartida con toda la comunidad de vida. ¿Una utopía? Sí, pero necesaria, pues hacia ahí apunta el camino de la evolución ascendente, es el anhelo de todos los pueblos y realiza también el designio del Creador.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, texto dedicado a las organizaciones de agroecología CAATINGA, SABIÁ y SASOP, en función de un calendario para 2022 que tiene como tema “Tierra Madre de todas las luchas”.

Informe sobre el cambio climático

El gran informe científico sobre cambio climático responsabiliza a la humanidad del aumento de fenómenos extremos

Los expertos del IPCC avisan de que ya se han causado cambios que serán “irreversibles” durante “siglos o milenios”. El secretario general de la ONU asegura que este estudio es “un código rojo” para el mundo

MANUEL PLANELLES

Ya no se trata de algo más o menos probable, sino de un hecho. El último gran informe de situación del IPCC, el panel de expertos vinculados a la ONU que lleva más de tres décadas sentando las bases sobre el cambio climático, fulmina al negacionismo y considera como algo “inequívoco” que la humanidad “ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”, lo que ha generado “cambios generalizados y rápidos” en el planeta. La anterior edición de este estudio data de 2013 y desde entonces las evidencias se han multiplicado, al igual que los artículos y análisis científicos que muestran las consecuencias de una crisis que ya ha generado cambios en el clima “sin precedentes” en los últimos miles de años y que en algunos casos serán “irreversibles” durante siglos o milenios. Entre las consecuencias directas, además de la subida de las temperaturas medias, figuran los fenómenos meteorológicos extremos. Se trata de eventos similares a las olas de calor o las lluvias torrenciales que se están viviendo en las últimas semanas por distintas partes del globo y que ya han aumentado en intensidad y frecuencia debido al calentamiento generado por el ser humano, según confirma el informe.

El estudio que se ha hecho público este lunes es el del grupo de trabajo I del sexto informe de evaluación del IPCC y en su elaboración han participado 234 expertos de 66 países. Los científicos han revisado más de 14.000 artículos y referencias publicadas hasta ahora para realizar su síntesis sobre los efectos físicos que ya ha tenido el calentamiento y los posibles escenarios en función de los gases de efecto invernadero que emita la humanidad en las próximas décadas.

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Esos gases se liberan fundamentalmente cuando se queman los combustibles fósiles para generar energía y son los responsables del sobrecalentamiento del planeta. Desde la Revolución Industrial las emisiones no han parado de crecer, llegando hoy a niveles insólitos. Dos ejemplos: la concentración en la atmósfera del dióxido de carbono (CO₂) —el principal de ellos— es la más alta a la que se ha llegado en los dos últimos millones de años; las de metano y óxido nitroso —los otros dos grandes precursores del calentamiento— no habían alcanzado unos niveles tan altos en los últimos 800.000 años. Esto tiene una consecuencia clara: el aumento de la temperatura media global está ya en 1,1 grados respecto a los niveles preindustriales; y el ritmo de calentamiento planetario es tal que no hay precedentes de un proceso similar en al menos los últimos 2.000 años, apunta el informe del IPCC.

El estudio advierte de que el incremento de la temperatura seguirá al menos hasta mediados de este siglo pase lo que pase. A partir de 2050 las cosas se pueden poner realmente complicadas, porque no se logrará que el nivel de calentamiento se quede entre los 1,5 y 2 grados “a menos que se produzcan reducciones profundas en las emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero en las próximas décadas”. En el peor escenario, si no se actúa y las emisiones siguen creciendo al mismo ritmo que hasta ahora, el informe estima que a finales de este siglo se llegaría a un incremento de 4,4 grados, algo que multiplicaría también la intensidad y frecuencia de los fenómenos extremos. Los científicos recuerdan que la última vez en la que se llegó a un nivel de calentamiento por encima de los 2,5 grados fue hace tres millones de años, cuando ni siquiera existía el ser humano. El Acuerdo de París, firmado en 2015, fijó como objetivo principal reducir las emisiones para que el aumento de la temperatura global se quedara entre esos 1,5 y 2 grados. Y los informes del IPCC sirven también para notificar a los gobernantes de los países sobre qué se debe hacer para cumplir esos compromisos. Los expertos plantean varios escenarios de emisiones durante este siglo. En todos se espera que la barrera de los 1,5 grados se supere en los próximos 20 años debido a los gases de efecto invernadero que ha emitido hasta ahora la humanidad y que permanecen en la atmósfera durante décadas. Pero Pep Canadell, director del Global Carbon Project y uno de los científicos responsables del informe del IPCC, explica que la situación todavía no es irreversible: en el escenario de emisiones más optimista aún se puede lograr que el incremento de la temperatura a final de siglo se quede en 1,5 grados aunque pueda haber una superación temporal de ese umbral en los próximos años.

Para quedarse en los 1,5 grados hacen falta reducciones “rápidas, sostenidas y a gran escala”, como explica la climatóloga argentina Carolina Vera, una de las vicepresidentas del grupo de trabajo I del IPCC. Esas reducciones de las emisiones tardarían entre 20 y 30 años en tener efectos en las temperaturas globales. Pero el informe señala que “los beneficios para la calidad del aire llegarían rápidamente”. Además de reducir las emisiones, para cumplir con París se necesitará recurrir a la captura del dióxido de carbono que ya hay en la atmósfera a través de sumideros naturales, como los bosques, o soluciones tecnológicas, añade por su parte Canadell. Eso sí, la captura a través de los sumideros naturales es limitada, por lo que no puede ser la principal solución.

Cambio de paradigma

Desde que en 1990 se publicó el primero de estos documentos de síntesis se han ido acumulando las evidencias y los estudios sobre el calentamiento. Pero los informes finales del IPCC suelen emplear un lenguaje conservador porque tienen que aprobarse por consenso entre los representantes de los 195 países que participan en las negociaciones climáticas ante la ONU. El equipo científico de este sexto informe presentó sus resultados a los países a finales de julio y durante las dos últimas semanas se ha estado negociando el texto final de 42 páginas presentado este lunes y en el que se zanja el debate sobre la influencia del ser humano en el cambio climático. En la redacción del informe de 2013 se dejaba una mínima ventana abierta a la duda. Pero ocho años después se cierra definitivamente.

“La evidencia de la influencia del ser humano en el clima es ya tan abrumadora que no hay duda científica”

José Manuel Gutiérrez, director del Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y otro de los coordinadores del informe, lo explica así: “El IPCC usa un lenguaje calibrado que tiene que ver con probabilidades y con la evidencia disponible. Pero la influencia del ser humano en el clima ya no encaja en ninguno de esos umbrales de probabilidad y se considera que es un hecho probado que no tiene incertidumbre. La evidencia es ya tan abrumadora que no hay duda científica. En este informe se emplea tal rotundidad para no seguir con este debate; es un hecho y a partir de ahí vamos a ver cómo afecta y potenciales soluciones”. Canadell considera que se trata de “un cambio de paradigma”: “Hemos tirado por la ventana las posibilidades y las probabilidades y se concluye que es un hecho que el calentamiento se debe a la humanidad”.

Atribución de los fenómenos extremos

El equipo científico del IPCC lleva tres años trabajando en este informe. Pero la etapa final ha coincidido con una concatenación de fenómenos meteorológicos extremos, como la tremenda ola de calor de finales de junio en Canadálas inundaciones en el centro de Europa o en China de julio y los recientes incendios asociados al calor en la cuenca del Mediterráneo. Precisamente, otra de las importantes novedades del informe es la referida a estos eventos. El IPCC afirma rotundo: “El cambio climático inducido por el hombre ya está afectando a muchos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo. La evidencia de los cambios observados en extremos como olas de calor, fuertes precipitaciones, sequías y ciclones tropicales, y, en particular, su atribución a la influencia humana se ha fortalecido desde el AR5 [el informe de 2013]”.El texto apunta a que “es prácticamente seguro que las olas de calor extremas se han vuelto más frecuentes e intensas en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950, mientras que los extremos fríos (incluidas las olas de frío) se han vuelto menos frecuentes y menos graves, con una gran confianza en que el cambio climático inducido por el hombre es el principal impulsor de estos cambios”. Una situación similar se plantea para “la frecuencia y la intensidad de los eventos de precipitaciones intensas”, que han aumentado “desde la década de 1950 en la mayor parte de la superficie terrestre” y de las que “el cambio climático inducido por el hombre es probablemente el principal impulsor”.

Sergio Vicente-Serrano, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología, del CSIC, y uno de los autores del capítulo referido a los eventos extremos, señala que las evidencias sobre esta vinculación “son mucho más robustas que en los informes anteriores”. En 2013, por ejemplo, se apuntaba a la posibilidad de que aumentaran estos fenómenos en virulencia y frecuencia debido a la energía que se estaba acumulando en la atmósfera por el calentamiento. El gran paso que ha dado la ciencia en los últimos años es el de la atribución de los fenómenos extremos concretos al cambio climático inducido por el hombre, como ocurrió con la ola de calor de Canadá. Se ha logrado, explica Canadell, por los avances tecnológicos —por ejemplo, con computadoras más potentes capaces de manejar muchos más datos— y por el aumento de estos fenómenos.

El informe concluye que existe una “relación directa” entre el incremento de las temperaturas medias y la multiplicación de los extremos cálidos, las fuertes precipitaciones, las sequías agrícolas y ecológicas en algunas regiones, además del aumento de los ciclones tropicales intensos y la disminución del hielo marino del Ártico y la reducción de la capa de nieve y el permafrost. El texto avisa de que, por cada medio grado de calentamiento global, se provocan “aumentos claramente perceptibles en la intensidad y frecuencia de extremos cálidos, incluidas olas de calor (muy probable) y fuertes precipitaciones (nivel de confianza alto), así como sequías agrícolas y ecológicas en algunas regiones (nivel de confianza alto)”. Y se advierte de que “habrá una ocurrencia creciente de algunos eventos extremos sin precedentes en el registro de observación con el calentamiento”, incluso si se logra cumplir la meta de los 1,5 grados.

Cambios irreversibles

El informe del IPCC recuerda que muchos cambios motivados por las emisiones pasadas ya serán “irreversibles durante siglos o milenios”, especialmente los que afectan a los océanos y las capas de hielo. La investigadora Carolina Vera remacha que estos impactos “van a continuar durante cientos o miles de años, pero se pueden ralentizar si se reducen las emisiones”. Se espera, por ejemplo, que el nivel del mar siga aumentando durante este siglo. Entre 1901 y 2018, el incremento fue de unos 20 centímetros. Y, tomando como referencia el nivel del periodo comprendido entre 1995 y 2014, para 2100 la subida podría ser de 40 centímetros en el escenario de emisiones más optimista; en el más pesimista se duplicaría, hasta superar los 80 centímetros. Esto contribuirá a que se den “inundaciones costeras más frecuentes y graves en las zonas bajas y la erosión” de la costa. “Los eventos extremos relacionados con el nivel del mar que antes ocurrían una vez cada 100 años podrían ocurrir cada año a finales de este siglo”, explica el IPCC.

“Los eventos extremos relacionados con el nivel del mar que antes ocurrían una vez cada 100 años podrían ocurrir cada año a finales de este siglo”Otro de los puntos críticos que se resaltan en el informe es el Ártico, que se seguirá calentando más del doble de rápido que la media del planeta. Esto “amplificaría aún más el deshielo del permafrost y la pérdida de la capa de nieve estacional, el hielo terrestre y el hielo marino del Ártico”. La previsión de los científicos es que el Ártico “esté virtualmente libre de hielo marino en septiembre, al menos una vez antes de 2050″, en todos los escenarios previstos en el informe.

Reacciones

“El informe del IPCC de hoy es un código rojo para la humanidad”, ha comentado este lunes António Guterres, secretario general de la ONU, que aseguró que “la viabilidad de nuestras sociedades” depende de la actuación de gobiernos, empresas y ciudadanos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados. “Las alarmas son ensordecedoras y la evidencia es irrefutable: las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles y la deforestación están asfixiando nuestro planeta y poniendo a miles de millones de personas en riesgo inmediato. El calentamiento global está afectando a todas las regiones de la Tierra, y muchos de los cambios se vuelven irreversibles”, ha afirmado el portugués.

Desde EE UU, el presidente Joe Biden se ha referido también a este trabajo de los científicos: “No podemos esperar para afrontar la crisis climática. Los signos son inconfundibles. La ciencia es innegable. Y el costo de la inacción sigue aumentando”, ha manifestado el líder estadounidense en un tuit.

Por su parte, Alok Sharma, presidente de la decisiva Cumbre Mundial del Clima que tendrá lugar el próximo noviembre en Glasgow (COP26), ha recalcado que “la próxima década es decisiva”. “La ciencia es clara, los impactos de la crisis climática pueden verse en todo el mundo y si no actuamos ahora, seguiremos viendo cómo los peores efectos impactan en las vidas, los medios de vida y los hábitats naturales”, ha señalado.

También ha llamado a actuar la vicepresidenta y ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que ha pedido “intensificar los esfuerzos de adaptación al cambio climático”. Como ha comentado, “las alteraciones del clima se suceden a un ritmo cada vez más acelerado y la evidencia científica nos empuja a los gobiernos y al conjunto de la sociedad mundial a acelerar el ritmo de transformación de nuestro modelo de desarrollo y de nuestro sistema económico para hacer frente a la gran amenaza que representa el cambio climático”