Adiós, planeta… ¿adiós?

Adiós, planeta... ¿adiós?
Adiós, planeta… ¿adiós?

Una guerra mundial atómica o una catástrofe ecológica global son amenazas sólidamente probables desde un punto de vista científico

Aunque a Putin no le hayan salido las cosas a su gusto, Occidente parece estar fracasando en la guerra de Ucrania: ni ha conseguido la ayuda de todo el Sur, incluso de sus aliados árabes, ni parece que Ucrania podrá resistir una guerra muy larga)

Por José I. González Faus

El título no significa que puedo irme pronto (eso se da por descontado), sino quizá es el planeta el que se nos despide antes de lo previsto. Más que una despedida quiere ser un lamento.

Normalmente los gritos de alarma o los avisos de peligros muy graves suele tomarlos la gente como “jeremiadas” o anuncios de Casandra (única que predijo la derrota de Troya sin que nadie le hiciera caso). El hecho es que, cuando nos dicen que hoy podríamos estar ante otra caída, más mortal y más global que la de Jerusalén o la de Troya, nos limitamos a subir el volumen de nuestras orquestas para poder seguir “bailando tranquilamente sobre la cubierta del Titanic”. Esa frase no es mía pero me parece una descripción muy gráfica de lo que puede ser nuestro momento histórico.

Ucrania
Ucrania

Veamos. Aunque a Putin no le hayan salido las cosas a su gusto, Occidente parece estar fracasando en la guerra de Ucrania: ni ha conseguido la ayuda de todo el Sur, incluso de sus aliados árabes, ni parece que Ucrania podrá resistir una guerra muy larga. Llevar a Putin ante un tribunal internacional (¡que EEUU no reconoce!) implicaría llevar también a EEUU ante ese mismo tribunal por la masacre de Irak, que fue tan “injustificada y brutal” como la de Ucrania, como acaba de reconocer el mismo G. Bush, aunque no sepamos si sus palabras fueron un lapsus inconsciente, o una tardía confesión deliberada.

La entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN es una calamidad (fruto de esas cegueras del miedo) que nos vuelve a la antigua situación de guerra fría, por más que la OTAN la célebre insensatamente. Las sanciones impuestas a Rusia están haciéndonos más daño a los ciudadanos de la Europa occidental que a los rusos: porque estos ya están acostumbrados a pasarlo mal, mientras que nosotros, como nos alteren un grado el aire acondicionado, parece que ya no podemos soportar tanta molestia. Y si todo esto va llevando a una prolongación de la guerra y acabamos llegando a una tercera guerra mundial, con armas atómicas en ambas partes…, prefiero no seguir pensando. Pero “científicamente hablando”, hay que reconocer que esa es una amenaza sólidamente probable.

Creemos que los rusos están peor porque están sometidos a una desinformación total por la censura política. Es cierto; pero no nos damos cuenta de que nosotros estamos sometidos a una censura parecida y más sutil, que no proviene de los poderes políticos sino de los mediáticos: no se prohíbe nada, por supuesto. Pero se guisa y se escatima todo, según los intereses del sistema.

Vacuna al planeta
Vacuna al planeta

Por otro lado, la ocupación con la guerra ha llevado a un abandono casi total de nuestra preocupación por el planeta que ya era bastante irresponsable (la describí una vez como “tratar el cáncer con paracetamoles”). Hace poco, un grupo de científicos ha lanzado un manifiesto muy serio denunciando que el planeta está cada vez más enfermo, que no cumplimos ninguno de los objetivos propuestos, que el calentamiento se acentúa y que es urgente modificar casi todos nuestros parámetros de conducta. Esas cosas podemos permitirnos incluso publicarlas un día (¡faltaría más! ¡Con el respeto que tenemos nosotros de la libertad de expresión!). Pero al día siguiente se entierran, y se cumple aquella máxima tan sabia de que “nada hay más viejo que el diario de ayer”. Prometemos que “mañana mismo” atenderemos a esa advertencia y luego cumplimos el sabio verso de Lope de Vega: “siempre mañana y nunca mañanamos”. Y además hacemos bien: porque ya sabemos que la democracia es una cuestión de mayorías, y que todas esas advertencias son minoritarias; y el gobernante que intente un programa ecológico radical perderá las próximas elecciones.

Armas nucleares
Armas nucleares

Pero, otra vez: todos esos peligros no son puras fantasías o imaginaciones, sino amenazas sólidamente probables desde el punto de vista científico.

Esos creo que son los datos. La pregunta que queda es cuál será nuestra reacción si un día esas serias probabilidades pasan a ser realidades. Por un lado, un grupito criminal repetirá tranquilamente las conductas que viene denunciando Oxfam y que ya no sé si calificar de “Putinianas” o de “Otanianas”: “los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna durante la pandemia”; durante la covid, “cada día ha habido un milmillonario más y varios miles de hambrientos más”… Otro grupo mucho mayor, echará la culpa a Dios (aunque no crea en Él), porque no puede concebir otra explicación de lo que ha ocurrido. Muchos otros buscarán desesperadamente una salida individual para ellos solos, sin lograr encontrarla. Otros creerán oír la voz de Dios que grita como en el libro del Génesis: “Adán ¿dónde estás?”… Y quizás a unos pocos les pasará como al profeta Jeremías: que después de haber anunciado desesperadamente, contra la incredulidad y las protestas de casi todos, la próxima caída de Jerusalén, cuando se produjo por fin esa caída, lloraba desesperadamente con más dolor que nadie… 

Por mi parte, “solo le pido a Dios”… como cantaba Mercedes Sosa. Sólo le pido a Dios que todo esto sean chocheces de viejo.

7º Aniversario de «Laudato Si»

Un Planeta a cuidar, un grito aún a escuchar

En el séptimo aniversario de la encíclica Laudato si’, trazamos un balance de cuánto se hizo hasta ahora y de cómo las palabras proféticas de Francisco han hecho iniciar procesos fecundos, en todos los ámbitos tocados por el texto, interpelando a los gobernantes, así como también a los niños al punto de transformar la urgencia en una costumbre: cuidar la Casa Común, y cada una de sus creaturas, incluso la más efímera.

Cecilia Seppia – Ciudad del Vaticano 

Si el Planeta Tierra fuera una persona, probablemente estaría hoy tumbado en alguna cama de hospital con un goteo de morfina conectado a su brazo para aliviar los numerosos e insoportables dolores que le aquejan. Ha sido el hombre, sobre todo en las últimas cuatro décadas, el que, como buen médico, se ha esforzado en hacer la historia clínica del paciente, sometiéndolo a análisis clínicos especializados, hasta llegar a un diagnóstico poco halagüeño: la contaminación; el cambio climático; la desaparición de la biodiversidad; la deuda ecológica entre el Norte y el Sur, vinculada a los desequilibrios económicos; el antropocentrismo; el dominio de la tecnocracia y las finanzas, con la prevalencia de una «cultura del descarte» rampante que lleva a la explotación de los niños, el abandono de los ancianos, la esclavización de los demás, el comercio de órganos o los diamantes de sangre. 

En una palabra, el «cáncer», y además el cáncer «en última fase», que quizá sea más temible que las enfermedades descriptas anteriormente, pero que nos deja indiferentes porque no ha afectado a ningún miembro de nuestra familia o a amigos de toda la vida. Sin embargo, ese mismo médico, tan escrupuloso en la fase de diagnóstico, se olvidó de encontrar una cura. O donde la había encontrado, para administrarla diariamente, con perseverancia y amor. Hace siete años, el 24 de mayo de 2015, con la encíclica Laudato si’, fue el Papa Francisco quien relanzó la urgencia de una terapia dirigida contra las enfermedades de la Tierra, apelando no a los médicos profesionales, sino a «todos los hombres y mujeres de buena voluntad»: 221 páginas, una introducción, 6 capítulos y dos espléndidas oraciones finales que inmediatamente dejaron su huella no solo en la Doctrina Social de la Iglesia, sino también en los procesos políticos, económicos y ecológicos de nuestras sociedades globalizadas.

Palabras proféticas 

Hoy también a la luz de la dramática experiencia de la pandemia que nos ha puesto de rodillas y de la guerra que continúa sembrando terror y destrucción, tenemos la prueba por una parte de las intuiciones “proféticas” del texto de Francisco y, por otra, de su fuerza, tan simple como el verso del Cántico de las Criaturas del que toma su nombre y, al mismo tiempo, tan eficaz, como lo es toda palabra dirigida a Dios con fe.

Los frutos de la encíclica del Papa Bergoglio, la segunda de todo su Pontificado, han, de hecho, iniciado procesos fecundos, muchos de ellos aún en curso, en todos los ámbitos tratados en el texto, interpelando a los gobernantes, como también a los niños, decididos, con pies de plomo, a hacer su parte. El bagaje cultural y magisterial en el que se asienta la reflexión del Papa es amplio y bien documentado: desde Pablo VI, que se refirió al problema ecológico presentándolo como una crisis que es «consecuencia dramática» de la actividad incontrolada del ser humano, hasta San Juan Pablo II, pasando por Benedicto XVI, que ha invitado con preocupación a reconocer que la Creación está comprometida allí «donde somos las últimas instancias, donde el todo es simplemente de nuestra propiedad y lo consumimos solo para nosotros mismos».

Y, sin embargo, en la maravillosa obra de las manos de Dios, no hay depredadores ni egoísmo, no hay amos y esclavos, no hay un entorno que se pueda explotar a voluntad, sino un lugar, un hogar de hecho, que se comparte en armonía. Francisco dice: “La Biblia nos enseña que el mundo no nació del caos o del azar, sino de una decisión de Dios que lo llamó y siempre lo llama a la existencia, por amor. El universo es bello y bueno, y contemplarlo nos permite vislumbrar la infinita belleza y bondad de su Autor. Cada criatura, incluso la más efímera, es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo”.

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Nota Eclesial: Laudato si’ para toda la humanidad

23/05/2022

Nota Eclesial: Laudato si’ para toda la humanidad

Todo está conectado, incluso las crisis 

El primero y valioso fruto de la Laudato si’ es precisamente su capacidad de conectar aspectos que, con anterioridad, se trataban sectorialmente. No es casualidad que entre las expresiones más citadas se encuentre “la ecología integral”, que está en el centro mismo, el «todo está conectado», que se ha convertido casi en un eslogan, y la anotación de que «no hay dos crisis searadas, una ambiental y otra social, sino una única y compleja crisis socio-ambiental»: el Planeta está mal, pero el hombre ciertamente no está mejor, obligado por la hambruna, el hambre, los desplazamientos de tierra, las inundaciones, las guerras, la corrupción, a abandonar su hogar, sin saber si alguna vez encontrará otro.

También este año hemos contado en Vatican News muchas historias inspiradas en Laudato si’, desde Roma hasta las Islas Salomón, atravesando los 5 continentes con los testimonios de quienes han querido ponerle cara. La acción a favor del medio ambiente es transversal a las culturas, a los pueblos, a los contextos geográficas, a las creencias, aunque hay que decir que la Iglesia ha sido un enorme hervidero de ideas y proyectos, gracias a los cuales las palabras del Pontífice no quedaron en papel mojado. 

Los proyectos

En Ghana, por ejemplo, los obispos de la Conferencia Episcopal están haciendo un esfuerzo para plantar un millón de árboles, una acción concreta para complementar y apoyar el proyecto gubernamental “Green Ghana”, lanzado en junio de 2021.

En Kenia, ya habían comenzado, el año pasado, con la plantación de semillas en el bosque de Kakamega, el único bosque tropical que queda en el país. En el programa participaron 500 personas de distintas confesiones cristianas, que también realizaron iniciativas de sensibilización por un uso más respetuoso de los recursos de la tierra. Plantar un árbol -había dicho el Papa Francisco precisamente en Kenia en 2015- es, en primera instancia, una invitación a seguir luchando contra fenómenos como la deforestación y la desertificación. A su vez, plantar un árbol nos provoca a seguir confiando, esperando y especialmente comprometiendo nuestras manos para revertir todas las situaciones de injusticia y deterioro que hoy padecemos”.

Con esta visión, los jóvenes del Movimiento Laudato si’, en modo particular, intervinieron también en el ámbito urbano para afrontar sea simbólica como concretamente uno de los más grandes desafíos a los que se enfrentan las ciudades: el de la inmensa producción de residuos. Y así, en colaboración con la ONG Nairobi Recyclers (Narec), dieron vida a un proyecto de reciclaje que busca limpiar parte de la capital. Además de recoger la basura y de proteger el medio ambiente de la contaminación, el equipo de Nairobi Recyclers identificó 17 escuelas y 5 casas religiosas de acogida para niños donde pretende plantar más de mil árboles frutales y otras especies. Pero la Iglesia, además de los proyectos de reforestación en África, ha puesto en marcha, en otros contextos, de descarbonización, de eficiencia energética, de agricultura sustentable, de abastecimiento de agua potable, de limpieza de los mares de plástico, de educación y sensibilización ambiental, sin olvidar nunca a la persona y la protección de la vida humana.

Con este propósito no se puede no citar la obra del episcopado estadounidense y de la diócesis de Chicago que, bajo la guía del cardenal arzobispo de la ciudad, Blase Joseph Cupich, tiene el mérito de haber establecido el primer ministerio Laudato si’ en el mundo, interpelando a tantos católicos, jóvenes y mayores, que han puesto su profesión o «carisma» en el cuidado de la Casa Común y la defensa de los más débiles. Una mención especial también para la diócesis de Burlington que se comprometió con los fieles en la sensibilización y en la acción hacia una mayor justicia ecológica emprendiendo proyectos para hacer frente a la cultura del despilfarro (práctica del compostaje en el huerto y en el jardín, uso exclusivo de materiales reciclados empezando por el papel, modelos circulares de producción y consumo alimentario, pero no solo), junto al comienzo de un monitoreo de las propiedades inmobiliarias diocesanas en lo que respecta al suministro de energía para su conversión a formas renovables o de bajo impacto ambiental. También es grande la implicación de las comunidades locales, por parte de la Iglesia, para salvar a la Amazonía, el pulmón verde del mundo que corre el riesgo de derrumbarse cada día más a causa de la deforestación, de la corrupción, la explotación intensiva del suelo y la aniquilación de la biodiversidad. 

Los frutos de un llamamiento incansable 

“En efecto, existe una clara relación entre la protección de la naturaleza y la construcción de un orden social justo y equitativo. No puede haber una renovación de nuestra relación con la naturaleza, sin una renovación de la humanidad misma”, había dicho el Papa en ocasión del Encuentro con las Autoridades keniatas durante el Viaje Apostólico de noviembre de 2015, que también tocó a Uganda y a África Central, pocos meses después de la publicación de la encíclica. El llamamiento es, no obstante, incansable: “Cuidar la Tierra, para que no responda con la destrucción”, no devorar la Tierra sino devolverle su dignidad, escuchar aquel grito sufriente de los pueblos que sigue presionando los oídos de todos. También en este año hemos presenciado un vibrante florecimiento de las Comunidades Laudato si’, que nacidas de la idea del obispo de Rieti, monseñor Domenico Pompilli y del fundador de Slow Food Italia, Carlo Petrini, en el silencio de la oración o en el “barullo” de las movilizaciones, pero siempre con iniciativas concretas, han relanzado el tema de la ecología integral apuntando a esa conversión del corazón, pero también de acción que atraviesa e irradia el texto de Francesco. Desde 2020 en adelante, no obstante la pandemia, los círculos Laudato si’ han registrado un aumento de casi el 300%.

La encíclica ha permeado el debate político y científico a partir de la Conferencia de París sobre el clima del 2015 y la de Glasgow del 2021; hizo sí que el cuidado de la Casa Común se incluyera entre las obras de misericordia y dio lugar a la «Economía de Francisco”. 

Sin ese documento quizás hubiera sido más difícil celebrar un Sínodo como el de la Amazonia (cuya conexión con Laudato si’ es evidente ya desde el tema: «Nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral») y llegar a la posterior exhortación apostólica, Querida Amazonia, con sus cuatro sueños -social, cultural, ecológico y eclesial- que son en realidad un camino de ecología integral capaz de interpelar la conciencia del mundo entero, al que el propio Francisco se refirió cuando, al hilo de los trabajos sinodales, habló de un verdadero «pecado ecológico».

El mismo Sínodo de los jóvenes del 2018 y el “Documento sobre la fraternidad humana”, firmado el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi por el Papa y el gran imán de Al-Azhar, Al-Tayyib, estarían, al fin y al cabo, entre los frutos de este texto, inicialmente visto como una encíclica verde, más tarde mejor entendido como una verdadera perspectiva innovadora, motor de una revolución cultural, que atraviesa la sociedad en todas sus grietas. Durante la JMJ de Panamá, en enero de 2019, se habló incluso de una «Generación Laudato si’«. Sin embargo, es un hecho que el paradigma de la ecología integral se ha extendido como un reguero de pólvora a nivel internacional, gracias también al compromiso del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, así como en Italia, donde ha encontrado un terreno especialmente fértil, dada la sensibilidad hacia las cuestiones medioambientales demostrada por la Conferencia Episcopal Italiana y las distintas diócesis. Sin embargo, el documento de Francisco ha dado un nuevo impulso a la reflexión de asociaciones comerciales como ColdirettiConfcooperative y Confartigianato o de fuerzas sindicales como la Cisl.

A nivel eclesial, se ha injertado en iniciativas nacionales como las Semanas Sociales de los católicos italianos; ha inspirado eventos de espiritualidad, sobre todo el «Tiempo de la Creación» que va desde el 1º de septiembre, Jornada Mundial de Oración por la Salvaguarda de la Creación, hasta el 4 de octubre, fiesta de San Francisco. Ha permitido el establecimiento de la Semana Laudato si’, este año programada del 22 al 29 de mayo; ha alimentado la música, el arte, la cultura e incluso el cine. «Somos parte de una sola familia humana, llamada a vivir en una casa común de la que constatamos, juntos, la inquietante degradación», fueron las palabras del Papa Francisco en el texto entregado a los ecologistas franceses, con los que se reunió el 3 de septiembre de 2020, pero, añadió, «nos alegra el hecho de que la toma de conciencia de la urgencia de la situación se haga sentir en todas partes, de que el tema de la ecología cale cada vez más en las formas de pensar en todos los ámbitos y empiece a influir en las decisiones políticas y económicas, aunque quede mucho por hacer”.

Otra agenda mundial:

¿liberar la vida u otro paradigma civilizatorio?

Leonardo Boff

Nota previa: Se ha organizado un grupo internacional que se propone “otra agenda mundial para liberar la vida”. La primera sesión tuvo lugar el día 5/5/2022. Cada participante (en total unos 20 aunque no todos intervinieron) tenía 10-15 minutos para presentar su visión del tema. El coordinador era un conocido economista italiano, que trabaja en la Comunidad Europea, en Bruselas. El propósito básico es cómo democratizar los conocimientos científicos que refuerzan la búsqueda de una agenda que tenga como objetivo liberar la vida.

Expongo aquí mi corta presentación, hecha en francés, con las ideas que he propuesto y defendido en otros escritos. Hasta ahora, por lo visto, la nueva agenda se sitúa todavía dentro del viejo paradigma (la burbuja dominante), sin plantearse la cuestión de la profunda crisis que este paradigma, el de la modernidad científico-técnica, ha provocado, paradigma que está poniendo en peligro el futuro de nuestra vida y de nuestra civilización. De ahí la oportunidad de exponer claramente mi posición crítica, que no cree en las virtualidades de liberar la vida de este paradigma, pues la está destruyendo rápidamente. Lboff

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Voy directo al punto: ¿dentro del actual paradigma civilizatorio, de la modernidad, es posible otra Agenda o hemos tocado sus límites insuperables y tenemos que buscar otro paradigma civilizatorio si todavía queremos seguir viviendo sobre este planeta?

Mi respuesta se inspira en tres afirmaciones de gran autoridad.

La primera es de la Carta de la Tierra, aprobada por la UNESCO en 2003. Su frase inicial presenta tonos apocalípticos: “Estamos ante un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro… y esa elección es: o formar una alianza global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros, o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y a la destrucción de la diversidad de la vida” (Preámbulo).

La segunda afirmación muy seria es del Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti (2020): “estamos en el mismo barco, nadie se salva solo, o nos salvamos todos o no se salva nadie” (n.32).

La tercera afirmación es del gran historiador Eric Hobsbawn en su conocida obra La era de los extremos (1994) en su frase final: No sabemos hacia donde estamos yendo. Sin embargo, una cosa es segura: si la humanidad quiere tener un futuro aceptable, no puede ser mediante la prolongación del pasado o del presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre esta base vamos a fracasar. Y el precio del fracaso, o sea la alternativa al cambio de la sociedad, es la oscuridad”(p.562).

En otras palabras: nuestro modo de habitar la Tierra, que nos ha traído innegables beneficios, ha llegado a su agotamiento. Todos los semáforos están en rojo. Hemos construido el principio de autodestrucción, que puede exterminar toda la vida con armas químicas, biológicas y nucleares de muchas formas distintas. La tecnociencia que nos hace llegar a los límites extremos de sostenibilidad del planeta Tierra (The Earth Overshoot) no tiene condiciones por si sola, como la Covid-19 ha mostrado, para salvarnos Podemos limar los dientes al lobo pensando que le quitamos, ilusoriamente, su voracidad. Pero esta no reside en los dientes sino en su naturaleza.

Por lo tanto, tenemos que abandonar nuestro barco e ir más allá de una nueva agenda mundial. Hemos llegado al final del camino. Tenemos que abrir un camino distinto. De lo contrario, como dijo en su última entrevista antes de morir Zygmunt Bauman: “vamos a engrosar el cortejo de aquellos que caminan en dirección a su propia tumba”. Nos vemos forzados, si queremos vivir, a recrearnos y a reinventar un nuevo paradigma de civilización.

Dos paradigmas: el del dominus y el del frater

En este momento veo enfrentados dos paradigmas: el paradigma del dominus y el paradigma del frater. Dicho de otra manera: el paradigma de la conquista es expresión de la voluntad de poder como dominación, formulada por los padres fundadores de la modernidad, como Descartes, Newton, Francis Bacon; dominación de todo, de pueblos, como en las Américas, África y Asia, dominación de clases, de la naturaleza, de la vida y dominación de la materia hasta su última expresión energética con el Bosón de Higgs.

El ser humano (maître et possesseur de Descartes) no se siente parte de la naturaleza, sino su dueño y señor (dominus), que en palabras de Francis Bacon “debe torturar a la naturaleza como el torturador hace con su víctima hasta que entregue todos sus secretos”. Él es el fundador del método científico moderno, prevalente hasta el día de hoy.

Ese paradigma entiende la Tierra como mera res extensa y sin propósito, transformada en un baúl de recursos, considerados infinitos y que permiten un crecimiento/desarrollo también infinito. Sucede sin embargo que hoy sabemos científicamente que un planeta finito no soporta un proyecto infinito. Esta es la gran crisis del sistema del capital como modo de producción y del neoliberalismo como su expresión política.

El otro paradigma es el de frater: hermano y hermana de todos los seres humanos entre sí y hermanos y hermanas de todos los demás seres de la naturaleza. Todos los seres vivos tenemos, como Dawson y Crick mostraron en los años 1950, los mismos 20 aminoácidos y las 4 bases nitrogenadas, desde la célula más originaria que surgió hace 3.800 millones de años, pasando por los dinosaurios y llegando hasta nosotros humanos. Por eso dice la Carta de la Tierra y lo enfatiza fuertemente el Papa Francisco en sus dos encíclicas ecológicas, Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015) y Fratelli tutti (2020): un lazo de fraternidad nos une a todos, “al hermano Sol, la hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra” (LS n.92; CT preámbulo). El ser humano se siente parte de la naturaleza y tiene el mismo origen que todos los demás seres: “el humus” (la tierra fértil) de donde se deriva homo, como masculino y femenino, hombre y mujer.

Si en el primer paradigma prevalece la conquista y la dominación (paradigma de Alejandro Magno y Hernán Cortés), en el segundo se muestra el cuidado y la corresponsabilidad de todos con todos (paradigma de Francisco de Asís y Madre Teresa de Calcuta).

Representado figurativamente podemos decir: el paradigma del dominus es el puño cerrado que somete y domina. El paradigma del frater es la mano extendida que se entrelaza con otras manos para la caricia esencial y el cuidado de todas las cosas.

El paradigma del dominus es el dominante, está en el origen de nuestras muchas crisis y en todas las áreas. El paradigma del frater está naciendo y representa el mayor anhelo de la humanidad, especialmente de aquellas grandes mayorías dominadas sin piedad, marginalizadas y condenadas a morir antes de tiempo. Pero posee la fuerza de una semilla y, como en toda semilla, en ella están presentes las raíces, el tronco, las ramas, las hojas, las flores y los frutos. Por eso por él pasa la esperanza, como principio más que como virtud, como aquella energía indomable que proyecta siempre nuevos sueños, nuevas utopías y nuevos mundos, es decir, nos hace caminar en dirección a nuevas formas de habitar la Tierra, de producir, de distribuir los frutos de la naturaleza y del trabajo, de consumir y de organizar relaciones fraternales y sororales entre los humanos y con los demás seres de la naturaleza.

El paso del paradigma del dominus al paradigma del frater

Sé que aquí se plantea el espinoso problema de la transición de un paradigma a otro. Se hará gradualmente, con un pie en el viejo paradigma del dominus/conquista ya que debemos garantizar nuestra subsistencia y el otro pie en el nuevo paradigma del frater/cuidado para inaugurarlo a partir de abajo. Aquí deben ser discutidos varios supuestos, pero no es el momento de hacer eso. Una cosa podemos adelantar: trabajando el territorio, el biorregionalismo, se podrá implantar regionalmente el nuevo paradigma del frater/cuidado de forma sostenible, pues tiene la capacidad de incluir a todos y crear más igualdad social y equilibrio ambiental.

Nuestro gran desafío es este: cómo pasar de una sociedad capitalista de superproducción de bienes materiales a una sociedad de sostenimiento de toda la vida, con valores humano-espirituales intangibles como el amor, la solidaridad, la compasión, la justa medida, el respeto y el cuidado especialmente de los más vulnerables.

El adviento de una biocivilización

Esta nueva civilización tiene un nombre: es una biocivilización, cuya centralidad es la vida en toda su diversidad, pero especialmente la vida huma personal y colectiva. La economía, la política y la cultura están al servicio del mantenimiento y de la expansión de las virtualidades presentes en todas las formas de vida.

El futuro de la vida en la Tierra y el destino de nuestra civilización están en nuestras manos. Tenemos poco tiempo para hacer las trasformaciones necesarias, pues ya hemos entrado en la nueva fase de la Tierra, su calentamiento creciente. Falta la suficiente conciencia en los jefes de estado sobre las emergencias ecológicas y es todavía muy escasa en el conjunto de la humanidad.

Leonardo Boff, teólogo, filósofo y ha escrito: Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres, 1999/2018; Habitar la Tierra: ¿cuál es el camino para la fraternidad universal? Vozes 2022.

Semana Laudato Si -2022

«Escuchar y caminar juntos»

Desde el discasterio romano encargado del tema de la ecología integral hacen una llamada a la celebración de la semana Laudato si´ del 22 de mayo al 29. Las parroquias, movimientos, diócesis comienzan a prepararse para dicha celebración buscando llevar la encíclica a la vida, al pensar, sentir y actuar de la ciudadanía creyente en medio del mundo.

 | José Moreno Losada

En Mérida – Badajoz nos vamos preparando  y abriendo a distintos actos que van a ir celebrándose en nuestra comunidad diocesana. La delegación anima a esta reflexión y toma de conciencia con un vídeo programático al hilo del lema: «Escuchar y caminar juntos».  La elaboración está planteada desde lo urbano en el parque de la universidad en Badajoz y  la peregrinación por las villuercas y a Guadalupe:

Asamblea por el Clima

22 de mayo: el día en el que las voces se unen contra la crisis climática

Pancarta en una manifestación
Pancarta en una manifestación Pexels
  • Una gran acción colectiva exigirá medidas contundentes al Gobierno para priorizar la salud del planeta

Paola Amigo

El 22 de mayo podría ser un día más en el calendario. Un domingo cualquiera en el que hacer planes con los amigos. Pero mucha gente tiene claro que será un día en el que hay que unirse y hacerse oír. Y no porque se celebre el Día Internacional de la Diversidad Biológica o el Día Mundial del Pac-Man, que podría ser, sino porque saben que la crisis climática está pidiendo con fuerza una movilización, y que no puede esperar más. 

Ese domingo concluye la Asamblea Ciudadana por el Clima que se celebra en España desde finales de 2021 y que tanta polémica ha suscitado entre los movimientos ciudadanos que luchan contra la crisis climática. Una Asamblea Ciudadana compuesta por 100 ciudadanos escogidos de forma aleatoria que tras varias sesiones tienen la oportunidad de presentar ante el Congreso de los Diputados las medidas necesarias para frenar el cambio climático. Pero también una Asamblea Ciudadana que se espera aumente la ambición sobre lo presente, pues la ley contra el cambio climático fue aprobada hace ya un año, y sigue suscitando grandes críticas del movimiento ecologista.

Ese mismo día 22 de mayo, y no otro, ha sido el elegido por la plataforma Marea Deliberativa, que reúne a más de 40 movimientos y organizaciones, para poner en marcha una gran movilización que una todas las voces. Una acción que aúne a la sociedad civil, al movimiento ecologista y a los activistas por la democracia en una acción colectiva que visibilice  sus diferentes planteamientos sobre la Asamblea Ciudadana para el Clima, para darle un final digno el día en el que se presenten sus conclusiones.

“Aunque  existe una percepción generalizada muy crítica sobre esta Asamblea Ciudadana para el Clima, existe también cierto consenso por el que estamos ante una herramienta que, bien formulada y ejecutada, nos permitiría desatascar y acelerar una transición ecológica justa para la que nos estamos quedando sin tiempo”, comenta Sergio Moreno de Movemos Europa

Todos los movimientos ciudadanos que luchan por el clima, desde Greenpeace a Ecologistas en Acción, pasando por Extinction Rebellion o Juventud Verde, coinciden en que la escasa visibilidad que ha tenido esta Asamblea Ciudadana por el Clima juega en su contra, y que al igual que estas herramientas ciudadanas han servido para cambiar el rumbo de un país en diferentes escenarios, en España “vemos difícil que la Asamblea esté sirviendo para situar la crisis climática en la centralidad de las agendas pública, política y mediática”, añade Moreno, “por lo que es necesario alzar nuestras voces para darla a conocer y exigir más y mejores asambleas”.

Según Javier Andaluz, de Ecologistas en Acción, “lo que hemos podido comprobar durante este proceso es que vista la opacidad con la que se ha desarrollado y la falta de vinculación de las propuestas, parece que este no ha sido ni de lejos el proceso participativo que se anunciaba al inicio de esta Asamblea Ciudadana por el Clima”. Y hace un llamamiento para el 22 de mayo: “todas tenemos que hablar sobre la emergencia climática y poner medidas sobre la mesa, y desde estos espacios en los que puede haber un intercambio de diálogo se puede pedir más participación y más mecanismos de control y de democracia públicos”.

“La ciencia prevé que en 2050 España alcance las mismas temperaturas que Irak”, apunta Moreno. “Es el momento de aumentar la ambición climática e involucrar a la sociedad civil y a la ciudadanía con herramientas de participación reales y no simbólicas. En tanto que la ley de cambio climático mandata que la asamblea ciudadana sea un espacio de «participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones» en lugar de un mero ejercicio de reflexión, exigimos ahora que sus recomendaciones sean vinculantes”.

El día de la manifestación, los movimientos ciudadanos, y todas las voces que se quieran sumar, exigirán medidas contundentes al Gobierno y recordarán la capacidad de la democracia participativa como la principal herramienta para superar la crisis climática . Porque aún hay esperanza. “Lo que no podemos permitir es que esta Asamblea termine sin pena ni gloria”, defiende Virginia Alfaro, del movimiento Extinction Rebellion. “Desde el Gobierno se comprometieron a que esta no sería la única Asamblea, sino la primera, y es esencial que las siguientes sean como deben ser, porque recursos para mejorarla existen”.

Tal y como recuerdan desde Marea Deliberativa, en una segunda edición de la Asamblea Ciudadana para el Clima se podría hacer todo lo que no se ha hecho en la primera, de modo que se podrían seguir las recomendaciones de la OCDE —Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos—, darle visibilidad plena, marcar unos objetivos concretos y que todo el proceso transcurra acorde a la ciencia. Siempre, además, con la posibilidad de celebrar asambleas ciudadanas climáticas autonómicas, provinciales e incluso municipales.

“Este 22 de mayo debe ser un espacio compartido en el que podamos aprender mutuamente sobre cómo movernos hacia adelante, tanto como sociedad civil como a través del Ministerio para la Transición Ecológica, para que se vea involucrado a hacerlo de otra manera”, apunta Alfaro, “Y no debemos olvidar que las Asambleas Ciudadanas son un mecanismo de democracia deliberativa que se utilizan a nivel institucional, pero que existen mecanismos de bases que se pueden emplear para que todas las voces se escuchen y podamos crear espacios radicalmente inclusivos. Así podremos contrarrestar la opacidad que hemos encontrado en esta Asamblea Ciudadana por el Clima, y por eso es tan importante unir nuestras voces el próximo 22 de mayo”.

Entrevista al P. Dário Bossi

“Laudato Si’, quizás tiene sus principales profetas en las poblaciones minoritarias”

Dario Bossi, miembro de Iglesias y minería
Dario Bossi, miembro de Iglesias y minería

«En los años de la pandemia, los beneficios de las empresas mineras en América Latina se han disparado»

«Se pagan tres grandes categorías: las comunidades, que intentan defender sus territorios y modos de vida, los trabajadores y la naturaleza»

«Todavía estamos lejos de entender que la ecología integral es un paradigma que desmonta el modelo económico, político y cultural que hemos promovido hasta ahora, y que estamos tratando de arreglar en algunas piezas, en algunos engranajes que no están funcionando»

«Lo que falta es una opción renovada, como dice la encíclica Laudato Si’, por los pobres y por la Madre Tierra»

 Luis Miguel Modino,

Dário Bossi con el Papa Francisco

La megaminería es algo cada vez más presente em América Latina, con un aumento durante la pandemia, tiempo en que los beneficios de las empresas mineras se han disparado. Es una cuenta que la pagan las comunidades, los trabajadores y la naturaleza.

Luchar contra eso es uno de los propósitos de la Red Iglesias y Minería, de la cual forma parte el padre Dário Bossi. En esta entrevista nos habla sobre la realidad de las comunidades afectadas, los pasos dados, destacando la Caravana por la Ecología Integral en Tiempos de Extractivismos, que recientemente recorrió varios países de Europa, inclusive visitó la Curia Vaticana.

Se trata de avanzar en todo lo apuntado por la Laudato Sí, de que las Iglesias hagan “un examen de conciencia muy severo y exigente para preguntarse hasta qué punto la Iglesia corre el peligro de ser cómplice de este sistema de muerte que está saqueando los territorios y la naturaleza”. Asumir “una opción renovada, como dice la encíclica Laudato Si’, por los pobres y por la Madre Tierra”.

¿Cuál es la realidad latinoamericana en torno a la minería hoy en día?

La opción por el extractivismo depredador en América Latina viene de lejos. Ha sido una opción que ha atravesado diferentes países y diferentes espectros políticos, de derecha a izquierda, en todo el continente. Sin embargo, en este último periodo, la crisis pandémica, el aumento de la pobreza, la inflación, los impactos que la guerra en Ucrania ha provocado en la seguridad del acceso a las materias primas, los combustibles fósiles, los fertilizantes, en general el mineral, junto con la falta de seguridad de los flujos financieros y la vuelta al oro como instrumento que garantiza la estabilidad financiera, han contribuido a aumentar aún más el ritmo arrollador del extractivismo.

Tanto es así que, en los años de la pandemia, los beneficios de las empresas mineras en América Latina se han disparado. Esto es escandaloso si vemos la caída del Producto Interior Bruto de los países, la caída del acceso mínimo a los salarios y a los derechos de la población. Al aumento de la brecha entre los más ricos y los más pobres también ha contribuido el incremento de los beneficios de las grandes empresas mineras.

Minería ilegal

¿Quién paga la factura de todo esto?

Se pagan tres grandes categorías: las comunidades, que intentan defender sus territorios y modos de vida, los trabajadores y la naturaleza. Cada vez hay más comunidades amenazadas, porque la necesidad de un extractivismo que amplíe las fronteras, el freno es la llamada licencia social, que las empresas no siempre pueden obtener. La licencia medioambiental la conceden los Estados, que suelen ser cómplices de las grandes empresas, pero la licencia social tiene que ser garantizada por las personas que viven en los territorios, y esto no siempre es tan fácil de conseguir.

Ante este conflicto, la amenaza aumenta, la amenaza a los indígenas, como está ocurriendo aquí en Brasil con los proyectos de liberación de la minería en tierras indígenas, la amenaza a los campesinos, la amenaza a las comunidades que quieren mantener otro tipo de relación con sus territorios. Los trabajadores también están pagando la factura, porque lo vimos con fuerza durante la pandemia, pero sigue teniendo repercusiones hoy en día. El poder de negociación de las empresas ante la pérdida de derechos, la pérdida de salarios, la necesidad de trabajar de las personas, ha aumentado.

La gente tuvo que someterse cada vez más a los descuentos para reclamar el derecho al trabajo. La minería fue reconocida durante la pandemia como una actividad esencial, lo cual es absurdo, paradójico. Si observamos las existencias de minerales que se almacenan en muchos países, no era tan esencial. Fue posible reducir o incluso suspender la extracción por un tiempo durante la pandemia.

Pero aumentó su ritmo durante la pandemia, lo que demuestra la pérdida de poder de negociación de los trabajadores frente al poder de la empresa. De esto se desprende que la naturaleza es la que paga la factura, porque se perdió la expansión de la minería en regiones hasta entonces, como los territorios indígenas, las áreas protegidas, los parques naturales, las zonas fronterizas, que hasta entonces estaban sujetas a una legislación más estricta. Tanto desde el punto de vista de la minería ilegal, como de la minería de oro, como de la minería industrial, la expansión acaba afectando a los derechos de la naturaleza.

Caravana Ecología Integral

Está haciendo algunas denuncias que han hecho en los últimos años diferentes organizaciones, incluida la Iglesia Católica, en referencia a la minería. Recientemente, una caravana latinoamericana visitó seis países europeos, haciendo estas y otras denuncias, incluso al Vaticano. ¿Qué importancia puede tener esta caravana para el futuro?

La caravana quería dialogar tanto con la sociedad civil como con las Iglesias. En primer lugar, quería llevar la solidaridad del Sur Global a una Europa que se siente fuertemente amenazada por la guerra, que es una guerra de disputas territoriales por las materias primas. Una guerra que disputa los canales para el flujo de materias primas.

Es, por tanto, una guerra que los países del Sur viven constantemente, quizá de forma menos visible pero constantemente efectiva, en las muertes, en la militarización de los territorios, en la alianza entre ejércitos, empresas y actividades extractivas ilegales. Un Sur Global que quiere mostrar su solidaridad con Europa y gritar que el origen de este tipo de violencia bélica no es más que el modelo de extractivismo depredador que se ha reproducido en tierras que hasta entonces se sentían protegidas, seguras y en paz.

Además de esta solidaridad, la caravana quería denunciar este modelo y las guerras que se libran en este lado. Incluyendo la denuncia de las consecuencias y perspectivas que el nuevo contexto de conflicto internacional provocará en los países del Sur Global, no sólo en América Latina, sino también en África. Por último, la caravana ha querido hacer un llamamiento a la solidaridad, para elevar la capacidad que la sociedad civil y la Iglesia europea siempre han tenido, y que es necesario reavivar para aliarse con las Iglesias y comunidades latinoamericanas.

Laudato Si´

Después de 7 años de la encíclica Laudato Si’, ¿en qué medida ha sido asumida por la Iglesia? ¿Hasta qué punto la Iglesia ha asumido que la defensa de la Casa Común es una misión que no se puede dejar?

Todavía estamos lejos de entender que la ecología integral es un paradigma que desmonta el modelo económico, político y cultural que hemos promovido hasta ahora, y que estamos tratando de arreglar en algunas piezas, en algunos engranajes que no están funcionando. Estamos lejos de cambiar el modelo de manera radical, estamos lejos de descolonizar nuestras visiones, como iglesias y como sociedad para aprender que el mensaje de Laudato Si’, quizás tiene sus principales profetas en las poblaciones minoritarias o en las intuiciones minoritarias vividas por grupos que no tienen poder.

Pero, por otro lado, hay signos de esperanza, porque la Iglesia ha sido capaz, a través del Sínodo de la Amazonia, de establecer alguna nueva alianza, de hacer aflorar la voz protagonista de estos pueblos, de revertir algún movimiento que estaba excluyendo el protagonismo de estos pueblos. Sólo estamos al principio de un gran proceso.

Las iglesias tienen que hacer constantemente un examen de conciencia muy severo y exigente para preguntarse hasta qué punto la Iglesia corre el peligro de ser cómplice de este sistema de muerte que está saqueando los territorios y la naturaleza. Y hasta qué punto, incluso sin ser cómplice, su neutralidad, supuestamente equidistante, esta neutralidad silenciosa corre el riesgo de volverse inerte, incapaz de transformar, incapaz de tomar posición junto a estas comunidades proféticas. La conversión ecológica que puede nacer de este examen de conciencia radical es algo que nos interpela mucho.

¿Y qué falta en la Iglesia para que esto se asuma?

Lo que falta es una opción renovada, como dice la encíclica Laudato Si’, por los pobres y por la Madre Tierra. Esto es radical, es simple, pero al mismo tiempo es esencial, no se puede camuflar con otras opciones pastorales. Una opción pastoral decisiva que ponga en el centro el grito de los pobres y el grito de la Madre Tierra tendrá consecuencias en la organización de la pastoral, en las prioridades, en los grupos de trabajo, en el poder en la Iglesia y en el valor profético de la denuncia. Si tenemos el valor fundamental de poner el grito de los pobres y de la Madre Tierra en el centro como tema.

En ese sentido, es bueno destacar el apoyo de la Iglesia al Foro Pan Amazónico de Belem en julio, la importancia de que la Iglesia coopere con los movimientos sociales, otro gran llamado del Papa Francisco. Aquí, en América Latina, la Iglesia acoge este llamado del Papa, lo reaviva uniéndose al Foro Pan Amazónico de Belem, donde la REPAM estará presente para relanzar el Sínodo para la Amazonía en un diálogo más abierto, más amplio, más pan amazónico.

Día del Mundo Rural

Muy buenas… Un año más nos preparamos para celebrar el Dia del Mundo Rural (este año con el lema: «Vida en los pueblos, propuesta de esperanza«). Nuestro camino de construcción del Reino pasa por creer en nuestros pueblos y trabajar ellos y, para eso, es imprescindible buscar un sistema económico distinto que tenga en cuenta el valor de la solidaridad (el asociacionismo) que pertenece a nuestra esencia rural. En este camino nos va a ayudar Enrique Lluch Frechina a través de la charla-coloquio que tendremos el día 15 de mayo a las 17:00 y para la que os enviamos el enlace (seguimos buscando nuevos caminos para evangelizar):Tema: Reunión de la Pastoral RuralHora: 15 may. 2022 04:30 p. m. MadridUnirse a la reunión Zoomhttps://us06web.zoom.us/j/94806313833?pwd=L1o5OXRKQ3VYSUJ3STBTd0ZGQ21WZz09ID de reunión: 948 0631 3833Código de acceso: 306245Muchísimas gracias por vuestra participación…Equipo Día del Mundo Rural

¿El fin del mundo?

Leonardo Boff: «¿Hay maneras de evitar el fin del mundo?»

Fin del mundo
Fin del mundo

«Hemos construido el principio de autodestrucción con armas nucleares, químicas y biológicas que, activadas, pueden eliminar la vida visible sobre la Tierra»

«¿Nos habrá llegado el turno de ser eliminados de la faz de la Tierra, ya sea por nuestra irresponsabilidad o porque ocupamos casi todo el espacio terrestre de forma no amigable sino agresiva?»

«La humanidad ha pasado por varias crisis de gran magnitud y siempre consiguió salir y de forma mejor. ¿Por qué ahora sería diferente?»

«En el mundo están actuando por todas partes los nuevos Noés, construyendo sus arcas salvadoras»

Por Leonardo Boff

En todas las épocas, desde las más antiguas, como por ejemplo cuando se inventó el fuego, han surgido imágenes del fin del mundo. De pronto el fuego podría quemar todo. Pero los seres humanos consiguieron domesticar los peligros y evitar o postergar el fin del mundo. En la actualidad no es diferente. Pero nuestra situación tiene una singularidad: de hecho, no imaginariamente, podemos efectivamente destruir toda la vida visible, tal como la conocemos. Hemos construido el principio de autodestrucción con armas nucleares, químicas y biológicas que, activadas, pueden eliminar la vida visible sobre la Tierra, salvaguardados los microorganismos que por quintillones de quintillones se ocultan debajo del suelo.

¿Ante este eventual Armagedón ecológico qué podemos hacer? Sabemos que cada año millares de especies de seres vivos, llegados a su clímax, desaparecen para siempre, después de haber vivido millones y millones de años en este planeta. La desaparición de muchos de ellos está causada por los comportamientos voraces de una porción de la humanidad que vive un super-consumismo y se encoge de hombros ante los eventuales desastres ecológicos.

Fin del mundo

¿Nos habrá llegado el turno de ser eliminados de la faz de la Tierra, ya sea por nuestra irresponsabilidad o porque ocupamos casi todo el espacio terrestre de forma no amigable sino agresiva? ¿No habríamos creado de esta forma las condiciones de no retorno y de ahí nuestra desaparición?

Todo el planeta, afirman algunos microbiólogos (Lynn Margulis/Dorion Sagan), sería una especie de “cápsula de Petri”: son dos placas que contienen bacterias y nutrientes. Al percibir el agotamiento de estos, ellas se multiplican furiosamente y, de repente, mueren todas. ¿No sería la Tierra una cápsula de Petri y nuestro destino semejante al de estas bacterias?

En efecto, los humanos ocupamos el 83% del planeta, agotamos casi todos los nutrientes no renovables (the Earth Overshoot), la población ha crecido en el último siglo y medio de forma exponencial y así entraríamos en la lógica de las bacterias de la “cápsula de Petri”. ¿Iríamos fatalmente al encuentro de un fin semejante?

Como somos portadores de inteligencia y de medios técnicos además de valores ligados al cuidado de la vida y de su preservación, ¿no tendríamos condiciones de “retrasar el fin del mundo” (en la expresión del líder indígena Ailton Krenak) o de “escapar del fin del mundo,” expresión usada por mi? No olvidemos la seria advertencia del Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti (2021): “estamos todos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie” (n.32). Tenemos que cambiar, en caso contrario vamos al encuentro de un desastre ecológico-social sin precedentes.

Casa común

 Agrego algunas reflexiones que apuntan hacia una posible salvaguarda de nuestro destino, de la vida y de nuestra civilización. Nos parece esperanzadora esta reciente afirmación de Edgar Morin:

“La historia ha mostrado varias veces que el surgimiento de lo inesperado y la aparición de lo improbable son plausibles y pueden cambiar el rumbo de los acontecimientos”. Creemos que ambos –lo inesperado y lo plausible– son posibles. La humanidad ha pasado por varias crisis de gran magnitud y siempre consiguió salir y de forma mejor. ¿Por qué ahora sería diferente?

Además existe en nosotros aquello que fue recogido por el Papa en la referida encíclica: “os invito a la esperanza que nos habla de una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en que vive” (n.55). Ese principio esperanza (Ernst Bloch) es fuente de innovaciones, nuevas utopías y prácticas salvadoras. 

El ser humano se mueve por la esperanza y se presenta como un ser utópico, es decir, como un proyecto infinito. Siempre podrá escoger un camino de salvación, pues el deseo de más y mejor vida prevalece sobre el deseo de muerte.

Generalmente, lo nuevo posee la naturaleza de una semilla: comienza en pequeños grupos, pero carga la vitalidad y el futuro de toda semilla. De ella brota lentamente lo nuevo hasta ganar sostenibilidad e inaugurar una nueva etapa del experimento humano.

En el mundo están actuando por todas partes los nuevos Noés, construyendo sus arcas salvadoras, o sea, ensayando una nueva economía ecológica, la producción orgánica, formas solidarias de producción y de consumo y un nuevo tipo de democracia popular, participativa y ecológico-social. 

Son semillas, portadoras de un futuro de esperanza. Ellas podrán garantizar una forma nueva de habitar la Casa Común, cuidando de ella, con todos los ecosistemas incluidos, viviendo, quien sabe, el sueño andino del bien vivir y convivir o la biocivilización del Papa Francisco.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor y ha escrito Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record, Rio 2010.

La granja más contaminante de España

La macrogranja que más contamina de España está en el Altiplano de Granada

Según datos del Ministerio de Transición Ecológica, las instalaciones que más metano expulsan a la atmósfera y las terceras que echan más amoniaco son las que tiene Cefusa-El Pozo en la Dehesa del Rey en Castilléjar

— Una plataforma rural exige a la Junta que frene la supuesta ampliación de una macrogranja de cerdos al norte de Granada

Álvaro López

Darse un paseo por la Dehesa del Rey en Castilléjar, una población de unos 1.300 habitantes al norte de la provincia de Granada, en pleno corazón del Altiplano, ya no es lo que era. Desde hace un par de décadas, las macrogranjas –entendidas como tales por explotar a miles de animales al año de manera intensiva– le han ganado terreno a la naturaleza y lo que en el pasado eran campos de cultivo, hoy son instalaciones gigantes de cemento y metal en las que se escuchan a los animales encerrados. En estas granjas industriales porcinas nacen cientos de miles de lechones al año que son cebados hasta llevarlos al matadero. Cefusa-El Pozo es la empresa murciana que está detrás de ellas y también la que se encuentra en el punto de mira por tener la macrogranja más contaminante de España, según datos del Ministerio de Transición Ecológica.

Los datos «no son correctos»

Las cifras son llamativas. De acuerdo con la última información disponible del año 2020, la «Explotación Porcina Finca Dehesa del Rey» es la granja industrial que más metano emite a la atmósfera. Cada año, estas instalaciones generan 561 toneladas de este gas de efecto invernadero, más que ninguna otra del país. Pero no es el único que producen anualmente ya que, según la misma estadística, también se emiten 228 toneladas de amoniaco lo que la convierte en la tercera explotación de ganadería industrial de España en este sentido y la primera de tipo porcino. También está entre las instalaciones que más óxido nitroso expulsan a la atmósfera con 1,8 toneladas al año. Por comparar, estas instalaciones generan tanta contaminación como algunas refinerías de petróleo o como el centro de tratamientos de residuos de una capital de provincia como Palencia.

Sin embargo, Cefusa-El Pozo se defiende de estos números alegando que no son correctos porque el sistema de medición no es preciso. «Cumplimos con los umbrales establecidos en la Autorización Ambiental Integrada (AAI). La Administración avala los valores de metano en base a un sistema de cálculo que asigna un coeficiente por provincia que se multiplica por el número de cabezas, pero no tiene en cuenta otros procesos de optimización del purín (transformación en abono destinado a cultivos agrícolas) ni las Mejoras Técnicas Disponibles (MTD) con las que conseguimos reducir esas emisiones. Por tanto, la emisión real de metano en esta instalación es inferior a la que consta oficialmente en el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes. Una situación similar sucede con el sistema de cálculo referente a los datos de amoniaco», explican fuentes oficiales. Sin embargo, en estos números no se incluye la contaminación que generan las llamadas granjas integradoras que pertenecen a propietarios privados y que trabajan para Cefusa.

Una producción enorme de cerdos

No se incluyen porque la empresa murciana señala que las instalaciones de Dehesa del Rey se componen de 10 granjas que empezaron a instalarse hace 20 años, pero un paseo por la zona permite ver unas cuantas más. Estas que no están en la estadística son las granjas integradoras mencionadas. Para entenderlo, el sistema es sencillo. Las macrogranjas que Cefusa-El Pozo tiene en Dehesa del Rey son las conocidas como lechoneras que son las instalaciones a las que van a parar miles de cerdas reproductoras que tienen unos 25 lechones al año cada una de ellas.

En la granja industrial más grande de la zona hay alrededor de 23.000 cerdas que tienen unos 650.000 lechones anualmente. Estos animales luego son enviados a las empresas integradoras donde son cebados hasta alcanzar los 100 kilos para mandarlos al matadero que Cefusa-El Pozo tiene en Alhama de Murcia. Estos granjeros privados cobran un canon por parte de la empresa murciana por cebar a los lechones, pero la contaminación que generan no se suma a la estadística de las granjas industriales de Cefusa-El Pozo en Dehesa del Rey, siendo los mismos animales. Además, como la producción de cerdos no termina de compensar los gastos de estas integradoras, los propietarios piden periódicamente que se amplíen sus instalaciones para albergar más lechones a los que cebar.

El conflicto de los nitratos

El problema que se suma a todos estos datos de contaminación es el que tiene que ver con los purines. Así se les llama a los restos orgánicos que generan estas granjas industriales. No obstante, según explica un extrabajador, estos purines tienen restos de todo tipo. Paseando por el entorno ya no son visibles las balsas a las que se arrojan estos desechos, aunque sí se pueden apreciar por satélite, pero ha habido momentos en los que se han ubicado muy cerca de núcleos de población o incluso de cementerios. Ángeles García-Fresneda, portavoz de Salvemos el Altiplano, una plataforma rural que lleva años luchando contra la expansión de esta industria a la que consideran muy dañina, explica que estos purines han generado «mierda y olores insoportables para los vecinos que vivimos en esta zona». En un recorrido realizado por este medio en Dehesa del Rey el olor ya no es tan perceptible como hace tiempo, pero sigue siendo desagradable en algunos puntos. «Tampoco sabemos realmente cuántas granjas hay porque somos conscientes de que algunas están ocultas detrás de los cerros para que no podamos verlas», afirma.

El otro problema derivado es que los acuíferos del entorno también se ven afectados por estos purines, según la plataforma rural. Según explican extrabajadores de la empresa con los que ha hablado elDiario.es Andalucía, tras dividir los residuos de las balsas de purines, el líquido resultante, que tiene una gran cantidad de nitratos, se transporta en camiones para que se deposite en el campo que hay alrededor. Este proceso se suele hacer por la noche, cuando termina la jornada en las granjas, por lo que el olor llega a ser «nauseabundo» y provoca «ganas de vomitar» en los lugares más próximos al sitio donde se arrojan estos restos, relatan testigos. Además, como acaban filtrándose bajo la superficie, estos restos pueden llegar hasta los acuíferos y contaminarlos. Según datos del Ministerio de Transición Ecológica sobre la concentración media de nitratos en los acuíferos de España en el periodo 2016–2019, el entorno de la Dehesa del Rey tiene, al menos, un punto en el que los nitratos alcanzan una media de entre 25 y 40 mg/l. Diversos estudios apuntan a que cuando la concentración supera los 25 mg/l, el agua se contamina.

«Se están realizando analíticas periódicamente para determinar la calidad tanto de aguas subterráneas como de suelos, cuyos resultados se emiten anualmente al órgano competente (es uno de los condicionados de la Autorización Ambiental Integrada)», aseguran fuentes de Cefusa-El Pozo. «No se han apreciado valores analíticos anormales ni variación respecto a los niveles que había antes de construirse las granjas, en torno a 5 mg/l, diez veces menos del límite establecido por la OMS para agua potable». Para precisar más sobre la posible contaminación por nitratos, este medio ha consultado a la Catedrática de Geodinámica de la Universidad de Granada, María Luisa Calvache. La experta dice que la masa de agua del entorno «aparece en buen estado químico». Lo que no significa, dice, que no esté contaminada porque puede existir pero que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, responsable de este lugar, aún no la haya detectado y por lo tanto no aparezca en los datos.

La elevada profundidad a la que se encuentra el nivel freático de los acuíferos (140 m según el dato que aportan fuentes de Cefusa-El Pozo) y las escasas precipitaciones de la zona (300 mm según dato aportado) son dos factores que, en principio, no favorecerían la contaminación de las aguas subterráneas. Calvache asegura que «habría que tener en cuenta otro factor importante que sería la permeabilidad de los materiales sobre los que se asientan las granjas. Esto puede favorecer más o menos la transmisión de los nitratos hasta alcanzar la zona saturada del acuífero».

Un entorno que ha perdido población

Una situación contra la que luchan en Salvemos el Altiplano desde hace varios años. Ángeles García-Fresneda es una de las personas más activas en la plataforma y es ella la que acompaña a elDiario.es Andalucía en un recorrido por la zona para ver cómo estas granjas industriales han poblado claramente el entorno. De hecho, su penetración es tal en Castilléjar que en el ambiente de esta población se percibe que hablar de las macrogranjas es un asunto tabú. Nadie quiere hacerlo y quien lo hace es de forma anónima. Unos 40 trabajadores de Cefusa-El Pozo son vecinos de este municipio, lo que supone que un número elevado de familias del mismo se ven afectadas de forma directa o indirecta por esta industria. «La gente no suele hablar de eso. Hay muchos defensores porque estamos en un pueblo pequeño. Imagínate que, en un pueblo de 1.000 personas, todo el mundo tiene familiares en las macrogranjas, y hay gente que piensa en el daño que hacen, pero los trabajadores, por supuesto, no hablan», dice a este medio uno de estos exempleados que prefiere permanecer en el anonimato.

Según datos de Ecologistas en Acción, la expansión de la ganadería industrial en localidades como Castilléjar ha coincidido con una pérdida importante de población de en torno al 25% en los últimos 20 años. Ángeles García-Fresneda lamenta que «las macrogranjas estén destrozando un sitio tan precioso». La Dehesa del Rey era hace décadas un lugar de encuentro para las familias de la zona y por ella se podían ver a animales pastando libremente en granjas de ganadería extensiva que ya han desaparecido. Hoy, solo quedan las construcciones que un día albergaron a ganaderos que daban de comer a sus familias y que ya han sido expulsados del lugar, incapaces de competir contra un gigante como Cefusa-El Pozo.

«La gente ya no puede ni quiere vivir aquí porque el empleo que generan es precario y el ambiente es muy hostil», denuncia Ángeles GarcíaFresneda de Salvemos el Altiplano. Un exempleado asegura que el entorno de trabajo es desagradable por las presiones que sufren, hasta el punto de que el convenio laboral que tienen es muy estricto con los días de libre disposición para cobrar 1.400 euros mensuales como sueldo base. Además, «no es algo que pueda hacer todo el mundo porque son labores difíciles y que resultan chocantes para muchos».

El debate sobre el empleo joven

Cefusa-El Pozo niega que su implantación genere pérdida de población: «La ganadería asienta el territorio por el empleo que genera e incentiva el de otras actividades indirectas vinculadas al sector. Por cada empleo en la producción animal, se generan 5 en la industria auxiliar». En estas instalaciones, dicen, trabajan 160 personas tanto de este municipio como de alrededores. «En zonas rurales se asientan poblaciones donde la pirámide demográfica está envejecida con alto porcentaje de personas jubiladas. Estas granjas dan empleo a la gente joven del lugar y evitan que haya un éxodo del campo a la ciudad, creando nuevas familias que se arraiguen en estas zonas». Una cuestión que no comparten los lugareños que sí se atreven a mencionar el tema y que culpan a esta ganadería industrial de haber expulsado a muchos jóvenes y familias que no quieren vivir en un entorno contaminado y en el que los malos olores, los ruidos de los animales y el continuo ir y venir de camiones transportando cerdos son la tónica dominante.

Por su parte, el alcalde de Castilléjar, Emilio Sánchez, niega que las granjas industriales estén detrás de la despoblación que padecen. «Todos los pueblos del medio rural que conozco han perdido población». Explica que con las macrogranjas hay «demasiada manipulación» y que «no son tan buenas como pintan algunos ni tan malas como pintan otros». No obstante, los datos de contaminación no son discutibles, más allá del método de medición del que se queja Cefusa-El Pozo afirmando que el nuevo sistema que se va a implantar llamado ECOGAN será más preciso. Sobre ese aspecto, la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía dice que hay que apostar por «un debate sereno, responsable y comprometido a fin de afrontar los retos una actividad ganadera que es vital para las zonas rurales de Andalucía. Un debate que cuente con el sector agroalimentario y tenga en cuenta la sostenibilidad ambiental y económica de esta actividad».

Al mismo tiempo, dado que la contaminación y la despoblación se está produciendo en la provincia de Granada, este medio ha preguntado sobre estos temas a la Diputación de Granada que prefiere guardar silencio alegando que las macrogranjas no son algo sobre lo que tengan competencias. Llama la atención porque el exalcalde de Castilléjar, Jesús Raya Ibar, es un alto cargo de este organismo provincial que dejó su puesto como regidor hace pocas semanas, justo cuando la justicia amplió el periodo para investigar la venta de unos terrenos familiares para ampliar una granja integradora cebadora de cerdos para Cefusa-El Pozo.

Tres ambientalistas asesinados

La Iglesia de la Amazonía brasileña pide que no quede impune asesinato de ambientalistas

Familia de ambientalistas asesinados
Familia de ambientalistas asesinados

«En los últimos años la deforestación para la tala de árboles y la ganadería extensiva ha avanzado de forma incontrolada dentro de la reserva, acercándose cada vez más a la región donde la familia de Zé do Lago tenía su propiedad»

En el municipio de São Félix do Xingu son frecuentes los graves conflictos por tierra, situaciones «resultantes de acciones de ocupación ilegal de tierras públicas, deforestación ilegal destinada a la ganadería extensiva, invasiones de tierras indígenas y áreas de preservación, además de la instalación de minería ilegal«

Los firmantes de la nota piden que «se esclarezca rápidamente el caso«, y que se garantice «la seguridad y protección de los familiares y testigos que puedan ayudar con información a esclarecer los crímenes»

Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Otra masacre en la Amazonía brasileña, esta vez las víctimas son parte de una familia de campesinos, José Gomes, conocido como Zé do Lago, de 61 años, su esposa Marcia Nunes Lisboa, de 39 años, y su hija Joane Nunes Lisboa, de 17 años. El pasado domingo, 9 de enero, sus cuerpos fueron encontrados en la propiedad de la familia, en el municipio de São Félix do Xingu, en el estado de Pará.

Se sospecha que ellos, que llevaban más de 20 años viviendo en la zona y trabajando para preservar la selva, además de mantener un proyecto de cría de tortugas, fueron ejecutados por orden de otra persona, dado que en el lugar de los hechos se recogieron 18 casquillos de las armas utilizadas en el asesinato, no llevaron ninguna pertenencia de la familia y no se dejó escapar a nadie.

En una nota pública titulada «¡Otra masacre en el campo no puede quedar impune!«, la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) de Pará y la Sociedad Paranaense de Defensa de los Derechos Humanos (SDDH) han denunciado el crimen y la situación en la región. La nota cuenta con el apoyo de 51 entidades y movimientos, entre ellos la Prelatura del Alto Xingu-Tucumã, el Comité Dorothy, la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Santarem, la Red Eclesial Pan Amazónica – REPAM Brasil, la Diócesis de Xingu – Altamira y el Comité REPAM Xingu.

La familia vivía dentro del Área de Protección Ambiental de Triunfo do Xingu, una zona de preservación de más de 1,5 millones de hectáreas. Según la nota, «en los últimos años la deforestación para la tala de árboles y la ganadería extensiva ha avanzado de forma incontrolada dentro de la reserva, acercándose cada vez más a la región donde la familia de Zé do Lago tenía su propiedad”.

En el municipio de São Félix do Xingu son frecuentes los graves conflictos por tierra, situaciones «resultantes de acciones de ocupación ilegal de tierras públicas, deforestación ilegal destinada a la ganadería extensiva, invasiones de tierras indígenas y áreas de preservación, además de la instalación de minería ilegal«, que ha provocado el asesinato de 62 líderes en los últimos años, masacres y trabajo esclavo, que han quedado impunes.

La nota denuncia «las limitaciones de los cuerpos de seguridad pública del Estado para esclarecer las responsabilidades y las causas de muchos asesinatos ocurridos en el campo paraense», mostrando varios ejemplos de ello y cómo no se cumplen las órdenes de detención decretadas contra ejecutores e instigadores de asesinatos en el campo.

La preocupación es que «este puede ser un caso más en el que no se esclarezcan las verdaderas causas de los crímenes y los responsables queden impunes», y los firmantes de la nota piden que «se esclarezca rápidamente el caso«, y que se garantice «la seguridad y protección de los familiares y testigos que puedan ayudar con información a esclarecer los crímenes».